Jacint Verdaguer

Contenido: Introducción. Mi poema traducido. Poema de Verdaguer traduzido. Ensayo de Isidor Cònsul. Ensaio de Narcís Garolera trazucido. Biografía y Obra de Verdaguer. Video.

La foto principal corresponde al monumento, obra de Joan Ferrés, dedicado a Jacint Verdaguer en el Santuario de la Mare de Déu del Mont. Al fondo, monte Canigó. Figuran gravados los versos de la última estrofa del poema “Els dos campanars”, del libro de Verdaguer, Canigó

Lo que un segle bastí, l’altre ho aterra,
mes resta sempre el monument de Deú;
i la tempesta, el torb, l’odi i la guerra
al Canigó no el tiraran a terra,
no esbrancaran l’altívol Pirineu.

En una familia humilde de la población de Folgueroles, comarca de Osona, en la Provincia de Barcelona; nació Jacint Verdaguer i Santaló el día 17 de mayo de 1845. A los diez años de edad comenzó los estudios en el cercano seminario de Vic. Allí permaneció hasta los veinticinco, estudiando, progresivamente, Humanidades y Retórica, Filosofía y Teología, Moral, Derecho canónigo y Práctica. Leyendo, en paralelo, a los clásicos griegos y latinos: Virgilio, Ovidio y Platón; a autores castellanos muy diversos, los románticos franceses y, claro está, a catalanes antiguos y modernos. Por lo que podemos entender que su formación fue amplia y profunda. Tenía veinticinco años cuando fue ordenado sacerdote, siendo destinado durante dos años a la pequeña parroquia de Vinyoles d’Orís, del municipio de Les Masies de Voltegrá, también en la Comarca de Osona.

 

 

 Iglesia de Vinyoles d’Orís. Busto de Jacint Verdaguer

 

En la larga historia de la Literatura en catalán destaca con fuerza la poesía. Ausiàs March, autor de Cants de Mort, considerado el creador del catalán literario, nació a finales del siglo XIV en Gandía. El médico Jaume Roig, autor de Espill, Llibre de les dones, valenciano descendiente de catalanes, nació a principios del siglo XV. Ramon Llull, filósofo y teólogo, hijo de una familia de nobles catalanes, nació en Palma de Mallorca el año 1323. Gran viajero y hombre muy culto, su escritura está compuesta por 243 obras en varios idiomas. Durante los siglos XV y XVI se produce el Renaixement, movimiento intelectual y estético nacido en Italia, que tiene como principal exponente al poeta burlesco Pere Serafí, nacido a principios del siglo XVI en Italia, cuya extensa obra no se imprimió hasta el año 1703. En el Barroco, que se da a lo largo del siglo XVII, destacan dos nombres: El poeta Francesc Vicent García, nacido en Tortosa en 1579, que estudió en la Universitat de Lleida, fundada en 1300 como Estudio General de Lleida; y fue ordenado sacerdote en Vic el año 1605. Y Francesc Fontanella, barcelonés nacido en 1622. Poeta y dramaturgo, su influencia alcanza a autores de la Renaixença.

Jacint Verdaguer, nacido en 1845, fue el escritor catalán más notorio del siglo XIX, y el que mejor representa la Renaixença literaria catalana.

El movimiento de La Renaixença, ideológico y cultural, sirvió a un objetivo claro: vigorizar la conciencia distintiva del pueblo catalán, redefiniéndola y reivindicándola. Dio un impulso considerable a la producción literaria en oposición al periodo anterior. Uno de los pilares fue la lengua, al pretender que más allá de servir como habla de la calle y de la administración, fuera vehículo de la ciencia, la filosofía y la literatura. Hubo dos corrientes, en cierto modo contrapuestas: la conservadora y la dinámica. Bonaventura Carles Aribau publicó la oda “La Pàtria”, ahora considerada punto inicial de la Renaixença. El poema fue escrito en Madrid, movido por la añoranza de su tierra, cuando Aribau trabajaba en Madrid para el banquero Gaspar de Remisa. Se ha destacado el papel, catalizador cuando menos, del Romanticismo.

Los Juegos Florales parten del primer cuarto del siglo XIV, teniendo su mayor desarrollo en el siglo XV. En 1859 toman nuevo impulso en Barcelona, continuando hasta 1936. Son importantes los juegos para dar a conocer poetas, narradores y dramaturgos. Entre ellos Àngel Guimerá y Jacint Verdaguer.
La relación entre Jacint Verdaguer y su admirado Frederic Mistral, arranca de los Juegos de Barcelona en 1868, donde Verdaguer participa con la obra, antecedente de L’Atlàntida, titulada L’Espanya naixent, que ni fue premiada ni mencionada. En la recepción posterior, celebrada en l’Ataneu, Jacint Verdaguer es presentado a Frederic Mistral por Victor Balaguer.

Se considera a Jacint Verdaguer el padre de la modernidad literaria catalana. Eclesiástico enfrentado a intervalos con la jerarquía, personalidad atormentada a intervalos, su obra refleja esos mismos altibajos dentro de una coherencia admirable. En opinión de Josep Pla, fue el más valioso prosista del siglo XIX, y un renovador de la poesía catalana, a la que añadió la ética y la estética de romanticismo y simbolismo. La expresividad de su escritura y el eco social de su conflicto, le proporcionaron el afecto de la gente. Tuvo, desde su juventud, una imagen pública de gran valoración popular, apoyada en su catalanismo y su religiosidad. El aprecio popular ha llegado hasta nuestros días: son escasos los pueblos que carecen de una calle dedicada a Jacint Verdaguer, mossèn Cinto.

Dado que los lectores se encontraban con dificultades a la hora de hallar las obras de los autores en lengua catalana, Ediciones Destino, ya mediado el siglo XX, encargó al crítico más sutil y afinado del panorama literario en catalán, Jaume Bofill i Ferro, una antología poética que abarcara desde Aribau hasta la actualidad de aquel momento. Más allá de ese servicio inmediato al lector, podía conseguirse otro para la propia literatura: contar con una panorámica histórica completa, reflejando todas las tendencias, todas las escuelas, a partir de la Renaixança incluida, donde se viera, con toda la objetividad posible, la evolución de la poesía en catalán a través de los poetas que han contado y cuentan con el aval de los críticos y los lectores. Debido a graves problemas de salud, Bofill no pudo acabar esa obra gigantesca. Antoni Comas, catedrático de Lengua y Literatura catalanas en la Universidad, recibió de la Editorial el encargo de concluirla. Se concluyó: son tres tomos titulados “Un Segle de Poesia Catalana”, que realmente abarcan ciento cuarenta años. Comienza con Bonaventura Carles Aribau y termina en Carles Salvador; en total cuarenta y ocho magníficos poetas. La vida y obra de Jacint Verdaguer ocupa, en esta antología histórica, 178 páginas.

 

 

 Retrato de Jacint Verdaguer

 

 

Las espigas tronchadas
Poema de Pedro Sevylla de Juana

                        A Cataluña, con admiración y cariño

El nudo central de la inclemencia
se resuelve en verdes prados,
en pajizos colores el verano se reseca
se marchita el otoño en ocres arrebatos
en hojarasca, en hollejos, en corteza.

Ante las inestables gotas de rocío me conmuevo,
ante la diminuta niebla suspendida
celosía natural del Firmamento.

Granizo, escarcha, lluvia o nieve
persigo el agua cristalina
regeneradora y renaciente.

Quiero descender en su caída
efluvio ser de su vapor evaporado
ser espuma del agua desprendida.

Cae gota a gota la llovizna
paso a paso, rama a rama
desfallece rima a rima
grano a grano se desgrana.

Moldeó el río sus meandros,
lecho abierto,
guijarros;
cabalgó la madrugada sobre formas más precisas
fuimos muchos para las escasas liebres
y levantó hermano contra hermano la codicia.

“Que inicien el ataque los arqueros
ataquen después los de a caballo
terminen los infantes la refriega”:
con voz profunda y con aplomo
exclamó vigoroso el estratega.

