40 autores en castellano e português. Mis traducciones y ensayos.
Pedro Sevylla de Juana

 

 

 

 

A mis nietos Lucas, Naia, Adriana María, Sergio, Óscar y Judith.
Alegría de vivir y expectativas fundamentadas.

 

Prólogo
Despedida. Por Cesáreo Gutiérrez Cortés

Lo esperado se retrasa, lo inesperado sucede. A punto de cumplir ochenta años, cercado de dificultades para seguir escribiendo, Pedro Sevylla de Juana dice adiós a la escritura. Lo hace con este libro, 40 autores en castellano e português. Mis traducciones, incluyendo sus análisis literarios. El grueso de su obra son los treinta y cinco libros publicados y los trabajos in extenso que, sobre los mismos autores, quedan a mi cuidado en https://pedrosevylla.com
Agradezco que me diera Pedro los segundos apellidos de sus abuelos paternos. Yo, Cesáreo Gutiérrez Cortés, hijo de Felicitas y Antimo, regresé no hace tanto de El Tíbet. Traje, preparado para publicar, Alabanza de la serpiente alada, libro revelado y escrito allí. Cuento con mi hija Alba, escritora de dos libros dados a la imprenta y madre, en unión asentada con su esposo Valentín, de una niña nombrada Aurora. De ese modo, abuelo yo, calmados los dolores musculares procedentes de las cirugías por las que regresó la vida rejuveneciéndome, iré a vivir cerca de donde mi nieta viva. Pedro alberga la intención de acabar sus días donde la niñez hizo lo que aún es. Hablo de Valdepero, origen y final, si alguno de sus hijos levanta residencia en el solar familiar de la Cava, principio de la calle dedicada al tío Eusterio, donde vivió su entrañable abuela Julia Octavia, cabeza y columna de la larga familia materna.

 

 

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Obra de Pedro Sevylla de Juana

Traducción:
El corazón da Medusa (2021), poesía, bilingüe. Renata Bomfim, autora. Pedro Sevylla de Juana, traducción al castellano y análisis crítico en ambos idiomas.

Narrativa:
Sucesos del Principado (1982), Pedro Demonio (1990), Defensa de Paulino (1999), El dulce calvario de la señorita Salus (2001), En torno a Valdepero (2003), La musa de Picasso (2007), Ad Memoriam (2007), Del elevado vuelo del halcón (2008), La pasión de la señorita Salus (2010), Pasión y muerte de la señorita Salus (2012), Las mujeres del sacerdote (2012), Estela y Lázaro (2014), Virginia Boinder y Pablo Céspedes (2019), El destino y la señorita Salus (2019), 24 cuentos pluscuamperfectos (2020), Amor en el río de la vida (2022), Dos días de boda en Francia (2023), Intimidades ocultadas (2023), Solo de voz en La Habana (2023)

Poesía:
El hombre en el camino (1978), Relatos de piel y palabra (1979), Poemas de ida y vuelta (1981), Mil versos de amor a Aipa (1982), Somera investigación (1988), El hombre fue primero (1989), Madrid, 1985 (1989), Aiñara (1993), Deriva del hombre (2006), Trayectoria y elipse (2011), Elipse de los tiempos (2012), Brasil, sístoles e diástoles (2016) Imago Universi Mei (2018). Meus poemas essenciais (2023).

Ensayo:
40 autores en castellano e português. Mis traducciones (2024).

Primera edición: 2024
ISBN: 9788410004450
ISBN eBook: 9788410004825
https://libros.cc/40-autores-en-castellano-e-português-Mis-traducciones.htm

 

 

40 autores en castellano e português. Mis traducciones

Pedro Sevylla de Juana

 

 

Sinopsis

Cervantes, Manrique, Amado, Bandeira, Bécquer, Bello, Borges, Camões, Conde, Cortázar, Darío, Drummond, Ercilla, Fagundes, Freyre, Lorca, Márquez, Hilst, Juan Ramón, Machado Assís, Machado, Carolina Maria, Martí, Meireles, Mistral, Neruda, Pagu, Bazán, Paz, Galdós, Pessoa, Queiroz, Quevedo, Regio, Saramago, Sena, Sevylla, Silva, Valle, Vallejo, Verdaguer. 40 autores en castellano e portugués. Mis traducciones, es el libro treinta y cinco de Pedro Sevylla de Juana, académico correspondiente de la Academia de Letras del estado de Espírito Santo ES Brasil. Las literaturas ibéricas e iberoamericanas han dado al mundo grandes escritores en la península, las islas y el continente americano. Escritores notables sustentados por un número elevado de lectores. Publicados los libros escritos de Pedro Sevylla, faltaba su traducción de los textos en las lenguas castellana y portuguesa, más los análisis literarios, recogidos en el blog pedrosevylla.com sin orden establecido. En el libro los dispone por orden alfabético del primer apellido del autor. Inicia la lista, al margen de todo y de todos, Miguel de Cervantes, autor de una obra que es el pilar fundamental de la escritura en Occidente. Nacido Pedro Sevylla junto al Camino de Santiago, desea mostrar lo que sería el recorrido de Don Quijote y Sancho por tan transitada senda. Sigue Jorge Manrique con sus coplas inmortales. Luego, todos los demás.

 

 

Miguel de Cervantes Saavedra

Nació en Alcalá de Henares, provincia de Madrid el día 29 de septiembre de 1547. Murió en Madrid el día 22 de abril de 1616. Tras una vida cuajada de vicisitudes, experiencia extrema aprovechada en la obra, dio a luz un trabajo considerado como pilar fundamental de la escritura en Occidente.
En el Viaje del Parnaso (1614), hablando de sí mismo, Cervantes escribe:
«Desde mis tiernos años amé el arte
dulce de la agradable poesía,
y en ella procuré siempre agradarte».
Fui lector precoz de un libro encontrado en casa de los abuelos paternos: Don Quijote de la Mancha, Editorial Dalmáu Carles, edición muy antigua, bellísima portada y grabados interiores. En el colegio escribí mis impresiones sobre la, para mí asombrosa, vida de Miguel de Cervantes, tan ajetreada y cargada de interés. A partir de ahí, la primera parte íntegra con algunas relecturas. En la época de Juan Ramón, Neruda y Quevedo, me llenaron esos poemas llenos de Don Miguel, sonetos, redondillas, décimas, alabanzas, sátiras. Cuánta belleza hallé en ellos, qué precisión de orfebre. Por fin, la segunda parte del Quijote. Su conocimiento y mi afición de comprador de libro usado, llenaron estantes de la habitación destinada a biblioteca: primera, segunda parte, completos en uno o dos volúmenes. A su lado se asentaron las Novelas ejemplares. Con todo, volví una y otra vez al ingenioso hidalgo y caballero. Apasionado del Camino de Santiago por proximidad geográfica, sentía que Hidalgo y Escudero no lo hubieran recorrido al término de sus aventuras. Por eso, no hace mucho, escribí este poema.

Dom Quixote e Sancho no Caminho de Santiago
Poema y traducción de Pedro Sevylla de Juana

(Da resolução tomada pelo vencido cavalheiro,
de visitar Santiago durante o imposto sossego.)

Fugindo das calçadas reais, da férvida
Altisidora que inquieta o da Mancha,
da duquesa, com o escudeiro tão atenta;
fiel dom Quixote à sua amada Dulcineia
e à sua natural Teresa Sancho Panza,
tomam em Barcelona a rota pirenaica.

Resolvem, escudeiro e senhor, em proveitoso diálogo,
fazer-se perdoar do Céu compassivo,
tanto os erros muitos como os muitos pecados,
percorrendo piedosos o Caminho
que leva ao sepulcro do apóstolo Santiago.

Foram obtidos salvo-condutos e licenças,
sem ditar -como se estila- testamento,
mochila e abóbora acomodam, saial e roseta
e em fortes bordões apoiam seu empenho.

Vislumbram Somport mais seguem adiante,
desejoso o Cavaleiro da Figura Triste
-mais triste que nunca nesse instante-
de ver no abrupto Roncesvalles
a pegada de Roldán tão admirada
e dos conhecidos Doze Pares,
da espada em pessoa transformada,
a bem forjada Durandarte.

Passam as noites em claro,
porque aflige o cavalheiro a promessa absurda,
de não tomar armas durante um ano,
arrancada pelo de ´A Branca Lua.’

Torturam o escudeiro impedindo-o dormir,
os açoites insatisfeitos prescritos por Merlin;
única medicina contra o bruxedo da sem par Senhora,
que sendo princesa se trocou em labradora

De Roncesvalles partem buscando seu destino,
Dom Quixote e Sancho, inusitados peregrinos.
Trás o descarnado cavalo e o jumento pardusco,
a pé chegam por Viscarret até Pamplona,
Monreal, Estella, Nájera e Burgos.

Na Cidade do Cid, herói que o Engenhoso elogia,
o rústico sucumbe ao embelezo
do dispositivo que move na catedral o papa-moscas;
e assombra o fidalgo, no seu pensamento,
que das pétreas torres as pontas
não cheguem a tocar as nuvens dos Céus.

Açoitado Sancho pela graça do destino,
consegue da fortuna desigual
alcançar um bom partido,
pois cobra a meio real
os açoites avaliados a quartilho.

Cento e trinta lategadas se dá Sancho,
com áspera corda de resseco esparto.
Os moços castiga em verdade sobre seu lombo,
equilibrando assim as patadas recebidas,
ao recolher de um frade os despojos,
na aventura da princesa biscainha.
E o magro dom Quixote jejua
para reforçar o efeito da tunda.

Em Castrogeriz e em Boadilla detêm-se
e sem temer o sangue que produz o dano
pensando em dá-las aos almocreves
duzentas chicotadas se dá Sancho.

Em Frómista, acendidos os semblantes
ante São Martín de traça esplêndida,
segundo o esforçado andante
do românico a fábrica mestra,
cento e setenta pancadas de castigo
a quem o mantearam na pousada,
aplica Sancho no tronco amigo
que segura sua cabeça alçada.
E os dá com tanta raiva que em um ano
não poderá vingar-se de nenhum outro adversário.

Exalta Dom Quixote o afã posto no castigo,
do qual julgava incapaz o seu escudeiro,
de carne frouxa e espírito tranquilo;
e a baixo custo em boa hora,
mil seiscentos e cinquenta reais,
já vê em Dulcineia, deixada a aparência de pastora,
a princesa mais formosa que registram os anais.

O corajoso cavaleiro do olhar triste,
em Villasirga revela a quem sempre o acompanha,
que nesse povo afortunado existe
um tesouro único na Espanha.

Santa Maria é a templária igreja que faz de arca:
Pantocrátor, Apostolado, Anunciação, Epifania,
ao retábulo maior, aos sepulcros e à Virgem Branca
que o Rei Sábio louva em suas Cantigas.

Um fervedouro humano representa o Caminho.
formigam por ele gentes bem distintas:
estudantes, patifes, reis, soldados e mendigos,
que falam da Europa as diferentes línguas,
intercambiam culturas sedimento de séculos
e as bem entesouradas experiências;
enchem templos, refeitórios, hospitais e abrigos,
descansam, rezam, curam chagas, se alimentam.

A estepe castelhana descobrem com assombro,
campo despovoado em favor das cidades
dizimado pela peste e o imã do Mundo Novo.

A expulsão de judeus e mouriscos,
a Inquisição e a barbárie repressiva,
chega a ver um dom Quixote intuitivo,
fidalgo para quem o trabalho não é estigma,
entre os males que levam a Castela,
em prata americana submergida,
à dependência exterior e à pobreza.

Torna em Carrión o escudeiro às duras disciplinas,
e diante do magnífico Salvador da igreja de Santiago,
cento e quarenta e oito lategadas se propina,
fustigando o galeote roubador do asno.
E sem prudência alguma engolem pão e vinho,
convento de San Zoilo refeitório e claustro,
pétreos retratos de monges distinguidos.

Antes de entrar em Sahagún, da oitava etapa cabeceira
segundo o Codex Calixtinus no seu texto sábio,
em um hospital assentado do Valderaduey na ribeira,
alivia o escudeiro suas feridas com um bálsamo,
que sem ser o de Fierabrás obra excelências;
mas a lança atada a Rocinante não floresce,
como acontece na lenda que dom Quixote evoca,
onde o próprio Carlomagno se intromete.

Atravessam o Cea pelo caminho romano,
onde Panza, pensando nos reais prometidos,
duzentos cardeais acrescenta em seu espinhaço,
destinados ao maior enredador existente e existido,
conhecido em todo o mundo como Merlin o Mago;
e tomando de Mansilla das Mulas o caminho,
acercam-se a León de um só tranco.

Admiram de São Isidoro a trabalhada pedra,
as obras da Catedral e de São Marcos,
e na margem verde do Bernesga,
pelo menos cento e noventa lategaços
recebe queixoso o escudeiro com empenho,
posto o vingador afinco nos velhacos
que em Barataria remataram seu governo.

Em Rabanal diminui o desânimo que a alegria impede,
célebre Casa das Quatro Esquinas,
pois estão perto de encontrar o Rei Felipe,
peregrino entre soldados duma escolta reduzida.

Seguindo o uso enraizado,
na Cruz de Ferro depositam as pedras trazidas,
os rodados cantos.

Ponferrada, Carracedo e Villafranca,
os veem passar sobre as bestas,
a coragem decaída e muda a palavra.

De pão e água se alimenta o cavalheiro em despovoado
e de caldo de convento em hospitais e hospedarias,
de modo que os seus agudos traços
parecem afilar-se na comprobação diária.

Os açoites que enriquecem o bom Sancho
longa conta confiada à memória frágil,
brunhem o espírito deixando o corpo algo esmagado.

Não são despojos de encarniçada luta,
são romeiros que peregrinam a Santiago
e pastores serão quando concluam.

De Triacastela a Palas, na tardinha esplêndida,
desde o longínquo Monte do Gozo,
alcançam a visão da idealizada Compostela,
enchendo de lágrimas seus olhos.

Entram no Obradoiro como se fosse o Céu mesmo,
com idêntica humildade e devoção parceira
jubilosa sensação de prediletos.

O pórtico da Glória, solidez ademais de equilíbrio,
lhes entrega a catedral e as relíquias
ocorrendo ali o prodígio:
a mente de dom Quixote se equilibra
e Sancho se converte em erudito.

Aceitada a verdade dos que consideram mentiras
as descomunais e enredadas ocorrências
contadas nos livros de cavalaria,
Quixote e Sancho voltam à aldeia,
onde o sacerdote e o barbeiro, a ama e a sobrinha,
conhecedores do regresso, os esperam.

 

 

 

Jorge Manrique

Me decidí por un poeta coterráneo para iniciar esta serie de grandes autores traducidos por mí. Busco una cierta simetría, un equilibrio flexible entre las dos culturas. ¿Quién mejor que Jorge Manrique, castellano del siglo XV? Jorge Manrique posee una obra singular, porque dentro de ella están las Coplas a la muerte de su padre, destacando, elevándose, tirando del resto hacia arriba, sumándose. Cortos los versos, eso sí; ocho sílabas y cuatro en el pie quebrado. Pero las cuarenta estrofas de las Coplas suman 480 versos. Busqué las traducciones existentes, resultando escasas. Decidí intentarlo antes de conocer las dificultades. Es cierto, lo hubiera intentado de haberlas conocido. A los setenta años, la dificultad era para mí un aliciente. Lo primero era tener un texto de partida. Tuve que formarlo a partir de las distintas ediciones existentes; las mejores, las más fieles, las más lógicas. Leí muchos de los abundantes trabajos que orientan: algunos contradictorios. Ahí está lo alcanzado: actual y respetuoso con el contenido.
La traducción debe tener en cuenta el ritmo, nacido de la métrica. No debe cambiar la forma original, sobre todo la rima. Portugués y castellano en este largo poema son más hermanos que nunca. Así lo sentí, así lo siento. Casi todas las palabras tenían equivalente en el idioma de llegada. Eso es una ventaja. Pero había que comprobar el sentido, consultando en los diccionarios de la RAE y Priberam. Había que poner las frases nuevas en el buscador, para ver si se utilizaban ahora y en qué proporción. No obstante, hay terminaciones en portugués distintas al castellano. Hay verbos que, en portugués, cambian de declinación y acaban de otra forma. La rima es consonante y casi siempre se consigue mantenerla. La asonante no modifica apenas el sonido. El sonido: otro elemento que debo tener en cuenta; ya que la fonética en portugués es muy distinta y el poema va a ser leído. Horas dedique a resolver las dificultades, comprobando las posibles palabras existentes y buscando el encaje justo. Mensaje, métrica, ritmo y rima: el poema de poemas pasa a la lengua portuguesa.
El poeta soldado
Son escasos los detalles de la vida de Jorge Manrique, autor de uno de los poemas más celebrados de la literatura española: Coplas a la muerte de su padre. No se ha podido confirmar la fecha ni el lugar de nacimiento del poeta. Aunque, lo más probable es que naciera en Paredes de Nava (Palencia) en 1440. Otro posible lugar de nacimiento es Segura de la Sierra (Jaén). Falleció en 1479, herido de muerte en una batalla frente al castillo de Garcimuñoz, provincia de Cuenca. Sus restos yacen en la iglesia de Uclés.
Las Coplas
Vanitas vanitatis et omnia vanitas.
Mataiotes mataiotetos kai panta mataiotes.
Ubi sunt qui ante nos in hoc mundo fuere?
En el tiempo en que Jorge Manrique escribe las Coplas, existe una cultura extendida sobre la muerte. La vanidad que rige los actos humanos. La incertidumbre de la vida futura. ¿Quién soy frente a los otros? ¿Dónde están los que vivieron antes?
Existe una composición literaria conocida como ‘planto’, elegía donde se lamenta la muerte de una persona querida, o alguna desgracia común. Se elogia a los personajes ilustres, arrebatados por la muerte.
También se da la presencia de la muerte misma como personaje. Y es un asunto aprovechado para destacar la igualdad de los seres humanos ante el trance final; o el aspecto de inexorable que lo caracteriza. Todo pasa, nada permanece. La Fortuna de los afortunados. La Fama, esa memoria ejemplar que deja a quienes quedan quien se va. La muerte vista como puerta de la inmortalidad y acceso al premio de la gloria divina. Esa elegía pertenece a la tradición medieval de la ascética cristiana. No obstante, inicia la concepción renacentista del siglo siguiente.
Estas circunstancias se deben tener presentes al acercarnos a las Coplas.

Coplas a la muerte de su padre
Por Jorge Manrique
Tradução de Pedro Sevylla de Juana
I
Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando;
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo a nuestro parecer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.

Advirta a alma dormida,
avive o senso e acorde
contemplando
como se passa a vida,
como se vem a morte
tão calando;
quão presto escapa o prazer,
como, após pensado,
causa dor;
como a nosso parecer,
qualquer tempo passado
foi melhor.

II
Y pues vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
lo que espera,
más que duró lo que vio,
porque todo ha de pasar
por tal manera.

E pois vemos o presente
como num ponto se é ido
e acabado,
se julgamos sabiamente,
daremos o não sido
por passado.
Não se engane ninguém,
pensando que tem de durar
o que espera,
mais que durou o que tem,
porque todo deve passar
por tal maneira.

III
Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en el mar,
que es el morir:
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
allí, los ríos caudales,
allí, los otros, medianos
y más chicos;
allegados, son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.

Nossas vidas são os rios
que vão dar no mar,
que é o morrer:
ali vão os senhorios
diretos a se acabar
e perecer;
ali, esses rios caudais,
ali, os outros, meãos,
e infantes;
abeirados, são iguais
os que vivem pelas mãos
e magnates.

IV
Dejo las invocaciones
de los famosos poetas
y oradores;
no curo de sus ficciones,
que traen yerbas secretas
sus sabores.
A aquel solo me encomiendo,
a aquel solo invoco yo
de verdad,
que en este mundo viviendo
el mundo no conoció
su deidad.

Deixo as invocações
dos famosos poetas
e oradores;
não curo de suas ficções,
que trazem ervas secretas
seus sabores.
Àquele só me encomendo,
àquele só invoco eu
de verdade,
que neste mundo vivendo
o mundo não conheceu
sua deidade.

V
Este mundo es el camino
para el otro, que es morada
sin pesar;
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar.
Partimos cuando nacemos,
andamos mientras vivimos,
y llegamos
al tiempo que fenecemos;
así que, cuando morimos,
Descansamos.

Este mundo é o caminho
para o outro, que é morada
sem pesar;
mas cumpre ter bom tino
para andar esta jornada
sem errar.
Partimos quando nascemos,
andamos quando vivemos,
e chegamos
ao tempo em que fenecemos;
assim que, quando morremos,
descansamos.

VI
Este mundo bueno fue
si bien usáramos de él
como debemos,
porque, según nuestra fe,
es para ganar aquél
que atendemos;
que aquel hijo de Dios,
para subirnos al cielo
descendió
a nacer acá entre nos,
y a vivir en este suelo
do murió.

Aqueste mundo bom é
conquanto usássemos dele
qual devemos,
pois, segundo nossa fé,
é para ganhar aquele
que vivemos;
que o filho do Deus Criador,
para nos subir ao Trono
ele desceu
devendo sofrer o dor,
e viver neste solo
onde morreu.

VII
Si fuese en nuestro poder
tornar esa cara hermosa
corporal
como podemos hacer
el ánima gloriosa
angelical;
¡qué diligencia tan viva
tuviéramos toda hora
y tan presta
en componer la cautiva
dejándonos la señora
descompuesta!

Se fosse em nosso poder
tornar a cara formosa
corporal
como podemos fazer
a alma gloriosa
angelical;
que diligência tão viva
tivéssemos toda hora
tão disposta
em compor a cativa
nos deixando a senhora
descomposta!

VIII
Ved de cuán poco valor
son las cosas tras que andamos
y corremos,
que en este mundo traidor,
aun primero que muramos
las perdemos;
de ellas deshace la edad,
de ellas, casos desastrados
que acontecen,
de ellas, por su calidad,
en los más altos estados
desfallecen.

Vede o pouco valor
das coisas trás que andamos
e corremos,
que neste mundo traidor,
ainda antes que morramos
as perdemos;
delas desfaz a idade,
delas, casos desastrados
que acontecem,
delas, por sua qualidade,
nos mais altos estados
desfalecem.

IX
Decidme: la hermosura,
la gentil frescura y tez
de la cara,
el color y la blancura,
cuando viene la vejez,
¿cuál se para?
Las mañas y ligereza
y la fuerza corporal
de juventud,
todo se torna graveza
cuando llega al arrabal
de senectud.

Me digam: a formosura,
a gentil frescura e tez
da cara,
a cor e a brancura,
quando vem a vetustez,
qual se para?
As manhas e ligeireza
e a força corporal
de juventude,
todo se torna graveza
quando chega ao lamaçal
de senectude.

X
Pues la sangre de los godos,
y el linaje y la nobleza
tan crecida,
¡por cuántas vías y modos
se sume su gran alteza
en esta vida!
Unos, por poco valer,
¡por cuan bajos y abatidos
que los tienen!
otros que, por no tener,
con oficios no debidos
se sostienen.

Pois o sangue dos godos,
e a linhagem e a nobreza
tão crescida,
por quantas vias e modos
se some sua grande alteza
nesta vida!
Uns, por pouco valer,
por quão baixos e abatidos
que os têm!
outros que, por não ter,
com ofícios não devidos
se sustêm.

XI
Los estados y riqueza,
que nos dejan a deshora,
¡quién lo duda!
No les pidamos firmeza,
pues que son de una señora
que se muda:
que bienes son de Fortuna
que revuelve con su rueda
presurosa,
la cual no puede ser una
ni estar estable ni queda
en una cosa.

Os estados e riqueza,
que nos deixam a desoras,
quem o dúvida!
Não lhes peçamos firmeza,
pois que são de uma senhora
que se muda:
que bens são de Fortuna
que revolve com sua roda
pressurosa,
a qual não pode ser una
nem ser estável por moda
nem ociosa.

XII
Pero digo que acompañen
y lleguen hasta la huesa
con su dueño:
por eso no nos engañen,
pues se va la vida apriesa
como sueño.
Y los deleites de acá
son, en que nos deleitamos,
temporales,
y los tormentos de allá,
que por ellos esperamos,
eternales.

Mas digo que acompanhem
e cheguem até a cova
com seu dono:
por isso não nos enganem,
pois se vai a vida pronta
como sonho.
E os deleites de cá
são, em que nos deleitamos,
temporais,
e os tormentos de lá,
que por eles esperamos,
eternais.

XIII
Los placeres y dulzores
de esta vida trabajada
que tenemos,
no son sino corredores;
y la muerte, la celada
en que caemos.
No mirando nuestro daño,
corremos a rienda suelta,
sin parar;
cuando vemos el engaño
y queremos dar la vuelta,
no hay lugar.

Os prazeres e dulçores
desta vida trabalhada
que assumimos,
não são senão corredores;
e a morte, a cilada
em que caímos.
Não olhando nosso dano,
corremos a rédea solta,
sem parar;
quando vemos o engano
e queremos dar a volta,
não há lugar.

XIV
Esos reyes poderosos
que vemos en escrituras
ya pasadas,
por casos tristes, llorosos,
fueron sus buenas venturas
trastornadas;
así que no hay cosa fuerte,
que a papas y emperadores
y prelados,
así los trata la muerte
como a los pobres pastores
de ganados.

Esses reis poderosos
que vemos em escrituras
já passadas,
por casos tristes, chorosos,
foram suas boas venturas
transtornadas;
de modo que não há coisa forte,
que a papas e imperadores
e prelados,
assim os trata a morte
como aos pobres pastores
de seus gados.

XV
Dejemos a los troyanos,
que sus males no los vimos
ni sus glorias;
dejemos a los romanos,
aunque oímos y leímos
sus victorias.
No curemos de saber
lo de aquel siglo pasado
qué fue de ello;
vengamos a lo de ayer,
que también es olvidado
como aquello.

Deixemos aos troianos,
que seus males não os vimos
nem as glórias;
deixemos aos romanos,
ainda que ouvimos e lemos
suas vitórias.
Não curemos de saber
o do século passado
que foi disso;
vingamos ao de ontem,
que também é olvidado
como aquilo.

XVI
¿Qué se hizo el rey don Juan?
Los infantes de Aragón,
¿qué se hicieron?
¿Qué fue de tanto galán?
¿qué fue de tanta invención
como trajeron?
Las justas y los torneos,
paramentos, bordaduras
y cimeras,
¿fueron pobres devaneos?,
¿qué fueron sino verduras
de las eras?

Que se fez o rei dom Juan?
Os infantes de Aragón,
que fizeram?
Que foi de tanto galã?
que foi de tanta invenção
que trouxeram?
As justas e os torneios,
paramentos, bordaduras
e cimeiras,
foram pobres devaneios?
que foram senão verduras
das eiras?

XVII
¿Qué se hicieron las damas,
sus tocados, sus vestidos,
sus olores?
¿Qué se hicieron las llamas
de los fuegos encendidos
de amadores?
¿Qué se hizo aquel trovar,
las músicas acordadas
que tañían?
¿Qué se hizo aquel danzar,
aquellas ropas chapadas
que traían?

Que se fizeram as damas,
seus tocados, seus vestidos,
seus odores?
Que se fizeram as chamas
dos fogos acendidos
de amadores?
Que se fez aquele trovar,
as músicas acordadas
que tangiam?
Que se fez aquele dançar,
aquelas roupas chapadas
que traziam?

XVIII
Pues el otro, su heredero,
don Enrique, ¡qué poderes
alcanzaba!
¡Cuán blando, cuán halaguero
el mundo con sus placeres
se le daba!
Mas verás cuán enemigo,
cuán contrario, cuán cruel
se le mostró;
habiéndole sido amigo,
¡cuán poco duró con él
lo que le dio!

Pois o outro, seu herdeiro,
dom Enrique, que poderes
alcançava!
Quão macio, quão lisonjeiro
o mundo com seus prazeres
se lhe dava!
Mas verás quão inimigo,
quão contrário, quão cruel
se lhe mostrou;
tendo-lhe sido amigo,
quão pouco lhe foi fiel
o que lhe doou.

XIX
Las dádivas desmedidas,
los edificios reales
llenos de oro,
las vajillas tan bruñidas,
los enriques y reales
del tesoro;
los jaeces, los caballos
de su gente, y atavíos
tan sobrados,
¿dónde iremos a buscarlos?,
¿qué fueron sino rocíos
de los prados?

As dádivas desmedidas,
os edifícios reais
cheios de ouro,
as louças tão polidas,
os enriques e reais
do tesouro;
os jaezes, os cavalos
de sua gente, e atavios
tão sobrados,
¿onde iremos procurá-los?
¿que foram senão rocio
sobre prados?

XX
Pues su hermano el inocente,
que en su vida sucesor
se llamó,
¡qué corte tan excelente
tuvo y cuánto gran señor
le siguió!
Mas, como fuese mortal,
metióle la muerte luego
en su fragua.
¡Oh, juicio divinal,
cuando más ardía el fuego,
echaste agua!

Pois seu irmão o inocente,
que em sua vida sucessor
se chamou,
que corte tão excelente
teve e quanto grande senhor
lhe secundou!
Mas, como fosse mortal,
meteu-o a morte logo
na sua frágua.
Oh, juízo divinal,
quando mais ardia o fogo,
jogaste água!

XXI
Pues aquel gran Condestable,
maestre que conocimos
tan privado,
no cumple que de él se hable,
sino sólo que lo vimos
degollado;
sus infinitos tesoros,
sus villas y sus lugares,
su mandar,
¿qué le fueron sino lloros?
¿Qué fueron sino pesares
al dejar?

Pois o grande Condestável,
mestre que conhecemos
tão privado,
não cumpre que dele fale,
senão só que o vimos
degolado;
seus infinitos tesouros,
suas vilas e lugares,
seu mandar,
que lhe foram senão choros?
Que foram senão pesares
ao deixar?

XXII
Y los otros dos hermanos,
maestres tan prosperados
como reyes,
que a los grandes y medianos
trajeron tan sojuzgados
a sus leyes;
aquella prosperidad
que tan alta fue subida
y ensalzada,
¿qué fue sino claridad
que estando más encendida
fue matada?

E os outros dois irmãos,
mestres tão prosperados
como reis,
que aos grandes e meãos
trouxeram tão subjugados
a suas leis;
aquela prosperidade
que tão alta foi subida
e exaltada,
que foi senão claridade
que estando mais acendida
foi matada?

XXIII
Tantos duques excelentes,
tantos marqueses y condes
y barones,
como vimos tan potentes,
di, muerte, dó los escondes
y traspones?
y las sus claras hazañas
que hicieron en las guerras
y en las paces,
cuando tú, cruda, te ensañas,
con tu fuerza las aterras
y deshaces.

Tantos duques excelentes,
tantos marqueses e condes
e barões,
como vimos tão potentes,
diz, morte, do os escondes
e transpões?
e as suas claras façanhas
que fizeram nas guerras
e nas pazes,
quando tu, crua, te assanhas,
com tua força as aterras
e desfazes.

XXIV
Las huestes innumerables,
los pendones y estandartes
y banderas,
los castillos impugnables,
los muros y baluartes
y barreras,
la cava honda, chapada,
o cualquier otro reparo,
¿qué aprovechan?
que si tú vienes airada,
todo lo pasas de claro
con tu flecha.

As hostes inumeráveis,
os pendões e estandartes
e bandeiras,
os castelos impugnáveis,
os muros e baluartes
e barreiras,
a cava funda, chapada,
ou qualquer outro reparo,
que aproveitam?
que se tu vens irada,
tudo o passas de claro
com tua flecha.

XXV
Aquél de buenos abrigo,
amado por virtuoso
de la gente,
el maestre don Rodrigo
Manrique, tanto famoso,
tan valiente;
sus hechos grandes y claros
no cumple que los alabe,
pues los vieron;
ni los quiero hacer muy caros
pues que el mundo todo sabe
cuáles fueron.

Aquele de bons abrigo,
amado por virtuoso
da gente,
o mestre dom Rodrigo
Manrique, tanto famoso,
tão valente;
seus factos grandes e claros
não cumpre que os alabe,
pois os viram;
nem quero-os fazer mais caros
pois que o mundo tudo sabe
quais foram.

XXVI
Amigo de sus amigos,
¡qué señor para criados
y parientes!
¡Qué enemigo de enemigos!
¡Qué maestro de esforzados
y valientes!
¡Qué seso para discretos!
¡Qué gracia para donosos!
¡Qué razón!
¡Cuán benigno a los sujetos!
¡A los bravos y dañosos,
qué león!

Amigo de seus amigos,
que senhor para criados
e parentes!
Que inimigo de inimigos!
Que mestre de esforçados
e valentes!
Que siso para discretos!
Que graça para donosos!
Que razão!
Quão benigno aos sujeitos!
Aos bravos e danosos,
que leão!

XXVII
En ventura, Octaviano;
Julio César en vencer
y batallar;
en la virtud, Africano;
Aníbal en el saber
y trabajar;
en la bondad, un Trajano;
Tito en liberalidad
con alegría;
en su brazo, Aureliano;
Marco Tulio en la verdad
que prometía.

Em ventura, Octaviano;
Julio César em vencer
e batalhar;
na virtude, Africano;
Aníbal no saber
e trabalhar;
na bondade, um Trajano;
Tito em liberalidade
com alegria;
em seu braço, Aureliano;
Marco Tulio na verdade
que prometia.

XXVIII
Antonio Pío en clemencia,
Marco Aurelio en igualdad
del semblante;
Adriano en elocuencia;
Teodosio en humanidad
y buen talante;
Aurelio Alejandro fue
en disciplina y rigor
de la guerra;
un Constantino en la fe,
Camilo en el gran amor
de su tierra.

Antônio Pio em clemência,
Marco Aurélio em igualdade
do semblante;
Adriano em eloquência;
Teodósio em humanidade
e bom talante;
foi Aurélio Alexandre
em disciplina e rigor
da guerra;
um Constantino na fé,
Camilo no grande amor
da sua terra.

XXIX
No dejó grandes tesoros,
ni alcanzó muchas riquezas
ni vajillas;
mas hizo guerra a los moros,
ganando sus fortalezas
y sus villas;
y en las lides que venció,
muchos moros y caballos
se perdieron;
y en este oficio ganó
las rentas y los vasallos
que le dieron.

Não deixou grandes tesouros,
nem atingiu muitas riquezas
louças finas;
mas fez guerra aos mouros,
ganhando suas fortalezas
e suas vilas;
nas lides que dominou,
muitos mouros e cavalos
se perderam;
e neste oficio ganhou
as rendas e os vassalos
que lhe deram.

XXX
Pues por su honra y estado,
en otros tiempos pasados,
¿qué se tuvo?
quedando desamparado,
con hermanos y criados
se sostuvo.
Después que hechos famosos
hizo en esta dicha guerra
que hacía,
hizo tratos tan honrosos
que le dieron aún más tierra
que tenía.

Pois por sua honra e estado,
em outros tempos passados,
que se teve?
ficando desabrigado,
com irmãos e criados
se manteve.
Depois que factos famosos
fez nesta dita guerra
que fazia,
fez tratos tão honrosos
que lhe deram ainda mais terra
que havia.

XXXI
Estas sus viejas historias
que con su brazo pintó
en juventud,
con otras nuevas victorias
ahora las renovó
en senectud.
Por su grande habilidad,
por méritos y ancianía
bien gastada,
alcanzó la dignidad
de la gran caballería
de la espada.

Estas suas velhas histórias
que com seu braço pintou
em juventude,
com outras novas vitórias
agora as renovou
em senectude.
Por sua grande habilidade,
por méritos e anciania
bem gastada,
atingiu a dignidade
da grande cavalaria
da espada.

XXXII
Y sus villas y sus tierras
ocupadas de tiranos
las halló;
mas por cercos y por guerras
y por fuerza de sus manos
las cobró.
Pues nuestro rey natural,
si de las obras que obró
fue servido
dígalo el de Portugal
y en Castilla quien siguió
su partido.

E suas vilas e terras
ocupadas de tiranos
as achou;
mas por cercos e por guerras
e por força de suas mãos
as cobrou.
Pois nosso rei natural,
se das obras que obrou
foi servido
o diga o de Portugal
e em Castela quem tomou
seu partido.

XXXIII
Después que puso la vida
tantas veces por su ley
en tablero,
después de tan bien servida
la corona de su rey
verdadero;
después de tanta hazaña
a que no puede bastar
cuenta cierta,
en la su villa de Ocaña
vino la muerte a llamar
a la puerta,

Depois que pôs a vida
tantas vezes por sua lei
em tabuleiro,
após tão bem servida
a coroa de seu rei
verdadeiro;
após tanta façanha
a que não pode bastar
conta cabal,
na sua vila de Ocaña
veio a morte a chamar
ao portal.

XXXIV
diciendo: “Buen caballero,
dejad el mundo engañoso
y su halago;
vuestro corazón de acero,
muestre su esfuerzo famoso
en este trago.
Y pues de vida y salud
hiciste tan poca cuenta
por la fama,
esfuércese la virtud
para sufrir esta afrenta
que os llama.

dizendo: “Bom cavaleiro,
deixe o mundo enganoso
e seu afago;
vosso coração aceiro,
mostre seu esforço famoso
neste trago.
E pois de vida e saúde
fizestes tão pouca conta
pela fama,
esforce-se a virtude
para sofrer esta afronta
que vos chama.

XXXV
No se os haga tan amarga
la batalla temerosa que esperáis,
pues otra vida más larga
de la fama glorïosa
acá dejáis;
aunque esta vida de honor
tampoco lo es eternal
ni verdadera,
mas, con todo, es muy mejor
que la otra temporal
perecedera.

Não se vos faça tão amarga
a batalha temerosa que esperais,
pois outra vida mais larga
da fama gloriosa
cá deixais;
ainda que esta vida de honor
também não é eternal
nem verdadeira,
mas, com tudo, é melhor
que a outra temporal
deletéria.

XXXVI
El vivir que es perdurable
no se gana con estados
mundanales,
ni con vida deleitable
en que moran los pecados
infernales;
mas los buenos religiosos
gánanlo con oraciones
y con lloros;
los caballeros famosos,
con trabajos y aflicciones
contra moros.

O viver que é perdurável
não se ganha com estados
mundanais,
nem com vida deleitável
em que moram os pecados
infernais;
mas os bons religiosos
o ganham com orações
e com choros;
os cavalheiros famosos,
com trabalhos e aflições
contra mouros.

XXXVII
Y pues vos, claro barón,
tanta sangre derramaste
de paganos,
esperad el galardón
que en este mundo ganaste
por las manos;
y con esta confianza
y con la fe tan entera
que tenéis,
partid con buena esperanza,
que esta otra vida tercera
ganaréis.”

E pois vós, claro barão,
tanto sangue derramaste
de pagãos,
esperai o galardão
que neste mundo ganhaste
pelas mãos;
e com esta confiança
e com a fé tão inteira
que haveis,
parti com boa esperança,
que esta outra vida terceira
ganhareis.”

XXXVIII
“No gastemos tiempo ya
en esta vida mezquina
por tal modo,
que mi voluntad está
conforme con la divina
para todo;
y consiento en mi morir
con voluntad placentera,
clara y pura,
que querer hombre vivir
cuando Dios quiere que muera
es locura”.

“Não gastemos tempo já
nesta vida mesquinha
por tal modo,
que minha vontade está
conforme com a divina
pra o todo;
e consinto em meu morrer
com a vontade gozosa,
clara e pura,
que querer homem viver
quando Deus quer que morra
é loucura”.

XXXIX
“Tú, que por nuestra maldad,
tomaste forma servil
y ruin nombre;
tú, que a tu divinidad
juntaste cosa tan vil
como el hombre;
tú, que tan grandes tormentos
sufriste sin resistencia
en tu persona,
no por mis merecimientos,
mas por tu sola clemencia
me perdona”.

“Tu, que por nossa maldade,
tomaste forma servil
e ruim nome;
tu, que a tua divindade
juntaste coisa tão vil
como o homem;
tu, que tão grandes tormentos
sofreste sem resistência
em tua pessoa,
não por meus merecimentos,
mas só por tua clemência
me perdoa”.

XL
Así, con tal entender,
todos sentidos humanos
reservados,
cercado de su mujer
y de sus hijos y hermanos
y criados;
dio el alma a quien se la dio
el cual la tenga en el cielo,
en su gloria,
que aunque la vida perdió
dejónos harto consuelo
su memoria.

Assim, com tal entender,
todos sentidos humanos
reservados,
cercado de sua mulher
e de seus filhos e irmãos
e criados;
deu a alma a quem lha deu
o qual a tenha no alto
em sua glória,
que ainda que a vida perdeu
nos deixou consolo amplo
sua memória.

La edición en castellano de Punto de partida es: Obra completa/Jorge Manrique, edición, prólogo y vocabulario de Augusto Cortina (Editor Literario) www.cervantesvirtual.com/obra-visor/obra-completa–0/html/ff6c9480-82b1-11df-acc7-002185ce6064_5.html#l_56_

 

 

 

Jorge Amado

Hijo de João Amado de Faria y de Eulália Leal, Jorge Leal Amado de Faria nació el día 10 de agosto de 1912, en Ferradas, distrito de Itabuna, Bahia, Brasil. El 6 de agosto de 2001 falleció en la ciudad de Salvador de Bahia. Sus cenizas fueron esparcidas alrededor de un árbol en su casa de Rio Vermelho.
La vida de Jorge Amado está entre las más agitadas de los escritores brasileños. Constantes viajes por oriente y occidente. Alegrías y tristezas sustituyéndose o yendo a la par. Los ataques que sufrió por defender el derecho a expresar sus ideas, llegaron a ser brutales. Sus libros estuvieron perseguidos y condenados a la hoguera. Él mismo fue preso en diversas ocasiones por motivos ideológicos. La figura de Jorge Amado parecía superar en fuerza y resistencia al poder que lo condenaba. Hasta la acogedora Francia, donde se había refugiado, lo expulsó de su territorio, aunque después lo volviera a admitir. Los libros constituyen su legado, sus libros enraizados en las vidas, la suya y las de los más indefensos. Las ediciones, reediciones y adaptaciones fueron constantes. La afiliación al Partido Comunista Brasileño, acicate y freno para Amado, tuvo importancia en su obra, mayor en los primeros tiempos.
La Semana de Arte Moderna de febrero 1922, constituye uno de los hitos culturales más importantes de Brasil. Venía perfilándose desde años atrás y su influencia llegó con fuerza hasta 1945, aunque, parece perdurar. Jorge Amado y otros jóvenes, rebeldes todos ellos, poco conocidos en 1928, toman una actitud de lucha contra el conservadurismo de la Academia Brasileira de Letras, desde la autoproclamada Academia dos Rebeldes. Esa beligerancia va también contra el modernismo nacido de la Semana da Arte Moderna, al que consideran un movimiento de importación, proponiendo un Modernismo más dedicado a los aspectos locales en el sentido de las tradiciones y costumbres.
Dejé de buscar el mítico libro A estrada do mar cuando encontré las cinco partes del poema de ese título. Están disponibles solo para lectura y copié, por ello, letra a letra, las dos primeras, que son las traducidas por mí. A estrada do mar, poema en 5 partes: presença, busca, turismo, tentação dos ventos, impossível reencontro. Está disponible para lectura en el sitio de la Hemeroteca Digital (Biblioteca Nacional-RJ). Del libro que todo el mundo busca y nadie encuentra, Jorge Amado imprimió una pequeña cantidad en Sergipe, el año 1938, destinado a las personas más cercanas.

A estrada do mar
Poema de Jorge Amado
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

Presencia.Yo te busqué en los desiertos, en los océanos y ríos, en las montañas y puertos. Costa del Pacífico, Golfo del México, océanos de alga, marineros de carbón, tu rostro desplegándose en un misterio de peces y tortugas. Tú vas por el mar caminando, eres navío, eres pez, eres agua, tu rostro ya no existe, ahora es sólo océano. En el puerto de Tecopilla estás en cada momento: en los marineros del puerto, en la procesión de los santos, en el comercio de chinos y en el gran poeta chileno sin cabellera, sin versos, llevando un ángel de la mano. Pero sólo las gaviotas te conocen, vuelan alrededor de tu rostro de agua, besan tus ojos y te traen peces.

Búsqueda.– Llegaste de repente, tu presencia apagó mis palabras de amor, cerró mis labios, cegó mis ojos, paró mi corazón. Llegaste de súbito y rápidamente te reconocí. Antes te había encontrado en atajos en los puertos lejanos, en las montañas altísimas, en el sol y en el navío. Tus ojos en Manta, tus manos en Morelio, tus senos en la India áspera de Ajuno, tus cabellos en Cusco en medio de las ruinas, tu boca en Shankaym, tu vientre en los Andes cubiertos de nieve. Y fui dejando en esos paisajes todo lo que tenía para entregarte. ¡Mis manos tan vacías, tus manos tan llenas! Perdona mi venida de lejos buscándote, fui repartiendo todo para hallarte. Mis manos vacías sólo traen amor, simplemente amor. Perdona.

Jornal Dom Casmurro. El 13 de mayo de 193 se publicó en Rio de Janeiro el primer número de Dom Casmurro, dirigido y trabajado por los gauchos Brício de Abreu, propietario encargado de la dirección, y Álvaro Moreyra como redactor jefe. Había más Folhas en Río, entonces capital de Brasil, pero hacía distinto a Don Casmurro el hecho de no tratarse de una revista, sino de un Jornal semanal en formato grande (41 por 58 cm), dedicado a la cultura y la literatura y escrito por intelectuales. Don Casmurro fue publicado hasta el final de 1946, es decir, más de nueve años, hecho muy meritorio.

Caía la noche cuando el negro João Grande se dirigía al ingenio de los Capitanes de Arena. Tenía trece años. Su padre murió bajo el peso y la fuerza de un camión. Entonces João escapó del que fue su sitio hasta sentirse ajeno. Era fuerte y se convirtió en líder de muchachos a la deriva como él, sin otras ataduras que las necesidades de la edad: alimentación, sensualidad y libertad; pasando a la marginalidad en defensa propia.

Noche de los Capitanes de Arena
Poema de Jorge Amado
Traducido por Pedro Sevylla de Juana
La ciudad durmió temprano.
La luna ilumina el cielo, viene la voz de un negro directa del mar.
Canta la amargura de su vida desde que la amada se fue.
En el trapiche los niños duermen ya.

La calma nocturna envuelve a los esposos.
El amor es siempre dulce y bueno, aun cuando la muerte esté cerca.
Los cuerpos no se mecen más con el ritmo del amor.
Pero en el corazón de los dos niños no hay ningún miedo.
Solamente calma, la serenidad de la noche de Bahia.

Entonces la luz de la luna se extendió sobre todos,
las estrellas brillaron aún más en el cielo,
el mar quedó del todo sumiso
(pudiera ser que Yemanjá viniera también a oír música)
y la ciudad era como que un gran carrusel
donde giraban en invisibles caballos los Capitanes de la Arena.

Vestidos de andrajos, sucios, muertos de hambre, agresivos,
soltando palabrotas y fumando colillas de cigarrillo,
eran, en verdad, los dueños de la ciudad,
los que la conocían del todo,
los que por completo la amaban,
sus poetas.

ABC de Castro Alves fue escrito por Jorge Amado em un período de intensa actividad política. Como afiliado al Partido Comunista Brasileiro, el escritor sufrió la persecución del Estado Novo, instituido por Getulio Vargas en 1937. Fue apresado dos veces y alguno de sus primeros libros terminaron en la hoguera de la policía. En 1939, recobrada la libertad, Amado era redactor jefe de las revistas Diretrizes y Dom Casmurro, en Rio de Janeiro. Entonces comenzó a escribir la biografía de Castro Alves.

ABC de Castro Alves
Poema de Jorge Amado
Traducido por Pedro Sevylla de Juana
«La plaza es del pueblo, amiga, como el cielo es del cóndor».
La plaza es del pueblo, es su campo de batalla, donde él protesta y lucha.
¿No visteis aún a la multitud agitarse en la plaza como un mar en tormenta
que destruye navíos e invade el muelle?

En el tiempo del poeta Castro Alves
Los negros eran esclavos comprados en subastas,
Mercancía que se vendía, intercambiaba y examinaba.
Y en pago de todo lo que ellos dieron al blanco,
Su fuerza, su sudor, sus mujeres e hijas,
La blandura de su habla que endulzó nuestra habla,
Su libertad,
El blanco le quiso dar sólo,
Además del látigo, los dioses que poseía.

Pero dioses los negros traían de África,
Los dioses de la floresta y del desierto,
Y continuaron fieles a sus dioses
Por más que rezaran a los dioses
De sus dueños.

Del fondo de los bohíos venía el llanto convulso
De los negros en el batir de los atabales,
Cuando llegaba de lo remoto de las plazas
El desasosiego de los hombres…
Era toda una raza la que sufría,
Se desesperaba y reaccionaba,
Conservando alguna cosa propia,
Puramente suya.

Así él veía al negro, magnífico, fuerte y bello,
Rompiendo las cadenas, libre en su fuerza gigantesca…

PubliFolha – São Paulo, 2001, pág. 79, organização de Arthur Nestrovski.
Ni la rosa ni el clavel
Cuento de Jorge Amado
Traducción: Pedro Sevylla de Juana
Las frases pierden su sentido, las palabras pierden su significado rutinario; ¿cómo hablar de los árboles y de las flores, de tus ojos y del mar, de las canoas y del muelle, de las mariposas en los árboles, cuando los niños son asesinados fríamente por los nazis? ¿Cómo hablar de la belleza gratuita de los campos y de las ciudades, cuando las bestias sueltas en el mundo aún destruyen los campos y las ciudades?
¿Ya viste un trigal rubio estremecido por el viento? Es de las cosas más bellas del mundo, pero los hitlerianos y sus perros pervertidos destruyeron los trigales, y los pueblos mueren de hambre. ¿Como hablar, entonces, de la belleza, de esa belleza simple y pura de la harina y del pan, del agua de la fuente, del cielo azul, de tu rostro al atardecer? No puedo hablar de esas cosas de todos los días, de esas alegrías de todos los instantes. Porque esas cosas peligran, peligran todas ellas, los trigales y el pan, la harina y el agua, el cielo, el mar y tu rostro. Contra todo lo que significa la belleza cotidiana del hombre, el nazifascismo se levantó, monstruo medieval de torpe visión, de ávido apetito asesino. Que otros hablen, si quieren, de las grandes palabras de amor para la bienamada, que otros hablen de los crepúsculos y de las noches estrelladas. No tengo palabras, no tengo frases, veo los árboles, los pájaros y la tarde, veo tus ojos, veo el crepúsculo bordando la ciudad. Pero sobre todos esos cuadros flotan cadáveres de niños que los nazis mataron, al canto de los pájaros se añaden mezclándose los gritos de los viejos torturados en los campos de concentración, con los crepúsculos se funden madrugadas de rehenes fusilados. Cuando el paisaje recuerda el campo, lo que yo veo son los trigales destruidos al paso de las bestias hitlerianas, los trigales que alimentaban antes poblaciones libres. Sobre toda la belleza planea la sombra de la esclavitud. Es cómo una nube inesperada en un cielo azul y límpido. ¡Cómo encontrar entonces palabras inocentes, dulces palabras acariciadoras, versos suaves y tristes? Perdí el sentido de esas palabras, de esas frases, ellas me suenan como traición en este momento.
Pero sé todas las palabras de odio, del odio más profundo y más mortal. Ellos matan niños y esa es su manera de enredar con el más inocente de los divertimentos. Ellos deshonran la belleza de las mujeres en lechos inmundos y esa es su manera más romántica de amar. Ellos torturan a los hombres en los campos de concentración, y esa es su manera más sencilla de construir el mundo. Ellos invadieron las patrias, esclavizaron a los pueblos, y ese es el ideal que llevan en el corazón de lodo. ¿Cómo entonces cerrar los ojos ante todo esto y hablar, con las palabras de siempre, con las frases de ayer, sobre el paisaje y los pájaros, la tarde y tus ojos? ES imposible porque los monstruos están en el mundo sueltos y voraces, la boca escurriendo sangre, los ojos amarillos, por la ambición de esclavizar. Los monstruos pardos, los monstruos negros y los monstruos verdes.
Pero yo sé todas las palabras de odio y esas, sí, tienen un significado en este momento. Hubo un día en que yo hablé del amor y encontré para él los más dulces vocablos, las frases más elaboradas. Hoy sólo el odio puede hacer que el amor perdure sobre el mundo. Sólo el odio al fascismo, pero un odio mortal, un odio sin perdón, un odio que venga del corazón y que nos arrebate todo, que se haga dueño de todas nuestras palabras, que nos impida ver cualquier espectáculo – desde el crepúsculo hasta los ojos de la amada – sin que a su lado veamos el peligro que los cerca.
Jamás las tardes serían dulces y jamás las madrugadas serían esperanzadoras. Jamás los libros dirían cosas bellas, nunca más sería escrito un verso de amor. Sobre toda la belleza del mundo, sobre la harina y el pan, sobre el agua pura de la fuente y sobre el mar, sobre tus ojos también, caería de bruces la deshonra que supondría el nazifascismo, si ellos hubieran conseguido dominar el mundo. No quedaría ninguna cuota de belleza, ni la mínima. Mañana sabré de nuevo palabras dulces y frases cariñosas. Hoy sólo sé palabras de odio, palabras de muerte. No encontrarás un clavel o una rosa, ni una flor en mi literatura. ¡Pero encontrarás un puñal o un fusil, encontrarás un arma contra los enemigos de la belleza, contra aquellos que aman las tinieblas y la desgracia, el lodo y los agotamientos, contra esos restos de podredumbre que soñaron con triturar la poesía, el amor y la libertad!

Quinto ocupante de la cadeira 23, fue elegido, el 6 de abril de 1961, como académico de la Academia Brasileira de Letras.

 

 

Manuel Bandeira

Manuel Carneiro de Souza Bandeira Filho, nació en Recife (Pernambuco) el día 19 de abril de 1886. Sus padres fueron Manuel Carneiro de Souza Bandeira y Francelina Ribeiro de Souza Bandeira. La muerte le llegó en Rio de Janeiro el 13 de octubre de 1968. En mi afán de informarme sobre Manuel Bandeira para pintar su semblanza, oigo lo dicho por Cleonice Berardinelli, profesora brasileña de literatura portuguesa, elegida em 2009 miembro de la Academia Brasileira de Letras. Escucho a Doña Cléo, como la llaman en la entrevista de Bete Peixoto para o jornal Plástico Bolha, cuando la oigo decir: «Manuel Bandeira foi um grande amigo meu, uma pessoa encantadora, suave, gentil, generosa, inteligente, alguém de quem realmente eu gostava e gosto muito.(…) Manuel fue meu colega na Faculdade Nacional de Filosofia, como professor de Literatura Hispano-Americana, eu de Literatura Portuguesa, e ambos fazíamos sempre parte das bancas de Língua e Literatura Espanhola, cujo professor era um dos melhores professores da faculdade, o mineiro José Carlos Lisboa».
Oigo hablar a quienes conocieron de cerca a Manuel Bandeira, profesores o alumnos, y todos coinciden en la opinión extendida: era una persona amable, cortés, considerada, respetuosa con los demás y muy competente. Amó mucho y siempre estuvo enamorado de Frederika Blank. La conoció, acompañada por sus hijas Joanita y Guita, en el viaje al sanatorio de Suiza cuando el escritor tenía 27 años. Hija de la holandesa Frederika y del brasileño Carlos Blank, Joanita, nació en Rio de Janeiro. Su formación intelectual estuvo dirigida por el poeta, que se encargó de dar a la muchacha clases particulares de portugués, matemáticas, geografía, historia y ciencias; porque Joanita nunca fue a la escuela. La preparó en todas las disciplinas que él dominaba. Fue pintora, ilustradora de libros. Retrató a personajes de las crónicas de Bandeira, para A Província, jornal de Recife. Tratando de pintar un retrato del poeta, hay que recurrir en primer lugar, si lo hay, y en este caso lo hay, al autoretrato. Saber lo que el interesado ve en el espejo cuando se mira, observar la manera de asir los pinceles, teniendo en cuenta los colores que emplea o como los diluye en el blanco. Por eso traduje su poema:

Autoretrato
Poema de Manuel Bandeira
Traducido por Pedro Sevylla de Juana
Provinciano que nunca supo
escoger bien una corbata;
pernambucano a quien repugna
el cuchillo del pernambucano;
terrible poeta que en el arte de la prosa
envejeció en la propia infancia del arte,
e incluso escribiendo crónicas
quedó en cronista de provincias;
arquitecto frustrado, músico
fallido (se tragó un día
un piano, pero el teclado
quedó fuera); sin familia,
religión o filosofía;
teniendo apenas la inquietud de espíritu
que viene de lo sobrenatural,
y en cuestión de profesión
un tísico profesional.

El lirismo de Manuel Bandeira, según Naief Sáfady, es uno de esos casos que dejan al lector fiel en una situación de perplejidad, punzado por preguntas y asaltado por las dudas más legítimas. ¿Hasta qué punto el poeta notable legó una obra de sentido total y ecuménico? La pregunta queda en el aire, porque el propio Bandeira hizo hincapié en negarse como poeta en innumerables afirmaciones sobre sí mismo. Es evidente que esas opiniones del autor son muy discutibles, porque lo permanente es la obra; y la obra solo puede hablar de sí misma. Podemos decir, que la poesía de Bandeira es realmente uno de esos productos de primera agua que la literatura brasileña produjo. Es decir, que la poesía de Bandeira, a pesar de lo que el poeta dice de él, es excelente, de calidad primera. Veámoslo aquí:

Evocación de Recife
Poema de Manuel Bandeira
Traducción de Pedro Sevylla de Juana
Recife
ni la Venecia americana
ni la Mauritsstad de los armadores de las Indias Occidentales
ni el Recife de los Mascates
ni siquiera el Recife que aprendí a amar después –Recife
de las revoluciones libertarias
aunque sí el Recife sin historia ni literatura
Recife sin añadidos
Recife de mi infancia

La calle de la Unión donde yo jugaba al chicote quemado
[y rompía los cristales de la casa de doña Anida Viegas
Totônio Rodrigues era muy viejo y sostenía los quevedos
[en la punta de la nariz
tras la cena las familias conquistaban la calzada
[con sillas hablillas galanteos risotadas
la gente se entretenía en medio de la calle
los niños gritaban:

Conejo sal!
No sale!

Lejos las voces blandas de las niñas mezclaban sus tonos:

Rosal dame una rosa
clavel dame un capullo

(De esas rosas mucha rosa
habrá muerto sin abrir…)

De repente
en la profundidad de la noche
una campana
Una persona mayor exclamaba:
Fuego en San Antonio!
otra disentía: Son José!
Totônio Rodrigues intuía siempre que era San José.
Los hombres calándose el sombrero salían fumando
y yo rabiaba porque siendo niño no podía ir a ver el fuego.

Calle de la Unión…
Qué bellos eran los nombres de las calles de mi infancia
Calle del Sol
(Temo que hoy se llame del Dr. Fulano de Tal)
Detrás de casa quedaba la Calle de la Añoranza…
…donde se fumaba a escondidas
del otro lado estaba el embarcadero de la Calle de la Aurora…
…donde era furtiva la pesca
Capiberibe
— Capibaribe
Allá lejos el paraje rústico de Caxangá
aseos de caña

Un día vi a una muchacha corita en el baño
quedé parado con el corazón palpitante
ella rio
fue mi primera iluminación

¡Riada! ¡Las riadas! Barro buey muerto árboles
[devastación remolino anegando
y en los pilares del puente del ferrocarril los cholos
[valientes en balsas de plátanos

Novenarios
Caballadas
y yo me incliné sobre el cuello de la niña y ella
[comenzó a acariciar mi cabello
—Capiberibe
— Capibaribe

Calle de la Unión donde todas las tardes pasaba
[la negra de las bananas
con su chal vistoso de paño de la Costa
y el vendedor de entrenudos de caña
o de cacahuetes
que se llamaba midubim y más que tostado estaba cocido
me acuerdo de todos sus pregones:
Huevos frescos y baratos
diez huevos por una pataca
sucedió hace mucho tiempo…
La vida no se me acercaba por los periódicos
[ni por los libros
venía en la boca del pueblo en la lengua errada del pueblo
lengua correcta del pueblo
porque él dice sabroso el portugués de Brasil
mientras que nosotros
lo que hacemos
es remedar
la sintaxis lusitana
La vida con una porción de cosas que yo no entendía bien
tierras que desconocía donde estaban
Recife…
calle de la Unión…
la casa de mi abuelo…
nunca pensé que desapareciera!
todo allá parecía rociado de eternidad

Recife…

Mi abuelo muerto.
Recife muerto, Recife bueno, Recife brasileño
[como la casa de mi abuelo.

Me voy en buena hora a Pasárgada
Poema de Manuel Bandeira
Traducción de Pedro Sevylla de Juana

Me voy sin más a Pasárgada
Allí soy amigo del rey
Allí tengo la mujer que busco
En el lecho que prefiera
Me voy en buena hora a Pasárgada

Ya me voy a Pasárgada
Aquí no soy dichoso
Allí la vida es una aventura
De modo tan divergente
Que Juana la Loca de España
Reina y falsa demente
Viene a ser casi pariente
De la nuera que no tuve

Y como haré gimnasia
Andaré en bicicleta
Montaré un asno rudo
Treparé la cucaña
¡Tomaré baños de mar!
Y cuando esté cansado
Echado en la orilla del río
Mando llamar a la Mãe-d´água
Para que me cuente las historias
Que en mi época de niño
Rosa venía a contarme
Me voy porque sí a Pasárgada

Pasárgada tiene todo
Es otra cultura
Cuenta con un método seguro
Para impedir la gestación
Posee teléfono automático
Hay cuantos estimulantes se desee
Tiene prostitutas bonitas
Para seducir a la gente

Y cuando yo esté más triste
Pero triste de quedarme sin aliento
Cuando de noche me den
Ganas de suicidarme
-Allá soy amigo del rey-
Tendré la mujer deseada
En la cama que prefiera
Me voy sin más a Pasárgada

Dice Manuel Bandeira, que este poema fue el de mayor gestación de toda su obra. Vio el nombre de Pasárgada a los dieciséis años en un autor griego. Estaba convencido de que era Xenofonte, pero buscó en la Ciropedia y no lo encontró. Luego supo que Estrabón y Arriano, autores no leídos, hablan de la famosa ciudad fundada por Ciro al oeste de Persépolis.
Supuso que Pasárgada quiere decir campo de los persas o tesoro de los persas; lo cierto es que suscitó en su imaginación un espacio pleno de delicias. Veinte años después, en su casa de la Rua do Curvelo, muy desanimado por lo que dejó de hacer en su vida debido a la enfermedad, salió de pronto del subconsciente “Vou-me embora para Pasárgada.

El Cactus
Poema de Manuel Bandeira
Traducción de Pedro Sevylla de Juana
Aquel Cactus recordaba los gestos desesperados de la estatuaria:
Laooconte amarrado por las serpientes,
Ugolino y los hijos hambrientos.
Traía de la memoria también el árido Nordeste,
palmerales de carnauba, espinosas catingas…
Era enorme, incluso para esta tierra de feracidad excepcional.

Un día un tifón enfurecido lo arrancó de raíz.
El cactus descansó atravesado en la calle,
al caer quebró los aleros del caserío de al lado,
impidió el tránsito de tranvías, coches, carretas,
arrancó los cables eléctricos y durante veinticuatro horas
privó a la ciudad de iluminación y energía:

-Era bello, punzante, insociable.

El animal
Poema de Manuel Bandeira
Traducción de Pedro Sevylla de Juana
Ayer vi un animal
en la basura del patio
rebuscando alimentos entre los desperdicios.

Cuando encontraba algo aparente
no lo examinaba ni lo olía
lo tragaba con voracidad.

El animal no era un perro
ni era un gato
ni siquiera un ratón.

Dios mío,
¡el animal hambriento era un hombre!

Elogio de la Ciudad de Río de Janeiro
Poema de Manuel Bandeira
Traducción de Pedro Sevylla de Juana
Alabo al Padre, alabo al Hijo
y alabo al Espíritu Santo.
Loado sea Dios, ensalzo al santo
de quien este Rio es hijo.

Alabo al patrón verdadero
– San Sebastián valeroso –
que un día del mes enero
le dio santo socorro.

Elogio a la Ciudad nacida
en el morro Cara de Perro.
Poco después conducida
al Castillo, y al momento
ocupando las faldas del otero,
creciendo en alrededores,
subiendo a cerros mayores
el Gran Río de Janeiro!

Río de Janeiro, ahora
de cuatrocientos eneros…
¡Oh Rio de mis primeros
sueños! (La última hora
de mi vida ojalá
llegue bajo tus cielos serenos,
porque así sentiré menos
abandonar el lugar).

Ciudad de sol y de bruma,
si no eres ya capital
de esta nación, no está mal:
jamás capital alguna,
Río, eclipsará tu brillo,
alcanzará tu encanto.
Alabo al Padre, alabo al Hijo
y alabo al Espíritu Santo.

La Estrella de la Mañana
Poema de Manuel Bandeira
Traducción de Pedro Sevylla de Juana
Yo amo la estrella de la mañana
¿dónde está la estrella de la mañana?
mis amigos mis enemigos
busquen la estrella de la mañana

Al desaparecer iba desnuda
¿con quién desapareció?
buscad por todas partes

digan que soy un hombre sin orgullo
un hombre que lo acepta todo
¿qué me importa?
Deseo la estrella de la mañana

tres días y tres noches
fui asesino y suicida
ladrón, sinvergüenza, tramposo

virgen casi asexuada
torturadora de los afligidos
jirafa de dos cabezas
por todos pequé, pequé con todos

pequé con los pícaros
pequé con los sargentos
quebranté la norma con los fusileros navales
violé las reglas de todas las maneras posibles
con los griegos y con los troyanos
con el cura y con el sacristán
con el leproso de Pouso Alto

conmigo mismo al final

Te esperaré con atracciones, novenarios, caballadas
comeré tierra y diré cosas de una ternura tan simple
que desfallecerás

Busquen por todas partes
pura o mancillada hasta la última bajeza
ansío la estrella de la mañana.

Canción de las dos Indias
Poema de Manuel Bandeira
Traducción de Pedro Sevylla de Juana
Entre estas Indias del Este
y las indias occidentales
Dios mío ¡qué distancia tan grande!
cuántos Océanos Pacíficos
cuántos arrecifes de corales
cuántas latitudes frías!
Islas que la tormenta arrasa
que los terremotos sumergen
devastadas Marambaias
escollos, sirenas, Medeas
pubis hasta no poder más
altos como la estrella del alba
lejanos como Oceanías
-blancas, sobrenaturales-
Oh inaccesibles playas!…

En la entrevista concedida a Paulo Mendes Campos, en 1949, respecto a este poema, Bandeira dijo: «Interpreto el poema como un símbolo de deseos irrealizables. Digo interpreto, porque no escribí los versos con intención de crear un símbolo. Es más, todos mis poemas nacieron así, sin premeditación, organizándose en mi subconsciente sin fiscalización de la inteligencia, y un buen día estallan inesperadamente como un relámpago».
La pregunta de la convergencia entre la poesía de Manuel Bandeira y la del Modernismo, según dice Silviano Santiago, continua y continuará abierta. Queda claro, mientras se cierra o no, que la poesía brasileña contemporánea no brotó de movimientos esparcidos e inconexos. La geografía nacional del Modernismo muestra que hubo encuentro de intuiciones, de diálogo, lazos afectivos, entendimientos intelectuales, desencuentros y diferencias entre los jóvenes escritores de los grandes centros literarios de Brasil en la época. Los responsables de la disponibilidad de los entendimientos son, por orden cronológico: Manuel Bandeira, Mario de Andrade y Carlos Drummond de Andrade. Tampoco estuvo Tarsila do Amaral esa semana en São Paulo. Espero que pueda encontrarme con ella y con Bandeira, en la que se celebre con ocasión del centenario. No estuvo Bandeira pero estuvo su poema Os Sapos, del poemario Carnaval, en la voz de Ronald de Carvalho; y para el caso fue mejor: dado el gran interés despertado por la crítica feroz a los parnasianos.

Los Sapos
Poema de Manuel Bandeira
Traducción de Pedro Sevylla de Juana

Los buches hinchando
Salen de la sombra
A saltos, los sapos
La luz los asombra

Con fragor que aterra
Brama el sapo buey:
«-Mi padre fue a la guerra!»
«-No fue» – «Fue» – «No fue!».
El sapo tonelero,
Parnasiano aguado,
Dice: – «Mi cancionero
Está bien armado.

¡Vedle como primo
comiendo hiatos!
¡Qué arte! Y no rimo
términos hermanos

Mi verso es bueno
trigo sin gorgojo
y rimo poniendo
consonantes de apoyo.

Hace cincuenta años
Que les di la norma
Reduje sin daños
En hormas la forma

Grite la pandilla
Críticas escépticas
Ya no hay poesía
Hay artes poéticas

Brama el sapo buey:
– «Mi padre fue rey»- «Fue!»
– «No fue» – «Fue» – «No fue!».

Grita en un asomo
El sapo tonelero:
El gran arte es como
trabajo de joyero.

O bien de estatuario.
Todo lo bonito,
Todo lo variado,
Canta en el martillo
.
Otros, sapos botija
(Un mal en sí cabe),
Hablan por las tripas,
– «Sé» -“No sabe!”-“Sabe”.

Lejos de la grita,
Allá donde más densa
La noche infinita
Viste sombra inmensa;

Allá, oculto al mundo,
Sin gloria, sin fe,
En abismo profundo
Y solitario, es.

Que suspiras tú,
Transido de frio,
Sapo-curucú
Del borde del río…

Según dice Cleonice Berardinelli a Bete Peixoto:: Os últimos dias de Manuel foram muito duros, ele ficou solo, desanimado, muito abatido.

Uma longa noite no Sertão
Poema e tradução de Pedro Sevylla de Juana
Estrela da manhã y Libertinagem manuscritos
viaje de circunnavegación elíptica
más allá de Recife, Rio, Santos, São Paulo
y Rio de Janeiro nuevamente,
hasta llegar
de nuevo a Totônio Rodrigues y la calle de la União,
¿Qué hacía aquella noche
-poesía y música de la mano, pintura y poesía
caminando juntas-
Bandeira, en el Sertão, dialogo afectivo
con un escritor español y una
investigadora capixaba?
Pregunto:
¿qué hacía
farto do lirismo bem comportado,
do lirismo funcionário público,
deseando ser un poeta crítico y salvaje
pez emergente de las aguas abisales
fiera en las interioridades selváticas?
¿Qué hacía esa noche en el Sertão,
-sonrisa insatisfecha, mitológica mirada
autocrítica memoria-
en falsa actitud latifundista?
Soñaba yo el sueño de siempre:
la humanidad satisfecha de sus cosas;
los acaparadores devolviendo lo común,
los de arriba y los de abajo viviendo
en la misma ciudad, en el mismo barrio
y en la misma casa; comiendo
en la misma mesa la misma comida.
Soñaba yo, el sueño era mío
y Bandeira lo habitaba:
Abaixo os puristas!
Abaixo o lirismo namorador!
Abaixo o lirismo que capitula!
Siento aún el eco de sus palabras
en el pabellón de mi oído
izquierdo
-el derecho oye distorsionado-
y me sumo a su protesta, calle arriba,
cenáculo literario abajo:
-Não quero mais saber do lirismo
que não é libertação.
El sueño de la libertad en convivencia
con la justicia
distributiva,
y de los representantes puestos al servicio
de los representados,
era mi sueño aquella noche en el Sertão.
Discutíamos Ester Abreu y yo
sobre algunos aspectos confusos
de Don Juan, bajando
a los infiernos para surgir de nuevo:
andrógino
triunfante,
celestial.
Se desarrollaban el sueño y el ensueño
Intemporales
o con los tiempos mezclados,
en un Sertão imaginario que,
partiendo de Euclides da Cunha, Graciliano
Ramos, Guimarães Rosa
y Jô Drumond,
era la suma de todos los Sertões:
arideces existenciales, aleph,
vidas secas,
horizonte detrás del horizonte,
imaginación
y utopía.
Si sucediera: pensé un instante: que Pasárgada
ocupara un extremo imaginario del Sertão?,
el correspondiente a Utopía, exempli gratia;
o al exoplaneta Gliese 581 g
donde la felicidad pende de las ramas de los árboles,
siendo el aire maná alimenticio;
y Manuel Bandeira llegara allí
num momento de fundo desânimo,
desde a casa da Rua do Curvelo
en el fondo del ánfora de su tristeza más triste:
Não sei dançar,
Meu verso é sangue,
Cai, gota a gota do coração
Y si en ese instante
mágico y mínimo
aparecieran
Bandeira y Guimarães riendo a carcajadas…
…si así fuera
me dije,
yo me sentiría realizado.
Volví en mí al exclamar:
¡grita, ríe, vive!, Manuel Bandeira;
me alegra que coincidamos en la función liberadora,
detersoria
de la poesía.
Acomódate, invité:
siéntete como en tu casa en mi sueño sertanejo:
não a Veneza americana
não o Recife dos Mascates,
sea en este Sertão de Sertões, gris y gélido,
voces simbolistas, parnasianistas, modernistas,
sequedad en la garganta
imaginando con Ester Abreu y conmigo
el triunfo último de don Juan
convertido
en mujer,
en valerosa hembra feminista.
Vou-me embora para Pasárgada, dijo,
Mirada displicente,
manos en los bolsos vacíos:
Lá sou amigo do Rey.
Lá tenho a mulher que eu quero.
Y lo vi marchar a lo lejos, sueño adelante,
convidado por Baudelaire,
cuando el sueño despertaba en mí,
yo despertaba en el sueño
y en la escuela los libros se cerraban:
corrección del profesor Veríssimo:
Capibaribe!, Capiberibe!

