José Saramago

Contenido: José Saramago introducción. Mi poemario. Sus textos traducidos. Ensaios de Tatiana Alves Soares Caldas e de Bruno Brizotto / Cecil Jeanine Albert Zinani. Autobiografia del premio Nobel. Obras. Video

“Vayamos al futuro de esta misma mañana; no para quedarnos en él, sino para ser su molde humano, y merecer los elogios que nos dediquen en sus libros de historia los habitantes de dentro de mil años, si los hay, si queremos que los haya. Ese tiempo, mil años adelante, será nuestro punto de referencia, nuestro objetivo temporal; pero no será nuestro techo; nuestro techo lo irán elevando nuestras cabezas con nuestro crecimiento de personas pensadoras, vivas y activas. Nuestro techo será el luminoso firmamento que intuimos más alto aún de lo que vemos, los obligados confines imposibles”. El contenido de este párrafo que acabo de escribir, su intención de progreso colectivo, me ha sido dictado por los sucesivos pensadores que he ido conociendo en sus dichos, pero, sobre todo, en sus hechos. Uno de ellos, sin duda, el premio Nobel que mejor uso hizo de su premio, subiendo a la tribuna que el premio le concedía para defender a los de abajo, constituidos en forzoso pedestal de los de arriba.
El año 1998, fecha de la concesión del Premio Nobel a José Saramago, se cumplían cincuenta años de la, aún hoy, subversiva Declaración Universal de Derechos Humanos, papel mojado en términos generales. El premiado, en la ceremonia de recepción del premio, era consciente de su posición y de la efeméride, cuando dijo o pensó: Tengo los micrófonos del mundo abiertos, vamos a hablar, pues, de los derechos humanos. A eso me refiero, al conocimiento de la posición adquirida tras la recepción del premio, y a la enorme posibilidad de aprovechamiento que se le abría. Veía la literatura como un importante elemento de transformación social, y él, ya premio Nobel, quiso formar parte de ese elemento transformador. En tal realidad nueva estaba la verdadera importancia del premio, ese altavoz recibido era el premio verdadero.

Tuve una temporada saramaguiana que duró años. Los amigos y los parientes me regalaban Saramago; y yo lo leía suavemente. Lo insólito y lo imposible llamando la atención. Lo individual pasando a colectivo. La anécdota hecha categoría; si no es esa su clave, con frecuencia lo parece. Hay coincidencias con Borges y no son menores coincidencias. Hay belleza y poesía en su escritura. Hay algo chestertoniano en sus ampliaciones, el Domingo de, El hombre que fue jueves, avanza imparable en algunos momentos de sus páginas. El imperativo categórico de Kant planea sobre su ética.

Modestia, constancia y compromiso social, destacaron en su forma de ser y de vivir: vida y obra transvasadas. Saramago fue el primer escritor en lengua portuguesa premiado con el Nobel y, hasta ahora, el único. En su opinión, el primer escritor en portugués ganador de ese premio debió ser Jorge Amado. Pudieron encontrarse ambos antes de lo que se encontraron, y José lo cuenta. Sucedió en la Avenida da Liberdade de Lisboa, pero la timidez de Saramago, esa modesta timidez de algunos momentos, afloró impidiendo el encuentro. Luego fueron amigos de coincidencias y correspondencias, y se prometieron compañía en la recepción del Nobel si uno de los dos lo obtenía. Estaba viejo Jorge en 1898 y no pudo ir a Estocolmo. Escribiré sobre Jorge Amado como si estuviera vivo, dijo Saramago: Me dicen que sus cenizas fueron enterradas bajo la manga a cuya sombra solía acogerse en Río Vermelho, pero las cenizas son cenizas, nada, mucho más pesan las palabras, y el viento igualador, más pronto o más tarde, acaba llevándose unas y otras. Por eso, sólo quiero hablar de Jorge Amado vivo. Es que, quizá, los muertos no se retiran del mundo hasta mucho después, cuando su memoria acaba olvidada en los otros.

Si son muestra de cariño y aprecio los premios, adopciones filiales predilectas, doctorados honoris causa, nombramientos honoríficos y reconocimientos de su obra; a José Saramago se le aprecia mucho y se le tiene cariño en España. Recibió y sigue recibiendo galardones y medallas de todo tipo, doctorados de nueve universidades españolas, numerosos nombramientos de hijo adoptivo o hijo predilecto, de miembro de sociedades culturales. Casado con una española, Pilar del Río, que tradujo sus obras al castellano, a quien Saramago dedicaba uno tras otro sus libros: A Pilar, que todavía no había nacido y tanto tardó en llegar, dice en la edición que poseo de Las pequeñas memorias. Un escueto, A Pilar, en Todos los nombres y en La Caverna. A Pilar, que no dejó que yo muriera, en El viaje del Elefante. A Pilar, hasta el último instante, de El hombre duplicado. A Pilar, mi casa; en Las Intermitencias de la Muerte. Y así, otros; con veneración concluyente. Pilar, asidero de José, dedicada por entero tras la muerte del escritor a la difusión de su obra y su memoria; hace al escritor, en cierto modo, español a fuerza de ser universal. Residente el matrimonio en Lanzarote donde murió el marido, José Saramago es un autor ibérico e insular que goza del aprecio de los lectores. Con una mirada superficial podría decirse eso como excepción, de Saramago y España; pero sucede que, en muchos países de Europa, mención especial a Francia, y de América, Brasil a la cabeza, sucede lo mismo. Hay una cierta ternura envidiable en la relación del lector de Saramago con el escritor Saramago. Y sucede aquí, allá y acullá.

 

 

José Saramago recibiendo el Premio Nobel

 

 

La Aldea Itinerante
Poemario de Pedro Sevylla de Juana

Bakú (Azerbaiyán)
Punto cardinal de la mirada, a mi aldea acerí alabo sin reservas; insensible carcelero de su propia carne, maldigo al Khan que la gobierna.
Dilapida su cuantiosa fortuna y los bienes del erario, no comparte el cordero ni los peces, quesos, frutas, pastas y pistachos.
En los días de fiesta -costoso perfume, seda fina- facilita el opresor copiosos tragos, que entumecen la memoria o la adormilan; y relegando los agravios, los súbditos sueltan rienda a la alegría.
Agitados por el viento los cabellos, sobre la roca erguido, denuncio sus ardides ante el poblado entero; destellan afilados los cuchillos, aliados nocturnos de sombras y ecos.
En el antiguo reino de Urartu me hago fuerte; entre el lago y las montañas encuentro tierra favorable, solar de escitas, medos, persas y sumerios, donde Dios tuvo múltiples altares y nombres diversos.
Emigrante en tierra de emigrados la lengua de Mesrop aprendo, y tomando esposa entre las jóvenes, abro camino a mi pueblo.
Porque la espera es esperanza y el ejemplo conduce las maneras,
proclamo la igualdad entre hombres y mujeres, respetando la diversidad de las creencias.
A las voluntades confío los proyectos, me uno al esfuerzo que unido persevera, arma el amor defensas en mi pecho, me empuja animoso y me da fuerzas.
Recibo impetuoso aliento -labios dulces de mi amada- para bajar de las alturas de Ararat, desembarcadero del Arca. El diablo blanco que oculta los senderos
nada podrá contra mi brazo vigoroso, ni el precipicio sin fondo o la avalancha informe; atravesaré los ventisqueros inhóspitos y los glaciares inmóviles, para que mi numerosa descendencia se disperse por los cuatro horizontes.

Dushambé (Tayikistán)
De barro modelo el cuerpo que soportará mi vida,
la forma imito de los hermosos dioses, tomo del rayo la luz y la energía; a mí mismo me encarno, ojos encendidos, vigorosos brazos, pies de arcilla.
Partiendo de las rocas inalterables, formo valle y ladera; solo yo, sin ayuda de nadie, elevo las montañas sobre la llanura extensa.
Preservo el territorio etéreo de las deidades con tres círculos de niebla, que envuelven el templo inviolable y a la humana mirada lo falsean.
Puedo ser el copero de los dioses, mas prefiero edificar las aldeas tadzhikas -ventura de la tierra de mis mayores- las más altas y las más antiguas. Desde el Pamir eminente tengo el mundo a mis pies, y ningún suceso me sorprende.
Emparento con mogoles y bactrianos; griegos, árabes, generosos persas, e incorporo a la suya mi sangre, en beneficiosa mezcla.
En las vegas llanas y en las inclinadas cuestas, jóvenes labriegos de los campos feraces declaman melódicos poemas, tras el último esfuerzo recolector de cosechas.
Voy sentando con mi palabra y ejemplo -solo, sin ayuda de nadie- un linaje abierto a lo externo, pleno de posibilidades.
Por eso reconocen mi voz y me llaman hermano; soy ascendiente del gran Alejandro, el magnífico Iskender; nombre que las abuelas darán a sus nietos sabios, y las madres a los hijos fuertes.
En su viaje acompaño al viento porque mi entusiasmo es inagotable; soy uno más entre ellos y todos lo saben.

Delhi (India)
En el principio era Brahma, y Brahma vagó una eternidad sobre las cumbres más altas; por sus laderas descendió hasta Uttar Pradesh, y escribió los Vedas a la luz de tres lámparas.
Imagen de la vida, hay un sendero en Khajuraho bordeado de templos, donde habla en susurros el hombre virtuoso y agita ramas de sándalo el aliento.
Los encantadores de serpientes doman al Destino cada día; lo ilusionan,
lo dominan, neutralizan su poder decisorio, lo acoquinan; y los espectadores se vengan del Destino con sus risas.
Sobre la tierra impávida, como gotas de lluvia caen los muertos, rocía la bruma el aire hediondo, atardece el día con desgana; es tiempo de absolutos y de extremos y lánguida se aleja la perezosa barca, rompiendo -débil quilla- nenúfares abiertos.
Mi amada y siendo una de las infinitas partes, formamos el cuerpo indivisible del Cosmos íntegro y establecemos comunión con el Amor, único e inseparable.
En la corriente del Yamunä sumergidas, a su postrera reencarnación se acercan nuestras almas; y la melancólica pureza del Taj Mahal será su permanente morada.
Allí, los rojizos muros de Agra, las verán comerciando en infusiones, tapices, madera de baniano tallada; compartiendo la nada con los moradores del suelo, labrando la belleza del oro y de la plata.

Lhasa (Tibet)
La delicada fugacidad del arte, la experiencia acopiada en la filosofía
y el ritual religioso de la naturaleza respetada, convierten a Shangai en punto de partida.
Intentamos subir por el rio Changjiang contra corriente –apasionados mitológicos gigantes- decididos a alcanzar la primitiva fuente.
Dejamos el refugio cálido del puerto -capullo de seda, útero de larvas-
a los vientos cerrado, a la esperanza abierto.
La Torre del Tambor de Nanjing, la Púrpura y el Oro del Collado, conquistan la mirada sorprendida de los pasajeros del barco.
Nos recibe Wuhu hospitalario, y dos semanas después, las tres ciudades de Wuhan, lago del Este y las Colinas, pabellón del Poema, memoria de Qu Yuan.
Traslada el puente sobre nuestras cabezas, a cien mil obreros en cien mil bicicletas.
Qué rápida parece, frente a los perezosos juncos, la pesada barca de vapor,
que nos presenta Chongqing entre la bruma, donde comemos pato, docta preparación de su cocina, en conjunción perfecta de olores y sabores, colores y textura que lleva a la delicia.
¡Pisemos fuerte el barrizal! ¡Qué tiemble a nuestro paso el Rey de los Dragones!
profundas huellas de cascos de caballo, de pesuñas de yak, remolinos de las Tres Gargantas, cortadas insondables, pantano y cenagal.
Ribera desbordante de gentío ajetreado, canales cubiertos de lotos perennes, fauna abundante de búfalos y gamos, asnos salvajes y leopardos de las nieves, gacelas mongolas, osos, antílopes y multitud de peces.
El aire se empobrece a medida que subimos, frenan nuestro avance la ausencia de senderos, los inhóspitos heleros y el hielo movedizo.
Advertimos imprecisa la frontera, entre la dura realidad y la suave fantasía, el límite delgado de la historia y la leyenda.
Cuentan los pastores tibetanos que un sólido ternero, de considerable alzada, descendió lentamente de los vanidosos cielos; y el agua pura que de su nariz brotaba -un arroyuelo de caudal minúsculo- dio al Changjiang la corriente originaria, y los seis mil trescientos kilómetros de curso.
Descubrimos en Janggaintirug: glaciar de congelada fantasía, cumbre Gela Daingdong, pastor de la conseja, el manantial, la fuente que la corriente inicia, donde los dioses beben su vejez espléndida, procurando a su rostro inmarcesible la armonía.
Montañas, valles, altas llanuras; nieves perpetuas y permanente hielo, sólida columna, altivo Tíbet, lugar donde se asienta el firmamento, morada perpetua de la divinidad, donde los ríos tiene su comienzo.

 

 

 

 Uma faluca no rio Nilo

 

 

Alejandría (Egipto)
Como en una fronda intransitable camino a duras penas, blandiendo el hacha,
mellada de mis fuerzas. Aparto los himnos quejumbrosos y las reiteradas quejas,
por los insensibles dioses desoídas, descubriendo infaustos inviernos de estrellas, alineados en círculos de ira, en activas espirales o en elipses prietas, cifrado sendero de la astronomía.
Traspasa las nubes la mirada y conquista los últimos confines, donde la incestuosa Sotis ama al fragmentado Osiris.
En la falúa Atet adormecido, desde el sagrado Nilo irrigador de vida, de las constelaciones traduzco el lenguaje críptico.
Adoro a los astros sumido en desconsuelo, acerca de su influjo trato de indagar, vislumbro asomos del nuboso secreto, y sé que la tierra y el cielo comparten entidad.
Eternamente dudando el universo entre la forma y el carácter, vida o muerte, materia o energía, se transmuta el aura y la cepa permanece fiel a las consignas, invariable.
Cuando a la luz de los estudios los enigmas hayan sido resueltos, carecerá la existencia de sentido y tendrán fin todos los sueños.
El khamesin cálido y el arenoso sobaa, por Jepera comprimidos, darán lugar a otro universo que atendiendo nuevas reglas buscará otros objetivos.
Hombres distintos de extremas diferencias, incineradores trágicos de sus muertos, tronco erigido en pedestal de la cabeza, corazón apretado, desdichas sin cuento, videntes de ocultos espejismos, comenzarán otra vez el reiterado ciclo.

Nairobi (Kenia)
“Los Makondes en la Costa Índica tendrán su morada,
para los Sukumas reservé el Victoria inmenso, en el Noreste montañoso se situarán los Sambas, los Nyamwezis ocuparán el Centro, vivirán los Mbugwes contiguos al Maynara, y a los Chaggas corresponde el Uhuru recio”.
“Compartirán los peces con el águila que pesca, la caza con las atentas rapaces,
y con las jirafas las hojas cimeras de los altos árboles; los pastos con gacelas, antílopes y cebras, el agua con todas las especies, y respetando lo que les rodea, vivirán en armonía permanente”.
“Culmina mi obra la regular cadencia que ordena los ciclos del sol y de la luna, define la época fecunda de la siembra y distribuye los calores y las lluvias propiciando el crecimiento de la hierba”.
Aliado del búfalo, del león y el elefante, el pastor Masai de la llanura extensa,
amigo del frondoso árbol bantú, de zulúes, árabes y persas, lleva el mensaje de Ngai por la sabana, escuchando los bramidos del amor y sus respuestas, carniceros y víctimas calladas.
Entre el búfalo y el ñu abrevan vacas, cabras, ovejas; al lado de cocodrilos e hipopótamos, junto a oryx, topis, jabalíes, monos, impalas, hienas.
Mas el proceder malvado de los hombres egoístas, garduños de la naturaleza inerme, destruye poco a poco la armonía.
Hambre, guerra, peste y sequía, siegan vidas como briznas de hierba, y los viejos fusiles y unas pocas monedas, compran las enormes riquezas dormidas.
¡Qué te han hecho!, África; y ¡qué te hacen!; que ya no te quedan lágrimas, que ya no te queda sangre.

