Carolina Maria de Jesus

Contenido: Introducción Mi poema en portugués y castellano. Fragmento de “Quarto de despejo” y poemas de Carolina traducidos al castellano. Analise crítica de Renata Bomfim. Ensaio de Fernanda Rodrigues de Miranda Biografía, Vida y Obras de Carolina María de Jesús. Mi poema a Carolina. Videos

“Para los lectores de esta edición de ‘Quarto de despejo’, es preciso que yo me presente. Entré en la historia de este libro como periodista, verde aún, con la emoción y la certeza de quien creía poder cambiar el mundo. O, por lo menos, la favela del Canindé y otras favelas desperdigadas por Brasil. Como reportero, fui encargado de escribir un contenido sobre la favela que se expandía por la orilla el rio Tieté, en el barrio de Canindé. Allí, en el revuelo de la favela, encontré a la negra Carolina, que asumió el papel de alguien con algo que decir. ¡Y tenía!, tanto es así que, al instante, desistí de escribir el artículo”. Esto dice Audálio Dantas en el preámbulo del libro, refiriéndose al momento aquel en que descubrió, garimpeiro sin imaginárselo, el gran placer aurífero que lanzó su nombre al presente y al futuro, unido al de Carolina María de Jesús, negra con alma blanca.

El hambre es aire en el estómago, agua sucia; a veces hierbajos que no se pueden digerir; vacío e hinchazón. El hambre es amarilla de toda amarillez, lo sabe Carolina; el hambre es sombra intensa, es palidez sepulcral, es viento airado en la cabeza, viento de nublado y desesperanza. Es una sensación progresiva el hambre, para quien la ha sufrido a temporadas cada vez más juntas, y conoce los meandros del cauce seco y pedregoso. Ignoro si el hambre es contagiosa, pero imagino que sí; porque la he visto cercada de otras hambres. Abundancia y hambre se rechazan como polos idénticos de un mismo imán. Los guetos de pobres y los guetos de ricos, son opuestos y, para mayor desgracia, complementarios y nada miscibles. Definí el hambre en sus consecuencias finales, al escribir mi poema “Hambre”, hiriente como un dardo intencionado:

Hambre

Hambre,
hambre, hambre;
dos sílabas apenas,
y truncan el devenir del hombre.

Agente o paciente
ahondan la escisión del hombre
borran los caminos del hombre
desangran
el corazón del hombre.

Tan sólo dos sílabas y desdicen,
invalidan,
desautorizan, rechazan,
anulan,
revocan, niegan al hombre.

Fome
(Traduzido também por mim)

Fome,
fome, fome;
duas sílabas apenas
e rompem o fluir do homem.

Agente ou paciente
aprofundam a cisão do homem
apagam os caminhos do homem
dessangram o coração do homem.

Tão só duas sílabas
e desdizem, invalidam, desautorizam,
rejeitam,
revogam,
anulam,
negam o homem.

Carolina, la favela de Canindé y el río Tieté

En 1914 nació Carolina Maria de Jesús en Sacramento, municipio brasileño de la región de Araxá, estado de Minas Gerais, Brasil. Negra, pobre, agricultora, domestica, vagabunda, sobreviviente, rebuscadora de papel y de chatarra, habitante de favela, relatora de su entorno en cuadernos, fue madre soltera de una niña y dos niños. Quiero destacar en su conducta, esa lucha diaria durante años para dar de comer a sus hijos, defenderlos del exterior y disculpar sus travesuras infantiles.

Las madres hambrientas
Poema de Pedro Sevylla de Juana

Piel de reseco pergamino, huesos someros
y una determinación muy firme:
las madres famélicas trabajan la tierra,
trabajan la casa, trabajan los niños;
y suben a sus machos al arrogante infinito.

Mostrando su perfil más agresivo,
mirada provocadora, orgulloso pavoneo,
los machos se ocupan en el infinito de asuntos de machos:
entelequias de machos,
delirios de machos, pendencias de machos,
heridas de machos, muertes de machos.
Y las madres famélicas imprecan contra el infinito
portando a sus niños sin padre en los brazos.

