Octavio Paz

Contenido: Introducción. Mi poema traducido. Cinco poemas de Octavio Paz traduzidos. Ensayo de Luis Gustavo Meléndez Guerrero. Analise de Antonio Paulo Rezende. Biografía y Cronología Videos

La foto principal nos muestra a Octavio Paz y Elena Garro, recién casados, paseando por Barcelona en 1937. El motivo del viaje era la invitación recibida por Octavio Paz para asistir al II Congreso de Escritores Antifascistas, organizado, bajo auspicios soviéticos, por la Alianza de Intelectuales para la Defensa de la Cultura.
Debía celebrarse en Madrid, Valencia, Barcelona y París. El día 4 de julio de 1937 entran Octavio y Elena por la frontera de Port Bou junto a otros asistentes.

 

 

 

Lista de viajeros Centro Documental de la Memoria Histórica

 

Es de destacar que tenía el joven poeta 23 años, y que fue invitado aunque no pertenecía a la Alianza. No pertenecía a la Alianza, pero a los 16 años había publicado en Barandal el artículo “Ética del artista” Arte y realidad. Arte puro y Arte de tesis enfrentados. Hemos de ser hombres completos, íntegros: concluye. A los 17 había publicado el breve poemario “Luna silvestre”, el único firmado como Octavio Paz Lozano. No pertenecía a la Alianza, pero el 30 de septiembre de 1936, la Editorial Simbad publica en un folleto su poema ¡No pasarán! El colofón de las seis páginas que ocupa el poema dice:

Esta edición, que consta de tres mil quinientos ejemplares, terminada en los Talleres Gráficos de la Nación, fue cedida al Frente Popular Español, en México, en prenda de simpatía y adhesión para el pueblo de España, en la lucha desigual y heroica que actualmente sostiene.

(…) No pasarán.
¡cómo llena ese grito todo el aire
y lo vuelve una eléctrica muralla!

Detened el terror y las mazmorras,
para que crezca, joven, en España,
la vida verdadera,
la sangre jubilosa,
la ternura feroz del mundo libre.
¡Detened a la muerte, camaradas!

El Congreso, en sus sesiones de Valencia, cuenta con 110 delegados de 28 países. Sucede en plena Guerra Civil, primeros de julio del 37. Hay que recordar el mapa de entonces, donde el gobierno legalmente constituido resistía en la mitad oriental del país. Participaron intelectuales que estaban entre los más destacados del panorama cultural internacional. De Valencia, los asistentes, partieron para Madrid. Podemos entender lo que significó el Congreso para el muchacho Octavio Paz. Conocimiento, reconocimiento y afirmación.

La revista mensual “Hora de España”, estuvo vigente entre enero de 1937 y noviembre de 1938. En el número de septiembre del 37, dedicado al Congreso recién celebrado, aparece un poema de Octavio Paz: “Elegía a un compañero muerto en el frente”. Hay varias versiones posteriores, una que identifica el frente con el frente de Aragón. Se supo que el soldado muerto era su amigo español José Bosch Fontseré, a quien Octavio debía gran parte de la formación política. Se difundió el rumor de su muerte luchando en ese frente, pero no era cierto.
En la recopilación de su obra poética, Octavio Paz se expresa así:
“Entre los poemas suprimidos en la edición corregida y distribuida de Libertad bajo palabra (1968), se encuentra la `Elegía a un compañero muerto en el frente de Aragón’. Lo recojo ahora no porque haya cambiado de opinión –me sigue pareciendo tributario de una retórica que repruebo- sino por ser el doble testimonio de una convicción y una amistad. La convicción se llamó España – la leal, la popular-; la amistad se llamó José Bosch.

 

 

 Elegía a un compañero muerto en el frente

 

El 29 de septiembre de 1937 sale de España en auto Octavio Paz por la Junquera. No sabemos cuánto de lo suyo dejó el poeta al marchar, ni cuanto nuevo llevó que no traía. (Fotos publicadas por el diario ABC)

La victoria del deseo
Poema de Pedro Sevylla de Juana

                                          Dedicado a Renata Bomfim

Cuarta Gracia de Rubens,
caminaba Leda, primavera adelante,
mostrando su belleza rotunda
entre los transparentes pliegues
del tejido intangible que,
Reina recién desposada, vestía.

La floresta iluminada iluminaba el día,
la Mata Atlántica, el remanso del río,
el rumor de la corriente
y los cisnes,
Blanco y Negro,
que allí, plumaje impermeable, se bañaban.

Se liberó Leda de las insustanciales vestiduras
para no mojarlas,
quedando casi
tan desnuda como cuando iba vestida.

Leda enamoró a los cisnes
de los que se enamoraba
sin propósito definido.
Oh, sus plumas límpidas. Oh, su cuello
de curva interrogante,
su elegante misterio.
Y los cisnes lucharon entre sí
con todo el deseo de su fuerza,
con la fuerza toda del deseo recién surgido.

Cabellos, rostro, hombros
espalda, brazos, pechos
el nácar de mil caracolas en la piel rosada:
vientre, nalgas, muslos y la misteriosa
conjunción copulativa que despertaba
del largo sueño de castidad debida
y reservada al esposo ausente.

Blanco
y Negro
lucharon por la conquista
de la escultura viva de mujer,
picotazos
graznidos
y fuertes tirones de los pescuezos
enlazados.

Los dos Cisnes, machos amigos del alma,
señores de la hermosura animal,
de las armoniosas líneas,
se enemistaron por el afán reproductor
que puso Naturaleza en su interior más íntimo.

Venció Cisne Negro
y el blanco
huyó, huyo, huyó
a toda
prisa,
picoteando su orgullo arrugado
las deshojadas plumas
las alas desgajadas,
el cuello pelado
la perfección marchita.

Leda, testigo de la violenta disputa,
vivía los momentos con agitación virginal,
mientras los deseos, tanto tiempo reprimidos,
iban desatando sus ligaduras,
desplegando las dendritas,
sensibilísima sensibilidad,
humedeciendo la piel interna
con una miel tan líquida como
el agua que recibía el exceso.

Fue allí, en el estanque de las mil delicias,
donde el Cisne triunfador,
brillantes sus plumas negras,
esclarecidas con su propia luz hasta alcanzar
el blanco inmaculado,
se acercó a la mujer de simetría perfecta,
figura de suave y firme piel nacarada.

Lo esperaba Leda ansiosa y tímida,
señalando, más que cubriendo,
con las manos, su intimidad trémula:
pechos altos, muslos prietos en la fusión
esponjada, rezumando melifluos deseos.

No era humano Cisne Negro, porque era
el Padre Zeus, dios de dioses,
encarnado en cisne para poseer a Leda
y adueñarse de la intacta piel de nácar
de los pechos altos
de su anhelante virginidad
del deseo y el placer desbordantes
desbordados.

En el instante supremo de la Cópula
se oyó enérgico y dulce
el Himno profano que tituló Eros:
“La victoria del Deseo”, compuesto
por Händel, Afrodita, Apolo e Himeneo
para ocasión tan memorable.

Esa larga y espléndida sinfonía
de ritmo de viveza inestable
que parecía resucitar con crecido vigor
después de los silencios
tuvo el efecto de despertar
en mi la autocensura
y evitarme la compleja descripción
de tan apasionado encuentro.

Mal menor
pues la imaginación de poetas y pintores
lo dibujó
en todas sus variantes posibles
durante los largos siglos transcurridos.

PSdeJ Vitória ES Brasil noviembre de 2015

 

 

 

 

 

A vitória do desejo
Poema e tradução Pedro Sevylla de Juana

Quarta Graça de Rubens,
caminhava Leda, primavera adiante,
mostrando sua beleza rotunda
entre as transparentes dobras
do tecido intangível que,
Rainha recém desposada, vestia.

A floresta alumiada alumiava o dia,
a Mata Atlântica, o remanso do rio,
o rumor da corrente
e os cisnes,
Branco e Negro,
que ali, plumagem impermeável, se banhavam.

Livrou-se Leda das insubstanciais vestiduras
para não as molhar,
ficando quase
tão nua como quando ia vestida.

Leda apaixonou aos cisnes
dos que se apaixonava
sem propósito definido.
Oh, suas plumas límpidas. Oh, seu pescoço
de curva interrogante,
seu elegante mistério.
E os cisnes lutaram entre eles
com todo o desejo de sua força,
com a força toda do desejo recém surgido.

Cabelos, rosto, ombros
dorso, braços, peitos
o nácar de mil caracolas na pele rosada:
pança, nádegas, coxas e a misteriosa
conjunção copulativa que acordava
do longo sonho de castidade devida
e reservada ao esposo ausente.

Blanco
e Negro
lutaram pela conquista
da escultura viva de mulher,
bicadas
grasnidos
e fortes puxões dos pescoços
enlaçados.

Os dois Cisnes, machos amigos da alma,
senhores da formosura animal,
das harmoniosas linhas,
se inimizaram pelo afã reprodutor
que pôs Natureza em seu interior mais íntimo.

Venceu Cisne Negro
e o Branco
fugiu, fugiu, fugiu
a toda
pressa,
bicando seu orgulho enrugado
as desfolhadas penas
as asas desgalhadas,
o pescoço desplumado
a perfeição murcha.

Leda, testemunha da violenta disputa,
vivia os momentos com agitação virginal,
enquanto os desejos, tanto tempo reprimidos,
iam desatando suas ligaduras,
despregando as dendrites,
sensibilíssima sensibilidade,
umedecendo a pele interna
com um mel tão líquido como
a água que recebia o excesso.

Foi ali, no estanque das mil delícias,
onde o Cisne triunfador,
brilhantes as penas pretas,
esclarecidas com sua própria luz até
atingir o alvo imaculado,
se acercou à mulher de simetria perfeita,
figura de suave e firme pele nacarada.

Esperava-o Leda ansiosa e tímida,
assinalando, mais que cobrindo,
com as mãos, sua intimidade trémula:
peitos altos, coxas duras na fusão
esponjada, ressumbrando melífluos desejos.

Não era humano Cisne Negro, porque era
o Pai Zeus, deus de deuses,
encarnado em cisne para possuir Leda
e apropriar-se da intacta pele de nácar
dos peitos altos
da sua anelante virgindade
do desejo e o prazer transbordantes
transbordados.

No instante supremo da Cópula
enérgico e doce se ouviu
o Hino profano que titulou Eros:
“A vitória do Desejo”, composto
por Händel, Afrodita, Apolo e Himeneo
para ocasião tão memorável.

Essa longa e esplêndida sinfonia
de ritmo volúvel e instável
que parecia ressuscitar com crescido vigor
após os silêncios
teve o efeito de acordar
em mim a autocensura
e me evitar a complexa descrição
de tão apaixonado encontro.

Mau menor
pois a imaginação de poetas e pintores
debuxou-a
em todas suas variantes possíveis
durante os longos séculos decorridos.

PSdeJ Vitória ES Brasil novembro de 2015

 

 

 

Topoema Monumento reversible

 

La poesía no es la llave maestra que todo abre; pero es una llave, es muchas llaves. De ellas, unas abren, y otras cierran.
Y a veces coinciden en un mismo poema. El lector toma de entre todas, las que le interesan, las que necesita, las que le sirven. Me gusta la poesía que va, el poema que avanza, el verso que dice y el verso que sugiere, la palabra que añade sentido a las otras, que forma el sentido con las otras. Entre los poemas de Octavio Paz que traduzco aquí, el titulado La exclamación, me parece la mejor definición que he leído del colibrí, símbolo del Estado de Espírito Santo en Brasil. La más escueta, la que describe su esencia.
Poeta completo es aquel capaz de escribir ese poema y, también, el otro, el titulado Piedra de Sol.

Cinco Poemas de Octavio Paz
Traduzidos por Pedro Sevylla de Juana

 

Acabar con todo
Poema de Octavio Paz

Dame, llama invisible, espada fría,
tu persistente cólera,
para acabar con todo,
oh mundo seco,
oh mundo desangrado,
para acabar con todo.

Arde, sombrío, arde sin llamas,
apagado y ardiente,
ceniza y piedra viva,
desierto sin orillas.

Arde en el vasto cielo, laja y nube,
bajo la ciega luz que se desploma
entre estériles peñas.

Arde en la soledad que nos deshace,
tierra de piedra ardiente,
de raíces heladas y sedientas.

Arde, furor oculto,
ceniza que enloquece,
arde invisible, arde
como el mar impotente engendra nubes,
olas como el rencor y espumas pétreas.
Entre mis huesos delirantes, arde;
arde dentro del aire hueco,
horno invisible y puro;
arde como arde el tiempo,
como camina el tiempo entre la muerte,
con sus mismas pisadas y su aliento;
arde como la soledad que te devora,
arde en ti mismo, ardor sin llama,
soledad sin imagen, sed sin labios.
Para acabar con todo,
oh mundo seco,
para acabar con todo.

 

Acabar com tudo
Poema de Octavio Paz
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana

Dá-me, lume invisível, espada fria,
tua persistente cólera,
para acabar com tudo,
oh mundo seco,
oh mundo dessangrado,
para acabar com tudo. 

Arde, sombrio, arde sem lumes,
apagado e ardente,
cinza e pedra viva,
deserto sem orlas. 

Arde no vasto céu, laja e nuvem,
baixo a cega luz que se desaba
entre estéreis penhas. 

Arde na solidão que nos desfaz,
terra de pedra ardente,
de raízes geladas e sedentas. 

Arde, furor oculto,
cinza que enlouquece,
arde invisível, arde
como o mar impotente engendra nuvens,
ondas como o rancor e espumas pétreas.
Entre meus ossos delirantes, arde;
arde dentro do ar oco,
forno invisível e puro;
arde como arde o tempo,
como caminha o tempo entre a morte,
com suas mesmas calcadas e seu alento;
arde como a solidão que te devora,
arde em ti mesmo, ardor sem lume,
solidão sem imagem, sede sem lábios.
Para acabar com tudo,
ó mundo seco,
para acabar com tudo.

 

Deprecación
Poema de Octavio Paz

No he sido Don Quijote,
no deshice ningún entuerto
(aunque a veces
me han apedreado los galeotes)
pero quiero,
como él, morir con los ojos abiertos.
Morir
sabiendo que morir es regresar
adonde no sabemos,
adonde,
sin esperanza, lo esperamos.
Morir
reconciliado con los tres tiempos
y las cinco direcciones,
el alma
-o lo que así llamamos-
vuelta una transparencia.
Pido
no la iluminación:
abrir los ojos,
mirar, tocar al mundo
con mirada de sol que se retira;
pido ser la quietud del vértigo,
la conciencia del tiempo
apenas lo que dure un parpadeo
del ánima sitiada;
pido
frente a la tos, el vómito, la mueca,
ser día despejado,
luz mojada
sobre tierra recién llovida
y que tu voz, mujer, sobre mi frente sea
el manso soliloquio de algún río;
pido ser breve centelleo,
repentina fijeza de un reflejo
sobre el oleaje de esa hora:
memoria y olvido,
al fin,
una misma claridad instantánea.

 

Deprecação
Poema de Octavio Paz
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

Não tenho sido Dom Quijote,
não desfiz nenhum agravo
(ainda que às vezes
me apedrejaram os galeotes)
mas quero,
como ele, morrer com os olhos abertos.
Morrer
sabendo que morrer é regressar
onde não sabemos,
onde,
sem esperança, o esperamos.
Morrer
reconciliado com os três tempos
e as cinco direções,
a alma
-ou o que assim chamamos-
voltada uma transparência.
Peço
não a iluminação:
abrir os olhos,
olhar, tocar o mundo
com mirada de sol que se retira;
peço ser a quietude da vertigem,
a consciência do tempo
mal o que dure um pisco
da alma sitiada;
peço
em frente à tosse, o vómito, a careta,
ser dia aberto,
luz molhada
sobre terra recém chovida
e que tua voz, mulher, sobre minha frente seja
o manso soliloquio de algum rio;
peço ser breve cintilação,
repentina firmeza dum reflexo
sobre o fluxo das ondas de essa hora:
memória e esquecimento,
ao fim,
uma mesma clareza instantânea.

Traduzido por PSdeJ 28-9-2017

 

La exclamación
Poema de Octavio Paz

Quieto

No en la rama
En el aire

No en el aire
En el instante

El colibrí

De Ladera Este Los mejores poemas de Octavio Paz Seix Barral

 

A exclamação
Poema de Octavio Paz
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

Imóvel

Não no ramo
No ar

Não no ar
No instante

O colibri

 

La vida sencilla
Poema de Octavio Paz

LLAMAR al pan el pan y que aparezca
sobre el mantel el pan de cada día;
darle al sudor lo suyo y darle al sueño
y al breve paraíso y al infierno
y al cuerpo y al minuto lo que piden;
reír como el mar ríe, el viento ríe,
sin que la risa suene a vidrios rotos;
beber y en la embriaguez asir la vida;
bailar el baile sin perder el paso;
tocar la mano de un desconocido
en un día de piedra y agonía
y que esa mano tenga la firmeza
que no tuvo la mano del amigo;
probar la soledad sin que el vinagre
haga torcer mi boca, ni repita
mis muecas el espejo, ni el silencio
se erice con los dientes que rechinan:
estas cuatro paredes -papel, yeso,
alfombra rala y foco amarillento-
no son aún el prometido infierno;
que no me duela más aquel deseo,
helado por el miedo, llaga fría,
quemadura de labios no besados:
el agua clara nunca se detiene
y hay frutas que se caen de maduras;
saber partir el pan y repartirlo,
el pan de una verdad común a todos,
verdad de pan que a todos nos sustenta,
por cuya levadura soy un hombre,
un semejante entre mis semejantes;
pelear por la vida de los vivos,
dar la vida a los vivos, a la vida,
y enterrar a los muertos y olvidarlos
como la tierra los olvida: en frutos…
Y que a la hora de mi muerte logre
morir como los hombres y me alcance
el perdón y la vida perdurable
del polvo, de los frutos y del polvo.

