José Martí

Contenido: Introducción. Mi poema traducido y algo de prosa. Poemas de Martí traducidos. Carta a Mercado considerada su testamento político. Ensayos de José Luis Prieto Benavent y Emilio Ichikawa. Biografia em português. Obras.Videos

Puse como foto principal para este trabajo sobre José Martí, la del monumento, regalo de Cuba, erigido en Madrid. Situado al comienzo del Paseo de la Habana, es obra del prestigioso escultor cubano José Villa Soberon. La leyenda dice: Madrid a José Martí 1853-1895 Héroe Nacional de Cuba.
Y en uno de los laterales: “Y PONGAMOS / ALREDEDOR DE LA ESTRELLA, / EN LA BANDERA NUEVA, / ESTA FORMVLA / DEL AMOR TRIVNFANTE / CON TODOS / Y PARA EL BIEN DE TODOS // JOSE MARTI”

Hijo de los españoles Mariano Martí, natural de Valencia, y Leonor Pérez, natural de Tenerife; José Martí nació en La Habana, el 28 de enero de 1853.
Su muerte ocurrió en la guerra de independencia de Cuba, el 19 de mayo de 1895. José Martí, separado del grueso de las fuerzas cubanas, cabalgó hacia un grupo de españoles oculto en la maleza. Le alcanzaron tres disparos y, de resultas, murió.

Pudo estar, entre los que dispararon, el hermano de un bisabuelo mío de la rama materna, que allá fue entre voluntario y obligado. Sé que no murió, aunque pudieron matarlo las enfermedades, y los pobres pertrechos que llevaba: alpargatas de esparto como calzado para adentrarse en la manigua. Sé que no murió, porque hace unos años, un cubano, primo quinto mío según supe luego, logró contactar conmigo a través de internet. Llevaba ya muy avanzada la investigación, y yo la completé consiguiendo la Partida de Bautismo en un pueblo cerrateño cercano del mío, de aquel hermano de mi bisabuelo que, por no querer o no poder pagar las 2.000 pesetas que costaba librarse de tan trágico destino, fue y allí crió descendencia.

Como para muchos españoles, Cuba fue para mí una tierra continuidad de mi tierra. Tanto es así, que, desde Madrid, documentándome en cuanto lugar pude, escribí una novela que no he publicado y quedará inédita. Razón por la que, tiempo después, visité la Islita y estuve en contacto con ella durante casi dos años.

 

 

 

 Soldados españoles intentando sofocar la lucha por la independencia de Cuba

 

En abril de 1862 don Mariano Martí, padre de José, es nombrado capitán juez pedáneo de Caimito de Hanábana, jurisdicción de Nueva Bermeja, en la Alcaldía Mayor de Colón, al sureste de Matanzas.
Tenía entonces nueve años el niño, y don Mariano se lo llevó con él para que, con su buena letra, le pasara a limpio los informes. La primera carta conocida de quien sería José Martí, parte de allí, es para su madre y dice así:

A mi señora madre Da. Leonor Pérez
Hanábana: y octubre 23 de 1862
Estimada mamá: Deseo antes de todo que Vd. esté buena, lo mismo que las niñas, Joaquina, Luisa y mamá Joaquina. Papá recibió la carta de Vd. con fecha 21, pues el correo el Sábado que era 18 no vino, y el martes fue cuando la recibió; el correo—según dice él—no pudo pasar por el río titulado «Sabanilla» que entorpece el paso para la «Nueva Bermeja» y lo mismo para aquí, papá no siente nada de la caída, lo que tiene es una picazón que desde que se acuesta hasta que se levanta no le deja pegar los ojos, y ya hace tres noches que está así.— Yo todo mi cuidado se pone en cuidar mucho mi caballo y engordarlo como un puerco cebón, ahora lo estoy enseñando a caminar enfrenado para que marche bonito, todas las tardes lo monto y paseo en él, cada día cría más bríos. Todavía tengo otra cosa en que entretenerme y pasar el tiempo, la cosa que le digo es un «Gallo Fino» que me ha regalado Dn. Lucas de Sotolongo, es muy bonito y papá lo cuida mucho, ahora papá anda buscando quien le corte la cresta y me lo arregle para pelearlo este año, y dice que es un gallo que vale más de dos onzas. Tanto el río que cruza por la «finca» de Dn. Jaime como el de la «Sabanilla»— por el cual tiene que pasar el correo estaban el Sábado sumamente crecidos, llegó el de acá a la cerca de Dn. Domingo, pero ya han bajado mucho. Y no teniéndole otra cosa que decirle déle expresiones a mamá Joaquina, Joaquina, Luisa y las niñas y a Pilar déle un besito y Vd. recíbalas de su obediente hijo que le quiere con delirio.
JOSÉ MARTÍ
(Tomada de José Martí, Obras completas. Centro de Estudios Martianos)

Pongo aquí esta carta porque la considero muy ilustrativa de lo era a esa tierna edad José Martí; de las circunstancias en que se desenvolvió su niñez y de cuánto representaba para él la familia. Por si el amor a la madre fuera el inicio de lo que sería luego el amor a la patria; creo necesario tener presente esta esencia personal, arranque del hombre adulto y desarrollo de su compleja sencillez.
Pasado el tiempo, terminada su vida, difundida y reposada su obra, José Martí, hombre de un gran sentido moral y de una exigente firmeza, héroe y mártir, es el personaje más querido, respetado y citado, por cubanos de muy distintas convicciones. Y es que nobleza y clero, de una y otra forma, siempre han estado exentos de pagar impuestos. Y es que, de una u otra forma, siempre ha habido nobleza y clero. El pueblo, de una u otra forma, siempre ha mantenido a las fuerzas del orden. Y siempre, la realidad injusta se ha impuesto sobre lo ordenado, de una u otra forma. Y a eso, de una u otra forma, Martí, se opuso.

 

 

 

 

Olvido
Poema de Pedro Sevylla de Juana

O meu processo de olvido
segue
esse modo de caminhar trémulo
errante
impreciso
abstrato e inconcordável,
que distingue os feridos nas batalhas
dos desertos urbanos:
dor incisivo
lancinante em extremo
– extenuado coração,
lembrança dum potrinho,
o papagaio de papel que se foi trás o vento,
estribilho reiterado, repetido, incessante
daquela cantiga de menino,
infância e juventude perdidas como essa
areia resseca
que escapa por entre os dedos-
feridos esburacados
dessemelhantes
estranhos que procuram
aqui, lá e acolá,
seu adequado
túmulo incerto e bem certo
certeiro
de par em par aberto,
para morrer
do todo em todo ao encontrá-lo,
e ficar,
na verde espessura existente baixo terra
-boca cheia de erva
olhos acordados à luz
utópicas paisagens-
em paz
com eles mesmos.

E concluído o longo processo,
o meu olvido
-sono e sonho-
dorme.

PSdeJ, escrito o dia 23 de agosto de 2017 em português

 

Olvido
Poema y traducción de
Pedro Sevylla de Juana

Mi proceso de olvido
sigue
ese modo de caminar trémulo,
errante
impreciso,
abstracto e inconciliable
que distingue a los heridos en las batallas
de los desiertos urbanos:
dolor incisivo
lancinante en extremo
-extenuado corazón
memoria de un potrillo,
la cometa de papel que se fue tras el viento
estribillo reiterado, repetido, incesante
de aquella nana de niño,
infancia y juventud perdidas como esa
arena reseca
que escapa por entre los dedos-
heridos agujereados
disímiles
extraños que buscan
aquí, allá y acullá
su adecuado
túmulo incierto y bien cierto
certero
de par en par abierto,
para morir
del todo totalmente al encontrarlo
y quedar
en la verde espesura existente bajo tierra
-boca llena de yerba
ojos despiertos a la luz
utópicos paisajes-
en paz
con ellos mismos.

Y concluido el largo proceso,
mi Olvido
-sueño y ensueño-
duerme.

PSdeJ Traducido en El Escoria el 24 de Agosto de 2017

 

Fragmentos de mi novela “Solo de voz en La Habana”, que iba a firmar como Cesáreo Gutiérrez Cortés, y por alguna razón ya olvidada, no pasó la criba de mi juicio de lector y quedará inédita. Trata de un coro de aficionados, formado por cantores de muy diversos orígenes, dirigido por una refugiada cubana a quien acompaña su hija.
Participa un amigo del escritor en el coro, enamorado de Rita, la directora. Esa amistad facilita que el autor, Cesáreo, sicólogo y sociólogo, se convierta en un personaje más, obsesionado por la colmena humana que el grupo variopinto representa. Hay dos historias de las mujeres cubanas, la que ellas cuentan en Madrid por conveniencia, y la que el escritor logra conocer al final de la novela. Aquí los fragmentos:

Abandonando la admirable encrucijada de Cibeles, entramos en el Paseo del Prado camino de mi casa y del tren de mi amigo, mientras crece en apasionamiento nuestra conversación. Avanzamos envueltos en una atmósfera cálida, al amparo de un cielo que aparece estrellado tras las nubes corridas por un suave viento. A la luz de las farolas, las begonias, los pensamientos y las petunias, cobran un aspecto irreal; y los árboles próximos al Palacio de Comunicaciones y al Banco de España, ofrecen tonos mitigados del verde esmeralda junto a los esplendentes.
Puesto que participan personas de otros países, es fácil intuir la existencia de un gran atractivo en el grupo; y adornada de ese mérito creí, amigo, hallar la causa añadida de tu adhesión. Una tendencia cultural, una curiosidad científica pensé: lo enriquecedor del mestizaje, lo saludable del agua bebida en nuevas fuentes, en caños distintos; el sabroso pan amasado con harina de diversos granos cereales. Y tan seguro estaba de ello que no investigué más.

Sí, eso es bien cierto: el coro parece el arca del Diluvio. Basta con observar y escuchar sin interferencias, tomando una frase aquí, otra allí, como una abeja que visita gran variedad de flores, para acabar siendo dueño de un conocimiento apreciable. ¿Sabes?, hay un yugoslavo que juega al ajedrez como un maestro. Hemos echado tres o cuatro partidas, y ha prometido enseñarme algunos movimientos muy útiles; a cambio he de corregirle los errores cometidos al hablar nuestra lengua.
Ya sé; es esa reacción que nace de tu modo de ser perfeccionista, del propio impulso enmendador de inexactitudes; ese que te lleva a colocar una silla en su lugar exacto frente a la mesa del comedor, o a situar un cuadro en la horizontal bien medida, alineado por debajo con el contiguo.
¡Cómo me conoces!, exclama mi amigo con alegría, y al instante prosigue su explicación poniéndose serio. El yugoslavo a que me refiero es un refugiado de la guerra iniciada en su país por el occidente rico, un guapo mozo que en su relación con las mujeres adquiere fama de conquistador. Cantante de ópera en Pec, su bella ciudad, hoy destruida casi por completo; se aferra a la actividad lírica del grupo con renaciente ilusión. Sus padres, ya ancianos, quedaron allí, y hasta hace unos días no había logrado establecer comunicación telefónica con ellos.

¿Y está solo aquí? No, trajo a la esposa y a dos hijas de corta edad. Ellas le fuerzan a quedarse y a participar en los ensayos; si fuera por él, estaría en su tierra defendiendo lo que considera suyo. El caso es que habla un pobre castellano y entona las romanzas aprendiendo los sonidos, conocedor de su significado porque me esfuerzo en explicárselo hasta que lo entiende; pero, y eso es lo más curioso, tiene tan buen oído el tunante que le sale un acento castizo más convincente que el mío.
Gente así es la que, como escritor, me interesa. Metería en mis relatos retazos de su vida, jirones del paisaje que vieron de niños. Y habrá otros por el estilo, seguro.
Sí, claro; hay, además, un matrimonio argentino que intenta distraer la ceguera progresiva que padece la esposa. Los verás mañana. Él es un ejemplo claro de lo que está dispuesto a hacer el amor por su objeto. Ella es una prueba fehaciente de nuestra enorme capacidad de adaptación a las situaciones penosas, sean lo críticas que sean. Si él nos enseña a amar, ella nos enseña a salir a flote tras cualquier naufragio. Y está Cosme, un cantante cuya voz opacó el bisturí al pretender extirpar los nódulos nacidos en sus cuerdas vocales. Tutelado por la directora, estimulado de manera eficaz por ella, hace este hombre lo posible para adaptar escenarios y actores a la obra que se representa.

Mujeres; habrá mujeres que canten, supongo. Me oigo preguntar afirmando, puesta la curiosidad en las intimidades de mi amigo, cuyo detalle desconozco en la actualidad.
Claro, es natural. Está Verónica, una toledana que potencia su parecido con un cuadro famoso. Pienso en ella a menudo, en la contradicción que conjuga su ser. Posee un aspecto atlético -hombruno en cualquier otra- que se diluye en una esencia femenina desbordante. La oigo cargar de vehemencia la expresión de sus convicciones, y su voz modulada alza el tono de la melodía, pareciendo que viene de otro cuerpo, de otra persona. Sus opiniones harto conservadoras, la actitud precavida en exceso, la moderación de sus convencimientos por así decirlo, contrastan con los hechos extremos que protagoniza; pues programa sus vacaciones con mucha antelación y, llegadas las fechas, sube a los picos más altos o desciende a las más profundas simas. Cubre su cuerpo de mujer forzuda una piel sedosa y sonrosada, y sus recias cejas bien provistas enmarcan unos ojos que son todo dulzura. El pensar apacible y el hacer vertiginoso, pugnan en ella por lograr un hueco en la apreciación de la gente a la que dice no prestar atención.

Hay, además, dos mujeres palentinas, madre e hija, que son la buena educación y la delicadeza personificadas; tanto poseen de ambas virtudes que dan y dan y les queda lo mismo. Va, de cuando en cuando, la señora Carmen, una dama austera y muy reservada, que en Guinea fue monja antes de casarse. Enviudó en una nocturna algarada de insurgentes: un inquieto racimo de mozos empeñados en prender españoles para oficiar un sacrificio al dios de la venganza. Presa fácil, tomaron los nativos en calidad de rehén al médico de la misión, entonces su esposo, y de él hicieron emblema de colonizadores. Un grupo de exaltados, ya entre dos luces, lo convirtió en mártir a machetazos. No se da la señora Carmen a cualquiera, pero a poca confianza que vea en los ojos, si viene a mano, cuenta tremebundas historias de antropofagia con una naturalidad sorprendente.

En un coro tan numeroso alguien compartirá tu manera de entender la vida, alguien de tu completo agrado, con quien puedas intimar… Interrumpo así su recuento, insatisfecho de los escasos frutos logrados.
Hay andaluces entre nosotros, y murcianos, aragoneses, catalanes, vascos, extremeños; y colaboramos, cada quien en la medida de sus posibilidades, en un proyecto común que siendo la suma de los propósitos individuales es el marco indispensable para satisfacer nuestra afición. Porque no cobramos ¿sabes?; muy al contrario, a veces nos cuesta dinero. Actuamos, podría decirse, por amor al arte. Una familia, un clan somos; el auxilio entre nosotros nace abierto y sin reservas: consejos, favores, hasta dinero ponemos sobre la mesa si sucede que alguien lo precisa. Te parecerá raro, pero sólo uno de los treinta y cuatro que formamos el grupo ha nacido en Madrid; aunque no se puede decir que no haya madrileños, pues todos, en cierto modo, lo somos.

Compañero, se te ven las puntas de la levita bajo el gabán. Le digo a mi amigo con sorna, entrando en la vía directa pues las otras no llevan a destino. Dejas para el final a dos personas para ti muy importantes: las cubanas, madre e hija, de las que sueles hablar emocionado.
Te refieres a la directora del coro, a Rita; una verdadera belleza madura de piel morena, que preparaba en la Habana a quienes fueron más tarde renombrados artistas líricos. Y a Mireya, su hija, una joven que va tras los pasos de la madre, tanto en lo físico como en lo que a facultades artísticas corresponde. Poetisa y narradora de historias breves, fue dotada en la cuna de una gran sensibilidad, y toca el piano como habrían de hacerlo los ángeles si estuviera entre sus actividades la de arrancar acordes a las cuerdas metálicas. Ellas merecen mención aparte, por eso las dejé para el final. Excepcionales han de ser ambas, a juzgar por el afecto que has puesto en ellas.