Cuenca (Ecuador)
Longa de Quito, pasta, cara, panzalea con rasgos incas, shiris y de otras tribus llegadas por mar, provengo de Atau Hualpa y de extremeños: ya ven, de rica mezcla desciendo.
Minguera desde el chuco, soy Ida Páez viajera, comerciante, ciudadana del mundo estudiosa y tolerante. Ya voy: Costa, Sierra y Oriente; ya iré: línea del Ecuador, tierra caliente.
Tamales de morocho, capiche, locro, quince mil años antes de llegar los españoles tejíamos ponchos.
La justicia, cuyo nombre se pronuncia tantas veces en vano, me muestra un solo chaquiñán, un sendero de cabras: ya mire los palacios de mármol -guagua que come mazamorra en la chacra, el taita patrón es bondadoso- o vaya a basureros donde los sin nada, buscan el sobrante de esta sociedad ingrata, que tan mal reparte, consciente y a sabiendas, la riqueza y las necesidades.
A veces el soroche es desatino, y el runa en el estanco apura el guarapo: medio pilche de olvido.
No salen quejas de los labios mestizos -resignación cercada por las cuatro lunas- escapan garganta adentro arrastrando penurias,
Tengo una esperanza que en la niñez me nace, viene de la sangre combinada,
de lo abstracto y lo concreto, del espíritu sociable; es una candorosa espera, una confianza infante, un afán, un simple anhelo, los llevo al sanjuanito por la tarde y los paseo.
El número quince, sin embargo, está capacitado para cambiar las cosas, si marcado un propósito concreto, actuamos quince veces, quince veces quince por lo menos.

Toronto (Canadá)
Último heredero del indómito Hiawatha, a quien confió Hi ́num el refugio del oro iroqués -bosques y lagos del castor- valora en la forma de las presas el tacto de la piel.
De los Gigantes de Piedra habla a los extraños, por moneda fraccionaria relata las leyendas del Mohawk: “Venganza danzó blanca la luna, labrado tótem de abedul, árbol sagrado sustento de animales, liviano tronco de canoas, río azul”.
Bisonte herido, el padre que acogió mi bastardía, se arranca en Brantfor el corazón mil veces puesto en juego, y se lo entrega a grupos de turistas exhibiendo la máscara grotesca, las plumas de hechicero.
En uno de los pechos de mi madre forzada, bebí odio eterno a los franceses invasores, violadores de hembras y de acuerdos, neerlandeses, británicos,
culpables de los luminosos rayos en las oscuras tormentas: el insaciable hombre blanco.
El otro pecho era fuente fresca, manantial de perdón. Tenía hambre y sed: mamé de los dos. A los valerosos muertos contrapongo los ilusionados vivos y el mañana incierto al ayer extinto.
Hijo del choque de las dos culturas, caminaré sobre los pasados desmanes, considerándome actor y receptor de la deshonra, que se odia en parte por ello y por ello en parte se perdona.

Londres (Inglaterra)
Si forzosamente hubiera de firmar con un nombre, me gustaría llamarme simplemente James; olvidando apellidos que sitúan, concretan, añaden, explican orígenes y discriminan.
Me siento orgulloso de mis paisanos, emprendedores de cualquier época y condición, porque ellos nos sitúan en el camino del progreso.
Mi alabanza es para Jhon Kay y su lanzadera volante, destinada a duplicar el rendimiento de los telares obsoletos; loor al barbero de Lancanshire, que con su Water-frame mejoró la calidad del algodón hilado; gloria a Hargreaves y a la Spinning Jenny, capaz de producir ocho, dieciséis, cien hilos a la vez.
Elogio al maestro de forja Abrahan Darby por su idea de utilizar el coke en fundición; me descubro ante Wilkinson, Trevithick, Stephenson,
y tantos otros innovadores británicos, que con su ingenio propiciaron la llegada de la modernidad.
Yo te ensalzo, inefable James Watt, y pondero tu ciclópeo brazo de vapor; glorifico a los mineros que desenterraban los imprescindibles minerales; a los insistentes proyectistas, pensadores que idearon la producción en serie, y a los comerciantes intrépidos, que surcaban los mares del Almirantazgo trayendo materias primas y llevando productos elaborados.
Porque padece desproporción entre tristezas y deleites, a la sufrida clase obrera dirijo mis palabras de ánimo; su vida es un breve lapso lleno de conflictos, habita cabañas empuja el mundo sin apenas reposo, malcome y comparte la escasez con sus afines.
Gracias a las Friendly Societies y a las Trade-Unions, la jornada se fijó en ocho horas de tarea, el ocio y el sueño dispusieron cada uno de otras ocho, y llegó a los ocho chelines el salario.
Me cuadro ante los embajadores que dominaron el mundo, llevando hasta los últimos confines nuestra cultura del huevo cocido y del té de las cinco, el idioma unificador -nacido de celtas, romanos, teutones, escandinavos- y una gran variedad de cakes.
Declaración que firmo y rubrico en Londres, yo, James.

 

 

 Apoteosis de Rómulo / Quirino

 

Roma (Italia)
Rómulo, confeso fratricida, de las aleatorias formas que a su vuelo dan los pájaros oscuros, recibe una gloria inmerecida.
Trasgresor de leyes humanas y divinas -en concreto, sus normas más recientes-sacrifica en el altar cruento y en singular comida, a los astados que el término de la ciudad convienen, raptando a miles de sabinas, para que vagabundos sembradores de vientres generen en ellas una plebe adherida, convirtiéndose a su muerte en dios Quirino, adorado por romanos, venerado por sabinos.
Recorro Roma tan nombrada, y en las colinas salpicadas de gloriosos indicios, espanto con firmeza gatos de inverosímil talla, vástagos de leones y tigres de los Circos.
Vigilan reliquias, despojos, sedimentos; estatuas, obeliscos, panteones; obras públicas y fastuosos monumentos, erigidos al dictado de insignes dictadores: adustos pontífices, montaraces emperadores.
Mientras cruzo la arbolada Piazza della República, el cielo se cubre de negros estorninos, que en su vuelo agrupado componen tornadizas figuras: sobre el azul tres negros escudos protegen sendas torres custodias,
y tres caballeros equipados de armadura, cabalgando potros de Anatolia, las defensas derriban en la altura con el extremo acerado de su lanza impetuosa.
La imaginación relaciona al albur los escenarios, y al ver las desfiguras,
sugiere Lisboa un veintiséis de abril, cuando un mendigo, sentado al pie de un rey de bronce a caballo -rúa, praça o largo- limpiaba sus uñas con mellado bisturí;
o me traslada a Ginebra junto al lago, donde viví cien días esplendentes que se hicieron mil.
Centuriones y obispos, los valerosos ejércitos imperiales acumulan un cansancio de siglos; elevan la espada o la cruz sobre proclamas -conquistadores divinos-
y entran a saco en las barriadas liberando las almas de miles de cuerpos desnutridos, demasiado débiles para correr en retirada, ejemplos forzados de heroísmo.
Tras dos milenios de firme avance cívico se sostiene el diseño: decretan los patricios, obedecen los plebeyos. Y no sería distinto, de haber vencido Remo.

Jerusalén (Israel)
Sabra de espinas en la piel, corazón tierno, después de tantos años, en mí mismo inquiero:
¿Cuando hablamos del nuestro, de qué país hablamos? -ashkenazim, sefaradim, yemenitas, iraquíes, kurdos, persas, bújaros, afganos- si los múltiples orígenes, suman en total setenta y cuatro.
De qué idioma hablamos, cuando hablamos del nuestro: árabe, ladino, yiddish o hebreo; cuando hablamos del nuestro, de qué dios hablamos: de Yavé, de Alá o del Dios de los Cristianos; y su palabra, su verbo, ¿es el Talmud, el Corán o el Evangelio?
El odio es la memoria amarga de una herida, y el amor -última gota de agua cedida en el desierto, salvadora de quien desea arrebatarnos la vida- es favor sin condiciones, habitantes diversos de Israel con las gentes vecinas; el amor exige hechos, pide obras, abiertas voluntades, fuentes que manan aguas limpias,
Jordán y Tiberiades.
Del Odio hasta el Amor hay un abismo sin puentes, que los bandos en liza intentan rellenar con los cadáveres de una enorme multitud de inocentes.
Me pregunto en los días sombríos, si del fusil o de la honda no hacemos herramienta, profesión, oficio, imprescindible dogma y heroísmo; si no transformamos la guerra, cristianos, musulmanes y judíos, en fin que lleva a los demás hacia el olvido.

Moscú (Rusia)
Desde que eslavos y Varegos dieron cuerpo a los rusos, aquí está Nerón degollando supuestos incendiarios, aquí Herodes perseguidor de inocentes; sea Gengis Khan,
con sus mongoles de la Horda de Oro, quien recaude los tributos, los Ivanes en declive o los Romanov en el brillo; se llame el zar como se llame, los siervos corren de un lado a otro perseguidos.
La información anónima confirma, que el campesino ni colabora con entusiasmo ni se presta a experimentos, desconfía del sóviet de su aldea, carece de la necesaria voluntad, le falta hierro. En tres palabras la cuestión resumida, según consta en su expediente se trata de un revisionista.
Son grises las noches blancas de San Petersburgo, y la lluvia es ácida. Los residuos -sólidos, líquidos o gaseosos- que la industria ha generado para el pueblo, como ráfagas de metralleta esparcen su ración de muerte, cubriendo de polvo blanco los ateridos cuerpos, los grupos de danza y los museos.
Declamando historias de hambres y de fríos, mendigos verdaderos y mendigos
falsos, imploran unos kopeks para pan o vodka en las lujosas estaciones del ferrocarril subterráneo. En Nóvgorod, barrio de Santa Sofía, con atención escucho, dichas en las ciento sesenta lenguas de las repúblicas libres, oraciones cargadas de fe y de pesimismo, cantos de los condenados mortales, sus lastimeros llantos, en sucesión desoladora de agudos y graves.
En el arranque era el hombre, partamos pues desde el principio; y el hombre cultivaba una parcela común en un mir solidario, donde cada cual conocía a sus vecinos, cuadrillas recolectoras de frutos maduros y gavillas de trigo.
Hombre y mujer en su cópula engendraron una ilusión equidistante de la realidad y la utopía, a un lugar propicio dirigieron sus pasos, cercano a la miel de las colmenas y a las henchidas ubres del establo.
Conviene analizar el recorrido; buscar los fallos del proceso, el malentendido de la profecía, la interpretación errada del prospecto.
Ascendamos peldaño a peldaño muy atentos, porque después de los ensayos, el viento siempre troncha ramas secas que la riada arrastra hasta los puentes, y a los arcos de piedra los derrumban los troncos que empuja la corriente.

Bakú (Azerbaiyán)
Me sorprendo inacabado en cien aspectos; pálidas facetas de un brillante mal pulido, que encuentra, en los otros, complemento: familia, amigos, compañeros y vecinos.
La enyugada mula y los pardales libres, el cielo inconsecuente y la sacrificada tierra: con el afectuoso corazón preservo mi origen, con la reflexiva y ecuánime cabeza.
Varón y mujer son árboles de una misma arboleda: constato su evidente igualdad, respeto sus claras diferencias.
Por aceptar a los demás tal como son, y ayudara que sean como ansían ser, se desvive mi débil voluntad, arrastrando a mi voluble proceder; por formar un criterio enteramente mío, y buscar el concierto de la síntesis constante y el renovado equilibrio.
Quiero ser enterrador de los cadáveres, tras razones opuestas sorprendidos, en los esconces oscuros de las calles, trinchera de barro y alaridos, albañal crecido de la sangre, doblada la rodilla al fanatismo de espíritus obtusos y cobardes.
Miden la meseta mis decididos pasos, atravesando con ritmo desigual los espesos bosques y los roturados campos; subo a la montaña persiguiendo el mar, y los linajes nuevos y los más arcaicos me ofrecen franca su hospitalidad.
Del Arca repleta de parejas animales, de plantones, esquejes y semillas, el lugar de encalladura indago; el origen remoto de una tribu razón de la existencia de los astros, bóveda de refulgentes luminarias, que amanecen los días y los llenan de vida y esperanza.
La historia inconclusa he recorrido y la cambiante geografía, soy la Aldea Itinerante, y todas las patrias son mías.

PSdeJ, a lo largo del tiempo y a lo ancho de los lugares

 

“Este mundo não presta, venha outro. / Já por tempo de mais aqui andamos / A fingir de razões suficientes. / Sejamos cães do cão: sabemos tudo / De morder os mais fracos se mandamos, / E de lamber as mãos, se dependentes”.
Na primeira obra poética de José Saramago descobre-se uma poesia de liberdade, de fraternidade e de luta. Uma luta disfarçada, por dentro das palavras. Pelo interior labiríntico de respiração que habitam todos estes poemas, publicados pela primeira vez em 1966. Digamos que eram os «poemas possíveis» da altura, quando a censura espiava a alma dos escritores. E no entanto, as convicções profundas de Saramago já são bem visíveis em poemas como «Criação»: “Deus não existe ainda, nem sei quando / Sequer o esboço, a cor se afirmará / No desenho confuso da passagem / De gerações inúmeras nesta esfera. / Nenhum gesto se perde, nenhum traço, / Que o sentido da vida é este só: / Fazer da Terra um Deus que nos mereça, / E dar ao Universo o Deus que espera.”
Diário de Notícias, 9 de Outubro de 1998

 

 

 

 

Textos de Saramago traduzidos ao castelhano

Os Poemas Possíveis
José Saramago

Nota da 2ª edição
Aparece esta edição de Os Poemas Possíveis dezasseis anos depois da primeira. Não é assim tanto, comparando com os dezasseis séculos que sinto ter juntado à minha idade de então. Pode-se perguntar se estes versos (palavra hoje pouco usada, mas competente para o caso) merecem segunda oportunidade, ou se a não ficaram devendo a porventura mais cabais demonstrações do autor no território da ficção. Se, enfim, estaremos observando um simples e nada raro fenómeno de aproveitamento editorial, mera estratégia daquilo a que costuma chamar-se política de autores, ou se, pelo contrário, foi a constante poética do trabalho deste que legitimou a ressuscitação do livro, porque nele teriam começado a definir-se nexos, temas e obsessões que viriam a ser a coluna vertebral, estruturalmente invariável, de um corpo literário em mudança. Aceitemos a última hipótese, única que poderá tornar plausível, primeiro, e justificar, depois, este regresso poético.
Poesia datada? Sem dúvida. Toda a criação cultural há-de ter logo a sua data, a que lhe é imposta pelo tempo que a produz. Mas outras datas leva sempre também, anteriores, as dos materiais herdados — quantas vezes importunamente dominantes —, e, de longe em longe, aquela impalpável data ainda pode vir, aquele sentir, aquele ver e experimentar só futuro ainda. Porém, essas entrevisões são coisa apenas para génios, e, obviamente, não é deles que se trata aqui.
Poesia do dia passado, da hora tarda, poesia não futurante. E contra isto não haveria remédio. Salvo tentar trazê-la até ao seu autor, hoje, por cima de dezasseis anos e dezasseis séculos. Assim foi feito, e esta edição aparece não só revista, mas emendada também. Quase tudo nela é dito de maneira diferente, diferente é muito do que por outra maneira se diz, e não faltaram ocasiões para contrariar radicalmente o que antes fora escrito. Mas nenhum poema foi retirado, nenhum acrescentado. É então outro libro? É ainda o mesmo? Eu diria (e com este remate me dou por explicado) que o romancista de hoje decidiu raspar com unha seca e irónica o poeta de ontem, lacrimal as veces. Ou, para usar expressões menos metafóricas, procurou tornar Os poemas Possíveis possíves outra vez. Ao menos

José Saramago Janeiro de 1982 Editorial Caminho, S.A. 1997

Alguns poemas desse livro

Até ao Sabugo

Dirão outros, em verso, outras razões,
Quem sabe se mais úteis, mais urgentes.
Deste, cá, não mudou a natureza,
Suspensa entre duas negações.
Agora, inventar arte e maneira
De juntar o acaso e a certeza,
Leve nisso, ou não leve, a vida inteira.

Assim como quem rói as unhas rentes.

 

Arte poética

Vem de quê o poema? De quanto serve
A traçar a esquadria da semente:
Flor ou erva, floresta e fruto.
Mas avançar um pé não é fazer jornada,
Nem pintura será a cor que não se inscreve
Em acerto rigoroso e harmonia.
Amor, se o há, com pouco se conforma
Se, por lazeres de alma acompanhada,
Do corpo lhe bastar a presciência.

Não se esquece o poema, não se adia,
Se o corpo da palavra for moldado
Em ritmo, segurança e consciência.

 

Se não tenho outra voz…

Se não tenho outra voz que me desdobre
Em ecos doutros sons este silêncio,
É falar, ir falando, até que sobre
A palavra escondida do que penso.

É dizê-la, quebrado, entre desvios
De flecha que a si mesma se envenena,
Ou mar alto coalhado de navios
Onde o braço afogado nos acena.

É forçar para o fundo uma raiz
Quando a pedra cabal corta caminho
É lançar para cima quanto diz
Que mais árvore é o tronco mais sozinho.

Ela dirá, palavra descoberta,
Os ditos do costume de viver:
Esta hora que aperta e desaperta,
O não ver, o não ter, o quase ser

 

Processo

As palavras mais simples, mais comuns,
As de trazer por casa e dar de troco,
Em língua doutro mundo se convertem:
Basta que, de sol, os olhos do poeta,
Rasando, as iluminem.

 

Balança

Com pesos duvidosos me sujeito
À balança até hoje recusada.
É tempo de saber o que mais vale:
Se julgar, assistir, ou ser julgado.
Ponho no prato raso quanto sou,
Matérias, outras não, que me fizeram,
O sonho fugidiço, o desespero
De prender violento ou descuidar
A sombra que me vai medindo os dias;
Ponho a vida tão pouca, o ruim corpo,
Traições naturais e relutâncias,
Ponho o que há de amor, a sua urgência,
O gosto de passar entre as estrelas,
A certeza de ser que só teria
Se viesses pesar-me, poesia.

 

Poema à boca fechada 

Não direi:
Que o silêncio me sufoca e amordaça.
Calado estou, calado ficarei,
Pois que a língua que falo é de outra raça.

Palavras consumidas se acumulam,
Se represam, cisterna de águas mortas,
Ácidas mágoas em limos transformadas,
Vasa de fundo em que há raízes tortas.

Não direi:
Que nem sequer o esforço de as dizer merecem,
Palavras que não digam quanto sei
Neste retiro em que me não conhecem.

Nem só lodos se arrastam, nem só lamas,
Nem só animais bóiam, mortos, medos,
Túrgidos frutos em cachos se entrelaçam
No negro poço de onde sobem dedos.

Só direi,
Crispadamente recolhido e mudo,
Que quem se cala quanto me calei
Não poderá morrer sem dizer tudo.
José Saramago

Os Poemas Possíveis
José Saramago
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

Nota de la 2ª edición
Aparece esta edición de Los Poemas Posibles, dieciséis años detrás de la primera. No es mucho, si lo comparo con los dieciséis siglos que siento haber sumado a mi edad de entonces. Cabe preguntar si estos versos (palabra hoy poco usada, pero válida para el caso) merecen una segunda oportunidad, o si no se quedan como deudores de otras, posiblemente más cabales, demostraciones del autor en el territorio de la ficción. Si, finalmente, no estaremos ante un simple y nada raro fenómeno de aprovechamiento editorial, mera estrategia de aquello que se suele llamar política de autores, o si, por el contrario, fue la constante poética del propio trabajo la que legitimó la resurrección del libro, porque en él habrían comenzado a definirse nexos, temas y obsesiones que vendrían a ser la columna vertebral, estructuralmente invariable, de un cuerpo literario modificado. Aceptemos la última hipótesis, única que podrá hacer plausible, primero, y justificar, después, este regreso poético.
¿Poesía fechada? Seguramente. Toda la creación cultural debe tener luego su fecha, la impuesta por el tiempo que la produce. Pero siempre lleva otras fechas, además, estas anteriores, las de los materiales heredados — muchas veces importunamente dominantes — y, de tiempo en tiempo, aquella impalpable fecha que aún puede venir, aquel sentir, aquel ver y experimentar, todavía futuro solamente. Sin embargo, esas percepciones son cosa solo de genios, y, obviamente, no son ellos el asunto aquí tratado.
Poesía del día pasado, de la hora tardía, poesía en el futurible. Y contra esto no habría remedio. Salvo intentar traerla hasta su autor, hoy, con dieciséis años más y dieciséis siglos. Así fue hecho, y esta edición aparece no sólo revisada, sino enmendada también. Casi todo en ella está dicho de manera diferente, diferente es mucho de lo que de otra manera se dice, y no faltaron ocasiones para contradecir radicalmente lo que antes fue escrito. Pero ningún poema fue retirado, ninguno fue añadido. ¿Es entonces otro libro? ¿sigue siendo el mismo? Yo diría (y con este remate me doy por explicado) que el novelista de hoy decidió raspar con uña seca e irónica al poeta de ayer, lacrimal a veces. O, para emplear expresiones menos metafóricas, buscó el retorno de Os Poemas Possíveis, otra vez al menos.

Algunos poemas de ese libro

Hasta la Lúnula

Dirán otros, en verso, otras razones,
Quién sabe si más útiles, más urgentes.
De este, acá, no cambió la naturaleza,
Suspendida entre dos negaciones.
Ahora, inventar arte y manera
De juntar el acaso y la certeza,
Lleve en eso, o no lleve, la vida entera.

Así como quién roe las uñas al rape.

 

Arte poético

¿Cuál es el origen del poema? De qué sirve
Al trazar la escuadra de la semilla:
Flor o hierba, floresta y fruto.
Pero avanzar un pie no es hacer jornada,
Ni pintura será el color que no se extiende
con acierto riguroso y armonía.
Amor, si lo hay, con poco se conforma
Si, por ocios del alma acompañada,
Del cuerpo le basta la presciencia.

No se olvida el poema, no se pospone,
Si el cuerpo de la palabra fuera moldeado
En ritmo, seguridad y consciencia.

 

Si no tengo otra voz…

Si no tengo otra voz que me despliegue
En ecos de otro son este silencio,
Es hablar, ir hablando, hasta que sobre
La palabra escondida en lo que pienso.

Es decirla, quebrado, entre desvíos
De flecha que a sí misma se envenena,
O mar alto coagulado de navios
Donde el brazo ahogado nos enseña.

Es hundir hasta el fondo una raíz
Cuando la piedra cabal corta camino
Es lanzar para arriba cuanto dice
Que más árbol es el tronco más solito.

Ella dirá, palabra descubierta,
Los dichos de la rutina de vivir:
Esta hora que aprieta y desaprieta,
El no ver, el no tener, el casi ser

 

Proceso

Las palabras más sencillas, más comunes,
Las de andar por casa y dar el vuelto,
En lengua de otro mundo se convierten:
Basta que, de sol, los ojos del poeta,
Rozando, las iluminen.

 

Balanza

Con pesas dudosas me someto
A La balanza hasta hoy rechazada.
Es tiempo de conocer lo que más vale:
Si juzgar, presenciar, o ser juzgado.
Pongo en el plato llano cuánto soy,
Materias, otras no, que me entregaron,
El sueño fugitivo, la desesperación
De agarrar violento o descuidar
La sombra que me va contando los días;
Pongo la vida corta, el mezquino cuerpo,
Traiciones naturales y escrúpulos,
Pongo lo que hay de amor, su urgencia,
El placer de pasar por entre las estrellas,
La certeza de existir que sólo tendría
Si vinieras a pesarme, poesía.

 

Poema a la boca cerrada

No diré:
Que el silencio me asfixia y amordaza.
Callado estoy, callado quedaré,
Pues la lengua que hablo es de otra raza.

Palabras consumidas se acumulan,
Se estancan, cisterna de aguas muertas,
Ácidas penas en barros transformadas,
cenagoso fondo con raíces retorcidas.

No diré:
Que ni siquiera el esfuerzo de decirlas merecen,
Palabras que no digan cuánto sé
En este retiro donde no me conocen.

Ni sólo lodos arrastran, ni sólo limos,
Ni sólo animales flotan, muertos, miedos,
Túrgidos frutos en racimos se entrelazan
En el pozo lóbrego de donde suben dedos.

Sólo diré,
Crispado, recogido y mudo,
Que quién calla cuanto me callé
No podrá morir sin decir todo.

Traducido por PSdeJ El Escorial a 1 de julio de 2017

Artículo 30 y último, de La Declaración Universal de Derechos Humanos publicada por la ONU en árabe, chino, inglés, francés, ruso y español:
“Nada en esta Declaración podrá interpretarse en el sentido de que confiere derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendientes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en esta Declaración”.

 

Discurso pronunciado por José Saramago no dia 10 de dezembro de 1998 no banquete do Prémio Nobel

Cumpriram-se hoje exactamente 50 anos sobre a assinatura da Declaração Universal dos Direitos Humanos. Não têm faltado comemorações à efeméride. Sabendo-se, porém, como a atenção se cansa quando as circunstâncias lhe pedem que se ocupe de assuntos sérios, não é arriscado prever que o interesse público por esta questão comece a diminuir já a partir de amanhã. Nada tenho contra esses actos comemorativos, eu próprio contribuí para eles, modestamente, com algumas palavras. E uma vez que a data o pede e a ocasião não o desaconselha, permita-se-me que diga aqui umas quantas mais.
Neste meio século não parece que os governos tenham feito pelos direitos humanos tudo aquilo a que moralmente estavam obrigados. As injustiças multiplicam-se, as desigualdades agravam-se, a ignorância cresce, a miséria alastra. A mesma esquizofrénica humanidade capaz de enviar instrumentos a um planeta para estudar a composição das suas rochas, assiste indiferente à morte de milhões de pessoas pela fome. Chega-se mais facilmente a Marte do que ao nosso próprio semelhante.
Alguém não anda a cumprir o seu dever. Não andam a cumpri-lo os governos, porque não sabem, porque não podem, ou porque não querem. Ou porque não lho permitem aquelas que efectivamente governam o mundo, as empresas multinacionais e pluricontinentais cujo poder, absolutamente não democrático, reduziu a quase nada o que ainda restava do ideal da democracia. Mas também não estão a cumprir o seu dever os cidadãos que somos. Pensamos que nenhuns direitos humanos poderão subsistir sem a simetria dos deveres que lhes correspondem e que não é de esperar que os governos façam nos próximos 50 anos o que não fizeram nestes que comemoramos. Tomemos então, nós, cidadãos comuns, a palavra. Com a mesma veemência com que reivindicamos direitos, reivindiquemos também o dever dos nossos deveres. Talvez o mundo possa tornar-se um pouco melhor.
Não esqueci os agradecimentos. Em Frankfurt, no dia 8 de Outubro, as primeiras palavras que pronunciei foram para agradecer à Academia Sueca a atribuição do Prémio Nobel da Literatura. Agradeci igualmente aos meus editores, aos meus tradutores e aos meus leitores. A todos torno a agradecer. E agora também aos escritores portugueses e de língua portuguesa, aos do passado e aos de hoje: é por eles que as nossas literaturas existem, eu sou apenas mais um que a eles se veio juntar. Disse naquele dia que não nasci para isto, mas isto foi-me dado. Bem hajam portanto.

https://www.josesaramago.org/discurso-pronunciado-por-jose-saramago-no-dia-10-de-dezembro-de-1998-no-banquete-premio-nobel/

 

 

 Tatiana Alves Soares Caldas

 

CAMINHOS DA HISTÓRIA, DESCAMINHOS DA MEMÓRIA:
A RELEITURA DA HISTÓRIA NO ROMANCE PORTUGUÊS CONTEMPORÂNEO
(Analise das narrativas de José Saramago e outros autores)
Tatiana Alves Soares Caldas Universidade Federal de Rio de Janeiro

O século XX apresentou um redimensionamento em relação à chamada História Oficial. A constatação da subjetividade presente no olhar do historiador gerou um questionamento das verdades tidas até então como absolutas. Nesse panorama, surge o olhar pós-moderno, que constrói um discurso que subverte a matéria mitificada pelos cronistas e pela tradição literária, no qual os contextos discursivo, histórico e literário são analisados, pondo em xeque o próprio processo de representação cultural. Desse modo, na nova perspectiva o que se busca é apenas a verdade do texto, relativizando-se o próprio conceito de verdade. Assim, Literatura e História aproximam-se, numa escrita que se assume como modalizante e relativa. O leitor surge como partícipe desse processo, convidado a reescrever a História, na pluralidade de perspectivas conferida pela Obra Aberta. A polifonia ou dialogismo, nas contribuições de Kristeva e Bakhtin, apresentam-se como estratégias discursivas de questionamento da visão única. A Metaficção Historiográfica, conceito de Linda Hutcheon, caracteriza-se pela narrativa ficcional que possui uma ancoragem histórica, propiciando o diálogo entre as duas disciplinas, e trazendo a revisão crítica da chamada História Oficial. No caso da Literatura Portuguesa, cuja História é povoada de figuras gloriosas e mitificadas, tal processo se revelará de modo ainda mais radical, sendo a literatura contemporânea marcada pela destituição da perspectiva sacralizadora e ilusória presente na tradição literária. A narrativa ficcional pós-74 caracterizar-se-á, dessa forma, por uma destituição dos mitos do imaginário português, rumo à busca da identidade nacional.

O presente estudo tem por objetivo apresentar alguns dos textos representativos da referida tendência, marcada pelos ecos das vozes excluídas e pela desentronização dos cânones estabelecidos. Por meio de narrativas de Agustina Bessa-Luís, José Saramago, José Cardoso Pires e António Lobo Antunes, nossa leitura busca rastrear a releitura da História no romance português contemporâneo.
A partir da análise da ficção contemporânea como revisão dos valores canonizados, nossa leitura aponta a destituição dos paradigmas característica da narrativa pós-moderna. Acreditando que a releitura realizada pelos romances dos autores citados reflete uma proposta revisional, o presente estudo pensa o redimensionamento dos cânones presente no discurso contemporâneo.

A destituição dos mitos históricos

Um dos traços da ficção de Agustina Bessa-Luís diz respeito à destituição de alguns dos mais célebres mitos do imaginário português: a figura de Dom Sebastião, monarca desaparecido em Alcácer-Quibir em 1578, e a de Inês de Castro, famosa por ter sido simbolicamente coroada depois de morta. Em O Mosteiro (1980), assistimos à obsessão de Belchior, personagem atormentado pela escrita de um livro sobre o referido rei, numa estratégia narrativa que acaba por inserir uma obra em outra. À medida que avança em suas pesquisas, o protagonista questiona as informações obtidas e sua narrativa passa a contestar a veracidade da História Oficial. Do mesmo modo, são questionados os procedimentos narrativos, até que ele decide modificar a sua percepção do processo histórico e da escrita, transpondo, para o plano da diegese, os mecanismos textuais que marcam a estética da contemporaneidade.
Na tensão entre História e Ficção estabelecida pela narrativa, Belchior torna-se peça-chave desse conflito. Obcecado por seu livro, depara-se com a ilusão que envolve a figura do Rei Desejado. No jogo entre mascarar e desnudar, o protagonista esbarra na dificuldade em aceitar a frustração histórica, característica de Portugal, que se manifestou quando do desaparecimento de D. Sebastião, e que parece se repetir na perda das colônias africanas.
Eduardo Lourenço, no célebre O labirinto da saudade, atribui aos traumas do presente a atitude nostálgica que, segundo ele, caracterizaria Portugal. Segundo ele, o grande trauma português teria sido causado pelo contraste entre o passado glorioso dos barões assinalados, dilatadores da fé e de impérios, e o presente de decadência. A crença no sebastianismo resgata, de certa forma, a glória perdida no passado. Ao rejeitar a morte de D. Sebastião, defendendo a ideia do mítico retorno, a lenda popular não permite a aceitação do fato, alimentando simbolicamente o imaginário da nação. O mito, produto da ficção, atua como uma versão paralela da História, subvertendo-a e criando um simulacro de verdade.