Tomado de II Calamidades y milagros El Fuego de Cada Día / Seix Barral 1989

 

A vida singela
Poema de Octavio Paz
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

CHAMAR ao pão o pão e que apareça
sobre o mantel o pão de cada dia;
dar ao suor o seu e dar ao sono
e ao breve paraíso e ao inferno
e ao corpo e ao minuto o que pedem;
rir como o mar ri, o vento ri,
sem que o riso soe a vidros rompidos;
beber e na embriaguez enlaçar a vida;
dançar a dança sem perder o passo;
tocar a mão dum desconhecido
num dia de pedra e agonia
e que essa mão tenha a firmeza
que não teve a mão do amigo;
provar a solidão sem que o vinagre
faça torcer minha boca, nem repita
minhas caretas o espelho, nem o silêncio
se arrepie com os dentes que rangem
estas quatro paredes –papel, gesso,
tapete rala e foco amarelento-
não são ainda o prometido inferno;
que não me doa mais aquele desejo,
gelado pelo medo, chaga fria,
queimadura de lábios não beijados:
a água clara nunca se detém
e há frutas que se caem maduras;
saber partir o pão e reparti-lo,
o pão duma verdade comum a todos,
verdade de pão que a todos nos sustenta,
por cujo fermento sou um homem,
um semelhante entre meus semelhantes;
brigar pela vida dos vivos,
dar a vida aos vivos, à vida,
e enterrar aos mortos e esquecê-los.
como a terra os esquece: em frutos…
E que à hora de minha morte consiga
morrer como os homens e me atinja
o perdão e a vida perdurável
do pó, dos frutos e do pó.
Traduzido por PSdeJ 28/09/2017

 

Interior
Poema de Octavio Paz

PENSAMIENTOS en guerra
quieren romper mi frente

Por caminos de pájaros
avanza la escritura

La mano piensa en voz alta
una palabra llama a otra

En la hoja en que escribo
van y vienen los seres que veo

El libro y el cuaderno
repliegan las alas y reposan

Ya encendieron las lámparas
la hora se abre y cierra como un lecho

Con medias rojas y cara pálida
entran tú y la noche

Noche en Claro De Lo mejor de Octavio Paz Seix Barral 1989

 

Interior
Poema de Octavio Paz
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana

PENSAMENTOS em guerra
querem romper minha testa

Por caminhos de pássaros
avança a escrita

A mão pensa em voz alta
uma palavra chama a outra

Na folha em que eu escrevo
vão e vêm os seres que vejo

O livro e o caderno
recolhem as asas e repousam

Já acenderam as lâmpadas
a hora se abre e fecha como um leito

Com meias vermelhas e cara pálida
entram tu e a noite

Traduzido por PSdeJ 29 setembro 2017

 

 

 

Ilustración de portada de la edición y traducción de Eliot Weinberger del poema de Octavio Paz “Piedra de Sol”

 

PIEDRA DE SOL
En la primera edición de «Piedra de sol» (1957) se incluía la siguiente nota: «En la portada de este libro aparece la cifra 584 escrita con el sistema maya de numeración; asimismo, los signos mexicanos correspondientes al día Olín (Movimiento) y al día Ehécatl (Viento) figuran al principio y al fin del poema. Quizá no es inútil señalar que “Piedra de sol” está compuesto por 584 endecasílabos (los seis últimos no cuentan porque son idénticos a los seis primeros). Este número de versos es igual al de la revolución sinódica del planeta Venus, que es de 584 días. Los antiguos mexicanos llevaban la cuenta del ciclo venusino a partir del día Olín; el día Ehécatl, 584 días después, señalaba la conjunción de Venus y el Sol, fin de un ciclo y comienzo de otro.» El planeta Venus aparece como Estrella de la Mañana (Phosphorus) y como Estrella de la Tarde (Vesperus). Esta dualidad, Lucifer y Vésper, no ha dejado de impresionar a los hombres de todas las civilizaciones, que han visto en ella un símbolo, una cifra o una manifestación de la ambigüedad esencial del universo. Así, Ehécatl, divinidad del viento, era una de las manifestaciones de Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, que concentra las dos vertientes de la vida. Asociada a la luna, a la humedad, al agua, a la vegetación naciente, a la muerte y resurrección de la naturaleza, para los antiguos mediterráneos el planeta Venus era un nudo de imágenes y fuerzas ambivalentes: Istar, la Dama del Sol, la Piedra Cónica, la Piedra sin Labrar (que recuerda el “pedazo de madera sin pulir” del taoísmo), Afrodita, la cuádruple Venus de Cicerón, la doble diosa de Pausanias…»
(Nota del autor tomada de Lo mejor de Octavio Paz Seix Barral 1989)

Piedra de Sol es uno de los poemas más discutidos e interpretados de la literatura universal. Poema vertical que cae como lluvia desde lo más alto, como rayos de Sol sobre la nieve, inundándolo todo. Acerca del poema añado un ensayo de Luis Gustavo Meléndez Guerrero, intelectual mexicano estudioso de la obra del Premio Nobel.

 

Piedra de Sol
Poema de Octavio Paz

La Treizième revient…C’est encor la première;
et c’est toujours la Seule, -ou c’est le seul moment;
car es-tu Reine, ô Toi, la première ou dernière?
es-tu Roi, toi le seul ou le dernier amant?…
Gérard de Nerval (Arthémis)

un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea,
un árbol bien plantado mas danzante,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, de un rodeo
y llega siempre:
un caminar tranquilo
de estrella o primavera sin premura,
agua que con los párpados cerrados
mana toda la noche profecías,
unánime presencia en oleaje,
ola tras ola hasta cubrirlo todo,
verde soberanía sin ocaso
como el deslumbramiento de las alas
cuando se abren en medio del cielo,

un caminar entre las espesuras
de los días futuros y el aciago
fulgor de la desdicha como un ave
petrificando el bosque con su canto
y las felicidades inminentes
entre las ramas que se desvanecen,
horas de luz que pican ya los pájaros,
presagios que se escapan de la mano,

una presencia como un canto súbito,
como el viento cantando en el incendio,
una mirada que sostiene en vilo
al mundo con sus mares y sus montes,
el cuerpo de luz nitrada por un ágata,
piernas de luz, vientre de luz, bahías,
de la roca solar, cuerpo color de nube,
color de día rápido que salta,
la hora centellea y tiene cuerpo,
el mundo ya es visible por tu cuerpo,
es transparente por tu transparencia,

voy entre galerías de sonidos,
fluyo entre las presencias resonantes,
voy por las transparencias como un ciego,
un reflejo me borra, nazco en otro,
oh bosque de pilares encantados,
bajo los arcos de la luz penetro
los corredores de un otoño diáfano,

voy por tu cuerpo como por el mundo,
que es una plaza soleada,
tus pechos dos iglesias donde oficia
la sangre sus misterios paralelos,
mis miradas te cubren como yedra,
eres una ciudad que el mar asedia,
una muralla que la luz divide
en dos mitades de color durazno,
un paraje de sal, rocas y pájaros
bajo la ley del mediodía absorto,

vestida del color de mis deseos
como mi pensamiento vas desnuda,
voy por tus ojos como por el agua,
los tigres beben sueño de esos ojos,
el colibrí se quema en esas llamas,
voy por tu frente como por la luna,
como la nube por tu pensamiento,
yo por tu vientre como por tus sueños,

tu falda de maíz ondula y canta
tu falda de cristal, tu falda de agua,
tus labios, tus cabellos, tus miradas,
toda la noche llueves, todo el día
abres mi pecho con tus dedos de agua,
cierras mis ojos con tu boca agua,
sobre mis huesos llueves, en mi pecho
hunde raíces de agua un árbol líquido,

voy por tu talle como por un río,
yo por tu cuerpo como por un bosque,
como por un sendero en la montaña
que en un abismo brusco se termina
voy por tus pensamientos afilados
y a la salida de tu blanca frente
mi sombra despeñada se destroza,
recojo mis fragmentos uno a uno
y prosigo sin cuerpo, busco a tientas,

corredores sin fin de la memoria,
puertas abiertas a un salón vacío
donde se pudren todos los veranos,
las joyas de la sed arden al fondo,
el rostro desvanecido al recordarlo,
mano que se deshace si la toco,
cabelleras de arañas en tumulto
sobre sonrisas de hace muchos años,

a la salida de mi frente busco,
busco sin encontrar, busco un instante,
un rostro de relámpago y tormenta
entre los árboles nocturnos,
el rostro de lluvia en un jardín a oscuras,
agua tenaz que fluye a mi costado,

busco sin encontrar, escribo a solas,
no hay nadie, cae el día, cae el año,
caigo en el instante, caigo a fondo,
invisible camino sobre espejos
que repiten mi imagen destrozada,
piso días, instantes caminados,
piso los pensamientos de mi sombra,
piso mi sombra en busca de un instante,

busco una fecha viva como un pájaro,
busco el sol de las cinco de la tarde
templado por los muros de tezontle:
la hora maduraba sus racimos
y al abrirse salían las muchachas
de su entraña rosada y se esparcían
por los patios de piedra del colegio,
alta como el otoño caminaba
envuelta por la luz bajo la arcada
y el espacio al ceñirla la vestía
de un piel más dorada y transparente,

tigre color de luz, pardo venado
por los alrededores de la noche,
entrevista muchacha reclinada
en los balcones verdes de la lluvia,
adolescente rostro innumerable,
he olvidado tu nombre, Melusina,
Laura, Isabel, Perséfona, María,
tienes todos los rostros y ninguno,
eres todas las horas y ninguna,
te pareces al árbol y a la nube,
eres todos los pájaros y un astro,
te pareces al filo de la espada
y a la copa de sangre del verdugo,
yedra que avanza, envuelve y desarraiga
al alma y la divide de sí misma,

escritura de fuego sobre el jade,
grieta en la roca, reina de serpientes,
columna de vapor, fuente en la peña,
circo lunar, peñasco de las águilas,
grano de anís, espina diminuta
y mortal que da penas inmortales,
pastora de los valles submarinos
y guardiana del valle de los muertos,
liana que cuelga del cantil del vértigo,
enredadera, planta venenosa,
flor de resurrección, uva de vida,
señora de la flauta y del relámpago,
terraza del jazmín, sal en la herida,
ramo de rosas para el fusilado,
nieve en agosto, luna del patíbulo,
escritura del mar sobre el basalto,
escritura del viento en el desierto,
testamento del sol, granada, espiga,

rostro de llamas, la cara devorada,
adolescente rostro perseguido
años fantasmas, días circulares
que dan al mismo patio, al mismo muro,
arde el instante y son un solo rostro
los sucesivos rostros de la llama,
todos los nombres son un solo nombre
todos los rostros son un solo rostro,
todos los siglos son un solo instante
y por todos los siglos de los siglos
cierra el paso al futuro un par de ojos,

no hay nada frente a mí, solo un instante
rescatado esta noche, contra un sueño
de ayuntadas imágenes soñado,
duramente esculpido contra el sueño,
arrancado a la nada de esta noche,
a pulso levantado letra a letra,
mientras afuera el tiempo se desboca
y golpea las puertas de mi alma
el mundo con su horario carnicero,

sólo un instante mientras las ciudades,
los nombres, los sabores, lo vivido,
se desmoronan en mi frente ciega,
mientras la pesadumbre de la noche
mi pensamiento humilla y mi esqueleto,
y mi sangre camina más despacio
y mis dientes se aflojan y mis ojos
se nublan y los días y los años
sus horrores vacíos acumulan,

mientras el tiempo cierra su abanico
y no hay nada detrás de sus imágenes
el instante se abisma y sobrenada
rodeado de muerte, amenazado
por la noche y su lúgubre bostezo,
amenazado por la algarabía
de la muerte vivaz y enmascarada
el instante se abisma y se penetra,
como un puño se cierra, como un fruto
que madura hacia dentro de sí mismo
y a sí mismo se bebe y se derrama
el instante translúcido se cierra
y madura hacia adentro, echa raíces,
crece dentro de mí, me ocupa todo,
me expulsa su follaje delirante,
mis pensamientos sólo son sus pájaros,
su mercurio circula por mis venas,
árbol mental, frutos sabor de tiempo,

oh vida por vivir y ya vivida,
tiempo que vuelve en una marejada
y se retira sin volver el rostro,
lo que pasó no fue pero está siendo
y silenciosamente desemboca
en otro instante que se desvanece:

frente a la tarde de salitre y piedra
armada de navajas invisibles
una roja escritura indescifrable
escribes en mi piel y esas heridas
como un traje de llamas me recubren,
ardo sin consumirme, busco el agua
y en tus ojos no hay agua, son de piedra,
y tus pechos, tu vientre, tus caderas
es de piedra, tu boca sabe a polvo,
tu boca sabe a tiempo emponzoñado,
tu cuerpo sabe a pozo sin salida,
pasadizo de espejos que repiten
los ojos del sediento, pasadizo
que vuelve siempre al punto de partida,
y tú me llevas ciego de la mano
por esas galerías obstinadas
hacia el centro del círculo y te yergues
como un fulgor que se congela en hacha,
como luz que desuella, fascinante
como el cadalso para el condenado,
flexible como el látigo y esbelta
como un arma gemela de la luna,
y tus palabras afiladas cavan
mi pecho y me despueblan y vacían,
uno a uno me arrancas los recuerdos,
he olvidado mi nombre, mis amigos
gruñen entre los cerdos o se pudren
comidos por el sol en un barranco,

no hay nada en mí sino una larga herida,
una oquedad que ya nadie recorre,
presente sin ventanas, pensamiento
que vuelve, se repite, se refleja
y se pierde en su misma transparencia,
conciencia traspasada por un ojo
que se mira mirarse hasta anegarse
de claridad:
yo vi tu atroz escama,
Melusina, brillar verdosa al alba,
dormías enroscada entre las sábanas
y al despertar gritaste como un pájaro
y caíste sin fin, quebrada y blanca,
nada quedó de ti sino tu grito,
y al cabo de los siglos me descubro
con tos y mala vista, barajando
viejas fotos:
no hay nadie, no eres nadie,
un montón de ceniza y una escoba,
un cuchillo mellado y un plumero,
un pellejo colgado de unos huesos,
un racimo ya seco, un hoyo negro
y en el fondo del hoyo los los ojos
de una niña ahogada hace mil años,

miradas enterradas en un pozo,
miradas que nos ven desde el principio,
mirada niña de la madre vieja
que ve en el hijo grande un padre joven,
mirada madre de la niña sola
que ve en el padre grande un hijo niño,
miradas que nos miran desde el fondo
de la vida y son trampas de la muerte
-¿o es al revés: caer en esos ojos
es volver a la vida verdadera?,

¡caer, volver, soñarme y que me sueñen
otros ojos futuros, otra vida,
otras nubes, morirme de otra muerte!
-esta noche me basta, y este instante
que no acaba de abrirse y revelarme
dónde estuve, quién fui, cómo te llamas,
como me llamo yo:
¿hacía planes
para el verano -y todos los veranos-
en Christopher Street, hace diez años,
con Filis que tenía dos hoyuelos
donde bebían luz los gorriones?,
¿por la Reforma Carmen me decía
“no pesa el aire, aquí siempre es octubre”,
o se lo dijo a otro que he perdido
o yo lo invento y nadie me lo ha dicho?,
¿caminé por la noche de Oaxaca,
inmensa y verdinegra como un árbol,
hablando solo como el viento loco
y al llegar a mi cuarto -siempre un cuarto-
no me reconocieron los espejos?,
¿desde el hotel Vernet vimos al alba
bailar con los castaños – “ya es muy tarde”
decías al peinarte y yo veía
manchas en la pared, sin decir nada ?,
Subimos juntos a la torre, vimos
caer la tarde desde el arrecife?
¿Comimos uvas en Bidart ?, ¿compramos
gardenias en Perote?
nombres, sitios,
calles y calles, rostros, plazas, calles,
estaciones, un parque, cuartos solos,
manchas en la pared, alguien se peina,
alguien canta a mi lado, alguien se viste,
cuartos, lugares, calles, nombres, cuartos,