Entereza y aguante, las madres famélicas,
reprimidas por el mudo estoicismo,
urgidas por la obstinada intransigencia,
trabajan el sustento,
trabajan la ropa y el cobijo;
abriendo su corazón magullado al amenazante infinito.

Agobio y empuje, las madres famélicas
traicionadas por el engañoso destino,
trabajan la mañana, trabajan la tarde, trabajan los sueños;
y trasladan al sañudo infinito a sus hijos famélicos.

La mirada inquieta, inquisidora, profunda, selectiva
busca en el infinito las terribles respuestas:
inquiriendo los enigmáticos porqués de la vida,
escudriñando los pliegues ocultos de la dura existencia
hasta averiguar lo que sigue a la muerte y la culmina.

En el infinito agonizan los frutos agraces de su fértil seno
y las madres famélicas de mirada ausente
sin machos ni esperanza, con muchísimo respeto
recogen en sus bocas sin apenas dientes
los infantiles suspiros postreros,
abren tumbas en los propios vientres
envientran a los hijos muertos,
y en el infinito se quedan para siempre.

As mães famintas
Poema e tradução: Pedro Sevylla de Juana

Resistência arraigada no cansaço
as mães famintas trabalham a terra, trabalham a casa
e os filhos;
e sobem a seus machos
ao arrogante infinito.

Mostrando seu perfil mais agressivo
se ocupam os machos no infinito de assuntos de machos:
delírios de machos,
pendências de machos,
feridas de machos, mortes de machos.

E as mães famintas voltam do infinito,
com seus filhos sem pai nos braços.
Reprimidas pelo calado estoicismo
impelidas pela obstinada intransigência
as mães famintas trabalham o sustento, trabalham a roupa
e o abrigo;
e dirigem os olhos abertos
ao alto do ameaçador infinito.

A visão inquisidora,
profunda, seletiva,
procura no infinito as terríveis respostas:
indagando os enigmáticos porquês da vida
esquadrinhando as dobras ocultas da dura existência
averiguando o que segue a morte e a culmina.
E as mães famintas de pupilas opacas
retornam do perpétuo infinito, – olhos vãos – sem mirada.

Atraiçoadas pelo enganoso destino,
as mães famintas trabalham a manhã,
trabalham a tarde e os sonhos;
e levam seus filhos famintos
ate ao infinito ignoto.

No infinito agonizam os imaturos frutos de seu fértil seio
e as mães famintas de olhar ausente
recolhem nas suas bocas os suspiros últimos
abrem tumbas nos próprios ventres,
enventram os filhos mortos
e no infinito ficam para sempre.

En el preámbulo del libro, Audálio Dantas escribe: “Un libro así, fuerte y original, solo podía crear mucha polémica. Para comenzar, rompió la rutina de las magras ediciones de dos, tres mil ejemplares, en Brasil. En pocos meses, a partir de agosto de 1960, cuando fue lanzado, sucesivas ediciones alcanzaron, en conjunto, las alturas de los 100 mil ejemplares. Los periódicos, las revistas, la radio o la televisión, primero aquí y después en el mundo entero, abrieron espacios para el libro y para la historia de su autora. El éxito del libro –una rústica, incómoda y hasta lírica narrativa del sufrimiento del hombre, relegado a la condición más desesperada y humillante de la vida- fue también el éxito personal de su autora, transformada de la noche a la mañana en una patética Cenicienta, salida del brasero de la basura para brillar intensamente bajo las luces de la ciudad.”.
Se tradujo a catorce idiomas y se distribuyó en cuarenta países, estando próximos al millón los ejemplares vendidos. Grabó discos en los que ponía voz y música. Sobre ella escribieron los mejores escritores brasileños, la recibieron personajes de distintos países, fue exaltada y hasta denigrada; y la burbuja comercial duró lo que duran las burbujas comerciales, mientras el jugo interior se convierte en dinero.

