Hombre Utópico

 

Todo tiende al orden, todo tiende al caos;
y el leve peso de un grano de trigo,
lleva la indecisa balanza
al súbito desequilibrio.
PSdeJ

Si muere la Utopía
Pedro Sevylla de Juana

Hoy, cuando la esperanza es tan efímera
y vive en desencanto diluida,
¿quién ofrecerá un futuro codiciado
si muere la Utopía?

¿Quién descubrirá la poesía,
vedija entre las zarzas,
velero de papel a la deriva?

¿Quién pondrá imaginación en las pintadas
-ingenio de las frases-
que derribe barreras y murallas?

¿Por qué razón edificante la policía hostigará a los jóvenes,
qué gestas relatarán los abuelos a los nietos,
quién defenderá al pueblo de la acción de los políticos,
quién restablecerá el equilibrio descompuesto
quién hablará de la persona
qué será de la palabra compañero
quién osará trazar camino propio
quién se opondrá a los intereses de los más interesados
qué será de la pluralidad de vías
quién estará de nuestro lado,
si muere la Utopía?

¿Quién reducirá las insalvables diferencias
que separan halcones y palomas,
quién amará al hombre por su esencia quebradiza,
quién sembrará la paz, el perdón, la valentía;
el amor, la libertad, la convivencia,
si muere la Utopía?

¿Quién impedirá que den forma a nuestra arcilla
en moldes inhumanos,
los que hacen herramientas de las vidas;
quién acogerá las excepciones,
quién será de lo diverso garantía?

¿Quién nos librará de la ortodoxia,
quién nos sacará de la estadística,
quién sobrevivirá al sistema,
si muere la Utopía?

Acabo de consultar el diccionario de griego antiguo, aquel que usé en el curso preuniversitario para traducir la Ilíada de Homero. La edición es de 1954 y está compuesto por 1644 páginas con letra mínima. O sea, de confianza. Descomponiendo utopía en sus dos palabras originales, la primera, u, puede venir de ou o eu. No sé la que eligió Tomás Moro para dar nombre a su Isla. De ou, veo cinco entradas diferentes y varios significados: pues va desde símbolo de la letra ómicron, hasta el adverbio donde; pasando por distintas formas de negación según las circunstancias. Así que me inclino por eu, en castellano bien o bueno. La segunda parte no ofrece dudas, topia es una adaptación de topos, lugar. Así que, en mi opinión, Utopía sería El buen lugar.

Como concepto perteneciente al colectivo humano, esa sociedad ideal puede existir en algún lugar del Universo en estos instantes, o ser una tendencia general, un proyecto común hacia el que nos llevaban nuestros actos. En los alrededores hemos explorado todo; no está. Y más allá, no podemos ir en la actualidad. Así que, si en verdad la necesitamos, no nos queda otro remedio que hacerla juntos a mano. Es posible que todo tienda a la Utopía: que cada investigación, cada descubrimiento y cada invención nos acerquen. Que nos acerquen a la Utopía, no solo los hallazgos, también las búsquedas.

Existe un concepto que consideramos utópico, asumido en general como la máxima aspiración de las personas. Me refiero a la Felicidad. ¿Qué es la Felicidad? Parece ser que las persona, nos sentimos felices cuando estamos satisfechos de nosotros y de lo que nos rodea. En ese caso, la autoestima sería un punto de partida. Pero soy consciente de que todo esto es distinto en cada persona y, acaso, en cada momento. Al margen de los grados que la valoración personal considere alcanzados, para que la autoestima y, más aún, la felicidad se den, hacen falta una serie de condiciones sociales. No son muchas; y quizá nos baste con las que se desprenden de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada en Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el 10 de diciembre de 1948.

Ni el derecho a la Utopía, ni el derecho a la Felicidad, están recogidos en la Declaración, quizás por entender que si se respetan los demás, estos dos, total o parcialmente, podrían conseguirse. Supongamos que el ser humano, de suyo, por su propia naturaleza, tiende a la felicidad y a la sociedad perfecta. Supongamos que todo tiende a la Utopía. Supongamos, y no es mucho suponer, que la redistribución de la riqueza nos facilita el camino, y que la puesta en práctica de la Declaración de la ONU, es el mapa que necesitamos para llegar a Utopía.

Pongo aquí unos poemas míos, ya publicados en libro. En ellos va lo que sobre el hombre he ido aprendiendo, y lo que he ido imaginando a partir de lo sabido. Lo hago con la intención clara y permanente de aportar mi grano de arena.PSdeJ

Se morre a Utopia
Tradução do proprio autor

Nos tempos presentes
quando a esperança é tão efêmera,
e vive em desencanto diluída,
quem oferecerá um futuro cobiçado
se morre a Utopia?
Quem descobrirá a poesia, flor entre as sarças,
veleiro de papel à deriva?
Quem porá imaginação nos grafitos
– engenho das frases –
que derrube barreiras e recintos?

Por que razão edificante a polícia fustigará os jovens,
que façanhas relatarão os avôs aos netos
quem defenderá o povo da ação dos políticos
quem restabelecerá o equilíbrio descomposto
quem falará da pessoa,
que será da palavra companheiro,
quem ousará traçar caminho próprio,
quem se oporá aos interesses
dos mais interessados,
que será da pluralidade de vias,
quem estará de nosso lado se morre a Utopia?

