Carolina Maria de Jesus vida y obra

Carolina Maria de Jesus vida y obra

“Para los lectores de esta edición de ‘Quarto de despejo’, es preciso que yo me presente. Entré en la historia de este libro como periodista, verde aún, con la emoción y la certeza de quien creía poder cambiar el mundo. O, por lo menos, la favela del Canindé y otras favelas desperdigadas por Brasil. Como reportero, fui encargado de escribir un contenido sobre la favela que se expandía por la orilla el rio Tieté, en el barrio de Canindé. Allí, en el revuelo de la favela, encontré a la negra Carolina, que asumió el papel de alguien con algo que decir. ¡Y tenía!, tanto es así que, al instante, desistí de escribir el artículo”. Esto dice Audálio Dantas en el preámbulo del libro, refiriéndose al momento aquel en que descubrió, garimpeiro sin imaginárselo, el gran placer aurífero que lanzó su nombre al presente y al futuro, unido al de Carolina María de Jesús, negra con alma blanca.

El hambre es aire en el estómago, agua sucia; a veces hierbajos que no se pueden digerir; vacío e hinchazón. El hambre es amarilla de toda amarillez, lo sabe Carolina; el hambre es sombra intensa, es palidez sepulcral, es viento airado en la cabeza, viento de nublado y desesperanza. Es una sensación progresiva el hambre, para quien la ha sufrido a temporadas cada vez más juntas, y conoce los meandros del cauce seco y pedregoso. Ignoro si el hambre es contagiosa, pero imagino que sí; porque la he visto cercada de otras hambres. Abundancia y hambre se rechazan como polos idénticos de un mismo imán. Los guetos de pobres y los guetos de ricos, son opuestos y, para mayor desgracia, complementarios y nada miscibles. Definí el hambre en sus consecuencias finales, al escribir mi poema “Hambre”, hiriente como un dardo intencionado: