Del economicismo actual (Castellano e Português)
Pedro Sevylla de Juana

A la generación de mis nietos, que deberá hacer y exigir mucho más que la nuestra para reducir las crecientes diferencias sociales.

En mi opinión, somos hijos de un pretérito que es el de la humanidad entera y el del Universo al completo, producto de unas normas naturales en las que el azar juega un papel primordial. Lo diré con palabras extraídas de mis cuadernos juveniles, cuajados de referencias a la compleja identidad del hombre, a los innumerables lazos que unen a las personas entre sí y a su vinculación con el resto del Cosmos.

“Se creó el Universo en seis días, y se concibió imperfecto a sabiendas. Una Providencia solícita –nada distinto de las leyes iniciales de la Naturaleza- complejo entramado de órdenes inexorables -las mismas para todos pero adaptadas a cada especie y a cada individuo- quedó encargado de terminar la creación, mejorándola. De ello hace millares de millones de años; mucho si se compara con la duración de una persona, nuestra referencia más inmediata.

O partía el progreso de una situación en verdad caótica, o lleva un paso cansino, con desvíos que no añaden nada y retrocesos que restan. Costó lo suyo enfriar la Tierra; sopla que te sopla el viento, poniendo los labios en forma de o mínima, produciendo un silbido aterrador. Costó condensar los vapores en gotas que fluyeran juntas por arroyos y ríos hasta el hueco del mar. Costó iniciar la vida en las inquietas aguas de los océanos. Pero cuando la savia vital aleteó desorientada, ya fue coser y cantar sacarla a tierra firme para que se esparciera -cualquier clima, cualquier atmósfera oxigenada, cualquier geografía- dispuesta a poblar el aire.

“Ciñéndonos al planeta Tierra, donde nos consta la ocurrencia de tal fenómeno, se provocaron cataclismos que estuvieron en un tris de acabar con el trascendental hallazgo retrasando el proceso. La evolución derivó sin orden ni concierto abarcando muchos frentes, con la intención clara de sacar al menos uno de ellos a flote. Se logró; ese engendro es el hombre tal como hoy lo conocemos. Nació el envanecido con vocación de centro del cosmos, y el equilibrio reinante hasta entonces, destinado a sucederse aventajado sine die, per saecula saeculorum, se quebró. Ocurre que el hombre, desdeñando al resto de los animales, excluyéndolos de la configuración del futuro, sostiene que la lucha selectiva se organizó para procurarle cauce y atañe sólo a su propia especie.

“Contemplando de cerca a quienes formamos la familia humana, entre nosotros se observan diferencias, mínimas si se quiere, pero diferencias al fin y al cabo. El descubrimiento dio pie a los estudiosos para ahondar en las disimilitudes, divulgándolas. Nacieron en consecuencia comunidades de afines, dedicadas a preservar y acentuar esos delgados matices de la identidad común: rayas trazadas en las palmas de las manos, huellas de los dedos, factor Rhesus, dibujo del iris; y algún otro análogo, aunque de mayor trascendencia, como el color de la piel.

“La cosa no quedó ahí, fue a más. El lugar y las condiciones atmosféricas, uniformes en espacios reducidos, ahondaron las grietas abiertas entre los hombres. Eso mismo sucedió con la memoria de cada tribu desde su nacimiento; historia que perfila raleas bien diferencias, distanciadas al máximo cuando la jerga de sus parloteos, resultó ininteligible para quien no perteneciera al núcleo o a sus aledaños. Por si fuera poco, los distintos dioses –entes de razón diseñados por sus adoradores para suplir las propias carencias- terminaron tomando partido y entraron en abierta liza, elevando el tono y la causa de la pendencia.

