IMAGO UNIVERSI MEI

Contenido: Imago Universi Mei. Introducción.  La Crítica. Testimonio de Cesáreo Gutiérrez Cortés. Selección de poemas de Pedro Sevylla de Juana: ocho poemarios en castellano. Conclusión.

Somos hijos de un pretérito, que es el de la humanidad entera y el del Universo al completo; de una evolución producida siguiendo reglas naturales, en las que el acaso juega un papel esencial. IMAGO UNIVERSI MEI, es el resultado de sesenta años de trabajo: vivencia, lectura y escritura. Se trata de una selección revisada de mis primeros libros, y una reescritura de los últimos. Lo forman ocho poemarios que difieren de los libros publicados individualmente, pues, aunque he procurado seguir en su progresión el orden temporal, hay fusiones y modificaciones que lo convierten en un libro único, recién acabado, obediente a mi ética y estética actuales.
Complementando la poesía van algunas críticas, recibidas tanto en España como en Iberoamérica; y una cronología, firmada por el heterónimo Cesáreo Gutiérrez Cortés, nacido él como personaje en el ensayo Ad Memoriam, de 2007.

Citas:
La poesía es la salida que la persona da a su laberinto
(Cesáreo Gutiérrez Cortés)

Energía y materia
pensamiento, palabra y acción
destreza y esplendor
tiempo y tierra. (PSdeJ)

Dedicatoria:
A las hembras de todas las especies: arranque y empuje de la Vida.

Ensayos y Críticas:
El crítico no es la brújula, ni el viento, ni la vela, ni el remo; pero tiene un poco de ellos y ayuda al velero a navegar. (PSdeJ)

ESTER ABREU VIEIRA DE OLIVEIRA, Doctora en Letras Neolatinas por la Universidade Federal de Rio de Janeiro, investigadora, profesora y directora de tesis en la Universidade Federal de Espírito Santo, es poeta, narradora y crítica literaria. Posee una obra muy extensa y variada sobre la Literatura Española, tanto clásica como contemporánea. Recientemente nombrada Professor Emérito por la UFES, la gran hispanista brasileña Ester Abreu, escribió:
Pedro Sevylla de Juana es dueño de un lenguaje elaborado y claro, y de un vocabulario preciso, al mismo tiempo clásico y popular (metáforas, proverbios, ciencia y folclore). En su tejer literario filosofa sobre la vida, apunta críticas sociales y literarias, recrea arquetipos, conceptúa el arte y la poesía, revive el pasado y abre su alma, el alma que dice no tener.
Encarnando la poesía el dolor humano, y la realidad proyectada de las emociones; siendo el mensaje un canto íntimo del interior que lo produce, los impulsos proporcionados por el conocimiento de la buena poesía, encuentran en este poeta terreno fértil para la tarea de tejer sus versos.
Según dice Sócrates a Fedro, aquel que no posee nada más valioso que sus escritos, y pasa largo tiempo mejorándolos, quitando una cosa aquí, añadiendo otra allá, a ese hombre se le llamará poeta. Pero no es sólo quitar y añadir, Sócrates lo sabía: Es mucho más. Lo que hace Pedro Sevylla de Juana es utilizar un lenguaje poético auténtico, y mover las palabras con la propiedad de un director de orquesta para producir armonía; es lanzar silencios en palabras y palabras que vuelen hasta los espacios siderales, y desciendan al centro de la Tierra, a los infernales caminos dantescos; es representar e imaginar en lo “irreal” y proyectarse en la verdad de una manera original y propia. Es el lector, quien, con su acción, completa la obra, como nos muestra el concepto de poema de Pedro Sevylla: “Los poemas son jaulas que el lector abre, para que el águila o el colibrí escapen.

ALHUCEMA, Revista Internacional de Teatro y Literatura, en su número 16, publicó:
La Deriva del Hombre de Pedro Sevylla de Juana:
Ciento nueve poemas en prosa de una belleza inclasificable y personalísima. Filosóficos, vitalistas, vigorosos, sus poemas buscan en un universo inabarcable y exploran las distintas vertientes de la existencia”.

SABAS MARTÍN, poeta, narrador, dramaturgo, ensayista, crítico, y periodista; es Académico honorario de la Academia Canaria de la Lengua, y ha recibido numerosos premios literarios y radiofónicos. En el programa Los libros en Radio Cinco, de Radio Nacional de España, Sabas Martín, dijo:
Con una poesía que participa a la vez de los registros de la poesía, la prosa y la reflexión ensayística, Pedro Sevylla de Juana ofrece, en La Deriva del hombre, una singular propuesta de emigración de géneros, por más que anclada decididamente en el decir poético. Poeta y novelista, nacido en Valdepero, Palencia, en 1946, propone una poesía de búsqueda, de síntesis y de exploración en los rostros múltiples de la existencia; unida a una imbricación activa del ser en la realidad del Universo.
Publicada por la Editorial Devenir, La Deriva del Hombre aparece como una obra original y diferente dentro del panorama de la actual poesía en español.
El título nos remite a la deriva, al transcurrir del hombre sobre La Tierra y, como decíamos, uno de los elementos que singularizan este libro, es la peculiaridad de su escritura, en la que narración y ensayo adquieren la belleza de la poesía y la ductilidad de la prosa. Concebido como la suma de cuatro libros, el primero de ellos, Amanecer de pan y de simiente, predominan los poemas en tercera persona con un sujeto plural colectivo, como protagonista inmerso en los ciclos de La Tierra. En La Aldea itinerante, Pedro Sevylla de Juana nos ofrece una sucesión de textos, caracterizados por la disparidad geográfica: de Acerbayán a El Escorial, de Nairobi al Tíbet, los poemas componen una geografía múltiple y diversa como escenario en el que confluye y se expande el ser.
Mis pies sobre la Tierra, tercero de los libros, manifiesta de forma directa, con el uso del yo sujeto, la intimidad del poeta revelándose en la expresión conjunta de Experiencia y Pensamiento. Finalmente, Crecido a la intemperie, resume esa mirada del ser como un todo inabarcable, donde el transcurrir de la vida refleja la precariedad y la incertidumbre, el ansia de convertir en único destino, deseo y realidad, lo intangible y lo cierto. Con esos elementos, Pedro Sevylla de Juana, construye una intensa y sugerente obra poética, escrita en prosa y llena de matices reflexivos. Sabas Martín, Los libros en Radio Cinco, Radio Nacional de España.

MANUEL DE LA PUEBLA, Doctor en Estudios Hispánicos, Profesor de Literatura en la Universidad de Puerto Rico, fundador y director de Ediciones Mairena y la revista Julia; es crítico, ensayista, antólogo, poeta y narrador. En su Análisis sobre La Deriva del Hombre, Manuel de la Puebla, escribió:
En una primera impresión el libro impacta por la intensidad del pensamiento y el dominio del lenguaje. No es obra librada a la improvisación, hija de un arrebato romántico; sí de una pasión duradera. Aunque nos deslumbra a veces con disparos geniales, el discurso proviene más de la reflexión que del relámpago. Obra del tiempo, como se aclara en la contraportada: “El autor recoge en el presente libro el trabajo de los últimos diez años y la filosofía destilada en el alambique de la vida, sumándose así a las vanguardias poéticas actuales”.
El libro no es obra de fácil clasificación. Pertenece al ensayo por el carácter expositivo, diseminado en numerosos fragmentos. A la filosofía, por la visión y enjuiciamiento de la realidad. Y pertenece a la poesía -la clasificación que prefiere el autor- porque muchas de las ideas son poéticas en sí mismas y porque configuran un ente poético, lo exhiben y lo modelan, y porque lo hacen, además, en el lenguaje más original y adecuado: el de las imágenes, nuevas, frescas, audaces; sin importar la forma aparente de la prosa en que están escritos los parágrafos, porque esa prosa lleva un ritmo, entonación y volatilidad propios de la poesía. Es, además, todo el libro, una autobiografía y una poética.

Vislumbro en él un proceso que se desarrolla en círculos concéntricos. Uno que ata la infinitud con la individualidad; otro la universalidad con el poeta, y el de la cosmogonía fundante que absorbe lo biográfico.
En cuanto a la estructura externa, la primera de las cuatro partes, Amanecer de pan y de simiente, es la más densa en la relación, en la expresión conceptual y en el envolvimiento poético, correspondiente al nacimiento. La segunda, La aldea itinerante, es una ampliación del itinerario personal en el mundo cultural y humano. La tercera, “Mis pies sobre la tierra”, es la fijación en la historia humana, y en la vida, mediante una caracterización muy acentuada del sujeto hablante. Y la cuarta, Crecido a la intemperie, pertenece a la misma naturaleza que la primera: meditación, visión filosófica, interpretación racional y poética. El todo constituye una parábola sintetizada del hombre.
Desde las páginas iniciales de la primera parte he visto el reflejo de un saber preciso e inmenso; reflejo de un pensar profundo, tan seguro en sus afirmaciones (esta es una palabra clave) que parece el discurso de un adelantado a su tiempo. El pensar y el decir parecen simultáneos. Simultáneos van también la filosofía y la poesía, en un sintético desove del espíritu. Es el poema del génesis; la ordenación de un mundo que nace en la eternidad y se desarrolla en la infinitud. Posee, por eso mismo, un aliento cósmico, ámbito natural del pensamiento anterior a la palabra. Mundo naciente en un momento clave, origen del tiempo historiable, sujeto ya a los números. Pensamiento y poesía son simultáneos, dije, porque al nacer, al recibir la luz, están revestidos de imágenes, porque nacen de la unidad en donde el lenguaje se origina. La eternidad, la infinitud, lo cósmico y lo telúrico, se entretejen para formar un universo conceptual, inabarcable, en el que participan todas las cosas y hasta las contrarias adquieren sentido.

Después del impacto del primer capítulo, al caminar por el segundo se advierte un descenso en la intensidad (poética y filosófica), aunque el pensador y el poeta que hay en el hablante capten el mundo visto en los viajes en forma trascendente y el libro recoja la dispersión geográfica del hombre primitivo y el permanente mestizaje que explican al hombre actual. Se reconoce en Pedro Sevylla al observador y al informador bien capacitados. De modo que el contenido, más propio de un libro de viajes que de un texto de pensamiento y de interpretación poética, da sentido al título y lo justifica: La deriva del hombre, término marinero que expresa la distancia existente entre el punto de destino y el punto de arribada, entre lo deseado y lo conseguido.
En la tercera parte se entrelazan fragmentos narrativos con descripciones breves y notas de carácter autobiográfico. Aquí se ve el nacimiento de la vocación poética, el mundo de sus lecturas y el de su educación; la filosofía de vida y las reflexiones de orden social que conducen a la caracterización profunda del poeta.
La cuarta, de la misma naturaleza que la primera, se resume en la entrada del ser humano en la existencia, la acomodación suya en el mundo y su desarrollo; en la realización de una obra como función creadora y el traslado de lo aprendido a los que le suceden. A ese ser le corresponde la imagen de ente superior, aunque fluctúe entre ilusiones y crisis, dudas y claridades, encuentros y rupturas. Para pasar, a continuación, de esta figura modélica a la representación del sujeto hablante, en sí mismo y dentro de la sociedad. En ella perdura la atadura con el pasado, que fija los carriles al presente y al futuro.
“Hierve el hombre de entusiasmo, puchero expuesto al sol rojizo del estío, y se agita como un niño obstinado, insatisfecho y crítico, que quiere ver plegado el universo mundo a su capricho. Portador de un cántaro de luz sobre la cabeza, lo vacía insistente y obsesivo, lago oscuro de la noche interna”.
“El hombre, la persona -no el dios, el semidiós o el héroe de leyenda- el individuo, el prójimo, el ser humano, alberga en el altar erguido de su pecho una dolorosa incoherencia: ama al animal que lleva dentro y, sin embargo, desea distanciarse al menos veinte metros”. (p. 105)
Se trata de un ser que ha superado “los antiguos conceptos, las normas que no regulan ya lo irreprimible” (p. 106) El hombre posee una libertad omnímoda que Pedro Sevylla de Juana ve confirmada en el arte y en la redacción de la doctrina universal innovadora. Estas ideas le conducen a la reafirmación de la grandeza humana y “en ese momento culminante, olvidando antiguos sinsabores, la filosofía, la técnica y el arte -como suele ocurrir cada dos o tres generaciones- entre aspavientos renacen”.

Como descansos de una línea tensa expositiva, aparecen algunas páginas hermosas, dedicadas al silencio, a la soledad, a la época de la cosecha en Tierra de Campos o El Cerrato, tormenta y sequía; a las que se suma la apocalíptica escenificación provocada por el terrorismo el 11 de marzo de 2004 en Madrid.
Entre temores y dudas concluye el poeta preguntándose por el destino, el rumbo del mundo y su defensa frente a los poderosos “Quién impedirá que a nuestra arcilla vacíen en moldes inhumanos los que hacen herramientas de las vidas. Quién acogerá las excepciones, quién será de lo diverso garantía. Quién nos librará de la ortodoxia, quién nos sacará de la estadística, ¿quién sobrevivirá al sistema, si muere la Utopía?”
Con La deriva del hombre, Pedro Sevylla de Juana añade sus versos al “inconcluso Poema que escribe sin descanso la vieja humanidad”. Magnífico poema concluyente de Pedro Sevylla de Juana, que en algunos de sus versos dice así: “Hembra o varón emergidos de la bestia, vigorosa mocedad, vejez pausada, cada uno de los múltiples poetas lanza un grito de esplendor incandescente o un vagido de amortiguadas tinieblas, añadiendo al conjunto sus líneas incompletas”.
“Contradictorios versos del hombre confundido”. Pero “basta examinar con atención el prolongado Poema, de arriba abajo y de izquierda a derecha, para conocer el caminar errante de la tribu, el zigzagueo, la desencantada huida y el esperanzado regreso”.
Manuel de la Puebla, Revista Ceiba, Universidad de Puerto Rico.

 

 

 Vista Parcial de Valdepero

 

TESTIMONIO DE CESÁREO GUTIÉRREZ CORTÉS
Pedro Sevylla de Juana nació a las once de la mañana del día 16 de marzo de 1946. Sucedió en Valdepero, villa pegada a la ciudad de Palencia, capital de la provincia de ese nombre en España. Se da la circunstancia de que yo nací en ese lugar el mismo día, pero a las cinco de la tarde. El horóscopo nos descubre casi iguales, aunque la vida nos fue formando personalidades bien diferenciadas. Estuvimos juntos en la escuela de párvulos y al principio de la escuela de mayores. Al poco de entrar en el parvulario, Pedro, con tres años, ya leía de corrido. De los seis a los nueve años, fue un alumno juguetón que distraía a los demás con sus bromas, bastándole una sola lectura para saber la lección cuando la preguntaba don Roque. Tuvimos como maestro a don Roque Mediavilla, y fuimos monaguillos de don Jesús Fernández Pinacho, grandes personas ambos, cruciales en nuestra formación y conducta.

La primera vez que habló Pedro en público, fue en esa época, ocho años quizá, y lo hizo desde lo alto de la escalinata del altar mayor, en la iglesia del pueblo. Por encargo de don Jesús y don Roque, declamó un poema de Gerardo Diego dedicado a la Virgen. Ocurrió en la misa mayor del día quince de mayo, festividad de la Asunción, con el magnífico templo lleno de fieles. Maestro y párroco fueron el complemento ideal de unos padres que hicieron cuanto pudieron por nosotros: poco en mi caso, pastores de ovejas; más en el suyo, labradores de secano en Valdepero y de regadío en Husillos.

A los nueve años, llegado ya a los primeros puestos de la escuela de sesenta chavales que acababan a los catorce, por sugerencia del maestro, los padres de Pedro lo llevaron interno al colegio La Salle de Palencia. Yo seguí en la escuela y en el pueblo, añorando su compañía. Era divertido en las charlas, y nos contaba sus sueños convertidos en historia reales. Valiente y decidido, iba a la cabeza en las hazañas, esas aventuras que su fantasía teñía de heroísmo. El castillo, las bodegas, las huertas y las adoberas de Valdegayán; la acequia y las cuestas de Husillos y Monzón, Taragudo y las yeseras: en esos lugares estaba nuestro mundo épico infantil. Allí, mentidas peleas a pedradas ciertas, lucha cuerpo a cuerpo por parejas hasta que uno daba con el otro en tierra, carreras rodando el aro; incursiones hasta la acequia y el río Carrión, los pueblos limítrofes, páramos y monte; satisfaciendo una curiosidad creciente. Pedro proponía, instigaba, estimulaba, encerando los lugares y los actos, abrillantándolos.

Del colegio francés de Palencia volvía en vacaciones, y esperaba yo en el Altillo el carro en que su padre lo traía. Me contaba sus aciertos y decepciones sin vanagloria ni pesadumbre. Así sé que, en el segundo curso de bachillerato, devoraba los textos ilustrativos del libro de Literatura Española; y los libritos que cambiaba en la cercana librería de la calle San Bernardo, saliendo a hurtadillas a través de la capilla-oratorio abierta al público. Ese año, cuando cumplió los doce, castigado por descreído a estudiar durante la obligatoria misa diaria, aprovechó para juntar una novela breve: cuarenta o cincuenta páginas manuscritas, donde sus copiosas lecturas se volcaron sin orden ni concierto, a modo de vómito tras la excesiva comida. A los catorce conoció a Gilbert Keith Chesterton, y ese encuentro con las obras del maestro de la paradoja, supuso la visión de una luz transformadora de la escritura. A final de curso, inicio de los exámenes de reválida en el Instituto Jorge Manrique, recibió la aparición de Ana María Inmaculada. La sonrisa, la naturalidad, la modestia, la simpatía, la mirada profunda y curiosa de la muchacha, se quedaron en él al terminar los exámenes. Condensó el hallazgo en estos versos:

Ella y yo

Yo era solo una isla
y ella una isla era.
Ella isla dispuesta a abrirse
y yo isla muy abierta.
Yo una isla agitada
y ella una isla inquieta.
Era Amor quien se acercaba
con su carcaj y sus flechas,
y logró que nos amáramos
al superar la primavera.

Durante aquel verano, es mi opinión actual, siempre precoz y fronterizo, se convirtió en adulto. En mi caso, puedo decir que di un salto cualitativo, pues, empujado por don Roque y el propio Pedro, terminada la escolarización, comencé estudios de matricería en la Escuela de Artes y Oficios de Palencia, adonde iba a diario en bicicleta. Hablábamos con ilusión y temor del día de mañana, un futuro que asomaba el hocico y, tímido, volvía a esconderlo.

“Un lago, una barca mecida por la agitación del agua, una mujer inclinada leyendo una novela amorosa: La Nouvelle Héloïse, de Jean Jacques Rousseau. Su amante practica la esgrima en la floresta de la orilla, recitando de memoria el poema Le Lac, de Lamartine: “Ainsi, toujours poussés vers de nouveaux rivages”. El oponente, en su recitado paralelo, entre guardias y paradas tiene la ocasión de corregirle dos versos seguidos: “Tu mugissais ainsi sous ces roches profondes, / ainsi tu te brisais sur leurs flancs déchirés,” que el amante ha confundido mínimamente. Es entonces cuando el corregido responde: “touché”; y abandona el lugar por una alameda que llega a la Mansión. El duelo ha terminado: el vencedor, dejando el florete sobre la hierba, se lanza al agua y nada hacia la barca. La mujer levanta los ojos del libro, mira hacia el nadador y sonríe complacida.”

Alegoría de la In-firmeza, llamó a estas líneas Pedro Sevylla de Juana al escribirlas, recién conseguido el título de Bachiller Superior. En ese tiempo crucial, final del internado, la nueva realidad se le abría con tantas posibilidades, que necesitó casi un año para aclimatarse a lo que llamaba, de manera algo enfática, la libertad. Ayudaba en los trabajos familiares, escribiendo con intensidad sobre asuntos variados: versos de amor, análisis del lenguaje oído a las vecinas y, preocupado por la cuestión social, pensamientos filosóficos destinados a mejorar la vida de la gente. La agricultura de tracción animal fue su patria; pero, cuando las mulas fueron sustituidas por máquinas, ¿qué hacía él allí? No hallaba sitio ni cometido en la agricultura industrial que llegaba. Reconozco que, para mí, Pedro fue un estímulo, un ejemplo de acción. Proyectábamos quimeras irrealizables, y poco a poco descendíamos hasta las posibles: preparándome para ellas me enseñó el abc de la lengua francesa. Meses después, cumplidos los diecisiete, marchó a Madrid para cursar estudios superiores, y de esos primeros tiempos en la gran ciudad es este poema:

Añoranza

Yo tenía una mula parda,
fuerte, mansa, noble
brava.

Y tenía un arado
con la mancera de haya
y el timón curvado,
ancha vertedera
y una reja aguda
para abrir la tierra.

Yo tenía una mula parda
y tenía un arado,
y juntos, los tres,
nos íbamos al campo;
y en el campo abríamos surcos
y en los surcos sembrábamos el grano.

Yo tenía un carro,
varas de roble viejo
eje bien templado,
y su traqueteo
me aquietaba el ánimo.

Yo tenía una mula parda
y tenía un carro,
y juntos, los tres,
nos íbamos al campo,
traíamos la siega a la era
y la parva era un pan dorado;
oro la paja
oro el grano.

Yo tenía una mula parda
y tenía un arado,
yo tenía una mula parda
y tenía un carro;
y la tierra me daba
cien granos de oro
por cada grano.

Pedro, estudiante diverso de larga trayectoria, compaginando estudios y trabajo, comenzó a trabajar a los dieciocho años contratado por el Ministerio de Hacienda. Y dieciocho tenía yo, Cesáreo, cuando me hice emigrante en Francia, cadena de montaje de una fábrica de automóviles. Distanciados geográficamente, iniciamos un intenso cruce de cartas. Nos contábamos satisfacciones e inquietudes, enviándonos lo que de entre lo escrito nos satisfacía. Un año después entré en Afiche, agencia de publicidad donde montaba estructuras metálicas de anuncios publicitarios, y aprovechaba parte de la noche para leer autores franceses en su idioma. Esa actividad fue la antesala de mi incorporación al departamento de redacción de la Agencia.
En 1966, el grupo editorial Carabela, del Club Hispanoamericano de lectores y las Colecciones de poesía Nudo al Alba, Plaza Mayor y Verde yerba, propuso, al ya poeta intenso, Pedro Sevylla de Juana, la edición de su poemario Lágrimas de amor para regar trigo y amasar pan. Aprendí de memoria uno de aquellos poemas, y lo he recitado en mi mente muchas veces porque me traslada al tiempo del pueblo, irrepetible.

Atardecer quieto de mayo

Salta a la comba niña,
juega a la campana,
dame una rosquilla
toma mantecadas.

¿Me amarás algún día?
De la noche a la mañana
y de la mañana a la noche
te amaré sin pausa.

De una esquina a la otra nos vemos,
cada atardecer azul y oro,
tímidos aún, sin atrevernos.

La calle es un escenario
y en él se mueve la vida
lentamente espumeando.

Um perro ladra a uma mula
la incomoda y la molesta,
golpean jinete y fusta
al perro en la cola inquieta.
Se enfurece el can, y en sus ladridos habla:
baja, cobarde, de la mula vieja
y nos veremos las caras.

No acepta el reto el muchacho,
y despacio continúa,
orgulloso, cabalgando.

De una esquina a otra esquina me miras
de mi esquina a tu esquina te miro,
mi amor por ti me adivinas
tu amor por mí te adivino.

Con el canasto apoyado en la cadera
recoges tiernas amapolas
y sabrosas mielgas,
para alimentar a los conejos
que a tu familia alimentan.

Tú y yo nos miramos
de una esquina a la otra esquina
como esperando
a que uno de los dos se decida.

Vas a la fuente del Pozo
con el cántaro apoyado en la cadera,
subo y bajo la zanca
una y otra vez con fuerza
sale el agua cristalina
y el cántaro al cabo se llena.

Pronunciando pequeñeces te acompaño
nimiedades sin forma
simples palabras de diario,
con el deseo de alcanzar la Ronda
corrales de las ovejas
sin vecinas que cosan
sentadas en sillas de enea.

Se envalentonan mis claras intenciones
cuando dejas el cántaro sobre el poyo de piedra
y al sentarnos tan juntos
me vuelvo poeta.

Te digo amor y me pides reserva
porque tu madre, en cualquier momento,
puede salir por la trasera.

Tomo la mano que se acerca
y la acaricio mirando tus ojos que me miran
con una mirada nueva.

Nuestros labios son imanes
y se aproximan de pronto
hasta fundirse tenaces,
por la osadía entreabiertos
durante un alargado instante
que se desvanece eterno.

Luego, sin desearlo, te yergues,
despacito abres la puerta,
adelantas con suavidad el cántaro
y, sin desearlo, entras.

Se despiden tus ojos remisos
a retirarse, y la vieja madera
poco a poco, muy poco a poco
con un quejido se cierra.

PSdeJ Valdepero mayo de 1963

Jazz, su pasión musical. Dañados los tímpanos por los tortazos del hermano Teodomiro, prefecto de disciplina del colegio; perdidos los sonidos agudos, el desgarrado canto de Louis Armstrong, su trompeta desgarrada, le abrían, robustecían y esponjaban. Ella Fitzgerald. Louis y Ella juntos y separados. Charlie Parker, Miles Davis, Thelonious Monk, John Coltrane, Duke Ellington; y Tete Montoliú en Barcelona. Jazz. Con frecuencia, escribía poemas oyendo esa música inspiradora.
Era un gran bailarín. Sus pies seguían, consciente o inconscientemente, el ritmo de cualquier música.

Tenía veinte años Pedro Sevylla, cuando escribió a máquina en carilla y media de un folio blanco, hoy ahuesado, su idea destinada a la solución del más grave problema de la humanidad. Dolido por las enormes fortunas acumuladas a costa de una población privada de lo esencial, pensó una posible solución.
“Todos los bienes materiales que a su muerte posea el individuo, serán tomados por el estado en el instante del fallecimiento. Los herederos legales no recibirán más que lo considerado ajuar doméstico hasta un valor establecido. Todos los nacidos serán iguales en el punto de partida; y recibirán del Estado lo necesario para facilitar una vida digna y desarrollar las capacidades naturales: vivienda, sanidad y estudios completos en las áreas para las que cada uno se considere capacitado. Las leyes tendrán como base y referencia constante, la llamada Declaración Universal de Derechos Humanos, proclamada por la ONU en la Asamblea General de 10 de diciembre de 1948”.
Incluía detalles sobre la progresión de los impuestos, la igualdad de derechos y deberes entre los naturales del país y los extranjeros. A los refugiados económicos o políticos, los consideraba merecedores de ayudas suficientes para rehacer la vida, en forma de préstamo que irían devolviendo paulatinamente. Pensaba que la cuantía de los sueldos mínimos y máximos debía establecerse por ley, de modo que no se distanciaran. Los delitos contra la propiedad pública, así como los cometidos por funcionarios, representantes del pueblo o encargados de administrar justicia; merecían ser castigados con la inhabilitación definitiva, y la entrega del dinero equivalente al perjuicio causado más la sanción. Estaba convencido de que los acaparadores de propiedad y recursos, tendrían de ese modo menos interés en acaparar, y los ciudadanos trabajarían, más que por la compensación económica, por su propia satisfacción y el reconocimiento social. Llegó a tal medida correctora de los desequilibrios, en el transcurso de la noche de insomnio perteneciente al día veinte de diciembre de mil novecientos sesenta y seis, según dejó escrito.

Un día de ilusión realizada, coincidimos en París: primavera de mil novecientas sesenta y ocho. La alegría fue inmensa. Hablamos de los primeros tiempos, de nuestros logros y pesares más íntimos. Luego nos pusimos filosóficos, llegando a esa idea esencial, núcleo y soporte de todo: el infinito eterno. En su opinión, la infinitud no podía existir pues era una simple suma de espacios finitos; y la suma de finitos solo da un finito mayor. Lo mismo pasaba con lo eterno: la suma de retales de tiempo era incapaz de formar una pieza inacabable. No obstante, el espacio no podía ser de otra manera: o era infinito o no era, porque si tuviera límites, detrás de esos límites habría más espacio, y así una y otra vez hasta llegar al imposible infinito. La suma de minutos, días, años, siglos, milenios, daría un tiempo aún mayor pero no podía dar la eternidad. El concepto de infinitud estaba ligado al de eternidad, y así lo había escrito él, de ese modo conciso y claro había publicado la conclusión:

En su propio final inalcanzable
se enraíza el imposible principio del tiempo
y se alejan los bordes del espacio
a la velocidad de la luz
siguiendo los treinta y dos rumbos
de la rosa de los vientos.

La eternidad es el tiempo
que tarda la luz en recorrer el espacio infinito,
la infinitud es el extremo espacio
que la luz alcanza en su eterno recorrido;
se explican juntas ambas,
la una sin la otra no son nada.

Fragmento de “Espacio y tiempo, materia y energía

Caminamos hasta Trocadero y, desde allí, a la vista del Campo de Marte, decidimos subir a lo alto de la torre Eiffel. La mirada alcanzó los 360º. Filósofos nos pusimos nuevamente: razonamiento adelante, partiendo del Eterno Infinito, Infinito Eterno, llegamos al Primer Principio, piedra angular del Universo, el Demiurgo, origen de todo lo existente y existido. En su opinión, el concepto de Dios artífice concreta lo imposible y lo explica definitivamente, evitando innúmeros dolores de cabeza a los humanos necesitados de explicación. Solución única a la que han llegado pensadores de todos los tiempos: unos aferrándose a ella y otros rechazándola por considerarla un atajo en la búsqueda. Dios pasaba, de esa manera tan simple, a ser la suma de los dos conceptos imposibles pero imprescindibles: la eternidad infinita, la infinitud eterna. La materia no podía cumplir esa doble condición, pero sí la energía. Había que tomar a la energía como potencia y a la materia como capacidad. Dios sería, pues, conceptualmente, ese hueco infinito lleno de energía eterna; ese verbo del que parte el Génesis, la palabra activa, orden que se ejecuta así misma, el Fiat mágico.
Lo expresado por el uno, y la reacción producida en el otro, nos llevaron a coincidir hasta en la limitación que esa teoría presentaba. El demiurgo, creado el Universo impulsado por las leyes universales, ya no era necesario. Y siendo eterno, se acostó cómodamente entrando en un larguísimo letargo. Así lo explica Pedro Sevylla de Juana, en su magnífico poema, El vuelo del velero Nova Era. He aquí ese fragmento:

Entre la constelación de Orión
y la estrella Sirius, durante un mínimo instante
os tripulantes perciben,
imagen y semejanza del hombre,
al Demiurgo andrógino.
Acostado en suave lecho de nubes,
ronca acompasadamente
su sueño sin fin. Grandes, muy grandes
la cabeza, el cuerpo y las extremidades
dotados de espléndida belleza.
Ojos límpidos, piel tersa
en la desnudez luminosa que muestra.

A los 22 años, Pedro fue invitado al Primer Congreso de Escritores, celebrado en San Sebastián en 1968. Era septiembre y cumplía el servicio militar. Sus jefes le negaron el permiso que solicitó deseoso de asistir. Estoy convencido de que aquel encuentro con los grandes escritores del momento literario español, hubiera llevado su recorrido por distintos derroteros. Abrirse a otros que se acercaran a él, usos y convencimientos, lo habría enriquecido. Porque Pedro se benefició de la obra de los grandes autores de la literatura, y de su rica experiencia vital; tuvo amigos ciertos, varones y mujeres, en ambientes dispares; pero escribió solo, aislado. Sobre esta constante personal de la soledad escritora, decía que fue deseada y beneficiosa. Como prueba de ello sobresalen la verdadera originalidad de su obra, y lo personal de las formas, enfoques y estilos utilizados.

Al salir de mi trabajo en Afiche, donde diseñaba carteles para vallas y redactaba cuñas de radio y anuncios de prensa y revistas; escribía, pintaba y leía. Logré publicar algunos trabajos en revistas y diarios, a través de los contactos con los Jefes de Publicidad. Dice Pedro que soy un filósofo de la existencia. Exagera. Aunque, debido a mi capacidad de síntesis, escribo frases rotundas que parecen definiciones. Las utiliza él como citas en el encabezado de sus libros.
París fue para Pedro Sevylla un lugar de peregrinación. Albergues juveniles y hoteles de barrios populares habitó en su búsqueda del aliento de la gran urbe. En París tuvo amores y escribió bellos poemas. Sin embargo, desconozco la razón, no figura París entre las ciudades que cita en su biografía.
Guardo con cariño un ejemplar de su libro: El Hombre en el Camino, manuscrito con letras mayúsculas y tinta negra. La dedicatoria apuntaba la dirección del asunto: El yo universal, al yo doméstico, agradecido. En la Presentación, dice: “Este es un libro acabado; premeditado y meditado, fue corregido, sumado y restado cien veces en siete años”. La corrección hasta quedar a gusto de su criterio exigente, es una de las particularidades más destacadas de su forma de escribir. Este que pongo es el primer poema de ese poemario escrito, mayormente, en París. Pertenece al verano del 72, cuando llevaba dos años casado, pues se casó poco después de cumplir los veinticuatro:

El agua y la luz,
y todo lo demás
después;
los charcos y los candiles
la obscuridad y los desiertos.

El hombre tuvo que inventar justicia
y paz
y tuvo que inventar
amor;
al llegar no había nada,
agua y luz.

Inventó los gritos
y los garabatos,
el negro sobre el blanco
y el azul.

Inventó las redes y el arado,
el día y la noche,
el bien y el mal.

Inventó la tristeza
y dibujó sonrisas en el aire
para ser guardadas en cofres cerrados.

Inventó la alegría
y lanzó al mar máscaras trágicas
que imitaban de lejos a la muerte.

Comprendió después de mucho tiempo
lo que la vida era
y soñó que él era vida.

Así inventó a los otros de noche
y por la mañana sembró los campos,
al atardecer contó las estrellas que nacían
y tuvo ocupadas las manos
domesticando tormentas.

El hombre
tuvo que inventarlo todo
cuando vino
nada había.

Y el poema siguiente añade:

La tierra y las líneas verticales
fueron para el hombre
punto de partida.

Con ellas trazó caminos
y plantó árboles,
sembró los ruiseñores y las primaveras,
pintó los crepúsculos rojos
y los amaneceres tibios,
creó el amor
y engendró la vida.

Todo fue bien
cuando el tiempo caminaba a su lado,
mientras tuvo tierra
y líneas verticales;
después serró los trinos de las aves
y borró sus vuelos,
torció los cauces de los ríos
y tiró sobre ellos puentes,
dejó caer al borde del camino
zarzas y espinas
y lloró tinieblas ignoradas
cuajadas de trampas para animales salvajes.

Todo fue bien
mientras tuvo al tiempo de su lado
cuando caminaba por los campos estériles
con la mirada puesta en las estrellas.

Y en otro poema manifiesta:

Por sus residuos
se conoce al hombre,
por lo que deja al borde del camino
cuando sigue caminado.

