Machado Assis

Contenido. Machado Assis introducción. Mi poema “El sueño del esclavo” en los dos idiomas. Poemas de Machado de Assis “La Marchesa de Miramar” y “A Carolina” traducidos. Análise de Tatiana Alves. Ensayo de João Almino. Biografía, y Crónicas de Machado. Video da sua vida

Academia Brasileira de Letras
Discurso inicial de Machado de Assis

Senhores: Investindo-me no cargo de presidente, quisestes começar a Academia Brasileira de Letras pela consagração da idade. Se não sou o mais velho dos nossos colegas, estou entre os mais velhos. É simbólico da parte de uma instituição que conta viver, confiar da idade funções que mais de um espírito eminente exerceria melhor. Agora que vos agradeço a escolha, digo-vos que buscarei na medida do possível corresponder à vossa confiança. Não é preciso definir esta instituição, iniciada por um moço, aceita e completada por moços, a Academia nasce com a alma nova, naturalmente ambiciosa. O vosso desejo é conservar, no meio da federação política, a unidade literária. Tal obra exige, não só a compreensão pública, mas ainda e principalmente a vossa constância. A Academia Francesa, pela qual esta se modelou, sobrevive aos acontecimentos de toda casta, às escolas literárias e às transformações civis. A vossa há de querer ter as mesmas feições de estabilidade e progresso. Já o batismo das suas cadeiras com os nomes preclaros e saudosos da ficção, da lírica, da crítica e da eloquência nacionais é indício de que a tradição é o seu primeiro voto. Cabe-vos fazer com que ele perdure. Passai aos vossos sucessores o pensamento e a vontade iniciais, para que eles o transmitam aos seus, e a vossa obra seja contada entre as sólidas e brilhantes páginas da nossa vida brasileira. Está aberta a sessão.

Cuando más lo necesitaba me encuentro con una vida plácida de literato. Estoy tan acostumbrado a convivir con esas existencias desgarradas en personas que, finalmente, triunfan, a veces sin saberlo, que tomaba como realidad incuestionable la unión del sufrimiento con la obra de calidad. ¿Merece la pena?, me preguntaba tras cada trabajo de divulgación: Quevedo, Camões, Cervantes, como ejemplo tan solo. Joaquim Maria Machado de Assis, parte de abajo y asciende en la escala social con una placidez envidiable. Y con esa placidez envidiable llega a ser considerado como el mayor nombre de la literatura brasileña. Nieto de esclavos, nace en el Morro de Livramento en Rio de Janeiro, con todo lo que eso significa. Niño huérfano de madre, pasa al cuidado de su madrastra, quien le enseña las primeras letras y a vender dulces en un colegio, donde, sin duda, entabló relación con alumnos y profesores. Pasó por la escuela pública, pero su formación fue autodidacta debido al enorme deseo de aprender, y a la facilidad con que aprendía. Aquí esa anécdota de como aprendió francés con el panadero. Aquí los recuerdos de la formación autodidacta de Gabriela Mistral, y el de todos esos escritores educados por familiares sustituyendo a los padres. Se dice que Machado de Assis no pisó como estudiante la Universidad. La Universidad es un cauce principal que necesita otros afluentes. Cuando la fuerza de voluntad es imparable, los rios afluentes, sumados, llevan más caudal que el principal. La inteligencia, la superioridad intelectual, y el buen gobierno personal le ayudaron a recorrer los meandros públicos, puesto tras puesto. Llegó arriba del todo, partiendo desde muy abajo. Tranquilamente. Para entrar en la Academia Brasileira de Letras, no se le ocurre otra cosa que fundarla con otros compañeros, convirtiéndose en el primer presidente. Lenguas, conocimiento, escritura: ejercita todo y en paralelo alcanza los altos puestos de la Administración del Estado.

Morro do Livramento en Rio de Janeiro, donde nació Joaquím Maria.

“Os adjetivos passam, e os substantivos ficam” : Con el seudónimo Lélio, lo escribió Machado de Assis en Balas de Estalo, serie colectiva de artículos publicados en la Gazeta de Notícias. Ignoro su intención al escribirlo; pero puede considerarse una alegoría de la vida. También escribió: “O jornal é a verdadeira forma da república do pensamiento”, la prensa y la literatura como vehículo de diversidad, democracia y progreso. Ahí estuvo el firme suelo que pisó. Su humor, énfasis agridulce. Origen, interés por lo existente, causas y consecuencias, el impulso propio y el acicate de su esposa. “Carola, tu não te pareces  nada  com as mulheres  vulgares  que tenho conhecido. Espírito e coração como os teus  são prendas raras; alma tão boa  e tão elevada, sensibilidade tão melindrosa, razão tão reta  não são bens  que a natureza espalhasse às mãos cheias pelo teu sexo. Tu pertences  ao pequeno número de mulheres  que ainda sabem amar, sentir e pensar. Como te não amaria eu? Além disso tens para mim  um dote que realça o mais: sofreste”.

El sueño del esclavo
Poema de Pedro Sevylla de Juana

Al otro lado del muro, oigo su queja:
Imitando a la garza, me llama mi negra.

En el barracón de machos,
responde mi cuerpo, estrechándose:
serpiente humana
por entre los catres.

De las ventanas altas llega el claror de la luna,
ante la puerta cerrada los vigilantes vigilan
y la jauría aúlla.

Segismundo es mi nombre,
y trabajo de esclavo
en el ingenio de caña
levantado a unas leguas
de la ciudad de La Habana.
.
Finaliza el año
mil ochocientos cuarenta,
noviembre ya mediado;
y tengo, por fin,
mis derechos frente al amo.

Me iniciará en Religión
para recibir el bautismo y ser adoctrinado:
porque el hombre fue hecho a imagen y semejanza de Dios,
patrón de los patrones y capataz supremo ese Dios blanco.

Los domingos y fiestas de precepto,
después de misa trabajaré dos horas
aseando la mansión de los dueños.
No más de dos horas, salvo que haya
tareas urgentes o estemos
en tiempo de zafra.

Debo obediencia a las autoridades,
reverencia a los sacerdotes, respeto a los blancos
y buena disposición con mis iguales.

Dos comidas tendré, o tres si hiciera falta:
ñame, yuca, seis u ocho
boniatos o bananas;
ocho onzas de carne o bacalao, y cuatro de arroz,
menestra, harina o frijol.

En mayo y diciembre recibiré una camisa y un calzón,
gorro o sombrero;
cada dos años camisa de bayeta
y una frazada en enero.

Hasta echar los dientes,
las criaturas recibirán comida ligera,
camisitas de listado,
y en las horas de faena
en el cobertizo quedarán a la incumbencia
de una o varias negras.

En días ordinarios, trabajaré nueve o diez horas
y durante la zafra, o si fuera preciso,
no más de dieciséis
por principio.

Me acompañará el dueño si debo salir de la hacienda,
o llevaré un escrito que autorice la salida
y describa mis señas.
Puede denunciarme cualquiera
si voy solo o no me ajusto
a la ruta del salvoconducto.

Cuando me porte mal por exceso o por defecto,
recibiré prisión, grillete,
cadena o cepo;
siempre en los pies, nunca en la cabeza,
y los azotes no pasarán de veinte
en la tanda completa.

Si una esclava de otra plantación
-como es mi caso- accediera a casarse conmigo,
la comprará mi dueño
y comprará a sus críos.
Y cuando nos casemos, en la Natividad,
pasaremos del barracón a un bohío.

Todo queda regulado:
ya conozco la ley,
y sé a qué atenerme,
desde ayer.

De ahora en adelante,
cumplidas las disposiciones del Gobernador Valdés,
mi vida puede ser envidiable.

En las noches tranquilas,
tras rezar a Dios por las autoridades,
los sacerdotes, dueños
y capataces;
tras pedir por los blancos y los míos,
esos esclavos de color, sometidos e indomables,
soñaré que soy un príncipe abrazado a mi negra,
y cuando seamos libres
ocuparé el trono que me corresponde por herencia,
siendo yo el rey
y mi amada la reina.

O sonho do escravo
Poema e tradução Pedro Sevylla de Juana

De fora vem a sua queixa:
imitando à garza, me chama a negra.

No barracão de machos,
responde meu corpo, se estreitando:
serpente humana
por entre os catres ferrados.

Das janelas altas chega a claridade da Lua,
ante a porta trancada os vigilantes vigilan
e a matilha ulula.

Segismundo é meu nome, e trabalho de escravo
no engenho de cana
levantado a umas léguas
da cidade de A Havana.

Finaliza o ano
mil oitocentos e quarenta,
novembro já mediado;
e tenho, por fim,
meus direitos ante o amo.

Me iniciará em Religião
para receber o baptismo e ser doutrinado:
porque o homem foi feito a imagem e semelhança
de Deus,
patrão dos patrões donos de escravos,
e capataz supremo
esse Deus branco.

Em dias ordinários, trabalharei nove ou dez horas
e durante a colheita, ou se fosse preciso,
não mais de dezesseis
por princípio.

Nos domingos e festas de preceito
após missa trabalharei duas horas
asseando a mansão dos donos.
Não mais de duas horas, salvo que haja
terefas urgentes
ou estejamos em tempo de safra

Devo obediência às autoridades,
reverência aos sacerdotes, respeito aos brancos
e boa disposição com meus iguais.

Duas comidas terei, ou três se fizesse falta:
inhame, iúca, seis ou oito batatas-doces ou bananas;
oito onzas de carne ou bacalhau, e quatro de arroz,
hortaliças,
farinha ou feijão.

Gorro ou chapéu
receberei em maio e dezembro
e mais uma camisa e um calção;
a cada dois anos roupa de baeta
e em janeiro um cobrejão.

As crianças, até a saida dos dentes,
receberão comida ligeira,
camisihnas de listrado, e nas horas de lida
ficarão no alpendre à incumbência
duma ou várias
negras.

Irei acompanhado do dono se devo sair da fazenda,
ou levarei um escrito que autorize a saída
e descreva minhas senhas.
Pode me denunciar qualquer se vou sozinho
ou não me ajusto
à rota do salvo-conduto.

Quando eu me comporte mau por excesso ou por defeito,
receberei cárcere, grilhão,
corrente ou cepo;
sempre nos pés, nunca na cabeça,
e os açoites não passarão de vinte
na sessão completa.

Se uma escrava de outra plantação
-como é meu caso-
acedesse a se casar comigo,
comprá-la-á meu dono e comprará a suos filhos.
E quando nos casemos, em Natal,
passaremos do barracão a um bohío.

Tudo fica regulado:já conheço a lei,
e sei a que me ater,
desde ontem.

Doravante,
cumpridas as disposições do Governador Valdés,
a minha vida pode ser invejável.

Nas noites tranquilas,
depois de rezar a Deus pelas autoridades,
os sacerdotes,
donos e capatazes;
depois de pedir pelos brancos e os meus,
esses escravos de cor, submetidos e indomáveis,
sonharei que sou um príncipe
abraçado a minha negra,
e quando sejamos livres
ocuparei o trono que me corresponde por justiça,
sendo eu o rei
e minha amada, a rainha.

PSdeJ La Habana, Natal de 2010

En 1870, a los 31 años, ya casado, Machado de Assis publica, aún romántico, el innovador segundo libro, Falenas, que reune veintiún poemas del autor, seis adaptaciones y una paráfrasis. Editado en Rio fue imprimido en París. De los poemas suyos, diecinueve fueron reeditados en las Poesías Completas. La Marchesa de Miramar se publicó por primera vez en Falenas, y en Poesías Completas mantiene estructura y contenido. Sabida es la admiración sentida por Machado de Assis a la obra de Shakespeare, que permanecerá cuando el imperio británico acabe, cuando la república de los Estados Unidos tenga su fin. En La Marchesa de Miramar hace referencia a la tragedia. Las brujas profetizaron su futuro a Macbeth, héroe de Shakespeare, y esa mención hace el poeta así: Então surge dos tronos 
a profética voz que anunciava 
ao teu crédulo esposo: 
”Tu serás rei, Macbeth!” Se refiere a Carlota, archiduquesa en el castillo de Miramar, y esposa de Maximiliano, emperador de México. Su marido dedicó tres años a modernizar el país y, cuando fue fusilado, Carlota, ya en Europa buscando alianzas, se volvió loca. Se dan en Falenas esa ironía tan característica del autor, el pesimismo y algunos visos de la influencia de Camões. La primera estrofa de La Marchesa de Miramar, me recuerda a las coplas de Jorge Manrique.

LA MARCHESA DE MIRAMAR
Poema de Machado de Assis

O arquiduque Maximiliano, quando estava em Miramar, costumava retratar fotograficamente a arquiduquesa, escrevendo por baixo do retrato: “La marchesa de Miramar”. [M.A.]