Veo que sonríes malicioso. ¿Sabes?, en los últimos tiempos, signo a signo, me iba convenciendo de que el amor no era para mí. Me encontraba dones; puedo decirlo sin faltar a la modestia: tengo buena conversación, sé cantar, domino la guitarra y los juegos, tanto de salón como aquellos que se ejecutan en espacios abiertos; hasta el baile me resulta fácil. Mas el trato feliz con las mujeres parecía estarme negado; y en mi fuero íntimo, desde hace unos años, consideraba la posibilidad de quedarme soltero. Hasta conocer a Rita mi corazón parecía seco y duro como la cecina dura; ni palpitar sabía más allá de los convenientes latidos para irrigar las células. En las actuaciones me agradaba ver entre el público mujeres cultivadas; captaba sus miradas de aprobación, recibía ilusionado sus aplausos, pero ni me veía casado ni contemplaba tal expectativa.

La historia se repite, amigo; será que Briseida retorna.
Esperaba que me lo recordases; pero ni la chica es la misma ni yo soy aquel joven ingenuo. Han pasado tantos años… Ya ves, me resultaba harto difícil decirle cuanto me atraía. De no haber intervenido tú, se hubiera sentado en el pupitre contiguo sin advertir mi presencia, pues yo no destacaba en griego y encontraba la Ilíada repetitiva y monótona. Pero ahora…
Ahora, compañero, aunque no las descubras, si no los hechos, que no pueden, regresan las circunstancias. No son párrafos de Homero los que repites íntegros vertidos al castellano, “Canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquiles”, sino dúos de populares zarzuelas, arias de las óperas más conocidas.

(…)
“¡Olofi!, gritaba un babalao vestido de blanco; ¡Olofi!, repetían los santeros vestidos de blanco; ¡Olofi!, vociferaba el común de los fieles, vestidos cada cual a su modo. ¡Oshún!, gritaba un babalao vestido de amarillo; Oshún! repetían los santeros vestidos de amarillo; ¡Oshún!, vociferaba el común de unos fieles vestido sin concierto. Y una letanía de nombres de orishas era repetida tres veces siguiendo el orden sabido: babalaos, santeros y el común de los fieles. Cinco negros de edad indefinida, ataviados con túnicas de hilo dorado, descargaban las manos sobre los tambores entregándoles el ritmo que, al parecer, exigían las tensas pieles encargadas de acentuar los sonidos. Otro negro, el más oscuro de todos, a su lado, golpeaba con una llave de hierro el hierro de una azada. Un clamor inquietante puso a mi espíritu al compás de los tambores, del entrechocar de hierros; y noté, con asombro, que las piernas seguían al espíritu tras el marchar ágil y monótono de los danzarines. Las manos comenzaron a agitarse una contra otra al compás de los atabales, del espíritu y de las piernas.

Y el espíritu se hizo visible en los negros vestidos de blanco, y en los negros vestidos de amarillo; el espíritu se hizo visible en los blancos vestidos de blanco, y en los vestidos de amarillo; visible en los mulatos ataviados con ropas de un blanco límpido y de un amarillo dorado. El espíritu se hizo visible en todos y cada uno de los fieles, sin importarle ni el color de las ropas ni el lugar de procedencia. El grupo formado por los mestizos, tintado de todos los tonos intermedios entre el puro blanco y el negro puro, ajeno a cualquier colectivo específico, era el más numeroso, y contribuía como ningún otro a que el conjunto alcanzara el total de noventa y nueve miembros. Y los noventa y nueve elementos del conjunto se agitaban como se agitan las aguas que hierven, de abajo hacia arriba; y los noventa y nueve blancos, negros y mulatos del conjunto, a continuación, se agitaban como se agitan las ramas mecidas por el viento, de arriba hacia abajo. Unas veces los movimientos eran rápidos y otras eran suaves y lentos. Ya corrían en círculo, ya se agitaban en línea, ya rompían la continuidad y se alzaban saltando, se agachaban saltando, se movían de atrás para adelante, de adelante hacia atrás. Una melopea monocorde iba invadiendo el espacio, y la libertad fue capturada por la quietud que la sometió a lo estático.

Un cuchillo subió a la noche alta para bajar sus reflejos de luna sobre las plumas del ave, sobre la carne trémula, sobre el corazón angustiado. Un cuenco pasaba de mano en mano, de boca en boca; el líquido rojo que lo llenaba se iba vaciando y llenando a intervalos regulares. En un lado ardía una hoguera con chisporroteo espasmódico, y las bocas llenas del prodigioso líquido rojizo -alcohol, hierbas y sangre- soplaban gotas minúsculas que se esparcían por las llamas, creciéndolas. El ritmo se aceleraba hasta lo imposible para los humanos, traspasaba la línea divisoria y dos, cuatro, veinte, mujeres y hombres, cayeron al suelo dándose de cabezadas contra una tierra conmovida por la frenética danza.

Olofi, el creador, no bajó sobre los presentes; Oshún no bajó sobre los presentes, Obatalá no bajó sobre los presentes, Ogún Arere tampoco bajó. Pero todos ellos comisionaron a Elegua, y él sí bajó. Elegua -rojo y negro- se hizo manifiesto, palpable. Para los varones era mujer, para las mujeres varón; y todos se abrazaban abrazando a Elegua; unos con otros se amaban amando a Elegua. Abrazando a Ogún Arere, abrazando a Orula, abrazando a Oshosi, se abrazaban; se amaban unos a otros amando a Ogún Arere, a Orula, a Oshosi. Unos a otros se abrazaban creyendo abrazar a Yemayá o a Orumbila; unos con otros se amaban creyendo amar a Yemayá o a Orumbila; porque en ese momento todos los orishas, incluidos Oshún, Oya, Changó, todos ellos eran los hermanos que recibían los cinco collares, encargados, en lo sucesivo, de protegerles de cualquier mal: el collar de Elegua, el de Obatalá, el de Shangó, el de Yemayá, y el de Oshún.

En ese instante, único, irrepetible, los numerosos orishas, representados por Elegua, se encarnaban en los noventa y nueve fieles que les rendían su fe y les sacrificaban los gallos, cuya sangre bebían mezclada con infusión de yerbas y ron añejo. Alzaron sus manos los cinco ancianos dorados y el de los férreos golpes, y las mantuvieron quietas en el aire sobre sus cabezas, alejadas de la piel que las sacudidas iban desgastando. Cesaron los tamboriles el son, los espíritus ocuparon su lugar dentro de los cuerpos caídos, los miembros agitados volvieron al reposo y todo fue silencio y calma durante un período indefinido de tiempo, porque el tiempo, en aquella explanada rodeada de vegetación, cansado, se había sometido a la invasión de un extraño sopor.

(…)
En el ejemplar de Granma correspondiente al 10 de julio de 1989, leo la sentencia del Tribunal Militar relativa a la causa número uno de aquel año, y me queda claro: Jorge Martínez, general hasta entonces, fue condenado a la pena capital. Hubieron de compartir con él la penosa agonía de la espera interminable y una muerte idéntica, tres compañeros de milicia, secuaces suyos en el tráfico ilícito y pernicioso, corrompidos a un tiempo por un germen que no acierto a figurarme con exactitud. Otros seis condenados debían permanecer treinta años en la cárcel; y la presencia de una mujer entre ellos, capitán del Ministerio del Interior cuando cometió los delitos, añadía pruebas tangibles de la paridad del trato dado a los delincuentes, al margen de la cuestión secundaria de su sexo. A tres más les correspondía una privación de libertad cifrada en cinco lustros. El coronel Antonio Rodríguez recibió el correctivo más suave de los dictados: apenas diez años de encierro. Según se afirma en el periódico, apelada la sentencia, la mayoría de los recurrentes no obtuvo variaciones significativas.

En consecuencia, se fijó el momento de la alborada del inmediato día trece, para que los condenados sufrieran la última pena, la que libra de todas las demás, imposibilitando el posterior arrepentimiento y la reparación de los frecuentes errores judiciales. En tan crucial instante, los cuatro malditos, tan desparejos ellos, iban a ser tomados, entra dentro de lo posible, por un pensamiento común. Media hora después, en la nefasta madrugada antedicha, a los convictos, perdida toda esperanza de retardo, se les daría la oportunidad irrepetible de mirar de frente a los ojos de sus verdugos.

Sucedió de ese modo. Alboreaba el aciago día, cuando, cumpliendo el mandato emanado de instancias superiores, parte de los presos, los reos de muerte, fueron despertados de un sueño con toda probabilidad inconciliable. Los cuatro malhechores, a quienes imagino recluidos en prevenciones distintas, enfrentados cada uno a sus obras; al rayar el alba, momento temido y deseado a partes iguales, arrepentidos de algunas acciones aisladas hijas del egoísmo y la ambición, pero ciertos de querer repetir las otras, las que se enfilaron con el bien común; los cuatro hombres, a la crítica hora dictada por los jueces, siguiendo un orden que la perdida graduación aún marcaba, fueron redimidos de una vigilia lacerante, de un pensamiento que giraba sobre sí mismo sin avanzar ni un solo milímetro.

La escueta comitiva formada por militares que marchaban al paso, sacó a los cuatro de sus reflexiones. Pantalones holgados y ajustadas camisas vestían los prisioneros, y unas zapatas de algodón con suela de esparto; ningún signo revelaba el destacado papel jugado por ellos en la revolución. Incluso el botón más alto se abrocharon, cercano a la nuez; peinaron sus cabellos, y en orden de revista salieron de las celdas para añadirse a la fila, prolongándola.
Se oían secos los vigorosos pisotones de los custodios, cuyo eco vecino abarcaba, hasta oscurecerlo, el rozar insistente de las alpargatas de los custodiados sobre las baldosas. Monotonía invariable que se prolongaba más allá del tiempo real, alcanzando el punto exacto en que los pasos se detienen al borde del abismo, y quedan allí flotando en forma de eternidad congelada, de foto fija de significante y significado.

Invadieron el patio avanzando con una premura inexplicable, habida cuenta de que se trataba de un paseo sin continuidad posible, excluido de la rutina. Alcanzaron a ver el cielo sobre las tapias, por encima de los tejados, y alguna ilusión indeterminada hubo de transmitirles el azul, alguna confianza extrema; mentidas, claro está, porque unos minutos más tarde los cuatro hombres –el ex general Jorge Martínez primero- dejaron de existir; sin que la mirada puesta con intención en los ojos de los verdugos, afeándoles su actuación homicida, pudiera impedirlo.
Los demás condenados, los que habían de quedar recluidos hasta el total cumplimiento de la pena impuesta, aquellos que, dentro de lo malo, conservaban la vida y la esperanza con ella, entre los que se encontraba el coronel Antonio Rodríguez, continuaron un día más en los calabozos, hasta que varios furgones carcelarios los llevaron a sus penales definitivos.

Una ráfaga de viento salió de las escopetas llevando en su entraña un plomo próximo a derretirse, lava ardiente que penetró en las carnes de los condenados hasta hallar el asiento de la vida, devorándola. Incluso el disparo de fogueo, dispuesto para tranquilizar las conciencias todas del piquete, inclusive la bala inocente y neutra, mató. En la historia hecha suya por las dos mujeres, y así relatada; ese instante concreto del amanecer del día trece modificó su estado, convirtiendo en viuda a Rita, la esposa; y a Mireya, la hija, en huérfana.

 

 

 

 

José Martí es uno de los poetas en castellano mejor valorados del siglo XIX. Sus poemas han pasado a ser canciones con frecuencia. Se puede decir que, con esos poemas cantados, hubo cantantes que alcanzaron la fama. Silvio Rodríguez y Pablo Milanés fueron, acaso, los más conocidos. Versos claros, limpios y directos, que se hicieron saetas para expresar y difundir las ideas del autor.
José Martí se convirtió en el espejo donde se miraron muchos de los poetas posteriores.

Poemas de José Martí traducidos al portugués

Abdala es un Poema Dramático publicado en La Patria Libre, semanario democrático-cosmopolita de La Habana, el 23 de enero de 1869

Abdala
Fragmento de la Obra de José Martí

Escena Primera
ABDALA, UN SENADOR Y CONSEJEROS.

Senador:
Noble caudillo: a nuestro pueblo llega
Feroz conquistador: necio amenaza
Si a su fuerza y poder le resistimos
En polvo convertir nuestras murallas:
Fiero pinta a su ejército que monta
Nobles corceles de la raza arábiga;
Inmensa gente al opresor auxilia,
Y tan alto es el número de lanzas
Que el enemigo cuenta, que a su vista
La fuerza tiembla y el valor se espanta:
Tantas sus tiendas son, noble caudillo,
Que a la llanura llegan inmediata,
Y del rudo opresor ¡oh Abdala ilustre!
Es tanta la fiereza y arrogancia
Que envió un emisario reclamando
Rindiese fuego y aire, tierra y agua!

Abdala:
Pues decidle al tirano que en la Nubia
Hay un héroe por veinte de sus lanzas:
Que del aire se atreva a hacerse dueño:
Que el fuego a los hogares hace falta:
Que la tierra la compre con su sangre:
Que el agua ha de mezclarse con sus lágrimas.

Senador
Guerrero ilustre: calma tu entusiasmo!
Del extraño a la impúdica arrogancia
Diole el pueblo el laurel que merecían
Tan necia presunción y audacia tanta;
Mas hoy no son sus bárbaras ofensas
Muestras de orgullo y simples amenazas:
Ya detiene a los nubios en el campo!
Ya en nuestras puertas nos coloca guardias!

Abdala:
! ¿Qué dices, Senador?

Senador:
Te digo ¡oh, jefe
Del ejército nubio! que las lanzas
Deben brillar, al aire desenvuelta
La sagrada bandera de la patria!
Te digo que es preciso que la Nubia
Del opresor la lengua arranque osada,
Y la llanura con su sangre bañe
Y luche Nubia cual luchaba Esparta!
Vengo en tus manos a dejar la empresa
De vengar las cobardes amenazas
Del bárbaro tirano que así llega
A despojar de vida nuestras almas!
Vengo a rogar al esforzado nubio
Que a la batalla con el pueblo parta

Abdala:
Acepto, Senador. Alma de bronce
Tuviera si tu ruego no aceptara.
Que me sigan espero los valientes
Nobles caudillos que el valor realza,
Y si insulta a los libres un tirano
Veremos en el campo de batalla!
En la Nubia nacidos, por la Nubia
Morir sabremos: hijos de la patria,
Por ella moriremos, y el suspiro
Que de mis labios postrimero salga
Para Nubia será, que para Nubia
Nuestra fuerza y valor fueron creadas.
Decid al pueblo que con él al campo
Cuando se ordene emprenderé la marcha;
Y decid al tirano que se apreste,
Que prepare su gente, y que a sus lanzas
Brillo dé y esplendor. Más fuertes brillan
Robustas y valientes nuestras almas!

Senador:
Feliz mil veces ¡oh valiente joven!
El pueblo que es tu patria!

Todos
—Viva Abdala!—
(Se van senador y consejeros.)
http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/se/20160824043346/JOSE-MARTI_Tomo-01.pdf

 

Abdala
Trecho do poema de José Martí
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana

Cena Primeira
ABDALA, UM SENADOR E CONSELHEIROS.

Senador:
Nobre caudilho: a nosso povo chega
Feroz conquistador: néscio ameaça
Se sua força e poder lhe resistimos
Em pó converter nossas muralhas:
Feroz pinta a seu exército que monta
Nobres corcéis da raça arábiga;
Imensa gente ao opressor auxilia,
E tão alto é o número de lanças
Que o inimigo conta, que a sua vista
A força treme e o valor se espanta:
Tantas suas lojas são, nobre caudilho,
Que à planície chegam imediata,
E do rude opressor oh Abdala ilustre!
É tanta a fereza e arrogância
Que enviou um emissário reclamando
Rendesse fogo e ar, terra e água!

Abdala:
Pois dizei ao tirano que na Nubia
Há um herói por vinte de seus lanças:
Que do ar se atreva a se fazer dono:
Que o fogo aos lares faz falta:
Que compre a terra com seu sangue:
Que a água deve misturar-se com suas lágrimas.