Pero al margen del éxito, en el embrión del éxito, está la mujer que lo originó con su inteligencia, su fuerza y su coraje; con su orgullo, con su empuje, su osadía, su deseo de independencia y su impaciente paciencia. La mujer fuerte cuya debilidad escribe los diarios durante años, como quien cuenta sus pesares a un amigo, para desahogarse; con la remota esperanza de darlos a conocer en un libro cuyo título traduzco como “Cuarto de los desechos”, porque ella dijo que la favela era el “Quarto de despejo” de la sociedad y del mundo. El papel del periodista Audálio Dantas en la publicación y, acaso del éxito, de ese libro diario, es fundamental. Trabajó en la corrección de los diarios haciéndolos legibles para el gran público, seleccionó los textos más interesantes y creó el ambiente intelectual previo al lanzamiento. Tanto es así que llegó a ser acusado de haber dirigido la mano de Carolina en la escritura, incluso de haber inventado a Carolina. Artículos como el de Manuel Bandeira, vinieron en su ayuda al destacar la extraordinaria obra de Carolina Maria de Jesus.

Trecho de “Quarto de despejo”,
Obra de Carolina Maria de Jesus
Traducción de Pedro Sevylla de Juana

“Mis hijos no se mantienen con pan de iglesia. Me enfrento a cualquier clase de trabajo para mantenerlos. Las otras tienen que mendigar y hasta afanar. Parecen tambor. Por la noche, mientras ellas piden ayuda, yo, tranquilamente, en mi barraquita, escucho valses vieneses. Mientras los esposos rompen las tablas de la barraca, yo y mis hijos dormimos tranquilos. No envidio a las mujeres casadas de favela que llevan vida de esclavas indianas. No me casé y no me arrepiento. Los que me gustaron eran soeces y me imponían condiciones horribles. Ahí está la Maria José, más conocida como Zefa, que reside en la calle B número 9. Es una alcoholatra. Gestante bebe demasiado. Las criaturas nacen y mueren antes de los doce meses. Me odia porque mis hijos me defienden y por tener yo radio. Un día me pidió la radio prestada. Le dije que no se la podía prestar. Que ella no tenía hijos, así que podía trabajar para comprarla. Como se sabe, las personas dadas a la embriaguez no compran nada. Ni ropas. Los borrachos no prosperan. A veces arroja agua a mis hijos. Dice que no zurro a mis hijos. No soy dada a la violencia. Mi hijo José Carlos dice:
-No te entristezcas mamita. Nuestra Señora de la Aparecida tendrá piedad de la señora. Cuando yo crezca compraré una casa de ladrillo para la señora madre.

Fui a buscar papel y permanecí fuera de casa una hora. Al volver vi varias personas en las orillas del río. Era que allí había un señor inconsciente por el alcohol, y los insensibles de la favela le escudriñaban los bolsos. Le quitaron el dinero rompiendo los documentos (…) Son las 5. ¡Y el Señor Heitor ya enciende la luz!
Yo voy a lavar a los niños para ir a la cama, porque necesito salir. Preciso dinero para pagar la luz. Aquí es así. La gente no gasta luz, pero debe pagar. Salí fuera a buscar papel. Iba deprisa porque era tarde. Encontré una señora. Iba maldiciendo su vida conyugal. Miré pero no dije nada. (…) Até las bolsas, puse las latas que recogí en otra bolsa y regresé a casa. Al llegar puse la radio para saber la hora. Eran las 23,55. Calenté comida, leí, me desnudé y después me acosté. El sueño llegó enseguida.