A última parte d’O mosteiro é constituída pelo livro que Belchior vinha escrevendo, uma narrativa autônoma inserida na narrativa maior, e que o transforma em narrador. A obra sebástica que fora a sua obsessão torna-se agora um livro, intitulado O medo. O tom de sua enunciação é vacilante, transpondo, para a esfera do discurso, toda a insegurança que o caracteriza. Ao deixar de ser personagem para se tornar narrador de sua história, ouve-se a voz da instância narrante maior, ao fundo, que demonstra explicitamente a desconfiança em relação ao que é dito por ele.
O medo, a um só tempo capítulo integrante do romance e narrativa autônoma, reflete a ambivalência de uma obra que tenta se desvencilhar do discurso oficial. Belche instaura o não-lugar, o relativo. O ato consciente de pairar entre o erro e a certeza, na aceitação de um entrelugar, contesta o dogmatismo proposto pela História Oficial. Sendo O mosteiro um romance que coloca em xeque duas casas portuguesas – a de Avis, a que pertencera D. Sebastião – e a de São Salvador, na Quinta onde Belche fora criado –, temos em D. Sebastião e Belche, respectivamente, um vislumbre de regeneração. Com a demolição dos pilares da versão oficial, surge a liberdade por meio de uma escrita, que adentra, insondável, as esferas do encoberto.
Em Adivinhas de Pedro e Inês (1983), o processo de desmitificação envolve outro dos mais célebres mitos do imaginário português: a relação amorosa entre Pedro e Inês de Castro. Deparamo-nos com uma minuciosa investigação que se revela inútil, chegando por fim a narradora à conclusão de que os olhares acerca dos fatos históricos são mecanismos de construção e de representação a serviço da ideologia vigente. A saída encontrada por ela sugere a libertação da escrita, em detrimento de supostas e duvidosas verdades históricas.

A narrativa agustiniana lança um olhar tipicamente pós-moderno à história de amor portuguesa, na medida em que constrói um discurso que subverte a matéria mitificada pelos cronistas e pela tradição literária. Marcado pela autorreferencialidade, o romance apresenta-se repleto de digressões que interrompem o ritmo do fio narrativo e denunciam a subjetividade envolvida nos mecanismos de representação. O leitor, até então um destinatário passivo, é convidado a se tornar partícipe dessa produção, tendo sua consciência crítica despertada. Os contextos discursivos, históricos, sociais e ideológicos são analisados, tornando aberta a obra literária, e conduzindo a uma multiplicidade de interpretações.
Sendo um romance cujos protagonistas são personagens históricos, a investigação questiona a veracidade do discurso oficial. Trata-se, então, de uma história outra, a ser escrita a partir das entrelinhas e ausências, uma vez que a criação/invenção constitui a verdadeira proposta da narrativa. É com naturalidade que a instância narrante rejeita a 3ª pessoa, objetiva e linear, para narrar em 1ª pessoa, realizando digressões e permitindo que a narrativa oscile ao sabor de sua subjetividade. Ao fazê-lo, descortina o processo de criação literária, ao mesmo tempo em que demonstra a parcialidade de seu ponto de vista, recusando o dogmatismo que sempre caracterizou a História Oficial.
À medida que avança em suas pesquisas, a narradora percebe que é impossível descobrir a verdade, pois esbarra em vazios intencionalmente deixados para que certos fatos jamais viessem à luz. Aos poucos, a narradora-detetive cede lugar à narradora-demiurga, que resolve as lacunas e silêncios deixados pela História por meio da ficção. Em suas digressões, ela aponta a primazia da verdade ficcional em relação às supostas verdades históricas, sempre comprometidas com os interesses do poder.

A partir desse momento, a narradora reavalia não mais os dados históricos, mas a própria noção de verdade. A recorrência de expressões modalizantes, como é possível, devia estar, o mais provável é que…, indicam a subjetividade e a relativização presentes em seu discurso, que já não traz a pretensão de elucidar o passado, mas de reelaborá-lo. A onisciência da terceira pessoa é aqui substituída pela reflexão, numa reconfiguração dos conteúdos históricos do passado. A apropriação de acontecimentos e personagens históricos, marca da metaficção historiográfica, conduz a uma reformulação dos próprios conceitos de realidade, mundo e arte, subvertendo as relações entre eles.
A Inês ficcional, surgida do olhar do presente lançado sobre a figura histórica do passado, nada tem de indefesa, e a mitificação que envolve sua história seria apenas uma estratégia para neutralizar sua figura política, reduzindo-a a vítima do amor.
A impotência da instância narrante constitui-se numa das tônicas do romance aqui analisado, cujo título fala de adivinhas, numa sugestão do caráter relativizante, especulativo, do olhar que é lançado sobre as figuras históricas de Pedro e Inês. Ao final, a narradora ritualiza a comunhão com o leitor, encarregado de, também ele, escrever a sua versão.

O emergir das vozes silenciadas

O Delfim (1968), apesar de publicado ainda durante a ditadura salazarista, é composto por três níveis narrativos que se entrelaçam, fundindo categorias discursivas e marcando, no plano da escrita, uma ruptura que aponta o desejo revolucionário de transformação. Trata-se de uma história que sugere uma libertação, na figura de um escritor que visita o local onde a trama se desenvolve e tenta, por meio dos diferentes depoimentos que vai reunindo, reconstituir o crime ali ocorrido. Esta primeira história constitui o tema aparente, e recebe contornos de uma narrativa policial. Um segundo aspecto, ainda no plano da história, refere-se à socialização da lagoa, fato que na narrativa aparece como decorrente do crime ali ocorrido, uma vez que o engenheiro que detinha os direitos sobre o lugar desaparece após a morte da mulher. Ainda no plano da diegese, assiste-se à trajetória de um escritor às voltas com a aventura de escrever seu livro, o que acaba por fundir-se à própria enunciação, pois é ele o narrador. A opção por um narrador em 1ª pessoa, cujo ponto de vista é limitado, permite um questionamento da onipotência da autoridade no âmbito discursivo. Já o crime e o posterior sumiço do engenheiro demarcam, no universo diegético, o fim da onipotência por ele representada. O narrador desespera-se, tentando inutilmente unir diferentes testemunhos às vagas recordações do que se passara um ano antes, em sua visita anterior à estação de caça. A narrativa caminha em círculos, como circular é a lagoa em torno da qual o enunciado se constrói. Acreditamos, dessa forma, que o romance se estrutura a partir da tensão Tradição/Ruptura, tanto no plano do discurso quanto no da diegese.

A história tem início com o retorno de um escritor à Gafeira, aldeia supostamente localizada em Portugal, um ano depois de sua primeira visita, motivada por uma nova temporada de caça. A posse da lagoa, bem como os direitos de caça, vinham por séculos sendo monopolizados pela família do engenheiro Tomás Manuel Palma Bravo. Com a morte da esposa deste, ocorrida em circunstâncias misteriosas, tem-se o desaparecimento do engenheiro, conhecido como Delfim, e a consequente democratização do espaço da lagoa, agora usufruída por todos, em regime de cooperativa. Em suas primeiras lembranças da Gafeira, o narrador demonstra sua preocupação com a reconstituição fidedigna do passado. A sua atitude inicial revela a pretensão de descobrir a verdade, e para isso ele comporta-se como um verdadeiro detetive, anotando com rigor os depoimentos que colhe.
Ao se deparar com diferentes olhares acerca do crime, o narrador percebe o comprometimento de alguns depoimentos com a ideologia vigente, o que os tornaria parciais. Além disso, ele identifica lacunas e versões que se anulam umas às outras, impossibilitando a decifração do crime. A tradição que paira sobre a Gafeira, em especial sobre a linhagem da família Palma Bravo, confere aos depoimentos um caráter tendencioso. O narrador percebe estar sendo ludibriado por diferentes versões, algumas delas refletindo a ignorância do povo, e outras tentando desfocar a atenção em relação ao crime, para que a verdade jamais viesse à tona.

Ainda no plano da diegese, esta impossibilidade de decifração sugere todo o contexto político ditatorial do Portugal de então, aqui metaforizado pelo monopólio dos Palma Bravo. O crime, que jamais é oficialmente elucidado, aponta o estabelecimento de uma versão oficial que deve ser mantida, ainda que os indícios apontem caminhos bem definidos. Por mais que as evidências sugiram que se tratou de um crime passional, e que o engenheiro, após haver assassinado a mulher que o traía com o empregado, simplesmente fugiu, surgem hipóteses absurdas, corroboradas pelos moradores do local, com versões fantasiosas que enveredam pelo território do maravilhoso. Expressiva é a imagem do nevoeiro, que perpassa a narrativa, e se torna ainda mais evidente a cada vez que o narrador-detetive se aproxima da verdade, numa metáfora da obscuridade que cerca a História Oficial e que impede que determinadas informações venham à luz. O nevoeiro encobre a lagoa, e torna-se mais espesso à medida que o narrador chega perto de desvendar o crime.
A tensão passado/presente metaforiza ainda outra questão, esta no âmbito da narração: a da narrativa tradicional, presentificada pela Monografia que enaltecia os antepassados de Palma Bravo, e a ruptura, na construção de um narrar fragmentado, desconexo por vezes, mas não contaminado pela manipulação da ideologia dominante. O olhar do passado, comprometido ideologicamente, cede lugar a um olhar ainda hesitante, mas ciente de que os tempos mortos se foram, e cumpre falar do tempo novo, vivo.
Do ponto de vista ideológico, a ruptura realizada pelo romance é verificada na socialização da lagoa, até então detida pelos Palma Bravo, e depois pertencente a todo o povo. A hegemonia dos descendentes de fidalgos alegoriza a ditadura salazarista, e a festa que se realiza ao final surge como uma espécie de redenção. O narrador, que desiste de contar a história da Gafeira, rende-se à celebração da liberdade, numa inquestionável associação com o fim da ditadura, realizada no plano da diegese, mas ainda uma ficção na realidade portuguesa da época.

Memorial do Convento (1982) tem como pano de fundo a história da construção do Convento de Mafra, durante o reinado de D. João V. O fato de a época escolhida ser um período de vasta documentação histórica não é acidental: as informações históricas, que enaltecem e celebram os feitos do rei, serão postas em xeque pela narrativa, que inverte a perspectiva tradicional e põe o foco nos desvalidos que ajudaram a erguer o país, mas que permaneceram anônimos e invisíveis nos registros oficiais.
A ideia de erguer o convento teria surgido de uma promessa, feita pelo rei, ligada à dificuldade da rainha em engravidar. Até o nobre motivo é desmistificado pelo narrador, que sugere que os padres já sabiam de antemão da gravidez, usada para obter a barganha real. A própria rainha é apresentada sob uma ótica nada abonadora, uma vez que teria guardado segredo da gestação até o momento conveniente de anunciá-la como milagre, justificando a promessa.
Paralelamente ao relato do que se passava dentro dos muros do palácio – um casamento real protocolar, marcado pelas aparências, sendo que o rei possuía várias amantes, enquanto a rainha alimentava desejos eróticos proibidos pelo cunhado –, há o casal-chave da trama, Baltasar e Blimunda, que atuará como contraponto do casal real.
Baltasar, ex-soldado, é agora um excluído, pelo fato de ter ficado maneta; Blimunda é uma mulher do povo, que tem visões e o poder de enxergar dentro das pessoas. Malditos e anônimos, eles unem-se ao visionário padre Bartolomeu de Gusmão, na ideia de construir uma passarola, máquina que possibilitará uma viagem pelos ares.

O primeiro contraponto que se verifica é o da motivação da relação amorosa. Enquanto rei e rainha, casados com toda pompa e legalidade, têm enfadonhas relações sexuais, visando somente ao nascimento de um herdeiro, Baltasar e Blimunda selam um pacto de união em que a única certeza é a liberdade de partir se assim o desejarem. Dividem angústias e desejos e celebram um casamento não oficial, apenas abençoado pelo padre que os acompanha.
Outro contraponto que estabelece a antinomia entre ambos os casais está na fé: a rainha, cristã fervorosa, não hesita em mentir ou fingir, e representa a hipocrisia dos que defendem a religião sem nela acreditar. Blimunda, considerada herege e tendo de ocultar seu dom para não ser vitimada pela Inquisição, vê as verdades dentro das pessoas e sua fé reside na essência daquilo em que acredita, sendo, portanto, muito mais autêntica.
Uma vez reunidos no projeto de confecção da passarola, a trindade representada por Baltasar, Blimunda e Bartolomeu envolve-se numa relação de trabalho e de cumplicidade pautada pelo respeito, pela igualdade e pela divisão justa de tarefas, relação que contrasta de forma inequívoca com as condições humilhantes e perigosas a que são submetidos os envolvidos na construção do convento. O rei, que somente aparece no dia de colocar a pedra fundamental, levará todas as glórias e será conhecido ao longo dos séculos por ter erguido o convento, segundo a História Oficial. As centenas de anônimos, muitos dos quais mortos durante a construção, permanecerão ignorados por tais registros, fato que não escapa à crítica mordaz do narrador, que afirma que são os seiscentos homens que não fizeram filho algum à rainha quem acaba carregando as pedras necessárias ao empreendimento.

A proposta de fazer um Memorial que de fato celebrasse os responsáveis pela construção é evidenciada pelo narrador a partir de um duplo movimento: à medida que enaltece os feitos do povo nada perfeito – significativo é o momento em que ele pinta um cortejo de aleijados, cegos, coxos, zarolhos, epiléticos, sarnentos e leprosos, destruindo a ilusória ideia de que os heróis têm de ser perfeitos –, destitui os nobres de sua aura, apontando-lhes os defeitos e criticando abertamente uma História que sempre glorificou os vencedores e detentores do poder.
Nessa homenagem, que se dá pelo viés da ficção, o narrador não hesita em imortalizar esses heróis desconhecidos, atribuindo a cada um deles uma das letras do alfabeto, nomeando e reconhecendo, simbolicamente, cada trabalhador de Mafra.
O narrador onisciente, que desnuda pensamentos e desejos para melhor criticar, alia-se ao narrador intruso, que se interpõe a todo momento para construir um novo herói, que subverte a ordem e opõe-se ao herói tradicional.
À semelhança do que observamos em outros romances aqui analisados, a ficção surge como perspectiva de resgate e de solução para as lacunas e distorções criadas pela História.

O tempo da história situa-se no reinado de D. João V, no século XVIII, época rica em documentos e testemunhos escritos. Ao se ambientar a narrativa nesse momento histórico específico, permite-se uma reflexão acerca da desconfiança em relação aos documentos oficiais, envoltos na roupagem imposta pela ideologia da época.
Na perspectiva transformadora proposta pelo romance saramaguiano, a intertextualidade ocupa um papel fundamental, uma vez que textos fundadores e canonizados pela tradição são retomados, com finalidade crítica. O diálogo de cunho revisional perpassa a narrativa, e manifesta-se, sobretudo, por meio da transgressão em relação aos principais códigos de poder. Assim, a um rígido código moral sobrepõe-se o erotismo. O código religioso, por sua vez, é subvertido pela heresia, aqui entendida como outra possibilidade de crença que não a oficial. Nesse sentido, é expressivo o fato de o texto se passar na época da Inquisição, e de denunciar as atrocidades cometidas contra aqueles que não professassem a religião que lhes era imposta.
Finalmente, o terceiro viés da transgressão refere-se à subversão do discurso oficial do poder, realizada pela ficção. Na proposta estético-ideológica de dessacralização dos códigos instituídos, surge a voz cáustica do narrador, com o propósito de reparar alguns dos erros cometidos ao longo da História.
É de subversão que se trata. Por meio da desobediência aos arbitrários valores instituídos, uma nova História se escreve, possibilitando que agora sejam ouvidas as vozes até então silenciadas.