Senador
Guerreiro ilustre: acalma teu entusiasmo!
Do estranho à impudica arrogância
Le deu o povo o laurel que mereciam
Tão néscia presunção e audácia tanta;
Mas hoje não são suas bárbaras ofensas
Mostras de orgulho e simples ameaças:
Já detém aos núbios no campo!
Já em nossas portas nos coloca guardas!

Abdala:
Que dizes, Senador?

Senador:
Te digo oh, chefe
Do exército núbio! Que as lanças
Devem brilhar, ao ar desenvolta
A sagrada bandeira da pátria!
Te digo que é preciso que a Nubia
Do opressor a língua arranque ousada,
E a planície com seu sangue banhe
E lute Nubia qual lutava Esparta!
Venho em tuas mãos a deixar a empresa
De vingar as covardes ameaças
Do bárbaro tirano que assim chega
A despojar de vida nossas almas!
Venho a rogar ao esforçado núbio
Que à batalha com o povo parta

Abdala:
Aceito, Senador. Alma de bronze
Tivesse se teu rogo não aceitasse.
Que me sigam espero os valentes
Nobres caudilhos que o valor realça,
E se insulta aos livres um tirano
Veremos no campo de batalha!
Na Nubia nascidos, pela Nubia
Morrer saberemos: filhos da pátria,
Por ela morreremos, e o suspiro
Que de meus lábios postremo saia
Para Nubia será, que para Nubia
Nossa força e valor foram criadas.
dizei ao povo que com ele ao campo
Quando se ordene empreenderei a marcha;
E dizei ao tirano que se apreste,
Que prepare sua gente, e que a suas lanças
Brilho dê e esplendor. Mais fortes brilham
Robustas e valentes nossas almas!

Senador:
Feliz mil vezes ¡oh valente jovem!
O povo que é tua pátria!

Todos
—Viva Abdala!—
(Se vão senador e conselheiros.)

Tradução de PSdeJ, El Escorial, 24 de Agosto de 2017

 

 

 

 

 

Musa Traviesa pertenece a Ismaelillo, um libro de poemas dedicado a su hijo José Francisco Martí Zayas, considerado como uno de los poemarios más influyentes del Modernismo. Martí emplea, no obstante, un estilo natural, sencillo y claro; desprendido de adornos y de palabras extranjeras. Su verso es herramienta para el trabajo del poeta concienciado, la raíz permanece hincada en la tierra y la realidad la riega. Pensamiento e idea constituyen su principal alimento. Soledad y angustia, le llevan hacia la humanidad extensa, formada de individuos vivos. Innova al versificar Martí: ritmo y lenguaje.
El amor sentido por su hijo en la ausencia, es la llave, separado de la esposa y perdido el contacto con su pequeño. Hay remembranzas Bíblicas, Ismael y Jacob. Musa traviesa es un poema doble, divido en dos partes, derecha e izquierda separadas por la letra mayúscula. Pueden leerse por separado y, también, juntas.

Musa Traviesa
Poema de José Martí

Mi musa? Es un diablillo   Contándolo, me inunda
Con ala de ángel.   Un gozo grave:-
¡Ah, musilla traviesa   Y cual si el monte alegre,
Qué vuelo trae!   Queriendo holgarse

Al alba enamorando
Yo suelo, caballero   Con voces ágiles,
En sueños graves,    Sus hilillos sonoros
Cabalgar horas luengas Desanudase,
Sobre los aires. Y salpicando riscos,
Me entro en nubes rosadas, Labrando esmaltes,
Bajo a hondos mares, Refrescando sedientas
Y en los senos eternos Cálidas cauces,
Hago viajes. Echáralos risueños
Allí asisto a la inmensa Por falda y valle, –
Boda inefable, Así, al alba del alma
Y en los talleres huelgo Regocijándose,
De la luz madre: Mi espíritu encendido
Y con ella es la oscura Me echa a raudales
Vida, radiante, Por las mejillas secas
Y a mis ojos los antros Lágrimas suaves.
Son nidos de ángeles! Me siento, cual si en magno
Al viajero del cielo Templo oficiase:
¿Qué el mundo frágil? Cual si mi alma por mirra
Pues, ¿no saben los hombres Virtiese al aire;
Qué encargo traen? Cual si en mi hombro surgieran
¡Rasgarse el bravo pecho, Fuerzas de Atlante;
Vaciar su sangre, Cual si el sol en mi seno
Y andar, andar heridos La luz fraguase: –
Muy largo valle, !Y estallo, hiervo, vibro,
Roto el cuerpo en harapos, Alas me nacen!

Los pies en carne,
Hasta dar sonriendo Suavemente la puerta
-¡No en tierra!- exánimes! Del cuarto se abre,
Y entonces sus talleres Y éntranse a él gozosos
La luz les abre, Luz, risas, aire.
Y ven lo que yo veo: Al par da el sol en mi alma
¿Qué el mundo frágil? Y en los cristales:
Seres hay de montaña, !Por la puerta se ha entrado
seres de valle, Mi diablo ángel!
Y seres de pantanos ¿Qué fue de aquellos sueños,
Y lodazales. De mi viaje,

Del papel amarillo,
De mis sueños desciendo, Del llanto suave?
Volando vanse, Cual si de mariposas
Y en papel amarillo Tras gran combate
Cuento el viaje. Volaran alas de oro
Por tierra y aire, Mis libros lance,
Así vuelan las hojas Y siéntese magnífico
Do cuento el trance. Sobre el desastre,
Hala acá el travesuelo Y muéstreme riendo,
Mi paño árabe; Roto el encaje-
Allá monta en el lomo -¡Qué encaje no se rompe
De un incunable; En el combate!-
Un carcax con mis plumas Su cuello, en que la risa
Fabrica y átase; Gruesa onda hace!
Un sílex persiguiendo Venga, y por cauce nuevo
Vuelca un estante, Mi vida lance,
Y ¡allá ruedan por tierra Y a mis manos la vieja
Versillos frágiles, Péñola arranque,
Brumosos pensadores, Y del vaso manchado
Lópeos galanes! ¡La tinta vacie!
De águilas diminutas !Vaso puro de nácar:
Puéblase el aire: Dame a que harte
¡Son las ideas, que ascienden, Esta sed de pureza:
Rotas sus cárceles! Los labios cánsame!

¿Son éstas que lo envuelven
Del muro arranca, y cíñese, Carnes, o nácares?
Indio plumaje: La risa, como en taza
Aquella que me dieron De ónice árabe,
De oro brillante, En su incólume seno
Pluma, a marcar nacida Bulle triunfante:
Frentes infames, ¡Hete aquí, hueso pálido,
De su caja de seda Vivo y durable!
Saca, y la blande: Hijo soy de mi hijo!
Del sol a los requiebros El me rehace!

Brilla el plumaje,
Que baña en aúreas tintas Pudiera yo, hijo mío,
Su audaz semblante. Quebrando el arte
De ambos lados el rubio Universal, muriendo
Cabello al aire, Mis años dándote,
A mí súbito viénese Envejecerte súbito,
A que lo abrace. La vida ahorrarte!-
De beso en beso escala Mas no: que no verías
Mi mesa frágil; En horas graves
¡Oh, Jacob, mariposa, Entrar el sol al alma
Ismaelillo, árabe! Y a los cristales!
¿Qué ha de haber que me guste Hierva en tu seno puro
Como mirarle Risa asonante:
De entre polvo de libros Rueden pliegues abajo
Surgir radiante, Libros exangës:
Y, en vez de acero, verle Sube, Jacob alegre,
De pluma armarse, La escala suave:
Y buscar en mis brazos Ven, y de beso en beso
Tregua al combate? Mi mesa asaltes:-
Venga, venga Ismaelillo: ¡Pues ésa es mi musilla,
La mesa asalte, Mi diablo ángel!
Y por los anchos pliegues ¡Ah, musilla traviesa,
Del paño árabe Qué vuelo trae!
En rota vergonzosa

 

 

Martí, padre, com Ismaelillo

 

 

Musa travessa
Poema de José Martí
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana

Minha musa? é um diabinho    Referindo-o, me inunda
Com asa de anjo.   Um gozo grave:-
Ah, musinha travessa     E qual se o monte alegre,
Que voo traz!     Querendo folgar-se

Ao alva apaixonando
Eu solo, cavaleiro    Com vozes ágeis,
Em sonhos graves,    Seus filhinhos sonoros
Cavalgar horas longas Desprega-se,
Sobre os ares. E salpicando riscos,
Entro em nuvens rosadas, Lavrando esmaltes,
Baixo a fundos mares, Refrescando sedentas
E nos seios eternos Cálidos leitos,
Faço viagens. Os fechara risonhos
Ali assisto à imensa Por ladeira e vale, –
boda inefável, Assim, ao alva do alma
E nas oficinas folgo Regozijando-se,
Da luz mãe: Meu espírito acendido
E com ela é a escura Me joga caudais
Vida, radiante, Pelas bochechas secas
E a meus olhos os antros De lágrimas suaves.
São ninhos de anjos! Me sento, qual se em magno
Ao viajante do céu Templo oficia-se:
Que o mundo frágil? Qual se minha alma por mirra
Pois, não sabem os homens Verte-se ao ar;
Que encarrego trazem? Qual se em meu ombro surgissem
Se rasgar o bravo peito, Forças de Atlante;
Esvaziar seu sangue, Qual se o sol em meu seio
E andar, andar feridos A luz fragua-se: –
Muito longo vale, E estoiro, fervo, vibro,
Rompido o corpo em farrapos, Asas me nascem!

Os pés em carne,
Até dar sorrindo Suavemente a porta
-Não em terra!- exânimes! Do quarto se abre,
E então suas oficinas E se entram a ele gozosos
A luz lhes abre, Luz, risos, ares.
E veem o que eu vejo: Ao par dá o sol em minha alma
Que o mundo frágil? E nos cristais:
Seres há de montanha, !Pela porta entrou-se
seres de vale, Meu diabo anjo!
E seres de pântanos Que foi daqueles sonhos,
E lodaçais. Da minha viagem,

Do papel amarelo,
De meus sonhos desço, Do pranto suave?
Voando vão-se, Qual se de borboletas
E em papel amarelo Depois de grande combate
Conto a viagem. Voassem asas de ouro
Por terra e ar, Meus livros lance,
Assim voam as folhas E se sente magnífico
Do conto o trance. Sobre o desastre,
Venha cá o buliçoso E me mostre rindo,
Meu pano árabe; Rompido o encaixe-
Lá monta no lombo -Que encaixe não se rompe
De um incunábulo; No combate!-
Um carcás com minhas plumas Seu colo, em que o riso
Fabrica e ata-se; Grossa onda faz!
Um sílex perseguindo Vinga, e por leito novo
Vira um estante, Minha vida lance,
E lá rodam por terra E a minhas mãos a velha
Versinhos frágeis, Caneta arranque,
Brumosos pensadores, E do copo manchado
Galãs de Lope! A tinta esvazie!
De águias diminutas !Copo puro de nácar:
Se povoa o ar: Dá-me a que farte
São as ideias, que ascendem, Esta sede de pureza:
Rompidas seus cárceres! Os lábios cansa-me!

São estas que o envolvem
Do muro arranca, e cinge-se, Carnes, ou nácares?
Índia plumagem: O riso, como em xícara
Aquela que me deram De ónix árabe,
De ouro brilhante, Em seu incólume seio
Pluma, a marcar nascida Bule triunfante:
Frentes infames, Está aqui, osso pálido,
De sua caixa de seda Vivo e durável!
Saca, e a brande: Filho sou de meu filho!
Do sol aos requebros Ele refaz-me!

Brilha a plumagem,
Que banha em áureas tintas Pudesse eu, filho meu,
Seu audaz semblante. Quebrando a arte
De ambos lados o loiro Universal, morrendo
Cabelo ao ar, Meus anos dando-te,
A mim súbito vem-se Te envelhecer súbito,
A que o abrace. A vida poupar-te!-
De beijo em beijo escala Mas não: que não verias
Minha mesa frágil; Em horas graves
Oh, Jacob, borboleta, Entrar o sol ao alma
Ismaelillo, árabe! E aos cristais!
Que há de haver que eu goste Ferva em teu seio puro
Como olhar-lhe Riso assoante:
Dentre pó de livros Rodem dobras abaixo
Surgir radiante, Livros exangues:
E, em vez de aço, ver-lhe Sobe, Jacob alegre,
De pluma armar-se, A escala suave:
E procurar em meus braços Vem, e de beijo em beijo
Trégua ao combate? Minha mesa assaltes:-
Vinha, vinha Ismaelillo: ¡Pois essa é a musa minha,
A mesa assalte, Meu diabo anjo!
E pelas largas dobras ¡Ah, musinha arteira,
Do pano árabe Que voo traz!
Em infame derrota
Traduzido por PSdeJ El Escorial 25 agosto 2017

 

 

 

Copia del destruido Óleo de Esteban Valderrama, que representa la muerte de Martí en Dos Ríos

 

“¡Oh México querido! ¡Oh México adorado, ve los peligros que te cercan!” Es en México donde Martí recibe la visión nítida de la realidad latino americana. Allí arraiga su latinoamericanismo. Salió Martí de México tras el derrocamiento de Lerdo de Tejada y la llegada del general Porfirio Díaz. “¡Oye el clamor de un hijo tuyo que no nació de ti!
Manuel Mercado, mexicano, fue secretario de gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada, y amigo de Martí, con quien cruzó una nutrida correspondencia. Martí le dedicó “Versos Libres”. Pongo aquí la carta inconclusa de Martí dirigida a Mercado, interrumpida para marchar al combate donde Martí murió. Esta carta posee tanto valor, que ha sido considerada su testamento político.

Carta de José Martí a Manuel Mercado
Campamento de Dos Ríos, 18 de mayo de 1895

Señor. Manuel Mercado.
Mi hermano queridísimo: Ya puedo escribir: ya puedo decirle con qué ternura y agradecimiento y respeto lo quiero, y a esa casa que es mía, y mi orgullo y obligación; ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber —puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo— de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso. En silencio ha tenido que ser, y como indirectamente, porque hay cosas que para logradas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias pª alcanzar sobre ellas el fin. Las mismas obligaciones menores y públicas de los pueblos, —como ese de Vd. , y mío,— más vitalmente interesados en impedir que en Cuba se abra, por la anexión de los imperialistas de allá y los españoles, el camino, que se ha de cegar, y con nuestra sangre estamos cegando, de la anexión de los pueblos de nuestra América al Norte revuelto y brutal q. los desprecia, —les habrían impedido la adhesión ostensible y ayuda patente a este sacrificio, que se hace en bien inmediato y de ellos.

Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas; — y mi honda es la de David. Ahora mismo; pocos días hace, al pie de la victoria con que los cubanos saludaron nuestra salida libre de las sierras en que anduvimos los seis hombres de la expedición catorce días, el corresponsal del Herald, q. me sacó de la hamaca en mi rancho, me habla de la actividad anexionista, menos temible por la poca realidad de los aspirantes, de la especie curial, sin cintura ni creación, que por disfraz cómodo de su complacencia o sumisión a España, le pide sin fe la autonomía de Cuba, contenta sólo de que haya un amo, yankee o español, que les mantenga, o les cree, en premio de su oficio de celestinos, la posición de prohombres, desdeñosos de la masa pujante, —la masa mestiza, hábil y conmovedora, del país,— la masa inteligente y creadora de blancos y negros.

Y de más me habla el corresponsal del Herald; Eugenio Bryson: —de un sindicato yankee,— que no será, —con garantía de las Aduanas, harto empeñadas con los rapaces bancos españoles pª q. quede asidero a los del Norte,— incapacitado afortunadamente, por su entrabada y compleja constitución política, para emprender o apoyar la idea como obra del gobierno. Y de más me habló Bryson, —aunque la certeza de la conversación que me refería, sólo la puede comprender quien conozca de cerca el brío con que hemos levantado la revolución,— el desorden, desgano y mala paga del ejército novicio español, —y la incapacidad de España pª allegar, en Cuba o afuera, los recursos contra la guerra q. en la vez anterior sólo sacó de Cuba:— Bryson me contó su conversación con Martínez Campos, al fin de la cual le dio a entender este q. sin duda, llegada la hora, España preferiría entenderse con los E. Unidos a rendir la Isla a los cubanos: —Y aún me habló Bryson más: de un conocido nuestro, y de lo q. en el Norte se le cuida, como candidato de los Estados Unidos, pª cdo. el actual presidente desaparezca, a la presidencia de México. Por acá, yo hago mi deber.