A misérrima Dido 
Pelos paços reais vaga ululando. 
GARÇÃO

De quanto sonho um dia povoaste
A mente ambiciosa,
Que te resta? Uma página sombria,
A escura noite e um túmulo recente.

Ó abismo! Ó fortuna! Um dia apenas
Viu erguer, viu cair teu frágil trono.
Meteoro do século, passaste,
Ó triste império, alumiando as sombras.
A noite foi teu berço e teu sepulcro!
Da tua morte os goivos inda acharam
Frescas as rosas dos teus breves dias;
E no livro da história uma só folha
A tua vida conta: sangue e lágrimas.

No tranqüilo castelo,
Ninho d′amor, asilo de esperanças,
A mão de áurea, fortuna preparara,
Menina e moça, um túmulo aos teus dias.
Junto do amado esposo,
Outra c′roa cingias mais segura,
A coroa do amor, dádiva santa
Das mãos de Deus. No céu de tua vida
Uma nuvem sequer não sombreava
A esplêndida manhã; estranhos eram
Ao recatado asilo 
Os rumores do século.
Estendia-se
Em frente o largo mar, tranqüila face
Como a da consciência alheia ao crime,
E o céu, cúpula azul do equóreo leito.
Ali, quando ao cair da amena tarde,
No tálamo encantado do ocidente,
O vento melancólico gemia,
E a onda murmurando,
Nas convulsões do amor beijava a areia,
Ias tu junto dele, as mãos travadas,
Os olhos confundidos,
Correr as brandas, sonolentas águas,
Na gôndola discreta. Amenas flores
Com suas mãos teciam
As namoradas Horas; vinha a noite,
Mãe de amores, solícita descendo,
Que em seu regaço a todos envolvia,
O mar, o céu, a terra, o lenho e os noivos…
Mas além, muito além do céu fechado,
O sombrio destino, contemplando
A paz do teu amor, a etérea vida,
As santas efusões das noites belas,
O terrível cenário preparava
A mais terríveis lances.
Então surge dos tronos
A profética voz que anunciava
Ao teu crédulo esposo:
“Tu serás rei, Macbeth!” Ao longe, ao longe,
No fundo do oceano, envolto em névoas,
Salpicado de sangue, ergue-se um trono.
Chamam-no a ele as vozes do destino.
Da tranqüila mansão ao novo império
Cobrem flores a estrada, — estéreis flores
Que mal podem cobrir o horror da morte.
Tu vais, tu vais também, vítima infausta;
O sopro da ambição fechou teus olhos…
Ah! quão melhor te fora
No meio dessas águas
Que a régia nau cortava, conduzindo
Os destinos de um rei, achar a morte:
A mesma onda os dois envolveria.
Uma só convulsão às duas almas
O vínculo quebrara, e ambas iriam,
Como raios partidos de uma estrela,
À eterna luz juntar-se.

Mas o destino, alçando a mão sombria,
Já traçara nas páginas da história
O terrível mistério. A liberdade
Vela naquele dia a ingênua fronte.
Pejam nuvens de fogo o céu profundo.
Orvalha sangue a noite mexicana…
Viúva e moça, agora em vão procuras
No teu plácido asilo o extinto esposo.
Interrogas em vão o céu e as águas.
Apenas surge ensangüentada sombra
Nos teus sonhos de louca, e um grito apenas,
Um soluço profundo reboando
Pela noite do espírito, parece
Os ecos acordar da mocidade.
No entanto, a natureza alegre e viva,
Ostenta o mesmo rosto.
Dissipam-se ambições, impérios morrem,
Passam os homens como pó que o vento
Do chão levanta ou sombras fugitivas,
Transformam-se em ruína o templo e a choça.
Só tu, só tu, eterna natureza,
Imutável, tranqüila,
Como rochedo em meio do oceano
Vês baquear os séculos.
Sussurra
Pelas ribas do mar a mesma brisa;
O céu é sempre azul, as águas mansas;
Deita-se ainda a tarde vaporosa
No leito do ocidente;
Ornam o campo as mesmas flores belas…
Mas em teu coração magoado e triste,
Pobre Carlota! o intenso desespero
Enche de intenso horror o horror da morte,
Viúva da razão, nem já te cabe
A ilusão da esperança.
Feliz, feliz, ao menos, se te resta,
Nos macerados olhos,
O derradeiro bem: — algumas lágrimas!

Texto:
http://machado.mec.gov.br/images/stories/pdf/poesia/maps02.pdf

 

 

 

 Pintura de la Archiduquesa Carlota, Emperatriz de México, esposa de Maximiliano

LA MARCHESA DE MIRAMAR
Poema de Machado de Asís
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana

El archiduque Maximiliano, cuando estaba en Miramar, acostumbraba a retratar fotográficamente a la archiduquesa, escribiendo en la parte inferior del retrato: “La Marchesa de Miramar”. [M.A.]

De cuanto sueño un día poblaste
La mente ambiciosa,
¿Qué te queda? Una página sombría,
La oscura noche y un túmulo reciente.

¡Oh abismo! ¡Oh fortuna! Un día sólo
Vio erguir, vio caer tu frágil trono.
Meteoro del siglo, pasaste,
¡Oh triste imperio, iluminando las sombras!
¡La noche fue tu cuna y tu sepulcro!
De tu muerte los alhelíes todavía hallaron
Frescas las rosas de tus breves días;
Y en el libro de la historia una sola hoja
Tu vida cuenta: sangre y lágrimas.

En el castillo confiado,
Nido d′amor, abrigo de esperanzas,
La mano de ufanía, fortuna hubo preparado,
Niña y muchacha, un túmulo a tus días.
Al lado del amado esposo,
Otra corona ceñías más segura,
La corona del amor, dádiva santa
De las manos de Dios. En el cielo de tu vida
Una nube al menos no oscurecía
La espléndida mañana; extraños eran
Al recatado refugio
Los rumores del siglo.
Se extendía
frente el ancho mar, tranquila faz
Como la de la conciencia ajena al crimen,
Y el cielo, cúpula azul del marino lecho.
Allí, cuando al caer de la amena tarde,
En el tálamo encantado del occidente,
El viento melancólico gemía,
Y la ola murmurando,
En las convulsiones del amor besaba la arena,
Ibas tú junto de él, las manos unidas,
Los ojos confundidos,
Correr las blandas, soñolientas aguas,
En la góndola discreta. Amenas flores
Con sus manos tejían
Las apasionadas Horas; venía la noche,
Madre de amores, solícita descendiendo,
Que en su regazo a todos envolvía,
El mar, el cielo, la tierra, el leño y los prometidos…
Pero además, mucho más allá del cielo cerrado,
El nebuloso destino, contemplando
La paz de tu amor, la etérea vida,
Las santas efusiones de las noches bellas,
El terrible escenario preparaba
los más espantosos encuentros.
Entonces surge de los tronos
la profética voz que anunciaba
A tu crédulo esposo:
“Tú serás rey, Macbeth!” A lo lejos, a lo lejos,
En el fondo del océano, envuelto en nieblas,
Salpicado de sangre, se eleva un trono.
Lo llaman a él las voces del destino.
De la tranquila mansión al nuevo imperio
Cubren flores la calzada, — estériles flores
Que apenas pueden cubrir el horror de la muerte:
Tú vas, tú vas también, víctima infausta;
el soplo de la ambición cerró tus ojos.
Ah! Cuan mejor te fuera
En medio de esas aguas
Que la regia nave abría, conduciendo
Los destinos de un rey, encontrar la muerte:
La misma onda a los dos envolvería.
Una sola convulsión a las dos almas
El vínculo quebrara, y ambas irían,
Como rayos partidos de una estrella,
A la eterna luz para juntarse.

Pero el destino, alzando la mano sombría,
Ya trazó en las páginas de la historia
El terrible misterio. La libertad
Vela en aquel día la ingenua frente.
Llenan nubes de fuego el cielo profundo.
rocía sangre la noche mexicana…
Viuda y muchacha, ahora vanamente buscas
En tu plácido refugio el extinto esposo.
Interrogas en vano al cielo y las aguas.
Sólo surge ensangrentada sombra
En tus sueños de loca, y un grito solo,
Un suspiro profundo rebotando
Por la noche del espíritu, parece
Los ecos despertar de la mocedad.
Sin embargo, la naturaleza alegre y viva,
Presenta el mismo rostro.
Se disipan ambiciones, imperios mueren,
Pasan los hombres como polvo que el viento
Del suelo levanta o sombras fugitivas,
Se transforman en ruina el templo y la choza.
Sólo tú, sólo tú, eterna naturaleza,
Imutable, serena,
Como peñasco en medio del océano
Ves palpitar los siglos.
Por los acantilados del mar la misma brisa;
El cielo es siempre azul, las aguas mansas;
Se acuesta aún la tarde vaporosa
En el lecho del occidente;
Adornan el campo las mismas flores bellas…
Pero en tu corazón dolorido y triste,
Pobre Carlota! la aguda desesperación
Llena de intenso horror el horror de la muerte,
Viuda de la razón, ni ya te cabe
La ilusión de la esperanza.
Feliz, feliz, al menos, si te resta,
En los macerados ojos,
El postrero bien: — algunas lágrimas!

Tradução: PSdeJ El Escorial 31 Marzo 2017

Carolina Augusta Xavier de Nováis

 

Em 1869, Joaquim Machado de Assis se casa con la portuguesa Carolina Augusta Xavier de Nováis. Cuando falleció ella, el 20 de octubre de 1904, tras 35 años de matrimonio bien asentado, la vida en la Calle Cosme Velho se convierte en muy desagradable. Cuatro años más tarde murió Machado En la carta, con F se refiere a Faustino Xavier de Nováis, poeta romántico portugués, hermano de Carolina y amigo de Joaquím Machado.

Fragmento conservado de una carta de Machado de Assis a Carolina. En otra que se conserva, el autor firmaba Machadinho:
2 de Março. Minha Carola. Já a esta hora deves ter em mão a carta que te mandei hoje mesmo, em resposta às duas que ontem recebi. Nela foi explicada a razão de não teres carta no domingo; deves ter recebido duas na segunda feira. Queres saber o que fiz no domingo? Trabalhei e estive em casa. Saudades de minha C., tive-as como podes imaginar, e mais ainda, estive aflicto, como te contei, por não ter tido cartas tuas durante dois dias. Afirmo-te que foi um dos mais tristes que tenho passado. Para imaginares a minha aflição, basta ver que cheguei a suspeitar da oposição do F., como te referi numa das minhas últimas cartas. Era mais do que uma injustiça, era uma tolice. Vê lá justamente quando eu estava a criar estes castelos no ar, o bom F. conversava a meu respeito com a A. e parecia aprovar as minhas intenções (perdão, as nossas intenções!). Não era de esperar outra coisa do F.; foi sempre amigo meu, amigo verdadeiro, dos poucos que, no meu coração, têm sobrevivido às circunstâncias e ao tempo. Deus lhe conserve os dias e lhe restitua a saúde para assistir à minha e à tua felicidade. Contou-me hoje o Araújo que, encontrando-se num dos carros que fazem viagem para Botafogo e Laranjeiras, com o Miguel, este lhe dissera que andava procurando casa por ter alugado a outra. Não sei se essa casa que ele procura é só para ele ou se para toda a família. Achei conveniente comunicar-te isto; não sei se já sabes alguma coisa a este respeito. No entanto, espero também a tua resposta ao que te mandei dizer na carta de ontem, relativamente à mudança. Dizes que, quando lês algum livro, ouves unicamente as minhas palavras, e que eu te apareço em tudo e em toda a parte? É então certo que eu ocupo o teu pensamento e a tua vida? Já mo disseste tanta vez, e eu sempre a perguntar-te a mesma coisa, tamanha me parece esta felicidade. Pois, olha; eu queria que lesses um livro que eu acabei de ler há dias; intitula-se A Família. Hei de comprar um exemplar para lermos em nossa casa como uma espécie de Bíblia Sagrada. É um livro sério, elevado e profundo; a simples leitura dele dá vontade de casar. Faltam quatro dias; daqui a quatro dias terás lá a melhor carta que eu te poderia mandar, que é a minha própria pessoa, e ao mesmo tempo lerei o melhor………………………………………………………………………………………Machadinho.

A CAROLINA
 Poema de Machado de Assis

Querida, ao pé do leito derradeiro
Em que descansas dessa longa vida
Aqui venho e virei, pobre querida,
Trazer-te o coração do companheiro.



Pulsa-lhe aquele afeto verdadeiro
Que, a despeito de toda a humana lida,
Fez a nossa existência apetecida
E num recanto pôs um mundo inteiro.

