Carolina Maria de Jesus vida y obra

Carolina Maria de Jesus vida y obra

Fragmento de Quarto de Despejo traducido por Pedro Sevylla de Juana: “Mis hijos no se mantienen con pan de iglesia. Me enfrento a cualquier clase de trabajo para mantenerlos. Las otras tienen que mendigar y hasta afanar. Parecen tambor. Por la noche, mientras ellas piden ayuda, yo, tranquilamente, en mi barraquita, escucho valses vieneses. Mientras los esposos rompen las tablas de la barraca, yo y mis hijos dormimos tranquilos. No envidio a las mujeres casadas de favela que llevan vida de esclavas indianas. No me casé y no me arrepiento. Los que me gustaron eran soeces y me imponían condiciones horribles. Ahí está la Maria José, más conocida como Zefa, que reside en la calle B número 9. Es una alcoholatra. Gestante bebe demasiado. Las criaturas nacen y mueren antes de los doce meses. Me odia porque mis hijos me defienden y por tener yo radio. Un día me pidió la radio prestada. Le dije que no se la podía prestar. Que ella no tenía hijos, así que podía trabajar para comprarla. Como se sabe, las personas dadas a la embriaguez no compran nada. Ni ropas. Los borrachos no prosperan. A veces arroja agua a mis hijos. Dice que no zurro a mis hijos. No soy dada a la violencia. Mi hijo José Carlos dice:
-No te entristezcas mamita. Nuestra Señora de la Aparecida tendrá piedad de la señora. Cuando yo crezca compraré una casa de ladrillo para la señora madre.

Machado de Assis vida y obra

Machado de Assis vida y obra

Cuando más lo necesitaba me encuentro con una vida plácida de literato. Estoy tan acostumbrado a convivir con esas existencias desgarradas en personas que, finalmente, triunfan, a veces sin saberlo, que tomaba como realidad incuestionable la unión del sufrimiento con la obra de calidad. ¿Merece la pena?, me preguntaba tras cada trabajo de divulgación: Quevedo, Camões, Cervantes, como ejemplo tan solo. Joaquim Maria Machado de Assis, parte de abajo y asciende en la escala social con una placidez envidiable. Y con esa placidez envidiable llega a ser considerado como el mayor nombre de la literatura brasileña. Nieto de esclavos, nace en el Morro de Livramento en Rio de Janeiro, con todo lo que eso significa. Niño huérfano de madre, pasa al cuidado de su madrastra, quien le enseña las primeras letras y a vender dulces en un colegio, donde, sin duda, entabló relación con alumnos y profesores. Pasó por la escuela pública, pero su formación fue autodidacta debido al enorme deseo de aprender, y a la facilidad con que aprendía. Aquí esa anécdota de como aprendió francés con el panadero. Aquí los recuerdos de la formación autodidacta de Gabriela Mistral, y el de todos esos escritores educados por familiares sustituyendo a los padres. Se dice que Machado de Assis no pisó como estudiante la Universidad. La Universidad es un cauce principal que necesita otros afluentes. Cuando la fuerza de voluntad es imparable, los rios afluentes, sumados, llevan más caudal que el principal. La inteligencia, la superioridad intelectual, y el buen gobierno personal le ayudaron a recorrer los meandros públicos, puesto tras puesto. Llegó arriba del todo, partiendo desde muy abajo. Tranquilamente. Para entrar en la Academia Brasileira de Letras, no se le ocurre otra cosa que fundarla con otros compañeros, convirtiéndose en el primer presidente. Lenguas, conocimiento, escritura: ejercita todo y en paralelo alcanza los altos puestos de la Administración del Estado.

Rubén Darío vida y obra

Rubén Darío vida y obra

Rubén Darío, hijo de América y nieto de España
Creo que fue en segundo curso de bachillerato, doce años yo, cuando estudié a Rubén Darío. El libro de literatura, de Editorial Bruño, editora perteneciente a la congregación de frailes del colegio, llevaba, y lo agradecía yo tanto…, unas lecturas detrás de las lecciones, a modo de explicación. En las velas, llamaban así a nuestros estudios de internos al margen de las clases lectivas: noche y madrugada; en ellas no hubo para mí deberes que hacer, sólo hubo lecturas. Aprendí de memoria y recitaba poemas sonoros, marciales, como Caupolicán y La marcha triunfal.

Era una época de exaltación de la hispanidad, la raza decía el mundo oficial. Fue más tarde, ya estudiante en Madrid, diecisiete años, pensión de doña Amparo, cuando cambiaba en la librería de “la Felipa”, calle de Libreros, los libros de texto por libros de poesía y relatos; entonces conocí a Darío a fondo, a Neruda a fondo, a Juan Ramón en profundidad. Luego cambié de pensión y fui a la calle del Prado, frente al Ateneo de Madrid. Me hice socio de la institución y ya fue todo lectura: poesía y prosa, novela; los rusos, los franceses, los portugueses, los americanos. Sin distinguir escuelas ni tendencias, escritura en evolución perpetua, literatura siempre en presente.

Escogí el poema Anagke para traducir al portugués, justamente por lo que produce al autor acusaciones de blasfemo. Ocho de esos diez versos últimos, clave y cierre de todo, sorpresa final que Rubén coloca con prisa, encargando la transición a dos versos, esos que nacen cuando de improviso interviene el gavilán, con la rapidez y destreza del ave de rapiña
¿Sí?, dijo entonces un gavilán infame,
y con furor se la metió en el buche.