O amargo regresso

O século XVI em Portugal representou o apogeu de um projeto imperialista, impregnando, de forma indelével, o imaginário da nação. O sonho do Quinto Império teve seu registro na obra-chave do inconsciente coletivo lusitano: Os Lusíadas, de Luís de Camões, apresentam um povo marcado pelo signo do herói e predestinado a glórias que jamais viriam a se realizar.
A literatura portuguesa contemporânea caracteriza-se, entre outros aspectos, por um olhar crítico e revisional sobre a autoimagem distorcida que durante séculos assombrou o país. As Naus (1988), de autoria de António Lobo Antunes, constitui um dos exemplos dessa perspectiva revisional que define a produção literária da contemporaneidade. Tendo como fio condutor o retorno de ícones históricos e literários a Portugal, o romance desmitifica a imagem de alguns dos mais expressivos vultos do imaginário português, numa retomada parodística que questiona os valores expansionistas. Através de um discurso fragmentado e contraideológico, o texto pensa a identidade portuguesa face ao naufrágio de um sonho coletivo.
A narrativa é organizada a partir de uma estrutura dicotômica que remete a alguns dos pontos recorrentes do imaginário português. O binômio Terra/Mar, presente ao longo do texto, marca a necessidade de se adotar uma nova perspectiva, pondo de lado o sonho expansionista, e trabalhando a identidade coletiva à luz de um enfoque real, sem quimeras ou utopias. Para fazê-lo, o texto conta com a tensão Passado/Presente, que não surge sob a forma de um contraste entre o passado das epopeias e um presente de decadência, mas numa história que narra o retorno de figuras emblemáticas desse passado, históricas ou literárias, em pleno século XX. O anacronismo resultante apenas acentua a sensação de não-pertença, de estranhamento, vivenciada pelos personagens ao retornar ao país.

O romance apresenta uma linguagem fragmentada, com multiplicidade de narradores. Além de negar a supremacia de um narrador único, o deslizamento decorrente da polifonia adotada permite, ainda, que se ouçam os lamentos e desabafos desses vultos que subitamente retornam e se veem perdidos, sem referência, no país que outrora representaram, agora questionando a ideologia expansionista. Os personagens e narradores que se revezam no romance são, dentre outros: Dom Manuel, ícone do pensamento imperialista, que surge quase como uma caricatura, numa descrição que o apresenta como um ser ridículo, com uma coroa de latão. Em uma das passagens em que ele se encontra com Vasco da Gama – hoje, um jogador inveterado –, tem-se a explicitação da carnavalização que perpassa o romance, recurso que expõe os sonhos do passado como marcas da decadência do presente.
Outros personagens representativos do ideal expansionista ressurgem, igualmente despojados de seu brilho: Francisco Xavier, venerado em Portugal em decorrência da evangelização das Índias, surge no romance como o dono de um imundo prostíbulo, numa caracterização que subverte justamente seus atributos mais valorizados; Camões, talvez o maior dentre os ícones da expansão, aparece na narrativa como um homem de nome Luís a quem faltava a vista esquerda, acompanhado pelo cadáver do pai, a quem tenta, desesperadamente, enterrar; Pedro Álvares Cabral, que retorna sem que o reconheçam, é detido na alfândega por não possuir em Portugal parentes como referência; Manuel de Sousa Sepúlveda, fidalgo morto em naufrágio, assume no texto contemporâneo o papel nada heroico de traficante de diamantes.
Diogo Cão, famoso navegante, é outro dos que aparecem representados de forma pejorativa na atualidade. O outrora ilustre navegador hoje se reduz a um homem atormentado, a contemplar, perdido, o mar.

O processo de redimensionamento realizado pelo texto é evidenciado, sobretudo, pela figura de uma prostituta, velha e sábia, que retorna a Portugal atrás de Diogo Cão, que vive obcecado pela busca de uma determinada sereia. No capítulo em que a prostituta é a narradora, a desmitificação apontada ao longo do romance é alegorizada pela antítese entre as imagens da jovem e sedutora sereia e da decadente prostituta, alegorizando o embate sonho/realidade.
Expressiva é ainda a recorrência de determinados termos, como Lixboa e Reyno, na grafia quinhentista, estendendo, ao plano linguístico, a denúncia de uma atitude passadista na mentalidade portuguesa. De um lado, representantes de um modelo ideológico do passado, e uma grafia arcaica; de outro, o Presente que irrompe, nas referências à Revolução dos Cravos ou à perda das colônias africanas, tempo marcado pela decadência dos sonhos e mitos. Em As Naus, isso se verifica de forma quase grotesca, uma vez que as esferas temporais se entrecruzam violentamente, gerando choque e angústia nos personagens.
O diálogo com a Tradição é verificado, ainda, na intertextualidade com alguns dos mais representativos textos do imaginário português, como Os Lusíadas e Mensagem, reiterando a perspectiva revisional que pauta a narrativa. A antiepopeia representada pelo romance antuniano relê o contexto quinhentista linguística, histórica e ideologicamente. A postura revisional é feita por meio de uma desmitificação de personagens ilustres, e, por extensão, de tudo o que eles constituíam como representações. O discurso contestador, de cunho contraideológico, parte dos textos fundadores para negá-los, questionando, assim, o projeto imperialista que teria levado a nação à ruína.

O último capítulo do romance é marcado pelo apogeu do processo de desmitificação realizado pela obra, e assinala o início de uma tomada de consciência. Os ilustres que haviam retornado são encaminhados a um manicômio, numa clara sugestão da patologia contida na atitude nostálgica e passadista. Tem início, também, um verdadeiro ritual de libertação, por meio do descarte de uma enciclopédia inútil, que vai sendo jogada fora à medida que os personagens se vão cansando do peso. Os papiros náuticos jogados ao lixo assinalam a libertação simbólica do povo em face de um passado que não tem mais utilidade. Por meio de uma (des)construção que se faz na releitura crítica do passado, sobretudo na negação de um modelo ideológico que teria causado uma ferida narcísica no imaginário português, gerando uma insolação sublime que impede a aceitação da realidade – como explica Eduardo Lourenço no já citado O labirinto da saudade, célebre estudo sobre a identidade portuguesa –, o romance refaz o percurso de autoconhecimento que pauta a ficção contemporânea. As palavras finais do texto vislumbram a saída para tal insolação: cumpre recolher os loucos e enterrar o passado para, então, reconstruir a casa. Se foi pelo mar que Portugal se prendeu à proa de uma embarcação encalhada, que as naus retornem, libertando a nação de um fado heroico, mas impossível.

Mais do que simplesmente reler a História canonizada pelos livros e pela abordagem tradicional, os romances aqui analisados propõem uma reflexão no que tange ao processo de construção de mitos pelo imaginário português. Deparamo-nos com mitos e representações que povoam o inconsciente coletivo de forma indelével. Seja por meio da desentronização das imagens canonizadas pela tradição literária, seja pela recriação, pela ficção, das lacunas deixadas, ou mesmo pela corajosa atitude de regressar e se defrontar com um quadro nada ilusório, a ficção contemporânea conta uma história outra, trazendo em sua nau as vozes e os ângulos sempre silenciados pelo discurso oficial. Ouçamo-las, então.

BIBLIOGRAFIA
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Tatiana Alves Soares Caldas possui Graduação em Letras (Português-Literaturas) pela Universidade Federal do Rio de Janeiro – Bacharelado e Licenciatura (1988), Especialização em Literatura Portuguesa (1989), pela Universidade Federal do Rio de Janeiro, Especialização em Literatura Brasileira pela Universidade do Estado do Rio de Janeiro (1993), Mestrado em Letras (Letras Vernáculas) pela Universidade Federal do Rio de Janeiro (1993) e Doutorado em Letras (Letras Vernáculas) pela mesma universidade (2000). Atualmente integra o quadro efetivo do CEFET / RJ, na área de Língua Portuguesa e Literatura Brasileira, em regime de dedicação exclusiva. Tem experiência na área de Letras, com ênfase em Literaturas Portuguesa, Brasileira e Africanas. Integrou, de 2009 a 2012, o grupo de pesquisa Afro-brasileiros, Discurso, Estudos Literários e Culturais e o NEAB, ambos no CEFET / RJ. Integrou, entre 2010 e 2012, o corpo docente e o colegiado do Mestrado en Relações Etnicorraciais (PPRER) na mesma instituição. Leciona Língua Portuguesa e Literatura Brasileira no ensino médio e técnico, e atuou, de 2009 a 2013, na Pós-Graduação Lato Sensu Relações Etnicorraciais e Educação: uma proposta de (re)construção do imaginário social ministrando a disciplina Lendo a África: representações e configurações identitárias. Atua ainda como colaboradora na Editora Celacanto, sem vínculo empregatício. Pesquisa a representação do feminino na literatura, e possui vinte e tres livros publicados

 

 

 Cecil Jeanine Albert Zinani

 

A RECEPÇÃO CRÍTICA DE JOSÉ SARAMAGO NO BRASIL
Bruno Brizotto e Cecil Jeanine Albert Zinani
Universidades Federal do Rio Grande do Sul e de Caxias do Sul

Originalmente comunicação proferida a 26 de junho de 2012, no “Colóquio Portugal no Brasil: a cena do Rio Grande do Sul”, realizado na Pontifícia Universidade Católica do Rio Grande do Sul (PUCRS), nos dias 25 e 26 de junho de 2012

RESUMO: Exame da recepção crítica do escritor português José Saramago por meio do levantamento de teses e dissertações já defendidas em universidades brasileiras, especialmente na Universidade de São Paulo, na Universidade Federal do Rio Grande do Sul e na Pontifícia Universidade Católica do Rio Grande do Sul. Ao examinar tais produções críticas, pretende-se verificar quais obras do escritor luso são alvo de maiores estudos, quais as temáticas dominantes e o direcionamento teórico do estudo. A partir disso, será possível constatar como a produção ficcional de Saramago é recebida e analisada de forma crítica pelas universidades citadas. PALAVRAS-CHAVE: Recepção crítica; José Saramago; Literatura Portuguesa.

José Saramago (1922-2010) é considerado um dos maiores escritores da Literatura Portuguesa e, consequentemente, da Literatura Ocidental, seja pelo fato de suas obras serem traduzidas para mais de 30 idiomas, seja pelo fato de ser “o único escritor de língua portuguesa que mereceu de Harold Bloom sua inclusão na série Bloom’s modern critical views, coleção de textos críticos sobre os mais lidos e respeitados autores […]” (LAITANO, 2009, p. 10). Pertencente à prosa de ficção conhecida como “pós-25 de abril de 1974”, a qual apresenta como marco indicativo “a repercussão calorosa no estrangeiro” (MOISÉS, 2008, p. 525), Saramago imprimiu às letras portuguesas um estilo próprio, “marcado pela linguagem correntia, coloquial, sem rebuscamentos, que o vincula às impressões do dia-adia, tornando-se acessível a toda espécie de leitor.” (MOISÉS, 2008, p. 525-526). Segundo Moisés (2008, p. 527), a ficção de José Saramago caracteriza-se pelo “mais cerrado realismo”, erguendo-se “sobre um tripé, composto pela História, os temas imprevistos, originais, e a ideologia.” Dono de uma produção invejável, Saramago alcançou o ápice após os anos 1980, com títulos como Levantado do chão (1980), Memorial do Convento (1982), O ano da morte de Ricardo Reis (1984), História do Cerco de Lisboa (1989), O Evangelho segundo Jesus Cristo (1991), Ensaio sobre a cegueira (1995), Todos os nomes (1997), O homem duplicado (2003), Ensaio sobre a lucidez (2004), As intermitências da morte (2006), Caim (2009) e o póstumo Claraboia (2011), fato que granjeou o renome de que desfruta, sobretudo após ter sido agraciado com o prêmio Nobel de 1998.

Importa também considerar a importância das teorias recepcionais para a análise do fato literário, destacando-se a Sociologia da Leitura e a Estética da Recepção, arroladas por Tadié (1992) como integrantes da Sociologia da Literatura, que “não se ocupa apenas do autor e da obra, mas, também, do público” (TADIÉ, 1992, p. 184), figurando aí as duas disciplinas citadas. Tanto a Sociologia da Leitura (Q. D. Leavis, Jacques Leenhardt, Pierre Józsa, Robert Escarpit) quanto a Estética da Recepção (Hans Robert Jauss, Wolfgang Iser) ocupam-se da reação do público em relação às obras literárias, cada uma com uma perspectiva de estudo bem definida. Ao considerar a contribuição dessas vertentes teóricas, fica mais clara a posição do leitor no ato da leitura. Contudo, o tipo de leitor considerado neste escrito não é o leitor popular, médio; é o leitor crítico, aquele que realizou a leitura de determinado romance de Saramago em uma perspectiva crítica, ou seja, à leitura do romance estará incluído um direcionamento teórico específico. Portanto, configura-se, assim, um público específico: alunos de programas de pós-graduação (hoje, mestres e doutores) que contribuem para a ampliação da fortuna crítica do escritor português, além de transmitirem à crítica literária brasileira outra forma de ver o fato literário.

O propósito deste artigo consiste em examinar um aspecto da recepção crítica do escritor português José Saramago, por meio do levantamento de teses e dissertações já defendidas em universidades brasileiras, especialmente na Universidade de São Paulo, na Universidade Federal do Rio Grande do Sul e na Pontifícia Universidade Católica do Rio Grande do Sul. O corpus total divide-se da seguinte maneira: onze dissertações (sete defendidas na USP, três na UFRGS, e uma4 na PUCRS) e duas teses (ambas defendidas na USP), entre os anos de 2006 e 2011.5 Levando em conta tais produções críticas sobre a obra de Saramago, três critérios orientarão este estudo: (1) quais obras do escritor luso são alvo de maiores estudos, (2) quais as temáticas dominantes e (3) qual o direcionamento teórico do estudo.

Pela análise realizada, as seguintes obras de Saramago foram utilizadas como corpus para a construção das dissertações e teses: Ensaio sobre a cegueira (quatro ocorrências), O Evangelho segundo Jesus Cristo (duas ocorrências), O homem duplicado (duas ocorrências), Todos os nomes (duas ocorrências), Levantado do chão (duas ocorrências), O ano da morte de Ricardo Reis (duas ocorrências), e as obras A caverna, Ensaio sobre a lucidez, As pequenas memórias, Manual de pintura e caligrafia, Memorial do Convento e A segunda vida de Francisco de Assis com apenas uma ocorrência para cada uma. Constata-se, assim, que a obra Ensaio sobre a cegueira recebeu a maior atenção.

As temáticas dominantes podem ser arroladas em cinco categorias: (1) a temática do duplo; (2) interpretação das obras de Saramago em diálogo com outras deste autor, bem como com autores de outros sistemas literários, constituindo-se em um exercício de literatura comparada; (3) a intertextualidade; (4) as relações entre Literatura e História e (5) a temática do espaço. Partindo de tais categorias temáticas, ficará mais claro qual o direcionamento teórico do estudo, que constitui um dos três eixos norteadores deste trabalho. Além disso, cumpre advertir que as dissertações e teses não primam por uma única temática, valendo-se de outras, como é o caso de “A Ordem e o Caos: Plauto e José Saramago”, de Nefatalin Gonçalves Neto, que articula a questão do duplo com a literatura comparada e a intertextualidade.