“Los muertos recogidos detrás de la línea de partida
no alcanzarán el ansiado paraíso”:
sentenció iracundo el druida.

No hubo victoria que admitiera tierna a los pacíficos
heridos por las armas de uno y otro bando
ni lecho de plumas
que acogiera a los inválidos.

Fueron los pícaros quienes reivindicaron el triunfo
logrado por los rudos valientes,
y para premiar a los héroes innúmeros
no hubo galardones suficientes.

Banderas, tambores y trompetas,
páginas abiertas de los libros;
cada cual a lo suyo, guerra o cordura,
campo de batalla o caminos.

Tinta indeleble de las plumas,
sentimientos, intenciones, designios:
todo lo aniquila la crueldad de las disputas.

Arrasa la guerra poblados y cosechas
aparta los horizontes de llegada
abandona barbechos abiertos a la reja
arranca corazones robustos de lava
separa a los potros de la yegua
mata la vida en la vida engastada
tergiversa la liturgia y la miel de las colmenas
en el suelo desparrama.

Cada puñado de tierra oculta una gota de sangre:
venas confiadas en el llano
arterias sorprendidas en los valles
y en lo más alto del collado,
la desmedida ambición culpable.

PSdeJ Valdepero 1963 El Escorial 2017

 

 

 

Espigas tronchadas

 

As espigas tronchadas
Poema e tradução de Pedro Sevylla de Juana

                          A Catalunha com admiração e carinho

O nó central da inclemência
se resolve em verdes prados,
em pálidos cores o verão se resseca
murcha-se o outono em ocres arrebatos
em folhas amarelas,
em crostas, em bagaços.

Ante as instáveis gotas de orvalho me amoleço,
ante a diminuta névoa suspendida
gelosia natural do Firmamento.
Granizo, escarcha, chuva ou neve
persigo a água cristalina
regeneradora e renascente.

Quero descer na catarata
eflúvio ser de seu vapor evaporado
ser espuma da água fustigada.

Cai gota a gota o chuvisco
passo a passo, rama a rama
desfalece ritmo a ritmo
grão a grão se desgrana.

Moldou o rio seus meandros,
leito aberto,
seixos rolados;
cavalgou a madrugada sobre formas mais precisas
fomos muitos para as escassas lebres
e levantou irmão contra irmão a cobiça.

“Que iniciem o ataque os arqueiros
acometam depois os de a cavalo
terminem corpo a corpo os infantes a refrega”:
com agressivo brado
arengou o estrategista na traseira .

“Os mortos recolhidos atrás da linha de partida
não atingirão o ansiado paraíso”:
sentenciou iracundo o druida.

Não houve vitória que admitisse terna os pacíficos
feridos pelas armas dum e doutro bando
nem leito de plumas
que acolhesse os inválidos.

Foram pícaros os que reivindicaram o triunfo
conseguido pelos mais ferozes;
e para premiar aos heróis inúmeros
faltaram prezados galardões.

Bandeiras, tambores e trombetas,
páginas abertas dos livros;
cada um no seu sítio: luta ou cautela
campo de batalha ou caminhos.

Tinta indelével das plumas,
sentimentos, intenções, desígnios:
tudo o aniquila a crueldade das disputas.

Arrasa a guerra povoados e colheitas
afasta os horizontes de chegada
abandona barbechos abertos à relha
arranca corações robustos de lava
separa aos potros da égua
mata a vida na vida engastada
tergiversa a liturgia e o mel das abelhas
pelo solo esparrama.

Cada punhado de terra oculta uma gota de sangue:
veias confiadas no raso
artérias surpreendidas nos vales
e no mais elevado do alto,
a desmedida ambição culpável.
PSdeJ

 

 

 

 

Un poema en catalán de Jacint Verdaguer, traducido por Pedro Sevylla de Juana al Castellano y al Português

Flors del Calvari es un poemario escrito por el Verdaguer humillado y desilusionado, dueño, sim embargo, de un interior fuerte y una gran capacidad creativa. En el año 1895 Jacinto Verdaguer trabajaba con intensidad en la producción de su obra: En octubre daba a conocer el poema Sant Francesc y los artículos “Un sacerdot calumniat” (En defensa pròpia). En el mes de diciembre —con fecha de 1896— aparecía Flors del Calvari. Esos tres trabajos reflejan la crisis personal originada en la primavera de 1893. Se produce, entonces, la salida hacia el santuario de la Gleva, lugar de su reclusión, castigado por la jerarquía eclesiástica. Crisis que se agravó, en el verano de 1895, por la huida del santuario para volver a Barcelona, y por la “suspensión a divinis” sobre él recaída. Tal realidad llega a público conocimiento debido al “Comunicat” publicado en El Noticiero Universal, del que un fragmento dice:

[…] demano justícia i protesto davant de la llei, davant de la gent honrada de Barcelona que em coneix, davant de cel i terra i del mateix Déu qui ens ha de judicar a tots, de la iniquitat de què és víctima, no sé amb quin fi, aquest pobre sacerdot.

Se añade a esta divulgación la salida en el diario “La Publicidad”, de una serie de cartas bajo el título: Un saderdot calumniat.
El drama vivido tuvo eco en la escritura de Verdaguer, pues fue evolucionando hacia una literatura del yo. Así, Flors del Calvari, «Llibre de consols», recoge la hondura de la experiencia vivida.

 

Sum vermis
Poema de Jacint Verdaguer

Non vivificatur nisi prius moriatur 1ª Cor, 15,36

E carcere ad aethere.
Dant vincula pennas.

Veieu-me aquí, Senyor, á vostres plantes,
despullat de tot bé, malalt i pobre,
de mon no-res perdut dintre l’abisme.
Cuc de la terra vil, per una estona
he vingut en la cendra a arrossegar-me.
Fou mon bressol un gra de polsinera,
i un altre gra serà lo meu sepulcre.
Voldría ser quelcom per oferir-vos,
però Vós me voleu petit é inútil,
de glòria despullat i de prestigi.

Feu de mi lo que us plàcia, fulla seca
de les que el vent se’mporta, o gota d’aigua
de les que el sol sobre l’herbei eixuga,
o, si voleu, baboia del escarni.
Jo só un no-res, mes mon no-res és vostre;
vostre és, Senyor, i us ama i vos estima.
Feu de mi lo que us plàcia; no en só digne,
d’anar a vostres peus; com arbre estèril,
de soca a arrel traieu-me de la terra;
morfoneu-me, atuï-me, anihilau-me.

Veniu a mi, congoixes del martiri,
veiu, oh Creus, mon or i ma fortuna,
ornau mon front, engalonau mos braços.
Veniu, llorers i palmes del Calvari,
si em sou aspres avui, abans de gaire
a vostre ombriu me será dolç l’asseure’m.
Espina del dolor, vine a punyir-me,
cuita á abrigar-me amb ton mantell, oh injúria;
calúmnia, al meu voltant tos llots apila;
misèria, vine’m a portar lo ròssec.
Vull ser volva de pols de la rodera
a on tots los qui passen me trepitgen;
vull ser llençat com una escombraria
del palau al carrer, de la més alta
cima a l’afrau, i de l’afrau al córrec.

Escombreu mes petjades en l’altura;
ja no hi faré més nosa, la pobresa
será lo meu tresor, será l’oprobi
lo meu orgull, les penes ma delícia.
Desde avui colliré los vilipendis
y llengoteigs com perles y topazis
per la corona que en lo cel espero.
Muira aquest cos insuportable, muira;
cansat estic de tan feixuga càrrega;
devore’l lo fossar, torne a la cendra
d’on ha sortit, sum vermis et non homo.
Jo no só pas la industriosa eruga
que entre el fullam de la morera es fila
de finíssima seda lo sudari.
Jo me’l filo del cànem de mes penes;
mes, dintre aqueixa fosca sepultura,
tornat com Vós, Jesús, de mort a vida,
jo hi trobaré unes ales de crisàlide
per volar-me’n amb Vós a vostra gloria.

Flors del Calvari. Llibre de consols. Jacint Verdaguer (Ed. Columna, a cura de Narcís Garolera, Barcelona, 1995)

 

Sum vermis
Poema de Jacint Verdaguer
Traducido del catalán por Pedro Sevylla de Juana

Non vivificatur nisi prius moriatur 1ª Cor., 15,36

E carcere ad aethere.
Dant vincula pennas.

Vedme aquí, Señor, a vuestras plantas,
desnudo de todo bien, enfermo y pobre,
de mi nada perdida dentro del abismo.
Gusano de la tierra vil, por un rato
he venido en la ceniza a arrastrarme.
Fue mi cuna un grano de polvo,
y otro grano será mí sepulcro.
Quisiera ser algo que ofreceros,
pero Vos me queréis pequeño e inútil,
de gloria desvestido y de prestigio.

Haced de mí lo que os plazca, hoja seca
de las que el viento lleva, o gota de agua
de las que el sol sobre la hierba enjuga,
o, si queréis, causa de escarnio.
Yo soy una nada, mas mi nada es vuestra:
vuestra es, Señor, y os ama y os estima.
Haced de mí lo que os plazca; no soy digno
de ponerme a vuestros pies: como árbol estéril,
de tronco a raíz sacadme de la tierra;
deformadme, abatidme, aniquiladme.

Venid a mí, congojas del martirio,
venid, oh cruces, mi oro y mi fortuna,
adornad mi frente, engalanad mis brazos.
Venid, laureles y palmas del Calvario,
si me sois ásperos hoy, dentro de poco
a vuestra sombra me será dulce sentarme.
Espina del dolor, ven a punzarme,
apresúrate a abrigarme con tu manto, oh injuria;
calumnia, cercando al mío tus lodos apila,
miseria, venme a traer el suma y sigue.

Quiero ser mota de polvo en la rodera
para que todos los que pasen me pisen;
quiero ser arrojado como basura
del palacio a la calle, de la más alta
cima al valle, y del valle al arroyo.
Borrad mis huellas en la altura;
ya no estorbaré más, la pobreza
será mi tesoro, será el oprobio
mi orgullo; las penas mi delicia.

Desde hoy cosecharé vilipendios
y humillaciones como perlas y topacios
para la corona que en el cielo espero.
Muera este cuerpo insoportable, muera;
cansado estoy de tan pesada carga;
devórelo el cementerio, vuelva a la ceniza
de donde salió, sum vermis et non homo.
Yo no soy la industriosa oruga
que entre el follaje de la morera hila
de finísima seda el sudario.
Yo lo hilo del cáñamo de mis penas;
mas, dentro de esa sombría sepultura,
vuelto como Vos, Jesús, de muerte a vida,
yo encontraré unas alas de crisálida
para volar con Vos a vuestra gloria.

Traducción de PSdeJ

 

Sum vermis
Poema de Jacint Verdaguer
Traduzido  por Pedro Sevylla de Juana

Non vivificatur nisi prius moriatur 1ª Cor., 15,36

E carcere ad aethere.
Dant vincula pennas.

Veja-me aqui, Senhor, a vossas plantas,
nu de todo bem, doente e pobre,
de meu nada perdido dentro do abismo.
Gusano da terra vil, por um momento
eu vim na cinza a arrastar-me.
Foi meu berço um grão de pó,
e outro grão será o meu sepulcro.
Quisesse ser algo que oferecer-vos,
mas Vos me quereis pequeno e inútil,
de glória despido e de prestígio.

Faça de mim o que vos praza, folha seca
das que o vento leva, ou gota de água
das que o sol sobre a erva enxuga,
ou, se quereis, causa de escárnio.
Eu sou um nada, mas meu nada é vosso:
vosso é, Senhor, e vos ama e vos estima.
Faça de mim o que vos praza; não sou digno
de me pôr a vossos pés: como árvore estéril,
de tronco a raiz saque-me da terra;
deforme-me, abata-me, aniquile-me.

Venham a mim, pesares do martírio,
venham, oh cruzes, meu ouro e minha fortuna,
ornem minha frente, engalanem meus braços.
Venham, louros e palmas do Calvário,
se sois-me ásperos hoje, daqui a pouco
a vossa sombra me será doce sentar-me.
Espinha da dor, venha a punçar-me,
apressa-te a me abrigar com teu manto, oh injúria;
calúnia, cercando o meu teus lodos empilha,
miséria, vem-me a trazer o soma e segue.

Quero ser mota de pó na rodeira
para que todos os que passem me pisem;
quero ser arrojado como lixo
do palácio à rua, da mais alta
cume ao vale, e do vale ao córrego.
Apague minhas pegadas na altura;
já não estorvarei mais, a pobreza
será meu tesouro, será o opróbio
meu orgulho; as penas minha delícia.

Desde hoje colherei vilipêndios
e humilhações como pérolas e topázios
para a coroa que no céu espero.
Morra este corpo insuportável, morra;
cansado estou de tão pesada carga;
devore-o o cemitério, volte à cinza
de onde saiu, sum vermis et non homo.
Eu não sou a industriosa larva
que entre a folhagem da amoreira fia
de finíssima seda o sudário.
Eu o teço do cânhamo de minhas penas;
mas, dentro dessa sombria sepultura,
voltado como Vos, Jesús, de morte a vida,
eu encontrarei umas asas de crisálida
para voar com Vos a vossa glória.

PsdeJ Traduzido 26 outubro 2017

 

 

Isidor Cònsul i Giribet

 

 

1902-2002 Cien años sin Verdaguer Por Isidor Cónsul i Giribet Universitat de Barcelona

I

Verdaguer murió el 10 de junio de 1902 en «Vil·la Joana», una magnífica residencia de veraneo levantada entre los bosques de Vallvidrera. Tenía cincuenta y siete años recién cumplidos y su despedida fue de una sórdida tristeza, rodeado siempre por la mezquindad de unos intereses familiares que amargaron, junto al mismo lecho, los últimos suspiros de vida de uno de los autores más geniales de la literatura catalana de todos los tiempos. Que Verdaguer muriera en «Vil·la Joana» se debe al ofrecimiento de la finca por parte de su propietario, Ramón Miralles, vecino de Sarriá, cuando comenzó a correr por Barcelona la noticia de la enfermedad grave que padecía Mossèn Cinto. Y si los males pulmonares del poeta pedían aires de montaña, «Vil·la Joana» se presentaba como un paraje ideal por su privilegiada situación en medio de la naturaleza.

La enfermedad, no obstante, ya había progresado mucho y los saludables bosques de Vallvidrera no fueron el remedio eficaz que se esperaba. Toda Cataluña lloró la muerte de Verdaguer y su entierro se recuerda como una de las manifestaciones de luto más multitudinarias de su historia. Quizás no podía ser de otra manera si tenemos en cuenta que Jacint Verdaguer, referencia capital de la literatura catalana del siglo XIX y uno de los escritores más importantes de toda nuestra literatura, fue también el artífice del catalán moderno y el creador literario que dio el impulso que se necesitaba para hacer resurgir la lengua de las cenizas y aproximarla a los mejores tiempos del esplendor medieval y renacentista. Hay que tener en cuenta, además, que los nueve últimos años de su vida hubo de pasar muchas estrecheces: primero en el ojo del huracán de la tempestad biográfica de su drama, del cual salió viejo, cansado y enfermo, y después malviviendo los últimos años con muchas penurias y necesidades económicas. También por esta razón lo lloró toda Cataluña.

II

La peripecia biográfica del poeta es de un interés extraordinario, sobre todo por la resonancia del llamado «caso Verdaguer», pero una presentación como esta ha de referirse a los rasgos más importantes y tratar de definir su esencial aportación literaria en una encrucijada de tres coordenadas: 1) aquella que lo presenta como el artífice del catalán literario moderno; 2) la del poeta de una cultura que renace y en el marco de unas circunstancias históricas concretas; y 3) la de un sacerdote de militancia activa al servicio de una iglesia catalana así mismo renaciente. Eso quiere decir que hay que situar a Verdaguer en el centro de una literatura que supo reanimarse a remolque del nuevo impulso del Romanticismo, reafirmada de manera vigorosa con la eclosión de los Juegos Florales y que trató de modernizarse, acercándose a los modelos europeos durante el último tercio del siglo XIX.

Para acabar de definir la personalidad del poeta hay que apuntar brevemente a la dificultad de una biografía espinosa y saber que aún hoy se mantienen abiertos algunos interrogantes del último tramo de su vida, entre 1893 y 1902, con actuaciones delicadas y episodios oscuros como la práctica de los exorcismos, su endeudamiento económico, la influencia de la familia Durán, la salida de la casa del marqués de Comillas, el confinamiento en la Gleva, la rebeldía contra el obispo Morgades, la suspensión a divinis… Todo unido ha hecho que a menudo y aún hoy se hable de Verdaguer con recelo y reticencias. También que se le haya alzado a la condición de un clásico indiscutible, pero desconocido todavía por el alcance y la dimensión real de su obra.

Nacido en Folgueroles el 17 de mayo de 1845, en una familia de campesinos con tradición ilustrada, estudió en el seminario de Vic desde 1856 hasta que se ordenó como sacerdote en 1860. Hasta Vic debían llegar en 1859 la desazón y las expectativas de la restauración de los Juegos Florales y la invitación de Víctor Balaguer que se dirigió a la juventud con la esperanza de encontrar un poeta que diera consistencia a una literatura renaciente ya que: «Tal volta entre vosaltres s’oculta lo Virgili de l’esdevenidor» —«‘Tal vez entre vosotros se oculta el Virgilio del futuro’»—, tal como afirmó en su discurso. Verdaguer era para entonces un joven seminarista que se adiestraba en los versos y la poesía, y fue a la sombra de los Juegos Florales, precisamente, que el estudiante creció y se proyectó como poeta. Sólo hay que recordar que el 1877, cuando el proceso culminó con la aparición de L’Atlàntida, además de ser recibida con singular entusiasmo en Cataluña, la obra gozó de una insólita proyección internacional y se tradujo a una docena de lenguas.

Ahora bien, si fue esencial el crecimiento del poeta en el marco de los Juegos Florales, también lo fue que Verdaguer se desempeñara como sacerdote al servicio de una iglesia que retomó el vuelo a partir de la Restauración borbónica de 1874 y tras la larga crisis vivida en los primeros dos tercios de aquel siglo. En Cataluña, un sector de esa iglesia —el más cercano a Verdaguer— afirmó con contundencia su catalanidad. Se trataba del grupo reunido en torno a La Veu de Montserrat y que tuvo como nombres más visibles a Jaume Collell y a Josep Torras i Bages. Precisamente por esta razón, el otro gran poema verdagueriano, Canigó (1886) ha de entenderse como una obra de expresión ideológica en el marco de una iglesia regionalista, portavoz del catalanismo conservador y que definía la patria como la posesión de la tierra por derecho divino. Desde esta óptica, a caballo de la historia y la leyenda, Canigó es el poema que canta los orígenes de la patria con la tesis de que Cataluña nace en el momento en que puede hacerlo cristianamente.

III

L’Atlàntida y Canigó representan el horizonte épico de Verdaguer. En el primer caso, la apuesta apuntaba a la creación de un gran poema que diese sentido, dignidad y coherencia a una literatura que renacía. Se esforzó durante un puñado de años y, de hecho, la versión definitiva del poema fue resultado de un largo proceso de metamorfosis iniciado en el año 1865 con el poema en prosa Colom, que trataba de la gesta del descubridor de América. De este poema eligió una parte que le gustaba especialmente, L’Atlàntida enfonsada, y la trabajó de nuevo hasta componer una pieza nueva: L’Espanya naixent, presentada a los Juegos Florales de 1868 y donde no obtuvo el eco que esperaba. Diez años más tarde, no obstante, y tras la experiencia del poeta como capellán de navío en la Compañía Transatlántica, la gran composición llegó a su forma definitiva, L’Atlàntida, que deslumbró a todo el mundo en los Juegos Florales de 1877.

Desde muy joven, Verdaguer había alternado el sueño épico de L’Atlàntida con el doble cultivo de la poesía religiosa y de la patriótica. Poemas como «Els minyons d’en Veciana»; «A la mort d’en Rafael de Casanova» y «Nit de sang» confirman un primer ardor patriótico de raíz romántica que, años más tarde, se había de concretar en el volumen Pàtria (1888). En este volumen, junto a textos patrióticos de pasión juvenil, figuran poemas como «Don Jaume a Sant Jeroni»; «Lo Pi de les Tres Branques»; «Oda a Barcelona» y «La Palmera de Junqueres» donde el poeta restaura a un tiempo su visión de la catalanidad y de la cristiandad. La culminación de esta restauración de tipo providencial (la patria entendida como posesión de un paisaje por derecho divino), llegó a su plenitud con Canigó, la obra más ambiciosa, personal y representativa del poeta donde se cantan los orígenes legendarios de Cataluña y su nacimiento como patria cristiana.

Al mismo tiempo que Verdaguer formulaba los ejes de esta patria providencial, también participaba como sacerdote en las empresas apologéticas y de propaganda religiosa de la iglesia catalana de la segunda mitad del siglo XIX. El poeta fusionó su doble condición de literato y de religioso, y se dedicó a componer militantemente poesía mística, gozos, cánticos y poemas hagiográficos. Útiles, en definitiva, para nutrir la piedad y fomentar la práctica religiosa. Es así como surgen Idil·lis i cants místics (1879), Cançons de Montserrat (1880), Lo somni de Sant Joan (1882), Caritat (1884), Veus del Bon Pastor (1894), y Roser de tot l’any (1894), entre otros, que pueden servir como ejemplo de una actividad que convirtió a Verdaguer en un poeta al servicio de la iglesia y en el renovador fundamental de los cantos religiosos en Cataluña.
Aproximadamente en 1890, incapaz de entender la rápida evolución de la sociedad, Verdaguer entra en una etapa de crisis personal, de desasosiego interior y de descontento consigo mismo.

Se dedica al ejercicio de la caridad más allá de la prudencia y a prácticas espirituales que no eran bien vistas por la jerarquía. Además se carga de deudas y entra en relación con la familia Durán. Todo ello desemboca en el conflicto virulento que conocemos como «la tragedia Verdaguer» y que convulsionó a la sociedad catalana de finales de siglo. Es el momento de obras como Sant Francesc (1895), los artículos En defensa propia (1895-1897) y el intenso poemario Flors del Calvari (1896). En 1898 se puso fin al conflicto. Mossèn Cinto se reconcilió con el obispo Morgades, le fueron restituidas las licencias para decir misa, pudo quedarse en Barcelona y obtuvo un pequeño cargo retribuido en la Iglesia de Belén.

Aún hay un último punto por comentar, el de la literatura de viajes. Verdaguer tuvo siempre la afición de viajar y mucho interés por conocer mundo. Su situación privilegiada como capellán privado de la familia López, marqueses de Comillas, de la que se decía si era la primera fortuna en la España de la época, le dio la oportunidad de viajar por tierras occitanas y de Castilla, también de ir a Roma (1878); de poder participar en un crucero por las costas del norte de África (1883), de hacer un viaje por el centro y norte de Europa (1884) y de realizar su gran sueño de visitar Tierra Santa (1886). Estas experiencias florecieron en espléndidas notas de viaje que recogió en sus volúmenes Excursions i viatges (1887) y Dietari d’un pelegrí a Terra Santa (1889), modelos, ambos, de una prosa vigorosa, ágil y fluida que Josep Pla situaba entre la mejor que nunca se hubiera escrito en catalán.