19 de Julio. Desperté a las 7 horas com la parla de mis hijos. Dejé el lecho, fui a buscar agua. Las mujeres ya estaban en el grifo. Las latas en fila. Nada más llegar la Florenciana me preguntó
-¿De qué partido es aquella pancarta?
Leí P.S.B. y respondí Partido Socialista Brasileño. Pasó el señor Germano, y ella preguntó de nuevo:
-Señor Germano, ¿esa pancarta de qué partido es?
-Del Janio (sobrenombre del PSB por Jânio Quadros, diputado, prefecto y gobernador de SP antes de Presidente de la República)
Ella se alegró y comenzó a decir que el Dr. Ademar de Barros (dos veces gobernador del Estado) es un ladrón (….) Llegó mi vez, puse mi lata para llenar. La Florenciana siguió alabando al Janio. El agua comenzó a disminuir en el grifo. Comenzaron a hablar de la Rosa. Que ella cargaba agua desde las 4 de la madrugada, que ella lavaba toda la ropa en casa. Que ella debe pagar 20 cruzeiros al mes. Mi lata se llenó y me fui enseguida.
…Estuve recordando los disgustos de esos días (…) Soporto los inconvenientes de la vida diaria. Ya que no conseguí almacenar para vivir, decidí almacenar paciencia.

Nunca fui nadie. Tengo mucho sentido común. No quiero tener procesos. Mi registro general es 845.936. Fui al depósito para recibir el dinero del papel; 55 cruzeiros. Volví rápido, compré leche y pan. Preparé Toddy para los niños, hice las camas, puse alubias en el fuego, barrí la barraca. Llamé al Señor Ireno Venancio da Silva encargándole un balancín para los niños. Me gustaría que ellos se quedaran en el patio para que los vecinos no riñeran con ellos. Le di 16 cruzeiros. Mientras hacía el balancín, fui a enjabonar la ropa. Cuando volví, el señor Ireno estaba terminando el balancín. Hice algunas correcciones y él lo terminó. Los niños aprecian el balancín al instante. Todos querían columpiarse al mismo tempo.
Cerré la puerta, fui a vender las latas. Llevé a los niños. El día está cálido. Me gusta que reciban los rayos solares. ¡Qué suplicio! Cargar a la pequeña Vera y llevar la bolsa sobre la cabeza. Vendí las latas y los metales. Cobré 31 Cruzeiros. Quedé satisfecha. Pregunté:
-Señor Manuel, ¿el señor no equivocó la cuenta?
-No, ¿Por qué?
-Porque el saco de latas no pesaba tanto como para valer 31 cruzeiros. Es el total que necesito para pagar la luz.
Dije adiós y volví a casa. Llegué, hice la comida. Mientras la cazuela hervía yo escribí un poco. Di de comer a los niños y fui a la Klabin (fábrica de papel de Mauricio Klabin) a buscar papel estropeado. Dejé a los pequeños jugando en el patio. Tenía mucho papel. Trabajé deprisa pensando que aquellas bestias humanas son capaces de invadir mi barraca y maltratar a los niños. Ellas esperan a que yo salga para zurrar a mis hijos. Justamente, cuando, no estando yo, las criaturas están solas e indefensas. En ocasiones yo enciendo la radio y danzo con los niños,

…En las favelas, las jóvenes de 15 años permanecen hasta la hora que ellas quieren. Se mezclan con meretrices, cuentan sus aventuras (…) Están los que trabajan. Y están los que llevan la vida torcida y recta. Las personas de mayor edad trabajan, los jóvenes es que reniegan del trabajo. Tienen las madres, que recogen frutas y legumbres en los mercados. Tienen las iglesias que dan pan. Tienen el San Francisco que todos los meses entregan manutención, café, jabón etc. Ellas van al mercado, recogen cabezas de pescado, todo lo que pueden aprovechar. Comen cualquier cosa. Tienen estómago de cemento armado (…)
En ocasiones yo enciendo la radio y danzo con los niños; simulamos una lucha de boxeo. Hoy compré mermelada para ellos. En cuanto di un pedazo a cada uno, percibí que me dirigían una mirada tierna. Y el mi João José dijo:
-¡Qué madre tan buena!
Quando las mujeres fieras invaden mi barraca, mis hijos les tiran piedras. Ellas dicen:
-¡Qué niños tan mal educados!
Yo respondo:
Mis hijos están defendiéndome. Ustedes son incultas, no pueden comprender. Voy a escribir un libro sobre la favela. Citaré todo lo que aquí pasa. Y todo lo que ustedes hacen. Yo quiero escribir el libro, y ustedes, con estas escenas desagradables, me facilitan los argumentos.