La guerra de Cuba, realidad superior a los vagos y dispersos deseos de los cubanos y españoles anexionistas a que sólo daría relativo poder su alianza con el gobierno de España, ha venido a su hora en América, para evitar, aún contra el empleo franco de todas esas fuerzas, la anexión de Cuba a los Estados Unidos, que jamás la aceptarán de un país en guerra, ni pueden contraer, puesto que la guerra no aceptará la anexión, el compromiso odioso y absurdo de abatir por su cuenta y con sus armas una guerra de independencia americana. —Y México—¿no hallará modo sagaz, efectivo e inmediato, de auxiliar, a tiempo, a quien lo defiende? Sí lo hallará, —o yo se lo hallaré. Esto es muerte o vida, y no cabe errar. El modo discreto es lo único que se ha de ver. Ya yo lo habría hallado y propuesto. Pero he de tener más autoridad en mí, o de saber quien la tiene, antes de obrar o aconsejar.

Acabo de llegar. Puede aún tardar dos meses, si ha de ser real y estable, la constitución de nuestro gobierno, útil y sencillo. Nuestra alma es una, y la sé, y la voluntad del país; pº estas cosas son siempre obra de la relación, momento y acomodos. Con la representación que tengo, no quiero hacer nada que parezca extensión caprichosa de ella. Llegué, con el General Máximo Gómez y cuatro más, en un bote, en que llevé el remo de proa bajo el temporal, a una pedrera desconocida de nuestras playas; cargué, catorce días, a pie por espinas y alturas, mi morral y mi rifle, —alzamos gente a nuestro paso; siento en la benevolencia de las almas la raíz de este cariño mío a la pena del hombre y a la justicia de remediarla; los campos son nuestros sin disputa, a tal punto que en un mes sólo he podido oír un fuego; y a las puertas de las ciudades, o ganamos una victoria, o pasamos revista, ante entusiasmo parecido al fuego religioso, a tres mil armas; seguimos camino, al centro de la Isla, a deponer yo, ante la revolución que he hecho alzar, la autoridad que la emigración me dio, y se acató adentro, y debe renovar, conforme a su estado nuevo, una asamblea de delegados del pueblo cubano visible, de los revolucionarios en armas.

La revolución desea plena libertad en el ejército, sin las trabas q. antes le opuso una Cámara sin sanción real, o la suspicacia de una juventud celosa de su republicanismo, o los celos, y temores de excesiva prominencia futura, de un caudillo puntilloso o previsor; pero quiere la revolución a la vez sucinta y respetable representación republicana, —la misma alma de humanidad y decoro, llena del anhelo de la dignidad individual, en la representación de la república, que la que empuja y mantiene en la guerra a los revolucionarios. Por mí, entiendo que no se puede guiar a un pueblo contra el alma que lo mueve, o sin ella, y sé cómo se encienden los corazones, y cómo se aprovecha para el revuelo incesante y la acometida el estado fogoso y satisfecho de los corazones. Pero en cuanto a formas, caben muchas ideas: y las cosas de hombres, hombres con quienes las hacen. Me conoce. En mí, sólo defenderé lo que tenga yo por garantía o servicio de la revolución. Sé desaparecer. Pero no desaparecería mi pensamiento, ni me agriaría mi oscuridad. —Y en cuanto tengamos forma, obraremos, cúmplame esto a mí, o a otros.

Y ahora, puesto delante lo de interés público, le hablaré de mí, ya que sólo la emoción de este deber pudo alzar de la muerte apetecida al hombre que, ahora que Nájera no vive donde se le vea, mejor lo conoce, y acaricia como un tesoro en su corazón la amistad con que Vd. lo enorgullece. Ya sé sus regaños, callados, después de mi viaje. ¡Y tanto q. le dimos, de toda nuestra alma, y callado él! ¡Qué engaño es este y qué alma tan encallecida la suya, que el tributo y la honra de nuestro afecto no ha podido hacerle escribir una carta más sobre el papel de carta y de periódico que llena al día¡[…]
Hay efectos de tan delicada honestidad…

(Tomada de: Martí, José: Obras completas, tomo 20, pp. 161-164)

 

 

 

JOSÉ MARTÍ EN ESPAÑA, 1871-75 Y 1879
José Luis Prieto Benavent

1868 fue una fecha clave para la historia de Cuba y para la historia de España. La Gloriosa de septiembre (“Viva España con honra”) y el grito de Yara (“Viva Cuba Libre”) -octubre- no sólo significaron la destrucción del régimen isabelino, sino el comienzo de una etapa de graves perturbaciones políticas que culminaron con la transformación definitiva de ambas sociedades. El esquema insurreccional de la Gloriosa fue el mismo que se había dado en España a lo largo del siglo XIX, las Juntas revolucionarias provinciales se hacían con el poder, se reunían en una Junta Superior (octubre) y posteriormente resignaban el poder en manos del primer gobierno provisional presidido por el general Serrano, encargado de convocar elecciones constituyentes. Todas las juntas lo hicieron (también la de Puerto Rico) a excepción de Cuba. Allí la radicalización de la lucha había abierto otro proceso: la independencia de la República de Cuba. En palabras de Martí: “El abismo entre España y Cuba comenzó a llenarse de cadáveres”.

Pocos días después de la quema de Bayamo por los mambises (12 de enero de 1869), en el Teatro Villanueva de La Habana se escucharon gritos dando vivas a la independencia. Escuadras de los Voluntarios irrumpieron en el teatro pegando tiros y posteriormente se produjeron numerosas detenciones de cubanos supuestamente comprometidos con la insurrección. La respuesta a esta oleada de represión fue el asesinato de Arango. Entre los detenidos de La Habana se encontraba Rafael María de Mendive, profesor de lengua y literatura y director de la Escuela Superior de Varones. Su esposa y un grupo de alumnos de apenas 17 años, iban a visitarlo a la prisión. Formaban parte de ese grupo de estudiantes de bachillerato: Fermín Valdés y José Martí, que tenía una deuda especial con el profesor encarcelado: al quedar cesante su padre, Mendive se había comprometido a costear sus estudios.

Los Voluntarios establecieron una vigilancia severa sobre ese grupo de jovencitos “laborantes” que no perdían oportunidad de burlarse de ellos. Durante un registro domiciliario encontraron una carta en la que reprochaban a un compañero del instituto el alistarse en el ejército español para luchar contra su verdadera patria: Cuba. Fueron varios los estudiantes detenidos y enviados a la cárcel el 21 de octubre. La mayoría fueron puestos rápidamente en libertad por la intercesión de sus padres, Fermín Valdés fue condenado a 6 meses y José Martí a 6 años. ¿Por qué esa diferencia? ¿Por qué una pena tan severa para un delito tan mínimo? (la sentencia hablaba de infidencia: violación de la confianza y la fe debida). Es fácil adivinar que Martí debió mostrarse soberbio ante los jueces, y que lejos de pedir clemencia o mostrar el más mínimo afán de contemporización, se mostró orgulloso de su gesto y aun reclamó para sí toda la responsabilidad del acto.

En Abril de 1870 ingresó José Martí en el presidio, Brigada Primera de Blancos, le raparon los cabellos y le pusieron un grillete en la pierna derecha. En la descripción física que consta en su historial penal se indicaba que era aún lampiño de barba. Lo destinaron a trabajos forzosos en una cantera. Gobernador Superior Civil y su padre hace gestiones ante el Capitán General. ¿Cómo es posible que tarden cinco meses en movilizarse para lograr el indulto de su hijo? ¿Ha sido la propia inflexibilidad del joven Martí la que les ha impedido hacerlo antes?
Los padres consiguen que, en lugar de la terrible cantera, se le destine a la cigarrería del presidio y finalmente en septiembre lograron el indulto y la conmutación de la pena por la deportación a la Isla de Pinos donde Martí vivió en la finca de un amigo de su padre.
En Diciembre, nuevas gestiones de Doña Leonor ante el Capitán General consiguieron que José Martí fuera trasladado a la Península para poder terminar sus estudios de bachillerato. El pasaporte se firmó el 31 de Diciembre y el 15 de enero partió en el vapor Guipúzcoa, hacia España, momento en el que escribe a su maestro Mendive: “Mucho he sufrido, pero tengo la convicción de que he sabido sufrir”. Martí se encontraba ya plenamente imbuido de la idea de representar un honroso y romántico papel, era un perseguido, un desterrado y este papel, con resonancias clásicas de héroe cívico, indómito, le elevaba en su propia opinión, le colocaba en un pedestal que le encumbraba sobre los demás. Toda su estancia en la Península iba a ser un reproche continuo a España por sus crueldades contra Cuba.

La España en la que desembarcó José Martí el 1 de Febrero de 1871, estaba en plena efervescencia revolucionaria y democrática. Las juntas revolucionarias habían logrado derribar el régimen isabelino, la vieja clase política había sido barrida, todos estaban de acuerdo en los nuevos ideales que representaba Prim: sufragio universal, libertad de imprenta, libertad de cultos, libertad de industria y de comercio, contribución única, moneda única, abolición de las quintas, de los derechos de puertas, del fuero eclesiástico, incluso empezaba a hablarse de abolición de la esclavitud, sólo un tema quedaba por dirimir, la forma del nuevo estado: monarquía parlamentaria o república.

En ese clima de libertades que era cada vez más extenso e intenso, se celebraron las elecciones a Cortes Constituyentes por sufragio universal directo (enero de 1869). Ganó el bloque monárquico-democrático (236 escaños) seguidos de los republicanos (85 escaños) y los carlistas (25 escaños). El 6 de junio se proclamaba solemnemente la nueva Constitución que exponía una tabla de derechos sin precedentes en el constitucionalismo español, todos los derechos y libertades individuales quedaban garantizados por los poderes públicos. Era la constitución más liberal y democrática de cuantas se habían promulgado en España, reconocía la soberanía nacional, la división de poderes, la descentralización administrativa y la reforma colonial. Por primera vez desde 1837, los diputados de Cuba y Puerto Rico tomaron asiento en las Cortes. Los demócratas del sexenio habían ido mucho más lejos que los progresistas del bienio. Tras muchas negociaciones fue elegido nuevo rey constitucional Amadeo I de Saboya, que llegaba por las mismas fechas que Martí, para ser proclamado Rey de España en Madrid el 2 de enero de 1871.

A esta España democrática llegaba José Martí enfermo por las llagas producidas por los grilletes. Su primera providencia fue ponerse en contacto con su antiguo compañero del colegio de primaria “Anacleto” de la Habana, Carlos Sauvalle, deportado cubano que le presta socorro y le integró en los círculos de exiliados. Residió en una casa de huéspedes en la calle Desengaño nº10 y en mayo solicitó matrícula como alumno libre en la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Madrid. Se inscribió también en el Ateneo de Madrid, donde por una mínima cuota tenía acceso a la magnífica biblioteca y sala de estudio. Allí comenzó a escribir sus vibrantes textos Castillo y El Presidio Político en Cuba.

El joven Martí era, ante todo, un hombre agraviado por el anterior gobierno y que cada vez más iba sintiéndose poseído por el código moral revolucionario y en ese código, el más alto honor es el mantener la fidelidad con la causa. Ese era su deber, el mantener, a costa de todo tipo de sacrificios, la llama mediante la palabra y la denuncia para encender el fuego de la acción. Algunos exiliados tratan de buscarse la vida, otros determinan proseguir la lucha, hacer del exilio un foco revolucionario, aprovechar la libertad para preparar la acción.
Con apenas 19 años Martí era ya un magnífico escritor. Sus primeros artículos empiezan a publicarse y a elogiarse en La Soberanía Nacional de Cádiz y La Cuestión Cubana de Sevilla, El Jurado Federal de Madrid y La Republica de Nueva York. La prosa de Martí cautivaba, es una prosa combativa y polémica, con tintes bíblicos, homéricos y dantescos, una prosa, que como su autor, podemos calificar de titánica. Una prosa que apelaba al corazón de los lectores con las astucias de un poeta.

Analicemos brevemente El Presidio político de Cuba un texto que el propio Martí calificó de “dolor infinito” porque lo que narra es su propia experiencia en el presidio y los trabajos forzosos en las canteras. A la España orgullosa de haber recuperado su honra con la Gloriosa, Martí le echa en cara las torturas que ha infligido a los independentistas cubanos. “España no puede ser libre mientras tenga en la frente manchas de sangre”. La nueva España democrática está dispuesta a conceder todos los derechos y todas las libertades a los Cubanos, pero no aceptaba que se pusiera en duda la integridad nacional. Para los españoles, los independentistas no eran más que meros peones de los Estados Unidos. Esa visión -protesta Martí-, es fruto de la ignorancia de lo que realmente sucede en Cuba.

Martí pinta con trazos tenebrosos los espantos cometidos por España en Cuba. Sancionando y justificando esos crímenes España vuelve a perder su honra. Lo que cuenta en el artículo es su propia historia: la detención el 5 de abril, abofeteado ante la puerta de su casa, la cárcel y sus humillaciones, la cantera y sus torturas. Pero Martí reconoce que esa experiencia fue el origen de su conciencia: “Nunca como entonces supe cuanto el alma es libre en las horas de esclavitud. Nunca entonces supe que gozaba en sufrir. Sufrir es más que gozar, es verdaderamente vivir”. Este párrafo es particularmente revelador de lo que podríamos llamar el modelo psicológico del heroísmo romántico: la personalidad únicamente se adquiere mediante el esfuerzo, arrojándonos sobre algún obstáculo enorme para sentirnos enteros. El héroe romántico se siente vivo sólo en los momentos de resistencia u opresión. El titanismo es el resultado de todo esto. En palabras del propio Martí: “Mi espíritu se sentía enérgico y potente”. El titán se alza sobre el pedestal: (…)alma joven de un presidiario cubano, más alto cuando se eleva sobre sus grillos, más erguido cuando se sostiene sobre la pureza de su conciencia y la rectitud indomable de sus principios, que todos aquellos míseros que a la par que las espaldas del cautivo despedazan el honor y la dignidad de la nación.”

España no puede ser libre ni digna si no lava esa sangre: “Si España no rompe el hierro que lastima sus rugosos pies, España estará para mi ignominiosamente borrada del libro de la vida (…) El león español se ha dormido con una garra sobre Cuba y Cuba se ha convertido en tábano y pica sus fauces, y pica su nariz, y se posa en su cabeza, y el león en vano la sacude y ruge en vano.

¿España quiere regenerarse? No puede porque Cuba está ahí.
¿España quiere ser libre? No puede porque Cuba está ahí.
¿España quiere regocijarse? No puede, porque Cuba esta ahí.”
El éxito del artículo fue inmediato, en épocas de revolución y de cambio político nada vende más que las denuncias de la corrupción y la maldad del régimen derrocado. Los españoles y los exiliados cubanos que lo leían no podían sino llorar. Eso fue lo que le pasó a doña Barbarita, criolla viuda de un general a la que Carlos Sauvalle presentó a José Martí. Doña Barbarita lloraba escuchando los relatos y lloraba pensando el desamparo en que vivía en la triste pensión de la calle Desengaño el simpático y desdichado estudiante desterrado. Le ofreció que se quedara en su casa para enseñar gramática y aritmética a sus hijos y lo presentó en otros hogares españoles para que lo recibieran como preceptor privado.

El segundo escrito más importante de Martí durante su primer exilio español fue La República española ante la revolución cubana (15 febrero 1873). La llegada de la Republica en febrero de 1873 fue la salida lógica del proceso político iniciado durante la Gloriosa. Hubo más continuismo que ruptura, más reformismo que radicalización revolucionaria. La Republica llegó a España, no por una demanda mayoritaria del pueblo, sino porque todas las formas y coaliciones políticas posibles habían fracasado una tras otra. Los nuevos dirigentes aportaron una fervorosa fe en la democracia y una sobredosis de ideas utópicas en las que coincidían los sectores más radicales del progresismo y de la naciente izquierda española.