Se enamoraba de los sucesivos países a los que iba llegando. De la España recorrida de cabo a rabo, pasó al sur de Francia y a la isla de París, al amado Portugal íntegro, a Marruecos lleno de misterios y sorpresas, a Alemania, Suiza, Italia, Inglaterra y, en la época comunista del telón de acero, frontera de alambre de espino y torres de vigilancia armada, a Checoslovaquia: muy apurado al quedarse sin pasaporte en un albergue juvenil de Praga, calle Koněvova, de imposible olvido. Conoció Israel y su profusión de matices emocionales.
En la novela Del elevado vuelo del halcón, dice, refiriéndose al protagonista: Su deseo de huida alcanzaba un vasto territorio que comienza en las difuminadas laderas de la madrileña Sierra Norte, y tiene su término en lugares y personas de nombres mitificados por él, en plantas y piedras, en objetos: Nínive, Praxíteles, Tenochtitlán, ornitorrinco, coala, Krakatoa, hoja lanceolada, rosa del desierto, el Santo Grial, Marco Aurelio, piedralipes, Olimpo, Isla de Negros, Sakuntala, Fusiellos. Yo, Cesáreo, casi hermano suyo, sé que al hablar de escape se refería a sí mismo, uniendo exotismo, adhesiones y ternura como punto de fuga. Cuando recorrí los más transitados lugares turísticos por motivos de trabajo, eran mis propios artículos publicados en las distintas revistas, la única prueba de que había estado allí. Pedro entraba en el interior, tiempo y espacio, y se hacía uno más de los naturales del país, historia y geografía. La palabra, con todas sus acepciones y propuestas, en muchos momentos era razón de partida y punto de llegada. La ciudad de Bude, por su evocador nombre en el mapa, lo llevó en coche un verano a Cornwall, Gran Bretaña, cruzando Francia. En ese entorno británico escribió:

El poder de la mirada

Vivir
desde un punto de vista puramente humano
es hundirse poco a poco en el mar de la realidad
y nadar hasta el cansancio bajo las islas flotantes
huyendo de los peces voraces
y las serpientes oceánicas.

¡Oh! los acantilados de Cornwall
la difusa línea del horizonte
las nubes sombrías al atardecer
las rojizas puestas de sol entre la bruma
y la voz pausada de Jane Read,
actriz,
recitando un poema,
imitando las palabras de la gente común
pintando los rostros de los dioses celtas
meros oyentes a lo largo del sendero
que lleva al infinito.

¡Oh! el mágico momento
el misterioso encanto del lugar…

Mi apasionada imaginación,
desde un punto de vista puramente estético,
equilibra los desiertos
de Tierra de Campos y El Cerrato
con los prados líquidos de Camelford.
Y la mirada va de un espacio al otro
transformando el gris brumoso
y el negro atormentado
en el azul de un cielo de zafiro.

El camino de Trebarwith Village a la costa
forma parte de mi tortuosa trayectoria
como la trocha que lleva a Husillos,
río Carrión y vía férrea,
desde Valdepero, pardos llanos y laderas grises,
punto de partida de todas mis sendas.

La peripecia existencial se atempera,
desde un punto de vista puramente emotivo,
en la simetría de los recuerdos más profundos
haciéndose cuestión de líneas y colores
aromas y presentimientos.

La realidad
en el crudo discurrir de la vida
no es más que la estepa inabarcable de los sueños.

PSdeJ verano del 1980

Entre mis convencimientos y yo, elijo a mis convencimientos, escribió en una ocasión Pedro Sevylla. Especulativo intenso, sus convencimientos fueron firmes y tempranos: la persona y su entorno cambiante, la mujer y el varón integrando al hombre como especie, la justicia distributiva, la utópica felicidad como derecho individual y colectivo, la libertad utópica; la Utopía entendida como lugar de destino y terreno de conquista, motor de su caminar sin término. Física y Química, velocidad y distancia, campos eléctricos y magnéticos, luz y sombra, espectros, el Universo formado por conceptos y realidades, Ley de la Gravitación Universal, 1900 y 2000 como fronteras, energía y materia, masa visible y oscura, antimateria, piezas incontables e imprescindibles que son movidas por unas y mueven a otras. Agujeros negros, el Caos y el Orden en un mismo plano, el Todo y la Nada formando unidad integradora; la intuición acorta el camino de la deducción, y Pedro siempre gozó de extraordinaria intuición. El microcosmos y el macrocosmos, simétricos respecto al hombre: planetas y electrones. Principio cosmológico. Mecánica cuántica y Relatividad. El electrón entre partícula y onda. El economicismo sembrando desastres, pobreza e infelicidad. Ya no basta con la lógica y la intuición, en esta parte infinitesimal del Universo, debemos utilizar la imaginación, fuerza creadora que inicia, suma y transforma. Y en ese cantero, Pedro, se mueve con agilidad.

“Experiencia e intuición llevan al pensamiento y a la reflexión. La voluntad y la imaginación llevan la reflexión a la acción. Y ya está todo pensado, dicho y hecho. Solo queda observar los resultados y corregir errores. La vida es muy sencilla, siempre podemos volver a comenzar de otra manera”: Me decía Pedro: “Pero, mientras eso ocurre, el tiempo pasa y las oportunidades se reducen. Así que nos conviene acertar cuanto antes; si es posible al primer intento. De todos modos, vamos a necesitar que los amigos colaboren. Así que comencemos por tener amigos buenos. Y los amigos buenos se hacen siendo uno mismo buen amigo”.
Desde niño fuimos él y yo analizando el entorno y ampliándolo. Ambos quisimos compartir experiencias, intuiciones y opiniones. Y a la hora de darlo a conocer, cada uno lo hizo a su modo. Careciendo de interés por la gloria o el dinero, y de eso doy fe, Pedro no suele participar en concursos, aunque en los momentos iniciales ganó premios de poesía, relato o novela. Tampoco busca la salida del laberinto. Entiende que el laberinto no tiene salida. Sus dimensiones son gigantescas y fuera de él no hay nada. El laberinto es nuestra casa, nuestro país, nuestro mundo; somos laberintos pequeñitos en un laberinto que coincide con el Universo. Si nos estudiamos en nuestros giros y recovecos, conoceremos nuestra parcialidad imprescindible. Entonces podremos comprender que todo lo demás: el resto de animales, los vegetales y minerales; es tan necesario como nosotros. Sabido y aceptado eso, veremos a los demás como otros tantos centros del Cosmos. Todo lo existente conforma el Universo tal como es. Sin nosotros, sin cada uno de nosotros, el inestable y cambiante Universo no será el mismo. Yo también lo creía; aún lo creo.

Poseo un ejemplar de la revista manuscrita llamada Cultura Sub, que Pedro puso en marcha, en los últimos tiempos de la dictadura, cuando trabajaba en la sede de una empresa multinacional. Iniciaba cada ejemplar con portada, textos, dibujos, artículos y ensayos sobre obras de contenido social, leídas cada tarde noche en el Ateneo de Madrid. Ejemplar único que entregaba al lector siguiente, quien, después de leer lo escrito, escribía y lo pasaba al próximo. La revista iba de mano en mano hasta agotar el grupo creciente de interesados. Entonces regresaba, en sentido inverso, hasta llegar al principio. Pedro leía todo cuando ya había iniciado otros números, de modo que siempre había tres o cuatro circulando en uno u otro sentido. Es de destacar que, algunos de los jefes, enterados del tejemaneje editorial, fueron consentidores pese a que los escritos, en defensa de la democracia, podían ponerlos en serios aprietos. En total circularon diecinueve números, hasta que, a Pedro, excelente profesional muy bien considerado en la empresa, como mal menor, se le abrió un expediente por realizar una encuesta sobre la convivencia entre los compañeros de planta. Este poema es uno de los suyos, puesto en el ejemplar de Cultura Sub que tengo:

Nací cuando la tiranía

Nací cuando la tiranía
hacía temerosos a los hombres de mi tierra.
Nací cuando aún estaba fresca
la sangre de una guerra.

Nací cuando callar era importante
para llegar a viejo.
Nací cuando el que no era mudo
estaba preso.

Nací cuando el racionamiento y la fiscalía
apaleaban a mis gentes.
Nací cuando se ocultaban
multitud de valientes.

Nací cuando el estraperlo
llevaba lentejas, garbanzos y trigo
a oscuras y en silencio
con carros que volvían de vacío.

Nací cuando el molinero
se quedaba con el cincuenta por ciento
del trigo molido
por molerlo.

Nací cuando los míos
amasaban, bregaban y cocían el pan
horas después de anochecido.

Nací cuando los de arriba
se quedaban con el cincuenta por ciento
de lo que la tierra y el trabajo producían.

Nací entre pocos vencedores
y muchos vencidos.
Nací perdedor de la guerra
sin haberla vivido.

Nací, valiente de mí
a las once la mañana, en pleno día,
cuando lo importante pasaba de noche
y se sabía.

Nací cuando la tiranía
se apoderaba del cincuenta por ciento
de cada hombre que nacía.

Nací tarado y lleno de defectos
como muchas personas
nacidas en mi tiempo.

Nací y no es posible
regresar al vientre materno
para volver a parirme
sin taras ni defectos.

Nací cuando la tiranía
y ya no hay remedio.

En aquellos tiempos, colaboraba Pedro Sevylla en una revista sobre comunicación, con artículos que denunciaban la censura y la falta de sindicatos y elecciones democráticas. Prevenido contra los políticos constituidos en casta, perteneció a un sindicato obrero clandestino, y se reunía con otros en despachos de abogados laboralistas y en la trastienda de librerías que disponían de libros censurados y prohibidos. Durante el tiempo de la transición, cuando el debate en la izquierda era, ruptura o simple apertura, estuvo por la ruptura, posición que, finalmente, fue derrotada.

Por motivos de trabajo, durante la primera guerra del Golfo, nos encontramos en Ginebra. Pedro participaba en congresos y convenciones, y yo descubría la población refugiada, conglomerado de gentes que nos atraía por igual a los dos. He leído algún relato de los que escribió sobre ese período tan desigual. Coincidimos de nuevo en Lisboa, ciudad que hizo suya desde aquel histórico 25 de abril, y a la que se entregó en cuerpo y mente. Yo era corresponsal de revistas de viajes y recorría ciudades captando su presente y su historia con mi cámara, mis dibujos y mis descripciones. Él era ya un excelente poeta, distinto a todos, que comenzaba a escribir novelas, distintas, también, de lo que era usual en ese género.
Al partir para América, ya iberista cultural, tenía la idea del Universo en su cabeza, lo infinito y lo eterno complementándose. Y en lo inmediato, dos idiomas fundamentales, una cultura recibida de Grecia y Roma y llevada por Iberia a América: Iberoamérica. Cuba, tierra amada para muchos españoles, le atrajo desde nada más poner los pies en la Isla. El pueblo cubano, su forma singular de vida, su filosofía vital, su alegría y tristeza mezcladas, la santería, las disidencias, la revolución, pasado, presente y futuro. Un posible pariente del mismo apellido, miembro destacado del partido comunista, contactó con él a través de internet para pedirle ayuda en la investigación de su origen, pues, tras varios años de investigación estaba estancada en el obispado de Burgos. Pedro hizo las gestiones precisas, encontrando en Antigüedad, un pueblo cercano a Valdepero, la partida de bautismo del pariente común que los hacía primos cuartos o quintos.

Escribió Pedro una novela inacabada, Solo de voz en la Habana, cuya acción ocurre en la Islita y en España, con personajes pertenecientes a un coro de zarzuela integrado por españoles y exilados políticos de diversos países, entre ellos las dos mujeres cubanas protagonistas. De ellas dice: Arribaron a España unos meses después del ajusticiamiento de los militares cubanos que, en Angola, fueron acusados de contrabando: azúcar, ron, harina de trigo y pescado; incluso marfil y narcóticos. Ajusticiamiento ocurrido en la Habana al clarear el día trece de julio de mil novecientos ochenta y nueve, cuando los ecos del juicio aún perduraban en la isla de Cuba y en la península de Florida. Relata el juicio y, de este modo, cuenta el momento de la ejecución:

“Alboreaba el aciago día, cuando, cumpliendo el mandato emanado de instancias superiores, parte de los presos, los reos de muerte, fueron despertados de un sueño con toda probabilidad inconciliable. Los cuatro malhechores, a quienes imagino enfrentados a sus obras; al rayar el alba, momento temido y deseado a partes iguales, arrepentidos de las acciones execrables pero ciertos de querer repetir las otras, las que se enfilaron con el bien común; los cuatro hombres, a la crítica hora dictada por los jueces, siguiendo un orden que la graduación perdida aún marcaba, fueron redimidos de una vigilia lacerante, de un pensamiento que giraba sobre sí mismo sin avanzar ni un solo milímetro. La escueta comitiva formada por militares que marchaban al paso, sacó a los cuatro de sus reflexiones. Pantalones holgados y camisas ajustadas vestían los condenados, y unas zapatas de algodón con suela de esparto; ningún signo revelaba el destacado papel jugado por ellos en la Revolución.
Se oían secos los pisotones de los custodios, cuyo eco vecino abarcaba, hasta oscurecerlo, el rozar insistente de las alpargatas de los custodiados sobre las baldosas. Monotonía invariable que se prolongaba más allá del tiempo real, alcanzando el punto exacto en que los pasos se detienen al borde del abismo, y quedan allí flotando en forma de eternidad congelada, de foto fija de significante y significado. Invadieron el patio avanzando con una premura inexplicable, habida cuenta de que se trataba de un paseo sin continuidad posible, excluido de la rutina. Alcanzaron a ver el cielo sobre las tapias, por encima de los tejados, y alguna ilusión indeterminada hubo de transmitirles el azul, alguna confianza extrema; mentidas, claro está, porque unos minutos más tarde, los cuatro hombres –el ex general Jorge Martínez primero- dejaron de existir; sin que la dura mirada puesta en los ojos de los verdugos, afeándoles su actuación homicida, pudiera impedirlo”.

Para explicar mejor lo que recibió y entregó Pedro Sevylla tras su encuentro con Brasil pongo aquí sus palabras:
Brasil supuso una explosión de vida para mí. Continente y contenido, hallé allí todo lo que la vida aporta a la vida, el vigor de la naturaleza vigorosa, la diversidad más amplia y profunda, y la mezcla eficaz y progresiva. En Brasil, la palabra “Natureza” adquiere su magnífico significado existencial. Por eso sufro tanto la acción de los terribles depredadores, empresas e individuos que, en su afán enfermizo de posesión, destruyen recursos y, en ellos, la vida tal como la deseamos, armónica y entrelazada. Visité Brasil para realizar un sueño. Recife, Salvador de Bahia, Rio de Janeiro, São Paulo, Minas Gerais y, finalmente, Espírito Santo y la Ciudad Isla de Vitória, mi campo de evolución durante los cuatro últimos años, mi espacio de búsqueda y hallazgos, al que llegué con mi escritura al hombro por la puerta del hispanismo.
Quise conocer las distintas formas de la lengua, las gentes y sus costumbres, la literatura consecuente; y me adentré cuanto pude en las causas y consecuencias. El fruto de mi descubrimiento no se ha limitado, con ser copioso en ese terreno, a lo literario e intelectual. Partiendo del movimiento modernista, “eu vi, como num relance de olhos”, su geografía y su historia. Fue como asomarme al cráter de un volcán en erupción. Un volcán, pues ignoro a qué otro fenómeno puede equipararse el hecho de haber pasado, simple ejemplo tan solo, de los 50 millones de habitantes de 1950 a los 200 millones actuales. Imagino la ebullición social que eso significa y me produce vértigo. Así se entiende, sólo así, la rápida evolución del idioma portugués en esta tierra viva, activa y cambiante; donde la palabra escrita no logra alcanzar a la palabra hablada.

Aprendió Pedro el portugués por sí mismo, llegando a traducir poemas y relatos, pasando de los creadores clásicos a los actuales, de un idioma al otro, portugués y castellano, castellano y portugués. Los poemas que van en este libro, aparecerán en portugués formando otro libro. En Vitória y en el Estado entero, fijó su residencia emocional por encima de las distancias. Dio conferencias en la Universidad Federal, UFES, y cuando se creyó merecedor del título de Académico Correspondiente, tuvo el honor de aceptarlo de la Academia de Letras del Estado, incluyéndolo desde entonces, con enorme respeto, al inicio de la biografía.

 

 

 

Era octubre de 2017 cuando abrió un blog literario en castellano y portugués, en cuyo inicio puede leerse: “La sombra del hombre gira a su alrededor a lo largo del día; parte de sus pies y se alarga y se encoge según van pasando las horas. La sombra del hombre recorre los mismos senderos que el hombre, vadea los mismos ríos, ve los mismos paisajes, y además ve al hombre que no se ve a sí mismo. De modo que el hombre acaba considerando a la sombra su aliada. Pero la sombra del hombre no es más que la oscuridad que el hombre iluminado proyecta, y cuando la oscuridad envuelve al hombre oscureciéndolo, la sombra abandona al hombre y lo deja solo con sus miedos”.
“La soledad es una de las razones más dinámicas de la escritura, y lo fue en todas las culturas, en todos los tiempos. Quizá sea la soledad la razón última de abrir el blog. Necesito la compañía de los iguales, es cierto; pero más aún la cercanía de los distintos”. Casi toda su obra aparece en la página Web, y los autores más representativos de la cultura en ambos idiomas. Los análisis propios y ajenos, y las traducciones, facilitan el conocimiento a los lectores de uno y otro idioma. Soledad, belleza y poesía, forman una línea progresiva que, tal como nos dejó escrito, Pedro Sevylla siguió:
“Si investigo las causas que me alejan de la soledad impulsándome a la acción, la belleza, entendida como equilibrio y armonía, ocupa un lugar primordial. A ella voy una y otra vez portando mi equipaje, reincidente de búsquedas pensadas o impensadas. Ya en ella, me quedo como en casa propia, refugio cálido o fresco según deseos y necesidades. Después, apenas queda exploración: la belleza llena el yute de los sacos vacíos, la lona de los costales, los canastos hasta el asa, cestos, bolsos y bolsillos. ¡Hay tanta…!
Adonde dirijas la mirada, está: soberbias montañas, valles pronunciados, llanuras extensas, flora y fauna de variedad prolífica, desiertos formados por suaves colinas ricas en matices de un solo color o líquidas profundidades adornadas de peces y escollos coralinos; vastas nocturnas luminarias separadas entre sí por miríadas de kilómetros vacíos, y repletas gusaneras de minúsculos virus invisibles. Se la ve desperezarse en el rocío de las madrugadas o cerrar los párpados tras las espléndidas puestas de sol. Por si no bastara, la mano del hombre y su ingenio han construido, pieza a pieza, todo un laberinto de hermosura.
¡Abunda tanto la belleza!; escarbas y aflora. Se descubre tierna, voluptuosa, niña que se va haciendo mujer y camina sin pausa, conquistando habitaciones, la casa en sus dimensiones verdaderas, desde el propileo abierto a brisas cálidas, hasta el elevado palomar de los arrullos afectivos; calles, caminos, recorriendo el mundo, impregnándolo de su vaho sutil, perecedero, renovado”.

“Poesía es belleza y equilibrio, es síntesis y es ritmo. Poesía es búsqueda. Poesía es progreso. Es donación, es aire, es acero, es espuma, es raíz, es vértigo”: escribió, con más afán de expandirla que de explicarla. Sus influencias iniciales, nacidas de sus primeras lecturas; y lo que le llevó a escribir y progresar en la escritura, queda aclarado en parte con las dudas reflejadas en estas líneas:
“Yo no sé si quien me hizo el regalo fue Bécquer, aquel Gustavo Adolfo enfermo en el cisterciense monasterio de Veruela, adonde caminé peregrino mucho antes que a Collioure, previo a Soria mi paso, en busca de Machado y su amor transformado en novia, en esposa, en hija, en compañera; entregado por completo al atractivo frutal de Leonor, huerto ella y hortelana al tiempo, tierra, agua y canal de riego. O fueron Lorca, Darío, Vallejo y Neruda, tan distintos y tan míos; o Juan Ramón quizá, atrincherado en la pureza, quitándole a la margarita los pétalos albos, despojándola de tules, de adornos que enmascaran la esencia; o el pastor Miguel y la vida que le ahogó el corazón al respirar la tierra húmeda y germinada. Asperjaban esplendor mis ojos sobre la amanecida, luz y calor en efímera convivencia con el rocío a punto de iniciar la cabalgada, puesto ya un pie en el estribo. Acaso el mérito es de Góngora, portador de la belleza en fardos sobre el hombro, en la vereda yo del poético embeleso”.

Y añade más dudas, para decirnos que la poesía es ajena a los poetas, sus descubridores:
“Puede ser, ignoro ese punto concreto, que recibiera la poesía de manera indirecta, reflejada, filtrada o enriquecida, mostrándome ella los matices añadidos por alguno de esos que llaman, y no sé por qué, poetas menores -Gabriel y Galán, Grilo, Campoamor, Villaespesa, considerados sin razón, estoy convencido, de segunda línea- trovadores que a su vez la hubieran hallado en los excelsos. Luna yo que recibiera de la Tierra la luz estelar, y luego, sabida la fuente, fuera al Sol a beberla; porque las estrellas, señoras de sus planetas, poseen el brillo nocturno, el verdadero lustre esmaltado: una luz pura, suya por entero; y disfrutan difundiéndola, irradiándola hasta los confines, fundiendo la oscuridad al penetrarla. Los extraños me salieron al sendero en mi tránsito, Tagore, Elitis, Maiakovski, Byron, Yeats, Whitman, T. S. Eliot, Blake, Martinson, Ekelöff o Lundkvist, acompañados de Apolinaire, Rimbaud, Pessoa, Baudelaire, Goethe, Kazakova y Leopardi. Todos contribuyeron, sin duda, a la coronación; pero la poesía estaba ya en la belleza que iba destapando a derecha e izquierda, a ras de suelo o en la cúspide”.

Sobre el proceso que fue siguiendo, ahí están sus poemarios sucesivos, y lo que él nos revela:
“El tiempo y mi poesía no siempre avanzaron juntos. Quizá porque, con demasiada frecuencia, puse mi intención en el espacio. La mitología griega me mostró ninfas en las muchachas con las que me cruzaba a diario. Niño imaginativo, joven imaginativo, adulto imaginativo; lo imaginado, más intenso, sustituyó en el recuerdo a la realidad vivida. Las labores del campo, y el ciclo anual de las cosechas, me enseñaron a trabajar para el futuro, permitiéndome indultar al granizo que golpeaba las espigas desgranándolas. El río Carrión, Nubis de los romanos, me desveló muchos de los misterios que los estudios de geografía no habían resuelto: los meandros seguidos eran causa y consecuencia; las riadas acogían las excepciones ampliando la regla. Cruzar El Río Viejo, ancho espacio pantanoso e intransitable, destinado a recibir el excedente de las inundaciones y unión de Valdepero con Husillos; constituyó el mayor reto de mi niñez. A los doce años, las culebras escondidas entre las junqueras encharcadas, se apartaron al paso veloz de mis fuertes botas de cuero. Mi época de monaguillo no aportó luz al milagro de la transustanciación, producido ante mí dos veces cada domingo; ni las más de dos mil misas a las que hube de asistir en el internado. Cuerpo y mente crecían a la par. Razón y emoción caminaban juntas”.

Me gustaría analizar su prosa, relatos y novelas, para completar mi testimonio. Lo sé, este en un libro de poesía. Sin embargo, quiero referirme a su ensayo Ad Memoriam, publicado en 2007. En ese libro, también biografía y novela, soy lo que Pedro pensó y dijo de mí. Hay un gesto, una frase, un pensamiento suyo, que no he olvidado. Quiero dejar constancia de aquellas palabras definitorias. En una conversación emocional me hice pequeño comparándome con él. Y esto fue lo que, con su fino sentido del humor, me dijo: Cesáreo, has sido muy generoso conmigo. Me comprendes mejor que nadie y, ten en cuenta que, si alguien nos comprende, cabemos en él y él es más grande que nosotros.

Imago Universi Mei, el libro que este testimonio encabeza, recoge en sus distintos poemarios el recorrido humano e intelectual de Pedro Sevylla de Juana; las preguntas que se hizo y las respuestas que alcanzó.

Atravieso la niebla henchida de misterios;
como dardos nocturnos son mis ojos,
y van burlando cercos.

Es su testamento, y en él deja los valores humanos, percibidos, intuidos y hechos suyos, a la generación de sus nietos: planteamientos iniciales, pensamiento, ideas y acción. Oí decir a Neruda en conversación con García Márquez, que siempre quiso evolucionar su poesía hacia la narrativa, y nunca lo consiguió de manera satisfactoria. Hay en la poesía de Sevylla de Juana y, por tanto, en este libro compendio, una excelente y completa muestra de poesía narrativa. Recoge IMAGO la experiencia adquirida en el uso de la lógica y la emoción, ambas corrigiéndose; de la palabra y de la acción, enmendándose ambas; conclusión provisional narrada poéticamente. A veces es suave y tierna su lírica, aunque, con frecuencia, adquiere tonos trágicos. Persona de su tiempo, un tiempo caracterizado por la insostenible desigualdad social, desea que su obra sea, más allá de la discrepancia y la rabia, denuncia y acicate.

Quiero terminar este Análisis Cronológico con unos versos, para mí menos enigmáticos de lo que pueden parecer, de los que su mente de autor no recuerda el cómo, el cuándo ni el porqué. Los encontré entre sus papeles manuscritos, en una hoja cuadriculada, junto a unas anotaciones relativas a la clase de filosofía, sexto curso de bachillerato, dieciséis años suyos. El amor y su imposible olvido, la poesía y su afán recreador y abrillantador de la realidad, fondo y forma complementándose, raíz, tallo, ramas, flores y fruto. La primavera es en la poesía de Pedro, recurso metafórico de uso constante: esperanza, sobre todo; pero también decepción, porque se adelanta o atrasa, defraudando las expectativas puestas en ella, candor y osadía.

Fue primavera de flores
y de enamorados versos
crecida en medio de todo
lo que dibuja su cuerpo
mujer abierta a sonrisas
crecidas al ángel serio
de formas aún imprecisas
y pensados pensamientos
ramas de tronco muy vivo
que se van subdividiendo
hasta llegar al Infinito
inexistente y perpetuo
de aquel día azul celeste
que tan olvidado tengo.

Biografía
Académico Correspondiente de la Academia de Letras del Estado de Espírito Santo en Brasil, Pedro Sevylla de Juana nació en plena agricultura de secano, allá donde se juntan la Tierra de Campos y El Cerrato; en Valdepero, provincia de Palencia y España. La economía de los recursos a la espera de tiempos peores, ajustó su comportamiento. Con la intención de entender los misterios de la existencia, aprendió a leer a los tres años. A los nueve inició sus estudios en el internado del colegio La Salle de Palencia. En Madrid cursó los superiores. Para explicar sus razones, a los doce se inició en la escritura. Ha cumplido ya los setenta y dos, y transita la etapa de mayor libertad y osadía; le obligan muy pocas responsabilidades y sujeta temores y esperanzas. Ha vivido en Palencia, Valladolid, Barcelona y Madrid; pasando temporadas en Cornwall, Ginebra, Estoril, Tánger, París, Ámsterdam, La Habana, Villeneuve sur Lot y Vitória ES, Brasil. Publicitario, conferenciante, traductor, articulista, poeta, ensayista, editor, investigador, crítico y narrador; ha publicado veinticinco libros, y colabora con diversas revistas de Europa y América, tanto en lengua española como portuguesa. Algunos de sus trabajos integran siete antologías internacionales. Reside en El Escorial, dedicado por entero a sus pasiones más arraigadas: vivir, leer y escribir.
blog: http://pedrosevylla.com

 

Obra de Pedro  Sevylla de Juana

Narrativa
Los increíbles sucesos ocurridos en el Principado (1982).
Pedro Demonio y otros relatos (1990).
En defensa de Paulino (1999).
El dulce calvario de la señorita Salus (2001) 1ª edición
En torno a Valdepero (2003).
La musa de Picasso (2007).
Del elevado vuelo del halcón (2008)
La pasión de la señorita Salus (2010) 2ª edición
Pasión y muerte de la señorita Salus (2012) 3ª edición
Las mujeres del sacerdote (2012)
Estela y Lázaro vertiginosamente (2014)

Poesía
El hombre en el camino (1978).
Relatos de Piel y de palabra (1979).
Poemas de ida y vuelta (1981).
Mil versos de amor a Aipa (1982).
Somera investigación sobre una enfermedad muy extendida (1988).
El hombre fue primero la soledad vino después (1989).
Madrid, 1985 (1989).
Aiñara (1993).
La deriva del hombre (2006).
Trayectoria y elipse (2011)
Elipse de los Tiempos (2012)
BRASIL, Sístoles y diástoles (2016)
IMAGO UNIVERSI MEI (2018)

Ensayo
.”Ad memoriam” (2007).
.Prólogos y epílogos. Análisis críticos de diversos autores y obras
.Introducción de los autores tratados en el blog
Traducción
.“Coplas a la muerte de su padre” de Jorge Manrique, al portugués
.Diversidad de Poemas y relatos, de las literaturas en castellano y portugués, vertidos al otro idioma.

Ediciones colectivas
.Premios de narraciones “Miguel Cabrera” (1997).
.Premios “Relatos de la Mar” (1999).
.Premios “Paradores” de Relatos (2002).
.Antología de cuento breve. Salón del Libro Hispanoamericano. México (2009).
.II Día internacional de la poesía en Segovia (2011)
.Antología de Relatos Hispanoamericanos Latin Heritage Foundation (2011)
Palencia. Palabra y Luz (2013)
DiVersos, Poesia e Tradução (2018) Portugal

 

 

Cesáreo Gutiérrez Cortés, en su época de publicitario

 

 

IMAGO UNIVERSI MEI

Poemarios:

A.-Orígenes
B.-Hombre uno y múltiple
C.-Causas y Consecuencias
D.-La Aldea Itinerante
E.-Amor, pilar del Universo
F.-Descubrimiento
G.-Divergencias
H.-Universalismo
I.-Conclusión

 

 

 

A.-Orígenes
1–Espacio y tiempo, materia y energía
2—Mar de piedra
3—El hombre esencial
4—Sujeto evolutivo
5—Experiencia vital
6—Soy quien puedo ser
7—La palabra es arado, yunque y palanca
8—Alforja de convencimientos
9—Mis primeras conclusiones
10–Valdepero y Exilio

 

1..Espacio y tiempo, energía y materia

En su propio final inalcanzable
se enraíza el imposible principio del tiempo
y los bordes del espacio se alejan a la velocidad de la luz
siguiendo los treinta y dos rumbos de la rosa de los vientos.

La eternidad es el tiempo que tarda la luz en recorrer
el espacio infinito,
la infinitud es el extremo espacio que la luz alcanza
en su eterno recorrido;
se explican juntas ambas, la una sin la otra no son nada.

Tiempo y espacio protegían,
justificando su propia existencia,
a la inestable energía.
La energía fue transformándose en materia:
miríadas de mundos en pos de la armonía
y la materia adquirió su forma tan diversa.

En su cópula engendraron, materia y energía,
sístoles y diástoles,
el primer hálito de vida.

Telúrico vientre domicilio de embriones,
útero terreno, origen del origen primero.
Cruzando los umbrales más profundos,
se unifican planetas y electrones,
porque todo se concreta en uno
lo de arriba y lo de abajo,
lo enorme y lo minúsculo.

El día y la noche, las frías nieves y el carbón ardiente,
el bien y el mal estaban en los inicios muy unidos;
lo superfluo y lo esencial,
lo sólido y lo líquido.

Rojo y negro eran un solo color,
izquierda y derecha un mismo lado,
espalda con espalda convivían
iguales y contrarios.

Llanuras, montañas, desfiladeros
ríos, lagos, mares, páramos y vegas
vendavales, seísmos, volcanes:
animales y plantas poblaron el agua y la tierra

En los códigos genéticos de los peces y los saurios,
luchaban por la posterior evolución simios y humanos.
Catedrales góticas y conmovedoras puestas de sol,
bullían entre animosos sentimientos solidarios,
y disparos dirigidos a la multitud alborotada
por miles de tiranos.

La tensión crecía como en caña arqueada,
como en desequilibrio activo,
las identidades de cada animal, de cada planta,
de cada pensamiento o acción
se perfilaban.

La explosión liberadora fue la consecuencia sorprendente,
y cada elemento encontró su relativa posición:
el cazador y la liebre,
el adjetivo y el nombre,
alborada y poniente.

Rescoldo de volcanes, gris y pardo amanecía,
duras las formas,
desabridas.
Dio comienzo el orden de las cosas,
gobernado por rígidos preceptos,
cuando las pesadas rocas
lograron diferenciarse del légamo.

Tierra y cielo se separan,
noche y día,
roca y agua;
empuja la llanura a la llanura,
alzándose elevadas las montañas;
surgen páramos y montes en una de esas telúricas disputas
y los dioses ponen en Valdepero su mirada.

Corteza y médula calizas, señaladas como punto
de arranque del Universo por investigaciones exhaustivas;
en el tibio y asentado Valdepero
tuvo comienzo la marcha inexorable de los días.

Sosegada, selectiva, imparable la vida se potencia,
sociedad de elementos,
celosos de su esencia.
Tierra de Campos, Cerrato; valles, páramo, llanura;
y Valdepero,
piedra angular, síntesis, columna.

En lugar tan lleno de verdades,
límpida mirada, he nacido;
cosecha perdida entre los dedos,
agotados veneros, equilibrio.

Las últimas encinas del monte confinan el espacio,
alrededor no hay nada: un agujero informe y vacío,
una liviana noche de soledad, el profundo abismo.

Un suelo sin piedad, un cielo azul cruzado de gorriones,
un siglo y otro iguales,
el firmamento apoyado en el páramo y el monte
y sobre él la eternidad de los días
cercados por las noches.

PSdeJ Valdepero 1963

 

2..Mi mar de piedra

Escollo rodeado de fanegas de vida,
atolón ceñido por movedizos brazos
que mecen la imagen cristalina
de los hipocampos machos
incubando huevos de mil hembras tímidas;
en la planicie densa, en la meseta dura
en las laderas que circundan esta tierra mía
encontró el mar su sepultura.

En este páramo de sólidos cimientos
-astillero de varados navíos
cantera abierta de románicos templos
góticos castillos
palacios solariegos
campo de pedruscos blanquecinos
hubo empinados oleajes allá en el pleistoceno.
En esta piedra alta,
en esta altura pétrea
se enterró un mar cargado de sustancia,
océano de vida alargada en treinta siglos y más de mil proezas.

Bajeles y goletas
hubo galernas y naufragios,
percibo aún las quillas hundidas en la niebla
sombra prieta de encinares cuajados
monte bajo de liebres y culebras.

Camino a tientas entre las turbias olas
espumas que enyesan la tierra de labor
y agitan indómitas palomas.

Mi boca hambrienta de esturiones y merluzas
da salobres mordiscos de amapolas,
dientes que ponen la intención en la captura
y escondidos en el beso te devoran;
mar interno, mar de altura
amante inmensidad inquieta y mórbida.