Este pensamiento de mi juventud pertenece, en una u otra medida, al anciano que soy. Forma parte de una herencia que hago mía no sólo por autor, sino también, y en mayor medida, debido a que formo parte de la raza humana. Las enseñanzas de los pensadores nos tienen a los demás como destinatarios; sus reflexiones, las conclusiones a las que logran llegar, la porción de verdad que atrapan, corresponden por igual a los actuales habitantes del mundo y a los venideros. El futuro se construye con los materiales que el presente añade a los recogidos del pasado; y no olvidemos que el hoy es tan sólo la línea que separa el ayer extinto del mañana esperado. El joven que fui pretendía en su juicio mostrar grosso modo el árbol de la historia, cuyas raíces, para asegurarse el abastecimiento de humedad y la resistencia al viento, se hunden en las profundidades del tiempo y del espacio. Nada se ha perdido, nada de cuanto cayó en desuso puede considerarse inútil; tanto los aciertos como los errores han servido al avance, al progreso. Yo mismo añadí otras reflexiones a mi reflexión primera, escrita en cuadernillos cuadriculados, al decir, años después, lo siguiente:

“Piedra, madera, arcilla, hueso, hierro, bronce: la necesidad aguza el ingenio. Mesopotamia, Egipto, China, Persia, Caucasia, Fenicia, Palestina y Etiopía. Sujetándonos al continente europeo, Grecia se yergue y camina; sus pasos dejan una marca indeleble. Roma toma el relevo e incrementa la cadencia del paso. La afición al comercio trae a los fenicios; todavía humean sus hogueras llamando compradores para las mercaderías desplegadas. Tras los cartagineses llega el momento de Roma, y sus legiones doblegan, arrasan, saquean, someten y preparan el terreno a la cultura común. Del Norte bajan los bárbaros como una marea desbordante que desbarata vidas y proyectos. Los visigodos sustituyen a los romanos, y son relevados por los árabes en la ocupación del terreno y en la formación de una impedimenta característica. Cristianos, musulmanes y hebreos coexisten y conviven. Castilla, bajel movido por el azar y la necesidad, se topa con América, nao anclada en medio de la mar océana. Del puente de mando surge con saña un grito miles de veces escuchado: ¡Al abordaje! Se da y se toma con palpable desequilibrio, pero el tiempo prosigue su andar imparable, y la paupérrima actualidad –construido y desmoronado el imperio- nos facilita la ocasión de enmendar yerros y despojos resarciendo a los herederos de los perjudicados.

“La teoría y la práctica, una enmendando la plana a la otra, marchan en zigzag tomadas de la mano. La filosofía griega procede, en parte, de Oriente: Egipto, Babilonia; mas Pitágoras y Demócrito son ya científicos originales. Un escultor y una comadrona engendraron a Sócrates: `Conócete a ti mismo´. Sócrates engendró a Platón. Platón fue vendido como esclavo por un tirano temeroso de que las ideas del filósofo se concretaran. Si Aristóteles no fue generado por Platón, sucedió porque el hijo no aceptó un progenitor único. Alejandro, en su juventud, tuvo a Aristóteles como maestro; pero puso en práctica las enseñanzas de la cuna. Teoría y acción, enfrentadas e inseparables.

“Un romano de Córdoba, estoico ecléctico y práctico, fue maestro y consejero de Nerón; y Nerón ordenó matarlo. Es indudable que se produjo un fallo en la progresión de la enseñanza: `amarás a tu maestro´ debió ser su primera sentencia o el punto en que coincidieran todas. Filosofía es estudio, análisis, búsqueda; y exige libertad para buscar, analizar y estudiar. De otro modo deriva en aleccionamiento y sujeción. La palabra de Cristo representa un peligro para la historia sagrada en la que se apoya, de ahí que se abran contra él tantos frentes simultáneos. El camino que conduce a Dios, para San Agustín, parte del hombre. El camino que lleva al hombre, para San Agustín, parte de sí mismo, de su palpable y palpada realidad. Juan Escoto pasa a través de las obras de San Agustín como las aguas de un chaparrón sobre la tierra desnuda; arrastra consigo un humus muy rico que, puesto al servicio de la lógica y distribuido a su alrededor, proporciona una copiosa cosecha. Abelardo posee el brillo del oro y la firmeza de la roca en la que funda su dialéctica: El Dios antropomórfico no da puntada sin hilo; del mejor hilo y la perfecta puntada nace la eterna costura. Las culturas árabe y hebrea se aproximan también en la filosofía; ambas forman parte de la escolástica latina, ambas se interesan por la relación existente entre lógica y fe, Dios y su obra, la inteligencia y el espíritu. Tomás de Aquino se hace cauce para que el agua del río aristotélico, filtrada por depuradoras musulmanas y hebraicas, pueda ser bebida con provecho y deleite.