Apenas nacida la Republica Española (13 febrero 1873), Martí se apresuró a recordar la existencia de la República de Cuba proclamada en Guáimaro el 4 de noviembre de 1868. Los argumentos son los mismos que los expresados en El presidio político, pero ahora más radicalizados: “La gloria y el triunfo de la Republica española no son nada si se continúa la infamia y la injusticia con la Republica de Cuba. La tiranía de un régimen libre es mucho más repugnante que la falta de libertad bajo un régimen tiránico”.

Los republicanos españoles no se planteaban la independencia, Castelar en el Congreso había gritado “Viva Cuba española”; -“Si ella quiere”- contestó Cristino Martos. Los republicanos estaban dispuestos a dar los derechos políticos hasta entonces negados. En el proyecto de constitución federal de 1873, Cuba y Puerto Rico aparecen como un estado. Pero para Martí ya era tarde: la guerra duraba cuatro años, esa era la muestra irrevocable de la voluntad de independencia del pueblo cubano. Su plebiscito era su martirologio. “La sima que dividía a España y Cuba se ha llenado, por voluntad de España, de cadáveres”. España ya no tiene derecho ni autoridad moral para negarle a Cuba su independencia.

Martí envió un ejemplar de este escrito a la Junta Central Revolucionaria de Nueva York con una carta expresando su disposición a cumplir indicaciones para realizar lo que más convenga a la completa independencia de Cuba. Es su paso definitivo a transformarse en un revolucionario profesional, su ingreso en la organización que gestiona la causa a la que va a dedicar su vida entera. La figura del revolucionario profesional era en el siglo XIX una novedad. Lo habían sido Mazzini, Garibaldi, Herzen, Blanqui. Entendámonos, ni la revolución española ni la cubana habían sido iniciadas ni desencadenadas por revolucionarios profesionales -aunque también los hubo-, sino por hacendados, agiotistas, militares, intelectuales, políticos, agraviados. La idea de Revolución (desde las de 1789, 1830 y la de 1848) se había convertido en el símbolo de una voluntad fundadora capaz de realizar imposibles si estaba guiada por principios universales, era un referente permanente porque siempre era una revolución rota, traicionada, pendiente. En España los momentos revolucionarios habían terminado en rotundos fracasos: así pasó durante el trienio liberal, durante la dictadura de Espartero, durante el bienio progresista. Las promesas revolucionarias (libertad, justicia, dignidad) no se cumplían porque la revolución siempre estaba pendiente, siempre interrumpida, siempre traicionada. Había que llevarla hasta el final.

Además, estaba la imagen de los mártires, la sangre de aquellos que habían dado su vida y juventud por ella, los que la muerte sublimaba, divinizaba. Martí había escrito en un poema dedicado a los estudiantes fusilados en La Habana y publicado en noviembre de 1872: “Cadáveres amados los que un día fuisteis de la patria mía, arrojad, arrojad sobre mi frente, polvo de vuestros huesos carcomidos”. La Revolución era una promesa, un mito, una memoria, una utopía es decir: una religión.

Saint Just definió al revolucionario como un hombre sensible y heroico: “Un hombre revolucionario es inflexible. Pero es sensato y es frugal; es sencillo sin hacer ostentación del lujo de la propia modestia, es el enemigo irreconciliable de toda mentira, de toda indulgencia, de toda afectación.² Basta mirar los retratos de Martí para descubrir todos estos rasgos ya en épocas muy tempranas: la inflexibilidad, el agravio ceñudo, la mirada dura y acerada sin complacencia alguna.

La revolución llena completamente la vida del revolucionario profesional. Los autores que han estudiado la vida íntima y secreta de José Martí y el testimonio de su íntimo amigo Fermín Valdés, que en Junio de 1872 se reunió con Martí en el exilio español, tras ser indultado de la pena de muerte en La Habana, apuntan a que Martí mantuvo en Madrid, relaciones amorosas con dos mujeres a la vez. Conservamos las cartas firmadas por una misteriosa M (La madrileña) en las que podemos leer Pepe querido. Inolvidable Pepe mío. Déjame que te llame mío, por favor. En vano tu empeño y tu silencio, en vano todo lo que intentas para arrancarme de ti.(….) no has querido contestar ninguna de mis cartas,.., ¿Por qué ingrato, me has olvidado tan pronto? (…) te ruego que no empapes tus tempranos laureles con lágrimas de mujer. Haz que no se empañe tu gloria con el reflejo de tu ingratitud. Adiós. Por favor, aunque no me escribas, mándame los periódicos que se ocupan de ti. Soy Tuya. M.

Si aceptamos que la misteriosa M era Doña Barbarita, hemos de pensar en una mujer madura con hijos, sin duda fascinada por su joven protegido que trataba de distanciarse de ella. La realidad es que Martí mantenía relaciones con otra mujer, una jovencita de Zaragoza llamada Blanca de Montalvo. En mayo Martí solicitó su traslado a la Universidad de Zaragoza y admisión de examen en las asignaturas que no había aprobado en Madrid. De Blanca de Montalvo se han conservado también varias cartas. Son la voz de una novia enamorada, que poco a poco va perdiendo sus esperanzas hasta verse totalmente abandonada y olvidada.

Zaragoza(Diciembre 1874). El día 25 recibí tus dos cariñosas y tristes cartas, pero, a pesar de lo tristes que son, y lo que lloro cuando las recibo, me parece que me dan vida y que respiro cuando veo carta tuya. Mira tú si me vigilan que no las pude leer hasta las cinco de la tarde…

Zaragoza.( Enero 1875). Pepe, más de dos meses que no recibo carta tuya. Esto sin poderlo remediar me hace dudar de aquel cariño que decías me tenías y que yo creí. Pero ahora veo que con la ausencia se ha ido apagando. Nunca creí que fuera digna del olvido la inocencia, yo te quería más que a mi vida y este cariño ha merecido el olvido. Nunca lo hubiera creído de ti…

Zaragoza (Marzo 1876). Pepe estoy pasando por ello y me parece mentira. Me ofreciste escribirme y no lo has hecho ni siquiera una vez. Lo veo y no lo creo…

El propio Fermín Valdés, su más íntimo amigo, en su Ofrenda de hermano consideró a Martí un hombre vulgar por mantener relaciones amorosas con dos mujeres al mismo tiempo, sin ellas tener conocimiento una de la otra. Incluso llegó a dedicarles un mismo poema a las dos que, para más INRI, llevaba como título Sin amores.

No era frialdad ni vulgaridad, el único amor con el que se comprometió Martí era la causa revolucionaria. Lo que no le ofrecía resistencia, lo que no constituía un obstáculo con el que medirse y con el que engrandecerse espiritualmente, no le interesaba como compromiso. Para Martí el hombre que se quiere humano tiene que echar su suerte con los oprimidos, con las causas universales. Se sentía tan celoso de su patria y de la libertad de su patria que no prestaba más que en correr al combate, en denunciar a los culpables, en instruir al pueblo. Sólo mediante la revolución se afirmaba a sí mismo.

Por las cartas de sus amantes es posible deducir que Martí gozaba de éxitos literarios en la prensa y que estaba realmente labrándose en España una carrera de literato. En Diciembre de 1873 versos suyos acompañaron las dos coronas de plata con que el Teatro principal de Zaragoza obsequió al actor y director Leopoldo Burón, para el que estaba escribiendo además un nuevo drama: La Adúltera. Es posible imaginar el entusiasmo con que Blanca aplaudiría la lectura de poemas de José Martí en el Teatro de su ciudad y la amargura y la desesperación con que vio como su novio se desentendía de ella.

Pero la situación política en España está a punto de cambiar. La República Española, lejos de cumplir las expectativas con que fue proclamada, había conducido al país a una situación de crisis, inestabilidad y desgobierno sin precedentes. Las guerras se superponían, a la de Cuba había que añadir el alzamiento carlista en el norte y los alzamientos cantonalistas en Andalucía y Levante, las huelgas generales y los enfrentamientos entre las propias familias de republicanos. El sueño revolucionario se estaba convirtiendo en la pesadilla de una guerra civil múltiple. Finalmente, en enero un golpe de estado ponía fin a la situación. La Republica murió sin que se derramaran lágrimas por ella. En palabras de Benito Pérez Galdós, en las calles no había el menor signo de inquietud ni emoción, y todo el mundo se dedicaba a sus ocupaciones habituales. La República murió sin dignidad por parte de los ofendidos y sin arrogancia ni rencor por parte de sus liquidadores. El gobierno provisional, nuevamente bajo la dirección del general Serrano, decretó la supresión de la Internacional y liquidó con éxito las guerras internas. La Guerra de Cuba sin embargo subsistió, se recrudeció y además tomó una dimensión internacional con la presencia de los Estados Unidos (episodio del Virginius). Estos años de retraimiento español fueron los de máxima expansión de los independentistas capitaneados por Máximo Gómez.

La libertad de acción y de expresión, las simpatías que gozaban los exiliados cubanos durante la República comenzaban a limitarse. Ya no se les dejaba en libertad, sino que se les detenía y vigilaba, como le ocurrió a Lorenzo Jiménez, apresado cuando realizaba su enésima expedición a la Isla y con el que Martí se entrevistó en la cárcel. Martí comenzó a pensar en abandonar España, pero antes debía terminar sus estudios.

Trasladó la matrícula de la facultad de Derecho a la de Filosofía y Letras, examinándose brillantemente de algunas asignaturas. No consta el depósito de su título de licenciado ni en la Universidad de Zaragoza ni en la de Madrid. Posiblemente tuviera problemas con su título de Bachiller en Artes porque se sabe de gestiones de su padre en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana para que se lo expidieran. Tal vez problemas de titulación, tal vez problemas de falta de dinero para realizar el pago del depósito del título, o tal vez el hecho de que un joven dedicado profesionalmente a la revolución y labrándose una reputación literaria no debía asistir mucho a las aulas universitarias, el resultado fue que el objetivo con que Doña Leonor había conseguido enviar a su hijo a España, terminar sus estudios, no se cumplió tampoco.
Conservamos algunas cartas de Doña Leonor Pérez que si bien son de fecha posterior a la estancia en España, dan cuenta de cuales eran sus relaciones con su hijo y las ideas que tenía sobre él.

(1881)…habrás conocido que en todas partes los hombres son iguales, hay buenos y malos y que con todas formas de gobierno hay descontentos, y te acordarás de lo que desde niño te estoy diciendo, que todo el que se mete a redentor sale crucificado, y que los peores enemigos son los de la misma raza, y te lo vuelvo a decir, mientras tu no puedas alejarte de todo lo que sea política y periodismo, no tendrás un día de tranquilidad, y yo no viviré tal vez lo suficiente para tener el gusto de verte tranquilo vivir sólo del trabajo de tus asuntos nada más, pues por mucha fortaleza que tengas ha de quebrantar tu salud la vida tan agitada que llevas hace tanto tiempo.

(1882)(…) Porque si tanto te he dicho siempre que debías moderar tus ideas, por amor de los tuyos, y porque así lo creía yo y debía esperarlo, por nuestra triste situación y por las muchas penas que tan pronto empezamos a sufrir, esta protección y amparo que de ti esperaba era porque consideraba que la necesitaban tus hermanas, porque ni la situación de tu padre ni su carácter podían dársela, pero ya mi ambición se acabó. (…)

(1882) (…)Y me haré cargo que he tenido una ilusión que se ha desvanecido dejando mi alma lastimada y eres dueño de seguir el camino a tu gusto que es el que siempre has seguido sin que mis congojas y súplicas hayan logrado nada, sigue tu camino, cumple con tus compromisos supuesto que son primero que nosotros, bien seguro que no te he de molestar más con mis reflexiones. (…)

(1881)(…)Me alegra que tengas bastante trabajo, pues es el pan de los pobres, pero me entristece que todo tu afán de vida sea para echarlo al mar. ¿Hasta cuando parará esa rueda? (…)

Esta era la visión de la madre, una visión defraudada. Martí estaba arando el mar, esforzándose en compromisos que nada iban a reportarle personalmente. Metido a redentor y buscando más tarde o más temprano el ser crucificado. Anteponiendo “la causa” a cualquier otro deber humano o familiar. Era un extraño, un hombre que no soportaba el mundo existente ya que su espíritu era más amplio y profundo que lo que el mundo podía contener, ya que poseía ideales que le obligan a estar en movimiento perpetuo y ferviente hacia delante, sin mirar a nada ni a nadie.

Ese era el Martí que se había forjado con su experiencia del exilio español que abandonó finalmente en diciembre, camino de París, para iniciar un largo periplo que le conduciría a Inglaterra, Nueva York y finalmente México donde le espera su familia. El joven Martí partía el mismo día que el no menos joven príncipe Don Alfonso de Borbón publicaba el Manifiesto de Sandhurst explicando los puntos básicos de lo que iba a ser la nueva etapa de la historia de España: “Sólo el restablecimiento de la monarquía constitucional puede poner término a la opresión, a la incertidumbre y a las crueles perturbaciones que experimenta España”.
Martí publicó la traducción de Mes Fils de Victor Hugo lo que da cuenta de la mentalidad romántica que le poseía. La idea de exaltación de la voluntad a través de la acción y la idea de ausencia de una estructura del mundo a la que los seres humanos deban de ajustarse, están en la base de esa mentalidad. Sus éxitos literarios se acentuaron en Centroamérica, publicó poesías, artículos políticos y dio conferencias, pero su actividad más importante siguió siendo la polémica en defensa de los independentistas cubanos y el apoyo a las tentativas expedicionarias que organizaba Manuel de Quesada desde Méjico. Tuvo tiempo de enamorar a Rosario de La Peña, comenzar relaciones con Eloísa Agüero y comprometerse en matrimonio con Carmen Zayas-Bazán.

En 1877 se estableció en Guatemala. Enseñó en la Escuela Normal que dirigía el bayamés exilado José María Izaguirre. De su abundante producción literaria de esa época dos trabajos merecen especial mención: Guatemala y La riqueza de Guatemala. En ellos aparecen ya claramente definidas las líneas fundamentales de su pensamiento americanista. Para Martí la conquista de América fue posible básicamente por la desunión reinante entre los nativos a la llegada de los españoles quienes, con gran sentido práctico, supieron aprovecharla para sus intereses. En conclusión, los pueblos americanos sólo podrán salvarse mediante la unión. “El alma de Bolívar nos alienta; el pensamiento americano me transporta. Me irrita que no se ande pronto. Temo que no se quiera llegar”. El futuro de la revolución americana está en la raza indígena. “La mejor revolución será aquella que se haga con el ánimo terco y tradicionalista de los indios”.

En Guatemala mantiene relaciones con Maria García (La niña de Guatemala), relaciones que terminan de nuevo con la joven defraudada.

Guatemala, (enero de 1878). Hace seis días que llegaste a Guatemala, y no has venido a verme. ¿Por qué eludes tu visita? Yo no tengo resentimiento contigo, porque tú siempre me hablaste con sinceridad respecto a tu situación moral de compromiso de matrimonio con la señorita Zayas Bazán. Te suplico que vengas pronto. Tu niña.

Entre tanto la lucha en Cuba llegaba a su fin con la Paz del Zanjón, que entre otras cosas establecía una amnistía para los exilados. Martí regresó a La Habana a mediados de 1878. Hizo notar su presencia rápidamente. Trató de vivir como en Méjico y Guatemala, como profesor, pero no lo consiguió. Se conservan solicitudes de Martí al Gobernador General pidiendo plazos para presentar las certificaciones. Lo mismo le sucedió con la autorización para ejercer la profesión de abogado, afirmaba haber solicitado el título a la Península y estar a la espera de recibirlo. Las solicitudes eran rechazadas siempre por falta de habilitación académica.

Una consecuencia directa de la Paz del Zanjón fue la creación del Partido Autonomista Cubano en el que se integraron antiguos reformistas, liberales y nuevas generaciones de cubanos que desconfiaban de las estrategias radicales y que vislumbraban un horizonte de independencia logrado por métodos pacíficos. En palabras de Antonio Govin, su fundador: “El Autonomismo significa en primer lugar el sentimiento de patria cubana, y en segundo lugar el amor a la libertad. Es un partido evolucionista, un partido de orden y no revolucionario, que fía el éxito en la acción de la propaganda legal y en la eficiencia de los procedimientos pacíficos, esperando del tiempo, no de la fuerza la conquista de la opinión y la victoria de los comicios”.