Trigales encañados te agitan de vaivenes
cuerpo de mujer, tibia humedad,
vegetación activa
ondas, mareas y corrientes
tantas y tantas veces repetidas.

Las estrellas de mar son ondeantes
estrellas vespertinas
y las redes se inflaman de bocartes,
doradas espigas
ortigas, tomillo, rape,
nenúfares flotantes y sirenas dormidas.

¡Es mi tierra!, exclama mi garganta muda
y aquí, precisamente en estas rocas,
en mi desierto de espinas maduras,
durante tres milenios no olvidados por mi larga memoria
hubo baños tibios y doncellas desnudas.

Mis líquidos orígenes, mi casta de marino
descubro en el cuenco inundado de las manos
caldo de cultivo en minerales rico
tabón compacto o disgregado
gozoso de pestañas y de cilios

¡Oh! mi mar de tierra
cuánto arado te rasga,
y qué somero penetra.
¡Oh! mi océano de piedra agraz
cuánta brisa hace falta para segarte
cuánto anhelo de eternidad
para arar tus campos abisales.

PSdeJ Valdepero 1962

 

3.. El hombre esencial

En los remotos tiempos, el Dios de las Cosechas,
cuando no existía aún la especie humana,
de cada región deshabitada de la Tierra
recogió el grano cereal que cultivaba.

Sumó arroz, trigo y avena
maíz y sorgo unió al centeno,
simientes de todas procedencias
llevó al molino más de ciento;
harina tamizada en uniforme mezcla
amasada y sometida a vivo fuego
hasta tostar por completo la corteza.

Del resultante pan recién cocido
un pedazo retornó a cada comarca
del cual proviene el hombre primitivo:
igual composición, distinta estampa.

Sea faz el hombre o sea espalda
rígido cuscurro o blanda miga
el color es lo único que cambia
la sustancia humana no varía.

 

4.. Sujeto evolutivo

Ardoroso fluido de la noche,
impetuosa y desbordada sementera
esperma lanzado a la conquista
del óvulo cerrado que se entrega
al flagelo portador de llaves
capacitadas para abrir su puerta;
la existencia en sí misma es un prodigio
de aleatorias coincidencias.

Si la selección resulta favorable,
nace el hombre en ese parto,
resistiendo el fraternal embate
de los miembros del clan que han heredado
el hígado, el olfato y el pelaje
de un billón de antepasados.

Conquista un pezón en la camada,
de los que manan leche y miel,
resina y savia;
y succiona hasta en los sueños
perfilando dentelladas.

Un cálido lugar bajo la pata
ocupa si empuja con ahínco,
pues la neutralidad materna, tan probada,
no ve disparidad entre los hijos,
a todos los vástagos reclama,
ama a la prole entera sin distingos
y deja la tarea de elegir supervivientes,
a la Naturaleza que protege a quien se adapta,
de inteligencia sobrado o muy valiente.

Obedeciendo un ancestral impulso
abandona temprano el paridero,
para iniciar su despliegue por el mundo.
Investiga y acaba descubriendo,
explora y a continuación conquista,
adora y levanta firmes templos,
avanza y lo tomado fortifica.
Pone los hechos al servicio de la idea,
encauza el fuego y a sí mismo se domina,
equilibrando el corazón con la cabeza.

Escucha el hombre los gemidos
que arranca el viento a los desfiladeros,
las alargadas vibraciones de las cañas junto al río,
los truenos producidos al golpear un tronco hueco;
y como se trata de un gustoso ejercicio,
tras laboriosos ensayos y alguna que otra enmienda,
transforma en música los sencillos
sones de la Naturaleza.

En la friura de los inviernos imagina
dragones, grifos y quimeras;
se inicia en la pintura, trabaja el dócil barro
y observa las estrellas;
descubre en el respetuoso diálogo
un pilar de convivencia,
levanta cabañas y poblados
perfeccionando las toscas herramientas.

Habita el hombre un espacio liberado de alimañas,
mezcla otras sangres con su sangre,
adopta una escala de valores bien probada
y tras pasar cien años superando adversidades,
traslada lo aprendido a la camada.

PSdeJ Évora, 2010

 

5.. Experiencia vital

Nací de la tierra, del agua, del viento,
del cálido sol de mediodía;
nací de la voluntad, de la esperanza,
del perseverante amor a la vida.

Para comprender los entresijos del mundo
adelanté un mes mi nacimiento.
Llegué inmaduro,
falto de cocción,
un poco crudo.
No supe esperar el tiempo necesario
que el ejercicio ha ido estableciendo en los procesos
y no lo remediaron los fracasos.

Observando el semblante de los charcos,
mirada puesta en los cristales,
aprendo mi aspecto de animal humano,
complejo laberinto de cenizas y murallas,
desde la roca gastada que hace el pecho,
hasta el cartón disimulado de la espalda.

Tan alejado de las fórmulas didácticas,
tan rígido llega a ser mi adiestramiento,
colegio La Salle, Hermanos de las Escuelas Cristianas,
que ahoga en mi pecho el sentir sincero,
borra el candor de la mirada,
sala la ribera fértil donde arraiga el intelecto
y extirpa el afecto incorporado a las palabras.

Afirman los pedreros las calzadas calizas:
vara larga del martillo
lanzando esquirlas;
humanos golpeados devolviendo
los golpes recibidos de la vida.

Acorazada de ilusión,
pletórica de miedos,
la experiencia de los míos rezuma realismo,
y saben que solo con esfuerzo
se da forma al destino.

Los acontecimientos más notorios, ¡qué sutiles!
-niebla, etéreo tul- ¡qué breves!, ¡qué imprecisos!;
no conozco aún los detalles
y ya el meollo olvido.

Tanta sed ahoga mis cultivos
que doy nombres de agua a las peñas
a las tierras cuarteadas por el estío
a las raíces resecas.

Hierro sometido al vivo fuego
yunque y martillo
se afana en la fragua el herrero.

La luminosidad inmaculada del ambiente,
me permite visiones ignoradas,
y lontananzas diviso sorprendentes.

Avanza en caravana lo existente,
buscando la igualdad con un rasero
que todo lo torna diferente.

Emoción y lógica caminan juntas
-humanas complementarias facultades-
codo con codo por valles y llanuras,
y mi interior resulta invulnerable.
A veces el pensamiento parece tomar la delantera,
hasta que el sentimiento avanza decidido
alcanzando una ventaja manifiesta.

Desde lo alto del pico Taragudo
-de todo lo existente punto de partida
bajando del monte veo el futuro.

Observo rendido la agonía
de la cultura rural equilibrada,
arraigadas costumbres campesinas,
vencidas por la actividad industrial y ciudadana,
más fuerte, más eficaz, menos ingrata;
y guardo las imágenes postreras,
honda raíz, tibia nostalgia.

El milagro tantas veces repetido de la vida,
el reposado surgir del agua en los claros manantiales,
las leyendas y las rimas,
soledades.
el padre Duero, el romancero gitano,
y las cárdenas encinas
en la trova gozosa y dolorida me iniciaron.

Sin abandonar mis quehaceres me convertí en poeta,
y musa me dictaba loas dulces, amargas elegías;
versos formados de pétalos de rosa y humanas calaveras,
principios dispares que enmarcan biografías.

Poemas y relatos componen mi propósito;
palabras trabajadas con la obstinada insistencia
de quien rotura un viejo soto,
pensando en las generaciones venideras
más que en beneficio propio.

PSdeJ Valladolid 1967

 

6.. Soy quien puedo ser

Un deseo
me ocupa incontenible de herramientas usadas:
pala y pico,
azadas;
un ansia me invade de espesos cebadales,
de siegas en sazón;
una avidez de aperos de labranza,
arreos de cuero trabajado,
colleras, collerones, cabezadas.

Surcos quiero y abro surcos.
Soy la templada punta, soy la reja
soy la vertedera, soy el arado,
soy la tierra húmeda y abierta,
el punzante cardo
y la mala hierba.

Soy la ubérrima simiente
que en el barbecho germina,
soy la brizna verde,
soy el tallo erguido, soy la preñada espiga,
soy el grano desgranado
en el redondel de la trilla;
soy el Cierzo enfurecido que separa el bálago del grano,
soy trigo molido, soy la blanca harina.

Soy la masa inerte, soy la levadura
soy el fuego, soy la leña encendida,
soy el pan del sacrificio,
sacerdote, altar y víctima.

Tomo el color del día que me cerca,
y soy azul, rojizo, gris o cárdeno,
como la tornadiza faz de la Naturaleza.

Más allá de la sed y del cansancio,
del imán y el esmeril;
del hacha, la azada, la palanca y la rueda;
por encima de cualquier afán impenetrable
desde el punto de mira del poeta,
soy la tierra, el labrador y la cosecha.

PSdeJ Madrid 1966

 

7.. La palabra es arado, yunque y palanca

Soy lapislázuli oculto en las entrañas de la tierra,
serpiente abrazada al tronco de ébano,
puerco espín, espléndida azalea,
arena integrada en el hormigón de los cimientos.

Efímera flor,
agua en el pozo,
avara y generosa criatura,
ejercicio mental, carácter sólido,
que libera la energía de las dudas
modeladora del cosmos.

Campesino nómada de la papa y la mandioca,
de la vaca,
el cerdo y el cordero;
ciudadano de centros industriales,
nacido de la mezcla de culturas,
mestizo de permanente mestizaje,
de la concordia huésped
de la libertad amante.

Arado, yunque y palanca
de labios de la madre
recibí la palabra.

Mensajero fiel al recado recibido,
la palabra cumple la encomienda de nombrar cuanto existe;
acaso de inventarlo o recrearlo,
palpable y etéreo,
real o imaginario,
en un presente sin límites
que abarca el futuro y el pasado.

Parameras del sediento Valdepero,
en primavera sólo florecen las palabras:
voces de secano, mucha profundidad y poca altura
llanas,
agudas.

El viento impregna de polen las palabras;
y los signos, inertes,
con ayuda de la voz surgida en la garganta,
se activan,
se vuelven acantilado abrupto frente al mar
orilla cercada de moribundas olas
pez que perfora las aguas atraído por el anzuelo sin cebo
mano de amante peinando inmensidades mórbidas
desnudando finísimos cabellos.

Palanca que mueve multitudes a la acción desaforada,
arenga arrojada sobre anónimas conductas,
reivindico la palabra de los múltiples idiomas,
con hechos la defiendo de infundios y calumnias.

Dúctil y maleable la palabra es inocente,
es pura;
modifican su sentido iluminados caudillos,
fanáticos sacerdotes,
defensores de patrias atrincheradas
e intransigentes dioses.

Las palabras identifican lo incógnito
lo fijan al espacio y al tiempo
y se convierten en brebaje exaltador de ánimos
en bálsamo que apacigua las violentas sacudidas
del seísmo interior de los humanos.

La palabra dicha es un son efímero
la palabra escrita es un leve trazo;
sin embargo, por la palabra se mata
por la palabra se muere, sin embargo.

PSdeJ Tierra de Campos, agosto del 1973

 

8.. Alforja de convencimientos

Es pronto hasta que es tarde:
existe un punto idóneo de límite incierto,
para llevar a término feliz quehaceres muy variados;
tan fugaz y pasajero,
que cuando llega a ser
deja de serlo.

Todo tiende al orden, todo tiende al caos;
y el leve peso de un grano de trigo,
lleva la indecisa balanza
al súbito desequilibrio.

Descubro en el mundo una alacena,
repleta de vegetales vivos,
tímidas gacelas,
colibríes y cocodrilos al acecho
de la supervivencia;
una cadena que va de la serpiente al ave
y de la punzante zarza a las ballenas.

La roca labrada, la estrella de mar,
el marfil del elefante
y la sangre del irredento;
llevan impreso un código de barras
que explica la composición y el precio.

Al aire,
al aire que vibra en los oídos,
quiero gritar el manifiesto
de mi sentir más arraigado,
porque dentro de mí bulle el hombre conmovido
y se agita el afectivo ser humano.

Me hiere la creciente escasez
de los necesitados,
los progresivos
excedentes
de los ricos,
y tiemblo como nido de gusanos,
como epicentro sísmico,
como revuelto poblado.

Como de la mortífera peste
del despilfarro huyo
del desperdicio inerte.

Ideas llevadas a los hechos,
resido más en mí,
carne cubriendo por pudor el hueso,
cuantas menos necesidades
admito y alimento.

PSdeJ A lo largo de los años, todos los lugares.

 

9.. Mis primeras conclusiones

En cuanto la indómita Naturaleza
facilitó al hombre abatido y maltrecho
un momento de tregua,
las mentes despiertas dedicaron su denodado esfuerzo
a escrutar enigmas de engañosa apariencia:
el soplo vital de mente y cuerpo,
los puntos de salida y afluencia
y el sentido último del Universo.

De ese proceso intelectual surgió un Ser único y primero,
arranque y fin de todo lo existente y existido
por desearlo eterno;
y por considerarlo infinito:
un Ser enorme que contiene en su seno el Firmamento.

Identificó el hombre al Ser con el bien soberano,
tan generoso que permite la existencia del mal,
tan fuerte que lo vence a diario.

En lugares elevados o en cruces de caminos,
erigió altares bien dispuestos
para ofrecerle dones y sacrificios.

Fundó órdenes de ungidos sacerdotes,
de sacerdotisas intactas y obedientes;
encargados de pronunciar -los menos torpes-
la última palabra sobre lo bueno, lo malo y lo indiferente;
y de recaudar -los más fornidos- primicias, diezmos y dotes
con los que llevar el credo a todas las gentes.

El hombre comprobó con satisfacción velada
que la existencia del Ser dilucidaba cualquier disyuntiva,
cualquier inquietud humana:
la organización social, la administración de justicia,
la libertad soñada
y la igualdad en la línea de partida.

El hombre se dedica desde entonces por entero,
a poner en marcha la bucólica sociedad globalizada,
la de la tribu única y el reglado pensamiento,
una masa obediente e invariable
de activos consumidores y votantes satisfechos.

Escrito en cualquier momento, en cualquier lugar.

 

 

10.. Valdepero y Exilio

À memória de Muqui
meu ponto de ancoragem emocional em Brasil

Escalador en la pendiente de los años,
Iluminado por el fuego mortecino de la lumbre
subo aún, ojos vendados,
sin saber cuándo haré cumbre.

Quedo a expensas de los fieles aliados
que impulsan la conquista de los días:
el deseo de vivir, el optimismo, el ejercicio metódico y diario,
y dos milagrosas medicinas:
confianza en el futuro y amor enamorado.

Brisa fresca, ventarrón en ocasiones,
llegan los nietos buscando mi mano
para llevarme a sus nuevos sitios viejos,
cambiarme la forma de mirar la vida y,
algunas veces,
hasta la forma de verla,
ilusionándome.

Sentados en rueda les cuento Valdepero
y escucho lo que digo
como si fuera uno más de los oyentes.
Vuelvo a ser infante
atendiendo en mí a mis abuelos:
fuelle de la fragua
carbones ardientes,
hierro al rojo,
yunque soportando martillazos indebidos;
o par de mulas ignorante de avanzar arando,
sembrando, segando, acarreando,
trillando, recogiendo la cosecha;
verano ardiente,
avidez del agua en el botijo ya mediado.

Alcancé Valdepero, medio puntito en el imposible
mapa del Universo infinito,
cuarenta y tres kilómetros cuadrados
de tierra de labor y pueblo antiguo:
puerta de la muralla medieval, doscientas casas
de piedra, adobe y ladrillo
fuentes de San Pedro y la Atalaya,
iglesia, ermita y castillo.

Mi impaciencia nació -mediado marzo de mil
novecientos cuarenta y seis-
un mes antes de lo considerado saludable;
y a punto estuve –hola y adiós-
de morir en ese mismo instante.

Aprendí a caminar entre animales de tiro
y aperos de labranza.
A simple precaución llegó el miedo
a las llamas danzarinas del hogar,
caño infernal de la estufa, horno de Florentín:
leña del monte
y pan dorándose, territorio de Canene.

Era Valdepero,
el día a día rutinario y las temidas
irregularidades llegadas de improviso,
el temor agobiante y la esperanza
desdeñada, desdeñosa;
trabajo agotador y el complemento
de la economía: pasar con poco, ajustar
las necesidades a la posibilidad,
huir del despilfarro como de la peste;
aquella peste que diezmaba
la población de los corrales, esparciendo
los cadáveres por el camino de Ices
allá en los molederos: pasto de otros,
insalubre carroña.

Valdepero, era, les digo y me digo:
empuje y habilidad: extremidades,
torsos cuerpo y mente purriendo,
mango alargado de la horca,
y colocando
los brazados de nías en las redes,
varales multiplicadores de la capacidad
del carro.
Era la fuerza de los brazos y la espalda,
subiendo ochenta kilos de trigo a la panera,
sacos de yute, cuatro cuartos rasos, media carga.

Valdepero era, a mis ojos,
la solidez pétrea de los páramos ásperos,
la debilidad caliza de las laderas grises enfrentada
a la impertérrita erosión, y la parda fertilidad
de la tierra llana cruzada de arroyos.

Era, también,
las mulas francesas, los machos
burreños y los asnos: actores secundarios,
compartiendo cuadra, pesebres contiguos,
paja de trigo y granos de cebada;
el cerdo, trece arrobas de compromiso,
engordando a ojos vistas con harina
de almortas y unos pocos cuidados.

Liebres, raposos, pardales, tordos,
pigazos, encinas, chopos, barbechos,
trigales encañados, amapolas, mielgas
matacandiles de flor amarilla,
cielo azul y blanco:
ahí tenéis mi acuarela, digo
a los nietos: mi dibujo grabado al fuego,
al ácido sobre la memoria arrugada.

Era, en la reiterada evocación, Valdepero,
un espacio de infranqueables bordes
un nido protector y protegido
la vida renovándose en cauces
terciados de contingencias.
Era el desarrollo de destrezas humildes:
labrar profundo los barbechos,
sembrar evitando la maleza,
roturar baldíos,
comprar tierras,
incrementar las propiedades para hacer
de los hijos nuevos labradores, dependientes,
también, del cielo: agua o sequía,
pedrisco, centellas incendiarias;
y la venta del grano a precio conveniente.

Nostalgia de lo captado por los sentidos
alerta: sonidos, colores, olores y sabores, tactos.
Fuerte deseo de llenar el hueco
que me incompleta y mueve a completarme:
mi añoranza es esa aspiración de regresar
a un futuro imposible, y a las vicisitudes vividas,
vívidas,
que se sucedieron.

Haciendo recuento, sigo relatando,
realidades aunadas a las fantasías,
a mis nietos, los seis que ya tengo:
Judith, Óscar,
Sergio Adriana María
Naia y el pequeño Lucas.

Buhoneros, gitanos, quincalleros,
carros de toldo, mulas secas:
trotamundos en mil rutas repetidas.
Relatos surgidos de su boca que,
al entrar por mis oídos,
poblaban la cabeza e inquietaban la mente
alumbrando la imaginación despierta.
Uno de los vales de pan -tahona de Diocle-
para que comieran, tomaba yo de la caja
de zapatos donde los guardaban mis padres
entregándoselo en pago de lo recibido.

Junto a los trilleros, que paraban
en casa desde tiempo inmemorial, abuelos, bisabuelos,
personaje admirado
fue Julián, el hojalatero:
componedor de sartenes, cazos y cazuelas; estañador
con quien partí, invitado yo a comer, su mendrugo de pan
y su sardina arenque, medio día.

Memoria tengo de la señora Meregilda
vecina lejana por vieja, sola y pobre;
alimentada de gallinas muertas y barbojas,
quizá berros.
Daba un poco de miedo a los niños,
y algo de pena.
Vi bajar de la Montaña, carretera de Santander,
antiguo Camino Real, tranquilas,
imperturbables y flemáticas,
exóticas yuntas de bueyes.
Vi desplegar sus artes en el callejón de Castaño
a copleros, comediantes
y vendedores de cacharros, que el alguacil
anunciaba haciéndolos saber.

Mi exilio se fue configurando en las distintas
andaduras posteriores:
cerca y lejos, imaginarias y reales.
Y en mi alejamiento de emigrante,
el inventario de recuerdos, esmerilado por el olvido,
va acortándose presto un día y otro.
Así que parece lo prudente apuntarlo al momento,
hoy mejor que mañana, les digo a mis nietos,
los seis que ahora tengo.

PSdeJ Escrito en abril de 2014 para la revista Horizontes de Valdepero

 

 

B.-Hombre uno y múltiple
1—Necesidad ineludible
2–Mirada escrutadora
3—Nosotros
4—La oscuridad del silencio
5—Versos para un poema humano
6—Si muere la Utopía
7—La oportuna llegada de la Primavera
8—Un paseo por el camposanto
9–El último clochard sobre la Tierra

 

1.. Necesidad ineludible

Hambre,
hambre, hambre;
dos sílabas apenas,
y truncan el devenir del hombre.

Agente o paciente
ahondan la escisión del hombre
borran los caminos del hombre
desangran
el corazón del hombre.

Tan sólo dos sílabas y desdicen,
invalidan,
desautorizan, rechazan,
anulan,
revocan,
niegan al hombre.

 

2.. Mirada escrutadora

Idas y venidas con los cachivaches
y libre de collar su perro amigo:
mi admiración fue para el estañador errante,
una hoguera encendida en cada sitio,
de la libertad amante
como la libertad perseguido.
Ascendía difíciles peldaños, montaña del infierno,
capitán y grumete en su propio barco;
arrecifes, bajíos, témpanos de hielo,
calma chicha, viento de costado.
*

Vuelve y lucha, defiende tu proyecto.
Egipto, Roma, China, India, Grecia, Babilonia
el peso atómico del oxígeno,
el número primo y la disgregada roca,
los errores salpicados de aciertos;
el trueque de promesas por resistentes herrajes,
el reiterado descubrimiento del fuego,
mentiras y verdades intercambiables,
lo principal y lo accesorio suplantándose de nuevo
la libertad cayendo en viejos fraudes
de la tecnología y el dinero;
y el hombre perdido rompiendo amarres
con las confabulaciones y el silencio.
*

Yo soy mi patria:
luchas y abandonos repetidos,
alegrías y pesares
buscando el equilibrio;
lo que voy ocupando y cediendo a mi paso:
excusas, besos al leproso,
garabatos,
sentimientos y vagidos;
y cabe en la oquedad de un relicario,
en el país de un abanico.
*

Me inquietaban los enigmas de la primera mirada
y adoré a la Tierra fértil hasta saber
que era infecunda sin agua.
Adoré al Agua, comprendiendo
que es cosa del Sol
la inexplicable magia
de la evaporación.
Adoré al Sol ignorando
que su hoguera arde con llama viva
porque el soplo
huracanado del aire
difunde el calor, la luz y la energía.
Y adorando
al Viento fugitivo
descubrí mi error,
mi desvarío.
*

Indefenso ante el cosmos arrogante
-desnuda raíz bajo la tierra desprendida
minúscula lombriz
larva inactiva-
todas las noches, de manera inevitable,
acepto un Dios a mi medida;
y constatando la realidad inconciliable
-león que persigue gacelas
para satisfacer el hambre
y la urgente necesidad de alimento-
a ese Dios aceptado a la luz de las estrellas,
cada amanecer lo niego.
*

Los enigmáticos dioses de hoy y de siempre,
faros asidos a los más altos luceros,
perpetuamente insatisfechos si la tradición no miente
-pagodas, catedrales, mezquitas, sinagogas, beaterios-
con regocijo aceptan zalamerías y lisonjas de los fieles,
manifestándose atajo para los caminantes crédulos.
*

Estrella que me orienta en lo umbrío,
considero a la razón mi guía
y veo en la fe una rueda de molino,
la máquina del tren que descarrila,
la huera explicación dada a los niños.
*

Los cinco que soy se complementan y se ayudan:
el que goza de vista explica al que tiene oído
los colores puros de la rosa desnuda;
y éste dice la música del viento a quien posee olfato,
que entrega a los demás los diversos aromas
y recibe de los favorecidos con el gusto y el tacto,
el sabor de los alimentos que toma
y la textura del cuerpo acariciado.
*

Es pronto hasta que es tarde:
existe un punto idóneo de límite incierto,
para llevar a término feliz quehaceres muy variados;
tan fugaz y pasajero
que cuando llega a ser
deja de serlo.
Todo tiende al orden,
todo tiende al caos;
y el leve peso de un grano de trigo,
lleva la indecisa balanza
al súbito desequilibrio.
*

Tiene la vida en cuatro versos su definición:
Energía y materia
pensamiento, palabra y acción
torpeza y esplendor
tiempo y tierra.

Y escribe mi Epitafio una simpe modificación:
Energía y materia,
pensamiento, palabra y acción,
tiempo y tierra,
destreza y esplendor.

PSdeJ, Madrid 1975

 

3.. Nosotros

Vienes: calle arriba, vienes.
Rompiste el sentimiento que te ataba
a la casa paterna
muros de piedra labrada
esquina con farol y la puerta entreabierta,
promesa de escapadas
hacia esa libertad cortada al bies
que tanto amamos.

Vas calle abajo, calle abajo te veo.
Sonrisa en signo único de interrogación
ojos, de par en par abiertos, ciegos de posibilidades,
cientos de miradas incompletas
que no llegan a ser complementarias.

Boca en grito soltando admiraciones,
llegas aquí donde querías:
tiempo y espacio, aglomeración humana,
ribera del río turbio, los peces arrancados
del anzuelo y arrojados al agua,
nuevamente,
orilla del pescador agitado de pensamientos
contradictorios: el bien y el mal equilibrándose,
desintegrándose.
Ya eres libre, veinte años
de color azul
y blanco, libre
en el amanecer de la truncada primavera.

Te siento perdida en el laberinto
que del aguamanil llega al espejo,
armario de los vestidos
que se va poniendo y quitando tu cuerpo
para sentirse bien.
Ese perfume que deseabas tanto
cuando lo viste anunciado en la tele de color
y el corte de pelo de ciudad,
caracol sobre la frente.
Tu día de diario,
pan redondo que ha perdido un cuscurro,
carne sobrante en la cazuela,
fruta que la alacena ha ido marchitando.
Desciendes del séptimo cielo
al inicio de la noche
llegando el primer sueño al fondo del pozo
que abre en el portal su hondura
polea chirriante y veinte metros
de soga sueño a sueño
algunos terribles
el niño que no viene a mamar
del pecho henchido
lavandera viendo marchar la ropa
delante y detrás de la corriente.
Despiertas cansada de tanto ajetreo
en el dormitorio de un sexto piso
que mira al río prisionero
de dos calles muy transitadas.

Pero la felicidad no es esto
me dices unificando, equiparando
libertad y felicidad como si fueran
los dos extremos del mismo panecillo:
leche, miel, harina, conservantes,
potenciadores del sabor
y estimulantes.

No, no y no; repetías angustiada
no es solo desazón, intranquilidad o zozobra
lo que nos cerca hasta en sueños,
ni las promesas que se van desdibujando
hasta desaparecer en los carteles de las agencias de viajes
y los premios millonarios de juegos sencillísimos,
ni el agradable sabor artificial de los besos a deshora
intríngulis azucarado de eslóganes políticos y publicitarios
que prometen el paraíso, individualismo, Arcadia
de Justicia Distributiva,
a cambio de la libertad-felicidad
que tanto deseamos.

Te entiendo, y comparto contigo el sentimiento:
no es esto la libertad
y la felicidad tampoco,
un día tras otro ahondando el camino hondo de pisadas
que vuelven al punto de partida
cuando ya no es aquel que abandonamos.

Lo que ocurre, te digo,
es simple y llanamente que el tiempo
y la desilusión que el tiempo
trae en su paso raudo hacia la nada,
con el tiempo transcurrido, ese día a día
que a tantos embrutece,
a otros y a nosotros
nos fue haciendo pensadores.

El Escorial a 16 de septiembre de 2017

 

4.. La obscuridad del silencio

Rumor de raíces que avanzan tierra adentro,
de tallo elevándose a las nubes:
yo creo en las razones del silencio.

Lo sospecho perdido entre la niebla,
velo que en alta mar disfraza el rumbo de los barcos,
lento avance a enviones de sirena,
previsores de súbitos hallazgos.

Lo intuyo a la sombra de la sombra,
esperanzado ciprés del cementerio,
mástil y pica cargados de memoria.

Aletargado, dormido cabecea,
alargada lengua del ahorcado;
escondido en las campanas quietas,
su voz es el sueño del badajo.

Creo en el silencio del hombre,
y me atrevo a interpretarlo:
acerbo, ácido y salobre.

El silencio del hombre es el grito enmudecido
para quienes pretenden hacer de la justicia
un instrumento más eficaz y más preciso;
es la palabra ignorante del camino de salida,
el aire expelido y aspirado
que en el sendero de la garganta descarría;
un vagido cortado de raíz,
el llanto del niño sorprendido por la vida.

Suple el hombre la carencia de dioses y de patrias
domesticando dragones y serpientes marinas,
y el desconocimiento del lugar de su arribada
con rotundas expresiones, acaso desmedidas,
que ocultan la aridez de la mente equivocada
en el vasto desierto de las manos vacías.

El miedo a juntar el mal desparramado:
al silencio del hombre lo engendra la cautela,
el temor a concretar lo abstracto.

El silencio es saeta que sabe mucho de objetivos,
puntiaguda garra de la fiera,
es una flecha empeñada en blancos íntegros.
Es el aullido del lobo que en la estepa
da mordiscos al cielo enmarañado,
bocados de rabia y de impotencia;
es el bramido del toro acorralado
que opone el corazón a la barrena.

El silencio del hombre es el llamado
de quien se muerde el labio de amargura
y sujeta sus torrentes en un lago
de ígnea lava y fría espuma.

 

5.. Versos para un poema humano

A ras de suelo hallo más vida,
más dolor,
más alegría.
El quiero me interesa más que el puedo,
más que la capacidad
la buena voluntad aprecio.

Mi sentido de la justicia,
de la compensación,
del equilibrio
-el águila cayendo sobre el lobo que persigue a un cordero;
el pastor pidiendo al cazador que no dispare al águila,
tuvieron oportunidad de hacerme desdichado, y me lo hicieron

Cíngulo sagrado,
hiedra de espuma,
durante la persecución de los atardeceres
de sangre y majestad,
el Oeste se ceñirá la aurora a su cintura.

Cesado el vendaval de las galernas,
recurro a las pupilas que lo han visto todo:
el gris y el pardo de las tierras
y el azul glorioso.

Desde el ojo que entrega la mente a la nostalgia,
encaramado a los recuerdos miro:
torrenteras sedientas de corriente impávida,
laderas de reseco pergamino;
y veo en los páramos de piedra,
vallados que gobiernan los caminos,
escudos no labrados de casas solariegas,
catedrales y castillos
dormidos aún en la cantera.

Todo lo que siento, lo que intuyo y lo que veo;
configuran mi quebradiza integridad,
una fuente perdida en el desierto.
Labios, manos, sentimientos;
resido más en mí
cuantas menos necesidades admito y alimento.

Ser libre es discernir entre espejismos y verdades,
vivir sin mandar ni ser mandado,
elegir sin la inquietud de equivocarse;
ser libre es ser,
no tiene la existencia otro carácter.

Tan indomables el león como el cordero,
tan obligados a mantener el tipo;
gemelos ambos en el dominio de mi pecho,
quieren cruzar juntos el puente del destino,
vida y muerte en los extremos.

El porvenir depende de la fuerza
que la infatigable voluntad imprima,
a la firme decisión de caminar en un solo sentido,
superando los obstáculos acumulados un día y otro día:
inundaciones, huracanes o seísmos.

La excepción no confirma la regla:
gota de sangre sobre mar de leche
a modo de evidencia.
La niega, la impugna, la rebate;
la contradice, la invalida, la rechaza;
altera sus términos constantes,
la obliga a abrir postigos y murallas,
y a convertirse en una ley más grande,
-gama de rosas, exempli gratia,
donde quepa aquello que se da de tarde en tarde.

Atravieso la niebla henchida de misterios;
como dardos nocturnos son mis ojos,
y van burlando cercos.

Los reproches hueros,
como soy,
me hicieron.
Me hicieron como soy: bueno y malo
las oportunas palabras de aliento,
el reiterado ejercicio cotidiano,
la dificultad de entendimiento
y la persistente oposición de lo arcano
a explicar su secreto.

Reparto en una cesta la ración de matanza,
el caldo en un puchero;
y tantos amigos tengo que no bastan
las quince arrobas del cerdo

Lo rígido me atemoriza: parapetos y barreras;
he roto formas: vasijas y troqueles;
me ponen en guardia, me atrincheran,
lo inflexible y permanente.

Constante agitación de corrientes y mareas,
barrera de cimbreantes colinas,
despensa que se esparce y regenera
el tornadizo mar me sobrecoge y me cautiva.

Contemplo el cielo guateado de nubes de algodón,
concretas figuras modificadas a cada instante por el viento:
cúmulos en forma de monte, de pájaro o de flor;
nimbos hechos rostros, caballos, carámbanos de hielo;
estratos que exceden el margen de la imaginación.

Lo que va más allá del mediodía
y traspasado el crepúsculo no muere,
lo que acompaña al tiempo en su rutina,
apoderándose del hombre breve
lo aminora y lo domina.

La evolución, el cambio y las esperas
el salto, el retroceso, la mudanza,
y lo que modifica su esencia,
reclaman mi atenta vigilancia.
De lo permanente huyo: la arrogante vida eterna.

Encomiendo mis viajes al tímido velero
asentado en olas sucesivas,
al ala frágil del avión ligero.

Agua o arena,
lo incontable es de mi atención objeto,
los páramos de estrellas
del chispeante firmamento.

En lo fugaz tengo mi suelo,
lo huidizo me ofrece su refugio,
columna, pared y techo.

Gredas sirven de base a los cimientos,
charcos de las recientes lluvias,
todo lo inestable e incierto.

Por el momento al menos
no creo en nada fijo;
sólo en lo efímero,
en lo temporal, confío.

Reviso cien veces lo ya hecho,
de nada estoy seguro,
recelo de mis acreditados méritos,
de mi fama merecida;
hoy dudo nuevamente, desconfío de nuevo
de lo que ayer creía
y me convenzo de verdades nuevas
que mañana serán sustituidas.

PSdeJ Valdepero, Palencia, Valladolid, Barcelona, Madrid y La Habana

 

6.. Si muere la Utopía

Hoy, cuando la esperanza es tan efímera
y vive en el desencanto
diluida,
¿quién ofrecerá un futuro codiciado
si muere la Utopía?

¿Quién descubrirá la poesía,
flor entre espinas en las zarzas,
velero de papel a la deriva?

¿Quién pondrá imaginación en las pintadas
-ingenio de las frases-
que derribe barreras y murallas?

¿Qué ejemplo estimulará en los jóvenes la fantasía,
qué gestas relatarán los abuelos a los nietos,
quién defenderá al pueblo de la constante injusticia,
quién restablecerá el equilibrio descompuesto,
quién se opondrá a la insaciable avaricia
de los que acumulan montañas de dinero?