 

 

Gustavo Adolfo Bécquer

Gustavo Adolfo Domínguez Bécquer nació en Sevilla el 17 de febrero de1836.- Falleció en Madrid el 23/12/1870. Enterrado en Madrid, desde el 23 de abril de 1913, sus restos, junto a los de su hermano Valeriano, reposan en Sevilla.
‘Apoteosis de la muerte’ llama Galdós a la idea dominante en Gustavo Adolfo Bécquer. La muerte tan repetitiva como la vida; tan opuestas ambas, tan inseparables, tan compenetradas. Fin y principio de un círculo inacabado por inacabable, teniendo al tiempo y al espacio como únicas incógnitas parciales.
El sueño coincidente con la eternidad tras sumarse a la muerte: silencio y quietud. Quizá cante o llore el poeta excesivo otra apoteosis, la ‘Apoteosis del Amor’, no obstante, por fuerza, más efímera. El amor no es más que el roce de un ala de gorrión en un cristal de ventana; un instante de ensueño que avanza o se aleja del sueño. Sin embargo, el Amor cantado por Bécquer es, antes que nada, un Amor triunfante, destinado a habitar y presidir toda la Eternidad. Amor deseado, imaginado, supuesto, creado y recreado; asidero, luz y lecho; espejismo visto a través de un tul, vestido de novia y mortaja.
El Amor como idea y como realidad, tan distantes ambas: noche y día, tinieblas y amaneceres luminosos, prístinos. Amor y posesión. Superposición y transposición del objeto amado en el objeto poseído. Ahí está, confirmándolo, la enfermedad que puso carriles a su corta vida.
Amor y coincidencia, Amor y necesidad. ¿Qué fue, si no, su unión con Valeriano, el hermano del alma y alma gemela? Pintura y textos de la mano y conviviendo a lo largo de ambas vidas. En febrero nace, en Sevilla, Gustavo Adolfo, un niño destinado a ser feliz. De pronto todo cambia. Una vida inicial tergiversada por la muerte: madre, padre: trastoque de caminos y pérdida de mapa. Todo lo demás es consecuencia y nueva causa, circunferencia o elipse, cometa liberándose del hilo y de la mano. Queda esa interpretación personal con que el lector hace suyos los poemas de Bécquer. Pocos escritores han hecho tanto por la poesía; a pocos escritores deben tanto los enamorados.

Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer
Tradução: Pedro Sevylla de Juana

Rima I
Yo sé un himno gigante y extraño
que anuncia en la noche del alma una aurora
y estas páginas son de ese himno
cadencias que el aire dilata en las sombras
Yo quisiera escribirlo, del hombre
domando el rebelde, mezquino idioma
con palabras que fuesen a un tiempo
suspiros y risas, colores y notas
Pero en vano es luchar; que no hay cifra
capaz de encerrarlo, y apenas ¡oh, hermosa!
si, teniendo en mis manos las tuyas,
pudiera, al oído, contártelo a solas.

Eu sei um hino gigante e estranho
que anuncia na noite da alma uma aurora
e estas páginas são desse hino
cadencias que o ar dilata nas sombras
Eu quisesse escrevê-lo, do homem
domando o rebelde, mesquinho idioma
com palavras que fossem a um tempo
suspiros e risos, cores e notas
Mas é vão lutar; que não há cifra
capaz de encerrá-lo, e apenas, oh meu sol!
se, tendo em minhas mãos as tuas,
pudesse, ao ouvido, te o contar a sós.

Rima IV
No digáis que agotado su tesoro,
de asuntos falta, enmudeció la lira;
podrá no haber poetas; pero siempre
habrá poesía.
Mientras las ondas de la luz al beso
palpiten encendidas,
mientras el sol las desgarradas nubes
de fuego y oro vista,
mientras el aire en su regazo lleve
perfumes y armonías,
mientras haya en el mundo primavera,
¡habrá poesía!
Mientras la ciencia a descubrir no alcance
las fuentes de la vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo
que al cálculo resista,
mientras la humanidad siempre avanzando
no sepa a do camina,
mientras haya un misterio para el hombre,
¡habrá poesía!
Mientras se sienta que se ríe el alma,
sin que los labios rían,
mientras se llore, sin que el llanto acuda
a nublar la pupila,
mientras el corazón y la cabeza
batallando prosigan,
mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡habrá poesía!
Mientras haya unos ojos que reflejen
los ojos que los miran,
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira,
mientras sentirse puedan en un beso
dos almas confundidas,
mientras exista una mujer hermosa,
¡habrá poesía!

Não digais que esgotado seu tesouro,
de assuntos falta, emudeceu a lira;
poderá não haver poetas; mas sempre
haverá poesia.
Enquanto as ondas da luz ao beijo
palpitem acendidas,
enquanto o sol as rasgadas nuvens
de fogo e oro vista,
enquanto o ar em seu regaço leve
perfumes e harmonias,
enquanto haja no mundo primavera,
haverá poesia!
Enquanto a ciência a descobrir não atinja
as fontes da vida,
e no mar ou no céu haja um abismo
que ao cálculo resista,
enquanto a humanidade sempre avançando
não saiba aonde caminha,
enquanto haja um mistério para o homem,
haverá poesia!
Enquanto sintamos rir a alma,
sem que os lábios riam,
enquanto se chore, sem que o pranto acuda
a nublar a pupila,
enquanto o coração e a cabeça
batalhando prossigam,
enquanto tenha esperanças e lembranças,
haverá poesia!
Enquanto haja uns olhos que reflitam
os olhos que os miram,
enquanto responda o lábio suspirando
ao lábio que suspira,
enquanto se possam sentir num beijo
duas almas confundidas,
enquanto exista uma mulher formosa,
haverá poesia!

Rima VII
Del salón en el ángulo oscuro,
de su dueña tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo,
veíase el arpa.
¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas,
como el pájaro duerme en las ramas,
esperando la mano de nieve
que sabe arrancarlas!
¡Ay!, pensé; ¡cuántas veces el genio
así duerme en el fondo del alma,
y una voz como Lázaro espera
que le diga «Levántate y anda»!

Do salão no ângulo escuro,
de sua dona talvez esquecida,
silenciosa e coberta de pó,
a harpa se via.
Quanta nota dormia em suas cordas,
como o pássaro dorme na rama,
esperando a mão de neve
que sabe arrancá-las!
Ai!, pensei; quantas vezes o génio
assim dorme no fundo da alma,
e uma voz como Lázaro espera
que lhe diga «Levanta-te e anda»!

Rima XV
Cendal flotante de leve bruma,
rizada cinta de blanca espuma,
rumor sonoro
de arpa de oro,
beso del aura, onda de luz:
eso eres tú.
Tú, sombra aérea, que cuantas veces
voy a tocarte te desvaneces
como la llama, como el sonido,
como la niebla, como el gemido
del lago azul
En mar sin playas onda sonante,
en el vacío cometa errante,
largo lamento
del ronco viento,
ansia perpetua de algo mejor,
eso soy yo.
¡Yo, que a tus ojos, en mi agonía,
los ojos vuelvo de noche y día;
yo, que incansable corro demente
tras una sombra, tras la hija ardiente
de una visión!

Cendal flutuante de leve bruma,
rizada fita de branca espuma,
rumor sonoro
de harpa de ouro,
beijo da aura, onda de luz:
isso és tu.
Tu, sombra aérea, que quantas vezes
vou tocar-te te desvaneces
como o lume, como o sonido,
como o nevoeiro, como o gemido
do lago azul
Em mar sem praias onda sonante,
no vazio cometa errante,
longo lamento
do rouco vento,
ânsia perpétua de algo melhor,
eu isso sou.
Eu, que a teus olhos, em minha agonia,
os olhos volto de noite e dia;
eu, que incansável corro demente
trás uma sombra, trás a filha ardente
duma visão!

Rima XXI
¿Qué es poesía?, dices, mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul,
¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía… eres tú.

Que é poesia?, dizes, enquanto fincas
em minha pupila tua pupila azul,
Que é poesia! E tu mo perguntas?
Poesia… és tu.

RIMA XXIII
[A ella. No sé…]
Por una mirada, un mundo;
por una sonrisa, un cielo;
por un beso… ¡Yo no sé
qué te diera por un beso!

[A ela. Não sei…]
Por uma mirada, um mundo;
por um sorriso, um céu;
por um beijo… Eu não sei
que te desse por um beijo!

Rima XXV
Cuando en la noche te envuelven
las alas de tul del sueño
y tus tendidas pestañas
semejan arcos de ébano,
por escuchar los latidos
de tu corazón inquieto
y reclinar tu dormida
cabeza sobre mi pecho,
diera, alma mía,
cuanto poseo,
¡la luz, el aire
y el pensamiento!
Cuando se clavan tus ojos
en un invisible objeto
y tus labios ilumina
de una sonrisa el reflejo,
por leer sobre tu frente
el callado pensamiento
que pasa como la nube
del mar sobre el ancho espejo,
diera, alma mía,
cuanto deseo,
¡la fama, el oro,
la gloria, el genio!
Cuando enmudece tu lengua
y se apresura tu aliento
y tus mejillas se encienden
y entornas tus ojos negros,
por ver entre sus pestañas
brillar con húmedo fuego
la ardiente chispa que brota
del volcán de los deseos,
diera, alma mía,
por cuanto espero:
¡la fe, el espíritu,
la tierra, el cielo!

Quando na noite te envolvem
as asas de tule do sonho
e tuas tendidas pestanas
semelham arcos de ébano,
por escutar os batidos
de teu coração inquieto
e reclinar tua dormida
cabeça sobre meu peito,
desse, alma minha,
quanto eu tenho,
a luz, o ar
e o pensamento!
Quando se cravam teus olhos
num invisível objeto
e teus lábios alumia
dum sorriso o reflexo,
por ler sobre tua frente
o calado pensamento
que passa como a nuvem
do mar sobre o largo espelho,
desse, alma minha,
quanto desejo,
a fama, o ouro,
a glória, o génio!
Quando emudece tua língua
e se apressa teu alento
e tuas bochechas se acendem
e entornas teus olhos negros,
por ver entre seus cílios
brilhar com húmido incêndio
a ardente chispa que brota
do vulcão dos desejos,
desse, alma minha,
porquanto espero:
a fé, o espírito,
a terra, o céu!
Rima XXXVII
Antes que tú me moriré; escondido
en las entrañas ya
el hierro llevo con que abrió tu mano
la ancha herida mortal.
Antes que tú me moriré; y mi espíritu
en su empeño tenaz
se sentará a las puertas de la muerte,
esperándote allá.
Con las horas los días, con los días
los años volarán,
y a aquella puerta llamarás al cabo…
¿Quién deja de llamar?
Entonces, que tu culpa y tus despojos
la tierra guardará,
lavándote en las ondas de la muerte
como en otro Jordán;
allí donde el murmullo de la vida
temblando a morir va,
como la ola que a la playa viene
silenciosa a expirar;
allí donde el sepulcro que se cierra
abre una eternidad,
¡todo cuanto los dos hemos callado
allí lo hemos de hablar!
Antes que tu morrerei; escondido
nas entranhas já
o ferro levo com que abriu tua mão
a larga ferida mortal.
Antes que tu morrerei; e meu espírito,
em seu empenho tenaz,
se sentará às portas da morte
te esperando lá.
Com as horas os dias, com os dias
os anos voaram,
e àquela porta chamarás ao cabo…
Quem deixa de chamar?
Então, que tua culpa e teus despojos
a terra guardará,
te lavando nas ondas da morte
como em outro Jordão;
ali onde o murmúrio da vida
tremendo a morrer vai,
como a onda que à praia vem
silenciosa a expirar;
ali onde o sepulcro que se fecha
abre uma eternidade,
todo quanto os dois temos calado
ali o temos de falar.

Rima XXXVIII
¡Los suspiros son aire y van al aire!
¡Las lágrimas son agua y van al mar!
Dime, mujer, cuando el amor se olvida
¿sabes tú adónde va?
Os suspiros são ar e vão ao ar!
As lágrimas são água e vão ao mar!
Dize-me, mulher, quando o amor se esquece
sabes aonde vai?
Rima LIII
Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.
Pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha al contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres…
¡esas… no volverán!
Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde, aún más hermosas,
sus flores se abrirán.
Pero aquellas, cuajadas de rocío,
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día…
¡esas… no volverán!
Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará;
pero mudo y absorto y de rodillas
como se adora a Dios ante su altar, …
como yo te he querido…; desengáñate,
¡así… no te querrán!

Voltarão as escuras andorinhas
em teu balcão seus ninhos a colgar,
e outra vez com a asa a seus cristais
jogando chamarão;
mas aquelas que o voo refreavam
teu formosura e minha dita ao contemplar,
aquelas que aprenderam nossos nomes,
essas… não vão voltar!
Voltarão as tupidas madressilvas
de teu jardim as taipas a escalar,
e outra vez à tarde ainda mais lindas
suas flores se abrirão;
mas aquelas, coalhadas de orvalho
cujas gotas olhávamos tremer
e cair como lágrimas do dia…
essas… não vão volver!
Voltarão do amor em teus ouvidos
as palavras ardentes a soar;
teu coração de seu profundo sonho
talvez acordará;
mas mudo e absorto e de joelhos
como se adora a Deus ante seu altar,
como eu te quis…; desengana-te,
assim… não te vão amar!

Rima LXXIII
Cerraron sus ojos
que aún tenía abiertos,
taparon su cara
con un blanco lienzo,
y unos sollozando,
otros en silencio,
de la triste alcoba
todos se salieron.
La luz, que en un vaso
ardía en el suelo,
al muro arrojaba
la sombra del lecho,
y entre aquella sombra
veíase a intervalos
dibujarse rígida
la forma del cuerpo.
Despertaba el día,
y a su albor primero
con sus mil ruidos
despertaba el pueblo.
Ante aquel contraste
de vida y misterio,
de luz y tinieblas,
yo pensé un momento:
¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!
De la casa en hombros
lleváronla al templo,
y en una capilla
dejaron el féretro.
Allí rodearon
sus pálidos restos
de amarillas velas
y de paños negros.
Al dar de las Ánimas
el toque postrero,
acabó una vieja
sus últimos rezos,
cruzó la ancha nave,
las puertas gimieron,
y el santo recinto
quedóse desierto.
De un reloj se oía
compasado el péndulo
y de algunos cirios
el chisporroteo.
Tan medroso y triste,
tan oscuro y yerto
todo se encontraba,
que pensé un momento:
¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!!
De la alta campana
la lengua de hierro
le dio volteando
su adiós lastimero.
El luto en las ropas,
amigos y deudos
cruzaron en fila
formando el cortejo.
Del último asilo,
oscuro y estrecho,
abrió la piqueta
el nicho a un extremo:
allí la acostaron,
tapiáronle luego
y con un saludo
despidióse el duelo.
La piqueta al hombro
el sepulturero,
cantando entre dientes,
se perdió a lo lejos.
La noche se entraba,
Reinaba el silencio;
perdido en las sombras
medité un momento:
¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!
En las largas noches
del helado invierno,
cuando las maderas
crujir hace el viento
y azota los vidrios
el fuerte aguacero,
de la pobre niña
a solas me acuerdo.
Allí cae la lluvia
con un son eterno;
allí la combate
el soplo del cierzo.
Del húmedo muro
tendida en el hueco,
¡acaso de frío
se hielan sus huesos!…
¿Vuelve el polvo al polvo?
¿Vuela el alma al cielo?
¿Todo es vil materia
podredumbre y cieno?
¡No sé; pero hay algo
que explicar no puedo,
que al par nos infunde,
repugnancia y duelo,
al dejar tan tristes,
tan solos los muertos!

Fecharam seus olhos,
que ainda tinha abertos;
taparam sua cara
com um branco lenço,
e uns soluçando,
outros em silêncio,
da triste alcova
saíram presto.
A luz, que num copo
ardia no solo,
ao muro arrojava
a sombra do leito,
e entre aquela sombra
se via dum tempo a outro
se desenhar rígida
a forma do corpo.
Acordava o dia
e a seu alvor primeiro,
com seus mil ruídos
acordava o povo.
Ante aquele contraste
de vida e mistérios,
de luz e trevas,
meditei um momento:
¡Deus meu, como ficam
sozinhos os mortos!
Da casa em ombros
a levaram ao templo,
e numa capela
deixaram o féretro.
Ali rodearam
seus pálidos restos
de amarelas velas
e de panos negros.
Ao dar das almas
o toque postremo,
acabou uma velha
suas últimas rezas;
cruzou a larga nave,
as portas gemeram
e a santa estância
quedou deserta.
De um relógio se ouvia
compassado o pêndulo,
e de alguns círios
a crepitação.
Tão medroso e triste,
tão escuro e teso
todo se encontrava…
que pensei um momento:
¡Deus meu, como ficam
sozinhos os mortos!
Do alto sino
a língua de ferro
deu-lhe volteando
seu adeus aflito.
O luto nas roupas
parentes e amigos
cruzaram em fila
formando o préstito.
Do último asilo,
escuro e estreito,
abriu a picareta
o nicho a um extremo.
Ali a deitaram,
a taparam logo,
e com cumprimentos
despediu-se o enterro
A picareta ao ombro,
o sepultureiro,
cantando entre dentes,
perdeu-se ao longe.
A noite se entrava,
reinava o silêncio;
perdido nas sombras,
meditei um momento:
Deus meu, como ficam
sozinhos os mortos!
Nas longas noites
do gelado inverno,
quando as madeiras
chiar faz o vento
e açoita os vidros
o forte aguaceiro
da pobre menina
a sozinhas me lembro.
Ali cai a chuva
com um som eterno;
ali a combate
o sopro do vento,
do húmido muro
tendida no oco,
talvez de frio
se gelam seus ossos!…
Volta o pó ao pó?
Voa a alma ao céu?
Tudo é vil matéria,
podridão e lodo?
Não sei; mas há algo
que explicar não posso,
que ao par nos infunde
repugnância e desgosto,
ao deixar tão tristes,
tão sozinhos os mortos!

Rima XCIV
Lejos y entre los árboles
de la intrincada selva,
¿no ves algo que brilla
y llora? Es una estrella.
Ya se la ve más próxima,
como a través de un tul,
de una ermita en el pórtico
brillar. Es una luz.
De la carrera rápida
el término está aquí.
Desilusión. No es lámpara ni estrella
la luz que hemos seguido: es un candil.

Longe e entre as árvores
da intrincada selva,
não vês algo que brilha
e chora? É uma estrela.
Já se a vê mais próxima,
como por entre um tule,
duma ermida no pórtico
brilhar. É uma luz.
Da rápida carreira
o termo está aqui.
Desilusão. Não é luminária nem estrela
a luz que temos seguido: é um candil.
Texto original: https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/rimas-y-leyendas–0/html

 

 

 

 

Andrés Bello

El venezolano Andrés Bello, nacido en Caracas en 1781 y muerto en Santiago de Chile en 1865, no es de un solo lugar, es de todos los que conforman su obra: pensamiento y acción. La obra de Bello es gigantesca, ciclópea: obra de un hombre formado por diferentes personas, especialistas ellas en áreas distintas, porque Bello no dejó terreno ni aspecto del Nuevo Continente sin analizar para hacer o rehacer. Y todo ello partiendo de España, una España que conocía de la raíz a la rama más alta. De esa España de contrastes, de su guerra del 1936 iniciada como golpe de Estado, partieron muchos intelectuales, llevando poco más que su intelecto a las acogedoras tierras americanas. Así que, por causa tan dolorosa, se enriqueció América de pensamiento, empobreciéndose España, también en pensamiento, en la misma medida.
Se ha establecido un paralelismo entre Andrés Bello y Marcelino Menéndez Pelayo; que yo veo limitado a la capacidad, porque no lo fue en la acción. Menéndez Pelayo destaca la labor filológica de Andrés Bello, la repercusión cultural y educativa, la influencia de Horacio en alguno de los poemas: algo constatable en la Silva a La Agricultura de la Zona Tórrida. Producto de la larga y profunda correspondencia con autores hispanoamericanos, Don Marcelino adquiere un profundo conocimiento de lo que en América ocurre poéticamente, considerando que lo de un lado y otro del Océano es una misma literatura. En Historia de la poesía hispanoamericana en el espacio correspondiente a Venezuela, dedica treinta y tantas páginas a Andrés Bello, destacando su convencimiento católico conservador de los últimos tiempos y la importancia de la Silva a La agricultura en la zona tórrida y Alocución a la Poesía, que le convierten en poeta perfecto, dentro de su género y escuela. Ambos se amamantaron en los clásicos, fueron tradicionalistas y educadores y críticos; coincidencias que alimentan la idea de paralelismo.

Silva a «La agricultura de la Zona Tórrida»
Poema de Andrés Bello

¡Salve, fecunda zona,
Que al sol enamorado circunscribes
El vago curso, y cuanto ser se anima
En cada vario clima,
Acariciada de su luz, concibes!
Tú tejes al verano su guirnalda
De granadas espigas; tú la uva
Das a la hirviente cuba:
No de purpúrea flor, o roja, o gualda
A tus florestas bellas
Falta matiz alguno; y bebe en ellas
Aromas mil el viento;
Y greyes van sin cuento
Paciendo tu verdura, desde el llano
Que tiene por lindero el horizonte,
Hasta el erguido monte,
De inaccesible nieve siempre cano.

Tú das la caña hermosa,
De do la miel se acendra,
Por quien desdeña el mundo los panales:
Tú en urnas de coral cuajas la almendra
Que en la espumante jícara rebosa:
Bulle carmín viviente en tus nopales,
Que afrenta fuera al múrice de Tiro;
Y de tu añil la tinta generosa
Émula es de la lumbre del zafiro;
El vino es tuyo, que la herida agave
Para los hijos vierte
Del Anáhuac feliz; y la hoja es tuya
Que cuando de süave
Humo en espiras vagorosas huya,
Solazará el fastidio al ocio inerte.
Tú vistes de jazmines
El arbusto sabeo,
Y el perfume le das que en los festines
La fiebre insana templará a Lico.
Para tus hijos la procera palma
Su vario feudo cría,
Y el ananás sazona su ambrosía:
Su blanco pan la yuca,
Sus rubias pomas la patata educa,
Y el algodón despliega al aura leve
Las rosas de oro y el vellón de nieve.
Tendida para ti la fresca parcha
En enramadas de verdor lozano,
Cuelga de sus sarmientos trepadores
Nectáreos globos y franjadas flores;
Y para ti el maíz, jefe altanero
De la espigada tribu, hinche su grano;
Y para ti el banano
Desmaya al peso de su dulce carga;
El banano, primero
De cuantos concedió bellos presentes
Providencia a las gentes
Del Ecuador feliz con mano larga.
No ya de humanas artes obligado
El premio rinde opimo:
No es a la podadera, no al arado
Deudor de su racimo;
Escasa industria bástale, cual puede
Hurtar a sus fatigas mano esclava:
Crece veloz, y cuando exhausto acaba,
Adulta prole en torno le sucede.

Mas ¡oh! si cual no cede
El tuyo, fértil zona, a suelo alguno,
Y como de natura esmero ha sido,
De tu indolente habitador lo fuera.
¡Oh! ¡Si al falaz rüido
La dicha al fin supiese verdadera
Anteponer, que del umbral le llama
Del labrador sencillo,
Lejos del necio y vano
Fausto, el mentido brillo,
El ocio pestilente ciudadano.
¿Por qué ilusión funesta
Aquellos que fortuna hizo señores
De tan dichosa tierra y pingüe y varia,
Al cuidado abandonan
Y a la fe mercenaria
Las patrias heredades,
Y en el ciego tumulto se aprisionan
De míseras ciudades,
Do la ambición proterva
Sopla la llama de civiles bandos,
O al patriotismo la desidia enerva;
Do el lujo las costumbres atosiga,
Y combaten los vicios
La incauta edad en poderosa liga?
No allí con varoniles ejercicios
Se endurece el mancebo a la fatiga;
Mas la salud estraga en el abrazo
De pérfida hermosura,
Que pone en almoneda los favores;
Mas pasatiempo estima
Prender aleve en casto seno el fuego
De ilícitos amores;
O embebecido le hallará la aurora
En mesa infame de ruinoso juego.
En tanto a la lisonja seductora
Del asiduo amador fácil oído
Da la consorte: crece
En la materna escuela
De la disipación y el galanteo
La tierna virgen, y al delito espuela
Es antes el ejemplo que el deseo.
¿Y será que se formen de este modo
Los ánimos heroicos denodados
Que fundan y sustentan los Estados?
¿De la algazara del festín beodo,
O de los coros de liviana danza,
La dura juventud saldrá, modesta,
Orgullo de la patria y esperanza?
¿Sabrá con firme pulso
De la severa ley regir el freno,
Brillar en torno aceros homicidas
En la dudosa lid verá sereno,
O animoso hará frente al genio altivo
Del engreído mando en la tribuna,
Aquel que ya en la cuna
Durmió al arrullo del cantar lascivo,
Que riza el pelo, y se unge y se atavía
Con femenil esmero,
Y en indolente ociosidad el día,
O en criminal lujuria pasa entero?
No así trató la triunfadora Roma
Las artes de la paz y de la guerra;
Antes fió las riendas del Estado
A la mano robusta
Que tostó el sol y encalleció el arado:
Y bajo el techo humoso campesino
Los hijos educó, que el conjurado
Mundo allanaron al valor latino.

¡Oh! ¡Los que afortunados poseedores
Habéis nacido de la tierra hermosa
En que reseña hacer de sus favores,
Como para ganaros y atraeros,
Quiso naturaleza bondadosa,
Romped el duro encanto
Que os tiene entre murallas prisioneros!
El vulgo de las artes laborioso,
El mercader que, necesario al lujo,
Al lujo necesita,
Los que anhelando van tras el señuelo
Del alto cargo y del honor ruidoso,
La grey de aduladores parasita,
Gustosos pueblen ese infecto caos;
El campo es vuestra herencia: en él gozaos.
¿Amáis la libertad? El campo habita:
No allá donde el magnate
Entre armados satélites se mueve,
Y de la moda, universal señora,
Va la razón al triunfal carro atada,
Y a la fortuna la insensata plebe,
Y el noble al aura popular adora.
¿O la virtud amáis? ¡Ah! ¡Que el retiro,
La solitaria calma
En que, juez de sí misma, pasa el alma
A las acciones muestra,
Es de la vida la mejor maestra!
¿Buscáis durables goces,
Felicidad, cuanta es al hombre dada
Y a su terreno asiento, en que vecina
Está la risa al llanto, y siempre ¡ah! siempre,
Donde halaga la flor, punza la espina?
Yd a gozar la suerte campesina;
La regalada paz, que ni rencores,
Al labrador, ni envidias acibaran;
La cama que mullida le preparan
El contento, el trabajo, el aire puro;
Y el sabor de los fáciles manjares,
Que dispendiosa gula no le aceda;
Y el asilo seguro
De sus patrios hogares
Que a la salud y al regocijo hospeda.
El aura respirad de la montaña,
Que vuelve al cuerpo laso
El perdido vigor, que a la enojosa
Vejez retarda el paso,
Y el rostro a la beldad tiñe de rosa.
¿Es allí menos blanda por ventura
De amor la llama, que templó el recato?
¿O menos aficiona la hermosura
Que de extranjero ornato
Y afeites impostores no se cura?
¿O el corazón escucha indiferente
El lenguaje inocente
Que los afectos sin disfraz expresa
Y a la intención ajusta la promesa?
No del espejo al importuno ensayo
La risa se compone, el paso, el gesto;
No falta allí carmín al rostro honesto
Que la modestia y la salud colora,
Ni la mirada que lanzó al soslayo
Tímido amor, la senda al alma ignora.
¿Esperáis que forme
Más venturosos lazos himeneo,
Do el interés barata,
Tirano del deseo,
Ajena mano y fe por hombre o plata,
Que do conforme gusto, edad conforme,
Y elección libre, y mutuo ardor los ata?
Allí también deberes
Hay que llenar: cerrad, cerrad las hondas
Heridas de la guerra; el fértil suelo,
Áspero ahora y bravo,
Al desacostumbrado yugo torne
Del arte humana y le tribute esclavo.
Del obstruido estanque y del molino
Recuerden ya las aguas el camino;
El intrincado bosque el hacha rompa,
Consuma el fuego; abrid en luengas calles
La obscuridad de su infructuosa pompa.
Abrigo den los valles
A la sedienta caña;
La manzana y la pera
En la fresca montaña
El cielo olviden de su madre España;
Adorne la ladera
El cafetal; ampare
A la tierra teobroma en la ribera
La sombra maternal de su bucare;
Aquí el vergel, allá la huerta ría…
¿Es ciego error de ilusa fantasía?
Ya dócil a tu voz, agricultura,
Nodriza de las gentes, la caterva
Servil armada va de corvas haces;
Mírola ya que invade la espesura
De la floresta opaca; oigo las voces;
Siento el rumor confuso, el hierro suena;
Los golpes el lejano
Eco redobla; gime el ceibo anciano,
Que a numerosa tropa
Largo tiempo fatiga:
Batido de cien hachas se estremece,
Estalla al fin, y rinde el ancha copa.
Huyó la fiera; deja el caro nido,
Deja la prole implume
El ave, y otro bosque no sabido
De los humanos, va a buscar doliente.
¿Qué miro? Alto torrente
De sonorosa llama
Corre, y sobre las áridas ruinas
De la postrada selva se derrama.
El raudo incendio a gran distancia brama,
Y el humo en negro remolino sube,
Aglomerando nube sobre nube.
Ya de lo que antes era
Verdor hermoso y fresca lozanía,
Sólo difuntos troncos,
Sólo cenizas quedan, monumento
De la dicha mortal, burla del viento.
Mas al vulgo bravío
De las tupidas plantas montaraces
Sucede ya el fructífero plantío
En muestra ufana de ordenados haces.
Ya ramo a ramo alcanza
Y a los rollizos tallos hurta el día:
Ya la primera flor desvuelve el seno,
Bello a la vista, alegre a la esperanza:
A la esperanza, que riendo enjuga
Del fatigado agricultor la frente,
Y allá a lo lejos el opimo fruto
Y la cosecha apañadora pinta,
Que lleva de los campos el tributo,
Colmado el cesto, y con la falda encinta;
Y bajo el peso de los largos bienes
Con que al colono acude,
Hace crujir los vastos almacenes.

¡Buen Dios! no en vano sude,
Mas a merced y compasión te mueva
La gente agricultora
Del Ecuador, que del desmayo triste
Con renovado aliento vuelve ahora,
Y tras tanta zozobra, ansia, tumulto,
Tantos arios de fiera
Devastación y militar insulto,
Aún más que tu clemencia antigua implora.
Su rústica piedad, pero sincera,
Halle a tus ojos gracia; no el risueño
Porvenir que las penas le aligera,
Cual de dorado sueño
Visión falaz, desvanecido llore:
Intempestiva lluvia no maltrate
El delicado embrión: el diente impío
Del insecto roedor no lo devore:
Sañudo vendaval no lo arrebate,
Ni agote el árbol el materno jugo
La calorosa sed de largo estío.
Y pues al fin te plugo,
Árbitro de la suerte soberano,
Que suelto el cuello de extranjero yugo
Irguiese al cielo el hombre americano,
Bendecida de ti se arraigue y medre
Su libertad; en el más hondo encierra
De los abismos la malvada guerra,
Y el miedo de la espada asoladora
Al suspicaz cultivador no arredre
Del arte bienhechora,
Que las familias nutre y los Estados;
La azorada inquietud deje las almas,
Deje la triste herrumbre los arados.
Asaz de nuestros padres malhadados
Expiamos la bárbara conquista.
¿Cuántas doquier la vista
No asombran erizadas soledades,
Do cultos campos fueron, do ciudades?
De muertes, proscripciones,
Suplicios, orfandades,
¿Quién contará la pavorosa suma?
Saciadas duermen ya de sangre ibera
Las sombras de Atahualpa y Moctezuma.
¡Ah! Desde el alto asiento
En que escabel te son alados coros
Que velan en pasmado acatamiento
La faz ante la lumbre de tu frente
(Si merece por dicha una mirada
Tuya la sin ventura humana gente),
El ángel nos envía,
El ángel de la paz, que al crudo ibero
Haga olvidar la antigua tiranía,
Y acatar reverente el que a los hombres
Sagrado diste, imprescriptible fuero;
Que alargar le haga al injuriado hermano
(¡Ensangrentóla asaz!) la diestra inerme;
Y si la innata mansedumbre duerme,
La despierte en el pecho americano.
El corazón lozano
Que una feliz obscuridad desdeña,
Que en el azar sangriento del combate
Alborozado late,
Y codicioso de poder o fama,
Nobles peligros ama;
Baldón estime sólo y vituperio
El prez que de la patria no reciba,
La libertad más dulce que el imperio,
Y más hermosa que el laurel la oliva.
Ciudadano el soldado,
Deponga de la guerra la librea;
El ramo de victoria
Colgado al ara de la patria sea,
Y sola adorne al mérito la gloria.
De su triunfo entonces patria mía,
Verá la paz el suspirado día;
La paz, a cuya vista el mundo llena
Alma, serenidad y regocijo,
Vuelve alentado el hombre a la faena,
Alza el ancla la nave, a las amigas
Auras encomendándose animosa,
Enjámbrase el taller, hierve el cortijo.

Y no basta la hoz a las espigas.
¡Oh jóvenes naciones, que ceñida
Alzáis sobre el atónito Occidente
De tempranos laureles la cabeza!
Honrad al campo, honrad la simple vida
Del labrador y su frugal llaneza.
Así tendrán en vos perpetuamente
La libertad morada,
Y freno la ambición, y la ley templo.
Las gentes a la senda
De la inmortalidad, ardua y fragosa,
Se animarán, citando vuestro ejemplo.
Lo emulará celosa
Vuestra posteridad, y nuevos nombres
Añadiendo la fama
A los que ahora aclama,
«Hijos son éstos, hijos
(Pregonará a los hombres)
De los que vencedores superaron
De los Andes la cima;
De los que en Boyacá, los que en la arena
De Maipo y en Junín, y en la campaña
Gloriosa de Apurima,
Postrar supieron al león de España.

Texto origen en castellano de https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/ poesias–35/html
A la agricultura da Zona Tórrida
Autor: Andrés Bello
Traductor: Pedro Sevylla de Juana

Salve, fecunda zona,
Que ao sol apaixonado circunscreves
O vago curso, e quanto ser se anima
No cada vário clima,
Acariciada da sua luz, concebes!
Tu teces ao verão sua guirlanda
De granadas espigas; tu a uva
Dás à fervente cuba:
Não de purpúrea flor, ou vermelha, ou jalne
A tuas florestas belas
Falta matiz algum; e bebe nelas
Aromas mil o vento;
E greis vão sem conto
Pastando tua verdura, desde o plano
Que tem por confim o horizonte,
Até o erguido monte,
De inaccessível neve cinzento sempre.

Tu dás a cana formosa,
De onde o mel se acendra,
Por quem desdenha o mundo os favos:
Tu em urnas de coral coalhas a amêndoa
Que na espumante xícara transborda:
Ebule carmim vivente em teus nopais,
Que afronta fosse ao múrice de Tiro;
E de teu anil a tinta generosa
Êmula é da lume da safira;
O vinho é teu, que a ferida agave
Para os filhos verte
Do Anáhuac feliz; e a folha é tua
Que quando de suave
Fumo em espiras vagarosas fuja,
Consolara o tédio ao lazer inerte.
Tu vestes de jasmins
O arbusto cafezeiro,
E o perfume lhe dás que nos festins
A febre insana temperará a Lico.
Para teus filhos a eminente palma
Seu vario feudo cria,
E o ananás sazona sua ambrosia:
Seu alvo pão a mandioca,
Suas loiras pomas a batata educa,
E o algodão desdobra à aura leve
As rosas de ouro e o velo níveo.
Tendido para ti o maracujá fresco
Em ramadas de verdor loução,
Pendura de seus sarmentos trepadores
Nectáreos globos e franjadas flores;
E para ti o milho, chefe altaneiro
Da espigada tribo, inche seu grão;
E para ti a bananeira
Desmaia ao peso da sua doce carga
A bananeira, primeiro
De quantos concedeu belos presentes
Providência às gentes
Do Equador feliz com mão longa.
Não já de humanas artes obrigado
O prêmio rende opimo:
Não é à podadeira, não ao arado
Devedor de seu racimo;
Escassa indústria lhe basta, qual pode
Furtar a suas fadigas mão escrava:
Cresce veloz, e quando exausto acaba,
Adulta prole em torno lhe sucede.

Mas ¡oh! se qual não cede
O teu, fértil zona, a solo algum,
E como de natura esmero tem sido,
De teu indolente habitador o fosse.
¡Oh! ¡Se ao falaz ruído
A dita ao fim soubesse verdadeira
Antepor, que do umbral lhe chama
Do lavrador singelo,
Longe do néscio e vão
Fausto, o mentido brilho,
O lazer pestilento cidadão.
Porquê ilusão funesta
Aqueles que fortuna fez senhores
De tão ditosa terra e pingue e variada,
Ao cuidado abandonam
E à fé mercenária
As pátrias herdades,
E no cego tumulto se aprisionam
De míseras cidades,
onde a ambição proterva
Sopra a chama de civis bandos,
Ou ao patriotismo a desídia enerva;
Onde o luxo os costumes atossica,
E combatem os vícios
La incauta idade em poderosa liga?
Não ali com varonis exercícios
Se endurece o mancebo à fadiga;
Mas a saúde estraga no abraço
De pérfida formosura,
Que põe em almoeda os favores;
Mas passatempo estima
Prender aleivoso em casto seio o fogo
De ilícitos amores;
Ou embebecido lhe achará a aurora
Em mesa infame de ruinoso jogo.
Entanto à lisonja sedutora
Do assíduo amador fácil ouvido
Dá a consorte: cresce
Na materna escola
Da dissipação e o galanteio
A terna virgem, e ao delito estimula
É dantes o exemplo que o desejo.
E será que se formem deste modo
Os ânimos heroicos denodados
Que fundam e sustentam os Estados?
Da algazarra do festim bêbado,
Ou dos coros de leviana dança,
A dura juventude sairá, modesta,
Orgulho da pátria e esperança?
Saberá com firme pulso
Da severa lei reger o freio,
Brilhar em torno aços homicidas
Na duvidosa lide verá sereno,
Ou animoso fará frente ao gênio altivo
Do vaidoso comando na tribuna,
Aquele que já no berço
Dormiu ao arrulho do cantar lascivo,
Que anela o cabelo, e se unge e se atavia
Com feminil esmero,
E em indolente ociosidade no dia,
Ou em criminosa luxúria passa inteiro?
Não assim tratou a triunfadora Roma
As artes da paz e da guerra;
Dantes fiou as rendas do Estado
À mão robusta
Que tostou o sol e calejou o arado:
E baixo o teto humoso camponês
Os filhos educou, que o conjurado
Mundo aplanaram ao valor latino.

Ó! Os que afortunados possuidores
Haveis nascido da terra formosa
Em que resenha fazer de seus favores,
Como para vos ganhar e vos atrair,
Quis natureza bondosa,
Rompei o duro encanto
Que vos tem entre muralhas prisioneiros!
O vulgo das artes laborioso,
O mercador que, necessário ao luxo,
Ao luxo precisa,
Os que almejando vão depois do chamariz
Do alto cargo e da ruidosa honra,
A grei de aduladores parasita,
Gostosos povoem esse infecto caos;
O campo é vossa herança: nele vos gozai.
Amais a liberdade? O campo habita:
Não lá onde o magnata
Entre armados satélites se move,
E da moda, universal senhora,
Vai a razão ao triunfal carro atada,
E à fortuna a insensata plebe,
E o nobre a aura popular adora.
Ou a virtude amais? Ah! ¡Que o retiro,
A solitária calma
Em que, juiz de si mesma, passa a alma
Às ações mostra,
É da vida a melhor mestra!
Procurais duráveis satisfações,
Felicidade, quanta é ao homem dada
E a seu terreno assento, em que vizinho
Está o riso do pranto, e sempre ah! Sempre,
Onde bajula a flor, punça a espinha?
Ide gozar a sorte camponesa;
A prazenteira paz, que nem rancores,
Ao lavrador, nem invejas amargaram;
A cama que mole lhe preparam
O contente, o trabalho, o ar puro;
E o sabor dos fáceis manjares,
Que dispendiosa gula não lhe azeda;
E o asilo seguro
De seus pátrios lares
Que à saúde e ao regozijo hospeda.
O aura respirai da montanha,
Que volta ao corpo lasso
O perdido vigor, que à irritante
Velhice retarda o passo,
E o rosto à beldade tinge de rosa
É ali menos macia por ventura
De amor o chama, que temperou o recato?
Ou menos interessa a formosura
Que de estrangeiro ornato
E enfeites impostores não se cura?
Ou o coração escuta indiferente
A linguagem inocente
Que os afetos sem disfarce expressa
E à intenção ajusta a promessa?
Não do espelho ao importuno ensaio
O riso se compõe, o passo, o gesto;
Não falta ali carmim ao rosto honesto
Que a modéstia e a saúde colora,
Nem a mirada que lançou ao soslaio
Tímido amor, a senda à alma ignora.
Esperais que forme
Mais venturosos laços himeneu,
Onde o interesse barata,
Tirano do desejo,
Alheia mão e fé por homem ou prata,
Que do conforme gosto, idade conforme,
E eleição livre, e mútuo ardor os ata?
Ali também deveres
Há que encher: fechai, fechai as fundas
Feridas da guerra; o fértil solo,
Áspero agora e bravo,
Ao desacostumado jugo torne
Da arte humana e lhe tribute escravo.
Do bloqueado estanque e do moinho
Recordem já as águas o caminho;
O intrincado bosque o machado rompa,
Consuma o fogo; abri em longas ruas
A obscuridade de sua infrutuosa pompa.
Abrigo deem os vales
À sedenta cana;
A maçã e a pera
Na fresca montanha
O céu esqueçam da sua mãe Espanha;
Orne a ladeira
O cafezal; ampare
À terra cacaueira na ribeira
A sombra maternal de seu bucare;
Aqui o vergel, lá a horta ria…
É cego erro de ilusa fantasia?
Já dócil a tua voz, agricultura,
Criadeira das gentes, a caterva
Servil armada vai de curvas pavejas;
A vejo já que invade a espessura
Da floresta opaca; ouço as vozes;
Sento o rumor confuso, o ferro soa;
Os golpes o longínquo
Eco redobra; geme a árvore de coral idoso,
Que à numerosa tropa
Longo tempo fadiga:
Batido de cem machados se estremece,
Estoura ao fim, e rende a larga copa.
Fugiu a fera; deixa o caro ninho,
Deixa a prole implume
A ave, e outro bosque não sabido
Dos humanos, vai procurar dolente.
Que olho? Alto torrente
De sonorosa chama
Corre, e sobre as áridas ruínas
Da prostrada selva se derrama.
O rápido incêndio a grande distância brama,
E o fumo em negro remoinho sobe,
Aglomerando nuvem sobre nuvem.
Já do que antes era
Verdor formoso e fresca louçania,
Só defuntos troncos,
Só cinzas ficam, monumento
Da dita mortal, burla do vento.
Mas ao vulgo bravio
Das espessas plantas montarazes
Sucede já o frutífero plantio
Em mostra ufana de ordenados feixes.
Já ramo a ramo atinge
E aos roliços caules furta o dia:
Já a primeira flor da volta o seio,
Belo à vista, alegre à esperança:
À esperança, que rindo enxuga
Do fatigado agricultor a face,
E lá ao longe o opimo fruto
E a colheita arrumadora pinta,
Que leva dos campos o tributo,
Colmado o cesto e com a cingida saia;
E baixo o peso dos longos bens
Com que ao colono acode,
Faz ranger os vastos armazéns.

Bom Deus! Não em vão sue,
Mas à mercê e compaixão te mova
A gente agricultora
Do Equador, que do desmaio triste
Com renovado alento volta agora,
E depois de tanta soçobra, ânsia, tumulto,
Tantos árias de feroz
Devastação e militar insulto,
Ainda mais que tua clemência antiga implora.
Sua rústica piedade, mas sincera,
Ache a teus olhos graça; não o risonho
Porvir que as penas lhe alivia,
Qual de dourado sonho
Visão falaz, desvanecido chore:
Intempestiva chuva não maltrate
O delicado embrião: o dente ímpio
Do inseto roedor não o devore:
Sanhoso vendaval não o arrebate,
Nem esgote a árvore o materno suco
A calorosa sede de longo estio.
E pois ao fim te satisfez,
Árbitro da sorte soberano,
Que solto o pescoço de estrangeiro jugo
Erguesse ao céu o homem americano,
Abençoada de ti se arraigue e medre
Sua liberdade; no mais fundo encerra
Dos abismos a malvada guerra
E o medo da espada assoladora
Ao suspicaz cultivador não arreda
Da arte benfeitora,
Que as famílias nutre e os Estados;
A aturdida inquietude deixe as almas,
Deixe a triste ferrugem os arados.
Assaz de nossos pais malfadados
Expiamos a bárbara conquista.
¿Quantas por todo lado a vista
Não assombram arrepiadas solidões,
Onde cultos campos foram, onde cidades?
De mortes, proscrições,
Suplícios, orfandades,
Quem contará a pavorosa soma?
Saciadas dormem já de sangue ibera
As sombras de Atahualpa e Moctezuma.
Ah! Desde o alto assento
Em que escabelo te são alados coros
Que velam em pasmado acatamento
A face ante a lume da tua frente
(Se merece por dita uma mirada
Tua a sem ventura humana gente),
O anjo nos envia,
O anjo da paz, que ao cru ibero
Faça esquecer a antiga tirania,
E acatar reverente o que aos homens
Sagrado deste, imprescritível foro;
Que alongar lhe faça ao injuriado irmão
(A ensanguentou assaz!) a destra inerme;
E se a inata mansidão dorme,
A acorde no peito americano.
O coração loução
Que desdenha uma feliz obscuridade,
Que no acaso sangrento do combate
Alvoroçado bate,
E cobiçoso de poder ou fama,
Nobres perigos ama;
Baldão estime só e vitupério
O honor que da pátria não receba,
A liberdade mais doce que o império,
E mais formosa que o laurel a oliva.
Cidadão o soldado,
Deponha da guerra a libré;
O laurel de vitória
Pendurado à ara da pátria seja,
E sozinha enfeite ao mérito a glória.
De seu triunfo então pátria minha,
Verá a paz o suspirado dia;
A paz, a cuja vista o mundo cheia
Alma, serenidade e regozijo,
Volta alentado o homem à tarefa,
Alça o âncora a nave, às amigas
Auras se encomendando animosa,
Se enxameia o ateliê, ferve o cortijo,
E não basta a foice às espigas.

Ó jovens nações, que cingida
Alçais sobre o atônito Occidente
De temporãos louros a cabeça!
Honrai ao campo, honrai a singela vida
Do labrador e sua frugal simplicidade.
Assim terão em vos perpetuamente
A liberdade morada,
E travão a ambição, e a lei templo.
As gentes à senda
Da imortalidade, árdua e fragosa,
Se animarão, citando vosso exemplo.
O emulará zelosa
Vossa posteridade, e novos nomes
Adicionando a fama
Aos que agora aclama,

«Filhos são estes, filhos
(Apregoará aos homens)
Dos que vencedores superaram
Dos Andes a cume;
Dos que em Boyacá, os que na areia
De Maipo e em Junin, e na campanha
Gloriosa de Apurima
Prostrar souberam ao leão da Espanha.

 

 

 

 

Jorge Luis Borges

Nacido en Buenos Aires, Argentina, el 24 de agosto del año 1899, murió en Ginebra, Suiza, el 14 de junio del año 1986).
Autor y lector se complementan, juntos componen la obra consumando el sentido. Por separado o unidos en la misma persona, lector y autor son inseparables y van de la mano, ayudándose, corrigiéndose, potenciándose. Dice Borges en el prólogo a la primera edición de “Historia Universal de la Infamia”, fechada en Buenos Aires, 27 de mayo de 1935: “A veces creo que los buenos lectores son cisnes aún más tenebrosos y singulares que los buenos autores”. Autor y lector, lector y actor, son causa y consecuencia intercambiables.Lector y autor e unen en Borges para formar una Obra intensa y extensa de difícil comparación con otras, inasible e inabarcable en varios aspectos.
En su Autobiografía, Borges, asegura: «En el transcurso de una vida consagrada a la literatura, he leído muy pocas novelas; y en la mayoría de los casos sólo he llegado a la última página por sentido del deber. Al mismo tiempo, siempre he sido un gran lector de cuentos. Stevenson, Kipling, James, Conrad, Poe, Chesterton, los cuentos de Las mil y una noches en la versión de Lane y ciertos relatos de Hawthorne forman parte de mis lecturas habituales desde que tengo memoria».
Ficciones (1944), El Aleph (1949) y El Hacedor (1960) constituyen sus tres colecciones de relatos de mayor proyección. A pesar de que su obra va dirigida a un público comprometido con la aventura literaria, su fama es universal y es definido como el maestro de la ficción contemporánea. Posiblemente, su ideario político le impidió conseguir el Premio Nobel de Literatura.

Texto https://ciudadseva.com/texto/espana/
Espanha
Poema de Jorge Luis Borges
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

Além dos símbolos,
além da pompa e a cinza dos aniversários,
além da aberração do gramático
que vê na história do fidalgo
que sonhava ser dom Quijote e ao fim o foi,
não uma amizade e uma alegria
senão um herbário de arcaísmos e um conjunto de rifões,
estás, Espanha silenciosa, em nós.
Espanha do bisonte, que morreria
pelo ferro ou o refle,
nas pradarias do ocaso, em Montana,
Espanha onde Ulisses desceu à Casa de Hades,
Espanha do ibero, do celta, do cartaginês, e de Roma,
Espanha dos duros visigodos,
de estirpe escandinava,
que deletrearam e esqueceram a escritura de Ulfilas,
pastor de povos,
Espanha do Islão, da cabala
e da Noite Escura do Alma,
Espanha dos inquisidores,
que padeceram o destino de ser verdugos
e tivessem podido ser mártires,
Espanha da longa aventura
que decifrou os mares e reduziu cruéis impérios
e que prossegue aqui, em Buenos Aires,
neste entardecer do mês de julho de 1964,
Espanha da outra guitarra, a rasgada,
não a humilde, a nossa,
Espanha dos pátios,
Espanha da pedra piedosa de catedrais e santuários,
Espanha da hombridade de bem e da caudalosa amizade,
Espanha da inútil coragem,
podemos professar outros amores,
podemos te esquecer
como esquecemos nosso próprio passado,
porque inseparavelmente estás em nós,
nos íntimos hábitos do sangue,
nos Acevedo e os Suárez de minha linhagem,
Espanha,
mãe de rios e de espadas e de multiplicadas gerações,
incessante e fatal.

Editorial Atlántida 1995 Supervisión: María Kodama
Que será do caminhante fatigado
Poema de Jorge Luis Borges
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

Em qual das minhas cidades morrerei?
Em Genebra, onde recebi a revelação,
não de Calvino certamente, senão de Virgílio
e de Tácito?
Em Montevideo onde Luis Melián
Lafinur, cego e carregado de anos, morreu
entre os arquivos dessa imparcial
história do Uruguai que não escreveu
nunca?
Em Nara onde numa pousada
japonesa dormi no solo e sonhei com a terrível
imagem do Buda, que eu tinha tocado e não
visto, mas que vi no sonho?
Em Buenos Aires, onde sou quase
um estranho, dado meus muitos anos, ou um
costume da gente que me pede um
autógrafo?
Em Austin, Texas, onde minha mãe e eu,
no outono de 1961, descobrimos América?
Outros o saberão e o esquecerão. Em que
idioma terei de morrer? No
castelhano que usaram meus maiores
para comandar um ônus ou para conversar um
truque?
No inglês daquela Bíblia que minha
avó lia em frente ao deserto?
Outros o saberão e o esquecerão.
Que horas serão?
A do crepúsculo da pomba, quando
ainda não há cores, a do crepúsculo do
corvo, quando a noite simplifica e
abstrai as coisas visíveis, ou a hora trivial,
as duas da tarde?
Outros o saberão e o esquecerão.
Estas perguntas não são digressões do
medo, senão da impaciente esperança.
São parte da trama fatal de efeitos e de causas,
que nenhum homem pode
predizer, e talvez nenhum deus.

Texto https://ciudadseva.com/texto/parabola-de-cervantes-y-de-quijote/
Parábola de Cervantes y de Quijote
Conto de Jorge Luis Borges
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana

Farto da sua terra de Espanha, um velho soldado do rei procurou bem-estar nas vastas geografias de Ariosto, naquele vale da lua onde está o tempo que esbanjar os sonhos e no ídolo de ouro de Mahoma que roubou Montalbán. Em mansa burla de si mesmo, criou um homem crédulo que, perturbado pela leitura de maravilhas, deu em procurar proezas e encantamentos em lugares prosaicos que se chamavam O Toboso ou Montiel. Vencido pela realidade, por Espanha, dom Quijote morreu em sua aldeia natal em 1614. Pouco tempo sobreviveu-o Miguel de Cervantes. Para os dois, para o sonhador e o sonhado, toda essa trama foi a oposição de dois mundos: o mundo irreal dos livros de cavalarias, o mundo quotidiano e comum do século XVII. Não suspeitaram que nos anos acabariam por limar a discórdia, não suspeitaram que a Mancha e Montiel e a magra figura do cavaleiro seriam, para o porvir, não menos poéticas que as estepes de Simbad ou que as vastas geografias de Ariosto. Porque no princípio da literatura está o mito, e assim mesmo no fim.

Texto: https://ciudadseva.com/texto/borges-y-yo/
Borges e eu
Conto de Jorge Luis Borges
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

Ao outro, a Borges, é a quem lhe ocorrem as coisas. Eu caminho por Buenos Aires e me demoro, talvez já mecanicamente, para olhar o arco dum saguão e a cancela; de Borges tenho notícias pelo correio e vejo seu nome numa terna de professores ou num dicionário biográfico. Gosto dos relógios de areia, os mapas, a tipografia do século XVII, as etimologias, o sabor do café e a prosa de Stevenson; o outro compartilha essas preferências, mas de um modo vaidoso que as converte em atributos de um ator. Seria exagerado afirmar que nossa relação é hostil; eu vivo, eu me deixo viver para que Borges possa tramar sua literatura e essa literatura me justifica. Nada me custa confessar que tem conseguido certas páginas válidas, mas essas páginas não me podem salvar, quiçá porque o bom já não é de ninguém, nem sequer do outro, senão da linguagem ou a tradição. Pelo demais, eu estou destinado a me perder, definitivamente, e só algum instante de mim poderá sobreviver no outro. Pouco a pouco vou cedendo-lhe tudo, ainda que me consta seu perverso costume de falsear e magnificar. Spinoza entendeu que todas as coisas querem perseverar em suo ser; a pedra eternamente quer ser pedra e o tigre um tigre. Eu tenho de ficar em Borges, não em mim (se é que alguém sou), mas me reconheço menos em seus livros que em muitos outros ou que no laborioso pontear duma guitarra. Faz anos eu tratei de me livrar dele e passei das mitologias do subúrbio aos jogos com o tempo e com o infinito, mas esses jogos são de Borges agora e terei que criar outras coisas. Assim minha vida é uma fuga e tudo o perco e tudo é do esquecimento, ou do outro. Não sê qual dos dois escreve esta página.
Fim

 

 

 

Luiz Vaz de Camões

Hijo de Simão Vaz de Camões y Ana de Sá e Macedo, Luís Vaz de Camões nació en Lisboa en torno al año 1524. Su muerte, ocurrió en Lisboa el 10 de junio del año 1580. Día actual de Portugal y de la lengua portuguesa. El término España, en aquel tiempo, pudo usarse con un sentido amplio, peninsular. Podría así considerar a Camões nacido en España, como dice Voltaire; es decir en la península Ibérica. El mismo Camões se refiere unas veces a los castellanos y otra a los españoles cuando habla de las tropas de Castilla. Es de resaltar el gran concepto expresado de la gente fortísima de España. Se ha dicho que Os Lusiadas recorrió en Europa el mismo camino que la literatura española de la época. Acaso como una obra española más. En España tuvo una gran importancia cultural, tanto como su autor; pues se leía en uno u otro idioma. Aunque los comienzos fueron esos y las ediciones se sucedieron tempranas, paralelas a las portuguesas; se ve la mano de Felipe II apoyando sus propios intereses en Portugal. Por eso debemos tener en cuenta lo que ocurrió luego.
Traduzco aquí lo que escribió el erudito portugués Sousa Viterbo en 1891: «A pesar de la identidad de lenguas, fue la nación española la primera en apoderarse de nuestro gran poema épico. No menos de tres traducciones españolas aparecieron en el siglo XVI, siendo dos en 1580 y una en 1591. Después de este movimiento de entusiasmo, pasaron dos siglos sin que volviese a aparecer nueva traducción o sin reproducir alguna de las traducciones antiguas. Este hecho no deja de impresionar, atendiendo sobre todo a que, Camões, continuaba siendo venerado en la literatura española, siendo frecuentes las citas y referencias honrosas que respecto a nuestro poeta se encuentran en los escritos de aquel país».
Os Lusiadas
Obra cumbre de Luís Vaz de Camões, es el relato de un viaje en forma de poema épico, considerado la más grande epopeya moderna. En los últimos años del siglo XV, el rey don Manuel encarga al marino Vasco de Gama, abrir un camino hacia la India, atravesando el Atlántico y el Índico. El relato de este viaje y de sus peripecias, constituye el argumento del grandioso poema. En sus diez cantos pone Camões de manifiesto, la importancia de la excepcional aventura y la grandeza del reino de Portugal; convirtiendo la historia en mito. Es notorio y notable, el conocimiento que el autor demuestra de la épica de griegos y latinos. Con la influencia clara de la Eneida de Virgilio y, algo menos, de la Ilíada de Homero; puso Camões el empeño en equiparar la gesta de los marinos portugueses, con las llevadas a cabo por Eneas y Ulises. Estableciendo un paralelismo entre la fortaleza heroica de Vasco de Gama y quienes lo acompañaban, con los grandes héroes grecorromanos; ayudados o estorbados en ambos casos por los dioses de esas mitologías.

Contenido del episodio correspondiente al Consejo de los Dioses, Os Lusiadas, canto primero, estrofas: de la 20 a la 41.
El Consejo de los Dioses, que se celebrará en el Olimpo por iniciativa de Júpiter, padre de los dioses, debe decidir sobre los futuros acontecimientos de Oriente. Llegan los convocados al Monte Olimpo desde sus lugares a través de la Vía Láctea, espacio por donde regresarán también cuando el Consejo termine. El Tonante quiere oír a todos su manera de ver los asuntos, más aún a quienes vienen de los Siete Cielos, esos siete planetas que tienen nombre de dios. La cuestión principal es si se debe permitir o no que la armada portuguesa llegue a Oriente como persigue. Júpiter, desde el inicio, anuncia su buena voluntad respecto al viaje de los lusos, deseando que sean recibidos como buenos amigos en la costa africana. Da su apoyo, dice en la intervención, porque los portugueses se enfrentarán a mares desconocidos y a grandes peligros. También, porque sobre esa incursión, los Hados han decidido su llegada a término, haciendo olvidar con esa gesta las de Asírios, Persas, Griegos y Romanos.
Baco no está de acuerdo y así lo expresa tras el discurso de Júpiter. Teme que perderá toda la fama conseguida en Oriente si los lusitanos logran alcanzar ese objetivo. Venus va a poyar a los portugueses porque se parecen mucho a los habitantes de su amado pueblo latino, hablantes de una lengua hija del Latín. Además, recuerda que han demostrado pericia y valentía en sus aventuras marinas de África. Marte, dios de la guerra, defiende a los Lusos por dos razones: por apoyar a Venus, su antigua amante y porque reconoce la braveza de ese pueblo. Llega Marte a pedir a Júpiter que no dé marcha atrás en la defensa de los navegantes portugueses; solicitando a Mercurio, mensajero de los dioses, que recabe información acerca de la India, pues le parece que Baco defiende intereses propios con su oposición. El Consejo acaba tomando una decisión favorable a la armada lusitana y cada uno de los dioses regresa a su lugar por donde llegó.

Os Lusiadas, Canto Primero, episodio del Consejo de los Dioses
Obra de Luiz Vaz de Camões,
Traducción de Pedro Sevylla de Juana
XX
Quando os Deuses no Olimpo luminoso,
Onde o governo está da humana gente,
Se ajuntam em concílio glorioso
Sobre as cousas futuras do Oriente.
Pisando o cristalino Céu formoso,
Vêm pela Via-Láctea juntamente,
Convocados da parte do Tonante,
Pelo neto gentil do velho Atlante.

Cuando los Dioses en el Olimpo luminoso,
donde el gobierno está de humana gente,
se juntan en un consejo glorioso,
sobre las cosas futuras del Oriente.
Pisando el cristalino Cielo hermoso,
vienen por la Vía Láctea juntamente,
convocados, de parte del Tonante,
por el nieto gentil del viejo Atlante.

XXI
Deixam dos sete Céus o regimento,
Que do poder mais alto lhe foi dado,
Alto poder, que só o pensamento
Governa o Céu, a Terra, e o Mar irado.
Ali se acharam juntos num momento
Os que habitam o Arcturo congelado,
E os que o Austro tem, e as partes onde
A Aurora nasce, e o claro Sol se esconde.

Dejan de los siete Cielos el gobierno,
que del poder más alto les fue dado,
alto poder, que sólo el pensamiento
gobierna el Cielo, la Tierra, el Mar airado.
Allí se hallaron juntos al momento
los que habitan el Arcturo congelado
y los que el Austro tienen y las partes donde
la Aurora nace y el claro Sol se esconde.

XXII
Estava o Padre ali sublime e dino,
Que vibra os feros raios de Vulcano,
Num assento de estrelas cristalino,
Com gesto alto, severo e soberano.
Do rosto respirava um ar divino,
Que divino tornara um corpo humano;
Com uma coroa e ceptro rutilante,
De outra pedra mais clara que diamante.

Estaba el Padre allí, sublime y digno,
que agita los fieros rayos de Vulcano,
en un asiento de estrellas cristalino,
con gesto alto, severo y soberano;
del rostro respiraba aire divino,
que divino tornara un cuerpo humano;
con la corona y el cetro rutilante,
de otra piedra más clara que el diamante.

XXIII
Em luzentes assentos, marchetados
De ouro e de perlas, mais abaixo estavam
Os outros Deuses todos assentados,
Como a razão e a ordem concertavam:
Precedem os antíguos mais honrados;
Mais abaixo os menores se assentavam;
Quando Júpiter alto, assim dizendo,
C’um tom de voz começa, grave e horrendo:

En lucientes asientos, adornados
de oro y perlas, más abajo estaban
los otros Dioses, todos asentados
Como la Razón y el Orden concertaban
(preceden los antiguos, más honrados,
más abajo los menores se sentaban);
cuando Júpiter alto, así diciendo,
con un tono de voz grave y horrendo:

XXIV
“Eternos moradores do luzente
Estelífero pólo, e claro assento,
Se do grande valor da forte gente
De Luso não perdeis o pensamento,
Deveis de ter sabido claramente,
Como é dos fados grandes certo intento,
Que por ela se esqueçam os humanos
De Assírios, Persas, Gregos e Romanos.

«Eternos habitantes del luciente,
estrellado cielo, y claro asiento:
si del arrojo de la fuerte gente
de Luso no perdéis el pensamiento,
debéis de haber sabido claramente
que es de los magnos Hados fuerte intento
que por ella se olviden los humanos
de Asirios, Persas, Griegos y Romanos.

XXV
«Já lhe foi (bem o vistes) concedido
C’um poder tão singelo e tão pequeno,
Tomar ao Mouro forte e guarnecido
Toda a terra, que rega o Tejo ameno:
Pois contra o Castelhano tão temido,
Sempre alcançou favor do Céu sereno.
Assim que sempre, enfim, com fama e glória,
Teve os troféus pendentes da vitória.

«Ya le fue (bien lo visteis) concedido,
con poder tan sencillo y tan pequeño,
tomar al Moro fuerte y guarnecido
toda la tierra que riega Tajo ameno.
Pues contra el Castellano tan temido
siempre alcanzó favor del sereno Cielo:
Así que siempre, al fin, con fama y gloria,
tuvo los trofeos pendientes de victoria.

XXVI.
»Deixo, Deuses, atrás a fama antiga,
Que coa gente de Rómulo alcançaram,
Quando com Viriato, na inimiga
Guerra romana tanto se afamaram;
Também deixo a memória, que os obriga
A grande nome, quando alevantaram
Um por seu capitão, que peregrino
Fingiu na cerva espírito divino.

«Dejo, Dioses, atrás la fama antigua,
que con la gente de Rómulo alcanzaron,
cuando con Viriato, en la enemiga
Guerra Romana, tanto se afamaron;
también dejo la memoria a que obliga
el gran nombre, cuando alzaron
a uno como capitán, quien, peregrino,
fingió en la corza espíritu divino.

XXVII
«Agora vedes bem que, cometendo
O duvidoso mar num lenho leve,
Por vias nunca usadas, não temendo
De Áfrico e Noto a força, a mais se atreve:
Que havendo tanto já que as partes vendo
Onde o dia é comprido e onde breve,
Inclinam seu propósito e porfia
A ver os berços onde nasce o dia.

«Ahora veis bien que, acometiendo
el incierto mar en barco leve,
por vías nunca usadas, no temiendo
el vigor de Áfrico y Noto, a más se atreve:
Que, sabiendo lo mucho que van viendo
donde el día es largo y donde breve,
dirigen su propósito y porfía
a ver las cunas donde nace el día.

XXVIII
«Prometido lhe está do Fado eterno,
Cuja alta Lei não pode ser quebrada,
Que tenham longos tempos o governo
Do mar, que vê do Sol a roxa entrada.
Nas águas têm passado o duro inverno;
A gente vem perdida e trabalhada;
Já parece bem feito que lhe seja
Mostrada a nova terra, que deseja.

«Prometido le está del Hado eterno,
cuya alta ley no puede ser quebrada,
que tengan largos tiempos el gobierno
del mar que ve del Sol la rúbea entrada.
En las aguas han pasado el duro Invierno;
la gente viene aturdida y muy cansada;
y parece necesario que le sea
mostrada la nueva tierra que desea.

XXIX
«E porque, como vistes, têm passados
Na viagem tão ásperos perigos,
Tantos climas e céus experimentados,
Tanto furor de ventos inimigos,
Que sejam, determino, agasalhados
Nesta costa africana, como amigos.
E tendo guarnecida a lassa frota,
Tornarão a seguir sua longa rota.»

«Y siendo sabido que llevan pasados
del viaje tan ásperos peligros,
tantos climas y cielos soportados,
tanto furor de vientos enemigos,
que sean, determino, agasajados
en esta costa africana como amigos;
y, puesta a resguardo la cansada flota,
proseguirán luego su larga derrota».

XXX
Estas palavras Júpiter dizia,
Quando os Deuses por ordem respondendo,
Na sentença um do outro diferia,
Razões diversas dando e recebendo.
O padre Baco ali não consentia
No que Júpiter disse, conhecendo
Que esquecerão seus feitos no Oriente,
Se lá passar a Lusitana gente.

Estas palabras Júpiter decía,
cuando los Dioses, por orden respondiendo,
en la sentencia uno del otro difería,
razones diversas dando y recibiendo.
El padre Baco allí no consentía
en lo que Júpiter dijo, conociendo
que olvidarán sus hechos en Oriente
si llega allá la Lusitana gente.

XXXI
Ouvido tinha aos Fados que viria
Uma gente fortíssima de Espanha
Pelo mar alto, a qual sujeitaria
Da índia tudo quanto Dóris banha,
E com novas vitórias venceria
A fama antiga, ou sua, ou fosse estranha.
Altamente lhe dói perder a glória,
De que Nisa celebra inda a memória.

Tenía oído a los Hados que vendría
una gente fortísima de España
por el abierto mar, la cual sujetaría
de la India todo cuánto Dóris baña,
y con nuevas victorias vencería
la fama antigua, ya suya ya extraña.
vivamente le duele perder la gloria
de que Nisa aún celebra la memoria.

XXXII
Vê que já teve o Indo sojugado,
E nunca lhe tirou Fortuna, ou caso,
Por vencedor da Índia ser cantado
De quantos bebem a água de Parnaso.
Teme agora que seja sepultado
Seu tão célebre nome em negro vaso
D’água do esquecimento, se lá chegam
Os fortes Portugueses, que navegam.

Ve que ya tuvo el Indo sojuzgado
y nunca le quitó Fortuna o Caso
por vencedor de la India ser cantado
de cuantos beben el agua del Parnaso.
Teme ahora que sea sepultado
su tan celebrado nombre en negro vaso
de agua del olvido, si allá llegan
los fuertes Portugueses que navegan.

XXXIII
Sustentava contra ele Vênus bela,
Afeiçoada à gente Lusitana,
Por quantas qualidades via nela
Da antiga tão amada sua Romana;
Nos fortes corações, na grande estrela,
Que mostraram na terra Tingitana,
E na língua, na qual quando imagina,
Com pouca corrupção crê que é a Latina.

Intervenía contra él Venus bella,
encariñada con la gente Lusitana
por cuantas cualidades veía en ella
de la antigua, tan amada, su Romana;
en los fuertes corazones, en la gran estrella
que mostraron en la tierra Tingitana,
y en la lengua, en la cual cuando imagina,
con poca adulteración ve la Latina.

XXXIV
Estas causas moviam Citereia,
E mais, porque das Parcas claro entende
Que há de ser celebrada a clara Deia,
Onde a gente belígera se estende.
Assim que, um pela infâmia, que arreceia,
E o outro pelas honras, que pretende,
Debatem, e na porfia permanecem;
A qualquer seus amigos favorecem.

Estas causas movían a Citerea,
y más, porque de las Parcas bien entiende
que ha de ser celebrada la clara Dea
donde la gente belígera se extiende.
Así que, uno, por la infamia, que olfatea,
y el otro, por las honras que pretende,
debaten, y en la porfía permanecen;
a cualquiera sus amigos favorecen.

XXXV
Qual Austro fero, ou Bóreas na espessura
De silvestre arvoredo abastecida,
Rompendo os ramos vão da mata escura,
Com ímpeto e braveza desmedida;
Brama toda a montanha, o som murmura,
Rompem-se as folhas, ferve a serra erguida:
Tal andava o tumulto levantado,
Entre os Deuses, no Olimpo consagrado.

Cual Austro fiero o Bóreas en la verdura
de silvestre arbolado abastecida,
rompiendo las ramas van de selva oscura
con ímpetu y braveza desmedida,
brama toda montaña, el sonido murmura,
se rompen las hojas, hierve la sierra erguida:
tal andaba el tumulto, levantado
entre los Dioses, en el Olimpo consagrado.

XXXVI
Mas Marte, que da Deusa sustentava
Entre todos as partes em porfia,
Ou porque o amor antigo o obrigava,
Ou porque a gente forte o merecia,
De entre os Deuses em pé se levantava:
Merencório no gesto parecia;
O forte escudo ao colo pendurado
Deitando para trás, medonho e irado,

Pero Marte, que de la Diosa cuidaba
entre todas las razones en porfía,
o porque el amor antiguo le obligaba,
o porque la gente fuerte lo valía,
de entre los Dioses en pie se levantaba:
melancólico en el gesto parecía;
el fuerte escudo, al cuello colgado,
lo acomoda atrás, fiero y airado;

XXXVII
A viseira do elmo de diamante
Alevantando um pouco, mui seguro,
Por dar seu parecer, se pôs diante
De Júpiter, armado, forte e duro:
E dando uma pancada penetrante,
Com o conto do bastão no sólio puro,
O Céu tremeu, e Apolo, de torvado,
Um pouco a luz perdeu, como enfiado.

La visera del yelmo de diamante
levantando un poco, muy seguro,
tratando de opinar llegó delante
de Júpiter, armado, fuerte y duro;
y dando un golpe penetrante
con el pomo del bastón en solio puro,
el Cielo tembló, y Apolo, de turbado,
perdió algo de color, como apagado;

XXXVIII
E disse assim: «Ó Padre, a cujo império
Tudo aquilo obedece, que criaste,
Se esta gente, que busca outro hemisfério,
Cuja valia, e obras tanto amaste,
Não queres que padeçam vitupério,
Como há já tanto tempo que ordenaste,
Não ouças mais, pois és juiz direito,
Razões de quem parece que é suspeito.