Atendida la variedad, el vigor y el valor de su obra, no es extraño que a menudo se haya considerado a Verdaguer como la personificación del héroe esencial de la literatura catalana contemporánea, ni tampoco que Joan Maragall, con motivo de su muerte, sintetizara su genio escritor diciendo que «… el poeta catalán descendió de la montaña y nuestra lengua volvió a existir viva y completa, popular y literaria de una pieza. Él vino en el momento preciso en que había de venir porque como todos los héroes, el momento lo creó él y esta es su gloria. Eso tuvo de héroe: el haber creado una realidad; eso tuvo de poeta: el haber roto a hablar por todos en su tierra».

https://cvc.cervantes.es/actcult/verdaguer/biografia.htm

Isidor Cónsul i Giribet nació en Bellpuig, comarca de l’Urgel. Estudió magisterio y filología románica, tuvo una profunda vocación por la docencia solo superada por la editorial. También fue crítico en Avui, Serra d’Or, el Temps y Cultura, y uno de los máximos estudiosos de la obra de Verdaguer, del cual publicó una antología, una biografía, ‘Perfils de Verdaguer’, y escribió una seria para la radio pública catalana, ‘Verdaguer 100 anys’. Fue secretario del Centre Català del Pen Club entre los años 1988 y 1996, y presidente del Comité de Traducciones i Derechos Lingüísticos del Pen Club Internacional entre el 1995 y el 1999. Como escritor publicó ‘Cinc estacions: un dietari’, ‘En el nom del pare’ o el más reciente ‘Tractat de geografia’ (premio Marià Vayreda) Murió en Badalona el 27 de Agosto de 2009.

 

Narcís Garolera

 

A obra Literária de Jacint Verdaguer
Narcís Garolera Universitat Pompeu Fabra Barcelona
Traducido al portugués por Pedro Sevylla de Juana

Embora uma apresentação cronológica de toda a obra de Verdaguer mostre a estreita relação entre suas vicissitudes biográficas e suas produções literárias, acompanharei uma exposição ordenada de acordo com os diferentes géneros e temas utilizados pelo escritor. Também estabelecerei uma agrupação operacional em dois grandes blocos: poesia e prosa.

1. Poesia

A crítica tende a ser unânime ao enumerar as principais qualidades do trabalho poético de Verdaguer: riqueza lexical, bom gosto na distribuição de palavras e versos, fertilidade imaginativa, combinação de ternura expressiva e vigor, um populismo sincero, juntamente com um profundo senso da natureza … Uma certa retórica, por outro lado, e uma facilidade de versificação excessivamente pródiga, são algumas das censuras feitas à poesia de Verdaguer, que, no entanto, nunca prejudicam os resultados de um brilho inquestionável.

a) Épica
Ao contrário da maioria dos poetas contemporâneos, Verdaguer repetidamente cultivou poesia épica, cenografia e temática grandiosas. Já em seus primeiros anos, ele se fez conhecido como o autor dum extenso poema baseado na lenda dos dois patronos da cidade de Vic, intitulado Dos màrtirs de ma pàtria (1865) e escrito em oitavas reais, dentro dos cânones da poética neoclássica. Algo posterior é o propósito – e uma primeira redação incompleta – dum extenso poema épico, em prosa, sobre a figura de Cristóvão Colón, que retomará, em verso, muitos anos depois, no final de sua vida. Do projeto colombino, cujo alcance agora podemos avaliar, depois de uma edição tardia (1), Verdaguer delineou o planejamento que, depois de alguns anos, seria o seu primeiro grande poema épico, L’Atlàntida (1877), com o que, além de ganhar reconhecimento público de seu valor como escritor, retornou ao catalão todas as possibilidades expressivas duma linguagem literária. A poesia, por outro lado, atinge nessa epopeia geológica momentos de grandeza absoluta, apesar das inevitáveis quedas de tom e uma óbvia desproporção no tratamento dos personagens. L’Atlàntida foi vista, acima de tudo, como “um exercício imenso de criação de linguagem poética e de esforço retórico, no melhor sentido da palavra” (2).

Em 1886, Verdaguer publica, após uma longa e laboriosa gestação, o que muitos críticos consideram seu melhor poema, Canigó, duma complexidade técnica e um refinamento expressivo claramente superior aos da epopeia anterior. Com este trabalho, Verdaguer demonstra sua habilidade poética e leva sua maestria ao ponto mais alto. O poeta está em seu momento de plenitude criativa.
Atrás das dois epopeias, num modesto segundo lugar, há que fazer uma breve referência a outras tentativas épicas na poesia de Verdaguer: Llegenda de Montserrat (1880), Lo somni de Sant Joan (1887) e Santa Eulària (1899) Todos elas dotadas duma intensa força dramática e uma grande riqueza descritiva.

b) Lírica
Pouco depois de publicar L’Atlàntida na edição definitiva, Verdaguer tornou-se conhecido como autor da poesia religiosa, efusiva e sincera, derivada da sua profunda consciência sacerdotal. Os Idi.lis y Cants Místics (1879) constituem a primeira e mais lograda coleção de poemas de inspiração religiosa e mística de toda a sua produção literária. Seguirão este compêndio Caritat (1885), a trilogia Jesús infant – sobre a Sagrada Familia (1890-93), Roser de tot l’any (1894), Veus do Bon Pastor (1894), Sant Francesc (1895), Flors del Calvari (1896), Flors de Maria (1902) e as obras póstumas Al Cel (1903) e a Eucarístiques (1904).
Grande parte da poesia religiosa de Verdaguer revela a influência de alguns livros da Bíblia – especialmente o Cântico dos Cânticos, que o poeta traduziu para o catalão – de Ramon Llull, São Francisco de Asís e dos místicos castelhanos: Santa Teresa de Jesus, Sant Joan de la Creu … Uma expressão popular do tema místico, é talvez a característica mais pessoal de Verdaguer como poeta religioso. Junto com esta poesia religiosa, existe uma verdadeira produção lírica de caráter patriótico, que lhe valeu uma popularidade imediata e perdurável na Catalunha. O amor da terra, unido com a exaltação da sua história e suas tradições, já levaram Verdaguer a escrever, em seus anos moços, composições de grande beleza expressiva. No entanto, não será até a impressionante ode A Barcelona (1883), profusamente divulgada, que Verdaguer obtém, nesse registro, uma intensidade quase épica.

Grande parte da sua produção lírica-patriótica é recolhida na coleção de poesias Pàtria, publicada em 1888, ano em que Barcelona celebrou sua primeira Exposição Universal. Os poemas que a integram esgotam, em palavras de Manuel de Montoliu, “a veia da inspiração patriótica da era heroica do catalanismo literário”, ou seja, o primeiro período dos Juegos Florales de Barcelona (3). Verdaguer, portanto, trouxe à perfeição os gêneros e formas usados pelos predecessores para expressar, de modo literário, o sentimento patriótico, e deu modelos acabados e definitivos. A visão geográfica da terra catalã, magnificamente expressada em Canigó, e uma avaliação estética do sentimento de anseio, que presidiu – desde Bonaventura Carles Aribau – as primeiras manifestações românticas da literatura catalã, constituem, de acordo com o crítico mencionado, as duas contribuições originais de Verdaguer para poesia patriótica.
Não deve ser esquecido, finalmente, que antes de ser ordenado sacerdote, Verdaguer também escreveu poesia de amor. Um exemplo excelente desta produção, inédito até muito tempo depois de sua morte, é o extenso poema narrativo Amors d’en Jordi i na Guideta, de inspiração mistraliana, que faz parte da coleção de seus primeiros poemas, publicados póstumamente sob o título de Jovenívoles (1925) (4). Essas composições, de estilo popular e tema de amor, refletem, como dizem os biógrafos do poeta, suas primeiras tentativas sérias de construção literária, dentro dos cânones do romanticismo tardio da Renaixença catalã.