Quem reduzirá as insuperáveis diferenças
que separam falcões de pombas,
quem amará do homem a sua essência quebradiça,
quem semeará a paz, o perdão, a valentia,
o amor, a liberdade, a convivência se morre a Utopia?

Quem impedirá que dêem forma à nossa argila
em moldes inumanos
os que fazem ferramentas das vidas?

Quem acolherá as exceções,
quem será do diverso garantia,
quem nos livrará da ortodoxia,
quem nos tirará da estatística,
quem sobreviverá ao sistema
se morre a Utopia?

 

2-cereales-verdes

 

Mi voluntad de venir

Nací del agua que emergía,
del viento, de la tierra gris y parda,
del vivificante sol de medio día;
nací de la voluntad, de la esperanza,
del perseverante amor a la vida.

En un afán inmoderado
de comprender los enigmas
de este mundo tan esclarecido y tan confuso,
adelanté un mes mi llegada a la realidad esquiva,
litoral abrupto;
donde lo negro no es del todo negro,
y lo blanco nunca fue muy puro.

Llegué inmaduro, falto de cocción, un poco crudo.
No sé esperar el tiempo necesario,
que el ejercicio ha establecido en los procesos,
y no lo remedian los errores reiterados.

Observando el semblante de los charcos,
mirada puesta en los cristales,
aprendo mi aspecto de animal humano,
complejo laberinto de cenizas y murallas,
desde la roca gastada que hace el pecho,
hasta el cartón
disimulado de la espalda.

 

3-cereales-secos

 

Intemperie de dudas y misterios
Poemario de Pedro Sevylla de Juana

 

UNO

Ardoroso fluido de la noche,
impetuosa y desbordada torrentera,
esperma lanzado a la conquista
del óvulo cerrado que se entrega
al flagelo portador de llaves,
capacitadas para abrir la puerta;
la existencia, en sí misma, es un milagro
de azarosas y continuas coincidencias.

Si la selección resulta favorable,
nace el hombre en ese parto,
resistiendo el fraternal embate
de los miembros del clan que han heredado,
el hígado, el olfato y el pelaje,
de un billón de antepasados.

Conquista un pezón en la camada,
de los que manan leche y miel,
resina y savia;
y succiona hasta en los sueños
perfilando dentelladas.

Un cálido lugar bajo la pata,
ocupa si empuja con ahínco,
pues la neutralidad materna, tan probada,
no ve disparidad entre los hijos,
a todos los vástagos reclama,
ama a la prole entera sin distingos
y deja la tarea de elegir supervivientes,
a la Naturaleza que protege a quien se adapta,
de inteligencia sobrado o muy valiente.

Obedeciendo un ancestral impulso
el hombre abandona temprano el paridero,
para iniciar su despliegue por el mundo.
Investiga y acaba descubriendo,
explora y a continuación conquista,
adora y levanta firmes templos,
avanza y lo tomado fortifica.
Pone los hechos al servicio de la idea,
encauza el fuego y a sí mismo se domina,
equilibrando el corazón con la cabeza.

Escucha los gemidos
que arranca el viento a los desfiladeros,
las alargadas vibraciones de las cañas junto al río,
los truenos producidos al golpear un tronco hueco;
y como se trata de un gustoso ejercicio,
tras laboriosos ensayos y alguna que otra enmienda,
transforma en música los sencillos
sones de la Naturaleza.

En los fríos inviernos imagina
dragones, grifos y quimeras;
se inicia en la pintura, trabaja el dócil barro
y observa las estrellas;
descubre en el respetuoso diálogo
un pilar de convivencia,
levanta cabañas y poblados
perfeccionando las toscas herramientas.

Habita el hombre un espacio liberado de alimañas,
mezcla otras sangres con su sangre,
adopta una escala de valores bien probada
y tras pasar cien años superando adversidades,
traslada lo aprendido
a la memoria colectiva que poseen las camadas.

 

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DOS

Furibundos, indómitos y dominantes,
en los primeros tiempos,
el hombre recibió de la Naturaleza los embates;
hubo de enfrentarse a las fieras moradoras del monte bajo,
de las calcáreas laderas, de los valles;
y se armó contra los vestiglos,
hijos de un miedo insuperable.

Luchaba con otros por el único bebedero,
por la restringida caza;
y al mostrarles la rudeza del pecho,
cruzado de incontables dentelladas,
admiraron su capacidad de sufrimiento,
y las ventajosas mañas.

Pobló los desfiladeros y los acantilados súbitos,
meseta y altiplano donde sobrevivir es trabajoso,
completando la zigzagueante expansión de los suyos.

Comportamientos nuevos fue adoptando
y guiado por su instinto
acabó escogiendo y relegando:
glorificó el haz frente al envés,
prefiriendo los colores claros;
fiado de la apariencia aceptó lo afín
y se mostró receloso de lo extraño.

 

TRES

Paso franco al hombre decidido,
paso al caballero de la niebla;
de horizontes sugestivos,
de finísimas gotas de rocío se alimenta.

Su pensamiento es veloz como el relámpago,
y alcanza a la flecha desbocada,
espoleada y acuciada por el arco.
Las ineludibles leyes naturales
y la incesante evolución de la ralea,
tuvieron antes que él experimento,
para que descollara entre las bestias.