Fragmento traducido por PSdeJ a partir del libro “Quarto de Despejo”, de Carolina Maria de Jesus, Edición Popular, con prólogo de Audálio Dantas.

A professora Vera Eunice de Jesus Lima, 61 anos, filha de uma das primeiras escritoras negras do Brasil, Carolina Maria de Jesus, contou que nunca conseguiu ler por completo o livro mais famoso da mãe, Quarto de Despejo: Diário de uma Favelada. “Leio pedaços. Começo a ler, leio, abro. Não é um livro que consigo ler na sequência”.

 

 

 Manuscrito del poema Solterona de Carolina Maria de Jesus

 

A Rosa
Poema de Carolina Maria de Jesus

Eu sou a flor mais formosa
Disse a rosa
Vaidosa!
Sou a musa do poeta.

Por todos su contemplada
E adorada.

A rainha predileta.

Minhas pétalas aveludadas
São perfumadas
E acariciadas.

Que aroma rescendente:
Para que me serve esta essência,
Se a existência
Não me é concernente…

Quando surgem as rajadas
Sou desfolhada
Espalhada
Minha vida é um segundo.
Transitivo é meu viver
De ser…
A flor rainha do mundo.

Carolina Maria de Jesus, em “Antologia pessoal”. (Organização José Carlos Sebe Bom Meihy). Rio de Janeiro: Editora UFRJ, 1996.

La Rosa
Poema de Carolina Maria de Jesus
Traducido por Pedro Sevylla de Juana

Yo soy la flor más hermosa
Dijo la rosa
Vanidosa!
Soy la musa del poeta.

Por todos soy admirada
Y adorada.

La reina predilecta.

Mis pétalos aterciopelados
Están perfumados
Y acunados.

Que aroma tan fragante:
Para que me sirve esta esencia,
Si la existencia
No me es vinculante…

Cuando surgen las estrías
Quedo deshojada
Esparcida
Mi vida es un segundo.
Transitivo es mi vivir
De ser…
La flor reina del mundo.

 

HUMANIDADE
Poema de Carolina Maria de Jesús

Depôis de conhecer a humanidade
suas perversidades
suas ambições
Eu fui envelhecendo
E perdendo
as ilusões
o que predomina é a
maldade
porque a bondade:
Ninguem pratica
Humanidade ambiciosa
Y gananciosa
Que quiere quedar rica!
Cuando yo morir…
No quiero renascer
es horrivel, soportar la humanidad
Que tiene apariencia noble
Que encubre
Las pesimas calidades

Noté que el ente humano
ES perverso, es tirano
Egoista interesseiros
Pero trata con cortêzia
Pero todo es ipocresia
Son rudes, y trapaceiros

Carolina Maria de Jesus, em “Meu estranho diário”. São Paulo: Xamã, 1996. (grafia original)

 

Humanidad
Poema de Carolina María de Jesús
Traducido por Pedro Sevylla de Juana

Después de descubrir a la humanidad
sus maldades
sus ambiciones
yo fui envejeciendo
y perdiendo
las ilusiones;
lo que predomina es la
maldad
porque la bondad:
no la practica nadie
Humanidad ambiciosa
Y ávida de lucro
¡Que quiere hacerse rica!
Cuando yo muera…
No quiero resucitar
es horrible, soportar a la humanidad
cuya apariencia noble
encubre
Las pésimas cualidades

Me di cuenta de que el ser humano
Es perverso, es tirano
Egoísta, interesado
Pero trata con educación
Aunque es todo hipocresía
es bruto, y trapacero.

[MUITAS FUGIAM AO ME VER]
Poema de Carolina Maria de Jesus

Muitas fugiam ao me ver
Pensando que eu não percebia
Outras pediam pra ler
Os versos que eu escrevia

Era papel que eu catava
Para custear o meu viver
E no lixo eu encontrava livros para ler
Quantas coisas eu quiz fazer
Fui tolhida pelo preconceito
Se eu extinguir quero renascer
Num país que predomina o preto

Adeus! Adeus, eu vou morrer!
E deixo esses versos ao meu país
Se é que temos o direito de renascer
Quero um lugar, onde o preto é feliz.