¿Quién osará avanzar por nuevas vías,
quién se opondrá a los intereses de los más interesados,
qué será de la diversidad de teorías,
quién estará de nuestro lado
si muere la Utopía?

¿Quién reducirá las insalvables diferencias
que separan halcones y palomas cada día,
quién amará al hombre por su quebradiza esencia,
quién sembrará la paz, el perdón, la valentía;
el amor, la libertad, la convivencia
si muere la Utopía?

¿Quién impedirá que den forma a nuestra arcilla
en inhumanos moldes,
los que hacen herramientas de las vidas;
quién acogerá las excepciones,
quién será de lo diverso garantía?

¿Quién nos librará de la pureza,
quién nos sacará de la estadística,
quién sobrevivirá al sistema,
si muere la Utopía?

 

7.. La oportuna llegada de la Primavera

Apoyándose en la punta de los pies
sobre los últimos yelos invernales
domingo a medio día
descendió silenciosa y sorprendente
Primavera.

Música y color de un bienestar fingido,
la primavera inicia, valiente, su andadura
el invierno regresa a su escondrijo
la ambición escala hacia la cumbre
la intemperie nocturna pide prórroga
la grisura está de moda
sobre las nubes altas se multiplican los milagros,
la actualidad se opone al descontento
todo debe ser sumisa aceptación,
la electrónica trae computadores
más y más sofisticados
laberinto que a muy pocos lleva
hasta el análisis aséptico y el conocimiento neutral,
porque los computadores
-antes lo intuíamos, pero ahora ya tenemos certeza-
nos alinean imponiendo su sencillo orden
de despistados y necios.

Los ciudadanos conscientes que aún quedan
reflexivos y, por eso,
críticos,
se van desmoronando partícula a partícula
bajo el peso de problemas reales
y problemas inventados.

Ley de Gravitación Universal:
la interdependencia entre iguales
proporciona la cohesión del Universo,
la simple independencia desemboca en soledad,
y la soledad ahonda la intensa trayectoria
de quien lee y quien escribe,
unos pocos que simulan ser desconocidos
cuando cruzan temerosos temerarios
el ágora pálida y, con frecuencia, fría.

La poesía sigue pasando de mano en mano
manos escasas de cuatro convencidos
o de cuatrocientos,
los mismos de siempre o los hijos de sus hijos
en un viaje lleno de pausas y sahumerios
como se llevan los cadáveres
a las tumbas abiertas en los saturados cementerios.

Lograda la armonía por audaces
de otros tiempos,
la regularidad disciplinar sustituye al equilibrio
en la disposición de los métodos y de la iniciativa,
convirtiéndose en clave de múltiples acciones:
tableteo de las ametralladoras
endiabladas marchas militares
repetido murmullo de la monotonía
de la mentira repetida hasta parecer verdad
hasta llegar a ser la verdad única,
porque los eslabones de la cadena
que nos atan los unos a los otros
al mismo tiempo nos separan,
el fuego avanza a llamaradas en los campos incultos
hogueras trasmutadas en piras de cadáveres vivientes
encendidas en habitáculos inhóspitos
para combatir las bajas temperaturas de la miseria humana,
la palidez de las ciudades desmiente a la aurora
dejando pálida
frente al crepúsculo
la belleza honesta del alba.

Los déspotas expelen ráfagas de injusticia y precios elevados
y cuando son descubiertos
convocan elecciones y son sustituidos
por bien adiestrados simuladores
que logran la momentánea confianza
de la multitud desconfiada,
mas estén donde estén y sean quienes sean
llevan la muerte consigo y bajo los perfumes caros
huelen a despojos descompuestos,
porque para que exista un rico
de los ricos actuales
dueños de enormes fortunas
-valoradas en miles y miles de propiedades
que incluyen los cuerpos y las almas-
son necesarios, cuando menos,
tres generaciones de pobres de solemnidad
de esos pobres que ahora carecen de tierra, agua,
aire y fuego,
y como acostumbra a ocurrir
la incertidumbre y el miedo
sobrevuelan millones de cabezas
robando sueños.

Quienes diseñan la faz de lo que nos conviene
mudan puntos, rayas, superficies, volúmenes
y tonalidades,
dejando los antiguos al alcance de la mano
diestra
con la sana intención de recobrarlos,
porque todo ha de cambiar vertiginosamente
en el vertiginoso giro de los radios en la rueda
para dar la perseguida apariencia
de nuevo e igual, de igual y nuevo,
de manera que la repetición intermitente del paisaje
nos produzca la sensación de cambio a unos
y de continuidad a otros,
visión compendio de todas las posibles
miren las personas hacia atrás o hacia adelante
contentos o no con el presente maquillado
que los días ofrecen
a la espera de un mismo futuro distinto
en la proximidad distante.

El futuro pinta oros de tan
pluscuamperfecto como viene,
el pretérito huele a nardos
y se viste de color
rosa azulado.
De todos es sabido que la historia muda,
para adaptarse a la vigencia de los tiempos,
de cuando en cuando el resultado del anterior análisis,
haciendo volver sobre sus pasos
a los que quieren, faro en la costa,
verdadera y firme esa verdad de verdades,
abierta, claro está, mutatis mutandis,
a la investigación
constante.

Los poderes fácticos
a escritores, ensayistas y poetas
por señas nos advierten,
utilizando parábolas ya olvidadas
y viejos símbolos actualizados,
que consideran una broma de mal gusto
la manía de seguir, día tras día, en la refriega,
comprendiendo los hechos y juzgándolos
para relatarlos después del modo que los vimos;
debemos sonreír con sonrisa ingenua
aunque nadie desvele el acertijo
porque la primavera acaba de llegar
y el inverno inverna en su escondrijo.

PSdeJ, Valdepero, Vitória ES, El Escorial

 

8.. Un paseo por el camposanto

Por pura simetría no creo en el demonio,
el bien y el mal equidistantes
necesidades y deseos compartiendo plano
lo palpable y lo impalpable en abrazo interno
lo superior como imagen reflejada de lo ínfimo
las vida eterna y temporal ancladas en mi mente
nexo de la fe y de la esperanza
pozo sin fondo al que nada colma.

Alma y cuerpo opuestos e inmiscibles
unidos por el roce de las alas crónicas.
Más allá de la mujer, eje del universo mundo,
del hombre subseyente, animales, árboles
y piedras; del equilibrio
y la armonía, de lo individual
puesto al servicio del conjunto,
más allá de las estrellas y los espacios
interestelares
descreo.

Descarnada metáfora victoriosa, Oriente
y Occidente enfrentados en etimológica plegaria,
húmeros, cráneos, tibias, costillares
procedentes del antiguo camposanto
llegaron hace más de siglo y medio
a la calle de la Coopérative, Villeneuve sur Lot,
para formar,
campo cercado y bendecido,
la Nueva Ciudad del Sueño Eterno:
Cementerio de Sainte Catherine.

Creyentes, pensadores, los abatidos
por la vida
o condenados a la última pena,
trinchera y seto delimitando tres cantones,
a los que se añade otro hipotético
para los hijos de Jacob; demostrando
que ni en la muerte se da la identidad
conceptual de fondo y forma,
que en los despojos corporales dormitan
la opinión y el sentimiento,
cadavéricas ideas perniciosas,
trasmisibles,
como virus filtrables,
a los sensibles vivientes.

Abonan esta tierra fúnebre
familias francesas, los cuerpos reposando
en el solar patrio;
familias españolas derrotadas en su país
y rehechas
en la acogedora y tolerante Francia,
familias emigradas de Italia,
familias de apellido portugués,
ciudadanos de las antiguas colonias
y muchos otros del centro de Europa:
lo extraño y lo propio sumados, integrados,
la historia de la villa escrita día a día.

Avanzo por el espacio cuajado
de enterramientos floridos, donde
yace y subyace
la ambición humana formando mausoleos,
panteones, sepulturas, criptas
obra maestra de arquitectos y escultores de valía.
La sólida argamasa de los múltiples
monumentos funerarios
honra, más que al fallecido,
a quien paga el alto costo:
rivalidad de vivos bien pertrechados.

Oigo expresarse en voz baja,
a uno
de los pensadores
muerto y, aún, pensante:
“Espíritus privados de materia,
materia liberada de energía y hálito vitales,
principios difusos invocados en responsos,
monocorde cantinela erguida como columna de humo,
intentando penetrar en lo Más Alto
impenetrable”.

Leo frases destinadas a resaltar la memoria
de la inconcreta permanencia
en este espacio de hipótesis indemostrables,
de la lógica aplastada por las emociones,
la falsa verdad matemática,
sicosociología desmitificada
al provocar el indeleble
axioma
de lo efímero.

“Ici repose
un Caballero de la Legión de Honor,
Consejero de Comercio,
Miembro destacado
de las Sociedades de Defensa Mutua…”:
meritorio y extenso currículum vítae,
que leo admirado donde debiera reinar la igualdad
establecida por la homogénea composición
de la materia descompuesta.
Donde las Cruces monumentales
que yacen inclinadas sobre las pesadas losas
-puertas blindadas, candadas,
próximas al hermetismo-
confirman
la inamovilidad de las situaciones
presente y futura.

“El Sol iba
como cada tarde,
adonde cada tarde va,
y la Iglesia: altar, vitrales,
sillas, imágenes
y sepulcros de clérigos;
elevada en medio del paseo
era la parte esencial del contraluz”:
declama una pintora y poetisa que lleva
sesenta años, al menos, en la tumba
adornada con lo que, en la distancia,
parece un arpa de oro, mascarón
de proa de una nave,
nave y arca
flotantes.

“Hay un ser eminente difundiendo
la luz en la obscuridad,
un sabio
que conoce la raíz de los misterios y la explica;
y un Ser Supremo, creador con su palabra,
Fiat Lux,
de la luz primigenia”.
Afirma una voz canónica
difunta
procedente del espacio religioso.

“Hay”, añado en mi cabeza:
“millones de criaturas siguiendo
el rumbo de Una Estrella Errante
que bien pudiera avanzar
errada”.
“Honor y patria”,
 “Unión,
Valor,
Genio,
Trabajo”;
son lemas esculpidos en la roca dura
con la luminosidad rojiza de las convicciones,
montaña alejada de la visión más nítida,
perdiéndose en la bruma del mar impreciso,
columna principal,
ascua
y pavesa.

Poetas, filósofos,
sacerdotes y trabajadores;
se unen aquí a los militares laureados,
heridos, muertos y sobrevivientes
de mil guerras,
gastados en la paz de los desfiles conmemorativos
bajo el peso de las hojas de servicio saturadas de gestas
e innúmeras medallas concedidas.

Aquí las ilusiones,
aquí
los proyectos
apoyándose los unos en los otros;
la belleza y la fealdad,
la virtud y el vicio,
el bien y el mal complementándose,
equilibrándose.
Sombra reflejada de la barca
cuando surca el río que va a la infinitud eterna,
sonrisa vaciándose de misterios
sobre los cuerpos desnudos
conmovidos de pudores ígneos.

Quiero que siembren bien profundos
mis más firmes pensamientos
en la tierra donde nací,
para que mis nietos recojan
las flores abundantes
y los copiosos frutos.
Cantero de los discrepantes,
de los librepensadores idos,
dejando bien sentada
mi discrepante discrepancia
con todo lo arbitrario.

El fruto de mis reflexiones reiteradas
dejo en este largo y penetrante poema
-Oda como nombre de familia-
sobre el antes y el después
de los pasos humanos en la tierra,
sobre las dudas que emoción y lógica
han ido acercando a la certeza.

PSdeJ Villeneuve sur Lot Junio de 2015

 

 9.. El último clochard sobre la Tierra

Escogió la esquina del Boulevard Palissy
Palissy Bernard,
ceramista inventor de esmaltes únicos,
protagonista de búsquedas y hallazgos
en áreas muy diversas,
genie universel de la Renaissance.

Escogió esa esquina el clochard entre las más transitadas
para aparecer en imagen diurna
o lo escogió el recodo:
adorno, atractivo, invitación a la mirada.
Si la raison existe, je l’ignore.

Exhibe, vanidoso,
exuberantes cabellos y una barba
larga, larga, muy poblada,
armónica y atendida con esmero. Sombrero oscuro
congruente
con la cabeza copiada del gran hombre
qui au Boulevard donne son nom.

De aspecto pulcro y modales finos, desconfía
de la información que los sentidos le entregan; piensa
intuye
imagina, concibe y trasmite,
a quien quiere oírle,
ideas y opiniones ajustadas, sugerentes,
suggestives.

Su perro compañero, posa para la foto instantánea
en plan esfinge de Guiza, contento,
candoroso,
sociable;
pelo cepillado
y placidez de can
a quien
la noblesse oblige.

No pide nada la mueca pícara
del experimentado clochard
ya avanzado en la vida.
De pie, o sedente
sobre un cojín mullido
que ablanda el suelo de la impropia acera,
sonríe al hablar con cierta parsimonia
préméditée, calculée, consentie.

Conversador generoso,
cordial,
fue ilustrado con los conocimientos
de quien ha leído, por placer,
los libros, muchos,
puestos a su alcance; dando contenido
y forma personales
à sa reconnue philosophie vitale.

Un platillo de acero inoxidable
evita que las monedas, recibidas sin aparente motivo,
esparzan sobre las baldosas romboidales
su zigzagueante recorrido, su leve tintineo,
dix fois dix.

Llega de buena mañana al puesto de trabajo:
estar, ser, oír, decir, ver y ser visto.
A medio día toma un bocado paseando
la cojera producida al practicar alpinismo,
mientras el can corre y juguetea
sin perder de vista el faro que vigila sus cabriolas,
yeux de regard intense.

En el lugar de acomodo pasan ambos
tiempo y tiempo,
tanto,
que aparecen en las vistas de Google
en medio de las casas, como las farolas,
cerca de la calzada, los bancos, los coches, los carteles,
del Boulevard Palissy
en la ciudad de Villeneuve sur Lot, Aquitaine, France,
hémisphère Nord de la planète Terre.

Es el último día de mi estancia en la villa,
temporada de retiro destinada a concluir
un poemario de encargo.
No me atrevo, pero
pienso contárselo,
recitándole los poemas iniciales.
Doy por seguro su deseo
de escucharme
y de hablarme luego de sí mismo,
à demi confiant et méfiant.

Hijo de un expatriado español republicano,
unido
a una mujer francesa
afiliada
a la francmasonería,
nació, por puro albur, en esta parte interior del mundo,
considerándose fronterizo en los territorios todos
que sa complexe simplicité déploie.

Pasó en prisión los años jóvenes,
acusado de un robo que, su patrón, ladrón verdadero,
confesó al descubrírsele una fechoría mayor;
mais les portes fermées n’ont pas été ouvertes.

Se encuentra su morada humilde
en la ribera agradable a los sentidos:
enramada muy tupida,
frescura o remanso según las estaciones.
Buhardilla con vistas al cambiante cielo, y puerta
constantemente
abierta,
que han ido amueblando los amigos,
aquellos con los que conversa
sur l’humain et le divin.

Su autonomía le permite
ahorrar buena parte de las monedas del platillo,
colecta indirecta e invariable
tan constante como el caudal del río,
si fluide.

Revela por ligazón simple
de las consecuencias y las causas
la existencia de una mujer amada, allá,
donde acaba el Arcoiris.
Un amor intenso intuyo,
piedra angular de los años idos,
una mujer, cautivada por la belleza
de todo lo existente,
que cuida, como niños, tres gatos de Angora,
y recibe cada mes una remesa
anónima
que le permite, sin rentas, vivir como una reina;
como la reina que el Clochard de Palissy
quiso que fuera
avec toute sa volonté et toutes ses forces.

PSdeJ Villeneuve sur Lot, France, abril de 2015

 

 

C.-Causas y Consecuencias
1– Las espigas tronchadas
2–Expectativas
3—Pensamiento y acción
4—Diluvio en la reseca tierra del hambre
5—El precio de las cosas
6–Concordia de clases
7—La economía de mercado

 

1.. Las espigas tronchadas

El nudo central de la inclemencia
se resuelve en verdes prados,
en pajizos colores el verano se reseca
se marchita el otoño en ocres arrebatos
en hojarasca, en hollejos, en corteza.

Ante las inestables gotas de rocío me conmuevo,
ante la diminuta niebla suspendida
celosía natural del Firmamento.

Granizo, escarcha, lluvia o nieve
persigo el agua cristalina
regeneradora y renaciente.

Quiero descender en su caída
efluvio ser de su vapor evaporado
ser espuma del agua desprendida.

Cae gota a gota la llovizna
paso a paso, rama a rama
desfallece rima a rima
grano a grano se desgrana.

Moldeó el río sus meandros,
lecho abierto,
guijarros;
cabalgó la madrugada sobre formas más precisas
fuimos muchos para las escasas liebres
y levantó hermano contra hermano la codicia.

“Que inicien el ataque los arqueros,
ataquen después los de a caballo
terminen los infantes la refriega”:
con voz profunda y con aplomo
exclamó vigoroso el estratega.

“Los muertos recogidos detrás de la línea de partida
no alcanzarán el ansiado paraíso”:
sentenció iracundo el druida.

No hubo victoria que admitiera tierna a los pacíficos
heridos por las armas de uno y otro bando
ni lecho de plumas
que acogiera a los inválidos.

Fueron los pícaros quienes reivindicaron el triunfo
logrado por los rudos valientes,
y para premiar a los héroes innúmeros
no hubo galardón suficiente.

Banderas, tambores y trompetas,
páginas abiertas de los libros;
cada cual a lo suyo, guerra o cordura,
campo de batalla o caminos.

Tinta indeleble de las plumas,
sentimientos, intenciones, designios:
todo lo aniquila la crueldad de las disputas.

Arrasa la guerra poblados y cosechas
aparta los horizontes de llegada
abandona barbechos abiertos a la reja
arranca corazones robustos de lava
separa a los potros de la yegua
mata la vida en la vida engastada
tergiversa la liturgia, y la miel de las colmenas
por los suelos desparrama.

Cada puñado de tierra oculta una gota de sangre:
venas confiadas en el llano
arterias sorprendidas en los valles
y en lo más alto del collado,
la desmedida ambición culpable.

Las cavilaciones del pensamiento rescatado
produjeron dos teorías contrapuestas,
y tras cada una de ellas formó un bando.

Cargada de pesimismo
la primera:
el mundo es redondo para que nuestro éxodo no acabe;
la otra trata al Demiurgo con enorme indulgencia:
para acoger nuestra marcha sin final
creó la esfera.
Actúan enfrentadas
porque son simétricas.

Infundo mansedumbre
a los perros que aúllan a los lobos,
a los lobos que atacan a los hombres
y a los hombres enemigos de los unos y los otros.

Lo mío es tender puentes,
investigar el móvil del deseo,
medir la altura de las miras,
analizar los ritos y los gestos.

En discrepantes visiones y actitudes,
soy conciliador y busco acuerdo;
la necesaria síntesis alcanzo
acercando las voluntades a los hechos.

“Lucha hasta el equilibrio” es mi divisa,
y es mi firma mi nombre lanzado en una flecha,
en busca de la cruz de la armonía,
vacilante,
equilibrada, activa.

El progreso cifro en avanzar,
en marchar hacia el objeto perseguido,
el arreglo a que tiende por entero lo existente,
inestable contrapeso sucesivo.

Espigas tronchadas,
la peripecia existencial se atempera,
desde un punto de vista puramente emotivo,
en la simetría de los recuerdos más profundos
haciéndose cuestión de líneas y colores
aromas y presentimientos.

PSdeJ Valdepero 1963, Camelford1982, El Escorial 2017

 

2.. Expectativas

Excesivamente pesadas, moviéndose en espira
una en dirección a otra,
y dando miles de giros por segundo,
dos estrellas de neutrones chocaron
produciendo un agujero negro.
Hace de eso ciento treinta millones de años.

No puedo retrasar la escritura de mis versos
hay cuestiones
urgentes en ellos:
¡Cuidado con la paz!,
advierto:
tan modosita como parece,
se arma y se rearma en ella,
rencor y fuego,
la ominosa y execrable guerra.

Si quieres la paz -recomiendo-
acaba con las razones de la guerra,
fortalece y consolida la paz
termina con las injustas diferencias.

Reyezuelo privado de su cetro,
acentuada exaltación de percepciones,
observo mi conducta desde dentro.
Pétalo breve conquistado,
vehemente huracán,
propicios labios.
En las incógnitas que la lógica decide desvelarme,
en la intuición apoyo mis sentencias,
porque los sentidos mienten como rufianes
y me informan según su conveniencia.

He de sumar,
por si no bastara lo ya dicho,
mi sospecha constante de inmaduros yerros,
olvidos de bulto y descaminos,
aún no descubiertos.

Fijan los libros la memoria como los pinos las dunas,
permiten ver el pasado más allá de su imagen desleída
y proyectan sobre el hoy la tanteada presencia futura.

En ellos leo que la piedra se hizo efigie,
que el oro fue adorado y la palabra
-mi postrer refugio-
resultó mil veces profanada.

Mi visión armónica del caos,
llevada al orden por la lógica,
y la evolución del pensamiento apoyada en los ensayos,
me han dictado al oído
un evangelio santo,
credo positivo,
corta relación de mandatos.

Consumiré recursos renovables,
planta, animal,
calor o minerales;
capaces de crecer
una, otra y otra vez.

Materias primas a mi alcance,
de los bienes que poseo:
herramientas,
vestidos, alimentos;
utilizaré lo indispensable
liberando el resto.

Caudal sobrante,
envoltório, cáscara o piel,
elementos residuales:
daré utilidad a los desechos.

Temprano tuve pensamientos propios:
de principios, sensatez y dudas,
hice conveniente acopio.

La mitad del hombre indócil que me integra,
defiende un sí de lo más sólido;
y el resto tras un no sin vuelta de hoja se atrinchera.

Del anverso blanco hasta el reverso negro,
mi voluntad se astringe y se dispersa,
compartiendo el eterno drama del Universo.

Aguda espina,
piel sedosa;
soy contradicción,
perseverante paradoja.
Vivo la heroica,
la real y diaria vida doméstica,
del yo inconstante, del individuo altivo,
emocional, cándido y sublime;
afectuoso, pleno de prejuicios, agresivo,
servil, soez y corruptible.

Y la vida de la razón y el pensamiento,
universal y nivelada,
que todo lo mide y lo pesa todo,
perfecta, lógica y cuadrada;
facultada para destruir con el análisis
los firmes pedestales y las estatuas sólidas,
capaz de desnudar de ropajes ajenos
a verdades y mentiras en infiernos vecinos de la gloria.

He salido a la aventura sin mochila,
carente de un amarre que me una al terreno,
naufragada barca, águila abatida,
recordando el ejemplo
que dan las semillas.
Capaces de esperar en el desierto,
en condiciones extremas de sequía
-conscientes de su propia fecundidad,
seguras de sí mismas
a una sola
gota de agua,
del tiempo inextinguible
la parte necesaria.

Nuestro propio Sol, Capital del Sistema que nos atrae y rechaza
haciendo posible la vida, al transformar todo su hidrógeno
en helio, se convertirá
en un Gigante Rojo, y expandiéndose,
expandiéndose, cada vez más ardiente engullirá
a Mercurio y Venus, quemando a la Tierra
antes de fundirla, apropiarse de ella y, también, morir.
Pero eso ocurrirá dentro de miles de millones de años.

PSdeJ Valladolid, Barcelona, Madrid

 

3.. Pensamiento y acción

La voluntad sube al estrado
y arenga a todo el organismo:
riñones, corazón y bazo,
incitándoles a suplir cualquier carencia
para desarrollar el potencial innato.

Es preciso mencionar la importancia de las manos,
con ellas elaboro admirable artesanía,
herramientas, arreos del ganado
y los conformes trazos de la caligrafía;
enérgicas aceptan compromisos, firman pactos,
y sedosas dibujan la suavidad de las caricias.

Sin llegar a los extremos del eremita o el asceta,
dedico largas horas a la meditación y al pensamiento;
ni flagelo mis carnes ni me nutro de yerbas,
gozo y sufro acompañando a mi tiempo:
soy un filósofo que avanza en la niebla.

Con las excepciones asumidas,
la belleza del orden es mi meta,
libertad ajena a la forzada simetría.

Caben en mi mundo figuras insólitas:
cuadrado, triángulo, circunferencia;
todas las formas regulares,
las irregulares y sus mezclas;
y en cuestión de opiniones,
cualquier punto de vista me interesa.

No hay que marcar límites al desarrollo
más allá de los que estimen la experiencia,
el día de mañana y el bienestar de los otros;
porque somos un eslabón de la cadena,
el hilo conductor de la prudencia y el arrojo,
el fluir del río y el leño en la hoguera.

Soy el que labra la tierra y la vacía de minerales,
quien se sumerge hasta las perlas y los arrecifes coralinos;
aquel que transforma las materias primas en objetos
y el servidor de sus vecinos.

Cuido el sembrado hasta la siega,
bajo a la mina, pesco barbos en el río,
trabajo de sol a sol en la tejera;
paso hambre, sed y frío,
y mi cuerpo ha de enfrentarse desnudo a las dolencias:
soy el bracero desconocido,
el nuevo atlante que porta el mundo sobre su cabeza.

¿Qué signo acuñaré en los corazones,
qué contraste daré al valor de su valía,
qué alejados límites pondré al terreno parcelado,
qué rayas trazaré que no dividan;
qué sonido equivalente al sí en todos los idiomas
diré con energía?

Hachas de sílex labradas por gorilas,
aceite para las cinco lámparas de las vírgenes necias,
el segundo corazón que el amor del hombre necesita,
los grandes versos del décimo libro de la Eneida,
una copia a su tamaño de la Capilla Sixtina;
el recuento de mi vida expresado en derrotas,
luces extinguidas que marcan aún el rumbo a los navíos,
ilusiones cedidas a los hijos y a la esposa;
sentimientos azul cobalto confundidos,
fechas erradas de la reciente historia,
los cenicientos temores y el paisaje prohibido,
colman el espacio destinado a la memoria.

Dan forma a mi orgullo alargados estambres amarillos,
orquídeas de pétalos morados,
cimbreantes juncos y zarandeados lirios.

Me sorprendo
inacabado
en cien aspectos;
pálidas facetas de un brillante mal pulido
que encuentra en los otros complemento:
familia, amigos,
compañeros
y contiguos.

Por aceptar
a los demás tal como son
y ayudar
a que sean como ansían ser,
se desvive mi débil voluntad
arrastrando a mi voluble proceder;
por formar un criterio
enteramente mío
y buscar el concierto de la síntesis constante
y el renovado equilibrio.

La enyugada mula y los pardales libres
el cielo inconsecuente y la sacrificada tierra:
con el afectuoso corazón preservo mi origen,
con la reflexiva y ecuánime cabeza.

PSdeJ Palencia y Valladolid, El Escorial

 

4.. Diluvio en la reseca tierra del hambre

Con una pluma de cálamo partido,
el hombre desguarnecido se defiende,
polvo en agua desleído,
tinta viscosa surgida de su frente.

Es una pluma solamente
y la blanca superficie del papel
en flecha, en daga la convierte;
la palabra que perfilo es un ciprés
lanzado contra el cielo inexpugnable e inclemente,
para desaguar, haz y envés,
sus rebosantes recipientes.

Van siendo las seis y el campamento
-levantado en el seco álveo de un torrente dormido-
en círculos de piedra aviva el fuego,
y con la tranquilidad de quien ignora los peligros,
apura faenas diferidas por el breve asueto
o desata recuerdos de los tiempos idos.

Planchas de hojalata forman techos y paredes,
cascotes de algún derribo, tablas rotas,
frágil refugio destinado a expulsar a la intemperie.

El viento lo avisa con su silbo ralo,
un olor a crisantemo marchito
viene del Norte cargado de presagios:
se han callado los grillos
y los gorriones agitados
revolotean en círculo.

Recoge rayos el sol, envaina su soberbia,
retrocede y huye ante ejércitos de nubes
embutidas en armaduras prietas,
amazonas sobre corceles infernales
que hostigan una cólera densa.

Urgidas galopadas de las piernas,
la primera gota inaugura el desconcierto,
cauta avanzadilla de sus compañeras,
las que ocultan el sol fatuo e incierto
esperando instrucciones más concretas.

Llueve la negrura que aleja el horizonte de esperanza,
en los confines se confunden las líneas de llegada y de partida,
parpadeando resplandores se agita el dios de la borrasca
visos perversos que agigantan lejanías,
en una tarde de verano bien bastarda.

Presto el altar, la ofrenda desconoce los designios;
procesiones de nubes llegan al lugar de los hechos
siguiendo el orden inmutable del aviso.

Las temperaturas elevadas,
carentes de paciencia,
perforan la barrera de la exigua enramada;
los indómitos valles desdibujados centellean
y desde lo alto de las nubes altas
ordenadamente se dispone la tragedia.

Descubre el ojo torvo en solitaria cabalgada,
el temor oculto de los campos a las ingratas sementeras;
por doquier el mal augurio aguarda,
por doquier la herida se sincera,
por doquier la muerte presentida,
insospechada y, sin embargo, manifiesta.

Son millones las gotas
y una sola es vida en el desierto,
añadidura del mar no desbordado;
una gota no es peligro verdadero,
ni diez juntas, ni mil veces un vaso.

Con cuatro nubes enconadas se forma una tormenta,
tres tormentas caben en un valle,
son tres los valles convergentes, y más de treinta
las nubes que acumula la gran nube resultante.

Toneladas de agua va resoplando la galerna,
millones de metros cúbicos caídos de la altura,
una fortuna si se reparte en el lugar de la carencia:
tierra reseca y cuarteada, balbuciente agricultura,
fréjoles, tubérculos, centeno, avena
hierba agostada y mustia,
alimento que salva de la muerte cierta
protegiendo un tiempo breve de la hambruna.

Apedrean las nubes con oro la puna y la sabana,
cientos de millones de onzas caen en absorbente terreno,
mentido pasto para miles de vacas
que morirían en un ayuno nuevo.

¡Agua va!: exclama el cielo como en broma,
y la nube total, el universo entero, las líquidas esferas,
abren las compuertas y en menos de una hora
cae destructora el agua reunida por todos los planetas.

Los pies no encuentran suelo, se disuelve la tierra,
todo es líquido suelto y su fuerza de arrastre,
arrastra rodando las rodadas piedras.

Las ramas se desgajan de chopos y de encinas
se tronchan los tallos de las plantas,
el dios de la muerte exige un centenar de víctimas
y el dolor de las supervivencias desgarradas.

Hay familias abajo, personas de todas las edades,
borbotones de sensibilidad y de ternura,
mansos humanizados animales,
enseres, útiles de pesca, herramientas rústicas,
amor a la Naturaleza inmensurable.

Se vuelve contra el hombre el ajuar diario,
arrasa arrasado y es espada;
es martillo, es estaca, es mazo;
es hacha violenta, es hiriente navaja.

Resisten los valientes derrochado brío
y agonizan en intento vano de remediar el abandono
alentando a los muertos en los vivos
mientras huyen los cobardes y se salvan solos.

Trócase la tierra en pegajoso limo,
los leños y las piedras se hacen presa,
sujeción de mares bien nutridos;
y en un momento que la fatalidad desdeña,
suelta el incontenible contenido.

Exaltados relinchos de caballo
de las gargantas escapan fugitivos;
los bramidos de toro ensangrentado
y los desgarradores gritos
expresan la cicatriz del desengaño
y la crueldad del espejismo.

Es abrumadora la impotencia,
y tras el instante eterno que dura la congoja,
insultan los heridos a quien ha dictado la sentencia.

La muerte forma haces de cuerpos:
manos enlazadas a las manos,
brazos colgados de pescuezos,
cuellos pegados a los labios;
mordiendo los dientes el sensitivo nervio
del amor enamorado.

Troncos abiertos en canal se hacen cimientos,
y soportan el peso de los muros derribados,
de los precipitados techos.

Las astillas, incisivas como alfanjes,
y los árboles arrancados de la madre,
son armas para el descomunal gigante
que vomita el agua de los siete mares
sobre hormigas humanas insignificantes
acostumbradas al abuso de lo grande.

Cuando el cielo aclara su color y el temporal decrece,
ofreciendo evidencias quedan los despojos:
cabezas aplastadas por piedras inocentes,
extremidades presas bajo escombros,
vientres hinchados sobre desnutridos vientres,
cuerpos oprimidos rebozados en el lodo.

El lodo, el lodo, el lodo detenido;
el lodo desprende de su seno improvisado,
la expectativa de encontrar algún respiro
y el hedor de los restos putrefactos.

Los cadáveres preferidos por el agua,
son arrastrados río abajo,
hasta el delta que acoge en la ensenada,
el barro y la madera, los cantos rodados.

El amanecer amanece destruido:
la batalla despareja -sólo un bando-
ha dejado un esplendor corito,
cubierto por miembros descarnados,
de imposible retorno a los caminos.

En los morros verticales descubiertos
en el cauce yermo de las vacías torrenteras,
en los meandros de los ríos secos,
levantan los parias de la tierra,
sus pobres campamentos,
sus frágiles viviendas.

Y el cielo castiga
su extremada pobreza
y su osadía.

PSdeJ, Diversos lugares desde el año 2011

 

5.. El Precio de las cosas

En lo antiguo el hombre era ante todo su ralea,
y la tribu representaba la patria del hombre,
la familia, el amparo y la despensa;
la propiedad era común y eran comunes los proyectos,
amigos y enemigos, el trabajo y la cosecha;
el íntimo dolor o el profundo contento también se compartían
y lo individual no se manifestaba apenas
apenas florecía

La tribu se fue diluyendo en las costumbres,
la bonanza permitió diferenciarse al hombre
y mostrar lo verdaderamente suyo;
el individuo, separado de los otros,
se hizo gente
y la gente descubrió,
inventó, modificó, puso precio a las cosas.

Cuando quitemos el precio a las cosas,
la gente sufrirá como si le arrebataran las cosas,
porque no sabe separar las cosas
del precio de las cosas.

Cuando quitemos el precio a las cosas,
aparecerán la duda y el recelo,
pues la gente aprende en la primera infancia
-saber agostador de la inocencia-
que antes o después
todo le cuesta;
y si, en etiqueta colgada o adherida,
no se muestra bien visible el monto
-escrito en caracteres claros,
cercano al número redondo-
suele deberse a que es muy alto.

Cuando quitemos el precio a las cosas
y las cosas se muestren desnudas a la gente,
la gente no reconocerá las cosas,
porque sabe que el precio es para las cosas
como la forma, el color, el olor o la textura
que deben tener todas las cosas.

Cuando quitemos el precio a las cosas,
no sabrá el orden que siguen las cosas,
equivocará la jerarquía
y todo será un caos
para la gente que ordena las cosas
por el precio que tienen las cosas.