El tiempo que le guía está hecho a mano,
de retazos minúsculos, de empieces y remates:
horas perdidas en los declives pétreos,
muertas en batallas de titanes;
y tiene el costo bajo de la arena en el desierto,
de la gota de agua en los inmensos mares.

Ajeno al recorrido de la senda,
el hombre doblega el timón, rechaza el yugo,
abandona la prudencia,
y recurre confiado a los graneros
que atesoran mermadas las reservas:
catedral envanecida y abrigado puerto,
arbustos, pinos, lluvia dispersa,
negra oscuridad el cielo,
centellas fugaces sobre la cabeza.

 

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CUATRO

En inhóspitos lugares sus ojos descubren excelencias,
valora en las estatuas la ausencia de un brazo,
la falta de cabeza,
aclimatado esplendor de los jardines,
la hiedra sinuosa, el musgo de las piedras.

Se adentra en el espacio infinito atraído por los astros,
el corazón en la mano izquierda, la mente en la derecha,
sopesando;
fiel de la balanza su nariz, sus ojos simétricos,
la insaciable boca,
su barba hirsuta;
nivelando sima y monte, hoyo y roca,
aptitudes, deseos y conductas.

Duerme su intención a diurnos intervalos,
con la noche hace trampa de enemigos;
dientes contra lomos magullados,
a órganos vitales opone los colmillos.

Enfrentado a las conductas que le huyen,
para ejemplo se sirve de sí mismo,
y reinventa coincidentes las costumbres.

A veces se ilusiona y descubre que la vida
hasta un punto esencial de curvatura puede ser pretendida,
e inconstante despoja desfiguras
o apasionado de las rosas encendidas,
se quiebra al intentar la arquitectura.

Hace crisis su inestable resistencia
con una periodicidad impredecible:
desimanada brújula paterna,
entrechocar de espadas concurrentes,
desgarros, palabras inconexas.

En el cedazo de la duda
agita el bien y el mal mezclados,
la delirante fantasía, la cordura,
concediendo valor desmesurado
al punto original y a la ruptura.

Ocioso en su postrera amanecida,
escucha las doce campanadas
y no tiene la faena definida.

 

CINCO

Hierve el hombre rudo,
puchero expuesto al sol rojizo
y se agita como un niño testarudo,
insatisfecho y crítico,
que quiere ver plegado el universo mundo
a la decisión de su capricho.

Portador del acopio de luz sobre la cabeza,
lo vacía insistente y obsesivo,
lago fosco de la noche interna.

Capaz de ensayos repetidos
y examinador de alforjas,
analiza el hombre teorías sin sentido,
el esmalte pálido y la claudicante lógica
de un sinfín de silogismos.

El hombre, la persona, ese animal desarrollado
-no el dios, el semidiós o el héroe de leyenda-
el individuo, el prójimo, el ser humano;
alberga en su pecho una dolorosa incoherencia:
ama al irracional que lleva dentro y, sin embargo,
desea distanciarse al menos veinte leguas.

Se superan los antiguos conceptos,
las normas no pueden regular lo irreprimible
y el arte se cansa de su propio peso.
Conoce el hombre la perversión del compromiso
-se lo anuncia el instinto de acantilado de los tiempos
a la cabeza repleta de desafíos-
y poniéndose manos a la obra,
formula con firmeza su objetivo.

No teme el destierro ni el juicio de la historia,
afronta el reto con el torso desnudo y las extremidades tensas,
redactando una doctrina universal innovadora.

La espada, la cruz, el oboe,
los billetes de banco recién imprimidos,
la gubia y la plomada, la pluma y los colores;
alaban su valeroso sacrificio
y aceptan el resultado con matices híbridos.

Semejante al rugido del tigre, del fragor de las galernas parejo,
el hombre se hace uno con el rayo refulgente
y entra en comunión con el sonoro trueno,
cuando eleva las arrugas de la frente
hasta el terso azul del cielo.

Y en ese momento culminante,
olvidando antiguos sinsabores,
la filosofía y la técnica del arte
-como suele ocurrir cada dos o tres generaciones-
entre aspavientos renacen.

 

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SEIS

Convertidos los símbolos del antiguo orden
en frágiles vasijas para guardar el nuevo,
saqueadas las tumbas dormitorio del hombre,
y cegado el pozo que regaba el huerto,
los claros manantiales donde bebía de bruces
el agua tan pura y tan callada, secos:
cauteloso rumor, espiga y piedra,
las inacabables horas avanzan a destiempo,
permitiendo a los reflexivos profetas
entender el porvenir como un anzuelo.

Después de tantos sinsabores soportados en su nombre,
de superar dudas razonables y múltiples prejuicios,
la naturaleza del futuro se conoce.
Es uno más de los antiguos mitos,
cuidado como embrión en vientre de gestante,
que ponen de actualidad los convencidos,
para que la gente mire hacia adelante.

Entre el ayer difunto y el nonato mañana
se libra atroz combate,
ambos desconfían del entorno,
de nada están seguros,
no se fían del presente ni un ápice,
intuyen que cualquier suceso absurdo,
puede variar su rectilíneo avance.

Si todo se cortara aquí ipso facto,
si el Universo en expansión diera la vuelta por entero,
si al llegar a las tapias de los últimos establos
el viento se quedara quieto,
lo que fue y lo que será permanecerían confinados
junto a las ideas sometidas al silencio.