Carolina Maria de Jesus, em Antologia pessoal. (Organização José Carlos Sebe Bom Meihy). Rio de Janeiro: Editora UFRJ, 1996.

(Muchas escapaban al verme)
Poema de Carolina Maria de Jesus
Traducido por Pedro Sevylla de Juana

Muchas huían al verme
Pensando que no lo descubría
Otras querían leer
Los versos que yo escribía

Era papel lo que yo recogía
Para pagar mi vida
Y en la basura encontraba libros que yo leía
Cuántas cosas quise hacer
Fui impedida por el prejuicio
Si yo muero quiero renacer
En un país donde predomine el negro

Adiós! Adiós, voy a morir!
Y dejo esos versos a mi país
Si es que tenemos el derecho de resucitar
Quiero un lugar, donde el negro sea feliz.

 

SONHEI
Poema de Carolina Maria de Jesus

Sonhei que estava morta
Vi um corpo no caixão
Em vez de flores eram Iivros
Que estavam nas minhas mãos
Sonhei que estava estendida
No cimo de uma mesa
Vi o meu corpo sem vida
Entre quatro velas acesas

Ao lado o padre rezava
Comoveu-me a sua oração
Ao bom Deus ele implorava
Para dar-me a salvação
Suplicava ao Pai Eterno
Para amenizar o meu sofrimento
Não me enviar para o inferno
Que deve ser um tormento

Ele deu-me a extrema-unção
Quanta ternura notei
Quando foi fechar o caixão
Eu sorri… e despertei.

Carolina Maria de Jesus, em Antologia pessoal. (Organização José Carlos Sebe Bom Meihy). Rio de Janeiro: Editora UFRJ, 1996, p.174.

Soñé
Poema de Carolina Maria de Jesus
Traducido por Pedro Sevylla de Juana

Soñé que estaba muerta
Vi un cuerpo en el cajón
En vez de flores eran Iibros
Lo que sujetaban mis manos
Soñé que estaba tendida
En lo alto de una mesa
Vi mi cuerpo sin vida
Entre cuatro velas encendidas

Al lado el padre rezaba
Me conmovió su oración
Al bueno Dios él imploraba
Para obtener la salvación
Suplicaba al Padre Eterno
Para deleitar mi sufrimiento
No enviarme al infierno
Que debe ser un tormento

Él me dio la extrema unción
Cuanta ternura noté
Cuando fue a cerrar el cajón
Yo sonreí… y desperté.

 

 

 Renata Bomfim no Mosteiro Zen de Ibiraçu, onde atuou como educadora socioambiental

 

O MEU OLHAR SOBRE FLORBELA ESPANCA E CAROLINA MARIA DE JESUS
Análise crítica da Professora e Doutora Renata Bomfim

NESSE ESTUDO APROXIMEI DUAS MULHERES que, ao primeiro olhar parecem tão diferentes, afastadas no tempo, no espaço, de condições sociais diversas, mas que se irmanam na busca que empreenderam para se inserirem na ordem do discurso. Falo de Florbela Espanca, escritora portuguesa nascida em 1894 e falecida em 1930 e Carolina Maria de Jesus, brasileira nascida em Minas Gerais, Sacramento, em 1914 e falecida e 1977, mas emigrada para São Paulo, onde viveu grande parte de sua vida. Florbela é uma companhia antiga, estudo sua obra há quase uma década, e Carolina Maria uma leitura recente, uma escritora inquietante, de difícil apreensão, que me interroga e sobre quem lanço minhas primeiras análises.

A crítica Eneida Maria de Souza (2002, p. 118) defende que é produtivo o contato literário entre escritores distanciados no tempo, desde que eles sejam participes de “uma mesma confraria”, para a pesquisadora é possível fazer aproximações entre seus textos estabelecendo “feixes de relações que independem de causas factuais”, mas que se explicam, antes, a partir de semelhanças e afastamentos. Souza (2002) dirá, ainda, que tais aproximações contribuem para a desconstrução dos cânones oficiais, promovendo o estabelecimento de novas linhagens literárias.