“Sobre las turbulentas aguas del río que fue la Edad Media, sobre su corroído lecho, el Renacimiento eleva un puente que conduce al añorado mundo de griegos y latinos. El Renacimiento sale al campo y se encuentra, junto a las ovejas que pacen y al vigilante lobo, al hombre trazador de caminos que le hacen uno con la naturaleza madre y nodriza: el Humanismo ya tiene raíz, la hiedra ya puede elevarse sobre el tronco erguido del árbol muerto, reverdeciéndolo. Si Dante `renace´ del fundamento medieval, y Petrarca no desea otro señor que el Humanismo, Valla llega al extremo de considerar el placer como motor único del hombre. Maquiavelo, Erasmo, Lutero, Telesio, Bruno; Renacimiento y Humanismo propician la modernidad; nace la Ciencia hija del naturalismo renacentista: Leonardo, Galileo, Bacon; y la modernidad, sucediéndose a sí misma, se desentiende de ambos. La Economía sube a los altares y ocupa los tronos, dicta los códigos e impulsa las acciones. Y en tal momento nos encontramos, tras Descartes, Hobbes, Spinoza, Leibniz, Kant, Schopenhauer y otros muchos que contribuyeron al triunfo del materialismo o no fueron suficiente valladar, Kierkegaard, Marx, Proudhon, Nietzsche, Bergson, Unamuno, Ortega, Jaspers o Sartre.

El anciano en que me he ido convirtiendo -pesimista como los ancianos de cualquier época respecto al futuro- ve con desasosiego la realidad que le circunda, cerca y lejos; y teme que el economicismo actual culmine un largo proceso de evolución filosófica, cerrando el círculo del pensamiento humano al situarnos de nuevo en los duros principios de la humanidad, cuando la lucha por la supervivencia ocupaba gran parte del tiempo a la generalidad de las personas.
PSdeJ Capítulo segundo del ensayo “Ad memoriam” publicado en el año 2007

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Do economicismo atual Tradução feita pelo autor

Na minha opinião, somos filhos de um pretérito que é o da humanidade inteira e o do Universo completo, produto de certas regras naturais nas quais o acaso joga um papel essencial. Os parágrafos seguintes, extraídos dos meus cadernos juvenis, abordam o assunto. São textos enchidos de referências à complexa identidade do homem, aos inumeráveis laços que unem pessoas entre si e a sua vinculação com o resto do Cosmos.

“Se criou o Universo em seis dias, e se concebeu imperfeito com plena consciência e livre vontade. Uma Providência solícita –nada diferente das leis iniciais da Natureza- complexa estrutura de ordens inexoráveis -as mesmas para todos mas adaptadas a cada espécie e a cada indivíduo- ficou encarregada de terminar a criação, melhorando o conseguido. Disso há milhares de milhões de anos; muito comparado com a duração de uma pessoa, nossa referência mais imediata. Ou partia o progresso de uma situação caótica ou levou um passo moroso, com desvios que não acrescentam nada e retrocessos que diminuem. Custou demasiado esfriar a Terra; sopra e sopra o vento, pondo os lábios em forma de zero pequeno, produzindo um assobio apavorante. Custou muitíssimo condensar os vapores em gotas que fluíssem juntas por arroios, riachos e rios caudalosos até o mar. Custou iniciar a vida nas inquietas águas dos oceanos. Mas quando a seiva vital nadou desorientada, já foi fácil tirá-la a terra firme para que se espalhasse -qualquer clima, qualquer atmosfera oxigenada, qualquer geografia- caminhando disposta a povoar o ar.

“No planeta Terra, onde aconteceu tal fenómeno, se provocaram cataclismos que puderam acabar com o transcendental achado atrasando o processo. A evolução derivou desordenada abrangendo muitas frentes, com a intenção clara de levar pelo menos um deles adiante. Alcançou essa peça: o homem, tal como hoje o conhecemos, é esse instrumento. Nasceu, o envaidecido, com vocação de centro do cosmos e o equilíbrio reinante até então, destinado a desenvolver-se melhorandosine die, quebrou-se. Ocorre que o homem, desdenhando o resto dos animais, excluindo-os da configuração do futuro, sustenta que a luta seletiva se organizou para facilitar-lhe a chegada e corresponde só à sua própria espécie.