Madrid, 1937,
en la Plaza del Ángel las mujeres
cosían y cantaban con sus hijos,
después sonó la alarma y hubo gritos,
casas arrodilladas en el polvo,
torres hendidas, frentes escupidas
y el huracán de los motores, fijo:
los se desnudaron y se amaron
por defender nuestra porción eterna,
nuestra ración de tiempo y paraíso,
tocar nuestra raíz y recobrarnos,
recobrar nuestra herencia arrebatada
por ladrones de vida hace mil siglos,
los dos se desnudaron y besaron
porque las desnudeces enlazadas
saltan el tiempo y son invulnerables,
nada las toca, vuelven al principio,
no hay tú ni yo, mañana, ayer ni nombres,
verdad de dos en sólo un cuerpo y alma,
oh ser total …
cuartos a la deriva
entre ciudades que se van a pique,
cuartos y calles, nombres como heridas,
el cuarto con ventanas a otros cuartos
con el mismo papel descolorido
donde un hombre en camisa lee el periódico
o plancha una mujer; el cuarto claro
que visitan las ramas del durazno;
el otro cuarto: afuera siempre llueve
y hay un patio y tres niños oxidados;
cuartos que son navíos que se mecen
en un golfo de luz; o submarinos:
el silencio se esparce en olas verdes,
todo lo que tocamos fosforece;
mausoleos del lujo, ya roídos
los retratos, raídos los tapetes;
trampas, celdas, cavernas encantadas,
pajareras y cuartos numerados,
todos se transfiguran, todos vuelan,
cada moldura es nube, cada puerta
da al mar, al campo, al aire, cada mesa
es un festín; cerrados como conchas
el tiempo inútilmente los asedia,
no hay tiempo ya, ni muro: ¡espacio, espacio,
abre la mano, coge esta riqueza,
corta los frutos, come de la vida,
tiéndete al pie del árbol, bebe el agua !,

todo se transfigura y es sagrado,
es el centro del mundo cada cuarto,
la primera noche, el primer día,
el mundo nace cuando dos se besan,
gota de luz de entrañas transparentes
el cuarto como un fruto se entreabre
el estalla como un astro taciturno
y las leyes comidas de ratones,
las rejas de los bancos y las cárceles,
las rejas de papel, las alambradas,
los timbres y las púas y los pinchos,
el sermón monocorde de las armas,
el escorpión meloso y con bonete,
el tigre con chistera, presidente
del Club Vegetariano y la Cruz Roja,
el burro pedagogo, el cocodrilo
metido a redentor, padre de pueblos,
el Jefe, el tiburón, el arquitecto
del porvenir, el cerdo uniformado,
el hijo predilecto de la Iglesia
que se lava la negra dentadura
con el agua bendita y toma clases
de inglés y democracia, las paredes
invisibles, las máscaras podridas
que dividen al hombre de los hombres,
al hombre de sí mismo,
se derrumban
por un instante inmenso y vislumbramos
nuestra unidad perdida, el desamparo
que es ser hombres, la gloria que es ser hombres
y compartir el pan, el sol, la muerte,
el olvidado asombro de estar vivos;

amar es combatir, si dos se besan
el mundo cambia, encarnan los deseos,
el pensamiento encarna, brotan alas
en las espaldas del esclavo, el mundo
es real y tangible, el vino es vino,
el pan vuelve a saber, el agua es agua,
amar es combatir, es abrir puertas,
dejar de ser fantasma con un número
a perpetua cadena condenado
por un amo sin rostro;
el mundo cambia
de los se miran y se reconocen,
amar es desnudarse de los nombres:
“déjame ser tu puta”, son palabras
de Eloísa, mas él cedió a las leyes,
la toma por esposa y como premio
lo castraron después;
mejor el crimen,
los amantes suicidas, el incesto
de los hermanos como dos espejos
enamorados de su semejanza,
mejor comer el pan envenenado,
el adulterio en lechos de ceniza,
los amores feroces, el delirio,
su yedra ponzoñosa, el sodomita
que lleva por clavel en la solapa
un gargajo, mejor ser lapidado
en las plazas que dar vuelta a la noria
que exprime la sustancia de la vida,
cambia la eternidad en horas huecas,
los minutos en cárceles, el tiempo
en monedas de cobre y mierda abstracta;

mejor la castidad, flor invisible
que se mece en los tallos del silencio,
el difícil diamante de los santos
que filtra los deseos, sacia al tiempo,
nupcias de la quietud y el movimiento,
canta la soledad en su corola,
pétalo de cristal en cada hora,
el mundo se despoja de sus máscaras
y en su centro, vibrante transparencia,
lo que llamamos Dios, el ser sin nombre,
se contempla en la nada, el ser sin rostro
emerge de sí mismo, sol de soles,
plenitud de presencias y de nombres;
sigo mi desvarío, cuartos, calles,
camino a tientas por los corredores
del tiempo y subo y bajo sus peldaños
y sus paredes palpo y no me muevo,
vuelvo adonde empecé, busco tu rostro,
camino por las calles de mí mismo
bajo un sol sin edad, y tú a mi lado
caminas como un árbol, como un río
caminas y me hablas como un río,
creces como una espiga entre mis manos,
lates como una ardilla entre mis manos,
vuelas como mil pájaros, tu risa
me ha cubierto de espumas, tu cabeza
es un astro pequeño entre mis manos,
el mundo reverdece si sonríes
comiendo una naranja,
el mundo cambia
si dos, vertiginosos y enlazados,
sobre la yerba: el cielo baja,
los árboles ascienden, el espacio
sólo es luz y silencio, sólo espacio
abierto para el águila del ojo,
pasa la blanca tribu de las nubes,
rompe amarras el cuerpo, zarpa el alma,
perdemos nuestros nombres y flotamos
a la deriva entre el azul y el verde,
tiempo total de donde no pasa nada
sino su propio transcurrir dichoso,

no pasa nada, callas, parpadeas
(silencio: cruzó un ángel este instante
grande como la vida de cien soles),
¿No pasa nada, sólo un parpadeo?
-y el festín, el destierro, el primer crimen,
la quijada del asno, el ruido opaco
y la mirada incrédula del muerto
al caer en el llano ceniciento,
Agamenón y su mugido inmenso
y el repetido grito de Casandra
más fuerte que los gritos de las olas,
Sócrates en cadenas “(el sol nace,
morir es despertar: “Gritón, un gallo
a Esculapio, ya sano de la vida “),
el chacal que diserta entre las ruinas
de Nínive, la sombra que vio Bruto
antes de la batalla, Moctezuma
en el lecho de espinas de su insomnio,
el viaje en la carreta hacia la muerte
-el viaje interminable mas contado
por Robespierre minuto tras minuto,
la mandíbula rota entre las manos-,
Churruca en su barrica como un trono
escarlata, los pasos ya contados
de Lincoln al salir hacia el teatro,
el estertor de Trotsky y sus quejidos
de jabalí, Madero y su mirada
que nadie contestó: ¿por qué me matan?
los carajos, los ayes, los silencios
del criminal, el santo, el pobre diablo,
cementerio de frases y de anécdotas
que los perros retóricos escarban,
el delirio, el relincho, el ruido obscuro
que hacemos al morir y ese jadeo
de la vida que nace y el sonido
de huesos machacados en la riña
y la boca de espuma del profeta
y su grito y el grito del verdugo
y el grito de la víctima …
son llamas
los ojos y son llamas lo que miran,
llama la oreja y el sonido llama,
brasa los labios y tizón la lengua,
el tacto y lo que toca, el pensamiento
y lo pensado, llama el que lo piensa,
todo se quema, el universo es llama,
arde la misma nada que no es nada
sino un pensar en llamas, al fin humo:
no hay verdugo ni víctima…
¿y el grito
en la tarde del viernes, y el silencio
que se cubre de signos, el silencio
que dice sin decir, ¿no dice nada?
¿no son nada los gritos de los hombres?
¿no pasa nada cuando pasa el tiempo?

-no pasa nada, solo un parpadeo
del sol, un movimiento apenas, nada-,
no hay redención, no vuelve atrás el tiempo,
los muertos están fijos en su muerte,
y no pueden morirse de otra muerte,
intocables, clavados en su gesto
desde su soledad, desde su muerte
sin remedio nos miran sin mirarnos,
su muerte ya es la estatua de su vida,
un siempre estar ya nada para siempre,
cada minuto es nada para siempre,
un rey fantasma rige sus latidos
y tu gesto final, tu dura máscara
labra sobre tu rostro cambiante:
el monumento somos de una vida
ajena y no vivida, apenas nuestra,

-¿la vida, cuándo fue de veras nuestra?,
¿cuándo somos de veras lo que somos?
bien mirado no somos, nunca somos
a solas sino vértigo y vacío,
muecas en el espejo, horror y vómito,
nunca la vida es nuestra, es de los otros,
la vida no es nadie, todos somos
la vida -pan de sol para los otros,
los otros todos que nosotros somos-,
soy otro cuando soy, los actos míos,
son más míos si son también de todos,
para que pueda ser he de ser otro,
salir de mí, buscarme entre los otros,
los otros que no son si yo no existo,
los otros que me dan plena existencia,
no soy, no hay yo, siempre somos nosotros,
la vida es otra, siempre allá, más lejos,
fuera de ti, de mí, siempre horizonte,
vida que nos desvive y enajena,
que nos inventa un rostro y lo desgasta,
hambre de ser, oh muerte, pan de todos,

Eloísa, Perséfona, María,
muestra tu rostro al fin para que vea
mi cara verdadera, la del otro,
mi cara de nosotros siempre todos,
cara de árbol y de panadero,
de chófer y de nube y de marino,
cara de sol y arroyo y Pedro y Pablo,
cara de solitario colectivo,
despiértame, ya nazco:
vida y muerte
pactan en ti, señora de la noche,
torre de claridad, reina del alba,
virgen lunar, madre del agua madre,
cuerpo del mundo, casa de la muerte,
caigo sin fin desde mi nacimiento,
caigo en mí mismo sin tocar mi fondo,
recógeme en tus ojos, junta el polvo
disperso y reconcilia mis cenizas,
ata mis huesos divididos, sopla
sobre mi ser, entiérrame en tu tierra,
tu silencio dé paz al pensamiento
contra sí mismo airado;
abre la mano,
señora de semillas que son días,
el día es inmortal, asciende, crece,
acaba de nacer y nunca acaba,
cada día es nacer, un nacimiento
es cada amanecer y yo amanezco,
amanecemos todos, amanece
el sol cara de sol, Juan amanece
con su cara de Juan cara de todos,
puerta del ser, despiértame, amanece,
déjame ver el rostro de este día,
déjame ver el rostro de esta noche,
todo se comunica y transfigura,
arco de sangre, puente de latidos,
llévame al otro lado de esta noche,
adonde yo soy tú somos nosotros,
al reino de pronombres enlazados,

puerta del ser: abre tu ser, despierta,
aprende a ser también, labra tu cara
trabaja tus facciones, ten un rostro
para mirar mi rostro y que te mire,
para mirar la vida hasta la muerte,
rostro de mar, de pan, de roca y fuente,
manantial que disuelve nuestros rostros
en el rostro sin nombre, el ser sin rostro,
indecible presencia de presencias …

quiero seguir, ir más allá, y no puedo:
se despeñó el instante en otro y otro,
dormí sueños de piedra que no sueña
y al cabo de los años como piedras
oí cantar mi sangre encarcelada,
con un rumor de luz el mar cantaba,
una a una cedían las murallas,
todas las puertas se desmoronaban
y el sol entraba a saco por mi frente,
despegaba mis párpados cerrados,
desprendía mi ser de su envoltura,
me arrancaba de mí, me separaba
de mi bruto dormir siglos de piedra
y su magia de espejos revivía
un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea,
un árbol bien plantado mas danzante,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre.
México 1957

Lo mejor de Octavio Paz Seix Barral 1989

 

 

 

 Universidad Iberoamericana Ciudad de México

 

Algunas consideraciones teológicas en torno al poema «Piedra de Sol» de Octavio Paz
Por Luis Gustavo Meléndez Guerrero Universidad Pompeu Fabra / Universidad Iberoamericana (La Ibero)

En 1957 Octavio Paz publicaba su gran poema «Piedra de Sol», un poema extenso, 584 endecasílabos que sugieren una búsqueda compleja. El autor nos advertía en una nota, que aparecería solo en la primera edición, que «este número de versos es igual al de la revolución sinódica del planeta Venus, que es de 584 días [ciclo temporal que los antiguos mexicanos llevaban en su cuenta]» (Piedra de Sol, 43). Desde la figura estelar de Venus hasta las serpientes que rodean la Piedra del sol cerrando/abriendo un círculo, se nos presenta a nosotros una constante evocación a la divinidad. La escritura en endecasílabos, según el poeta, se acerca al modo más natural del habla. Su lectura pausada evoca un vaivén, que por momentos hace pensar precisamente en un laberinto, en donde el camino toma direcciones insospechadas que van y vuelven, para luego continuar un sendero que no se sabe bien adónde conducirá.

La similitud entre el título del poema con la monumental pieza arqueológica conocida como la Piedra del sol es evidente. La Piedra del sol es un monumento tallado en un bloque de basalto de más de tres metros de diámetro y de casi veinticinco toneladas de peso cuyo uso estaba destinado a los sacrificios rituales de la cultura mexica. La piedra del sol presenta en su grabado una dimensión cosmogónica y una serie de ciclos de vida que invitan a pensar en el proceso vital del mundo y del hombre. El poema, por su parte, toma aquellos elementos para expresar ciertamente un periodo vital, pero más que un ejercicio cosmogónico, se trata de un devenir que presenta el itinerario existencial de una búsqueda del sentido de la vida en medio de un contexto peculiar, la historicidad concreta cubierta por el halo del misterio de lo cotidiano, historia que se debate entre lo sagrado y lo profano, la fatalidad lineal y el movimiento circular.

Los primeros versos del poema nos presentan la figura del árbol de la vida, cuya expresión evoca un movimiento cíclico que se cierra y se abre con un siempre: «un sauce de cristal, un chopo de agua, / un alto surtidor que el viento arquea / un árbol bien plantado mas danzante, / un caminar de río que se curva, / avanza, retrocede, da un rodeo / y llega siempre»1 (11). Todo peregrinar tiene un origen y una meta, normalmente distintos uno de otro; «Piedra de Sol» es una excepción: su alfa y su omega se identifican en el mismo punto, el inicio es el final; los versos con los que inicia el poema son los mismos con los que termina (si es que termina), y estos versos que lo conforman refieren mediante el árbol y el agua a un ciclo vital, de modo que en el movimiento generado por un río que va y vuelve, «avanza y retrocede, da un rodeo / y llega siempre» (11), se nos conduce a un lugar de tránsito en que paradójicamente el término es el principio. En este sentido, el crítico Enrico Mario Santí advierte que «el trayecto del peregrino [debe considerarse] en términos simbólicos: el peregrino es él [el poeta] y también los otros» (57). En este recorrido, que es origen y meta, hay movimiento, un peregrinar vital, pero complejo, «un caminar tranquilo de primavera sin premura» (12), pero también «un caminar entre las espesuras» (12). Un recorrido del yo a la luz de una mirada, de una presencia: «una presencia como un canto súbito, / como el viento cantando en el incendio, / una mirada que sostiene en vilo / al mundo con sus mares y sus montes, / cuerpo de luz filtrada por un ágata» (12).

En un primer acercamiento al poema, la presencia y la mirada evocan la figura de una alteridad, que de momento no es aclarada, no obstante, Paz parece estar recurriendo a la corporalidad como modo no solo gráfico sino vivo, en donde el peregrinar se lleva a cabo. El cuerpo es el mundo, y a su vez, en el poema, el mundo asume la geografía del cuerpo, solo así el mundo puede ser visible y palpable. Al mismo tiempo, la geografía corpórea del mundo sugiere la presencia altérica: el Otro se hace presente en la búsqueda, sin saber bien si ese Otro es acompañante, o bien es la meta del itinerario, el centro del recorrido o del poema en sí. A lo largo del poema, la idea de la presencia es constante: la presencia divina en un sentido plural: la falda de serpientes de la diosa Coatlicue; la tensión entre la vida y la muerte que pactan en la figura de Kali, señora de la noche; Venus, estrella matutina y vespertina; María, la madre del Dios encarnado. Sin embargo, más allá de estas imágenes, está la presencia del tú en la figura femenina, la presencia del Otro.

A la luz de la tradición cristiana es posible evocar también un eco sacral presente y transfigurado en el poema. Ese viento que sugiere una presencia, aquella mirada que sostiene al mundo, evocan en nosotros aquel hálito divino que hacía aletear las aguas en los orígenes del mundo y la mirada del creador que contempla gustoso la creación.

Aquel cuerpo mencionado en el poema es el cuerpo mismo del mundo, son los cuerpos desnudos y no avergonzados de Adán y Eva, símbolo de la humanidad fecunda y del origen primigenio frecuentemente aludido en la obra paciana; es la creación toda en la que se hace visible la creatividad del deseo. Se trata del origen primigenio en donde ocurre la reconciliación del yo, del tú, del universo. El mundo, el viento, las miradas, los cuerpos —nuestros cuerpos—, son imagen visible de lo invisible, todo es presencia y evidencia de que el deseo es divino en tanto que es un deseo creativo. La imagen creadora alude a un movimiento kenótico, por el cual el Todo se hace nada, y en esa nada que es vaciamiento, autodonación, todo cobra forma y sentido, nos agracia amándonos, y en su amor nos libera para vivir a plenitud y amar en gratuidad.

Pues bien, lo que se puede deducir hasta ahora es que la relevante presencia del Otro se posibilita en la transparencia que este tiene en sí mismo, de ahí que, si el mundo es diáfano, es gracias a la trasparencia del Otro. El mundo tiene cuerpo y el cuerpo es un mundo cuya geografía hay que explorar. En esta visión del mundo, anatomía y geografía se confunden, estableciendo una relación que se repetirá a lo largo del poema a través de las siguientes direcciones: A) para ver/vivir-experimentar el mundo, hay que tomar la carne: «el mundo ya es visible por tu cuerpo» (13); B) el recorrido por el cuerpo amado se asemeja a la geografía del mundo: «voy por tu cuerpo como por el mundo» (13).

A nuestro parecer, el giro constante que va de A) (experiencia del mundo) hacia B) (corporalidad), y de B) torna de nuevo en dirección hacia A), indica la necesidad de encarnar la poesía, o bien, de que el logos poético asuma la carne a fin de vivir plenamente nuestra historicidad concreta.