Trago-te flores, – restos arrancados
Da terra que nos viu passar unidos
E ora mortos nos deixa e separados.

Que eu, se tenho nos olhos malferidos
Pensamentos de vida formulados,
São pensamentos idos e vividos.

A Carolina
Poema de Machado de Assis
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

Querida, al pie del lecho postrero
En que descansas de esa larga vida,
Aquí vengo y vendré, pobre querida,
A traerte el corazón del compañero.

Le impulsa aquel afecto verdadero
Que, a despecho de toda liza humana,
Hizo nuestra existencia la anhelada
Y en un refugio puso un mundo entero.

Te traigo flores, – restos arrancados
De la tierra que nos vio pasar unidos
y ahora muertos nos deja y separados.

Que yo, si tengo en los ojos malheridos
Pensamientos de vida formulados,
Son pensamientos idos y vividos.

Traducido por PSdeJ, 30 de marzo de 2017

 Tatiana Alves Soares Caldas

Nem Circes nem Penélopes: uma leitura de Noite de Almirante

por Tatiana Alves Soares Caldas, Doutora em Letras pela Universidade Federal de Rio de Janeiro, grande pesquisadora e ensaísta, publicou vinte e três livros. Atualmente integra o quadro efetivo do CEFET/RJ, na área de Língua Portuguesa e Literatura, em regime de dedicação exclusiva.

“Os heróis não cheiram bem.”
(Flaubert, A Educação Sentimental)

Noite de Almirante, conto integrante de Histórias sem data, de 1884, pertence à fase madura da prosa machadiana. Narra a desilusão vivida pelo marinheiro Deolindo Venta-Grande, que, após passar dez meses em uma viagem de instrução, reencontra a amada Genoveva envolvida com outro, apesar das juras proferidas antes de sua partida. Ao rever os colegas, no dia seguinte ao encontro com a moça, Deolindo dissimula sobre a noite que teria passado com ela, para não revelar a traição de que fora vítima.
Além de explorar as grandes questões que perpassam a obra machadiana – inconstância, traição, interesses, ardis, num desnudamento da mediocridade humana –, Noite de Almirante revela-se primoroso ao resgatar uma das mais profícuas imagens do inconsciente coletivo: o mito de Ulisses e de Penélope.
A partir de elementos que apontam para uma inequívoca remissão à Odisseia, de Homero, o presente estudo tem por objetivo verificar o modo pelo qual o narrador realista relê a epopeia clássica, lançando um olhar irônico e mordaz à sociedade do século XIX, valendo-se para isso de um dos mitos-chave do imaginário ocidental. Por meio de aspectos como a onomástica e a caracterização dos personagens, nossa leitura estabelece o referido conto como um dos mais críticos no que tange à representação da hipocrisia da sociedade oitocentista.

Noite de Almirante apresenta a temática do amor tal como aparece representada pela ótica do Bruxo do Cosme Velho – ligada à inconstância e à infidelidade. O interesse e a busca de ascensão constituem traços que se entrelaçam aos anteriores, e a mulher surge, na narrativa machadiana, mais uma vez representada como uma criatura ardilosa e dissimulada.
Um dos aspectos que se destacam na narrativa não se refere propriamente à falta de comprometimento em relação à palavra dada, mas à ausência de arrependimento por parte de Genoveva. O perfil psicológico da personagem já revela alguém astuta, cuja esperteza será fundamental para que se entenda, a posteriori, a troca de parceiro e a quebra da promessa feita sem que haja remorso algum por parte dela.

A tônica do texto, na realidade, acaba recaindo no descompasso entre aquilo que é dito e aquilo que é de fato cumprido, e verdade e mentira entrelaçam-se nas meias-palavras proferidas. Desse modo, Genoveva mente ao jurar amor eterno e trair Deolindo durante a sua ausência, mas diz a verdade quando é por ele procurada quando ele retorna de viagem. Note-se que ela inclusive afirma que foi verdadeira no momento do juramento, mas que depois tudo mudou. Ele, por sua vez, fala a verdade ao jurar fidelidade a ela, mas mente ao afirmar que vai se matar, sabendo tratar-se de blefe, como as palavras da moça indicam: “Qual o quê! Não se mata, não. Deolindo é assim mesmo: diz as cousas, mas não faz.” (ASSIS, 1994, p. 451) Ele mente ainda aos colegas, fazendo-os crer que ele tivera de fato uma noite sublime nos braços da amada.
Apesar da eventual solidariedade que o narratário possa manifestar em relação a Deolindo, a narrativa assume outra perspectiva quando se pensa o binômio verdade / mentira, uma vez que o texto aponta a coerência da atitude de Genoveva em sua ambição, decorrente do desejo de melhorar de vida. Já Deolindo, tão correto e íntegro, mente de forma descarada aos colegas, sem nenhuma justificativa para isso, a não ser a vaidade de não admitir a injúria sofrida. A justaposição das condutas das personagens centrais conduz a uma reflexão acerca das necessidades e vaidades humanas, sem lugar para o maniqueísmo romântico. O narrador realista mostra-nos que o homem sempre pode ser mentiroso, dependendo do ângulo a partir do qual se olhe.
Roberto Schwarz, em célebre estudo acerca da obra machadiana, destaca essa mudança de perspectiva em relação aos ideais românticos como um dos traços-chave da produção realista:

(…) Trata-se de uma situação básica do romance oitocentista: as veleidades amorosas e de posição social, propiciadas pela revolução burguesa, chocam-se contra a desigualdade, que embora transformada continua um fato; é preciso adiá-las, calcular, instrumentalizar a si e aos outros… para afinal descobrir, quando riqueza e poder tiverem chegado, que não está mais inteiro o jovem esperançoso dos capítulos iniciais.
(SCHWARZ, 2000, p. 54)

Sem lugar para heróis nem idealismo, sobrevive o mais forte, ou aquele que melhor se adapta ao meio. Na reflexão estabelecida pela narrativa, vários são os aspectos que figuram, de modo quase determinista, como atenuantes da atitude de Genoveva, sedenta de ascensão social. A configuração do espaço no texto também se revela importante, na medida em que o narrador, ao evidenciar o contraste entre a atual residência de Genoveva e a anterior, parece justificar a atitude da moça, motivada por ambição. Ao mostrar Deolindo dirigindo-se à casinha da namorada, a instância narrante ressalta, por meio das lembranças do rapaz, a precariedade do lugar:

(…) A casa é uma rotulazinha escura, portal rachado de sol, passando o cemitério dos Ingleses; (…) A mesma casinha dela, tão pequenina, e a mobília de pé quebrado, tudo velho e pouco (…).
(ASSIS, 1994, p. 446-447)

O lugar, sombrio e decadente, fica próximo a um cemitério, acentuando a sua caracterização negativa. Sugestivamente, a nova moradia da moça é assim referida por Inácia, a senhora que antes morava com ela, para que Deolindo a pudesse localizar: “na Praia Formosa, antes de chegar à pedreira, uma rótula pintada de novo.” (Ibidem, p. 448) A beleza da nova residência fica evidenciada pelo nome da rua, além de a proximidade com a praia e a informação de que a casa fora recentemente pintada indiciarem a boa situação financeira do casal.
Um dos eixos estruturais do texto reside, como dissemos, no diálogo por ele estabelecido em relação à Odisseia. A intertextualidade com a epopeia clássica suscita uma reflexão acerca da configuração do herói, típico nos textos épicos e inexistente na hipócrita e corrupta sociedade de oitocentos. A exploração lúdica da onomástica confirma a ironia do texto machadiano, que se aproxima do modelo clássico para subvertê-lo.
A Odisseia estabelece-se no imaginário ocidental como o grande mito do retorno, na temática do navegante que regressa e encontra a mulher à sua espera, fiel e saudosa. Penélope entrou para o pensamento ocidental como modelo de fidelidade conjugal, e é expressivo que um texto que retrata a sociedade a partir de suas mazelas e defeitos valha-se desse ideal clássico para enfatizar a crítica à sociedade de então. Vejamos, então, como o conto Noite de Almirante estabelece uma relação de interdiscursividade com a Odisseia, retratando um mundo desprovido de sereias e de heróis.

Um dos primeiros elementos que se destacam nessa releitura diz respeito à onomástica. Ulisses e Penélope são aqui substituídos por Deolindo Venta-Grande e Genoveva, respectivamente, num redimensionamento já sugerido pelos nomes dos personagens. Penélope, etimologicamente, significa “a que desfia tecidos”, “a fiandeira”. Genoveva, curiosamente, tem em seu étimo o significado de “mulher que tece”, mas também é “tecedora de feitiços”, numa capacidade de sedução que contrasta com a castidade de sua correspondente grega, celebrizada pelas artimanhas com que conseguiu se desvencilhar de seus pretendentes e manteve-se fiel ao marido. Genoveva remete ainda a Gênova, um dos principais portos da época mercantilista, numa sutil adequação do nome ao temperamento interesseiro da personagem. Além disso, há uma crença popular segundo a qual um marinheiro teria um amor em cada porto. Ironicamente, o que se verifica na narrativa é um marinheiro que se revela fiel durante a longa viagem de instrução, e que acaba traído pela mercantilista Genoveva.
Quanto aos nomes masculinos, Ulisses possui um étimo controverso, cujo significado por vezes aponta a expressão “odiado por Zeus”, enquanto outras fontes traduzem-no como “o irritado”. Já Deolindo, sem a alcunha Venta-Grande, alusão ao seu nariz avantajado, significaria “serpente do povo” ou mesmo “escudo do povo”. Outra etimologia, contudo, associa-o a “Deus”, o que poderia constituir uma ironia, pois aquele odiado por Zeus – Ulisses – revela-se um afortunado, encontrando a esposa à sua espera, o que não ocorre com aquele que carrega o seu nome. Significativamente, Deolindo é trocado por um mascate de nome José Diogo, nome, segundo o folclore popular, normalmente atribuído ao diabo, em mais uma das sutilezas que perpassam o texto machadiano.

Já Inácia, a mulher em cuja casa Genoveva morava até se unir a José Diogo, significa “ígnea” ou “ignara”, tendo ainda um significado específico ligado ao jargão dos marinheiros, denotando “norma de serviço, regulamento”. Curiosamente, é ela quem dissuade Genoveva e Deolindo da ideia de largar tudo para se casar, mas não consegue deter o impulso da moça quando esta se envolve com o mascate. Aquela que deveria, por força do nome, regular a conduta de Genoveva, mostra-se incapaz de fazê-lo.
Em Noite de almirante, a intertextualidade com a Odisseia não se limita à remissão aos nomes das personagens centrais, realizando-se também a partir de um diálogo acerca do comportamento da mulher durante a ausência do amado. Na epopeia clássica, Penélope vale-se de mil mecanismos para protelar a escolha de um dentre os pretendentes, até que Ulisses consegue retornar. No conto machadiano, apenas alguns meses são suficientes para que o protagonista já encontre a amada vivendo com outro, num contraponto à fidelidade da personagem grega. As artimanhas de Penélope enobrecem-na, em virtude de serem criadas com um propósito mais do que justificado – a espera pelo amado: “Saudades de Ulisses me consomem docemente o coração. Os pretendentes apressam minhas núpcias: eu me defendo com ardis.” (Odisseia, XIX, 136-137 apud BRANDÃO, 2002)

 Odisea La muerte de los pretendientes Canto XIV

Mesmo diante de tantas evidências indicando a morte de Ulisses, a fiel Penélope usa de estratagemas para adiar a escolha de um pretendente, numa imagem de devoção e de fidelidade inigualáveis. Enquanto a esposa de Ulisses tecia algo para depois desfazer, à noite, de modo a nunca terminar, a costura de Genoveva apresenta-se ligada a seus próprios interesses. Penélope tecia a mortalha do sogro Laerte, numa imagem triste e sugestiva de seu altruísmo e comprometimento com a estrutura familiar e com a fidelidade conjugal. Aguarda pacientemente durante vinte anos o retorno de Ulisses. Genoveva anima-se apenas a costurar um corpinho azul que a deixará ainda mais atraente, ato indicativo de sua vaidade, frustrando as expectativas de Deolindo, que imagina que a amada teria ficado costurando, à sua espera, e que teria, inclusive, feito algo para lhe dar de presente quando de seu retorno:

Foi à custa de muita economia que comprou em Trieste um par de brincos, que leva agora no bolso (…). E ela, que lhe guardaria? Pode ser que um lenço marcado com o nome dele e uma âncora na ponta, porque ela sabia marcar muito bem. (ASSIS, 1994, p. 447)