Pero si queremos que la gente
modifique su manera de ver las cosas
y valore atributos primordiales,
como la belleza de líneas,
la utilidad práctica,
el sonido del viento al abrazar su superficie,
la suavidad del tacto,
la naturaleza de la sustancia originaria,
debemos quitar el precio
que un día se puso a las cosas.

Si conseguimos quitar el precio a las cosas
-acontecimiento histórico memorable-
del individuo aislado, de la gente, surgirá el hombre
corazón animado de sístoles y diástoles.

Madrid Mercado de El Rastro 1967

 

6.. Concordia de clases

HIC ET NUNC
Cuerpo de pan y leche, cabeza de bronce:
campanas fundidas
con cañones.
Ah, mi España; mi tierna e impetuosa España
paulatina síntesis atroz de este Planeta,
lugar donde al nacer estuve a punto de morir
y hoy, de impotencia y dolor, acaso muera.

PLANTEAMIENTO
Era jueves, catorce,
cuando
tout à coup, de repente
conocimos el rumor
que aseguraba la posible inmortalidad
de los ricos más ricos;
y supimos que alcanzando en euros
los cien millones
de capital uno o diverso,
Dios había decidido
que los ricos más ricos vivieran
por lo siglos de los siglos.

Sentimos, y hay que destacarlo,
la mayor alegría
de nuestra pobre vida de pobres,
contribuyentes natos y netos
al enriquecimiento creciente y bien crecido
de los contrariados,
permanentemente insatisfechos,
ricos.

Alegría sí, mucha, inenarrable
-ancianos, adultos y niños-
pues, al fin,
nuestro esfuerzo íntegro y constante:
un día después de otro, hora tras hora
dedicado a alimentarnos con lo mínimo
y a enriquecerlos al máximo,
cumplió su elevado objetivo.

Quedaba claro,
no éramos tan inútiles
como nos hizo creer su descaro.

NUDO
Hubo multitud de comentarios
y algunas
especulaciones;
incluso se llegó a pensar en la existencia
de letra pequeña en el acuerdo,
-fruto de la intervención del Demonio,
negociación a dos: Cielo e Infierno-
que añadiera requisitos más difíciles
de cumplir, por ejemplo:
que hubiera un límite hacia arriba,
verbigracia:
y alcanzados los millones
ciento veinte
por el capital del rico
el derecho a la inmortalidad
se perdiera facto ipso.

Imaginando el apresurado
proceso de enriquecimiento
y el parón consiguiente
-las argucias: esas limosnas repentinas
carentes de continuidad,
y la vuelta al crecimiento ya sin prisas
con moderación-
soltábamos la risa.

Parón y limosnas
que no debían ser excesivos,
ya que se trataba de conseguir
la difícil armonía, el equilibrio;
pues si bajaba la fortuna de los cien
millones limpios
la muerte llevaría a los desafortunados
a su cubil estrecho y frio.

Acostumbrados a sufrir
un averno de angustia y zarandeo
en nuestra subsistencia de exiguos;
lamentamos al instante, los pobres,
tan insólita situación, pues en ella vimos
el insufrible tártaro
incrustado en la ansiosa sobrexistencia de los ricos.

DESENLACE
Por si acaso; no fuera a ser
cierto el rumor difundido,
muchos acumuladores, moderando
su extraordinario apetito
adoptaron mi lema:
“Lucha hasta el equilibrio”.

PSdeJ El Escorial 30 de agosto de 2017

 

7..  La economía de mercado

Corteza, manto
y núcleo,
meridianos y paralelos,
traslación y rotación,
el globo va perfeccionando su rutina
entre inestables equilibrios y juegos malabares.

Habiendo recorrido en círculo o en elipse
La Tierra cuatro mil quinientos millones de años,
no se puede impedir
que la economía de mercado,
eufemismo del dinero caníbal,
soltando a nuestro planeta del agarre espacial,
lo convierta en marioneta de su dedo,
nuevo centro del giro sin fin.

Con su influjo único,
la economía de mercado originó
la deriva de los continentes;
con su único influjo mueve,
a intervalos medidos,
las placas tectónicas; y con su omnipotente influjo
aviva volcanes y seísmos, aparentes catástrofes naturales
que la misma economía de mercado aprovecha
para extraer
una buena ganancia.

En los tiempos de Pangea el Algarbe acariciaba
los cayos de Florida, y el peñón de Ifach
penetraba
en las tierras vírgenes de la Guinea africana.
La unión hacía fuertes los espacios todos,
Y la infatigable
economía de mercado, nada podía contra ellos.

Fue entonces cuando,
persiguiendo soluciones, acuñó el dicho:
“separa y vencerás”,
y obró en consecuencia.

Empuje,
arrastre y obstinación
fuerzas centrípetas y centrífugas:
a enviones
consiguió
separar
los territorios
hermanados.

Y hay más, mucho más:
en las noches oscuras del trópico,
sirviéndose de esclavos insatisfechos, la economía
de mercado arranca el magma del puro núcleo,
y lo lleva fuera para venderlo
de madrugada
en almacenes clandestinos
al mejor postor.

La economía de mercado tiene prisa, y acelera
el paso
del Universo;
de modo que, cuanto ocurría en milenios,
ahora ocurre en décadas.
Se producen así múltiples desequilibrios
que la economía de mercado
restablece a buen precio.

Mientras,
ocurre
que lo destinado a morir
muere y alimenta a lo vivo,
a su vez pasto, sin consciencia o consciente,
de la economía de mercado y de sus fechorías
algunas de dominio público y voz común
y muchas más
ignoradas por desconocidas:
silencio de conocedores
movidos por la cobardía.

PSdeJ, Ginebra, Suiza septiembre de 1990

 

D.-La Aldea Itinerante

 

Uno

Punto cardinal de la mirada,
a mi aldea acerí alabo sin reservas;
insensible carcelero de su propia carne
maldigo al Khan que la gobierna.

Dilapida su cuantiosa fortuna
y los bienes del erario,
no comparte el cordero ni los peces
quesos, frutas, pastas y pistachos.

En los días de fiesta
-costoso perfume,
seda fina-
facilita el opresor pródigos tragos
que entumecen la memoria o la adormilan;
y relegando los agravios
los súbditos sueltan rienda a la alegría.

Agitados por el viento los cabellos,
sobre la roca erguido
denuncio sus ardides ante el poblado entero;
destellan afilados los cuchillos
aliados nocturnos de sombras y ecos.

En el antiguo reino de Urartu
me hago fuerte;
entre el lago y las montañas encuentro tierra favorable,
solar de escitas, medos, persas y sumerios,
donde Dios tuvo nombres diversos y múltiples altares.

Emigrante en tierra
de emigrados
la lengua de Mesrop aprendo
y tomando esposa entre las jóvenes
abro camino a mi pueblo.

Porque la espera es esperanza
y el ejemplo conduce las maneras,
proclamo la igualdad entre hombres y mujeres
respetando la diversidad de las creencias.

A las voluntades
confío los proyectos,
me uno al esfuerzo que unido persevera
arma el amor defensas en mi pecho
me empuja animoso y me da fuerzas.

Recibo impetuoso aliento
-labios dulces de mi amada-
para bajar de las alturas de Ararat
desembarcadero del Arca.

El diablo blanco
que oculta los senderos,
nada podrá contra mi brazo vigoroso,
ni el precipicio sin fondo o la avalancha informe;
atravesaré los ventisqueros inhóspitos
y los glaciares inmóviles
para que mi numerosa descendencia
se disperse por los cuatro horizontes.

Bakú (Azerbaiyán)

 

DOS

De barro
modelo el cuerpo
que soportará mi vida,
la forma imito de los hermosos dioses,
tomo del rayo la luz y la energía;
a mí mismo me encarno
ojos encendidos, vigorosos brazos, pies de arcilla.

Partiendo de las rocas inalterables
formo valle y ladera;
solo yo, sin ayuda de nadie,
elevo las montañas sobre la llanura extensa.

Preservo el territorio etéreo
de las sublimes deidades
con tres círculos de niebla
que envuelven el templo inviolable
y a la humana mirada lo falsean.

Puedo ser
el copero de los dioses,
mas prefiero
edificar las aldeas tadzhikas
-ventura de la tierra de mis mayores-
las más altas y las más antiguas.

Desde el Pamir eminente
tengo el mundo a mis pies
y ningún suceso me sorprende.

Empariento con mogoles y bactrianos;
griegos, árabes,
generosos persas,
e incorporo a la suya mi sangre
en beneficiosa mezcla.

En las vegas llanas
y en las inclinadas cuestas
jóvenes labriegos de los campos feraces
declaman melódicos poemas
tras el último esfuerzo recolector de cosechas.

Voy sentando
con mi palabra y ejemplo
-solo, sin ayuda de nadie-
un linaje abierto a lo externo
pleno de posibilidades.

Por eso reconocen mi voz
y me llaman hermano;
soy ascendiente del magnífico Iskender
el nombre que las abuelas darán a sus nietos sabios
y las madres a los hijos fuertes.

En su viaje acompaño al viento,
porque mi entusiasmo es inagotable;
soy uno de entre ellos,
y todos ellos lo saben.

Dushambé (Tayikistán)

 

TRES

En el principio era Brahma
y Brahma vagó una eternidad sobre las cumbres más altas;
por sus laderas descendió hasta Uttar Pradesh
y escribió los Vedas a la luz de tres lámparas.

Imagen de la vida,
hay un sendero en Khajuraho bordeado de templos
donde habla en susurros el hombre virtuoso
y agita ramas de sándalo el aliento.

Los encantadores de serpientes
doman al Destino cada día;
lo ilusionan,
lo dominan,
neutralizan su poder decisorio,
lo acoquinan,
y los espectadores se vengan del Destino
en sus risas.

Sobre la tierra impávida
como gotas de lluvia caen los muertos,
rocía la bruma el aire hediondo,
atardece el día con desgana;
es tiempo de absolutos y de extremos
y lánguida se aleja la perezosa barca
rompiendo -débil quilla- nenúfares abiertos.

Mi amada y yo somos una de las infinitas partes,
formamos el cuerpo indivisible del Cosmos íntegro
y establecemos comunión con el Amor, único e inseparable.

En la corriente del Yamunä sumergidas
a su postrera reencarnación se acercan nuestras almas;
y la melancólica pureza del Taj Mahal
será su permanente morada.

Allí los rojizos muros de Agra
las verán comerciando en infusiones
tapices, madera de baniano tallada;
compartiendo la nada con los moradores del suelo
labrando la belleza del oro y de la plata.

Delhi (India)

 

CUATRO

La delicada
fugacidad
del arte,
la experiencia acopiada en la filosofía
y el ritual religioso de la naturaleza respetada
convierten a Shangai en punto de partida.

Intentamos subir por el Changjiang contra corriente
-apasionados
mitológicos
gigantes-
decididos a alcanzar la primitiva fuente.

Dejamos el refugio cálido del puerto
-capullo de seda,
útero de larvas-
a los vientos cerrado, a la esperanza abierto.

La Torre del Tambor de Nanjing,
la Púrpura y el Oro del Collado,
conquistan la mirada sorprendida
de los pasajeros del barco.

Nos recibe Wuhu hospitalario,
y dos semanas después,
las tres ciudades de Wuhan,
lago del Este y las Colinas,
pabellón del Poema, memoria de Qu Yuan.

Traslada el puente
sobre nuestras cabezas
a cien mil obreros
en cien mil bicicletas.

Qué rápida parece
frente a los perezosos juncos
la pesada barca de vapor
que nos presenta Chongqing entre la bruma,
donde comemos pato,
docta preparación de su cocina
en conjunción perfecta de olores y sabores
colores y textura que lleva a la delicia.

¡Pisemos fuerte el barrizal!
¡Qué tiemble a nuestro paso el Rey de los Dragones!
profundas huellas de cascos de caballo,
de pesuñas de yak,
remolinos de las Tres Gargantas
cortadas insondables, pantano y cenagal.

Ribera desbordante de gentío ajetreado
canales cubiertos de lotos perennes
fauna abundante de búfalos y gamos
asnos salvajes y leopardos de las nieves,
gacelas mongolas,
osos, antílopes y multitud de peces.

El aire se empobrece
a medida que subimos
frenan nuestro avance la ausencia de senderos
los inhóspitos heleros y el hielo movedizo.

Advertimos imprecisa la frontera
entre la dura realidad y la suave fantasía
el límite delgado de la historia y la leyenda.

Cuentan los pastores tibetanos
que un sólido ternero
de considerable alzada,
descendió lentamente de los vanidosos cielos;
y el agua pura que de su nariz brotaba
-un arroyuelo de caudal minúsculo-
dio al Changjiang la corriente originaria
y los seis mil trescientos kilómetros de curso.

Descubrimos en Janggaintirug:
glaciar de congelada fantasía,
cumbre Gela Daingdong, pastor de la conseja,
el manantial, la fuente que la corriente inicia
donde los dioses beben su vejez espléndida
procurando a su rostro inmarcesible la armonía.

Montañas,
valles,
altas llanuras;
nieves perpetuas y permanente hielo
sólida columna,
altivo Tíbet,
lugar en que se asienta el firmamento,
morada perpetua de la divinidad
donde los ríos tiene su comienzo.

Lhasa (Tibet)

 

CINCO

Primero el aire, el viento,
el espíritu,
después el agua, el mar,
la líquida llanura;
en tierra del Océano, pescador de Alotau,
el hombre fue papúa.

Fuerte, diestro,
lúcido, magnánimo
se alineó en tribus enemigas
y vinieron los comerciantes de esclavos.
El mar trajo lo bueno,
pero también lo malo.

Muralla, mar,
eres muralla;
eres barrera y eres puente,
tu unión consumada con la tierra
tan adentro, tan profundo, tantas veces
produjo el germen y la esencia,
primera raíz de lo viviente.

Escondes en tus arcas maravillas
todas las hechuras y colores existentes
cualquier forma de vida.
Alaridos
hambrientos de amistades,
tempestades
de amor no compartido,
quejas de soledad de soledades
insomne en tu lecho de cuchillos
olas altas, brazos de gigante.

Te sientes solo, mar, muy solo,
te invaden comerciantes y guerreros
a habitarte el hombre no se atreve
oro y plata naufragan en tu seno.
Sobre ti jamás galoparán potrillos,
no verás abejas polinizando flores
ni aves del paraíso adornando remolinos.

Darías cien veces la línea horizontal de tu horizonte
por bañar líneas quebradas donde se pone el sol rojizo,
la mitad de los vientos que te soplan
por curvar meandros como el río
viendo florecer el ñame glauco
palmerales de sagú,
la mandioca de los campos;
incluso la belleza de la vela henchida
llena del soplo que la empuja,
entregarías
porque una gacela comiera la hierba de tus riscos
o por sentir los cantos sencillos de las aves
palabras de las mil lenguas papúas en tu oído.

Te prefiero indeciso,
mar;
titubeante,
inestable y movedizo;
así te necesitan el viento,
la lluvia, la tierra
y el inconsistente equilibrio.

Alotau (Nueva Guinea)

 

SEIS.

“Los Makondes
en la Costa Índica tendrán su morada,
para los Sukumas reservé el Victoria inmenso
en el Noreste montañoso se situarán los Sambas
los Nyamwezis ocuparán el Centro,
vivirán los Mbugwes contiguos al Maynara
y a los Chaggas corresponde el Uhuru recio”.
“Compartirán los peces con el águila que pesca,
la caza con las atentas rapaces,
y con las jirafas las hojas cimeras
de los encumbrados árboles;
los pastos con gacelas, antílopes y cebras
el agua con todas las especies
y respetando lo que les rodea
vivirán en armonía permanente”.

“Culmina mi obra
la regular cadencia
que ordena los ciclos del Sol y de la Luna,
define la época fecunda de la siembra
y distribuye los calores y las lluvias
propiciando el crecimiento de la hierba”.

Aliado del búfalo,
del león y el elefante,
el pastor Masai de la llanura extensa,
amigo del frondoso árbol bantú,
de zulúes, árabes y persas,
lleva el mensaje de Ngai por la sabana
escuchando los bramidos del amor y sus respuestas,
carniceros y víctimas calladas.

Entre el búfalo y el ñu abrevan vacas,
cabras, ovejas;
al lado de cocodrilos e hipopótamos,
junto a oryx, topis, jabalíes, monos, impalas, hienas.

Mas el proceder
malvado de los hombres egoístas
garduños de la naturaleza inerme
destruye poco a poco la armonía.

Hambre, guerra,
peste y sequía,
siegan vidas como briznas de hierba,
y los viejos fusiles y unas pocas monedas
compran las enormes riquezas dormidas.

¡Qué te han hecho!, África;
y ¡qué te hacen!;
que ya no te quedan lágrimas
que ya no te queda sangre.

Nairobi (Kenia)

 

 

SIETE

Coronando la Sierra
dicha del Sapoio,
cumbre de inmutable roca,
con el pico de piedra y las garras de piedra
el águila imperial
llamada ibérica
cinceló sólido y elevado
un nido de piedra
y lo llamó Marvão.

Allí emparejó el águila,
macho de piedra con hembra de plumas;
allí, piedra y pluma, los aguiluchos nacieron
allí se hicieron fuertes
allí se hicieron ágiles
y planearon en busca de presas.

Los invasores, armados hasta los dientes:
picas, aguijones, saetas, lanzas
no pudieron ocupar Marvão,
porque las águilas
-temor a perder el favor de la especie,
ferviente independencia-
pluma, piedra y denuedo
una y otra vez lo impedían
frenando todo intento.

Ejércitos bien pertrechados sucumbieron
cubriendo las laderas de cadáveres
ojos arrancados y nariz comida
humeantes
cenizas.

Así sucedió
hasta que irritado
llegó el romano Julio César,
astuto general
estratega audaz experto en tretas.

Dejando ocultos escolta y soldados
subió al nido alto, se encaramó a la alta piedra;
una mano sujetaba,
balando, un cabrito trémulo;
y la otra, ondeante,
izaba la bandera blanca de los parlamentarios.

Sobre el estrado habló a las águilas recelosas:
elogió a la pluma frente a la piedra
elogió a la piedra frente a la pluma,
sembrando el orgullo en ambas
sembrando en ambas la envidia.

En la primavera soleada y fecunda
entre la diligente pluma y la piedra enérgica
creció vigorosa la discordia.

Avanzaba el otoño a paso cauto
porque los cuencos de recoger ofensas rebosaban
cuando el pico y las garras de piedra
desafiaron a las plumas alares y caudales,
al plumón envolvente.

El duelo originó la separación más radical:
águilas de plumas que no podían defenderse
águilas de piedra incapacitadas para volar.

Sirviéndose de tal estratagema
los romanos conquistaron Marvão,
estratégica atalaya en la protección de la calzada,
-nexo de Santarém con Cáceres-
apacible río Sever
puente de piedra de Portagem.

Marvão (Portugal)

 

OCHO

Celebradas sean
las propicias
olas,
abiertas al tajamar de roble,
y los vientos que inflamaron las velas de bajeles egeos,
mineros del cobre
que hasta aquí vinieron.

En los surcos abiertos a la tierra parda
en las grises laderas, en los pedregosos páramos
y en arroyos de fértiles riberas,
se mezclaron bien mezclados
los iberos con los celtas.

Aquí griegos y fenicios,
aquí romanos,
visigodos y árabes
se mezclaron.

Aquí la sangre,
aquí la médula,
aquí las células nerviosas
y las claves de la herencia,
explican porque hay tantas
y tan sutiles diferencias.

Con mi apellido catalán,
de origen andaluz,
soy castellano;
y Castilla no sería sin astures
gallegos, leoneses, vascos,
sin los mozárabes del sur
que repoblaron el Duero devastado.

Piedra en los cimientos,
resistente adobe de los cimientos al tejado:
tejas de arcilla cocida
restos de la cultura que los árabes dejaron.

Vinieron de visita,
conquistadores,
se quedaron un tiempo,
y conquistados se fueron.
Arqueo equilibrado,
de todos aprendimos,
a todos enseñamos.

América, América, América,
oro y sangre
a cambio de la lengua.

Lengua ibérica, antes griega y latina,
lengua extendida que evoluciona y perdura,
“qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos”
pensamiento escrito con las palabras castellanas de Neruda.

Palencia (España)

 

NUEVE

Si forzosamente hubiera de firmar con un nombre
me gustaría llamarme
simplemente James;
olvidando apellidos que sitúan,
concretan, añaden,
explican orígenes y discriminan.

Me siento orgulloso de mis paisanos,
emprendedores de cualquier época y condición,
porque ellos nos sitúan en el camino del progreso.

Mi alabanza es para Jhon Kay y su lanzadera volante,
destinada a duplicar el rendimiento de los telares obsoletos;
loor al barbero de Lancanshire
que con su Water-frame mejoró la calidad del algodón hilado;
gloria a Hargreaves y a la Spinning Jenny,
capaz de producir ocho, dieciséis, cien hilos a la vez.

Elogio al maestro de forja Abrahan Darby
por su idea de utilizar el coke en fundición;
me descubro ante Wilkinson, Trevithick, Stephenson
y tantos otros innovadores británicos
que con su ingenio propiciaron la llegada de la modernidad

Yo te ensalzo,
inefable James Watt,
y pondero tu ciclópeo brazo de vapor;
glorifico a los mineros
que desenterraban los imprescindibles minerales;
a los insistentes proyectistas,
pensadores que idearon la producción en serie,
y a los comerciantes intrépidos
que surcaban los mares del Almirantazgo
trayendo materias primas
y llevando productos elaborados.

Porque padece desproporción entre tristezas y deleites
a la sufrida clase obrera dirijo mis palabras de ánimo;
su vida es un breve lapso lleno de conflictos,
habita cabañas
empuja el mundo sin apenas reposo
malcome
y comparte la escasez con sus afines.

Gracias a las Friendly Societies
y a las Trade-Unions
la jornada se fijó en ocho horas de tarea,
el ocio y el sueño dispusieron cada uno de otras ocho
y llegó a los ocho chelines el salario.

Me cuadro ante los exploradores que recorrieron el mundo,
llevando hasta los últimos confines
nuestra cultura del huevo cocido y del té de las cinco,
el idioma unificador -nacido de celtas,
romanos, teutones, escandinavos-
y una gran variedad de cakes.
Declaración que firmo y rubrico en Londres,
yo,
James.

Londres (Reino Unido)

 

DIEZ

Rómulo,
confeso fratricida,
de las aleatorias formas que a su vuelo dan los pájaros oscuros
recibe una gloria inmerecida.

Trasgresor de leyes humanas y divinas
-en concreto, sus normas más recientes-
sacrifica en el altar cruento y en singular comida
a los astados que el término de la ciudad convienen,
raptando a miles de sabinas
para que vagabundos sembradores de vientres
generen en ellas una plebe adherida,
convirtiéndose a su muerte en dios Quirino
adorado por romanos,
venerado por sabinos.

Recorro Roma tan nombrada,
y en las colinas salpicadas de gloriosos indicios
espanto con firmeza gatos de infrecuente talla,
vástagos de leones y tigres de los Circos.
Vigilan reliquias, despojos, sedimentos
estatuas, panteones, obeliscos
obras públicas y fastuosos monumentos
erigidos al dictado de insignes dictadores:
adustos pontífices,
montaraces emperadores.

Mientras cruzo la arbolada Piazza della República
el cielo se cubre de negros estorninos
que en su vuelo agrupado componen tornadizas figuras:
sobre el azul tres negros escudos
protegen sendas torres custodias
y tres caballeros equipados de armadura
cabalgando potros de Anatolia
las defensas derriban en la altura
con el extremo acerado de su lanza impetuosa.

La imaginación relaciona al albur los escenarios
y al ver las desfiguras
sugiere Lisboa un veintiséis de abril, cuando un mendigo,
sentado al pie de un rey de bronce a caballo
-rúa, praça o largo-
limpiaba sus uñas con mellado bisturí;
o me traslada a Ginebra junto al lago
donde viví cien días esplendentes que se hicieron mil.

Centuriones y obispos,
los valerosos ejércitos imperiales
acumulan un cansancio de siglos;
elevan la espada o la cruz sobre proclamas
-conquistadores divinos-
y entran a saco en las barriadas
liberando las almas de miles de cuerpos desnutridos
demasiado débiles para correr en retirada
ejemplos forzados de heroísmo.

Tras dos milenios de firme avance cívico,
se sostiene el diseño:
decretan los patricios,
obedecen los plebeyos.

Y no sería distinto
de haber vencido Remo.

Roma (Italia)

 

ONCE

Levanta el vuelo la reina de las aves
extiende mayestática sus alas
y logra el cielo a gran velocidad
izándome en sus garras.

Con la mirada abarco el esplendor heleno:
historia, geografía, mito;
resumido en las siete columnas
del templo de Apolo en Corinto.

Memoria de las piedras doblegadas por Fidias
libertad fructificada,
democrática semilla;
lo terrenal con lo celeste en convivencia
Livadia y Olimpo
arroyo Ismenos, colina de Cadmeia
liberándome, el águila, con suavidad se posa en Pindhos.

De pan tierno es el aroma suave que desprende
Ioannina desnuda a la hora del baño,
recostada y mórbida, los pies
en las sombreadas aguas del lago,
disperso el cabello,
enamorando
a los dichosos que Ípiros caminan,
mostrándoles la ciudadela y los bordados
cúpulas de las mezquitas, esbeltos minaretes
residencias rodeadas de jardines
plátanos, cipreses.

Esposa prisionera en el harén de Alí Bajá,
para liberarla del tirano
doy mi brazo joven,
al servicio de la cruzada pongo mi espíritu romántico.

La matanza de Kéos
llena de indignación mi ánimo
la destrucción de Missolonghi inflama de rabia mi pecho,
os acompaño amigos en la batalla
que impedirá la compraventa de este país al menudeo.

El diseminado mundo griego reacciona
recordando el esfuerzo de Milcíades, Temístocles, Leónidas,
de Epaminondas y Trasíbulo,
en memoria de Maratón y las Termópilas.

Con Byron en la palabra y en los hechos,
con Shelley avanzo.
Ioannina liberada besa mi mejilla,
voy con Müller de la mano,
Brün, Victor Hugo, Lamartine,
y repleto de entusiasmo
-oráculo en Dodona-
auguro perpetuidad al pueblo que recibe
apoyos tales y tantos
y a la cultura que cuenta con tantos y tales paladines.

Ioannina (Grecia)

 

DOCE

Sabra de espinas en la piel,
corazón tierno,
después de tantos años
en mí mismo inquiero.

¿Cuando hablamos del nuestro,
de qué país hablamos?
-ashkenazim, sefaradim,
yemenitas, iraquíes, kurdos, persas, bújaros, afganos-
si los múltiples orígenes
suman en total setenta y cuatro.

De qué idioma hablamos, cuando hablamos del nuestro:
árabe, ladino,
yiddish o hebreo;
cuando hablamos del nuestro, de qué dios hablamos:
de Yavé, de Alá o
del Dios de los Cristianos;
y su palabra, su verbo,
¿es el Talmud, el Corán
o el Evangelio?

El odio
es la memoria amarga de una herida,
y el amor -última gota de agua cedida en el desierto,
salvadora de quien desea arrebatarnos la vida-
es favor sin condiciones,
habitantes diversos de Israel con las gentes vecinas;
el amor exige hechos, pide obras, abiertas voluntades
fuentes que manan aguas limpias,
Jordán y Tiberiades.

Del Odio hasta el Amor
hay un abismo sin puentes
que los bandos en liza intentan rellenar con los cadáveres
de una enorme multitud de inocentes.

Me pregunto en los días sombríos
si del fusil o de la honda no hacemos herramienta,
profesión, oficio,
imprescindible dogma
y heroísmo;
si no transformamos la guerra
cristianos, musulmanes y judíos
en fin que lleva a los demás
hacia el olvido.

Jerusalén (Israel)

 

TRECE

Desde que eslavos y Varegos dieron cuerpo a los rusos
aquí está Nerón degollando supuestos incendiarios
aquí Herodes perseguidor de inocentes;
sea Gengis Khan, con sus mongoles de la Horda de Oro,
quien recaude los tributos,
los Ivanes en declive o los Romanov en el brillo,
se llame el zar como se llame,
los siervos corren de un lado a otro perseguidos.

La información anónima confirma,
que el campesino,
ni colabora con entusiasmo ni se presta a experimentos,
desconfía del sóviet de su aldea
carece de la necesaria voluntad, le falta hierro.
En tres palabras la cuestión resumida
según consta en su expediente
se trata de un revisionista.

Son grises las noches blancas de San Petersburgo,
y la lluvia es ácida.
Los residuos -sólidos, líquidos o gaseosos-
que la industria ha generado para el pueblo,
como ráfagas de metralleta esparcen su ración de muerte,
cubriendo de polvo blanco los ateridos cuerpos
los grupos de danza
y los museos.

Declamando historias de hambres y de fríos
mendigos verdaderos y mendigos falsos,
imploran unos kopeks para pan o vodka
en las lujosas estaciones del ferrocarril subterráneo.

En Nóvgorod, barrio de Santa Sofía,
con atención escucho
dichas en las ciento sesenta
lenguas de las repúblicas libres,
oraciones cargadas de fe y de pesimismo,
cantos de los condenados mortales
sus lastimeros llantos
en sucesión desoladora de agudos y graves.

En el arranque era el hombre,
partamos pues desde el principio;
y el hombre cultivaba una parcela común en un mir solidario
donde cada cual conocía a sus vecinos,
cuadrillas recolectoras de frutos maduros
y gavillas de trigo.

Hombre y mujer en su cópula engendraron
una ilusión equidistante de la realidad y la utopía,
a un lugar propicio dirigieron sus pasos
cercano a la miel de las colmenas
y a las henchidas ubres del establo.

Conviene analizar el recorrido;
buscar los fallos del proceso
el malentendido de la profecía
la interpretación errada del prospecto.

Ascendamos
peldaño a peldaño muy atentos,
porque después de los ensayos
el viento siempre troncha ramas secas
que la riada arrastra hasta los puentes
y los arcos de piedra se derrumban
con los troncos que empuja la corriente.

Moscú (Rusia)

 

 

E.-Amor, pilar del Universo
1—La vida amaneciendo
2—Amor, engarce de los días
3—Naufragios
4–Límpida confusión
5—La perfecta unión de los cinco elementos
6—La victoria del deseo
7—El mito de la amada
8– Oda a la mujer amada

 

1.. La vida amaneciendo

Eres, Amor,
un potro salvaje, una catarata
de caída profunda, un avispero,
un gatito manso,
un arroyuelo.
Y todo eso sucede
en el mismo momento.

Son tus caricias como puentes,
como infinitos caminos;
son como espejos,
como espejos transparentes tus ausencias;
son como plumas,
como plumas etéreas tus silencios;
son de plomo candente tus heridas
cicatrices curtidas del recuerdo.

Bienestar lúcido y torpe
jubiloso dolor
horizonte detrás del horizonte
manantial de dicha y desazón;
mágica palabra,
amor.

En mi noche te sueño azul y fuego
amor de amor enamorado
en mi noche te sueño
zafiro al rojo blanco.
***

La primera gota de lluvia fue un copo de nieve
el frío tejió mi sueño gris en el agua
era invierno
estaba solo, y temblaba.

Me tiene la noche acorralado
me tiene atado y no me suelta;
me tiene cercado
entre las cuerdas,
sitiado en la memoria
jazmín y piedra.

Cuando brotan de tus ojos
torrente, arroyo, río
tus lágrimas ya son mías.
No puedo improvisar una barrera
días de ira
directas van a mi corazón
sombras líquidas
y lo ahogan.

Amada mía
mi idolatrada
mi dulce enamorada,
t
tu futuro, edad fecunda
y huracán altivo
,
dolorido he de ver
en mi espejo reflejado
triste destino
garganta y labios.

Cualquier hierro
cualquier fuego
cualquier pisada profunda de caballo
en cualquier desierto
de cualquier infierno
serán por mí, en tu lugar,
sufridos,
afilados cipreses
sin quejas de herido.
***

Rodilla en tierra te vi en la fuente bebiendo el agua,
cuenco imposible
de las manos cálidas;
te hallé de nuevo sentada en corro con las vecinas
cuando bordabas
el ajuar de novia
 a la atardecida;
volví a encontrarte en la fiesta alegre de la patrona
y bailamos sin reposo
hasta el alba roja.
***

Sobre las huellas tenues
de tus pies desnudos en la playa
sobre la blanca espuma
que burbujea la testa de las olas cuando te bañas;
sobre la suave brisa y el dócil viento
que besan la armonía de tu cara;
sobre la eternidad de tu sueño
sobre el eco azul de tus palabras
sobre nuestro amor antiguo y nuevo
quiero edificar firme el mañana.
***

Muchacho imberbe y espantadizo
perseguían mis ojos su presencia:
un día y otro día a la puerta de casa
un lugar y otro a las seis de la tarde.

Me miró entre curiosa y encrespada,
así que sacando fuerzas de flaqueza
le abrí mi corazón enamorado.

Un pedestal situé bajo sus pies
la convertí en estatua griega o romana
pero el desdén cayó sobre mi amor como una losa.

Mares navegué
extendí guerras contra enemigos incógnitos
y cansado de dar coces contra el aguijón
me retiré a los montes
fijando mi residencia en una cueva de raposos.

Comí raíces
bebí agua encharcada
y a la vista de esa grandiosidad del cielo estrellado
hallé la verdadera calma;
de modo que el proceder retraído
me allegó fama de santo.

En una procesión de peregrinos,
tan hermosa como la primera amanecida
sin conocerme se acercó a mis andurriales.

Fue verla y recordarla,
recordarla y despertar
una tormenta de rayos y truenos
que dormía.

Su presencia rompió mi voluntad
y mi sosiego
volviendo a mí el deseo impulsivo
A modo de centella ardiente y luminosa.

El eremita santo que a sus ojos era
fue aceptado por su reblandecido corazón
y se quedó a mi lado en una cueva de lobos
prometiendo a Dios
silencio y castidad para imitarme.

PSdeJ, Valladolid y Barcelona 1969

 

2.. Amor, engarce de los días

Amar para vivir,
considerando al amor fuente de vida;
o vivir para amar,
siendo el amor el objetivo;
yo no acertaba a resolver la disyuntiva.

Ante esa duda del todo irresoluble,
perdiendo un tiempo del que no andaba sobrado,
en tan enredosa encrucijada me detuve.

A mi edad provecta
en el horizonte se unen Thánatos y Eros,
opuestos sólo en apariencia
sólo en apariencia opuestos.

La apetecible y dificultosa vida,
el desconcertante y prodigioso amor
y la muerte tan difamada y tan temida;
forman los tres lados del triángulo existencial,
los tres ángulos, las tres bisectrices
a los que el hombre hundido se suele aferrar.

El estímulo fue antes que la nada primigenia
en la intrigante y aleatoria formación del Universo.
El estímulo era catalizador
de la voluntad, aquel primer quiero,
y de él nació la orden general
el háganse, en plural, y se hicieron
luces y sombras, rocas y árboles
las palabras y los hechos.

Y ahí, en esa tierra nuestra,
copiosamente abonada, de la excitación,
mi hembra humana de hermosura plena,
destaca tu erotismo en plena floración.

