José Saramago

José Saramago

“Vayamos al futuro de esta misma mañana; no para quedarnos en él, sino para ser su molde humano, y merecer los elogios que nos dediquen en sus libros de historia los habitantes de dentro de mil años, si los hay, si queremos que los haya. Ese tiempo, mil años adelante, será nuestro punto de referencia, nuestro objetivo temporal; pero no será nuestro techo; nuestro techo lo irán elevando nuestras cabezas con nuestro crecimiento de personas pensadoras, vivas y activas. Nuestro techo será el luminoso firmamento que intuimos más alto aún de lo que vemos, los obligados confines imposibles”. El contenido de este párrafo que acabo de escribir, su intención de progreso colectivo, me ha sido dictado por los sucesivos pensadores que he ido conociendo en sus dichos, pero, sobre todo, en sus hechos. Uno de ellos, sin duda, el premio Nobel que mejor uso hizo de su premio, subiendo a la tribuna que el premio le concedía para defender a los de abajo, constituidos en forzoso pedestal de los de arriba.

García Lorca

García Lorca

El amor a la tierra, al campo agrícola concretado en Valdepero, unión de la Tierra de Campos y el Cerrato, campo cereal de páramos, valles y vegas, forma parte esencial de mi obra, verso y prosa. Dice Federico García Lorca, de sí: «Sin este mi amor a la tierra, no hubiera podido escribir Bodas de sangre. Y no hubiera tampoco empezado mi obra próxima: Yerma. En la tierra encuentro una profunda sugestión de pobreza. Y amo la pobreza por sobre todas las cosas. No la pobreza sórdida y hambrienta, sino la pobreza bienaventurada, simple, humilde, como el pan moreno». Amor a la pobreza bienaventurada. Amor a la tierra. Amor a los jóvenes y a la vida joven. Rechazo de realidades angustiosas: la pobreza sórdida, la vejez y la muerte. García Lorca se nos muestra en sus búsquedas, en sus anhelos; pero también en sus rechazos, estética y ética hermanadas, vida y muerte. Dice de él propio: «No puedo tolerar a los viejos». «Me aterrorizan esos ojillos grises lacrimosos, esos labios en continuo rictus, esas sonrisas paternales, ese afecto tan indeseado como puede serlo una cuerda que tire de nosotros hacia un abismo… Porque eso son los viejos. La cuerda, la ligazón que hay entre la vida joven y el abismo de la muerte».

Valle Inclán

Valle Inclán

Abordo aquí la persona y la obra de don Ramón María del Valle-Inclán, a sabiendas de que es inabordable. No somos pocos los que esperamos que salga de la tumba alguna noche para añadir, quitar, corregir o actualizar, alguna de sus piezas maestras. Pues cambiaba tanto sus escritos, en sucesivos intentos de mejorarlos que, ni aún hoy podemos estar seguros de cual de todas ellas es la versión definitiva. Pasado, presente y futuro a un tiempo, Valle-Inclán es el Universo al completo, lo de arriba y lo de abajo en momentos sucesivos. Es la naturaleza en sus playas mansas y en sus seísmos destructores, es el geiser y el volcán sin solución de continuidad. Y si en otros escritores es necesario conocer su obra para conocer su vida, en Valle, la vida y la obra son una misma cosa, imaginación e independencia complementándose. El conjunto es algo inabarcable, incluso después de haber convivido con él como los amigos, o de haberlo transitado como los lectores. Contradicción y misterio que no son locura, porque se trata de una mente lúcida en cada momento cambiante, abarcándolo todo en instantes sucesivos, entre la palabra escrita, la dicha y sus retumbantes ecos.

Hilda Hilst

Hilda Hilst

Entendiéndola como una de las grandes figuras literarias de Brasil, conocí a Hilda Hilst hace ya cuatro años. Fue a través de Cecília Meireles. Buscando noticias de Cecília, encontré una afirmación de Hilda contando como se conocieron: Salón de cha de Mappin. La poesía de HH me salió al paso en Internet. Bandera ondeando, páginas collados, que mostraban versos como tarjetas de presentación agitadas de dudas. La vida le salió al paso a HH porque ella salió al paso de la vida. Se encontraron pronto. Ella era aún la paulistana de Jaú, llamada Hilda de Almeida Prado Hilst; y la vida prometía todo lo que no estaba dispuesta a conceder. Puedo imaginarla hija sola, porque yo lo soy. Puedo imaginar su largo internado de Santa Marcelina: ocho años cautiva; porque mi cautiverio duró un año menos y definió en lo bueno y en lo malo mi trayectoria futura.

Carmen Conde

Carmen Conde

Conocí la escritura de Carmen Conde, cuando llevaba ya unos años de lectura intensa, de modo que pude comparar y apreciar. La poesía, como primer escalón, atrapa muchas veces a los autores; ahí se quedan, llegando al punto intermedio de la prosa poética todo lo más, hermana del relato breve. Un grupo importante de los que dan el salto a la novela –me incluyo entre ellos- siguen llevando a la poesía de la mano. Prosa y poesía no son compartimientos estancos, son miscibles si así se quiere. Son herramientas nada más: poesía lírica y poesía épica: ¿qué diremos entonces cuando compartan espacio en un mismo texto? Todo depende del interior del escritor, de su estado de consciencia y de su estado de ánimo: forma de ser y de estar: y el tiempo como referencia. ¿Qué es Brocal?, ese libro de Carmen publicado en 1929; ¿qué es? Brocal es pensamiento y vida; es mirada traspasando objetos, personas y paisajes trasparentes. Brocal está compuesto por versos y versos del primer cuarteto de imposibles sonetos.