2. Prosa

Verdaguer cultivou a prosa muito cedo, como evidencia a publicação de seus escritos de juventude, que permaneceram inéditos (5). De natureza autobiográfica, com descrições de cenas da vida rural da sua região natal, esses primeiros escritos em prosa têm um valor excepcional: Verdaguer mostra neles uma segurança linguística e uma capacidade descritiva muito superior à da prosa catalã de seu tempo, e não são muito diferentes dos seus livros posteriores em prosa.
No entanto, até o ano de 1887 Verdaguer não publicou nenhum trabalho em prosa. O primeiro título que ele deu à imprensa foi Excursions e viatges, que continham as anotações dos itinerários de Verdaguer pel Pirineo catalão, as impressões do cruzeiro que o poeta fez em 1883 com o segundo Marquês de Comillas nas costas africanas do Mediterrâneo, e as observações da viagem pelas principais capitais europeias realizado no ano seguinte, em companhia do industrial e mecenas catalão Eusebio Güell.

Aos quarenta anos, o poeta Verdaguer tornou-se conhecido como um excelente escritor de prosa, com um grande domínio de recursos linguísticos e uma notável atitude para a descrição. Na primavera de 1886, acompanhado pelo cônego -e cientista- de Barcelona Jaume Almera, Verdaguer inicia uma viagem à Palestina e Egito, cujo fruto literário será a Dietari d’un pelegrí a Terra Santa (1889). As notas desta “peregrinação” mostram claramente uma preocupação estilística, embora que na nota proemial o autor confesse que não pretendia escrever “um livro de impressões, como agora se denomina, mesmo que tenha alguma semelhança om ele”.
Em ambos os livros, não obstante, há uma falta de construção mais robusta, e talvez sobrem anotações anedóticas e um tanto ingênuas, derivadas do gosto de Verdaguer por colecionar in situ tradições e lendas. Ao lado de suas grandes epopeias, os dois livros de viagens – os primeiros no catalão moderno- foram considerados produções marginais dum grande poeta, e essa apreciação impediu avaliar neles os aspectos inovadores – revolucionários, de acordo com Maurici Serrahima- duma prosa cada vez menos “literária”, mais funcional – jornalística – e de expressão mais natural e clara.

Os artigos que Verdaguer publicou na imprensa para rebater publicamente seus detratores, no momento culminante de sua tragédia pessoal – recolhidos em volume sob o título de En defensa pròpia (1895) – constituem um auténtico marco na prosa catalã moderna. “Até então”, escreve Serrahima, “ninguém jamais escreveu em catalão com a perfeição e eficácia literária e funcional que ele alcançou nesses artigos(…) A prosa verdagueriana atingiu seu cume” (6). Verdaguer sabia, de fato, o tom e o estilo que o assunto exigia. Uma expressão concisa, deliberada e firme, apesar da falta de precedentes, o levou a escrever uma prosa direta e viva, que ainda hoje surpreende pela sua frescura e naturalidade. Uma coleção de Rondalles, póstuma (1905), fecha a produção de prosa do poeta, que também possui alguns discursos esplêndidos e artigos, para não mencionar algumas traduções, entre elas a excelente versão de Nerto (1885), de Federico Mistral, onde Verdaguer obtém uma verdadeira recreação literária.

A título de conclusão

Verdaguer foi o escritor catalão mais importante do século XIX e o mais representativo da Renaixença literária catalã. Autor de obras de grande ambição, ele usou temas e formas populares para transmitir as ideias do catalanismo conservador e do catolicismo de seu tempo. Retornou à língua catalã o prestígio perdido duma língua de cultura e, apesar de seus desequilíbrios, realizou uma obra perfeitamente coerente, ao serviço dos ideais da fé e da pátria. Foi utilizado desde posições ideológicas contrapostas, e tem sido invocado sobretudo como símbolo do catalão e da catalanidade. Sua eficácia expressiva e o eco social de seu conflito deram-lhe, já em vida, uma estima popular mais pessoal que literária, em detrimento duma avaliação estritamente artística. Se sua figura ainda é debatida hoje, sua obra adquiriu a consideração de clássica.

Notas
1. Escrits inèdits de Jacint Verdaguer, vol. II (Colom). Transcripció i estudi per Joan Torrent i Fàbregas (Barcelona, Barcino, 1978).
2. Pere Bohigas, Notes sobre la composició i estructura de L’Atlàntida [discurso leído en la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona], 1958, p. 23.
3. La Renaixença i els Jocs Florals. Verdaguer (Barcelona, Alpha, 1962), p. 198.
4. Esta producción se ha visto últimamente incrementada con la publicación de un volumen de Poesies juvenils inèdites de Jacint Verdaguer, transcritas y anotadas por Narcís Garolera (Vic, Patronat d’Estudis Osonencs, 1996; 2.ª edición, revisada y aumentada: 2002).
5. Escrits inèdits de Jacint Verdaguer, vol. I. Transcripció i estudi per Josep Maria de Casacuberta (Barcelona, Barcino, 1958).
6. Maurici Serrahima, «Jacint Verdaguer», en Dotze mestres (Barcelona, Destino, 1972), pp. 40-41.

Tradução de PSdeJ del original em este enlace:
https://cvc.cervantes.es/actcult/verdaguer/acerca/garolera.htm

Narcis Garolera Carbonell
Narcís Garolera (Vic, 1949) és doctor en filologia catalana i catedràtic emèrit de la Universitat Pompeu Fabra. S’ha especialitzat en l’estudi de Jacint Verdaguer, sobre el qual ha publicat nombrosos estudis. Ha preparat, entre altres, les edicions crítiques de Canigó i L’Atlàntida (Quaderns Crema, 1995 i 2002). Des del 1994 dirigeix l’edició crítica de l’obra completa de Josep Maria de Sagarra, de qui ha publicat els reculls d’articles periodístics L’ànima de les coses i El perfum dels dies (Quaderns Crema, 2001 i 2005). És autor, també, d’una edició crítica d’El quadern gris de Josep Pla (2012) i de les Memòries de Carles Fages de Climent (2014).

 

 

 

Biografía de Jacint Verdaguer

Nace en Folgueroles (Osona) en 1845, en una humilde familia campesina de una cierta cultura y pronto su madre le instruye en la lectura de algunos libros.
En 1855 comienza los estudios en el Seminario de Vic, donde permanece durante quince años. La formación académica que recibe se divide en tres fases: Humanidades y Retórica; Filosofía y Teología; y Moral, Derecho canónico y Práctica. Gracias a sus propios descubrimientos en las bibliotecas de Vic y en la influencia de profesores y compañeros lee clásicos grecolatinos, como Virgilio, Ovidio y Platón; clásicos italianos; autores castellanos de todas las épocas; autores románticos franceses y autores catalanes antiguos y modernos. Todavía estudiante, en 1865, recibe dos premios de poesía en los Juegos Florales de Barcelona: Els minyons d’En Veciana, y A la morte d’En Rafel de Casanova. Además, ese mismo año publica en el periódico Eco de la Montaña, el poema de dos cantos Dos mártirs de ma pàtria, o siga Llucià y Marcià y entra en contacto con personajes relevantes de la época como Milá y Fontanals y Marià Aguiló. Dos años después funda l’Esbart de Vic, formado por un grupo de estudiantes entusiastas, con sentimientos e ideas románticas, que se reúnen en la font del Desmai con el fin de practicar la poesía.

En 1870 es ordenado sacerdote. En vez de ser enviado a Barcelona a ampliar estudios -como la mayoría de sus compañeros de Vic- es destinado a una pequeña parroquia en Vinyoles de Orís. En ningún momento deja de dedicarse a la poesía (trabaja sobre todo en el poema épico L’Atlàntida, pese a llevar a cabo las tareas de vicario y soportar la grave enfermedad que contrae. En 1874 marcha a Barcelona para recuperarse de esta enfermedad; allí permanece ocho meses y frecuenta “la penya dels minyons” -en la que conoce a los futuros obispos Torras i Bages, Estalella i Cortés-, contacta con los miembros del Esbart de Vic y participa en tertulias donde observa luchas políticas y tendencias literarias. Ese mismo año, entra como capellán de barco en la Compañía Transatlántica, propiedad de los marqueses de Comillas. Son casi dos años de navegación y nueve las veces que realiza la travesía de América (en la línea de Cuba), un periodo de equilibrio necesario para recuperar la salud y concluir La Atlántida, que es premiada en los Juegos Florales de 1877 y consigue un inmediato éxito clamoroso. La obra es apreciada ya en la época como la culminación de la Renaixença.