Y dijo así: «Ó Padre, a cuyo imperio
todo aquello obedece que creaste:
si esta gente que busca otro hemisferio,
cuya valía y obras tanto amaste,
no quieres que padezca vituperio,
como hace tanto tiempo que ordenaste,
no oigas más, pues eres árbitro juicioso,
razones de quien parece sospechoso.

XXXIX
«Que, se aqui a razão se não mostrasse
Vencida do temor demasiado,
Bem fora que aqui Baco os sustentasse,
Pois que de Luso vem, seu tão privado;
Mas esta tenção sua agora passe,
Porque enfim vem de estômago danado;
Que nunca tirará alheia inveja
O bem, que outrem merece, e o Céu deseja.

«Que, si aquí la razón no se mostrase
vencida del temor demasiado,
bien fuera que Baco los amparase,
pues que de Luso vienen, su buen privado;
mas este intento suyo ahora pase,
pues llega de estómago dañado;
que nunca borrará ajena avaricia
lo que otro merece y el Cielo codicia.

XL
«E tu, Padre de grande fortaleza,
Da determinação, que tens tomada,
Não tornes por detrás, pois é fraqueza
Desistir-se da cousa começada.
Mercúrio, pois excede em ligeireza
Ao vento leve, e à seta bem talhada,
Lhe vá mostrar a terra, onde se informe
Da índia, e onde a gente se reforme.»

«Y tú, Padre de gran fortaleza,
de la determinación que tienes tomada
no retrocedas ya, pues es flaqueza
desistir de la cosa comenzada.
Mercurio, pues excede en ligereza
al viento leve y a la flecha bien tallada,
va a mostrarle la tierra donde se informe
de la India, y donde la gente se reforme».

XLI
Como isto disse, o Padre poderoso,
A cabeça inclinando, consentiu
No que disse Mavorte valeroso,
E néctar sobre todos esparziu.
Pelo caminho Lácteo glorioso
Logo cada um dos Deuses se partiu,
Fazendo seus reais acatamentos,
Para os determinados aposentos.

Como esto dijo, el Padre poderoso,
la cabeza inclinando, consintió
en lo que dijo Mavorte valeroso
y néctar sobre todos esparció.
Por el camino Lácteo tan glorioso
cada uno de los Dioses se marchó,
realizando sus reales tratamientos,
hacia los determinados aposentos.

Punto de Partida Edición de Nápoles 1730
https://books.google.es/books?id=D5eaatWsH00C&pg=PA165&dq

VOLTAIRE, en Essai Sur la Poesie Epique, Camões Capítulo VI. 1834
Traducción del francés: Pedro Sevylla de Juana

CAMÕES.
Mientras que Trissino, en Italia, seguía con paso tímido y débil los rastros de los antiguos; Camões, en Portugal, abría una vereda nueva del todo, granjeándose una reputación que todavía dura entre sus compatriotas, pues lo llaman el Virgilio portugués. Camões, perteneciente a una antigua familia portuguesa, nació en España, en los últimos años del célebre reinado de Fernando y de Isabel, cuando Juan II reinaba en Portugal. Después de la muerte de Juan, llegó a la corte de Lisboa, el primer año del reinado de Manuel el Grande, heredero del trono y de los proyectos del rey Juan. Eran entonces los felices días de Portugal, y el tiempo marcado para la gloria de esta nación. Manuel I, determinó seguir el proyecto que había sido suspendido tantas veces: abrir una vía hacia la India oriental por el Océano. Llamó, en 1497, a Vasco de Gama, que llegó con una flota para esa empresa, vista como temeraria e impracticable, por ser nueva. Gama, y los que tuvieron la insolencia de embarcarse con él, pasaron por insensatos que se sacrificaban con alegría de corazón. Era un sólo grito en la ciudad contra el rey: Toda Lisboa vio partir con indignación y con lágrimas a estos aventureros, y los lloró como a muertos. Sin embargo, la empresa tuvo éxito y fue el primer cimiento del comercio que Europa tiene hoy con la India por el océano.
Camões no acompañó a Vasco de Gama en su expedición, como dije en mis ediciones precedentes; no fue a la Gran India hasta mucho tiempo después. Un deseo vago de viajar y de hacer fortuna, la fama despertada en Lisboa por sus galanterías indiscretas, el descontento con la Corte y, sobre todo, esa curiosidad inseparable de la gran imaginación, lo arrancaron de su patria. Sirvió primero como voluntario en una nave, y perdió un ojo en combate. Los Portugueses ya tenían un virrey en la India. Camões, que estaba en Goa, fue exiliado de allí por el virrey. Ser exiliado era tan solo una de las desgracias singulares que el destino reservaba a Camões. Languideció durante algunos años en un rincón de tierra bárbara junto a la frontera de China, donde los Portugueses tenían un mínimo asentamiento, y comenzaban a edificar la ciudad de Macao. Fue allí donde Camões compuso su poema del descubrimiento de la India, que tituló la Lusiada; título que dice poco del asunto tratado, y que, hablando con propiedad, significa Portugada. Obtuvo un empleucho en el mismo Macao; de ahí que, al regresar a Goa, sufriera un naufragio cerca de las costas de China. Se salvó, decimos, nadando con una mano y llevando en la otra su poema: única posesión que le quedaba.
De regreso a Goa, fue metido en la cárcel. Salió de allí sólo para sufrir una desgracia mayor; la de seguir por África a un pequeño gobernador arrogante y avaro. Con él se sintió muy humillado. En fin, regresó a Lisboa con el poema como único recurso. Consiguió una pequeña pensión, aproximadamente ochocientas libras de nuestra moneda de hoy; pero cesaron pronto de pagársela. No tuvo otra jubilación ni otro socorro que un hospital. Fue allá donde pasó el resto de su vida, muriendo en un abandono total. En cuanto hubo muerto se apresuraron a dedicarle epitafios honorables, y a elevarlo al nivel de los grandes hombres. Algunas ciudades se disputaron el honor de haber sido el lugar de su nacimiento. Así probó en su propia carne toda la suerte de Homero. Viajó Homero como él; vivió y murió pobre, teniendo gran reputación sólo después de muerto. Cuántos ejemplos deben conocer los hombres de ingenio, para darse cuenta de que no es con el ingenio con lo que se consigue fortuna y se vive feliz.
El argumento de Lusiadas, tratado por un espíritu tan vivo como el de Camões, solo podía producir una nueva especie de epopeya. El fondo de su poema no es una guerra, ni una disputa entre héroes, ni el mundo alzado en armas por una mujer; se trata de un nuevo país descubierto con la ayuda de la navegación. He aquí cómo comienza: «Canto a esos hombres que están por encima de lo vulgar, que de las riberas occidentales de Lusitania, navegando mares que aún no habían visto, llegaron a asombrar a Taprobane con su audacia. Ellos, cuyo coraje paciente es capaz de resistir esfuerzos situados más allá de la resistencia humana, establecieron un nuevo imperio bajo un cielo desconocido y bajo otras estrellas. Qué no se alaben más los viajes del troyano famoso que llevó a sus dioses a Italia; ni los del sabio griego que llegó de nuevo a Ítaca después de veinte años de ausencia; ni los de Alejandro, ese impetuoso conquistador. Desapareced, banderas que Trajano desplegaba sobre las fronteras de la India; he aquí un hombre al que Neptuno rindió su tridente; he aquí trabajos que sobrepasan a todos los vuestros». Y vosotras, ninfas del Tajo, que nunca me inspirasteis sonidos dulces y conmovedores, cuando alabé las orillas de vuestro agradable río; dadme en adelante acentos orgullosos e intrépidos; que tengan la fuerza y la claridad de vuestra corriente; qué sean puros como vuestras ondas, y qué en lo sucesivo el dios del verso prefiera vuestras aguas a las de la fuente sagrada». El poeta gobierna la flota portuguesa en la desembocadura del Ganges: describe, al pasar, las costas occidentales, el mediodía y oriente de África, y los diferentes pueblos que viven en la orilla; funde con arte la historia de Portugal.
Vemos en el tercer canto la muerte de la célebre Inés de Castro, esposa del rey don Pedro, cuya aventura encubierta fue representada hace poco en el teatro de París. Es, a mi gusto, la pieza más bella de Camões; hay pocos fragmentos en Virgilio más enternecedores y mejor escritos. La sencillez del poema es realzada por ficciones tan nuevas como la trama. He aquí uno que, me atrevo a pronosticar, debe tener éxito en todos los tiempos y naciones.
Cuando la flota está dispuesta a doblar el cabo de Buena Esperanza, llamado entonces el promontorio de las Tempestades, percibimos de repente un objeto formidable. Es un fantasma quien se eleva del fondo del mar; su cabeza toca las nubes; las tempestades, los vientos, los truenos, le circundan; sus brazos se extienden a lo lejos sobre la superficie de las aguas; este monstruo, o este dios, es el guardián del océano del que ninguna nave ha cortado aún las olas. Monstruo o dios amenaza a la flota, se queja de la audacia de los Portugueses, que vienen a disputarle el imperio de estos mares. Les anuncia él todas las calamidades que deben sufrir en su empresa. Esto es sorprendente en cualquier país sin duda. He aquí otra ficción que agradó en extremo a los Portugueses, pareciendo acorde con el genio italiano: se trata de una isla encantada que sale del mar para frenar el avance de Gama y de su flota. Esta isla sirvió, decimos, de modelo a la isla de Armida, descrita algunos años después por Tasso. Allí, Venus, movida por los consejos del Padre eterno y apoyada al tiempo por las flechas de Cupido, torna a las Nereidas enamoradas de los Portugueses. Los placeres más lascivos son pintados allí sin contemplaciones; cada Portugués abraza a una Nereida; Thetis consigue a Vasco de Gama para entregarse. La diosa lo eleva a la alta montaña, que es el entorno más delicioso de la isla y, desde allí, le muestra todos los reinos de la tierra prediciéndole los destinos de Portugal.
Camões, después de haberse entregado sin reservas a la descripción voluptuosa de esa isla, y de los placeres en que los Portugueses se sumergieron; se ocupa de explicar al lector que toda esta ficción, no significa otra cosa, que el placer de un hombre honrado recibido del deber cumplido. Pero se debe reconocer que una isla encantada, de la que Venus es la diosa, donde las ninfas acarician a los marineros después de un largo viaje, se parece más a un músico de Ámsterdam que a algo honesto. Sé que un traductor de Camões pretende, que, en este poema, Venus es la Virgen Santísima, y que Marte es, evidentemente, Jesucristo. A buenas horas; no me opongo. Pero reconozco que no lo había visto así. Esta alegoría nueva justificará cualquier cosa. No nos sorprenderá que Gama, en una tempestad, dirija sus oraciones a Jesucristo, siendo Venus quien llegue en su socorro. Baco y la Virgen María formarán parte, naturalmente, del grupo.
El objetivo principal de los Portugueses, una vez establecido su comercio, es la propagación de la fe; siendo Venus quien se encarga del éxito de la empresa. Hablando seriamente, una maravilla tan absurda desfigura toda la obra a los ojos de los lectores sensatos. Parece que este gran defecto pudo derribar el poema. Aunque la poesía del estilo y la fantasía en la expresión lo sostuvieron; lo mismo que la belleza de ejecución situó a Paul Véronèse entre los grandes pintores, aunque hubiera pintado a padres benedictinos y soldados suizos en asuntos del Antiguo Testamento, pecando siempre contra la vestimenta. Camões cae con frecuencia en tales disparates. Me acuerdo que Vasco, después de haber contado sus aventuras al rey de Mélinde, le dice: «O rey, juzgue si Ulises y Eneas viajaron tan lejos como yo y si corrieron tantos peligros». No es posible que, un bárbaro Africano de las costas de Zanguebar, conociera a Homero y a Virgilio. Pero de todos los defectos de este poema, el más grande es la poca concordancia que reina entre todas sus partes. Se parece al viaje del argumento. Las aventuras se suceden unas a otras y el poeta no tiene otro arte que el de contar bien los detalles; pero este arte solo, por el placer que da, suple a todos los demás. Todo esto prueba, al fin, que la obra está llena de grandes bellezas, ya que desde hace doscientos años es la delicia de una nación espiritual; siendo bueno que conozca también los errores.

 

 

Carmen Conde

Carmen Conde Abellán nació en Cartagena (Murcia) el día 15 de agosto de 1907. Murió en Majadahonda (Madrid) el 8 de enero de 1996. Conocí la escritura de Carmen Conde cuando llevaba ya unos años de lectura intensa, de modo que pude comparar y apreciar. La poesía, como primer escalón, atrapa muchas veces a los autores. Ahí se quedan, llegando al punto intermedio de la prosa poética todo lo más, hermana del relato breve. Un grupo importante de los que dan el salto a la novela -me incluyo entre ellos- siguen llevando a la poesía de la mano. Prosa y poesía no son compartimientos estancos, son miscibles si así se quiere. Son herramientas nada más: poesía lírica y poesía épica: ¿qué diremos entonces cuando compartan espacio en un mismo texto? Todo depende del interior del escritor, de su estado de consciencia y de su estado de ánimo: forma de ser y de estar: y el tiempo como referencia. ¿Qué es Brocal?, ese libro de Carmen publicado en 1929; ¿qué es? Brocal es pensamiento y vida, es mirada traspasando objetos, personas y paisajes trasparentes. Brocal está compuesto por versos y versos del primer cuarteto de imposibles sonetos.
Han dicho de Carmen Conde que es la más completa poetisa en lengua castellana. En su obra, la poesía comparte existencia con la prosa. La vida, cuando sucede que el teatro es vida, lleva poesía y prosa conviviendo de manera armónica. Profundidad en Carmen, amplitud temática y voluntad de decir, de trasladar, magisterio convencido de haber preparado bien las lecciones compartidas. En Carmen: grandeza y derroche, abundancia y prodigalidad. Todo ello tan personal, que parece recién inventado. Su método, su medio de expresión, su lucidez, su enigma; el cromatismo de su decir, su liturgia, su laberinto de hallazgos. El punto de vista, ya esté arriba o abajo del acantilado, estrella o rompiente de olas; es suyo, solamente suyo, porque nadie estuvo antes allí.
Siendo la más completa poetisa, creía muy justificada su admiración a otras: recordemos a Gabriela Mistral, a quien escribió el prólogo de Júbilos. Estimo que su obra es una de las que destacan, mucho y bien, dentro del panorama literario en español del siglo XX. Acaso por eso llegó a la Real Academia Española de la Lengua, poblada exclusivamente por varones hasta ese momento. Varones que habían rechazado antes la entrada de María Moliner, sin caérseles la cara de vergüenza. Llegó, vio e hizo. Hizo en la RAE como siempre hacía, porque su actividad en pro de la cultura, en estrecha unión con su marido, el poeta, crítico e historiador de arte Antonio Oliver, fue ejemplar e incansable. En favor de la cultura y de las personas: recordemos la ayuda inestimable entregada a Francisca Sánchez, la última mujer de Rubén Darío. Recordemos la Universidad Popular que ellos, Antonio y Carmen, impulsaron en su ciudad, siguiendo el ejemplo de la que en Segovia puso en marcha Antonio Machado. Con el apoyo de amigos y de políticos republicanos, buscaban mejorar el nivel educativo y cultura de la población. Desarrollaron métodos pedagógicos innovadores, que ponían la cultura al alcance de la población obrera. Carmen y los demás, ella y los otros y los otros en ella, hilo de cobre, excelente conductor de la energía eléctrica que la utilizaba como cauce.
Fue un ser apasionado, que todo lo hizo con pasión: amó, gozó, sufrió, escribió y vivió apasionadamente: El sentimiento ante la guerra de España en Carmen, es similar al que sintieron Neruda, Picasso y tantos otros; similar su reacción, sus palabras de dolor enérgico y profundo, el trazo de su pintura explicada con pocos y rotundos gritos callados, lágrimas de su corazón sangrante.
Carmen Conde fue una escritora valiente. Abordaba temas que nadie había abordado, tratándolos de una manera muy suya: ternura, humor, dolor, mar, nubes, sol, amor, entrega y curiosidad sin límites.

Muestra de escritos de Carmen Conde
Traducción: Pedro Sevylla de Juana

QUE TRANSPARÊNCIA (Brocal, 1927-1928)
Que transparência tem a chuva no horto!
Reta, afiada, contínua…;
O céu está mais baixo. Se respira o grande alento
do mar.
¡Reta, afilada, contínua…, que transparência
tem a chuva no horto!

CAMINHAMOS AO UNÍSSONO (Derramen su sangre las sombras, 1933)
Caminhamos ao uníssono.
Por vez primeira outro coração
Se move com o meu.
Ao mesmo tempo: batido por batido.
Juntos, para nós encontrar.
Juntos, até nós desprender.

VENTOS. OS MOINHOS (Júbilos, 1934)
São os labregos jovens que aram no céu sua porção redonda do ar. Baldes de terra líquida viram seu gozo nas balsas. No cônico remate de suas torres, uma janelinha. E as velas, se curvando de azul. A terra compacta que os sustenta é dourada. Fina terra em declive que acabará em barco.

ENQUANTO OS HOMENS MORREM (Mientras los hombres mueren, 1936-1939)
Enquanto os homens morrem vos digo eu, a que canta desoladas províncias do Duelo, que se me rompem soluços e angústias contra barcos de ébano furibundo; e a fruta par de meus lábios queima de suspiros porque os céus se deixaram fincar imprecações sombrias. Aos homens que morrem eu os sigo em seu procurar por entre as raízes e as fontes lamacentas, pois elas e eu temos igual desígnio de sonho embaixo da terra. ¡Se calem todos os que não se sentam dobrar de agonia hoje, dia de espanto abrasado por labaredas de gritos, que esta mulher vos diz que a morte está em não ver, nem ouvir, nem saber, nem morrer.

AOS MENINOS MORRIDOS PELA GUERRA (Mientras los hombres mueren, 1936-1939)
¡Não os desfolheis, canhões; não os esmigalheis, metralhadoras, bombas grandíssimas que caís do céu fundo e que pareceis dons das nuvens largas, não rompais os corpinhos dos meninos!
Não sente o chumbo piedade destes ombros de leite rosada, destes doces sangues mínimos, destas peles de lábios? ¿Nenhum aviador inimigo tem crianças que levantem suas mãos ao vento das hélices?
Não. O inimigo não parece pai, e talvez é órfão também. Por isso os
meninos se quebram em talhos fumegantes, e há pelos jardins cabeleiras de musgos, joelhos com seda rasgada; solto tudo entre as árvores quebradas, com dor sustentado de gritos que ontem eram pandorgas e hoje são pobres gengivas partidas que já não gostarão maçarocas nem mamilos frescos de mães apaixonadas.

O ESCORIAL (Meu, 1939-1941)
Uníssona unidade compacta. Baixo retumbante que as montanhas sustentam. Traçado indelével na aberta planície. A luz que te assinala nas noites de fogos, revela tua arquitetura à Toledo do alfanje líquido. Quem, se não tem uma alma oceânica, te pode resistir o frente a frente, nus os dois de ternuras, em híspidos invernos como os teus? Pus minhas mãos sobre a tua rocha amartelada, domada, feita quintal de ardores, e nós temos trasfegado o calor que nada nem ninguém apaga.

TRÂNSITO (Ansia de la gracia, 1945)
Depois da luz era a Luz.
Depois estava o mar e com o mar
uma ânsia de morrer sendo sua vida.
Minha alma sozinha, sonho liso respirava

por seus ramos silenciosos de água quieta.
Outros seres que empequeneciam minha estatura
ascendiam num voo transparente

Já estes dias que recebem minha presença
iam longe de meu tempo…;
um silêncio de batidos ressoava.

Acima da minha aurora cantou um pássaro
e eu o repeti com inefável
clareza sem horizonte nem medida.

A IMPACIENTE APAIXONADA (Iluminada tierra, 1951)
Porque se vieres, e já nem eu te espero,
quiçá se prenderiam minhas cascas.
Te pude sonhar tanto, estavas luminoso
lá longe de todos…

Não era teu
um sonho incompreensível ao que eu me assomava
alongando os braços, que não são de cinza?
¡Eras tão ágil tu como são os cavalos
que correm e saltam obstáculos de pedra!

Entornando os olhos, se quisesses verias
que alucinada ia a tuas próprias ombreiras
uma criatura rápida, com muitos junhos firmes,
ardendo-lhe os pulsos com tensa maturidade…

Seria em teu mistério a que sonhavas sempre,
que te sonhava vivo, suntuoso de sangue
generoso e audaz: homem que me vencia
para me apanhar sua, submetida e secreta.

Galopando resolvido através de teus bosques
Me chamavas achando que teu sonho fui só.
Porque não me creste tão verdade como um cervo,
não pudemos nos achar, não pudeste ser meu.

NA TERRA DE NINGUÉM (En la tierra de nadie, 1960)
Na terra de ninguém, sobre o pó
que pisam os que vão e os que vêm,
tenho plantada minha barraca sem amparo
e contemplo se vão como se voltam.

Uns dizem que sou dos que vão,
embora estou descansando do caminho.
Outros «sabem» que volto, ainda que me cale;
e minha rota mais certa eu não digo.

Tentei demonstrar que a onde vou
é a mim, só a mim, para me ter.
E sorriem ao ouvir, porque eles todos
são a gente que vai, mas que volta.

Me escutem uma vez: já não me importam
os caminhos daqui que tanto valem.
Porque andei uma vez, já me parei
para me fincar na terra que é de ninguém.

OS MOINHOS DE VELAS (Los poemas de Mar Menor, 1962)
Eles, sempre três, são teus anjos costeiros.
Os três grandes moinhos que te voam,
se arrebatam de sol, giram ébrios de azul,
salobras velas
nas mãos do vento que te banha.

Moinhos que no campo são navios
e que aqui, já veleiros ancorados, te aureolam.
¡Quanto barco em teu povo de marulhos,
se derramando o campo em brancas telas!

Água doce na terra de semeados,
água e sol em teus limites extremos.
Eles giram e giram; remos, enxárcias,
sem timão -que és tu-, sobre os céus.

TERRA (La noche oscura del cuerpo, 1980)
Não te posso separar de teu destino ou missão.
És meu corpo e serei de tua terra, manhã.
Mistura de aves, de flores, de cinzas mornas
que implicas tu.

Assim estou criada, com os seres minúsculos
que inacabável absorves, cobiça avarenta
de se incorporar criaturas, as que fizeste
para as deixar voar, cheirar, se amar e queimar…
Ah, essas fogueiras tuas que não se acabam nunca
e alimentamos todos.

Em minhas mãos há parte de tua casca,
das já consumidas e dolentes partes
que ventos e chuvas avassalaram… Ouço
algumas vozes infantis, alguns gemidos, ouço
a multidão que te povoa. Digo:
isto foi uma calhandra, isto de flores
consumidas com ânsia de voltar à origem. Estes
grãos são de algum cedro, nogueira ou cipreste

que lentamente se desmoronaram.

NASCIMENTO ÚLTIMO (Desde nunca, 1982)
Ali onde a mar,
fruta verde-vermelha, cheiro exala,
desfaz criando o mundo, eu seria
a mulher mais ditosa se conseguisse
consumir o afã da possuir:
comunhão com sentidos libertados.
Ali onde a mar se oferece cega
como tu, como todos que a amam,
ali consumaria eu meus casamentos
com elementos se precipitando.
Ali, nome calado que não é nome,
emergirias de mim, não Afrodita
apoiada em vestais senão pedra
que se deixa talhar mansamente.
Ali me encontrarás alienada
rompendo num cantar, porque segura
de me salvar de mim já realizada.
Onde terra docemente se emagrece
suaviza com sua arribada às marés,
ali onde a areia apaga formas,
ali quisesse ser abandonada.
Não aos montes que ásperos esperam:
sim à mar que me fez e que me tem
em sua voz das mares da Terra.

AQUELE PEDAÇO DA TERRA… (Del obligado dolor.1984)
Despido. A erva arrasada.
Famintos rebanhos.
Povos, em pântanos submergidos;
sentindo saudades dos degelos.
Gente padecida se derruba
a sua escura miséria.
Minerais montanhas desgraçam
aos que já envelheceram.
Os prados não alentam, tão secos
qual comidos pelo fogo.
As casas alçadas por séculos
abrem sua boca à morte.
Fugiu a juventude, deixando
duro manto do esquecimento.

TUDO PASSA, NADA ESPERA (Cráter, 1985)

Tudo passa. Nada espera.
Vacila e afirma, a Dúvida
avança, se esconde seu rosto mortal
da angústia.
Ao oprimir uma fruta,
entrega a sua polpa e o seu suco
sem dúvidas. Nós
vivemos com elas.
A Terra nos diz que sim
a quanto pedimos. O mundo
não afirma nunca. Se nega.
Como reunir a esperança
com seu lucro perfeito? A fruta
se brinda aos dentes;
nos banha a garganta, entregando
seu cheiro e sua carne à boca,
em tanto os medos e dúvidas
triste ameaça pressentem.
A fruta é do corpo avarento;
a dúvida, ardente cupim.
¡Se a dúvida abrasante se fizesse
com a fruta salvada, Unidade!

Texto original: Selección del Patronato Carmen Conde y Antonio Oliver

A realidade imaginada
Poema e tradução de Pedro Sevylla de Juana

Desde a boca do poço
olhando para o interior sereno
vejo passar as cinzentas nuvens
descobrindo
e tampando o céu estrelado,
reflexo da água que dorme
abaixo
sonha
e espera um milagre.

Abrindo portas, rompendo moldes
furando céus noturnos
fora de hora
chego.
Estou feito de ombreiras e janelas
caleidoscópio inquieto, surpreendente
olhos que têm visto o infinito
mãos que empunham
o raio no furor da tormenta
para domestica-o.

Aprendi nadar no primeiro banho
nada mais nascer da minha mãe
quando deletreava a palavra vaga-lume
lida num conto ilustrado
que alguém
pensava me presentear a véspera
de meu vigésimo quinto aniversário.

Tudo em mim é insólito
tudo em mim preexiste
a rosa dos ventos assinala os túmulos
dos meus antepassados vindouros
fertilizantes durante séculos e séculos
dum campo de papoulas
olhos serenos de quem tece urdiduras
e tramas improváveis
destinadas a reinventar o mundo
mudando de lugar
as portas de entrada e saída
nascimento e morte
emergindo das profundidades abissais
para atingir planetas capazes
de embalar a vida
e crescê-la até limites insuspeitados.

Sou o homem, a pessoa
o ser humano do século vinte e um:
macho e fêmea destinados a encaixar
entrantes e salientes
desejos e possibilidades
imaginação desbordada que ascende
acrescentando escadas
sobre as escadas.

Em ocasiões, você o sabe
Carmen, teus poemas, sinos ondeantes
como trigos recém granados
golpeiam
badalo e bronze
a solidão de algumas tardes
quietas na primavera.

Em momentos contados
a sincronia imprescindível salta dos balcões
à rua;
e do fundo da rua inclinada
atinge os balcões
semeados de gerânios a ponto de estoirar
em forma de circunlóquios purpúreos.

As duas vezes que nos aproximou o destino
C duplicada de Carmen Conde, nascida em Cartagena,
sucedeu o impossível;
a primeira foi na Cuesta de Moyano em Madrid
e tu ias com Antonio
esquadrinhando, esquadrinhando.

Nossos olhos se pararam sobre os mesmos
livros, dois concretamente:
Eternidades, editorial Renacimiento
Madrid, Barcelona, Buenos Aires;
e Azul, Valparaíso, 1888.
Te deixei a dianteira e Antonio
os comprou
sorrindo-te.

A segunda ocorreu um ano depois,
ou dois,
na Casita del Príncipe,
ali onde se encontraram Picasso e Neruda,
El Escorial,
por onde passo ainda sem fazer ruído
para não espantar as lembranças.

Íeis, Antonio e tu, com Juan Ramón
e com Darío:
quiçá não eram, mas a mim me pareceram eles
os dois amigos de vocês.
Olháveis as paredes e o teto
quando eu os olhava:
o monte Abantos, os castanheiros desprendendo
um fruto protegido. Falamos,
imaginei, os cinco, das palavras esdrúxulas
dos signos de admiração,
em assuntos de amor um põe a cesta
e o outro põe as flores: assim foi,
es e será
embora os tempos mudem:
ouvi que dizíamos.

Todo isso ornado
de finíssimas gotas de orvalho a ponto
de empreender o voo, evaporadas.
Mas na verdade, por entabular conversa,
perguntei a você, só a você,
onde estava o famoso Monastério.

Respondeu a tua gentileza sorrindo:
esse edifício tão grande,
de pedra todo inteiro,
o que tem tantas janelas, e guarda parte
da história da Espanha dentro de seus muros:
Palácio, Panteão e Biblioteca:
esse é, pode estar seguro,
não tem perda.

Só por ver, Carmen, tu ingênuo sorriso,
e passado o tempo poder relembrá-lo
com todo seu luminoso feitiço,
valeu a pena passar por ignaro
no lugar onde habito.
PSdeJ, El Escorial, no seu momento.

 

 

Julio Cortázar

Julio Florencio Cortázar, hijo de Julio Cortázar y María Herminia Scott, nació en Bruselas el 26 de agosto de 1914. Muriendo en París el 12 de febrero del año 1984, fue enterrado en el cementerio de Montparnasse dentro de la tumba donde yacía su esposa Carol Dunlop.
Fui lector de Cortázar con precocidad manifiesta. Además, lector reiterado a intervalos no muy largos. Conozco gran parte de su obra: libros esenciales que siguen en mi biblioteca. Hubiera querido leer El Examen cuando lo escribió, para conocer aquel Buenos Aires rompiéndose en él. Pero Losada-de Torre no quiso editarlo. Publicado treinta y seis años después, ya no era lo mismo. Cortázar consideraba que, leído en su momento, hubiera tenido cierta incidencia en lo ocurrido en la Argentina de entonces. Leí Rayuela a trancos distintos: rompecabezas, laberinto. Amé a la Maga y quise reencarnarla en un personaje mío que tuviera su vida a mi lado. Me gustó escuchar a Cortázar, humano, muy humano, entrevistado en la televisión. Aquella entrevista profunda y ancha, programa A Fondo, hecha de modo magistral por José Joaquín Serrano. Hasta las erres, suyas o francesas, me gustaron en su voz. Luego las identifique oídas en Brasil. Considero a Rayuela entre las grandes novelas que he leído. Subiéndola a lo alto, si no en términos absolutos, donde coloco a Los hermanos Karamazov, la gran obra de mi reverenciado Fiodor Dostoievski; sí en términos relativos, comparada con las escritas en castellano. Dejo al margen de las demás y para siempre a Don Quijote de la Mancha por múltiples motivos: no hay y no habrá punto de comparación: espacio y tiempo. Pongo a Rayuela a la altura de otro mito, Cien años de Soledad, dejándola ahí, flotando, tan sólida y tan bien arraigada.
Pedía a su escritura Cortázar, ponía en sus escritos, exigía a sus textos que ‘tuvieran Swing’. No poseyó dioses en el cielo, ni fue poseído por ellos; pero Louis Armstrong fue uno de sus dioses terrenales. Apasionado perseguidor, gozador y sufridor del Jazz, maestro del relato corto, metro y 93 de altura, un cigarrillo tras otro, voz de decir verdades; tanto me impresionó Cortázar, la personalidad de Cortázar, que quise buscar su razón de ser en su obra. Leo Rayuela y veo a Cortázar, cámara de cine en ristre, grabando en palabras las cosas diversas: calles irregulares cruzadas por un ciego acompañado de su perro guía; una escalera con escalones de madera crujiente al pisar el ciego. La puerta se abre entre chirridos, paredes con clavo, cuadro, retrato, lentes. El tiempo pasa y se detiene, la lluvia, el sol, el viento; más aún las emociones, haciendo ellas de los personajes seres vivos. Tanto me impresionó Rayuela, recurrentemente leída y en ella el personaje real y fantástico de la Maga, que en mi novela Los gozosos amores de Virginia Boinder y Pablo Céspedes, el protagonista, Pablo Céspedes, llama a Amanda, su mujer, la Maga, en memoria de Rayuela.

Escritos de Cortázar trazucidos
Rayuela 7
Texto de Julio Cortázar
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

«Toco tua boca, com um dedo toco a borda de tua boca, vou a debuxando como se surgisse de minha mão, como se pela primeira vez tua boca se entreabrira, e me basta fechar os olhos para desfazer todo e recomeçar, faço nascer a cada vez a boca que desejo, a boca que minha mão prefere e te esboça na cara, uma boca selecionada entre todas, com soberana liberdade eleita por mim desenha-la com minha mão na tua cara, e que por uma casualidade que não espero compreender coincide exatamente com a tua boca que sorri por embaixo da que minha mão te pinta.
«Me olhas, de perto me olhas, a cada vez mais de perto e então jogamos ao ciclope, nós olhamos a cada vez mais de perto e os olhos se engrandecem, se acercam entre si, se sobrepõem e os ciclopes se olham, respirando confundidos, as bocas se encontram e lutam tibiamente, se mordendo com os lábios, apoiando um pouco a língua nos dentes, jogando em seus recintos onde um ar pesado vai e vem com um perfume velho e um silêncio. Então minhas mãos procuram se afundar em teu cabelo, acariciar lentamente a profundidade de teu cabelo enquanto nos beijamos como se tivéssemos a boca cheia de flores ou de peixes, de movimentos vivos, de fragrância escura. E se nos mordemos a dor é doce, e se nos afogamos num breve e terrível absorver simultâneo do alento, essa instantânea morte é bela. E há uma sozinha saliva e um só sabor de fruta madura, e eu te sinto tremer contra mim como uma lua na água. «

Texto: Ceremonias Julio Cortázar Seix Barral 1985
Cerimônias (Continuidade nos parques)
Texto de Julio Cortázar
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana

«Tinha começado a ler a novela uns dias antes. Abandonou-a por negócios urgentes, voltou abri-la quando regressava em trem à propriedade; se deixava interessar lentamente pela trama, pelo desenho das personagens. Essa tarde, após escrever uma carta a seu apoderado e discutir com o governante uma questão de parcerias voltou ao livro na tranquilidade do estudo que olhava para o parque dos robles. Encostado em seu cadeirão favorito de costas à porta que o tivesse molestado como uma irritante possibilidade de intrusões, deixou que sua mão esquerda acariciasse uma e outra vez o veludo verde e quis ler os últimos capítulos. Sua memória retinha sem esforço os nomes e as imagens dos protagonistas; a ilusão novelesca o ganhou quase em seguida. Gozava do prazer quase perverso de se ir desprendendo linha a linha do que o rodeava, e sentir ao mesmo tempo que sua cabeça descansava comodamente no veludo do alto respaldo, que os cigarros seguiam ao alcance da mão, que para além dos vidros dançava o ar do entardecer baixo os robles. Palavra a palavra, absorvido pela sórdida disjuntiva dos heróis, se deixando ir para as imagens que se marcavam e adquiriam cor e movimento, foi testemunha do último encontro na cabana do monte. Primeiro entrava a mulher, receosa; agora chegava o amante, lastimada a cara pelo chicotaço dum ramo. Admiravelmente estalava ela o sangue com seus beijos, mas ele recusava as caricias, não tinha vindo para repetir as cerimónias de uma paixão secreta, protegida por um mundo de folhas secas e caminhos furtivos. O punhal se entibiava contra seu peito, e embaixo batia a liberdade entocada. Um diálogo anelante corria pelas páginas como um arroio de serpentes, e se sentia que tudo estava decidido desde sempre. Até essas caricias que envolviam o corpo do amante como querendo o reter e dissuadir, desenhavam abominavelmente a figura de outro corpo que era necessário destruir. Nada tinha sido esquecido: coartadas, casualidades, possíveis erros. A partir dessa hora a cada instante tinha seu emprego minuciosamente atribuído. A dupla revisão desapiedada se interrompia um pouco para que uma mão acariciasse uma bochecha. Começava a anoitecer.
«Sem olhar-se já, atados rigidamente à tarefa que os esperava, se separaram na porta da cabana. Ela devia seguir pela senda que ia ao norte. Desde a senda oposta ele se voltou um instante para a ver correr com o cabelo solto. Correu a sua vez, se parapeitando nas árvores e as sebes, até distinguir na bruma malva do crepúsculo a alameda que levava à casa. Os cães não deviam ladrar, e não ladrarão. O governador não estaria a essa hora, e não estava. Subiu os três degraus do alpendre e entrou. Desde o sangue galopando em seus ouvidos lhe chegavam as palavras da mulher: primeiro uma sala azul, depois uma galeria, uma escada alfombrada. No alto, duas portas. Ninguém na primeira habitação, ninguém na segunda. A porta do salão, e então o punhal na mão, a luz dos vidros, o alto respaldo de um cadeirão de veludo verde, a cabeça do homem no cadeirão lendo uma novela».

No publiqué muchos poemas, pues considero la poesía algo íntimo: dijo Cortázar. Seguramente destinada a unos pocos. Así es, en términos generales. Su poesía parece estar escrita solamente para aquellos que se sienten destinatarios.
Será brasilidade mía, no sé, pero en el poema La Patria, encuentro reminiscencias de poetas brasileños, exempli gratia, Gilberto Freyre.

Eu te amo por celha
Poema de Júlio Cortázar
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana

Te amo por sobrancelha, por cabelo,
te debato em corredores
branquíssimos
onde se jogam as fontes da luz,
te discuto em cada nome,
te arranco com delicadeza de cicatriz,
vou pondo no teu cabelo cinzas de relâmpago
e fitas
que dormiam na chuva.

Não quero que tenhas uma forma,
que sejas precisamente
o que vem por trás de tua mão,
porque a água, considera a água,
e os leões quando
se dissolvem no açúcar da fábula,
e os gestos, essa arquitetura da nada,
acendendo suas lâmpadas na metade do encontro.

Tudo amanhã é o quadro-negro onde te invento
e te desenho,
cedo a te apagar, assim não és,
nem também não com esse cabelo
escorrido, esse sorriso.

Procuro tua soma, a borda da copa
onde o vinho é também a lua e o espelho,
procuro essa linha que faz tremer a um homem
numa galeria de museu.

Ademais te quero, e faz tempo e frio.

O encobridor
Poema de Julio Cortázar
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana

Esse que sai de seu país porque tem medo,
não sabe de que,
medo do queijo com rato,
da corda entre os loucos,
da espuma na sopa.

Então quer se mudar como uma figurinha,
o cabelo que dantes se aramava
com gomalina e espelho o solta em cauda,
se abre a camisa, muda de costumes,
de vinho, de idioma.
se dá conta, infeliz, que vai atirando melhor,
e dorme à perna solta.
Até de estilo muda,
e tem amigos que não sabem sua história provinciana,
ridícula e caseira.

Às vezes se pergunta como pôde esperar
todo esse tempo
para sair do rio sem orlas,
dos pescoços garrote,
dos domingos, segundas-feiras, terças, quartas e quintas

A folhas um, se, mas cuidado:
um mesmo espelho é todos os espelhos,
e o passaporte diz que nasceste e que és
e cútis cor branca, nariz de dorso reto,
Buenos Aires, setembro.

Aparte que não esquece,
porque é arte de poucos,
o que quis,
essa sopa de estrelas e letras que infatigável comerá
em numerosas mesas de variados hotéis,
a mesma sopa, pobre tipo,
até que o pescadinho intercostal
fique a pé firme e diga basta.

A Pátria
Poema de Julio Cortázar
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana

Esta terra sobre os olhos,
este pano pegajoso, negro de estrelas impassíveis,
esta noite contínua, esta distância.
Te quero, país empurrado mais abaixo do mar, peixe pança acima,
pobre sombra de país, cheio de ventos,
de monumentos e espaventos,
de orgulho sem objeto, sujeito para assaltos,
cuspido ébrio inofensivo incomodando e sacudindo bandeirinhas,
repartindo rosetas na chuva, salpicando
de babugem e estupor campos de futebol e ringsides.

Pobres pretos

Te estás queimando a fogo lento, e onde o fogo,
onde quem come os asados e te atira os ossos.
Malandras, carteiras, senhores e proxenetas,
deputados, sandios de apelido composto,
gordas tecendo nos saguões, maestras normais, curas, escrivães,
centroforwards, levianos, Fangio sozinho, tenentes primeiros,
coronéis, gerais, marinhos, previdência, carnavais, bispos
danças bagualas, chamamés, malambos, mambos, tangos,
secretarias, subsecretarias, chefes, contra chefes, jogo de truque,
contraflor ao resto. E que caralho,
se a casinha era seu sonho, se o mataram em briga,
se você o vê, o prova e o leva.

Liquidação forçada, se arremata até o último.

Te quero, país arrojado à vereda, caixa de fósforos vazia,
te quero, tacho de lixo que se levam sobre um armão
envolvido na bandeira que nos legou Belgrano,
enquanto as velhas choram no velório, e anda o mate
com seu verde consolo, loteria do pobre,
e em cada andar há alguém que nasceu fazendo discursos
para algum outro que nasceu para os escutar e se pelar as mãos.

Pobres negros que juntam as vontades de ser brancos,
pobres alvos que vivem um carnaval de negros,
que totobola, irmãozinho, em Boedo, na Boca,
em Palermo e Barracas, nas pontes, afora,
nos ranchos que param o óxido da pampa,
nas casas branqueadas do silêncio do norte,
nas chapas de zinco onde o frio se esfrega,
na praça de Maio onde ronda a morte elegante de Mentira.

Te quero, país nu que sonha com um smoking,
vice-campeão do mundo em qualquer coisa, no que saia,
terceira posição, energia nuclear, justicialismo, vacas,
tango, coragem, punhos, viveza e elegância.
Tão triste no mais fundo do grito, tão golpeado
no melhor da farra, tão vistoso à hora da autópsia.
Mas quero-te, país de varro, e outros te querem, e algo
sairá deste sentir. Hoje é distância, fuga,
não te metás, que vachaché, lhe dá que vai, paciência.
A terra entre os dedos, o lixo nos olhos,
ser argentino é estar triste,
ser argentino é estar longe.
E não dizer: amanhã,
porque já basta com ser frouxo agora.

Cobrindo-me a cara
(o poncho te deixo, folclorista infeliz)
me lembro duma estrela em pleno campo,
me lembro dum amanhecer de puna,
de Tilcara de tarde, de Paraná fragrante,
de Tupungato arisca, de um voo de flamingos
queimando um horizonte de banhados.
Te quero, país, lenço sujo, com tuas ruas
cobertas de cartazes peronistas, te quero-
sem esperança e sem perdão, sem volta e sem direito,
somente que de longe e amargurado e de noite.

De manera indirecta oí decir al autor que, tiempo después de terminar Rayuela, intuyó, creyó, vio, supo y aceptó, como precedente el cuento sobre el saxofonista Charlie Parker, titulado ‘El perseguidor’. Muchos de los elementos utilizados en el cuento sirvieron luego para la elaborar Rayuela. Johnny Carter, nombre del músico en el cuento, fue acaso el germen del personaje Oliveira. Conozco, por propia experiencia, ese proceso creativo de echar mano, de modo más o menos consciente, de lo aprendido en la escritura anterior. Además, está el juego, del todo voluntario, de evolucionar a los personajes que nacieron antes en otros textos. La escritura es un acto progresivo y lo es en todos los sentidos. Gracias a eso, lo posterior mejora lo anterior. No siempre, lo sé. Pero en Cortázar, su exigencia de cohesión, esa forma personal de entender el objeto de la escritura en cada escrito, le llevaban, aunque con algún esfuerzo, a ascender, a progresar al margen del resto. Pretendía Cortázar activar al lector. En ese activar, estaba el hecho insólito de encargarle concebir el argumento de la novela, un argumento individual, que en cada lector podía ser distinto.

 

 

 

Rubén Darío

Hijo de Manuel García y Rosa Sarmiento, Félix Rubén García Sarmiento, nació en San Pedro de Metapa, Nicaragua, hoy Ciudad Darío, el día 18 de enero de 1867. Murió en León, Nicaragua, el 6 de febrero de 1916.
Rubén Darío, hijo de América y nieto de España. Fue en segundo curso de bachillerato, doce años yo, cuando estudié a Rubén Darío. El libro de literatura de Editorial Bruño, editora perteneciente a la congregación de frailes del colegio, llevaba, agradeciéndolo yo tanto… unas lecturas detrás de las lecciones, a modo de explicación. En las velas, llamaban así a nuestros estudios de internos al margen de las clases lectivas: noche y madrugada. En ellas no hubo para mí deberes que hacer, solo hubo lecturas. Aprendí de memoria y recitaba poemas sonoros, marciales, como ‘Caupolicán’ y ‘La marcha triunfal’.
Era una época de exaltación de la hispanidad, la raza decía el mundo oficial. Fue más tarde, ya estudiante en Madrid, diecisiete años, pensión de doña Amparo, cuando cambiaba en la librería de ‘la Felipa’, calle de Libreros, los libros de texto por libros de poesía y relatos. Entonces conocí a Darío a fondo, a Neruda a fondo, a Juan Ramón en profundidad. Luego cambié de pensión y fui a la calle del Prado, frente al Ateneo de Madrid. Me hice socio de la institución y ya fue todo lectura: poesía y prosa, novela; los rusos, los franceses, los portugueses, los americanos. Sin distinguir escuelas ni tendencias, escritura en evolución perpetua, literatura siempre en presente.
Escogí el poema Anagke para traducir al portugués, justamente por lo que produce al autor acusaciones de blasfemo. Ocho de esos diez versos últimos, clave y cierre de todo, sorpresa final que Rubén coloca con prisa, encargando la transición a dos versos, esos que nacen cuando de improviso interviene el gavilán, con la rapidez y destreza del ave de rapiña.

ANAGKE
Poema de Rubén Darío
Tradução: Pedro Sevylla de Juana

E a pomba disse:
—Eu sou feliz. Sob o imenso céu,
na árvore em flor, junto à maçã
cheia de mel, junto do broto suave
e úmido pelas gotas de orvalho,
tenho o meu lar. E voo
com meus anseios de ave,
da amada árvore minha
até a mata distante,
quando, o hino jucundo
do despertar de Oriente,
sai a alba nua e mostra ao mundo
o pudor da luz sobre sua frente.

Minha asa é branca e sedosa;
a luz a doura e banha
e zéfiro a penteia.
Meus pés são como pétalas de rosa.
sou a doce rainha
que arrulha seu pombo na montanha.
No profundo da pitoresca mata
está o larício onde formei meu ninho;
e tenho lá, sob a folhagem fresca
um pombinho ímpar, recém-nascido.

Sou a promessa voadora,
o juramento vivo;
sou quem leva a memória da amada
para o namorado pensativo;
eu sou a mensageira
dos tristes e ardentes sonhadores,
que vai voltear dizendo amores
junto à perfumada cabeleira.

Sou o lírio do vento.
sob o azul do profundo firmamento
mostro do meu tesouro belo e rico
as joias e galas;
o arrulho no bico,
a carícia nas asas.
Eu desperto os pássaros faladores
e entoam os seus melódicos cantares;
me posso nos floridos limoeiros
e derramo uma chuva dessas flores.
Eu sou toda inocente, toda pura.
Eu me engrandeço nas asas do desejo,
e tremo na íntima ternura
dum contato, dum rumor, dum adejo.

Oh imenso azul! Eu te amo. Porque a Flora
dás a chuva e o sol sempre incendido;
porque sendo o palácio da Aurora,
também és o telhado de meu ninho.
Oh imenso azul! Eu adoro
as tuas celagens risonhas,
e essa névoa sutil de pó de ouro
onde vão os perfumes e os sonhos.

Amo os véus, tênues, inquietos,
das flutuantes brumas,
onde tendo aos ares carinhosos
o leque de seda de as penas.
Sou feliz! Porque é minha a floresta
onde os mistérios dos ninhos se acham;
porque a alvorada é minha festa
e o amor meu exercício e a batalha.
Feliz, porque de doces anseios plena
aquecer os meus pombinhos é meu orgulho;
porque nas selvas virgens ressona
a música celeste de meu arrulho;
porque não há uma rosa que não me ame,
nem pássaro gentil que não me escute,
nem garrido cantor que não me chame.

—Sim? disse então um gavião infame,
e com furor a introduziu no bucho.
Então o Deus bom, lá no seu trono
(Entretanto Satanás, para distrair o seu rancor
aplaudia aquele pássaro intratável)
se pôs a meditar. Enrugou o cenho,
e pensou, ao analisar a suas convicções,
e recorrer os pontos e as comas,
que quando criou as pombas
não deveu ter criado gaviões.

 

 

Carlos Drummond de Andrade

Nacido en Itabira, Minas Gerais, el 31 de octubre del año 1902, murió en Rio de Janeiro el 17 de agosto de 1987. Poeta y narrador, figura entre los grandes líricos brasileños del siglo XX. Su libro Alguma poesia dio inicio a la renovación del movimiento modernista en su país. A pesar de graduarse de farmacéutico, se ganó la vida como periodista y funcionario público. En 1925 fundó con otros escritores ‘A Revista’, alrededor de la cual se formó el núcleo modernista de Minas Gerais. En esos años entró en contacto con los líderes del movimiento en São Paulo, los escritores Mário de Andrade y Oswald de Andrade y la pintora Tarsila do Amaral. Como alto funcionario del Ministerio de Instrucción Pública, en 1934 se trasladó a Río de Janeiro, donde continuó su actividad periodística, colaborando desde 1954 en el Correio da Manha y, a partir de 1969, en el Jornal do Brasil.
La traducción para mí es traslación, es tomar un relato o un poema: prefiero la poesía porque es más dúctil, más maleable y, quizá, más dificultosa. Es tomar un texto para trasladarlo a otra casa con todas las pertenencias. Me siento obligado a acomodarlo: habitaciones nuevas, nuevo salón, jardín recién conquistado. Espero haber tomado en mi mente lo más de lo que Drummond de Andrade quiso decir y sugerir en La Máquina do Mundo. Espero haberlo trasladado sin romper ninguna pieza, ni el jarrón de Sévres ni el hombrecillo de los gansos, adorno de terracota que rompió el autor niño. Espero haberlo colocado como él lo hubiera querido, porque todo en la nueva casa es distinto queriendo ser lo mismo. Esa esperanza se vio oscurecida a intervalos, según relata el poema que escribí sobre el proceso llevado a cabo, antes de dar con el quid de la cuestión:

Trabalhos do tradutor
Pedro Sevylla de Juana

Tinha trazido ao castelhano
desde o idioma português vários centos
de poemas, filhos de muito diferentes
bardos;
por isso me atrevi com um dos grandes:
Carlos Drummond
de Andrade e seu audaz
e celebrado
‘A Máquina do Mundo’;
pilar do Modernismo neste
Brasil
de meus desvelos.

“…se foi miudamente recompondo,
enquanto eu, avaliando o que perdera,
seguia vagaroso, de mão pensas.”

Cheguei ao ponto morto,
certamente,
na postrema estrofe, pedra angular
e fechamento do poema.
Mas stricto sensu
a dificuldade,
insuperável então,
de mão pensas
premeditada falta de concordância do autor
estava nas três palavras
últimas.

“Y como mis pies palparan suavemente
una carretera de Minas, empedrada,
y en la aldaba de la tarde una campana ronca…”

Me animou o princípio, o confesso,
e me crendo
capaz de o traduzir inteiro
continuei carregado
de otimismo contagioso:

“…la máquina del mundo se entreabrió
para quien de romperla ya se arrepentía
y solo por haberlo imaginado lagrimaba.”

Pressentia a minha imodéstia
algum inconveniente
dos considerados menores.
Nada y nadie iban a suponer obstáculo bastante
para que, mi fuerza expresiva, expresara
-raíz y tallo nutriéndose, armonía encadenada-
lo mucho que mi inteligencia compartía.

“Arrancó suntuosa y reservada,
sin emitir un sonido considerado impuro
ni un resplandor mayor que el soportable…”

Progresivos
sonido y movimiento, amanecían
martes y miércoles unidos,
jueves y viernes de la mano
y yo me las prometía
tan felices.
Desconhecendo ainda
o que agora sei, minha intuição
apagava: Se abrió, para escrever
em seu lugar: Arrancó:
palavra-chave.

“…esa exégesis integral de la vida
ese vínculo inicial y único
que no llegas a interpretar pues tan arisco…”

Filosofía, metafísica, teosofía, naturalismo,
sociología, sicología: entiendo al hombre
en su conjunto y en las partes:
homo homini lupus; amor, primera fuerza
metafórica:
estoy bien preparado:
me dije: exégesis sin duda tiene ahí su hueco.
¿Sé adonde voy?: Creo conocer el sendero.

“…y la gloria de los dioses y el imponente
sentimiento de muerte, que florece,
en el mástil de la existencia más gloriosa…”

Exultante estava e convencido
de minhas instáveis reservas, ente eu
que se autoalimenta
alimentando a própria dúvida;
já, sexta-feira dia nove,
pouco antes
das duas da manhã,
desconhecendo que numa noite de insônia
posterior,
o labirinto de mão pensas
pensando e repensando
me ia mostrar sua saída.

“…como olvidados credos requeridos
pronto y vibrantes no se dispusieran
a colorear de nuevo la cara neutra…”

Presto y fremente:
pronto y vibrantes: pluralizo;
mas mão pensas segue martelando a minha cabeça
porque perguntado o discernimento,
temporalmente viageiro, não
me pode fechar uma mão,
nem o dicionário Priberam, sempre tão
atento a minhas necessidades;
recorro a Mario
também Andrade de apelido,
a suas cartas cruzadas com Carlos,
e não está nelas a saída.

Al sentido común voy, último recurso,
y de su respuesta rauda y precavida,
minucioso análisis de las palabras,
infiero una posición de duda sobre la fiabilidad
del texto de partida.
Incorporo la incertidumbre a las posibles soluciones;
y decido escribir: “olvidados credos requeridos”
como versión del verso al que,
por el momento, llego.

“…pasara a dirigir mi voluntad
que, ya de por sí inestable, se cerraba
semejante a esas flores indecisas…”

Descobria admirável o nexo literário,
o ritmo, a paixão,
a veemência sujeitada; mas na amanhecida
me intrigava mais ainda
o sentido exato que o poeta
quis dar às indômitas palavras
de mão pensas, sua concreção abstrata.

Me encontraba en punto muerto
esperando una resurrección imposible
o un entierro profiláctico, cuando
la primera luz de la alborada, en otra noche,
avivó mi mente trasladándome,
infante, a mi pueblo;
época agitada do traçado
dessa breve estrada que vai de Valdepero
a Valdeolmillos:
povos limítrofes separados pelos montes
de azinheiras.

Allí el burrero y su reata de asnos,
serones repletos de rocas;
allí los pedreros, que
con sus martillos largos
machacaban peñas, alisando;
allí los peones con sus paladas de tierra,
allí la máquina aplanadora,
apisonadora por buen nombre:
férreo cilindro macizo la rueda delantera
destinada a compactar el suelo,
transformando
tierra y piedra sueltas
en calzada resistente.
Isso era, aí estava o quid.

Esclarecido e esclarecedor
compreendi que podia retirar da engrenagem o pau
na tradução de «A Máquina do Mundo».

La acompasada voz silente de la cachazuda máquina,
vino a mí: atrás y adelante, adelante y atrás,
guiada por un operario experimentado,
sutil e inteligente, haciéndose preguntas y respuestas,
iluminado en la noche
por un fanal sereno,
y en los descansos muchos
bajaba a tierra para palpar con el pie el empedrado
o apoyaba, pensativo, en el timón
los brazos cruzados, las manos sobrepuestas,
observando los trajines de los demás oficios
desarrollados a sus pies.

Ainda habitava eu a dúvida, quando Carlos Machado,
poeta difusor de poetas, grande pesquisador
de Drummond
com firme conhecimento de causa,
me enviou o carinhoso e esclarecedor aviso:
“Essa falta de concordância não existe:”
as edições certas incluem o “s” de mãos.

Assim que eu havia sofrido sem ração verdadeira
porque nesse verso postreiro
Drummond escreveu
inequivocamente:
seguia vagaroso, de mãos pensas.

Saturados de murmullos: “hálito, eco
o simple sacudida”, mis oídos internos,
lleno yo de un vigor intuitivo
destinado a seguir vertiendo
al castellano
esas “verdades más altas que tantos
monumentos erigidos a la verdad;”
esclarecido o mistério das três robustas palavras,
últimas do vibrante poema,
adotei a decisão de o terminár assim:
“…poco a poco se fue recomponiendo,
mientras yo, valorando lo perdido,
permanecía indolente, mano sobre mano.”

La Máquina del Mundo
Poema de Carlos Drummond de Andrade/
Traducción de Pedro Sevylla de Juana

Y como mis pies palparan suavemente
una carretera de Minas, empedrada,
y en la aldaba de la tarde una campana ronca

se mezclara con el murmullo de mis zapatos,
pausado y áspero; y aves flotasen
en el cielo de plomo, y sus formas negras

lentamente se fueran diluyendo
en la crecida oscuridad, bajada de los montes
y de mi propio interior decepcionado,

la máquina del mundo se entreabrió
para quien de romperla ya se arrepentía
y solo por haberlo imaginado lagrimaba.

Arrancó suntuosa y reservada,
sin emitir un sonido considerado impuro
ni un resplandor mayor que el soportable

por las pupilas gastadas en la observación
constante y dolorosa del desierto,
y por la mente rendida al registrar

toda una realidad que excede
su propia imagen esbozada
en el rostro del misterio, en los abismos.

Se abrió en inocente quietud, e invitando
a cuantos sentidos y presentimientos conservaba
quien de haberlos usado ya los perdiera

y no deseara recobrarlos,
si en vano y eternamente repetimos
los mismos periplos tristemente desorientados,

invitándolos a todos, en tropel,
a habituarse a los desconocidos nutrientes
de la naturaleza mítica de las cosas,

así me dijo, empero, cierta voz
hálito, eco o simple sacudida
atestiguando que alguien, sobre la montaña,

a otro alguien, noctívago y desventurado,
en conversa se estaba dirigiendo:
«Lo que indagaste en ti o fuera de

tu pequeñez y nunca se mostró,
incluso aparentando darse o rindiéndose,
y encogiéndose más a cada instante,

mira, observa, reconoce: esa abundancia
excedente en toda perla, esa ciencia
sublime y tremenda, pero impenetrable,

esa exégesis integral de la vida,
ese vínculo inicial y único,
que no llegas a interpretar, pues tan arisco

se reveló ante la vehemente investigación
en que te desgastaste… percibe, considera,
abre tu pecho para hospedarlo».

Los más soberbios puentes y edificios,
lo que en los talleres se da forma,
lo que discurrido fue y, seguidamente, alcanza

distancia superior al pensamiento,
los recursos de la tierra sometidos,
y las pasiones y los impulsos y los suplicios

y todo lo que explica al ser terreno
o se prolonga hasta en los animales
y llega a las plantas para filtrarse

en el sueño resentido de los minerales,
rota al mundo y vuelve a abismarse
en la insólita disposición geométrica de todo,

y el absurdo primigenio y sus enigmas,
sus verdades más altas que tantos
monumentos erigidos a la verdad;

y la gloria de los dioses, y el imponente
sentimiento de muerte, que florece
en el mástil de la existencia más gloriosa,

todo se manifestó en ese destello
y me reclamó para su reino soberano,
sometido por último a la visión humana.

Pero, como yo me resistiera a responder
a solicitud tan prodigiosa,
pues la fe se adormecía igual que el ansia,

la esperanza más exigua — esa aspiración
de ver desvanecida la densa obscuridad
que entre los rayos del sol aún se filtra;

como olvidados credos requeridos
pronto y vibrantes no se dispusieran
a colorear de nuevo la cara neutra

que voy por los caminos mostrando,
y como si otro ser, distinto de aquel
habitante de mí hace tantos años,

pasara a dirigir mi voluntad
que, ya de por sí inestable, se cerraba
semejante a esas flores indecisas

en sí mismas abiertas y cerradas;
como si un don tardío ya no fuera
deseable, antes bien desdeñando,

bajé los ojos, negligente, distendido,
rehusando aceptar la cosa ofrecida
que se abría gratuita a mi intelecto.

La sombra más tupida ya descansara
sobre la carretera de Minas, empedrada,
y la máquina del mundo, rebatida,

poco a poco se fue recomponiendo,
mientras yo, valorando lo perdido,
permanecía indolente, mano sobre mano.

 

 

 

Alonso de Ercilla y Zúñiga,

Nacido, posiblemente, en Madrid, el 7 de agosto de 1533, de padres de Bermeo, Fortún García de Ercilla y Leonor de Zúñiga. Muerto, acaso, en Madrid y enterrado en Ocaña el 29 de noviembre de 1594.
Castilla bajel movido por el azar y la necesidad, el doce de octubre de 1492, se topa con América, nao anclada en medio de la mar océana. Del puente de mando surge con fuerza un grito miles de veces escuchado: ¡Al abordaje! Unos años después, na tarde de vinte e dois de abril de 1500, se incorpora Portugal. Azar y necesidad, temor y esperanza; entre los viajes de ambas coronas se da un gran paralelismo, que solo es un paralelismo más de la unidad disgregada. Con recursos, naves, hombres y conocimientos, cuentan ambos pueblos ibéricos, únicos capaces de realizar la gran proeza de aquel tiempo: abrir una nueva ruta hacia las Indias tras la seda y las especias. Hay dos fenómenos que empañan el hecho de la llegada y conquista de América por ambos países europeos; la esclavitud y la atrocidad de la muerte de indígenas y, en general, de esclavos.
Primera Parte de La Araucana de don Alonso de Ercilla y Zúñiga
Dice en el prólogo el autor: «Considerando ser la historia verdadera y de cosas de guerra, a las cuales hay tantos aficionados, me he resuelto en imprimirla, ayudando a ello las importunaciones de muchos testigos que en lo más dello se hallaron, y el agravio que algunos españoles recibirían quedando sus hazañas en perpetuo silencio, faltando quien las escriba, no por ser ellas pequeñas, pero porque la tierra es tan remota y apartada y la postrera que los españoles han pisado por la parte del Pirú, que no se puede tener della casi noticia, y por el mal aparejo y poco tiempo que para escribir hay con la ocupación de la guerra, que no da lugar a ello; y así, el que pude hurtar, le gasté en este libro, el cual, porque fuese más cierto y verdadero, se hizo en la misma guerra y en los mismos pasos y sitios, escribiendo muchas veces en cuero por falta de papel, y en pedazos de cartas, algunos tan pequeños que apenas cabían seis versos, que no me costó después poco trabajo juntarlos; y por esto y por la humildad con que va la obra, como criada en tan pobres pañales, acompañándola el celo y la intención con que se hizo, espero que será parte para poder sufrir quien la leyere las faltas que lleva».
Los guerreros no están solos en la batalla. Guacolda y Lautaro, Caupolicán y Fresia, son parejas legendarias de una realidad permanente. Toquis impulsados por sus mujeres. Traduzco estos versos pertenecientes al Canto X de La Araucana, por reflejar la actitud beligerante femenina, porque la acción de las mujeres ayudando o supliendo a los hombres cuando los hombres ya no pueden más, se ha producido en muchas situaciones. No solo por eso lo traduzco, sino también por destacar los alegres gestos posteriores, cuando la tensión combativa se relaja y la broma sucede a la carnicería:

Fragmento del Canto X de La Araucana
Poema épico de Alonso de Ercilla y Zúñiga
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

Estas mulheres, digo, que estiveram
num monte escondidas esperando
da batalha o fim, e quando creram
que ia de revés o castelhano bando,
ferindo o céu aos gritos desceram,
o mulheril temor de si lançando;
e de alheio valor e esforço armadas,
tomam dos já morridos as espadas.

E a voltas do estrondo e multitude
também na vitória embevecidas,
de medrosas e macias de costume
se voltam temerárias homicidas;
Não sentem nem lhes dava pesadume
os peitos ao correr, nem as crescidas
barrigas de oito meses ocupadas,
que correm melhor quanto mais grávidas.

Se chamava infelice a postreira,
e com rogos ao céu se volvia,
porque a tal conjuntura na carreira
mover mais presto o passo não podia.
Se as mulheres vão desta maneira,
a bárbara canalha qual iria?
De aqui teve princípio nesta terra
vir também as mulheres à guerra

Vêm acompanhando a seus maridos,
e no duvidoso transe estão paradas;
mas se os contrários são vencidos,
saem a persegui-los esforçadas;
provam a fraca força nos rendidos
e se cortam neles suas espadas,
fazendo os morrer de mil maneiras,
que a mulher cruel o é deveras.

Assim aos nossos esta vez varreram
até onde o alcance tinha cessado,
e desde ali a volta ao povo deram
já dos inimigos saqueado.
Que quando fazer mais dano não puderam,
subindo nos cavalos que no prado
soltos sem ordem e governo andavam,
a seus donos por jogo remedavam.

Quem faz que combate e quem fugia,
e quem depois do que foge vai correndo;
quem finge que está morrido e se tendia,
quem correr tentava não podendo.
A gente alegre assim se divertia,
o trabalho importuno desprendendo,
até que o sol riscava os outeiros,
que o General chegou e os mais soldados

Las personas se acomodan a los cambios, y en ellos toman costumbres nuevas. En la guerra, terminado lo más feroz del combate, «a gente alegre assín se divertia». Es humano el gesto, pero no deja de sorprender.

DON ALONSO DE ERCILLA Capítulo VIII del Ensayo sobre la poesía épica, escrito por Voltaire.
Traducido del francés por Pedro Sevylla de Juana.
Al final del decimosexto siglo, España produjo un poema épico célebre por algunas bellezas particulares, destacables, tanto por la particularidad del asunto, como por el carácter del autor. Don Alonso de Ercilla y Zúñiga gentilhombre de cámara del emperador Maximiliano II, fue educado en el palacio de Felipe II, y combatió la batalla de San Quintín, dónde los franceses fueron derrotados. Felipe, ausente de la batalla, menos preocupado por la gloria exterior que por sus asuntos internos, lo mandó regresar a España. El joven Alonso, movido por una insaciable avidez del saber verdadero, es decir de conocer a los hombres y ver mundo, viajó por toda Francia, recorrió Italia y Alemania y permaneció mucho tiempo en Inglaterra.
Mientras estaba en Londres, supo que algunas provincias de Perú y Chile se habían alzado en armas contra la Metrópoli. Diré, al hilo, que esta tentativa de las colonias de recobrar su libertad, es considerada como rebelión por los autores españoles. Su deseo de gloria y de ser testigo y protagonista de gestas singulares, le llevó a esos países del Nuevo Mundo. Llegó a Chile encabezando algunas tropas y permaneció allí durante toda la guerra.
En la frontera sur de Chile, hay una pequeña comarca montañosa nombrada Araucana, habitada por una raza de hombres más robustos y más feroces que todos los demás pueblos de América: combatieron ellos en defensa de su libertad con más coraje y más tiempo que otros, y fueron los últimos que los españoles sometieron. Alonso sostuvo contra ellos una guerra penosa y larga, corrió peligros extremos, vio y participó en las acciones más asombrosas, recibiendo como única recompensa el honor de conquistar unos peñascos y de reducir algunas comarcas incultas a la obediencia del rey de España.
Durante esta guerra, Alonso tuvo la intención de inmortalizar a sus enemigos inmortalizándose él. Fue al mismo tiempo el conquistador y el poeta: empleó los intervalos de ocio que la guerra le dejaba, en cantar los acontecimientos; y careciendo de papel, escribió la primera parte de su poema sobre pequeños pedazos de cuero, que luego le costó arreglar. El poema se llama Araucana, del nombre de la comarca. Comienza con una descripción geográfica de Chile, y una pintura de las costumbres y de las tradiciones de los habitantes. Este inicio sería insoportable en otro poema, pero aquí es necesario y no desagrada porque la acción sucede lejos, los héroes son salvajes y no los conoceríamos de no haberlos conquistado y destacado. El argumento, que era nuevo, originó pensamientos nuevos. Mostraré uno al lector, simple chispa del precioso fuego que encendía a veces al autor.
Los Araucanos, dice, se asombraron al ver criaturas semejantes a hombres, llevando fuego en sus manos, subidos sobre monstruos que combatían bajo ellos. Los tomaron primero por dioses bajados del cielo, armados del trueno, llevando con ellos la destrucción. Entonces se sometieron a duras penas. Pero enseguida, al familiarizarse con los conquistadores, fueron conociendo sus pasiones y vicios, y comprendieron que eran hombres. Entonces, avergonzados de haber sucumbido ante mortales como ellos, juraron lavar con sangre su error, vengándose, de quienes lo habían producido, de manera ejemplar, terrible e inolvidable.
Tiene sentido dar a conocer aquí una parte del segundo canto, cuyo asunto se parece mucho al inicio de la Ilíada. Pues habiendo sido tratado de manera diferente, merece ser puesto ante los ojos de los lectores, para que sean ellos quienes juzguen con imparcialidad. La primera acción de la Araucana es una disputa surgida entre los jefes de los Bárbaros; como en Homero, sucede entre Aquiles y Agamenón. La disputa no se produce por una cautiva; sino por el mando del ejército. Cada uno de esos salvajes generales alaba su mérito y sus hazañas; la disputa llega a encenderse de tal modo, que casi llegan a las manos. Entonces uno de los caciques, nombrado Colocolo, tan viejo como Néstor, pero menos dispuesto en su favor que el héroe griego, hace la arenga siguiente:

«Caciques del Estado defensores,
codicia del mandar no me convida
a pesarme de veros pretensores
de cosa que a mí tanto era debida,
porque, según mi edad, ya veis, señores,
que estoy al otro mundo de partida;
mas el amor que siempre os he mostrado
a bien aconsejaros me ha incitado.

«¿Por qué cargos honrosos pretendemos,
y en ser en opinión grande tenidos,
pues que negar al mundo no podemos
haber sido sujetos y vencidos?
Y en esto averiguarnos nos queremos,
estando aun de españoles oprimidos;
mejor fuera esta furia ejecutalla
contra el fiero enemigo en la batalla.

«¿Qué furor es el vuestro, ¡oh araucanos!,
que ha perdición os lleva sin sentillo?
¿Contra vuestras entrañas tenéis manos,
y no contra el tirano en resistillo?
¿Teniendo tan a golpe los cristianos,
volvéis contra vosotros el cuchillo?
Si gana de morir os ha movido,
no sea en tan bajo estado y abatido.

«Volved las armas y ánimo furioso
a los pechos de aquellos que os han puesto
en dura sujeción, con afrentoso
partido, a todo el mundo manifiesto:
lanzad de vos el yugo vergonzoso;
mostrad vuestro valor y fuerza en esto:
no derraméis la sangre del Estado
que para redimir nos ha quedado.

«No me pesa de ver la lozanía
de vuestro corazón, antes me esfuerza;
mas temo que esta vuestra valentía
por mal gobierno el buen camino tuerza;
que, vuelta entre nosotros la porfía,
degolléis nuestra patria con su fuerza:
cortad, pues, sí ha de ser de esa manera,
esa vieja garganta la primera.

«Que esta flaca persona, atormentada
de golpes de fortuna, no procura
sino el agudo filo de una espada,
pues no la acaba tanta desventura.
Aquella vida es bien afortunada,
que la temprana muerte la asegura;
pero, a nuestro bien público atendiendo,
quiero decir en esto lo que entiendo.

«Pares sois en valor y fortaleza;
el cielo os igualó en el nacimiento;
de linaje, de estado y de riqueza,
hizo a todos igual repartimiento;
y en singular por ánimo y grandeza
podéis tener del mundo el regimiento;
que este precioso don, no agradecido,
nos ha al presente, término traído.

«En la virtud de vuestro brazo espero
que puede en breve tiempo remediarse;
mas ha de haber un capitán primero,
que todos por él quieran gobernarse,
este será quien más un gran madero
sustentare en el hombro sin pararse;
y pues que sois iguales en la suerte,
procure cada cual ser el más fuerte».