Apenas iniciado el recorrido, se asoma la complejidad del itinerario; en el recorrido en y por el cuerpo se advierte la dificultad de efectuar el camino erótico del reconocimiento, aparece así el intento de posesión: «mis miradas te cubren como yedra, / eres una ciudad que el mar asedia, / una muralla que la luz divide / en dos mitades de color durazno» (13). La mirada se torna agresiva, los ojos ya no son diáfanos. Los siguientes versos plantean la paradoja de la posesión con unas bellas palabras que aluden a la lucha entre el poseer y liberar: «vestida del color de mis deseos / como mi pensamiento vas desnuda» (14).
La oposición de contrarios es evidente y proyectan una peculiar belleza literaria: vestida/desnuda. El primer verso nos sugiere la intención de poseer en el acto de «vestir» a ese Otro; implica una acción protagonizada por el yo peregrino. No se trata de un vestido cualquiera, sino del revestimiento de los propios deseos y, sin embargo, el siguiente verso, sin explicar cómo, ni por qué, deshace la intencionalidad del querer vestir: «como mi pensamiento vas desnuda» (14). Las miradas que cubren como yedra y pretenden poseer vistiendo, ceden sin aparente causa ante la otredad; sin embargo, podemos sugerir, tal vez, que lo que impide la posesión del acto del vestir es el halo de sacralidad que el Otro transparenta, es su desnudez. El desnudo prima sobre el vestido. La paradoja revela la lucha del ego que intenta vestir de sus deseos al alter, la cosificación del Otro a la medida de mi necesidad, de mi deseo. Pero el Otro se manifiesta, y en su revelación, un acto de rebeldía, no permite ser el objeto del afecto; va desnudo y no acepta vestido alguno: su desnudez apremia mi desnudez, la desnudez del alma. En este sentido, hay una similitud con las palabras de Paz: el vestido no es sino el intento por hacer al Otro a la medida de mi deseo; la desnudez, en cambio, invita a la libertad del deseo que no encorseta, sino que libera. Solo un itinerario al desnudo permite continuar el recorrido en libertad y con fluidez: «voy por tus ojos como por el agua» (14), y así retomar el camino en la geografía del cuerpo: «voy por tu talle como por un río, / voy por tu cuerpo como por un bosque» (14). Pero la búsqueda no es sencilla, el camino se pierde, la ruta es incierta: «y a la salida de tu blanca frente / mi sombra despeñada se destroza, / recojo mis fragmentos uno a uno / y prosigo sin cuerpo, busco a tientas» (15). Salir por su frente es tal vez salir a una búsqueda de sí mismo en el Otro, una búsqueda sin cuerpo, que deviene en una memoria vaga y fugaz: «a la salida de mi frente busco, / busco sin encontrar, busco un instante, / un rostro de relámpago y tormenta // agua tenaz que fluye a mi costado» (15-16).

La búsqueda desde fuera se torna compleja, inútil afán; la búsqueda no tiene éxito: «busco sin encontrar / no hay nadie, cae el día, cae el año, / caigo con el instante, caigo a fondo, // piso los pensamientos de mi sombra, / piso mi sombra en busca de un instante» (16).

El horizonte inmediato de lo cotidiano se asoma y se incorpora al poema, probablemente fruto de alguna caminata en el centro de la Ciudad de México; la memoria trae al presente la figura de una adolescente a la salida del colegio: «busco una fecha viva como un pájaro, / busco el sol de las cinco de la tarde / templado por los muros de tezontle: // por los patios de piedra del colegio, / alta como el otoño caminaba / envuelta por la luz bajo la arcada / y el espacio al ceñirla vestía / de una piel más dorada y transparente» (16).

La búsqueda se perfila en los rostros juveniles, pero de pronto no son todas las muchachas, sino una; el poema describe al Otro en tercera persona del singular: «alta como el otoño caminaba / […] / de una piel más dorada y transparente» (16). No se trata de la memoria cronológica, sino de la memoria que hace que en el hoy viva o se actualice la presencia del ayer. Vuelven a nosotros algunas preguntas: ¿quién es el que busca? y ¿qué es eso que busca? El que busca es el yo; lo que se busca es la unidad con ese otro que soy yo mismo, y por qué no, el sentido de la vida misma. El mapa que nos ha trazado hasta ahora Octavio Paz semeja una ruta esculpida en la piedra angular que sostiene la memoria histórica del mundo y de nuestro ser en el mundo. El poema sugiere que la búsqueda no puede darse en soledad, pero también advierte la dificultad de entrar en relación con el Otro. Quizás estos versos, «y a la salida de tu blanca frente» (15), evocan el intento por ir fuera, por ello, el recorrido arroja a la sombra de ese que soy en mi soledad, oscuridad, vaguedad, sombra de uno mismo en busca de un instante y de una presencia.

La búsqueda de un amor o por el amor no resulta ser sencilla; las historias de amor no siempre llevan un final feliz. Busca un nombre, y en la búsqueda, Paz recorre desde la tradición mitológica hasta el cristianismo: Melusina, Laura, Isabel, Perséfone, María; una voz que pronuncia una tras otra, a cada una de ellas. Melusina, la mujer condenada a llevar un día a la semana la cola de serpiente, y de cuyo vientre nacen hijos deformes; Perséfone, la mujer raptada por Hades, cuya presencia favorece la calided del verano, y su ausencia provoca la frialdad del invierno. El listado de nombres continúa como intento por lograr evocar la presencia al decir el nombre: Laura (musa de Petrarca), Isabel (inspiración de Garcilaso), María (la madre virgen del cristianismo); sin embargo, ha olvidado el nombre: «he olvidado tu nombre» (17). Busca el rostro, pero no es sencillo percibirlo, la mirada no alcanza: «tienes todos los rostros y ninguno» (17). La figura femenina cobra, como es costumbre en Paz, su sitio primordial, enlistadas en un juego de paradojas resalta su bondad y su fiereza: «grieta en la roca» (17), «espina diminuta y mortal que da penas inmortales» (18), «enredadera, planta venenosa» (18); pero también la mujer es «flor de resurrección, uva de vida» (18), «terraza del jazmín, sal en la herida» (18), y tras esta letanía de rosas y espinas, con una evidente fórmula cristiana cierra un ciclo más en el poema: «todos los nombres son un solo nombre, / todos los rostros son un solo rostro, / todos los siglos son un solo instante / y por todos los siglos de los siglos / cierra el paso al futuro un par de ojos» (18-19, la cursiva es mía).

Todos los rostros en uno, todos los nombres en uno, totalidad y unidad, el todo en el uno, el uno en el todo, esta unidad omniabarcante se adentra en la circularidad del tiempo: «y por todos los siglos de los siglos» (19). Y aquí la fórmula cristiana juega con las palabras para evocar un ciclo temporal en la dinámica del tiempo. La medición del cronos histórico, pero dentro de la dynamis del Kairos, es decir, lo concreto de la historia, asume el esjaton en el seno de la temporalidad. Al cuestionar la idea cristiana de la vida postrera, Octavio Paz retrotrae la redención al tiempo presente, luego la redención no se refiere ya a una falta ontológica que agrede a un ser de orden metafísico, antes bien, el poeta se refiere a la redención que nos redime del infierno histórico mediante el amor. Son precisamente un par de ojos los que nos hacen detenernos en la reflexión. Paz hace este giro para hacer un espacio y repensar el sentido del instante. El arrebato momentáneo que nos traslada a un no lugar y no tiempo, eso que Paz llama el misterio revelado del instante que nos seduce, eleva a la contemplación del momento y nos retorna al hoy, fortalecidos, transformados.

no hay nada frente a mí, solo un instante
rescatado esta noche, contra un sueño
_______________________
mientras afuera el tiempo se desboca
y golpea las puertas de mi alma
el mundo con su tiempo carnicero,
solo un instante mientras las ciudades,
los nombres, los sabores, lo vivido
se desmoronan en mi frente ciega,
_______________________
mientras el tiempo cierra su abanico
y no hay nada detrás de sus imágenes
el instante se abisma y se sobrenada
_______________________
el instante madura y se penetra,
_______________________
y madura hacia dentro, echa raíces,
crece dentro de mí, me ocupa todo,
me expulsa su follaje delirante (19-20)

Los largos versos que presentamos son necesarios para evidenciar una distinción importante que Paz realizará entre instante y tiempo. El cronos es solo movimiento sin sentido que en su vorágine desmedida mata el sentido profundo de las cosas, de la historia, es por ello que «no hay nada detrás de sus imágenes» (20). El tiempo «con su horario carnicero» (19) no tiene mayor sentido que el de un parámetro de medida, una medición loca y precipitada. La historia no es solo un recuento anecdótico, ni hechos fenecidos localizables solo en el calendario. El instante, en cambio, consagra el momento justo en el que algo o alguien se revela. El instante se puede entender como el esfuerzo por extraer del fluir de la vida unos cuantos segundos palpitantes, e inmovilizarlos sin matarlos. Para Paz, el poema tiene esa capacidad de distinguir el instante del tiempo:

En ese aquí y en ese ahora principia algo: un amor, un acto heroico, una visión de la divinidad, un momentáneo asombro ante aquel árbol o ante la frente de Diana, lisa como una muralla pulida. Ese instante está ungido con una luz especial: ha sido consagrado por la poesía, en el mejor sentido de la palabra consagración […] el poema no abstrae la experiencia: ese tiempo está vivo, es un instante henchido de toda su particularidad irreductible y es perpetuamente susceptible de repetirse en otro instante (El arco y la lira, 186-187).

Esta distinción entre tiempo e instante nos permite señalar que el primero de estos tiene sentido en tanto historia concreta que posibilita el devenir del sujeto existente. Por su parte, el instante evoca la revelación del acontecimiento en el cual aquello relevante se torna sagrado en el sentido de separarse de lo ordinario; este separarse de deviene en una notabilidad que configura el sentido del sujeto que contempla, pero dicho acto contemplativo no es en modo alguno un olvido histórico ni una sustracción al compromiso que implica la construcción del mundo en el día a día, por el contrario, el instante hace que aquello que acontece, entre muy adentro de sí, eche raíces y crezca, pero precisamente su crecimiento nos lanza fuera de nosotros mismos, ahí donde se juega la vida ya vivida y por vivir: «oh vida por vivir y ya vivida, / tiempo que vuelve en una marejada / y se retira sin volver el rostro, / lo que pasó no fue pero está siendo / y silenciosamente desemboca / en otro instante que se desvanece» (20).

La aparente contradicción de aquello que pasó pero está siendo manifiesta la distinción, pero a la vez la íntima relación entre el tiempo y el instante, lo que nos hace pensar en la relación que el cristianismo establece con la protología y la escatología2. Protos y esjatos se unen en un hoy concreto, esta identificación no elimina ni mucho menos ignora la liminalidad, la finitud de nuestra existencia. Lo que ocurre es que la transforma, cambia nuestra conciencia de la muerte para plantearnos el hecho de que ciertamente estoy muriendo, dado que somos un ser para la muerte3, pero mientras llega el momento último, mientras no muero, estoy vivo, y esto vuelve a abrir el abanico del tiempo que ya se cerraba.

El poema sigue los derroteros de su propio canto, pero su laberíntico recorrido nos conduce de nuevo a la soledad, al lugar donde el yo se enfrenta a sí mismo descubriendo su finitud y vacuidad: «no hay nada en mí sino una larga herida, / una oquedad que ya nadie recorre // conciencia traspasada por un ojo / que se mira mirarse hasta anegarse / de claridad» (22-23).

El ojo que traspasa en su mirada la oquedad más profunda le revela la soledad del yo en su más pobre morada, el sí mismo; la claridad le permite ver el sinsentido de su ensimismamiento. Melusina y su atroz escama es la ilusión de un nombre sin cuerpo, o de un cuerpo sin mujer, alteridad vestida a medida y capricho de un yo coqueto y altanero, henchido de sí mismo y vacío de un tú, ergo, vacío de sí mismo, un yo peregrino que no ha podido llegar a la otra orilla: «¡caer, volver, soñarme y que me sueñen / otros ojos futuros, otra vida, / otras nubes, morirme de otra muerte! / esta noche me basta, y este instante / que no acaba de abrirse y revelarme / dónde estuve quién fui, cómo te llamas, / cómo me llamo yo» (24).

El instante se asoma de nuevo, la muerte de otra muerte acude a la cita, la muerte se presenta como revelación de la propia condición humana frágil, que afirma tanto la vida como la muerte. Viene de nuevo un giro, el poema intenta emprender la búsqueda entre la avenida Reforma de la Ciudad de México, Oaxaca, Bidart y Perote. Ciudades lejanas, latitudes distantes evocan la figura de un no lugar y un no tiempo, en donde, de pronto, algo ocurre; después de un vaivén de eventos que evidencian la dificultad de la búsqueda, unos labios se encuentran, y todo cambia: «todo se transfigura y es sagrado // el mundo nace cuando dos se besan» (28). El beso supone el encuentro4, pero este encuentro no es posible sin el deshacimiento, el anegarse, el despojarse que Paz sugiere a lo largo del poema. El amor es lo único que nos redime, la reconciliación con la otredad se torna experiencia de lo sagrado (Xirau, 30). Podemos preguntarnos ahora, ¿quiénes son los que se besan? Evidentemente son el yo y el tú, sin embargo, esta visión particular puede entenderse también desde una perspectiva cósmica, universal: los que se besan son Adán y Eva reinstaurando con su beso la caída cometida; la luna y el sol armonizando en el contacto de sus labios, el suave clarear de la aurora que surge en medio de la noche; Abel que regresa al tiempo originario y perdona a su hermano Caín, redimiendo así todos los asesinatos fratricidas de la humanidad; la justicia y la paz que se abrazan y se besan en el lecho de una sociedad aferrada a vivir en medio de la violencia, transformando en su beso el sentido de muerte y la destrucción. Asumir la propia vulnerabilidad posibilita el beso de dos que se reconocen; este reconocimiento es ya un reposicionamiento en el mundo, pero desde una perspectiva solidaria, para compartir el pan y el sol, y «el olvidado asombro de estar vivos» (30).

«Amar es desnudarse de los nombres» (30), nos recuerda el poeta. El amor implica pasar de la memoria intelectual a la memoria de los afectos. Ver el rostro supone el reconocimiento de un Otro que se impone ante mí. ¿Vale la pena atreverse a mirarle a los ojos? «El mundo cambia si dos se miran y se reconocen» (30), dice Paz, sin embargo, la memoria histórica recuerda lo cruento que resulta amar. Abelardo es castrado por atreverse a amar a Eloísa. ¿Tal vez sea mejor el crimen y el incesto, o tal vez es mejor vivir la castidad de los santos; o por qué no, la prostitución? ¡No! Es necesario despojarse de las máscaras para descubrir la transparencia que nos revela al Dios escondido que en su anonadamiento, es plenitud: «el mundo se despoja de sus máscaras / y en su centro, vibrante transparencia5, / lo que llamamos Dios, el ser sin nombre, / se contempla en la nada, el ser sin rostro / emerge de sí mismo, sol de soles, / plenitud de presencias y de nombres» (32).

Llama nuestra atención cómo en medio de la densidad de estos versos aparece sugerida lo que podríamos llamar la liberación del problema ontoteológico: «lo que llamamos Dios, el ser sin nombre» (32). Es decir, Octavio Paz (conocedor de la obra de M. Heidegger) se esfuerza por sacar a Dios del ámbito ontológico, del ámbito del ser. La transparencia plena que nombra el poema recuerda lo que Jean-Luc Marion señala en El ídolo y la distancia6 (1999), la divinidad que acontece en «Piedra de Sol» no se presenta como el ídolo que es sometido por la mirada del espectador; lo divino no es fruto de la fijación de la mirada, sino la «vibrante transparencia» que observa, y en su develarse/desnudarse se deja mirar. Una mirada diáfana que no cosifica; solo en esta relación de mirar y ser mirado es donde lo divino puede presentarse como plenitud de presencias y de nombres. Al sacar a Dios de la esfera del ser, Octavio Paz no aniquila ni mata la divinidad, tampoco le arrebata su divinidad, al contrario, el ser sin nombre paciano se acerca más al Dios bíblico, el Dios cuyo nombre es indecible: YHWH, tetragrama que en sí mismo es impronunciable y que evidencia esa realidad sin nombre, inefable. Dios no es un nombre, sino una presencia: «plenitud de presencias» (32). El Dios bíblico se presenta como aquel que está siendo con su pueblo («Yo seré el que seré»); el Yo soy de YHWH no implica una esencia ni la ousía griega, antes bien, indica la presencia constante, el Dios que camina con el pueblo de Israel, el Dios con nosotros (Emmanuel), que menciona el profeta Isaías7. Octavio Paz concibe que este Dios sin nombre está siendo aquí y ahora en el momento del encuentro con el Otro. Así, la desontologización de Dios que se percibe en la poesía de Octavio Paz conlleva la divinización de lo humano, y esto es posible gracias a un ejercicio encarnacionista. Es decir, si en el cristianismo el Verbo se hace carne, y con ello lo divino visita/asume lo humano, para Octavio Paz, en la creación poética, la palabra toma cuerpo y habla a través del encuentro y la comunión de los amantes, la carne habitada por la palabra poética nos presenta el sacramento del amor de la pareja que se abandona uno en el otro, el sacramento de la carne es así signo sensible y eficaz de una nueva dimensión redentora: la del amor. Así, al huir de la metafísica, lo divino se reconcilia con lo humano. Lo que estamos advirtiendo en el poema de Paz es una correspondencia de lo sagrado con lo erótico, a través de la palabra poética. Esta correlación no es nueva, ya que, según nos recuerda José Emilio Pacheco, «[tanto] religiosos y trovadores, [como] caballeros y monjas usan un mismo lenguaje erótico. El amor sexual adopta un tono místico, la devoción se tiñe de erotismo» (264).

En los mismos versos citados se evidencia una oposición de contrarios: despojo/plenitud, máscaras/transparencia, Dios/nada, ser sin rostro/plenitud de rostros. ¿Cómo leer esta relación de contrarios? Hay que despojarse de sí mismo, y en el fondo del vacío descubrir que «no hay tú ni yo, mañana, ayer, ni nombres, / verdad de dos en un solo cuerpo y alma, / oh ser total» (27). Y en esta acción de vaciamiento, contemplar aquello que se revela. De modo peculiar, estos versos evocan en nosotros la narrativa de la encarnación, la cual supone el momento en donde lo divino asume lo humano en la carne misma, Dios que desea un cuerpo para sí. Desde esta perspectiva, la encarnación une el sentido protológico de la creación con el esjaton que deja ver el horizonte esperanzador hacia el cual estamos llamados: vivir conforme a la dignidad de hijos, la dimensión relacional altérica e histórica en la que Paz insiste en su poema.