Además, comienza una etapa de triunfos y prosperidad, que dura diecisiete años. A partir del fin de 1876 reside en el palacio de los marqueses de Comillas, contratado como capellán de la familia y tiene, por tanto, ocasión de frecuentar los ambientes sociales más altos y de escribir, con el mecenazgo de los marqueses, algunos de sus poemas más importantes. Desde 1883, con el cargo de limosnero, por el que debe administrar la beneficencia del marqués a familias necesitadas, sufre más quebraderos de cabeza, pero, también, goza de una gran influencia. Es un período en que hace numerosos viajes (Occitania, Castilla, Toulouse, Roma, Comillas, Donostia …).

En Barcelona, el poeta se centra en la divulgación de los ideales de juventud, aprovechando su prestigio y la ayuda de Jaume Collell -miembro de l’ Esbart. Verdaguer publica textos en La Veu de Montserrat y en una colección de libros, con la colaboración de su amigo Collell. Ambos preparan las fiestas del Mil.lenari de Montserrat, donde se convocan concursos y asisten autoridades y escritores. Mossèn Cinto escribe para la ocasión obras como Llegenda de Montserrat y Cançons de Montserrat, entre las cuales están las estrofas del Virolai. En 1879, coincidiendo con la organización del milenari, Verdaguer publica Idil.lis y cants místics, que son, en opinión de Carles Riba, “un llarg, insadollable enyor de la natura angèlica”. Poemas, pues, de tema religioso que contrarrestan la sensación creada por L’Atlántida, considerada obra profana por los más críticos.

En 1882 aparece Lo somni de Sant Joan. Llegenda del Sagrat Cor de Jesús, refundido y ampliado en 1887. La oda A Barcelona, publicada en 1883 por el ayuntamiento de la ciudad en una edición de cien mil ejemplares, constituye una mitificación del espíritu progresista y de las ansias de expansión de la nueva burguesía industrial catalana. Con el objetivo de despertar la sensibilidad popular, Verdaguer insiste en la poesía religiosa, herramienta para hacer devotos del catolicismo y también de la lengua catalana.

El punto culminante de la etapa de plenitud es Canigó (1886). Este segundo gran poema épico sirve al poeta para vencer las insatisfacciones y rectificar los defectos de La Atlántida. Escribe tomando como base elementos de primera mano reunidos a partir de la vuelta, entre el 1879 y el 1884, al Pirineo catalán. Allí puede ver con detalle lo que sería el escenario del poema, completado posteriormente con libros de historia, folklore y geografía. El año 1886 es importante, también, por dos hechos de signo contrario: uno, la coronación en Ripoll como poeta de Cataluña por el obispo de Vic -hecho que muestra la cima de la gloria de Verdaguer- y, el otro, el viaje a Tierra Santa -que significa el comienzo de la crisis espiritual.

Efectivamente, aunque después de este año publica obras destacadas ajenas del cambio espiritual -por ejemplo, Pàtria (1888) -, el poeta vive inmerso en una crisis profunda provocada por el viaje a Palestina y Egipto, del que vuelve trastornado. Dietari d’un pelegrí a Terra Santa (1888) está compuesto por las anotaciones que mossèn Cinto toma durante el viaje; que explican el deseo de purificación y el cambio de orientación de su vida. Este cambio consiste en dedicarse más a las tareas eclesiásticas que a las de escritor; lo que le lleva a una práctica desordenada de la caridad. Se llena de deudas y, más tarde, se pone en contacto con un grupo de exorcistas. Es entonces cuando entra en la vida del poeta la familia Duran, formada por una mujer viuda y dos hijas, a las que promete no abandonar. Esta actitud de ayuda incondicional a los necesitados, y los comportamientos añadidos, le ocasionan la desconfianza de los marqueses de Comillas que, finalmente, prescinden de sus servicios como capellán doméstico. Tampoco es comprendido por las autoridades eclesiásticas, que, con un diagnóstico de locura, lo alejan de Barcelona.

En el santuario de la Gleva, cerca de Vic, va descubriendo que el lugar de reposo es realmente lugar de reclusión. Después de visitar al marqués y al obispo Morgades, es obligado a permanecer en la Gleva, vigilado por un cura que difunde rumores negativos sobre su comportamiento. En 1895, ante una situación de encierro insostenible, Verdaguer se escapa de la Gleva y vuelve a Barcelona. Sólo la casualidad hace que Verdaguer no sea detenido por la policía, enviada por el obispo Morgades; esto provoca que el poeta envíe un breve comunicado a la prensa en el que pide justicia y ayuda a la gente de Barcelona. La noticia consiguió tanto impacto, que llegó a alcanzar dimensiones de escándalo. Un mes después, un tribunal eclesiástico le suspende de sus funciones sacerdotales y, por tanto, no puede decir misa. Verdaguer contraataca con una serie de cartas enviadas a la prensa diaria (tituladas Un sacerdot perseguit), gracias a las cuales gana fuerza y nuevas amistades.

El mismo 1895, un grupo de amigos publica estas cartas de Verdaguer, con el título “Mossèn Jacinto Verdaguer en defensa propia”. Cartas consideradas la mejor prosa del primer periodismo catalán moderno. En 1896 se publica el libro Flors del Calvari. Llibre de consols, como justificación personal y ataque a sus enemigos, y escritos y panfletos como “Verdaguer reivindicat”, que muestra un Verdaguer herido y rebelde, decidido a demostrar su razón. Además, escribe La Pomerola, poema autobiográfico. En 1897 publica en la prensa una segunda serie de artículos aún más agresivos que los de 1895. En 1898, se retracta y es rehabilitado. Pasa sus últimos años como beneficiado de la iglesia de Belén, en Barcelona.

En los últimos cuatro años de vida, Verdaguer vuelve a la actividad literaria. Dirige algunas revistas de tema religioso: “Lo Pensament catalá”, “L’Atlántida” y “La Creu del Montseny; prepara nuevos libros y participa en actos públicos. Los últimos libros publicados en vida fueron: Santa Eulària. Poemet (1899 ), y Aires del Montseny (1901). Y unos meses después de la muerte del poeta, Flors de Maria, el 10 de junio de 1902, en Vallvidrera. Fue enterrado en Montjuïc, en medio de una enorme manifestación de duelo popular, que acompañó al poeta por la Rambla de Barcelona.

La producción verdagueriana, musicada por varios compositores (Nicolau, Morera, Millet, Falla, etc) y ampliamente imitada, editada y estudiada, ha sido traducida a muchas lenguas. De las ediciones de obras completas 1905-08, 1913-25, 1928-36, 1943, 1946, 1949 y 1964, destaca como más cuidadosa la edición popular (1913-25), en treinta volúmenes. En 1995, Eumo editorial emprende una nueva edición.