“Observando de perto os integrantes da família humana, entre eles observam-se diferenças, mínimas se se quer, mas diferenças enfim. O descobrimento deu pé aos mal-intencionados para afundar-se nas desigualdades, divulgando o achado. Nasceram, em consequência, comunidades de indivíduos afins, dedicadas a preservar e acentuar esses magros matizes da identidade comum: linhas traçadas nas palmas das mãos, impressões digitais, fator Rhesus, desenho do íris; e algum outro análogo, mesmo que de maior transcendência, como a cor da pele”.

“A coisa não ficou aí, foi mais longe. Os acidentes do terreno e as condições atmosféricas, uniformes em espaços reduzidos, abriram gretas entre os homens. Isso mesmo sucedeu com a memória de cada tribo desde seu nascimento; história que perfila castas bem diferenciadas, distanciadas ao máximo quando o jargão da linguagem resultou ininteligível para quem não pertencesse ao núcleo ou ao seu em torno. Ainda mais: os diferentes deuses –entes de razão desenhados pelos adoradores para suprir as próprias carências- terminaram tomando partido e entraram em aberta oposição, elevando o tom e a causa da pendência”.

Este pensamento da minha juventude aceita-o o idoso que sou. É parte de uma herança que faço minha não só como autor, também, e em maior medida, porque pertenço à raça humana. Somos destinatários das doutrinas dos pensadores; suas reflexões, as conclusões que alcançam, a porção de verdade que arrancam, correspondem por igual aos atuais habitantes do mundo e aos vindouros. O futuro constrói-se com os materiais que o presente soma aos trazidos do passado; e não esqueçamos que o hoje é tão só a magra linha que separa o ontem extinto do amanhã esperado. O jovem que fui pretendia no seu julgamento mostrar grosso modo a árvore da história, cujas raízes, para assegurar o abastecimento de humidade e a resistência ao vento, se afundam nas profundidades do tempo e de espaço. Nada se perdeu, nada de quanto caiu em desuso pode considerar-se inútil; tanto os acertos como os erros serviram ao avanço, ao progresso. Eu mesmo complementei com outras reflexões minha reflexão primeira, escrita em cadernos quadriculados, ao dizer, anos depois, o seguinte:

“Pedra, madeira, argila, osso, ferro, bronze: a necessidade aguça o engenho. Mesopotâmia, o Egito, a China, Pérsia, Caucásia, Fenícia, a Palestina e a Etiópia. Situando-nos no continente europeu, a Grécia ergue-se e caminha; seus passos deixam uma marca indelével. A afeição ao comércio traz os Fenícios; ainda fumegam suas fogueiras chamando compradores para as mercadorias oferecidas. Depois dos Cartagineses chega o momento de Roma, e suas legiões hostilizam, invadem, arrasam, saqueiam, submetem e preparam o terreno à cultura comum. Do Norte descem os bárbaros como uma maré desbordante que desbarata vidas e projetos. Os Visigodos substituem os Romanos, e são relevados pelos Árabes na ocupação do terreno e na formação de impedimenta efetiva. Cristãos, muçulmanos e hebreus coexistem e convivem. Castela, barco movido pelo acaso e a necessidade, chocou com a América, nau ancorada no meio do oceano. Da ponte de comando surge com sanha um grito milhares de vezes escutado: “À abordagem!“ Dá-se e toma-se com palpável desequilíbrio; mas o tempo prossegue seu vaguear imparável, e a paupérrima atualidade –construído e desmoronado o império- facilita-nos a ocasião de corrigir erros e despojos, ressarcindo aos herdeiros.”

“A teoria e a prática, uma emendando a outra, marcham em ziguezague de mãos dadas. A filosofia grega procede, em parte, de Oriente: Egito, Babilónia; mas Pitágoras e Demócrito são já cientistas originais. Um escultor e uma parteira engendraram Sócrates: `Conhece-te a ti mesmo’. Sócrates engendrou Platão. Platão foi vendido como escravo por um tirano temeroso de que as ideias do filósofo se concretizassem. Se Aristóteles não foi gerado por Platão, tal sucedeu porque o filho não aceitou um progenitor único. Aristóteles educou o jovem Alexandre, mas Alexandre pôs em prática as doutrinas do berço. Teoria e ação, confrontadas e inseparáveis.