A primeira categoria, a temática do duplo, compreende duas dissertações: “A construção duplicada em O homem duplicado”, de Francisco das Chagas Alves (USP, 2010) e “A Ordem e o Caos: Plauto e José Saramago”, de Nefatalin Gonçalves Neto (USP, 2010). A primeira dissertação investiga “o tema dos duplos em O homem duplicado […] por meio da análise de trechos do romance”, buscando “verificar como o autor retoma o tema do duplo para abordar a cisão da identidade do homem contemporâneo.” (ALVES, 2010, p. 5). A segunda, por sua vez, tem como objetivo “analisar as obras Amphytruo […] e O Homem Duplicado […] por meio da investigação do tema do duplo presente nas duas obras em questão.” (GONÇALVES NETO, 2010, p. 8). O duplo, em linhas gerais, é uma entidade que duplica o “eu”, destacando-se dele e autonomizando-se a partir desse desdobramento. Gera-se a partir do “eu” para, de imediato, dele se individualizar e adquirir existência própria. A sua coexistência com o “eu” de que é originário, contudo, nem sempre é pacífica. Podem ocorrer duas modalidades: a) o duplo apresenta, segundo o julgamento do “eu”, características positivas, sendo resultante de um processo de identificação entre o “eu” e o seu duplo; b) o duplo apresenta, de acordo com o julgamento do “eu”, características negativas, resultantes de um processo de oposição entre o “eu” e o seu duplo, pela constatação de uma não correspondência de traços ou características afins.

Sob essa dupla perspectiva, as duas dissertações que versam sobre essa temática recaem na segunda modalidade, efetivando a cisão da identidade e a crise identitária. No que toca ao direcionamento teórico, foram utilizados autores que tratam o tema do duplo, como Carl F. Keppler – em The literature of the second self (1972), no qual faz referência ao trabalho de Otto Rank sobre o duplo, referindo-se ao ensaio intitulado Der Doppel Gänger [O duplo] –, Nicole Bravo, Sigmund Freud e Friedrich Nietzsche. Conforme já referido, a dissertação de Gonçalves Neto (2010) realiza a leitura do duplo em O homem duplicado e Amphytruo (O Anfitrião), do escritor latino Plauto, através da literatura comparada e da intertextualidade, estabelecendo relações entre essas três temáticas. A ligação intertextual entre as obras é elucidada pelo autor: “[…] o diálogo entre as obras se estabelece por meio do mito de Anfitrião, que é retomado pelos dois escritores transfigurado pela intenção de cada um.” (GONÇALVES NETO, 2010, p. 8).

A segunda categoria, que opera com a literatura comparada, faz-se presente em três dissertações: “Alegorias do mundo em Saramago”, de Maiquel Röhrig (UFRGS, 2011), “Personagens engajadas em sociedades de classes: uma leitura comparativa entre O tempo e o vento, de Érico Veríssimo, e Levantado do chão, de José Saramago”, de Iraci Lacerda (USP, 2007) e “As pequenas memórias na ficção de José Saramago: a recordação da infância como matéria literária”, de Paloma Esteves Laitano (PUCRS, 2009). A primeira “interpreta as obras Ensaio sobre a cegueira (1995), A caverna (2000) e Ensaio sobre a lucidez (2004) a partir de uma perspectiva interdisciplinar sustentada por aproximações intertextuais entre literatura e filosofia.” (RÖHRIG, 2011, p. 4). A segunda analisa “os aspectos semelhantes entre as personagens em atividade política”, ressaltando “aspectos diferenciadores como classe social, ideal socialista e intensidade de atuação, a fim de acompanharmos a trajetória do engajamento durante o século XX” (LACERDA, 2007, p. 7). A terceira dissertação estabelece um “estudo comparativo entre a matéria recordada na obra As pequenas memórias […] e a ficcionalização dessas vivências no corpus de romances estabelecido pelo próprio autor, no livro memorialístico […]” (LAITANO, 2009, p. 6). As obras que Saramago refere no livro de memórias são Manual de pintura e caligrafia, Memorial do convento, O Evangelho segundo Jesus Cristo, Ensaio sobre a cegueira e Todos os nomes. A perspectiva comparada, conforme vista nesses três trabalhos, é útil, pois permite ao estudioso dialogar com obras de sistemas literários diferentes, além de colocar frente a frente obras do mesmo autor. O direcionamento teórico desses três estudos comparados é diverso, passando por Fredric Jameson, Walter Benjamin, István Mészáros, Benjamin Abdala Jr., Mikhail Bakhtin, Irving Howe, Marta Harnecker, Paul Singer, Jean-Paul Sartre, George Gusdorf, Gaston Bachelard, Gérard Genette, entre outros.

A terceira categoria, relativa à intertextualidade, pode ser identificada como temática predominante nas seguintes dissertações: “Ricardo Reis: ficção da ficção”, de Priscila de Oliveira Ferreira (UFRGS, 2006), “O Ano da Morte de Ricardo Reis: o leitor no jogo da ficção”, de Regina Cláudia Kawamura (USP, 2009), “O evangelho segundo o narrador: o papel do narrador em O evangelho segundo Jesus Cristo de José Saramago”, de Paulo Nedel (UFRGS, 2006) e “Do santo ao homem: Francisco de Assis sob o olhar de Saramago”, de Ana Paula Borges (USP, 2008). A primeira dissertação analisa “a relação entre os dois Ricardos”, observando “o que os aproxima e o que os distancia” (FERREIRA, 2006, p. 6). O direcionamento teórico reúne autores como Julia Kristeva, Mikhail Bakhtin, Georg Lukács, Tânia Franco Carvalhal, entre outros. Percebe-se aí o diálogo com a poesia de Fernando Pessoa (o heterônimo Ricardo Reis) e a apropriação de conceitos da teoria da intertextualidade, do dialogismo, do herói degradado, entre outros. A segunda também parte da obra O ano da morte de Ricardo Reis, levando em conta o ponto de vista da intertextualidade, apresentando o seu traço de destaque: o processo intertextual se constrói a partir do repertório do leitor, que “interage com as informações do texto, a fim de construir o sentido, num jogo de ressignificação com os intertextos que permeiam a obra” (KAWAMURA, 2009, p. 5).

Nessa reflexão, está posto o jogo da leitura, “que está presente no interior do romance, e que, por sua vez, induz o leitor a refletir sobre a relevância do seu papel como produtor de sentido diante do texto” (KAWAMURA, 2009, p. 5). Teóricos como Wolfgang Iser, Jean-Paul Sartre, Luiz Costa Lima, Beth Brait, Umberto Eco, Johan Huizinga, entre outros, são utilizados como literatura básica para a construção do instrumental teórico dessa dissertação. A terceira leva em conta a perspectiva da intertextualidade ao “analisar o narrador d’O evangelho segundo Jesus Cristo […], mantendo intenso diálogo com a História que nos chegou através dos relatos dos Evangelhos bíblicos” (NEDEL, 2006, p. 5). Como apoio teórico, o autor vale-se de Tânia Franco Carvalhal, Affonso Romano de Sant’Anna, Mikhail Bakhtin e Linda Hutcheon, além de Merril Tenney, Urbano Zilles e José Hildebrando Dacanal para a contextualização sobre a Bíblia, os apócrifos, Jesus e os evangelistas. A quarta dissertação, por sua vez, analisa a relação intertextual entre o santo católico São Francisco de Assis e a proposta de Saramago, que “em via oposta às fontes franciscanas, desconstrói o santo e reconstrói o homem Francisco de Assis” (BORGES, 2008, p. 7). O direcionamento teórico abrange autores como José Oliveira Barata e Sábato Magaldi, que teorizam sobre o teatro, Umberto Eco, Linda Hutcheon, Affonso Romano de Sant’Anna, além de biógrafos oficiais do santo, como Tomás de Celano e São Boaventura.

A quarta categoria, referente às relações entre o discurso histórico e o literário, pode ser examinada pelas seguintes dissertações: “O evangelho segundo o narrador: o papel do narrador em O evangelho segundo Jesus Cristo de José Saramago”, de Paulo Nedel (UFRGS, 2006) e “História e Poder: uma leitura de Levantado do Chão”, de Camile Carolina Tesche (USP, 2007). A dissertação de Nedel (2006), ao mesmo tempo em que aborda o diálogo intertextual entre o Jesus dos Evangelhos bíblicos e o proposto por Saramago, o faz levando em conta as relações entre a Literatura e a História, valendo-se dos principais teóricos dessa área, como Paul Ricoeur, Hayden White, Georges Duby e Linda Hutcheon, “como também comentários de José Saramago sobre sua atividade de escritor preocupado com a reescrita histórica” (NEDEL, 2006, p. 11). O estudioso também leva em consideração como as relações entre a Literatura e a História se constroem na literatura portuguesa através de três expoentes: Fernão Lopes, Alexandre Herculano e José Saramago. A análise do narrador se faz pelo uso dos autores Cândida Vilares Gancho e Norman Friedman (via Lígia Chiappini Moraes Leite) e Gérard Genette (via Carlos Reis). A dissertação de Tesche (2007) “tem como objetivo analisar de que modo o romance Levantado do Chão […] apropria-se de episódios de grande importância histórica para Portugal, como a chegada da I República em 1910, a ascensão da ditadura salazarista, em 1926, e a Revolução dos Cravos, em 1974” (TESCHE, 2007, p. 8). A autora também privilegia as articulações entre os discursos (ideologia) e as práticas sociais. Dentre os teóricos, destacam-se: Jacques Le Goff, Eric Hobsbawn, Paul Veyne, Linda Hutcheon, Mikhail Bakhtin, Louis Althusser e Andrew Vincent.

A quinta categoria, atinente à temática do espaço, compreende a dissertação “Entre as trevas e a luz: o percurso labiríntico em Todos os nomes de José Saramago”, de Murilo de Assis Macedo Gomes (USP, 2009) e as teses “Os espaços infernais e labirínticos em Ensaio sobre a cegueira”, de Nanci Geroldo Richter (USP, 2007) e “Tempo, espaço e autoconsciência: a construção da identidade em Ensaio sobre a Cegueira”, de Angela Ignatti Silva (USP, 2008). A dissertação de Gomes (2009) “visa mostrar de que modo o caminho trilhado pela personagem protagonista do romance constitui um processo de autoconhecimento em meio às múltiplas possibilidades de um espaço que se configura como labiríntico” (GOMES, 2009, p. 6). O percurso analítico dessa dissertação abordou os conceitos de símbolo, espaço, lugar, não-lugar, individuação e anima, conforme teorizações propostas por Carl Gustav Jung, Gilbert Durand, Marc Augé, Gaston Bachelard e Michel de Certeau. Os espaços da porta e da escada são tão importantes enquanto símbolos, pois “levam a personagem de uma condição à outra, estabelecendo mudanças que variam entre o eu e o outro e entre as trevas e a luz […]” (GOMES, 2009, p. 6). Gomes (2009) também estabelece a (re)construção da imagem do labirinto, tanto mitologicamente (mito do labirinto do Minotauro) quanto individualmente (pelo próprio personagem, o Sr. José), constituindo um diálogo intertextual entre o mito grego e a narrativa de Saramago, na qual o Sr. José busca por sua anima através dos espaços interiores e exteriores. A tese de Richter (2007) apresenta como objetivo “a análise dos espaços e suas influências no modo de ser das personagens principais do romance Ensaio sobre a cegueira […]” (RICHTER, 2007, p. 4).

Para efetivar tal estudo, a autora analisou diferentes tipologias espaciais no romance, tais como espaços interiores, exteriores, ínferos e labirínticos, estabelecendo conexão com o tema proposto pelo narrador. Os espaços ínferos são o manicômio e a igreja; os labirínticos, as ruas, a cidade e o supermercado; os horizontais e verticais, as casas de algumas personagens centrais. O instrumental teórico construiu-se por meio de autores como Marc Augé, Gaston Bachelard e Antonio Candido. Por fim, a tese de Silva (2008) “tem como objetivo o exame dos cronotopos no romance Ensaio sobre a Cegueira […], desenvolvido mediante o estudo do manicômio, das ruas, das casas, entre outros” (SILVA, 2008, p. 7). Utilizado originariamente por Albert Einstein na elaboração da teoria da relatividade e concebido por Bakhtin (2002, p. 211) como “a expressão da indissolubilidade de espaço e tempo (tempo como a quarta dimensão do espaço)”, o emprego do termo cronotopo permitiu à estudiosa “adentrar o campo da autoconsciência das personagens, o qual revela a ampliação do âmbito de visão delas sobre si mesmas e sobre os outros” (SILVA, 2008, p. 7). Ainda segundo Silva (2007, p. 7), “a autoconsciência desemboca na questão da construção da identidade que descortina a imagem do homem contemporâneo, cindido, em conflito com seu tempo e seu espaço.” O direcionamento teórico abarca autores como Mikhail Bakhtin, Stuart Hall, Marc Augé, Georges Gusdorf, Antonio Candido, Jurgen Habermas, Fredric Jameson, Jean-François Lyotard, Sergio Paulo Rouanet, entre outros.

Enfim, percebe-se que a investigação crítica em torno da obra de José Saramago é de uma pluralidade impressionante, seja pelo fato de cada dissertação/tese utilizar uma metodologia própria, um instrumental teórico decorrente de uma temática claramente estabelecida, seja pelo fato de a obra do escritor luso abrir-se para múltiplas possibilidades de leitura, seguindo o preceito máximo da obra de arte literária. Reforça-se, assim, o papel do leitor no ato da leitura, o qual não se efetiva sem o autor e a obra, constituindo tal relação triádica um processo interdependente, como bem registrou Antonio Candido há exatos 49 anos, em Literatura e Sociedade.

*(4.- A pesquisa por “José Saramago” no “Banco de dados da PUCRS: Teses e Dissertações” encontrou um corpus considerável de teses e dissertações, contudo apenas duas estavam disponíveis para visualização digital, visto que as demais ainda não passaram pelo processo de digitalização.
*5.- A justificativa para esse recorte temporal, bem como para a escolha de tais universidades, está fundamentada no seguinte motivo: após pesquisa intensiva em bancos de teses e dissertações de diversas instituições de ensino superior brasileiras, ação que tomou como base o período que vai de 2001 a 2011, chegou-se à conclusão de que o período de 2006 a 2011 foi o mais produtivo para a ampliação da fortuna crítica de José Saramago, tendo como local propício para isso as três universidades supracitadas. Some-se a isso o fato de essas três instituições apresentarem contínua produção de material crítico (coletâneas de artigos/ensaios, dissertações, teses, comunicações) sobre as literaturas de língua portuguesa, além de realizarem eventos que visam contribuir para um maior aprofundamento do estudo de tais literaturas).