Mas nos mueve la voluntad inquebrantable
de arrastrar el bagaje del pasado,
milímetro a milímetro, planicie o valle,
por los carriles que el presente ha colocado.

 

SIETE

Rumor de raíces que avanzan tierra adentro,
de tallo elevándose a las nubes:
yo creo en las razones del silencio.

Lo sospecho perdido entre la niebla,
velo que en alta mar disfraza el rumbo de los barcos,
lento avance a enviones de sirena,
previsores de súbitos hallazgos.

Lo intuyo a la sombra de la sombra,
esperanzado ciprés del cementerio,
mástil y pica cargados de memoria.

Aletargado, dormido cabecea,
alargada lengua del ahorcado;
escondido en las campanas quietas,
su voz es el sueño del badajo.
Creo en el silencio del hombre,
y me atrevo a interpretarlo:
acerbo, ácido y salobre.

El silencio humano se aleja del copo níveo,
indecisa pluma que desciende sobre el llano,
sobre las agujas temblorosas de los pinos,
guedeja abandonada en los sumisos pastos.

El silencio del hombre es el grito enmudecido
de quienes pretenden hacer de la justicia
un instrumento más eficaz y más preciso;
es la palabra pensada y repensada,
ignorante del camino de salida,
el aire expelido y aspirado,
que en el sendero de la garganta descarría;
un vagido cortado de raíz,
el llanto del niño sorprendido por la vida.

El silencio yace en la hondonada,
escarpado lecho de los ríos inquietos,
afilada roca que divide la abundancia.
Es una herida abierta por el Cierzo,
un dolor agudo surgiendo a borbotones
de las agrisadas cenizas del aliento.

Suple el hombre la carencia de patria
doblegando dragones y serpientes marinas,
y el desconocimiento del lugar de su arribada
con rotundas expresiones, acaso desmedidas,
que ocultan la aridez de la mente equivocada
en el vasto desierto de las manos vacías.

El miedo a juntar el mal desparramado:
al silencio del hombre lo engendra la cautela,
el temor a concretar lo abstracto.

El silencio es una bala eligiendo el objetivo,
puntiaguda garra de la fiera,
es una flecha persiguiendo blancos íntegros.
Es el aullido del lobo que en la estepa
da mordiscos a la luna inabordable,
dentelladas de rabia y de impotencia;
es el bramido del toro acorralado
que opone el corazón a la barrena.

El silencio del hombre es el llamado
de quien se muerde el labio de amargura
y sujeta sus torrentes en un lago,
de ígnea lava y fría espuma.

 

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OCHO

Cuando en las tardes
sosegadas de mayo,
el campo entero se convierte
en una sencilla caja de música,
entregada por los grillos
a las chicharras y a las aves canoras;
los perros obedientes
caminan orgullosos al lado del pastor,
pendientes de sus gestos,
vigilando a las ovejas con inexplicable rencor.

Muestran los agudos colmillos como navajas abiertas
a la cordera que desoyendo ladridos trisca separada
de las apacibles y sumisas compañeras,
o destaca del conjunto blanco por su lana negra.

El animal que soy, capaz de raciocinio,
de ánimo cobarde más que fiero,
observando a diario lo ocurrido
deja aquí el testigo de sus pensamientos

 

OCHO Tradução

Quando nas tardes
sossegadas de Maio
todo o campo se torna
uma simples caixa de música,
entregue pelos grilos
às cigarras e às aves canoras;
os cães obedientes
caminham orgulhosos ao lado do pastor,
pendentes de seus gestos,
observando às ovelhas com inexplicável rancor.

Mostram afiados os colmilhos como navalhas abertas
á cordeira que desdenhando os latidos pasce afastada
das aprazíveis e submissas companheiras,
ou ressalta do conjunto branco por a sua lã preta.

O animal que eu sou, capaz de raciocínio,
de ânimo covarde mais que fero
observando a diário o ocorrido
deixa aqui o testemunho dos seus pensamentos.

 

NUEVE

Veo en el presente movedizo,
la impalpable línea de contacto,
entre el pasado que avanza acosador
y el futuro que retrocede acosado.

Es pronto hasta que es tarde:
existe un punto idóneo de límite incierto,
para llevar a término feliz quehaceres muy variados;
tan fugaz y pasajero que cuando llega a ser deja de serlo.

Todo tiende al orden, todo tiende al caos;
y el leve peso de un grano de trigo,
lleva la indecisa balanza al súbito desequilibrio.

 

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DIEZ

No se exhiben las chozas, consecuencia
del dispendio habido en los palacios;
se ven descomunales megalitos
que hablan de pobres y de esclavos,
ingente mármol victorioso
extraído a latigazos.

Puesto a salvo el mensaje del pasado,
a la arquitectura colosal me ofrezco inapetente,
y en mis visitas a lugares santos,
no entro en catedrales para ver dinteles,
pétreas columnas, labrados capiteles;
busco cabellos de luz horadando rincones en penumbra,
una selva de espacios verticales,
el frescor, la soledad difusa.

Animal entre animales, carne y hueso;
despierta mi interés el hombre:
ciudad o campo abierto.
Espero al muchacho en el crucial instante
de penetrar la resistente adolescencia,
cuando acepta decidido los debates,
se enfrenta cara a cara a los problemas,
busca la verdad en las incógnitas
y saca las excepciones de las reglas.