Se a Odisseia marca os périplos de Ulisses/Odisseu em seu regresso ao lar, justificando o título da obra, Noite de Almirante já se revela irônico a partir do título, pois uma noite de almirante pressupõe uma recepção triunfal, que justamente será negada a Deolindo, num redimensionamento do mito do regresso do herói. Genoveva não o espera nem por dez meses, tempo que ele leva para retornar. Nesse sentido, a cena de reencontro do casal também demarca a releitura realizada pelo conto machadiano em relação à história de Ulisses. O instante de reconhecimento do amado por Penélope é repleta de paixão, numa atitude coerente com a sua saudade:

(…) e a Penélope, no mesmo instante, desfaleceram os joelhos e o coração amante, reconhecendo os sinais que Ulisses dera sem hesitar. Correu direta para ele com as lágrimas nos olhos e lançou os braços em torno de seu pescoço…
(Odisseia, XXIII, 205-208 apud BRANDÃO, 2002)

A personagem, saudosa, emociona-se com o retorno do marido; o ardor amoroso, revelador de uma personalidade passional, ainda valoriza mais a sua fidelidade, pois mostra que, apesar de possuir um temperamento ardente, manteve-se casta a despeito de tantos a lhe desejarem a mão, por amor a Ulisses. Já no conto machadiano, Deolindo é recebido com frieza por uma Genoveva cerimoniosa, que chega mesmo a chamá-lo de senhor:

(…) Ele conheceu-a e parou; ela, vendo o vulto de um homem, levantou os olhos e deu com o marujo.
– Que é isso? Exclamou espantada. Quando chegou? Entre, seu Deolindo.
(…) Genoveva deixou a porta aberta: fê-lo sentar-se, pediu-lhe notícias da viagem e achou-o mais gordo; nenhuma comoção nem intimidade.
(ASSIS, 1994, p. 448)

Outro aspecto narrativo que dialoga com o mito do navegante refere-se à apropriação do imaginário da navegação. A ocorrência de termos e imagens ligados ao mesmo campo semântico atua como indício da trama, como se percebe, dentre outros, no momento em que Deolindo vai à procura de Genoveva, num turbilhão emocional semelhante a uma tempestade, prenunciando todo o infortúnio que se abaterá sobre ele:
As ideias marinhavam-lhe no cérebro, como em hora de temporal, no meio de uma confusão de ventos e apitos.
(Ibidem, p. 448. Grifos nossos)

Assim, o narrador utiliza-se de termos ligados à náutica para contar a história do marinheiro traído, e as imagens que denotam problemas no âmbito da navegação correspondem, no plano amoroso, à descoberta da traição. Outro momento em que a escolha lexical se revela expressiva ocorre quando, ao enfatizar as profissões em vez dos nomes próprios, o narrador sutilmente revela a questão financeira envolvida na traição, sugerindo que a troca se teria dado devido às vantagens que o mascate – em detrimento do marujo – lhe traria: “Uma vez que o mascate venceu o marujo, a razão era do mascate, e cumpria declará-lo.” (Ibidem, p. 449). Ao fazê-lo, denuncia uma sociedade em que o mais forte vence, ainda que a força, no caso, seja apenas a ascensão que o mascate poderia propiciar à moça.
A caracterização de Genoveva parece corroborar a personalidade interesseira que, se por um lado atua como crítica a uma sociedade calcada em aparências e materialismo, por outro justifica a escolha da moça, sem recursos, que se une a alguém que lhe poderia oferecer uma vida melhor. A esse respeito, a atitude de Genoveva de examinar o presente, avaliando-o, é indicativa de uma personalidade destituída de sentimentalismo. Sua falta de escrúpulos é tal que ela sequer cogita recusá-lo, mesmo nutrindo pelo rapaz um quase desprezo diante de suas bravatas:

(…) Deolindo declarou, com um gesto de desespero, que queria matá-lo. Genoveva olhou para ele com desprezo, sorriu de leve e deu um muxoxo; e, como se ele lhe falasse de ingratidão e de perjúrio, não pôde disfarçar o pasmo. Que perjúrio? Que ingratidão? Já lhe tinha dito e repetia que quando jurou era verdade. Nossa Senhora, que ali estava, em cima da cômoda, sabia se era verdade ou não.
(Ibidem, p. 449)

Genoveva mostra-se indignada pelo fato de ele cobrar uma promessa feita há muito, além de não esconder sua impaciência ao vê-lo prometer coisas que não cumprirá. Aqui, inclusive, surge mais um dos aspectos da releitura realizada pelo texto machadiano: se Ulisses, ao retornar, assassina todos os pretendentes de Penélope, Deolindo apenas jura vingança, de forma intempestiva, embora nada realize de fato. A cena em questão apresenta ainda as personalidades do casal – Deolindo, passional, que promete mas não cumpre, e Genoveva, prática e racional, que não hesita em escolher aquele que melhor se ajuste aos seus interesses, e que explica a situação de forma lógica. O uso do discurso indireto livre permite que o narratário entreveja a surpresa de Genoveva diante da situação, reiterando a coerência de sua atitude, e não percebendo nada de errado no que fizera ao rapaz. O caráter frívolo da moça pode ser notado no momento em que Deolindo lhe mostra os presentes que trouxe:

Ela abriu-o, aventou as bugigangas, uma por uma, e por fim deu com os brincos. Não eram nem poderiam ser ricos; eram mesmo de mau gosto, mas faziam uma vista de todos os diabos. Genoveva pegou deles, contente, deslumbrada, mirou-os por um lado e outro, perto e longe dos olhos, e afinal enfiou-os nas orelhas (…) para ver o efeito que lhe faziam.
(Ibidem, p. 450)

A postura fria e especulativa de Genoveva diante do presente revela uma personalidade interesseira. O termo bugigangas, destituído de qualquer afetividade, traduz o olhar avaliador que ela lança aos presentes trazidos por ele, evidenciando uma atitude semelhante à de uma comerciante que examinasse uma mercadoria. Curiosamente, ela troca Deolindo por um mascate, espécie de mercador ambulante, que oferece mercadorias a domicílio. Na sociedade oitocentista, vazia de heróis, não há mais lugar para o audaz navegante. No tempo em que se ama durante quinze meses e onze contos de réis, triunfa o mascate, aquele que igualmente se sustenta com a venda de mercadorias, e que, segundo Houaiss, pode significar ainda “qualquer uma dessas mercadorias, por derivação de sentido” (HOUAISS, 2001). Genoveva nega o modelo idealizado de submissão e resignação da mulher clássica e revela-se um produto do meio em que vive, adaptando-se às circunstâncias e fortalecendo-se para sobreviver. Deolindo, por sua vez, confirma ser aquele que diz as cousas mas não faz, e perde as ilusões que antes possuía, sendo mais um a se adaptar para não perecer. Ao perder Genoveva, confirma ainda a máxima machadiana: a ele, ódio ou compaixão; ao mascate, as batatas.

Bibliografia
ASSIS, Machado de. Noite de almirante. In: Histórias sem data. Obra completa. Rio de Janeiro: Nova Aguilar, 1994.
BRANDÃO, Junito. Mitologia Grega. 3 v. Petrópolis: Vozes, 2002.
CHEVALIER, Jean & GHEERBRANT, Alain. Dicionário de símbolos. Rio de Janeiro: José Olympio, 1990.
COSTA, Carlos Alberto Jales & COSTA, Otaviana Maroja Jales. Representação social e Literatura – um estudo sobre seis contos de Machado de Assis. In: Conc. João Pessoa, v.5, nº 7, p.1-188. / Jan/Jun.2002
http://www.adufpb.org.br/publica/conceitos/07/art_12.pdf
GUÉRIOS, Rosário Farani Mansur. Dicionário etimológico de nomes e sobrenomes. São Paulo: Editora Ave Maria, 1981.
HOUAISS, Antônio. Dicionário Eletrônico Houaiss da Língua Portuguesa. CD-rom. São Paulo: Objetiva, 2001.
SCHWARZ, Roberto. Ao vencedor as batatas: forma literária e processo social nos inícios do romance brasileiro. São Paulo: Duas Cidades; Editora 34, 2000.

Biografia
Tatiana Alves Soares Caldas possui Graduação em Letras (Português-Literaturas) pela Universidade Federal do Rio de Janeiro – Bacharelado e Licenciatura (1988), Especialização em Literatura Portuguesa (1989), pela Universidade Federal do Rio de Janeiro, Especialização em Literatura Brasileira pela Universidade do Estado do Rio de Janeiro (1993), Mestrado em Letras (Letras Vernáculas) pela Universidade Federal do Rio de Janeiro (1993) e Doutorado em Letras (Letras Vernáculas) pela mesma universidade (2000). Atualmente integra o quadro efetivo do CEFET / RJ, na área de Língua Portuguesa e Literatura Brasileira, em regime de dedicação exclusiva. Tem experiência na área de Letras, com ênfase em Literaturas Portuguesa, Brasileira e Africanas. Integrou, de 2009 a 2012, o grupo de pesquisa Afro-brasileiros, Discurso, Estudos Literários e Culturais e o NEAB, ambos no CEFET / RJ. Integrou, entre 2010 e 2012, o corpo docente e o colegiado do Mestrado en Relações Etnicorraciais (PPRER) na mesma instituição. Leciona Língua Portuguesa e Literatura Brasileira no ensino médio e técnico, e atuou, de 2009 a 2013, na Pós-Graduação Lato Sensu Relações Etnicorraciais e Educação: uma proposta de (re)construção do imaginário social ministrando a disciplina Lendo a África: representações e configurações identitárias. Atua ainda como colaboradora na Editora Celacanto, sem vínculo empregatício. Pesquisa a representação do feminino na literatura, e possui vinte e tres livros publicados

 João Almino

El pesimismo como método
Comentario sobre Machado de Assis
Autor: João Almino

Como escritor, considero a Machado de Assis como el más actual de los escritores brasileños del siglo diecinueve, aquel que, más que cualquier otro, podemos leer ahora sin tener que excusarlo por haber nacido en otro siglo y carecer de las percepciones que nos son comunes en nuestros días. Machado de Assis sigue siendo el maestro de mi generación literaria en Brasil, me ha influido a mí y a otros escritores, como lo hizo con generaciones precedentes. El libro clásico Formación de la Literatura Brasileña de Antonio Candido, el más importante crítico brasileño contemporáneo, termina con una referencia a Machado de Assis. Sin embargo, la obra literaria de Machado ya no es objeto de estudio en la Formación, puesto que ella señala el punto de partida de la literatura madura del Brasil.
Machado supo partir del horizonte literario del país para construir su trabajo con independencia y espíritu crítico. Su doble crítica a los románticos y a la nueva generación son indicios de esa madurez, si es cierto, como dijo el mismo Candido en otro texto, que la madurez de una literatura se mide por su capacidad de ser autorreferencial. Candido cree que eso ocurre de forma plena solamente con el modernismo, es decir, con la vanguardia de los años veinte.

Dice Machado en su texto La Nueva Generación, publicado en 1879: «La nueva generación se burla a veces del romanticismo. No se puede exigir de la extrema juventud la exacta ponderación de las cosas; no hay que imponer la reflexión al entusiasmo. De otra suerte, esa generación habría advertido que la extinción de un gran movimiento literario no trae consigo la condenación formal y absoluta de todo lo que afirmó; alguna cosa entra y se queda en el peculio del espíritu humano. Más que nadie, ella estaba obligada a no ver en el romanticismo un simple interregno, una brillante pesadilla, un efecto sin causa, sin nada más que, si no dio todo lo que prometía, deja cuanto basta para legitimarlo. Muere porque es mortal. En este punto cita a Renán: «Las teorías pasan, pero las verdades necesarias deben subsistir».
Sin embargo, Machado está de acuerdo con la crítica de los nuevos poetas al lirismo romántico. Dice: «Ellos abrieron los ojos al sonido de un lirismo personal, que, salvo las excepciones, era la más enervadora música posible, la más trivial y sin gracia. La poesía subjetiva llegó efectivamente a los últimos límites de la convención, bajó al juego pueril, a una serie de cosas sentimentales y vulgares».