El anciano propone entonces un ejercicio digno de una nación bárbara: llevar una viga gruesa, y entregar el honor del mando a quién soporte el peso durante más tiempo. Siendo la mejor manera de perfeccionar nuestro criterio, comparar simultáneamente cosas de la misma naturaleza, oponed el discurso de Néstor al de Colocolo; y renunciando a la adoración que nuestros espíritus, justamente preocupados, sienten por el gran nombre de Homero, sopesad ambas arengas con el equilibrio de la equidad y de la razón. Después de que Aquiles, instruido e inspirado por Minerva, diosa de la sabiduría, diera a Agamenón los nombres de borracho y de perro, el sabio Néstor se levanta para tranquilizar los espíritus irritados de estos dos héroes, y habla así: ¿Qué satisfacción sentirán los troyanos cuando oigan comentar vuestras discordias? Su juventud debe respetar mis años y someterse a mis juicios.
He conocido en ocasiones héroes superiores a vosotros. No, mis ojos jamás verán hombres semejantes al invencible Pirítoo, al bravo Céneas, al divino Teseo, etc… Estuve en la guerra con ellos y, aunque era joven, mi elocuencia persuasiva tenía poder sobre sus espíritus. Oyeron a Néstor, jóvenes guerreros, escuchen pues los consejos que les da mi vejez. Atrida, no debes quedarte con el esclavo de Aquiles; hijo de Thetis, no debes tratar con altanería al jefe del ejército. Aquiles es el más grande, el más corajudo de los guerreros; Agamenón es el más grande de los reyes, etc. La arenga resultó infructuosa: Agamenón alabó su elocuencia, pero despreció su consejo.
Considerad, por una parte, la pericia con la que el bárbaro Colocolo se adentra en el espíritu de los caciques, la dulzura respetable con la que calma su animosidad, la ternura majestuosa de sus palabras. Cuánto amor al país lo mueve, cuántos sentimientos de la verdadera gloria penetran en su corazón; con qué prudencia alaba su coraje reprimiendo su furor, con qué arte deja de considerar a uno de ellos superior a los demás. Es un jefe, un panegirista hábil; también ellos se someten a sus razones, confesando la fuerza de su elocuencia, no con alabanzas vanas, sino con la obediencia inmediata.
Que se juzgue, por otra parte, si Néstor es tan sabio al elogiar su propia sabiduría; si ese es un medio seguro de atraer la atención de los príncipes griegos, o de desmerecerlos y de situarlos por debajo de sus antepasados; si la asamblea puede querer decirle sin disgusto a Néstor que Aquiles es el más corajudo de los jefes presentes. Después de haber comparado el parloteo presuntuoso y descortés de Néstor, con el discurso modesto y mesurado de Colocolo, la odiosa diferencia que pone entre el rango de Agamenón y el mérito de Aquiles, con ese reparto equilibrado de grandeza y de coraje otorgada con arte a todos los caciques, que el lector se pronuncie; y si hay un general en el mundo que sufra de buena gana que se prefiera a un inferior por la valentía, si hay una asamblea que pueda soportar impávida que un arengador, hablándoles con desprecio, alabe a sus predecesores a su costa, entonces Homero podrá ser preferido a Alonso en este caso concreto.
Es verdad que, si Alonso está en este episodio por encima de Homero, está en todo el resto por debajo del menor de los poetas. Nos sorprende verlo caer tan bajo, después de haber volado por encima de lo más alto. Hay sin duda mucho fuego en sus batallas, pero ninguna invención, ningún plan que proporcione variedad a las descripciones, punto de confluencia de la unidad de propósito. Este poema es más salvaje que las naciones que lo inspiran. Hacia el fin de la obra, el autor, que es uno de los principales héroes del poema, emprende durante la noche una marcha larga y fastidiosa, seguido por algunos soldados y, para pasar el tiempo, inicia entre ellos una disputa que tiene por objeto a Virgilio; esencialmente el episodio de Dido. Alonso aprovecha esta ocasión para distraer a sus soldados con la muerte de Dido, tal como la tratan los antiguos historiadores y, con el fin de desmentir mejor a Virgilio, y restituir a la reina de Cartago su reputación, se divierte debatiendo sobre ello durante dos cantos enteros.
No es, por otra parte, un defecto menor de su poema, el de estar formado por treinta y seis cantos muy largos. Se puede suponer con razón de un autor que no sabe o no puede detenerse, que no es adecuado para desarrollar ese oficio. Tan gran número de defectos, no impidió al célebre Miguel de Cervantes, decir que Araucana puede ser comparado con los mejores poemas de Italia. El amor ciego a la patria le dictó sin duda este falso juicio al autor español. El patriotismo verdadero y sólido consiste en procurar el bien de la patria, contribuyendo a su libertad tanto como nos sea posible; pero discutir solamente sobre los autores de nuestra nación, jactarnos de contar entre nosotros con mejores poetas que nuestros vecinos, es más bien un amor propio necio que amor a nuestro país.
VOLTAIRE, en Essai Sur la Poesie Epique, Don Alonso de Ercilla, Capítulo VIII. Tomo 10. 1834

Advertencia de Beuchot,
traducida del francés por Pedro Sevylla de Juana
«Este ensayo sobre la Poesía Épica, de la que el ensayo sobre las Guerras Civiles debía formar parte, fue compuesto por Voltaire para servir de introducción a su Henriade. El autor lo escribió y lo dio a la imprenta en inglés, se lo mandó traducir al francés al abad Desfontaines, quien cometió un buen número de erratas; de las que Voltaire se quejó en repetidas ocasiones.
El abad Desfontaines pretendió no ser el autor de la traducción, pues se la atribuía al conde de Plélo; llegando a decir que Voltaire no escribió su libro en inglés, sino en francés y que después de haberlo traducido al inglés, se lo dio a corregir a su maestro de inglés. Voltaire no dejó sin réplica esas afirmaciones, que eran tardías, porque, en 1732, la traducción del ensayo, con el nombre del abad Desfontaines había sido imprimida después de la Henriade. La traducción del ensayo se imprimió en París con esta advertencia, también traducida del inglés». Adrien-Jean-Quentin Beuchot, Entre 1828 y 1840 reeditó las obras completas de Voltaire.

Lavrar Profundo
Poema e tradução Pedro Sevylla de Juana
A ti Alonso, filho de Madri ou de Bermeo
Ercilla e Zúñiga, ou de Valladolid talvez,
mas de Ibéria de certo;
quero te sinalar nestas letras,
graças a Fortuna, breves,
meu assombro pela separação que fazes
das noites vizinhas dos dias,
quando escreves em plena madrugada
“numa parte oculta e encoberta
tenho perto daqui minha gente armada”
uma tropa, sem dúvida, equipada e aguerrida,
disposta para o ataque na alvorada;
confessando Alonso ao papel secretos militares
que soldado és e escritor
a partes desiguais;
e não sei, o dou por ignorado,
se atuas para contar
ou contas para te obrigar a fazer o já contado.
Escritor eu que descreve o ocorrido
acrescentando o matiz, não depreciável,
da própria vontade,
dando por feitos de igual modo
desejos e realidades,
te direi que admiro o uso simultâneo
da pluma e da espada
brandindo a cada uma numa mão
ora a ação verdadeira e arriscada,
ora, prévio, seu impávido relato.
Lavrar rijo e profundo
para que a terra se areje e se oxigene,
e depois semear no devido tempo
esse grão cereal, umedecido
durante uma semana em Valdepero
com água do poço e pedra-lipes,
e eliminar assim doenças passadas e futuras
da semente repleta de esperança,
e que enche sua prenhez mais frutuosa
variedade antiga de grão
-coincido com Neruda em chamá-lo palavra–
pois já estava no princípio
do universo
adejando, adejando, adejando,
em vigorosa solidão, em abandono ativo.
E hoje, embora
temos convertido a palavra em sangue,
e a vamos transformando em luz,
sangue a intervalos cada dia mais longos
luz em espaços cada dia mais breves,
devemos recordar, no momento todo,
que sua capacidade
-palavra lenitivo, palavra espada-
segue sendo enorme, enorme, enorme;
enorme e apertada.
Quando, a porta europeia
em outro tempo
de par em par aberta,
amanhece hermeticamente fechada,
os necessitados do inteiro mundo,
expulsados pela fome e as guerras
de seu solo,
têm que assaltar as barreiras
de água, arame e fogo.
Nesta Europa da feroz economia,
os cinco elementos naturais
-incluo ao tempo neles-
se vão convertendo em bens comerciais,
a história se reescreve,
desenhando uma nova cartografia do futuro:
esse amanhã comum
diferente para cada um.
Relega Espanha a Ercilla
Madri o trata como a desconhecido
e aqui reivindico seu nome e sua vida
sua vida e sua obra literária;
pois se não alabo
o uso sanhudo da espada
o admiro enormemente porque diminuiu seu dano
usando com maestria a palavra.
Morreste Alonso e não sabes
por Fortuna
o que teu cadáver foi e veio
de aqui para lá inteiro ou separado;
ignoras que foste enterrado,
desenterrado e novamente enterrado
enterrado de novo, novamente;
ignoras que decapitado foste, e tua cabeça
viveu aventuras
que teu coração ignora e vice-versa
por Fortuna.

 

 

 

Lygia Fagundes Telles

Lygia de Azevedo Fagundes nació el día 19 de abril de 1918 en São Paulo. Era hija del abogado Duval Azebedo Fagundez y de la pianista Maria do Rosário Silva Jardim de Moura. Falleció el 3 de abril de 2022 en São Paulo. Plena de ilusión, entusiasmo y coraje, fue escritora de vocación profunda y excelente comunicadora oral. Recibió todos los premios literarios importantes relacionados con la lengua portuguesa. Un cuento de Lygia Fagundes Telles, leído con interés creciente hasta un final que rompe el encanto cerrando la intriga, descubre en su escritura un arroyo que va a dar a un río, a otro y a otro que ya llega al mar. El manantial originario, pronto arroyo inicial, es lo que empuja a los ríos sucesivos hasta esa agua grande, enorme, origen de la vida y su reguladora. Resulta imprescindible en el proceso, la lluvia copiosa o ausente según las temporadas y las condiciones creadas por la actuación humana, evaporación y pequeños diluvios. El cuento As formigas, me gustó lo suficiente como para traducirlo. Traducir, en cierto modo, es interpretar. Lygia deja la puerta abierta a la interpretación, tan frondoso es el árbol de sus cuentos. Traduje y avancé, fui adelante. Lo mismo hice con Herbarium, cuento más complejo a pesar de la aparente simplicidad de la trama. Escritura reinventada, sintaxis que tiene algo de pintura impresionista. Con frecuencia la forma se convierte en fondo: suma y sigue. El amor, punto de arranque y aceleración. Lo traduje también, aunque, a la hora de incluirlo, pensé que As formigas era más representativo de la autora.

Las hormigas
Cuento de Lygia Fagundes Telles
Traducción de Pedro Sevylla de Juana

Cuando mi prima y yo bajamos del taxi, ya era casi de noche. Nos quedamos quietas frente al viejo piso de ventanas ovaladas, como dos ojos tristes, uno de ellos vaciado de una pedrada. Bajé la maleta al suelo y apreté el brazo de mi prima.
—Es siniestro.
Ella me empujó hacia la puerta. ¿Teníamos otra posibilidad? Ninguna pensión de las cercanías ofrecía un precio mejor a dos pobres estudiantes, con permiso, además, para usar el hornillo en la habitación: la dueña nos dijo por teléfono que podíamos guisar comidas ligeras a condición de no provocar un incendio. Subimos la añosa escalera, oliendo a ese antiséptico de alquitrán de la marca creolina.
—Al menos no muestra indicios de ser barata –dijo mi prima.
La dueña era una vieja rechoncha, con peluca más negra que ala de cuervo. Vestía un descolorido pijama de seda japonesa y tenía las uñas en garra recubiertas por una corteza de esmalte rojo oscuro, descascarillado en las puntas sucias. Encendió un canutillo.
—¿Es usted quien estudia medicina? —preguntó soplando el humo en mi dirección.
—Estudio derecho. La de medicina es ella.
La mujer nos examinó con indiferencia. Debía de estar pensando en otra cosa cuando soltó una humarada tan densa que debí apartar la cara. La salita estaba oscura, atestada de muebles viejos, desiguales. En el sofá de paja perforada en el asiento, había dos cojines que parecían hechos con los restos de un antiguo vestido, bordados con cristalitos de azabache.
—Les voy a enseñar la habitación, queda en el ático –dijo ella en medio de un acceso de tos. Hizo una señal para que la siguiésemos.
—El inquilino anterior también estudiaba medicina, tenía un cajoncito de huesos que olvidó aquí, estaba siempre revolviendo en ellos. Mi prima se volvió:
—¿Un cajón de huesos?
La mujer no respondió, concentrada en el esfuerzo de subir la estrecha escalera de caracol que llegaba a la habitación. Encendió la luz. La habitación era mínima, abuhardillada con el techo en declive, tan acentuado, que en ese trecho tendríamos que entrar a gatas. Dos camas, dos armarios y una silla de paja dorada. En el ángulo donde el techo casi tocaba el suelo, había un cajón tapado con plástico. Mi prima soltó la maleta y, poniéndose de rodillas, sacó el cajón tirando del asa de cuerda. Levantó el plástico. Parecía fascinada.
– ¡Pero qué huesos tan pequeños! ¿Son de niño?
– Él dijo que eran de adulto. De un enano.
– ¿De un enano? Es más, cualquiera puede ver que ya están formados… Pero qué maravilla, es raro por demás un esqueleto de enano. Y tan limpio, míralo –se admiró ella. Tomó en la punta de los dedos un pequeño cráneo de una blancura de cal.
– ¡Tan perfecto, todos los dientecitos!
– Yo iba a arrojar todo a la basura, pero si a usted le interesa puede quedarse con él. El baño está aquí al lado, sólo para ustedes, tengo el mío abajo. El baño caliente es extra. El teléfono también. El desayuno de siete a nueve; dejo la mesa puesta en la cocina con la botella térmica, cierren bien el termo, recomendó rascándose la cabeza. La peluca se desplazó ligeramente. Soltó un resoplido final:
– Si dejan la puerta abierta mi gato se escapa.
Nos quedamos mirando y riendo mientras oíamos el golpeteo de sus zapatos de tacón en la escalera. Y la tos de acatarrada.
Vacié la maleta, colgué la blusa en una percha que introduje en un hueco de la veneciana, sujeté en la pared, con cinta adhesiva durex, un grabado de Grassman y senté mi osito de peluche sobre la almohada. Me quedé viendo a mi prima subir sobre la silla, desatornillar la lámpara pobrísima que colgaba de un hilo solitario en medio del techo y, en su lugar, atornillar una lámpara de doscientas velas que sacó de la bolsa. La habitación estaba más alegre. Un inconveniente: se podía apreciar que la ropa de cama no era tan blanca; blanquísima era la pequeña tibia que sacó del cajón. La examinó. Quitó una vértebra y miró por el agujero, tan reducido como un anillo. Guardó las demás con la delicadeza de colocar huevos en una caja.
– Un enano. Rarísimo, ¿entiendes? Creo que no falta ningún huesito, voy a traer los enlaces, quiero ver si este fin de semana empiezo a montarlo.
Abrimos una lata de sardinas y la comemos con pan, mi prima guarda siempre alguna lata escondida, suele estudiar hasta la madrugada y después cena. Al acabar el pan, abrió un paquete de galletas María.
– ¿De dónde viene ese olor? –pregunté olisqueando. Fui hasta el cajón, volví, olfateé el suelo.
– ¿No percibes un olor a quemado?
– Es de moho. La casa entera huele así –dijo. Dejando el cajón debajo de la cama.
En el sueño, un enano rubio con chaleco de rombos y raya en medio del cabello, entró en la habitación fumando un puro. Se sentó en la cama de mi prima, cruzó las piernecitas y allí se puso muy serio observándola dormir. Quise gritar, ¡hay un enano en el cuarto!, pero desperté antes. La luz estaba encendida. Arrodillada en el suelo, aún vestida, mi prima miraba fijamente algún punto del piso.
– ¿Qué estás haciendo ahí? –pregunté.
– Estas hormigas. Aparecieron de repente, ya agrupadas. Así, tan decididas, ¿lo ves?
Me puse en pie y di con unas hormigas pequeñas y rojizas que entraban formando una cinta densa por debajo de la puerta, atravesaban la habitación, subían por la pared del cajón de huesos y se deslizaban dentro, disciplinadas como un ejército en marcha ordenada.
– Son miles, nunca he visto tantas hormigas así. No tiene camino de vuelta, solo de ida –dije extrañada.
– Sólo de ida.
Le conté mi pesadilla con el enano sentado en su cama.
– Está debajo de ella –dijo mi prima y sacó el cajón. Levantó el plástico. –Negro de hormigas. Dame el frasco de alcohol.
– Debe de haber sobrado algo en esos huesos y ellas lo descubrieron; las hormigas descubren todo. Yo que tú llevaba eso allá fuera.
– Pero los huesos están completamente limpios, ya te lo he dicho. No quedó ni una fibra de cartílago, limpísimos. Me gustaría saber lo que esas bandidas vienen a hozar aquí.
Sopló con fuerza el alcohol por todo el cajón. A continuación, se calzó los zapatos y, como un equilibrista caminando en el hilo de alambre, fue pisando firme, un pie delante del otro en la senda de hormigas. Fue y volvió dos veces. Apagó el cigarro. Acercó la silla y se quedó mirando dentro del cajoncito.
– Raro. Muy raro.
– ¿Qué es lo raro?
– Recuerdo que tiré el cráneo sobre el montón, recuerdo que hasta lo calcé con los omoplatos para que no rodara. Y ahora él está ahí en el fondo del cajón, con un omoplato a cada lado. ¿Acaso lo has movido?
– Dios me libre, me da asco de los huesos. Más aún si son de enano.
Cubrió ella el cajoncito con el plástico, lo empujó con el pie y llevó el hornillo a la mesa, era la hora de su té. En el suelo, la senda de hormigas muertas era ahora una cinta oscura encogida. Una hormiguita que escapó de la matanza pasó cerca de mi pie, ya iba a aplastarla cuando vi que se llevaba las manos a la cabeza, como una persona desesperada. La dejé desaparecer en una ranura del piso.
Volví a soñar de manera aflictiva, pero esta vez se trataba de la vieja pesadilla en torno a los exámenes, el profesor haciendo una pregunta detrás de otra, y yo muda ante el único punto que no había estudiado. A las seis el despertador sonó vehemente. Cerré el timbre. Mi prima dormía con la cabeza cubierta. En el baño, miré cuidadosamente las paredes, el suelo de cemento, en busca de hormigas.
No vi ninguna. Volví de puntillas y entonces entreabrí las hojas de la veneciana. El olor sospechoso de anoche había desaparecido. Miré al suelo: desapareció también la senda del ejército masacrado. Espié debajo de la cama y no vi el menor movimiento de hormigas en el cajón cubierto.
Cuando llegué, alrededor de las siete de la tarde, mi prima ya estaba en la habitación. La encontré tan abatida que cargué de sal la tortilla, tenía la presión baja. Comimos en un silencio voraz. Entonces me acordé:
– ¿Y las hormigas?
– Hasta ahora, ninguna.
– ¿Has barrido las muertas?
Ella me miró.
– No barrí nada, estaba exhausta. ¿No barriste tú?
– ¿Yo? Cuando me desperté, no había ni rastro de hormiga en el suelo. Estaba segura de que antes de acostarte dejaste todo limpio. Pero entonces, ¿quién fue?!
Ella apretó los ojos estrábicos, se quedaba estrábica cuando se preocupaba
– Muy extraño. Incluso extrañísimo.
Fui a buscar la tableta de chocolate y cerca de la puerta sentí de nuevo el olor, ¿sería moho? No me parecía un olor tan inocente; quise llamar la atención de mi prima en ese aspecto, pero estaba tan deprimida que me pareció mejor quedarme quieta. Rocié de agua de colonia flor de manzana toda la habitación (¿y si oliese como un huerto?) Y me acosté temprano. Tuve el segundo tipo de sueño que competía en las repeticiones con el sueño de la prueba oral: en él, yo quedaba con dos novios al mismo tiempo. Y en el mismo lugar. Llegaba el primero y mi preocupación era despedirlo antes de que llegase el segundo. El segundo, esta vez, era el enano. Cuando estaba sumida en silencio y oscuridad, la voz de mi prima me sacó a la superficie. Abrí los ojos con esfuerzo. Ella estaba sentada al borde de mi cama, en pijama y estrábica.
– Volvieron.
– ¿Quienes?
– Las hormigas. Sólo atacan de noche, antes de la madrugada. Están todas ahí de nuevo.
La senda de la víspera, intensa, cerrada, seguía el antiguo recorrido de la puerta al cajón de huesos, por donde subía en la misma formación hasta descomponerse allí. No hay camino de vuelta.
– ¿Y los huesos?
Ella se resguardó en la colcha, estaba temblando.
-Ahí está el misterio. ¡Sucedió algo, no sé nada más! Me desperté para hacer pipí, debían de ser las tres. Al volver al cuarto sentí que había algo más, ¿me estás entendiendo? Miré al suelo y vi la fila compacta de hormigas, ¿recuerdas que no había ninguna cuando llegamos? Fui a ver el cajoncito, todas entrelazadas dentro, lógico; pero no fue eso lo que casi me hace caer de espaldas. Ocurre algo más grave: los huesos están cambiando de posición, yo ya desconfiaba, pero ahora estoy segura, poco a poco ellas están … se están organizando.
– ¿Cómo, organizando?
Mi prima quedó pensativa. Empecé a temblar de frío, cogí un extremo de su colcha. Cubrí mi osito de peluche con la sábana.
– ¿Recuerdas el cráneo entre los omoplatos?, no quedó así. Ahora es la columna vertebral la que ya está casi formada, una vértebra detrás de la otra, cada hueso ocupando su lugar, alguien del oficio está montando el esqueleto, un poco más y… ¡Ven a verlo!
– Te creo, no quiero ver nada. ¿Están formando al enano, es eso?
Nos quedamos mirando el reguero rapidísimo, tan apretado que no cabría siquiera un átomo de polvo. La puse con el mayor cuidado cuando fui a calentar el té. Una hormiguita extraviada (¿la misma de la otra noche?) sacudía la cabeza entre las manos. Empecé a reír. Reí tanto que, si el suelo no hubiera estado ocupado, rodaría por allí de tanta risa. Dormimos las dos mujeres en mi cama. Mi prima dormía aun cuando salí hacia la primera clase. En el suelo, ni sombra de hormigas: muertas y vivas, desaparecían con la luz del día.
Volví tarde esa noche, un colega se había casado y tuve fiesta. Llegué animada, con ganas de cantar, me pasé de la raya. Hasta llegar a la escalera no me acordé: el enano. Mi prima arrastró la mesa hacia la puerta y estudiaba con la tetera humeando en el hornillo.
– Hoy no voy a dormir, quiero quedarme de vigía – me avisó.
El piso todavía estaba limpio. Me abracé al osito.
– Tengo miedo.
Ella fue a buscar una píldora para mitigar mi resaca, me hizo tragar la píldora con un trago de té y me ayudó a desvestirme.
– Me quedo vigilando, puedes dormir tranquila. Hasta el momento no ha aparecido ninguna, llegarán pronto. Examiné con lupa la rendija que deja la puerta por debajo. ¿sabes que no he podido averiguar de dónde surgen?
Me acosté en la cama, creo que ya no respondí. En la parte superior de la escalera el enano me agarró por las muñecas y giró conmigo hasta la habitación, despierta, despierta. Tardé en reconocer a mi prima que me sostenía por los codos. Estaba lívida y estrábica.
– Regresaron – dijo.
Apreté entre las manos la cabeza dolorida.
– ¿Están ahí?
Su tono era como el de una hormiguita que hablara con su voz.
– Acabé durmiendo sobre la mesa, estaba exhausta. Cuando me desperté, el reguero ya había alcanzado su plenitud. Entonces fui a ver el cajón: sucedió lo que yo esperaba …
– ¿Qué pasó? Habla rápidamente, ¿qué fue?
Ella dirigió la mirada oblicua al cajón debajo de la cama.
– Lo están montando. Rápidamente, ¿entiendes? El esqueleto está casi acabado, sólo falta el fémur. Y los huesitos de la mano izquierda lo colocarán en un instante. Vámonos ahora de aquí.
– ¿Hablas en serio?
– Vamos sin tardanza, ya dispuse las maletas.
La mesa estaba limpia y vacíos los armarios abiertos.
– ¿Pero salir así, de madrugada? ¿Podemos marchar de esta manera?
– Inmediatamente, es mejor no esperar a que la bruja despierte. Vamos, levántate.
– ¿Y a dónde vamos?
– No importa, después lo decidimos. Vamos, compréndelo, tenemos que salir antes de que el enano quede terminado.
Miré de lejos el camino de hormigas: nunca me parecieron tan rápidas. Me puse los zapatos, despegué el grabado de la pared, introduje el oso en el bolsillo de la japonesa y fuimos arrastrando las maletas escaleras abajo, mas debido al intenso olor que venía de la habitación, dejamos la puerta abierta. ¿Fue un mayido prolongado del gato, o fue un grito?
En el cielo, las últimas estrellas ya palidecían. Cuando fijé la vista en la casa, sólo la ventana sin cristal nos veía, el otro ojo estaba en penumbra.

 

 

 

Gilberto Freyre

Sociólogo, antropólogo y escritor fructuoso, Gilberto de Mello Freyre nació en Recife, el 15 de marzo de 1900. Fue hijo del Dr. Alfredo Freyre y de Doña Francisca de Mello Freyre. Falleció en Recife el día 18 de julio de 1987. Casa-grande & senzala fue publicado en 1933, Sobrados e Mucambos en 1936 y Ordem e Progresso en1957. Esas obras forman los tres grandes pilares de la enorme y excepcional contribución de Gilberto Freyre a la Historia de Brasil. Llegando Freyre a ser uno de los más profundos conocedores de la esencia brasileña: gente, individuo y sociedad. Mas el gran científico reconocido mundialmente, el observador concienzudo, es también un pensador y un poeta. También un soñador con algo de clarividente. Freyre es un aprendiz de poeta, según sus propias palabras. Talvez poesía, libro publicado en 1962, lleva un título revelador de la timidez poética del científico sensible. Puede decirse que mantuvo un empeño poético constante, con períodos fructíferos de mayor dedicación, en los que consiguió admirables poemas personales.

BAHIA DE TODOS SANTOS y de casi todos los pecados
Poema de Gilberto Freyre
Traducción de Pedro Sevylla de Juana
Bahia de Todos Santos (y de casi todos los pecados)
casas encaramadas unas encima de las otras
casas, sobrados, iglesias, como gente estrujándose para salir en una
fotografía de revista o diario
(vanidad de vanidades! dice el Eclesiastés)
iglesias orondas (las de Pernambuco son más delgadas)
toda Bahia es una maternal ciudad oronda
como si de los vientres empinados de sus montes
de los que surgieron tantas ciudades de Brasil
aún otras estuvieran a punto de brotar
aire amorfo untuoso
olor a comida
aroma de incienso
efluvio de mulata
vahos calientes de sacristías y cocinas
ollas bullendo
adobos abrasando
el Santísimo Sacramento ascendiendo
mujeres alumbrando
fragancia de espliego
pócimas para la sífilis
anuncios así:
Alabado sea Nuestro Señor Jesucristo
(Por siempre! Amén!)
automóviles a 30$ la hora
y un ford resistente sube cualquier cuesta
brincando empujando repicando
para después resbalar sobre el asfalto flamante
que clarea como dentadura postiza en tierra encarnada
(la tierra encarnada de 1500)
gente de Bahia! negra, mestiza, cobriza, morena
color de los espléndidos jacarandás de ingenio azucarero en Brasil
(madera que las termitas no comen)
sin rostros color fiambre
ni cuerpos color de pavo frío
Bahia de colores cálidos, acaneladas carnes, sabores picantes
detesto tus oradores, Bahia de Todos los Santos
tus ruisbarbosas, tus otaviosmangabeiras
pero me gustan tus iaiás, tus mulatas, tus polentas
tableros, flor de papel, candilitos,
todo en la penumbra de tus iglesias
cuajadas ellas de angelitos mofletudos
sanjuanes sanjosés criaturasdedios
y con señoras rollizas confesándose a monjes más descarnados que yo
El padre reprimido que hay en mí
se entusiasma ante ti Bahia
y te absuelve de tus supersticiones
tu comercio de favores de Nuestra Señora y de Nuestrosseñores del Bonfim
y percibe en el vientre de tus montes y de tus mujeres
depositarios de la fe ya otorgada a los santos
multiplicadores de ciudades cristianas y de criaturas de Dios
Bahia de Todos Santos
Salvador
San Salvador
Bahia
Negras ancianas de Bahia
vendiendo mingau angu acarajé
Negras viejas de chal carmesí
pechos caídos
madres de las mulatas más bellas de los Brasis
mulatas de pecho voluminoso con pezones para amamantar
a todos los niños de Brasil.
Mulatas de manos casi de ángeles
manos encantando yoyós
formando grandes ‘señós’ semejantes a los del Imperio
peinando iaiás
mimando el cuero cabelludo a las ‘señás’
maquillando tableros cabellos santos ángeles
purificando el suelo de Nuestro Señor del Bonfim
pies agitándose desnudos en las chinelas sin media
alzacuellos embellecidos de encajes
estrellas marinas de plata
broches de oro
dijes
obsequios de portugués
oleo de coco
aceite de palma
Bahia
Salvador
San Salvador
Todos los Santos
Tomé de Sousa
Tomés de Sousa
sacerdotes, negros, mestizos
Mulatas cuarteronas, octeronas
la Primera Misa
los malís
indias desnudas
genitales rasurados
candombe santidades herejías sodomías
casi todos los pecados
crujir de lechos de viento
cuerpos ardientes sudando de gusto
Todos Santos
misa de las seis
comunión
genios de Sergipe
licenciados con quevedos
literatos que leen a Menotti del Picchi y Mário Pinto Serpa
mulatos de parla distinguida
chavales
capoeiras hechiceras
sombreros elegantes de paja
Calle Chile
viva J. J. Seabra muera J. J. Seabra
Bahia
Salvador
San Salvador
Todos Santos
cualquier día regresaré sin prisa a tu seno moreno brasileño
a tus iglesias donde predicó Vieira trigueño hoy llenas de frailes
pelirrojos y buenos
a tus tableros abiertos de par en par en x (esa x es el futuro de Brasil)
a tus casas a tus sobrados oliendo a incienso comida lavándula cacao.

MORRI
Poema escrito e traduzido por Pedro Sevylla de Juana,
Pretendo que meu último poema -este quiçá- seja o melhor
de todos; e quero-o sempre e cada vez
que segrego um novo.

Morri, vocês já o sabem, aparece na minha biografia:
o dezesseis de abril de dois mil e trinta.
Coisa de pouco, um resfriado como desencadeante:
madrugo para escrever e, às vezes, não me abrigo
de maneira adequada.
Já veem, a paixão pela escrita, e mais de vinte
doenças que fui acumulando, umas agarradas
às outras, nos últimos tempos.

Introduzi na mala de além-mundo
dez livros -próprios e alheios-
três livros poéticos, três romances, três ensaios, chovia;
subi ao trampolim do tobogã, teto do mundo,
olhei desde a altura, em círculo, as searas:
mar de primavera em Valdepero; ermida da Virgen
del Consuelo, a telheira romana, a fonte de
San Pedro; o lugar histórico de Muqui,
as estações de Marechal Floriano y Matilde,
os troncos erguidos
e firmes da mata atlântica capixaba,
a reserva natural Reluz;
chovia.

Páramo Llano de piedras cereales,
Sertão agreste y rigoroso: noche de estrellas,
céu azul e branco.
Fechei os olhos,
deixei de respirar indefinidamente,
deslizei-me in crescendo;
e a posteridade
-um de tantos para ela- me recebeu sem se alterar
no ingente cacaual da Bahia.

Nasci numa moradia obreira de la Casa Grande, propriedade
de dom Manuel Diezquijada Gallo, na
rua Mayor de Valdepero,
e morri na senzala da Casa-Grande de Gilberto Freyre
grossas paredes de taipa ou de pedra e cal
a casa ibérica de meu iberismo:
aceitação e defesa do legado milenário comum.

Gilberto me confirma que vim para cá peninsular,
remando balandra, bebendo chuva, pescando, achicando mar,
veleiro de papel, vela de páginas
escritas
à mão;
e aqui me fiz, além disso,
africano e ameríndio: baiano e capixaba.

Já sou, diz Gilberto de Mello Freyre,
a afortunada conjunção
de origens miscíveis
de miscíveis culturas;
e assegura que é a mestiçagem o princípio
do progresso progressivo,
e a constante dos avanços todos.

Síntese de síntese sou,
essência de essências destiladas
no alambique existencial dos vários
centos de milhões
de meus antepassados.

O primeiro protagonista da história
é o decorrer do tempo
esse devir ilógico e nostálgico
que parece o esperado porvir
não sendo mais que o passado
posto em contato com o ar impuro,
temperatura de árticos, antárticos e trópicos
e umidade de aguaceiro intermitente:
submetido à inclemência,
ao roce permanente de tudo quanto existe.

Bahia de todos os santos
mãe bojuda de todas as cidades
Pernambuco de igrejas magras, onde
Gilberto Freyre nasceu um dia antes que eu,
quinze de março;
e pergunto se isso nos acerca ante Zodíaco e a Eclíptica,
deuses dos influxos estelares, da erosão
dos sentimentos inconstantes.

A dúvida
felizmente solúvel
chegou com o xis final:
aos teus tabuleiros escancarados em xis.
Incógnita que cada um pode decifrar à sua maneira,
pensei;
e a minha se explica na rubrica
da assinatura que levo cem anos repetindo.

‘Luta até o equilíbrio’ é minha divisa,
e minha assinatura meu nome lançado numa seta,
em procura da cruz da harmonia,
vacilante,
equilibrada,
ativa.

Esse xis é o futuro do Brasil.
Sim, Gilberto de Melo Freyre
teu xis é minha cruz:
identificação do equilíbrio harmônico,
conjunção ajustada de elementos múltiplos.
E o equilíbrio instável e ativo,
recomposto depois de cada dispersão,
é o futuro que esperamos
para o enorme caudal de forças
do Brasil.

Sabido isto,
já pude morrer
e
MORRI.

 

 

 

Federico García Lorca

Federico del Sagrado Corazón de Jesús García Lorca nació el 5 de junio de 1898 en Fuente Vaqueros, Granada. García Lorca es el poeta en español más conocido, más leído y más llorado. Poeta de figura universal, a pesar de quienes le arrancaron la vida joven y activa, no morirá. Vida cercenada en flor, en tallo fresco, en la angustia de los últimos días. Como consecuencia, una obra cercenada en plena hoguera de juventud. Dice en las palabras de justificación de su Libro de Poemas, en 1921: «Ofrezco en este libro, todo ardor juvenil, tortura y ambición sin medida, la imagen exacta de mis días de adolescencia y juventud, esos días que enlazan el instante de hoy con mi infancia reciente. En estas páginas desordenadas va el reflejo fiel de mi corazón y de mis ansias teñido del matiz que le prestara, al poseerlo, la vida palpitante en torno, recién nacida para mi mirada. Se hermana el nacimiento de cada una de estas poesías que tienes en tus manos, lector, al propio nacer de un brote nuevo del árbol músico de mi vida en flor. Ruindad fuera el menospreciar esta obra que tan enlazada está a mi propia vida. Sobre su incorrección, sobre su limitación, segura, tendrá este libro la virtud, entre otras muchas que yo advierto, de recordarme en todo instante mi infancia apasionada correteando desnuda por las praderas de una vega, sobre un fondo de serranía».
En el preámbulo de ese mismo libro, el editor pone estas líneas, recogiendo las únicas declaraciones teóricas que García Lorca hizo, tomadas de la antología de Gerardo Diego: Poesía española: Contemporáneos (Signo, Madrid,1932) «Pero, ¿qué voy a decir yo de la Poesía? ¿Qué voy a decir de esas nubes, de ese cielo? Mirar, mirar, mirarlas, mirarle y nada más. Comprenderás que un poeta no puede decir nada de la Poesía. Eso déjaselo a los críticos y profesores. Pero ni tú ni yo ni ningún poeta sabemos lo que es la Poesía. Aquí está: mira. Yo tengo el fuego en mis manos. Yo lo entiendo y trabajo con él perfectamente, pero no puedo hablar de él sin literatura».
Acerca del teatro Federico dijo en el Teatro Español de Madrid durante una representación especial de Yerma [1934-1935]: «El teatro es uno de los más expresivos y útiles instrumentos para la educación de un país y el barómetro que marca su grandeza o su descenso. Un teatro sensible y bien orientado en todas sus ramas, desde la tragedia al vodevil, puede cambiar en pocos años la sensibilidad de un pueblo; y un teatro destrozado, donde las pezuñas sustituyen a las alas, puede achabacanar a una nación entera. El teatro es una escuela de llanto y de risa y una tribuna libre donde los hombres pueden poner en evidencia morales viejas o equivocadas y explicar con ejemplos vivos normas eternas del corazón y el sentimiento del hombre».

YERMA
Trecho da pieza de Federico García Lorca
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana
YERMA. De onde vens?
MARÍA. Da loja.
YERMA. Da loja tão cedo?
MARÍA. Por meu gosto tivesse esperado na porta a que abrissem. E a que não sabes o que tenho comprado?
YERMA. Terás comprado café para o dejejum, açúcar, os pães.
MARÍA. Não. Tenho comprado encaixes, três varas de fio, fitas e lã de cor para fazer borlas como medronhos. O dinheiro o tinha meu marido e ele mesmo me o deu.
YERMA. Vais te fazer uma blusa.
MARÍA. Não, é porque… sabes?
YERMA. Que?
MARÍA. Porque já tem chegado! (Fica com a cabeça baixa.)
(Yerma se levanta e fica a olhando com admiração.)
YERMA. Aos cinco meses!
MARÍA. Sim.
YERMA. Te deste conta disso?
MARÍA. Naturalmente.
YERMA. (Com curiosidade.) E daí sentes?
MARÍA. Não sei. (Pausa.) Angústia.
YERMA. Angústia. (Agarrada a ela.) Mas… quando chegou? Dize-me… Tu estavas descuidada…
MARÍA. Sim, descuidada…
YERMA. Estarias cantando, ¿verdade? Eu canto. Tu?…, dize-me
MARÍA. Não me perguntes. Não tens tido nunca um pássaro vivo apertado na mão?
YERMA. Sim.
MARÍA. Pois o mesmo… mas por dentro do sangue.
YERMA. Que formosura! (A olha extraviada.)
MARÍA. Estou atordoada. Não sei nada.
YERMA. De que?
MARÍA. Do que tenho que fazer. Perguntarei a minha mãe.
YERMA. Para que? Já está velha e terá esquecidas estas coisas. Não andes muito e quando respires respira tão suave como se tivesses uma rosa entre os dentes.
MARÍA. Ouve, dizem que mais adiante te empurra suavemente com as pernazinhas
YERMA. E então é quando se lhe quer mais, quando já se diz meu filho!
MARÍA. No meio de tudo tenho vergonha.
YERMA. Que tem dito teu marido?
MARÍA. Nada.
YERMA. Te quer muito?
MARÍA. Não me diz, mas se põe junto a mim e seus olhos tremem como duas folhas verdes.
YERMA. Sabia ele que tu…?
MARÍA. Sim.
YERMA. E por que o sabia?
MARÍA. Não sei. Mas a noite que nos casamos mo dizia constantemente com sua boca posta em minha bochecha, tanto que me parece que meu menino é um pombo de lume que ele me deslizou pela orelha.
ERMA. Ditosa!

Pranto pela morte de Ignacio Sánchez Mejias
Poema de Federico García Lorca
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana
I
A colhida e a morte
Às cinco da tarde.
Eram as cinco em ponto da tarde.
Um menino trouxe o lençol branco
às cinco da tarde.
Uma seira de cal já prevenida
às cinco da tarde.

O demais era morte e só morte
às cinco da tarde.
O vento levou-se os algodões
às cinco da tarde.
E o óxido semeou cristal e níquel
às cinco da tarde.
Já lutam a pomba e o leopardo
às cinco da tarde.
E uma coxa com um chifre desolado
às cinco da tarde.
Começaram os sons do bordão
às cinco da tarde.
Os sinos de arsénico e o fumo
às cinco da tarde.
Nos cantos grupos de silêncio
às cinco da tarde.
E o touro, só coração acima!
às cinco da tarde.
Quando o suor de neve foi chegando
às cinco da tarde,
quando a praça se cobriu de iodo
às cinco da tarde,
a morte pôs ovos na ferida
às cinco da tarde.
Às cinco da tarde.
Às cinco em ponto da tarde.

Um ataúde com rodas é a cama
às cinco da tarde.
Ossos e flautas soam em seu ouvido
às cinco da tarde.
O touro já mugia por sua frente
às cinco da tarde.
O quarto se irisava de agonia
às cinco da tarde.
Ao longe já vem a gangrena
às cinco da tarde.
Trompa de lírio pelas verdes virilhas
às cinco da tarde.
As feridas queimavam como sóis
às cinco da tarde,
e a multidão rompia as janelas
às cinco da tarde.
Às cinco da tarde.
Ai que terríveis cinco da tarde!
Eram as cinco em todos os relógios
Eram as cinco em sombra da tarde!

https://federicogarcialorca.net/obras_lorca/poeta_en_nueva_york.htm#18Poeta en Nueva York
Poeta em Nova York / Ruas e sonhos
Dança da morte.
Poema de Federico García Lorca
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana
O mascarão. Olhem o mascarão!
Como vem do África a New York!

Se foram as árvores da pimenta,
os pequenos botões de fósforo.
Se foram os camelos de carne rasgada
e os vales de luz que o cisne levantava com o bico.

Era o momento das coisas secas,
da espiga no olho e o gato laminado,
do óxido de ferro das grandes pontes
e o definitivo silêncio da cortiça.

Era a grande reunião dos animais mortos,
traspassados pelas espadas da luz;
a alegria eterna do hipopótamo com os cascos de cinza
e da gazela com uma sempre-viva na garganta.

Na murcha solidão sem funda
o amassado mascarão dançava.
Médio lado do mundo era de areia,
mercúrio e sol dormido o outro médio.

O mascarão. Olhem o mascarão!
Areia, caimão e medo sobre Nova York!

Desfiladeiros de cal aprisionavam um céu vazio
onde soavam as vozes dos que morrem baixo o guano.
Um céu mondado e puro, idêntico a si mesmo,
com o buço e lírio agudo de suas montanhas invisíveis,

acabou com os mais leves caules do canto
e se foi ao diluvio empacotado da seiva,
através do descanso dos últimos desfiles
levantando com o rabo pedaços de espelho.

Quando o chinês chorava no telhado
sem encontrar o nu da sua mulher
e o diretor do banco observando o manómetro
que mede o cruel silêncio da moeda,
o mascarão chegava ao Wall Street.

Não é estranho para a dança
este columbário que põe os olhos amarelos.
Da esfinge à caixa de caudais há um fio tenso
que atravessa o coração de todos os meninos pobres.
O impulso primitivo dança com o impulso mecânico,
ignorantes em seu frenesi da luz original.
Porque se a roda esquece sua fórmula,
já pode cantar nua com as manadas de cavalos:
e se um lume queima os gelados projetos,
o céu terá que fugir ante o tumulto das janelas.

Não é estranho este lugar para a dança, eu o digo.
O mascarão dançará entre colunas de sangue e de números,
entre furacões de ouro e gemidos de operários desocupados
que uivaram, noite escura, por teu tempo sem luzes,
oh selvagem Norte América! oh impudente! oh selvagem,
tendida na fronteira da neve!

O mascarão. Olhem o mascarão!
Que onda de lodo e pirilampo sobre Nova York!

Eu estava no terraço lutando com a lua.
Enxames de janelas crivavam uma coxa da noite.
Em meus olhos bebiam as doces vacas dos céus.
E as brisas de longos remos
golpeavam os cinzentos cristais de Broadway.

A gota de sangue procurava a luz da gema do astro
para fingir uma morta semente de maçã.
O ar da planície, empurrado pelos pastores,
tremia com um medo de molusco sem concha.

Mas não são os morridos os que dançam,
estou seguro.
Os mortos estão embebidos, devorando suas próprias mãos.
São os outros os que dançam com o mascarão e sua guitarra;
são os outros, os bêbados de prata, os homens frios,
os que crescem no cruze das coxas e lumes duros,
os que procuram a lombriga na paisagem das escadas,
os que bebem no banco lágrimas de menina morta
ou os que comem pelos cantos diminutos pirâmides da alva.

Que não dance o Papa!
Não, que não dance o Papa!
Nem o Rei,
nem o milionário de dentes azuis,
nem as bailarinas secas das catedrais,
nem construtores, nem esmeraldas, nem loucos, nem sodomitas.
Só este mascarão,
este mascarão de velha escarlatina,
só este mascarão!

Que já as cobras assobiarão pelos últimos andares,
que já as ortigas estremecerão pátios e terraços,
que já a Carteira será uma pirâmide de musgo,
que já virão lianas após os fuzis
e muito cedo, muito cedo, muito cedo.
Ai, Wall Street!

https://www.poetasandaluces.com/poema/2686/
Poeta em Nova Iorque / Fugida de Nova Iorque
Pequeno valse vienense
Poema de Federico García Lorca
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana

Em Viena há dez raparigas,
um ombro onde soluça a morte
e um bosque de pombas dissecadas.
Há um fragmento da manhã
no museu da escarcha.
Há um salão com mil janelas.

Ai, ai, ai, ai!
Toma este valse com a boca fechada.

Esta valsa, esta valsa, esta valsa, esta valsa,
de si, de morte e de conhaque
que molha sua bicha no mar.

Eu te quero, te quero, te quero,
com a poltrona e o livro morto,
pelo corredor melancólico,
no escuro desvão do lírio,
em nossa cama da lua
e na dança que sonha a tartaruga.

Ai, ai, ai, ai!
Toma esta valsa de quebrada cintura.

Em Viena há quatro espelhos
onde brincam tua boca e os ecos.
Há uma morte para piano
que pinta de azul aos rapazes.
Há mendigos pelos telhados,
há frescas grinaldas de pranto.

Ai, ai, ai, ai!
Toma esta valsa que se morre em meus braços.

Porque te quero, te quero, amor meu,
no desvão onde brincam os meninos,
sonhando velhas luzes da Hungria
pelos rumores da tarde tíbia,
vendo ovelhas e lírios de neve
pelo silêncio escuro de tua frente.

Ai, ai, ai, ai!
Toma esta valsa, esta valsa do «Te quero sempre».

Em Viena dançarei contigo
com um disfarce que tenha
cabeça de rio.
Olha que orlas tenho de jacintos!
Deixarei minha boca entre tuas pernas,
minha alma em fotografias e açucenas,
e nas ondas escuras de teu caminhar
quero, amor meu, amor meu, deixar,
violino e sepulcro, as fitas do valse.

Certificado de defunción de Federico García Lorca
En la ciudad de Granada a las doce y media del día veinte y uno de Abril de mil novecientos cuarenta, ante D. Enrique Jiménez-Herrera Bejar, Juez Municipal y D. Nicolas Mª López Diaz de la Sª Secretario, se procede a inscribir la defunción de D. Federico García Lorca, hijo legítimo de D. Federico Garcia Rodriguez y de D.ª Vicenta Lorca Romero, soltero, de 38 años de edad, natural de Fuente Vaqueros y vecino de esta capital en callejones de Gracia, Huerta S. Vicente, el cual fallecio en el mes de Agosto de 1936 a consecuencia de heridas producidas por hecho de guerra, siendo encontrado su cadáver el dia veinte del mismo mes en la carretera de Viznar a Alfacar.
Esta inscripción se practica en virtud del Auto dictado por el S. Juez de Instrucción de este distrito en armonia con lo dispuesto en el decreto de 8 de Noviembre de 1936 y orden de 10 del mismo mes y lo dictanimado por el Exmo. Sr. Fiscal de esta Audencia; habiendola precensiado como testigos D. Miguel Jimenez Bocanegra y D. Juan de Dios Moya Villanova, de esta vecindad.
Leida este acta se estampo el sello del Juzgado y la firmaron el Sr. Juez y los testigos certifico.
Fuente: Registro Civil de Granada.

 

 

 

Gabriel García Márquez

Hijo de Gabriel Eligio García y Luisa Santiaga Márquez, Gabriel José de la Concordia nació en Aracataca, Macondo literario, Colombia, el 6 de marzo de 1927. Murió en Ciudad de México el día 17 de abril de 2014. Sus cenizas fueron llevadas a Colombia por la esposa, Mercedes Barcha y sus hijos, Rodrigo y Gonzalo. El mejor y más completo recuento de su vida, tanto vivida como deseada, está encerrado en sus memorias. Al inicio de Vivir para contarla, cuenta como se presentó su madre cuando andaba buscándolo y lo encontró:
—Soy tu madre.
—Vengo a pedirte el favor de que me acompañes a vender la casa.
Premio de la Novela ESSO por La mala hora (1961) Premio Rómulo Gallegos por Cien años de soledad (1972)
Premio Nobel de Literatura (1982) Premio cuarenta años del Círculo de Periodistas de Bogotá (1985)
En una de esas largas conversaciones que mantenían cuando se encontraban, Neruda y García Márquez, hablando de sus obras, confesaron que ambos iban, en la búsqueda del género amado, hacia una confluencia ya próxima. Próxima, aunque podría ocurrir en una vida que aún no habían comenzado. Horizonte detrás del horizonte, la poesía de Neruda iba tras la épica, tras la poesía que dice, cuenta y explica; prosa, sin embargo, bellísima. Página tras página la narrativa de García Márquez perseguía la palabra poética, la luz interior de las letras unidas para sugerir lo que no acababan de decir.
Debieron de comenzar temprano los intentos versificadores de García Márquez, quizá cuando contaba trece años y estudiaba en el colegio jesuita de San José de Barranquilla; porque allí dirigía a sus compañeros y profesores cortas sátiras festivas en forma rimada. El elemento más importante de su afán lírico es el transcurrir danzarín del tiempo, ese tiempo narrativo que es protagonista y espacio de la acción. La danza estelar del tiempo en la historia, más que nada en Cien años de soledad, es lo más cercano a la verdadera poesía que hay en buena parte de su obra. Quizá el autor llegó a las 14,35 horas del día 17 de abril de 2014, sin haberlo comprendido.
No obstante, García Márquez, en el relato breve, obedece a una idea y trata de desarrollarla con el mínimo gasto de recursos. Avanza floreciente y florecido de hallazgos argumentales, descubrimientos que facilitan la función de llegar, a pie o a caballo, hasta la idea final, llave de cierre. Es en esos relatos y en sus poemas jóvenes donde son más evidentes el esfuerzo y la intención poéticos.

Poema desde um caracol
Gabriel García Márquez
Tradução Pedro Sevylla de Juana
I
Eu tenho visto o mar. Mas não era
o mar retórico com mastros
e marinheiros prendidos
a uma lenda de cantos.

II
Nem o verde mar cosmopolita
—mar de Babel— das cidades,
que nunca teve janelas
para o luzeiro da tarde.

III
Nem o mar de Ulisses que tinha
sete sereias cantantes
qual sete ilhas cercadas
de música por todas partes.

IV
Nem o mar inútil que regressa
com um ónus de paisagens
para que sempre seja outubro
no sonho dos alcatrazes.

V
Nem o mar boêmio com um porto
e um marinheiro delirante
que seu coração perdesse
numa partida de naipes.

VI
Nem o mar que rompe contra o cais
uma canção irremediável
que chega ao peito dos dias
sem emoção, como tatuagem.

VII
Nem o mar pontual que sempre tem
um porto para cada viagem
onde o amor se volta vida
como no ventre duma mãe.

VIII
Que era meu mar o mar eterno,
mar da infância, inolvidável,
suspendido de nosso sonho
como uma Pomba nos ares.

IX
Era o mar da geografia,
dos pequenos estudantes,
que aprendíamos navegar
nos mapas elementares.

X
No mar dos caracóis,
mar prisioneiro, mar distante,
que levávamos no bolso
como brinquedo a todas partes.

XI
O mar azul que nos olhava,
quando era tão frágil nossa idade
que se dobrava com o peso
dos castelos nos ares.

XII
E era o mar do primeiro amor
Nuns olhos outonais

***
Um dia quis ver o mar
—mar da infância— e já era tarde.

García Márquez, G. (1992). Doce cuentos peregrinos (2ª Ed.). Buenos Aires, Argentina: Editorial Sudamericana.
A luz é como a água (Texto completo.)
Conto de Gabriel García Márquez
Tradução Pedro Sevylla de Juana
No Natal, as crianças novamente pediram uma balsa a remos.
—De acordo, —disse o papai—, vamos comprar quando voltarmos para Cartagena. Totó, nove anos de idade, e Joel, sete, estavam mais decididos do que os pais pensavam.
—Não, —eles disseram em coro—. A precisamos agora e aqui.
—Para começar, —disse a mãe—, não há mais águas navegáveis aqui da que sai do chuveiro. Tanto ela quanto o marido tinham razão. Na casa de Cartagena de Indias, havia um pátio com um cais na baía e um abrigo para dois grandes iates. E em Madri moraram apertados no quinto andar do número 47 do Paseo de la Castellana. Mas nem ele nem ela se podiam negar, porque lhes prometeram uma balsa com seu sextante e sua bússola se ganhassem o laurel do terceiro ano da escola primária, e eles o ganharam. Assim que, o pai comprou tudo sem dizer nada a sua esposa, que era mais relutante em pagar dívidas de jogo. Era um belo barco de alumínio com um fio dourado na linha de água.
—O barco está na garagem, —papai revelou no almoço—. O problema é que não há como subi-lo pelo elevador ou pelas escadas, e na garagem não há mais espaço disponível. No entanto, na tarde de sábado seguinte, as crianças convidaram seus colegas de classe a subir o barco pelas escadas e conseguiram levá-lo para a sala de atendimento.
—Congratulações, —disse o papai—, e agora, o quê?
—Agora nada, —disseram as crianças—. A única coisa que queríamos era ter o barco na sala, e já está.
Na quarta-feira à noite, como todas as quartas-feiras, os pais foram ao cinema. As crianças, proprietários e senhores da casa, fecharam portas e janelas e quebraram o globo de vidro duma lâmpada incendida na sala de estar. Um jato de luz dourada, fresco como a água começou a sair da lâmpada quebrada, e eles o deixaram correr até atingir o nível quatro palmos. Então eles cortaram a corrente, dispuseram o barco e navegaram tranquilamente entre as ilhas da casa. Essa fabulosa aventura foi resultado da minha irreflexão quando participei num seminário sobre poesia de utensílios domésticos. Totó me perguntou como surgiu a luz apertando um botão, e não tive a coragem de pensar a resposta duas vezes.
—A luz é como a água —eu respondi— se abre a torneira e sai. Assim continuaram navegando nas noites de quarta-feira, aprendendo a usar o sextante e a bússola, até que os pais regressavam do cinema e os encontravam adormecidos como anjos de terra firme. Meses depois, ansiosos de ir mais longe, pediram um equipamento de pesca subaquática. Com tudo: máscaras, aletas, garrafas e espingardas de ar comprimido.
—Não é bom que tenham uma balsa a remos na sala de atendimento sem utilidade, —disse o pai—. Mas o pior é que também querem ter equipamentos de mergulho.
—E se ganharmos a gardênia de ouro do primeiro semestre? —disse Joel.
—Não, —disse a mãe, assustada—. Já mais nada.
O pai lhe censurou sua intransigência.
—É que essas crianças não ganham um prego por fazer seu dever, -disse ela-, mas, por um capricho conseguem conquistar a cadeira do professor.
Os pais não disseram sim ou não. Mas Totó e Joel, que foram os últimos nos dois anos anteriores, ganharam em julho as duas gardênias de ouro e o reconhecimento público do reitor. Na mesma tarde, sem ter pedido nada novamente, encontraram no quarto o equipamento de mergulho na embalagem original. É assim como, na quarta-feira seguinte, enquanto os pais viram El último tango em Paris, eles alagaram o apartamento até uma altura de duas braças, mergulharam como tubarões domesticados debaixo dos móveis, e camas e resgataram do fundo da luz as coisas que, durante anos, se haviam perdido no escuro.
Na entrega dos prêmios finais, os irmãos foram aclamados como exemplo para a escola e receberam diplomas de excelência. Essa vez, os filhos não precisavam pedir nada, porque os pais perguntaram o que eles queriam. Mas eram tão razoáveis, que só quiseram uma festa em casa para agasalhar os colegas da classe. O papai, a sós com a esposa, estava radiante.
—É uma prova de madureza—, disse ele.
—Deus te ouça—, disse a mãe.
Na quarta-feira seguinte, enquanto os pais viam a Batalha de Argel, as pessoas que passavam pela Castellana descobriam uma cascata de luz descendo dum antigo edifício escondido entre as árvores. Saía pelas varandas, se derramava em abundância sobre a fachada, e se canalizou pela grande avenida em uma torrente de ouro que iluminava a cidade até o Guadarrama.
Chamados com urgência, os bombeiros forçaram a porta do quinto andar, e acharam a casa transbordada de luz até o teto. O sofá e as cadeiras de pele de leopardo flutuavam na sala em diferentes níveis, entre as garrafas do bar e o piano de cauda e o xale de Manila que tremulava a meio caminho como uma arraia de ouro. Os utensílios domésticos, na plenitude de sua poesia, voavam com as próprias asas pelo céu da cozinha. Os instrumentos da banda de guerra, que as crianças usavam para dançar, flutuavam à deriva entre os peixes coloridos liberados do aquário de mamãe, os únicos que boiavam vivos e felizes no vasto pântano iluminado. No banheiro vagueavam as escovas de dentes de todos, os preservativos do papai, os botões de creme e a segunda dentadura da mamãe, e o televisor do quarto principal flutuava ladeado, ainda aceso no último episódio do filme de meia noite proibido para crianças.
No final do corredor, flutuando entre duas águas, Totó estava sentado na popa da balsa, agarrado aos remos e com a máscara posta, procurando o farol do porto até onde o ar das garrafas alcançasse e Joel flutuava no arco ainda procurando o auge da estrela polar com o sextante, e seus trinta e sete colegas surgiram por toda a casa, eternizados no momento de urinar no vaso de gerânios, cantando o hino da escola com a letra alterada por versos de zombaria contra o reitor, de beber um copo de conhaque da garrafa de papai. Pois abriram tantas luzes ao mesmo tempo que a casa transbordou, e todo o quarto ano elementar da escola de San Julián el Hospitalário se afogou no quinto andar do número 47 do Paseo de la Castellana. Em Madri da Espanha, uma cidade remota de verões quentes e ventos gelados, sem mar ou rio, e cujos aborígenes de terra firme nunca foram mestres na ciência de vogar na luz.

Lo importante no era la vestimenta en la ceremonia de recepción del Premio Nobel, importaba de verdad lo que dijera. Dijo y dijo bien, señalado ya por el prestigioso dedo de la Academia. Explicó América desde sus ojos y su corazón. De modo que, explicando América explicó el Planeta, Europa, la triste y decadente Europa incluida. Injusticia, llevando de la mano a la pobreza y a la muerte. Vistió guayabera blanca como quería, traje caribeño de etiqueta, porque el otro, el esmoquin, es un traje de la clase dominante.

 

 

 

 

Hilda Hilst

Hilda de Almeida Prado Hilst nació en Jaú, interior del estado de São Paulo, el 21 de abril de 1930. Su madre, Bedecilda Vaz Cardoso, inmigrante portuguesa. Su padre, Apolônio de Almeida Prado Hilst, caficultor, escritor y poeta. Falleció Hilda el 4 de febrero de 2004 en Campinas (São Paulo)
Entendiéndola como una de las grandes figuras literarias de Brasil, conocí a Hilda Hilst hace unos años. Fue a través de Cecília Meireles. Buscando noticias de Cecília, encontré una afirmación de Hilda contando como se conocieron: Salón de cha de Mappin. La poesía de HH me salió al paso en Internet. Bandera ondeando, páginas collados, que mostraban versos como tarjetas de presentación agitadas de dudas. La vida salió al paso de HH porque ella salió al paso de la vida. Se encontraron pronto. Ella era aún la paulistana de Jaú, cuando la vida prometía todo lo que no estaba dispuesta a conceder. Puedo imaginarla hija sola, porque yo lo soy. Puedo imaginar su largo internado de Santa Marcelina: ocho años cautiva; porque mi cautiverio duró un año menos y definió, en lo bueno y en lo malo, mi trayectoria futura.
Agradar al padre es una necesidad de hija. Escribir para el padre. Necesidad de luz. La voz viene de los valles. Luz y voz diciéndose, iluminándose. Ella lo entiende «La gente nunca sabe nada / sobre el otro». Aguas, en plural, tigres, tulipanes, lunas, canes, pájaros, palabras, olores y colores, vida y muerte, Dios. Todo buscando la razón de su existir, de su Ser. «El futuro es de sangre, de acero, de vanidad»: lloró la poeta Hilda a García Lorca poeta. Recibió la autora teatral el prestigioso Premio Anchieta de Teatro en 1969, con O Verdugo. Hace decir al Verdugo sobre la persona a la que va a ajusticiar: El hombre tiene una mirada…una mirada…honesta (…) Limpio, limpio. Limpio por dentro.
«El teatro surgió en un momento de gran emergencia, en 1967, cuando existía la represión. Tenía yo muchas ganas de comunicarme con los demás de inmediato. Como no podía haber comunicación cara a cara, escribí algunas obras, todas simbólicas, porque no tenía ningún deseo de que me arrestaran, ni de que me torturaran o me arrancaran las uñas. Así que compuse, por analogía, varias piezas para que cualquiera entendiera lo que se quería decir como denuncia. Acabé ocho piezas y me detuve. Era solo una emergencia del momento, porque necesitaba la comunicación inmediata con la gente. Pero tampoco acerté. Las personas van al teatro a entretenerse, nadie va al teatro a pensar».
Um diálogo com Hilda Hilst. Entrevista concedida a Nelly Novaes Coelho, Rio Claro, Arquivo Municipal, 1990). Tradução: Pedro Sevylla de Juana

Urgencia de decir la vida que quería viva, aleteando en aire, tierra y agua sin imposiciones ni restas. Obscenidad cierta que sus ojos veían a diario: miseria, hambre, violencia: sociedad obscena. La Casa del Sol como refugio. La idea hecha voluntad, llevada a cabo con originalidad espontanea, viendo el mundo desde fuera, desde más allá de lo humano. Pasión apasionada. Innovación para partir de una realidad nueva, punto de arranque de la realidad deseada. Buscaba un Dios capaz de entender al hombre y convivir con el hombre. Sobre a tua grande face. Ese fue el intenso poema que elegí para verter al castellano

Poema de Hilda Hilst, texto: edición Massao Ohno 1986. Casa do Sol 1985 1986
À memória de Ernest Becker, A Ricardo Guilherme Dicke,
por identificação no exercício da procura
Acerca de tu amplia faz
Poemario de Hilda Hilst
Traducción de Pedro Sevylla de Juana
Enaltéceme con tus bagatelas.
Interprétame despacio
De modo que nunca lo note.
Desordena estas líneas que te escribo
Como si un bribón escoliasta
Resolviera
Burlar la muerte de su propio texto.
Entrégame pobreza y fealdad y miedo.
Y alejamiento de todas las respuestas
Que darían luz
A mi eterna inteligencia ciega
Concédeme rodillas dolientes.
Para que pueda hincarlas en un poco de tierra
Y allí subsistir como tu más olvidado prisionero.
Facilítame la mudez. Y un caminar atropellado. Ningún perro.
Sabes que amo a los animales
Por eso me sentiría aliviado. Y de ti, Innombrable
No deseo consuelo. Sólo penuria y fardel.
Tal vez así te maravilles de tan abundante necesidad.
Tal vez así me ames: desnudo hasta los huesos
Igual que un muerto

Lo que se me ocurre, debo decirte DESEADO,
Sin repliegue, pudor o poquedades. Porque es más correcto mostrar
Insolencia en el poema, que mentir convencido. Entonces explicaré
Lo que se acerca a mí, en la intimidad, y atraviesa los vados
De la fantasía. Duermo ideada de bromelias vivas
Y me vuelvo a crear corpórea e incandescente.
¿Tú sabes cómo nació la idea de las puntiagudas catedrales?
De un loco incendiando un pino de agujas.
Arquitecta de mí, me construyo a imagen de tus Casas
Y penetras en carne y morada. Lamentándome marcho
Y disgustado te muestras, después de hartarte
De mi treta de cebos. Y cada noche vuelves
Con apariencia de dolor. Paraíso del gozo.

De tanto pensarte, Innombrable, me llegó la Ilusión.
La misma ilusión

De la yegua que sorbe el agua creyendo sorber la luna.
De tanto imaginarte me vierto en las aguadas
Y creo brillar y estar cautiva
Al resplandor tangencial de un caballo negro de cien lunas.
De tanto soñarte, Innombrable, quedo anulada
Pero creo en mí en el oro y el mundo.
De tanto amarte, poseída de huesos y abismos
Creo tener carne y vadear
Alrededor de tus cumbres. De no palparte nunca
Palpando a los otros
Creo tener manos, creo tener boca
Cuando solo tengo patas y hocico.
De tanto desear cielo y eternidad

Se apodera de mí la fantasía de que Existo y Soy.
Cuando no soy nada: yegua fantasmagórica
Sorbiendo la luna en el agua.

Procede solo de mí, ¡oh! Rostro Oscuro
Este deseo de acariciar el espíritu

¿O eres tú, necesitado de mí y de mi carne
Quien incendia el espacio y viene sobre mula
Montado en oro y sable, carabina, cintos
Látigo tierno
Sobre mi sensitiva grupa?
O será el ansia de tus reflejos
Lo que lleva a vagar a mi espíritu
Haciéndome olvidar que soy solo imperfección
Obscuridad de tierra, palpitante.

Viene de mí, Rostro Oscuro, la enramada purpúrea
Con la que me disfrazo. Los cuchillos
Que afilo cada día, al seducir
Tu delicada simetría. Y viene de ti, Oscuro,
Todo ese destello que jamás me busca.

Quisiera poner nombres, muchos, a lo mío
Ulceroso, afligido, deforme. Despojos de la tarde
Unas aves y alas buscando tu cara de hollín.
De áspid.
Quisiera poner el nombre de Roxura, porque el ansia
Se hace presente con esa desmesura de mí
Que te sigue. Pero tampoco es eso
Este mi lloviznar continuo que te busca.
Me muevo en grandes imprecisiones, azotando los aires
Relinchando sombras, acarreando la nada.
Los que me ven me gritan: ¿cómo lo pasó
La aldeana de su alteza? Y hay mofa y risas.
Pero llega de ti un entrecruzar de sonidos y murmullos
Un persuadir de sabores, un sin nombre de pasos
Como si aguas menudas descargasen
En un huerto de abios. Como si yo misma
Flotara, cautiva, ofélica, sobre tu Gran Faz

Hoy te canto y después en el polvo que he de ser
Te cantaré de nuevo. Y tantas vidas tendré
Cuántas entregues a mi nuevo amanecer
Intentando buscarte. Porque vives de mí,
Innombrable, Sutilísimo amado, relincho del infinito, y vivo
Porque conozco de ti el hambre, tu noche de herrumbre
Tu sustento que es mi verso rociado de tintas
Y de un tono verdinegro tu casco y los arenales
Donde me humillas profundamente. Hoy te canto
Y después enmudezco si te logro. Y juntos
Vamos a teñir el espacio. De luces. De sangre.
De carmesí.

Deseé mostrarte mi forma humana
Alejada del todo de la vejez. Por eso
Te llamo a ti desde la infancia
Y adolescente y mujer, también contigo
En agasajo conviví. Y tuve cuerpo y cara preciosos
Y brisas encrespadas en una voz tan extraña
Que si vinieses a aquel tiempo
Me verías en una escoria de horas
demorada presencia de muchos enamorados.
Y de todos, Sombrío, ninguno fue tan aglutinante

Tan pegado a mi carne, como estuviste, ausente.
Contarás demasiado. Pero hosca y tímida hoy,
Te pido con el relucir de huesos
Con la fragilidad de la espuma en el agua
Que me visites antes del adiós de mi palabra.

Manualidades, cuerdas y batallas
Lo que me sale del alma. Labor
Porque trabajo sobre tu rostro
De paja: construyo lo imposible
Mi señor. Cuerdas, porque te ato
Con las turquesas disformes del deseo.
En un sinfín de batallas
Porque cerrarte en un corazón de hembra
Es pretender labores: lo quebradizo persistente
Porque lo intento con la paja
La delicadeza perfecta de un semblante.
Y lo que debe hacer
Quién se olvida de lo más perfecto
Y de sí propia sólo tiene el gesto humano?

De montañas y barcas nada sé.
Pero conozco el trayecto de una altura
Y la verdadera profundidad acuática
Y ha de llevarme a ti una de las dos.
De aires y alas no entiendo nada.
Pero salvo abismos y un vano de reveses
Para palpar la luz de tu origen.
De las piedras sólo conozco las ágatas.
Pero arranco del esquisto las esmeraldas
Si me dices que es el verde la ofrenda
Que responde a los interrogantes de la Ilusión.
Y puedo herirme en el frío de las espadas
Si me quieres bañada de bermellón.

En mis muchas vidas te perseguiré.
En sucesivas muertes llamaré a este tu ser innombrable
Aunque por fatiga o plenitud, destruyas al poeta
Destruyendo al Hombre.

Abrasador, Obscuro. Abrasador tu hálito
Sobre la fosca angostura de la garganta.
Palabras que pensé acantonadas
Renacen ante el nuevo choque:
Carrascales. Gárgolas. Emergiendo del duelo
Llega un lago de asombro
Volviendo a criar musgo. Regresan las seducciones.
Retorna mi propia cara seducida
Por tu doble rostro: mitad raíces
Oquedades y pozo, mitad no sé qué:
Eternidad. Y vuelve la ferviente languidez
Las sales, el mal que supuso esta lucha
En tu arena crispada de puñales.

Y de estos versos, y de mi propia exuberancia
Y exceso, quedará en ti el más sombrío.
Dirás: que instante de dolor y entendimiento
Cuando soñé a los poetas en la Tierra. Carne y polvazal
Lo perecedero, transpirando chispas.

 

 

 

 

Juan Ramón Jiménez

«Nací en Moguer, la noche de Navidad de 1881. Mi padre era castellano y tenía los ojos azules; y mi madre, andaluza con los ojos negros. La blanca maravilla de mi pueblo guardó mi infancia en una casa vieja de grandes salones y verdes patios. De estos dulces años recuerdo que jugaba muy poco y que era gran amigo de la soledad…».
Eso dice de sí. Me gustó tanto y tanto la poesía de Juan Ramón, leído en profundidad durante el curso Preuniversitario en Madrid, que, durante un buen tiempo, fue mi mayor referencia poética. Después lo fue, también, Neruda. Hasta que quise contarlos comenzando a ser lo que soy.
Nos dice la forma de ser de Juan Ramón Jiménez, quizá de ambos, porque Zenobia y él para esas decisiones eran una sola voz y una sola voluntad; nos habla de la manera de pensar y de actuar del matrimonio el hecho claro de que, cuando comienza la Guerra Civil en España, el poeta se adhiere al manifiesto de intelectuales a favor del Gobierno de la República y del Pueblo. Manifiesto firmado por verdaderos defensores del gobierno legal y defensores falsos, como Gregorio Marañón, Pérez de Ayala y Ortega y Gasset, quienes acabaron poniéndose al servicio fiel de la dictadura fascista. Y en ese apoyo resuelto a la República, el matrimonio acoge, en un piso de la calle Velázquez, a doce niños huérfanos abandonados. Zenobia sirve como enfermera en el hospital de sangre del Instituto Oftálmico. Juan Ramón habla al pueblo desde Unión Radio Madrid, condenando el golpe militar de los generales monárquicos, pidiendo a la gente la defensa activa de los legítimos valores republicanos.
Cuando las cosas se ponen feas en Madrid, metida la ciudad en particular guerra civil localmente añadida, Juan Ramón, asesinado ya Lorca, se siente perseguido como otros tantos intelectuales, por quienes, desde fuera de la capital sitiada, se conocen como la quinta columna de los golpistas. En ese entonces crucial, es Zenobia quien habla con Lola de Rivas Cherif, amiga, compañera en el hospital y esposa de Manuel Azaña, la que inicia las gestiones para que Juan Ramón y Azaña se entrevisten el 19 de agosto del 36. En la entrevista está Cipriano Rivas Cherif, cuñado de Azaña y amigo y admirador de Juan Ramón. Los embajadores monárquicos estaban siendo sustituidos desde el 14 de abril del 31 por intelectuales de confianza. Propone Azaña a Juan Ramón ser embajador en un país americano, posiblemente Estados Unidos. Rechaza el poeta la embajada, pero acepta ir como agregado cultural honorario a Washington, dependiente del nuevo embajador, puesto para el que sería finalmente nombrado Fernando de los Ríos el 21 de septiembre.
Juan Ramón es, antes que nada, su integridad; antes que nada, sus viajes, sus aficiones, su Moguer, su amor uno, a y con, Zenobia; su poesía. Sus cartas, esa numerosa y valiosísima correspondencia. Su Platero: libro universal, que inclinó, acaso, la balanza a su favor en la concesión del Premio Nobel. La literatura española inmediatamente posterior, se configura, primero de todos, con Juan Ramón. En mis años jóvenes, poeta yo, fui lector de poesía antes que poeta y escritor. En mi primera juventud fui Bécquer, fui Juan Ramón y fui Rabindranath Tagore. Y todos ellos, a su debido tiempo, intensamente, causa y efecto, estuvieron unidos a mis reflexiones y a mis poemas; y mis poemas a mis amores juveniles. ¡Qué tiempos añorados aquellos! Pensamiento, amor y poesía.
El 2 de marzo de 1916, Juan Ramón y Zenobia contrajeron matrimonio en la iglesia de Saint Stephen, Nueva York. Tres meses pasaron en Boston, Filadelfia, Baltimore, Washington… Juan Ramón escribe Diario de un poeta recién casado. De allí, a Puerto Rico a Cuba a Miami…
En Moguer vi la tumba donde unidos reposan los esposos. Muerta Zenobia el día 28 de octubre de 1956, tres días después de otorgar a su amado el Premio Nobel de Literatura. Juan Ramón falleció el 29 de mayo de 1958, dejando a Platero como embajador para los sucesivos lectores de poesía desnuda y pura.

https://www.vicensvives.com/vvweb/_pdf/Muestra-estampas-platero-y-yo-01.pdf
1.- Platero e eu
Livro infantil de Juan Ramón Jiménez
Tradução de Pedro Sevylla de Juana
Advertência aos homens que leiam este livro para meninos. Este breve livro, onde a alegria e a pena são gémeas, qual as orelhas de Platero, estava escrito para… que sê eu para quem! … para quem escrevemos os poetas líricos… Agora que vai aos meninos, não lhe tiro nem lhe ponho uma vírgula. Que bem! «Onde quer que haja meninos», diz Novalis, «existe uma idade de ouro». Pois por essa idade de ouro, que é como uma ilha espiritual caída do céu, anda o coração do poeta, e se encontra ali tão a seu gosto, que seu melhor desejo seria não ter que a abandonar nunca. Ilha de graça, de frescura e de dita, idade de ouro dos meninos; sempre te ache eu em minha vida, mar de duelo; e que tua brisa me dê sua lira, alta e, às vezes, sem sentido, igual que o trino da calandra no sol branco do amanhecer!
O poeta, Madri, 1914.