Continuemos, la búsqueda prosigue: «busco tu rostro, camino por las calles de mí mismo» (32). Se va describiendo un caminar mutuo hasta perderse en un flotar a la deriva en donde nada pasa. «No pasa nada, callas parpadeas / (silencio: cruzó un ángel)» (33), y con esa presencia alada viene una interrogante y una crítica a la pasividad histórica. ¿Será verdad que nada ocurre salvo un parpadeo? La tentación de la contemplación descomprometida en la que se arrojó María, la del evangelio de Juan, es una constante advertencia a la confusión de una mística pasiva, ensimismada en el ego. El parpadeo parece ser el cambio de situación que evoca nuevamente a la memoria histórica que traerá al presente la protohistoria bíblica con el génesis, las narraciones fratricidas y la violencia social primigenia, la evocación de las víctimas asesinadas en distintas latitudes8, hasta que la voz del profeta y el grito de la víctima parecen despertarnos del letargo histórico: «el ruido oscuro / que hacemos al morir y ese jadeo / de la vida que nace y el sonido / de huesos machacados en la riña / y la boca de espuma del profeta / y su grito y el grito del verdugo / y el grito de la víctima» (35). ¿Podemos ser sordos a ese grito? La historia teñida de rojo violenta el recorrido. Es entonces cuando aparece la imagen del fuego purificador de la mirada: «Son llamas / los ojos y son llamas lo que miran, / […] / braza los labios y tizón la lengua, / […] / todo se quema, el universo es llama, / arde la misma nada que no es nada / sino un pensar en llamas, al fin humo: / no hay verdugo ni víctima» (35-36).

A pesar de todo, nada pasa, al parecer, no hay redención, la muerte no cambió nada. Se hace evidente una crítica al sentido teológico que la tradición cristiana ha dado a la muerte redentora, la violencia que provoca la muerte, en sí misma, no redime. No es la muerte física la que salva, necesitamos una muerte distinta. Aparece así otro giro en el poema: «¿la vida, cuándo fue de veras nuestra?» (37). El párrafo completo apela, tal vez, a la necesidad del vaciamiento, para que, en medio de nuestra propia nada, hagamos espacio para que el Otro nos invada, nos penetre. De lo contrario, cuando la vida se vive solo para sí, no tiene sentido; la búsqueda redunda en un yo que no se pronuncia, por ende, sin reconocimiento. Cuando el yo es amo y señor de la vida del Otro, nada vale. Contrario a ello, si la vida la buscamos a partir del tú, entonces viene el gesto donante, la común unión que señala a un yo en el tú, y a un tú en el yo. Es así como se puede ser «pan de sol para los otros» (37).

Cruzando por los derroteros de la historia, en el drama del mundo donde se entreteje lo bello y lo terrible, el rostro del yo se configura en el crisol de la donación: «para que pueda ser he de ser otro / salir de mí, buscarme en los otros, / los otros que no son si yo no existo, / los otros que me dan plena existencia / no soy, no hay yo, siempre somos nosotros» (37).

Si la conciencia de la propia finitud es el supuesto para el lance al reconocimiento del Otro, y el vaciamiento de sí es la acción que soporta la donación, el rostro del Otro no es solo la impronta ética defendida por E. Levinas; más allá del plano ético, Octavio Paz resalta la dimensión erótico-agapéica, el rostro es también quien configura la identidad, «mi cara verdadera, la del otro» (38). La búsqueda parece resultar fructífera: en el Otro vivo y con-vivo, contemplo amaneceres cada día, y él, el yo, suplica: «llévame al otro lado de esta noche, / adonde yo soy tú somos nosotros / al reino de pronombres enlazados» (39-40).

La noche es el lugar de la energía volcada al interior, frente al día en donde las fuerzas se despliegan al exterior. Desde la perspectiva del psicoanálisis de C. G. Jung, en la noche ocurre la introversión de la libido, pero también es donde ocurre la fantasía. Ahora bien, la súplica del acompañamiento para cruzar la noche evoca ya una larga tradición en donde la noche está cargada de un vasto simbolismo. En el ámbito judeocristiano, la noche es el lugar del silencio, es donde ocurre el encuentro; la noche implica la ausencia, en este sentido, la carencia de la luz refleja en buena medida esa nada, ese no lugar del que hemos venido hablando. La noche se presenta así como la tenue luz que buscan los que se aman, la noche obscura se torna en la discreta luz que brilla en las tinieblas9.

Considerar la presencia de ciertos elementos teológicos o religiosos en un poema cuyo autor ha sido identificado como agnóstico puede resultar una osadía, no obstante, creemos que el agnosticismo, en su creer imposible un conocimiento de lo divino, no cierra la puerta a su búsqueda, por el contrario, queda abierta, y si algo se plantea Octavio Paz en su obra, es la sed de otredad. «Piedra de Sol» es, a nuestro parecer, una búsqueda laica que intenta balbucear la experiencia de lo divino que acontece en la experiencia del yo, que busca sentido desde lo cotidiano de su acontecer. Se trata de una configuración del sujeto religioso desde un contexto secular, en donde el poeta mexicano no tiene reparo en utilizar una serie de alusiones que son propias del lenguaje religioso para referir, con dichos términos, a la constante búsqueda que está ligada a la experiencia del amor que nos habita, un amor que intenta vencer la soledad laberíntica en el encuentro del ser amado, y en dicho encuentro, trascender en el «reino de pronombres enlazados» (40). El itinerario circular es el itinerario del peregrino que se aventura por los derroteros del laberinto en busca de un acto de verdadera comunión, este peregrinar implica caminar por el desierto del yo, morir a sí mismo y llegar al otro lado, a la otra orilla, donde el sol nace y con su radiante luz baña los cuerpos y los ilumina, y con su fuerte resplandor nos hace despertar de aquel sueño sin sueño, «de mi bruto dormir siglos de piedra» (41), para llegar no adonde empezamos el viaje, sino donde el árbol de la vida hunde sus raíces en aquel río inquieto: «un sauce de cristal, un chopo de agua, / un alto surtidor que el viento arquea / un árbol bien plantado mas danzante, / un caminar de río que se curva, / avanza, retrocede, da un rodeo / y llega siempre» (41).

Obras Citadas
Marion, Jean-Luc. (1999). El ídolo y la distancia. Salamanca: Sígueme.
Pacheco, José Emilio. «Descripción de “Piedra de Sol”». En Luz espejeante: Octavio Paz ante la crítica. Ed. Enrico Mario Santí. Ciudad de México: Era-UNAM, 2009. 260-271.
Paz, Octavio. (1957). Piedra de Sol. Primera edición. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, Colección Tezontle.
—El arco y la lira. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 2010.
Phillips, Rachel. (1972). The poetic modes of Octavio Paz [Los modos poéticos de Octavio Paz]. London-New York: Oxford University Press.
Santí, Enrico Mario. (2009). «Introducción». En Octavio Paz. Libertad bajo palabra. Madrid: Cátedra. 11-68.
Wilson, Jason. (2007). «Piedra de Sol». En Octavio Paz. Lecturas de Piedra de Sol. Edición conmemorativa. Ed. Hugo Verani. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica. 92-105.
Xirau, Ramón. (2007). «Notas a Piedra de Sol». En Octavio Paz. Lecturas de Piedra de Sol. Edición conmemorativa. Ed.
Hugo Verani. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica. 28-35.
Verani, Hugo. (2007). «Piedra de Sol: cincuenta años de eternidad». En Octavio Paz. Lecturas de Piedra de Sol. Edición conmemorativa. Ed. Hugo Verani. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 2007. 11-28.

Notas
(1) En adelante, todas las citas del poema se indicarán únicamente con el número de la página.
(2) La protología alude a los orígenes del cosmos en donde todo es, gracias al acto creativo divino, el cual no es sino el fruto del deseo donante de Dios. Por su parte, la escatología refiere a la regeneración del caos del mundo caído en las redes de la violencia que pervierte el deseo donante, la escatología es pues un acto generoso de donación del eros divino que reorienta (entona) al mundo con su origen primigenio.
(3) La lectura que Paz hace de M. Heidegger es más que evidente. En El arco y la lira, esta observación queda más clara en el momento que el poeta mexicano aborda el sentido del tiempo en la poesía.
(4) Jason Wilson vislumbra en aquel beso el instante de amor en el cual se conquista la verdadera libertad (99).
(5) Ante la idea de la transparencia, Rachel Phillips señala un modo completamente abierto a la trascendencia por parte del poeta; con claros ecos de la fenomenología de R. Otto, la autora señala que se trata de un sentimiento numinoso expresado como apertura ante la otredad, una presencia otra, casi inefable, la cual, el poeta solo puede concebir o hablar desde/en el cuerpo de la mujer. «“Piedra de Sol” use “transparency” in its most transcendent sense […]. The first evident fact about this concept is its relationship with the animaprinciple […] the sense of ineffable presence is felt through the body of a loved woman» (110-113).
(6) En dicha obra, Marion señala que Dios se nos desvela en la figura del icono, Dios mismo viene a la mirada, ya que, mientras en el ídolo hay una mirada por parte del sujeto que intenta conocer —conceptualizar— aquello que ve. En el icono hay desvelo, Dios nos mira y se deja mirar, y en ese acto develatorio, la distancia, paradójicamente, es cercanía. volver
(7) «He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel (Dios con nosotros)» (Is 7,14).
(8) Octavio Paz menciona una serie de personajes: el presidente norteamericano Abraham Lincoln, el socialista incómodo León Trotski, el mexicano Francisco I. Madero, todos ellos líderes e ideólogos políticos asesinados. volver
(9) Véase, Jn 1,5: «Y la luz brilló en las tinieblas». volver

https://cvc.cervantes.es/literatura/tradicion_rupturas/melendezhtm

Luis Gustavo Meléndez Guerrero nació en Victoria de Durango, Estado de Durango, México. Su formación académica ha transcurrido entre la filosofía y la teología. Ha ampliado su formación académica en Twin Cities Minnesota y Boston MA. Áreas de Interés: Estética y Teología: Relaciones entre literatura y teología. Teología postmoderna. Es doctor en Humanitats por la Universidad Pompeu Fabra (2016) con la tesis “Octavio Paz: El poema y sus epifanías. De camino a una teopoética”. Es profesor titular de la universidad Iberoamericana Ciudad de México.

 

 

 

Biblioteca Octavio Paz en la Ciudad de Guadalajara Estado de Jalisco

 

Octavio Paz: as trilhas do Labirinto (Trecho)
Antonio Paulo Rezende Universidade Federal de Pernambuco

OS CÓDIGOS DO MUNDO
Octavio Paz é, sobretudo, um poeta. O significado de seus escritos transcende as formulações que podem ser feitas por escritos, preocupadas apenas, com a clareza e a construção lógica da argumentação. O mais importante é que ser poeta não se restringe a fazer versos ou estruturar poemas. Isso se verifica na obra de Paz; mas os seus ensaios e artigos podem ser considerados também dentro de uma dimensão poética, compreendidos pelo seu significado estético e pela capacidade de inventar códigos para o mundo e encantá-lo, pelo seu poder de sedução e permanência. O poeta afirma-se por sua linguagem fundante e múltipla, seu ofício é primordial para a construção da cultura, para a inscrição e a restauração de símbolos. A obra de Paz é vasta, pontuada de reflexões sobre a história e a modernidade e por uma preocupação com os homens e suas relações sociais. O poeta não está descomprometido com a realidade em que vive, sugere alternativas, formula utopias, acreditando que a cultura não se explica, apenas, por uma racionalidade mecânica, porém, precisa ser lida nos seus conteúdos míticos que elucidam a razão de muitas perdas e desencontros. A complexidade do mundo e da cultura é um desafio para quem busca decifrar seus significados e descrevê-los. Ítalo Calvino, numa síntese preciosa, mostra-nos diálogos entre Marco Polo e Kublai Kan as possibilidades e a importância de se conhecer o mundo e as coisas, sem desprezar a relação entre forma e conteúdo, tão presente na obra de Octavio Paz:

Marco Polo descreve uma ponte, pedra por pedra.
¿Mas qual é a pedra que sustenta a ponte? – pergunta Kublai Kan.
A ponte não é sustentada por esta ou aquela pedra – responde Marco -, mas pela curva do arco que estas formam.
Kublai Khan permanece em silêncio, refletindo. Depois acrescenta:
¿Por que falas das pedras? Só o arco me interessa.
Polo responde:
Sem pedras o arco não existe1.

A nossa análise de aspectos da obra de Octavio Paz, na perspectiva de buscar elementos para compreender a relação entre o antigo e o moderno, não perderá de vista, portanto, a dimensão poética, respeitando a sua especificidade. Além disso, queremos reafirmar uma observação feita por Javier González:

“Lo que muestra la lectura del poeta mexicano es que el pensamiento, de manera análoga al Universo, no tiene un centro verdadero; que todo centro es móvil y relativo. El gran esfuerzo de Paz se orienta a reafirmar la verdad conocida desde siempre por poetas y hombres de sabiduría: que el centro del mundo se encuentra en el corazón de cada hombre”2.

A obra de Paz é uma abertura para a compreensão dos impasses da modernidade, marcada pela subjetividade do autor, que explora a diversidade, sem perder o sentido lúdico que se inscreve na montagem do seu texto. A obra de Paz requer cuidados, pois sua leitura do mundo não esconde as contradições e se posiciona diante delas, é uma permanente busca. Ele mesmo ressalta que:

“Escribimos para ser lo que somos o para ser aquello que no somos. En uno o en otro caso, nos buscamos a nosotros mismos. Y si tenemos la suerte de encontrarnos -señal de creación- descubrimos que somos un desconocido. Siempre el otro, siempre él, inseparable, ajeno, con tu cara y la mía, tú siempre conmigo y siempre solo”3.

Esse jogo dos contrários, a anunciação de perdas e ganhos que se sucedem na construção dos labirintos da cultura é constante na obra de Paz. Há uma tradução insistente do mito de Prometeu, dessa luta para dar uma ordem ao mundo e, ao mesmo tempo, enfrentar a persistente ameaça de caos, a presença de memórias do passado que mostram as rupturas e as tentativas de reconciliação, como se tivesse existido um tempo sem confrontos entre os homens e a natureza, daí a visualização de um paraíso que se perdeu, o incômodo da instabilidade e da insegurança, junto com a fantasia de também serem deuses ou semelhantes a eles. Parece que existe uma comunidade a se fundar, porque existe uma comunidade que se perdeu. Paz traça uma trilha de inconformismos, sem, contudo, entregar-se a um niilismo absoluto. Somos, para ele, seres incompletos que inventamos a cultura, numa procura quase desesperada de transcendência e ou mesmo de sublimação de nossas imperfeições, criando fantasias e imagens que amenizam nosso sofrimento, mas que não dão respostas para a solução de nossos enigmas. O território da cultura é um espaço de interrogações específicas de cada uma delas, mas também universais. Refletindo sobre a história do México sintetiza:

“No, no es arbitrario ver nuestra historia como un proceso regido por el ritmo – o la dialéctica – de lo cerrado y lo abierto, de la soledad y la comunión. No es difícil advertir, por otra parte, que el mismo ritmo rige las historias de otros pueblos. Pienso que se trata de un fenómeno universal. Nuestra historia no ha sido una de las versiones de ese perpetuo separarse y unirse con los mismos que ha sido, y es, la vida de todos los hombres y los pueblos”4.

As afirmações de Paz remetem-nos ao cerne de sua construção teórica, enfatizada por uma parte de seus intérpretes. Já existe uma extensa produção que dá conta das várias travessias da obra de Paz. Escolhemos alguns autores que vão nos ajudar a conhecer mais de perto suas reflexões. Maya Schärer-Nussberger navega pela obra poética de Paz; Jorge Aguilar Mora preocupa-se em mostrar as contradições, em demistificar; Javier Gonzalez constrói o que entende ser a cosmologia poética de Paz; Enrico Mario Santi faz uma ampla análise da obra ensaística de Paz, traçando seus caminhos e opções; e Lúcia Fabrini de Almeida, uma síntese das principais concepções do autor. São leituras que nos servirão para formular contrapontos. Sabemos que as obras completas de Octavio Paz foram publicadas em 14 volumes e que a Bibliografia Crítica de Octavio Paz, publicada por Hugo Verani inclui mais de 6 mil referências. Estamos, portanto, diante de um escritor que conseguiu se universalizar e sua própria trajetória de vida pessoal facilitou esses diversos contatos com outros povos e culturas, presentes de maneira marcante na elaboração de seus textos. Tem razão Alicia Correa Pérez quando afirma que:

“Octavio Paz, más que generador de un discurso exclusivamente poético, es el intelectual que ha creado un discurso literario muy serio, estética y comprometido; producto, por una parte, de una ideología política personal, y, por otra, de un amplio y auténtico conocimiento de la literatura y arte universales”5.

Nessa perspectiva, poderíamos explorar essa relação com a dialética, com os jogos dos contrários, já assinalados anteriormente. Paz trabalha insistentemente com a dualidade, com a contradição: vida/morte, história/mito, eu/outro, abertura/fechamento, tradição/ruptura. Seu pensamento se constrói tecendo relações, mesmo entre conceitos abstratos, quando o autor trabalha com aspectos do modernismo ou mais concretos, como veremos na análise do livro El Laberinto de la Soledad. Esse jogo dialético faz parte de sua argumentação, mas também de sua estética. O texto de Paz é sempre sedutor, atraente, mesmo que discordemos das suas “verdades”. Dá importância à forma, à cartografia das palavras. É importante frisar, porém, que a contradição para o autor é um dado da realidade histórica e também da construção do imaginário social. Essa facilidade de criação de linguagens, de explorar os aspectos lúdicos do texto, é bastante celebrada pelos estudiosos da obra de Paz. Quando formula seu conceito de modernidade, ele usa um desses pares, aparentemente inconciliáveis, tradição e ruptura, de maneira singular. Afirma Paz que “La modernidad es una tradición polémica y que desaloja a la tradición imperante, cualquiera que ésta sea; pero la desaloja sólo para, un instante después, ceder el sitio a manifestación otra tradición que, a su vez, es otra manifestación momentánea de la actualidad”6. É permanente, no autor, essa preocupação em mostrar que nas oposições se escondem possibilidades de complementaridade.