La Guerra Larga había puesto en primera línea a militares y de ellos sólo se podía esperar violencia, opresión e inestabilidad, ahora llegaba el turno de la política pacífica y del respeto a la ley. El Partido Autonomista ofreció a Martí una Alcaldía mayor interina, pero nuestro revolucionario la rechazó. También le ofrecieron presentar su candidatura para diputado en las elecciones generales del 20 de abril de 1879, elecciones en las que el Partido Autonomista ganó en Oriente y Camagüey, mientras que la Unión Constitucional (los antiguos Voluntarios) lo hicieron en Occidente y La Habana. Martí rechazó presentarse a las elecciones, sin duda no creía en la política ni quería pasar por unas elecciones, sólo confiaba en la acción insurreccional violenta y revolucionaria, no quería ser un diputado sino un libertador.

Por esas mismas fechas pronunció un discurso en el Liceo de Guanabacoa en presencia del capitán general Blanco, un hombre que se esforzaba por explicarle al gobierno español que había que ir preparándose prudentemente para abandonar la Isla y no tratar de impedir la independencia. Tal fue su audacia que el Capitán general acabó exclamando: “No quiero recordar lo que he escuchado, prefiero pensar que Martí es un loco…, pero un loco peligroso”.

Martí tuvo su primer hijo (José Francisco) en noviembre de 1878, tenía fama como literato y prestigio, fueron muchos los intentos por integrarlo pacíficamente en la nueva etapa política, todo fue en vano, nada podía competir con el sentimiento sublime de la revolución. Aprovechando el clima de libertad que vivía Cuba en aquellos momentos organizó, en compañía de Juan Gualberto Gómez, las reuniones del Club Central Revolucionario Cubano del que fue nombrado vicepresidente (en el acta de aceptación firmó como Anáhuac) lo que le transformaba en subdelegado del Comité Revolucionario de Nueva York. El grupo de conspiradores fue denunciado y detenido en septiembre de 1879. Nuevamente se reproducen los acontecimientos de su primera detención. Cuando los jueces le conminan a hacer una declaración que les permita ponerlo en libertad (Martí tenía un hijo recién nacido y era un hombre con prestigio notorio) exclamó: “Yo no soy de la raza de los vendibles”. Por gestiones de su familia y de Don Nicolás Azcárate se le suspendió la incomunicación y salió deportado nuevamente para España.

Pero esta vez la España a la que llegaba Martí era bien distinta. Tras la resaca del sexenio revolucionario, la Restauración comenzaba a garantizar un clima de estabilidad y prosperidad deseado por los españoles. Ya no apetecían de más sueños ni experimentos políticos. Martí ya no tenía nada que hacer en España y no iba a ser escuchado. Así lo entendió. Llegó en octubre y en diciembre partió para Francia y camino de Nueva York a reunirse con Máximo Gómez y con Antonio Maceo. Para preparar sin más dilación (“Me irrita que no se ande pronto”), esta vez con Calixto García, las siguientes insurrecciones.

En el exilio norteamericano Martí acabó viendo el peligro de poner la revolución en manos de la mentalidad militarista. El contacto con las capas más humildes de la emigración cubana en Estados Unidos le convenció de la necesidad de preservar los ideales democráticos. También descubrió un nuevo enemigo, “El águila temible”, el imperialismo de Washington, y un nuevo ideal, la fórmula del amor triunfante: “con todos y para el bien de todos”, pero esto es ya otra historia.

http://www.josemarti.info/articulos/marti_espana.html

José Luis Prieto Benavent
Historiador español. Especialista en Historia de España del siglo XIX. Ha publicado muy variados estudios, tanto sobre la historia de España como de la de Cuba.

 

 

 

 

 

Lágrimas negras. José Martí y el presente
Por Emilio Ichikawa Morín

A la madre de mi amiga Wendy Guerra,
que se acaba de ir en una estrella habanera.

1. El presente
Agradecemos al Miami Dade College, en particular al profesor y artista Alfredo Triff, la realidad de un encuentro martiano en esta noche de abril. Abril que es el mes más cruel en nuestra tierra baldía (“April is the cruelest month, breeding” The Waste Land. T.S. Elliot-1922), estación de engendros y pariciones. La noche, segunda patria de José Martí; jardín donde le sedujeron dos versiones de lágrimas negras, tan negras como su vida:
1-Las lágrimas penosas del destierro.
2-Las lágrimas amables de una mujer cuando desvisten su transparencia al atravesar una frontera de rímel.
La adopción de la noche como patria fue certificada para mí no solo por las palabras escritas de José Martí: también por la voz del dramaturgo Abilio Estévez.
Hubo un instante en aquellos abriles habaneros, que no puedo precisar, en que tomé la decisión de no dormir jamás. El artista alucinado, el hijo de Ramona (la amiga de Nila), me leía este fragmento de su pieza La noche (La Habana, 1993), esquirla de un misterio herético en treinta episodios y tres finales posibles:

“Voy a matarte. ¿Matarlo? ¿Podré acercarme sin que mis manos tiemblen? ¿Mirarlo sin sentir terror? ¡No! Bueno o malo es lo único que tengo. Demasiados años viviendo a su sombra para acabar de pronto con la sombra y que la luz me devore. Si lo matara, mataría mi historia, lo que soy. Perdónenme ustedes, los que tienen fe en mi odio. No voy a acabar con la creencia de toda una vida.”

Martí es la sombra que nos permitió crecer un día, es el fresco, el punto de convergencia de todos nuestros rayos y cada uno de nuestros truenos; es el símbolo, el mito: el decimotercer apóstol según decreto de Gonzalo de Quesada y otros que testificaron acerca de sus milagros. Es paz. Y también guerra. ¿Será por todo esto el límite que nos contiene y que, por bien de nuestra libertad, debe ser roto?

2. El mito
El día 10 de octubre de 1889, durante un discurso pronunciado en el Hardman Hall de New York, el patriota Gonzalo de Quesada le dice “apóstol” a José Martí. Es decir, la percepción sacra de su figura comienza en vida1. De alguna manera, es también parte de la mirada que Martí derramaba sobre sí mismo (se llamó Cristo más de una vez) y que será potenciada “durante” y “después” de su muerte.
Digo “durante” pues la propia muerte martiana, en los Dos Ríos de su textura destinal, también está cargada de simbolismo.
Según muchos testimonios de la época, la presencia de Martí era de mucha intensidad.
Intentar un retrato hablado de su imagen oracular es contraproducente: casi nos propone un cuadro teratológico. Lo vieron despedir fuego por la boca, soltar estrellas por la frente, echar luces por los ojos y temblar como un manojo de nervios.
Todo indica que Martí agradecía esa percepción de sus contemporáneos; hasta el punto que cierto día, ante un generoso grupo que lo esperaba en Cayo Hueso, se atrevió a confirmar: “Yo traigo la estrella, y traigo la paloma”, fe que después intercalará en célebres discursos.

Era extraordinario en el trato, capaz de gestos y expresiones por encima del tono, por lo que se fue tejiendo una suerte de consenso acerca de la sacralidad de su naturaleza. Nos habla de esto, por ejemplo, una observación de Enrique Trujillo publicada en El Porvenir el 20 de enero de 1892, refiriéndose a un discurso pronunciado por Martí en Cayo Hueso unos días antes, el 3 de enero: “Su discurso fue escuchado con religiosa unción, interrumpido a veces con aplausos ardorosos. Su palabra fácil y como arrullo de tórtola enamorada… En la tribuna tiene algo de evangélico y su palabra mucho de la que los cristianos ponen en boca del mártir divino del Gólgota.” [2]

La vida de Martí está sujeta a las mismas fases del itinerario cristológico: peregrina ungido, su palabra tiene efectos sanatorios, realiza milagros. Ante la noticia de su muerte la primera reacción fue de rechazo, luego de resistencia e incredulidad; posturas que se conservan hasta hoy en el suspiro discipular que periódicamente pregunta: ¿qué hubiera hecho Martí ante tal situación?. La muerte martiana se distancia del atributo de la finitud cuando se acepta como fase de la resurrección eterna; de ahí que esa muerte haya llegado a constituirse en alba sacrificial de la nación cubana independiente, que advino en 1902, un 20 de mayo. Es decir, al otro día de su muerte física, ocurrida un 19 de mayo de 1895.

Cien años después, ante los intentos de revigorizar las merecidas veneraciones de Agramonte, Céspedes y otros patriotas cubanos, incluyendo a José Antonio Saco y Félix Varela, del cual se dijo la iglesia iniciaría el arduo camino hacia su canonización, Cintio Vitier, encargado de introducir una bibliografía martiana en la enseñanza cubana y su exegeta oficial, afirmó categóricamente: “Hace ya mucho tiempo que Cuba eligió a su apóstol”.
Martí también realizó una intensa faena intelectual respecto a su propia muerte, la que adelantó y, de algún modo, proyectó. No son pocas las personas que interpretan en términos de suicidio su muerte en Dos Ríos.
Llamó a la muerte “amada” y “amiga”, calificando así para hacerse con todos los atributos que asigna a los referidos rangos: fuerza natural y redentora, sinceridad, veracidad, autenticidad. La muerte es también una posibilidad en la utopía martiana.

En un trabajo titulado Mi óbolo a Cuba, publicado en New York en 1897, Rafael Abreu afirma que José Martí murió “oportunamente”.[3] ¿Cómo podemos interpretar esa “oportunidad” en el morir?. Se me ocurren al menos dos respuestas:
1-Que Martí murió de forma plena, con tiempo para haber realizado sus proyectos existenciales.
2-Que murió inmaculado, antes de que tuviera la oportunidad de opacar su imagen en el ejercicio de un poder burocrático y militar entre cubanos.
Es decir, que su muerte fue parte del ejercicio apostólico en una temporalidad dichosa. El mismo lo había previsto en un artículo de 1892 titulado Los Clubs: “Los muertos no son más que semillas, y morir bien es el único modo seguro de seguir viviendo.”

La noticia de la “muerte oportuna” de José Martí provocó reacciones inmediatas; como anotamos, una de las más apasionadas fue la de resistirse a aceptar su misma posibilidad. En algunos círculos de emigrados llegó a difundirse el rumor de la aparición rediviva del héroe caído. Pero ya un año después, en un discurso pronunciado en el Chickering Hall de New York, Manuel Sanguily daba muestras de resignación y acatamiento de la pérdida. A cambio, exigía que se reconociera su martirologio y con ello su inmortalidad histórica. [4]
José Martí había muerto para convertirse, entonces sí, en inmortal. En los discursos políticos y en la literatura se le empezaron a otorgar atributos que, como la ubicuidad, habían imaginado los teólogos medievales en Dios. Su queredor W. Gálvez dijo en Ibor City, Tampa: “¿Dónde está? ¡En todas partes! ¿Acaso es Dios? ¡Quién sabe!”. [5]

La vigilia y los advenimientos martianos serán recurrentes en la historia nacional. José Martí es el antídoto más socorrido para la soledad cubana y la ansiedad ante las coyunturas críticas; es la voz que auxilia y aconseja en las situaciones límites. “¡El Maestro está en pie y vela!”, dice Enrique Median Arango el 11 de agosto de 1896″. [6] Y en El Cafetal, Sancti Spíritus, un 11 de agosto de 1897, reza la voz de su amigo Fermín Valdés Domínguez: “¡Oh! Para nosotros no ha muerto el que en Dos Ríos buscó la muerte para enseñar a todos a ser puros y a ser grandes.” [7]
La reiterada nostalgia (o desamparo) contenida en la expresión “¡Si Él viniera!”, la inseguridad de esta inquisición contra fáctica: “¿qué hubiera hecho Martí?”, o el más resuelto pretexto: “¡cómo quería Martí!”, son ejes de la vida civil y política cubanas, y este hecho rebasa cualquier intento de deconstrución intelectual de los rituales: ya sea por la vía de la comedia, del ejercicio racional o incluso del sano sentido común. Esa constancia es la primera señal que debemos considerar en el replanteamiento del futuro cubano.

A lo largo de nuestra historia republicana José Martí fue, más que un tema, un estado de la cultura; una apelación constante para legitimar las obras, para dar soporte moral a los empeños. La historiografía tradicional ha postulado una tesis referida al “olvido de José Martí” en la República: es falsa. Ese olvido era una convicción, por ejemplo, de la Dra. Hortensia Pichardo, quien compiló una valiosa información sobre nuestra historia en los conocidos volúmenes titulados Documentos para la historia de Cuba. [8] Desde la misma inauguración republicana, el 20 de mayo de 1902, José Martí fue una constante en la imaginación política.

Lo mismo puede decirse de la la época inaugurada por la revolución castrista de 1959: Martí ha sido un pretexto de cuanto gesto ideológico se ha emprendido en ese tipo de sociedad que finalmente ha emergido tras las escaramuzas anti-batistianas. Como se comprenderá, no estoy discutiendo si ha sido peor o mejor utilizado, lo que refiero es que su uso constante desmiente la tesis del olvido. Aunque nos pese, el trajín con la martianidad rebasa todos nuestros hastíos y lo veremos repetirse en cualquiera de los futuros posibles. Propongo una actitud de “pietas” ante ese hecho: aunque parezca cuestionable, es lo más sólido que tenemos para aliviar ese vacío mitológico de nuestra cultura que hace vacilar en el aire, o escurrirse en arenas, a todas las fundaciones cubanas.
Tampoco fue casual que la República haya nacido un 20 de mayo. La propuesta de una Cuba resurrecta como sucesión de una Cuba insurrecta estuvo conscientemente planificada desde los centros “diseñadores” del poder. Y ese rejuego con el imaginario martiano se mantuvo con intensidad hasta nuestros días. La intencionalidad de la fecha escogida debe ser investigada como parte de la exhibición del montaje de nuestra ritualidad política, que no es tan ingenua como a veces creemos. Ese estudio debería formar parte de una historia de la publicidad en Cuba; capítulo indiscutible de la misma sería una indagación sobre el marketing político. Por lo pronto podemos considerar que un día antes de la fundación republicana, precisamente el 19 de mayo de 1902, el periódico La Discusión proponía: “La república que empieza mañana es la obra de Martí… asociemos el día que comienza la patria con la fecha de su muerte gloriosa.” [9]

Un dato curioso: si la fecha de asunción presidencial debía ser, por definición, el 20 de mayo, es decir, el día siguiente al de la muerte de José Martí, por qué el segundo presidente cubano, José Miguel Gómez, asume la presidencia en fecha distinta. Pues precisamente por una exigencia del “martianismo” de nuestra formalidad política.
Como todos sabemos, ante las revueltas provocadas por las irregularidades de las elecciones, el Pte. Tomás Estrada Palma solicitó, al amparo constitucional, una segunda intervención norteamericana en la isla. Una historia del “papelazo” político en Cuba tendría que recoger ese evento. Resulta que, efectivamente, los americanos intervinieron ante el reclamo de Estrada Palma, pero apoyaron a su contrario. El fraude y, lo que es peor, el capricho político en querer adjudicarse de todas maneras un triunfo en Las Villas, debió escandalizar a los propios norteamericanos.

De esta manera, al finalizar la intervención, el caudillo villareño José Miguel Gómez gana la presidencia. Pero no se podía esperar hasta el 20 de mayo para pasarle el poder pues el presidente norteamericano debía dejar las cosas listas para la sucesión. La amenaza de no poder completar el ritual martiano de la política conducía directamente a esta pregunta: ya que no podemos esperar hasta mayo, ¿cuál es la fecha martiana más cercana al comienzo del año que podemos evocar?.
El hallazgo no se hizo esperar: el 28 de enero de 1909, día del nacimiento de José Martí, el Vice-Presidente de la República Alfredo Zayas comenzaba así su discurso de investidura: “La República resurge un día memorable: el día en que vio la luz el Apóstol de nuestra redención José Martí…” [10]

3. The open road
Martí fue un escritor sin par, un gran poeta con metáforas tan crípticas que hacen una aventura riesgosa la visita de sus Versos libres. Cuando hizo política, la hizo también con poesía. Es por ello que sus discursos están plagados de metáforas vívidas en constante movimiento significativo; lo que hace una quimera el tratar de apoderarse de una supuesta clave última de su escritura.
Preguntas como: ¿qué quiso decir exactamente Martí cuando dijo…?, son harto pretenciosas; y las repuestas a que incitan, en términos de “Lo que quiso decir fue…”, califican entre la desmesura y la ingenuidad. El texto de Martí es polisémico. En ocasiones contradictorio y ambiguo; aunque siempre esplendoroso. En su controversial libro sobre Martí dice Jorge Mañach:
“El lenguaje de Martí, así el oral como el escrito, se traicionaba a veces por la misma riqueza de sus implicaciones y la profundidad de sus incisos, que lo dejaban a merced del simplismo.” [11]
Ese tipo de estudio martiano forma parte de la legitimación argumental que los políticos cubanos se vieron obligados a ofrecer como ingrediente de una política que trataba de ser moderna. En esa oportunidad, donde la nación cubana se cobijaba en una forma estatal moderna, se buscaba un referente capaz de aglutinar un proyecto. Y ese referente fue un Apóstol, que para el caso cubano era más concertante que el mismo nombre de Dios.