Platero (Trecho inicial)
Platero é pequeno, peludo, suave; tão macio por fora, que se diria tudo de algodão, que não leva ossos. Só os espelhos de azeviche de seus olhos são duros qual dois escaravelhos de cristal negro. O deixo solto e se vai ao prado, e acaricia tibiamente com seu focinho, as roçagando quase, as florezinhas rosas, celestes e gualdas… O chamo docemente: «Platero?», e vem a mim com um trote alegre que parece que se ri, em não sê que som ideal de guizo… Come quanto lhe dou. Gosta das laranjas mandarinas, as uvas moscateises, todas de âmbar, os figos morados, com sua cristalina gotinha de mel… É terno e mimoso igual que um menino, que uma menina… mas forte e seco por dentro, como de pedra. Quando passo sobre ele, nos domingos, pelas últimas ruas do povo, os homens do campo, vestidos de limpo e vagarosos, ficam o olhando: —Tien’ asero… Tem aço. Aço e prata de lua, ao mesmo tempo.

Liberdade
Chamou minha atenção, perdida pelas flores da vereda, um passarinho cheio de luz, que, sobre o húmido prado verde, abria sem cessar seu preso voo policromo. Acercamo-nos devagar, eu diante, Platero detrás. Havia por ali um bebedouro sombrio, e uns rapazes traidores tinham posta uma rede aos pássaros. O triste apelo se levantava até sua pena, chamando, sem querer, a seus irmãos do céu. A manhã era clara, pura, traspassada de azul. Caía do pinar vizinho um leve concerto de trinos exaltados, que vinha e se afastava, sem se ir, no manso e áureo vento do mar que ondulava as copas. ¡Pobre concerto inocente, tão cerca do mau coração! Montei em Platero, e, empurrando com as pernas, subimos, num agudo trote, ao pinar. Ao chegar baixo a sombria cúpula frondosa, bati palmas, cantei, gritei. Platero, contagiado, ornejava uma vez e outra, rudemente. E os ecos respondiam, arraigados e sonoros, como no profundo de um poço ancho. Os pássaros se foram a outro pinar, cantando. Platero, entre as longínquas maldições dos rapazes violentos, roçava sua grande cabeça peluda contra meu coração, me agradecendo até me lastimar o peito.

Asnografia
Leio num Dicionário: Asnografia: sentido figurado: diz-se, ironicamente, por descrição do asno. Pobre asno! Tão bom, tão nobre, tão agudo como és! Ironicamente… Por que? Nem uma descrição séria mereces, tu, cuja descrição verdadeira seria um conto de primavera? Se ao homem que é bom devessem lhe dizer asno! Se ao asno que é mau devessem lhe dizer homem! Ironicamente… De ti, tão intelectual, amigo do velho e do menino, do arroio e da borboleta, do sol e do cão, da flor e da lua, paciente e reflexivo, melancólico e amável, Marco Aurélio dos prados. Platero, que sem dúvida compreende, me olha fixamente com seus olhos luzentes, de uma macia dureza, nos que o sol brilha, pequeninho e faiscante, num breve e convexo firmamento verde e negro. Ai! Se sua peluda cabeçona idílica soubesse que eu lhe faço justiça, que eu sou melhor que esses homens que escrevem Dicionários, quase tão bom como ele! E tenho posto à margem do livro: Asnografia: sentido figurado: se deve dizer, com ironia, claro está!, por descrição do homem imbecil que escreve Dicionários.

2-. Juan Ramón Jiménez en Madrid Parque del Retiro
Texto de Juan Ramón Jiménez
Tradução de Pedro Sevylla de Juana
(…) É a hora em que vamos sempre ao Retiro, quando já se marcharam todos e se pode estar naquele pinar com solidão. Gosto de passear um pouco e depois me sento num banco a confrontar aquilo em que estou trabalhando com a Natureza; isto o fiz sempre e serve de muito (…) para que caiam as coisas supérfluas (…) penso em isso para ditá-lo já depurado quando volto.
Exalta em seus textos o frescor vivo e cambiante do parque onde a natureza –de caráter animista– cobra força:
Meus sonhos têm tido cem vezes esta vista prodigiosa, e o arvoredo de atrás, na metamorfose do sonho, era já pinar de Moguer, palmeiras de Sevilla, castanheiros de Burdeos…, de Filadelfia, mas a Porta era sempre a mesma, única e perfeita.
Nunca tenho visto tristeza mais formosa que a do Retiro aquela tarde.
Entre a ramagem, dum verde quase amarelento, os pinos negros se viam ainda que não se olhassem, e produziam impressão, não de coisas, senão de sombras que fossem chegando. Tenho ouvido chorar uma árvore; no tronco tinha voz de fera e, nos ramos altos, voz de menino. Também ouvi cantar o ar na folharada.
(…) Todos os verdes, todos os ouros e todas as luzes (…).
¡Adeus, folhinhas –e se movem, loucas no vento̵–; até amanhã!
As sãs folhas lustradas dos choupos azedos do caminho azuleiam de doce céu (…). Os firmes melros atravessam sombra e sol (…), se trocam constantemente com o vento, como peixes que nadassem um duplo fluxo feliz de mar e ar. Ladeira abaixo vem a água sussurrante e ditosa, soando a tesouro aberto, entre a flor caída e a folhinha seca do leito de terra escura, todo rodeado de vespas oro y negras (…).

3-. De Eternidades
Poemas de Juan Ramón Jiménez
Tradução de Pedro Sevylla de Juana
Intelijência, dá-me
o nome exato das coisas!
… Que minha palavra seja
a coisa mesma,
criada por minha alma novamente.
Que por mim vão todos
os que não as conhecem, às coisas;
que por mim vão todos
os que já as esquecem, às coisas;
que por mim vão todos
os mesmos que as amam, às coisas…
Inteligência, dá-me
o nome exato, e teu,
e seu, e meu, das coisas!

Veio, primeiro, pura,
vestida de inocência.
E amei-a como um menino.

Depois se foi vestindo
de não sê que roupagens.
E a fui odiando, sem sabê-lo.

Chegou a ser uma rainha,
fastuosa de tesouros…
¡Que iracúndia de fel e sem sentido!

…Mas foi-se despindo.
E eu lhe sorria.

Ficou com a túnica
de sua inocência antiga.
Cri de novo nela.

E se tirou a túnica,
e apareceu nua toda…
¡Oh paixão de minha vida, poesia
nua, minha para sempre!

És tão bela
tu, como o prado terno depois do arco-íris,
na sesta calada de água e sol;
como o caracolado da primavera,
contra o sol da aurora;
como a aveia fina do valado,
contra o sol de poente do estio;
como teus olhos verdes com meu riso grana,
como meu fundo coração com teu amor vivo.

Textos: Antología General Ediciones Orbis 1983

 

 

 

 

Joaquim Maria Machado de Assis

Joaquim Maria Machado de Assis nació en Río de Janeiro, en el Morro de Livramento, el 21 de junio de 1839. Fue hijo de los mulatos libres Francisco José de Assis, pintor de casas, y de Maria Leopoldina Machado de Assis, lavandera. Una gran ambición intelectual le acompañó toda su vida. En uno de sus primeros trabajos, en la panadería de Mme. Guillot, aprendió a leer y traducir francés. Miembro fundador de la Academia Brasileira das Letras y su primer presidente, murió el 29 de septiembre de 1908 en su casa del barrio de Cosme Velho.
Cuando más lo necesitaba me encuentro con una vida plácida de literato. Estoy acostumbrado a convivir con esas existencias desgarradas en personas que, finalmente, triunfan; a veces sin saberlo. Por eso tomaba como realidad incuestionable la unión del sufrimiento con la obra de calidad. ¿Merece la pena?, me preguntaba tras cada trabajo de divulgación: Quevedo, Camões, Cervantes, como ejemplo tan solo. Joaquim Maria Machado de Assis, parte de abajo y asciende en la escala social con una placidez envidiable. Es más, con esa placidez envidiable llega a ser considerado como el mayor nombre de la literatura brasileña. Nieto de esclavos, nace en el Morro de Livramento, con todo lo que eso significa. Niño huérfano de madre, pasa al cuidado de su madrastra, quien le enseña las primeras letras y a vender dulces en un colegio, donde, sin duda, entabló relación con alumnos y profesores. Pasó por la escuela pública, pero su formación fue autodidacta, debido al enorme deseo de aprender y a su facilidad de aprendizaje.
En 1870, a los 31 años, ya casado, Machado de Assis publica, todavía romántico, el innovador segundo libro, Falenas, que reúne veintiún poemas del autor, seis adaptaciones y una paráfrasis. Editado en Rio fue imprimido en París. De los poemas suyos, diecinueve fueron reeditados en las Poesías Completas. ‘La Marchesa de Miramar’ se publicó por primera vez en Falenas, manteniendo en Poesías Completas estructura y contenido. Sabida es la admiración sentida por Machado de Assis a la obra de Shakespeare, que permanecerá cuando el imperio británico acabe, cuando la república de los Estados Unidos tenga su fin. En ‘La Marchesa de Miramar’ hace referencia a la tragedia. Las brujas profetizaron su futuro a Macbeth, héroe de Shakespeare: «Então surge dos tronos a profética voz que anunciava ao teu crédulo esposo: Tú serás rey, ¡Macbeth!» Se refiere a Carlota, archiduquesa en el castillo de Miramar y esposa de Maximiliano, emperador de México. Su marido dedicó tres años a modernizar el país y, cuando fue fusilado, Carlota, ya en Europa buscando alianzas, se volvió loca. Se dan en Falenas esa ironía tan característica del autor, el pesimismo y algunos visos de la influencia de Camões. La primera estrofa de La Marchesa de Miramar, me recuerda a las coplas de Jorge Manrique.

Texto: https://machado.mec.gov.br/images/stories/pdf/poesia/maps02.pdf
LA MARCHESA DE MIRAMAR
Poema de Machado de Asís
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana
El archiduque Maximiliano, cuando estaba en Miramar, acostumbraba a retratar fotográficamente a la archiduquesa, escribiendo en la parte inferior del retrato: La Marchesa de Miramar. [M.A.]

De cuanto sueño un día poblaste
La mente ambiciosa,
¿Qué te queda? Una página sombría,
La oscura noche y un túmulo reciente.

¡Oh abismo! ¡Oh fortuna! Un día sólo
Vio erguir, vio caer tu frágil trono.
Meteoro del siglo, pasaste,
¡Oh triste imperio, iluminando las sombras!
¡La noche fue tu cuna y tu sepulcro!
De tu muerte los alhelíes todavía hallaron
Frescas las rosas de tus breves días;
Y en el libro de la historia una sola hoja
Tu vida cuenta: sangre y lágrimas.

En el castillo confiado,
Nido d′amor, abrigo de esperanzas,
La mano de ufanía, fortuna hubo preparado,
Niña y muchacha, un túmulo a tus días.
Al lado del amado esposo,
Otra corona ceñías más segura,
La corona del amor, dádiva santa
De las manos de Dios. En el cielo de tu vida
Una nube al menos no oscurecía
La espléndida mañana; extraños eran
Al recatado refugio
Los rumores del siglo.
Se extendía
frente el ancho mar, tranquila faz
Como la de la conciencia ajena al crimen,
Y el cielo, cúpula azul del marino lecho.
Allí, cuando al caer de la amena tarde,
En el tálamo encantado del occidente,
El viento melancólico gemía,
Y la ola murmurando,
En las convulsiones del amor besaba la arena,
Ibas tú junto de él, las manos unidas,
Los ojos confundidos,
Correr las blandas, soñolientas aguas,
En la góndola discreta. Amenas flores
Con sus manos tejían
Las apasionadas Horas; venía la noche,
Madre de amores, solícita descendiendo,
Que en su regazo a todos envolvía,
El mar, el cielo, la tierra, el leño y los prometidos…
Pero además, mucho más allá del cielo cerrado,
El nebuloso destino, contemplando
La paz de tu amor, la etérea vida,
Las santas efusiones de las noches bellas,
El terrible escenario preparaba
los más espantosos encuentros.
Entonces surge de los tronos
la profética voz que anunciaba
A tu crédulo esposo:
«Tú serás rey, Macbeth!» A lo lejos, a lo lejos,
En el fondo del océano, envuelto en nieblas,
Salpicado de sangre, se eleva un trono.
Lo llaman a él las voces del destino.
De la tranquila mansión al nuevo imperio
Cubren flores la calzada, — estériles flores
Que apenas pueden cubrir el horror de la muerte:
Tú vas, tú vas también, víctima infausta;
el soplo de la ambición cerró tus ojos.
Ah! Cuan mejor te fuera
En medio de esas aguas
Que la regia nave abría, conduciendo
Los destinos de un rey, encontrar la muerte:
La misma onda a los dos envolvería.
Una sola convulsión a las dos almas
El vínculo quebrara, y ambas irían,
Como rayos partidos de una estrella,
A la eterna luz para juntarse.

Pero el destino, alzando la mano sombría,
Ya trazó en las páginas de la historia
El terrible misterio. La libertad
Vela en aquel día la ingenua frente.
Llenan nubes de fuego el cielo profundo.
rocía sangre la noche mexicana…
Viuda y muchacha, ahora vanamente buscas
En tu plácido refugio el extinto esposo.
Interrogas en vano al cielo y las aguas.
Sólo surge ensangrentada sombra
En tus sueños de loca, y un grito solo,
Un suspiro profundo rebotando
Por la noche del espíritu, parece
Los ecos despertar de la mocedad.
Sin embargo, la naturaleza alegre y viva,
Presenta el mismo rostro.
Se disipan ambiciones, imperios mueren,
Pasan los hombres como polvo que el viento
Del suelo levanta o sombras fugitivas,
Se transforman en ruina el templo y la choza.
Sólo tú, sólo tú, eterna naturaleza,
Inmutable, serena,
Como peñasco en medio del océano
Ves palpitar los siglos.
Por los acantilados del mar la misma brisa;
El cielo es siempre azul, las aguas mansas;
Se acuesta aún la tarde vaporosa
En el lecho del occidente;
Adornan el campo las mismas flores bellas…
Pero en tu corazón dolorido y triste,
Pobre Carlota! la aguda desesperación
Llena de intenso horror el horror de la muerte,
Viuda de la razón, ni ya te cabe
La ilusión de la esperanza.
Feliz, feliz, al menos, si te resta,
En los macerados ojos,
El postrero bien: — algunas lágrimas!

Em 1869, Joaquim Maria Machado de Assis se casa con la portuguesa Carolina Augusta Xavier de Nováis. Cuando falleció ella, el 20 de octubre de 1904, tras 35 años de matrimonio bien asentado, la vida en Cosme Velho se convierte en muy desagradable. Cuatro años más tarde murió Machado.

A Carolina
Poema de Machado de Assis
Tradução de Pedro Sevylla de Juana
Querida, al pie del lecho postrero
En que descansas de esa larga vida,
Aquí vengo y vendré, pobre querida,
A traerte el corazón del compañero.

Le impulsa aquel afecto verdadero
Que, a despecho de toda liza humana,
Hizo nuestra existencia la anhelada
Y en un refugio puso un mundo entero.

Te traigo flores, – restos arrancados
De la tierra que nos vio pasar unidos
y ahora muertos nos deja y separados.

Que yo, si tengo en los ojos malheridos
Pensamientos de vida formulados,
Son pensamientos idos y vividos.

 

 

 

Antonio Machado

Antonio Cipriano José María y Francisco de Santa Ana Machado Ruiz nació en Sevilla, el día 26 de julio del año 1875. Murió en Collioure (Francia), el día 22.de febrero de 1939. Recuerdo una frase de Cesáreo Gutiérrez Cortés, que me ayuda en las pesquisas: «No hay nada más sospechoso de falsedad que lo evidente». Cuando todo aparece diáfano, perfecto, silencioso, dulce, azul y blanco, tibio, calmo; ¡cuidado! Saco lupa, cuentahilos, termómetro; tomo el pulso y el aliento, pregunto, abro, giro, escarbo. El asunto importante que suscita la lectura de Machado, es, simple y llanamente, el modo y manera de leerlo. El cómo y cuánto debemos conocer para alcanzar la certeza de su pensamiento y la posición que tomaba ante la vida y su intríngulis. Se ha dicho que no basta con leer solo algunos textos, prosa o verso. Para conocer a Machado debemos tener en cuenta toda su obra. Supongo a esa afirmación motivada por sus cambios del punto de vista y de la propia visión. «Nunca estoy más cerca de pensar una cosa» -anota Machado en las primeras páginas del cuaderno ‘Los complementarios’- «que cuando he escrito la contraria».
Bien, si eso es así, su obra al completo nos dará su completa evolución, pero no la visión principal, la dominante, síntesis y punto de apoyo, palanca. ¿Nos bastaría entonces con leer sus últimos trabajos? El paso del tiempo no es, casi nunca, sinónimo de progreso, sino la pura y sencilla división en estadios del proceso evolutivo. Así, el último momento, sería un punto más de la evolución, pero no el más representativo. La síntesis que algunos hagan en ensayos de enjundia, puede ayudar, pero la opinión, sea la que sea, que uno mismo se haga, debe ser la válida para cada uno. Por tanto, cuanto más se lea de Antonio Machado, mejor: suma de contradicciones más o menos conciliables. En todo caso, ante la duda irresoluble, podemos tomar como acertada la opinión de Juan de Mairena. No obstante, en cuanto a la coherencia de su conducta, siempre tendremos la rúbrica inequívoca de su muerte.

Campos de Castilla Poema XCVII de Poesías Completas
Retrato
Poema de Antonio Machado
Tradução de Pedro Sevylla de Juana
Minha infância são lembranças dum pátio de Sevilla,
e um horto claro onde madura o limoeiro;
a mocidade, vinte anos em terra de Castilla;
minha história, alguns casos que recordar não quero.
Nem sedutor Mañara, nem Bradomín tenho sido
—já conheceis meu torpe alinho indumentário—,
mais recebi a seta que me atribuiu Cupido,
e amei quanto elas possam ter de hospitalário.
Há em minhas veias gotas de sangue jacobina,
mas meu verso brota de manancial sereno;
e, mais que um homem ao uso que sabe sua doutrina,
sou, no bom sentido da palavra, bom.
Adoro a formosura, e na moderna estética
cortei as velhas rosas do horto de Ronsard;
mas não amo os adereços da atual cosmética,
nem sou uma ave dessas do novo gay-trinar.
Desdenho as romanças dos tenores ocos
e o coro dos grilos que cantam à lua.
A distinguir me paro as vozes dos ecos,
e escuto somente, entre as vozes, uma.
Sou clássico ou romântico? Não sei. Deixar quisera
meu verso, como deixa o capitão sua espada:
famosa pela mão viril que a brandira,
não pelo douto oficio do forjador prezada.
Converso com o homem que sempre vai comigo
—quem fala só espera falar a Deus um dia—;
meu solilóquio é conversa com esse bom amigo
que me ensinou o segredo da filantropia.
A meu trabalho vou, com meu dinheiro pago
o traje que me cobre e a mansão que habito,
o pão que me alimenta e o leito onde jazo.
E quando chegue o dia da última viagem,
e parta a nave que não tem de tornar,
me encontrareis a bordo ligeiro de bagagem,
quase despido, como os filhos da mar.

Elogios Poema CXLVIII de Poesías Completas
À morte de Rubén Darío
Poema de Antonio Machado
Tradução de Pedro Sevylla de Juana
Se era toda em teu verso a harmonia do mundo,
onde foste, Darío, a harmonia a buscar?
Jardineiro de Hesperia, rouxinol dos mares,
coração assombrado da música astral,
levou-te Dionysos de sua mão ao inferno
e com as novas rosas triunfantes voltarás?
Te feriram procurando a sonhada Flórida,
a fonte da eterna juventude, capitão?
Que nesta língua mãe a clara história fique;
corações de todas as Espanhas, chorem.
Rubén Darío morreu em suas terras de Ouro,
esta nova veio-nos atravessando o mar.
Ponhamos, espanhóis, num severo mármore,
seu nome, flauta e lira, e uma inscrição não mais:
Ninguém esta lira pulse, se não é o mesmo Apolo,
ninguém esta flauta soe, se não é o mesmo Pan.

Poema CXXXV Poesías Completas Espasa Calpe colección Austral
O amanhã efêmero
Poema de Antonio Machado
Tradução de Pedro Sevylla de Juana
A Espanha de charanga e pandeireta,
fechado e sacristia,
devota de Frascuelo e de Maria,
de espírito burlão e de alma quieta,
tem de ter seu mármore e seu dia,
seu infalível amanhã e seu poeta.
O vão ontem engendrará o amanhã
vazio e por ventura! passageiro.
Será pessoa vil e azoratada,
um saião com feituras de bolero,
à moda de França realista
um pouco ao uso do Paris pagão
e ao estilo de Espanha especialista
no vício ao alcance da mão.
Essa Espanha inferior que ora e boceja,
velha e batoteira, agitadora e triste;
essa Espanha inferior que ora e investe,
quando se digna usar da cabeça,
ainda terá longo parto de varões
amantes de sagradas tradições
e de sagradas formas e maneiras;
florescerão as barbas apostólicas,
e outras calvas em outras caveiras
brilharão, veneráveis e católicas.
O vão ontem engendrará um amanhã
vazio e por ventura! passageiro,
a sombra dum bufão atordoado,
dum saião com feituras de bolero;
o vácuo ontem dará um amanhã cavo.
Como a náusea de um bêbado farto
de vinho mau, um vermelho sol coroa
de fezes turvas as cimeiras de granito;
há um discordante amanhã escrito
na tarde pragmática e muito doce.
Mas outra Espanha nasce,
a Espanha do cinzel e da maça,
com essa eterna juventude que se faz
do passado maciço da raça.
Uma Espanha implacável e redentora,
Espanha que alvoreja
com um machado na mão vingadora,
Espanha da raiva e da ideia.

Campos de Castilla Poema CI de Poesías Completas
O Deus ibero
Poema de Antonio Machado
Tradução Pedro Sevylla de Juana
Igual que o besteiro
batoteiro da cantiga,
tivesse uma seta o homem ibero
para o Senhor que apedrejou a espiga
e malogrou os frutos outonais,
e um «glória para você» Senhor que grana
centeios e trigais
que o pão bendito lhe darão amanhã.
Senhor da ruína
adoro porque aguardo e porque temo:
com minha oração se inclina
para a terra um coração blasfemo.
Senhor, por quem arranco o pão com pena,
sei teu poder, conheço minha condena!
Oh dono da nuvem do estio
que a campina arrasa,
do seco outono, do gelar tardio
e do bochorno que a seara abrasa!
«Senhor do íris, sobre o campo verde
onde a ovelha pasce;
Senhor do fruto que o verme morde
e da choça que o aguaceiro rompe,
“teu sopro o fogo do lar aviva,
teu lume tempera ao louro grão,
e coalha o osso da verde oliva,
a noite de San Juan, tua santa mão!
«Oh dono de fortuna e de pobreza,
ventura e malandança,
que ao rico dás favores e preguiça
e ao pobre sua fadiga e sua esperança!
«Senhor, Senhor: na instável roda
do ano tenho visto a semente deitada,
correndo igual sorte que a moeda
do jogador no azar semeada!
«Senhor, hoje paternal, ontem cruento,
com duplo rosto de amor e de vingança,
a Ti, num dado de jogador ao vento,
vai minha oração, blasfêmia e alabança!»
Este que insulta a Deus nos altares,
não mais atento ao cenho do Destino,
também sonhou caminhos nos mares
e disse: «É Deus sobre o mar caminho».
Não é ele quem pôs Deus sobre a guerra
para além da sorte,
para além da terra,
para além da mar e da morte?
Não deu o azinheira ibera
para o fogo de Deus o bom ramo,
que foi na santa fogueira
de amor uma com Deus em pura chama?
Mas hoje… Que importa um dia!
Para os novos lares
estepes há na floresta umbria,
lenha verde nos velhos azinhais.
Ainda longa pátria espera
abrir ao curvo arado suas besanas;
para o grão de Deus há sementeira
baixo cardos e abrolhos e bardanas.
Que importa um dia! Está o ontem alerto
ao amanhã, amanhã ao infinito;
homens da Espanha, nem o passado tem morrido,
nem está o amanhã—nem o ontem—escrito!
Quem tem visto a cara do Deus hispano?
Meu coração aguarda
ao homem ibero da vigorosa mão,
que talhará no roble castelhano
o árido Deus da terra parda.

Poemas originais de Poesías Completas Espasa Calpe S-A. Colección Austral nº 149

 

 

 

 

Carolina Maria de Jesus

El año 1914 nació Carolina Maria de Jesus en Sacramento, municipio brasileño de la región de Araxá, estado de Minas Gerais, Brasil. Negra, pobre, domestica, vagabunda, sobreviviente, rebuscadora de papel y de chatarra, habitante de favela. Debido a la acción de un hacendado caritativo, ella y otros niños pudieron ir a la escuela. Carolina aprendió a leer y escribir, lo que la permitió ser relatora de su entorno en cuadernos. Fue madre soltera de una niña y dos niños. Destacan en su conducta, esa lucha diaria durante años para dar de comer a sus hijos, defenderlos del exterior y disculpar sus travesuras infantiles. Falleció el 13 de febrero de 1977 en São Paulo.
Sobre Quarto de despejo, en el preámbulo del libro, Audálio Dantas escribe: «Un libro así, fuerte y original, solo podía crear mucha polémica. Para comenzar, rompió la rutina de las magras ediciones de dos, tres mil ejemplares, en Brasil. En pocos meses, a partir de agosto de 1960, cuando fue lanzado, sucesivas ediciones alcanzaron, en conjunto, las alturas de los 100 mil ejemplares. Los periódicos, las revistas, la radio o la televisión, primero aquí y después en el mundo entero, abrieron espacios para el libro y para la historia de su autora. El éxito del libro -una rústica, incómoda y hasta lírica narrativa del sufrimiento del hombre, relegado a la condición más desesperada y humillante de la vida- fue también el éxito personal de su autora. Salida ella del brasero de la basura para brillar intensamente bajo las luces de la ciudad».
Se tradujo a catorce idiomas distribuyéndose en cuarenta países, acercándose al millón los ejemplares vendidos. Grabó discos en los que ponía voz y música. Sobre ella escribieron los mejores escritores brasileños, la recibieron personajes de distintos países, fue exaltada y denigrada. La burbuja comercial duró lo que duran las burbujas comerciales, mientras el jugo interior se convierte en dinero.
Pero al margen del éxito, en el embrión del éxito, está la mujer que lo originó. Ella y su inteligencia, su fuerza y su coraje. Ella con su orgullo, su empuje, su osadía, su deseo de independencia y su impaciente paciencia. Ella, mujer fuerte cuya debilidad escribe los diarios durante años. Lo hace como quien cuenta sus pesares a un amigo, para desahogarse. Sí, con la remota esperanza de darlos a conocer en un libro, cuyo título traduzco como Cuarto de los desechos, porque ella dijo que la favela era el Quarto de despejo de la sociedad y del mundo. El papel del periodista Audálio Dantas en la publicación y, acaso del éxito de ese libro diario, es fundamental. Trabajó en la corrección de los diarios haciéndolos legibles para el gran público, seleccionó los textos más interesantes y creó el ambiente intelectual previo al lanzamiento. Tanto es así que llegó a ser acusado de haber dirigido la mano de Carolina en la escritura, incluso de haber inventado a Carolina. Artículos como el de Manuel Bandeira, vinieron en su ayuda al destacar la extraordinaria obra de Carolina Maria de Jesus.
Después de todo, lo sé, avanzado el siglo XXI, en el fondo, nos sigue quedando el hambre. El hambre es aire en el estómago, agua sucia; a veces hierbajos que no se pueden digerir, vacío e hinchazón. El hambre es amarilla de toda amarillez, lo supo Carolina, amarilla macilenta. El hambre es sombra intensa, es palidez sepulcral, es viento airado en la cabeza, viento de nublado y desesperanza. Es una sensación progresiva el hambre, para quien la ha sufrido a temporadas cada vez más juntas, conocedor de los meandros del cauce seco y pedregoso. Ignoro si el hambre es contagiosa, pero imagino que sí; porque la he visto cercada de otras hambres. Causa y efecto, abundancia y hambre se rechazan como polos idénticos de un mismo imán. Los guetos de pobres y los guetos de ricos, son opuestos y, para mayor desgracia, complementarios e inmiscibles.

Quarto de Despejo, de Carolina Maria de Jesus, Edición Popular, con prólogo de Audálio Dantas.
Trecho de Quarto de despejo,
Obra de Carolina Maria de Jesus
Traducción de Pedro Sevylla de Juana
«Mis hijos no se mantienen con pan de iglesia. Me enfrento a cualquier clase de trabajo para mantenerlos. Las otras tienen que mendigar y hasta afanar. Parecen tambor. Por la noche, mientras ellas piden ayuda, yo, tranquilamente, en mi barraquita, escucho valses vieneses. Mientras los esposos rompen las tablas de la barraca, yo y mis hijos dormimos tranquilos. No envidio a las mujeres casadas de favela que llevan vida de esclavas indianas. No me casé y no me arrepiento. Los que me gustaron eran soeces y me imponían condiciones horribles. Ahí está la Maria José, más conocida como Zefa, que reside en la calle B número 9. Es una alcoholatra. Gestante bebe demasiado. Las criaturas nacen y mueren antes de los doce meses. Me odia porque mis hijos me defienden y por tener yo radio. Un día me pidió la radio prestada. Le dije que no se la podía prestar. Que ella no tenía hijos, así que podía trabajar para comprarla. Como se sabe, las personas dadas a la embriaguez no compran nada. Ni ropas. Los borrachos no prosperan. A veces arroja agua a mis hijos. Dice que no zurro a mis hijos. No soy dada a la violencia. Mi hijo José Carlos dice:
—No te entristezcas mamita. Nuestra Señora de la Aparecida tendrá piedad de la señora. Cuando yo crezca compraré una casa de ladrillo para la señora madre.
«Fui a buscar papel y permanecí fuera de casa una hora. Al volver vi varias personas en las orillas del río. Era que allí había un señor inconsciente por el alcohol, y los insensibles de la favela le escudriñaban los bolsos. Le quitaron el dinero rompiendo los documentos (…) Son las 5. ¡Y el Señor Heitor ya enciende la luz!
Yo voy a lavar a los niños para ir a la cama, porque necesito salir. Preciso dinero para pagar la luz. Aquí es así. La gente no gasta luz, pero debe pagar. Salí fuera a buscar papel. Iba deprisa porque era tarde. Encontré una señora. Iba maldiciendo su vida conyugal. Miré, pero no dije nada. (…) Até las bolsas, puse las latas que recogí en otra bolsa y regresé a casa. Al llegar puse la radio para saber la hora. Eran las 23,55. Calenté comida, leí, me desnudé y después me acosté. El sueño llegó enseguida.
«19 de Julio. Desperté a las 7 horas con la parla de mis hijos. Dejé el lecho, fui a buscar agua. Las mujeres ya estaban en el grifo. Las latas en fila. Nada más llegar la Florenciana me preguntó
—¿De qué partido es aquella pancarta?
Leí P.S.B. y respondí Partido Socialista Brasileño. Pasó el señor Germano, y ella preguntó de nuevo:
—Señor Germano, ¿esa pancarta de qué partido es?
—Del Janio (sobrenombre del PSB por Jânio Quadros, diputado, prefecto y gobernador de SP antes de Presidente de la República)
Ella se alegró y comenzó a decir que el Dr. Ademar de Barros (dos veces gobernador del Estado) es un ladrón (….) Llegó mi vez, puse mi lata para llenar. La Florenciana siguió alabando al Janio. El agua comenzó a disminuir en el grifo. Comenzaron a hablar de la Rosa. Que ella cargaba agua desde las 4 de la madrugada, que ella lavaba toda la ropa en casa. Que ella debe pagar 20 cruzeiros al mes. Mi lata se llenó y me fui enseguida.
…Estuve recordando los disgustos de esos días (…) Soporto los inconvenientes de la vida diaria. Ya que no conseguí almacenar para vivir, decidí almacenar paciencia.
«Nunca fui nadie. Tengo mucho sentido común. No quiero tener procesos. Mi registro general es 845.936. Fui al depósito para recibir el dinero del papel; 55 cruzeiros. Volví rápido, compré leche y pan. Preparé Toddy para los niños, hice las camas, puse alubias en el fuego, barrí la barraca. Llamé al Señor Ireno Venancio da Silva encargándole un balancín para los niños. Me gustaría que ellos se quedaran en el patio para que los vecinos no riñeran con ellos. Le di 16 cruzeiros. Mientras hacía el balancín, fui a enjabonar la ropa. Cuando volví, el señor Ireno estaba terminando el balancín. Hice algunas correcciones y él lo terminó. Los niños aprecian el balancín al instante. Todos querían columpiarse al mismo tempo.
«Cerré la puerta, fui a vender las latas. Llevé a los niños. El día está cálido. Me gusta que reciban los rayos solares. ¡Qué suplicio! Cargar a la pequeña Vera y llevar la bolsa sobre la cabeza. Vendí las latas y los metales. Cobré 31 Cruzeiros. Quedé satisfecha. Pregunté:
-Señor Manuel, ¿el señor no equivocó la cuenta?
-No, ¿Por qué?
-Porque el saco de latas no pesaba tanto como para valer 31 cruzeiros. Es el total que necesito para pagar la luz.
Dije adiós y volví a casa. Llegué, hice la comida. Mientras la cazuela hervía yo escribí un poco. Di de comer a los niños y fui a la Klabin (fábrica de papel de Mauricio Klabin) a buscar papel estropeado. Dejé a los pequeños jugando en el patio. Tenía mucho papel. Trabajé deprisa pensando que aquellas bestias humanas son capaces de invadir mi barraca y maltratar a los niños. Ellas esperan a que yo salga para zurrar a mis hijos. Justamente, cuando, no estando yo, las criaturas están solas e indefensas. En ocasiones yo enciendo la radio y danzo con los niños,
«…En las favelas, las jóvenes de 15 años permanecen hasta la hora que ellas quieren. Se mezclan con meretrices, cuentan sus aventuras (…) Están los que trabajan. Y están los que llevan la vida torcida y recta. Las personas de mayor edad trabajan, los jóvenes es que reniegan del trabajo. Tienen las madres, que recogen frutas y legumbres en los mercados. Tienen las iglesias que dan pan. Tienen el San Francisco que todos los meses entregan manutención, café, jabón etc. Ellas van al mercado, recogen cabezas de pescado, todo lo que pueden aprovechar. Comen cualquier cosa. Tienen estómago de cemento armado (…)
En ocasiones yo enciendo la radio y danzo con los niños; simulamos una lucha de boxeo. Hoy compré mermelada para ellos. En cuanto di un pedazo a cada uno, percibí que me dirigían una mirada tierna. Y el mi João José dijo:
-¡Qué madre tan buena!
Cuando las mujeres fieras invaden mi barraca, mis hijos tiran piedras. Ellas dicen:
-¡Qué niños tan mal educados!
Yo respondo:
Mis hijos están defendiéndome. Ustedes son incultas, no pueden comprender. Voy a escribir un libro sobre la favela. Citaré todo lo que aquí pasa. Y todo lo que ustedes hacen. Yo quiero escribir el libro y ustedes, con estas escenas desagradables, me facilitan los argumentos.

A professora Vera Eunice de Jesus Lima, 61 anos, filha de uma das primeiras escritoras negras do Brasil, Carolina Maria de Jesus, contou que nunca conseguiu ler por completo o livro mais famoso da mãe, Quarto de Despejo: Diário de uma Favelada. «Leio pedaços. Começo a ler, leio, abro. Não é um livro que consigo ler na sequência».

Carolina Maria de Jesus, em «Antologia pessoal». (Organização José Carlos Sebe Bom Meihy). Rio de Janeiro: Editora UFRJ, 1996.
La Rosa
Poema de Carolina Maria de Jesus
Traducido por Pedro Sevylla de Juana
Yo soy la flor más hermosa
Dijo la rosa
Vanidosa!
Soy la musa del poeta.

Por todos soy admirada
Y adorada.

La reina predilecta.

Mis pétalos aterciopelados
Están perfumados
Y acunados.

Que aroma tan fragante:
Para que me sirve esta esencia,
Si la existencia
No me es vinculante…

Cuando surgen las estrías
Quedo deshojada
Esparcida
Mi vida es un segundo.
Transitivo es mi vivir
De ser…
La flor reina del mundo.

Carolina Maria de Jesus, em “Meu estranho diário”. São Paulo: Xamã, 1996. (grafia original)
Humanidad
Poema de Carolina María de Jesús
Traducido por Pedro Sevylla de Juana

Después de descubrir a la humanidad
sus maldades
sus ambiciones
yo fui envejeciendo
y perdiendo
las ilusiones;
lo que predomina es la
maldad
porque la bondad:
no la practica nadie
Humanidad ambiciosa
y ávida de lucro
¡Que quiere hacerse rica!
Cuando yo muera…
no quiero resucitar
es horrible, soportar a la humanidad
cuya apariencia noble
encubre
las pésimas cualidades

Me di cuenta de que el ser humano
es perverso, es tirano
egoísta, interesado
pero trata con educación
aunque es todo hipocresía
es bruto, y trapacero.

Carolina Maria de Jesus, em Antologia pessoal. (Organização José Carlos Sebe Bom Meihy). Rio de Janeiro: Editora UFRJ, 1996.
(Muchas escapaban al verme)
Poema de Carolina Maria de Jesus
Traducido por Pedro Sevylla de Juana

Muchas huían al verme
Pensando que no lo descubría
Otras querían leer
Los versos que yo escribía

Era papel lo que yo recogía
Para pagar mi vida
Y en la basura encontraba libros que yo leía
Cuántas cosas quise hacer
Fui impedida por el prejuicio
Si yo muero quiero renacer
En un país donde predomine el negro

¡Adiós! ¡Adiós, voy a morir!
Y dejo esos versos a mi país
Si es que tenemos el derecho de resucitar
Quiero un lugar, donde el negro sea feliz.

Antologia pessoal. Rio de Janeiro: Editora UFRJ, 1996, p.174.
Soñé
Poema de Carolina Maria de Jesus
Traducido por Pedro Sevylla de Juana

Soñé que estaba muerta
Vi un cuerpo en el cajón
En vez de flores eran Iibros
Lo que sujetaban mis manos
Soñé que estaba tendida
En lo alto de una mesa
Vi mi cuerpo sin vida
Entre cuatro velas encendidas

Al lado el padre rezaba
Me conmovió su oración
Al bueno Dios él imploraba
Para obtener la salvación
Suplicaba al Padre Eterno
Para deleitar mi sufrimiento
No enviarme al infierno
Que debe ser un tormento

Él me dio la extrema unción
Cuanta ternura noté
Cuando fue a cerrar el cajón
Yo sonreí… y desperté.

Rapariga de Sacramento MG Brasil
Poema e tradução de Pedro Sevylla de Juana
Ignoro a maior parte das coisas tuas
quase todas as razões, mas sê
que numa palhota descalça amanheceste.
Gritos de parto e vozes de vizinhas
saíam pelo negro buraco
do cano enegrecido
negro
com a fumaça do fogo que fervia
as raízes
e esse suco
feito para alimentar tua ousadia.
Choraste ao fim,
amanhecia,
choraste o primeiro de teus prantos
eras menina
e iam te chamar
Bitita.

Depois te pensei menina
e eras menina sem armário
de roupinha
sem enxoval azul ou rosa
sem sapatinhos de fivela linda
sem futuro de manhã pela tarde
nem do outro dia.
Menina sem amparo
nem caricias,
entretinhas teu tempo
com brinquedos que fazias
da nada e ao momento
a teu capricho e medida.

Sobre o planeta Terra
ia descalça tua puerícia
se alimentando de raízes
de frutos e de flores
das folhas da rama
de suco de intenções.
Independência, orgulho, coragem
Paciência e impaciência:
degrau a degrau tua Torre de Babel
se alçava na sucessão dos dias
com teu desejo de atingir as estrelas
dar um nome a cada uma
e viver sempre nelas.

Aprendeste a ler, a escrever
e procurando entre sucata e papelões
aprendeste a distinguir
e te foste fazendo de música e cores
de pranto interno
e esperança
mulher que pensava e via ao passo que
sentia, elucubrava e escrevia
e eram relatos de vida e abandono
de receio e fugida
de alento e fogo
os que desses olhos saíam
dessa mente produtora de ideias
dessa mirada profunda posta nas coisas
com um temor sincero
às pessoas escuras que escondiam
suas negras intenções no grande buraco preto.

Te emparelhaste com o macho a cada vez
que o alarme e o desejo empurravam,
te nascendo três filhos
que tiveram a sorte propícia
de ter no barraco
uma mãe generosa e decidida.

Formiga
sozinha
levavas
o grão
de alimento
ao imediato
formigueiro,
todo o ano
inverno
inverno.

Esta noite te imaginei, e sendo negra
do tudo, toda negra,
te pensei mestiça do sol e da lua
com o melhor de cada raça
indígena, africana e europeia
ninada pelo vento e pela chuva
das quatro estações
que são só uma nessa terra equinocial
efervescente de luz e religiões.

Humanidade tu
encolhida em cócoras à espera,
saiu teu livro desse Quarto de Despejo
voou alto e longe, pomba mensageira
choveu o dinheiro em diluvio universal
recebeste na partilha uma parte pequena.
Chegaste ao alto da Torre
quando teus escritos iam inundando o Planeta
rapariga de sacramento
mulher de favela.

Ao receber sua visita o soubeste:
Fortuna fica pouco tempo na casa do pobre.
A Torre se fez mais Babel ainda
as línguas diferentes não foram miscíveis
e se confundiram te confundindo.
Envelheceste até sentir o mau
recordando aquelas vizinhas que fugiam
e as que precisavam, para se sentir bem,
escutar os versos que escrevias.

Uma noite escura te sonhaste morta
no interior fechado do caixão
nas mãos, livros em vez de flores.
Foi um sonho de graves consequências
porque já não despertaram as vidas
que neste mundo rompido, viveste a tua maneira.

 

 

 

José Martí

Hijo de los españoles Mariano Martí, natural de Valencia, y Leonor Pérez, natural de Tenerife; José Martí nació en La Habana, el 28 de enero de 1853. Su muerte ocurrió en la guerra de independencia de Cuba, el 19 de mayo de 1895. José Martí, separado del grueso de las fuerzas cubanas, cabalgó hacia un grupo de españoles oculto en la maleza. Le alcanzaron tres disparos y, de resultas, murió. En abril de 1862 don Mariano Martí, padre de José, es nombrado capitán juez pedáneo de Caimito de Hanábana, jurisdicción de Nueva Bermeja, en la Alcaldía Mayor de Colón, al sureste de Matanzas. Tenía entonces nueve años el niño, y don Mariano se lo llevó con él para que, con su buena letra, le pasara a limpio los informes.
José Martí es uno de los poetas en castellano mejor valorados del siglo XIX. Sus poemas han pasado a ser canciones con frecuencia. Se puede decir que, con esos poemas cantados, hubo cantantes que alcanzaron la fama. Silvio Rodríguez y Pablo Milanés fueron, acaso, los más conocidos. Versos claros, limpios y directos, que se hicieron saetas para expresar y difundir las ideas del autor.
José Martí se convirtió en el espejo donde se miraron muchos de los poetas posteriores.
Pasado el tiempo, terminada su vida, difundida y reposada su obra, José Martí, hombre de un gran sentido moral y de una exigente firmeza, héroe y mártir, es el personaje más querido, respetado y citado, por cubanos de muy distintas convicciones. Sucede, que nobleza y clero, de una y otra forma, siempre han estado exentos de pagar impuestos. Sucede que, de una u otra forma, siempre ha habido nobleza y clero. El pueblo, de una u otra forma, siempre ha mantenido a las fuerzas del orden. Siempre, la realidad injusta se ha impuesto sobre lo ordenado, de una u otra forma. Sucede que, a eso, de una u otra forma, Martí, se opuso.

Poemas de José Martí traducidos por mí al portugués
Abdala es un Poema Dramático publicado en La Patria Libre, semanario democrático-cosmopolita de La Habana, el 23 de enero de 1869
https://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/se/20160824043346/JOSE-MARTI_Tomo-01.pdf
Abdala
Trecho do poema de José Martí
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana
Cena Primeira
ABDALA, UM SENADOR E CONSELHEIROS.
Senador:
Nobre caudilho: a nosso povo chega
Feroz conquistador: néscio ameaça
Se sua força e poder lhe resistimos
Em pó converter nossas muralhas:
Feroz pinta a seu exército que monta
Nobres corcéis da raça arábiga;
Imensa gente ao opressor auxilia,
E tão alto é o número de lanças
Que o inimigo conta, que a sua vista
A força treme e o valor se espanta:
Tantas suas lojas são, nobre caudilho,
Que à planície chegam imediata,
E do rude opressor oh Abdala ilustre!
É tanta a fereza e arrogância
Que enviou um emissário reclamando
Rendesse fogo e ar, terra e água!

Abdala:
Pois dizei ao tirano que na Nubia
Há um herói por vinte de seus lanças:
Que do ar se atreva a se fazer dono:
Que o fogo aos lares faz falta:
Que compre a terra com seu sangue:
Que a água deve misturar-se com suas lágrimas.

Senador
Guerreiro ilustre: acalma teu entusiasmo!
Do estranho à impudica arrogância
Le deu o povo o laurel que mereciam
Tão néscia presunção e audácia tanta;
Mas hoje não são suas bárbaras ofensas
Mostras de orgulho e simples ameaças:
Já detém aos núbios no campo!
Já em nossas portas nos coloca guardas!

Abdala:
Que dizes, Senador?

Senador:
Te digo oh, chefe
Do exército núbio! Que as lanças
Devem brilhar, ao ar desenvolta
A sagrada bandeira da pátria!
Te digo que é preciso que a Nubia
Do opressor a língua arranque ousada,
E a planície com seu sangue banhe
E lute Nubia qual lutava Esparta!
Venho em tuas mãos a deixar a empresa
De vingar as covardes ameaças
Do bárbaro tirano que assim chega
A despojar de vida nossas almas!
Venho a rogar ao esforçado núbio
Que à batalha com o povo parta

Abdala:
Aceito, Senador. Alma de bronze
Tivesse se teu rogo não aceitasse.
Que me sigam espero os valentes
Nobres caudilhos que o valor realça,
E se insulta aos livres um tirano
Veremos no campo de batalha!
Na Nubia nascidos, pela Nubia
Morrer saberemos: filhos da pátria,
Por ela morreremos, e o suspiro
Que de meus lábios postremo saia
Para Nubia será, que para Nubia
Nossa força e valor foram criadas.
dizei ao povo que com ele ao campo
Quando se ordene empreenderei a marcha;
E dizei ao tirano que se apreste,
Que prepare sua gente, e que a suas lanças
Brilho dê e esplendor. Mais fortes brilham
Robustas e valentes nossas almas!

Senador:
Feliz mil vezes ¡oh valente jovem!
O povo que é tua pátria!

Todos
—Viva Abdala!—
(Se vão senador e conselheiros.)

Musa Traviesa pertenece a Ismaelillo, un libro de poemas dedicado a su hijo José Francisco Martí Zayas, considerado como uno de los poemarios más influyentes del Modernismo. Martí emplea, no obstante, un estilo natural, sencillo y claro; desprendido de adornos y de palabras extranjeras. Su verso es herramienta para el trabajo del poeta concienciado, la raíz permanece hincada en la tierra y la realidad la riega. Pensamiento e idea constituyen su principal alimento. Soledad y angustia, le llevan hacia la humanidad extensa, formada de individuos vivos. Innova al versificar Martí: ritmo y lenguaje.
El amor sentido por su hijo en la ausencia, es la llave, separado de la esposa y perdido el contacto con su pequeño. Hay remembranzas Bíblicas, Ismael y Jacob. Musa traviesa es un poema doble, divido en dos partes, derecha e izquierda separadas por la letra mayúscula. Pueden leerse por separado y, también, juntas.
Musa travessa
Poema de José Martí
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana
Minha musa? é um diabinho Referindo-o, me inunda
Com asa de anjo. Um gozo grave:-
Ah, musinha travessa E qual se o monte alegre,
Que voo traz! Querendo folgar-se

Ao alva apaixonando
Eu solo, cavaleiro. Com vozes ágeis,
Em sonhos graves, Seus filhinhos sonoros
Cavalgar horas longas Desprega-se,
Sobre os ares. E salpicando riscos,
Entro em nuvens rosadas, Lavrando esmaltes,
Baixo a fundos mares, Refrescando sedentas
E nos seios eternos Cálidos leitos,
Faço viagens. Os fechara risonhos
Ali assisto à imensa Por ladeira e vale, –
boda inefável, Assim, à alva da alma
E nas oficinas folgo Regozijando-se,
Da luz mãe: Meu espírito acendido
E com ela é a escura Me joga caudais
Vida, radiante, Pelas bochechas secas
E a meus olhos os antros De lágrimas suaves.
São ninhos de anjos! Me sento, qual se em magno
Ao viajante do céu Templo oficia-se:
Que o mundo frágil? Qual se minha alma por mirra
Pois, não sabem os homens Verte-se ao ar;
Que encarrego trazem? Qual se em meu ombro surgissem
Se rasgar o bravo peito, Forças de Atlante;
Esvaziar seu sangue, Qual se o sol em meu seio
E andar, andar feridos A luz fragua-se: –
Muito longo vale, E estoiro, fervo, vibro,
Rompido o corpo em farrapos, Asas me nascem!

Os pés em carne,
Até dar sorrindo Suavemente a porta
-Não em terra!- exânimes! Do quarto se abre,
E então suas oficinas E se entram a ele gozosos
A luz lhes abre, Luz, risos, ares.
E veem o que eu vejo: Ao par dá o sol em minha alma
Que o mundo frágil? E nos cristais:
Seres há de montanha, Pela porta entrou-se
seres de vale, Meu diabo anjo!
E seres de pântanos Que foi daqueles sonhos,
E lodaçais. Da minha viagem,

Do papel amarelo,
De meus sonhos desço, Do pranto suave?
Voando vão-se, Qual se de borboletas
E em papel amarelo Depois de grande combate
Conto a viagem. Voassem asas de ouro
Por terra e ar, Meus livros lance,
Assim voam as folhas E se sente magnífico
Do conto o trance. Sobre o desastre,
Venha cá o buliçoso E me mostre rindo,
Meu pano árabe; Rompido o encaixe-
Lá monta no lombo -Que encaixe não se rompe
De um incunábulo; No combate!-
Um carcás com minhas plumas Seu colo, em que o riso
Fabrica e ata-se; Grossa onda faz!
Um sílex perseguindo Vinga, e por leito novo
Vira um estante, Minha vida lance,
E lá rodam por terra E a minhas mãos a velha
Versinhos frágeis, Caneta arranque,
Brumosos pensadores, E do copo manchado
Galãs de Lope! A tinta esvazie!
De águias diminutas! Copo puro de nácar:
Se povoa o ar: Dá-me a que farte
São as ideias, que ascendem, Esta sede de pureza:
Rompidas seus cárceres! Os lábios cansa-me!

São estas que o envolvem
Do muro arranca, e cinge-se, Carnes ou nácares?
Índia plumagem: O riso, como em xícara
Aquela que me deram De ónix árabe,
De ouro brilhante, Em seu incólume seio
Pluma, a marcar nascida Bule triunfante:
Frentes infames, Está aqui, osso pálido,
De sua caixa de seda Vivo e durável!
Saca, e a brande: Filho sou de meu filho!
Do sol aos requebros Ele refaz-me!

Brilha a plumagem,
Que banha em áureas tintas Pudesse eu, filho meu,
Seu audaz semblante. Quebrando a arte
De ambos lados o loiro Universal, morrendo
Cabelo ao ar, Meus anos dando-te,
A mim súbito vem-se Te envelhecer súbito,
A que o abrace. A vida poupar-te!-
De beijo em beijo escala Mas não: que não verias
Minha mesa frágil; Em horas graves
Oh, Jacob, borboleta, Entrar o sol ao alma
Ismaelillo, árabe! E aos cristais!
Que há de haver que eu goste Ferva em teu seio puro
Como olhar-lhe Riso assoante:
Dentre pó de livros Rodem dobras abaixo
Surgir radiante, Livros exangues:
E, em vez de aço, ver-lhe Sobe, Jacob alegre,
De pluma armar-se, A escala suave:
E procurar em meus braços Vem, e de beijo em beijo
Trégua ao combate? Minha mesa assaltes:-
Vinha, vinha Ismaelillo: ¡Pois essa é a musa minha,
A mesa assalte, Meu diabo anjo!
E pelas largas dobras ¡Ah, musinha arteira,
Do pano árabe Que voo traz!
Em infame derrota

«¡Oh México querido! ¡Oh México adorado, ve los peligros que te cercan!» Es en México donde Martí recibe la visión nítida de la realidad latino americana. Allí arraiga su latinoamericanismo. Salió Martí de México tras el derrocamiento de Lerdo de Tejada y la llegada del general Porfirio Díaz. «¡Oye el clamor de un hijo tuyo que no nació de ti!» Manuel Mercado, mexicano, fue secretario de gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada, y amigo de Martí, con quien cruzó una nutrida correspondencia. Martí le dedicó Versos Libres. Conozco la carta inconclusa de Martí dirigida a Mercado, interrumpida para marchar al combate donde Martí murió. Esa carta posee tanto valor, que ha sido considerada su testamento político.

 

 

 

Cecília Meireles

Cecília Benavides de Carvallo Meireles nació en Rio de Janeiro el día 7 de noviembre de 1901. Falleció en su ciudad natal el día 9 de noviembre de 1964. Conocí a Cecília Meireles hace unos años, diez quizá. Desde entonces la tengo en mi altar literario. En aquel momento, después de las lecturas, escribí: ¿Son los ojos, cielo sin fondo de nubes transparentes, de Cecília, lo importante para mí? ¿Lo es la mirada abierta y confiada, esos límites del Universo que ella alcanza? ¿Es el manantial inagotable de su sonrisa lo importante? Sí, porque su palabra simple y pura, surge en la mente armónica para expresar lo que ve su mirada. También para exponer lo recibido a través de todas las lenguas que entiende y habla. Sí, porque su rostro, más lo que el rostro revela del interior armónico, me entregan el estímulo necesario para profundizar en su obra. Para llegar más allá de su fértil imaginación y de la fascinante facilidad de encantamiento.
Digo de Cecília Meireles, que es una mujer de pensamiento y experiencia vital. Ella misma nos explica en qué consiste eso:
«Em toda a vida, nunca me esforcei por ganhar nem me espantei por perder. A noção ou o sentimento da transitoriedade de tudo é o fundamento mesmo da minha personalidade». También nos dice que nació tres meses después de morir su padre, perdiendo a su madre antes de cumplir los tres años. Esas muertes esenciales y otras más, como las de sus tres hermanos, ocurridas en la familia, crearon graves problemas materiales, aunque formaron en ella, desde la niñez, cierta cercanía y hasta intimidad con la muerte. Cercanía e intimidad que la enseñaron, de una manera dulce, la relación aceptada entre lo Efímero y lo Eterno.
Las fotos de Cecília que había ido viendo como ilustración de su obra sencilla; la más popular, la que los lectores conocen de memoria y recitan; esas fotos en blanco y negro, sepia algunas, me explicaban parcialmente sus razones. Los poemas cortos y bellos, que van de mano en mano, de boca en boca, contienen pensamiento y experiencia vital. Explican ellos, de manera recíproca su mirada nítida y su sonrisa de paisaje abierto a los espacios sin término. Esos poemas primeros de mi traducción, los aquí recogidos; estaban plenamente justificados ante la emoción y la lógica que me guían. Lo que quedaba sin explicación era la considerada su obra mayor: Romanceiro da Inconfidência, poesía épica y narrativa.
Fue publicado en 1953, poniendo la mirada en la historia de Minas Gerais, hasta la llamada Inconfidência Mineira, de finales del siglo XVIII.
¿Por qué la mirada que yo conocía, y esa sonrisa, emprendieron tarea tan ardua? ¿De dónde salen, de repente, esa voluntad de acero y ese sentimiento que la une a los que sufren, a las víctimas de la opresión del poderoso? ¿De dónde, esa valentía que la lleva, beligerante, a oponer su visión de los hechos históricos a la visión oficial, corrigiéndola?
Una amiga de Brasil, para ayudarme a conocer mejor a la poeta, me mandó una foto nueva. En el rostro fotografiado se exterioriza una Cecília que ha llegado a la madurez, asentándose sobre el almohadón de todo lo anterior. Una mujer nueva, seria, consolidada, fuerte; en la que la realidad de la existencia y del espacio mundo se han estampado, se han dibujado, se han grabado a buril. Ya es figura, ya es volumen, ya es escultura la foto que recibo. En ella están la niñez y la vida adulta, su relación con la muerte de hermanos y padres, su amada soledad constante. Esta foto, explica y justifica su obra fundamental. La escrita cuando lírica y épica se hicieron complementarias para ir de la mano. En Romanceiro sucede. Herramienta, camino y objetivo son unidad y compromiso
Vida y obra íntimamente ligadas, me permiten concluir con lo dicho de ella por el crítico húngaro, refugiado en Brasil y amigo de Aurélio Buarque de Holanda, Paulo Rónai: «Considero o lirismo de Cecília Meireles o mais elevado da moderna poesia de língua portuguesa. Nenhum outro poeta iguala o seu desprendimento, a sua fluidez, o seu poder transfigurador, a sua simplicidade e seu preciosismo, porque Cecília, só ela, se acerca da nossa poesia primitiva e do nosso lirismo espontâneo… A poesia de Cecília Meireles é uma das mais puras, belas e válidas manifestações da literatura contemporânea». J

Retrato
Poema de Cecília Meireles
Tradução Pedro Sevylla de Juana
Yo no mostraba este rostro de ahora,
tan tranquilo, tan triste, tan delgado,
ni estos ojos vacíos,
ni el labio amargo.

No eran mías estas manos sin fuerza,
tan paradas, tan frías, tan muertas;
no sentía este corazón
que ni late apenas.

No me di cuenta del cambio,
tan paulatino, tan adecuado, tan sencillo:
–En que espejo quedó mi rostro
perdido?

Tráeme
Poema de Cecília Meireles
Traducción de Pedro Sevylla de Juana
Tráeme el matiz de esas sombras serenas
que las nubes empujan en lo alto del día!
Una brizna de sombra, apenas,
—mira que no te pido alegría.
Envíame un atisbo del casto brillo lunar
que la noche mece en tu corazón!
El candor, tan solo, del suave céfiro:
— advierte que ni pretendo ilusión.
Acércame las pavesas de tu recuerdo,
fragancia perdida, nostalgia de la flor!
—Entiende que no te digo – esperanza!
—Nota que ni siquiera sueño – amor!

Motivo
Poema de Cecília Meireles
Traducción de Pedro Sevylla de Juana
Canto porque el momento existe
y mi vida está llena.
No soy alegre ni triste:
simplemente, soy poeta.

Hermano de las cosas esquivas,
no siento deleite ni tormento.
Cruzo las noches y los días
cabalgando el viento.

Ya derribe o construya,
permanezca o me diluya,
— no sé, no sé. No sé si estoy
o es que me voy.

Sé que canto. Y la canción es la vida.
Tiene sangre inmortal y ritmo en las alas.
Sé que moriré un día:
— eso es todo, casi nada.

Canción
Poema de Cecília Meireles
Traducción de Pedro Sevylla de Juana
No te fíes del tiempo ni de la eternidad,
que las nubes me agarran de los vestidos
que los vientos me arrastran contra mi voluntad!
Apresúrate, amor, que mañana muero,
que mañana muero y ya no te veo!

No te quedes allá lejos, en lugar tan secreto,
nácar de silencio que el mar oprime,
el labio, término del instante eterno!
Apresúrate, amor, que mañana muero,
que mañana muero y ya no te siento!

Se me muestra ahora, que aun entiendo
la anémona abierta en tu semblante
y lame los muros el viento enemigo…
Apresúrate, amor, que mañana muero,
que mañana muero y ya no te digo…

Nociones
Poema de Cecília Meireles
Tradução de Pedro Sevylla de Juana
Entre mí y yo, hay vastedades bastantes
para que naveguen mis deseos afligidos.

Descienden por el agua mis naves recubiertas de espejos.
Cada cuchilla arriesga una mirada, e investiga el elemento que la alcanza.

Pero, en esta aventura del sueño expuesto a la fluencia,
solo recojo el sabor infinito de las inexistentes respuestas.

Me volqué, contemplándola, sobre mi propia experiencia.
Mi virtud nacía de esa deriva por mares discordantes,
y de la renuncia más allá de la felicidad y de la belleza.

Oh mi Dios, es decir mi alma:
cualquier cosa que flote sobre este cuerpo efímero y precario,
como el dilatado viento del océano sobre la arena insensible e innúmera…

Resurrección
Poema de Cecília Meireles
Traducción de Pedro Sevylla
No cantes, no cantes, porque vienen de allá los náufragos
llegan los cautivos, los tuertos, los frailes, los oradores, los suicidas.
Vienen las puertas, de nuevo, y el frío de las piedras, de las gradas,
hasta, en la ropa negra, aquellas dos manos antiguas.

Y una vela de inquieta llama humeante. Y los libros. Y los apuntes.
No cantes. La plaza llena se vuelve lóbrega y subterránea.
Y mi nombre se escucha a sí mismo, triste y hueco.

No cantes, no. Porque era la música de tu
voz la que se oía. Estoy recién muerta, llorosa aún.
Algún distraído baboseó sobre mis pestañas
Por eso noté que era tan tarde

Y permití que en mis pies diera el sol y se agitaran las moscas.
Y de mis dientes escapara una lenta saliva.
No cantes, pues retoqué mi cabello, ahora,
y estoy delante del espejo, y comprendo mejor que ando huida.

Recreación
Poema de Cecília Meireles
Traducción Pedro Sevylla de Juana
La vida solo es posible
recreada.

Avanza el sol por las campiñas
y pasea la mano dorada
sobre las aguas, sobre las hojas…
Ah! todo burbujas
que surgen de profundas piscinas
de ilusiones… — nada más.

Pero la vida, la vida, la vida,
la vida sólo es posible
recreada.

Viene la luna, viene, retira
las esposas de mis muñecas.
Me proyecto en espacios
saturados de tu Figura.
Todo mentiras! Mentira
de la luna, en la noche oscura.

No te alcanzo, no te encuentro…
Sola — en el tiempo estabilizada,
del vaivén me desprendo
que más allá del tiempo me traslada.
Sola — en la oscuridad,
quedo: recibida y entregada.
Porque la vida, la vida, la vida,
la vida solo es posible
recreada.

Carta
Poema de Cecília Meireles
Tradução de Pedro Sevylla
Yo, sí. – ¿Pero la estrella de la noche, que ascendía
y descendía del cielo, fatigada y desconocida?
¿pero los pobres, golpeando las puertas, sin consecuencia,
arremetiendo contra la noche y el día
con su puño descarnado?
¿mas los niños, que gritaban con el corazón sobresaltado:
«por qué nadie nos responde?»
¿pero los caminos, los caminos vacíos, con sus manos
abiertas sin ton ni son?
¿mas el Santo inmutable, permitiendo a las cosas
seguir su derrotero?
¿Y las músicas silenciadas en cajas, suspirando con las alas encogidas?

Ah! -Yo, sí -porque ya lloré todo, y desnudé
mi cuerpo ajado y triste,
y mis lágrimas lo purificaron y el silencio de la noche lo enjugó.
pero los muertos, que enterrados soñaban con
palomos ligeros y flores límpidas,
mas los que en altamar esperaban el mensaje que
la playa desplegaría rauda hasta sus dedos…
y quienes dieron cabezadas, debido a tan larga vigilia
– de los que ignoro si despertarán…
y los que murieron de tanto esperar… – de los que ignoro
si se salvaron.

Yo, sí, Pero todo eso, todos esos ojos puestos en
su propio ser, en lo alto de la vida.
no sé si te mirarán como yo,
renacida de mí, y despojada de venganzas,
el día que necesites perdón.

Despedida
Poema de Cecília Meireles
Traducción de Pedro Sevylla de Juana
Por mí y por vosotros y por lo de más allá
que está donde las otras cosas nunca están
dejo el mar animoso y el cielo tranquilo:
quiero soledad.

Mi camino no tiene mojones ni paisajes.
¿Y cómo lo conoces? -me preguntarán.
Porque Carece de palabras, porque le falta imagen.
Ningún enemigo y ningún hermano.

¿Qué buscas? Todo. ¿Qué deseas? Nada.
Viajo sola con mi corazón.
No ando perdida, aunque si desencontrada.
Llevo mi rumbo en la mano.

La memoria voló de mi cabeza.
Voló mi amor, mi imaginación…
Tal vez muera antes de alcanzar el horizonte.
¿Memoria, amor y el resto donde estarán?

Dejo aquí mi cuerpo, entre el sol y la tierra.
(Te beso, cuerpo mío, ¡todo desencanto!
Estandarte triste de una extraña guerra … )

Quiero soledad.

Romanceiro de Inconfidência (Fragmento)
Poema de Cecília Meireles
Traducción: Pedro Sevylla de Juana
La brújula mira.
Se dirige al este.
Diez días de marcha
hasta que atraviese
campiñas y montes
que con los ojos mide:
tan verdes…tan vastos…
(Y nadie percibe
que es muy necesario
que tierra tan fértil,
tan bella y tan rica
por ella se gobierne)
Aguas de oro puro
su caballo bebe.
Entre sed y espuma
los diamantes hierven…
(La tierra tan rica
Y –oh almas inertes!
El pueblo tan pobre…
Nadie que proteste!
Si fuesen como él,
Al alto sueño entregado!)
Suspiran las aves
La tarde oscurece.
(Regresará hidalgo,
libre de reveses,
con tantos cruzados…)
Delibera. Reflexiona.
Brinda por los nuevos tiempos!

 

 

 

Gabriela Mistral

Lucila de María Godoy Alcayaga nació el 7 de abril de 1889 en Chile. Ciudad de Vicuña, en el Valle del Elqui, entre treinta cerros, como ella misma gustaba añadir. Su padre fue Juan Jerónimo Godoy Villanueva, profesor. Su madre, Petronila Alcayaga Rojas, modista. El 10 de enero de 1957, Gabriela Mistral falleció en Nueva York.
De los once premios Nobel de Literatura en lengua castellana, Gabriela Mistral, ganadora en 1945, es la única mujer. Aún más, fue la segunda mujer premiada en una nómina casi del todo masculina. Recibió el premio cuando aún las mujeres no tenían derecho al voto en las elecciones generales del país. Esta circunstancia esencial agranda su mérito. Se trata de un mérito constante, pues desde sus escritos enviados a la prensa regional, de La Serena, Ovalle, así como a La Voz de Elqui, de su ciudad natal; encuentra una oposición injustificada.
Tenacidad, constancia, conocimiento, imaginación, capacidad de adaptación al medio. Eso vi en Lucila Godoy, aprendiz y maestra a un tiempo. Dice de sí quien sería Gabriela Mistral: «Cuando yo fui echada del Liceo de La Serena, mi madre y mi hermana pensaron en sacrificarme en bien mío, haciéndome regresar a la Escuela Normal, pues las tres habíamos visto, claramente, que yo no haría carrera en la enseñanza a menos de conseguir la papeleta consabida. Yo acepté e hicimos el triple esfuerzo de preparar exámenes, de obtener la fianza del caso y de comprar el equipo de ropa. El día que mi madre fue a dejarme a la Escuela Normal, la subdirectora, una gruesa señora, nos recibió́ en la puerta y, sin oírnos ni dar explicación alguna que le valiese y me valiese, me declaró que yo no había sido admitida. Pedimos hablar con la directora y la obesa señora lo rehusó́, porque la directora era una norteamericana que no hablaba español. En esto no mentía, el ministerio contrataba para sus criollos algunos profesores que ignoraban la lengua».
Escribía y reescribía sus trabajos, buscando, no la perfección, sino la antesala, aún mejor. Hasta seis versiones diferentes tuvieron algunos escritos. Así sucede en los famosos Sonetos de la muerte, con los que concursó en Chile a los Primeros Juegos Florales de Santiago, organizados por la Sociedad de Artistas y Autores de Chile en 1914. Obtuvo el primer lugar. Ganó la flor natural, la medalla de oro y la corona de laurel, por la trilogía de sonetos firmados con el seudónimo de Gabriela Mistral. Ella no asistió para recibir el galardón. Pero estuvo. Fue en tren desde Los Andes y presenció la ceremonia mezclada con el público del Teatro Santiago. Asistía el presidente de la República, Ramón Barros Luco. El poeta Víctor Domingo Silva declamó sus sonetos. El nombre literario de Gabriela Mistral quedó consagrado definitivamente. Había cumplido 25 años de edad. De los Sonetos de la muerte también hay varias versiones.

Os Sonetos da Morte
Poemas de Gabriela Mistral
Traduçao de Pedro Sevylla de Juana
I
Do nicho gelado em que os homens te puseram,
te baixarei à terra humilde ensolarada.
Que devo me dormir nela os homens não souberam,
e que temos de sonhar sobre análoga almofada.

Te deitarei na terra ensolarada com uma
doçura de mãe para o filho dormido,
e a terra se fará suavidades de cunha
ao receber teu corpo de menino dorido.

Depois irei polvilhando terra e pó de rosas,
e na azulada e leve poeirada de lua,
irão ficando presos os ligeiros despojos.

Me afastarei cantando minhas vinganças formosas,
porque a essa fundura oculta a mão de nenhuma
baixará a me disputar teu punhado de ossos!

II
Este longo cansaço se fará maior um dia,
e o alma dirá ao corpo que seguir não quer
arrastando sua massa pela rosada via,
por onde vão os homens, contentes de viver…

Sentirás que a teu lado cavam briosamente,
que outra dormida chega à quieta cidade.
Esperarei que me tenham coberto totalmente…
¡e depois falaremos por uma eternidade.

Só então saberás por que não madura
para as fundas covas tua carne ainda,
tiveste que baixar, sem fadiga, a não ser.

Se fará a luz na zona dos fados, escura;
saberás que a nossa aliança sinal de astros tinha
e, rompido o pacto enorme, devias morrer…

III
Más mãos tomaram tua vida desde o dia
em que, a um sinal de astros, deixarem seus plantéis
nevados de açucenas. Em gozo florescia.
Más mãos penetraram tragicamente nele …

E eu disse ao Senhor: -«Pelas sendas mortais
lhe levam. Sombra amada que não sabem guiar!
Arranca-o, Senhor, a essas mãos fatais
ou lhe afundas no longo sonho que sabes doar!

Não lhe posso seguir, não lhe posso gritar!
Sua barca empurra um negro vento de tempestade.
Retorna-o a meus braços ou lhe segas em flor»

Se deteve a barca rosa do seu avivar…
Que não sê do amor, que não tive piedade?
Tu, que me vais julgar, o compreendes, Senhor!

Fue tenaz y fue precoz, fue pionera, de ese modo abrió puertas que se le cerraban. Así lo cuenta en sus escritos: «Empecé a trabajar en una escuela de la aldea llamada Compañía Baja a los catorce años, como hija de gente pobre y con padre ausente y un poco desasido. Enseñaba yo a leer a alumnos que tenían desde cinco a diez años y a muchachotes analfabetos que me sobrepasaban en edad».