Pero Machado también toma distancia en relación a los naturalistas que, al rehacer «la historia de las cosas», dirigen «al mundo externo todas las atenciones» de esa juventud literaria. Afirma: «Iba a olvidarme de una bandera hastiante para algunos, el Realismo, la más frágil de todas, porque es la negación misma del principio del arte… Un poeta, V. Hugo, dirá que hay un límite infranqueable entre la realidad, según el arte, y la realidad, según la naturaleza. Un crítico, Taine, escribirá que si la exacta copia de las cosas fuera el fin del arte, la mejor novela o el mejor drama serían la reproducción taquigráfica de un proceso judicial. Creo que aquel no es clásico, ni este romántico. Tal es el principio sano, superior a las contiendas y teorías particulares de todos los tiempos».
Sus libros no comparten directamente ninguna de las grandes corrientes ideológicas de su tiempo, lo que llevaba a Silvio Romero, la voz disonante de una crítica laudatoria de Machado, a afirmar, en su libro Machado de Assis: Estudo Comparativo de Literatura Brasileira, publicado en 1897, que su trabajo era inconsecuente. No fue un adepto del positivismo, del evolucionismo u otros tipos de determinismo. No fue socialista, republicano ni abolicionista. No fue romántico ni naturalista, aunque todas estas corrientes filosóficas, políticas o estéticas estén tratadas, a distancia, en su obra.

En el citado artículo sobre la nueva generación, habla con ironía del «optimismo, no solamente tranquilo, sino triunfante» de las nuevas ideas, sobre todo las ideas evolucionistas. «Nuestra juventud manifiesta seguramente el deseo», dice, «de ver alguna cosa por tierra, una institución, un credo, algún uso, algún abuso; pero el orden general del universo les parece la perfección misma». Y agrega: «La justicia, cuyo advenimiento nos es anunciado en versos subidos de entusiasmo, la justicia casi no llega a ser un complemento, sino un suplemento; y así como la teoría de la selección natural da la victoria a los más aptos, así otra ley, a la que se podrá llamar selección social, entregará la palma a los más puros. Es el reverso de la tradición bíblica; es el paraíso en el fin». Su distancia en relación a «La Nueva Generación» de progresistas evolucionistas, que sufren la influencia del desarrollo de las modernas teorías científicas, fue una de las causas de la irritación que provocó en el crítico Silvio Romero, quien consideraba que Tobias Barreto y los demás miembros de la llamada escuela de Recife, que representaban, desde el punto de vista filosófico, a esta nueva generación, producían lo más consecuente del pensamiento en Brasil. Machado trabajaba, así, dentro de las fronteras de la discusión estética y literaria brasileña, situándose en relación al pasado y a la nueva generación literaria. Al ser un marco de la madurez literaria de Brasil, es para la literatura brasileña más que un escritor del siglo XIX y más que un escritor entre otros que contribuye a la evolución literaria. Su obra es una referencia fundamental para la literatura brasileña de la actualidad.

Machado de Assis tiene un papel central en una tradición brasileña de literatura urbana, generalmente realista y poco orientada a lo pintoresco. Creo que en esa tradición ya se podría incluir a Manuel Antonio de Almeida con sus Memorias de um Sargento de Milicias, publicado en 1853, un cierto Alencar, el de, por ejemplo, Senhora, Lucióla e incluso el de A Pata da Gazela, Raúl Pompéia con su O Ateneu a finales del siglo y, ya en pleno siglo XX, Lima Barreto, el autor de O Triste Fim de Policarpo Quaresma y otros tantos hasta llegar a la literatura urbana brasileña de los años setenta y al realismo más imaginativo y menos testimonial de los días de hoy. Dice Candido, en su ensayo Literatura e Subdesenvolvimento, publicado en 1973: «El caso del Brasil es quizás peculiar, pues aquí el regionalismo, que principia con el romanticismo, antes que en otros países, jamás ha producido obras reputadas de primera plana, aun por sus contemporáneos. Ha sido siempre una tendencia secundaria, si no francamente subliteraria, en prosa y en verso. Los mejores productos de la ficción brasileña fueron urbanos, las más de las veces desprovistos de cualquier rasgo pintoresco. Su mayor representante, Machado de Assis, mostraba desde 1880 la fragilidad del descriptivismo y del color local, que ha eliminado de sus libros extraordinariamente elaborados».

 Machado de Assis imagen http://www.cervantesvirtual.com/portales/joaquim_maria_machado_de_assis/

 

Los muchos Machados
Pasa con los grandes escritores: sus obras permanecen vivas al dialogar con nuevas generaciones de lectores y al abrir, así, nuevas perspectivas de interpretación. Antonio Candido hace una tipificación de los múltiples Machados estudiados por la crítica a lo largo de varias décadas. El primer Machado, a principios de este siglo, estudiado por Oliveira Lima, es filosófico y clásico. El segundo, en los 30, el de Lucia Miguel-Pereira y de Augusto Meyer, es psicológico. Después, en los 40, es existencialista y sociológico, de acuerdo a los textos de Barrete Filho y de Astrojíldo Pereira respectivamente. Podríamos agregar que igualmente se suceden críticas de naturaleza culturalista, marxista-estructuralista e historicista. Obviamente la obra de Machado no se reduce a ninguna de estas interpretaciones, que son, con todo, generalmente correctas ya que corresponden al saber y a las obsesiones de cada época. Más que en el caso de otras, la obra de Machado es irreductible, porque es en gran medida una obra abierta, que revela nuevas realidades, pero las presenta fuera de los credos ideológicos de su tiempo y en sus formas múltiples, con ambigüedad, sin trama rígida, sin linealidad y a partir de perspectivas subjetivas.

La distancia crítica
Algunas de las características de esa obra son fundamentales para la comprensión del conjunto de la literatura brasileña, entre otras la descripción no pintoresca del Brasil, el realismo imaginativo y el pesimismo atemperado con el humor. De esos trazos quisiera hablar a partir de uno que les da unidad y que de alguna forma los explica: Machado tenía verdadera independencia de espíritu. En resumen, su punto de vista no se da desde un lugar fijo y conocido. No concentra sus novelas sobre temas específicos. No escribe tampoco a partir de una brasilidad a priori. Y sin embargo, en él encontramos al Brasil del siglo XIX y del siglo XX. ¿Cómo puede ocurrir eso? Machado tiene una mirada sorprendente y desconcertante, que es considerada por algunos como una mirada hacia atrás, debida a la influencia estética de la Inglaterra del siglo dieciocho, vía Laurence Sterne, el autor de Tristram Shandy (1760). ¿O sería, al contrario, una mirada desde adelante, desde el futuro, ya que su obra está estéticamente cercana a mucho de lo que se hizo en el siglo veinte? No. Sería más exacto decir que su mirada se da de lado, es una mirada oblicua. Oblicua y también distanciada, como si él fuera un observador objetivo, no solamente de las ideas y costumbres de su tiempo, sino también de la subjetividad de los narradores de sus mismos libros.

La distancia que guardaba Machado de todos los absolutos derivaba probablemente de su escepticismo. No idealizaba a Brasil ni a Europa. No creía ciegamente en el progreso, lo que lo vuelve más cercano al siglo XX que al siglo XIX. Hasta la misma racionalidad, que es el terreno en el que trabajó fríamente, fue contemplada por él con mirada distante. Esta misma mirada la aplicó a la ciencia. Pero en razón de la oblicuidad de su mirada, la distancia que guarda ante las realidades presentes no lo ubica jamás en el terreno de la utopía. Para él no existe ningún «paraíso en el fin», ninguna «selección social», para utilizar sus propios términos. En realidad, la «selección social» está ironizada en la filosofía del «humanitismo» formulada por el semiloco filósofo Quincas Borba, personaje de las novelas Memorias Postumas de Brás Cubas y Quincas Borba. De hecho, en el capítulo VI de esta última novela, el filósofo explica a su amigo Rubiáo – a quien dejará su herencia, incluso el perro que trae su mismo nombre, Quincas Borba – que Humanitas es un principio que resume el universo y el universo es el hombre; que el encuentro de dos expansiones puede determinar la supresión de una de ellas, pero que rigurosamente no hay muerte, sino vida, puesto que la supresión de una es la condición de sobrevivencia de la otra y la destrucción no alcanza el principio universal y común. Humanitas, dice, necesita comer, necesita sobrevivir, aunque, para eso, sea necesario sacrificar a los más débiles, incapaces de resistencia.

Quincas Borba explica el carácter benéfico de la guerra, a través del ejemplo del campo de papas que solamente es suficiente para alimentar a una de las dos tribus que lo disputan. Si hacen la paz, las dos mueren de hambre. Con la guerra, al contrarío, hay conservación. «Al vencido, odio y compasión; al vencedor, las papas». La opinión del exterminado no cuenta, porque desaparece el fenómeno y la substancia que subsiste es la misma. Quincas Borba utiliza la imagen del agua que hierve. Los individuos serían como las burbujas que se hacen y deshacen, mientras todo permanece en la misma agua.
La trama del libro Quincas Borba puede ser interpretada a través de esta sátira, creo, al positivismo y a las doctrinas evolucionistas. Vemos cómo Cristiano Palha y su mujer Sophia explotan, con astucia, la ingenuidad de Rubiáo. Al final de la novela, aplastado en su miseria moral, Palha repre- senta el éxito material y social, es un hombre rico y bien establecido, mientras Rubiáo pierde toda su fortuna y repite, ya loco, engañando su hambre con el delirio de un banquete en las Tullerías, la frase del filósofo Quincas Borba: «Al vencedor, las papas!».

Un tipo especial de realismo
Es un ejemplo más de la ya referida mirada oblicua y distanciada de Machado de Assis, en este caso en relación a las corrientes filosóficas de su tiempo. Esa mirada oblicua y distanciada explica el tipo especial de realismo que creó en su obra de madurez, un realismo de la ambigüedad, donde la frontera de lo real y lo imaginario está borrada; donde la objetividad, tan cara a los naturalistas, no existe fuera de la perspectiva subjetiva; donde la imaginación más osada está a servicio de la revelación directa de la verdad más cruda, como en el caso de las memorias de un muerto, Brás Cubas, cuya primera virtud es la sinceridad. Esta es más una prueba de su independencia de espíritu, puesto que para eso remó en contra de la marea del naturalismo que dominaba, en ese entonces, el paisaje literario.

El realismo, según el modelo francés, por ejemplo de Balzac, tenía narradores omniscientes, en tercera persona. Ya los narradores de Machado, frecuentemente en primera persona, como es el caso de Las Memorias Póstumas de Brás Cubas y de Dom Casmurro, ven necesariamente a través del prisma subjetivo y, por lo tanto, limitado. A Machado le interesa la problemática de la identidad, quién soy yo, qué hago en el mundo, qué sentido tienen mis acciones, cuál es la frontera, para mí, entre la razón y la locura. Sus novelas generalmente relatan las aventuras del deseo de un «yo» inconsecuente y frustrado; en otras palabras: las desventuras del deseo.

Hay, sin embargo, una objetividad moderna en Brás Cubas, la objetividad del narrador Brás Cubas frente al personaje Brás Cubas, que crea en la novela el espacio del metalenguaje, como lo han destacado, entre otros, Kalman Jorge Barsy en sus Notas sobre la Estructura de Memorias Postumas de Brás Cubas y Wilson Martins en el cuarto volumen de su Historia da Inteligencia Brasileira. Como dijo Barsy, Brás Cubas narrador es el «espectador objetivo» del Brás Cubas que vive. Es, así, la objetividad del lugar de la escritura que está tematízada a lo largo del libro. Machado llama la atención del lector, con quien dialoga con frecuencia, hacia la realidad de lo que se lee, hacia la realidad del mismo libro, de su estructura o ausencia de estructura, de sus historias y meandros narrativos.

Como lo han observado Antonio Candido en el Esquema de Machado de Assis y Wilson Martins en el libro ya citado, su procedimiento o su técnica realista es, en ese sentido, el contrario de la de Flaubert, quien publicara La éducation sentimentale doce años antes de las Memorias Postumas… y para quien el escritor debe arreglarse de manera que la posteridad piense que él jamás existió. Al contrario de otros escritores brasileños, como Aluizio Azevedo, tampoco sigue Machado los preceptos de Zola, para quien era importante inventariar la realidad en sus mínimos detalles.
Las cuestiones reales son no solamente presentadas a través de ese prisma subjetivo, sino que están ocultas, fragmentadas o desplazadas hacia un lugar inusitado. Sobre este último punto, John Gledson llamó, por ejemplo, la atención, en su libro Machado de Assis: Ficgáo e Historia, al hecho de que, en la novela Quincas Borba, Machado presenta las cuestiones reales a través del vehículo distorsionado de la locura de Rubiáo.
En su libro anterior, The Decepíive Realism of Machado de Assis. A dissenting interpretation of«Dom Casmurro» {Machado de Assis: Impostura e Realismo), Gledson definía el realismo de Machado como engañoso, justamente por estar oculto para el lector. Hizo notar, a propósito de Dom Casmurro, que lo que parece un detalle banal o una digresión se enmarca en un cuadro realista extraordinariamente múltiple, en el cual la vida psicológica, sexual, familiar, social, religiosa, política e ideológica del período se nos presenta como un todo interligado.
Hay también una distancia machadiana en relación a las ideas corrientes de Brasil y de brasilidad. Es decir, para él no existe una brasilidad a priori, que el escritor deba respetar. Como una prueba más de su espíritu independiente, Machado de Assis se distanció del indigenismo romántico, de la preocupación por hacer una literatura típicamente brasileña, del Brasil que era una invención del nacionalismo brasileño o de aquel que era una invención europea.