Reacciones químicas o impulsos eléctricos,
breve teoría y prolongada práctica,
la inquietud del hombre viene de muy lejos.

Mueve el mundo en sentidos divergentes,
da vuelta a los siglos, los convulsiona y estremece;
vacía los océanos en su incesante escrutinio
y sólo posee una herramienta conocida,
el entusiasmo enardecido que en su interior anida.

Soy una pieza ayudando a que el reloj se active
y mueva a la que a mí me mueve,
en una evolución flexible,
donde se da lo que se tiene
y lo necesario se recibe.

Suponiendo la existencia un lapso breve,
ayude cada vecino a su vecino,
que la Naturaleza se ocupa de la especie.

 

ONCE

Abandona la soledad los cementerios:
fosas cavadas a mordiscos,
lágrimas resecas sobre el campo yermo
porosos huesos blanquecinos,
quebrados pensamientos,
pretensiones de efecto entorpecido.

Reverberantes arenas, espejismos,
ajena resulta la soledad al brillo trémulo
de las desoladoras dunas:
simientes dormidas y proyectos atados a proyectos.

Huye de los vastos mares:
agua, peces, algas, carámbanos helados,
sal, corales, sueños, tempestades.

Voluntad fondeada, vacío mental,
la soledad, parásito perpetuo,
habita al hombre y está donde él está:
ensayos, errores y mínimos aciertos.

 

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DOCE

Con una pluma de cálamo partido,
el hombre desguarnecido se defiende,
polvo en agua desleído,
tinta viscosa surgida de su frente.
Es una pluma solamente,
y la blanca superficie
en flecha, en daga la convierte;
la palabra que perfilo es un ciprés lanzado contra el cielo
para desaguar sus rebosantes recipientes.

Recoge rayos el Sol, envaina su soberbia,
retrocede
y huye ante ejércitos de nubes
embutidas en armaduras prietas,
amazonas sobre corceles infernales,
que frenan una cólera densa.

Llueve la negrura que tizna el horizonte,
los confines
se diluyen en gris oscurecido,
se agita el dios de la borrasca
y parpadea resplandores, visos perversos
que lejanías agigantan,
cristales transitados por gotas laterales
en una tarde de verano bien bastarda.

Van siendo las seis y el campamento
-levantado en el seco álveo de un torrente-
en círculos
de piedra aviva el fuego,
y con la tranquilidad de quien ignora los peligros,
apura faenas diferidas por el breve asueto
o libera recuerdos de los tiempos idos.

Planchas de hojalata forman techos y paredes,
cascotes de algún derribo, tablas rotas,
frágil refugio destinado a expulsar a la intemperie.

El viento lo avisa, un olor a crisantemo marchito
viene del Norte cargado de presagios:
se han callado los grillos
y los inquietos gorriones revolotean en círculo.

Presto el altar, la ofrenda desconoce los designios;
procesiones de nubes llegan al lugar de los hechos,
siguiendo el orden inmutable del aviso.

Las temperaturas elevadas, carentes de paciencia,
perforan la colina de los vientos;
los indómitos valles desdibujados centellean,
y desde lo alto de las nubes altas,
ordenadamente se dispone la tragedia.

Descubre el ojo torvo en solitaria cabalgada,
el temor oculto
de los campos a las ingratas cosechas;
por doquier el mal augurio,
por doquier la herida abierta,
por doquier la muerte presentida,
insospechada y, sin embargo, manifiesta.

Urgidas galopadas de las piernas,
la primera gota inaugura el desconcierto,
cauta avanzadilla de sus compañeras,
las que ocultan el sol agazapadas,
esperando instrucciones más concretas.

Son millones,
y una sola es vida en el desierto,
añadidura del mar no desbordado;
una gota no es peligro, ni diez juntas,
ni mil veces un vaso.

Con cuatro nubes enconadas se forma una tormenta,
tres tormentas caben en un valle,
son tres los valles convergentes,
y treinta y seis las nubes que acumula
la gran nube resultante.

Por allá resopla la galerna,
toneladas de agua, millones de metros cúbicos,
una fortuna si se reparte en el lugar de la carencia:
tierra reseca y cuarteada, balbuciente agricultura,
fréjoles, tubérculos, hierba agostada y mustia,
alimento que salva de la muerte salvando de la hambruna.

Apedrean las nubes con oro la puna y la sabana,
cientos de millones de onzas, pasto para un millón de vacas.
¡Agua va!, y las treinta y seis nubes, y la nube total,
el universo entero, las líquidas esferas,
abren las compuertas y en menos de una hora
cae con destructor impulso el agua de todos los planetas.

Los pies no encuentran suelo, se disuelve la tierra,
todo es líquido,
y su fuerza de arrastre,
arrastra rodando y rodando las piedras.
Las ramas se desgajan de los árboles,
se tronchan los tallos de las plantas,
el dios de la muerte exige un centenar de víctimas
y el dolor
de las supervivencias desgarradas.

Hay familias abajo, personas de todas las edades,
borbotones
de ternura, animales,
enseres, útiles de pesca,
aperos de labranza, amor a la Naturaleza inmensurable.

Se vuelve contra el hombre el ajuar diario,
arrasa arrasado y es espada; es martillo, es estaca,
es mazo; es hacha violenta, es hiriente navaja.