He querido traducir Besos como ejemplo de sus poemas de amor.
Beijos
Poema de Gabriela Mistral
Tradução de Pedro Sevylla de Juana
Há beijos que pronunciam por si sós
a sentença de amor condenatória,
há beijos que se dão com a mirada
há beijos que se dão com a memória.

Há beijos silenciosos, beijos nobres
há beijos enigmáticos, sinceros
há beijos que se dão só as almas
há beijos por proibidos, verdadeiros.

Há beijos que calcinam e que ferem,
há beijos que arrebatam os sentidos,
há beijos misteriosos que hão deixado
mil sonhos errantes e perdidos.

Há beijos problemáticos que encerram
uma chave que ninguém tem decifrado,
há beijos que engendram a tragédia
quantas rosas em broche hão desfolhado.

Há beijos perfumados, beijos tíbios
que palpitam em íntimos anelos,
há beijos que nos lábios deixam rastos
como um campo de sol entre dois gelos.

Há beijos que parecem açucenas
por sublimes, ingénuos e por puros,
há beijos traiçoeiros e covardes,
há beijos malditos e perjuros.

Judas beija a Jesus e deixa impressa
em seu rosto de Deus, a felonia,
enquanto a Magdalena com seus beijos
fortalece piedosa sua agonia.

Desde então nesses beijos palpita
o amor, a traição e as dores,
nos casamentos humanos se parecem
à brisa que joga com as flores.

Há beijos que produzem desvarios
de amorosa paixão ardente e louca,
tu os conheces bem são beijos meus
inventados por mim, para tua boca.

Beijos de flama que em rastro impresso
levam os sulcos dum amor vedado,
beijos de tempestade, selvagens beijos
que só nossos lábios têm provado.

Te lembras do primeiro…? Indefinível;
cobriu tua face de rubores roxos
e nos espasmos de emoção terrível,
se encheram de lágrimas teus olhos.

Te lembras que uma tarde em louco excesso
te vi zeloso imaginando agravos,
te suspendi em meus braços… vibrou um beijo,
e que viste depois…? Sangue nos meus lábios.

Eu te ensinei a beijar: os beijos frios
são de impassível coração de rocha,
eu te ensinei a beijar com beijos meus
descobertos por mim, para tua boca.

 

 

 

 

Pablo Neruda

Premio Nobel de Literatura en 1971, Neftalí Ricardo Reyes Basoalto nació el día12 de julio de 1904 en Parral, Chile, dos meses antes de que su madre muriera. Falleciendo Neruda el día 23 de septiembre de 1973 a los 69 años en Santiago, Chile.
En música, jazz. Neruda, en poesía. Se eriza el pelo de mis brazos, se abren mis oídos hasta lo imposible, cuando oigo y leo, jazz y poemas de Neruda. El ánimo arrecia y yo me siento arriba, tocando con la punta de los dedos la punta de las estrellas. Líneas escritas cuando nacía yo a la poesía de la mano de los maestros. Por eso escribí, refiriéndome a Neruda: «Ya no digo amor, porque él lo dijo con su voz de mundo que se oculta tras el sol. Ni justicia, porque él dio nombre a la injusticia. Ni vida, porque él sintió por muchos lo de muchos. Ni muerte porque él la vivió en la guerra de Madrid, barrio de Argüelles; además de en tantos otros sitios a lo largo de su existencia agitada».
Neruda escribió su Guernica cuando escribió España en el Corazón. Picasso pintó su España en el Corazón cuando pintó el Guernica. Ambos sobre la misma guerra, sobre la misma barbarie, con sentimiento volcánico parejo. Rugen pesados los aviones repletos de bombas, dejando caer a intervalos medidos su mortífera carga. Todo en el suelo se quiebra a la llegada de la potencia explosiva, todo se deshace. Edificios, calles, parques, piedras, plantas, animales y personas diluyen su existencia. Hay un clamor que es rugido, bramido animal, desgarro de vísceras humanas, desgajar de troncos, fundir de órganos. Y el pintor y el escritor, que acumulan la rabia de todas las heridas ajenas y propias, pintan y escriben los horrores que sienten ante las guerras.
Durante unos años de mi vida joven, alrededores de los sesenta del siglo pasado, Maadrid, esquina a la calle Cerro Negro, fui Neruda. Él era solo un poeta avanzando hacia la poesía. Solo un poeta avanzando, que decía en sus odas elementales: Editorial Losada, impreso en Tucumán 353 de Buenos Aires, cosas elementales, acabando como la ‘Oda al alambre de púa’: «En otras partes pan, arroz, manzanas…En Chile, alambre, alambre…» ‘Oda a la crítica’: «Con la luz de otras vidas/ vivirán otras vidas en mi canto». ‘Oda a don Jorge Manrique’: «…Y volví a mi deber de pueblo y canto». Filósofo también a la hora de resumir y concretar el mensaje. Yo era Neruda y escribía mis versos en el interior de las cubiertas de sus libros, en los espacios blancos. Versos nacidos en el instante de la lectura, versos que imitaban a los suyos y a los míos, versos míos que habían sido de Juan Ramón Jiménez y de Darío antes de escribirlos para enamorar a una muchacha enamorada. Todo porque nadie es dueño de nada, pues entre todos, conocidos o desconocidos, valorados o denostados, escribimos el largo poema de la Humanidad, panera de entregas y recogidas constantes.

É assim. Eu explico algumas coisas
Poema de Pablo Neruda
Tradução de Pedro Sevylla de Juana
Perguntareis: E onde estão as lilás?
E a metafísica coberta de papoilas?
E a chuva que às vezes golpeava
as suas palavras enchendo-as
de buracos e pássaros?
Vou vos contar tudo o que me ocorre.
Eu vivia num bairro
de Madri, com sinos,
com relógios, com árvores.
Desde lá via-se
O rosto seco da Castela
como um oceano de couro.
A minha casa era chamada
a casa das flores, porque por todas as partes
rebentavam gerânios: era
uma bela casa
com cães e meninos,
Raúl te lembras?
Te lembras Rafael?
Federico, te lembras
debaixo da terra
te lembras da minha casa com balcões onde
a luz de junho afogava flores na tua boca?
Irmão, irmão!
Tudo
eram fortes vozes, sal de mercadorias,
aglomerações de pão palpitante,
mercados do meu bairro de Argüelles com a sua estátua
como um tinteiro descorado entre as pescadas:
o azeite chegava às colheres
um profundo latejo
de pés e mãos enchia as ruas,
metros, litros, essência
aguda da vida,
peixes amontoados,
contextura de telhados com sol frio no que
a flecha se fadiga,
delirante marfim fino das batatas,
tomates reproduzidos até o mar.
Numa manhã tudo estava ardendo
numa manhã as fogueiras
saíam da terra
consumindo seres,
e desde então fogo,
pólvora desde então,
e desde então sangue.
Bandidos com aviões e com mouros,
bandidos com anéis e duquesas,
bandidos com frades negros bendizendo
vinham pelo céu para matar crianças,
e pelas ruas o sangue das crianças
corria singelamente como sangue de crianças.
Chacais que o chacal rejeitaria,
pedras que o cardo seco morderia cuspindo,
víboras que as víboras odiaram!
Diante de vós vi o sangue
da Espanha se levantar
para afogar-vos numa só onda
de orgulho e de facas!
Generais
traidores:
olhai a minha casa morta,
olhai a Espanha rompida:
mas de cada casa morta surge metal ardendo
em vez de flores,
mas de cada buraco da Espanha
surge a Espanha,
mas de cada criança morta surge um fuzil com olhos,
mas de cada crime nascem balas
que vos encontrarão um dia o espaço
do coração.
Perguntareis por que a sua poesia
não nos fala do sonho, das folhas,
dos grandes vulcões da sua terra natal?
Vinde ver o sangue pelas ruas,
Vinde ver
o sangue pelas ruas,
vinde ver o sangue
pelas ruas.

Ode à Araucaria Araucana
Poema de Pablo Neruda
Tradução de Pedro Sevylla de Juana
Alta sobre a terra
te puseram,
dura, formosa Araucaria
dos austrais
montes,
torre de Chile, ponta
do território verde,
pavilhão do inverno,
nave
da fragrância.

Agora, sem embargo,
não por bela
te canto,
senão pelo racemo da tua espécie,
pela tua fruta fechada,
pelo teu pinhão aberto.

Antanho,
antanho foi quando
sobre os índios
se abriu
como uma rosa de madeira
o colossal punhado
do teu punho,
e deixou
sobre
a molhada terra
os pinhões:
farinha, pão silvestre
do indomável
Arauco.

Vede a guerra
armados
os guerreiros
de Castela
e os seus cavalos
de galvânicas
crinas,
e frente
a eles
o grito
dos nus
heróis,
voz do fogo, faca
de dura pedra parda,
lanças enlouquecidas
na mata,
tambor,
tambor
sagrado,
e adentro
da selva
o silencio,
a morte
se retrocedendo,
a guerra.

Então, no último
bastião verde,
espalhadas
pela fugida,
as lanças
da selva
se reuniram
debaixo das araucárias
espinhosas.

A cruz,
a espada,
a fome
iam dizimando
a família selvagem.
Pavor,
pavor dum golpe
de ferraduras,
batido duma folha,
vento,
dor
e chuva.
Num pronto
se estremeceu lá acima
a Araucaria,
araucana,
tremeram
as suas ilustres
raízes,
os espinhos
hirsutos
do poderoso
pavilhão
tiveram
um movimento
sombrio
de batalha:
rugiu como onda
de leões
toda a folhagem
da selva
dura
e então
caiu
um marulho
de pinhões:
os amplos
estojos
se romperam
contra o solo, contra
a pedra protegida
e desgranaram
a sua fruta, o pão postremo
da pátria.

Assim a Araucania
recompôs
as suas lanças de água e ouro,
soçobraram as matas
debaixo do assobio
do valor
ressurreto
e avançaram
as cinturas
violentas como rafadas,
as
penas
incendiárias do Cacique
pedra queimada
e flecha voadora
atalharam
ao invasor de ferro
no caminho.

Araucaria,
folhagem
de bronze com espinhos,
graças
te doou
a ensanguentada estirpe,
graças
te doou
a terra protegida,
graças
pão de valentes
alimento
oculto
na molhada aurora
da pátria:
coroa verde,
límpida
mãe dos espaços
lâmpada
do frio
território,
hoje
me doa
luz sombria,
a imponente
segurança
hasteada
sobre as suas raízes
e abandona no meu canto
a herança
e o assobio
do vento que te roça,
do antigo
e tempestuoso vento
da minha pátria.

Deixa cair
na minha alma
as tuas romãs
para que as legiões
se alimentem
da tua espécie no meu canto.
Árvore nutriente, me entrega
a terreal argola que te amarra
na entranha chuvosa
da terra,
me entrega a tua resistência, o rosto
e as raízes
firmes
contra a inveja,
a invasão, a codícia,
o desacato.
As tuas armas deixas e velas
sobre o meu coração,
sobre os meus,
sobre os ombros
dos intrépidos,
porque à mesma luz de folhas e aurora,
areias e folhagens
eu vou com as bandeiras
ao chamado
profundo do meu povo!
Araucaria araucana,
aqui me tens.

Ode a Don Jorge Manrique
Poema de Pablo Neruda
Tradução de Pedro Sevylla de Juana
Adiante, disse-lhe,
e entrou o bom cavaleiro
da morte.

Era de prata verde
a sua armadura
e os seus olhos
eram
como a água marinha.
As suas mãos e o seu rosto
eram de trigo.

Fala, disse-lhe, cavaleiro
Jorge,
não posso
opor senão o ar
às tuas estrofes.
De ferro e sombra foram,
de diamantes
obscuros
e cortadas
ficaram
no frio
das torres
da Espanha,
na pedra, na água,
na língua.

Então, ele me disse:
«É a hora
da vida.
Ai
se pudera
morder uma maçã,
apalpar a polvorenta
suavidade da farinha.
Ai se de novo
o cântico…
não à morte
daria
a minha palavra…
Creio
que o tempo obscuro
nos cegou
o coração
e as suas raízes
baixaram e baixaram
às tumbas,
comeram
com a morte.
Sentença e oração foram as rosas
de aquelas sepultadas
primaveras
e, solitário trovador,
andei
calado nas moradas
transitórias:
todos os passos iam
a uma solene
eternidade
vazia.
Agora
me parece
que não está só o homem.
Nas suas mãos
elaborou
como si fosse um duro
Pão, a esperança,
A terrestre
esperança».

Mirei e o cavaleiro
de pedra
era de ar.

Já não estava na cadeira.

Pela aberta janela
se estendiam as terras,
os países,
a luta, o trigo,
o vento
Graças, disse, dom Jorge, cavaleiro.
E regressei ao meu dever de povo e canto.

A perfeita unidade dos cinco elementos.
Poema e tradução Pedro Sevylla de Juana
Ar, água, terra, fogo e tempo
te tinham ido fazendo
tal como eras, primavera do sessenta e oito
albergue juvenil da rua
Ville-l’Évêque junto a Malesherbes
huitième Distrito Madelaine Paris
como tempo e espaço do encontro.
Nascida em Salvador de Bahia,
mulata de todas as culturas
a humana mais humana
que um jovem pode amar.
Em teu colo, que algum deus grego
perfilou a imitação de Fídias,
entre teus cabelos, finíssima cascata, selva,
incrédula minha boca
encontrou
a imaginada placidez eterna.
Arrependo-me ainda
de não te ter compreendido
mais que a fragmentos e às vezes,
às vezes e a fragmentos,
parcialidade insuficiente.
Penetrava, no recinto sagrado de teus olhos,
a intensidade de minha mirada,
e percebia o lume
surgido inexorável
com a intenção de incendiar meu caderno
de pensamentos
impuros
rosa dos ventos liberadora de ondas invisíveis.
Uma noite dos dias aqueles,
à hora crucial da madrugada
-inverno retirado a seus quartéis-
inauguramos a nova primavera
poética, florescida e luminosa,
momento original
do Universo aprendiz ainda
da ordem no interior do caos.
Saíam chispas, recordas?
do choque de planetas ígneos
rios de lava, pão vulcânico
labaredas,
refúgio convertido em biblioteca
poemas abertos de Neruda,
força e sensibilidade o chileno
nas palavras que me iam fazendo
poeta a base de vivências, leituras
reflexões e escrituras reiteradas.
Saboreávamos um poema dos Vinte de Amor
e arrancávamos a folha, sentados os dois em almofadões
que abrandavam a firme dureza do solo.
O recordo, como não o recordar!
se ao atingir a Canção Desesperada
nos abraçamos chegando
à horizontal, leito de folhas que exigiam sua liberdade
aos ramos de todas as florestas.
As frutas tropicais em seu ponto da madureza
as verduras da tua horta, a água impetuosa
do arroio,
os símios que jogam a ser humanos
nas copas
elevadas das árvores mais altas,
e os pássaros canoros de plumas amarelas
te amaram. Inverno ou verão amaram-te. Outono
e primavera e a Natureza inteira te amaram,
carbono intenso do diamante,
esmeraldas
de verde vegetal, as nuvens, o vento,
meus braços, meu peito e meu amor
te amaram.
Bebemos, sedentos e famintos,
o cálice até as fezes,
recebendo com deleite
a gota última.
Sangue derramado de minha ferida
no sacrifício cruento,
sacerdotisa tu
e eu vítima propiciatória.
Página a página
te via meu amor
esfolhar o livro da vida
em teu sorriso aberto
sobre a perfeição de teus dentes
lábios carnosos
carnais
devorando os descompassados interlúdios do tempo.
O tempo, imprescindível cúmplice, esperou
o termo da íntima conjunção
para prosseguir seu caminho
segundos, minutos, anos, séculos,
que nosso encontro
tinha conseguido deter.

 

 

 

Pagu Patrícia Galvão

Patrícia Rehder Galvão, más conocida por el seudónimo de Pagu, nació en São João da Boa Vista, São Paulo, el 9 de junio de 1910. Murió en Santos el 12 de diciembre de 1962. Fue escritora, dibujante, pintora, activista y periodista. Se desarrolló bajo el movimiento modernista brasileño, iniciado en 1922, pese a que no participó en la ‘Semana de Arte Moderna’ porque contaba apenas con once años de edad. Militante comunista, fue la primera mujer presa en Brasil por motivaciones políticas. Pagu fue ante todo y por encima de todo, una militante. Militante en el sentido elemental de la palabra: luchadora. Esa actividad, nacida de un convencimiento profundo, la lleva por distintos derroteros, a veces de manera voluntaria y, a veces, forzada. Vistiendo falda azul y blusa blanca de normalista para ir a clase, cabellos largos sueltos y labios pintados de oscuro, llamaba la atención de los estudiantes de la Facultad de Derecho, al pasar ella a diario por el Largo de São Francisco en São Paulo.
La obra poética continúa siendo poco estudiada por los críticos literarios, seguramente, debido a la importancia de la novela proletaria Parque Industrial. Aunque, debe tenerse en cuenta, que convivió con poetas de la talla de Carlos Drummond de Andrade o Cecília Meireles, entre otros tan importantes.

Natureza morta, el poema más valorado de Pagú, fue editado por el Diário de São Paulo, el 15 de agosto de 1948, firmado con el seudónimo Solange Sohl.
Naturaleza muerta
Poema de Pagu
Traducido por Pedro Sevylla de Juana
Los libros son espaldas de los estantes distantes quebradas.
Estoy colgada en la pared a modo de un cuadro.
Nadie me sujetó por los cabellos.
Clavaron un clavo en mi corazón para que no me moviera
Ensartaron, ¿no es así? el ave en el muro
Pero preservaron mis ojos
Es verdad que ellos están quietos.
Como mis dedos, en la misma frase.
Se agujerearon en coágulos azules.
¡Qué monótono el mar!

Mis pies no dan ni un paso más.
Mi sangre llorando
Los niños gritando,
Los hombres muriendo
El tiempo avanzando
Las luces resplandeciendo,
Las casas trepando,
El dinero circulando,
El dinero descendiendo.
Los novios desfilando, paseando,
La basura creciendo,
¡Que monótono el mar!

Traté de encender el cigarrillo otra vez.
¿Por qué no muere el poeta?
¿Por qué el corazón se ceba?
¿Por qué se desarrollan los niños?
¿Por qué este mar tonto no cubre el tejado de las casas?
¿Por qué existen tejados y avenidas?
¿Por qué se escriben cartas y se imprime el periódico?
¿Qué monótono el mar!

Estoy empalada en el lienzo como un monte de frutas pudriéndose.
Sí aún me quedaran uñas
Enterraría mis dedos en ese espacio blanco
Derraman mis ojos una humareda salada
Este mar, este mar no escurre por mis mejillas.
Tengo tanto frío, y estoy tan sola…
Ni la presencia de los cuervos.

Nothing, fue el último poema publicado por Pagu viva. Salió en A Tribuna, el 23 de setiembre de 1962, antes de viajar a París para someterse a la operación del cáncer de pulmón que padecía.
Nothing
Poema de Pagu
Traducido por Pedro Sevylla de Juana
Nada nada nada
Nada más allá de la nada
Porque vosotros queréis que no haya cosa alguna
Pues sólo queda la nada
Un parabrisas partido una pierna quebrada
La nada
Semblantes arrasados
Palanquines en mis amigos

Puertas forzadas
Abiertas hacia la nada
Un llanto infantil
Una lágrima de mujer irreflexiva
Que no pretende decir nada
Un cuarto en penumbra
Con un candelero cuarteado
Niñas que danzaban
Que charlaban
Nada
Un vaso de coñac
Un teatro
Un barranco
Tal vez el abismo simboliza la nada
Un talonario de cheques de viaje
Una partida a for two nada
Me trajeron camelias blancas y rojas
Un pequeñín me sonrió cuando yo lo abrazaba
Un perro gruñía en mi carretera
Un papagayo decía cosas graciosas
Zagalas se cruzaron conmigo
En una samba armonizada con suavidad
Abrí mi abrazo a los amigos de siempre
Poetas hicieron acto de presencia
Algunos escritores
Gente de teatro
Veletas en el aeropuerto
Y nada

El poema Canal fue publicado en A tribuna de Santos, SP, el 27 del 11 de 1960
Canal
Poema de Pagú
Traducido por Pedro Sevylla de Juana
No soy más que un canal
Sería verde si así fuera
Pero murieron todas las esperanzas
Soy un canal
¿Saben ustedes lo que es ser un canal?
¿Solo un canal?

Es cierto, un canal tiene sus nervaduras
Sus lobregueces
Sus algas
Mínimas Nereidas verdes, a veces amarillas
Pero por favor
No piensen que estoy pretendiendo hablar
En banderas
Eso no

Me gustan las banderas ondeando al viento
Banderas de navío
Las calles son las mismas.
El asfalto cuenta con aquellos mismos agujeros,
Los infiernillos inflamados,
¿Lo que está ocurriendo?
Es verdad que está ventando noroeste,
Hay muchachos en los bares
Hay, no sé qué más hay.
Digamos que salga la luna nueva
Que aparezca esta plantita bostezando ante mí.
Memoria de mis amigos muertos
Recuerdos de todos los hechos ocurridos
Hay objetos en el aire…
Digamos que aparezca la luna nueva
Iluminando el canal
Sería verde si se diera el caso
Pero están muertas todas las esperanzas
Soy un canal.

(Fósforos de seguridad)
Poema de Pagu
Traducido por Pedro Sevylla de Juana
Fósforos de seguridad
Industrias tales
Fatales.
Eso llegó hoy en una cajita
Que hallé demasiado estúpida
Porque además de toda esa historia
De São Paulo – Brasil
Daba indicaciones sobre el nombre de la fábrica.
Que no voy a revelar
Porque al fin y al cabo no estoy obligad a decir
Nombre de industria
Que no me gusta ni tanto así
De publicidad
A menos que
Todo eso venga bajo un nombre de familia
Institución avalada
Que complica la vida de quien nada quiere saber
de ella.
Ella, ella, ella.

Hoy me hablaron de manera fina
Todo muy ritual, muy rígido
De asuntillos así más o menos
Sentimentales.

Se balanceaban madejas
En las grandes trepadoras
Estábamos todos por cuenta de.

Nonatos ya nacidos esparcían calderilla
Evidentemente estaban jugueteando
Pues, la verdad es que, en los tiempos actuales
Quien desparrama monedas
O está loco, o es porque
está bromeando aún.
Lo que irritó fue la razón de ser.

Parque Industrial es una novela inclasificable, pues, considerada como ejemplo de la didáctica panfletaria, representa una profunda revolución en lo referente al lenguaje. Incluso en la elaboración del enredo argumental, en el empleo de las figuras literarias y en la construcción de las frases conforme a la técnica cinematográfica. Su crítica al comportamiento burgués abarca los ámbitos de la explotación, tanto económica como sexual. Pongo un fragmento a modo de ilustración; donde el personaje Corina, obrera mulata, al quedarse preñada de un burgués explotador, es expulsada de la casa y del trabajo:

-Para onde hei de ir? (GALVÃO, 1994, p. 46
Corina, texto de Pagu
Tradução de Pedro Sevylla de Juana
Corina, rechazada, llora en el sumidero de aguas residuales, arrinconada. Algunas mujeres hablan con ella. Pero los niños gritan, implacables, lo que les dicta su moral burguesa.
– ¡Puta!
– ¡Mira la barriga que lleva!
Pasa la noche caminando sin objetivo. Se agitan al verla. Ignora donde habita él. No está en el prostíbulo. Arnaldo. Nunca le había llamada de otra manera. Conocía el número de matrícula del automóvil.
La mañana la empuja a ella hacia el taller
Madame Joaninha tarda en aparecer.
Las chicas cuchichean entre risitas.
– ¿Vio, Otávia? ¡La Corina embarrigada! ¡Buena recompensa!
Una de ellas la va a criticar ante la madame. La modista llama a la mulata. Todas se amotinan. Es una fiesta para las muchachas. Nadie siente la desgracia de la compañera. La costura se está interrumpiendo.
– ¿Abortar? ¿Matar a mi hijito?
La mente se llena de confusión. Las fosas nasales se abren encendidas.
– ¡Guarra! Entonces, vete ya con viento fresco. En mi taller de costura hay niñas. No puedo mezclarlas con vagabundas.
– Y ¿A dónde voy?

 

 

 

Emilia Pardo Bazán

Emilia Pardo Bazán, grande entre los grandes novelistas de su tiempo, nació el 16 de septiembre de 1851 en La Coruña, lugar llamado en sus novelas Marineda. Murió en Madrid el 12 de mayo de 1921. Emilia Pardo Bazán compuso su primer poema a los ocho años. Continuó en la juventud escribiendo poesía. Publicó dos libros: En 1866, El Castillo de la rada. Leyenda Fantástica, un poema narrativo; y en 1881, Jaime, con una tirada mínima. Además, en publicaciones periódicas, dio a conocer poemas sueltos. Después de morir apareció una reunión de poemas dispersos del tiempo que va de 1865 a 1871 con el título Álbum de poesía. La gran novelista pedía a la poesía dos cualidades muy simples y a la vez muy raras: originalidad y perfección.
La Casa-Museo Emilia Pardo Bazán, está situada en la primera planta del edificio que los descendientes de la autora cedieron a la Real Academia Galega, institución de la que Emilia Pardo Bazán fue presidenta honoraria desde el momento de su fundación, año 1906. Coincido en considerar el Pazo de Meirás, situado en el término municipal de Sada, como el mejor espacio para albergar la Casa Museo de Emilia Pardo Bazán. Fue de su propiedad, ella lo remodeló, se casó en la capilla, estableció allí su escritorio, el archivo y la biblioteca y, viviendo en Madrid, pasaba en él casi la mitad del año.
Dotada de una curiosidad muy desarrollada, de un carácter firme y de una personalidad enérgica; lectora de cuanto texto caía en sus manos y trabajadora sin descanso; el 9 de febrero de 1905, ingresó Emilia Pardo Bazán como socia de número en el Ateneo madrileño, donde ya daba conferencias, siendo reconocida como destacada intelectual. A propósito de ese ingreso, la nueva socia, dijo: Soy la primera mujer que pisa oficialmente el Ateneo. Esto es para mí una de las mayores satisfacciones recibidas. Los estatutos no vetaban la entrada a la mujer; pero la práctica institucional retrasó su entrada.
Como es sabido, la extraordinaria personalidad de doña Emilia Pardo Bazán, sus conocimientos y esa obra tan notable, empujaron la puerta y, con toda la energía junta, la abrieron de modo que ya no pudo cerrarse.
Seguía cerrado a cal y canto, sin embargo, el mayor portón cultural para la mujer, foso y puente levadizo y este desde el año 1714. Me refiero al de la Real Academia de la Lengua, que no se abrió hasta 1978 para que entrara Carmen Conde Abellán, otra grande postergada, quien pudo ocupar el sillón k, vacante por la muerte de don Miguel Mihura.
Ángeles Quesada Novás, estudiosa e investigadora de la obra de Pardo Bazán, dice en su ensayo Los poemas indios de Emilia Pardo Bazán, publicado en la Tribuna: Sobre la obra poética de la gran narradora vamos sabiendo cada vez más, a medida que los estudiosos de su obra nos hemos ido acercando a sus manuscritos, a los borradores en los que se conserva aquello que no publicó en vida. Se sabe que Emilia Pardo Bazán no tenía en la misma consideración esta parcela de su obra respecto al resto, y que, desde muy temprano -quizá tras la publicación de Jaime (1881) y aquel intento de edición con prólogo de Núñez de Arce al que se refiere en sus Apuntes Aubiográficos- no sólo no buscó publicar más poemas, sino que, posiblemente, tampoco dedicó mucho más tiempo a un arte en el que se sentía tan poco segura, que la lleva a confesar que «lejos de defender mi hacienda poética, hasta caigo en la manía de ocultar mis rimas como si fueran pecados. Y es que por pecados los tengo». (Pardo Bazán 1973: 713)
No obstante lo dicho por ella de sí, en los juegos florales de Orense, octubre de 1876, además de ganar los cuatro mil reales del premio al mejor Estudio Crítico sobre el Padre Feijoo, recibió la Rosa de Oro por su ‘Oda al Insigne filósofo Feijoo’.
Desconocía yo la existencia de estos Poemas Indios, tomados del ensayo de Ángeles Quesada Novás a quien me he referido. De los que dice Quesada: «Me limito en el presente a ofrecer una transcripción de los poemas contenidos en el Libro de Apuntes, que nunca fueron publicados en vida de la autora, a la espera de que, en algún momento, se emprenda la edición crítica, tanto de este volumen como de los otros dos, con el consiguiente estudio e interpretación de correcciones y variantes. Conservo el orden de aparición y la puntuación original. Los poemas completos y fragmentos están separados por una raya continua. Los puntos suspensivos señalan la falta de algunos versos que sí aparecen en el otro manuscrito».
Los encuentro yo de tal belleza, de ingenio tal, tan equilibrados, que me decido a traducirlos al idioma portugués, para que los lectores de ese idioma puedan apreciarlos como yo.

Poemas Indios de Emilia Pardo Bazán. La prometida del brahmán
A prometida do brâmane
Poema de Emilia Pardo Bazán
Tradução de Pedro Sevylla de Juana
Do ascético brâmane penitente
a virgem noiva
jogou com suas formosas companheiras
do lago nas orilhas.
Brincando entre juncos e nenúfares
em sua louca alegria
não viu uma grande serpente, no caminho
enroscada e dormida.

Como se se arrojasse depois da morte
sem saber o que fazia
apoiou no réptil seu pé ligeiro
a gentil aturdida.
Se ergueu o animal rapidamente
a mordeu no joelho
e a impulsos do veneno caiu em terra
hirta e fria tremendo.

Como escapa o colar da garganta
quando rompe a fita
assim do belo corpo se fugiu o espírito
da donzela tímida.
A viram os brâmanes e seu pai
no solo tendida
como jaz tronchado branco lírio
a quem o sol subtrai vida.

Também a viu seu noivo o brâmane
quando imóvel jazia,
e encheu com seus gritos a floresta
e a risonha orilha.
Oh Deus, alma do mundo! oh Deus do fogo
o infeliz gemia,
tu que crias os mundos e os seres!
tu que a terra animas!
torna a esta flor seu delicioso aroma,
encanto de meus dias!
faz que de novo
se levante e jogue
a bela noiva minha!

O mensageiro então dos Deuses
se apresentou na sua vista
Brahma, disse-lhe, te ofereço um meio
de que a flor reviva.
Se queres devolver a existência
à donzela tímida,
tens que lhe dar, penitente brâmane,
a metade de tua vida.

«Toma todos meus anos, disse o brâmane,
tremendo de alegria;
o amor é mais doce e mais precioso
que a mesma existência».

Como regressando de profundo sonho
se alçou a virgem linda,
e celebraram as alegres núpcias
entre danças festivas.
E os esposos, a quem era dado
igual tempo de vida,
após se amar ternamente e sempre
morreram num dia.
—————————
Qual árvore cujas raízes
troncha o machado na floresta,
caiu o herói traspassado
por centenas de setas,
como à flor de Kadamba
suas filamentos rodeiam,
e se espalhou pelo solo
seu ondulante cabeleira…

A carroça de Jaggernaut. Imitação de Heine
Poema de Emilia Pardo Bazán
Tradução de Pedro Sevylla de Juana
O sol irradia esplêndido
em límpido horizonte
e o lençol da cor azulada
do Gánges dorme imóvel.
Na apartada orla
insetos, ervas, flores
se inclinam oprimidos
por um calor de bronze.
E em tanto, lá no átrio
de colossal pagode
espera ao Deus terrível
a multidão ansiosa.
Surca as bochechas
suor em grossas gotas
aos parias, a brâmanes
e a bailarinas loucas.
Com um fragor horríssono
a reluzente carroça
do ídolo aparece
ávido de sangue e vida morta.

Lhe arrastam elefantes
segundo o rito, alvos,
e estão os áureos eixos
de entranhas salpicados.
Aquela multitude
que espera palpitante
disputa-se a empurrões
quem deve morrer antes.
Que é coisa averiguada
que Jaggernaut amável
recebe no Nirvana
ao que primeiro aplaste.
E caem em porfia
embaixo das rodas
os parias, os brâmanes,
as loucas bailarinas.
E a carroça formidável
seguindo em sua carreira
rebenta aqueles peitos,
tritura as cabeças.
——————-
as vítimas são heróis,
ou mártires ou santos.
Eu também que olho
com desdenhosa frente
a hecatombe humana
que se renova sempre,
ante essas mesmas rodas
em sacrifício sem sorte
me tenho de arrojar um dia
em procura da morte!
_____________________
A estação das chuvas
—————————

Os Dados
Poema de Emilia Pardo Bazán
Tradução de Pedro Sevylla de Juana
O poder, as riquezas,
a ciência vasta
a virtude e energia
todos cantam
do constante em seus votos,
do nobre Nala.
Formoso como o fogo,
sábio monarca.
A sua lei obedece
todo Nishâda,
e em competido certâmen
sua esposa casta
bela como as flores
do loto brancas
lhe preferiu aos Deuses
com forma humana.
Quem, exceto o Augusto
terrível Brama
venceu em fortuna e ciências
ao nobre Nala?
Um dia em seu palácio
entrou Ponshara
e lhe disse: Joguemos
tua vermelha capa.
E os dados caíram
e perdeu Nala.
O tentador repete
«Dou a revanche,
joga tuas barras de ouro»
Jogou o monarca,
e de novo a sorte
lhe foi contrária.
«Joga tua rica carroça,
tuas éguas brancas»
E caíram os dados
perdendo Nala.

Ainda te ficam
belas escravas
valentes elefantes.
Dou a vingança.
Perdeste. Fica o reino
Perdeste, Nala.
Ainda te fica tua esposa;
como ao calcá-la
peçonhenta a serpente
acorda e salta,
assim indignado se alçou
então Nala,
e chamando à bela
tímida dama,
que o frenético jogo
visse com lágrimas,
jogou os forte braços
para sua garganta
e com
————————–
Todos admiram a grande beleza,
os firmes votos, a ciência vasta,
do poderoso rei dos homens
do nobre Nala.
Tem elefantes, tem cavalos,
gratos jardins, belas escravas,
tem carruagens de ouro brunido
com esmeraldas.
Tem uma esposa doce e tão bela
como as flores do loto brancas;
como os copos do sacrifício
fiel, pura e casta.
Mas ¿por que casualidades da fortuna
a pé e tão só vejo ao monarca,
médio nu, vagando, errante
pela montanha?
É porque um ponto sentiu do jogo
a perigosa febre malsã,
e jogou reinos, servos, tesouros,
e até a capa.
Só lhe fica a terna esposa,
forças não teve para jogá-la,
e ela, a seu lado, vai lhe dirigindo
doces palavras.
Tão só um pedaço de humilde teia
do azarado as carnes tampa
e a fome rói os filamentos
de suas entranhas.
Lá ao longe, aos fulgores
que despedia a lua pálida,
viu duns pássaros com asas de ouro
densa bandada.
O rei faminto quis os caçar
mas não tem seta acerada,
e lhes arroja a pobre túnica
que lhe abrigava.
Então voam rapidamente
aquelas aves com gargalhadas.
E o rei contempla seu último andrajo
que lhe arrebatam.
«Néscio, gritam-lhe, somos os dados,
e este é o traje que te restava;
era vergonha para nós
te deixar nada».
O rei ficou petrificado
todo nu como uma estátua;
mas sua esposa rasgou em duas troços
sua única saia.
E sorrindo, com grande doçura,
mas com os olhos cheios de lágrimas
deu ao rei o grande; com o pequeno
se cobriu casta.
———————-
O herói caiu. De suas feridas
ondas de sangue recolheu a terra,
e sua voz implorou dos guerreiros
uma almofada onde repousa sua cabeça.
Deem-me uma almofada, minha frente desfalece!
E trouxeram-lhe uma almofada de seda
branda, suave, digna dos Deuses,
adornada de pérolas.
«Não é esse o leito onde o herói jaz,
murmurou com risada prazenteira,
Tu… Arjuna… tu… guerreiro não contrastado…
prepara um almofadão que me convenha.»
Inundados de lágrimas os olhos
fincou o mancebo o joelho em terra,
e a testa apoiou do moribundo
em três agudas setas.
O guerreiro expirante alça os olhos
em que brilhou felicidade suprema
“Me deste a almofada dos heróis,
filho do coração, bendito sejas!
Assim deve morrer o que batalha,
tendido sobre o arco e as setas,
e o rosto voltado ao sol! Velai meu sonho
e termine esta guerra!
(5.723-5.744)
———————-

Eternamente verde
Poema de Emilia Pardo Bazán
Tradução de Pedro Sevylla de Juana
Há uma árvore eterna e misteriosa
uma gigante figueira
que tem as raízes no céu,
os ramos na terra.
Suas folhas são os hinos e preces,
Sua seiva são os Vedas,
seus tenazes rebentos os sentidos,
e seu fruto a ciência!
(1.338-1339)
_______________________________________
Pela maldição dum brâmane
pesava sobre o grande rei
antes do tempo marcado
uma cansada vetustez.
Chamou então a seus filhos
cujo número era seis,
e ao maior disse em voz débil:
Filho muito amado, vem.
Toma o peso de meus anos,
eu os teus tomarei,
porque ainda sento no peito
sangue férvida correr,
e de ditas e de amores,
e gozos não me fartei.
Pai, lhe contestou o filho,
enfermiça é a vetustez;
ela em neve torna o cabelo,
ela rouba a esbeltez,
ela surca nossa testa,
e nos faz a burla ser
de criados e meninos.
Eu me encontro assim muito bem.
«Pois rejeitas minha prece,
te maldiçoo, filho cruel.
«Vem cá, segundo brote,
e meus anos te darei.
«Pai meu, disse o outro,
com a idade se vai o prazer,
e o amor e a formosura
se desvanecem também
e se vê com a memória
a razão empalidecer.
Filho ingrato, te amaldiçoo,
já que néscio te engendrei.
Vem cá terceiro rebento,
que não ignoras teu dever.
Queres dar-me tu teus anos?
Pai amado, eu bem sei
que não pode o triste idoso
seus corcéis conter
nem reger seus elefantes
com galharda intrepidez,
nem lançar a veloz seta.
Não gosto da vetustez.
Assim foram os mancebos
recusando ao triste rei,
mas o último, que estava
terminando a infância,
disse ao pai: Eu gostoso
seus achaques tomarei,
te dou meus verdes anos;
vive e goza do prazer!
Mudaram os papéis
e rapaz o velho foi.
Muito de pressa, muito de pressa
passaram anos cem
em que o moço dantes idoso
pôde o mundo percorrer.
Em jardins, em palácios,
no monte, no vergel
gozou ardente da vida,
e o amor da mulher.
Mas ao fim chegou um dia
em que o monarca a fadiga sente
e então chamou ao filho que vivia
idoso e penitente.
Vem: teu vigor florido
te devolvo com cresces filho amado,
vivi entre ditas e prazeres,
mas estou muito cansado.
Provei que a sede ardente
que o correr depois do goze nos provoca,
e é água que não bebe eternamente
nossa sedenta boca.

Quanto se obtém logo
é como gordura que caiu na chama,
com o prazer, nosso desejo é fogo
que mais ainda se inflama.
Quanto existe na terra
não atinge a contentar a um homem só,
nem quanto o universo tudo fecha
dum polo ao outro polo.
Febre mortal do louco
é esta sede hidrópica, infinita
feliz o que a vence pouco a pouco!
Feliz o que a evita!
Depois do prazer corri
eu com afã a redondeza do mundo
e a cada vez meu anseio renascia
mais terrível e profundo.
Hoje quero despojar-me
do laço caprichoso, filho bendito,
e esquecido do mundo concentrar-me
no Ser infinito.
(3.467-3515)

 

 

 

 

Octavio Paz

Octavio Irineo Paz Lozano, nacido en Ciudad de México, el día 31 de marzo del año 1914, falleció. en Ciudad de México, el 19 de abril del año 1998. He visto una foto de Octavio Paz y Elena Garro, recién casados, paseando por Barcelona en 1937. El motivo del viaje era la invitación recibida por Octavio Paz para asistir al II Congreso de Escritores Antifascistas, organizado, bajo auspicios soviéticos, por la Alianza de Intelectuales para la Defensa de la Cultura.
Debía celebrarse en Madrid, Valencia, Barcelona y París. El día 4 de julio de 1937 entran Octavio y Elena por la frontera de Port Bou junto a otros asistentes.
La revista mensual Hora de España, estuvo vigente entre enero de 1937 y noviembre de 1938. En el número de septiembre del 37, dedicado al Congreso recién celebrado, aparece un poema de Octavio Paz: ‘Elegía a un compañero muerto en el frente’. Hay varias versiones posteriores, una que identifica el frente con el frente de Aragón. Se supo que el soldado muerto era su amigo español José Bosch Fontseré, a quien Octavio debía gran parte de la formación política. En la recopilación de su obra poética, Octavio Paz se expresa así: «Entre los poemas suprimidos en la edición corregida y distribuida de Libertad bajo palabra (1968), se encuentra la `Elegía a un compañero muerto en el frente de Aragón’. Lo recojo ahora no porque haya cambiado de opinión -me sigue pareciendo tributario de una retórica que repruebo- sino por ser el doble testimonio de una convicción y una amistad. La convicción se llamó España –la leal, la popular-; la amistad se llamó José Bosch. El 29 de septiembre de 1937 sale de España en auto Octavio Paz por la Junquera. No sabemos cuánto de lo suyo dejó el poeta al marchar, ni cuanto nuevo llevó que no traía.
La poesía no es la llave maestra que todo abre. No obstante, es una llave, es muchas llaves. De ellas, unas abren, y otras cierran.
A veces coinciden en un mismo poema. El lector toma de entre todas, las que le interesan, las que necesita, las que le sirven. Me gusta la poesía que va, el poema que avanza, el verso que dice y el verso que sugiere, la palabra que añade sentido a las otras, que forma el sentido con las otras. Entre los poemas de Octavio Paz que traduzco aquí, el titulado La exclamación, me parece la mejor definición conocida del colibrí, símbolo del Estado de Espírito Santo en Brasil, mi tierra de acogida. La más escueta, la que describe su esencia.
Poeta completo es aquel capaz de escribir ese poema y, también, el otro, el titulado Piedra de Sol.

Cinco Poemas de Octavio Paz
Acabar com tudo
Poema de Octavio Paz
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana
Dá-me, lume invisível, espada fria,
tua persistente cólera,
para acabar com tudo,
oh mundo seco,
oh mundo dessangrado,
para acabar com tudo.

Arde, sombrio, arde sem lumes,
apagado e ardente,
cinza e pedra viva,
deserto sem orlas.

Arde no vasto céu, laje e nuvem,
baixo a cega luz que se desaba
entre estéreis penhas.

Arde na solidão que nos desfaz,
terra de pedra ardente,
de raízes geladas e sedentas.

Arde, furor oculto,
cinza que enlouquece,
arde invisível, arde
como o mar impotente engendra nuvens,
ondas como o rancor e espumas pétreas.
Entre meus ossos delirantes, arde;
arde dentro do ar oco,
forno invisível e puro;
arde como arde o tempo,
como caminha o tempo entre a morte,
com suas mesmas calcadas e seu alento;
arde como a solidão que te devora,
arde em ti mesmo, ardor sem lume,
solidão sem imagem, sede sem lábios.
Para acabar com tudo,
ó mundo seco,
para acabar com tudo.

Deprecação
Poema de Octavio Paz
Tradução de Pedro Sevylla de Juana
Não tenho sido Dom Quijote,
não desfiz nenhum agravo
(ainda que às vezes
me apedrejaram os galeotes)
mas quero,
como ele, morrer com os olhos abertos.
Morrer
sabendo que morrer é regressar
onde não sabemos,
onde,
sem esperança, o esperamos.
Morrer
reconciliado com os três tempos
e as cinco direções,
a alma
-ou o que assim chamamos-
voltada uma transparência.
Peço
não a iluminação:
abrir os olhos,
olhar, tocar o mundo
com mirada de sol que se retira;
peço ser a quietude da vertigem,
a consciência do tempo
mal o que dure um pisco
da alma sitiada;
peço
em frente à tosse, o vómito, a careta,
ser dia aberto,
luz molhada
sobre terra recém chovida
e que tua voz, mulher, sobre minha frente seja
o manso soliloquio de algum rio;
peço ser breve cintilação,
repentina firmeza dum reflexo
sobre o fluxo das ondas de essa hora:
memória e esquecimento,
ao fim,
uma mesma clareza instantânea.

De Ladera Este Los mejores poemas de Octavio Paz Seix Barral
A exclamação
Poema de Octavio Paz
Tradução de Pedro Sevylla de Juana
Imóvel

Não no ramo
No ar

Não no ar
No instante

O colibri

Tomado de II Calamidades y milagros El Fuego de Cada Día / Seix Barral 1989
A vida singela
Poema de Octavio Paz
Tradução de Pedro Sevylla de Juana
CHAMAR ao pão de pão e que apareça
sobre o mantel o pão de cada dia;
dar ao suor o seu e dar ao sono
e ao breve paraíso e ao inferno
e ao corpo e ao minuto o que pedem;
rir como o mar ri, o vento ri,
sem que o riso soe a vidros rompidos;
beber e na embriaguez enlaçar a vida;
dançar a dança sem perder o passo;
tocar a mão dum desconhecido
num dia de pedra e agonia
e que essa mão tenha a firmeza
que não teve a mão do amigo;
provar a solidão sem que o vinagre
faça torcer minha boca, nem repita
minhas caretas o espelho, nem o silêncio
se arrepie com os dentes que rangem
estas quatro paredes -papel, gesso,
tapete rala e foco amarelento-
não são ainda o prometido inferno;
que não me doa mais aquele desejo,
gelado pelo medo, chaga fria,
queimadura de lábios não beijados:
a água clara nunca se detém
e há frutas que se caem maduras;
saber partir o pão e reparti-lo,
o pão duma verdade comum a todos,
verdade de pão que a todos nos sustenta,
por cujo fermento sou um homem,
um semelhante entre meus semelhantes;
brigar pela vida dos vivos,
dar a vida aos vivos, à vida,
e enterrar aos mortos e esquecê-los.
como a terra os esquece: em frutos…
E que à hora de minha morte consiga
morrer como os homens e me atinja
o perdão e a vida perdurável
do pó, dos frutos e do pó.

Noche en Claro De Lo mejor de Octavio Paz Seix Barral 1989
Interior
Poema de Octavio Paz
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana
PENSAMENTOS em guerra
querem romper minha testa

Por caminhos de pássaros
avança a escrita

A mão pensa em voz alta
uma palavra chama a outra

Na folha em que eu escrevo
vão e vêm os seres que vejo

O livro e o caderno
recolhem as asas e repousam

Já acenderam as lâmpadas
a hora se abre e fecha como um leito

Com meias vermelhas e cara pálida
entram tu e a noite

 

 

 

 

Benito Pérez Galdós

El 10 de mayo de 1843, en Las Palmas de Gran Canaria, nació Benito María de los Dolores Pérez Galdós, falleciendo el 4 de enero de 1920 en Madrid, enterrado con un acompañamiento multitudinario. Médico y amigo de Galdós, el doctor Marañón dice de él: «Y no puedo dejar de pensar ahora en Galdós igualmente soltero, por probable influencia de la emoción materna, hombre muy viril y mujeriego, aunque tímido con las mujeres; y de inagotable ternura para los niños, cuyos juegos compartía y a cuyas opiniones daba tanta importancia como a las sentencias de los adultos más conspicuos». Si no fue un don Juan, al menos fue un hombre de quien las mujeres se enamoraban. Tuvo varios amores asentados, llegando a ser padre de una niña. Por sus obras sabemos cómo pensaba y todo lo que sabía sobre el amor y las mujeres. Por eso creo que, perdidos, borrados o entregados al fuego, Benito Pérez Galdós debió de escribir suficientes poemas de calidad más que aceptable.
La producción novelística de Pérez Galdós abarca desde 1870 con La Fontana de Oro, hasta 1915 con La razón de la sinrazón. Los Episodios Nacionales, compuestos de cinco series, las cuatro primeras de diez episodios cada una y la quinta y última de seis, suponen la incursión literaria de Pérez Galdós en un período concreto de la historia de España. Frente a la burguesía asentadora de las bases del drama sobre una moral hipócrita, Pérez Galdós, influenciado por autores europeos como Ibsen y Maeterlink, pone en práctica un teatro más ideológico, preocupado por la estética, el estilo y la profundidad psicológica de los personajes.
Los libros de cabecera de Galdós, fueron, fundamentalmente, El Quijote y La Celestina; a ellos volvía una y otra vez. Páginas y páginas escribió para desarrollar un mismo asunto. No obstante, en su tiempo no era reconocido como autor de relatos breves. Emilia Pardo Bazán, amiga íntima, llegó a decir que no estaba tan dotado para el cuento como para la novela. Lo dijo, escritora de cuentos ella, nada más aparecer los primeros de don Benito. Mi opinión de lector es muy favorable, por eso traduje al portugués uno de ellos: La Conjuración de las palabras. Cuento alegórico, fue publicado en La Nación el 12 de abril de 1868. Se ha dicho que es una alegoría política de los días previos a la revolución de 1868. Está más clara la intención de poner en evidencia a los autores españoles del momento. El humor es un hilo conductor que empuja a intervalos el argumento, pues lo hay intencionado en planteamiento, nudo y desenlace.
Texto: Cátedra Letras Hispánicas, Edición de Alan E. Smith, 1997
A conjuração das palavras
Autor: Benito Pérez Galdós
Tradutor: Pedro Sevylla de Juana
Era um grande edifício chamado de Dicionário da Língua Castelhana, seu tamanho tão colossal e fora de medida, que, ao dizer dos cronistas, ocupava quase a quarta parte duma mesa, destas que, destinadas a vários usos, vemos nas casas dos homens. Se temos de crer num velho documento achado em velhíssima escrivaninha quando punham ao tal edifício na estante de seu dueto, a tabela que o sustentava ameaçava se desaprumar, com detrimento de todo o que tinha nela. O formavam dois largos paredões de cartão, forrados em pele de bezerro jaspeado, e na fachada, que era também de couro, se via, um largo cartaz com douradas letras, que diziam ao mundo e à posteridade o nome, e significação daquele grande monumento.
Seu interior era um labirinto tão maravilhoso, que nem o de Creta o igualava. O dividiam até seiscentas paredes de papel com seus números chamados páginas. Cada espaço estava subdividido em três corredores ou distribuidores muito grandes, e nestes distribuidores se achavam inumeráveis celas, ocupadas pelos oitocentos ou novecentos mil seres que naquele vastíssimo recinto tinham sua habitação. Estes seres se chamavam palavras.
***
Uma manhã se sentiu grande ruído de vozes, patadas, embate de armas, roça de vestidos, apelos e relinchos, como se um numeroso exército se levantasse e vestisse a toda a pressa, se apercebendo para uma tremenda batalha. E a verdade, coisa de guerra devia de ser, porque inesperadamente saíram todas ou quase todas as palavras do Dicionário, com fortes e reluzentes armas, formando um esquadrão tão grande que não cabia na mesma Biblioteca Nacional. Magnífico e surpreendente era o espetáculo que este exército apresentava, segundo me disse a testemunha ocular que o presenciou todo desde um esconderijo imediato, testemunha ocular que era um muito velho Flos sanctorum, forrado em pergaminho, que na própria estante se achava na ocasião. Avançou a comitiva até que estiveram todas as palavras fora do edifício. Tratarei de descrever a ordem e aparelho daquele exército, seguindo fielmente a veraz, escrupulosa e autêntica narração de meu amigo o Flos sanctorum.
Diante marchavam uns heraldos chamados Artigos, vestidos com magníficas dalmáticas e cotas de finíssimo aço: não levavam armas, e sim os escudos de seus senhores os Substantivos, que vinham um pouco mais atrás. Estes, em número quase infinito, eram tão vistosos e galhardos que dava gozo os ver. Uns levavam resplandecentes armas do mais puro metal, e elmos em cuja cimeira ondeavam plumas e festões; outros vestiam lorigas de couro finíssimo, recamadas de ouro e prata; outros cobriam seus corpos com longos trajos até os calcanhares, a modo de senadores venezianos. Aqueles montavam potentes potros ricamente equipados, e outros iam a pé. Alguns pareciam menos ricos e luxuosos que os demais; e ainda se pode assegurar que tinha bastantes pobremente vestidos, conquanto estes eram pouco vistos, porque o brilho e elegância dos outros, parece que lhes ocultava e obscurecia. Junto aos Substantivos marchavam os Pronomes, que iam a pé e diante, levando a brida de os cavalos, ou detrás, sustentando a cauda do vestido de seus amos, já lhes conduzindo a guisa de guias, já lhes dando o braço como apoio de seus magros corpos, porque, seja dito de passo, também tinha Substantivos muito valetudinários e decrépitos, e alguns pareciam próximos a morrer.
Também se viam não poucos Pronomes representando a seus amos, que ficaram em cama por doentes ou preguiçosos, e estes Pronomes formavam na linha dos Substantivos como se de tais tivessem categoria. Não é necessário dizer que os tinha de ambos sexos; e as damas cavalgavam com igual donaire que os homens, e ainda esgrimiam as armas com tanto desenfado como eles.
Detrás vinham os Adjetivos, todos a pé; e eram como servidores ou satélites dos Substantivos, porque formavam ao lado deles, atendendo a suas ordens para as obedecer. Era coisa sabida que nenhum cavaleiro Substantivo podia fazer coisa direita sem o auxílio dum bom escudeiro da honrada família dos Adjetivos; mas estes, apesar da força e significação que prestavam a seus amos, não valiam sozinhos nem uma pisca, e se aniquilavam completamente assim que ficavam sós. Eram brilhantes e caprichosos seus adornos e trajes, de cores vivas e formas muito determinadas; e se via que quando se acercavam ao amo, este tomava a cor e a forma daqueles, ficando transformado ao exterior, ainda que em essência era o mesmo.
Como a dez varas de distância vinham os Verbos, que eram uns senhores do mais estranho e maravilhoso que pode conceber a fantasia. Não é possível dizer seu sexo, nem medir sua estatura, nem pintar suas facções, nem contar sua idade, nem os descrever com precisão e exatidão. Basta saber que se moviam muito e para todos lados, o mesmo iam para atrás como para diante, e se juntavam dois para andar emparelhados. O certo do caso, segundo me assegurou o Flos sanctorum, é que sem tais personagens não se fazia coisa a direitas naquela República, e, conquanto os Substantivos eram muito úteis, não podiam fazer nada por si, e eram como instrumentos cegos quando algum senhor Verbo não os dirigia. Depois destes vinham os Advérbios, que tinham catadura de ajudantes de cozinha; como que seu ofício era preparar a comida aos Verbos e lhes servir em todo. É fama que eram parentes dos Adjetivos, como o acreditavam pergaminhos genealógicos muito velhos, e ainda tinha Adjetivos que desempenhavam em comissão a praça de Advérbios, para o qual lhes bastava pôr uma cauda ou saia que, dizia: mente.
As Preposições, eram anãs; e mais que pessoas pareciam coisas, iam se movendo junto aos Substantivos para levar recado a algum Verbo, ou vice-versa. As Conjunções andavam por todos os lados metendo bulha; e uma delas especialmente, chamada que, era o mesmo inimigo e a todos os tinha revoltos e alvorotados, porque indisponha um senhor Substantivo com um senhor Verbo, e às vezes transtornava o que este dizia, variando completamente o senso. Após de todos marchavam as interjeições, que não tinham corpo, sina tão só cabeça com grande boca sempre aberta. Não se metiam com ninguém, e se manejavam sozinhas; que, embora poucas em número, é fama que sabiam se fazer valer.
Destas palavras, algumas eram nobilíssimas, e levavam em seus escudos delicadas empresas, por onde se vinha em conhecimento de seu avoengo latino ou árabe; outras, sem ascendência antiga de que se vangloriar, eram muito novas, plebeias ou de pouco mais ou menos. As nobres as tratavam com desprezo. Algumas havia também em qualidade de emigradas da França, esperando o tempo de adquirir nacionalidade. Outras, em mudança, indígenas até a raiz, se caíam de puro velhas, e jaziam esquecidas, ainda que as demais guardassem consideração a suas rugas; e as havia tão petulantes e presumidas, que desprezavam às demais as olhando enfaticamente. Chegaram à praça da Estante e a ocuparam de ponta a ponta.
O verbo Ser fez uma espécie de cadafalso ou tribuna com duas admirações e algumas comas que por ali rodavam, e subiu a ele com intenção de fazer gritaria; mas lhe tirou a palavra um Substantivo muito arteiro e falador, chamado Homem, o qual, subindo aos ombros de seus colaboradores, os simpáticos Adjetivos Racional e Livre, cumprimentou à multidão, se tirando o H, que a guisa de chapéu lhe cobria, e começou a falar nestes ou parecidos termos:
«Senhores: A ousadia dos escritores espanhóis há irritado nossos ânimos, e é preciso dar-lhes justo e rápido castigo. Já não lhes basta introduzir em seus livros contrabando francês, com grande prejuízo da riqueza nacional, senão que quando por acaso se nos emprega, transvertem nosso sentido e nos fazem dizer o contrário de nossa intenção. (Bem, bem.) De nada serve nossa nobre origem latina, para que esses tais respeitem nosso significado. Se nos desfigura de um modo que dá grima e dor. Assim, me permitam que me comova, porque as lágrimas brotam de meus olhos e não posso reprimir a emoção». (Nutridos aplausos.)
O orador se enxugou as lágrimas com a ponta da e, que de fralda lhe servia, e já se preparava para continuar, quando lhe distraiu o rumor duma disputa que não longe se tinha entabulado.
Era que o Substantivo Sentido estava dando bofetadas ao Adjetivo Comum, e lhe dizia:
«Cão, malandro e sujo vocábulo; por ti me trazem azafamado, e me põem como salvaguarda de toda a classe de destinos. Desde que qualquer escritor não entende nem pisca duma ciência, se escuda com o Sentido Comum, e já lhe parece que é o mais sábio da terra. Te vai, negro e pestífero Adjetivo, longe de mim, ou te juro que não sairás, com vida das minhas mãos.
E ao dizer isto, o Sentido hasteou o t, e lhe dando uma bordoada com ela a seu escudeiro, lhe deixou tão malparado, que tiveram que lhe pôr uma bandagem no ó, e lhe emplastar as costelas do m, porque se ia dessangrando por ali a toda a pressa.
«Haja paz, senhores -disse um Substantivo Feminino chamado Filosofia, que com toucas brancas de dona apareceu entre o tumulto. Mas assim que lhe viu outra palavra chamada Música, se lançou sobre ela puxando-lhe os cabelos e dando coices, cantando assim:
-Olhem a pícara, a melancia, a louca; pois não quer me levar encadeada com uma Preposição, dizendo que eu tenho Filosofia? Eu não tenho senão Música, irmã. Me deixe em paz e se apodreça de velha em companhia da Alemã, que é obra velha louca.
-Aparta, alvoroçadora -disse a Filosofia arrancando-lhe à Música o penacho ou acento que muito erguido sobre o u levava-: tira lá, que para nada vales, nem serves mais que de passatempo pueril.
-Pouco a pouco, senhoras minhas -gritou um Substantivo, alto, delgado, fraco e médio tísico, chamado o Sentimento. A ver, senhora Filosofia, se não diz você essas coisas a minha irmã ou teremos que nos ver as caras. Estese você quieta e deixe a Perico na sua casa, porque todos temos roupa suja que lavar, e se eu saco a sua, nem com barrela terá de ficar limpa.
-Olhem o mucoso -disse a Razão que andava por ali em panos menores e um pouquinho descomposta, -que seria destes badulaques sem mim? Não brigar, e cada um a seu posto, que se me incomodo…
-Não há de ser -disse o Substantivo Mau, que em todo tinha de se meter.
-¿Quem lhe deu a você vela neste enterro, tio Mau? Vá ao Inferno, que já está a mais no mundo.
-Não, senhoras, perdoem vossas senhorias, que não estou senão muito mais que bem. Um pouco recaidiço andava; mas depois que tomei este lacaio, que agora me serve, me vou remediando-. E mostrou um lacaio que era o Adjetivo Necessário.
-Me a tirem daqui, que a mato -gritava a Religião, que tinha vindo às mãos com a Política;- veiam que me usurpou o nome para dissimular no mundo seus ardis e enredos.
-Basta de indiretas. ¡Ordem! -disse o Substantivo Governo, que se apresentou para pôr paz no assunto.
Deixa-as que se arranhem, irmão -observou a Justiça-; deixe-as que se arranhem que já sabe Vossa Excelência que rabiam de se ver juntas. Tentemos nós não andar também à grenha, e adiante com os faróis.
¡Entanto isto ocorria, se apresentou um galhardo Substantivo, vestido com reluzentes armas, e trazendo um escudo com peregrinas figuras e divisa de prata e ouro. Se chamava a Honra e vinha a se queixar de os inumeráveis desatinos que faziam os humanos em seu nome, lhe dando os mais raros aplicativos, e lhe fazendo significar o que mais lhes vinha a conta. Mas o Substantivo Moral, que estava num rincão se atando um fio em l que se lhe tinha rompido na anterior refrega, se apresentou, atraindo a atenção geral. Se queixou de que se lhe subiam às barbas certos Adjetivos adventícios, e concluiu dizendo que não gostava de certas companhias e que mais lhe valesse andar só, do qual se riram outros muitos Substantivos presunçosos que não levavam nunca menos de seis Adjetivos de servidão.
Enquanto, a Inquisição, uma velhinha que não se podia ter, estava pegando fogo a uma fogueira que tinha feito com interrogantes gastados, paus da T e parênteses rompidos, na qual fogueira dizem que queria queimar à Liberdade, que andava dando pernadas por ali com muitíssima graça e desenvoltura. Por outro lado, estava o Verbo Matar dando grandes vozes, e fechando o punho com raiva, dizia de vez em quando: «¡Se me conjugo…!
Ouvindo o qual o Substantivo Paz, foi correndo tão a pressa, que tropeçou na z com que vinha calçada, e caiu quanto longa era, dando um grande baque.
Lá vou -gritou o Substantivo Arte, que já se tinha metido a sapateiro-. Lá vou compor este sapato, que é coisa de minha incumbência.
E com umas vírgulas fincou z à Paz, que tomou voo, e se foi fazer cabriolas ante o Substantivo Canhão, de quem dizem estava perdidamente apaixonada.
Não podendo nem o Verbo Ser, nem o Substantivo Homem, nem o Adjetivo Racional, pôr em ordem aquela gente, e compreendendo que daquela maneira iam ser vencidos na desigual batalha que com os escritores espanhóis teriam que empreender, resolveram voltar a sua casa. Deram ordem de que a cada qual entrasse na sua cela, e assim se cumpriu; custando grande trabalho encerrar a algumas brigonas que se empenhavam em alvoroçar e fazer o papão.
Resultaram deste tumulto bastantes feridos, que ainda estão no hospital de sangue ou seja Fé de erratas do Dicionário. Têm determinado se congregar de novo para examinar os meios de impor à gente de letras. Estão redigindo as pragmáticas que estabelecerão a ordem nas discussões. Não teve resultado o pronunciamento, por gastar o tempo os conjurados em estéreis debates e lutas de amor próprio, em vez de se congregar para combater ao inimigo comum: assim é que concluiu aquilo como o Rosário da Aurora.
O Flos sanctorum me assegura que a Gramática há mandado ao Dicionário uma embaixada de géneros, números e casos, para ver se por bem e sem derramamento de sangue se arranja os transtornados assuntos da Língua Castelhana.

El medio habitual para publicar un cuento en el siglo XIX, era la prensa: diarios, semanarios y revistas. Volvían a publicarse posteriormente, ya unidos a otros del mismo autor, formando colección en un libro. La conjuración de las palabras cuento, publicado inicialmente en La Nación, fue incluido en el volumen de la novela Torquemada en la hoguera, a continuación de ella, con otros también publicados anteriormente, a los que Galdós llama ‘composiciones’ sin atreverse a calificarlos, al no poderlos llamar, en rigor, novelas.

 

 

 

 

 

Fernando Pessoa

Fernando António Nogueira Pessoa nació em Lisboa, el día 13 de junio de 1888. Su vida llegó hasta el día 30 de noviembre de 1935 y el óbito sucedió en Lisboa. Con poemas escritos a lo largo de veinte años, Mensagem es el único libro de Fernando Pessoa publicado en vida, un año antes de morirse el autor. «Foi o primeiro livro que consegui, não sei porquê, ter organizado e pronto. Como estava pronto, incitaram-me a que o publicasse: acedi». Carta a Adolfo Casais Monteiro, 13 de Janeiro de 1935.
El primer título que Pessoa escogió para el libro fue Portugal.
Aunque, considerando ese nombre maltratado por el uso abusivo, eligió Mensagem, porque eso era el libro: el mensaje de Dios dirigido a todos los portugueses en la voz del poeta. A lo largo del tiempo, Pessoa publicó sus poemas en periódicos y revistas literarias, principalmente Orpheu, revista de la que fue impulsor junto con Almada Negreiros, Antonio Ferro y Sá Carneiro. Debido a la temática nacionalista de muchos de sus poemas, fue invitado por Antonio Ferro a participar en el Premio Antero de Quental, de exaltación de la patria, de sus héroes y del sentimiento patriótico. Gládio, de 1913 es el primer poema nacionalista que escribió Pessoa; quien entre 1917 y 1918, admiraba al dictador Sidónio Pais. Fernando Pessoa presentó Mensagem al premio Antero de Quental, pero no pasó la primera fase de la selección al contener menos páginas de las solicitadas. Crean entonces un segundo premio, no previsto inicialmente, que promueve la publicación de Mensagem. Fue acusado Pessoa de colaborar con el fascismo, pero en 1934, se distancia del régimen salazarista.
Poseo um ejemplar de Mensagem, Edición especial conmemorativa del 75 aniversario de la muerte de Fernando Pessoa, comentada por Auxília Ramos y Zaida Braga. Sin duda un lujo editorial. La obra está compuesta por 44 textos, que pueden ser leídos independientemente, pero, unidos, forman un poema único dividido en tres partes: Brasão, Mar português y O Encoberto.
Dice Pessoa en Livro do desassossego: «Yo no hice nunca otra cosa que soñar. Ha sido ese, y ese solo, el sentido de mi vida».
No veo útil ni necesario enfrentar Os Lusíadas con Mensagem. Son magnitudes distintas que, en el conjunto de la Literatura portuguesa y en portugués, suman, creciéndola y singularizándola.

Tabacaria, foi publicado originalmente na revista de Coimbra, Presença, em julho de 1933
Álvaro de Campos, in Poemas Heterónimo de Fernando Pessoa
Estanco
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana
Nada soy.
Nunca seré nada.
No puedo desear ser nada.
Más allá de eso, poseo todos los sueños del mundo.

Ventanas de mi cuarto,
el cuarto de uno de los millones de personas que nadie conoce.
(Y si supieran quién es, ¿qué sabrían?),
añadís al misterio de una calle cruzada todo el tiempo por gente,
a una calle inaccesible a todos los pensamientos,
real, de una realidad imposible, cierta, sorprendentemente cierta,
con el misterio de las cosas situadas bajo las piedras y los seres,
con la muerte humedeciendo las paredes
y plateando los cabellos de los hombres,
con el Destino llevando la carreta del todo por la senda de la nada.

Hoy me siento vencido, como si conociera la verdad.
Hoy me siento lúcido, como si estuviera a punto de morir,
y no tuviera más familiaridad con las cosas
que una despedida, haciéndose esta casa y este lado de la calle
la hilera de vagones de un tren, y una salida anunciada
dentro de mi cabeza,
y una sacudida de mis nervios y un chirriar de huesos al partir.

Hoy me encuentro perplejo, como quién pensó y halló y olvidó.
Hoy me encuentro dividido entre la lealtad que debo
al Estanco del otro lado de la calle, como cosa real por fuera,
y a la sensación de que todo es sueño, como cosa real por dentro.

Fallé en todo.
Al no hacer propósito alguno, puede que todo fuera nada.
El aprendizaje que me proporcionaron,
descendí de él por la ventana posterior de la casa,
fui hasta el campo con fuerte determinación.
Pero allí solo encontré hierbas y árboles,
y si había gente se parecía a la otra.
Me aparto de la ventana y me siento en una silla ¿En qué he de pensar?

¿Ignoro lo que seré, yo que no sé lo que soy?
¿Ser lo que pienso? ¡Pero pienso ser tanto!
¡Y hay tantos que piensan ser lo mismo, que no podemos serlo tantos!
¿Genio? En este momento
cien mil cerebros se creen en sueños genios como yo,
y la historia no señalará, ¿quién sabe? ni a uno de ellos,
no habrá más que un muladar de tantas conquistas futuras.
No, no creo en mí.
¡En todos los manicomios hay locos chiflados con tantas certezas!
Yo, que no tengo ninguna seguridad, ¿estoy más seguro o menos? No, ni en mí…
¿En cuantas, buhardillas o no, del mundo
hay, en este momento, genios soñados para ellos mismos?
¿Cuántas aspiraciones altas y nobles y lúcidas—
Sí, verdaderamente altas y nobles y lúcidas—,
Y quién sabe si realizables,
¿Nunca verán la luz del sol real ni encontrarán los oídos de nadie?
El mundo es para quien nace capaz de conquistarlo
y no para quien sueña que puede hacerlo suyo, aunque tenga
razón.
He soñado más que Napoleón soñó.
He abrazado al pecho hipotético más humanidades que Cristo,
pensé filosofías en secreto que ningún Kant escribió.
Pero soy, y tal vez seré siempre, el de la buhardilla,
aunque no viva en ella;
seré siempre el que no nació para eso,
seré siempre solo el que poseía cualidades;
seré siempre el que esperó a que le abriesen la puerta, al pie
de una pared sin puerta,
y cantó la cantiga del Infinito en un gallinero,
y escuchó la voz de Dios en un pozo cegado.
¿Creer en mí? No, ni en nada.
Vierta la Naturaleza sobre la cabeza ardiente
su sol, su lluvia, el viento que me despeina,
y lo demás que venga si viene, o que deba venir, o que no
venga.
Esclavos cordiales de las estrellas,
conquistamos el mundo entero antes de abandonar el lecho;
pero nos despertamos y el mundo es sombrío,
nos levantamos y es ajeno,
salimos de casa y el mundo es la tierra entera,
además del sistema solar y la Vía Láctea y lo Indefinido.

(Come chocolatinas, niña;
¡Come chocolatinas!
Mira que la única metafísica en el mundo es la del chocolate.
Mira que las religiones no enseñan más que la confitería.
¡Come, niña sucia, come!
¡Si pudiera yo comer chocolatinas con la misma sinceridad con que tú las comes!
Pero yo pienso y, al quitarles la envoltura plateada, que es de papel de estaño,
arrojo todo al suelo, como arrojé la vida.)

Pero, al menos queda, de la amargura de lo que nunca seré
la caligrafía urgente de estos versos,
pórtico abierto hacia lo Imposible.
Pero al menos dispongo para mí mismo un desprecio sin lágrimas,
noble al menos por el ademán preciso con que arrojo
la ropa sucia que soy, sin orden, para el devenir de las cosas,
y me quedo en casa descamisado.

(Tú que consuelas, que no existes y por eso consuelas,
o diosa griega, concebida como estatua vital,
o patricia romana, improbablemente noble y nefasta,
o princesa de trovadores, gentilísima y coloreada,
o marquesa del siglo dieciocho, escotada y distante,
o célebre mujer mundana del tiempo de nuestros padres,
o no sé qué moderno -no concibo bien qué-,
todo eso, sea lo que fuera que seas, si puede iluminar ¡qué ilumine!
Mi corazón es un balde vacío.
Como los que invocan espíritus exhortan espíritus imploro
a mí mismo y no encuentro nada.
Me aproximo a la ventana y veo la calle con absoluta nitidez.
Veo las tiendas, veo los paseos, veo los coches que circulan,
veo los seres vivos vestidos que se cruzan,
veo los perros que también existen,
y todo eso me pesa como una condena a destierro,
y todo eso es extranjero, como todo.)

Viví, estudié, amé, incluso creí,
y hoy no existe mendigo al que yo no envidie sólo por no ser yo.
Veo, de cada uno, los harapos y las llagas y la mentira,
y pienso: es posible que nunca hayas vivido ni estudiado ni amado ni creído
(Porque se puede formar la realidad de todo eso sin hacer nada de eso);
tal vez solo hayas existido, como un lagarto a quien cortan la cola
Y que es la cola antes de que el lagarto se retuerza.

Hice de mí lo que no supe,
y lo que pude hacer de mí no lo hice.
El disfraz que vestí estaba confundido.
Me conocieron luego por quien no era, y no lo desmentí, y me perdí.
Cuando quise arrancar la máscara,
estaba unida a la cara.
Cuando la retiré y me vi en el espejo,
ya había envejecido.
Estaba borracho, ya no sabía ponerme el disfraz que no me había
quitado.
Arrojé la máscara y dormí en el vestuario
como un perro que la gerencia consiente
por ser inofensivo
y voy a escribir esta historia para probar que soy excelso.