Se a modernidade se constrói com a relação dialética entre o antigo e o moderno, a idéia de que o moderno rompe radicalmente com o passado camufla e mistifica, contribuindo para pensarmos a relação entre o passado e o presente de uma maneira linear. Mas Paz faz uma advertência:

“Lo moderno no se caracteriza únicamente por su novedad, sino por su heterogeneidad. Tradición heterogénea o de lo heterogéneo, la modernidad está condenada a la pluralidad: la antigua tradición era siempre la misma, la moderna es siempre distinta. La primera postula la unidad entre el pasado y el hoy; la segunda, no contenta con subrayar las diferencias entre ambos, afirma que ese pasado no es uno sino plural”7.

A tradição da ruptura aponta para uma relação de estranhamento entre passado e presente, necessária para que o moderno se constitua enquanto descontinuidade. A história das vanguardas do modernismo aponta para um fazer estético que sempre desafia, que se pensa como origem do instituinte, como negação do que já foi instituído. A tradição, o que se repete, é o desejo de ruptura, e não a exaltação do antigo como modelo, mas da consagração do novo, do diferente. A releitura ou a nova significação que é dada ao conceito de tradição torna bastante evidente a ambigüidade que marca a relação entre o antigo e o moderno. O rompimento com os padrões clássicos cria a abertura para o novo, mas também a fetichização do novo, uma ânsia de velocidade que leva ao esvaziamento posterior dos mais festejados movimentos artísticos de vanguarda. O moderno se torna um clássico, um modelo a ser imitado, perde sua aura, com a massificação e a industrialização da cultura.
As teorizações de Paz recebem de Jorge Aguilar Mora, no seu livro La Divina Pareja, críticas radicais. Mora elogia o poder de sedução dos textos de Paz, mas observa que ele esconde aspectos contraditórios e vazios da obra do autor. Para Mora:

“Si se lee con cuidado el esbozo histórico de Paz se verá que la continuidad está dada por la oposición de varias parejas abstractas: origen contra contemporaneidad (esbozo), ser contra no-ser, identidad contra negación de la identidad… Esta oposición tiene como fundamento de principio la Unidad anterior: la reconciliación del origen con el presente ( o con el futuro) no es un tipo preciso de historia sino una Identidad”8.

Mora refuta também o conceito de modernidade e sua concepção de história. Segundo Mora, por conceber a história como una linha reta ou curva, como uma sucessão, Paz termina por não perceber a complexidade dos fenômenos históricos, pois a história, para ele, “es el presente que asimila todas las contradicciones de todos los pueblos, pero sólo es un plano sincrónico, infinitamente sincrónico: el presente eterno, el presente que se desplaza con el presente de historiador historicista”9.

As críticas de Mora reforçam a idéia de que, na obra de Paz, o encanto da forma esvazia o conteúdo, obscurece o concreto, constrói o mito, busca uma identidade perdida, inventa conceitos como figuras retóricas. O poeta não consegue dar substância, portanto, às suas análises, ficando seus textos enredados no lúdico, no jogo estético dos significados. Não é, contudo, essa a compreensão que Lúcia F. de Almeida tem da obra de Paz, quando afirma que, ao pensar as produções culturais do homem, “privilegia determinado operador temporal, sem excluir os demais que se organizam como pano de fundo, a criar sintaxes de figura e fundo”10. A operação pode ser pensada a partir das imagens de um caleidoscópio, pois são múltiplas leituras do mundo que buscam analisar a sua complexidade e diversidade. O próprio Paz descarta uma concepção linear de tempo, considerando a multiplicidade das suas representações. O tempo é, efetivamente, uma categoria básica para se pensar a história e a possibilidade de compreendê-la.
Em outros ensaios do autor, especialmente em Los Hijos del Limo, está presente a preocupação com a dimensão temporal da história e da cultura, inclusive como ela está incorporada e se apresenta nas obras do modernismo. Não se pode exigir de Paz as medidas de uma lógica cartesiana. Não se trata de afirmar, portanto, como faz Mora, que Paz cria máscaras para a história, transformando-a numa sucessão de signos e imagens. Por trabalhar com as múltiplas dimensões, Paz não nega suas invariáveis, mas não despreza a idéia da existência de uma natureza humana. Numa entrevista concedida a Enrico Mario Santi, afirma:

“Hay aquello que decía aquel historiador inglés Toynbee, que hay un ritmo de salida y regreso; es el ritmo de todos los hombres, es el ritmo humano: salimos da la matriz y volvemos a la tumba. Esa es la vida del hombre y nuestra vida personal. Como en la vida de las sociedades este doble ritmo de salida y retorno se reproduce no una sino muchas veces. Yo he salido y he regresado muchas veces. Este ritmo de regreso y salida es fundamental”11.

Está sempre presente, na obra de Paz, muitas vezes metaforicamente, a idéia de que existem as histórias de cada um, com suas singularidades e seus movimentos, suas permanências e suas mudanças, mas há marcas, comuns a todos os homens, que nem o ritmo veloz de mudança da modernidade conseguiu destruir. Esse parece ser um dos fundamentos básicos da cosmologia poética de Paz, da sua leitura dos códigos do mundo e da criação de seu próprio código: “uno escribe para ser uno mismo, pero, en realidad, uno escribe para ser otro, ese desconocido que escribe en nosotros”.

As trilhas do labirinto são inúmeras, mas talvez essa multiplicidade esconda na verdade, a existência de apenas uma única trilha que nos levaria com segurança à saída que buscamos, as vezes desesperadamente. A história se move a partir dessas incertezas, de uma memória que guarda lembranças confusas de um passado aparentemente perdido, que nos persegue e nos alimenta, como mito fundador que nos atrai para um ponto de origem. O moderno nos aponta para o futuro, procura desviar nosso olhar das imagens pretéritas, desfazer nossas lembranças, ora substituindo-as por utopias, ora pela busca constante do novo. A modernidade inaugura a crítica radical ao tempo que se contempla a si mesmo e se acha definitivo. Mexe com o narcisismo e termina por se deixar levar por suas armadilhas. Paz nos coloca todas essas interrogações, recorrendo a sua capacidade de explorar as contradições como parte constante da construção da história, mas elas não são fundantes, não fazem parte dos primeiros códigos do mundo. Elas evidenciam que algo foi perdido, talvez a harmonia entre o homem e a natureza ou a identidade entre a palavra e a coisa, na perspectiva da linguagem.

A história realiza-se como uma possibilidade sempre presente de reconciliação, porém não possui um sentido imanente. Talvez Foucault tenha razão quando conclui que “A história não tem ‘sentido’, o que não que dizer que seja absurda ou incoerente. Ao contrário, é inteligível e deve poder ser analisada em seus menores detalhes, mas segundo a inteligibilidade das lutas, das estratégias, das táticas”12. Foucault está fazendo uma crítica à “dialética”, reduzida ao esqueleto hegeliano, e à “semiologia” que, para ele, disfarça o caráter violento da história, com suas disputas e lutas pelo poder. Nas análises históricas de Octavio Paz não está excluída a idéia de conflito, nem tampouco se compreende a história como um território de limites claramente definidos. Há uma complexidade que as palavras ajudam a desnudar, mas também a esconder. O poder da linguagem é ressaltado por Paz: “La historia del hombre podría reducirse a la de las relaciones entre palabras y el pensamiento. Todo período de crisis se inicia o coincide con una crítica del lenguaje”. E acrescenta, lembrando as análises de Nietzsche que “Al desvelar el significado de ciertas palabras sagradas e inmutables- precisamente aquellas sobre las que reposaba el edificio de la metafísica occidental-minó los fundamentos de esa metafísica”13. Há, pois, uma relação dialética entre as palavras e as coisas.

A arquitetura do labirinto sintetiza toda uma concepção de história que, no caso de Paz, está articulada com sua concepção de linguagem. Há trilha(s), saída(s), porém, nem mesmo sabemos se é possível a reconciliação. Essas incertezas nos trazem a dimensão mítica da construção do mundo. Os mitos nos encantam porque “revelam tudo o que se passou, desde a cosmogonia até a fundação das instituições sócio-culturais.” É importante acrescentar que “essas revelações, entretanto, não se constituem um conhecimento no sentido estrito do termo, elas não exaurem o mistério das realidades cósmicas e humanas”14. Os escritos de Octavio Paz não têm a pretensão de esgotar o real, encontrar-lhe uma forma definitiva, mas não desprezam o mito e atraem pela sua magia, pela sua busca do universal, sem perder de vista as fronteiras do seu território, ao mesmo tempo em que registram a dimensão trágica da história, lembrando-nos Nietzsche e Freud, pensadores presentes na elaboração das suas idéias. Há um mal-estar permanente que atravessa a construção da cultura. Tudo isso se relaciona com a condição humana, marcada pela imperfeição e pela mortalidade. A nossa capacidade de inventar e criar não nos livra nem da solidão, nem do labirinto.

 

 

 

 

O LABIRINTO E A SOLIDÃO
El Laberinto de la Soledad é o livro mais famoso e polêmico de Octavio Paz. Publicado em 1950 e escrito entre 1948 e 1949, em Paris, tornou-se, para Enrico Mario Santi, “una de las piezas clave de la literatura moderna: ensayo él mismo moderno y reflexión crítica sobre la modernidad”. A dimensão do livro é comparada a outras obras importantes escritas para se discutir o tema da identidade nacional, como Casa Grande e Senzala (Gilberto Freyre), Radiografía de la Pampa (Ezequiel Martínez Estrada), La Expression Americana (José Lezama Lima). Paz reflete sobre a história do México, sua identidade, a mexicanidade. Segundo afirmações do próprio Octavio Paz, ele não teve, ao escrever seu livro, “ningún propósito didáctico o moral sino un propósito de autoconocimiento y claro, al tratar de reflexionar sobre uno mismo, uno reflexiona sobre su propria historia y sobre la historia de los que son de su sangre o de su sociedad”15. No entanto, Jorge A. Mora afirma que “No hay en Paz ningún intento de historificar ningun de esos rasgos, ningún intento de mostrar su mecanismo naturalizador: los asume como imágenes y los analiza como fenómenos que resultan ser puros epifenómenos, es decir, máscaras impuestas al mexicano”. Para ele, “Si Paz no sitúa temporalmente su libro es por algo: situarlo hubiera representado incluir causas sociales, políticas, económicas que le hubieran destruido ese equilibrio ideal que construyó” portanto, El Laberinto de la Soledad é resultado, na visão de Mora, de uma modelo de análise idealista, niilista, que mostra o caráter conservador da crítica cultural de Octavio Paz16.

Não se pode negar que há, no livro, um propósito de apresentar as tradições mexicanas, suas máscaras, seus desejos de ruptura, suas perdas, suas impossibilidades de sair do labirinto, sua solidão contemporânea da modernidade. O mexicano firma sua identidade histórica, inventando suas singularidades, traçando suas diferenças com outros povos e culturas, criando formas e espelhos para traduzi-las. Ao ser ele mesmo, termina por universalizar-se, eis o cerne da dialética de Paz. Refletindo sobre a história mexicana, o autor reflete sobre si mesmo, sobre a condição humana, sobre a história na sua dimensão mais ampla, com sua arquitetura labiríntica e seu equilíbrio instável. O texto de Paz é uma revelação, contém descobertas, mas mantém o olhar de desconfiança sobre o destino da modernidade. Paz parece não querer cultivar certezas nem utopias, nem estrutura um tempo sistemático, previsível, apesar de respeitar a sucessão dos fatos da história tradicional. Esconde-se na solidão que os códigos da linguagem lhe permitem, para não fugir da coerência que marca sua obra, sua identidade possível, que é o fio que pode nos conduzir pelos caminhos dos seus labirintos. Usa a história como pretexto para fazer uma reflexão sobre o ser e a identidade, sobre a permanência e a mudança, num tempo de longa duração, no qual o real e o imaginário dialogam com o autor e com seus leitores.

Como ensaio, El Laberinto de la Soledad é uma interpretação da realidade, construída por meio de imagens sedutoras, mas que revela o sentimento e a compreensão do autor sobre a história mexicana. Na análise de Patricio Eufracio S., há uma tendência arquetípica nos ensaios de Paz, pois “pretende una interpretación, una recreación ideal que se contituye en el idóneo punto de partida para vivir en y com la realidad”. Estruturando seus ensaios combinando o discurso narrativo com o lírico, “Paz crea el arquetipo que permite traducir la impersonal y inasible realidad de todos, en una realidad particular u propia, y, por ello, existente y manejable hacia los demás”. A linguagem literária assume lugar fundamental, o que Eufracio chama de “literaturización de la realidad”; “Los personajes sobre lo que versa-héroes y antihéroes- pueden ser personas, conceptos poético y literários o hechos de la historia”17. Essa dimensão literária contribui para que o livro de Paz seja visto também como “punto de partida generador de la literatura urbana”18. A obra de Paz teve uma recepção polêmica, pois, segundo Adolfo Castañon:

“ponía al descubierto muchas de las capas morales que constituyen el entonces y, tal vez todavía, intocable ser del mexicano: una de ellas es el resentimiento, esa avidez vengativa que nace en el corazón y sometido; otra es el parricidio y la consagración simbólica de la violencia”19.

El Laberinto de la Soledad tem conteúdo múltiplo, não pode ser vista apenas como um ensaio histórico-literário, além de expressar toda uma experiência intelectual vivida por Octavio Paz, suas leituras de Roger Caillois, Nietzsche, Freud, Marx, os surrealistas e tantos outros, sem que isso anule a subjetividade do autor e a singularidade da sua obra.

Para os estudiosos da obra de Octavio Paz, o ponto de partida de El Laberinto de la Soledad é o livro de Samuel Ramos El Perfil del hombre y La Cultura en México, texto clássico sobre a identidade mexicana publicado em 1934, na mesma década em que no Brasil saíam Evolução Política do Brasil (Caio Prado Júnior), Casa Grande e Senzala (Gilberto Freyre), Raízes do Brasil (Sérgio Buarque de Holanda). Pela estrutura de capítulos, percebem-se os temas básicos enfocados pelo autor: o ser mexicano e suas contradições, as dificuldades de superar as marcas da colonização e de se inserir na modernidade, as máscaras que ocultam ou dissimulam o ser mexicano, a forte presença da religião na cultura mexicana, as relações ambíguas entre o sagrado e profano. O livro, que não teve grande repercussão em seu lançamento, é um ensaio com uma dimensão poética sempre presente, na perspectiva moderna, em que razão e mito dialogam na busca de um sentido para a história e/ou na possibilidade de encontrar uma saída do labirinto. As relações entre o passado e o presente mostram como os tempos históricos se misturam e se confundem. Paz ressalta as permanências e os artifícios políticos utilizados para disfarçá-las.

A sua análise está bastante influenciada pelas teses freudianas sobre a cultura e os conflitos humanos. A forma de o passado se repetir no presente revela o drama, não do mexicano, mas do ser humano, as suas neuroses e angústias, a procura do equilíbrio que nunca se concretiza. As instituições da cultura, ao mesmo tempo que revelam uma capacidade do homem de resolver seus impasses e construir seu domínio sobre a natureza, impõem regras, disciplinam, reprimem e controlam os desejos. A morte e a vida, o prazer e o desprazer, os sonhos e o princípio de realidade, o consciente e o inconsciente formam pares importantes na análise de Paz que testemunham sua ligação com Freud. A leitura do passado é, portanto, imprescindível, para se desvendarem as trilhas que seguimos e a possibilidade de redefini-las, para estabelecer as relações entre história e memória, cruciais para se entender a obra de Paz. Como assinala Freud, “No podemos sino atenernos a la conclusión de que en la vida psíquica la conservación de lo pretérito es la regla, mas bien que una curiosa excepción”20. Os quatro primeiros capítulos de El Laberinto apontam, claramente, para a utilização de conceitos freudianos, a importância da “otredad”, quando comparam os pachucos aos norte-americanos, pontuando suas singularidades.

A escolha da solidão como tema revela outras raízes da obra de Paz. Segundo afirma Enrico Mario Santi:

“Al escoger el término soledad por encima del de alienación, Paz recoge, por tanto, toda esta tradición filosófica pero también crítica: soledad es la imagen concreta del concepto abstrato alienación. Mientras que la alienación se piensa, la soledad se siente o, mejor dicho, se padece”21.

O conceito de alienação marca presença hegeliana na obra de Paz, com uma leitura influenciada evidentemente pelas ligações que Paz tem com o romantismo. A solidão e a alienação expressam perdas e distanciamentos, são conceitos pensados ou experiências vividas, através da relação do eu com o outro, nossos espelhos, nossas referências para a construção das nossas identidades. A solidão expressa a dificuldade de se reconciliar com o outro, a nostalgia de algo que foi perdido, que nos tira a coragem de enfrentar o mundo, ou mesmo nosso desencantamento com as coisas que nos cercam, uma certa dose de niilismo. Nessa perspectiva, o estudo da história pode fazer emergir o que está escondido ou aparentemente perdido, abrir caminhos para a reconciliação, lembrando o sistema filosófico que Hegel elaborou a partir do uso da lógica dialética, já preocupado com as rupturas e fragmentações apresentadas pelo mundo moderno.

