Amor en el río de la vida

Amor en el río de la vida

Amor en el río de la vida es el libro número treinta de Pedro Sevylla de Juana, académico correspondiente de la Academia de Letras del Estado de Espírito Santo en Brasil y Premio Internacional Vargas Llosa de novela. El protagonista de otro libro, se queja de la muerte recibida, heroica pero temprana. Cree Pedro Sevylla en el derecho de rectificación de los personajes y, en el hospital en que murió, los médicos lo salvan, participando en la actual novela. Residen en Madrid el autor y su amada, una actriz recién reencontrada, a quien ama desde la adolescencia al verla activar un teatro de marionetas. La acción, situada en el pasado inmediato, indaga sobre las personas: su origen, sus objetivos, entorno, dudas, errores y aciertos. Intensidad de pensamiento al servicio de la realidad y de la vida, la mujer, el varón y la maternidad reciben un trato preferente. Durante la escritura, el personaje de la amada lee y juzga lo escrito, poniendo al autor frente a sí mismo. Amor en el río de la vida es un torrente de prosa que lleva a cada lector adonde quiere ir. Se dan realidad y ficción en un mismo plano, gozando personas y personajes de idéntica naturaleza, por lo que las historias cobran una nueva dimensión vivificante. La novela, una y varia, escrita con un lenguaje dinámico y sencillo, rompe moldes para que el lector conozca la vida tal como era.
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Hombre Utópico

Hombre Utópico

Acabo de consultar el diccionario de griego antiguo, aquel que usé en el curso preuniversitario para traducir la Ilíada de Homero. La edición es de 1954 y está compuesto por 1644 páginas con letra mínima. O sea, de confianza. Descomponiendo utopía en sus dos palabras originales, la primera, u, puede venir de ou o eu. No sé la que eligió Tomás Moro para dar nombre a su Isla. De ou, veo cinco entradas diferentes y varios significados: pues va desde símbolo de la letra ómicron, hasta el adverbio donde; pasando por distintas formas de negación según las circunstancias. Así que me inclino por eu, en castellano bien o bueno. La segunda parte no ofrece dudas, topia es una adaptación de topos, lugar. Así que, en mi opinión, Utopía sería El buen lugar.

Como concepto perteneciente al colectivo humano, esa sociedad ideal puede existir en algún lugar del Universo en estos instantes, o ser una tendencia general, un proyecto común hacia el que nos llevaban nuestros actos. En los alrededores hemos explorado todo; no está. Y más allá, no podemos ir en la actualidad. Así que, si en verdad la necesitamos, no nos queda otro remedio que hacerla juntos a mano. Es posible que todo tienda a la Utopía: que cada investigación, cada descubrimiento y cada invención nos acerquen. Que nos acerquen a la Utopía, no solo los hallazgos, también las búsquedas.

Existe un concepto que consideramos utópico, asumido en general como la máxima aspiración de las personas. Me refiero a la Felicidad. ¿Qué es la Felicidad? Parece ser que las persona, nos sentimos felices cuando estamos satisfechos de nosotros y de lo que nos rodea. En ese caso, la autoestima sería un punto de partida. Pero soy consciente de que todo esto es distinto en cada persona y, acaso, en cada momento. Al margen de los grados que la valoración personal considere alcanzados, para que la autoestima y, más aún, la felicidad se den, hacen falta una serie de condiciones sociales. No son muchas; y quizá nos baste con las que se desprenden de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada en Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el 10 de diciembre de 1948.

Dios Universo

Dios Universo

La noticia de Dios me llegó, creo, a través de la liturgia celebrada en la iglesia del pueblo: enorme, bella, misteriosa y fría. La realidad de la religión fue algo posterior; y apoyándome en la religión llegué a elaborar un sencillo concepto divino. Ese proceso fue obra de mi madre, una mujer buena, paciente y crédula, que trataba, hijo único yo, de darme lo mejor en el presente para el futuro. Iba con ella a los oficios religiosos, situándonos ambos en el área femenina familiar. Sepultura se llamaba el espacio, porque debajo había enterramientos antiguos bien delimitados. Detrás del hachero de la abuela, soporte de cirios y velas, estaban los reclinatorios. Se colocaban allí mis tías y los primos pequeños. Duró poco tiempo, porque enseguida quise pasar a los bancos de niños, enfrentados y simétricos de los ocupados por las niñas. En medio de ambos espacios escolares, quedaba el pasillo central y los puestos destinados a los miembros del Ayuntamiento.