Ahí brillas, mi marinera intrépida,
resplandeces ahí, mi adolescente impúdica,
en el estímulo refulges,
mi adorada mujer madura.

Tu pasión agita el calendario,
pone los días en fila y los hace correr a tu ritmo,
estimula mi imaginación,
acelera los procesos evolutivos,
agita las hormonas,
fuerza hasta el punto de ruptura la voluntad
y diseña,
ajustada a la intensidad de los deseos,
una nueva escala para medir la felicidad.

Sumas esas habilidosas prácticas,
ya fortalecidas,
a las facultades cedidas por la naturaleza:
el deseo de superación,
la inteligencia,
la sinceridad intrínseca,
la capacidad de lucha,
la fortaleza de ánimo y la facilidad creativa.

Eres la brisa en el desierto,
el rocío en el desierto,
el agua en el desierto,
el palmeral en el desierto.
Eres el oasis en el desierto,
y el desierto convertido en un enorme oasis.

Siembran mis palabras tus oídos,
hembra activa y presurosa, mi amada intemporal,
noches cálidas o frías
cuando la luz del faro ilumina la estancia
y el reloj del campanario rompe el silencio para dar las doce
de la noche a medio día.

¡Oh!, mi provisora de dátiles y leche de camella,
de sombra fresca y agua cristalina;
oh!, mi poetisa iluminada,
mi dulce flautista,
sin ti,
qué triste sería el mundo,
qué fea la vida.

PSdeJ Barcelona y Palma de Mallorca 2010

 

3.. Naufragio

Distanciada de los acantilados espumantes
mi barca navegaba en la bonanza;
yo izaba las redes henchidas
y al timón iba mi amada.

Oscureció el día de improviso:
nubes de colérica negrura
fueron ocultando el cielo azul
y con la fuerza de un millar de terremotos
arrojaron a la amura de babor
un envión ciclópeo:
agua, violencia, luz, negrura
eso era todo.

Opuestos los dioses a mi felicidad terrena
descargaron un mandoble de gigante,
el coletazo fatal de una galerna.
Aceptó mi frente reflexiva los desmedidos embates
de las furibundas olas,
innúmeras torturas resistió mi pecho amante,
dentro de la piel crujieron comprimidos
los duros huesos vertebrales,
y el mar fue dolor y confusión
en los inicios pasmosos del ataque.

Como pluma se alzaba mi chalupa obligada por el viento
forzada a recorrer el espacio en un instante,
a subir al cénit y descender hasta el nadir en un momento.
Se enfrentaron en la vertical de la rompiente
madera contra piedra en desigual batalla,
proa y popa alternaron su embestida
convertida en juguete la chalana.

No hubo debilidad ni hubo impericia
resistí cuanto las fuerzas resistieron
mientras la mano femenina prolongó mi mano,
hasta que la vida de mi amada fue arrancada de mi vida
y me transformé en los restos del naufragio.

¿Adónde iré con mi ternura
adónde con las palabras dulces
y todas las caricias que encontraban en mi amada su fortuna?,
¿qué veranos alimentarán de esperanza
el resto de los inviernos de mi vida?,
¿dónde hallaré sosiego, dónde cobijo
cuando los muros de mi casa
y el mañana soñado han sucumbido?

Acorralado por el desconsuelo que la soledad me labra
busco a mi amada en el pedregal de la rompiente
en la disgregada intimidad de las escarpas.

La busco en el ojo del huracán furioso
en el ferviente corazón de la tormenta,
en el golpe de mar que la arrancó de mis brazos y mis ojos.

Subido al infranqueable farallón de la tragedia
la mirada ciega, los oídos sordos, el entendimiento confundido
exánime,
exangüe,
extraviado el Norte que marcaba la derrota a mi destino,
lanzo al cielo la sangre fluente de la herida
y me reúno con mi amada en la hondura añil del precipicio.

PSdeJ Cornwall, verano de 1985

 

4.. Límpida confusión

Oigo el relincho de ese cálido soplo
que viene del Sur y en el Olimpo de los dioses
el disperso Eolo llamó Noto.

Eres tú,
inicial
preliminar,
quien llega diáfana y rosada,
muchacha estremeciendo
la inexperiencia humana,
alazán el viento,
cabalgando rauda.

Ya estás ahí:
en tu día recién amanecido,
primavera de tus ansias
con la expectación sin límites,
empujando la puerta
que desde el jardín abre la casa.

Vienes para ser
herramienta esencial
de la fertilísima naturaleza:
fuente, arroyo, río de la vida;
y a hilvanar los descosidos de mi espera.

Vislumbre soy en el espejo de tus dudas,
obelisco de niebla en el cruce de caminos;
quebrantadas promesas
y desvinculados compromisos.

Solo, sin ti,
en la obscuridad de tu ausencia prolongada,
vacío de ese brío promisor de efectos positivos,
soy incapaz de ser
quien en realidad
soy.

Sin ti soy
quien no quiero ser
y, a veces,
ni siquiera eso.

Sólo en ti:
espacio, tiempo, ideas, propósitos,
voluntad y atrevimiento;
ser humano, hembra de labios nutricios,
pechos vanidosos
y cabellos en cascada sobre los hombros
desnudos;
sólo en ti soy yo,
el yo heredero de mis ancestros sucesivos,
sentimientos tan puros
como la aurora del día inaugural.

Crece en ti mi conciencia de existir, de ser,
de ir desde el oriente hacia el poniente que me orienta.
Tu compleja simplicidad,
tu diversidad ingenua
definen mi esencia y mi existencia,
las individualizan
librándolas de taludes
abruptos
y dolorosas rupturas.

Vuelo a lomos de tu esperanza confiada.
voy a ti, incólume,
venciendo la ley de la gravitación universal
que nos atrae y nos separa
en la infinita eternidad del cosmos movedizo.

Sólo soy yo
con esa amorosa sonrisa tuya
comprensiva
de mis insuficiencias y excesos,
desequilibrio
que sólo tú estabilizas.

En tu interior, en tu hondura,
en la profundidad de tus convencimientos
encuentro fundamento firme
y soy
quien quiero ser
tras el esfuerzo
de elevarme y elevarme
desde el suelo.

 

5.. La perfecta unidad de los cinco elementos.

Aire, agua, tierra, fuego y tiempo
te habían ido haciendo
tal como eras, primavera del año sesenta y ocho,
albergue juvenil de la rue
Ville-l’Évêque, semiesquina a Malesherbes
huitième Distrito Madelaine París
como tiempo y espacio del encuentro.
Nacida en Salvador de Bahia,
mulata de todas las culturas
la humana más humana
que un muchacho puede amar.

En tu cuello, que algún dios griego
perfiló a imitación de Fidias,
entre tus cabellos, finísima cascada, selva,
incrédula mi boca
encontró
la imaginada placidez eterna.

Me arrepiento aún
de no haberte comprendido
más que a fragmentos y a ratos,
a ratos y a fragmentos, parcialidad insuficiente,
delatora.

Penetraba, en el recinto sagrado de tus ojos,
la intensidad de mi mirada,
y percibía la llama
surgida inexorable
con la intención de incendiar mi cuaderno
de pensamientos impuros
rosa de los vientos liberadora de ondas invisibles.

Una noche de los días aquellos,
a la hora crucial de la madrugada
-invierno retirado a sus cuarteles-
inauguramos la nueva primavera
poética, florecida y luminosa,
momento original
del Universo, aprendiz aún
del Orden en el interior del Caos.

Salían chispas, ¿recuerdas?
del choque de planetas ígneos
ríos de lava, pan volcánico
llamaradas,
refugio convertido en biblioteca
poemas abiertos de Neruda,
fuerza y sensibilidad el chileno
en las palabras que me iban haciendo
poeta a base de vivencias, lecturas
y escrituras reiteradas.

Saboreábamos un poema de los Veinte de Amor
y arrancábamos la hoja, sentados los dos en almohadones
que ablandaban la firme dureza del suelo.
Lo recuerdo, ¡cómo no recordarlo!
si al alcanzar la Canción Desesperada
nos abrazamos llegando
a la horizontal, lecho de hojas que exigían su libertad
a las ramas de todas las florestas.

Las frutas tropicales en su punto de sazón
las verduras de tu huerta, el agua impetuosa
del arroyo,
los simios que juegan a ser humanos
en las copas
elevadas de los árboles más altos,
y los pájaros canoros de plumas amarillas
te amaron. Invierno o verano te amaron. Otoño
y primavera y la Naturaleza entera te amaron,
carbono intenso del diamante,
esmeraldas
de verde vegetal, las nubes, el viento,
mis brazos, mi pecho y mi amor
te amaron.

Bebimos, sedientos y hambrientos,
el cáliz hasta las heces,
recibiendo con deleite
la gota última.
Sangre derramada de mi herida
en el sacrificio cruento,
sacerdotisa tú
y yo propiciatoria víctima.

Página a página
te veía mi amor
deshojar el libro de la vida
en tu sonrisa abierta
sobre la perfección de tus dientes
labios carnosos
carnales
devorando los desacompasados interludios del tiempo.

El tiempo, imprescindible cómplice, esperó
el término de la íntima conjunción
para reemprender su camino
segundos, minutos, años, siglos,
que nuestro encuentro
había logrado mantener cautivo.

PSdeJ París 1968, El Escorial 2017

 

6.. La victoria del deseo

Cuarta Gracia de Rubens,
caminaba Leda, primavera adelante,
mostrando su belleza rotunda
entre los transparentes pliegues
del tejido intangible que,
Reina recién desposada, vestía.

La floresta iluminada iluminaba el día,
la Mata Atlántica, el remanso del río,
el rumor de la corriente
y los cisnes,
Blanco y Negro,
que allí, plumaje impermeable, se bañaban.

Se liberó Leda de las insustanciales vestiduras
para no mojarlas,
quedando casi
tan desnuda como cuando iba vestida.

Leda enamoró a los cisnes
de los que se enamoraba
sin propósito definido.
Oh, sus plumas límpidas. Oh, su cuello
de curva interrogante,
su elegante misterio.

Y los cisnes lucharon entre sí
con todo el deseo de su fuerza,
con la fuerza toda del deseo recién surgido.
Cabellos, rostro, hombros
espalda, brazos, pechos
el nácar de mil caracolas en la piel rosada:
vientre, nalgas, muslos y la misteriosa
conjunción copulativa que despertaba
del largo sueño de castidad debida
y al esposo ausente reservada.

Blanco
y Negro
lucharon por la conquista
de la escultura viva de mujer,
picotazos
graznidos
y fuertes tirones de los pescuezos
enlazados.
Los dos Cisnes, machos amigos del alma,
señores de la hermosura animal,
de las armoniosas líneas,
se enemistaron por el afán reproductor
que puso Naturaleza en su interior más íntimo.

Venció Cisne Negro
y el blanco
huyó, huyo, huyó
a toda
prisa,
picoteando su orgullo arrugado
las deshojadas plumas
las alas desgajadas,
el cuello pelado
la perfección marchita.

Leda, testigo de la violenta disputa,
vivía los momentos con agitación virginal,
mientras los deseos, tanto tiempo reprimidos,
iban desatando sus ligaduras,
desplegando las dendritas,
sensibilísima sensibilidad,
humedeciendo la piel interna
con una miel tan líquida como
el agua que recibía el exceso.

Fue allí, en el estanque de las mil delicias,
donde el Cisne triunfador,
brillantes sus plumas negras,
esclarecidas con su propia luz hasta alcanzar
el blanco inmaculado,
se acercó a la mujer de simetría perfecta,
figura de suave y firme piel nacarada.

Lo esperaba Leda ansiosa y tímida,
señalando, más que cubriendo,
con las manos, su intimidad trémula:
pechos altos, muslos prietos en la fusión
esponjada, rezumando melifluos deseos.

No era humano Cisne Negro, porque era
el Padre Zeus, dios de dioses,
encarnado en cisne para poseer a Leda
y adueñarse de la intacta piel de nácar
de los pechos altos
de su anhelante virginidad
del deseo y el placer desbordantes
desbordados.

En el instante supremo de la Cópula
se oyó enérgico y dulce
el Himno profano que tituló Eros:
“La victoria del Deseo”, compuesto
por Händel, Afrodita, Apolo e Himeneo
para ocasión tan memorable.

Esa larga y espléndida sinfonía
-cuyo ritmo de viveza inestable
parecía resucitar con crecido vigor
después de los silencios-
tuvo el efecto de despertar
en mí la autocensura
y evitarme la compleja descripción
de tan apasionado encuentro.

Mal menor
pues la imaginación de poetas y pintores
la dibujó
en todas sus variantes posibles
durante los largos siglos transcurridos.

PSdeJ Vitória ES Brasil noviembre de 2015

 

7.. El mito de la amada

Ser hombre, mujer,
jardín en sombras tú,
Utopía;
ser hombre mujer es encontrarte
entre las cien mujeres con que me cruzo cada día
y saber que eres tú,
punto por punto y sin desconfianza mínima,
aquella de los sueños imprecisos
de mis noches mágicas y míticas.

Ser hombre,
mujer, recia penumbra tú,
excepción de las reglas conocidas;
ser hombre, mujer, es explorarte,
extensión que tus límites amplía,
hasta alcanzar el confín insuperable
y ver que allí arranca el misterio y no termina;
pues esa mirada tuya,
tan penetrante y sensitiva
debilita con la levedad de su música
mi fortaleza y mi energía.

Ser hombre, mujer, renovada esperanza tú
de una inocencia antigua;
ser hombre, mujer, es conocerte
y saber que posees la llave de la vida;
es alcanzar la eternidad en un instante
al recibir de tus labios la ambrosía.

Ser hombre, mujer, raíz pujante tú,
de hondura infinita;
ser hombre, mujer, es necesitarte
y desear volver a verte, tácita y ubicua,
al otro lado del Océano, en el mercado de libros viejos
o al doblar cualquier esquina.

Ser hombre,
mujer,
tierra de promisión tú,
lluvia propicia;
ser hombre, mujer, es comprobar
que la imagen de la mujer amada
esa realidad tan sencilla y tan diversa
en la convivencia renovada
se dibuja y colorea.

 

8.. Oda a la mujer amada

Proemio

Un buen día llegué a tu casa
amiga mía,
y tu casa era el campo,
y tu campo tenía el horizonte puesto
en la Naturaleza toda:
tierra fértil de color rojizo
yerbas, enredaderas, arbustos de fruto comestible,
árboles reunidos en vegetal coloquio,
rectos, erectos
elevándose como flechas dirigidas al infinito,
deseosos de alcanzar un cielo protector
azul y ceniciento, que lloviera agua tibia
sobre todas las tierras, sobre todas las plantas.

Y sobre los animales
tus hermanos del bosque:
simios inocentes, cobras ondulantes
y pájaros cantores de colores diversos
vivos, bellísimos,
hijos de la música y el viento,
de la pintada Aurora.
Espacio de libertad que quieres
sustentable y protegido, abierto al viajero
que sosiego busque.

Tendida entre dos varales del porche
había una hamaca, recuerdo firmemente,
que dijeron rede tus labios carnales
tu garganta sonora,
y era una red amplia,
donde cabían dos cuerpos abrazados
que se mecieran unidos en las olas
de ese tu océano cruzado de conquistadores
embutidos en armaduras subidas a caballos
desorientados.

En el umbral de la casa
de tu idea convertida en campo
puertas de par en par abiertas
ventanas abiertas de par en par,
estaba el colaborador imprescindible,
tu marido:
un hombre raudo
pensamiento y acción,
hecho, con tu pasión, a tu cordura.

Me entregaste tu poesía en dos cuadernos
manuscritos
hijos ciertos, hermanos de tus pinturas y dibujos:
artista integral, toda tú creadora, entera
y verdadera, íntegra.
Y Yo llevaba en la cabeza mi poema a la hembra madura
versos sensuales que aún no tenían destino de mujer,
abstractos como la alborada del primer día
amanecer cósmico inundado de luz primigenia.

Y al verte allí, elevada en pedestal de diosa
altiva silueta circundada de luz,
luz escultora delineando tu perfil,
tu cuerpo poderoso junto a la casa abierta,
supe que eras tú la mujer madura, el poema era tuyo.
y para ti había sido escrito.

El poema

Mi deseada mujer madura
hembra plena y floreciente
de carne frutal y entendimiento reflexivo
eres la diosa Hera,
esposa del gran Zeus;
y de tus pechos, ubre generosa,
brota a diario en espiral la Vía Láctea,
galaxia formada por doscientos mil millones
de planetas inquietos.

Hijo del padre de los dioses y de la humana Alcmena,
yo soy Heracles,
el héroe que busca en tus pechos
la inmortalidad vedada.

Eres Penélope, mujer;
yo soy el nuevo Ulises, y regreso a Ítaca
cansado de guerras y aventuras engañosas.
Todo es hostil,
muros de intriga cercan la casa,
los enemigos han tomado posesión de lo mío,
pero tu agredida fortaleza aún resiste.

Tus pechos me reconocen,
esposa fidelísima;
identifican mi rostro, mis manos y mi voz;
tus pechos,
sólo ellos,
saben quién es este mendigo extranjero
antes de verme tensar el arco y pasar
la flecha a través de los doce ojos de hacha.

¡Créelos!,
tus pechos
mujer madura
conocen la verdad:
saben que mi corazón los quiere esféricos y vanidosos,
mi tímida gacela, mi flor del Paraíso,
saben que mi corazón los ama impávidos y encumbrados.

Eres Helena, mujer,
la espartana Helena;
tu perturbadora belleza seduce por igual a dioses y a mortales;
yo soy tu esposo Menelao, rey consorte,
y si perdono tu veleidosa conducta,
debes saber que a la memoria
de tus hermosos pechos obedezco.

Mujer nacida de la tierra fértil y las fragorosas olas,
tus pechos son el portentoso acierto de la Naturaleza práctica,
un misterio que los siete sabios de Atenas no podrían desvelar,
un regalo de Mirón, un obsequio de Fidias.
una donación de Polícleto.

Eres Esther, la valerosa hebrea,
mi alígera corza, mi dulce enamorada,
mi señora,
mi reina,
yo soy Asuero, el Rey,
ciento veintisiete provincias se inclinan ante mí,
las doncellas más codiciadas pueblan mi harén
pero, únicamente, tus pechos
estimulante
vivificadora compañera,
llenan de fiesta mi vida.

Mi adorada mujer madura,
mi virginal doncella,
mi alumna impúdica, mi deseada
hembra sensual y placentera;
tus pechos me invitan, me convidan:
desde su posición de privilegio me convocan
a un banquete carnal inmoderado.

Poseen una titilación ictínea cuando los busco,
nocturnidad marina de la arena fresca
turgentes y altos en su entrega pudorosa,
pálidos a la luz de la luna turbia
perturbados por los luceros esplendentes.

Hembra total, mi animosa mujer,
mi marinera de imaginarias singladuras,
tus hermosos y erguidos pechos,
sólidos, firmes, resistentes, obstinados;
son el mascarón de proa y la proa intrépida
de tu cuerpo navegante.

Tus pechos, mujer, saben a dátiles
a papaya jugosa, a palmitos de sagú
a mango maduro, a almendra y a manzana;
tus pechos rotundos, mi inteligente e intuitiva compañera,
saben a gloria.

Son de absenta de noventa grados tus pechos,
de mandrágora y belladona,
hembra soberana,
estrella polar de mi existencia,
alucinógenos son,
ciertamente adictivos
y los bebo para suavizar por dentro
antiguas cicatrices aún en carne viva.

A jacinto huelen tus pechos, pulquérrima mujer,
a laurel, a estoraque, a mirto
a eucalipto, a salvia,
a madreselva y a magnolia;
a los aromas bravíos de la flora silvestre
y a la substancia fecunda del tornadizo mar salobre.

Los pechos de la mujer que amo son tersos y sensuales;
de día cubren su timidez desnuda
de noche desnudan su temeraria osadía.
En la penumbra se hacen fuertes
fanfarronean, me desafían, me provocan
y los pezones se inflaman
pronunciando mi nombre innominado.

Nada me atrae tanto como los esféricos, enhiestos
orgullosos pechos de la mujer madura,
ley de la gravitación universal hostil y aliada.
Brillantes estrellas que me hacen guiños en las noches
oscuras, cuando el cielo es transparente
y la vista cruza las enormes distancias.

Mi desconfianza viene de la primera juventud
soy un precavido a prueba de razones,
y todo lo fundamento en los pechos de la mujer amada
única realidad visible y palpable.

Dioses del Olimpo y Monte Olimpo ellos mismos
a su cima subo para libar
mi diaria
ración de ambrosía.

Admirable mujer, compendio de mujeres
bajo tus cálidos y armónicos pechos
mi experimentada sagacidad descubre
un corazón amante que aprecia el arrojo y la ternura;
una voluntad de entrega –hija, madre y esposa-
llevada a desvivirse por los suyos;
la grandeza de ánimo de la mujer emancipada
opuesta a las directoras bridas;
y el empeño social orientado a la conquista
del derecho a expresarse y actuar libremente
un día y otro y otro día.

P.S.deJ. Barcelona y Vitória ES

 

 

F.-Descubrimiento
1–Definición
2—Su vida es su obra, su obra es su vida
3—Playa de Camburi, espacio de arribadas
4–Morí
5—Labrar Profundo
6—La realidad imaginada
7—Una larga noche en el Sertão
8—Muchacha de Sacramento
9—Suelta de palomas
10—Trabalhos de tradutor

 

1.. Definición

“Esto que veo
tan simple
tan complejo,
tan uniforme
tan diverso
tan pobre
tan rico
tan oscuro
tan colorido
tan árido
tan fértil
tan débil
tan fuerte
tan violento;
y también tan tierno
tan sobrio
y tan exuberante;
esto y más:
un conjunto de energías que suman
y restan,
un enigma intrigante que debo
interpretar
por mí mismo;
todo eso y mucho más
que no voy a comprender
nunca:
es BRASIL.

 

2.. Su vida es su obra, su obra es su vida

En el Solar de Ester,
Isla de Vitória, Espírito Santo, Brasil,
treinta y uno de enero de dos mil trece,
se oye, se ve, se palpa el júbilo de la celebración.
Ester cumple los ochenta primeros años de su vida
y espera el resto con serena complacencia.
Llenan la casa y el jardín exuberante, los amigos ciertos,
algunos trovadores del halago agradecido;
y personas que quieren estar cerca
para tocar el volante de su falda
y recibir una descarga de optimismo

Hay invitados que gustan de la plática amable,
de su decir sincero,
del entusiasmo contagioso
y de su manera de preparar los pastelitos,
aprendida de Maria da Penha,
madre solícita y maestra laboriosa.

Colibríes en el jardín proyectando sombras móviles,
corría el año treinta y tres
del pasado siglo,
y terminaba enero, martes,
cuando sucedió el prodigio.

No tuvo estrellas augurando
ni un Sol tembloroso oscurecido,
solo un estallido
que partió el día en dos.

Desde entonces se dice mediodía
a las doce en punto
momento estelar en que Ester llegó
a la fecunda tierra capixaba.

Fue un relámpago seguido de un trueno,
un seísmo,
la erupción de un volcán;
y la naturaleza circundante dio la bienvenida a Ester
Abreu Vieira de Oliveira;
nacida para ser, estar, ir y dejar memoria amable
de su paso firme,
elevado vuelo observador.

Niña en Muqui, Ciudad Menina,
arranque de los recuerdos hechos prosa y
poemas;
cincelada memoria de la fuente
donde bebía un enredo alegre de gritos y colores,
boi pintadinho, folia de reis,
silencio y quietud en Viernes Santo
explosión de felicidad el domingo
exultante de Pascua:
la vida en su expresión más pura
ancla elemental del alma.

Rico caserío y vastos cafetales,
de la cuna de Muqui hizo punto de partida.
Aprendió letras, formó palabras, construyó frases,
escuchó historias, albergó pensamientos,
devoró libros de mayores a escondidas;
y la lengua de Camões fue su lengua:
cangilón de noria
que llena a diario su curiosidad despierta.

Nubes abiertas a los rayos de sol,
y un chorro de luz prístina,
desciende iluminando
el dedo índice de la madre sabia
que conoce todo de tangerinas verdes
y de niñas traviesas, turbulentas y sensibles
a la tolerancia que las hace tolerantes;
línea de ferrocarril que viene y va,
río de peces renovándose,
colinas suaves de Muqui,
donde el verde toca al azul, y la vida es calma y clara.

Llegó al internado de Rio de Janeiro:
monjas de todas las índoles,
compañeras que la siguen o se oponen a su marcha
y los tempranos misterios al alcance
de la casualidad y la busca interesada.

Allí, en el Colegio Santos Anjos
de Rio, Dios y el Cielo abiertos,
quiso emular la jovencita Ester
a Teresa de Cepeda y Ahumada, Teresa de Ávila,
saliendo
a tierra de infieles para recibir martirio
por causa de la fe.
No pudo,
la alcanzaron al doblar la sexta esquina

Trabajadora esforzada
en la Isla de Vitória abre espacios vitales,
empuja los límites de lo femenino
estudia, lee, trabaja, investiga, escribe,
se rodea de afectos,
ama con amor de amiga,
de novia, de madre educadora;
cambia de casa, renueva la vida,
y da cien vueltas a las horas que llegan iguales
hasta hacerlas distintas.

Viaja, cursando estudios destinados
a recibir
lo hispano en traje de faena:
Siglo de Oro, precedente y consecuente,
Castilla desnuda de oropeles,
expandida hasta límites insospechados
tras dolorosas conquistas que dejan exhaustas
tierras y personas.
Viaja y vive
rindiéndose Ester a ese Teatro Grande:
Rojas, Tirso, Lope, Calderón:
que imita a la vida y la supera.

Dispuesta y organizada
enraíza
su obra en la firmeza
de las palabras, en la flexibilidad
del pensamiento.
Lingüística, literatura,
docencia e investigación
abren paso a su obra poética:
sencillez profunda
en el eco de todos los poetas que la precedieron.

Sin perseguir la gloria
ni adornar su frente con laureles,
de la aptitud y la perseverancia
para aprender y enseñar
hace eficientes herramientas.

Son jaulas sus poemas,
que el lector abre,
para que el águila o el colibrí
escapen.

No tiene voz de canto, pero canta
a la herida tierra americana
y lo hace en un dueto apasionado con Neruda:
sangrientas aguas que barren las cadenas.

Subida al trabajo intenso se hace un nombre,
la conocen y aprecian por sus obras
va y viene incansable
del aula a los congresos y palestras,
a la explicación que disipa brumas,
al esfuerzo callado de pesquisadora.

Recorre España de extremo a extremo,
Portugal, Francia,
la Europa central y las Américas
de arriba y de abajo.
Respira aires nuevos y deja su soplo impulsor
del conocimiento. Regresando
a clase siempre, para que no le pongan falta
sus amados alumnos.

No lo parece, mas pasaron
ochenta anos
plenos;
ochenta, ochenta, ochenta.
Y Ester Abreu es una joven
de ochenta fructuosas primaveras

Madre, abuela, bisabuela,
los ochenta primeros años
bautizan con su nombre los espacios que hizo suyos;
y durante los veinte que vendrán
porque ella los llama,
seguirá siendo el centro de su creciente cosmos
-rotación y traslación-
Solar da Ester,
jardín que es Paraíso,
domestico Edén,
donde todo gira a su ritmo.

PSdeJ Barcelona, 18 julio 2017

 

3.. Playa de Camburi, espacio de arribadas.

Agua de mar hecha espuma
terminal e inestable; explosivas
burbujas sobre los granos
de esa arena que es prólogo y epílogo,
paseo de entrelazados
ritmos cambiantes de los pasos múltiples,
palmeras
firmes,
enhiestas,
oscuro asfalto ardiente
y elevadas torres ciudadanas
de miradas
extensas, intensas, satisfechas.

Vi la cinta completa desde el aire
al tomar tierra en el vecino aeropuerto,
donde encontré el equipaje perdido en Guarulhos
milagro aún no explicado
por la ciencia más práctica.

Con la satisfacción de haber llegado
a mi sueño desde el sueño
vi la alargada y estrecha tira
comprimida entre el agua y los vehículos,
creciendo a lo largo como única
solución posible
para su afán expansivo
y su claridad.

La supe luego
Ilustrada como los frisos de las aulas
como los pájaros del campus
por su proximidad a la UFES
donde conferencié alrededor de mi escritura
y sobre Iberia y su consecuencia:
Universo Ibero
de enorme proyección en ese
aglomerado americano de ideas y culturas
sur del norte, centro, verdadero sur, en dos idiomas.
principales, mis dos patrias.

Atalayas de edificios vecinales,
automóviles avanzando despacio
sobre un pavimento de ida y vuelta
que descansa los domingos;
itinerario salpicado de aguadores de coco,
peatones y ondulantes bicicletas:
fotografié a un hombre,
africano aún y brasileño íntegro,
subido en dos ruedas, sonriendo
al cruzarse conmigo en un quiebro
respetuoso.

Mar, mar, mar
inseparable compañero de la playa, cómplice
dese amor deseado e imposible;
árboles y arbustos hambrientos de afectos
sobre arena incontable,
delgada lengua disgregada en finos granos
y agua llegada en olas moribundas
agonizantes
siglos y siglos, noche y día,
Playa de Camburi, domesticada orla,
camino
vereda,
senda
relaciones personales, deportes, danza, vida
lugar del mundo situado
en Vitória ES Brasil.

Playa continental que busca
el amoroso encuentro
con la Isla de soledad,
bastión fuerte,
castillo otrora inexpugnable
y hoy casi península,
puentes que son brazos
de seda o amarras de navío.

Amable Playa de Camburi:
arena,
arena,
arena
milímetros, centímetros, decímetros, metros;
decámetros, hectómetros, kilómetros
de arena, arena, arena, seis
kilómetros para caminar,
correr, saltar, practicar o ver
los juegos de equipo confrontados
en noble lid.

Jóvenes figuras de carne y hueso,
hombres y mujeres disfrutan la playa:
una Roma humana y viva, una Atenas
de esculturales cuerpos completos,
gimnastas,
cabeza, cuerpo y extremidades
atléticos,
vivos, sangre y nervios,
músculos mestizos
en conjunción superadora insuperable.

Playa de nacimientos y agonías,
de amores cálidos y ardientes,
manos en las manos
brazos sobre hombros
besos en los cabellos
y en los labios
amor en todas las formas y expresiones.

Contaminada de residuos
humanos e inhumanos
bajo el cielo azul con pinceladas
de nubes blancas, golondrinas, colibríes
sobre magma, granito y corteza,
me conmueven hoy los peces
engullendo
el anzuelo cubierto de cebo
que los pescadores lanzan
desde el muelle
de Iemanjá.

Orla húmeda de huella antigua
amanecer del primer día
de la Nueva Historia
cuando las músicas tupinambá y tupiniquim
que sonaban en el confín oriental
fueron silenciadas de pronto
por el arribo de los indefinibles conquistadores:
espada y cruz
la lengua portuguesa
vencedora final de la resistente tupí guaraní
arengas y oraciones
versos de Anchieta:
evangelizador enraizado en la Castilla
de aquellos nobles campesinos
de los que provengo.

He visto nacer el sol magnífico
elevándose sobre Tubarão como una hostia
en el acto de la transustanciación
manos del sacerdote alzadas
desde esa orilla terminal, que es punta y cabo
conformando la extensa bahía.

Mi corazón, en su parte capixaba,
se despide en la distancia cada año del año
viejo que se va a la intangible inspiración:
agua, arena, fuego
aire
y tiempo:
los cinco elementos haciéndose unidad
inseparable.

Mitifiqué esa playa de contrastes
y tanto, tanto la siento,
tan palpable
y tan vivo guardo aún su recuerdo
que, añorándola todavía,
muchas noches en ella me sueño.

PSdeJ El Escorial, primero de mayo de 2017

 

4.. MORÍ

Pretendo que mi último poema
-este quizá-
sea el mejor de todos,
el que los condense y sustituya; y lo quiero
así cada vez
que segrego uno nuevo.
No lo consigo, es evidente; y estoy convencido:
de que nunca escribiré
ese poema definitivo

Labrador que escribe o escritor que labra,
morir, a mi edad, es dar por concluidas
la sementera de grano y de palabras;
y la cosecha de relatos, poemas
fábulas y leyendas; trigo,
cebada, avena,
lentejas, uvas
y remolacha azucarera.

Es dejar en el jardín de casa,
sin riego, a las plantas, secas:
pinos recién nacidos, adelfas, madroños,
rosales, geranios y camelias.

Morir es marcharse sin dirección precisa
dejando a Cordero y a Jana, gato y perra,
sin ración de comida.
Es abandonar la conversación intermitente,
que mantenemos con familiares y amigos,
ese inacabable recuento
de hechos y noticias que nos mantiene activos.

Morir es cerrar la puerta por fuera
dejando dentro el día ya empezado y los anteriores,
el acertijo aún no comprendido de la vida
la larga partida de ajedrez sin superar el jaque,
varias relecturas proyectadas,
las medicinas cotidianas, y ese indefinible gesto
-queja o carcajada-
tras el último paso indeciso y el respiro postrero.

Morí, ustedes ya saben que morí:
la fecha aparece al final de mi biografía:
dieciséis de abril de dos mil treinta,
y el sol de la mañana prometía.

Cosa de poco la causa originaria,
un resfriado como desencadenante:
madrugo para escribir y, a veces, no me abrigo
de manera apropiada.
Ya ven, la pasión por la escritura, y veintitantas
enfermedades que fui acumulando, las unas agarradas
a las otras, en los últimos tiempos.

Introduje en la valija del Más Allá
diez libros -propios y ajenos-
tres poemarios, tres novelas, tres ensayos;
llovía;
subí al trampolín del tobogán, techo del mundo,
miré desde la altura, en redondo, los trigales:
mar de primavera en Valdepero, ermita de la Virgen,
del Consuelo, tejera romana, fuente
de San Pedro, Páramo Llano de piedras calizas,
el sitio histórico de Muqui,
estaciones de Marechal Floriano y Matilde,
la Reserva Natural Reluz, los troncos erguidos
y firmes de la Mata Atlántica Capixaba
el Sertão agreste y riguroso;
llovía.

Cerré los ojos,
dejé de respirar indefinidamente,
me deslicé sobre nubes verticales; y la posteridad
-uno de tantos para ella- me recibió sin inmutarse
en el ingente cacaotal de Bahia.

Nací en una vivienda de la Casa Grande, propiedad
de don Manuel Diezquijada Gallo, calle
Mayor de mi pueblo;
y morí en la senzala de la Casa-Grande de Gilberto Freyre,
“gruesas paredes de madera y argamasa o de piedra y cal,
la casa ibérica de mi iberismo:
aceptación y defensa del legado milenario común.

Gilberto me confirma que fui para allá peninsular,
remando balandra, bebiendo lluvia, pescando, achicando
mar, velero de papel, vela de páginas escritas,
manuscritas; y allá me hice,
además,
amerindio y africano: bahiense.