“Séneca, um romano de Córdoba, impassível, eclético e prático, foi professor e conselheiro de Nero; e Nero ordenou matá-lo. É indubitável que aconteceu um erro na progressão do ensino: ‘amarás a teu professor’ devia ser sua primeira sentença ou o ponto em que coincidissem todas. Filosofia é estudo, análise, busca; e exige liberdade para buscar, analisar e estudar. De outro modo deriva em lecionação e atadura. A palavra de Cristo representa um perigo para a história sagrada na qual se apoia, por isso se abrem contra ele tantas frentes simultâneas. O caminho que conduz a Deus, para Santo Agostinho, parte do homem. O caminho que leva ao homem, para Santo Agostinho, parte de si mesmo, de sua palpável e apalpada realidade. João Escoto passa a través das obras de Santo Agostinho como as águas de uma torrente sobre a terra nua: arrasta consigo um húmus muito rico que, posto ao serviço da lógica e distribuído ao redor, proporciona uma copiosa colheita. Abelardo possui o brilho do ouro e a firmeza da rocha na qual fundamenta sua dialética: O Deus antropomórfico não dá ponto sem nó; do melhor ponto e do perfeito nó nasce a eterna ligação. As culturas árabe e hebreia se aproximam também na filosofia; ambas formam parte da Escolástica latina, ambas interessam-se pela relação existente entre lógica e fé, Deus e sua obra, a inteligência e o espírito. Tomás de Aquino faz-se leito para que as águas do rio aristotélico -filtradas por depuradoras muçulmanas e hebraicas- possam ser bebidas com proveito e deleite.

“Sobre o profundo despenhadeiro que foi a Idade Média, sobre sua escarpada depressão, o Renascimento eleva uma ponte que conduz ao almejado mundo de Gregos e Latinos. O Renascimento sai o campo e encontra-se, junto das ovelhas que pastam e ao vigilante lobo, ao homem traçador de caminhos que lhe fazem um com a Natureza mãe e criadora: o Humanismo já tem raiz, a hera já pode elevar-se sobre o tronco erguido da árvore morta, verdejando. Se Dante ‘renasce’ do fundamento medieval, e Petrarca não deseja outro senhor que o Humanismo, Lourenço Valla chega ao extremo de considerar o prazer como motor único do homem. Maquiavel, Erasmo, Lutero, Telesio, Giordano Bruno; Renascimento e Humanismo propiciam a modernidade; nasce a Ciência filha do naturalismo renascentista: Leonardo, Galileu, Bacon; e a modernidade, sucedendo-se a si mesma, desentende-se com ambos. A Economia sobe aos altares e ocupa os tronos, dita os códigos e impulsiona as ações. E em tal momento nos encontramos, após Descartes, Hobbes, Spinoza, Leibniz, Kant, Schopenhauer e muitos outros que contribuíram para o triunfo do materialismo ou não foram suficiente muralha, Kierkegaard, Marx, Proudhon, Nietzsche, Bergson, Unamuno, Ortega, Jaspers ou Sartre.

O idoso em que me fui convertendo -pessimista como os anciãos de qualquer época no que toca ao vindouro- vê com desassossego a realidade que nos circunda, o inexorável crescimento das diferenças sociais, provado com dados indubitáveis por organismos afastados de qualquer suspeita. Vê com inquietude o futuro, e teme que o economicismo atual culmine o longo processo da evolução filosófica, fechando o círculo do pensamento humano ao situar-nos de novo nos duros princípios da humanidade, quando a luta pela sobrevivência ocupava grande parte do tempo a generalidade das pessoas.