Escritor de la brevedad, de la elipsis, de las alusiones, de lo incompleto, lo fragmentario, de la digresión y de las pistas engañosas, sobre nada en particular, yo decía, escribió Machado. Y, sin embargo, escribió sobre casi todo. Sus novelas, a diferencia, por ejemplo, de Aluizio de Azevedo, no están centradas explícitamente en los temas sociales. No trataron de la actualidad brasileña: no hay una novela suya sobre la Guerra del Paraguay, sobre el republicanismo, sobre la esclavitud, sobre la realeza. Y, sin embargo, estos temas están presentes en sus novelas y los críticos han leído en ellas interpretaciones profundas de la historia del Brasil y una visión crítica de la sociedad de su época.

La relación con la política
Cuando habla de la aspiración de los nuevos poetas, en su citado artículo de 1879 sobre La Nueva Generación, Machado explica que la definición estética debe ir más lejos que el posicionamento político, sea el ideal republicano, sea la lucha por la justicia. Dice: «…esa aspiración al reino de la Justicia… no puede ser una doctrina literaria; es una aspiración y nada más. Puede ser también una cruzada, y no me desagradan las cruzadas en verso. Garrett, ingenuo a veces, …atribuye a los versos una porción de grandes cosas sociales que ellos no han hecho, los pobres versos; pero en resumen, que vengan ellos y canten alguna cosa nueva, esa justicia, por ejemplo… Pero entre una aspiración social y un concepto estético va una diferencia; lo que uno necesita es una definición estética». Esto no significa, con todo, que no se interesaba por las cuestiones políticas de su tiempo. Sobre este punto, podría nombrar muchos ejemplos, pero con respecto a México, vale recordar que, aunque reconociera virtudes personales y políticas en Maximiliano, Machado denunció repetidas veces, en sus artículos para la prensa, la política de conquista de Francia en relación a este país.

Es cierto, como señala Brito Broca en su libro Machado de Assis e a Política, que Machado escribió sobre estos temas políticos sobre todo cuando era joven y lo hizo a través de artículos periodísticos. Cuando escribió sus libros clásicos, ya no tenía el mismo activismo político en la prensa. Pero no sería cierto decir que en esa obra de madurez Machado desconoce las cuestiones sociales y políticas del Brasil. Hay distancia, sin duda. Pero ella refuerza, no atenúa el espíritu crítico de la escritura de Machado. Si es cier- to que sus textos no toman partido por la monarquía o la república -sobre esta cuestión su novela Esaú y Jacob es un ejemplo de equilibrio-, es la pequeñez de la política, de las prácticas políticas, de la ambición política, las que están en juego en muchos casos.

Machado de Assis se fija sobre todo en la clase dominante, la aristocracia. Pero si la cuestión indígena la trata de forma superficial y mitificada, no se puede decir lo mismo sobre la cuestión de la esclavitud, cuestión fundamental para el Brasil del siglo XIX. Aunque tratada de manera breve y, sobre todo en la prensa, sin la fineza que el lector de hoy exigiría, está presente en su obra con una radicalidad rara en sus contemporáneos. El enfo- que de Machado no limita la cuestión de la esclavitud a su dimensión racial, sino que va más lejos, al señalar los problemas que permanecen después de la liberación. Pienso no solamente en sus artículos de prensa durante la época de la abolición, sino también en el exesclavo Prudencio, personaje de Las Memorias Postumas de Brás Cubas, quien, una vez liberado, reproduce la forma como era tratado, aplicando cruelmente el azote sobre su propio esclavo.

La brasilidad de Machado de Assis
El sentido nacional y el color local en la obra de Machado de Assis ha sido una cuestión de interés para la crítica desde muy temprano. La cuestión del sentido nacional y del color local en la literatura en general y en Brasil en particular es además objeto de discusión para el mismo Machado. Este es el tema de su famoso artículo Instinto de Nacionalidad, de 1873, en el que dice que «lo que se debe exigir del escritor es, sobre todo, un cierto sentimiento íntimo, que lo vuelva hombre de su tiempo y de su país, aun cuando trate de asuntos remotos en el tiempo y en el espacio». Para él, «un poeta no es nacional solamente porque incluye en sus versos muchos nom- bres de flores o aves del país». Machado critica el énfasis en el indigenismo y, valiéndose de un concepto de civilización criticable hoy pero dominante en su época, que la veía como producto europeo, siendo los indígenas los pueblos incivilizados o por civilizar, afirma que la «civilización brasileña no está ligada al elemento indígena, ni ha recibido de éste ningún influjo». Y agrega: «comprendiendo que no está en la vida indígena todo el patrimonio de la literatura brasileña, sino solamente un legado, tan brasileño como universal, no se limitan nuestros escritores a esta sola fuente de inspiración.

Las costumbres civilizadas…, igualmente ofrecen a la imagi- nación buena y larga materia de estudio». Considera errónea la opinión que «solamente reconoce espíritu nacional en las obras que tratan de asunto local, doctrina que, a ser exacta,» dice, «limitaría mucho el patrimonio de nuestra literatura». Para probar que una literatura nacional no tiene que limitarse a temas nacionales, utiliza el ejemplo de Shakespeare: «preguntaré… si Hamlet, Ótelo, Julio César, Romeo y Julieta tienen algo que ver con la historia inglesa o con el territorio británico, y si, sin embargo, Shakespeare no es, además de un genio universal, un poeta esencialmente inglés».

Machado fue acusado de no practicar una literatura descriptiva del Brasil, de su naturaleza, de sus cuestiones sociales, de la esencia de su nacionalidad, y ha sido más frecuentemente saludado por la misma razón, o sea, por ser un escritor con preocupaciones universales, que se ha dedicado a la dimensión psicológica, introspectiva del hombre. La crítica reciente tiende, sin embargo, a resaltar el color local y el sentido nacional de la literatura de Machado de Assis, precisamente porque este escritor urbano, de Rio de Janeiro, ciudad donde nació en 1839 y donde vivió toda su vida, optó por evitar lo pintoresco y el paisaje «típicamente» brasileño, o sea, evitó describir el Brasil con los ojos de los europeos en busca de lo exótico.

El antropólogo francés Roger Bastide, en un muy comentado ensayo intitulado «Machado de Assis, paisajista», publicado en la Revista do Brasil en noviembre de 1940, ya sostenía el punto de vista de que la ausencia de descriptivismo en Machado y su uso notablemente más sutil de imágenes y de paisajes hicieron sus trabajos aún más brasileños. Según Roger Bastide, en el citado ensayo, Brasil está en los trabajos de Machado en la esencia, no solamente en la apariencia. De acuerdo a Bastide, Machado, al tomar una posición deliberadamente contraria a la visión del Brasil exótico, no ha excluido la naturaleza brasileña de sus libros. La describió a través de lo que Bastide llama «transposición», o sea Machado la integra en los personajes mismos, en su uso de las metáforas, y con eso crea una «presencia en la ausencia».
La tesis del más destacado especialista contemporáneo de la obra de Machado de Assis, el crítico Roberto Schwarz, sobre todo en su ya clásico libro Ao Vencedor as Batatas (Al vencedor las papas), refuerza esta percepción del carácter profundamente brasileño de la obra de Machado, al mostrar las conexiones entre literatura, realidad social e historia.
De acuerdo con Schwarz, era necesario diferenciar el Brasil de la ex- metrópolis portuguesa y sostener su status como nación cultivada. De eso resulta que algunos hayan insistido en la originalidad del Brasil, otros en la naturaleza occidental de su civilización. La dialéctica entre lo local y lo universal refleja un equilibrio de esa oposición, que pone los términos opuestos dentro de un mismo movimiento en dirección a la afirmación de la identidad nacional, en el que ellos armoniosamente se complementan. En Machado, al contrario, hay desarmonía y aún disparidad entre la generalidad de las tesis -universales- y los detalles localistas de los personajes; este es el aspecto central de la tesis de Schwarz. Lo local y lo universal están juntos, él observa; son, sin embargo, distintos y conviven en disparidad y desarmonía.

Comentando las Memorias Postumas de Brás Cubas, Schwarz afirma, en su texto «Complexo, Moderno, Nacional e Negativo», publicado en Novos Estudos CEBRAP, 1, en 1981, que, desde el punto de vista de las normas objetivas, como la filosofía, la medicina, etc., los personajes y situaciones no tienen sentido sin embargo, desde el punto de vista de la acción de la novela, son las normas mismas las que no son absolutas, no tienen realidad, y aparecen sin sentido, ya que no contribuyen con nada. En un caso, las normas tienen autoridad, en el otro son instrumento de un capricho. Este es un ejemplo de ideas fuera de lugar, el conocido concepto propuesto por Schwarz en la introducción de su libro Ao Vencedor as Batatas.

En una lectura de Machado hecha con los ojos de la crítica estructural y del marxismo, Schwarz fija gran parte de su tesis sobre la forma literaria y sobre las relaciones sociales en una sociedad paternalista en la que predominan las relaciones de favor. John Gledson, que debe a Schwarz las pistas de su trabajo, trata, en el ya citado Machado de Assis: Ficgao e Historia, de leer en Machado los temas de la política brasileña del siglo XIX que hayan sido explícitamente formulados por él y nos convence de que Machado conscientemente elaboró sus novelas alrededor de épocas densas y llenas de significación política donde destacan, como referencia, los años 1867-71. El trata de leer la concepción de la historia del Brasil en Machado, al formular una teoría del desarrollo de su obra. Sin embargo, termina su libro con la siguiente observación: «Quizás en esto se halle una explicación para la singularidad del lugar que Machado ocupa en la historia de la novela. Mientras la mayoría de los grandes novelistas del siglo XIX, por más que manifiesten horror a la realidad, escriben, en última instancia, con un sentido de comunidad y nacionalidad, él jamás asumió la existencia de ambas».

En resumen, hay en Machado una mirada realista -el tipo especial de realismo imaginativo del que hablábamos- sobre Brasil, sobre su sociedad y sobre su historia, pero hay también una distancia en relación a las ideas o concepciones corrientes de Brasil.
Pero lo que más importa a efectos nuestros es decir que la brasilidad de la obra de Machado depende no de su parti pris por una literatura que sea brasileña, sino de su espíritu independiente y de aquello que revela su literatura, sin prejuicios de ningún tipo. Machado de Assis leyó a Sterne y a Xavier de Maistre, quienes cita en las Memorias Postumas de Brás Cubas, y su literatura estaba abierta a varias influencias, sobre todo francesa al principio y, más tarde, inglesa. Sin embargo, esta literatura que se abre a la asimilación de la influencia extranjera confía principalmente en la invención local. ¿No estaría en su perspectiva ya la base del ideario de la vanguardia, o sea, del modernismo de los años veinte?

La distancia de Machado en relación a las ideologías europeas, su capacidad de incorporarlas superficialmente, sin que tengan un sentido orgánico, reflejan la distancia misma del Brasil, país periférico en el orden internacional. Sus personajes reflejan quizás una profunda realidad brasileña de «anomia», o sea de ausencia de normas o reglas de organización, y también el hecho de que en Brasil efectivamente esas normas y valores importados son artificiales y no pueden tener un sentido más que superficial. Parece ser, así, que Machado, quien clara y explícitamente recibió la influencia de la novela europea, reflejó mejor este Brasil periférico que aquellos que trataron de dar color local a sus novelas y, al hacerlo, curiosamente asumieron la mirada europea.

Ilustração publicada na revista “Fon-Fon”, edição de 3 de outubro de 1908,

 

Las desventuras del deseo
Quizás tenga sentido integrar mucho de lo que dije hasta aquí en lo que llamaría el método pesimista de Machado de Assis. Creo que de eso se trata, de un método, más que de una visión del mundo. Ver y ver siempre más, parece ser la regla básica de la técnica machadiana. Su escritura revela, sí, nuevos territorios, sin prejuicios, como decía, sin idealizaciones. Su pesimismo tiene una fuerza crítica en un país dispuesto siempre a creer en el futuro y ante de las expectativas positivas no solamente de la nueva generación en Brasil, sino también de las ideas progresistas europeas de la época. No había redención, ni aquí ni allá, ni en el paisaje local, ni en el universal. Machado nos dice que hay que reírse de ese mundo que no tiene arreglo, y seguir viviendo.
¿De dónde viene el pesimismo de Machado? Nada lo explica, ni sus crisis de epilepsia, ni siquiera el hecho de que era mulato de origen pobre en una sociedad racista. En realidad, su color no influyó en su ascensión social ni en su consagración, en vida, como el más destacado escritor brasileño.