Resisten los valientes derrochado brío,
agonizan tratando de remediar el abandono,
despertando a los muertos y a los vivos.
Huyen los cobardes y se salvan solos.

Trócase la tierra en pegajoso limo,
los leños y las piedras
se hacen presa, sujeción de mares bien nutridos;
y en el momento que la fatalidad elige,
suelta el incontenible contenido.

Exaltados relinchos de caballo,
de las gargantas
escapan
fugitivos;
los bramidos de toro ensangrentado,
y los conmovedores gritos,
expresan el abatimiento propio
sumado y compartido.

Es abrumadora la impotencia,
y tras el momento eterno que dura la congoja,
ultrajan los heridos a quien ha dictado la sentencia.

La muerte forma manojos con los cuerpos:
manos asidas a los brazos,
brazos aferrados a los cuellos,
cuellos unidos a los labios, y los labios
mordiendo a la vida el amor enamorado.

Troncos abiertos en canal se hacen cimientos,
y soportan el peso de los muros derribados,
de los precipitados techos.
Las astillas, incisivas como alfanjes,
y los árboles arrancados de cuajo,
son armas para el descomunal gigante
que vomita el agua de los siete mares
sobre el insignificante hormiguero humano
acostumbrado al abuso de lo grande.

Cuando el cielo aclara su color y el temporal amaina,
ofreciendo evidencias quedan los despojos:
cabezas aplastadas por piedras inocentes,
extremidades presas bajo escombros,
vientres hinchados sobre desnutridos vientres,
cuerpos oprimidos rebozados en el lodo.

El lodo, el lodo, el lodo;
el lodo desprende de su seno improvisado,
la expectativa de encontrar algún respiro,
y el hedor de unos restos hasta ayer lozanos.
Los cadáveres preferidos por el agua,
son arrastrados río abajo,
hasta el delta que acoge en la ensenada,
el barro y la madera, los cantos rodados.

La tierra amanece devastada: la batalla despareja
-sólo un bando- ha dejado un esplendor corito,
cubierto por miembros descarnados,
de imposible retorno a los caminos.

En el cauce yermo de las vacías torrenteras,
en los meandros
de los ríos
secos,
levantan los parias de la tierra,
sus pobres campamentos,
sus frágiles viviendas.

 

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TRECE

Descubre el hombre en el mundo una alacena,
repleta de vegetales vivos,
tímidas gacelas, palominos
y caimanes al acecho de la supervivencia;
una cadena que va de la serpiente al ave
y de la punzante zarza a las ballenas.

Acumula abastos para el porvenir incierto,
sobrantes y carencias le fuerzan al trueque,
hace del ganado eficaz moneda de regateo
y sirviéndose de la tibia plata y del oro ardiente,
convierte el mundo en un mercado abierto.

La roca labrada, la estrella de mar,
el marfil del elefante y la sangre del irredento;
llevan impreso un código de barras
que explica la composición y el precio.

El dinero grande, el que persigue sólo su incremento
y compra panadería y panadero en vez de pan,
al modo de los celestes agujeros negros,
actúa como un perfecto imán:
todo cuanto existe somete a su imperio:
la dignidad de las personas y la justicia social.

La cólera del hombre en ocasiones definidas,
se arma de justicia y argumentos
y arroja al eterno silencio de las tinieblas vacías,
a los traficantes del esfuerzo ajeno,
de la acción ilusionada y de la vida.

 

CATORCE

Quedan sobras de alimentos en la estufa,
ropa vieja de color desvanecido,
retratos sepia de la abuela Julia,
estatuas de gente que vivió hace siglos;
castillos de moros y cristianos,
escombros griegos y latinos,
asomos vacceos bien cuidados,
estelas indelebles,
testimonios inequívocos del paso de Ulises
erguido en la proa de su barco;
mandíbulas y cráneos de las primeras criaturas,
esqueletos fósiles de los grandes saurios,
diamantes procedentes de una fusión antigua,
ocurrida hace miles de millones de años;
y el corazón del hombre
-acompasado innúmero latido-
impeliendo y expeliendo humores,
pide un descanso merecido.

Pasan las estrellas, las costumbres y los dogmas,
el agua del río, las aves migratorias;
sólo el tiempo y el espacio permanecen fijos,
ánforas enormes, hidrias llenas,
donde se agita la vida buscando el equilibrio;

 

QUINCE

En lo antiguo el hombre se debía a su ralea,
y la tribu representaba la patria del hombre,
la familia, el amparo y la despensa;
la propiedad era común y eran comunes los proyectos,
amigos y enemigos, el trabajo y la cosecha.

La tribu se fue licuando en las costumbres,
la bonanza permitió al hombre
mostrar lo verdaderamente suyo;
el individuo, separado de los otros,
se hizo gente
y la gente descubrió,
inventó, modificó, puso precio a las cosas.

Cuando quitemos el precio a las cosas,
la gente sufrirá
como si le arrebataran las cosas,
porque no sabe separar las cosas
del precio de las cosas.

Cuando quitemos el precio a las cosas,
aparecerán la duda y el recelo,
pues la gente aprende en la primera infancia
-saber agostador de la inocencia-
que antes o después todo le cuesta;
y si, en etiqueta colgada o adherida,
no se muestra bien visible el monto
-escrito en caracteres claros,
cercano al número redondo-
suele deberse a que es muy alto.