Interessado pela evolução das ideias desde a adiantada juventude, o idoso que sou conhece a luta constante que a inteligência entabula para restabelecer os equilíbrios quebrados. Contudo, algo deve fazer-se enquanto isso, porque a lentidão do processo, considerado em termos humanos, não impedirá o sofrimento a milhões de pessoas antes de alcançar o ponto de inflexão para uma solução durável. PsdeJ

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El precio de las cosas Pedro Sevylla de Juana

En lo antiguo el hombre
se debía a su ralea,
y la tribu representaba la patria del hombre, la familia,
el amparo y la despensa;
la propiedad era común y eran comunes los hijos
los proyectos,
amigos y enemigos, el trabajo y la cosecha;
se compartían el dolor íntimo y la profunda alegría
y lo individual no se manifestaba casi
apenas florecía.

La tribu se fue licuando en las costumbres,
la bonanza permitió al hombre mostrar lo verdaderamente suyo;
el individuo, separado de los otros, se hizo gente
y la gente descubrió,
inventó, modificó, puso precio a las cosas.

Cuando quitemos el precio a las cosas, la gente sufrirá
como si le arrebataran las cosas,
porque no sabe separar las cosas del precio de las cosas.

Cuando quitemos el precio a las cosas,
aparecerán la duda y el recelo,
pues la gente aprende en la primera infancia
-saber agostador de la inocencia-
que antes o después todo le cuesta;
y si, en etiqueta colgada o adherida,
no se muestra bien visible el monto
-escrito en caracteres claros, cercano al número redondo-
suele deberse a que es muy alto.

Cuando quitemos el precio a las cosas
y las cosas se muestren desnudas a la gente,
la gente no reconocerá las cosas,
porque sabe que el precio es para las cosas
como la forma, el color, el olor o la textura
que deben tener todas las cosas.

Cuando quitemos el precio a las cosas,
no sabrá el orden que siguen las cosas,
equivocará la jerarquía
y todo será un caos para la gente
que ordena las cosas por el precio que tienen las cosas.

Pero si queremos que la gente valore atributos primordiales,
como la belleza de líneas, la utilidad práctica,
el sonido del viento al abrazar su superficie,
la suavidad del tacto, la naturaleza de la sustancia sólida,
debemos quitar el precio
que un día se puso a las cosas.
PSdeJ Escrito en el mercado de viejo de El Rastro en Madrid

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La economía de mercado /A economia de mercado
Pedro Sevylla de Juana

Corteza, manto
y núcleo,
meridianos y paralelos,
traslación y rotación,
la Tierra va perfeccionando su rutina
entre inestables equilibrios y juegos malabares.

Habiendo recorrido en círculo o en elipse
cinco mil millones de años,
no se puede impedir
que a economia de mercado,
eufemismo do dinheiro canibal,
soltando a nostro planeta do atracadouro espacial,
o converta em marioneta de seu dedo,
novo centro do giro inacabável.

Com o seu influxo único,
a economia de mercado originou
a deriva dos continentes;
com o seu único influxo move,
a intervalos medidos,
as placas tectónicas; e com o seu onipotente influxo
aviva vulcões e seísmos, aparentes catástrofes naturais
que a mesma economia de mercado aproveita para extrair
uma boa ganânçia.

En los tiempos de Pangea el Algarbe acariciaba
los cayos de Florida, y el peñón de Ifach penetraba
las tierras vírgenes de la Guinea africana.
A união fazia fortes aos espaços todos,
e a infatigável
economia de mercado, nada podía contra elles.

Fue entonces cuando,
persiguiendo soluciones, acuñó el dicho:
“separa y vencerás”,
obrando en consecuencia.

Empuje,
arrastre y obstinación
fuerzas centrípetas y centrífugas:
a enviones
consiguió
separar
los territorios
hermanados.

E há mais:
nas noites escuras do trópico,
se servindo de escravos insatisfeitos, a economia
de mercado arranca o magma do puro núcleo,
e o saca ao exterior para vendê-lo de madrugada
en armazéns clandestinos
leiloado ao alça.

A economia de mercado tem pressa, e acelera
o passo
do Universo;
de modo que quanto ocorria em milénios
agora ocorre em décadas.
Se produzem assim múltiplos desequilíbrios
que a economia de mercado
assenta a bom preço.

Enquanto,
ocorre
que o destinado a morrer
morre e alimenta ao vivo,
a sua vez pasto, sem consciência ou consciente,
da economia de mercado y de suas malfeitorias,
algumas de domínio público e voz comum
e outras mais,
ignoradas por desconhecidas:
silêncio de muitos.
PSdeJ