Martí es la sombra que nos permitió crecer un día, es el fresco, el punto de convergencia de todos nuestros rayos y cada uno de nuestros truenos; es el símbolo, el mito: el decimotercer apóstol según decreto de Gonzalo de Quesada y otros que testificaron acerca de sus milagros. Es paz. Y también guerra. ¿Será por todo esto el límite que nos contiene y que, por bien de nuestra libertad, debe ser roto?
Los motivos de esa elección constituyen también un tema agudo de la historia cubana; ¿por qué precisamente Martí en calidad de símbolo aglutinador y no otro cubano?, ¿qué había en él?, ¿qué faltaba en otros?. Las respuestas a estas preguntas, se sobrentiende, no solo deben indagar en el plano de los argumentos racionales. La acogida, casi sin reservas, de la figura de José Martí obedece también a la existencia de una voluntad y vocación mesiánicas, tanto en el pueblo como en el propio mártir elegido.

Tras su muerte, y quizás por estar precisamente muerto, José Martí, quien fuera herido en vida por el recelo y el “enemigo rumor” de muchos compatriotas suyos, fue re-imaginado como una figura aglutinante. Discrepar de su legado empezó a ser considerado poco menos que inmoral, y se sabe que ser el “sucesor de Martí” en el Partido Revolucionario Cubano, fue la más convincente credencial que exhibió Tomás Estrada Palma en su campaña política.

En una reunión constituyente en el Teatro Irigoa (después Teatro Martí), en 1901, el joven delegado Enrique Villuendas propuso la expulsión de Eliseo Giberga por atreverse a hacer un comentario desfavorable al Apóstol de Cuba. Había sido no más que una opinión expresada fuera de las sesiones oficiales. La construcción de esta imagen inapelable de José Martí, por efecto compensatorio, convierte en escandalosas algunas observaciones críticas que le hicieron sus contemporáneos, o algunos juicios suyos más vinculados a una biografía humana que a un ser ideal prendido a un destino apostólico.
Desde la fundación republicana hubo una gran producción intelectual en torno a la divinidad martiana. Luis Rodríguez Embil nos habló de él como “el santo de América”, y Jorge Mañach, en su libro impresionista, recrea con sugerencia mesiánica su visita a Tampa: “Ese último día quiso Martí ganarse aún más a los humildes. Visitó los talleres, los chinchales, las casas pobres.

Acercábanse los cubanos obscuros a estrecharle la mano con gesto reverencial, y él les ponía la suya en el hombro, les besaba al hijo desarrapado, hallaba al punto la frase de cariño y de interés, como si les hubiera conocido de toda la vida.” [12]
Rozando la frontera de lo cursi, Emilio Maza Rodríguez trata de establecer el significado de su sacrificio: “La coronación de su obra fue el martirologio sublime de Dos Ríos donde la naturaleza asistió temblorosa y muda a la escena que recuerda el Calvario… su hermano vive en la leyenda, su hermano es Jesucristo”. [13]
A Martí lo elogiaron por igual el Cardenal Manuel Arteaga que el franciscano Ignacio Biain, pero además su santidad se estableció en la frontera y más allá de los límites de la cristiandad. [14] Benjamín Heler, presidente de las Comunidades Israelitas de Argelia dijo que “Él alcanza en la acción a nuestros auténticos profetas…” Ch. Lehrman, arqueo sinagogo del Gran Ducado de Luxemburgo, dijo por su parte: “Martí ha ejecutado la profesión de fe judía”.

También lo reclamaron los musulmanes. Syed Husain Uraiken, Imán de Ahmedadbad, escribió después de leer los pensamientos martianos: “… esto es precisamente lo que el Gran Profeta del Islam predicó hace 1375 años a un mundo inquieto, inestable y combativo”.
Los budistas no se excluyen de elogios y cercanías. Por sus virtudes humanas, por irradiar paz y felicidad en derredor, W. Sangharakkhita Maha Thero, Jefe Monje Presidente de la sociedad Budista Duta de la India, lo celebra como uno de los suyos.
Y lo que es más difícil aún ya que se trata de cubanos, a Martí lo pretenden autonomistas e independentistas, revolucionarios y evolucionistas, liberales y conservadores, intervencionistas y anti-intervencionistas, ateos y santos; y hoy, como todos sabemos, castristas y anti-castristas, dialogueros y condottieros, paseantes de Lincoln Road y devotos de fin de semana, astrólogos y profesores.

A todos nos acomoda José Martí, su artística palabra, su significado amplio, los registros tan variables de su biografía, las tantas zonas vacías de una vida que la tornan continente de cualquier vida posterior, le adjudicaron un destino significador, y le restaron humanidad en la medida en que se hacía políticamente adecuado. Siguió sirviendo a Cuba después de muerto, hemos usado hasta su recuerdo, por lo que no es errado decir que sigue muriendo en su tumba incierta. En 1911, ante la Cámara de Representantes, Fernando Freyre de Andrade decretaba el fin definitivo de la humanidad martiana: “Porque Martí no fue un hombre, sino un símbolo”.

Para entender cabalmente el proceso de establecimiento de la memoria martiana habría que estudiar la arquitectura que ha producido, su implementación en elementos de nuestro urbanismo, su influjo en nuestro arte. Fue su figura quien sustituyó en 1905 a la de Isabel II en el Parque Central, lo que provocó grandes debates, profusión de proyectos y toda una legislación sobre el patrimonio nada más comenzar la República. En cuanto al rescate de su legado escrito, cuyo mayor celador fue su discípulo Gonzalo de Quesada, baste decir que entre 1901 y 1919 se publicaron 15 tomos de su obra.
Aunque se postuló también un Martí excluyente, utilizando, por ejemplo, aquella frase suya que dice: “Sólo tendrán asiento en el banquete de la República los que hayan contribuido a pagar su cubierto”, lo cierto es que triunfó el Martí congregador, el de “la patria de todos y para el bien de todos”.
Fue esta la frase que esgrimió Hilario Brito cuando el Centro de Veteranos le pidió al Pte. José Miguel Gómez, en 1910, que expulsara de sus cargos en el gobierno a aquellos que habían sido autonomistas o simpatizado con el autonomismo. Dijo: “Martí entendía que el perdón y el olvido eran bastante para la convivencia de todos en la Patria”.” [15]

La misma lectura conciliadora hizo José Antonio González Lanuza, quien dijo el 19 de mayo de aquel año ante la Cámara de Representantes: “… un hombre animado de un amor sin límites a la humanidad y de una benevolencia para todos los humanos, por malignos que fuesen y por errados que estuvieran…” [16]
El punto más interesante es el referido al uso de Martí para aclarar los términos cubanos de una relación con los Estados Unidos. En este punto, como en los demás, se pueden encontrar en el arca de la palabra martiana argumentos para un lado y otro. Respecto a la primera intervención norteamericana, que alguna vez se ha calificado como una “ejemplar transición”, el periódico La Discusión, que se autodefinía como “Diario cubano para el pueblo cubano”, publicó esta opinión editorial: “… las costas de los EE.UU. nos enviaron al inspirador de la Revolución. La misma gran República deja sobre los arrecifes de nuestra Patria la enseña por la cual sucumbió el gran Martí. Dios eligió un 19 de mayo para segar la vida del Apóstol. La América del Norte elige un 20 de mayo para proclamar nuestra República. ¡Gratitud a la tierra del honor y la libertad: Los Estados Unidos!”. [17]

Pero en sentido contrario aparecía también la postura anti-yanquista que ha sido uno de los prejuicios compensadores de nuestra cultura política en algunos momentos. En 1913 Julio César Gandarilla, quien tenía apenas 6 años cuando la guerra del 1895, escribía (usando la segunda persona del singular) en un trabajo titulado precisamente Contra el yanqui: “… la ancha República, celosa y compacta es un delicado mito de tu bella mente idealista…”, “…el hipócrita del norte… engañó a tus compatriotas con el villano elogio de la zorra al pobre cuervo de la fábula…” Y reclamaba:
“¡Oh! Martí, resucita, levanta a tu pueblo a la rebeldía contra el tirano…” [18]

Martí es la “patria nueva”, la “república virtuosa”, la “encarnación del pueblo”, la “libertad”, la “justicia” y la “paz pública”. Es evocado como símbolo movilizador y como argumento legitimante de la práctica política. Un “Martí traicionado” será a partir de entonces una especie de código para entender la historia de la subversión en Cuba y la representación de una República asociada a su nombre quedará situada siempre un poco más allá de lo real. El desespero que provoca una meta que se escapa en la misma medida en que se consigue, un destino centrado en un perpetuo recomenzar, tiene a los cubanos aún sumidos en la circular faena de Tántalo.

4. Presente, futuro y cansancio clásico
Dicen que existió una carta liminal de Aristóteles en que confiesa con cierto abatimiento: ni Platón ni yo hemos podido nada contra los mitos de nuestros vecinos. ¿Por qué, en virtud de qué misionismo intelectual, se creyó el sabio de Estagira (“based in Atenas”) elegido para cuestionar el mundo imaginario de sus vecinos? No sé, vanidad quizás, necesidad de ubicarse en lo ordinario a través de un ejercicio oportunista de la trasgresión. Violación infiel de una cláusula oracular revelada desde Delfos a Sócrates: “Conócete a ti mismo. Y nada en demasía”.
Nos formamos en un contexto cultural, el de la Cuba de este último medio siglo, donde la martianidad hizo metástasis. Llegó a ser demoledora, impúdica: la maldita circunstancia de José Martí por todas partes: en las recetas de Villapoll, en los discursos del Comandante, en las pinturas de los artistas famosos, en las letras de los trovadores, en la escuela, en la calle, en las ropas.”
Tanta efusividad martiana nos provocó una suerte de saturación que se tradujo en hastío, “cansancio clásico”, aburrimiento, estado plasmático del espíritu que se expresaba activamente como irritación y rechazo de la demagogia política en nombre de Martí. De ahí emergió una meta descomunal, una meta que rebasaba nuestras mismas posibilidades intelectuales pues ya no se trataba solo, ni fundamentalmente, de una cuestión del intelecto. Se habló entonces, a la luz del paradigma epistémico constructo-relativista, de destruir el mito martiano, de “deconstruirlo”, para usar el galicismo que pusieron de moda Jacques Derrida y discípulos.

Hoy podemos decir lo mismo que Aristóteles en la referida nota epistolar: no hemos podido nada contra el mito martiano. La gente sigue creyendo en él, es una clave, una imagen de la convivencia cubana. Y es bueno que así sea; cuando menos, es inútil tratar de revertir el proceso, a no ser que se quiera conquistar la admiración que otorga la irreverencia en un círculo muy reducido de intelectuales y profesores.
Sí, es cierto, la manipulación de Martí por la propaganda castrista nos ha colmado, pero suspender esa simpatía o, lo que es más radical, emprender su oscurecimiento es un gesto fútil. Lo es, aún cuando al sacar sus manchas digamos que en el fondo tratamos de humanizar su figura. Cuba habla en “martiano”, su obra es ya parte de nuestra jerga y sus versos elementos de una liturgia secular que nos permite ejercitarnos civilmente.

De todos los José Martí que he conocido, me quedo con el que produjo la llamada “generación Mariel”: el Martí respetado y trajinado con familiaridad, el intenso Martí que responde con una mirada cómplice y picarona a las revelaciones del mundo. El Apóstol grácil y sonriente del Diario de campaña, el diablo cojuelo, el de la herida fértil y la lágrima feliz. [19]
El último número de la Revista Mariel, fechado en el invierno de 1985, está dedicado a José Martí. Había homenajeado antes a Lezama Lima, Virgilio Piñera, Labrador Ruiz, Carlos Montenegro, José Manuel Poveda y Gastón Baquero. Otro cierre y resurrección en nombre de Martí. ¿Cómo se gestó esta decisión? Habrá que investigarlo, muchos de los protagonistas son hoy figuras consagradas de nuestra cultura y es nuestro deber rescatar esa memoria ubicada, por intención o intuición, al centro de las convenciones fundacionales cubanas.
La felicidad de ese Martí, aún en su muerte, resuena en la visión agridulce que nos lega un ensayo de Carlos Victoria aparecido en la referida publicación. Que las palabras de este querido amigo sirvan para concluir esta charla en nuestra noche de abril, patria de regresos, aro de aguas negras:

“En sus últimos días Martí redescubre su tierra, pero esto es solo un breve pasaje, ya que en el fondo él persigue encarar el tránsito a la verdadera libertad, la que nadie podía quitarle. Su voluntad fue deshacerse del paje, de las miserias políticas y de su doble destierro. Había tomado en serio las exigencias de la estrella”. [20]

La canción Lágrimas negras, un bolero-son escrito por Miguel Matamoros en 1931 e interpretado por su trío de manera magistral, es una metáfora de la cubanidad; en consecuencia, de la propia vida de José Martí. Un poema que empieza con la preposición “aunque”, una condicional que aspira a perdonarlo todo, una lealtad que recuerda el diálogo que, balsa por medio, sostuvieron el Apóstol y La Avellaneda en el estrecho de La Florida (según imagina Arenas en El color del verano). En el diálogo ella le protege y él se le confiesa: Lo siento, soy ahora un cristo sin cruz que sabe donde los ojos pone. Un Apóstol con más llagas que fama. Me voy al pueblo que le sabotean el mar a entregarle una sencilla ofrenda: el par de costas que le faltan, un sincero manantial y, por supuesto, mis Dos Ríos como altar.