Outro filósofo presente na obra de Paz é Nietzsche, sem dúvida um dos grandes críticos da modernidade, dos seus valores e da sua concepção de mundo. El Laberinto de la Soledad é um ensaio crítico que revela a decepção do seu autor com as aventuras da modernidade. A sua crítica à modernidade está presente na maioria dos seus ensaios, na sua admiração pelo romantismo, na construção da sua concepção de história. Paz, mesmo antes que a discussão sobre o pós-modernismo e a pós-modernidade ganhasse espaço, já anunciava os limites da modernidade. Faz essa crítica sem, porém, renunciar a uma linguagem que traduz sua vinculação com a literatura moderna. A dialética do antigo e do moderno tem significado importante nas suas reflexões, por isso seus textos revelam contradições ou relação singular entre forma e conteúdo. Seu pessimismo se apresenta em uma de suas obras, ao afirmar que:

“La modernidad fue hija de la Ilustración, pero ¿que dirían los filósofos ilustrados ante la realidad de este final de siglo? Ellos suponían que la desaparición del analfabetismo elevaría el alma y el entendimiento de los hombres: Homero, Platón, Virgílio y Dante se convertían en autores populares. ¿Qué lee la masa del siglo XX? Best-sellers, historietas y pornografías” 22.

A sua admiração pelo romantismo é plenamente compreensível no contexto da sua obra, pois como lembra Lúcia F. de Almeida “O Romantismo é um dos resultados contraditórios da Ilustração, porque opõe à razão crítica a visão da analogia universal: o universo é um sistema de correspondências, uma constelação de signos onde tudo está cifrado”23. Paz incorpora essa visão de mundo, como também um sentimento trágico diante da vida, uma desconfiança com as possibilidades de reinventar trilhas que poderiam ajudar a sair do labirinto.

Nietzsche foi um crítico e estudioso da linguagem, dos significados que as palavras assumem e suas relações com o poder instituído. Paz tem essa preocupação, quando no seu livro questiona e analisa os chamados mitos mexicanos, partindo dos significados que eles possuem na linguagem cotidiana. Numa obra posterior, El Arco y La Lira, fará uma reflexão sobre a linguagem e o poema, afirmando inclusive que o homem é uma metáfora de si mesmo. A análise da linguagem feita em El Laberinto da Soledad é um dos recursos que usa para quebrar o hermetismo presente na cultura mexicana e revelar o seu apego à forma. Segundo Paz, “El mexicano no sólo no se abre; tampoco se derrama”, o pudor, o recato, a desconfiança estão incorporados ao ser mexicano. A dissimulação e o mimetismo são exemplos de práticas de vida que acompanham o mexicano, reforçando o tradicionalismo, dificultando suas relações com o moderno. Ainda no capítulo I, fazendo comparações com outros povos, Paz ressalta: “Me parece que para los norteamericanos el mundo es algo que se puede perfeccionar; para nosotros, algo que se puede redimir. Ellos son modernos. Nosotros creemos que el pecado y la muerte constituyem el fondo último de la naturaleza humana”. O que nos lembra Nietzsche, na obra de Paz, não é só a crítica da modernidade, mas também um niilismo que revela um sentimento trágico com relação aos caminhos do homem, uma certa impossibilidade de romper com os limites, apesar dos feitos e invenções culturais.24

Usando a história como fonte para decifrações dos enigmas da identidade nacional mexicana, Paz questiona, ao mesmo tempo, seu poder de revelação: “Las circunstancias históricas explican nuestro carácter en la medida que nuestro carácter también las explica a ellas. Ambas son lo mismo. Por eso toda explicación puramente histórica es insuficiente-lo que no equivale a decir que sea falsa”. Mas a história, para Paz, não é apenas as relações sociais, a produção material de objetos. No IV capítulo, “Los Hijos de La Malinche”, ele ressalta a importância do imaginário, com suas fantasias e fantasmas, com fortes raízes no passado, tão atuante na formação dos valores e das perspectivas de cada povo, quando faz a análise da religiosidade do mexicano que se expressa na força da sua linguagem, e de sua poesia e seus sinais de solidão. Paz vê na solidão um sentimento de dimensão universal, componente da cultura moderna, como uma condenação ou reação às hostilidades do mundo. A história da modernidade é, sobretudo, uma busca de transcender esse sentimento de solidão. Paz procura entender, em seus capítulos mais históricos, as rupturas e as permanências que justificam a atual situação do povo mexicano. Não é só uma imersão na história, mas no ser mexicano, uma leitura do passado que antecede a chegada dos espanhóis. Para Octavio Paz, “(…) la Conquista de México es un hecho histórico en el que intervienen muchas y muy diversas circunstancias, pero se olvida con frecuencia la que me parece más significativa: el suicidio del pueblo azteca”. A história do México é marcada por evidentes tradições de violência e desamparo: “Ningún outro pueblo se ha sentido tan totalmente desamparado como se sintió la nación azteca ante los avisos, profecías y signos que anunciaron su caída”.25

O mundo colonial mexicano era, portanto, a projeção de uma sociedade que já existia na Europa. Nele, havia muito pouca originalidade. Mesmo o catolicismo se apresentava decadente, sem poder de renovação, mas isso não tira sua importância, como assinala Paz: “El catolicismo es el centro de la sociedad colonial porque de verdad es la fuente de vida que nutre las actividades, la pasiones, las virtudes y hasta los pecados de siervos y señores, de funcionarios y sacerdotes, de comerciantes y militares”26. Numa sociedade sem perspectiva de criações duradouras e de reflexões intelectuais que a tirassem da apatia, a figura de Sor Juana tem uma dimensão singular. Sua imagem é de uma solitária, seu silêncio está povoado de vozes, sua vida uma ruptura com a mesmice colonial. Paz vai escrever, anos depois, um livro analisando exaustivamente a obra de Sor Juana.

A independência do México acontece no século XIX, liderada pela aristocracia nativa. Para Paz, significa mais um episódio que mostra as dificuldades de as nações hispoamericanas criarem as suas utopias “es un hecho ambiguo y de difícil interpretación porque, una vez más, las ideas enmascaran la realidad en lugar de desnudarla o expresarla”. Mais uma vez, a dualidade, as máscaras encobrem identidades ou mesmo verdades que nunca conseguem espaço para se revelarem. Paz parece remeter-se a um destino, a uma fatalidade, como se houvesse uma idéia transcendente que nos lembrasse a filosofia da história de Hegel. Não deixa de assinalar que a “América nos es tanto una tradición que continuar como un futuro que realizar”. Há uma descontinuidade que evita o fortalecimento de uma tradição ou perdas históricas que dificultam uma reconciliação com o passado? A projeção para o futuro e a construção de utopias podem revelar o desejo de rupturas, de construção de uma nova identidade. O texto de Paz desenha arquiteturas labirínticas que nos fazem desconfiar de que está implícito, no seu raciocínio, um niilismo constante, atenuado pela estética da sua linguagem, pelo poder de sedução de suas imagens. Nas suas reflexões, não são raras afirmações que registram a dialética da permanência e da mudança, do destino e da liberdade, do encanto e do desencanto, do desespero e da esperança. Segundo Paz:

“La historia tiene la realidad atroz de una pesadilla; la grandeza del hombre consiste en hacer obras hermosas y durables con la substancia real de esa pesadilla. O dicho de otro modo: transfigura la pesadilla en visión, liberarnos, así sea por un instante, de la realidad, disforme por medio de la creación”.27
A história parece atravessada pelos desencontros. A independência consolida-se com a reforma constitucional de 1852, uma reforma que despreza o passado e que procura se justificar no futuro. Para Paz, a reforma instala uma ditadura ilustrada, a sua proposta política está baseada no positivismo francês e na igualdade formal instituída pelo direito burguês. A reforma é, portanto, caracterizada pela inautenticidade. É artificial, não tem correspondência com as tradições mexicanas: “La simulación porfirista era particularmente grave, pues al abrazar el positivismo se apropiaba de un sistema que históricamente no le correspondía”. O México chega, ao final do século XIX, sem descobrir qual o seu espaço na modernidade, que tradição deveria seguir para buscar sua identidade. Há, portanto, na análise de Paz uma relação histórica entre modernidade, tradição e identidade de difícil construção na sociedade mexicana. Só com a Revolução mexicana haverá, segundo Paz, essa autenticidade, a revelação do verdadeiro ser dos mexicanos. Sua singularidade está marcada pela “ausencia de precursores ideológicos y la escasez de vínculos com uma ideología universal (…)”. A sua base social era composta de camponeses, operários e da classe média.28

Octavio Paz mostra sua simpatia com os rumos da Revolução, sobretudo com o resgate que ela faz da questão agrária, para ele fundamental. Mas Paz faz uma leitura diferente do conteúdo da revolução, que não a associa a idéia de uma ruptura radical ou de um tempo linear e progressivo. Segundo Paz “Toda revolución tiende a establecer una edad mítica… El ‘eterno retorno’ es uno de los supuestos implícitos de casi toda teoría revolucionaria”. A Revolução não é, portanto, a instalação do novo, mas, sobretudo, uma reconciliação ou o reencontro com algo que havia sido perdido. O zapatismo, ao fazer do “calpulli” o elemento básico da organização econômica e social, retoma as tradições mexicanas, embora o liberalismo termine por triunfar com o governo de Caranza. Nem por isso Paz deixa de dedicar elogios aos revolucionários, chegando a ressaltar que “la fertilidad cultural y artística de la revolución depende de la profundidad con que sus héroes, sus mitos y sus bandidos marcaron para siempre la sensibilidad y la imaginación de todos los mexicanos”. Além disso, a Revolução teve a dimensão de busca da tradição, foi “una portentosa fiesta en la que el mexicano, borracho de sí mismo, conoce al fin, en abrazo mortal al otro mexicano”. Enfim, parecia possível construir uma identidade histórica, pensar num retorno também festivo a um México autêntico. A Revolução significou, pois, a imersão do México no seu próprio ser.29

O capítulo VII de El Laberinto de la Soledad é dedicado à análise da inteligência mexicana e das relações entre cultura e história. Paz considera que essas relações não simétricas. Para ele, muitas vezes, a cultura profetiza a história. Seria um erro, portanto, ver a cultura como um reflexo da história, numa concepção de tempo linear e mecânica. Feitas as ressalvas, o autor coloca que seu interesse não é analisar as obras consideradas de criação, mas descrever certas atitudes da “inteligência mexicana” entendida como um grupo que fez do pensamento crítico sua atividade vital e influencia na vida política mexicana. O pensador escolhido, para o início da sua análise, é José Vasconcelos, considerado o fundador da educação moderna no México. As reflexões de Vasconcelos e sua ação têm vínculos com a Revolução, seguem seu movimento, buscam as tradições populares. Vasconcelos constrói um movimento educativo orgânico, comunga com o passado e com a tradição, pois ele “poseía esa unidad de visión que imprime coherencia a los proyectos dispersos, y que si a veces olvida los detalles también impide perderse en ellos. Su obra -sujeta a numerosas, necesarias y no siempre felices correcciones- no fue la del técnico sino la del fundador”. A obra de Vasconcelos pensa a questão iberoamericana, busca uma tradição que se justificava no futuro, “posee la coherencia poética de los grandes sistemas filosóficos, pero no su rigor; es un monumento aislado, que no há originado una escuela ni un movimiento”. Tudo isso dificultou a sua permanência ou mesmo seu encontro mais profundo com o “ser” mexicano.30

O término do período militar da Revolução fez com que muitos intelectuais passassem a colaborar com os governos, convertendo-se em conselheiros, perdendo seu poder crítico, envolvendo-se com a burocracia. Mesmo aqueles que se inclinaram para o marxismo não conseguiram fugir do oficialismo stalinista. Segundo Paz, a Revolução descobriu o rosto do México, abrindo um imenso espaço para a inteligência mexicana mergulhar nas sua tradição, inventar caminhos, arquitetar reconciliações. Embora ressaltando os limites, Paz considera o livro El Perfil del Hombre y de La Cultura en México, escrito por Samuel Ramos, de grande importância, pois “no sólo la mayor parte de sus observaciones son todavía válidas, sino que la idea central que lo inspira sigue siendo verdadera; el mexicano es un ser cuando se expresa se oculta; sus palabras y gestos son casi siempre máscaras”. Jorge Cuesta é outro intelectual preocupado com as tradições mexicanas, procurando inseri-las num contexto mais universal. Para Cuesta, o “México es un país que se há hecho a sí mismo y que, por lo tanto, carece de pasado”. Paz destaca também a obra de Adolfo Reyes por sua fidelidade à linguagem que “implica fidelidad a nuestro pueblo y fidelidad a una tradición que no es nuestra totalmente sino por un acto de violencia intelectual”31. Mas o esforço da intelectualidade não conseguiu superar a grande dificuldade: encontra uma forma autêntica que expresasse a singularidade mexicana. Sua síntese é pessimista:

“La Revolución fue un descubrimiento de nosotros mismos y un regreso a los orígenes, primero; luego una búsqueda y una tentativa de síntesis, abortada varias veces; incapaz de asimilar nuestra tradición, y ofrecernos un nuevo proyecto salvador, finalmente fue un compromiso. Ni la Revolución ha sido capaz de articular toda su salvadora explosión en una visión del mundo, ni la “inteligencia” mexicana ha resuelto ese conflicto entre la insuficiencia de nuestra tradición y nuestra exigencia de universalidad”.32

Resta viver a crise, que não é só da sociedade mexicana, mas de todos os homens, que os coloca num labirinto, como órfãos de um passado e com um futuro a inventar. “Por lo tanto”, afirma Paz, “toda tentativa por resolver nuestros conflictos desde la realidad mexicana deberá poseer validez universal o estará condenada de antemano a la esterilidad”. A história está entrelaçada com a modernidade, no seu momento crítico, onde a utopia e a tradição se fragmentaram e há uma perda de sentido. É o território da solidão, apesar de o modelo ocidental de civilização conseguir dar uma unidade ao que antes era uma pluralidade de culturas, pois “Todas las civilizaciones desembocam en la occidental, que ha asimilado o aplastado a sus rivales… El hombre ha reconquistado su unidad…La crisis contemporánea no se presenta, según dicen los conservadores, como la lucha entre dos culturas diversas, sino como una escisión en el seno de nuestra civilización”. As análises de Paz são contraditórias. Nelas, há um forte sentimento de perda, uma vazio histórico que parece irreversível, mas, ao mesmo tempo, uma abertura para reconciliação e para comunhão, temas freqüentes em El Laberinto de la Soledad. Pode-se procurar saídas que não são exclusivas para o México. Elas serão trilhas a ser perseguidas por todos os homens: “Hoy el centro, el núcleo de la sociedad mundial, se ha disgregado y todos nos hemos convertido en seres periféricos, hasta lo europeos y los norteamericanos. Todos estamos al margen porque ya no hay centro”.33

O capitalismo expandiu-se com seus símbolos e suas promessas de riqueza. Há uma modernização avassaladora que produz mudanças radicais nos costumes, na valorização do trabalho, na construção do cotidiano. Paz lamenta que a Revolução Mexicana não tenha conseguido transformar seu país numa comunidade, tampouco numa esperança de comunidade. A dificuldade de efetivar experiências democráticas não está restrita aos desencontros da política mexicana. É que, nos países ditos periféricos, a busca é mais desesperadora. É que esses países se espelham nos países ditos avançados, para modernizar suas sociedades. Na sua análise sobre o contexto da época em que escrevia o livro, Paz reforça as conclusões a que havia chegado no capítulo sobre a inteligência mexicana. Apesar de reconhecer as perdas (“Pues tras este derrumbe general de la Razón y la Fe, de Dios y de la Utopía, no se levantan ya nuevos o viejos sistemas intelectuales, capaces de albergar nuestra angustia y tranquilizar nuestro desconcierto: frente a nosotros no hay nada. Estamos al fin solo. Como todos los hombres”), a possibilidade de romper o cerco e construir solidariedades: “Allí, en la soledad abierta, nos espera también la trascendencia: las manos de otros solitarios. Somos, por primera vez en nuestra historia, contemporáneos de todos lo hombres”)34. Qual o projeto que pode redefinir os caminhos do homem, retirá-lo da solidão? Eis a questão básica que nos deixa a leitura de El Laberinto de la Soledad.