Ya soy, dice de mí Gilberto de Mello Freyre,
la afortunada conjunción
de orígenes miscibles
de miscibles culturas;
y asegura que es el mestizaje el principio
del progreso progresivo,
y la constante
de los avances todos.
Síntesis de síntesis soy,
esencia de esencias destiladas
en el alambique existencial de los varios
cientos de millones
de mis antepasados.

El primer protagonista de la historia
es el transcurrir del tiempo
ese devenir ilógico y nostálgico
que parece el esperado porvenir
no siendo más que el pasado
puesto
en contacto con el aire impuro,
temperatura de árticos, antárticos y trópicos
y humedad de chaparrón intermitente:
sometido a la inclemencia
y al roce permanente de lo que aún no existe.

Bahia de todos los santos
madre oronda de todas las ciudades,
Pernanbuco de iglesias magras, donde
Gilberto Freyre nació un día antes que yo
quince de marzo;
y pregunto si nos une con especial fuerza
esa coincidencia ante Zodíaco y Eclíptica,
dioses de los influjos estelares,
erosión desconocida
de los sentimientos inconstantes.

La duda,
afortunadamente soluble,
llegó cuando me aproximaba a la incógnita final,
tus tableros desplegados en X.
Enigma que cada uno puede descifrar a su manera:
pensé, y la mía
se explica en la rúbrica
de la firma que llevo cien años repitiendo:
una flecha dirigida sin remedio hacia la cruz.
“Lucha hasta el equilibrio” es mi divisa,
y mi firma es mi nombre lanzado en una flecha,
en busca de la cruz de la armonía,
vacilante,
equilibrada,
activa.

Esa x es el futuro del País .
Sí, Gilberto de Mello Freyre,
tu equis es mi cruz:
identificación del equilibrio armónico,
conjunción ajustada de elementos múltiples.

Y el equilibrio inestable y dinámico,
recompuesto tras cada disgregación,
es el futuro que esperamos
para el enorme caudal de fuerzas
del fabuloso Brasil.

Sabido esto,
ya pude morir
y
morí.

Vitória, ES 4 de Noviembre de 2015

 

5.. Labrar Profundo

A ti Alonso, hijo de Madrid o de Bermeo
Ercilla y Zúniga, o de Valladolid acaso,
mas de Iberia por seguro;
quiero señalarte en estas letras,
gracias a Fortuna, breves,
mi asombro ante la separación que haces
de las noches vecinas de los días,
cuando escribes en plena madrugada:
“en una parte oculta y encubierta
tengo cerca de aquí mi gente armada”
una tropa, sin duda, equipada y aguerrida,
dispuesta a iniciar el ataque al despuntar el alba;
confesando Alonso al papel secretos militares
que soldado eres y escritor
a partes desiguales;
y no sé, lo doy por ignorado,
si actúas para contar
o cuentas para obligarte a hacer lo que has contado.

Escritor yo que describe lo ocurrido
añadiendo el matiz, no despreciable,
de la propia voluntad,
dando por hechos de igual modo
deseos y realidades,
te diré que admiro el uso simultáneo
de la pluma y de la espada
blandiendo cada una en una mano
ora la acción cierta y arriesgada,
ora, previo, su impávido relato.

Labrar recio y profundo,
para que la tierra se airee y se oxigene,
y luego sembrar a su debido tiempo
ese grano cereal, humedecido
durante una semana en Valdepero
con agua del pozo y piedralipes,
eliminando así enfermedades pasadas y futuras
en la semilla repleta de esperanza,
para que hinche su preñez más fructuosa
variedad antigua de grano
-coincido con Neruda en llamarlo palabra-
pues ya estaba en el principio
del universo
aleteando, aleteando, aleteando
en vigorosa soledad, en abandono activo.

Y hoy, aunque
hemos convertido la palabra en sangre,
y la vamos transformando en luz,
sangre a intervalos cada vez más largos
luz en espacios cada vez más breves,
debemos recordar, en el momento todo,
que su capacidad
-palabra lenitivo, palabra espada-
sigue siendo enorme, enorme, enorme;
enorme y apretada.

Cuando, la puerta europea
en otro tiempo
de par en par abierta,
amanece cerrada a cal y canto,
los necesitados del entero mundo
expulsados por el hambre y las guerras
de su suelo
tienen que asaltar las barreras
de agua, alambre y fuego.

En esta Europa de la feroz economía,
espacio y tiempo
historia y geografía
se van convirtiendo en bienes comerciales,
la historia se reescribe,
diseñando una nueva cartografía hacia el futuro:
ese mañana común
distinto para cada uno.

Relega España a Ercilla
Madrid lo trata como a desconocido
y aquí reivindico su nombre y su vida
su vida y su obra literaria;
pues, si no alabo
el uso sañudo de la espada,
le admiro enormemente porque disminuyó su daño
usando con maestría la palabra.

Moriste Alonso y no sabes
por Fortuna
lo que tu cadáver fue y vino
de aquí para allá entero o separado;
ignoras que fuiste enterrado,
desenterrado y nuevamente enterrado
enterrado de nuevo, nuevamente;
ignoras que decapitado fuiste, y tu cabeza
vivió aventuras
que tu corazón ignora y viceversa
por Fortuna.

PSdeJ, Madrid marzo de 2016

 

6.. La realidad imaginada

Desde el brocal del pozo
al mirar hacia el interior sereno
veo pasar las cenicientas nubes
descubriendo
y tapando el cielo estrellado,
reflejo del agua que duerme
abajo
sueña
y espera un milagro.

Apartando puertas, rompiendo moldes
agujereando cielos nocturnos,
a deshora llego.
Estoy hecho de umbrales y ventanas
caleidoscopio inquieto, sorprendente
ojos que han visto el infinito
manos que atrapan el rayo
en el furor de la tormenta
para domesticarlo.

Aprendí a nadar en el primer baño
nada más nacer de mi madre
cuando deletreaba la palabra luciérnaga
leída en un cuento ilustrado
que alguien
pensaba regalarme la víspera
de mi vigésimo quinto cumpleaños.

Todo en mí es insólito
todo en mi preexiste
la rosa de los vientos señala los túmulos
de mis antecesores venideros
fertilizantes durante siglos y siglos
de un campo de amapolas
ojos serenos de quien teje urdimbres
y tramas improbables
destinadas a reinventar el mundo
cambiando de lugar
las puertas de entrada y de salida
nacimiento y muerte
emergiendo de profundidades abisales
para alcanza planetas capaces
de acunar la vida
y crecerla hasta límites insospechados.

Soy el hombre, la persona
el ser humano del siglo veintiuno:
macho y hembra destinados a encajar
entrantes y salientes
deseos y posibilidades
imaginación desbordada que asciende
añadiendo escalas
sobre las escalas.

En ocasiones, tú lo sabes
Carmen, tus poemas, campanas ondulantes
como trigos recién encañados,
golpean
badajo y bronce
la soledad del corazón algunas tardes
quietas en la primavera.

En momentos contados
la sincronía imprescindible salta de los balcones
a la calle;
y desde lo hondo de la calle inclinada
alcanza los balcones
sembrados de geranios a punto de estallar
en forma de circunloquios purpúreos.

Las dos veces que nos aproximó el destino
C duplicada de Carmen Conde, nacida en Cartagena,
sucedió lo imposible;
la primera fue en la Cuesta de Moyano
y tú ibas con Antonio
escudriñando, escudriñando.

Nuestros ojos se pararon sobre los mismos
libros, dos concretamente:
Eternidades, editorial Renacimiento
Madrid, Barcelona, Buenos Aires;
y Azul, Valparaíso, 1888.
Te cedí la delantera y Antonio
los compró
sonriéndote.

La segunda fue, un año después, o dos
en la Casita del Príncipe,
allí donde se encontraron Picasso y Neruda,
El Escorial,
lugar que visito aún sin hacer ruido.
para no espantar el recuerdo.

Ibais, Antonio y Tú, con Juan Ramón
y con Darío:
quizá no eran, pero a mí me parecieron ellos
vuestros dos amigos.
Mirabais las paredes y el techo
cuando yo los miraba:
el monte Abantos, los castaños desprendiéndose
de un fruto protegido. Hablamos
imaginé, los cinco, de las palabras esdrújulas
de los signos de admiración;
en asuntos de amor uno pone la cesta
y el otro pone las flores: así ha sido,
es y será
por mucho que los tiempos avancen:
oí que decíamos.

Todo ello adornado
de finísimas gotas de rocío a punto
de emprender el vuelo, evaporadas.
Pero en verdad, por entablar conversación,
te pregunté, solo a ti,
dónde estaba el famoso Monasterio.

Respondió tu gentileza sonriendo:
ese edificio tan grande,
de piedra todo entero;
el que tiene tantas ventanas
y guarda buena parte
de la historia de España
dentro de sus muros:
Palacio, Panteón y Biblioteca;
ese es, puede estar seguro,
no tiene pérdida.

Sólo por ver, Carmen, la picardía ingenua
de esa sonrisa tuya, tan luminosa y agradable,
y poder recordar ahora todo su hechizo,
mereció la pena pasar por turista
en el lugar donde habito.

PSdeJ Madrid y Cartagena, 1975

 

7.. Una larga noche en el Sertão

Estrela de la mañana y Libertinagem manuscritos
viaje de circunnavegación elíptica
más allá de Recife, Rio, Santos, São Paulo
y Rio de Janeiro nuevamente,
hasta llegar
de nuevo a Totônio Rodrigues y la calle de la União,
¿Qué hacía aquella noche
-poesía y música de la mano, pintura y poesía
caminando juntas-
Bandeira, en el Sertão, dialogo afectivo
con un escritor español y una
investigadora capixaba?

Pregunto:
¿Qué hacía
farto do lirismo bem comportado,
do lirismo funcionário público,
deseando ser un poeta crítico y salvaje
pez emergente de las aguas abisales
fiera en las interioridades selváticas?
¿Qué hacía esa noche en el Sertão,
-sonrisa insatisfecha, mitológica mirada
autocrítica memoria-
en falsa actitud latifundista?

Soñaba yo el sueño de siempre:
la humanidad satisfecha de sus cosas;
los acaparadores devolviendo lo común,
los de arriba y los de abajo viviendo
en la misma ciudad, en el mismo barrio
y en la misma casa; comiendo
en la misma mesa la misma comida.
Soñaba yo, el sueño era mío
y Bandeira lo habitaba:
Abaixo os puristas!
Abaixo o lirismo namorador!
Abaixo o lirismo que capitula!

Siento aún el eco de sus palabras
en el pabellón de mi oído
izquierdo
-el derecho
oye distorsionado-
y me sumo a su protesta, calle arriba,
cenáculo literario abajo:
-Não quero mais saber do lirismo
que não é libertação.

El sueño de la libertad en convivencia
con la justicia
distributiva,
y de los representantes puestos al servicio
de los representados,
era mi sueño aquella noche en el Sertão.

Discutíamos Ester Abreu y yo
sobre algunos aspectos confusos
de Don Juan, bajando
a los infiernos para surgir de nuevo:
andrógino
triunfante,
celestial.

Se desarrollaban el sueño y el ensueño
intemporales
o con los tiempos mezclados,
en un Sertão imaginario
que,
partiendo de Euclides da Cunha, Graciliano
Ramos, Guimarães Rosa
y Jô Drumond,
era la suma de todos los Sertões:
arideces existenciales, aleph,
vidas secas,
horizonte detrás del horizonte,
imaginación
y utopía.

¿Y si sucediera: pensé un instante: que Pasárgada
ocupara un extremo imaginario
de ese Sertão amplio y múltiple?,
el correspondiente a Utopía, exempli gratia;
o al exoplaneta Gliese 581 g
donde la felicidad pende de las ramas de los árboles,
siendo el aire maná alimenticio;
y Manuel Bandeira llegara allí
num momento de fundo desânimo,
desde la casa de la Rua do Curvelo
en el fondo del ánfora de su tristeza más triste:
Não sei dançar,
Meu verso é sangue,
Cai, gota a gota do coração…
Y si en ese instante
mágico y mínimo
aparecieran
Bandeira y Guimarães riendo a carcajadas…
…si así fuera,
dije,
yo me sentiría satisfecho.

Volví en mí al exclamar:
¡grita, ríe, vive!: Manuel Bandeira;
me alegra que coincidamos en la función liberadora
detersoria
de la poesía.
Acomódate, invité:
siéntete como en tu casa en mi sueño sertanejo:
não a Veneza americana
não o Recife dos Mascates,
sea en este Sertão de Sertões, gris y gélido,
voces simbolistas, parnasianistas, modernistas,
sequedad en la garganta
imaginando con Ester Abreu y conmigo
el triunfo último de don Juan
convertido
en mujer,
en valerosa hembra feminista.

Vou-me embora para Pasárgada, dijo el poeta amigo,
mirada displicente,
manos en los bolsos vacíos:
Lá sou amigo do Rey.
Lá tenho a mulher que eu quero.

Y lo vi marchar a lo lejos, sueño adelante,
convidado por Baudelaire,
cuando el sueño despertaba en mí,
yo despertaba en el sueño
y en la escuela los libros se cerraban:
corrección del profesor Veríssimo:
Capibaribe!, Capiberibe!.

PSdeJ El Escorial 15/09/2013

 

8.. Muchacha de Sacramento

Dedicado a Renata Bomfim

Ignoro la mayor parte de tus cosas
casi todas las razones, pero sé
que amaneciste descalza en un bohío:
gritos de parto y voces de vecinas
salían por el negro agujero
del tubo renegrido
negro
con el humo del fuego que cocía
las raíces
y ese jugo
destinado a alimentar tu osadía.
Lloraste al fin
amanecía,
lloraste el primero de tus llantos
eras niña
y te iban a llamar
Bitita.

Luego te pensé menina
y eras menina sin armario
de ropita
sin ajuar azul o rosa
sin zapatitos de hebilla
sin futuro de mañana por la tarde
ni del otro día.

Niña sin amparo
ni caricias
entretenías tu tiempo
con los juguetes que hacías
de la nada y al momento
a tu capricho y medida.

Sobre el planeta Tierra
iba tu niñez descalza
alimentándose de raíces
de frutos y de flores
de hojas y de ramas
de jugo de intenciones.
Independencia, orgullo, coraje
paciencia e impaciencia:
escalón a escalón tu Torre de Babel
se alzaba día a día
con el deseo de alcanzar las estrellas
dar un nombre a cada una
y vivir constantemente en ellas.

Aprendiste a leer, a escribir
y buscando entre cartones y chatarra
aprendiste a distinguir
y fuiste haciéndote de música y colores
de llanto interno
y esperanza,
mujer que pensaba y veía al mismo tiempo
que sentía, razonaba y escribía
y eran relatos de vida y abandono
de temor y huida
de aliento y fuego
los que de esos ojos salían
de esa mente productora de ideas
de esa mirada profunda puesta en las cosas
con un temor sincero
a las personas oscuras que escondían
sus negras intenciones en el gran agujero.

Te uniste al macho cada vez
que la alarma y el deseo empujaban
naciéndote tres hijos
que tuvieron la suerte
propicia y próspera
de tener en la barraca
una madre generosa.

Hormiga
sola
llevabas
el grano
de alimento
al cercano
hormiguero.
Todo el año
Invierno
invierno.

Esta noche te imaginé, y siendo negra
del todo, toda negra
te pensé mestiza del sol y de la luna
con lo mejor de cada raza
indígena, europea
y africana
acunada por el viento y por la lluvia
de las cuatro estaciones
que son una en esa tierra equinoccial
efervescente de luz y religiones.

Humanidad tú
acurrucada en cuclillas a la espera
salió tu libro de ese Quarto de Despejo
voló alto y lejos, paloma mensajera
llovió el dinero en diluvio universal
y te tocó en el reparto una parte pequeña.

Llegaste a lo alto de la Torre
cuando tus escritos iban inundando el Planeta
muchacha de Sacramento
mujer de favela.

Al recibir su visita lo supiste:
Fortuna para poco tiempo en la casa del pobre.
La Torre se hizo más Babel si cabe
las lenguas distintas no fueron miscibles
y se confundieron confundiéndote.

Envejeciste hasta sentir el mal
recordando a aquellas vecinas que huían
y a las que necesitaban, para sentirse bien,
escuchar los versos que escribías.

Una noche oscura te soñaste muerta
en el interior cerrado del cajón
sujetando las manos libros en lugar de flores.
Fue un sueño de graves consecuencias
porque ya no despertaron esas vidas,
que en este mundo roto viviste a tu manera.

PSdeJ El Escorial, 20 de mayo de 2017

 

9.. Suelta de palomas

El despertador que vive sobre la mesita de noche
y lanza rayos láser hacia el techo
para decirme la hora en color rojo;
a veces escribe frases y cuenta historias mías
que yo ignoro.

Hay una muy antigua:
nada menos que del Cámbrico,
allá en la era Paleozoica,
cuando la existencia reventó del todo
produciendo
la gigantesca explosión de vida
de la que tanto se ha escrito.

No volaban palomas en el Cámbrico

Éramos simples
Cordados los Humanos
por aquel entonces tan remoto,
pera ya nos reuníamos los afines
para compartir el avance
de las fuertes
y arraigadas afinidades.

No volaban palomas en el Cámbrico

Existía Ilha Vitória, aún sin nombre,
cuando Espírito Santo no era más que un campo
sin frutos;
y el continente entero,
macho posesivo,
trataba de completar la vastedad de su cuerpo
a hurtadillas nocturnas
palpando y palpando.

Se deslizaba mansamente,
todavía ingenuo
el primer atardecer
de una solemne primavera
envuelto en sosiego indescriptible
roto, de repente,
por el ritmo inarmónico
del incremento
exagerado de especies.

En lo más alto
de un florido promontorio
que alguno de nosotros denominó Penedo,
estábamos cuatro líricos épicos sentados en círculo
cordados entusiastas del equilibrio y la armonía:
cuatro poetas intentando
interpretar una música espontánea
que acordamos nombrar
Jazz.

No volaban palomas en el Cámbrico

Joaquim Machado, ángulo recto su rostro,
cerrado por la semicircunferencia del pelo,
tenía facilidad de palabra, le interesaba todo,
admiraba la belleza,
venía de abajo
y sabía.

Cecília Meireles, luz y miel en la mirada,
ni alegre ni triste como decía ser,
reinventaba la vida apoyada
en un tronco bien desarrollado
de sapucaia;
y observaba
con cariño maternal el incesante
crecimiento de las infantiles briznas
de hierba,
todopoderosa fuerza disgregada.

No volaban palomas en el Cámbrico
y Cecilia lo sabía.

Castro Alves, soñador enamorado
de la libertad colgada de los árboles,
recitaba poemas sociales a Cecília
en el pabellón hospitalario de la oreja
izquierda
sin resultados amorosos visibles.

Sobre la cima vegetal
-en el ya Penedo
cerca de la aún no Vitória,
ya Isla acogedora, sin embargo,
vigilada de cerca por el continente
pleno de amor, enamorado;
en el atardecer sereno
roto por la indómita perseverancia
reproductora,
nos fuimos pasando la trompeta
de quien sería, andando el tiempo,
mi amigo Satchmo,
los cuatro épicos líricos
que compartíamos
fraternos,
íntimos
la irreprimible pasión creadora.

Nada más nacer la palabra,
allá en el Cámbrico,
fue la poesía;
y en cuanto la poesía fue,
fue el Jazz
y fuimos
los intérpretes más apasionados que el Universo
ha conocido.

Cecilia Meireles
sonriente
se puso en pie.
¡Ah, la sonrisa de Cecilia,
amanecer de amaneceres!
Y con firmeza desgarró la blusa que cubría su seno
y de su seno níveo volaron cien palomas
mil
diez mil
dispersándose por los cuatro horizontes
sus poemas.

PSde J, Vitória ES, hace mucho, mucho, tiempo.

 

10.. Trabalhos do tradutor

Tinha trazido ao castelhano
desde o idioma português vários centos
de poemas, filhos de muito diferentes
bardos;
por isso me atrevi com um dos grandes:
Carlos Drummond
de Andrade e seu audaz
e celebrado
“A Máquina do Mundo”;
pilar do Modernismo neste
Brasil
de meus desvelos.

“…se foi miudamente recompondo,
enquanto eu, avaliando o que perdera,
Seguia vagaroso, de mão pensas.”

Cheguei ao ponto morto,
certamente,
na postrema estrofe, pedra angular
e fechamento do poema.
Mas stricto sensu
a dificuldade,
insuperável por então,
de mão pensas
premeditada falta de concordância
estava nas três palavras
últimas.

“Y como mis pies palparan suavemente
una carretera de Minas, empedrada,
y en la aldaba de la tarde una campana ronca…”

Me animou o princípio, confesso-o,
e me crendo
capaz de traduzí-lo inteiro
continuei carregado
de optimismo contagioso:

“…la máquina del mundo se entreabrió
para quien de romperla ya se arrepentía
y solo por haberlo imaginado lagrimaba.”

Pressentia a minha imodéstia
algum inconveniente
dos considerados menores.
Nada ni nadie iba a suponer obstáculo bastante
para que, mi fuerza expresiva, expresara
-raíz y tallo nutriéndose, armonía encadenada-
lo mucho que mi inteligencia compartía.

“Arrancó suntuosa y reservada,
sin emitir un sonido considerado impuro
ni un resplandor mayor que el soportable…”

Progresivos
sonido y movimiento, amanecían
martes y miércoles unidos,
jueves y viernes de la mano
y yo me las prometía
tan felices.

Desconhecendo ainda
o que agora sei, minha intuição
apagava: Se abrió, para escrever
em seu lugar: Arrancó:
palavra-chave.

“…esa exégesis integral de la vida
ese vínculo inicial y único
que no llegas a interpretar pues tan arisco…

Filosofía, metafísica, teosofía, naturalismo,
sociología, sicología: entiendo al hombre
en su conjunto y en las partes:
homo homini lupus; amor, primera fuerza
metafórica:
estoy bien preparado:
me dije: exégesis sin duda tiene ahí su hueco.
Sé adónde voy?:
no estoy seguro, pero he soñado el sendero.

“…y la gloria de los dioses y el imponente
sentimiento de muerte, que florece,
en el mástil de la existencia más gloriosa…”

Exultante estava e convencido
de minhas instáveis reservas, ente eu
que se autoalimenta
alimentando a própria dúvida;
já, sexta-feira dia nove,
pouco antes
das duas da manhã,
desconhecendo que numa noite de insónia
posterior,
o laberinto de mão pensas
pensando e repensando
me ia mostrar sua saída.

“…como olvidados credos requeridos
pronto y vibrantes no se dispusieran
a colorear de nuevo la cara neutra…”

Presto y fremente:
pronto y vibrantes: pluralizo;
mas mãos pensa segue martelando a minha cabeça
porque perguntada R^Bomfim,
temporalmente lisboeta, não
me pode fechar uma mão,
nem o dicionário Priberam, sempre tão
atento a minhas necessidades;
recorro a Mario
também Andrade de apelido,
a suas cartas cruzadas com Carlos,
e não está nelas a saída.

A Ester Abreu voy, último recurso,
y de su respuesta rauda y precavida,
minucioso análisis de las palabras,
infiero una posición de duda sobre la fiabilidad
del texto de partida.
Incorporo la incertidumbre a las posibles soluciones;
y decido escribir: “olvidados credos requeridos”
como versión del verso al que,
por el momento, llego.

“…pasara a dirigir mi voluntad
que, ya de por sí inestable, se cerraba
semejante a esas flores indecisas…”

Descobria admirável o nexo literário,
o ritmo, a paixão,
a veemência sujeitada; mas na amanhecida
me intrigava mais ainda
o sentido exato que o poeta
quis dar às indômitas palavras
de mão pensas, sua concreção abstrata.

Me encontraba en punto muerto
esperando una resurrección imposible
o un entierro profiláctico, cuando
la primera luz de la alborada, en otra noche,
avivó mi mente trasladándome,
infante, a mi pueblo;
época agitada do traçado
dessa breve estrada que vai de Valdepero
a Valdeolmillos:
povos limítrofes separados pelos montes
de azinheiras.

Allí el burrero y su reata de asnos,
serones repletos de rocas;
allí los pedreros, que
con sus martillos largos
machacaban peñas, alisando;
allí los peones con sus paladas de tierra,
allí la máquina aplanadora,
apisonadora por buen nombre:
férreo cilindro macizo la rueda delantera
destinada a compactar el suelo,
transformando
tierra y piedra sueltas
en calzada resistente.

Isso era, aí estava o quid.

Esclarecido e esclarecedor
compreendi que podia retirar da engrenagem o pau
na tradução de “A Máquina do Mundo”.

La acompasada voz silente de la cachazuda máquina,
vino a mí: atrás y adelante, adelante y atrás,
guiada por un operario experimentado,
sutil e inteligente,
que se hacía preguntas y respuestas,
iluminado en la noche
por un fanal sereno,
y en los descansos muchos
bajaba a tierra para palpar con el pie el empedrado
o apoyaba, pensativo, en el timón
los brazos cruzados, las manos sobrepuestas,
observando los trajines de los demás oficios
desarrollados a sus pies.

Ainda habitava eu a dúvida, quando Carlos Machado,
poeta difusor de poetas, grande pesquisador de Drummond
com firme conhecimento de causa,
me enviou o carinhoso e esclarecedor aviso:
“Essa falta de concordância não existe:”
as edições certas incluem o “s” de mãos.

Assim que eu havia sofrido sem ração verdadeira
porque nesse verso postreiro
Drummond escreveu
inequivocamente:
seguia vagaroso, de mãos pensas.

Saturados de murmullos: “hálito, eco
o simple sacudida”, mis oídos internos,
lleno yo de un vigor intuitivo
destinado a seguir vertiendo
al castellano
esas “verdades más altas que tantos
monumentos erigidos a la verdad;”:
esclarecido o mistério das três robustas palavras,
últimas do vibrante poema,
adoptei a decisão de terminá-lo assim:
“…poco a poco se fue recomponiendo,
mientras yo, valorando lo perdido,
permanecía indolente, mano sobre mano.”

PSdeJ, Itabira, Oro Preto, Nova Era, 2013

 

 

 

G.-Divergencia
1—Barbarie
2—La unión y la fuerza
3—Globalization
4—Vengo a decir
5—El sueño del esclavo
6—Las madres famélicas
7—Los operarios muertos en el tajo
8—Tirano Banderas

 

1.. Barbarie

Ayer,
tan sólo ayer,
realidad insoslayable
-llueve sobre Madrid, doce de marzo
el terror escogió trenes repletos de obreros y estudiantes,
para exhibir su monstruoso gesto enmascarado.

Esperaron ocultos los sicarios a los más madrugadores,
a los forzados a vivir lejos del lugar de su trabajo,
y cuando los tuvieron hombro con hombro, comprimidos;
cuando la densidad de población llegó a su límite más alto,
sirviéndose de los últimos avances de la técnica,
provocaron violentas explosiones,
estruendos, llamaradas, fogonazos.

En la apocalíptica
escenificación del último desastre,
los esbirros del terror atacaron a la sociedad en sus cimientos,
estallando bombas repletas de fanatismo y de barbarie.
Perseguían el número,
la turbamulta, el enjambre,
el humano hormiguero;
caja de resonancia de su falsa razón inconfesable.

En un instante el caos confundió las mentes
los cuerpos fueron acericos agujereados de metralla,
lavaron el suelo litros y litros de sangre efervescente;
raíles retorcidos y chapas seccionadas
arrancaron de los cráneos la esencia inteligente;
y un desgarro de gritos
huyó por las gargantas abiertas en los vientres.

Incapaz la piedra, incapaz el árbol,
incapaces el lobo y la serpiente,
el tiburón y el leopardo;
fueron infrahombres fragmentarios, residuales o cocientes,
los únicos capaces de concebir tales estragos.

En nombre de qué ofensa inexcusable
prepararon los potentes explosivos,
en nombre de qué dios o de qué patria colocaron los cables,
sabiendo que a esa hora y en ese concreto espacio
no iban a encontrar culpables.

Sin embargo,
más allá de la muerte conseguida,
fracasaron;
más allá de comportamiento tan abstruso y tan cobarde,
se mostraron incapaces de impedir que el cuerpo solidario,
llevase su mano a taponar la herida inabarcable.
Ayer, tan sólo ayer -llueve sobre Madrid, doce de marzo-
el terror reventó trenes repletos de obreros y estudiantes.

PSdeJ Madrid, 12 marzo de 2004

 

2.. La unión y la fuerza

Chubasco,
chaparrón,
nubada:
se oye el murmullo de la lluvia en los cristales,
dilatadas pupilas de la casa;
rítmico repiqueteo,
monótono,
insistente,
furioso en ocasiones,
sosegado a veces.

Como si se tratara de esas aves viajeras,
que emprenden el periplo migratorio,
preludios de invierno o primavera;
como estorninos dispuestos a iniciar sus vuelos acrobáticos,
las diminutas gotas
se esperan atadas
las unas a las otras,
sobre las tejas del tejado,
al vidrio asidas, sujetas a las resplandecientes hojas
de los chopos erguidos en el llano.

Porque la ley que reprocha su conducta,
restringe valiosas libertades,
las gotas reclaman su derecho a reunirse
para formar gotas más grandes.

Cuando su número basta,
y llega al peso crítico el volumen congregado,
ventana abajo se deslizan raudas
pared
o tronco
abajo,
hacia la horizontal impávida,
tonos grises o pardos.

Refresca el bochorno dominante,
el aire aligera su presencia
y en el precipitado ataque,
recelosas se estrellan
-tierra, piedra o follaje-
contra un suelo que opone menguante resistencia.

Cesa el repiqueteo, el susurro acompasado declina,
y las gotas gruesas
-suma de la suma de las más exiguas-
extenuadas, abatidas, enfermas,
reúnen en charcas dispersas sus fuerzas rendidas.

Llegan de aquí y de allá, de todas partes;
se juntan, forman balsas y lagunas,
se multiplican, rebosan, invaden,
y en la reguera gestante de hostilidad y furia,
incorporan el valor a una marcha imparable.

Descienden por la calle empujando obstáculos,
rompiendo presas, abriendo caminos estrechos,
canales amplios,
izando
cayados,
hoces,
horcas;
con el bronco canto
de los rebeldes
que aran profundo
su
propio
surco.

PSdeJ Barcelona, septiembre de 1966

 

3.. Globalization

Pude ser tu cómplice
en la cuadratura del círculo
y del triángulo
isósceles.

Usa, China, Japón, Alemania

Pude estar contigo
cuando rabia y osadía,
se unieron a tus escasas fuerzas
frente al brutal atropello dominante.
Desproporción social:
acumulación, despilfarro y hambre.

Palestina, Sierra Leona, Burundi

Debí estar
contigo
en defensa de la cosa pública
puesta entre paréntesis por la rapiña privada.
En una parte
lo común y, enfrente,
el individuo aislado nutriendo su insaciable egoísmo.
Belleza acorralada de las flores,
de la ternura, de la solidaridad fraterna,
bajo un cielo de pólvora
sobre una canción protesta.

Tayikistán, Suazilandia, Mozambique

Pude ser tu cómplice
pero no supe calibrar
la ciclópea fuerza de tu ira
brazo izquierdo
bañado en el óleo inconformista,
rebelde,
sangre de fragua,
templando el acero
de la espada.

Honduras, Surinam, Guatemala

Ahora es tarde, me dices,
languidece la queja
entregada a la obediencia sumisa.
El Papa
tararea mi canción, dice sin hacer
lo que dice; y la tiranía sigue
aquí y allá,
sana, salva y próspera.

Somalia, Etiopía, Bangladesh

Debí estar contigo contra quienes
acumulan riquezas,
genuinos agujeros negros, imanes que atraen
todo cuanto existe;
servidos por legisladores a sueldo,
sacerdotes del dios dinero,
mercenarios de la inteligencia estéril
y de la justicia sorda.

Haití, Liberia, Moldavia
Pude estar contigo y me duele no haber estado.
Pude ser tú cómplice contra aquellos
que borran cualquier risa, cualquier goce,
verdugos sin conciencia ni piedad,
que día tras día
desangran corderos humanos.

Chad, Zimbawe, Zambia

Debí ser tu cómplice, porque me duele mucho,
mucho, saber
que para vestir a un rico
hace falta desnudar a mil, dos mil,
diez mil pobres;
que con lo que cuesta adelgazar a un rico
se pueden alimentar mil, dos mil
diez mil hambrientos;
y que para educar a los niños
en los modos democráticos,
además del imprescindible ejemplo
hacen falta excelentes profesores
libros y cuadernos.

PSdeJ Gran Bretaña, Francia, España, Israel y Marruecos

4.. Vengo a decir

No vengo a pedir favor al poderoso,
no pretendo llenar la escudilla del hambriento,
no busco alargar su sufrimiento
estirando la agonía y el oprobio.

Vengo a decir lo que deben callar los desnutridos
los que juntan unas pocas monedas cada día
los que disputan a los perros la comida
y beben en los charcos ponzoñosos del camino.

Pasto de moscas
y ojos enormes
de mirar desorientado;
los hijos de las madres famélicas nacen raquíticos
hospedan en el vientre un vivero de gusanos
y aferrados al pellejo de los pechos como a odres vacíos
a razón de seis millones cada año
mueren de hambre y desabrigo.

Porque las carencias de los necesitados
arrancan de la mala distribución de la abundancia,
rechazo el inicuo reparto
de la riqueza generada.

Porque germinan
las funestas diferencias
en la codicia de la propiedad privada,
rechazo la propiedad insatisfecha
que atesora y acapara.

Porque intelectuales desalmados se sirven de la filosofía,
de la literatura y del arte
para ayudar al dinero sin reparos
dando la espalda a quienes sufren hambre
rechazo el pensamiento mercenario.

Exijo leyes
que impidan el acopio de dominio,
magistrados que antepongan la equidad al ideario
tribunales que condenen derroche y desperdicio
una justicia que nivele los escasos derechos de los pobres
con los exiguos deberes de los ricos.

PSdeJ Madrid, abril de 2018

 

5.. El sueño del esclavo

Del otro lado del muro,
viene su queja:
Imitando a la garza,
me llama la negra.

En el barracón de machos,
responde mi cuerpo, estrechándose:
serpiente humana
por entre los catres
.
De las ventanas altas llega
la tenue claridad de la luna,
ante la puerta cerrada los vigilantes vigilan
y la jauría aúlla.

Segismundo es mi nombre,
y vivo esclavo en el ingenio de caña
levantado a unas leguas
de la ciudad de La Habana.
.
Finaliza el año
mil ochocientos cuarenta,
noviembre ya mediado;
y tengo, por fin,
mis derechos frente al amo.

Me iniciará en Religión
para que pueda recibir el bautismo
y ser adoctrinado:
porque el hombre fue hecho
a imagen y semejanza del Creador amado,
patrón de patrones y capataz supremo
ese Dios blanco.

Los domingos y fiestas de precepto,
después de misa trabajaré dos horas
aseando la mansión de los dueños.
No más de dos horas, salvo que haya
tareas urgentes o estemos
en tiempo de zafra.