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GONÇALVES NETO, Nefatalin. “A Ordem e o Caos: Plauto e José Saramago”. Dissertação (Mestrado em Literatura Portuguesa). Faculdade de Filosofia, Letras e Ciências Humanas, Universidade de São Paulo, 2010, 157 p.
KAWAMURA, Regina Cláudia. “O Ano da Morte de Ricardo Reis: o leitor no jogo da ficção”. Dissertação (Mestrado). Faculdade de Filosofia, Letras e Ciências Humanas, Universidade de São Paulo, 2009, 125 p.
KEPPLER, Carl F. The literature of the second self. Arizona: The University of Arizona Press, 1972.
LACERDA, Iraci Judite. “Personagens engajadas em sociedade de classes: uma leitura comparativa de O Tempo e o Vento, de Érico Veríssimo, e Levantado do Chão, de José Saramago”. Dissertação (Mestrado). Faculdade de Filosofia, Letras e Ciências Humanas, Universidade de São Paulo, 2007, 173 p.
LAITANO, Paloma Esteves. “As pequenas memórias na ficção de José Saramago: a recordação da infância como matéria literária”. Dissertação (Mestrado). Faculdade de Letras, Pontifícia Universidade Católica do Rio Grande do Sul, 2009, 129 p.
MOISÉS, Massaud. A literatura portuguesa. 35. ed. rev. e atual. São Paulo: Cultrix, 2008.
NEDEL, Paulo Augusto. “O evangelho segundo o narrador: o papel do narrador em O evangelho segundo Jesus Cristo de José Saramago”. Dissertação (Mestrado). Programa de PósGraduação em Letras, Universidade Federal do Rio Grande do Sul, 2006, 226 p. RICHTER, Nanci Geroldo. “Os espaços infernais e labirínticos em Ensaio sobre a cegueira”. Tese (Doutorado). Faculdade de Filosofia, Letras e Ciências Humanas, Universidade de São Paulo, 2007, 165 p.
RÖHRIG, Maiquel. “Alegorias do mundo em Saramago”. Dissertação (Mestrado). Programa de Pós-Graduação em Letras, Universidade Federal do Rio Grande do Sul, 2011, 126 p.
SILVA, Angela Ignatti. “Tempo, espaço e autoconsciência: a construção da identidade em Ensaio sobre a Cegueira”. Tese (Doutorado). Faculdade de Filosofia, Letras e Ciências Humanas, Universidade de São Paulo, 2008, 217 p.
TADIÉ, Jean Yves. A crítica literária no século XX. Trad. Wilma Freitas Ronald de Carvalho. Rio de Janeiro: Bertrand Brasil, 1992.
TESCHE, Camila Carolina Pereira da Silva. “História e Poder: uma leitura de Levantado do Chão”. Dissertação (Mestrado). Faculdade de Filosofia, Letras e Ciências Humanas, Universidade de São Paulo, 2007, 133 p

http://www.revistas.usp.br/desassossego/article/viewFile/52593/86040

Cecil Jeanine Albert Zinani
Possui graduação em Letras pela Universidade de Caxias do Sul (1968), mestrado em Letras:Teoria da Literatura pela Pontifícia Universidade Católica do Rio Grande do Sul (1991), doutorado em Letras: Literatura Comparada pela Universidade Federal do Rio Grande do Sul (2003) e estágio pós-doutoral em Letras: História da Literatura pela Pontifícia Universidade Católica do Rio Grande do Sul. Atualmente é professor Doutor Titular da Universidade de Caxias do Sul. Tem experiência na área de Educação, com ênfase em Língua e Literatura, atuando principalmente nos seguintes temas: literatura, leitura, ensino de literatura, estudos culturais de gênero.

 

Bruno Brizotto possui graduação em Letras (Habilitação em Língua e Literaturas de Língua Portuguesa) pela Universidade de Caxias do Sul (2012) e Mestrado em Letras, Cultura e Regionalidade pela Universidade de Caxias do Sul (2014). Sua dissertação, intitulada “O horizonte de expectativas do Leitor em Se um viajante numa noite de inverno, de Italo Calvino”, recebeu menção de louvor pela banca examinadora. Atualmente, é doutorando em Letras na Universidade Federal do Rio Grande do Sul (UFRGS) e professor de Língua Inglesa na On Idiomas (unidade de Caxias do Sul). Trabalha com os seguintes temas: Estéticas da Recepção e do Efeito, Erico Verissimo, Italo Calvino, Identidade, Memória, História da Literatura e Literatura Brasileira (especialmente a do século XX). Investiga também temáticas ligadas à Fenomenologia de Edmund Husserl e de Roman Ingarden, à Hermenêutica de Martin Heidegger, de Hans-Georg Gadamer e de Paul Ricoeur, além de outras interfaces entre Literatura e Filosofia. Fez parte do Grupo de Pesquisa “Regionalidade e Literatura – Releitura”, onde atuou na linha de pesquisa “Literatura e Cultura Regional”, que investigou as identidades regionais e suas expressões na Literatura Brasileira. Atuou como monitor das disciplinas de Literatura Latina, Literatura Brasileira II, Literatura Brasileira III e Literatura Brasileira IV no Curso de Letras (2009-2011). Fez parte do projeto de pesquisa ECIRS (Elementos Culturais da Imigração Italiana no Nordeste do Rio Grande do Sul). Atuou como bolsista em projetos sobre Semântica Cognitiva (2009-2010) e em projetos sobre Estudos Culturais de Gênero (2010-2012).

 

 

Monumento a José Saramago en Azinhaga, su aldea natal

 

Autobiografia, por José Saramago

Nasci numa família de camponeses sem terra, em Azinhaga, uma pequena povoação situada na província do Ribatejo, na margem direita do rio Almonda, a uns cem quilómetros a nordeste de Lisboa. Meus pais chamavam-se José de Sousa e Maria da Piedade. José de Sousa teria sido também o meu nome se o funcionário do Registo Civil, por sua própria iniciativa, não lhe tivesse acrescentado a alcunha por que a família de meu pai era conhecida na aldeia: Saramago. (Cabe esclarecer que saramago é uma planta herbácea espontânea, cujas folhas, naqueles tempos, em épocas de carência, serviam como alimento na cozinha dos pobres). Só aos sete anos, quando tive de apresentar na escola primária um documento de identificação, é que se veio a saber que o meu nome completo era José de Sousa Saramago… Não foi este, porém, o único problema de identidade com que fui fadado no berço. Embora tivesse vindo ao mundo no dia 16 de Novembro de 1922, os meus documentos oficiais referem que nasci dois dias depois, a 18: foi graças a esta pequena fraude que a família escapou ao pagamento da multa por falta de declaração do nascimento no prazo legal.

Talvez por ter participado na Grande Guerra, em França, como soldado de artilharia, e conhecido outros ambientes, diferentes do viver da aldeia, meu pai decidiu, em 1924, deixar o trabalho do campo e trasladar-se com a família para Lisboa, onde começou a exercer a profissão de polícia de segurança pública, para a qual não se exigiam mais “habilitações literárias” (expressão comum então…) que ler, escrever e contar. Poucos meses depois de nos termos instalado na capital, morreria meu irmão Francisco, que era dois anos mais velho do que eu. Embora as condições em que vivíamos tivessem melhorado um pouco com a mudança, nunca viríamos a conhecer verdadeiro desafogo económico. Já eu tinha 13 ou 14 anos quando passámos, enfim, a viver numa casa (pequeníssima) só para nós: até aí sempre tínhamos habitado em partes de casa, com outras famílias. Durante todo este tempo, e até à maioridade, foram muitos, e frequentemente prolongados, os períodos em que vivi na aldeia com os meus avós maternos, Jerónimo Melrinho e Josefa Caixinha.

Fui bom aluno na escola primária: na segunda classe já escrevia sem erros de ortografia, e a terceira e quarta classes foram feitas em um só ano. Transitei depois para o liceu, onde permaneci dois anos, com notas excelentes no primeiro, bastante menos boas no segundo, mas estimado por colegas e professores, ao ponto de ser eleito (tinha então 12 anos…) tesoureiro da associação académica… Entretanto, meus pais haviam chegado à conclusão de que, por falta de meios, não poderiam continuar a manter-me no liceu. A única alternativa que se apresentava seria entrar para uma escola de ensino profissional, e assim se fez: durante cinco anos aprendi o ofício de serralheiro mecânico. O mais surpreendente era que o plano de estudos da escola, naquele tempo, embora obviamente orientado para formações profissionais técnicas, incluía, além do Francês, uma disciplina de Literatura. Como não tinha livros em casa (livros meus, comprados por mim, ainda que com dinheiro emprestado por um amigo, só os pude ter aos 19 anos), foram os livros escolares de Português, pelo seu carácter “antológico”, que me abriram as portas para a fruição literária: ainda hoje posso recitar poesias aprendidas naquela época distante. Terminado o curso, trabalhei durante cerca de dois anos como serralheiro mecânico numa oficina de reparação de automóveis. Também por essas alturas tinha começado a frequentar, nos períodos nocturnos de funcionamento, uma biblioteca pública de Lisboa. E foi aí, sem ajudas nem conselhos, apenas guiado pela curiosidade e pela vontade de aprender, que o meu gosto pela leitura se desenvolveu e apurou.

Quando casei, em 1944, já tinha mudado de actividade, passara a trabalhar num organismo de Segurança Social como empregado administrativo. Minha mulher, Ilda Reis, então dactilógrafa nos Caminhos de Ferro, viria a ser, muitos anos mais tarde, um dos mais importantes gravadores portugueses. Faleceria em 1998. Em 1947, ano do nascimento da minha única filha, Violante, publiquei o primeiro livro, um romance que intitulei A Viúva, mas que por conveniências editoriais viria a sair com o nome de Terra do Pecado. Escrevi ainda outro romance, Clarabóia, que permanece inédito até hoje, e principiei um outro, que não passou das primeiras páginas: chamar-se-ia O Mel e o Fel ou talvez Luís, filho de Tadeu… A questão ficou resolvida quando abandonei o projecto: começava a tornar-se claro para mim que não tinha para dizer algo que valesse a pena. Durante 19 anos, até 1966, quando publicaria Os Poemas Possíveis , estive ausente do mundo literário português, onde devem ter sido pouquíssimas as pessoas que deram pela minha falta.

Por motivos políticos fiquei desempregado em 1949, mas, graças à boa vontade de um meu antigo professor do tempo da escola técnica, pude encontrar ocupação na empresa metalúrgia de que ele era administrador. No final dos anos 50 passei a trabalhar numa editora, Estúdios Cor, como responsável pela produção, regressando assim, mas não como autor, ao mundo das letras que tinha deixado anos antes. Essa nova actividade permitiu-me conhecer e criar relações de amizade com alguns dos mais importantes escritores portugueses de então. Para melhorar o orçamento familiar, mas também por gosto, comecei, a partir de 1955, a dedicar uma parte do tempo livre a trabalhos de tradução, actividade que se prolongaria até 1981: Colette, Pär Lagerkvist, Jean Cassou, Maupassant, André Bonnard, Tolstoi, Baudelaire, Étienne Balibar, Nikos Poulantzas, Henri Focillon, Jacques Roumain, Hegel, Raymond Bayer foram alguns dos autores que traduzi. Outra ocupação paralela, entre Maio de 1967 e Novembro de 1968, foi a de crítico literário. Entretanto, em 1966, publicara Os Poemas Possíveis, uma colectânea poética que marcou o meu regresso à literatura. A esse livro seguiu-se, em 1970, outra colectânea de poemas, Provavelmente Alegria, e logo, em 1971 e 1973 respectivamente, sob os títulos Deste Mundo e do Outro e A Bagagem do Viajante , duas recolhas de crónicas publicadas na imprensa, que a crítica tem considerado essenciais à completa compreensão do meu trabalho posterior. Tendo-me divorciado em 1970, iniciei uma relação de convivência, que duraria até 1986, com a escritora portuguesa Isabel da Nóbrega.

Deixei a editora no final de 1971, trabalhei durante os dois anos seguintes no vespertino Diário de Lisboa como coordenador de um suplemento cultural e como editorialista. Publicados em 1974 sob o título As Opiniões que o DL teve, esses textos representam uma “leitura” bastante precisa dos últimos tempos da ditadura que viria a ser derrubada em Abril daquele ano. Em Abril de 1975 passei a exercer as funções de director-adjunto do matutino Diário de Notícias, cargo que desempenhei até Novembro desse ano e de que fui demitido na sequência das mudanças ocasionadas pelo golpe político-militar de 25 de daquele mês, que travou o processo revolucionário. Dois livros assinalam esta época: O Ano de 1993, um poema longo publicado em 1975, que alguns críticos consideram já anunciador das obras de ficção que dois anos depois se iniciariam com o romance Manual de Pintura e Caligrafia, e, sob o título Os Apontamentos , os artigos de teor político que publiquei no jornal de que havia sido director.

Sem emprego uma vez mais e, ponderadas as circunstâncias da situação política que então se vivia, sem a menor possibilidade de o encontrar, tomei a decisão de me dedicar inteiramente à literatura: já era hora de saber o que poderia realmente valer como escritor. No princípio de 1976 instalei-me por algumas semanas em Lavre, uma povoação rural da província do Alentejo. Foi esse período de estudo, observação e registo de informações que veio a dar origem, em 1980, ao romance Levantado do Chão, em que nasce o modo de narrar que caracteriza a minha ficção novelesca. Entretanto, em 1978, havia publicado uma colectânea de contos, Objecto Quase, em 1979 a peça de teatro A Noite, a que se seguiu, poucos meses antes da publicação de Levantado do Chão, nova obra teatral, Que Farei com este Livro?. Com excepção de uma outra peça de teatro, intitulada A Segunda Vida de Francisco de Assis e publicada em 1987, a década de 80 foi inteiramente dedicada ao romance: Memorial do Convento, 1982, O Ano da Morte de Ricardo Reis, 1984, A Jangada de Pedra, 1986, História do Cerco de Lisboa , 1989. Em 1986 conheci a jornalista espanhola Pilar del Río. Casámo-nos em 1988.

 

 

José Saramago y su esposa Pilar del Río

Em consequência da censura exercida pelo Governo português sobre o romance O Evangelho segundo Jesus Cristo (1991), vetando a sua apresentação ao Prémio Literário Europeu sob pretexto de que o livro era ofensivo para os católicos, transferimos, minha mulher e eu, em Fevereiro de 1993, a nossa residência para a ilha de Lanzarote, no arquipélago de Canárias. No princípio desse ano publiquei a peça In Nomine Dei, ainda escrita em Lisboa, de que seria extraído o libreto da ópera Divara, com música do compositor italiano Azio Corghi, estreada em Münster (Alemanha), em 1993. Não foi esta a minha primeira colaboração com Corghi: também é dele a música da ópera Blimunda, sobre o romance Memorial do Convento, estreada em Milão (Itália), em 1990. Em 1993 iniciei a escrita de um diário, Cadernos de Lanzarote, de que estão publicados cinco volumes. Em 1995 publiquei o romance Ensaio sobre a Cegueira e em 1997 Todos os Nomes e O Conto da Ilha Desconhecida . Em 1995 foi-me atribuído o Prémio Camões, e em 1998 o Prémio Nobel de Literatura.

Em consequência da atribuição do Prémio Nobel a minha actividade pública viu-se incrementada. Viajei pelos cinco continentes, oferecendo conferências, recebendo graus académicos, participando em reuniões e congressos, tanto de carácter literário como social e político, mas, sobretudo, participei em acções reivindicativas da dignificação dos seres humanos e do cumprimento da Declaração dos Direitos Humanos pela consecução de uma sociedade mais justa, onde a pessoa seja prioridade absoluta, e não o comércio ou as lutas por um poder hegemónico, sempre destrutivas.
Creio ter trabalhado bastante durante estes últimos anos. Desde 1998, publiquei Folhas Políticas (1976-1998) (1999), A Caverna (2000), A Maior Flor do Mundo (2001), O Homem Duplicado (2002), Ensaio sobre a Lucidez (2004), Don Giovanni ou o Dissoluto Absolvido (2005), As Intermitências da Morte (2005) e As Pequenas Memórias (2006). Agora, neste Outono de 2008, aparecerá um novo livro: A Viagem do Elefante, um conto, uma narrativa, uma fábula.