NOTAS
1 CALVINO, Ítalo. As Cidades Invisíveis. São Paulo, Cia. das Letras, 1990, p. 79.         [ Links ]
2 GONZALEZ, Javier. El Cuerpo y la Letra: la cosmología poética de Octavio Paz. México, Fondo de Cultura Económica, 1990, p. 10.
3 Apud SCHÄRER-NUSSEBERGER, Maya. Octavio Paz: trayectorias y visiones. México, Fondo de Cultura Económica, 1989, p. 14.
4 PAZ, Octavio. Itinerario, México, Fondo de Cultura Económica,1993, pp.30-31.
5 PEREZ, Alícia C.. “Acercamiento de la obra de Octavio Paz”. In Cuadernos Americanos 70, Año II. Volume IV. México, UNAM, 1998,. p. 39.
6 PAZ, Octavio. “Los Hijos del Limo. In La Casa de la Presencia (poesia e historia). Obras Completas (I). 2a ed. México, Fondo de Cultura Económica, 1994, p.333.
7 Idem, pp.333-334.
8 MORA, Jorge Aguilar. La Divina Pareja: historia e mito en Octavio Paz. México, Ediciones Era, 1991, p. 39 e 52.
9 Idem, p.52
10 ALMEIDA, Lúcia F.. Tempo e Otredad nos Ensaios de Octavio Paz. São Paulo. Annablume,1997, p. 21,
11 Idem, p. 399.
12 FOUCAULT. Michel. A Microfísica do Poder. Organização e tradução Roberto Machado, 2a edição, Rio de Janeiro, Graal, 1981, p.5.
13 PAZ, Octavio. El Arco y La Lira. In La Casa de la Presencia ( poesia e historia ). Obras Completas ( I ).2aedición México. Fondo de Cultua Económica.1994., p. 17.
14 ELIADE, Mircea, Mito e Realidade. Tradução Pola Civelli. 5a edição São Paulo, Perspectiva, p.126.
15 Idem, p.385
16 MORA, J.A. op. cit, p.42.
17 EUFRACIO, P. ” Imagem y arquetipo en los ensayos de Octavio Paz”. In: Cuadernos Americanos, 70, México, 1998, p.60 e 61.
18 PÉREZ, Alícia C.. Op. cit., p. 53.
19 CASTAÑON, Adolfo: ” Octavio Paz:Fragmentos de un Itinerario Luminoso” In Cuadernos Americanos 70, México. 1998. p.29
20 FREUD, Sigmund.El Malestar en La Cultura. Tradução Luis López B. y de Torres. Madrid, Alianza, Editorial,1986, p.15.
21 SANTI. Enrico Mario. Op. cit., 182.
22 PAZ, Octavio. Itinerário. Op., cit., p.232.
23 ALMEIDA, Lúcia F.. Op., cit., p. 82.
24 PAZ, Octavio. El Labirinto de la Soledad. Op. cit., p.22, 29.
25 Idem, pp. 65 e 85.
26 Idem, p.91-92.
27 Idem, p.94, 108 e 109.
28 Idem, p.119 e 124.
29 Idem, p.129, 133-134.
30 Idem, p.136 e 138
31 Idem, p.143 e 147.
32 Idem, p.150.
33 Idem, p.152, 154-155.
http://www.scielo.br/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0102-01882000000100010

Antonio Paulo Rezende
Possui graduação em Direito pela Universidade Federal de Pernambuco (1975), mestrado em História pela Universidade Estadual de Campinas (1981), doutorado em História Social pela Universidade de São Paulo (1992) e Pós-doutorado também na USP(1998). Atualmente é professor adjunto 4 da Universidade Federal de Pernambuco, consultor ad hoc da Fundação de Amparo à Ciência e Tecnologia do Estado de Pernambuco, Coordenação de Aperfeiçoamento de Pessoal de Nível Superior e da FAPESP, membro do conselho editorial da Revista saeculum, programa de pós em história ufpb e da clio-nordeste-história-programa de pós-história-UFPE. Atua no grupo de pesquisa História, Política, Memória e Imagem do CNPQ. Tem experiência na área de História, com ênfase em História do Brasil, atuando principalmente nos seguintes temas: história, cultura, imaginário, modernidade e memória. O seu tema atual de pesquisa é relacionado com as relações afetivas de convivência dentro da contemporaneidade, analisando as cartografias facebookianas.

 

 

 Octavio Paz visitando el lugar de su infancia: Mixcoac

 

Biografía de Octavio Paz

(Mixcoac, 1914 – Ciudad de México, 1998) Escritor mexicano. Junto con Pablo Neruda y César Vallejo, Octavio Paz conforma la tríada de grandes poetas que, tras el declive del modernismo, lideraron la renovación de la lírica hispanoamericana del siglo XX. El premio Nobel de Literatura de 1990, el primero concedido a un autor mexicano, supuso asimismo el reconocimiento de su inmensa e influyente talla intelectual, que quedó reflejada en una brillante producción ensayística.
Nieto del también escritor Ireneo Paz, los intereses literarios de Octavio Paz se manifestaron de manera muy precoz, y publicó sus primeros trabajos en diversas revistas literarias. Estudió en las facultades de Leyes y de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional. Sus preocupaciones sociales también se dejaron sentir prontamente, y en 1937 realizó un viaje a Yucatán con la intención de crear una escuela para hijos de trabajadores. En junio de ese mismo año contrajo matrimonio con la escritora Elena Garro (que le daría una hija y de la que se separaría años después) y abandonó sus estudios académicos para realizar, junto a su esposa, un viaje a Europa que sería fundamental en toda su trayectoria vital e intelectual.

En París tomó contacto, entre otros, con César Vallejo y Pablo Neruda, y fue invitado al Congreso de Escritores Antifascistas de Valencia. Hasta finales de septiembre de 1937 permaneció en España, donde conoció personalmente a Vicente Huidobro, Antonio Machado, Miguel Hernández y otros destacados poetas de la generación del 27. Además de visitar el frente, durante la Guerra Civil española (1936-1939) escribió numerosos artículos en apoyo de la causa republicana.
Tras volver de nuevo a París y visitar Nueva York, en 1938 regresó a México y allí colaboró intensamente con los refugiados republicanos españoles, especialmente con los poetas del grupo Hora de España. Mientras, trabajaba en un banco y escribía diariamente una columna de política internacional en El Popular, periódico sindical que abandonó por discrepancias ideológicas.

 

 

 

En 1942 fundó las revistas Tierra Nueva y El Hijo Pródigo.
Desde finales de 1943 (año en que recibió una beca Guggenheim para visitar los Estados Unidos) hasta 1953, Octavio Paz residió fuera de su país natal: primero en diversas ciudades norteamericanas y, concluida la Segunda Guerra Mundial, en París, después de ingresar en el Servicio Exterior mexicano. En la capital francesa comenzó su alejamiento del marxismo y el existencialismo para acercarse a un socialismo utópico y sobre todo al surrealismo, entendido como actitud vital y en cuyos círculos se introdujo gracias a Benjamin Péret y principalmente a su gran amigo André Breton.

De nuevo en México, fundó en 1955 el grupo poético y teatral Poesía en Voz Alta, y posteriormente inició sus colaboraciones en la Revista Mexicana de Literatura y en El Corno Emplumado. En las publicaciones de esta época defendió las posiciones experimentales del arte contemporáneo. En la década de los 60 volvió al Servicio Exterior, siendo destinado como funcionario de la embajada mexicana en París (1960-1961) y más tarde en la de la India (1962-1968); en este último país conoció a Marie-José Tramini, con la que se casó en 1964.

Cerró su actividad diplomática en 1968, cuando renunció, al parecer, como protesta contra la política represiva del gobierno mexicano frente el movimiento democrático estudiantil, que culminó con la matanza en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco.

Ejerció desde entonces la docencia en universidades americanas y europeas, a la vez que proseguía su infatigable labor cultural impartiendo conferencias y fundando nuevas revistas, como Plural (1971-1976) o Vuelta (1976). En 1990 se le concedió el Nobel de Literatura, coronación a una ejemplar trayectoria ya previamente reconocida con el máximo galardón de las letras hispanoamericanas, el Premio Cervantes (1981), y que se vería de nuevo premiada con el Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades (1993).

La poesía de Octavio Paz
El grueso de la vasta producción de Octavio Paz se encuadra en dos géneros: la lírica y el ensayo. Su poesía se adentró en los terrenos del erotismo, la experimentación formal y la reflexión sobre el destino del hombre. A grandes rasgos cabe distinguir tres grandes fases en su obra poética: en la primera, el autor pretendía penetrar, a través de la palabra, en un ámbito de energías esenciales que lo llevó a cierta impersonalidad; en la segunda entroncó con la tradición surrealista, antes de encontrar un nuevo impulso en el contacto con lo oriental; en la última etapa de su trayectoria lírica, el poeta dio prioridad a la alianza entre erotismo y conocimiento.

 

 

 

 

 

En Libertad bajo palabra (1949), Octavio Paz agrupó diversos libros escritos entre 1935 y 1947. Las primeras composiciones respondían a una estética neorromántica y a fuertes preocupaciones sociales; pero pronto se añadió una temática existencial, que giraba en torno al sentimiento de soledad, los problemas de su tiempo, la comunicación, la posibilidad del amor… Siguiendo ese camino, su poesía devino un instrumento de conocimiento de sí mismo y del mundo; en suma, una poesía de signo metafísico.
Pero pronto el descubrimiento del surrealismo le enseñaría el poder liberador de la palabra y, con la valoración de lo irracional, la posibilidad de devolverle al lenguaje unas dimensiones míticas. Se produjo así, paralelamente y como dijo el propio Octavio Paz, un regreso a la vanguardia y un retorno a la palabra mágica. Ambas direcciones se materializaron en los poemas que van desde ¿Águila o sol? (1949-50) a una extensa y magistral composición titulada Piedra de sol (1957), construida a partir de los mitos aztecas del tiempo circular.

Señalada a menudo como una de sus obras maestras, Piedra de sol se sitúa en una encrucijada de su trayectoria lírica: el poema condensa por un lado sus preocupaciones históricas y existenciales, y anticipa por otro su obra posterior. Se compone de 584 endecasílabos (la misma cifra que los años del calendario azteca) de gran densidad y poderosas imágenes, tras los cuales el poema vuelve al principio. Esta estructura circular no impide el avance de las indagaciones del poeta, referidas al amor, al individuo y al sentido de la historia y del mundo.

En Salamandra (1962), que recoge poemas escritos entre 1958 y 1961, Octavio Paz incrementó lo irracional y lo esotérico. Se trata de una poesía que intenta “mostrarnos el otro lado de las cosas”, a partir de una exploración sobre nuevos poderes de la palabra. El resultado, salvo en ocasiones, es un hermetismo lleno de sugestiones. Ladera este (1962-1968) es fruto, por una parte, de su interés por la cultura oriental, de la que surgen nuevas dimensiones esotéricas. Por otra parte responde al contacto de Octavio Paz con el estructuralismo lingüístico, que le lleva a fundamentar la creación poética en la misma escritura. Estamos ante la liberación máxima del lenguaje, ante una expresión poética en que las palabras alcanzan una máxima autonomía, desgajadas a veces de todo sustrato lógico.
El poeta experimenta además con nuevos recursos de presentación y de tipografía; buen ejemplo de ello sería el largo poema Blanco (1967), dispuesto en tres columnas que pueden leerse de distintas formas. Por esa vía experimental, Octavio Paz publicó en 1969 dos libros de poesía “espacial” (o visual): Topoemas y Discos visuales. Son intentos de crear una nueva percepción del mensaje cuyos precedentes se remontan a Apollinaire y a las vanguardias de entreguerras

Muy distinto es Pasado en claro (1975), libro constituido por un único, largo y bellísimo poema, de lenguaje más sobrio (pero de inusitada densidad), destinado a bucear en su conciencia, en su vida y en su palabra. Compendio de sus inquietudes y vivencias creadoras, esta segunda obra maestra condensa en su parte final su visión del lenguaje como “fundador de realidad”, como instrumento con el que el hombre crea y se crea: tras su largo periplo a través de las palabras en busca de realidades supremas y de su propia realidad, el poeta se define, en el último verso, como “la sombra que arrojan mis palabras”.

De sus libros posteriores cabe destacar Vuelta (1976) y Árbol adentro (1987). Formado por poemas escritos entre 1969 y 1975, el título del primero alude al regreso del poeta a México tras una larga permanencia en Europa y Oriente. Árbol adentro reúne los poemas compuestos por el autor después de la publicación de Vuelta y se divide en cinco partes, algunas de las cuales insisten en sus constantes temáticas: la meditación sobre la muerte (en la tercera) o el amor (en la quinta, que da título al libro).

Obra ensayística
Poeta, narrador, ensayista, traductor, editor y gran impulsor de las letras mexicanas, Paz se mantuvo siempre en el centro de la discusión artística, política y social del país. Tanto la curiosidad insaciable como la variedad de sus intereses y su aguda inteligencia analítica se hicieron patentes en sus numerosos ensayos, que cubrieron una amplia gama de temas, desde el arte y la literatura hasta la sociología y la lingüística, pasando por la historia y la política. La enjundia, la profundidad y la sutileza caracterizan estos textos.

 

 

 

De tema literario son El arco y la lira (1959), profunda reflexión sobre la creación poética, y Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe (1982), completo estudio sobre la obra y la compleja personalidad de Juana Inés de la Cruz, poetisa mexicana del siglo XVII. La identidad mexicana es en cambio el tema de El laberinto de la soledad (1950) y Posdata (1970).
El mono gramático (1974), que participa a un mismo tiempo de la reflexión y el poema en prosa, indaga en la esencia del lenguaje y constituye un testimonio de su atracción hacia Oriente; el título alude al jefe de los monos Hanuman, uno de los principales personajes del Ramayana. Tiempo nublado (1983) se ocupa de la situación política y social contemporánea. En Los privilegios de la vista (1987) se encuentran sus apreciaciones sobre las artes plásticas.

De sus últimos ensayos cabe destacar La llama doble (1993). La obra recorre la literatura universal en busca de la génesis de la idea poética del amor, el amor cortés provenzal, del que halla precedentes en las milenarias religiones indias y chinas y en el helenismo (con su fusión de Oriente y Occidente). Después de los poetas provenzales, el cristianismo desarboló el amor cortés; la pasión carnal, consumación del amor, fue relegada por la divinización del objeto amado (Dante, Petrarca y el neoplatonismo).
Según el autor, hubo que esperar a la Revolución Francesa para que el amor recobrase su humanidad en manos de poetas y prosistas. Pero en el mundo moderno, la revolución sexual de 1968 condujo al fin del alma a manos del materialismo científico; dicho de otro modo, el amor ha sido víctima de la crisis de la idea de persona: un pesimismo extremo cierra esta obra. Otros títulos de su abundante producción ensayística son Cuadrivio (1965), Claude Lévi-Strauss o el nuevo festín de Esopo (1967), Conjunciones y disyunciones (1969), Los hijos del limo (1974), El ogro filantrópico (1979) y Hombres de su siglo (1984).
(Extraído de Biografías y vidas)
https://www.biografiasyvidas.com/biografia/p/paz_octavio.htm

 

 

La mirada de Octavio Paz

 

Cronología de Octavio Paz

 

Poesía
1933.- Luna silvestre
1936.- ¡No pasarán!
1937.- Raíz del hombre
1937.- Bajo tu clara sombra y otros poemas sobre España
1941.- Entre la piedra y la flor
1942.- A la orilla del mundo
1949.- Libertad bajo palabra
1954.- Semillas para un himno
1957.- Piedra de sol
1958.- La estación violenta
1959.- Agua y viento
1960.- Libertad bajo palabra, obra poética, 1935-1958: Bajo tu clara sombra. Condición de nube. Puerta condenada. Águila o sol. A la orilla del mundo
1961.- Dos y uno, tres
1962.- Octavio Paz. Salamandra
1965.- Viento entero
1965.- Vrindavan
1966.- E. E. Cummings: seis poemas y un recuerdo
1967.- Blanco
1968.- Discos visuales
1969.- Ladera este (1962-1968)
1969.- La centena (1935-1968)
1971.- Topoemas
1972.- Renga
1974.- Versiones y diversiones
1975.- Pasado en claro
1976.- Vuelta
1979.- Hijos del aire/Airborn
1979.- Poemas (1935-1975)
1985.- Prueba del nueve
1987.- Árbol adentro
1989.- Lo mejor de Octavio Paz. El fuego de cada día
1990.- Obra poética: 1935-1988
1994.- Obras completas
1999.- Figuras y figuraciones

Ensayo
1950.- El laberinto de la soledad
1956.- El arco y la lira
1957.- Las peras del olmo
1962.- Magia de la risa
1963.- Hommage et profanations
1964.- La palabra edificante
1965.- Cuadrivio
1965.- Los signos en rotación y otros ensayos
1966.- Remedios Varo
1966.- Puertas al campo
1967.- Claude Lévi-Strauss o el nuevo festín de Esopo
1967.- Corriente alterna
1969.- Conjunciones y disyunciones”México: la última década
1973.- Marcel Duchamp o el castillo de la pureza
1970.- Posdata
1971.- Las cosas en su sitio: sobre la literatura española del siglo XX
1971.- Los signos en rotación y otros ensayos
1971.- Traducción: literatura y literalidad
1973.- El signo y el garabato
1973.- Solo a dos voces
1974.- Teatro de signos/Transparencias
1974.- La búsqueda del comienzo
1974.- Los hijos del limo: del romanticismo a la vanguardia
1974.- La búsqueda del comienzo: escritos sobre el surrealismo
1978.- Xavier Villaurrutia en persona y en obra
1979.- El ogro filantrópico: historia y política (1971-1978)
1979.- In Mediaciones
1979.- México en la obra de Octavio Paz
1982.- Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe
1983.- Tiempo nublado
1983.- Sombras de obras
1983.- Hombres en su siglo y otros ensayos
1984.- Laude: Julio Cortázar
1985.- Pasión crítica: conversaciones con Octavio Paz
1987.- México en la obra de Octavio Paz
1987.- El peregrino en su patria: historia y política de México
1988.- Primeras Letras (1931-1943)
1988.- Generaciones y semblanzas: escritores y letras de México
1989.- Poesía, mito, revolución
1989.- Apariencia desnuda: la obra de Marcel Duchamp
1990.- Pequeña crónica de grandes días
1990.- La otra voz. Poesía y fin de siglo
1993.- La llama doble: amor y erotismo
1995.- Vislumbres de la India
2000.- Luis Buñuel: el doble arco de la belleza y de la rebeldía
2014.- Itinerario crítico: antología de textos políticos

Otros
1951.- ¿Águila o sol? (prosa poética)
1970.- Solo a dos voces (diálogo)
1974.- El mono gramático (prosa poética)
1974.- Teatro de signos; transparencias (fición)
1990.- La hija de Rappaccini (teatro)
1993.- La llama doble (prosa poética)
1999.- Memorias y palabras: cartas a Pere Gimferrer (correspondencia)
2008.- Cartas a Tomás Segovia: (1957-1985) (correspondencia)

http://www.cervantes.es/bibliotecas_documentacion_espanol/biografias/paris_octavio_paz_1.htm

 

 

Octavio Paz y Elena Garro