En su Esquema de Machado de Assis, publicado en Varios Escritos, en 1970, Antonio Candido, al discutir la cuestión de la relación entre genialidad y fatalidad, afirma que «en verdad sus sufrimientos no parecen haber sido más grandes que los de otros, ni fue su vida particularmente ardua. Gente racialmente mezclada y de origen humilde estaba entre los hombres representativos de nuestro Imperio liberal, hombres que, a pesar de su color y de su origen pobre, terminaban por recibir títulos nobiliarios y por ocupar cargos ministeriales… Al contrario» continúa Candido, «sería más apropiado observar la normalidad exterior y la relativa facilidad de su vida pública. Tipógrafo, reportero, pequeño funcionario del gobierno, después alto funcionario, su carrera fue plácida». Silvio Romero, que trataba de dividir en grupos
a los escritores pesimistas, decía, en su Machado de Assis: Estudo Comparativo de Literatura Brasileira, que su espíritu era velado, discreto, tranquilo, dulce y comunicativo; que tenía salud, no andaba cargado de sombras; usaba de bons mots, de juegos de palabras, de calembours; reía fácilmente. En ninguno de los grupos de pesimistas veía, así, a Machado de Assis, a no ser quizás en el de los funcionarios aburridos (de hecho Machado fue funcionario toda su vida desde la edad de los veintisiete años) o también en parte en la de «los lúcidos y clarividentes, excitados por lecturas», a lo que agregaba además la supuesta ausencia de «práctica de vida» en Machado.

La historiografía pasó a la posteridad la imagen de su matrimonio armonioso con Carolina Augusta Xavier de Nováis. Pero es precisamente en el campo del amor donde su pesimismo es más evidente. De hecho, en las Memorias Postumas de Brás Cubas, novela publicada en 1881, el protagonista no se fija en una sola mujer a la que podría amar, Virgilia, es casada y él no tendrá el valor de asumir plenamente su relación, que permanece clandestina y lleva, entre otras desventuras, a la concepción y aborto de un hijo. Pasados veinte años, de dos pasiones desenfrenadas, nada más quedaba, dos corazones marchitos, devastados por la vida y saciados de ella, como observará el narrador. Aún así es quizás esta relativamente la más estable y sana de las relaciones amorosas de la fase madura de la obra de Machado, puesto que, bajo la forma de la amistad, puede sobrevivir hasta la muerte del personaje principal, a quien Virgilia viene a visitar en su lecho días antes de su muerte.

No es seguramente mejor la situación del pobre Rubiáo en Quincas Borba, de 1891, quien se enamora de la bella mujer de Cristiano Palha, Sophia. Ésta hace un juego ambiguo con Rubiáo, solamente para servir a los deseos de especulación comercial del marido arribista. En la novela Dom Casmurro, de 1899, obsesiona al narrador Bento la idea -imaginada o verdadera- de la infidelidad de su mujer Capitu, que lo hubiera traicionado con su mejor amigo, Escobar, quien sería el verdadero padre del hijo de Capitu. En Esaú y Jacob, libro publicado en 1904, los hermanos gemelos Pedro y Paulo aman a Flora, que tiene que decidirse por uno de los dos pero no puede, porque se sentiría reducida por la mitad si escogiera a uno solo y finalmente muere, sin decidir.
De su obra madura, solamente en su último libro, Memorial de Aires, de 1908, la visión del amor y del matrimonio no es negativa y, aún así, se trata del amor y del matrimonio del otro, puesto que el personaje principal, el viejo viudo Aires, es solitario y se ocupa de observar la vida ajena, en especial de la joven viuda Fidelia, que se le hace interesante, atractiva y más: encantadora y apetecible. Aires desconfía desde el principio de la novela, escrita bajo la forma de un diario, que ya no puede enamorarse y repite el verso de Shelley: / can give not what men cali love («No puedo dar lo que los hombres llaman amor») y, pensando en Fidelia, agrega: «¡Y esto es una lástima!»

Más adelante afirma que una cosa es citar versos y otra es creer en ellos. Llega a imaginar que Fidelia le dirige la palabra: «Consejero, ¿qué cree que debo hacer? ¿Casarme o quedarme soltera?» «Ni una cosa, ni la otra», contesta él. «No hagas bromas, Consejero». «No hago bromas. Viuda no conviene a nadie, así tan verde. Casada, sí, pero ¿con quién, si no conmigo?» Y ella contesta: «Había justamente pensado en usted». Llega, sin embargo, el momento en que los ojos que pone en Fidelia son de pura admiración y, dice, «¡la admiración basta!». Y en el final de la novela, Aires se complace en presenciar la felicidad de los novios Fidelia y Tristáo.

Deberíamos decir, sin embargo, que el pesimismo en Machado está atemperado por el humor. La tragedia de las Memorias Postumas de Brás Cubas sólo se revela completamente en las últimas líneas del libro y, aun así, es ofrecida al lector la posibilidad de mezclar el dolor del resentimiento con el placer del humor: «No alcancé la celebridad del emplasto, no fui Ministro, no fui califa, no he conocido el casamiento. Verdad es que, al lado de estas faltas, me ha tocado la buena fortuna de no haber comprado el pan con el sudor de mi rostro. Más aún, no he padecido la muerte de D. Plácida, ni la semidemencia de Quincas Borba. Sumadas unas cosas y otras, cualquier persona imaginará que no ha habido mengua ni sobra, y consecuentemente que salí a mano con la vida. E imaginará mal; porque al llegar a este otro lado del misterio, me encontré con un pequeño saldo, que es la última negativa de este capítulo de negativas: -No tuve hijos, no transmití a ninguna criatura el legado de nuestra miseria».
No todo lo que dijo Silvio Romero está equivocado. Pero lo que veía como defecto, uno puede considerarlo virtud. Él observó correctamente que Machado no tenía la fuerza épica de un Flaubert.

En cuanto a la tragedia amorosa de la novela Memorias Postumas de Brás Cubas, el hecho de que Virgilia no es enteramente correspondida por Brás Cubas, que no se decide por ella, de que ella continúa viviendo con su marido una vida de felicidad mediocre, nada de eso es comparable a la situación de una Madame Bovary. El adulterio es casi aceptado por los personajes sin gran drama y no hay siquiera «el vigor de la verdad descubierta de modo flagrante», de cuya ausencia se quejaría Romero. Como observaba hace algunos años la crítica brasileña Sonia Brayner, en una mesa redonda cuyo texto fue publicado por la editorial Ática en el libro de su colección «Escritores brasileños» dedicado a Machado de Assis, «el adulterio y las relaciones adúlteras son temas importantes para Machado. Pero él dispensa enteramente el climax del adulterio realista. Él anuló el adulterio en cuanto climax y, peor, en cuanto pasión. No existe propiamente historia de amor, sino del agotamiento del posible amor», dice Sonia Brayner. Ningún suicidio, ningún asesinato, ninguna pasión que lleve a la locura, agrego. En las novelas de Machado, los grandes dramas no tienen la apariencia de drama, no se derraman ríos de lágrimas, ni corre la sangre de los crímenes pasionales. La vida sigue. Este tono de aparente trivialidad contribuye a la actualidad de su texto.

A título de conclusión, yo diría que son ingredientes del método pesimista de Machado varios de los elementos aquí discutidos, como la distancia en relación a las corrientes progresistas del siglo XIX y una distancia en relación a la exaltación local de la tierra y de la nación. Creo importante señalar que ese pesimismo jamás es nostálgico. Su técnica consiste en ver los hechos y situaciones desde nuevos y distintos ángulos. Por eso es compatible con el realismo, pero agregándole nuevos elementos, sea el de la visión subjetiva del narrador, sea el de la realidad misma del texto, sea el de la más osada imaginación, que sirve como un lente para ver de cerca nuestra miseria cotidiana.
Tal pesimismo evita el riesgo de las ilusiones y de las frustraciones, puesto que baja el nivel de las expectativas humanas. Se trata, creo, sin embargo, en Machado, de un pesimismo que no lleva al conformismo y a la pasividad, sino que es activo y contiene elementos de inconformidad.

Biografía de João Almino

(Nacido en Brasil, 1950) es escritor y diplomático. Entre sus novelas destacan las que conforman el “Quinteto de Brasilia”, si bien pueden leerse de manera independiente: Ideas sobre dónde pasar el fin del mundo (indicada para el Premio Jabuti, ganadora de premio del Instituto Nacional del Libro y del Premio Candango de Literatura); Samba-enredo (Luso-Española de Ediciones, Salamanca, 2015); Las Cinco Estaciones del Amor (Alfaguara, México, 2003; Corregidor, Buenos Aires, 2009; Host Publications, Austin/New York, 2008; Il Sirente, Italia, 2011; Premio Casa de las Américas, 2003); O Livro das Emoções (Rio de Janeiro, Record, 2008; en inglés por Dalkey Archive Press, 2012; finalista de los premios Portugal-Telecom de Literatura 2009 y Passo Fundo Zaffari & Bourbon de Literatura 2009); Cidade Livre (Rio de Janeiro, Record, 2010; en francés, por Editions Métailié, 2012; en inglés por Dalkey Archive Press, 2013; Premio Passo Fundo Zaffari & Bourbon de Literatura 2011 de mejor novela publicada en Lengua Portuguesa en los dos últimos años; finalista de los premios Jabuti y Portugal-Telecom de Literatura 2011) y Enigmas da Primavera (en inglés por Dalkey Archive Press 2016, finalista del Prémio Rio de Literatura 2016 y finalista del Prémio São Paulo de Literatura 2016). El autor obtuvo un doctorado en París bajo la dirección del filósofo Claude Lefort. Dio clases en la Universidad Nacional Autónoma de México, el Instituto Rio Branco y las universidades de Berkeley, Stanford y Chicago. Sus escritos de historia y filosofía política son de referencia para los estudiosos del autoritarismo y la democracia.

El autor: Apunte biobibliográfico, por Francisco José López Alfonso Universitat de València

Joaquim Maria Machado de Assis nació en Río de Janeiro, en el Morro de Livramento, el 21 de junio de 1839, hijo de los mulatos libres Francisco José de Assis, pintor de casas, y de Maria Leopoldina Machado de Assis, lavandera. Huérfano muy niño, fue criado por su madrastra, la mulata Maria Inés quien le enseñó las primeras letras. Pasó por la escuela pública, pero realmente su formación fue autodidacta. Una gran ambición intelectual le acompañó toda su vida. En uno de sus primeros trabajos, en la panadería de Mme. Guillot, aprende a leer y traducir francés y cercano a los setenta años todavía inicia el estudio del griego.
En 1855, entra en contacto con el grupo de escritores que se reunían en la librería de Paula Brito y publica su primer poema, «Um anjo». Comienza entonces una actividad intelectual que se mantendrá ininterrumpida hasta su muerte en 1908. En 1856 trabaja como aprendiz de tipógrafo en la Imprensa Nacional. En el 58 es revisor de pruebas en la editora de Paula Brito y un año después en el Correio Mercantil. Su nuevo oficio lo introduce plenamente en el medio periodístico y literario. Colabora en Marmota, Paraíba, Espelho -revista efímera que funda con Eleuterio de Sousa en 1858- y Correio Mercantil. Su primera colaboración en prosa es una traducción de Lamartine y su primer estudio crítico importante, «O pasado, o presente e o futuro da literatura», reflexiona sobre la formación de una literatura nacional.
En 1860 pasa a colaborar en Diario do Rio. Machado será el encargado de reseñar los debates del senado. Obligado a reflexionar sobre la política y la vida social, la experiencia representará para el muchacho de veintiún años un interesante aprendizaje. Esta parte de su obra muestra un excelente periodista que empieza a forjar ese modo inconfundible de decir, tan llano y profundo a la vez, marcado por una inteligente ironía.