Relación de notas.
[1] Conferencia en el Tower Theatre, Miami, Florida. Abril 6-2004.
[2] Quesada, Gonzalo de. “Discurso 10 de Octubre de 1889 en el Hardman Hall”. NY. El avisador hispano-americano, NY. 1896, p. 8.
[3] Trujillo, Enrique. Apuntes históricos. Tipografía de “El Porvenir”, NY. 1896, p. 84.
[4] Abreu, Rafael. Mi óbolo a Cuba. Imprenta Patria. NY. 1897, p. 14.
[5] Sanguily, Manuel. “José Martí y la Revolución Cubana”, Discurso pronunciado en el Chickering Hall, NY. 19 de mayo de 1896. En: Manuel Sanguily.
Discursos y Conferencias. Tomo II, Imprenta de Rambla, Bouza & Cía. La Habana, 1919
[6]. Gálvez, W. Impresiones de emigrado. Ibor City, Tampa, Establecimiento Tipográfico Cuba. 1897, p. 116.
[7] Median Arango, Enrique. “Carta a Rafael Serra”, Cayo Hueso, 11 de agosto de 1896. En: Rafael Serra. Ensayos políticos. Tercera Serie, NY. 1899.p. 12.
[8] Valdés Domínguez, Fermín. “Carta a Rafael Serra”. Sancti Spíritus, 11 de agosto de 1897. En: Rafael Serra. op. cit. p. 18.
[9] Durante un tiempo trabajamos en este tema junto a los profesores Marial Iglesias y Sergio López, de la Universidad de La Habana. He utilizado aquí
material obtenido en aquellos tiempos. Desde que salí de Cuba, nuestra colaboración terminó.
La posición de Hortensia Pichardo sobre el olvido martiano puede encontrarse en: Pichardo, Hortensia. Documentos para la historia de Cuba. Edit. de
Ciencias Sociales. La Habana, 1973. t. III. p. 29.
[10] La Discusión. La Habana, 19 de mayo de 1902, p.2.
[11] Cuba Congreso. Senado. Diario de sesiones. Imprenta y Papelería de Rambla, Bouza & Cía. La Habana, 1910.
[12] Mañach, Jorge. Martí el apóstol. Espasa-Calpe. Argentina, 1942, p. 177.
[13] Ibid. p. 106.
[14] Maza Rodríguez, Emilio. “Significado de José Martí”. Revista Bimestre-XLI, pp. 277-281.
[15] Los datos que se manejarán a continuación fueron tomados de: Ortiz, Fernando. “La fama póstuma de José Martí”. Revista Bimestre-LXXIII, 1957.
[16] Brito, Hilario. Suum Cuique (a cada cual lo suyo). Imprenta Rambla, Bouza y Cía. La Habana, 1910. p.7.
[17] República de Cuba. Cámara de Representantes. Discursos y trabajos del Dr. José Antonio González Lanuza en la Cámara de Representantes
precedidos por su biografía. Imprenta y Papelería de Rambla, Bouza y Cía. La Habana, 1919.
[18] La Discusión, La Habana, 19 de mayo, 1902, p.1.
[19] Ver: Gandarilla, Julio César. Contra el yanqui. Edit. Ciencias Sociales, La Habana, 1973.
[20] He hablado de este Martí en: “Los límites de la irreverencia. (Idolatrías en El color del verano de Reinaldo Arenas)”. En: La Jornada Literaria. New
Brunswick, Rutgers University, Otoño MMIII
[21] Victoria, Carlos. “Nota sobre una estrella que ilumina y mata”. Mariel, invierno, 1985. p. 8.

http://www.josemarti.info/articulos/lagrimas_negras.html

Emilio ichikawa
http://eichikawa.blogspot.com.es/

 

 

 

 

 Foto digital de Martí considerada inédita, descubierta en el museo de Guanabacoa, La Habana

 

 

Biografia de José Martí

(1853-1895): Poeta, escritor, orador e jornalista é cultuado em Cuba como o grande mártir da independência do país em relação à Espanha. Para ele, a luta deveria ser uma verdadeira transformação cubana em todos os aspectos: econômico, político e social. Os ideais de Martí, junto com o marxismo-leninismo, guiam a política de Cuba até hoje.
Filho de José Julián Martí y Perez, espanhol de Valencia, e Leonor Pérez Cabrera, espanhola das Ilhas Canárias, José Martí é natural de A Havana.
Aos 16 anos, influenciado pelas idéias separatistas de seu professor, o poeta Rafael Maria de Mendive, publica seu primeiro drama patriótico em versos, o Abdala, no único número do jornal La Pátria Libre. Este período é marcado pelo início da primeira luta pela soberania de Cuba, que ficou conhecida como a Guerra dos Dez Anos (1868-1878), a qual Martí apóia publicamente.

Martí foi preso por seus ideais revolucionários e condenado a seis anos de trabalhos forçados por sua participação política. Durante seis meses fica retido em uma pedreira perto de Havana. Devido a sérios problemas de saúde agravados no cárcere e por conta dos esforços de sua mãe, consegue o indulto e é deportado para a Espanha em 1871, aos dezoito anos. Publica El Presídio Político en Cuba, o primeiro de muitos manifestos sobre a independência onde conta os horrores que passou nos presídios da ilha. Passa a articular com outros cubanos que estão fora da ilha e levanta o tema da independência na imprensa espanhola. Matricula-se ne Universidad Central, mas termina seus estudos na Universidad de Zaragoza, onde em 1874 é licenciado em Direito e Filosofia e Letras. Muda-se para a França e em 1875 para o México, onde casa com Carmen Zayas Bazón. Em 1877 vai para a Guatemala, onde leciona na Universidad Nacional. Volta a Cuba em 1878, com o fim da Guerra dos Dez Anos, mas é novamente deportado no ano seguinte por suas atividades revolucionárias na chamada Guerra Chiquita, que durou até 1880. Vai para os Estados Unidos e vive entre 1881 e 1895 em Nova Iorque.

Fundou o Partido Revolucionário Cubano, sendo eleito para a organização pela luta da independência. No mesmo ano funda seu jornal diário separatista contra a dominação espanhola, o Patria. Dois anos depois é nomeado cônsul do Uruguai, mas logo após renuncia por causa de sua atividade política.
Neste período – início do imperialismo norte americano – percebe a urgência em formar uma identidade americana e passa a usar o termo Nuestra América. No ano seguinte escreve – junto com o general Máximo Gómez, herói da independência – o Manifiesto de Monticristi, na ilha de Santo Domingo, onde propõe a guerra sem ódio. Volta a Cuba para articular a luta. A segunda etapa da guerra, iniciada em 1895, foi liderada por José Martí, Antônio Maceo e Calixto García. A luta ganhou força e fez com que os espanhóis buscassem soluções conciliatórias. Em fevereiro de 1878 fora assinado pelos revoltosos e pelas autoridades coloniais o Pacto de Zangón. O documento previa maior liberdade nas atividades comerciais em relação à Espanha e a abolição da escravatura. As decisões do acordo não foram cumpridas e o processo reformista ganhou força mais uma vez. José Martí encarregou-se de reagrupar os revoltosos. A luta armada é coordenada por Máximo Gomes e Antônio Maceo. Os combates são muito violentos. José Martí morre lutando em 19 de maio de 1895 após seu pequeno contingente de revoltosos deparar-se com as tropas espanholas no vilarejo de Dos Ríos.
Associação Cultural Guantanemera
http://www.revistaprosaversoearte.com/jose-marti-poemas/

 

 

 

 

Tomo 10 de las Obras completas

 

Obras de José Martí

En José Martí encontramos ya los rasgos que caracterizarían una de las épocas más fecundas no sólo para el arte, sino para todas las manifestaciones artísticas y humanas acaecidas con el cambio de siglo. Lo que se ha dado en llamar Modernismo surge ya en su prosa audaz y en su profunda poesía, pero no sólo ahí, sino en cualquiera de las demás expresiones literarias que conforman un todo en el caso de Martí.

Martí periodista

Entre 1880 y 1892, José Martí publicó más de cuatrocientas crónicas sobre Hispanoamérica, Estados Unidos y Europa, así como un centenar de acertados y bellos retratos. Su publicación corrió a cargo de diarios como La Nación de Buenos Aires, La Opinión Nacional de Caracas, La Opinión Pública de Montevideo, La República de Tegucigalpa, El Partido Liberal de México y Las Américas de Nueva York. En el conjunto de su obra, la parte periodística ocupa voluminosamente casi la mitad de su producción literaria, dato que redunda si observamos que la mayoría del resto de su producción apareció primeramente publicada en periódicos.

 

 

 

Periódico fundado por José Martí

 

Martí pensador

Sin duda, la faceta que ha hecho de José Martí algo más que un mito fue su ideario político. A pesar de que su lucha directa se circunscribió a «su» Cuba, concibió la libertad de los países de Latinoamérica como un todo. Su idea de libertad nunca pudo partir de la República española, pues la inconsecuencia de lo que ésta propugnaba con los hechos que Martí observaba en la «Metrópoli» le convenció de que el problema cubano sólo podría ser resuelto fuera de los marcos políticos del poder español.
Las dos tesis principales del pensamiento martiano son, por una parte, abogar por la entrega de la riqueza nacional, cuya distribución exclusiva en pocas manos le parecía injusta; por otra, la cuestión indígena que afrontan las jóvenes naciones americanas. El futuro de la revolución americana está vinculado, en su opinión, a la raza indígena y a la unión de los pueblos, pues sin ella no habría garantía alguna de triunfo para esa revolución. Precisamente por ello se opuso siempre a la intervención del autoritarismo militar que se había intentado imponer al movimiento revolucionario y no se identificó nunca con éste. Según el Apóstol, independizar a Cuba era, primero, arrancar de América los últimos restos del colonialismo español y, segundo, afianzar la unión de las jóvenes repúblicas hispanoamericanas para contener así los impulsos imperialistas de los Estados Unidos.

 

 

 

 

El testimonio político más importante de Martí es su ensayo titulado Nuestra América: no es un manifiesto americanista en el que se predique un fatuo nacionalismo o en el que se cante la superioridad de los valores autóctonos de los pueblos de hispano américa, sino que plantea, fundamentalmente, un programa político-cultural establecido de acuerdo con las necesidades más urgentes del continente. Nuestra América no es un canto a un pasado glorioso ni una invitación de retorno a él. Martí, que está mucho más cerca de Marx que de Rousseau, afirma lo natural para poder mostrar mejor el proceso de inversión de valores producido por el dominio colonial. Con la colonización se impuso para América una serie de costumbres y tradiciones que impidieron el desenvolvimiento de sus culturas nativas. De esta manera se produjo la típica sustitución de valores que toda potencia imperial realiza, y por la que se engendran las colonias. Este deplorable cuadro lo describió Martí con plasticidad asombrosa al escribir:
«Éramos una visión, con el pecho de atleta, las manos de petimetre y la frente de niño. Éramos una máscara, con los calzones de Inglaterra, el chaleco parisiense, el chaquetón de Norte América y la montera de España.»
Una de las preocupaciones máximas que plasma Martí aquí es la integración de todos los cubanos bajo una única bandera de amor y respeto al hombre, que, a su juicio, debía ser la norma suprema de la futura república:
«Yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre. En la mejilla ha de sentir todo hombre verdadero el golpe que reciba cualquier mejilla de hombre.»
El humanismo que desprenden estas palabras es la constante más profunda del quehacer político martiano, y la piedra angular de la reconstrucción del movimiento revolucionario cubano.

Martí escritor

Si sus incursiones en el teatro (Abdala, Adúltera y Amor con amor se paga) no tuvieron mucha fortuna, su única irrupción en el mundo de la novela, Amistad funesta (Lucía Jerez), si bien no podemos decir que sea una obra maestra del género, sí introduce por primera vez en el mismo los rasgos que caracterizarían a la novela modernista.

 

 

 

 Portada del primer número de La Edad de Oro, fechada en Nueva York en julio de 1889

 

Una de las incursiones literarias más sorprendentes y atrevidas de Martí son sus cuentos, especialmente los publicados en La Edad de Oro, revista infantil editada íntegramente por él, que salió a la luz entre julio y octubre de 1889. Sorprendente porque extraña que el Apóstol, metido de lleno en empresas políticas y revolucionarias, dedicara gran parte de su valioso tiempo a una tarea tan poco productiva entonces como la literaria, y más si cabe si consideramos que iba dirigida a los niños. La respuesta está en su espíritu y sus proyectos revolucionarios. Con la lectura de los cinco números que salieron a la luz de la revista el lector puede darse cuenta de que no es literatura «sólo» para niños: su función es netamente educadora, pero en un sentido más amplio, y ello es debido al ideal político-social de Martí, en el que el niño es el futuro, y ese futuro debe ser de progreso y de virtud. Para conseguir los fines que persigue (léase libertad, búsqueda de la verdad, americanismo, utilidad, independencia de Cuba, desarrollo) hay que educar al niño adecuadamente, pues él es la base de un futuro mejor. Su idea de la pedagogía no es la de enseñar la realidad a los niños, sino dársela a comprender, presentársela de modo que la puedan entender, para que lleguen a participar de los grandes problemas de América, como el racismo (en «El Padre Las Casas»), la desigualdad social, la pobreza (en «Los zapaticos de Rosa», «La muñeca negra», «Los dos príncipes»), la libertad (en «Tres héroes») y problemas universales como la bondad moral y las virtudes (en «La perla de la mora», «Cada uno a su oficio», «Nené traviesa», «El camarón encantado»), o la muerte, tan presente en muchos cuentos. A todo ello, unirá un estilo sencillo pero bello, tratando de hacer del deleite una vía y una manera de aprendizaje. En sus cuentos infantiles podemos ver una particular ordenación gramatical y un uso de términos-clave que se repiten a lo largo de ellos en posiciones estratégicas. Su sintaxis lineal, fluida, ordenada, sin interrupciones, con abundancia de conjunciones, más propias del lenguaje infantil, les confieren cierto sentido y musicalidad que hacen de ellos auténtica y bella literatura.

Cierto tono infantil encontramos también en Ismaelillo, su primer libro de versos, que abre su incursión en la parcela que con mayor acierto cultivó. Si dotó a su prosa de un lenguaje cuanto menos novedoso para el género, sus intuiciones poéticas plasmadas en las quince epifanías dedicadas a su hijo ausente abren definitivamente el camino hacia la nueva estética modernista. El autor cuenta allí un viaje por los mundos del sueño, impulsado por la persecución arrebatada de sus visiones, y lo hace desde la naturaleza lírica e íntima de un mensaje hondo, grave y universal, expresado en un lenguaje veloz, de aparente despojamiento verbal, de metros breves y saltarines, pero que encubren toda una serie de metáforas recias y profundas que distinguen el pensamiento de Martí.

En Versos libres, recopilación de poemas posterior a su muerte pero que él dejó casi preparado para la imprenta, imprime esa misma óptica visionaria, pero ahora con mayor dramatismo y con un temple agónico más acerado, que luego también continuará en otros poemas de la misma época (que aparecieron en diferentes diarios y publicaciones en vida del autor, para ser recogidos luego bajo el título de Flores del destierro). En los «endecasílabos hirsutos» (como él describió) de sus Versos libres confluyen bajo la forma métrica de verso blanco (idéntico metro, el endecasílabo, pero sin rima alguna) todas las tensiones que le salpicaron en su vivir diario: desde la circunstancia inmediata, el destierro y la nostalgia de su patria, hasta su sed de amor y dolor, su recio sentido moral de libertad, justicia y deber; vemos el concepto de la existencia como lucha perenne de autoconstrucción, como pugna constante y angustiosa por llevar a cabo sus fidelidades con la vida. También encontramos en ese poemario la preocupación por la poesía misma, por el vislumbre de posibilidades y sus preferencias: el rechazo del artificio y la defensa de una poética de lo natural (idea que plasmó en otros muchos de sus textos).

 

 

 

 

Su preocupación por la armonía de lo natural dará paso a la cima más alta de su arte, los Versos sencillos, crónica lírica fragmentaria de su vida, donde deshoja versos cristalinos a la vez que enigmáticos y oscuros que alcanzan las cotas de mayor profundidad de su obra. Los versos entrelazados rezuman sencillez y emoción, y muestran la fusión pueblo-poeta-naturaleza desde lo cercanamente biográfico, expresado desde el sincero temblor poético, desde la serenidad y desde la fuerza.
La voz poética de Martí se plasmó desde tres manantiales
vitales: la voz dolorida pero entrañable del hombre deshaciéndose y haciéndose a sí mismo en la precariedad de su vivir; la voz y más desde la fuerza del pleno pulmón emitida por la Naturaleza o el Universo; y una voz recóndita, que desde la trascendencia quiere asegurarse un lugar firme entre las certezas humanas. Y todo ello para llegar a dar una declaración de amor y libertad firme, sin fisuras, que hacen de su obra, corta en años, pero intensa en sentido, un mensaje compacto, bello y armoniosamente sincero.

Obras Fundamentales Publicadas Durante su Vida
1869 – Abdala
1871 – El presidio político en Cuba
1873 – La República Española ante la Revolución Cubana
1875 – Amor con amor se paga
1882 – Ismaelillo
1885 – Amistad Funesta
1889 – La Edad de Oro
1891 – Versos Sencillos
1895 – Manifiesto de Montecristi

Obras Fundamentales Póstumas
Adúltera
Versos Libres

Traducciones
1875 – “Mis Hijos” de Víctor Hugo
1883 – “Antigüedades Romanas” de A. S. Wilkin
1883 – “Antigüedades Griegas” de J. H. Maraffy
1886 – “Misterio” (en inglés “Called Back”) de Hugh Conway
1886 – “Nociones de Lógica” de W. Stanley Jevons
1888 – “Ramona” de Helen Hunt Jackson

Recopilaciones de Obras
Versos
Crónicas y Ensayos
Escenas – Estados Unidos
Epistolario
Discursos
Diario de Playitas a Dos Ríos

Obras Completas
Obras de José Martí
Edición Crítica Obras Completas

http://www.fenix.co.cu/marti/JoseMartiH.htm

 

 

 

 

Cripta del Mausoleo de José Martí, Cementerio de Santa Ifigenia Santiago de Cuba