Esencia musical de mis versos inútiles,
quién pudiera encontrarte como obra mía,
y no quedarme siempre frente al Estanco de enfrente,
pisoteando la conciencia de existir,
como una alfombra con la que tropieza un beodo
o el felpudo que los gitanos roban y no valía nada.

Pero el dueño del Estanco se acercó a la puerta y quedó a la puerta.
Lo miro con el desagrado de la cabeza atravesada
y con la incomodidad de un alma confusa y confundida.
Él morirá y yo moriré.
Él dejará el cartel, y yo dejaré versos.
Tiempo después morirá también el letrero, y los versos también.
Después de ese tiempo morirá la calle donde estuvo el letrero,
y la lengua en que fueron escritos los versos.
Morirá más tarde el planeta girante en que todo esto sucedió.
En otros satélites de otros sistemas cualquier cosa parecida a gente
continuará haciendo cosas parecidas a versos y viviendo debajo de cosas parecidas a letreros,
siempre una cosa frente a otra,
siempre una cosa tan inútil como la otra,
siempre lo imposible tan insulso como lo real,
siempre el misterio del fondo tan palpable como el sueño misterioso de la superficie,
siempre ésta o aquella cosa o ni una ni otra.

Pero un hombre entró en el Estanco (¿a comprar tabaco?),
y la realidad admisible cae de repente sobre mí.
Me alzo casi, enérgico, convencido, humano,
e intento escribir estos versos en los que digo lo contrario.

Enciendo un cigarro al pensar escribirlos
y saboreo en el cigarro la liberación de todos los pensamientos.
Sigo el humo como una ruta propia,
y gozo, en un momento sensitivo e idóneo,
la liberación de todas las investigaciones
y la conciencia de que la metafísica es consecuencia de la indisposición.

Después me recuesto en la silla
y sigo fumando.
Mientras el Destino me lo permita, seguiré fumando.

(Si me casase con la hija de mi lavandera
tal vez fuera feliz.)
Visto esto, me levanto de la silla. Voy a la ventana.

El hombre salió del Estanco (¿dejando el cambio en el bolsillo del pantalón?).
Ah, lo conozco: es Esteves sin metafísica.
(El Dueño del Estanco llegó a la puerta.)
Como por dictado divino, Esteves se volvió y me vio.
Hizo una señal de adiós, le grité ¡Adiós, Esteves!, y el universo
Se reconstruyó en mí sin ideal ni esperanza, y el dueño del Estanco sonrió.
Poemas de Pessoa https://www.citador.pt

 

 

 

 

 

Eça de Queiroz

José Maria Eça de Queiroz, pudo nacer en Póvoa de Varzim o en Vila do Conde, Minho, Portugal, el 25 de noviembre de 1845. Muriendo en París el 16 de agosto de 1900. Conocí al más destacado miembro del realismo portugués en el siglo XIX por sus novelas El primo Basilio, El Conde Abraños, El crimen del padre Amaro y La ilustre casa de Ramires. En A relíquia, de 1887, aparece su famosa frase: «Sobre a nudez forte da Verdade o manto diáphano da fantasia». Declaración de intenciones y poética, base del monumento de Lisboa a su memoria, obra de Teixeira Lopes inaugurada en 1903 en el Largo Barão de Quintela y, desde el año 2001, en el Museo da Cidade, en Campo Grande; debido a que los dedos de la Verdad eran repetidamente arrancados como reliquia.
De entre los cuentos de Eça de Queiroz que componen el libro Contos de 1902, elegí O Tesoiro para traducir, porque su origen es un pasaje de Las mil y una noches, que en Brasil se titula Os três homens e Jesus Cristo, y en Portugal Os quatro ladrões. El relato sucede en Asturias, siendo Medraños en la actualidad un apellido en lengua castellana. Retortillo es un nombre de pueblo en Salamanca y en Cantabria. La Península Ibérica, fue, durante mucho tiempo, cortada por los Pirineos, una Isla.
Texto: https://www.gutenberg.org/ebooks/31347
El Tesoro,
Relato de Eça de Queiroz
Tradução de Pedro Sevylla de Juana
I
Los tres hermanos de Medranhos, Rui, Guanes y Rostabal, eran entonces, de todo el Reino de Asturias, los hidalgos más hambrientos y peor vestidos. En los Pazos de Medranhos, cuando el viento de la sierra llevaba partículas de hielo y teja, pasaban ellos las tardes de aquel invierno, encogidos en sus mantas de piel de cabra, pateando la ruta única de las baldosas de la cocina, ante la gran chimenea negra, donde la llama no ardía desde hacía tiempo, ni hervía la olla de hierro. Al oscurecer devoraban un coscurro de pan negro, frotado con ajo. Después, sin candela, a través del patio, apartando la nieve, iban a dormir á la cuadra, para aprovechar el calor de las tres yeguas purulentas que, hambrientas cómo ellos, roían los bordes del pesebre. Y la miseria volvía a estos señores más bravíos que lobos.
Además, en la primavera, en una silenciosa mañana de domingo, caminando los tres por el bosque de Roquelanes para vigilar la presencia de caza y coger setas entre los robles, mientras las tres yeguas pastaban la hierba nueva de abril, — los hermanos de Medranhos encontraron, por detrás de una masa de acacias, en una cueva de la roca, un viejo cofre de buena apariencia. Como sí lo resguardara una torre segura, conservaba sus tres llaves en las tres cerraduras. Sobre la tapa, por encima de la herrumbre, aparecía un dístico en letras árabes. Y dentro, hasta los bordes, ¡estaba lleno de doblones de oro! En el terror y esplendor de la emoción, los tres señores quedaron lívidos como cirios. Después, buceando enérgicamente con las manos en el oro, estallaron las risas, carcajadas de ráfagas tan anchas que las hojas tiernas de los olmos, en rueda, temblaban…
Y de nuevo retrocedieron, bruscamente se encararon, con los ojos flameantes, a una desconfianza tan desabrida que Guanes y Rostabal palpaban en los cinturones las puntas de los grandes sables. Entonces Rui, que era gordo y pelirrojo, y el más avisado, irguió los brazos, a modo de árbitro, y comenzó por decidir que el tesoro, procediera de Dios o del Demonio, pertenecía a los tres, y entre ellos se repartiría, rigurosamente, pesándose el oro en balanzas. Pero ¿cómo podrían cargar hasta Medranhos, por las cimas de la sierra, aquel cofre tan lleno? Tampoco convenía que salieran del bosque con su riqueza antes de cerrarse la oscuridad. Por eso él entendía que el hermano Guanes, por ser más ligero, debía trotar hacia la villa vecina de Retortilho, llevando ya oro en la bolsa, para comprar tres alforjas de cuero, tres cargas de cebada, tres empanadas de carne y tres botellas de vino. Vino y carne eran para ellos, que no comían desde la víspera: la cebada era para las yeguas. Y así rehechos, señores y cabalgaduras, ensacarían el oro en las alforjas y subirían hasta Medranhos en la seguridad de la noche sin luna.
—¡Bien tramado! —gritó Rostabal, hombre más alto que un abeto, de larga melena, y con una barba que le caía desde los ojos turbios de sangre hasta la hebilla del cinturón.
Pero Guanes no se separaba del cofre, encogido, desconfiado, estirando entre los dedos la piel oscura de su cuello de grulla. Por fin, brutalmente:
— ¡Hermanos! El cofre tiene tres llaves… ¡Yo quiero cerrar mi cerradura y llevar mi llave!
— ¡También yo quiero la mía, mil rayos! —rugió inmediatamente Rostabal.
Rui sonrió. ¡Bien, ciertamente! A cada dueño del oro correspondía una de las llaves que lo guardaban. Y cada uno en silencio, agachado ante el cofre, cerró su cerradura con fuerza. Inmediatamente Guanes, convencido, saltó sobre la yegua, tiró por la vereda de olmos, camino de Retortilho, dedicando a las ramas su cantiga habitual y doliente:
¡Olé! ¡Olé! Sale la cruz de la iglesia, Vestida de negro luto…
II
En el claro, frente al matorral que ocultaba el tesoro (y que los tres habían desbastado a golpes de hocino) un hilo de agua. brotando entre rocas, caía sobre una vasta losa excavada, donde formaba un surtidor, claro y quieto, antes de dirigirse a las matas altas. Y al lado, a la sombra de un castaño, permanecía un viejo pilar de granito, tumbado y cubierto de musgo. Allí llegaron para sentarse Rui e Rostabal, con sus tremendos espadones entre las rodillas. Las dos yeguas retozaban sobre la apetitosa yerba salpicada de amapolas y ranúnculos. Por entre el ramaje se movía un mirlo cantando. Un aroma errante de violetas endulzaba el aire luminoso. Y Rostabal, observando el Sol, bostezaba de hambre.
Entonces Rui, que se quitó el sombrero y alisaba las viejas plumas violetas, comenzó a considerar, en su habla prudente y tranquila, que Guanes, esa mañana, no hubiera querido descender con ellos al bosque de Roquelanes. Y ¡así era de ruin la suerte! Pues si Guanes se hubiera quedado en Medranhos, ¡solo ellos dos habrían descubierto el cofre, y solo entre ellos dos dividirían el oro! ¡Qué pena! Tanto más que la parte de Guanes sería pronto dilapidada, entre rufianes, jugada a los dados, por las tabernas.
— ¡Ah! ¡Rostabal, Rostabal! Si Guanes, pasando por aquí él solo, hubiera hallado este oro, no lo dividiría con nosotros, ¡Rostabal!
El otro gruñó sin sonido y furioso, dándose un tirón de las barbas negras:
— ¡No, mil rayos! Guanes es ambicioso… Cuando el año pasado, si te acuerdas, ganó los cien ducados al espadero de Fresno, ¡no me quiso prestar tres para comprar un jubón nuevo!
— ¿Ves tú? —gritó Rui, resplandeciendo.
Ambos se habían levantado del pilar de granito, como impulsados por la misma idea, que los deslumbraba. Y, a través de sus vastos pasos, las hierbas altas silbaban.
— Y para qué — proseguía Rui. — ¿Para qué le sirve todo el oro que nos quita? ¿Tú no oyes, de noche, como tose? Alrededor de la paja sobre la que duerme, ¡el suelo está negro de la sangre que esputa! No llega hasta las otras nieves, ¡Rostabal! Pero entonces habrá despilfarrado los buenos doblones que debían ser nuestros, para levantar nuestra casa, y para que tú tengas caballos de raza, y armas, y trajes nobles, y tu tercio de solariegos, como compete a quién es, como tú, el más viejo de los de Medranhos…
— ¡Pues que muera, y muera hoy! —gritó Rostabal.
— ¿Quieres?
Intensamente, Rui agarró el brazo del hermano y lo dirigía hacia la vereda de olmos, por donde Guanes había partido cantando:
— Más adelante, al fin de la vereda, hay un buen lugar, en los vallados. Y has de ser tú, Rostabal, que eres el más fuerte y el más diestro. Un puntazo por la espalda. Y es justicia de Dios que seas tú, porque muchas veces, en las tabernas, sin pudor, Guanes te trataba de «cerdo» y de «torpe», por no saber la letra ni los números.
— ¡Malvado!
— ¡Ven!
Fueron. Ambos se emboscaron detrás de un vallado que dominaba el atajo, estrecho y pedregoso como lecho de torrente. Rostabal, oculto en la zanja, tenía ya la espada desnuda. Un viento leve erizó por detrás las hojas de los álamos — y sintieron el repique leve de las campanas de Retortilho. Rui, atusando su barba, calculaba las horas por el Sol, que ya se inclinaba hacia las sierras. Una bandada de cuervos pasó sobre ellos, graznando. Y Rostabal, que seguía el vuelo, comenzó a bostezar, con hambre, pensando en las empanadas y en el vino que el otro traía en las alforjas.
¡Al fin! ¡Alerta! Sucedía, en la vereda, la cantiga doliente y ronca, dirigida a las ramas:
¡Olé! ¡Olé! Sale la cruz de la iglesia, Vestida de negro luto…
Rui murmuró: -¡En el costado! ¡Apenas pase! –
El trote de la yegua golpeó el cascajo. Una pluma de sombrero enrojeció por arriba la punta del pañuelo.
Rostabal arrancó de entre las matas por una brecha, lanzó el brazo, la larga espada -y toda la cuchilla se adentró blandamente en el costado de Guanes, cuando al ruido, bruscamente, él se viró en la silla. Con ímpetu sordo, cayó de lado, sobre las piedras. Ya Rui se acercaba al freno de la yegua- Rostabal, cayendo sobre Guanes, que doblaba, de nuevo le introdujo la espada, agarrada por la hoja como un puñal, en el pecho y en la garganta.
— La llave! —gritó Rui.
Y arrancada la llave del cofre al pecho del muerto, ambos se marcharon por la vereda -Rostabal delante, huyendo, con la pluma del sombrero quebrada y torcida, la espada aún desnuda enfundada bajo el brazo, todo encogido, erizado con el sabor de la sangre que le entraba en la boca; Rui, atrás, tiraba desesperadamente de los frenos de la yegua, que, de patas clavadas en el suelo pedregoso, entreabriendo la dentadura amarillenta no quería dejar a su amo así tirado, abandonado, a lo largo de los setos. Tuvo que atormentar las ancas llagadas con la punta de la espada, – y fue corriendo tras ella, con la hoja en alto, como si persiguiera a un moro, hasta desembocar en el claro donde el Sol ya no doraba las hojas. Rostabal llevaba hacia el herbazal el sombrero y la espada; y de bruces sobre el surtidor excavado, con las mangas arregazadas, se lavaba, ruidosamente, la faz y las barbas.
La yegua, quieta, reanudó el pasto, cargada con las alforjas nuevas que Guanes compró en Retortilho. Del seno más ancho, abarrotado, sobresalían dos cuellos de botella. Entonces Rui liberó, lentamente, del cinturón, su ancha navaja. Sin el menor ruido en el herbazal espeso, se acercó a Rostabal, que recuperaba el aliento, con las largas barbas goteando. Y serenamente, como si clavase una estaca en un cantero, enterró la hoja toda en el ancho dorso doblado, certera sobre el corazón.
Rostabal cayó sobre el surtidor, sin un gemido, con la faz en el interior, los largos cabellos flotando en el agua. Su vieja escarcela de cuero quedó apretada bajo el muslo. Para quitar de dentro la tercera llave del cofre, Rui elevó el cuerpo-y una sangre más densa brotó, escurriendo por el borde del surtidor, humeando.
III
¡Ahora eran de él, sólo de él, las tres llaves del cofre! Y Rui, abriendo los brazos, respiró deliciosamente. ¡Apenas la noche descendiera, con el oro metido en las alforjas, guiando la fila de yeguas por los senderos de la sierra, subiría a Medranhos y enterraría en la bodega su tesoro! Y cuando allí en la fuente, junto a los setos espinosos, sólo quedaran, bajo las nieves de diciembre, algunos huesos sin nombre, él sería el magnífico señor de Medranhos, y en la capilla nueva del solar renacido mandaría decir misas poderosas por sus dos hermanos muertos… ¿Muertos cómo? Como deben morir los de Medranhos — ¡peleando contra el Turco!
Abrió las tres cerraduras, cogió un puñado de doblones, y los hizo resonar sobre las piedras. ¡Qué puro era el oro, de fino quilate! ¡Y era su oro! Después fue a examinar la capacidad de las alforjas — y encontrando las dos botellas de vino, y un gordo capón asado, sintió inmensa hambre. Desde la víspera sólo había comido una tira de pez seco. Y ¡cuánto tiempo llevaba sin probar capón!
¡Con cuanta delicia se sentó en el pasto, con las piernas abiertas, y entre ellas el ave dorada, que exhalaba aromas, y el vino color de ámbar! ¡Ah! Guanes sería un buen mayordomo -ni las aceitunas había olvidado. Pero ¿por qué trajo él, para tres comensales, sólo dos botellas? Rasgando una de las alas del capón: lo devoraba a grandes dentelladas. La tarde descendía, pensativa y dulce, con nubecillas color de rosa. Más allá, en la vereda, una bandada de cuervos graznaba. Las yeguas hartas dormitaban, con los belfos sueltos. Y el surtidor cantaba, lavando al muerto.
Rui alzó a la luz la botella de vino. Con aquel color viejo y cálido, no habría costado menos de tres maravedíes. Y poniendo la estrechura en la boca, bebió a sorbos lentos, que le ondulaban el cuello peludo. ¡Oh vino bendito, que tan inteligentemente calentaba la sangre! Tiró la botella vacía — destapó otra. Pero, como era listo, no bebió, porque la jornada hasta la sierra, con el tesoro, requería firmeza y acierto. Se tendió sobre el codo, descansando, pensaba en Medranhos cubierto de teja nueva, en las altas llamas de la chimenea durante las noches de nieve, y su lecho con brocados, donde tendría siempre mujeres.
De repente, tomado por la ansiedad, tuvo prisa por llenar las alforjas. Ya se adensaba la sombra entre los troncos. Acercó una de las yeguas al cofre, levantó la tapa, tomó un puñado de oro… Pero osciló, soltando los doblones, que tintinearon en el suelo, y llevó las manos afligidas al pecho. ¿Qué es, D. Rui? ¡Rayos de Dios! Era una llama, una llama viva, que se le encendía dentro, subiendo hasta la garganta. Ya rasgaba el jubón, daba los pasos inciertos, y, ahogándose, con la lengua fuera, limpiaba las gruesas gotas de un sudor horrendo que le helaba como nieve. ¡Oh Virgen Madre! Otra vez la llama, más fuerte, que, extendiéndose, lo roía. Gritó:
— ¡Socorro! ¡Alguien! ¡Guanes! ¡Rostabal!
Sus brazos torcidos batían el aire desesperadamente. Y la llama dentro trepaba — sentía los huesos estallar como las vigas de una casa ardiendo. Zigzagueó hasta la fuente para apagar aquella llamarada, tropezó sobre Rostabal; y acabó con la rodilla clavada en el muerto, arañando la roca, en la que él, entre aullidos, buscaba el hilo de agua que caía sobre los ojos, por los cabellos. Pero el agua lo quemaba más, como si fuera un metal derretido. Retrocedió, cayó sobre la yerba fina, que arrancaba a puñados y mordía, mordiendo los dedos para chupar la frescura. Aún se irguió, con una baba densa corriéndole por las barbas; y de repente; cerrando pavorosamente los ojos, berreó, como si comprendiera finalmente la traición, todo el horror:
— ¡Es veneno!
¡Oh! D. Rui, el listo, ¡era veneno! Porque Guanes, en cuanto llegó a Retortilho, aún antes de comprar las alforjas, corrió cantando por una callejuela, detrás de la catedral, a comprar al viejo droguero judío el veneno que, mezclado con el vino, lo convertiría a él, a él solamente, en dueño de todo el tesoro. Anocheció. Dos cuervos, de entre la bandada que graznaba más allá de los setos espinosos, ya se habían posado sobre el cuerpo de Guanes. El surtidor, cantando, lavaba al otro muerto. Medio enterrado en la yerba negra, la cara de Rui se tornaba negra. Una estrellita lucía apenas en el cielo.
El tesoro aún está allá, en el bosque de Roquelanes.

 

 

 

 

 

Francisco de Quevedo y Villegas

Nació en Madrid el 14 de septiembre de 1580 Francisco Gómez de Quevedo Villegas y Santibáñez Ceballos. El 8 de setiembre de 1645 murió en Villanueva de los Infantes, Ciudad Real.
Conocí a Francisco de Quevedo y Villegas en una clase de Literatura española, cuando contaba yo trece o catorce años. El efecto fue deslumbrante porque el fraile profesor bendijo previamente los versos que iba a leer: Bendice señor estos versos que vamos a leer, para que la lengua viperina del autor no nos inocule su veneno. Sorprendida la entera clase y, por ello, muy atenta a los tercetos de la Epístola satírica y censoria escrita a don Gaspar de Guzmán, acabó diciendo hacia sí, que no era para tanto. Este terceto dio pie a más de uno, para pensar, incluso decir, que la lengua viperina había sido la del fraile, incapaz de apreciar la realidad de aquella época, y de casi todas, a más de la enorme belleza.
¿No ha de haber un espíritu valiente?
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?
Se hacía evidente que, para ese fraile, no sé si para otros, las cosas no habían cambiado desde el siglo XVIII cuando El Parnaso español, de Quevedo, impreso en 1648, fue expurgado por la Santa Inquisición en el Índice de 1707, el primero publicado desde la aparición de los poemas. Aún estaba yo bajo el influjo del temor a los infiernos: en plural se referían a ellos los frailes para dar más miedo; por lo que, decidido a echar el diente a la prosa, un compañero de clase, cuyo padre era maestro de escuela, me prestó Los Sueños.
Me comí todos los preámbulos y fui directamente al Sueño del Juicio Final. Seguí con el alguacil endemoniado. Luego fui al Infierno, vi el Mundo por dentro y acabé, como es natural, en La Muerte. Disfruté y aprendí. Devolví el libro a su dueño quedándome con el recuerdo.

Texto de la selección de don Marcelino Menéndez y Pelayo para las Cien mejores poesías de la lengua española.
Epístola Satírica y Censoria contra las costumbres presentes de los castellanos
escrita al Conde-Duque de Olivares por Francisco de Quevedo.

¿No he de callar, por más que con el dedo,
ya tocando la boca o ya la frente,
silencio avises o amenaces miedo.
¿No ha de haber un espíritu valiente?
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?
Hoy, sin miedo que, libre, escandalice,
puede hablar el ingenio, asegurado
de que mayor poder le atemorice.
En otros siglos pudo ser pecado
severo estudio y la verdad desnuda,
y romper el silencio el bien hablado.
Pues sepa quien lo niega y quien lo duda
que es lengua la verdad de Dios severo,
y la lengua de Dios nunca fue muda.
Son la verdad y Dios, Dios verdadero,
ni eternidad divina los separa
ni de los dos alguno fue primero.
Si Dios a la verdad se adelantara,
siendo verdad, implicación hubiera
en ser, y en que verdad de ser dejara.
La justicia de Dios es verdadera
y la misericordia, y todo cuanto
es Dios, todo ha de ser verdad entera.
Señor Excelentísimo, mi llanto
ya no consiente márgenes ni orillas;
inundación será la de mi canto.
Ya sumergirse miro mis mejillas,
la vista por dos urnas derramada
sobre las aras de las dos Castillas.
Yace aquella virtud desaliñada,
que fue, si rica menos, más temida,
en vanidad y en sueño sepultada,
y aquella libertad esclarecida
que en donde supo hallar honrada muerte
nunca quiso tener más larga vida.
Y pródiga de l’alma, nación fuerte,
contaba, por afrentas de los años
envejecer en brazos de la suerte.
Del tiempo el ocio torpe, y los engaños
del paso de las horas y del día,
reputaban los nuestros por extraños.
Nadie contaba cuánta edad vivía,
sino de qué manera: ni aun un’hora
lograba sin afán su valentía.
La robusta virtud era señora,
y sola dominaba al pueblo rudo,
edad, si mal hablada, vencedora.
El temor de la mano daba escudo
al corazón, que en ella confiado,
todas las armas despreció desnudo.
Multiplicó en escuadras un soldado
su honor precioso, su ánimo valiente,
de sola honesta obligación armado.
Y debajo del cielo, aquella gente,
si no a más descansado, a más honroso
sueño entregó los ojos, no la mente.
Hilaba la mujer para su esposo
la mortaja primero que el vestido;
menos le vio galán que peligroso.
Acompañaba el lado del marido
más veces en la hueste que en la cama;
sano le aventuró, vengóle herido.
Todas matronas, y ninguna dama:
que nombres del halago cortesano
no admitió lo severo de su fama.
Derramado y sonoro el Oceano
era divorcio de las rubias minas
que usurparon la paz del pecho humano.
Ni los trujo costumbres peregrinas
el áspero dinero, ni el Oriente
compró la honestidad con piedras finas.
Joya fue la virtud pura y ardiente,
gala el merecimiento y alabanza;
sólo se cudiciaba lo decente.
No de la pluma dependió la lanza,
ni el cántabro con cajas y tinteros
hizo el campo heredad, sino matanza.
Y España, con legítimos dineros,
no mendigando el crédito a Liguria,
más quiso los turbantes que los ceros.
Menos fuera la pérdida y la injuria,
si se volvieran Muzas los asientos;
que esta usura es peor que aquella furia.
Caducaban las aves en los vientos,
y expiraba decrépito el venado:
grande vejez duró en los elementos,
que el vientre entonces bien diciplinado
buscó satisfacción y no hartura,
y estaba la garganta sin pecado.
Del mayor infanzón de aquella pura
república de grandes hombres, era
una vaca sustento y armadura.
No había venido al gusto lisonjera
la pimienta arrugada, ni del clavo
la adulación fragrante forastera.
Carnero y vaca fue principio y cabo,
y con rojos pimientos y ajos duros,
tan bien como el señor comió el esclavo.
Bebió la sed los arroyuelos puros;
después mostraron del carquesio a Baco
el camino los brindis mal seguros.
El rostro macilento, el cuerpo flaco
eran recuerdo del trabajo honroso,
y honra y provecho andaban en un saco.
Pudo sin miedo un español velloso
llamar a los tudescos bacanales,
y al holandés, hereje y alevoso;
pudo acusar los celos desiguales
a la Italia; pero hoy de muchos modos,
somos copias, si son originales.
Las descendencias gastan muchos godos;4
todos blasonan, nadie los imita,
y no son sucesores, sino apodos.
Vino el betún precioso que vomita
la ballena, o la espuma de las olas,
que el vicio, no el olor, nos acredita,
y quedaron las huestes españolas
bien perfumadas pero mal regidas,
y alhajas las que fueron pieles solas.
Estaban las hazañas mal vestidas
y aún no se hartaba de buriel y lana
la vanidad de fembras presumidas;
a la seda pomposa siciliana
que manchó ardiente múrice, el romano
y el oro hicieron áspera y tirana.
Nunca al duro español supo el gusano
persuadir que vistiese su mortaja,
intercediendo el Can por el verano.
Hoy desprecia el honor al que trabaja
y entonces fue el trabajo ejecutoria
y el vicio graduó la gente baja.
Pretende el alentado joven gloria
por dejar la vacada sin marido,
y de Ceres ofende la memoria.
Un animal a la labor nacido
y símbolo celoso a los mortales,
que a Jove fue disfraz y fue vestido;
que un tiempo endureció manos reales,
y detrás de él los cónsules gimieron,
y rumia luz en campos celestiales,
¿por cuál enemistad se persuadieron
a que su apocamiento fuese hazaña,
y a las mieses tan grande ofensa hicieron?
¡Qué cosa es ver un infanzón de España
abreviado en la silla a la jineta
y gastar un caballo en una caña!
Que la niñez al gallo le acometa
con semejante munición, apruebo,
mas no la edad madura y la perfeta.
Ejercite sus fuerzas el mancebo
en frentes de escuadrones, no en la frente
del útil bruto l’asta del acebo.
El trompeta le llame diligente
dando fuerza de ley el viento vano,
y al son esté el ejército obediente.
¡Con cuánta majestad llena la mano
la pica y el mosquete carga el hombro
del que se atreve a ser buen castellano!
Con asco, entre las otras gentes, nombro
al que, de su persona, sin decoro,
más quiere nota dar que dar asombro.
Jineta y cañas son contagio moro;
restitúyanse justas y torneos
y hagan paces las capas con el toro.
Pasadnos vos de juegos a trofeos,
que solo grande rey y buen privado
pueden ejecutar estos deseos.
Vos, que hacéis repetir siglo pasado
con desembarazarnos las personas
y sacar a los miembros de cuidado;
vos distes libertad con las valonas
para que sean corteses las cabezas
desnudando el enfado a las coronas.
Y pues vos enmendaste las cortezas,
dad a la mejor parte medicina:
vuélvanse los tablados fortalezas.
Que la cortés estrella, que os inclina
a privar sin intento y sin venganza,
milagro que a la invidia desatina,
tiene por sola bienaventuranza
el reconocimiento temeroso,
no presumida y ciega confianza.
Y si os dio el ascendiente generoso
escudos, de armas y blasones llenos,
y por timbre el martirio glorioso,
mejores sean por vos los que eran buenos
Guzmanes, y la cumbre desdeñosa
os muestre, a su pesar, campos serenos.
Lograd, señor, edad tan venturosa,
y cuando nuestras fuerzas examina
persecución unida y belicosa,
la militar valiente disciplina
tenga más platicantes que la plaza:
descansen tela falsa y tela fina.
Suceda a la marlota la coraza,
y si el Corpus con danzas no los pide,
velillos y oropel no hagan baza.
El que en treinta lacayos los divide,
hace suerte en el toro, y con un dedo
la hace en él la vara que los mide.
Mandadlo ansí, que aseguraros puedo
que habéis de restaurar más que Pelayo
pues valdrá por ejércitos el miedo
y os verá el cielo administrar su rayo.

Epístola Satírica y Censoria contra las costumbres presentes de los castellanos escrita al Conde-Duque de Olivares
por Francisco de Quevedo
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

Não calarei, por mais que com o dedo,
já tocando a boca ou já a frente,
silêncio avises ou ameaces medo.

Não existirá um espírito valente?
Sempre se sentirá o que se disse?
Nunca se dirá o que se sente?

Hoje, sem medo que, livre, escandalize,
pode falar o talento, assegurado
de que maior poder lhe atemorize.

Em outros séculos pôde ser pecado
severo estudo e a verdade nua,
e romper o silêncio o bem falado.

Pois saiba quem o nega e quem o duvida
que é língua a verdade de Deus severo,
e a língua de Deus nunca foi muda.

São a verdade e Deus, Deus verdadeiro,
nem eternidade divina vos separa
nem dos dois algum foi primeiro.

Se Deus à verdade se adiantara, 1
sendo verdade, envoltura tivera
em ser, e em que verdade de ser deixara.

A justiça de Deus é verdadeira
e a misericórdia, e tudo quanto
é Deus, todo deve ser verdade inteira.

Senhor Excelentíssimo, meu pranto
já não consente margens nem orilhas; 2
inundação será a de meu canto.

Já mergulhar-se miro as bochechas minhas,
a vista por duas urnas derramada
sobre as aras de ambas Castillas.

Jaz aquela virtude emaranhada,
que foi, se rica menos, mais temida,
em vaidade e em sono sepultada,

e aquela liberdade esclarecida
que onde soube achar honrada morte
nunca quis ter mais longa a vida.

E pródiga d’alma, nação forte,
contava, por afrentas dos anos
envelhecer em braços da sorte.

Do tempo o ócio torpe, e os enganos
do passo das horas e do dia,
reputavam os nossos por estranhos.

Ninguém contava quanta vida vivia,
senão de que maneira: nem uma hora
conseguia sem afã sua valentia.

A robusta virtude era senhora,
e sozinha dominava ao povo rudo,
idade, se mau falada, vencedora.

O temor da mão dava escudo
ao coração, que nela confiado,
todas as armas desprezou desnudo.

Multiplicou em esquadras um soldado
sua preciosa honra, seu ânimo valente,
de sozinha honesta obrigação armado.

E embaixo do céu, aquela gente,
se não a mais descansado, a mais honroso
sono entregou os olhos, não a mente.

Fiava a mulher para seu esposo
a mortalha primeiro que o vestido;
menos lhe viu galã que perigoso.

Acompanhava o lado do marido
mais vezes na hoste que na cama;
são lhe aventurou, lhe vingou ferido.

Todas matronas, e nenhuma dama:
que nomes do encômio cortesão
não admitiu o severo da sua fama.

Derramado e sonoro o Oceano
era divórcio das douradas minas
que usurparam a paz do peito humano.

Nem os trouxe costumes peregrinas
o áspero dinheiro, nem o Oriente
comprou a honestidade em pedras finas.

Joia foi a virtude mais pura e mais ardente,
louvor e merecimento a melhor gala;
só se cobiçava o decente.

Não da pluma dependeu a lança,
nem o cântabro com caixas e tinteiros
fez o campo herdade, senão matança.

E Espanha, com legítimos dinheiros,
não mendigando o crédito a Liguria,
mais quis os turbantes que os zeros.

Menos fosse a perda e a injúria,
se voltassem-se Muzas os assentos;
que esta usura é pior que aquela fúria.

Caducavam as aves nos ventos,
e expirava decrépito o veado:
grande velhice durou nos elementos,

que o ventre então bem disciplinado
procurou satisfação e não fartura,
e estava a garganta sem pecado.

Do maior fidalgo daquela pura
república de grandes homens, era
uma vaca sustento e armadura.

Não tinha vindo ao gosto lisonjeira
a pimenta enrugada, nem do cravo
a adulação fragrante forasteira.

Carneiro e vaca foi princípio e cabo,
e com vermelhos pimentos e alhos duros,
tão bem como o senhor comeu o escravo.

Bebeu a sede os arroios puros;
depois mostraram da retama a Baco
o caminho os brindes mau seguros.

O rosto macilento, o corpo magro
eram lembrança do trabalho honroso,
e honra e proveito andavam num saco.

Pôde sem medo um espanhol viloso
chamar aos tudescos bacanais,
e ao holandês, herege e aleivoso;

pôde acusar os zelos desiguais
à Itália; mas hoje de muitos modos,
somos cópias, se são originais.

As descendências gastam muitos godos;
todos blasonam, ninguém os imita,
e não são sucessores, senão apodos.

Veio o betume precioso que vomita
a baleia, ou a escuma das ondas,
que o vício, não o odor, nos acredita,

e ficaram as hostes espanholas
bem perfumadas mas mau regidas,
e joias as que sozinhas peles foram.

Estavam as façanhas mau vestidas
e ainda, de roxo e lã, não se fartava
a vaidade de fêmeas presumidas;

à seda pomposa siciliana
que manchou ardente múrice, o romano
e o ouro fizeram áspera e tirana.

Nunca ao duro espanhol soube o gusano
persuadir que vestisse sua mortalha,
intercedendo o Cão pelo verão.

Hoje despreza a honra ao que trabalha
e então foi o trabalho executória
e o vício graduou a gente baixa.

Pretende o alentado jovem glória
por deixar a vacada sem marido,
e de Ceres ofende a memória.

Um animal ao labor nascido
e símbolo zeloso aos mortais,
que a Jove foi disfarce e foi vestido;

que um tempo endureceu mãos reais,
e por trás dele os cônsules gemeram,
e rumia luz em campos celestiais,

por qual inimizade se convenceram
a que seu desânimo fosse façanha,
e às searas grande ofensa fizeram?

Que coisa é ver um fidalgo da Espanha
abreviado na sela à gineta
e gastar um cavalo numa cana!

Que a infância ao galo lhe acometa
com semelhante munição, aprovo,
mas não a idade madura e a perfeita.

Exercite suas forças o moço
em frentes de esquadrões, não na frente
do útil bruto a pica do espinhoso.

O trombeta lhe chame diligente
dando força de lei o vento vão,
e ao som esteja o exército obediente.

¡Com quanta majestade enche a mão
a pica e o mosquete carrega o ombro
do que se atreve a ser bom castelhano!

Com asco, entre as outras gentes, menciono
ao que de sua pessoa, sem decoro,
mais quer nota dar que dar assombro.

Gineta e canas são contágio mouro;
se restituam justas e torneios
e façam pazes as capas com o touro.

Passem-nos vocês de jogo a prémio,
que só grande rei e bom privado
podem executar estes desejos.

Vos, que fazeis repetir século passado
com nos desembaraçar as pessoas
e sacar aos membros de cuidado;

vos destes liberdade com as valonas
para que sejam corteses as cabeças
despindo o enfado às coroas.

E pois vos emendaste as emendas, 3
dai à melhor parte medicina:
se voltem os tablados fortalezas.

Que a cortês estrela, que vos inclina
a privar sem tentativa e sem vingança,
milagre que à inveja desatina,

tem por sozinha bem-aventurança
o reconhecimento temeroso,
não presumida e cega confiança.

E se vos deu o ascendente generoso
escudos, de armas e blasones cheios,
e por timbre o martírio glorioso,

melhores sejam por vos os que eram menos 4
Guzmanes, e a cume desdenhosa
vos mostre, a seu pesar, campos serenos.

Logre, senhor, idade venturosa,
e quando nossas forças examina
perseguição unida e belicosa,

a militar valente disciplina
tenha mais falantes que a praça:
descansem teia falsa e teia fina.

Suceda à marlota a couraça, 5
e se o Corpus com danças não os pede,
véus e ouropel não façam vaza.

Quem em trinta lacaios os cede, 6
faz sorte no touro, e com um dedo
a faz nele a vara que os mede.

O mande assim, que vos assegurar devo
que tendes de restaurar mais que Pelayo
pois valerá por exércitos o medo
e vos verá o céu administrar seu raio.

1.- Se cambia en los tres versos la palabra final. En aras de la forma, se utiliza en vez del pretérito imperfecto de subjuntivo, el pretérito pluscuamperfecto de indicativo
2.- Se utiliza orilhas, en aras de la forma, en vez de beiras que ya estaría contenida en margens
3.- Se cambia la palabra para mantener la rima manteniendo el sentido
4.- Se cambia la palabra a favor de la rima conservando el sentido
5.- Se mantiene marlota, especie de saya morisca.
6.- Se cambia la palabra a favor de la rima sin cambiar el sentido

 

 

 

José Régio

José Maria dos Reis Pereira nació el 17 de septiembre de 1901 em Vila do Conde. Murió em Vila do Conde el 22 de diciembre de 1969. Mi camino hacia el escritor José Régio fue progresivo sin yo saberlo. El encuentro con Nicolau Saião se hizo de manera virtual. En mi visita a Portalegre no coincidimos. Me acerqué a la Casa-Museu, pero estaba cerrada y solo pude hacer fotos del exterior. Por medio del correo forjamos una excelente amistad. Nicolau Saião, experto en la vida y obra de Régio, me llevó hasta quien considero uno de los creadores de la moderna literatura portuguesa. En primer lugar, Régio es un filósofo que se interroga sobre el entorno, sobre su origen y objetivo. Llega así a Dios y a la sociedad, pasto inagotable para su entendimiento. Pensamiento y método le llevan a crear un cuerpo de certezas del que hace norma de conducta personal. Es, en ese sentido, una persona muy consecuente. Su escritura emana de la vida, la vida se fortalece en la escritura. Han dicho que su obra rezuma misticismo, creo que revela humanidad, una humanidad social que va y lleva a alguna parte de creciente interés. Su Dios es causa, pero, sobre todo, consecuencia. El teatro del mundo está formado por individuos actores. Él lo sabe y lo tiene como premisa de sus silogismos. De ahí su sentido del humor. He traducido algunos de sus poemas donde se muestran estos rasgos.

Cântico negro
Poema de José Régio
Tradução de Pedro Sevylla de Juana
«Ven por aquí» me dicen algunos con los ojos tiernos
tendiéndome los brazos, y seguros
de que sería bueno que yo los escuchara.
Cuando me dicen: «ven por aquí!»
yo los miro con ojos lánguidos,
(Hay, en mis ojos, ironías y cansancios)
Y cruzo los brazos,
y nunca voy por allí…
Mi gloria es esta:
¡Crear deshumanidades!
No acompañar a nadie.
— Que yo vivo con el mismo desánimo
con que rasgué el vientre a mi madre
no, no voy por ahí! Sólo voy por donde
me llevan mis propios pasos…
Si a lo que quiero saber ninguno de vosotros responde
¿Por qué me repetís: «ven por aquí!»?
Yo prefiero resbalar en los callejones embarrados,
arremolinar vientos,
como andrajos, arrastrar los pies ensangrentados,
a ir por ahí…
Si vine al mundo, fue
solo para desflorar selvas vírgenes,
y dibujar mis pies en la arena inexplorada!
La mayor parte de lo que hago es inútil.
¿Cómo, pues, vais a ser vosotros
quienes me deis impulsos, herramientas y coraje
para derribar mis obstáculos?…
Corre, por vuestras venas, vieja sangre de los abuelos,
Amáis lo sencillo!
Me gusta lo Distante y el Espejismo
aprecio los abismos, los torrentes, los desiertos…
Id! Tenéis carreteras,
tenéis jardines, tenéis parterres,
tenéis patria, tenéis techos,
y tenéis normas, y tratados, y filósofos, y sabios…
¡Yo tengo mi Locura!
La alzo como una antorcha ardiendo en la noche oscura
y siento espuma, y sangre, y cánticos en los labios…
Dios y el Diablo conducen, nadie más!
Todos tuvieron padre, todos tuvieron madre;
mas yo, que nunca comienzo ni acabo,
nací del amor existente entre Dios y el Diablo.
Ah, que nadie me entregue intenciones piadosas,
nadie me pida definiciones!
nadie me diga: ¡«ven por aquí»!
Mi vida es un vendaval que se desató,
y una ola que se elevó,
y un átomo más que se estimuló…
No sé por dónde voy,
no sé hacia dónde voy
sé que no voy por allí!

Soneto de amor Poema de José Régio
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana

No me pidas palabras ni Salmos,
ni expresiones, ni alma… Ábreme el seno,
Deja caer los párpados pesados,
y entre los pechos apriétame sin recelo.

En tu boca debajo de la mía, en el medio,
Nuestras lenguas buscan, desvariadas…
Y que mis flancos desnudos vibren en el fuego
de tus piernas ágiles y delgadas.

Y en dos bocas una lengua…, —unidos,
vamos a intercambiar besos y gemidos,
Sintiendo nuestra sangre mezclarse.

Después…—¡abre los ojos, mi amada!
entiérralos bien en los míos; no digas nada …
deje la vida expresarse sin disfraces!

Testamento del poeta Poema de José Régio.
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana

Todo vuestro esfuerzo es vano, amigos:
no soy de los que se conforman… con no estar muertos.
además, ya renuncié a cualquiera de los puertos;
no pido vuestro óbolo de mendigos.

Lo mismo os diré, ¡sueños antiguos
de amor! ojos en los míos alguna vez absortos!
cuerpos ya hoy dilatados, viejos, gordos,
que fuiste el mejor de mis ejidos!

Y lo mismo digo a todo y a todos,– ahora
que todo y todos veo reducidos,
a mi propio Dios niego y el aire me abandona.

Para recuperar, sin embargo, todo el Universo,
¡y amar! ¡y creer! y ¡hallar mis mil sentidos!…
me basta el gesto de contar un verso.

Obsessão
Poema de José Régio, a la muerte de su hijita única
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana

Sobre unas pobres rosas deshojadas
vestidita de blanco, inmóvil, fría,
ella estaba allí dispuesta para el fin.
Yo pensaba: «¡De todo lo existente, he aquí lo que queda!»
y entre los parpaditos mal cerrados,
(como un rayo de sol por una rendija)
su mirada aún me veía,
y se despedía de mí.

Despedirse, ¿por qué?, si nunca más,
sobre esas pobres rosas deshojadas
la dejé de ver…, inmóvil, fría,
pues yo, ¿acaso vivo donde aparezco?
Luchas, odios, amores, sueños de gloria, ideales,
¡todo, todo, todo, me olvidó ya! Solamente no olvido,
entre los parpaditos mal cerrados
aquella mirada que aún me veía.

Traduzco aquí, por su interés, un fragmento del artículo de Enrico Martines, de la Università degli studi di Parma, publicado en este enlace: https://www.researchgate.net/publication/266903313_Os_poemas_dispersos_de_Jose_Regio
«Al analizar las razones de no incluir José Régio tantos poemas en el canon de volúmenes poéticos, es preciso prestar atención a la evolución de la obra del multifacético escritor. Manifiesta él, después de la publicación de Mas Deus é Grande -quinto volumen de poesía en menos de veinte años- un progresivo apartamiento de este género literario; para decirlo más ajustado, pasa a ser más urgente para José Régio, a partir del final de la década de los años cuarenta, la necesidad de afirmar otras facetas de su arte, claramente el teatro o la novela; la escasa disposición para componer versos (testimoniada, a partir de aquel periodo, en varios trechos de su diario íntimo) se debía también a la orgullosa intención de demostrar que era tan buen novelista o dramaturgo como poeta, al contrario de lo que la crítica parecía sugerir. Si los manuscritos compilados hasta los años treinta contiene varios planes de publicación de libros de versos, escribe en 1950, en ‘Noticia de esta edición’ que introduce la colección de la obra de José Régio: «También a esta edición completa de mi poesía pertenecerán cualesquiera otros libros de versos que venga a producir; pues me inclino a creer que no voy a producir ninguno más: Supongo que me llegarán, escasamente, el entusiasmo y la vida para trabajar en otros géneros que aún, en ocasiones, me parece poder realizar»

 

 

 

 

José Saramago

José de Sousa Saramago nació el 16 de noviembre de 1922 en Azinhaga, Ribatejo, Portugal, Muriendo en Tías, Lanzarote, España, el 18 de junio de 2010. Me digo, con intención de decir: Vayamos al futuro de esta misma mañana; no para quedarnos en él, sino para ser su molde humano y merecer los elogios que nos dediquen en sus libros de historia los habitantes de dentro de mil años, si los hay, si queremos que los haya. Ese tiempo, mil años adelante, será nuestro punto de referencia, nuestro objetivo temporal; pero no será nuestro techo; a nuestro techo lo irán elevando nuestras cabezas con nuestro crecimiento de personas pensadoras, vivas y activas. Nuestro techo será el luminoso firmamento que intuimos más alto aún de lo que vemos, los obligados confines imposibles.
El contenido de este párrafo que acabo de escribir, su intención de progreso colectivo, me ha sido dictado por los sucesivos pensadores conocidos en sus dichos, pero, sobre todo, en sus hechos. Uno de ellos, sin duda, el premio Nobel mejor servido de su premio, subiendo a la tribuna del premio para defender a los de abajo, constituidos en forzado pedestal de los de arriba.
El año 1998, fecha de la concesión del Premio Nobel a José Saramago, se cumplían cincuenta años de la, aún hoy, subversiva Declaración Universal de Derechos Humanos, papel mojado en términos generales. El premiado, en la ceremonia de recepción del premio, era consciente de su posición y de la efeméride, cuando dijo o pensó: Tengo los micrófonos del mundo abiertos, vamos a hablar, pues, de los derechos humanos. A eso me refiero, al conocimiento de la posición adquirida tras la recepción del premio, a la enorme posibilidad de aprovechamiento que se le abría. Veía la literatura como un importante elemento de transformación social y él, ya premio Nobel, quiso formar parte de ese elemento transformador. En tal realidad nueva estaba la verdadera importancia del premio, ese altavoz recibido era el premio verdadero.
Tuve una temporada saramaguiana que duró años. Los amigos y los parientes me regalaban Saramago y yo lo leía suavemente. Lo insólito y lo imposible llamando la atención. Lo individual pasando a colectivo. La anécdota hecha categoría; si no es esa su clave, con frecuencia lo parece. Hay coincidencias con Borges y no son menores coincidencias. Hay belleza y poesía en su escritura. Hay algo chestertoniano en sus ampliaciones, el Domingo de, El hombre que fue jueves, avanza imparable en algunos momentos de sus páginas. El imperativo categórico de Kant planea sobre su ética.
Modestia, constancia y compromiso social, destacaron en su forma de ser y de vivir: vida y obra transvasadas. Saramago fue el primer escritor en lengua portuguesa premiado con el Nobel. En su opinión, el primer escritor en portugués ganador de ese premio debió ser Jorge Amado. Fueron amigos de coincidencias y correspondencias, prometiéndose compañía en la recepción del Nobel si uno de los dos lo obtenía. Estaba viejo Jorge Amado en 1898 y no pudo ir a Estocolmo. Escribiré sobre Jorge Amado como si estuviera vivo, dijo Saramago: Me dicen que sus cenizas fueron enterradas bajo la manga a cuya sombra solía acogerse en Río Vermelho, pero las cenizas son cenizas, nada, mucho más pesan las palabras y, el viento igualador, más pronto o más tarde, acaba llevándose unas y otras. Por eso, sólo quiero hablar de Jorge Amado vivo. Es que, quizá, los muertos no se retiran del mundo hasta mucho después, cuando su memoria acaba olvidada en los otros.
Si son muestra de cariño y aprecio los premios, adopciones filiales predilectas, doctorados honoris causa, nombramientos honoríficos y reconocimientos de su obra; a José Saramago se le aprecia mucho y se le tiene cariño en España. Casado con una española, Pilar del Río, que tradujo sus obras al castellano, a quien Saramago dedicaba uno tras otro sus libros con veneración concluyente. Pilar, asidero de José, dedicada por entero tras la muerte del escritor a la difusión de su obra y su memoria; hace al escritor, en cierto modo, español a fuerza de ser universal. José Saramago es un autor ibérico e insular que goza del aprecio de los lectores. Con una mirada superficial podría decirse eso como excepción, de Saramago y España; pero sucede que, en muchos países de Europa, mención especial a Francia y, de América, Brasil a la cabeza, sucede lo mismo. Hay una cierta ternura envidiable en la relación del lector de Saramago con el escritor Saramago, y. sucede aquí, allá y acullá.

Os Poemas Possíveis Editorial Caminho, 1997
Nota de la 2ª edición.José Saramago
Tradução de Pedro Sevylla de Juana
Aparece esta edición de Los Poemas Posibles, dieciséis años detrás de la primera. No es mucho, si lo comparo con los dieciséis siglos que siento haber sumado a mi edad de entonces. Cabe preguntar si estos versos (palabra hoy poco usada, pero válida para el caso) merecen una segunda oportunidad, o si no se quedan como deudores de otras, posiblemente más cabales, demostraciones del autor en el territorio de la ficción. Si, finalmente, no estaremos ante un simple y nada raro fenómeno de aprovechamiento editorial, mera estrategia de aquello que se suele llamar política de autores, o si, por el contrario, fue la constante poética del propio trabajo la que legitimó la resurrección del libro, porque en él habrían comenzado a definirse nexos, temas y obsesiones que vendrían a ser la columna vertebral, estructuralmente invariable, de un cuerpo literario modificado. Aceptemos la última hipótesis, única que podrá hacer plausible, primero, y justificar, después, este regreso poético.
¿Poesía fechada? Seguramente. Toda la creación cultural debe tener luego su fecha, la impuesta por el tiempo que la produce. Pero siempre lleva otras fechas, además, estas anteriores, las de los materiales heredados — muchas veces importunamente dominantes — y, de tiempo en tiempo, aquella impalpable fecha que aún puede venir, aquel sentir, aquel ver y experimentar, todavía futuro solamente. Sin embargo, esas percepciones son cosa solo de genios, y, obviamente, no son ellos el asunto aquí tratado.
Poesía del día pasado, de la hora tardía, poesía en el futurible. Y contra esto no habría remedio. Salvo intentar traerla hasta su autor, hoy, con dieciséis años más y dieciséis siglos. Así fue hecho, y esta edición aparece no sólo revisada, sino enmendada también. Casi todo en ella está dicho de manera diferente, diferente es mucho de lo que de otra manera se dice, y no faltaron ocasiones para contradecir radicalmente lo que antes fue escrito. Pero ningún poema fue retirado, ninguno fue añadido. ¿Es entonces otro libro? ¿sigue siendo el mismo? Yo diría (y con este remate me doy por explicado) que el novelista de hoy decidió raspar con uña seca e irónica al poeta de ayer, lacrimal a veces. O, para emplear expresiones menos metafóricas, buscó el retorno de Os Poemas Possíveis, otra vez al menos.

Algunos poemas de ese libro de José Saramago
Tradução de Pedro Sevylla de Juana
Hasta la médula
Dirán otros, en verso, otras razones,
Quién sabe si más útiles, más urgentes.
De este, acá, no cambió la naturaleza,
Suspendida entre dos negaciones.
Ahora, inventar arte y manera
De juntar el acaso y la certeza,
Lleve en eso, o no lleve, la vida entera.

Así como quién roe las uñas al rape.

Arte poética
¿Cuál es el origen del poema? De qué sirve
Al trazar la escuadra de la semilla:
Flor o hierba, floresta y fruto.
Pero avanzar un pie no es hacer jornada,
Ni pintura será el color que no se extiende
con acierto riguroso y armonía.
Amor, si lo hay, con poco se conforma
Si, por ocios del alma acompañada,
Del cuerpo le basta la presciencia.

No se olvida el poema, no se pospone,
Si el cuerpo de la palabra fuera moldeado
En ritmo, seguridad y consciencia.

Si no tengo otra voz…
Si no tengo otra voz que me despliegue
En ecos de otro son este silencio,
Es hablar, ir hablando, hasta que sobre
La palabra escondida en lo que pienso.

Es decirla, quebrado, entre desvíos
De flecha que a sí misma se envenena,
O mar alto coagulado de navíos
Donde el brazo ahogado nos enseña.

Es hundir hasta el fondo una raíz
Cuando la piedra cabal corta camino
Es lanzar para arriba cuanto dice
Que más árbol es el tronco más solito.

Ella dirá, palabra descubierta,
Los dichos de la rutina de vivir:
Esta hora que aprieta y desaprieta,
El no ver, el no tener, el casi ser

Proceso
Las palabras más sencillas, más comunes,
Las de andar por casa y dar el vuelto,
En lengua de otro mundo se convierten:
Basta que, de sol, los ojos del poeta,
Rozando, las iluminen.

Balanza
Con pesas dudosas me someto
A La balanza hasta hoy rechazada.
Es tiempo de conocer lo que más vale:
Si juzgar, presenciar, o ser juzgado.
Pongo en el plato llano cuánto soy,
Materias, otras no, que me entregaron,
El sueño fugitivo, la desesperación
De agarrar violento o descuidar
La sombra que me va contando los días;
Pongo la vida corta, el mezquino cuerpo,
Traiciones naturales y escrúpulos,
Pongo lo que hay de amor, su urgencia,
El placer de pasar por entre las estrellas,
La certeza de existir que sólo tendría
Si vinieras a pesarme, poesía.

Poema a la boca cerrada
No diré:
Que el silencio me asfixia y amordaza.
Callado estoy, callado quedaré,
Pues la lengua que hablo es de otra raza.

Palabras consumidas se acumulan,
Se estancan, cisterna de aguas muertas,
Ácidas penas en barros transformadas,
cenagoso fondo con raíces retorcidas.

No diré:
Que ni siquiera el esfuerzo de decirlas merecen,
Palabras que no digan cuánto sé
En este retiro donde no me conocen.

Ni solo lodos arrastran, ni solo limos,
Ni solo animales flotan, muertos, miedos,
Túrgidos frutos en racimos se entrelazan
En el pozo lóbrego de donde suben dedos.

Solo diré,
Crispado, recogido y mudo,
Que quién calla cuanto me callé
No podrá morir sin decir todo.

 

 

 

 

Jorge de Sena

La dictadura de Portugal, llamada Estado Novo, se mantuvo entre 1933 y 1971. Dentro de la persecución de las libertades, practicaba la censura más férrea. Jorge Cândido de Sena nació en Lisboa el 2 de noviembre de 1919. Debido a la dictadura partió para el exilio, en Brasil, el año 1959. Murió en Santa Bárbara, California, el 4 de julio de 1978. Su cuerpo fue recibido en Lisboa en septiembre de 2009.
La iniciativa del regreso fue del Ministro de Cultura, con quien, Mécia de Sena, la viuda, estuvo de acuerdo, explicando la razón: «Saímos para ele escrever sem pensar nos limites que lhe eram impostos». Según Jorge Facenda Lourenço, especialista em la obra: «Passou a ter condições de vida e de trabalho que potenciaram a sua criatividade», «Os anos de Brasil (1959-65), os primeiros vividos como adulto, em liberdade, são talvez o seu período mais criativo». Volver a Portugal, incluso de visita, era arriesgado, porque entre 1950 y 1968 tuvo orden de prisión. Salieron de Brasil debido al golpe militar de 1964. «Tínhamos alergia às ditaduras. Saímos do Brasil também por causa da ditadura», explicó Mécia.
Los exílios fueron la vida de Sena, incluso cuando vivió em Portugal, exilio interior. Los destierros contribuyeron a la originalidad y fuerza de su escritura. Fue autor de una vasta producción intelectual. Ficción, teatro, traducciones y una importante obra crítica, destacando los estudios dedicados a Camões y Pessoa. Sobre todo es poeta. «É que à poesia, melhor que a qualquer outra forma de comunicação, cabe, mais que compreender o mundo, transformá-lo». (SENA, 1961, p.11)
El poema ‘A Portugal’, fue escrito por Jorge de Sena en los inicios del exilio en Brasil. Se publicó, cuando el autor ya había muerto, en el libro 40 anos de servidão. Comienza con un verso de Camões en Os Lusiadas, canto III, 21 estância: «Esta é a ditosa pátria minha amada.Não». Pero añade esse Não rotundo y solitário reforzado por estar entre puntos. Verso primero de uma elegia que termina «Eu te pertenço: mas seres minha, não». De nuevo la negación, pero ya menos rotunda.

Peregrinatio ad Loca Infecta (1959-1969) em 40 Anos de Servidão, Lisboa: Edições 70, 1989, pp. 85-86.
A Portugal
Poema de Jorge de Sena
Tradução de Pedro Sevylla de Juana
Esta es la dichosa patria mi amada. No.
Ni es dichosa, porque no lo merece.
Ni mi amada, porque es sólo madrastra.
Ni patria mía, porque yo no merezco
la escasa suerte de haber nacido en ella.

Nada me ata o vincula a tanta bajeza
como ese eructo de pasadas glorias.
Mis amigos más queridos están en ella,
nostálgicos en ella, pero amigos son
por ser mis amigos, y eso es todo.

Torpe deyección de romano imperio;
baba de invasiones; salitre puerco
de agotamiento atlántico; irrisoria cara
de lodo, de codicia, y de vileza,
de mezquindad, de vanidosa ignorancia
tierra de esclavos, culo por el aire oyendo
crujir en la niebla la nao del Encubierto;
tierra de funcionarios y prostitutas,
devotos todos del milagro, castos
en las horas vacías de enfermedad oculta;
tierra de héroes a peso de oro y sangre,
y santos con mostrador de secos y mojados
en el fondo de la virtud; tierra triste
a la luz del sol encalada, acicalada, sin brío,
llena de amabilidad para los extranjeros
que dejan monedas y transportan pulgas,
oh pulgas lusitanas, hacia Europa;
tierra de monumentos en los que el pueblo
da nombre a la mierda anónima;
tierra – museo en que aún se vive,
con cerdos por la calle, en casas celtiberas;
tierra de poetas tan sentimentales
que el olor de un sobaco los pone en trance;
tierra de piedras descarnadas, sequías
como esos sentimientos de ocho siglos
de robos y patrones, barones o condes;
oh tierra de nadie, nadie, nadie:

yo te pertenezco. Eres cabra, eres puerca,
eres más que perra en celo,
eres peste y hambre y guerra y dolor de corazón.
Yo te pertenezco: pero pertenecerme tú, no.

(Em poesia II, pg 125 a 128.)
Carta a mis hijos sobre los fusilamientos de Goya
Poema de Jorge de Sena
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

No sé, hijos míos, qué mundo será el vuestro.
Es posible, porque todo es posible, que sea
aquel que yo deseo para vosotros. Un sencillo mundo,
donde la única dificultad provenga
de lo simple y natural.
Un mundo en que todo esté permitido,
conforme a vuestro gusto, vuestro anhelo, vuestro placer,
vuestro respeto a los otros, el respeto de los otros a vosotros.

Y es posible que no sea esto, ni siquiera esto,
lo que necesitéis para vivir. Todo es posible,
aun cuando luchemos, como debemos luchar,
por cuanto valoremos la libertad y la justicia,
o más que cualquiera de ellas una fiel
dedicación al honor de estar vivo.
Un día sabréis que, aunque la humanidad
no lleva cuenta del número de los que pensaron así,
amaron a su semejante por cuanto tenía de único,
de insólito, de libre, de diferente,
y fueron sacrificados, torturados, apartados,
y entregados con hipocresía a la secular justicia,
para que los liquidara “con suma piedad y sin efusión de sangre”.

Por ser fieles a un dios, a una idea,
a una patria, una esperanza, o acaso
al hambre sin respuesta que les roía las entrañas,
fueron destripados, desgarrados, quemados, gaseados,
y sus cuerpos amontonados tan anónimos como vivieron,
o sus cenizas diseminadas para que de ellas ni memoria quedara.
A veces, por ser de una raza, otras
por ser de una clase, purgaran todos
los errores que no habían cometido o no tenían conciencia
de haber cometido. Pero también ocurrió
y ocurre que no murieran.
Hubo siempre infinitas maneras de prevalecer,
aniquilando mansamente, delicadamente,
por caminos inescrutables como se dice que son los de Dios.

Estos fusilamientos, este heroísmo, este horror,
fue una cosa, entre mil, acontecida en España
hace más de un siglo y que por violenta e injusta
ofendió el corazón de un pintor llamado Goya,
dotado de un corazón muy grande, lleno de furia
y de amor. Pero esto no es nada, hijos míos.
Sólo un episodio, un episodio breve,
en esta cadena de la que sois un eslabón (o no seréis)
de hierro y de sudor y sangre y algo de esperma
en el camino del mundo que os imagino.
Aceptad que ningún mundo, que nada ni nadie
vale más que una vida o la alegría de vivirla.
Es esto lo que más importa – esa alegría.
Aceptad que la dignidad, de la que os hablarán tanto,
no es sino esa alegría que nace
de seguir vivo sabiendo que nunca
nadie está menos vivo o sufre o muere
para que uno solo de vosotros resista un poco más
a la muerte que es de todos y vendrá.
Que todo esto lo sabréis estoicamente,
sin culpar a nadie, sin terror, sin ambición,
y sobre todo sin desapego o indiferencia,
ardientemente espero. Tanta sangre,
tanto dolor, tanta angustia, un día
– aunque el tedio de un mundo feliz os persiga –
no han de suceder en vano. Confieso que
muchas veces, pensando en el horror de tantos siglos
de opresión y crueldad, dudo unos instantes
y la amargura me sumerge inconsolable.
¿Serán o no en vano? Pero, aunque no lo sean,
¿quién resucita a esos millones, quiénes restituyen
no sólo la vida, sino todo lo que les fue quitado?
Ningún Juicio Final, mis hijos, puede darles
aquel instante que no vivieron, aquel objeto
que no disfrutaron, aquel gesto
de amor futuro.
Y, por eso, ese mundo que formemos
debemos tenerlo con cuidado, como cosa
que no es sólo nuestra, que nos es cedida
para guardarla con respeto
en memoria de la sangre que nos corre por las venas,
de nuestra carne que antes fue otra, del amor que
otros no amaron porque se lo robaron.

 

 

 

Pedro Sevylla de Juana

Nacido en Valdepero, Palencia, España, en 1946, Pedro Sevylla es académico correspondiente de la Academia Espirito-santense de Letras, en Brasil. Fue galardonado con el Premio internacional Vargas Llosa de novela y ha publicado treinta y cinco libros.

O elevado voo do Veleiro Nova Era
Poema e tradução PedroSevylla de Juana

Adnotatio Praevia
Enviei a vários amigos o poema que aqui vai, e suas reações foram muito diferentes. Desde a daqueles que pediram praça no veleiro, para eles ou para outros; até a de quem estabeleciam verdadeiro paralelismo com a viagem de Cristóbal Colón. Perguntavam detalhes sobre o objeto da viagem e a marcha da nave, e tive que precisar certos aspectos indefinidos. O título, muito adequado, procede de Remisson Aniceto, um amigo pensador, contista e poeta, residente em São Paulo e nascido na bela cidade de Nova Era, estado de Minas Gerais.
Renata Bomfim, uma amiga de Vitória, em Espírito Santo, versada na vida e na obra de Florbela Espanca: «Um ente de paixão e sacrifício», quis que incluísse à poeta portuguesa e, conhecendo seus méritos sobrados, acedi. Carme Esther, companheira de trabalho radicada em Barcelona, queria fugir do economicismo imperante, das enormes e crescentes desigualdades sociais originadas, do estrago insustentável no equilíbrio vital; e tive que habilitar mais quatro praças, para ela, seu marido e seus filhos.
Devo acrescentar que Aurora, a capitão, nasceu em Salvador de Bahia de pai castelhano e mãe mediterrânea. Por último, dizer que meu Iberismo cultural, origem do meu Universalismo, me levou de Portugal a Brasil, estados de São Paulo, Rio, Minas, Bahia, Pernambuco e Espírito Santo. Ali, em ES, Montanhas Capixabas, surgiu na minha mente, o poema que desenha o rumo seguido através dos elípticos campos siderais, e a chegada à Terra Prometida

Um barco de vela de três mastros, cujo nome
é Nova Era,
impulsionado pelo vento cósmico
que origina um buraco negro de atividade intensa,
abandona o Sistema Solar para deixar
nuns dias
muito atrás a Via Láctea.

Ressoa, O Universo, sinfonia impossível
composta e interpretada
por cento e vinte músicos da família Bach

Os três mastros sólidos e fortes,
de liga tão ligeira e inalterável como o casco,
proporcionam confiança a Aurora Maris,
a capitão mais intrépida que engendrou Natureza;
indómita mulher,
forjada na aventura marinha
circundando a Terra pelos sete mares
para comerciar em sedas e especiarias,
com esse barco sem remos nem canhões
que ao navegar
simplesmente voa.

Se ouve na imensidade Blue Train, de John Coltrane

Olavo Bilac e Florbela Espanca, de língua portuguesa;
Odisseu, o esperado, e sua amada Penélope;
Erik, chamado de Vermelho; Virgílio, Confúcio,
o Rei dom Sebastião, Jules Verne,
imaginativo praticante;
Maria Salomea Sklodowska, científica; a pedagoga,
poeta, diplomata e escritora Lucila Godoy,
o enorme Pablo Picasso,
Galileo, um dos grandes do Renascimento;
e o escritor romântico
José Ignacio de Espronceda; são alguns
dos trinta e dois buscadores dum planeta
despovoado, doado de água e vida,
onde possam respirar, se alimentar,
rir e sonhar;
onde a humanidade ameaçada
consiga começar de novo,
trocando pistolas e espadas das panóplias
por flautas, plumas de cálamo partido e pinceles.
Onde a filosofia, a investigação
e a docência sejam ocupações avantajadas,
os benefícios industriais e comerciais
respeitem o ambiente e permaneçam ajustados,
se restrinja a herança,
e os salários mínimo e máximo
caminhem da mão.
Uma sociedade que receba mais
do mais capaz,
e entregue
mais ao mais necessitado.

Soa envolvente Money Jungle, de Duke Ellington

Animais e plantas ocupam
a parte central da adega, baixo
a claraboia que tamisa a luz cambiante.

Se propõem os viajantes salvar essa vida:
ovos, embriões e indivíduos adultos,
de uma extinção segura, se alimentando
com seu crescimento: brotos, ramos e frutos.

E na preparação, as pessoas,
a mais de conhecimentos de navegação
e psicologia da convivência, tiveram lições
de latim para se entender, e práticas
da linguagem de signos.

Resoa What A Wonderfull World, de Louis Armstrong

Indo à velocidade do Vento, terceira parte
da que atinge a Luz,
as velas múltiplas e diversas,
devem resistir o empuxo, e são
desse novo material que dizem grafeno.

Circundante chega o som de
Round Midnight, por Ella Fitzgerald

Se auxiliando dos imaginados mapas astronómicos,
sem timão que sirva na derrota,
nem previsões atmosféricas onde não há atmosfera,
a perícia de Aurora governa as velas, a nave
e o rumo nas aproximações
aos planetas dos diferentes tons da cor azul.

O som muda a Summertime,
interpretado por Ella Fitzgerald y Louis Armstrong

Entre a constelação de Orião
e a estrela Sirius
durante um mínimo instante os tripulantes percebem,
imagem e semelhança do homem,
ao Demiurgo andrógino
deitado em suave leito de nuvens,
roncando compassadamente
seu sonho sem fim. Grandes, muito grandes
a cabeça, o corpo e as extremidades,
dotados duma esplêndida beleza;
olhos límpidos,
pele tersa na desnudez luminosa que mostra.

Se escuta Birth of the Cool, de Miles Davis

Constatam os tripulantes
que o relógio terrestre da nave assinala quinze anos
de navegação, e eles não envelhecem.
Pensam que avançando como avançam
– tempo e espaço –
para o momento crítico
em que a matéria começou a se expandir
mais uma vez,
os lapsos decorrem de diferente forma.

Enche as mudáveis proximidades Rhapsody in Blue,
de Gershwin y Whiteman

Calor ou frio insuportáveis, empurrões laterais
subidas ou baixadas bruscas, tormentas silenciosas
torcem o rumo cem vezes, mil quiçá,
e temendo um catastrófico naufrágio
opõem os tripulantes a firmeza de sua
vontade humana e o afã de sobrevivência.

Cada um dos navegantes realiza uma tarefa
conforme com suas capacidades e desejos,
de forma que o progresso depende
mas deles que do destino,
grato e ingrato.

Benny Goodman, interpreta Sing, Sing, Sing

O prêmio pela resistência heroica é o sossego
entrecortado, e a beleza luminosa incomparável
vista nas fotografias, milhares, que chegam
à pantalha de grandes dimensões,
e através dos olhos de boi, janelas
e escotilhas transparentes.

O atrativo das paisagens sucessivas,
a cambiante complexidade cromática e formal,
a vertigem do que vem de frente
escapando pelos lados in extremis,
é algo não sentido antes por nenhum
dos arriscados tripulantes.

Se ouve Django Reinhardt em Sweet Georgia Brown

Harmonia, equilíbrio, deslizamentos
piruetas lógicas e inesperadas
derivações, desdobramentos, formosura do contraste,
linhas puras e impuras se servindo, atualizando-se,
crepúsculos e amanhecidas destilando emoções,
Poesia, Pintura e Música se criando e se recriando:
O Veleiro Vai.

Darius Milhaud interpreta La Création du Monde

Sonho e realidade, ilusão e desilusão
se seguem nos ânimos, o temor e a esperança.

Recolher velas quando sobrevoam um planeta
ligeiramente azul
para se acercar e receber fotografias do conjunto
e dos detalhes,
proporciona expectativas que rompe
a aridez encontrada, forçando
a prosseguir o rumo com todo velame despregado.

Se entrelaçam Ebony Concerto de Igor Stravinsky e
Jazz suíte número 1 de Dimitri Shostakovich

Num momento de fortuna,
após cem descobertas infrutuosas,
na clareza promiscua da pantalha
se pode ver um planeta azul e verde, de uma beleza
extraordinária, única.

Então rasga o silêncio a voz enérgica de Aurora Maris:
¡Todos a seus postos! ¡Manobra de aproximação!
Arreiem vocês a maior
– se referindo à vela desse mastro –
e as demais.

Na ação, rápida,
desencadeada de improviso,
se ouvem termos marinheiros de oculta beleza:
sonoros e contundentes
como lategadas.

Soa Maurice Ravel, Jazz (peça desconhecida)
pour Mme Révelot

Um singelo mecanismo criado pela capitão
no Mar de China, para que um tufão elevasse
o veleiro,
permitia que as vergas de diferente mastro
se alinharam ao comprido e,
a umas velas crescidas,
atingir a posição horizontal freando a baixada
num descenso compassado.

A visão aparecida ante seus olhos, paisagem verde
da superfície firme, e trêmulos azuis dos mares,
põe a cavilar aos mais inquietos a respeito
da elipse que sua incerta derrota foi completando.

As fotografias vistas, acercam
elementos tranquilizadores: água em abundância
e vida vegetal exuberante e diversa.

Principia Concertino for Jazz Quartet and Orchestra
de Gunther Schuller

Circunvalando o planeta no descenso,
veem montanhas elevadas com penachos
de neve, vulcões em erupção, sismos, vastos
lagos, rios caudalosos;
mas não acham
signos que revelem a existência de vida animal.

Nas proximidades descobrem árvores
vigorosas crescidas sobre escombros, arbustos
ocultando material de guerra debilitado
pelo passo do tempo,
troncos retorcidos que superam ruínas pétreas.

E a pouca distância do mar interior eleito
para aterrissar, identificado pela mediterrânea
Aurora Maris como o Mare Nostrum,
veem uma torre, firmemente erguida,
reconhecendo nela, Aurora e alguns mais,
a genuína expressão românica
de Sant Climent de Tahüll.

Estoira a alegria ao contato da nave com a água:
ignis fatuus de aparecimento imprevisível
e duração muito breve.
«Alegria, formoso lume dos deuses»,
tinha escrito Schiller.

Se escuta então em todo o Universo
a ‘Ode à Alegria’, quarto movimento
da Sinfonia Nona de Beethoven.

Post Scriptum
Regressada a nave, falado e ouvido o relato da peripécia, pude passar vários dias vendo as fotos recolhidas pelas câmaras ao chegar à Terra. Descobri intacta a igreja de San Martin de Frómista, me surpreendendo que, no lugar de meu nascimento, Valdepero, se apreciassem as pedras disseminadas do que pôde ser o poderoso Castelo e, oh maravilha! o campanário românico, só ele em pé, do que foi a ermida de San Pedro e da Virgem del Consuelo.
Montanhas Capixabas, faz muito tempo.