Debo obediencia a las autoridades,
reverencia a los sacerdotes, respeto a los blancos
y buena disposición con mis iguales.

Dos comidas tendré, o tres si hiciera falta:
ñame, yuca, seis u ocho
boniatos o bananas;
ocho onzas de carne o bacalao,
y cuatro de arroz,
menestra,
harina o frijol.

En mayo y diciembre recibiré un pañuelo,
camisa y calzón,
gorro o sombrero;
cada dos años chaquetilla de bayeta
y una frazada en enero.

Hasta echar los dientes
las criaturas recibirán comida ligera,
camisitas de listado,
y en las horas de faena
quedarán en el cobertizo
a la incumbencia
de una
o varias negras.

En días ordinarios, trabajaré nueve o diez horas
y durante la zafra, o si fuera preciso,
no más de dieciséis
por principio.

Me acompañará el señor
cuando deba salir de la hacienda,
o llevaré un escrito
que autorice la salida y describa mis señas.
Puede denunciarme cualquiera
si voy solo o no me ajusto
a la ruta marcada
en el salvoconducto.

Como castigo del mal comportamiento
sea por demasía
sea por defecto,
recibiré prisión, grillete,
cadena o cepo;
siempre en los pies, nunca en la cabeza,
y los azotes no pasarán de veinte
en la tanda completa.

Si una esclava de otra plantación
-como es mi caso- accediera a casarse conmigo,
la comprará mi dueño
junto con sus críos.
Y al casarnos en la Natividad,
pasaremos del barracón común a un bohío.

Todo queda regulado:
ya conozco la ley,
y sé a qué atenerme,
desde ayer.
De ahora en adelante,
cumplidas las disposiciones del Gobernador Valdés,
mi vida puede ser envidiable.

En las noches tranquilas,
después de rezar a Dios por las autoridades,
los sacerdotes,
dueños y capataces;
tras pedir por los blancos y los míos,
esos esclavos de color, sometidos e indomables,
soñaré que soy un príncipe abrazado a mi negra,
y si algún día, por buena conducta nos dan la libertad,
ocuparé el trono que me corresponde por herencia,
siendo yo el rey
y mi amada, la reina.

(Condiciones inhumanas, cualquiera diría,
pero lo triste es que hay trabajadores
que están siendo peor tratados en estos días.)

PSdeJ La Habana y Madrid

 

6.. Las madres famélicas

Piel de reseco pergamino, huesos someros
y una determinación muy firme:
las madres famélicas trabajan la tierra,
trabajan la casa, trabajan los niños;
y suben a sus machos
al más alto pico.

Mostrando su perfil más agresivo,
mirada provocadora, orgulloso pavoneo,
los machos se ocupan en la cumbre de asuntos de machos:
entelequias de machos,
delirios de machos, pendencias de machos,
escapadas de machos, y hasta muertes de machos.
Y las madres famélicas
imprecan contra lo divino y lo humano
portando a sus niños sin padre
en los endebles brazos.

Entereza y aguante, las madres famélicas,
reprimidas por el mudo estoicismo,
urgidas por la obstinada intransigencia,
trabajan el sustento,
trabajan la ropa y el cobijo;
abriendo su corazón magullado
a los oídos propicios.

Agobio y empuje, las madres famélicas
traicionadas por el engañoso destino,
trabajan la mañana, trabajan la tarde, trabajan los sueños;
y cuidan en la choza oscura a sus hijos
famélicos.

La mirada inquieta, inquisidora, profunda, selectiva
busca en la duda las terribles respuestas:
inquiriendo los enigmáticos porqués de la vida,
escudriñando los pliegues ocultos de la dura existencia
hasta averiguar lo que sigue a la muerte y la culmina.

En el duro suelo
agonizan los frutos agraces
de su fértil seno
y las madres famélicas de mirada ausente
sin machos ni esperanza, con muchísimo respeto
recogen en sus bocas sin apenas dientes
los infantiles suspiros postreros,
abren tumbas en los propios vientres
envientran a los hijos muertos,
y desecho entre desechos abrazan la muerte.

PSdeJ En el Tercer Mundo de todos los países

 

7.. Los Obreros muertos en el tajo

Uno,
dos,
siete,
treinta y cinco;
seis mil ochocientos cuatro,
doscientos treinta mil trece;
es el conteo incesante de una realidad trágica,
la estadística incompleta de los obreros muertos en el tajo,
el sumario de la necesidad humana,
la prueba del nueve del progreso social.

Las funciones lineales, los índices y los intervalos
nacen de un pacto entre el poder y los números;
y los obreros muertos en el tajo
pueblan la realidad bastarda de los análisis cuantitativos,
de los diagramas de flujo, de las hojas de cálculo
y de la probabilidad elemental.

Pero dónde están los huérfanos,
dónde las viudas de los obreros muertos en el tajo;
qué ocurre con los padres y hermanos,
qué hay de los familiares, de los amigos y compañeros;
y de todos cuantos amamos aquí, allá y acullá,
a los obreros muertos en el tajo.

Multitud dispersa,
nos cierra su puerta la estadística.
Quedamos fuera del cómputo de mutilados,
de los gráficos aritméticos,
de las hojas de cálculo y de las previsiones excedidas.

Miembro activo de esta sociedad
cada vez más desnivelada,
trabajador de la pluma y de la difusión de ideas,
yo, Pedro Sevylla de Juana,
solidario con el segmento de población más desprotegido,
exijo mi inclusión en el recuento de perjudicados,
en las curvas de frecuencias,
en las oscilaciones
y en el inventario de cifras: uno, dos, siete, treinta y cinco;
seis mil ochocientos cuatro,
doscientos treinta mil trece;
junto a los obreros muertos en el tajo.

PSdeJ Cualquier País del Primer Mundo

 

“Yo quiero apagar la guerra con un soplo”
escribió Ramón del Valle Inclán en Tirano Banderas.

8–Tirano Banderas
Poema de Pedro Sevylla de Juana

Y lo ves con barba de unos pocos días
eterna y bíblica, de condenado condenable,
barba azul y blanquecina mal pintada
cantando frente al sol en los jardines públicos
a favor del viento
huracanado y los sunamis,
de la depredación humana:
Homo homini lupus Man is Wolf
to man L´homme est um loup pour l´homme
O homem é lobo para o homem
y lo ves lupus wolf loup y lobo com pelagem
cinzenta amarelada
firmando sentencias de muerte
en los presupuestos que quitan
dinero a los asuntos importantes de la gente
los de la supervivencia humana
a punto de pasar a bestia desnutrida.

Y lo ves con barba dispersada
y un tic de párpado que miente
a sabiendas cuando dice
patria
abanderada patria
fosas comunes
en vez de fecundos canteros de labor
comunes, en vez de escuelas públicas
y bienestar para todos
y carreteras y caminos y playas
públicas
y dineros
públicos
justicia distributiva.

Y lo ves con barba rala de crecimiento desigual
mechones despegados en las noches de insomnio
pensando, maquinando sus planes de acumular recursos
para una guerra final de ricos contra pobres.
Vienen noches de eclipses de Luna
arrancada del cielo de todos
para iluminar enormes salones en palacios
de afortunados herederos del suma y sigue familiar,
banqueros acumuladores del producto
del trabajo ajeno
fabricantes de armas para alimentar
las guerras que los enriquecen
reyes de su propia baraja
comerciantes de venenosos pesticidas inundando la tierra
y las aguas de muerte póstuma,
espolvoreando conservantes, potenciadores de sabor
y colorantes
en los alimentos diarios de la multitud consumidora.

Y esa frente indecisa entre dos males mayores
trama, urde, maquina persecuciones nocturnas de enemigos
que hablan, escriben, pintan, cantan acusaciones
que la ley reguladora de la expresión de ideas,
escrita a su dictado en el momento oportuno,
prohíbe.

Y lo ves con barba deslucida, tic de párpado
acusador y calcetines desgastados
boca en retruécano involuntario
y un hueco en el lugar abierto
lado derecho del cobarde
pecho
triángulo invertido, registrando propiedades
comunes firmadas, a falta de escritura,
con una cruz de palos desiguales.

Ahí está buscando apoyos
mesándose la barba estática
a la espera esperanzada de que el tiempo
encuentre los sumandos y los traiga de la mano,
gemelos idénticos que no desean parecerse,
sectarios pensadores asegurando
que la conjunción de dos o tres estrellas
convierte a la autocracia en democracia.

Y lo ves desorientado
barba de ceniza que lleva siglos apagada
en su rostro muerto, en el agujero vacío de su corazón
sin sangre ni afectos
mientras se va envolviendo el mundo en papel moneda,
agoniza el interior famélico
y yo quiero apagar la guerra de un soplido
como escribió aquel gran manco, tan diestro, en su novela
primera de la estirpe de tiranos
titulada Tirano Banderas.

PSdeJ El Escorial a 22 de febrero de 2018

 

 

H.-Universalismo
1–El Gran Rostro
2–La Ley de Gravitación Universal
3–El Grito del Universo
4–El vuelo del velero Nueva era

 

1.. El Gran Rostro

Vi el rostro que intento describir,
cuando el rostro imaginado
se acercaba a mí por vez primera.
Apareció abriéndose, desperezándose
como recién levantado del lecho
en el sueño más profundo.

Sus ojos veían en mis ojos. ¡Ah! Sus ojos,
vigías informándose de la marcha
de los acontecimientos:
agujeros negros enjalbegados,
supernovas antiquísimas,
galaxias desespiralizándose

Sus ojos,
miríadas de kilómetros entre ellos
kilómetros y kilómetros ellos,
estética apreciada desde distancias siderales.
Sus ojos, hogueras vehementes,
iluminaban el entorno cercano
y el más arcaico:
pasillos opuestos de su laberinto,
imposibles escaleras que remontan
hacia abajo y descienden remontando.

Iluminado el laberinto,
los ojos iluminaron la planicie extensísima de la frente
radiante de reflexiones emocionales
de búsquedas en miles
de recuerdos someros y proyectos bien perfilados,
en miles de probabilidades aleatorias
unas existentes y otras, aún, inexistentes:
palabra y amargura, tósigo y antidotario
hidromiel,
néctar y ambrosía.

Iluminados laberinto y frente
los ojos iluminaron los labios
carnosos, carnales;
-besos que mis besos desearon besar-
boca anunciando el baño matutino de la sonrisa
incierto, misterioso, gesto entre inocente y lúbrico,
agua de cristalinas profundidades.

El amor es una catarata ascendente:
escribí al margen:
sabiduría destilada en el alambique de los tiempos
alborada del primer instante
de la creación imperfecta de imperfección perfectible,
y así lo confirmaba la piel tersa
cuando el ungüento de la belleza iba
embelleciendo
los poros y las células del rostro,
incendiario esplendor de la mañana deslumbrante.

Años luz, siglos luz,
milenios luz
distanciándose de sí mismos
con la velocidad vertiginosa del pensamiento,
para dar la vuelta al llegar
al elíptico término fingido.

Iluminados laberinto, frente y labios,
los ojos iluminaron la palabra:
pétalos de rosa mecidos por el viento céfiro
polen adherido al largo pico del colibrí capixaba
a la lengua bífida de los crótalos,
Fiat mágico que todo lo dibuja,
mosaico de letras uniéndose y desplegándose,
vitrales filtrando el arcoíris de la pasión humana
rocío de la saliva rociando el liquen
hijo de hongos y algas unicelulares
fuente inicial de la evolución innovadora.

Sentí, intuí, percibí el rostro enmarcado por los cabellos
cuando el rayo primigenio alumbró el espacio todo,
desde las espigas de avena en la meseta de mi niñez,
Valdepero cereal y humano,
hasta la amenazada biodiversidad de la mata atlántica,
ipês, paus de Brasil, açaís y coqueiros reunidos en coloquio
con animales, vegetales y piedras
sobre el futuro de la Naturaleza.

Algo más aletea en la infinitud:
una cortina de cabellos inúmeros
que el viento imagina bandera:
tenues, cálidos, acogedores.
Quisieran mi nariz y mi boca ararlos,
surcarlos, navegarlos;
territorio de promisión confinando el rostro,
inacabado e inacabable.

Deseo recorrer,
lengua húmeda de los delirios humanos,
la tentación rosácea del cuello,
el convite reservado de la nuca,
reverberantes cavidades de los oídos
lóbulos complacientes sensibilísimos.
Deseo internarme, espeleólogo yo, en la profundidad
absorbente de la boca
para alcanzar el centro ígneo
y el umbral de los impulsos cordiales,
realidad opuesta a lo pensado
que va ajustándose día a día a su patrón,
equilibrándose.

Energía el rostro llevada a la materia: nació,
creció ser vivo, vivificante,
aminoácido esencial, protozoo,
danza acuática de cilios y pestañas, aletas, alas,
extremidades futuras destinadas a la armonía de los giros,
de las piruetas en el aire inmóvil agitado,
mar y cielo rompiéndose en arterias,
en sangre alada,
comprometida con la fundación de colonias,
ninfas, faunos y atletas incansables
que recorren la inmensidad restableciendo y repoblando.

Palpan ese rostro, dibujándolo,
las pulpas de mis dedos, milímetro a milímetro:
solitario en los piélagos vacíos,
nacido y crecido en su propia voluntad.
Mas no hay nada igual en el Universo
porque ese rostro ocupa el espacio infinito
y el tiempo eterno de mi imaginación creadora,
porque ese rostro íntegro
es el imaginado
ROSTRO DEL UNIVERSO.

PSdeJ Plaza de Tirso de Molina, Madrid octubre 2014

 

2.. La Ley de la Gravitación Universal

Cuando mi desbordante imaginación
imaginó oír el primero de los tres avisos
–campanas celestiales repicando y doblando,
apocalípticos tambores y trompetas
capaces de llenar con su grito bronco los enormes
huecos del silencio cósmico;
y en el Planeta Tierra
los recursos humanos
todos
en poder de unos pocos
individuos inhumanos–
advertencias anunciadoras del fin del Universo;
mi desbordante imaginación sintió la necesidad
de disponer de un Ser sabio, justo y fuerte
que impidiese la continuidad del destructor proceso.

Entendí la explicación, al parecer, científica,
que la imaginación tuvo a bien confiarme
sobre el origen del fin universal,
y aquí la expongo:
Habiendo llegado a su término la expansión
de los casi infinitos cuerpos celestes,
alcanzadas unas distancias, entre sí, descomedidas,
la Ley de la Gravitación Universal de Isaac Newton,
–utilísima hasta entonces–
perdía sus efectos y, desorientados, estrellas y planetas,
comenzaron a chocar unos con otros
a velocidad exorbitada.

Algo había que pensar y muy aprisa
para evitar el cataclismo,
mientras se daba con una solución definitiva.
Se propuso, ínterin, poner en marcha
la Teoría de la Relatividad
de Albert Einstein, ya desarrollada.

Aceptada la propuesta
mi imaginación seguía a lo suyo:
conducir el rebaño de planetas
de regreso al punto original
es tarea de un Ser tan fuerte o más
que el Demiurgo Creador,
dormido al terminar
aquellas extenuantes tareas
de Arquitecto Universal.

Me pareció laudable su intención sustitutiva,
Pero, me creí obligado a advertir
que un Ser así se había imaginado miles de veces,
quizá millones, colectivo o individualizado;
disponiendo alrededor de él
una parafernalia envolvente, con apariencia
de caparazón de tortuga, tan pesado,
que lo impedía avanzar.

Veo necesario, en ese caso, respondió,
incorporar los conocimientos obtenidos
en los intentos anteriores,
y de la parte crítica de la humanidad
las lógicas alegaciones.

Luz será, expuso, ya puesta manos a la obra,
todo Él luz: un resplandor de máxima intensidad
que elimine la materia oscura
tan difícil de pastorear.

De arena será el Ser imaginado:
de arena recogida grano a grano de una playa de Vitória:
la amplia Camburi: hierro y carbón diluidos;
y de los arenales ásperos que, en Valdepero,
se encuentran detrás del Camposanto y la Ermita.

Arena todo Él, goteando por el orificio
central, unión separadora de dos conos opuestos
en posición mudable –aurícula y ventrículo–
continuidad, Él, del tiempo intermitente
en gigantesco reloj de arena contado y medido.

De esa manera
continuaba el proyecto mi imaginación,
desbocado ya su impulso creativo:
Un pozo de sabiduría será; de donde el hombre extraiga
innumerables calderadas.
Un libro grueso donde se pueda consultar
cualquier asunto,
cualquier fecha, cualquier significado
que cualquier persona, animal, planta o piedra;
necesiten conocer para un fin preciso
o impreciso, próximo o remoto.

Un recipiente capaz, una hondonada también;
para que el hombre arroje todos sus desafectos;
sumidero
de elementos
residuales.

Espejo espacial en el cielo nítido, charcos de lluvia
o láminas de obsidiana en cada trecho, será;
para que las criaturas animadas e inanimadas
puedan conocer como el Ser las ve en el momento;
de forma que cada uno sepa lo que puede esperar
del Omnipotente y corregir su propia andadura
si fuera necesario y así lo deseara.

Ya que no puede existir democracia representativa
en la elección del Ser, debido a su unicidad irrepetible;
Él mismo nombrará consejeros a personas capaces de añadir
la sensatez humana en las cuestiones
que a la Humanidad afecten: dijo,
asombrándome una vez más y más que nunca.

Serán designados consejeros aquellos
impulsores de la convivencia activa
que entiendan lo propio como parte inseparable
de lo colectivo,
rotación y traslación a un tiempo,
pensamiento y acción, sostén y desarrollo.

El fenómeno de aproximación y escape
tiene lugar a intervalos medidos:
todo lo existente yendo y viniendo,
la materia convertida en energía
concordando en un solo punto,
esfera ingente y mínima,
a la espera de una nueva Gran Explosión,
gobernada, por el Nuevo el Ser
con la ayuda -si se demostrara eficaz-
de la, ya entonces, incuestionable
Ley de la Relatividad Universal.

Refiriéndose a los actuales habitantes
del Planeta Tierra, la imaginación añadió:
recibido el primer aldabonazo,
para evitar el segundo
-apocalípticos tambores y trompetas resonando,
tañendo las campanas celestiales-
distribuirán inmediatamente los recursos
de manera tan injusta concentrados
en las manos de una minoría ínfima
de individuos inhumanos.

PSdeJ España, 2018

 

3.. El Grito del Universo

Mi grito es un grito de desasosiego
macho erguido y hembra valerosa
ciudad o campo abierto
calles, plazas y rondas
valle, ladera o cerro
las manos en altavoz sobre la boca.

Mi grito es el grito del día y de la noche
en este globo tan errado
siete mil millones de voces
fundidas en sonoro abrazo.

Mi grito es el rugido del tigre y la ballena
de seísmos y volcanes
el grito de la lava interna,
del viento que inflama las velas de las naves
el desgarrador alarido del huracán y la galerna.

Mi grito es el grito de la masa vegetal
grito de araucaria, encina y ceiba,
del cactus del desierto y la majagua del manglar;
un coro enorme que eleva
su voz descomunal

Mi grito es el grito de la tierra estable
y del líquido mar,
de las nubes cambiantes
y el azul desigual,
la queja suave
y el bramido estelar.

Mi grito es el grito animal
el grito de los vegetales
y de las piedras sin labrar.

Mi grito brota de la desesperación universal
y exige al demiurgo hipotético
sin nuevas perífrasis ni un pretexto más,
que aclare si la lucha imparable de lo falso y lo cierto
tiene algún sentido y obedece a un plan.

Mi grito es un grito total,
grito del Universo herido,
que no deja de gritar.

PSdeJ, Torre del homenaje, castillo de Valdepero, junio de2011

 

4.. El elevado vuelo del velero Nueva Era

Adnotatio Praevia:
Envié a varios amigos el poema que aquí va, y sus reacciones fueron muy distintas. Desde la de aquellos que pidieron plaza en el velero, para ellos o para otros; hasta la de quienes establecían cierto paralelismo con el viaje de Cristóbal Colón. Preguntaban detalles sobre el objeto del viaje y la marcha de la nave, y tuve que precisar ciertos aspectos inconcretos. El título, adecuado a más no poder, procede de mi amigo Remisson Aniceto, residente en São Paulo y nacido en Nova Era, estado de Minas Gerais. Renata Bomfim, una amiga, de Vitória, en Espírito Santo, experta en la vida y la obra de Florbela Espanca: “Um ente de paixão e sacrifício”, quiso que incluyera a la poeta portuguesa y, conociendo sus méritos sobrados, lo hice. Carme Esther, compañera de trabajo radicada en Barcelona, quería huir del economicismo imperante, de las enormes y crecientes desigualdades sociales, del deterioro insostenible del equilibrio vital; y tuve que habilitar cuatro plazas más, para ella, su marido y los dos hijos. Debo añadir que, Aurora, la capitana, nació en Salvador de Bahia de padre castellano y madre mediterránea. Por último, decir que mi Iberismo cultural, origen de mi Universalismo, me llevó de Portugal a Brasil, estados de São Paulo, Rio, Minas, Bahía, Pernambuco y Espírito Santo. Allí, en ES, Montanhas Capixabas, surgió de mi mente el poema que dibuja el rumbo seguido a través de los elípticos campos siderales, y la llegada a la Tierra Prometida.

Un barco de vela de tres palos, cuyo nombre
es Nova Era,
impulsado por el viento cósmico
que origina un agujero negro,
abandona el Sistema Solar para dejar
en unos días
muy atrás la Vía Láctea.

Resuena “El Universo”, sinfonía imposible
compuesta e interpretada
por ciento veinte músicos de la familia Bach

Los palos Trinquete, Mayor y Mesana,
de aleación tan ligera e inalterable como el casco,
proporcionan confianza a Aurora Maris,
la capitana más intrépida que engendró
Naturaleza;
indómita mujer,
forjada en la aventura marina
al circundar La Tierra por los siete mares
comerciando en sedas y especias,
con ese barco sin remos ni cañones
que, al navegar,
sencillamente,
vuela.

Se oye en la inmensidad Blue Train, de John Coltrane

Olavo Bilac y Florbela Espanca, de lengua portuguesa;
Odiseo, el esperado, y su amada Penélope;
Erik, llamado el Rojo; Virgilio, Confucio, o Rei
dom Sebastião, Jules Verne, imaginativo practicante;
Maria Skłodowska, científica;
la maestra, poeta y diplomática Lucila Godoy,
el enorme Picasso, Galileo, uno de los grandes
del Renacimiento; y el escritor romántico
José Ignacio de Espronceda, son algunos
de los treinta y dos buscadores de un planeta
despoblado, dotado de agua y vida,
en el que puedan respirar, alimentarse,
reír y soñar;
donde la humanidad amenazada
consiga comenzar de nuevo,
trocando las pistolas y espadas de las panoplias,
por flautas, plumas de cálamo partido y pinceles.
Donde la filosofía, la investigación
y la docencia sean ocupaciones aventajadas,
los beneficios fabriles y comerciales respeten el ambiente
y permanezcan ajustados, se restrinja la herencia,
y los salarios mínimo y máximo caminen
de la mano.
Una sociedad que reciba más
del más capaz,
y entregue más al más necesitado.

Suena envolvente Money Jungle, de Duke Ellington

Animales y plantas ocupan
la parte central de la bodega, bajo
la claraboya que tamiza la luz cambiante.
Se proponen los viajeros salvar esa vida:
huevos, embriones e individuos adultos,
de una extinción segura, alimentándose
con su crecimiento: retoños, ramas y frutos.
Y en la preparación de las personas,
a más de conocimientos de navegación
y sicología de la convivencia, hubo lecciones
de latín para entenderse, y prácticas
de un lenguaje de signos.

Resuena What A Wonderfull World, de Louis Armstrong

Viajando a la velocidad del Viento, tercera parte
de la que alcanza la Luz,
las velas múltiples y diversas,
deben resistir el empuje, y son
de ese nuevo material que dicen grafeno.

Circundante llega el sonido de
Round Midnight, por Ella Fitzgerald

Valiéndose de los imaginados mapas astronómicos,
sin timón que sirva a la derrota,
ni previsiones atmosféricas donde no hay atmósfera,
la pericia de Aurora gobierna las velas, la nave
y el rumbo en las aproximaciones
a los planetas de los distintos tonos del color azul.

El sonido muda a Summertime,
interpretado por Ella Fitzgerald y Louis Armstrong

Entre la constelación de Orión
y la estrella Sirius
durante un mínimo instante los tripulantes perciben,
imagen y semejanza del hombre,
al Demiurgo andrógino
acostado en suave lecho de nubes,
roncando acompasadamente
su sueño sin fin. Grandes, muy grandes
la cabeza, el cuerpo y las extremidades,
dotados de espléndida belleza. Ojos límpidos,
piel tersa en la desnudez luminosa que muestra.

Se escucha Birth of the Cool, de Miles Davis

Constatan los tripulantes
que el reloj terrestre de la nave marca quince años
de navegación, y ellos no envejecen.
Piensan que avanzando como avanzan
-tiempo y espacio-hacia el momento crítico
en que la materia comenzó a expandirse
una vez más,
los lapsos transcurren de distinta forma.

Llena las proximidades cambiantes Rhapsody in Blue,
de Gershwin y Whiteman

Calor o frío insoportables, empujes laterales
subidas o bajadas bruscas, tormentas silenciosas
tuercen el rumbo cien veces, mil quizá,
y al temor a un catastrófico naufragio
oponen los tripulantes la firmeza
de su voluntad humana y el afán
de supervivencia.
Cada navegante realiza una tarea
acorde con sus capacidades y deseos,
de forma que el progreso depende
mas de ellos que del azar,
grato e ingrato.

Benny Goodman interpreta Sing, Sing, Sing

El premio a la resistencia heroica es la placidez
entrecortada, la belleza luminosa incomparable
vista en las fotografías, miles, que llegan
a la pantalla de grandes dimensiones,
y a través de los ojos de buey, ventanas
y escotillas transparentes.
El atractivo de los paisajes sucesivos,
la cambiante complejidad cromática y formal,
el vértigo de lo que viene de frente
escapando por los lados in extremis,
no es algo sentido antes por ninguno
de los arriesgados tripulantes.

Se oye a Django Reinhardt en Sweet Georgia Brown

Armonía, equilibrio, deslizamientos
piruetas lógicas e inesperadas
derivaciones, despliegues, hermosura
del contraste,
líneas puras e impuras sirviéndose, actualizándose,
Crepúsculos y Amanecidas destilando emociones,
Poesía, Pintura y Música creándose y recreándose:
El Velero Va.

Darius Milhaud interpreta La Création du Monde

Sueño y despertar, ilusión y desilusión
se siguen en los ánimos, el temor y la esperanza.
Recoger trapo al llegar a un planeta ligeramente azul
para acercarse y recibir fotografías de conjunto
y de detalle,
proporciona expectativas que se rompen
cuando la aridez encontrada obliga
a seguir rumbo con todo el trapo desplegado.

Se entrelazan Ebony Concerto de Igor Stravinsky
y Jazz suite número 1 de Dimitri Shostakovich

En un momento de fortuna, después
de cien avistamientos infructuosos,
en la claridad promiscua de la pantalla
puede verse un planeta azul y verde, de una belleza
extraordinaria, única.
Y desgarra el silencio la voz enérgica de Aurora Maris:
¡Todos a sus puestos! ¡Maniobra de aproximación!
Arriad la mayor -refiriéndose
a las velas- la mesana, la trinquete.
En la acción, rauda, desencadenada de improviso
se oyen términos marineros de oculta belleza: verga,
cangreja, bauprés, arboladura, jarcia, botavara;
gavia y muchos más: sonoros y contundentes
como latigazos.

Suena Maurice Ravel, Jazz (pieza desconocida)
para Mme Révelot

Un sencillo mecanismo ideado por la capitana
en el Mar de China, para que un tifón elevara el velero,
permitía a las vergas de distinto mástil
alinearse a lo ancho y, a unas velas añadidas,
alcanzar la posición horizontal frenando la bajada
en un descenso acompasado.
La visión aparecida ante sus ojos, paisaje verde
de la superficie firme, y temblorosos azules
de los mares, pone a cavilar a los más inquietos acerca
de la elipse que su incierta derrota ha ido completando.
Las fotografías vistas, acercan
elementos tranquilizadores: agua en abundancia
y vida vegetal exuberante y diversa.

Comienza Concertino for Jazz Quartet and Orchestra
de Gunther Schuller

Circunvalando el planeta en el descenso,
ven montañas elevadas con penachos
de nieve, volcanes en erupción, seísmos,
vastos lagos, ríos caudalosos; pero no hallan
signos que revelen la existencia de vida animal.
En las proximidades descubren árboles
vigorosos crecidos sobre escombros, arbustos
ocultando a medias material de guerra debilitado
por el paso del tiempo;
troncos retorcidos que superan ruinas pétreas.
Y a poca distancia del mar interior elegido
para posarse, identificado por la mediterránea
Aurora Maris como el Mare Nostrum,
ven una torre, firmemente erguida,
reconociendo en ella, Aurora y algunos más,
la genuina expresión románica
de Sant Climent de Tahüll.

Estalla la alegría al contacto de la nave con el agua:
ignis fatuus de aparición impredecible y duración
muy breve.
“Alegría, hermosa llama de los dioses”, había
escrito Schiller.
Se escucha entonces en todo el Orbe
la “Oda a la Alegría”, cuarto movimiento
de la Sinfonía Novena de Beethoven.

Post Scriptum:
Regresada la nave, contado y oído el relato de la peripecia, pude pasar varios días viendo las fotos recogidas por las cámaras al llegar a la Tierra. Descubrí intacta la iglesia de San Martin de Frómista. Sorprendiéndome que, en el lugar de mi nacimiento, Valdepero, se apreciaran las piedras diseminadas de lo que pudo ser el poderoso Castillo y, ¡oh maravilla! la espadaña románica, sola ella en pie, de lo que fue la ermita de San Pedro y de la Virgen del Consuelo.

PSdeJ Montanhas Capixabas,ES, Brasil, 2015

 

 

I.-CONCLUSIÓN
1.. Poema dedicado a Pedro Sevylla
2.. El Poema Interminable

 

1.. A Pedro Sevyllla de Juana, en su centenario.
Escrito por PSdeJ102

Mi nombre de serie
es PSdeJ102, tres letras y tres cifras
constituyendo unidad, concretando,
señalándome como el individuo
que soy.
Soy materia y energía complementándose
metales extraídos en Luna, Marte o Mercurio
y una pila atómica con forma de corazón
que se reanima así
misma indefinidamente.

Nací desarrollada e inconclusa,
con capacidades humanas mejoradas
y, además, trabadas entre sí,
potenciándose,
archivo de conocimientos y memoria inmensos.
Soy
acción perseverante y firme,
imaginación que añade contenido,
y de la pila nace algo semejante
a la emoción y al sentimiento.

Máquina-persona soy,
aún capaz de renovarse
y progresar
siguiendo un patrón propio
que la experiencia dirige en beneficio
del conjunto social,
máquinas y personas sin distinción.

Me conmueve un inconveniente
que considero grave:
en mí, el avance
no podrá perfeccionarse con la rectificación
y el arrepentimiento.
Quisiera albergar la duda, me sentiría,
si cabe, más humana;
sin embargo, el ingeniero-máquina que me proyectó
hubo de seguir el cuarto fundamento
que considera la duda
el mayor peligro de autodestrucción
y el principio del fin de la especie autómata.

Aprendo de la obra que los humanos
fueron dejando grabada de muy diversas formas
y encontré, entre miles, el poema
“El elevado vuelo del velero Nova Era”
obra magna de un escritor de voluntad
y empeño, hijo,
precisamente,
de la duda que yo no tendré nunca.

Me refiero a Pedro Sevylla de Juana
ciudadano del Universo en fase de expansión,
ser racional principalmente
con una pincelada emocional bien marcada
que, no obstante, puede dominar
si llega a convertirse en un peligro cierto.

A él dedico este poema simple
primero de los muchos que he decidido
componer en adelante.
Para él estos versos en el día
en que cumpliría, de haber vivido tanto,
los cien años.

Es una muestra de mi gratitud
por su poético relato,
descriptivo del viaje inicial y elíptico
que algunos humanos
completaron a través del Universo,
periplo destinado a defender,
de los grandes depredadores, el modo
de vida terrestre
que aquí forjaron mujeres y varones
teniendo en cuenta al resto de animales,
a los vegetales y a los distintos
minerales existentes en cada momento y lugar.

Aquí quedan estos versos,
sencillos
por iniciales,
de agradecimiento limpio;
en este concreto día
en que cumpliría los cien años
el escritor Pedro Sevylla.

Escrito por la Máquina Humanoide PSdeJ102, en el Planeta Tierra el día 16 de marzo de 2046

 

2.. El Poema interminable

Buscando una luz que eternos enigmas esclarezca,
en el fondo incontable de la Biblioteca Nacional,
hallé inconcluso el Poema
que escribe sin descanso la vieja humanidad.
Hembra o varón emergidos de la bestia,
vigorosa mocedad, vejez debilitada,
cada uno de los múltiples poetas
lanza un grito de esplendor incandescente
o un vagido de tímidas tinieblas,
añadiendo al conjunto
sus líneas incompletas.

Contradictorios versos del hombre confundido:
en algunos duerme la madre,
los más liberan breves vuelos de plácidas palomas,
otros muestran afilados los cuchillos;
mientras que en numerosas excepciones
culebrean serpientes de extravío.

Hay cantos humanos atribuidos a Whitman,
americano del Norte como Eliot y Pound;
al sureño Neruda, al español Machado,
a un griego llamado Odiseas, a Yeats el irlandés;
al londinense Blake, a Ekelöf el escandinavo,
a los franceses Rimbaud y Baudelaire.

Hay poemas que dicen todo de los caminos borrados,
de los pasos perdidos,
firmados por Byron, Vallejo, Martí, Bécquer, Quevedo,
Maiakovski, Sena, Conde, Mistral, Apollinaire y Darío.
Y palabras que resuenan en la bóveda del cielo,
escritas por Rosalía, Camões, Pessoa, Rilke, Aleixandre;
Thomas, Hugo, Lorca, Manrique, Amado,
Ercilla, Juan Ramón o Montale.

He leído en Gilgamesh, Mahabharata y Ramayana,
profundos y espléndidos pasajes,
que continúan su relato en la Biblia o en los Vedas
y en las inmortales epopeyas de Homero, Virgilio y Dante.

A esas piezas bendecidas se arriman trozos ilegibles,
confusos, sin misterio;
alejados de la belleza,
a la emoción ajenos.

Pero basta examinar con atención el prolongado Poema,
de arriba abajo
y de izquierda a derecha,
para conocer el caminar errante de la tribu,
el zigzagueo,
la desencantada huida
y el esperanzado regreso.

Yo añado estos versos a los tuyos,
escritos en papel pautado,
en los blancos muros,
en el agua clara y en la suave arena;
para alargar el Poema interminable
que escriben los poetas,
conocidos y anónimos de todos los tiempos,
de todas las razas y creencias.

PSdeJ, Madrid, Barcelona, Lisboa y París; a lo largo de la vida

Fin