En esta década publica buena parte de su producción teatral: Hoje avantal, amanha luva (1860), Queda que as mulheres têm para os tolos (1861), que aparece como una supuesta traducción, Desencantos (1861), Caminho da porta (1863), O protocolo (1863), Quase ministro (1863) y Os deuses de casaca (1866). Si como dramaturgo no logra el reconocimiento, sí lo alcanza como poeta con las poesías románticas de Crisálidas (1864). Son sus primeros libros.
Dos acontecimientos vitales en la biografía de Machado sucederán en los años inmediatos: su ingreso en la administración del estado -primero en 1867 en el Diario Oficial y después en 1873, en la Secretaría de Agricultura- y su matrimonio con Carolina Xavier de Novais, en 1869. Con la seguridad proporcionada por su condición de funcionario, en cuya escala irá ascendiendo hasta su jubilación como director de la Dirección de Comercio, Machado podrá consagrarse a la literatura. También Carolina contribuyó a esta vocación. No solo le proporcionó la estabilidad emocional de una vida feliz. En Carolina, Machado encontró a una lectora culta que lo indujo al conocimiento de los autores ingleses que tanto habrían de influir en su narrativa de madurez y a una lectora inteligente con la que discutió su propia obra.

En 1870, aparece su segundo volumen de poesías, Falenas. Pero esta década estará marcada por el desarrollo del narrador. Contos fluminenses (1870) e Histórias da meia-noite (1873), publicados por la que será su principal editora, Garnier, recogen relatos aparecidos previamente en Jornal das familias. Resurreição (1872), su primera novela, es también una obra convencional, aunque ya se percibe en ella uno de los principales rasgos de Machado como novelista: la penetración sicológica. En sus tres siguientes novelas, emparentadas temáticamente, A mão e a luva (1874), Helena (1876) y Iaiá Garcia (1878), el escritor parece empeñado en dar solución al problema que se había planteado en su inteligente ensayo «Instinto de nacionalidade» (1873): «Lo que ante todo se debe exigir del escritor -afirma allí- es cierto sentimiento íntimo que lo torne hombre de su tiempo y de su país, incluso cuando trate asuntos remotos en el tiempo y en el espacio». En estas novelas, quizá reflexionando sobre el abandono de su buena madrastra, defiende la ambición de mudar de clase, incluso a costa de sacrificios en el plano afectivo. El extraño hilo social que recorre estas desencantadas páginas, en las que la práctica del paternalismo ocupa un primer plano, marca distancia con la narrativa romántica de José Alencar.
Pero no será este ciclo de la ambición con el que Machado resuelva el problema del realismo brasileño. Después de la grave crisis de salud que lo aquejó entre octubre de 1878 y marzo de 1879, escribe Memórias póstumas de Bras Cubas (1881), con la que logra trasponer a la forma las relaciones sociales brasileñas. Con esta novela, narrada por el difunto Bras Cubas, Machado abandona la fórmula del realismo europeo y con ella el dominio de la racionalidad convencional. La arbitrariedad con la que el gran señor Cubas cuenta su vida traduce la desfachatez de la dominación de clase en el Brasil y señala el conflicto entre la profunda solidez de lo estamental y la superficialidad de lo burgués en la vida nacional. Memórias, por encima de su frágil carácter autobiográfico, sugiere revolucionariamente que la identidad se fija en niveles impersonales: el inconsciente y la sociedad.
Con esta novela, inicia Machado su etapa de madurez que lo eleva a la altura de los grandes maestros del realismo decimonónico. Es el inicio también de su inteligente y esquiva lección de historia del Brasil, que nos revela una sociedad en las antípodas de la patria romántica que conformó la narrativa de Alencar. Si las Memórias se ambientan entre 1805 y 1869, desnudando la organización servil y familiar de entonces, Quincas Borba (1891) y Dom Casmurro (1990) muestran el periodo de crisis entre 1867 y 1871, cuando el capitalismo empezó a debilitar las estructuras estamentales del Imperio. Y, finalmente, Esaú e Jacob (1904) y Memorial de Aires (1908) se ocuparán de los años más cercanos marcados por los hitos de la Abolición de la esclavitud y la proclamación de la República.
Tan brillantes como sus novelas, serán sus cuentos de esta etapa, que hacen de Machado un maestro del género, tal vez el primer gran cuentista latinoamericano. Papéis avulsos (1882), que incluye «O alienista», Histórias sem data (1884), Várias histórias (1896) y Páginas recolhidas (1899) son testimonio de ello.
Casi todas estas obras maestras de la narrativa fueron escritas en medio de la vida plácida y ordenada del funcionario Machado. Y alguna con posterioridad a su jubilación forzada en 1897. Para entonces hacía algún tiempo que era considerado el mejor escritor brasileño. Su aclamación como presidente de la Academia Brasileña de Letras, de la que fue miembro fundador, constituyó un reconocimiento más.
Machado murió el 29 de septiembre de 1908.

Francisco José López Alfonso, profesor de la Universitat de València, es autor de César Vallejo, las trazas del narrador (1995), Indigenismo y propuestas culturales: Belaúnde, Mariátegui y Basadre (1995), Hablo, señores, de la libertad para todos: López Albujar y el indigenismo en Perú (2006) y Sombras de la libertad: una aproximación a la literatura brasileña (2008). Actualmente trabaja en una monografía sobre Mario Bellatin.

http://www.cervantesvirtual.com/portales/joaquim_maria_machado_de_assis/apunte_biografico/

Cronologia

1839 –  Nasce no Rio de Janeiro, em 21 de junho, Joaquim Maria Machado de Assis, filho  do brasileiro Francisco José de Assis e da açoriana Maria Leopoldina Machado de Assis, moradores do morro do Livramento.
1849-  Após o falecimento de sua mãe e de sua única irmã, Machado é amparado por sua madrinha.
1854 – Seu pai casa-se com Maria Inês da Silva, com quem Machado continuará vivendo após a morte de Francisco José.
1855 – Publica seu primeiro poema, “Ela”, após tornar-se colaborador do jornal Marmota Fluminense, de Francisco de Paula Brito.
1856 – Como aprendiz de tipógrafo, entra para a Tipografia Nacional.
1858 – Tem aulas de francês e latim com o  professor Padre Antônio José da Silveira Sarmento. Torna-se o revisor de provas de tipografia e da livraria do jornalista Paula Brito, onde conhece membros da Sociedade Petalógica, como Manuel Antônio de Almeida, Joaquim Manoel de Macedo. Colabora no jornal O Paraíba, e no Correio Mercantil
1859 – Colabora na revista O Espelho (que foi publicada até janeiro de 1860), como crítico teatral.
–             1860 – A convite de Quintino Bocaiúva, é redator do Diário do Rio de Janeiro, no qual usa  os pseudônimos Gil, Job e Platão; fazia a resenha dos debates do Senado e outros serviços, como crítica teatral, além de colaborar em A Semana Ilustrada.
1861 – Desencantos (comédia) e Queda que as mulheres têm para os tolos (sátira em prosa) são publicados.
1862 – Como sócio do Conservatório Dramático Brasileiro, exerce função não remunerada de auxiliar da censura. É bibliotecário da Sociedade Arcádia Brasileira. Colabora em O Futuro, periódico quinzenal sob a direção de Faustino Xavier de Novais.
1863 – É publicado o Teatro de Machado de Assis, composto por duas comédias, “O protocolo” e “O caminho da porta”. Passa a publicar vários contos no Jornal das Famílias.
1864 – Publicado seu primeiro livro de versos, Crisálidas. Em julho firma contrato com B. L. Garnier para a venda definitiva dos direitos autorais de Crisálidas.
1865 – É fundada a Arcádia Fluminense, da qual Machado de Assis é um dos sócios fundadores.
1866 – São publicadas a comédia Os deuses de casaca e sua tradução do romance Os trabalhadores do mar, de Victor Hugo. No fim deste ano, chega ao Rio de Janeiro Carolina Augusta Xavier de Novais, irmã do poeta Faustino Xavier de Novais e futura esposa de Machado.
1867 – É agraciado com a Ordem da Rosa, no grau de cavaleiro, e é nomeado ajudante do diretor do Diário Oficial.
1868 – Como crítico consagrado, guia o jovem poeta Castro Alves no mundo das letras, a pedido de José de Alencar.
1869 – Casa-se com a portuguesa Carolina Augusta Xavier de Novais.
1870 – São publicadas as obras Falenas e Contos fluminenses.
1872 – Ressurreição, seu primeiro romance, é publicado.
1873 – Publica Histórias da meia-noite (contos) e “Notícia da atual literatura brasileira: instinto de nacionalidade” (ensaio crítico). É nomeado primeiro-oficial da Secretaria de Estado do Ministério da Agricultura, Comércio e Obras Públicas.
1874 – A mão e a luva é seu segundo romance editado e publicado em livro.
1875 – Publica Americanas, seu terceiro livro de poesias.
1876 – Publica, entre agosto e setembro, o romance Helena no jornal O Globo. Colabora na revista Ilustração Brasileira e é promovido a chefe de seção da Secretaria de Agricultura.
1878 – O romance Iaiá Garcia é publicado em O Cruzeiro e editado em livro. No mesmo jornal, publica o primeiro artigo em que faz críticas ao romance O Primo Basílio, de Eça de Queirós. Por conta das edições clandestinas da obra no Brasil, o próprio Eça de Queirós nomeia Machado como seu defensor em relação aos direitos autorais d’O Primo Basílio. Segue, em licença por motivo de doença, para Friburgo, de onde retorna em março do ano seguinte.
1879 – Publica na Revista Brasileira, o romance Memórias póstumas de Brás Cubas e na  revista A Estação, o romance Quincas Borba. Nesta também é publicado o seu estudo intitulado “A nova geração”.
1880 – É designado Oficial de Gabinete do Ministério da Agricultura. Sua comédia Tu, só tu, puro amor… é representada no teatro Dom Pedro II, em razão das festas organizadas pelo Real Gabinete Português de Leitura em comemoração ao tricentenário do poeta português Luís de Camões. Foi publicada, em volume, no ano seguinte.
1881 – Memórias póstumas de Brás Cubas é publicado em livro. Escreve crônicas no jornal Gazeta de Notícias e passa a ter a função de oficial de gabinete do ministro da Agricultura.
1882 – Publica seu terceiro livro de contos, Papéis avulsos, no qual se encontra o conto “O alienista”. Entra em licença de três meses para tratar-se fora do Rio de Janeiro.
1884 – Publica em livro os contos de Histórias sem data e passa a morar na Rua Cosme Velho, onde residirá até a sua morte.
1886 – É publicado o volume Terras, compilação para estudo da Secretaria da Agricultura, resultado do trabalho de oito anos na Comissão de Reforma da Legislação das Terras.
1888 – É nomeado oficial da Ordem da Rosa, por Decreto Imperial.
1889 – É promovido a diretor da Diretoria do Comércio, na Secretaria de Estado da Agricultura, Comércio e Obras Públicas em 30 de março.
1891 – Publica em livro o romance Quincas Borba.
1892 – É promovido a Diretor-Geral  da Viação da Secretaria da Indústria, Viação e Obras Públicas.

1895 – Araripe Júnior publica um perfil de Machado de Assis na Revista Brasileira, de José Veríssimo, revista da qual Machado passa a ser colaborador em dezembro do mesmo ano.
1896 – Publica seu quinto livro de contos, intitulado Várias Histórias. Dirige a primeira sessão preparatória da fundação da Academia Brasileira de Letras – ABL.
1897 – Participa da inauguração e é eleito o primeiro presidente da recém-fundada Academia Brasileira de Letras – ABL. Sua presidência na Academia dura mais de 10 anos.
1899 – É publicado o romance Dom Casmurro e o livro de contos, ensaios e teatro Páginas Recolhidas. É firmada escritura de venda da propriedade inteira da obra de Machado de Assis a François Hippolyte Garnier.
1901 – Publica Poesias Completas, que inclui três livros de versos anteriores, Crisálidas, Falenas e Americanas, mais a coletânea Ocidentais.
1904 – Publica seu penúltimo romance, Esaú e Jacó. Segue em janeiro para Friburgo, com a esposa enferma. Morre Carolina Augusta Xavier de Novais, dias antes de completarem 35 anos de casamento. Não tiveram filhos. 
1906 – Dedica à mulher já falecida seu mais famoso soneto, “A Carolina”.
1908 – Seu nono e último romance, Memorial de Aires, é publicado. Entra, em 1 de junho, em licença para tratamento de saúde. Falece no dia 29 de setembro, aos 69 anos de idade, no Rio de Janeiro. É enterrado, conforme sua determinação, na sepultura da esposa no Cemitério de São João Batista.

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Diario de Noticias: Inauguración del Monumento en bronce a Machado de Assis, ante la Academia Brasileira de Letras, 21 junho de 1929, obra de Humberto Cozzo erigido por subscripción popular en el 90 aniversario de su nacimiento. El presidente de la Academia en ese momento, Fernando Magalhães, pronunció un discurso entregando el monumento a la Ciudad. Alberto de Oliveira leyó, muy emocionado, el famoso soneto A Carolina dedicado por Machado de Assis a la esencial compañera de sus días.