Ode à mulher madura
Poema e tradução Pedro Sevylla de Juana

Exórdio
Um bom dia cheguei a tua casa
minha amiga,
e tua casa era o campo
e teu campo tinha o horizonte posto
na Natureza toda:
terra fértil de cor avermelhada,
ervas, enredadeiras, arbustos de fruto comestível,
árvores reunidas em vegetal conversa
retas, eretas,
se elevando como frechas dirigidas ao infinito
desejosas de atingir um céu protetor
azul e cinzento que chova água tíbia
sobre todas as terras, sobre todas as plantas.
E sobre os animais
teus irmãos do bosque:
símios inocentes, cobras ondeantes
e pássaros cantores de cores diversas,
vivas, belíssimas,
filhos da música e o vento,
da pintada Aurora.
Espaço de liberdade que queres
sustentável e protegido, aberto ao viajante
que sossego procure.
Tendida entre dois varais do alpendre
havia uma rede ampla
onde cabiam dois corpos abraçados
que se mexeram unidos nas ondas
desse teu oceano cruzado de conquistadores
embutidos em resistentes armaduras
sobre cavalos desorientados.
Na ombreira da casa
de tua ideia convertida em campo
portas de par em par abertas
janelas abertas de par em par
estava o colaborador imprescindível,
o tempo ativo,
partícipe necessário
do pensamento e da ação
da paixão e da cordura.
Me entregaste tua poesia
em dois cadernos manuscritos
filhos verdadeiros, irmãos
de tuas pinturas e debuxos:
artista completa, toda tu criadora,
inteira e verdadeira,
íntegra.
Eu levava na cabeça meu poema à fêmea madura
versos sensuais que ainda não tinham destino de mulher,
abstratos como a alvorada do instante primeiro
névoa cósmica
inundada de luz primigênia.
E vendo-te ali, elevada em pedestal de deusa,
erguida silhueta circundada de luz,
luz escultora delineando teu perfil
teu corpo poderoso junto a tua casa afirmada,
soube que eras tu a mulher madura, o poema era teu,
e a ti te tinha sido escrito.

O poema
Minha desejada mulher madura
fêmea plena e florescente
de carne frugal e entendimento reflexivo
és a deusa Hera, esposa do grande Zeus;
e de teus peitos, ubre generosa,
brota a diário em espiral a Via Láctea,
galáxia formada por duzentos mil milhões
de planetas travessos.
Filho do pai dos deuses e da humana Alcmena,
eu sou Héracles,
o herói que procura em teus peitos
a imortalidade vedada.
És Penélope, mulher;
eu sou o novo Ulisses, e regresso a Ítaca
cansado de guerras e aventuras enganosas.
Tudo é hostil,
muros de intriga cercam a casa,
os inimigos têm tomado posse do meu,
mas tua agredida fortaleza ainda resiste.
Teus peitos me reconhecem,
esposa fidelíssima;
identificam meu rosto, minhas mãos e minha voz;
teus peitos,
só eles,
sabem quem é este mendigo estrangeiro
antes de me ver entesar o arco e passar
a seta através dos doze olhos de machado.
Crê-os!
teus peitos
mulher madura
conhecem a verdade,
sabem que meu coração os quer esféricos e vaidosos,
minha tímida gazela, minha flor do Paraíso,
sabem que meu coração os ama impávidos e exaltados.
És Helena, mulher, a espartana Helena;
tua perturbadora beleza seduze a deuses e a mortais;
eu sou teu esposo Menelao, rei consorte,
e se perdoo teu veleidosa conduta,
deves saber que à memória
de teus formosos peitos obedeço.
Mulher nascida da terra fértil e as fragorosas ondas,
teus peitos são o portentoso acerto da Natureza prática,
um mistério que os sete sábios
de Atenas não poderiam interpretar,
um presente de Míron, um obsequio de Fídias.
uma doação de Policleto.
És Esther, a valorosa hebreia,
minha alígera corça, doce apaixonada,
minha senhora e rainha,
eu sou Asuero, o Rei,
cento vinte e sete províncias se inclinam ante mim,
as donzelas mais cobiçadas povoam meu harém
mas, unicamente, teus peitos
estimulante
vivificadora companheira,
enchem de festa minha vida.
Adorada mulher madura,
minha virginal donzela,
minha desejada
fêmea sensual e prazenteira;
teus peitos invitam-me, me convidam:
desde sua posição de privilégio me convocam
em banquete carnal imoderado.
Possuem uma titilação iridescente quando os busco,
noturnidade marinha da areia fresca
túrgidos e altos na sua entrega pudorosa,
pálidos à luz da lua túrbida
perturbados pelos luzeiros esplendentes.
Fêmea total, minha animosa mulher,
marinheira de imaginárias singraduras,
teus formosos e erguidos peitos,
sólidos, firmes, resistentes, obstinados;
são o mascarão de proa e a proa intrépida
de teu corpo navegante.
Teus peitos, mulher, sabem a tâmaras
a papaia sucosa, a palmitos de sagu
a mango maduro, a amêndoa e a maçã;
teus peitos rotundos, meu inteligente e intuitiva
companheira,
sabem a glória.
São de absenta de noventa graus teus peitos,
de mandrágora e beladona,
fêmea soberana,
estrela polar de minha existência,
alucinógenos são,
certamente aditivos
e os bebo para suavizar por dentro
antigas cicatrizes ainda em carne viva.
A jacinto cheiram teus peitos,
pulquérrima mulher,
a laurel, a estoraque, a mirto
a eucalipto, a sálvia
a madressilva e a magnólia;
aos aromas bravios da flora silvestre
e à substância fecunda do inquieto mar salobre.
Os peitos da mulher madura são tersos e sensuais;
de dia cobrem sua timidez nua
de noite despem sua temerária ousadia.
Na penumbra se fazem fortes
alardeiam, me desafiam, me provocam
e os pezões se inflamam
pronunciando meu nome inominado.
Nada me atrai tanto como os esféricos, alçados
orgulhosos peitos da mulher madura,
lei da gravitação universal hostil e aliada.
Brilhantes estrelas que me fazem piscadas nas noites
escuras, quando o céu é transparente
e a vista cruza as enormes distâncias.
Sou um precavido a prova de razões,
e tudo o fundamento nos peitos da mulher madura
única realidade visível e palpável.
Deuses do Olimpo e Monte Olimpo eles mesmos
a seu cume subo para libar
minha diária ração de ambrosia.
Admirável mulher, compendio de mulheres
baixo teus cálidos e harmônicos peitos
minha experimentada sagacidade descobre
um coração amante que aprecia o arrojo e a ternura;
uma vontade de entrega -filha, mãe e esposa-
levada a se esforçar pelos seus;
a grandeza de ânimo da mulher emancipada
oposta às diretoras bridas;
e o empenho social orientado à conquista
do direito a se expressar e atuar livremente
um dia, e outro e outro dia.
Salvador de Bahia 2015

Dilúvio na resseca terra da fome
Poema e tradução de Pedro Sevylla de Juana

Com uma pena de cálamo partido,
o homem desguarnecido se acastela,
pó em água diluído,
tinta viscosa surgida da testa.

É uma pluma somente
e a branca superfície do papel
em seta, em adaga a converte;
a palavra que perfilo é um ipê
lançado contra o céu inexpugnável e inclemente,
para desaguar, face e invés,
seus transbordantes recipientes.

Vão sendo as seis e o ativo povo
-do arraial alçado num córrego ressequido-
em círculos de pedra aviva o fogo,
e com a calma de quem ignora os perigos,
apressa lidas diferidas pelo breve ócio
ou desprega lembranças dos tempos idos.

Placas de lata formam tetos e paredes,
entulhos de algum derrubo, tabelas rompidas,
frágil refúgio destinado a proteger da intempérie.
O vento avisa com seu assobio ralo,
um cheiro de crisântemo vivo
vem do Norte carregado de presságios:
calaram-se os grilos
e os pardais agitados
revolteiam em círculo.

Recolhe raios o sol, embainha sua soberba,
retrocede e foge dos horizontes nublados
embutidos em armaduras pretas,
guerreiros sobre bíblicos cavalos
que manifestam uma cólera densa.

Urgidas galopadas das pernas,
a primeira gota inaugura o desconcerto,
cauta emissária das companheiras,
as que ocultam o sol fátuo e incerto
esperando instruções mais concretas.

Chove a negrura que a perspectiva afasta,
nas lindes se enleiam linhas de chegada e partida,
piscando resplendores se agita o deus da borrasca
visos perversos que agigantam as vistas,
numa tarde de verão bem bastarda.

Presto o altar, a oblação desconhece os desígnios;
procissões de nuvens chegam ao lugar dos fatos
seguindo a ordem imutável dos avisos.

As temperaturas elevadas,
necessitadas de paciência,
perfuram a barreira da exígua enramada;
os indómitos vales desfocados centelham
e desde o alto das nuvens altas
desordenadamente desce a tragédia.

Descobre o olho torvo em solitária cavalgada,
o temor oculto dos campos às ingratas sementeiras;
neste lugar o mau augúrio aguarda,
em toda parte a ferida fica aberta,
por ali chega morte acaçapada,
suspeitada e, sem embargo, manifesta.

As gotas compõem milhões dilatados
e uma sozinha é vida no deserto,
adição do mar não desbordado;
uma gota não é perigo verdadeiro,
nem cem juntas, nem mil vezes um vaso.

Com quatro nuvens irritadas se forma uma tormenta,
três tormentas cabem em um vale,
são três os vales convergentes, e mais de quarenta
as nuvens que acumula a nuvem resultante.

Toneladas de água vai ressoprando a galerna,
ingente quantidade, mares desprendidos da altura,
uma fortuna se cai no lugar da carência:
terra resseca e esquartejada, balbuciante agricultura,
feijões, tubérculos, centeio, aveia
erva agostada e murcha,
alimento que salva da morte verdadeira
protegendo da fome uma temporada curta.

Apedrejam as nuvens com ouro a puna e a savana,
centos de milhões de onças caem no absorvente solo,
valioso pasto para milhares de vacas
que morreriam num jejum novo.

Água vai! Exclama o céu perto da porta,
e a nuvem total, o universo inteiro, as líquidas esferas,
abrem as comportas e em menos duma hora
cai destrutora a água chegada de todos os planetas.
Os pés não encontram solo, se dissolve a terra,
todo é líquido solto e sua força de arrasto,
arrasta rolando as roladas pedras.

Os ramos se desgalham de choupos e louveiras
troncham-se os caules das plantas,
o deus da morte exige um centenar de vítimas
e a dor das sobrevivências rasgadas.

Há famílias abaixo, pessoas de todas as idades,
borbotões de sensibilidade e de ternura,
cachorros e gatos em plena liberdade,
utensílios, úteis de pesca, ferramentas rústicas,
amor à Natureza muito grande.

Se volta contra o homem o enxoval diário,
arrasa arrasado e é espada;
é martelo, é estaca, é maço;
é machado violento, é cortante navalha.

Resistem os valentes esbanjando brios
e agonizam em tentativa vã de minorar o desamparo
impelindo os mortos aos vivos
enquanto escapam os covardes ficando a salvo.

Troca-se a terra em pegajoso limo,
formam dique as lenhas e as pedras,
fixação de mares bem nutridos;
e num instante que os fados desprezam
escapam os desbordantes fluidos.

Exaltados relinchos de cavalo
das gargantas irrompem fugitivos,
bramidos de touro ensanguentado
e desgarradores gritos
nascidos do sofrimento desumano
elevam sua queixa até o divino.

É angustiosa a impotência,
e depois do instante eterno que dura a agonia,
insultam os feridos a quem executa a sentença.

A morte forma feixes de corpos:
mãos unidas às mãos,
braços suspendidos dos pescoços,
rostos pegados aos lábios,
dentes mordendo o vigor afetuoso
do amor apaixonado.

São alicerces os troncos em carne viva abertos,
suportando o peso dos muros derrubados,
dos precipitados tetos.

As lascas, incisivas como alfanjes,
e as árvores arrancadas da terra mãe,
são armas para o descomunal gigante
que vomita a água dos sete mares
sobre pessoas acostumadas ao abuso do grande.

Quando o céu aclara sua cor e o temporal decresce,
oferecendo evidências ficam os despojos:
cabeças aplastadas por pedras inocentes,
extremidades presas debaixo dos escombros,
ventres inchados sobre desnutridos ventres,
corpos oprimidos cobertos de lodo.

O lodo, o lodo, o lodo detido;
o lodo desprende de seu seio improvisado,
a expectativa de encontrar algum respiro
e o fedor dos restos demudados.

Os cadáveres descobertos pela água,
são empurrados rio abaixo,
até o espaço que acolhe na enseada,
o barro e a madeira, os calhaus rolados.

O amanhecer acorda destruído:
a batalha desigual -só um bando-
tem deixado um esplendor despido,
coberto por membros descarnados,
de impossível retorno aos caminhos.

Nos morros inclinados, nos rochedos,
nas sumidas adjacências,
nos álveos lisos dos rios secos,
alçam os párias da terra,
seus efêmeros acampamentos,
as frágeis vivendas.

E o céu castiga
sua extrema pobreza
e a ousadia.

O grande grito
Poema e tradução Pedro Sevylla de Juana
(Desequilíbrio insustentável)
«Nos querem emocionais para nos dominar,
mas nos terão pensadores resistindo». (PSdeJ)

Os inícios

Gases, líquido, sólido
espaço-tempo,
ar, água, terra, fogo.
O hoje tem uma lenda
calculada em treze mil setecentos
e setenta
milhões de anos completos.

Rotação e translação iam
os mundos a seu devido ritmo
satisfeitos da alcançada rotina
atraentes e atraídos
cantando a universal cantiga
como estava previsto.

Matéria e energia,
em sua cópula engendraram,
sístoles e diástoles,
o inicial sopro de vida.

As causas

Emoção e lógica caminhavam juntas
–humanas complementárias faculdades–
unidas sempre por vales e planuras,
e a inteligência se pensava invulnerável.

Às vezes o pensamento parecia tomar a dianteira,
até que o sentimento avançava decidido
alcançando uma vantagem manifesta
que tentava manter como objetivo.

Assim se produziram os tristes desafios,
começaram irreduzíveis as pendências,
teve fim o necessário equilíbrio
alimentando-se o ódio com as guerras.

O vão ganhou protagonismo nos medíocres,
cresceram os emocionais entre os indivíduos
começou o transvase do comum para os acumuladores
e os pensadores foram doravante perseguidos.

As consequências

Meu grito é um grito de desassossego
macho erguido e fêmea valorosa
cidade ou campo aberto
ruas, praças e rondas
vale, ladeira ou cerro
as mãos em megafone sobre a boca.

Meu grito é o grito do dia e da noite
neste pequeno globo tão errado
oito mil milhões de vozes
fundidas em sonoro abraço.

Meu grito é o rugido do tigre e a baleia
de vulcões e sismos
o grito da lava interna,
do vento que inflama as velas dos navios
o desgarrador alarido do furacão e a galerna.

Meu grito é o grito da massa vegetal
grito de araucária, choupo e catuaba,
dos cactos do deserto e o mangue do mangal;
um coro enorme que eleva
sua voz descomunal.

Meu grito é o grito da terra estável
e do líquido mar,
das nuvens cambiantes
e o azul desigual,
a queixa suave
e o bramido estelar.

Meu grito é o grito animal
o grito dos vegetais
e das pedras sem lavrar.

Planetas habitados e infecundos
meu grito brota do desespero universal
exigindo ao suposto demiurgo
sem novas perífrases nem desculpas vãs,
que aclare se o domínio do privado sobre o público
goza do seu apoio ou tem perto o final.
Torre da homenagem, castelo de Valdepero 2011

A visita da divindade
Relato e tradução de Pedro Sevylla de Juana
Na vasta extensão cercada de terreno arborizado, sedosa pradaria dividida pelo curso em arco de um regato bem nutrido, no início do outono, quando a Lua perseguia sua plenitude circular, enigmático e pacífico apareceu o Ente. O velho Liparus Glabirostris, da família dos Curculiónidos, profundo pensador e professor exímio, receou sempre. Desconfiava do Ser, suposto deus, inclusive na época de general arroubamento. Não era para menos, a estranha aparência -tamanho e forma- ajudava em alto grau despertando braçadas de suspeita.
O Ente, delimitado por linhas suaves e planos carentes de ângulos, aceitava as olhadas interrogantes sem suspender a emissão de sons compassados, sugestivos até para ouvidos insensíveis à cadência ordenada. No seu interior impenetrável abrigava, sem sombra de dúvida, algum tipo de vida afastada da convencional. Livre de fome e sede, em harmonia com a agradável temperatura ambiente, atuava como qualquer recém-nascido satisfeito, embora sem o gracioso bracejo e o gesto encantador. Permanecia no próprio lugar de sua aparição, se expressava utilizando uma complexa linguagem de signos visuais e acústicos, e não manifestava dependência do exterior. É compreensível que centenas de conjeturas se tecessem em torno de sua natureza.
O velho Liparus pôde reconhecer nele determinadas qualidades da condição divina. Saltava à vista que era alheio a tudo o conhecido. Certo, diferia das peculiaridades primordiais dos três reinos; não parecia pedra, nem planta, nem animal. O estado de repouso em que se encontrava imerso podia ser transitório, pois chegou até ali desde algum lugar tão remoto que não lhe precedeu a notícia de sua existência. A aptidão para se deslocar ao ditado do desejo lhe proporcionava uma independência amplíssima: caraterística que mostram os seres superiores. Único, autônomo e inexplicável: semelhantes atributos constituíam os fios que bordavam a perfeição de sua índole. Carecia, pelo contrário, da primeira das qualidades que os deuses exibem: a capacidade sem limites de influenciar no curso dos acontecimentos, geradora de prodígios que ressaltam uma trajetória extraordinária. Atitude oposta à de um demiurgo amoroso de sua obra, exteriorizava uma inexcusável despreocupação pela beleza da verde floresta e dos inverossímeis raios de sol que filtrava, pelo rumor harmonioso da água ao acometer meandros, desníveis e estreitezas; inclusive pelos curiosos que o cercavam com ânimo pesquisador. Nesse ponto exato, equidistante do sim e do não, impossibilitada para se desprender, ancorava Liparus sua dúvida.
Talvez fosse apenas um vislumbre da mobilidade potencial, mas a agitação dominava o interior. O que podia ser tomado pelo rosto, superfície circular de um cilindro achatado, espelho do coração sensível, efetuava estranhos trejeitos a cada instante. Os reflexivos pesquisadores, encabeçados por Calathus Melanocephalus, pertencente à família dos Carabídeos, e seu mais direto colaborador, Agonun Dorsale, primo seu; constataram que mudava a forma seguindo um processo repetido a cada dia. Tomando o anoitecer como ponto de referência, a metamorfose reproduzia seus passos, um após o outro, de crepúsculo a crepúsculo; reiteração, método.
«Prodígios? Consegue ser portento suficiente a comoção ocasionada pela sua vinda até nos mais céticos»: argumentavam os partidários, dirigidos pelo eleito coordenador de famílias Prionus Coriarius, o maior dos Longicórneos: «Negligência ante a criação? Veio para permanecer ao nosso lado; eis o grande exemplo de carinho que necessitava esta geração egoísta. Sim, sua existência é monótona e repetitiva, mas, feitos à sua imagem e semelhança, nossa própria existência é repetitiva e monótona. Nos deslocamos em busca do alimento, nos agita o desejo de copular e corremos para fugir ou atacar. A Divindade repousa porque se basta a si mesma: nada lhe falta e a nada teme».
Os religiosos vincularam com esse argumento mais do que com qualquer outro, o meritório modo de alinhar as condutas pessoais atrás da forma de ser atribuída à Divindade. «Aquilatemos o processo de nutrição rejeitando a gula» pediram: «Limitemos a cópula às exclusivas exigências da propagação da espécie. Abracemos os inimigos. Só dessa maneira seremos capazes de amansar nossa agitação culpável». E sentenciaram: «A calma é o bem e o tumulto o mal; na redução das necessidades se apoia a virtude».
Surpreende a instabilidade das convicções generalizadas na sociedade: os Escolítidos, escavadores de galerias corticais, tachados de simples e parcimoniosos, passaram a ser percebidos como coerentes e equilibrados. «Viver para ver»: pensavam os suspicazes.
O Círculo de Teólogos, por encargo do estamento crente, soldou entre si várias reflexões formando um verdadeiro corpo de doutrina, dogma de imediata difusão e obrigado conhecimento. Avançava o credo pela senda racional até o limite de suas possibilidades, momento em que fazia uso da fé. «A Divindade existe desde antes dos começos, porque é o começo; e seguirá quando tudo se extinga, porque o conhecido e o suspeitado têm nela sua raiz e seu túmulo. A Divindade não necessita gerar descendentes, porque sendo única ao tempo é eterna.
Dytiscus Latissimus, da família dos Ditíscidos, aparecia em público ostentando a casula amarela e negra de aparência solene, flanqueado por seus acólitos, dois luminosos Lampíridos. Partindo das verdades teológicas recentemente propagadas, tinha fundado o Imobilismo Expectante, irmandade integrada por um crescente número de adeptos. Subindo a qualquer proeminência e dono de todas as respostas, perguntava: «Que razões a Divindade teve para tomar corpo e vir conosco? Mistério. Enigma que as mentes comuns como as nossas não podem compreender. Veio, e isso deve encher-nos de orgulho e regozijo; quis servir-nos de guia e exemplo e isso deve bastar. Mas, cuidado, poderia marchar; devemos cumprir ao instante e até o último detalhe os ditados de seu temperamento. Me encarregarei de interpretar e divulgar suas mensagens com a assistência dos discípulos mais comprometidos. Eles e eu renunciamos a partir deste momento a nos acasalar, e nossa mobilidade tocará o limite da estática. Os irmãos na fé construirão um Ara onde os fiéis possam adorar a Divindade e pedir-lhe dons. Além disso, contribuirão para nosso parco sustento».
Enquanto tudo o dito acontecia na grama que margina o arroio, o extravagante Ser continuava sua escassa atividade. A divindade, uma cabeça redonda e plana da qual brotavam dois grandes apêndices desiguais, amorosos braços dispostos a se fechar ao redor de qualquer eleito, dava leves sinais de vida. A estranha entidade encarnada dessa guisa, carente de tronco e extremidades traseiras, insensível ao interesse suscitado, continuava a sistemática reforma dos contornos faciais e a emissão entrecortada de sons audíveis a considerável distância.
Sem impedimentos dignos de consideração, Carabus Coriaceus, caçador astuto e guerreiro de tenacidade reconhecida, assumiu o comando dos soldados numa cerimônia memorável. Ao pé do altar, argila ainda úmida revestida com pedrinhas coloridas, uma charanga formada por Gryllus Campestris e Oecanthus Pellucens, músicos estrangeiros, batia os élitros em homenagem à Divindade. Corajosa, atacava com vigor marchas capazes de alertar os casacas verdes, guarda composta por Lytta Vesicatoria; e os casacas roxas, escolta de Meloë Violaceus. Ao seu compasso, a coorte de ferozes machos Lucanus Cervus desfilava em estado de excitação combativa. Chefes, soldados e boa parte da população, viam na Divindade o grande caudilho que tornaria respeitado e temido à ordem Coleóptero; orgulhoso da complexa diversidade das famílias que o integram, das poderosas mandíbulas de seus indivíduos, da beleza das asas, da funcionalidade de antenas e escudo e do notável modo de vida conseguido. Por último, se apresentava a ocasião de submeter os povos vizinhos, exigindo tributos. Teriam a oportunidade de vingar a histórica afronta dos odiados Himenópteros, em particular dos Apócritos, em extremo laboriosos e rápidos viajantes.
Distanciados durante uma longa temporada, Dytiscus, Prionus e Carabus deviam dilucidar quem dos três assumiria a superioridade. A força proporcionava argumento a Carabus, Prionus empunhava sua representatividade, genuína vontade do povo; mostrava Dytiscus em sua mão a chave da vida eterna. Reunidos em parlamento sendo já noite cega, após ásperas discussões se descobriram compartilhando objetivos: a permanência da Divindade, a proteção da identidade coleóptera e o estabelecimento de uma nova organização social. Eles acordaram unir seus esforços e tomar o poder formando um triunvirato de pares. Como primeira medida, ponderaram as consequências de ilegalizar a pesquisa filosófica, atividade supérflua quando se conhece cada palmo das ramificações da verdade. Só o temor à rejeição dos puristas lhes inclinou a penalizar os comportamentos em vez dos princípios. No dia seguinte, Calathus Melanocephalus, obstinado praticante da lógica; e Liparus Glabirostris, escrupuloso docente; perseguidores ambos da certeza dos fatos provados; acusados de intrigantes foram confinados no seu domicílio.
Um estrangeiro, Lygaeus Saxatilis, grande sacerdote do aliado ordem Heteróptero, com o propósito de introduzir o novo culto entre os seus, solicitou licença para estudar a natureza da Divindade e as teorias que a explicavam. Locusta Migratória, chefe dos Quelíferos, pelo contrário, denunciou que o crescimento do exército coleóptero -soldados, armas e bagagem- transgredia os acordos do pacto assinado depois da Grande Derrota. Se somaram à desaprovação Tettigonia Viridissima em nome dos Ensíferos, Blatta Orientalis, grande embaixador dos Blatarios, e muitos outros: Dermápteros, Odonatos, Apterigotos e Efemerópteros, que no crescente belicismo dos Coleópteros viam um perigo para preservar a paz entre os diferentes Ordens.
Calathus e Agonum, na tentativa de escapar de uma morte certa, burlaram o cerco imposto a seus domicílios. Se ocultaram logo na derme telúrica e seguindo túneis longos surgiram no território dominado pelos Himenópteros. Ordem vencedora da Grande Guerra, que, trás um longo período de coexistência pacífica, voltava a ser considerado hostil por causa da portentosa mobilidade dos seus indivíduos. Ali prosseguiram Agonum e Calathus o estudo dos numerosos dados recolhidos, ajudados por conscienciosos investigadores locais, um grupo de Apis Mellifera e o controverso Vespula Vulgaris. Era Vespula um dissidente Himenóptero acolhido ao asilo dos Coleópteros, retornado a sua pátria de modo encoberto. Tal escrutínio derivou num melhor conhecimento da substância divina, de cujas características poderia se derivar utilidade prática. As raias de forma mutável, desenhadas no círculo capital, coincidentes uma e outra vez em momentos semelhantes de diferentes dias, serviriam para dividir o tempo em frações exatas e alcançar a tão desejada simultaneidade das atividades comuns.
Seguindo indicações de Véspula, duas vezes traidor, a incursão noturna dos Lamia Textor postos ao serviço de Carabus Coriaceus, encontrou o laboratório, destruiu os valiosos documentos e degolou pesquisadores absortos em suas coisas. Sofreram os opositores um revés próximo ao desastre, e a Divindade foi adorada em qualquer lugar, pois os fiéis reproduziam ad líbitum a imagem sagrada, traçando o círculo capital e as duas raias laterais de seu emblema.
Estendido o culto, generalizados os sentimentos piedosos, sincronizada a intenção comum, a ordem dos Coleópteros entrou na etapa mais frutífera de sua história, carregada de motivos para dar graças à Divindade. Era indubitável que, protetora dos crédulos, propiciava o progresso com sua própria presença. Entre isto e aquilo se despiram as árvores de folha caducada, orgulhoso de sua força paralisante chegou o frio, e em um lapso breve foi expulso pelos dias radiantes de sol e sossegados de ventos. A vida eclodia de novo e um grupo de crianças de Homo Sapiens se apresentou na esplanada com sua ordinária algaravia. Desde os mais profundos rincões das luras, desde as copas mais altas das árvores, medonhos, cautelosos, os insetos todos perceberam a renovada coreografia das evoluções lúdicas. Ao entardecer ouviram com nitidez as seguintes palavras, cujo significado desconheciam: «Olhem, um nicho de argila adornado com pedrinhas coloridas. Dentro há um relógio de pulso. A pilha já está nas últimas. Os números mudam muito lentamente e a música quase não se ouve, o levo de lembrança».
Horas mais tarde, apaziguado o contorno, caiu a noite e a normalidade se hospedou na pradaria, nas árvores circundantes, no arroio que os cruza. Só então os insetos ousaram sair de seus esconderijos: um pé após outro, desconfiados ou temerários. Tudo para descobrir que a Deidade havia partido deixando vazio o altar colorido. O Chefe Religioso Dytiscus Latissimus, lembrou-se de ter previsto não há muito tempo o que tinha acabado de acontecer. Alguma ação ou omissão ofenderia a Divindade. Unicamente a penitência podia favorecer seu retorno. Começou então um reiterado exercício de laboriosidade e obediência cega às autoridades civis, religiosas e militares. Ainda ficava esperança.

Dos centauros e seus modos
Relato e tradução Pedro Sevylla de Juana
Se ignora o carácter da cópula, assim como o tempo que necessitou para frutificar. Mas um frio domingo do mês de março correspondente ao ano 2009, prodígio do novo milénio, no lugar do globo chamado Villazalama, terra de abundantes pastos situada entre Valdepero e Husillos, começaram à nascer cavalos com tronco humano, braços e cabeça de homem ou, visto de outro modo, homens com lombo, rabo e patas de cavalo. A combinação genética tinha logrado uma espécie nova: os centauros, realidade superadora da fantasia humana que os criou, aqueles filhos de Ixión e da nuvem Néfele, Hera fingida. Sua presença deu pé a perguntas carentes de resposta lógica. Animais ou pessoas: a dúvida inundou as ruas, chegou as escrivaninhas das universidades, aos claustros de professores; e dali ao intelecto dos filósofos. As leis vigentes resultaram inúteis para regular a convivência do novo e o velho; mero papel molhado e tinta atenuada. Desde os púlpitos os belicosos sacerdotes lançaram anátemas que se ouviam nos cenáculos dos governantes. Os parlamentos trataram o assunto em sessões esgotantes, e acabaram aprovando a elaboração do pão de cevada e a venda de alfafa nas quitandas. Apareceu no mercado um gabão-xairel antes inimaginável, e os negócios de construção e equipamento enriqueceram os ousados.
O homem seguiu o caminho aberto, e seu natural abusivo quis confinar aos quadrúpedes racionais. Não pôde. Asas brotaram aos de maior alçada, aos mais ágeis. Não eram grande coisa; dois apêndices lombares emplumados que lhes permitiam elevar-se pelos ares e desaparecer. Aos seis meses se demonstraram transitórios; ainda assim, durante o meio ano que durava a metamorfose, os centauros se expandiam formando novas colónias. De modo que a espécie recém-nascida se distribuiu pelos quatro pontos cardeais povoando a terra. Os monstros nasciam domados e nada acrescentou o homem nesse sentido. A cabeça humana regia seus actos de besta, humanizando as consequências; e a nobreza da besta parecia neutralizar os sentimentos egoístas do homem. De maneira que os novos indivíduos exibiam condutas íntegras acrescentadas a extraordinárias faculdades. Temores e acusações iam perdendo intensidade, até que a rotina quis retornar à sua tarefa. Púlpitos, tribunas e outros palanques reticentes acabaram tolerando os mestiços. Se adaptaram os usos e as ferramentas às necessidades anatómicas dos híbridos, e em pouco tempo aos novos seres lhes resultou desnecessário demonstrar uma superioridade evidente. Foram penetrando nas formações castrenses, nas representações social e judicial. Em breve ocuparam postos de relevo nas empresas e nos ministérios; e ajudando-se uns aos outros, até os pior dotados alcançaram bom acómodo.
Transcorridos cinquenta anos, os centauros dominavam as variadas pirâmides do poder, e puderam abandonar a dissimulação herdada das pessoas. A raça humana, afastada dos centros de decisão, se viu confinada ao ambiente dos trabalhos manuais repetitivos, levando a cabo tarefas sujas ou entediosas.
Pelos meus conhecimentos da antiga cultura, fui um dos destinados a apurar os velhos livros impressos sobre papel, única fonte de sabedoria permitida às pessoas, a que nos está vedado o ingente acervo electrónico. Devia censurar qualquer assomo, por subtil que fora, dos chamados valores humanistas. Antigos impressores, também forçados, editavam novos livros imitando a estampa dos velhos. Os leitores humanos iam abandonando as reivindicações de espécie.
Eu conduzira uma conspiração calada, e para servir os propósitos rebeldes, todos os livros corrigidos por mim escondem estas linhas em extensos parágrafos insubstanciais.
Os centauros, receosos e inteligentes, descobriram meu ardil. As leis castigam com a morte os traidores; amanhã dar-me-ão coices em círculo.

 

 

 

José Asunción Silva

Nacido en Bogotá el 27 de noviembre de 1865, a los diez años José Asunción Silva escribe el poema ‘La primera comunión’. A los diecinueve pasa un año en Europa y regresa diez años mayor: poeta consumado y varón perfecto: culto, elegante, educado, serio, trabajador, practicante de la amistad bien entendida. Lo amó el cariño, lo odió la envidia. Al igual que Luiz Vaz de Camões naufraga y pierde sus trabajos en el agua, obra importante de una vida corta. Pero José Asunción Silva se define como escritor en cada uno de sus escritos, en cada una de sus traducciones, en su correspondencia. Es lo que es y es mucho, por eso importa menos lo que perdió o lo que pudo haber escrito en una madurez imaginada, que él, no obstante, adelantó. La vida y la muerte iban de la mano a los ojos de Silva; y en Gotas amargas la muerte ya es algo propio. Alcanzar las estrellas con las manos desde las raíces terrenas de los pies, fue su empeño imposible. Cercado por la muerte a los treinta años, él misno abrió la puerta el 27 de mayo de 1896. Tomo para traducirlo el largo poema titulado ‘Al pie de la estatua’, porque en él recoge las formas y los fondos de Jorge Manrique y de Rubén Darío, para sumarlos a los suyos con una naturalidad sorprendente.

Al pie de la estatua Poema de Libro de Versos. Silva leyó este poema en 1895, el día de la fiesta nacional de Venezuela, durante la recepción que el ministro de ese país ofreció en Bogotá. Está incluido en Obra completa de José Asunción Silva, edición crítica del Centenario. Héctor H. Orjuela, Coordinador)
Ao pé da estátua A Caracas
Poema de José Asunción Silva
Tradução Pedro Sevylla de Juana
Com majestade de semideus cansado
por um combate rudo
e expressão de mortal melancolia,
alçasse o bronze mudo
que o embate do tempo desafia,
sobre marmóreo pedestal que ostenta
das livres nações o escudo
e as batalhas formidáveis conta;
e seu perfil severo,
que do sol banha a nascente glória,
parece dominar desde a altura
o horizonte imenso da história.
Um mundo de nobreza se adivinha
na grave expressão da escultura
que o triunfador aço a terra inclina
com nobre e melancólica postura;
e tem o monumento soberano,
alçado dos homens para exemplo,
o triste duma tumba -onde não chega
a vozearia do tumulto humano-
e a solene majestade dum templo.
Amplo jardim florido o circunda
e se estende a seus pés, onde a brisa
que entre as flores passa
com os cálices frescos se perfuma,
e a luz matinal brilha e se irisa
de claros chafarizes na escuma;
e, onde baixo o verde
das florestas,
sobre a grama da terra negra,
louca turba infantil joga e se perde
e do lugar a solidão alegra
ao se agitar em cadenciosas rondas,
forjando com os risos e os gritos
das húmidas bocas encarnadas,
com as cacheadas cabecinhas louras
e as frescas bochechas rosadas,
um idílio de vida sorridente
e de alegria fátua,
ao pé do pedestal onde imponente
se alça sobre o céu transparente
a epopeia de bronze da estátua.
Nada a cena diz
ao que passa a seu lado indiferente
sem que a poetize
na sua alma o pátrio sentimento…
Fixa
nela suas miradas o poeta,
com quem conversa o alma das coisas,
em som que o fascina,
para quem têm uma voz secreta
os leves mofos cinzas e verdosos
que ao brotar na estátua alabastrina
do beijo dos séculos são sinais,
e a quem narram lendas misteriosas
as sombras das velhas catedrais.
E ao ver o bronze austero
que sobre o crescido pedestal evoca
ao herói invicto da magna luta,
uma voz misteriosa que o toca
no mais fundo de seu ser escuta
e no amplo jardim detém o passo.
Diz a voz da ignorada boca
que no fundo do alma lhe fala passo:
«¡Oh, olha o bronze, olha
qual se alça, no íntimo repouso
da matéria inerte,
e daí solene majestade respira
a estátua do colosso
vencedora do tempo e da morte!
Que ressoe tua lira
para dizer que o vento dos séculos
que soprando a través das idades,
vai volvendo faíscas quietas
tronos, impérios, povos e cidades,
se troca em brisa mansa
quando sua testa pensativa beija!

«Na feraz planície
viveu feliz o índio, cuja seca
múmia, por mão amiga sepultada,
dorme no fundo da cripta oca,
faz séculos esquecida.
À beira do lago
onde a água, quando o sol se oculta,
forja uma paisagem tenebrosa e vadia,
faz séculos veio hispano aventureiro
atravessando a moita inculta
a abeberar o ligeiro
corcel, fatigado da penosa viagem,
cujas fortes pegadas acordaram
os dormidos murmulhos da folhagem!

«Como sombras passaram!
Quem seus nomes conserva na memória?
Como escapa, perdido,
das fundas trevas do olvido
um povo ao veredicto da história!
Quantas gerações esquecidas,
hoje nas sombras do ignoto dormem,
à fecunda terra entremescladas,
do o humus jaz e se dilata o germe,
que não deixaram ao passar mais pegadas,
com suas glórias, suas lutas e seus duelos,
que a deixada pelo pássaro que cruza
o azul transparente dos céus!

«Quantas! E ao contrário, escuta:
Uma única, uma sozinha
geração se engrandeceu na luta
que remiu à América Espanhola!
E legou aos poetas do futuro
mais nomes que cantar, mais heroísmos
que narrar às gentes vindouras,
que astros guarda o espaço em seus abismos
e conchas tem o mar em suas bordas!

«Conta a grande façanha
daquela juventude que decidida
em guerra aberta com a mãe Espanha,
oferendou sangue, bem-estar e vida;
canta as rudes épocas guerreiras,
de lutas; os potentes paladinos
de corpos de titã e almas inteiras,
que de América escrava os confins
despregadas ao ar as bandeiras,
e ao rude galopar de seus bridões
percorreram, chamando às nações
com o bélico som de seus clarins.
E na ode potente
que em suas estrofes sonorosas conte
o esforço tenaz, a lide, dura,
que deram liberdade a um continente
e ao hispano domínio sepultura,
faz surgir a figura
do Pai da Pátria, cujas pegadas
irradiam do passado
no fundo sombrio,
como nas noites plácidas e belas
Júpiter coroado de centelhas,
faz palidejar no vazio
a lume sideral das estrelas!

«Não o evoque o teu acento
quando o desígnio soberano toma
de redimir a América oprimida,
na hora sublime e taciturna
em que pronúncia o grave juramento
da cesárea Roma
na deserta solidão noturna;
não, quando no fragor da batalha,
no seus olhos a ideia,
com elétrico brilho centelha,
enquanto a metralha
e o áspero ressoar dos canhões
e o ímpeto de raio
dos americanos batalhões,
pavor e angústia extrema
semeiam nos desfeitos esquadrões
dos netos do Cid e de Pelayo;
não, quando a Vitória,
como mulher apaixonada, segue
o passo audaz de seu corcel fogoso
que vai beber do Rímac nas ondas,
e se lhe entrega louca e o persegue;
não, quando brinda opima
colheita de prazeres soberanos,
a seus sentidos a opulenta Lima,
nem quando o grande concerto
dum continente, Pai lhe proclama,
e «arbitro da paz e da guerra»
e seu nome a Fama
esparge aos confins da terra.
Não, não o cantes nas horas boas
em que, unido aos vivas triunfais,
vibrou no seu ouvido o som das cadeias,
que rompeu, dos tempos coloniais:
o canta nas derrotas,
na cena de grave desalento
em que suas hostes considera rotas
pelas hispanas filas,
e perdida a causa sacrossanta,
e uma lágrima vem a suas pupilas,
e a voz se lhe pega na garganta,
e recobrando brio,
e dominando o corpo que estremece
da febre o subtil escalafrio,
grita: «Triunfar».
E a tristeza exalta
de tenebrosa noite de setembro
cujas negras lembranças nos oprimem,
em que a turba sua morada assalta,
e feminil amor evita o crime
infando… E depois conta
as graves decepções
que aniquilam seu ser; as pequenezes
de míseras paixões,
que, pelo campo em que sonhou abundante
colheita ver de sazonadas messes,
vão estendendo míseras raízes
em torno, qual a erva
que o vigor dos germes enerva
e mata, ao os envolver em seus laços.
Diz seu sonho maior feito pedaços.
Diz o horror suicida
da primeira contenda fratricida,
em que, perdidos os sonhos grandes
de planos soberanos,
as colossais arquibancadas de os Andes
molha sangue de irmãos!
Ó! Diz quando clareia
o misterioso panorama escuro
que oferece a suas miradas o futuro,
e com seus olhos de águia sonda
até o fim dos tempos, e adivinha
o porvir de lutas e de horrores
que lhe aguarda à América Latina.
Diz as melancolias
dos seus últimos dias
quando à orla da mar, a sós
suas tristezas profundas acompanha
o tumulto verdoso das ondas;
conta suas postremas agonias!
«Outros cantem o néctar
que seu lábio libou: diz tu as féis;
tu que sabes a magia soberana
que têm as ruínas,
e ao prazer foges, e sua pompa vã,
e na tristeza te comprazer costumas,
diz em teus versos, com frases peregrinas
a coroa de espinhas
que colocou a ingratidão humana
na sua testa, cingida de lauréis.
E faz o poema sábio
cheio de misteriosas harmonias,
tal como, ao o dizer, purifique o lábio
como o carvão ardente de Isaías;
o faz um grão de incenso
que arda, em desagravo
a sua grandeza, que à terra assombra,
e ao se levantar para o céu um fumo denso
troque em sorriso macio
o cenho grave da sua augusta sombra!

«Deixa que, ao se comover todas as fibras
de teu ser, com as glórias que recordas,
nela vibre um canto, como vibra
uma nota melódica nas cordas
do teclado sonoro;
a débil voz levanta:
imensa multidão formará o coro;
flutua na luz do sol, estrofe santa!
vibrem, liras sonoras do espírito!
Levanta, inspiração, poeta, canta!…»

«Oh, não! Quanto pudesse
(assim em interno diálogo responde,
do poeta a voz), o bronze augusto
sugerir de emoção grave e sincera,
escrito está na forma
que em clássico dizer buscou sua norma,
por quem bebeu na veia
da robusta inspiração latina
e apartando a areia
tomou o ouro mais puro da mina
e o fundiu com carinhoso esmero,
e em estrofes polidas qual medalhas
gravou o perfil do ínclito guerreiro …
«Oh lembranças de trágicas batalhas!
¡Oh lembranças de lutas e vitórias!
¡Não será nossa enclenque
geração minguada
a que entrar ouse ao épico palanque
a cantar nossas glórias!
Oh século que declinas:
Te falta o sentimento do grande!».
Cala o poeta; e se a estrofe escande
foge a vasta pompa
e lhe dá macio som de bandoletas
¡E não retumbo de guerreira trompa!

«Oh sacrossantos manes
dos que «Pátria e Liberdade» clamando
perecestes em trágicas palestras:
mais bem que orgulho, humilhação sentimos
se vamos comparando
nossas vidas triviais com as vossas!
somos como enfermiço descendente
de alguma forte raça,
que expostos em histórica vitrina
olha o escudo, o elmo, a tizona
e a férrea couraça
que para combater de Palestina
na distante zona,
na Cruzada, se cingiu o avô;
ao pensar, baixa a mirada ao solo,
com vergonha sombria,
que se o arnês pesado revestisse
daquele cuja firmeza e bizarria
no campo feral causava assombros,
baixo o seu grave peso cederia
a escassa resistência de seus ombros…

Oh Pai da Pátria!
te sobram nossos cantos; tua memória
qual baixel poderoso,
irá sulcando o oceano escuro
que ante sua rija quilha abre a história
e chegará às praias do futuro.
Junto ao perdurável da tua glória,
é o rítmico acento
dos que te cantamos,
qual os débeis gritos de contente
que lançam esses meninos, quando em torno
giram do monumento;
amanhã, trás da vida borrascosa,
dormirão na tumba feitos cinza,
e ainda alçará aos céus seu contorno
o bronze que tua glória imortaliza.

Diz o poeta, e tende a mirada,
pelo amplo jardim, onde a brisa
que entre as flores passa,
nos cálices frescos se perfuma,
e a luz matinal brilha e se irisa
de claros chafarizes na escuma;
e, onde, baixo o verde
das espessas frondes,
sobre a grama da terra preta,
louca turba infantil grita e se perde
e a aflição do lugar alegra
Ao se agitar em cadenciadas rodas,
forjando com os risos e os gritos
das húmidas bocas encarnadas,
com as cacheadas cabecinhas louras
e as frescas bochechas bem rosadas,
um idílio de vida sorridente
E de alegria fátua
Ao pé do pedestal, onde imponente
se alça sobre o céu transparente
a epopeia de bronze da estátua.

Nota bene del traductor:
Traducir es penetrar en palabra y pensamiento,
es abrir lo cerrado y confirmar lo cierto.
Ahora conozco de Silva la intención,
su idea, su afán y su ilusión.

 

 

 

Ramón María del Valle Inclán

Ramón María del Valle Inclán, nació en Vilanova de Arousa, Pontevedra, el 28 de octubre de 1866. Falleció en Santiago de Compostela, La Coruña, el 5 de enero de 1936. Abordo aquí la persona y la obra de don Ramón María del Valle-Inclán, a sabiendas de que es inabordable. No somos pocos los que esperamos que salga de la tumba alguna noche para añadir, quitar, corregir o actualizar, alguna de sus piezas maestras. Pues cambiaba tanto sus escritos, en sucesivos intentos de mejorarlos que, ni aún hoy podemos estar seguros de cuál de todas ellas es la versión definitiva. Pasado, presente y futuro a un tiempo, Valle-Inclán es el Universo al completo en momentos sucesivos. Es la naturaleza en sus playas mansas y en sus seísmos destructores, es el geiser y el volcán sin solución de continuidad. La vida para Valle-Inclán en el tiempo madrileño, era salvamento de náufragos en lucha por una tabla. Vivía en una buhardilla del barrio de Argüelles. Dijo Baroja, refiriéndose al día que lo visitó: «Don Ramón vivía en un cuartucho pequeño, con una cama en el suelo y una caja como mesa de noche. Tenía en la pared tres o cuatro clavos, donde colgaba todas sus ropas». Añadiendo: «Nuestras normas de vida eran distintas y nuestras estéticas se oponían. Fascinado por él lo he estado siempre».
«México me abrió los ojos y me hizo poeta. Hasta entonces yo no sabía qué rumbo tomar», dijo Valle-Inclán al gran escritor y humanista Alfonso Reyes. De México en aquel primer viaje de Valle, 1892-1893, de todo aquello, nació Tirano Banderas, su obra maestra, posiblemente.
Hay una definición que Rubén Darío hizo de Don Ramón en verso. Un retrato contenido en un soneto, un cuadro pintado con palabras que expresan conceptos. Un vaso, un cáliz, una crátera que lo contiene líquido y tornadizo; quizá una figura de nube, vapor de agua apenas. Lo traduzco al portugués y me veo obligado a cambiar el chivo, un tanto satánico, por cautivo, quizá otra característica de Valle, cautivo de sí mismo. Me veo obligado a mudar ramo de olivo por guirnalda de divo, que siendo lo mismo diviniza un tanto al poeta. Hay dos ‘gran’ que debo eliminar en aras de la métrica y el ritmo. Y los elimino sin pesar, pues en tan grande personaje sería redundancia mantenerlos. Así que, con todo, retrato original y retrato traducido son dos facetas de un mismo diamante.

Soneto de Rubén Darío para o senhor dom Ramón del Valle-Inclán
Tradução de Pedro Sevylla de Juana
Este dom Ramón, das barbas de cativo,
cujo sorriso é a flor de sua figura.
parece um velho deus, arrogante e esquivo.
se ateando na frieza da sua escultura.

O cobre de seus olhos por instantes fulgura
e dá um lume vermelho trás a grinalda de divo.
Tenho a sensação de que sento e que vivo
a seu lado uma vida mais intensa e mais dura.

Este dom Ramón do Valle-Inclán me inquieta.
e através do zodíaco de meus versos atuais
se me esfuma em radiosas visões do poeta,

ou se me rompe num fracasso de cristais.
Eu lhe vi se arrancar do peito a seta
que lhe lançam os sete pecados capitais.

Retrato composto por Don Antonio Machado
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana
Eu era em meus sonhos, dom Ramón, viageiro
do áspero caminho, e tu, Caronte
de olhos de lume, o fúnebre barqueiro
das revoltas águas de Aqueronte.

Abundante barba ao peito te caía.
(Eu quis te ver maneta em vão.)
Sobre a negra barca aparecia
tua verde vetustez de deus pagão.

Fala, disseste, e eu: cantar quisera
louvor de teu Dom Juan e tua paisagem,
nesta hora de verdade tão sincera

Porque faltou minha voz em tua homenagem,
permite que na beira de clareza vera
te pague em áureo verso a barcagem.

Veamos la razón en las dos vertientes de don Ramón: Amenaza Valle con una botella al grito de «¡Majadero! ¡Majadero!», a Manuel Bueno Bengoechea, escritor y periodista, por discrepancias en una tertulia del llamado Café de la Montaña. Manuel Bueno, propina un bastonazo a Valle en el brazo que, astillando los huesos, origina la necesidad de amputación y la consecuente manquedad. Hubo un encuentro posterior de ambos, donde Valle-Inclán dijo a Manuel Bueno: «Mira Bueno, lo pasado, pasado está. Aún me queda la mano derecha para estrechar la tuya».
La rosa en Valle tiene un valor simbólico y, acaso, onírico, salpicados dentro de su obra. Un símbolo como la niña y el acanto dice el propio autor que es la rosa para él. También aparece en los ensayos de La Lámpara maravillosa, y en alguno de sus cuentos. Inocencia y candor defendidos por las espinas del tallo.
Rosa de Túrbulos
Poema de Ramón del Valle-Inclán
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana
Era uma rainha de raça maia,
era num bosque de calisaia,
e era a aurora. Dava o bulbul
sobre minha estrela sua melodia,
e nos loureiros que acende o dia
dava minha alma seu grito azul.

Crepusculares moscas de ouro
abrem seu voo como um tesouro,
guitarreando com o calor.
Aroma a árvore da canela,
e no potreiro pronto se apena
uma cítara de bom cantor.

Índios que o tempo contam por luas
guiam seu esquife pelas lagunas,
e pelas selvas profundas vão
cervos e tigres. Sobre as encostas
eram os touros, eram as pombas
baixo os voos do alto falcão.

O lago canta versos solares,
e ondula a onda com malabares
jogos de luzes, seu manto hindu.
Arriscados ginetes como centauros
rinham combates contra os sauros
na harmoniosa beirada azul.

E as pirâmides com escrituras
de arcanas línguas, e assinaturas
de rudes sóis, sua sombra dão.
E vai grasnando com negro voo,
pela turquesa magna do cosmo,
o urubu de Yucatão.

Entre as gretas da alta pirâmide
deixa a serpe seu verde clâmide,
e se hipnotiza em frente à luz.
Sobre as pedras com hieroglíficos
faz seus longos sonhos científicos:
na cabeça tem uma cruz.

Voa a rede com ritmo lento,
as rosas frescas se dão ao vento,
solto na espessura voa o faisão.
Se acende o dia, a selva aroma,
a rede voa, a menina assoma
um pé de ouro baixo o fustão.

Minha rainha maia languidescia
sobre a rede. Dourando o dia,
era dourada baixo o huipil,
se abanicava com uma rosa,
dizia sua rede, com cadenciosa
curva de ópio, versos de abril.

Vermelhos cravos prende na rolha,
vermelhos corais ao colo enrolha,
vermelho pecado seus lábios são,
e seus quadris o anagrama
da serpente. Com vermelha chama
pintou sua boca a tentação.

Era uma rainha de raça maia,
era num bosque de calisaia,
e era a aurora. Dava o bulbul
sobre minha estrela sua melodia,
e nos loureiros que acende o dia
dava minha alma seu grito azul.

Rosa do Paraíso
Autor: Ramón del Valle-Inclán
Tradução: Pedro Sevylla de Juana
Esta emoção divina é da infância,
quando felizes o caminho andamos
e tudo se dissolve na fragrância
dum Domingo de Ramos.

O campo verde de uma tinta terna,
os montes mitos de ametista opaca,
a esfera de cristal como uma eterna
voz de estrelas. ¡Um ídolo a vaca!

Aladas sombras na graça intacta
do ocaso povoaram os sendeiros,
e contemplou a lua, estupefata,
o passo dos brancos mensageiros.

Negros pastores, quietos nos penedos,
adivinham a hora nas estrelas.
Cantam todas as folhas dos olmedos,
a mão azul do vento vai entre elas.

A água pelas ervas move olores
de frescos paraísos terrenais,
as fontes plácidas ouvem às flores
celestes, conversar em seus cristais.

Com reflexos azuis e ligeiros
o mar cantava sua odisseia remota,
gentil de luzes baixo os luzeiros
que aos baixeis dizem a derrota.

Meu baixel, no claro da lua,
navegava pela brisa impulsionado,
sobre ocultos caminhos de fortuna…
¡Era o céu cristal, sorriso e canto!

Com o ritmo que voam as estrelas
lembrava seu ritmo a ressaca,
e peregrina nas impressões amarelas
foi sobre o mar uma noturna vaca.

Em meu ardor infantil não coube o medo,
a vaca vejo a mim, de luz dourada,
e em seus olhos enormes, com o dedo
quis tocar a clareza sagrada.

Rosa de Saulo
Poema de Ramón del Valle Inclán
Tradução: Pedro Sevylla de Juana
Foi meu grito de amor brama guerreira,
foi de Héracles minha fúria redentora.
¡Sobre os ombros peles de pantera!
¡Sobre a frente rosas da aurora!

Amei o gládio e o salto quando era
no começo de esta vida.
Agora o délfico laurel de minha cimeira
baixo a tempestade se dobra e chora.

Em minha frente era luz o áureo casco
helénico. Ao vencido Prometeu
fui dar a liberdade sobre o penhasco,
e alçando suas cadeias como prémio
vi a Cristo no caminho de Damasco.
¡Ego credebam et laudavi deo!

O passageiro
Soneto de Ramón del Valle-Inclán
Tradução: Pedro Sevylla de Juana
Tenho rompida a vida! No combate
de tantos anos já meu alento cede,
e ao orgulhoso pensamento abate
a ideia da morte, que o obsede.

Quisesse entrar em mim, viver comigo,
poder fazer a cruz sobre minha frente,
e sem saber de amigo ou inimigo,
apartado, viver devotamente.

Onde a verde quebra da altura
com rebanhos e músicos pastores?
Onde gozar da visão tão pura
que faz irmãs as almas e as flores?
¿Onde cavar em paz a sepultura
e fazer místico pão com minhas dores?

Poemas traducidos sobre textos de la Cátedra Valle-Inclán

 

 

 

César Vallejo

«Yo nací un día que Dios estuvo enfermo». Sucedió en Santiago de Chuco, Perú. Tiene su importancia el hecho de nacer un 16 de marzo, como es mi caso, aunque fuera forzado por errores médicos; porque César Vallejo nació en ese 16 y en ese marzo, pero de 1892. Otro siglo y en el hemisferio Sur. Así que, de César Vallejo espero algún paralelismo y cierta simetría, yendo más allá del dolor común sobre las enormes y crecientes diferencias sociales. Si uno es agricultor de nacimiento como es mi caso, algo parecido a lo sucedido a Vallejo, la tierra sufre, las plantas, las piedras, los insectos. El hombre y la mujer. Todo Sufre. Todo goza. Todo es una parte pequeña de la naturaleza: planetas de allá no cuentan. Está el baile, la danza, la pintura, los bautizos. ¿Lo ves Vallejo? ¿Lo sientes? Está el hombre en el interior de lo amarrado a lo externo. Los sabores del pan recién cocido, lo sencillo, el olor a tierra abierta en surcos, la mujer atada al hombre, el hombre atado al dueño de ambos. París, al fin y al cabo. «Pero dadme un pedazo de pan en que me pueda sentar».
La poesía es dúctil y maleable. Hilos finísimos que vengan y vayan de lo lejos a lo lejos, panes de oro que todo lo recubran vistiéndolo de belleza dorada. La poesía es un pozo sin fondo donde todo se acomoda, incluidas las numerosas contradicciones personales del poeta. La poesía es la amiga que en los días claros puede ser amante sin dejar de ser aquella amiga de los días turbios. Aquí van poemas dispersos de César Vallejo, aceptándolos, recibiéndolos en mi casa, habitación de invitados, la mejor de todas. Un día de esos tan numerosos y tan grandes de Brasil, me dije al iniciar un traslado de contenido de un idioma al otro: «Voy a inaugurar el alma de un amigo». Hoy sé a quién pertenecía esa alma y quien era ese amigo. Despertar al nacer el sol, avanzar por la mañana de trinos de ruiseñores y calandrias, la tarde de mayidos de gatos solitarios y caballos domesticados. Subir las cuestas para ver un tramo llano del del río Nubis, la tierra parda verdeando en primavera de trigales, el azul del cielo manchado de blanco. Llovía aquella noche y aún llueven pétalos de rosa transformados en colibríes. Todo lo veía el Cóndor andino desde arriba y así me lo contó, tal como lo escribo, escribano, a su dictado. Falleció Vallejo el 15 de abril de 1938 en París. Difundiéndose con su obra.

Os arautos negros
Poema de César Vallejo
Tradução: Pedro Sevylla de Juana
Há golpes na vida, tão fortes… Eu não sei.
Golpes como do ódio de Deus; como se diante eles,
a ressaca de todo o suportado
se empoçara na alma… Eu não sei.

São poucos; mas são… Abrem valetas escuras
no rosto mais feroz e no lombo mais forte.
Serão talvez os potros de bárbaros átilas;
ou os arautos negros que nos envia a Morte.

São as quedas fundas dos Cristos da alma,
de alguma fé adorável que o Destino blasfema.
Esses golpes sangrentos são as crepitações
de algum pão que na porta do forno se nos queima.

E o homem… Coitado… infeliz! Volta os olhos, como
quando sobre o ombro nos chama uma palmada;
volta os olhos loucos, e todo o vivido
se empoça, como um charco de culpa, na mirada.

Há golpes na vida, tão fortes … Eu não sei!

Nervura de Angústia
Poema de César Vallejo
Tradução de Pedro Sevylla de Juana
Doce hebraica, desprega meu trânsito de argila;
desprega minha tensão nervosa e minha dor….
Desprega, amada eterna, meu longo afã e os
dois pregos de minhas asas e o prego de meu amor!

Regresso do deserto onde desci muito;
retira a cicuta e obsequia-me teus vinhos:
espanta com um pranto de amor a meus sicários,
cujos gestos são férreas cegueiras de Longinos!

Desprega meus pregos ¡oh nova mãe minha!
Sinfonia de oliveiras, escanceia teu chorar!
E tens de esperar, sentada junto a minha carne morta,
qual cede a ameaça, e a calandra se vai!

Passas… voltas… Teus lutos entrançam meu grande cilício
com gotas de curar, fios de humanidade,
a dignidade roqueira que há em tua castidade,
e o judithesco azougue de teu mel interior.

São as oito duma manhã em creme bruxo….
Há frio… Um cão passa roendo o osso de outro
cão que foi… E começa a chorar em meus nervos
um fósforo que em cápsulas de silêncio apaguei!

E em minha alma herege canta sua doce festa asiática
um dionisíaco fastio de café….!

O poeta à sua amada
Poema de César Vallejo
Tradução de Pedro Sevylla de Juana
Amada, nesta noite tu me crucificaste
sobre os dois madeiros curvados de meu beijo;
e tua pena me disse que Jesus tem chorado,
e que há uma sextasanta mais doce que esse beijo.

Nesta noite rara que tanta me olhaste,
a Morte esteve alegre e cantou em seu osso.
Nesta noite de setembro tem-se oficiado
minha segunda queda e o mais humano beijo.

Amada, morreremos os dois juntos, muito juntos;
se irá secando a pausas nossa excelsa amargura;
e terão tocado a sombra nossos lábios defuntos.

E já não terão reproches teus olhos benditos;
nem voltarei a te ofender. E numa sepultura
os dois dormiremos, como dois irmãozinhos.

Verano
Poema de César Vallejo
Tradução de Pedro Sevylla de Juana
Verão, já me vou. E me dão pena
as mãozinhas submissas de tuas tardes.
Chegas devotamente; chegas velho;
e já não encontrarás em minha alma a ninguém.

Verão! e passarás por meus balcões
com grande rosário de ametistas e ouros,
como um bispo triste que chegasse
de longe a procurar e abençoar
os rompidos aros duns mortos noivos.

Verão, já me vou. Lá, em setembro
tenho uma rosa que te encarrego muito;
a regarás de água bendita todos
os dias de pecado e de sepulcro.

Se a força de chorar o mausoléu,
com luz de fé seu mármore adeja,
levanta em alto teu responso, e pede
a Deus que siga para sempre morta.
Todo tem de ser já tarde;
e tu não encontrarás a ninguém na minha alma.

Já não chores, Verão! Naquele sulco
morre uma rosa que renasce muito…

Nostalgias imperiais
Poema de César Vallejo
Tradução de Pedro Sevylla de Juana
Nas paisagens de Mansiche lavra
imperiais nostalgias o crepúsculo;
e se lavra a raça em minha palavra,
como estrela de sangue para flor de músculo.

O campanário dobra… Não há quem abra
a capela… Se diria um opúsculo
bíblico que morresse na palavra
de asiática emoção deste crepúsculo

Um poial com três patas, é retábulo
em que acabam de alçar lábios em coro
a eucaristia duma chicha de ouro.

Para além dos ranchos surge ao vento
a fumaça cheirando a sonho e a estábulo,
como se se exumara um firmamento.

Os Dados Eternos
Poema de César Vallejo
Tradução de Pedro Sevylla de Juana
Para Manuel González Prada, esta emoção bravia
e seleta, uma das que, com mais entusiasmo,
me aplaudiu o grande mestre.

Deus meu, estou chorando o ser que vivo;
me pesa ter te tomado teu pão;
mas este pobre varro pensativo
não é crosta fermentada em teu custado:
tu não tens Marias que se vão!

Deus meu, se ontem tivesses sido homem,
hoje soubesses ser um Deus;
mas tu, que estiveste sempre bem,
não sentes nada de tua criação.
E o homem sim te sofre: o Deus é ele!

Hoje que em meus olhos bruxos há candeias,
como num condenado,
Deus meu, acenderás todas tuas velas,
e jogaremos com o velho dado.
Talvez ¡oh jogador! ao dar a sorte
do universo tudo,
surgirão as olheiras da Morte,
como duas ases fúnebres de lodo.

Deus meus, e esta noite surda, escura,
já não poderás jogar, porque a Terra
é um dado roído e já redondo
a força de rodar à aventura,
que não pode parar senão num oco,
no oco de imensa sepultura.

Poema Quince de
España Aparta de mí este cáliz
Autor: Cesar Vallejo
Tradução de Pedro Sevylla de Juana
Meninos do mundo,
se cai Espanha —digo, é um dizer—
se cai
do céu abaixo seu antebraço que asem,
em cabresto, duas lâminas terrestres;
meninos, ¡que idade a das têmporas côncavas!
que cedo no sol o que vos dizia!
que cedo em vosso peito o ruído idoso!
que velho vosso 2 no caderno!

Meninos do mundo, está
a mãe Espanha com seu ventre a custas;
está nossa mãe com suas férulas,
está mãe e mestre,
cruz e madeira, porque vos deu a altura,
vertigem e divisão e soma, meninos;
está com ela, pais processuais!

Se cai —digo, é um dizer— se cai
Espanha, da terra para abaixo,
Meninos, como vais cessar de crescer!
como vai castigar no ano ao mês!
como vão se ficar em dez os dentes,
em graveto o ditongo, a medalha em pranto!
Como vai o cordeirinho a continuar
atado pela pata ao grande tinteiro!
Como vais baixar as arquibancadas do alfabeto
até a letra em que nasceu a pena!

Meninos,
filhos dos guerreiros, entre tanto,
baixem a voz que Espanha está agora mesmo repartindo
a energia entre o reino animal,
as florezinhas, os cometas e os homens.
Baixem a voz, que está
em seu rigor, que é grande, sem saber
que fazer, e está em sua mão
a caveira, aquela da trança;
a caveira, aquela da vida!

Baixem a voz, digo-vos;
baixem a voz, o canto das sílabas, o pranto
da matéria e o rumor menor das pirâmides, e ainda
o das têmporas que andam com duas pedras!
Baixem o alento, e se
o antebraço baixa,
se as férulas soam, se é a noite,
se o céu cabe em dois limbos terrestres,
se há ruído no som das portas
se demoro,
se não vedes a ninguém, se vos assustam
os lápis sem ponta, se a mãe
Espanha cai —digo, é um dizer—,
saiam, meninos, do mundo; vão a procurar!…

Poema Catorce ¡Cuídate España!
Autor: César Vallejo
Traductor: Pedro Sevylla de Juana
Cuida-te, Espanha, da tua própria Espanha!
Cuida-te da fouce sem o martelo,
cuida-te do martelo sem a fouce!
Cuida-te da vítima apesar seu,
do verdugo apesar seu
e do indiferente apesar seu!
Cuida-te do que, dantes de que cante o galo,
te negara três vezes,
e do que te negou, depois, três vezes!
Cuida-te das caveiras sem as tíbias,
e das tíbias sem as caveiras!
Cuida-te dos novos poderosos!
Cuida-te do que come teus cadáveres,
do que devora mortos a teus vivos!
Cuida-te do leal cento por cento!
Cuida do céu mais cá do ar
e cuida do ar para além do céu!
Cuida-te dos que te amam!
Cuida-te de teus heróis!
Cuida-te de teus mortos!
Cuida-te da República!
Cuida-te do futuro!…

Traducción Sobre textos de www.literatura.us

 

 

 

Jacint Verdaguer i Santaló

Nacido en Folgueroles, Osona, Barcelona, el 17 de mayo de 1845, falleció en Valvidrera, Barcelona, el 10 de junio de 1902. Comenzó a leer libros muy temprano. Flors del Calvari es un poemario escrito por el Verdaguer humillado y desilusionado, dueño, sim embargo, de un interior fuerte y una gran capacidad creativa. El año 1895 Jacint Verdaguer trabajaba con intensidad en la producción de su obra: En octubre daba a conocer el poema Sant Francesc y los artículos Un sacerdot calumniat (En defensa propia). En el mes de diciembre —con fecha de 1896— aparecía Flors del Calvari. Esos tres trabajos reflejan la crisis personal originada en la primavera de 1893. Se produce, entonces, la salida hacia el santuario de la Gleva, lugar de su reclusión, castigado por la jerarquía eclesiástica. Crisis que se agravó, en el verano de 1895, por la huida del santuario para volver a Barcelona y por la suspensión a divinis sobre él recaída. Tal realidad llega a público conocimiento debido al Comunicat publicado en El Noticiero Universal, del que un fragmento dice:
[…] demano justícia i protesto davant de la llei, davant de la gent honrada de Barcelona que em coneix, davant de cel i terra i del mateix Déu qui ens ha de judicar a tots, de la iniquitat de què és víctima, no sé amb quin fi, aquest pobre sacerdot.
Se añade a esta divulgación la salida en el diario La Publicidad, de una serie de cartas bajo el título: Un saderdot calumniat.
El drama vivido repercutió en la escritura de Verdaguer, pues fue evolucionando hacia una literatura del yo. Así, Flors del Calvari, Llibre de consols, recoge la hondura de la experiencia vivida.

Flors del Calvari. Llibre de consols. Jacint Verdaguer (Ed. Columna, a cura de Narcís Garolera, Barcelona, 1995)
Sum vermis
Poema de Jacint Verdaguer
Traducido del catalán por Pedro Sevylla de Juana
Non vivificatur nisi prius moriatur 1ª Cor., 15,36
E carcere ad aethere.
Dant vincula pennas.

Vedme aquí, Señor, a vuestras plantas,
desnudo de todo bien, enfermo y pobre,
de mi nada perdida dentro del abismo.
Gusano de la tierra vil, por un rato
he venido en la ceniza a arrastrarme.
Fue mi cuna un grano de polvo,
y otro grano será mí sepulcro.
Quisiera ser algo que ofreceros,
pero Vos me queréis pequeño e inútil,
de gloria desvestido y de prestigio.

Haced de mí lo que os plazca, hoja seca
de las que el viento lleva, o gota de agua
de las que el sol sobre la hierba enjuga,
o, si queréis, causa de escarnio.
Yo soy una nada, mas mi nada es vuestra:
vuestra es, Señor, y os ama y os estima.
Haced de mí lo que os plazca; no soy digno
de ponerme a vuestros pies: como árbol estéril,
de tronco a raíz sacadme de la tierra;
deformadme, abatidme, aniquiladme.

Venid a mí, congojas del martirio,
venid, oh cruces, mi oro y mi fortuna,
adornad mi frente, engalanad mis brazos.
Venid, laureles y palmas del Calvario,
si me sois ásperos hoy, dentro de poco
a vuestra sombra me será dulce sentarme.
Espina del dolor, ven a punzarme,
apresúrate a abrigarme con tu manto, oh injuria;
calumnia, cercando al mío tus lodos apila,
miseria, venme a traer el suma y sigue.

Quiero ser mota de polvo en la rodera
para que todos los que pasen me pisen;
quiero ser arrojado como basura
del palacio a la calle, de la más alta
cima al valle, y del valle al arroyo.
Borrad mis huellas en la altura;
ya no estorbaré más, la pobreza
será mi tesoro, será el oprobio
mi orgullo; las penas mi delicia.

Desde hoy cosecharé vilipendios
y humillaciones como perlas y topacios
para la corona que en el cielo espero.
Muera este cuerpo insoportable, muera;
cansado estoy de tan pesada carga;
devórelo el cementerio, vuelva a la ceniza
de donde salió, sum vermis et non homo.
Yo no soy la industriosa oruga
que entre el follaje de la morera hila
de finísima seda el sudario.
Yo lo hilo del cáñamo de mis penas;
mas, dentro de esa sombría sepultura,
vuelto como Vos, Jesús, de muerte a vida,
yo encontraré unas alas de crisálida
para volar con Vos a vuestra gloria.

Sum vermis
Poema de Jacint Verdaguer
Traduzido del catalán original al castellano, y de este al portugués, por Pedro Sevylla de Juana
Non vivificatur nisi prius moriatur 1ª Cor., 15,36
E carcere ad aethere.
Dant vincula pennas.

Veja-me aqui, Senhor, a vossas plantas,
nu de todo bem, doente e pobre,
de meu nada perdido dentro do abismo.
Gusano da terra vil, por um momento
eu vim na cinza a arrastar-me.
Foi meu berço um grão de pó,
e outro grão será o meu sepulcro.
Quisesse ser algo que oferecer-vos,
mas Vos me quereis pequeno e inútil,
de glória despido e de prestígio.

Faça de mim o que vos praza, folha seca
das que o vento leva, ou gota de água
das que o sol sobre a erva enxuga,
ou, se quereis, causa de escárnio.
Eu sou um nada, mas meu nada é vosso:
vosso é, Senhor, e vos ama e vos estima.
Faça de mim o que vos praza; não sou digno
de me pôr a vossos pés: como árvore estéril,
de tronco a raiz saque-me da terra;
deforme-me, abata-me, aniquile-me.

Venham a mim, pesares do martírio,
venham, oh cruzes, meu ouro e minha fortuna,
ornem minha frente, engalanem meus braços.
Venham, louros e palmas do Calvário,
se me sois ásperos hoje, daqui a pouco
a vossa sombra me será doce sentar-me.
Espinha da dor, venha a punçar-me,
apressa-te a me abrigar com teu manto, oh injúria;
calúnia, cercando o meu teus lodos empilha,
miséria, vem-me a trazer o soma e segue.

Quero ser mota de pó na rodeira
para que todos os que passem me pisem;
quero ser arrojado como lixo
do palácio à rua, da mais alta
cume ao vale, e do vale ao córrego.
Apague minhas pegadas na altura;
já não estorvarei mais, a pobreza
será meu tesouro, será o opróbio
meu orgulho; as penas minha delícia.

Desde hoje colherei vilipêndios
e humilhações como pérolas e topázios
para a coroa que no céu espero.
Morra este corpo insuportável, morra;
cansado estou de tão pesada carga;
devore-o o cemitério, volte à cinza
de onde saiu, sum vermis et non homo.
Eu não sou a industriosa larva
que entre a folhagem da amoreira fia
de finíssima seda o sudário.
Eu o teço do cânhamo de minhas penas;
mas, dentro dessa sombria sepultura,
voltado como Vos, Jesús, de morte a vida,
eu encontrarei umas asas de crisálida
para voar com Vos a vossa glória.