No ano de 2007 decidiu criar-se em Lisboa uma Fundação com o meu nome, a qual assume, entre os seus objectivos principais, a defesa e a divulgação da literatura contemporânea, a defesa e a exigência de cumprimento da Carta dos Direitos Humanos, além da atenção que devemos, como cidadãos responsáveis, ao cuidado do meio ambiente. Em Julho de 2008 foi assinado um protocolo de cedência da Casa dos Bicos, em Lisboa, para sede da Fundação José Saramago, onde esta continuará a intensificar e consolidar os objectivos a que se propôs na sua Declaração de Princípios, abrindo portas a projectos vivos de agitação cultural e propostas transformadoras da sociedade.
Nota – Depois de A Viagem do Elefante, José Saramago escreveu Caim, O Caderno e O Caderno II, publicados em 2009 e que não chegou a acrescentar à sua Autobiografia.
Postumamente, foram publicados Claraboia (concluído em 1953 e publicado em 2011) e Alabardas, alabardas, Espingardas, espingardas (2014), romance incompleto que José Saramago estava a escrever em 2010.

https://www.josesaramago.org/autobiografia-de-jose-saramago/

 

 

 

 Casa dos Bicos, Lisboa, Sede da Fundação José Saramago

 

BIBLIOGRAFÍA:

Novela:
Tierra de Pecado (1947)
Manual de Pintura y Caligrafía (1977)
Casi un Objeto: Relatos (1978)
Levantado del suelo (1980)
“Memorial del convento” (1982)
El año de la muerte de Ricardo Reis (1984)
La balsa de piedra (1986)
Historia del cerco de Lisboa (1989)
Evangelio según Jesucristo (1991)
Ensayo sobre la ceguera (1995)
Todos los nombRes (1997)
El cuento de la isla desconocida (1998)
La caverna (2000)
La flor más grande del mundo (2001)
El hombre duplicado (2002)
Ensayo sobre la lucidez (2004)
Las intermitencias de la muerte (2005)
El viaje del elefante (2008)
Caín (2009)
Claraboya (2012)

Crónica:
De este mundo y del otro (1985)
Las maletas del viajero (1986)
El viaje a Portugal (1990)

Memorias:
Cuadernos de Lanzarote I-III (1993–1995)
Las pequeñas memorias (2006)

Poesía:
Los poemas posibles  (1982)
Probablemente alegría  (1985)
El año de 1993  (1987)

Teatro:
La noche (1979)
¿Qué haré con este libro (1980)
La segunda vida de Francisco de Asís (1987)
In nomine dei (1993)
Don Giovanni o el disoluto absuelto (2005)

 

 

 José Saramago, Premio Nobel de Literatura em 1998

 

Prémios
1979. Prémio da Associação de Críticos Portugueses — Melhor Peça de Teatro, representada em 1979, por A Noite. Portugal.
1981. Prémio Cidade de Lisboa, por Levantado do Chão. Portugal.
1982. Prémio Pen Clube, por Memorial do Convento. Portugal.
1982. Prémio Literário do Município de Lisboa, por Memorial do Convento. Portugal.
1984. Prémio da Crítica do Centro Português da Associação Internacional de Críticos Literários, pelo conjunto da sua obra. Portugal.
1984. Prémio da Crítica do Centro Português da Associação Internacional de Críticos Literários, por O Ano da Morte de Ricardo Reis. Portugal.
1985. Prémio Pen Clube, por O Ano da Morte de Ricardo Reis. Portugal.
1985. Prémio da Crítica da Associação Portuguesa de Críticos Literários, por O Ano da Morte de Ricardo Reis. Portugal.
1986. Prémio Dom Dinis da Fundação da Casa de Mateus, por O Ano da Morte de Ricardo Reis. Portugal.
1987. Prémio Grinzane-Cavour, por O Ano da Morte de Ricardo Reis. Itália.
1992. Grande Prémio de Romance e Novela da Associação Portuguesa de Escritores, por O Evangelho segundo Jesus Cristo. Portugal.
1992. Prémio Internacional Ennio Flaiano por Levantado do Chão, em Pescara. Itália.
1992. Prémio Brancatti, em Zafferana, pelo conjunto da sua obra. Itália.
1992. Prémio Literário Internacional Mondello, em Palermo, pelo conjunto da sua obra. Itália.
1993. Prémio The Independent Foreign Fiction, por O Ano da Morte de Ricardo Reis. Reino Unido.
1993. Grande Prémio de Teatro da Associação Portuguesa de Escritores, por In Nomine Dei. Portugal.
1993. Prémio Vida Literária da Associação Portuguesa de Escritores, pelo conjunto da sua obra. Portugal.
1995. Prémio Camões, pelo conjunto da sua obra. Portugal.
1995. Prémio de Consagração de Carreira da Sociedade Portuguesa de Autores, pelo conjunto da sua obra. Portugal.
1996. Prémio Rosalía de Castro do Prémio Pen Clube (Galiza), pelo conjunto da sua obra. Espanha.
1998. Prémio Nobel da Literatura, pelo conjunto da sua obra. Suécia.
1998. Prémio Arcebispo Juan de San Clemente, por Ensaio sobre a Cegueira. Espanha.
1998. Prémio Europeu de Comunicação Jordi Xifra Heras, de Girona, pelo conjunto da sua obra. Espanha.
1998. Prémio Nacional de Narrativa Città di Pienne, pelo conjunto da sua obra. Itália.
1998. Prémio Scanno da Universidade Gabriele d’Annunzio, por Objecto Quase. Itália.
1998. Prémio Internacional de Narrativa Città di Penne-Mosca, pelo conjunto da sua obra. Itália.
2001. Prémio Canárias Internacional pelo Governo das Canárias, pelo conjunto da sua obra. Espanha.
2006. Prémio Dolores Ibárruri, pelo conjunto da sua obra. Espanha.
2009. Prémio à Cooperação Internacional CajaGranada, Granada, pelo conjunto da sua obra. Espanha.

 

 

 

Doctorado Honoris Causa de la Universidad Autónoma del Estado de México

Fragmento del Discurso de José Saramago en la aceptación del Doctorado
“Pero aquí no se trata de decir palabras para aumentar la importancia de la extensión escrita, se trata de decir palabras que por una razón u otra no pueden entrar en la obra escrita, que están ausentes debido a que no pueden incluirse en un sentido inmediato. Entonces, sí es cierto que la obra escrita hasta hoy en el fondo nos está diciendo todo, también es cierto que las circunstancia de la vida, las circunstancia del mundo en que vivimos pueden llevar a un escritor a no contentarse, a no satisfacerse con lo que escribe, con esto que le ha dado un reconocimiento universal, eso que le ha dado premios. Doctorados Honoris Causa que, aclaro ya son 25 ó 26 y que le ha originado la traducción de su obra a 44 idiomas, en 45 ó 46 países y todo esto crece, crece y crece. Parece que todo podría quedarse allí pero el escritor se da cuenta, o quizá no, porque ha sido una constante de su vida que haga lo que haga entre el cerrajero y mecánico que empezó por ser el escritor galardonado y doctor Honoris Causa por la Universidad Autónoma del Estado de México no hay ninguna deferencia lo que yo llamaría coherencia –tiene que ver con la dignidad o con el respeto que cada uno tiene por sí mismo y es precisamente esa dignidad y respeto los que pueden plasmarse no en la obra literaria y que le impone que hable”.

Doutoramentos «Honoris Causa»
1991. Universidade de Turim. Itália.
1991. Universidade de Sevilha. Espanha.
1995. Universidade de Manchester. Reino Unido.
1997. Universidade de Castilla-La Mancha. Espanha.
1997. Universidade de Brasília. Brasil.
1999. Universidade de Évora. Brasil.
1999. Universidade de Nottingham. Reino Unido.
1999. Universidade de Porto Alegre. Brasil.
1999. Universidade de Minas Gerais. Brasil.
1999. Universidade de Federal de Santa Catarina. Brasil.
1999. Universidade de Rio de Janeiro. Brasil.
1999. Universidade de Massachussets. Estados Unidos da América.
1999. Universidade de Las Palmas de Grã-Canária. Espanha.
1999. Universidade de Politécnica de Valência. Espanha.
1999. Universidade de Federal do Rio Grande do Sul. Brasil.
1999. Universidade de Fluminense. Brasil.
1999. Universidade de Michel de Montaigne. França.
1999. Recusa o Doutoramento Honoris Causa pela Universidade Federal do Pará. Brasil.
2000. Universidade de Santiago do Chile. Chile.
2000. Universidade da República, Montevideu. Uruguai.
2000. Universidade de Salamanca. Espanha.
2001. Universidade de Granada. Espanha.
2001. Universidade de Roma Tre. Itália.
2002. Universidade para Estrangeiros de Siena. Itália.
2003. Universidade Carlos III. Espanha.
2003. Universidade de Buenos Aires. Argentina.
2003. Universidade Autónoma do México. México.
2003. Universidade Juaréz Autónoma de Tabasco. México.
2004. Doutor Honoris Causa pela Universidade de Coimbra. Portugal.
2004. Universidade Charles de Gaulle, Lille. França.
2004. Universidade de Alicante. Espanha.
2005. Universidade de Alberta. Canadá.
2005. Universidade Nacional de El Salvador. El Salvador.
2005. Universidade Nacional de São José. Costa Rica.
2005. Universidade Nacional de Comahue. Argentina.
2005. Universidade de Estocolmo. Suécia.
2006. Universidade de Dublin. Irlanda.
2007. Universidade Autónoma de Madrid. Espanha.
2010. Universidade Eötvös Loránd, em Budapeste. Hungria.

 

 

 

 

Grande Colar da Ordem de Santiago da Espada. Portugal.

 

Ao grau de Grande-Colar pertence um colar formado por vieiras, suspensas em corrente dupla. Ao centro, uma vieira maior, ladeada por dois golfinhos. O colar, todo de ouro, tem pendente e encadeado por uma coroa de louros com os seus frutos, a cruz da Ordem, de esmalte violeta e perfilada de ouro, circundada por um festão de folhas de louro com os seus frutos, atado com fitas cruzadas nos topos e nos lados, também de ouro.

Distinções e Títulos
1985. Comendador da Ordem Militar de Santiago de Espada. Portugal.
1985. Presidente da Assembleia-Geral da Sociedade Portuguesa de Autores. Portugal.
1991. Chevalier de l’Ordre des Arts et des Lettres.França.
1992. Membro da Frente Nacional para a Defesa da Cultura. Portugal.
1993. Membro do Parlamento Internacional de Escritores. França.
1993. Membro da Academia Universal das Culturas. França.
1994. Integra a Academia Universal das Culturas, com sede em Paris. França.
1994. Membro Correspondente da Academia Argentina de Letras. Argentina.
1994. Membro do Patronato de Honra da Fundação César Manrique, Lanzarote. Espanha.
1994. Sócio Honorário da Sociedade Portuguesa de Autores. Portugal.
1994. Medalha de Instrução e Arte da Federação das Colectividades de Cultura e Recreio. Portugal.
1996. Medalha da Cidade da Câmara Municipal da Golegã. Portugal.
1997. Filho Adoptivo da Câmara Municipal de Castril. Espanha.
1997. Filho Adoptivo da Ilha de Lanzarote pelo Cabildo de Lanzarote. Espanha.
1997. Beca de Honra da Residência de Estudantes da Universidade Carlos III. Espanha.
1998. Membro da Academia Europeia de Yuste, ocupando a cadeira Rembrandt. Espanha.
1998. Leitor Emérito da Biblioteca Nacional de Portugal. Portugal.
1998. Medalha de Ouro de Mérito pela Câmara Municipal do Porto. Portugal.
1998. Grande Colar da Ordem de Santiago da Espada. Portugal.
1998. Sócio Correspondente da Academia de Ciências de Lisboa. Portugal.
1998. Sócio Honorário da Academia de Ciências de Lisboa. Portugal.
1998. Membro do Comité de Honra da Academia do Mediterrâneo. Itália.
1999. Sócio Honorário Desportivo do Sport Lisboa e Benfica. Portugal.
1999. Filho Adoptivo de Tías, Lanzarote. Espanha.
1999. Medalha de Honra da Universidade Internacional Menéndez Pelayo. Espanha.
1999. Medalha de Ouro da Universidade Coimbra. Portugal.
1999. Oficial da Legião de Honra (Croix d’Officer de la Légion d’Honneur). França.
2000. Medalha de Ouro do Governo das Canárias. Espanha.
2000. Presidente Honorário do Festival Son Latinos. Espanha.
2000. Medalha de Ouro da Confederação Internacional das Sociedades de Autores, atribuído no Chile.
2000. Membro da Academia Internacional de Humanismo. Estados Unidos da América.
2001. Visitante Distinto de São Domingos. República Dominicana.
2001. Professor Coordenador Honorário do Instituto Politécnico de Leiria. Portugal.
2001. Medalha Cuenca Património da Humanidade. Espanha.
2001. Sócio de Honra da Academia das Ciências e das Artes de Televisão. Espanha.
2002. Grã-Cruz da Ordem das Ilhas Canárias. Espanha.
2003. Medalha Reitoral da Universidade do Chile. Chile.
2003. Académico Honorário da Academia Canária da Língua, Lanzarote. Espanha.
2003. Chaves de Ouro da Cidade de Pinhel. Portugal.
2003. Presidente Honorário da Fundação Alonso Quijano, Málaga. Espanha.
2003. Sócio de Honra da Associação de Amigos do Povo Saharaui de Sevilha. Espanha.
2003. Membro do Comité de Honra da Fundação Rafael Alberti, Cádiz. Espanha.
2004. Medalha Isidro Fabela pela Faculdade de Direito da Universidade Nacional Autónoma do México. México.
2004. Medalha Guayasamín-Unesco pela Fundação Guayasamín. Equador.
2004. Hóspede Ilustre de Quito. Equador.
2004. Grã-Cruz de Mérito Cultural e Literário pelo Congresso Nacional. Equador.
2004. Grã-Cruz de Mérito Educativo e Cultural “Juan Montalvo” pelo Ministério da Educação, Quito. Equador.
2004. Medalha General Rumiñahui pelo Governo Municipal de Pichincha. Equador.
2004. Membro Honoris Causa do Conselhor do Instituto de Filosofia e Direito e de Estudos Histórico-Políticos da Universidade de Pisa. Itália.
2004. Cidadão de Honra da Cidade de Pisa. Itália.
2004. Membro Honorário do Colégio Máximo das Academias. Colômbia.
2004. Membro Honorário do Conselho Supremo das Academias. Colômbia.
2004. Membro Honorário do Instituto Caro y Cuervo de Bogotá. Colômbia.
2004. Membro Honorário do Centro Nacional de Cultura. Portugal.
2004. Membro da Academia Europeia das Ciências das Artes e das Letras. Áustria.
2004. Chave da Cidade de Santiago de León de Caracas. Venezuela.
2004. Visitante Ilustre da Cidade de Santiago de León de Caracas. Venezuela.
2004. Membro Honorário do Conselho Consultivo do Tribunal de Bruxelas.
2004. Membro do Conselho do Futuro da Unesco. França.
2005. Visitante Distinto de São José da Costa Rica. Costa Rica.
2005. Membro da Academia da Lanitidade. Brasil.
2006. Filho Adoptivo da Província de Granada. Espanha.
2006. Membro do Comité Assessor Baketik. País Basco. Espanha.
2007. Filho Predilecto da Andaluzia. Espanha.
2007. Presidente de Honra da Fundação José Saramago. Portugal.
2007. Prémio Save the Children pela ONG Save the Children.Argentina.
2007. Medalha de Mérito — Grau Ouro da Câmara Municipal de Mafra. Portugal.
2007. Sócio de Honra pela Associação de Imprensa de Sevilha. Espanha.
2009. Sócio Correspondente da Academia Brasileira de Letras, com a cadeira nº 16, cujo patrono é José Bonifácio de Andrade e Silva. Brasil.

Enlaces:
http://www.josesaramago.org/
http://www.alfaguara.com/es/autor/jose-saramago/
https://www.escritores.org/biografias/225-jose-saramago

 

 

 

O monumento em Homenagem a José Saramago, executado em Junho de 2011, pelo escultor David de Almeida, foi inaugurado em 18 de Junho de 2011, exactamente um ano após a morte do escritor, em frente à Casa dos Bicos, a qual foi cedida em 2010, pela Câmara Municipal de Lisboa, à Fundação José Saramago para futura instalação da sua sede. Vários elementos integram este monumento: uma oliveira natural, trazida da aldeia de Azinhaga do Ribatejo, terra natal do escritor, junto à qual foram depositadas as suas cinzas pela sua viúva, Pilar del Río; à sombra da oliveira, um banco em pedra liós de Pêro Pinheiro; e a ladear a oliveira, duas placas lapidares executadas em pedra do mesmo tipo, legendadas com letras maiúsculas em latão, lendo-se do lado esquerdo JOSÉ SARAMAGO 1922-2010 e do lado direito MAS NÃO SUBIU PARA AS ESTRELAS SE À TERRA PERTENCIA. Esta última frase traduz uma citação retirada do livro de Saramago Memorial do Convento.
http://www.cm-lisboa.pt/