Traducción al castellano de PSdeJ, del texto en catalán de este enlace:
https://www.escriptors.cat/autors/verdaguerj/pagina.php?id_sec=2340

 

 

Obra de Jacint Verdaguer

Poesia

Dos màrtirs de ma pàtria, o siga Llucià i Marcià. Vic: Eco de la Montaña, 1865.
Qui com Déu? Vic: Impremta Anglada, 1869.
Novas cansons de Nadal. Vic: Estampa de Ramon Anglada, 1871.
Cansonetas del mes de Maria. Vic: Estampa de Ramon Anglada, 1872.
Passió de Nostre Senyor Jesucrist. Barcelona: Tipogrfia Catòlica, 1873 / Barcelona: Distribuidora Balmes, 1973.
L’Atlàntida. Barcelona: Jocs Florals, 1877.
Idil·lis i cants místics. Barcelona: Llibreria d’Eusebi Riera, 1879.
Cançons de Montserrat ara novament dictadas y en celebració del milenar publicadas. Vic: Biblioteca dels Escons de Catalunya-Estampa de Ramon Anglada, 1880.
Llegenda de Montserrat. Vic: Biblioteca dels Escons de Catalunya-Estampa de Ramon Anglada, 1880.
Salteri franciscà. Romancets sobre la prodigiosa vida del patriarca Sant Francesch. Vic: Estampa de Ramon Anglada, 1882.
A Barcelona. Barcelona: Ajuntament de Barcelona-Estampa La Española, 1883.
Caritat. Poesies estampades a favor de les víctimes dels terratrèmols d’Andalusia. Barcelona: Fidel Giró. Llibreria d’Àlvar Verdaguer, 1885.
Canigó. Llegenda pirenaica del temps de la Reconquista. Barcelona: Llibreria Catòlica, 1886.
Lo somni de Sant Joan. Llegenda del Sagrat Cor de Jesús. Barcelona: Llibreria i Tipografia Catòlica, 1887.
Pàtria. Barcelona: Estampa de Fidel Giró, 1888.
Col·lecció de Càntics religiosos per al poble. Aplec de fulls solts des del 1886.Tipogràfica Catòlica, 1889.
Jesús infant: Natzaret. Barcelona: Llibreira de Bastinos. Estampa de Fidel Giró, 1890.
Jesús infant: Betlem. Barcelona: Llibreria de Bastinos-Estampa de Fidel Giró, 1891; Barcelona : Josep Porter, 1946.
Jesús infant: La fugida a Egipte. Barcelona: Llibreria de Bastinos. Estampa de Fidel Giró, 1893.
Veus del Bon Pastor. Vic: Estampa de Ramon Anglada, 1894.
Sant Francesc. Poema. Barcelona: Tipografia “L’Avenç”, 1895.
Flors del Calvari. Llibre de consols. Barcelona: Impremta de Henrich i Companyia, 1895.
Jesús infant. Tres parts. Llibreria Bastinos-Impremta de Henrich i Companyia, 1896.
Montserrat. Llegendari, cançons, odes. Barcelona-Sarrià: Estampa de Francisco X. Altés, 1898.
Santa Eulària. Poemet. Barcelona: Estampa de Francisco X. Altés, 1899.
Aires del Montseny. Barcelona: Publicació Joventut, 1901.
Flors de Maria. Barcelona: Estampa de la Casa Provincial de Caritat, 1902; Barcelona: Selecta, 1954.
La mellor corona. Barcelona: Tipografia “L’Avenç, 1903.
Corpus Christi. Barcelona: Tipografia “L’Avenç”, 1903.
Al Cel Barcelona: Establiment gràfic de J. Thomàs, 1903.
Eucarístiques. Barcelona: Tipografia “L’Avenç”, 1904; Barcelona: Biblioteca Selecta, 1952 [9a ed].
Colom, seguit de Tenerife [Dins Disperses]. Barcelona: Tipografia “L’Avenç”, 1907.
Càntic dels càntics. Precedit d’Els jardins de Salomó. Barcelona: Tipografia “L’Avenç”, 1907.
Perles del “Llibre d’Amic i Amat” d’en Ramon Llull. Barcelona: Tipografia “L’Avenç”, 1908.
Els pobres. Els Sants. Barcelona: Tipografia “L’Avenç”, 1908.
Amors d’En Jordi i Na Guideta [Poema compost abans de 1865]. Barcelona: Ilustració Catalana, 1924.
Jovenívoles [Poesies creades abans de 1866]. Barcelona: Ilustració Catalana, Volum XXIX de l'”edició popular” d’Obres Completes, 1925.
Barcelonines. Barcelona: Il.lustració Catalana, Volum XXVIII de l'”edició popular” d’Obres Completes, 1925.
Disperses Barcelona: Ilustració Catalana, Volum XXX de l’edició popular” d’Obres Completes, 1925.
L’Atlàntida enfonsada. Barcelona: Ajuntament de Barcelona, 1946.
Brins d’espígol. Tarragona: Institut d’Estudis Tarraconenses, 1981 / Vic: Eumo, 1994, [2a ed].
La Pomerola [Dins Ricard Torrents, Verdaguer. Estudis i Aproximacions]. Vic: Eumo, 1995.
Del Canigó a l’Aneto. Lleida: Pagès Editors, 2002 [Ed. de Narcís Garolera i Curt Wittlin].
En creu Barcelona: Cruïlla, 2005.
Poemes i cançons de Nadal Barcelona: PAMSA, 2007.
Pàtries [cur. Ricard Torrents]. Folgueroles: Verdaguer Ed., 2014.

Prosa

Excursions i viatges de Mossèn Jacinto Verdaguer. Barcelona: La Il·lustració Catalana-Estampa de Fidel Giró, 1887
Dietari d’un pelegrí a Terra Santa. [a “La Veu de Montserrat” i “La Il·lustració Catalana”, 1877 i 1888]. La Il·lustració Catalana, 1888;
Roser de tot l’any. Dietari de pensaments religiosos. “La Veu de Catalunya”, 1893; “La Catalana”, estampa de Jaume Puigventós, 1894.
En defensa pròpia. Col·lecció d’articles vindicatius publicats a la premsa de 1895;
Escrits inèdits de J.V. Vol. I Barcelona: Barcino, 1958.
Epistolari de Jacint Verdaguer [Onze volums, a càrrec de Josep M. de Casacuberta i Joan Torrent i Fàbregas, entre 1959 i 1993]. Barcelona: Biblioteca verdagueriana-Barcino, 1959-1993.
Escrits inèdits de J.V. Vol. II (Colom). Barcelona: Barcino, 1978. De Tánger a Sant Petersburg: excursions i viatges. Barcelona: Tusquets, 2003.
Dimonis. Apunts de Jacint Verdaguer a la Casa d’Oració Folgueroles Verdaguer Edicions, 2014.

Teatre

L’adoració dels pastors. “Lo Pensament Català”, 1901.

Traduccions realitzades per l’autor

Neto, de Mistral, 1885.
Càntic dels càntics. 1907.

Obres traduïdes

Al portuguès
Al txec
A l’alemany
A l’anglès
Al castellà
Al francès
A l’italià

Obres completes

Mossén Jacinto Verdaguer. Obres Complertes amb gran cura ordenades y anotades. Set volums. Toledano, López i Cia i Josep Agustí, 1905-1908.
“Edició popular” d’Obres Completes de Mossèn Jacinto Verdaguer. “Ilustració Catalana”. Trenta volums, entre 1913 i 1925.
Obres Completes de Jacint Verdaguer. Barcelona: Llibreria Catalònia, 10 vol., 1928-1936.
Obres Completes de Jacint Verdaguer. Barcelona: Selecta, 1943. (5a ed. 1974)
Totes les obres de Jacint Verdaguer [cur. Isidor Cònsul i Joaquim Molas]. Barcelona: Proa, 4 vol., 2002-2006.
Barcelona, textos per a un llibre Vic: Eumo, 2006.
Obra Completa de Jacint Verdaguer en edició crítica. Folgueroles: Eumo – Edicions Verdaguer, 30 vol. (previst), 1995-.

Altres

Rondalles Barcelona: Tipografia “L’Avenç”, 1904; Barcelona: Clàssics-Onda, 1997.
Discursos [Dins Discursos. Articles. Pròlegs]. Barcelona: Tipografia “L’Avenç”, 1905.
Folklore. Barcelona: Tipografia “L’Avenç”, 1907.
Discursos-Articles. Pròlechs. [Vol. XXVI de les Obres Completes]. “Il·lustració Catalana”, 1920; Barcelona: Llibreria Catalònia, 1936 [Ed. definitiva].
Epistolaris Barcelona: Barcino, 1977
Verdaguerianes [Música de Francesc Vila]. Barcelona: Dinsic Publicacions Musicals, 2002.

 

 

 

 Monumento a mossèn Jacint Verdaguer en Barcelona, autor Josep M. Pericas, ganador del concurso convocado por el Ayuntament. Escultor de la imagen em bronce: Joan Borrell. Relieves en piedra: los hermanos Lluci y Miquel Oslé.