A Juan Valera, admirador del poeta y autoridad literaria reconocida, le parece tan mal el cierre que, apelando a la religión, se lo dice al autor y elimina los ocho restantes, momento en que aparecen Dios y el Demonio; el segundo enmendando la plana al primero, y el primero reconsiderando algunos aspectos de su Creación. Günter Schmigalle, dariísta alemán, académico correspondiente de la Academia Nicaraguense de la Lengua, realiza un análisis de las fuentes del poema. Es un tema romántico, el del posible arrepentimiento de Dios ante el mundo violento y cruel que ha creado. Este estudioso sitúa las fuentes del poema en la novela de Víctor Hugo, Nuestra señora de París, y en el pensamiento de Schopenhauer. Dejémoslo así.

En primer lugar, la vida, soporte y causa de la obra. Siempre o casi siempre, para no resultar categórico. Y la vida de Rubén Darío es un caminar selvático por un mundo hostil y, a veces, feroz. Él frente a las circunstancias adversas. Inteligencia y voluntad. Esas dos facultades, puestas de acuerdo, le bastan para salir de lo profundo y llegar a ser, contra viento y marea, con fuerte oposición, lo que quiso ser siempre: Rubén Darío, declaración de intenciones. PSdeJ

Pablo Neruda vida y obra

Pablo Neruda vida y obra

Dice de sí el lector Neruda, que tanto nos dio a leer: “Para mí los libros fueron como la misma selva en que me perdía, en que continuaba perdiéndome. Eran otras flores deslumbradoras, otros altos follajes sombríos, misteriosos silencios, sonidos celestiales, pero también, la vida de los hombres más allá de los cerros, más allá de los helechos, más allá de la lluvia.” Neruda se va haciendo a sí mismo en lo cotidiano, pero al escritor y al poeta los hicieron los otros, escritores o no, aquellos cuyos nombres veneraba. Y los libros le hicieron: las lecturas, muchas, deslumbradoras hasta la sedimentación.

Durante unos años de mi vida joven, alrededores de los sesenta del siglo pasado, fui Neruda. El era solo un poeta avanzando hacia la poesía. Solo un poeta avanzando, que decía en sus odas elementales: Editorial Losada, impreso en Tucumán 353 de Buenos Aires, cosas elementales que acababan como la Oda al alambre de púa: “En otras partes pan, arroz, manzanas…En Chile, alambre, alambre…” Oda a la crítica: “Con la luz de otras vidas/ vivirán otras vidas en mi canto”. Oda a don Jorge Manrique: “Y volví a mi deber de pueblo y canto”. Filósofo también a la hora de resumir y concretar el mensaje. Yo era Neruda, y escribía mis versos en el interior de las cubiertas de sus libros, en los espacios blancos. Versos nacidos en el instante de la lectura, versos que imitaban a los suyos y a los míos, versos míos que habían sido de Juan Ramón Jiménez y de Darío antes de escribirlos para enamorar a una muchacha enamorada. Y todo porque nadie es dueño de nada, ya que entre todos, conocidos o desconocidos, valorados o denostados, escribimos el largo poema de la Humanidad. Panera de entregas y recogidas constantes.

Lygia Fagundes Telles vida y obra

Lygia Fagundes Telles vida y obra

Brasil. Una amiga en la equidistancia me indicó a Lygia Fagundes Telles, a modo de enlace del pasado inmediato con el inmediato futuro; pasado, presente y futuro, ella, ya centenaria casi. Conocía yo su nombre y alguna circunstancia vital. Nació en São Paulo de madre pianista, y eso ya anuncia influencias. Su padre era abogado. Ella ingresó en la Facultad de Derecho del Largo de San Francisco, Universidade de São Paulo. Espacio masculino de reminiscencias literarias y, dentro de lo literario, modernistas. Por allí pasaba Pagú para ir a las clases da Escola Normal. Joaquín Nabuco, Mario de Andrade, Ruy Barbosa, Oswald de Andrade, Castro Alves, José de Alencar y Ulises Guimarães estudiaron en la facultad conocida como la San Francisco: Estado de Derecho, Humanismo, Derechos Humanos. Mito de Libertad y Progreso.

Cecília Meireles vida y obra

Cecília Meireles vida y obra

Conocí a Cecília Meireles hace unos años, cinco o seis quizá. Desde entonces la tengo en mi altar literario. En aquel momento, después de las primeras lecturas, escribí: ¿Son los ojos, cielo sin fondo de nubes transparentes, de Cecília, lo importante para mí? ¿Lo es la mirada abierta y confiada, esos límites del Universo que ella alcanza? ¿Es el manantial inagotable de su sonrisa lo importante? Sí, porque su palabra simple y pura, surge en la mente armónica para expresar lo que ve su mirada; y para exponer lo recibido a través de todas las lenguas que entiende y habla. Sí, porque su rostro, y lo que el rostro revela del interior armónico, me entregan el estímulo necesario para profundizar en su obra. Para llegar más allá de su fértil imaginación, y de la fascinante facilidad de encantamiento. PSdeJ