Cuando quitemos el precio a las cosas
y las cosas se muestren desnudas a la gente,
la gente no reconocerá las cosas,
porque sabe que el precio es para las cosas
como la forma, el color, el olor o la textura
que deben tener todas las cosas.

Cuando quitemos el precio a las cosas,
no sabrá el orden que siguen las cosas,
equivocará la jerarquía
y todo será un caos para la gente
que ordena las cosas por el precio que tienen las cosas.

Pero si queremos que la gente valore atributos primordiales,
como la belleza de líneas, la utilidad práctica,
el sonido del viento al abrazar su superficie,
la suavidad del tacto, la naturaleza de la sustancia sólida,
debemos quitar el precio
que un día se puso a las cosas.

 

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QUINCE Tradução do proprio Autor

Antigamente o homem
era antes de tudo a sua ascendência,
e a tribo representava a pátria do homem,
família, amparo e despensa;
a propriedade era comum, e eram comuns os filhos,
os projetos,
o trabalho e a colheita;
se compartilhava também a íntima dor
ou a profunda alegria
e o individual não se manifestava quase,
apenas florescia.

A tribo se foi diluindo nos costumes
a bonança permitiu ao homem mostrar sua personalidade,
o homem, separado dos outros, se fez gente
e a gente descobriu,
inventou, modificou, pôs preço às coisas.

Quando tirarem o preço das coisas
a gente chorará como se lhe arrebatassem as coisas
porque não sabe separar as coisas do preço das coisas.

Quando tirarem o preço das coisas,
a gente albergará
a dúvida e o receio no seu dorido coração,
pois apreende na primeira infância
– saber sequestrador da inocência –
que antes ou depois tudo lhe custa;
e se, em etiqueta fixada ou colada,
não se mostra bem visível o preço
– escrito em caracteres claros,
perto do número redondo –
costuma se dever a ele ser alto.

Quando tirarem o preço das coisas
e as coisas se mostrarem nuas à gente,
a gente não reconhecerá as coisas,
porque sabe que o preço é para as coisas
como a forma, a cor, o cheiro ou a textura
que devem ter todas as coisas.

Quando tirarem o preço das coisas
a gente ignorará a ordem que seguem as coisas
equivocará a hierarquia
e tudo será um caos para a gente que ordena as coisas
pelo preço que têm as coisas.

Mas se queremos que a gente modifique
sua maneira de ver as coisas
e avalie atributos primordiais como a beleza de linhas,
a utilidade prática,
o som do vento ao abraçar sua superfície
a suavidade do tacto
a natureza da substância originária,
devemos tirar o preço
que um dia se pôs às coisas.

 

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Hombres y centauros

Se ignora el carácter de la cópula, así como el tiempo que necesitó para obrar. Pero un frío domingo del mes de marzo correspondiente al año 2009, prodigio del nuevo milenio, en el lugar del globo llamado Villazalama, tierra de abundantes pastos situada entre Valdepero y Husillos, empezaron a nacer caballos con torso, brazos y cabeza de hombre o, visto de otro modo, hombres con lomo, cola y patas de caballo. La combinación genética había aportado una especie nueva: los centauros, realidad culminante de la fantasía humana que los creó, aquellos hijos de Ixión y de la nube Néfele, Hera mentida.

Su presencia dio pie a preguntas carentes de respuesta lógica. Animales o personas: la duda inundó las calles, llegó a los pupitres de las universidades, a los claustros de profesores; y de allí al intelecto de los filósofos. Las leyes vigentes resultaron inútiles para regular la convivencia de lo nuevo y lo viejo; mero papel mojado y tinta desleída. Desde los púlpitos los aguerridos prestes lanzaron anatemas que se oían en los despachos de los gobernantes. Los parlamentos trataron el asunto en sesiones agotadoras, y acabaron aprobando la elaboración del pan de cebada y la venta de alfalfa en las verdulerías. Aparecieron en el mercado ponchos-manta antes inimaginables, y los negocios de construcción y equipamiento enriquecieron a los osados.

El hombre siguió el camino abierto, y su natural abusivo quiso confinar a los cuadrúpedos racionales. No pudo. Alas brotaron a los de mayor alzada, a los más ágiles. No eran gran cosa; dos apéndices lumbares emplumados que les permitían elevarse por los aires y desaparecer. A los seis meses se demostraron transitorios; aún así, durante el medio año que duraba la metamorfosis, los centauros se expandían formando nuevas colonias. De modo que la especie recién nacida se distribuyó por los cuatro puntos cardinales poblando la tierra.

Los monstruos nacían domados y nada añadió el hombre en ese sentido. La cabeza humana regía sus actos de bestia, humanizándolos; y la nobleza de la bestia parecía neutralizar los sentimientos egoístas del hombre. De manera que los nuevos individuos exhibían conductas íntegras añadidas a extraordinarias facultades. Temores y acusaciones iban perdiendo intensidad, hasta que la rutina quiso regresar a lo suyo. Púlpitos, tribunas y otros estrados reticentes acabaron tolerándolos. Se adaptaron los usos y las herramientas a las necesidades anatómicas de los híbridos, y en poco tiempo a los nuevos seres les resultó innecesario demostrar una superioridad evidente. Fueron penetrando en las formaciones castrenses, en la representación social y en la judicatura. Pronto ocuparon puestos de relieve en las empresas y en los ministerios; y ayudándose los unos a los otros, hasta los peor dotados alcanzaron buen acomodo.

Transcurridos cincuenta años, los centauros dominaban las variadas pirámides del poder, y pudieron abandonar el disimulo heredado de las personas. La raza humana, alejada de los centros de decisión, se vio confinada en el entorno de los trabajos manuales repetitivos, llevando a cabo tareas sucias o tediosas.

Por mis conocimientos de la antigua cultura, fui uno de los destinados a escrutar los viejos libros impresos sobre papel, única fuente de sabiduría permitida a las personas, a quienes nos está vedado el ingente acervo electrónico. Debía censurar cualquier asomo, por sutil que fuera, de los llamados valores humanistas. Antiguos impresores, también forzados, editaban nuevos libros imitando la estampa de los viejos. Los lectores humanos iban abandonando las reivindicaciones de especie.

Yo conducía una conspiración callada, y para servir a los propósitos rebeldes, todos los libros corregidos por mí esconden estas líneas en extensos párrafos insubstanciales.

Los centauros, recelosos e inteligentes, han descubierto mi estratagema. Las leyes castigan con la muerte a los traidores; mañana me cocearán en círculo hasta la expiración.

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Homens e Centauros Tradução do próprio Autor

Se ignora o caráter da cópula, assim como o tempo que necessitou para frutificar. Mas um frio domingo do mês de março correspondente ao ano 2009, prodígio do novo milénio, no lugar do globo chamado Villazalama, terra de abundantes pastos situada entre Valdepero e Husillos, começaram à nascer cavalos com tronco humano, braços e cabeça de homem ou, visto de outro modo, homens com lombo, rabo e patas de cavalo. A combinação genética tinha logrado uma espécie nova: os centauros, realidade superadora da fantasia humana que os criou, aqueles filhos de Ixión e da nuvem Néfele, Hera fingida.

Sua presença deu pé à perguntas carentes de resposta lógica. Animais ou pessoas: a dúvida inundou as ruas, chegou nas escrivaninhas das universidades, nos claustros de professores; e dali no intelecto dos filósofos. As leis vigentes resultaram inúteis para regular a convivência do novo e o velho; mero papel molhado e tinta atenuada. Desde os púlpitos os belicosos sacerdotes lançaram anátemas que se ouviam nos cenáculos dos governantes. Os parlamentos trataram o assunto em sessões esgotantes, e acabaram aprovando a elaboração do pão de cevada e a venda de alfafa nas quitandas. Apareceram no mercado gabãos-xairel antes inimagináveis, e os negócios de construção e equipamento enriqueceram aos ousados.

O homem seguiu o caminho aberto, e seu natural abusivo quis confinar aos quadrúpedes racionais. Não pôde. Asas brotaram aos de maior alçada, aos mais ágeis. Não eram grande coisa; dois apêndices lombares emplumados que lhes permitiam se elevar pelos ares e desaparecer. Aos seis meses se demonstraram transitórios; ainda assim, durante o meio ano que durava a metamorfose, os centauros se expandiam formando novas colónias. De modo que a espécie recém-nascida se distribuiu pelos quatro pontos cardeais povoando a terra.

Os monstros nasciam domados e nada acrescentou o homem nesse sentido. A cabeça humana regia seus atos de besta, humanando as consequências; e a nobreza da besta parecia neutralizar os sentimentos egoístas do homem. De maneira que os novos indivíduos exibiam condutas íntegras acrescentadas a extraordinárias faculdades. Temores e acusações iam perdendo intensidade, até que a rotina quis retornar ao seu. Púlpitos, tribunas e outros palanques reticentes acabaram tolerando aos mestiços. Se adaptaram os usos e as ferramentas às necessidades anatómicas dos híbridos, e em pouco tempo aos novos seres lhes resultou desnecessário demonstrar uma superioridade evidente. Foram penetrando nas formações castrenses, na representação social e na judicatura. Em breve ocuparam postos de relevo nas empresas e nos ministérios; e ajudando os uns aos outros, até os pior dotados alcançaram bom acomodo.

Transcorridos cinquenta anos, os centauros dominavam as variadas pirâmides do poder, e puderam abandonar a dissimulação herdada das pessoas. A raça humana, afastada dos centros de decisão, se viu confinada no ambiente dos trabalhos manuais repetitivos, levando a cabo tarefas sujas ou tediosas.

Pelos meus conhecimentos da antiga cultura, eu fui um dos destinados a apurar os velhos livros impressos sobre papel, única fonte de sabedoria permitida às pessoas, a quem nos está vedado o ingente acervo electrónico. Devia censurar qualquer assomo, por subtil que fora, dos chamados valores humanistas. Antigos impressores, também forçados, editavam novos livros imitando a estampa dos velhos. Os leitores humanos iam abandonando as reivindicações de espécie.

Eu conduzia uma conspiração calada, e para servir aos propósitos rebeldes, todos os livros corrigidos por mim escondem estas linhas em extensos parágrafos insubstanciais.

Os centauros, receosos e inteligentes, descobriram meu ardil. As leis castigam com a morte aos traidores; amanhã dar-me-ão coices em círculo até a expiração.

 

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Declaración de los Derechos Humanos ONU
http://www.un.org/es/documents/udhr/