É sabido que a escrita de autoria feminina, especialmente, a partir da década de 1970, fomentada pela crítica feminista, tem se afirmado como um não-cânone, como uma “linguagem outra”, urdida à margem e nos interstícios, e que essa escrita é marcada por uma alteridade radical. Lúcia Zolin (2009, p. 329) nos faz saber que variados estudos tem buscado mapear os atributos dessa produção que se singulariza e difere do cânone oficial Ocidental que é masculino, branco e de classe média-alta. Na obra Uma estética da teatralidade, Renata Junqueira (2003) reivindicou para Florbela Espanca um lugar no cânone português moderno, essa reinvindicação não foi apenas dela, visto que o jeito decadentista de Florbela afastou o olhar das afinidades de sua escrita com o seu tempo, entretanto, hoje, reconhece-se que a escrita florbeliana se apropriou “do aparato das máscaras, das poses e dos artifícios retóricos que a revestiram de teatralidade, que se constitui uma das importantes características dos movimentos de Vanguarda do século XX.

Além do mais, a produção de Florbela aconteceu, especialmente, a partir da década de 1920. O biografismo foi, também, um artificio a partir do qual a escritora se projetou ficcional e sistematicamente no universo da criação literária.
Carolina Maria de Jesus foi uma escritora que também mobilizou uma série de recursos literários na construção de uma poética de resíduos, urdida na primeira pessoa do singular. Essa escrita incômoda, que não escapou a “organização” e a “acertos vários”: revisão em relação à pontuação, ortografia, vocabulário e termos recorrentes, além da transposição da escrita cursiva para a letra de fôrma, presentificou um Eu capaz de assumir variadas posições. Carolina, assim como Florbela, cuja obra também passou por “montagens” e “adulterações” invoca a persona, ela utiliza máscaras de revelação e ocultação na tessitura do discurso ficcional. Na obra Quarto de despejo (1994), observamos uma autora favelada e uma narradora que vive variadas situações e que busca “livrar a protagonista dos mesmos gestos, pensamentos, comportamentos dos demais favelados”, entanto, as aproximações são inevitáveis, pois a linguagem utilizada, assim como o modo de vida protagonizado, faz parte do ambiente favelado. Carolina produz um tipo de narrativa fragmentada que registra anotações variadas de um passado recente e do presente.

O MEU OLHAR sobre Florbela Espanca e Carolina Maria de Jesus não é inocente, antes, ele está comprometido pela minha condição de mulher e de escritora. A crítica indiana Gayatri Spivak (2010, p. 9), defende que produzir crítica é uma forma de intervir na realidade, por isso essa prática profissional deve ser engajada e contestadora. É nisso que eu acredito.

FALAR SOBRE FLORBELA E CAROLINA me impôs uma reflexão sobre questões de gênero e sobre o jogo de forças existente entre o cânone oficial e os outros discursos. Lúcia Zolin (2009, p. 327) afirma que é impossível ignorarmos que o cânone ocidental é excludente e que não foram apenas as mulheres o alvo do seu preconceitos, mas também as etnias não brancas e as chamadas minorias sexuais. Esse cânone regulado pela ideologia patriarcal levou a mulher escritora a se colocar como um contra-poder, e essa passou a se constituir a partir da diferença, enquanto alteridade em relação a uma visão de mundo falocêntrico: “ser o outro, o excluso, o estranho”, para então, de forma periférica, se inseriu no mundo “sério” da literatura e da academia. São conhecidos os processos inquisitórios pelos quais passaram muitas escritoras: Florbela Espanca (alcunhada de “anti-constitucional”), Judith Teixeira de “escritora de Sodoma” tendo, inclusive, os seus livros queimados em praça pública, e Gilka Machado que, assim como Guilly Furtado Bandeira, alvo da crítica misógina de José Veríssimo, não suportaram a pressão e pararam de publicar.

EIS QUE FLORBELA E CAROLINA SE APROXIMAM. Coloco frente a frente essas duas mulheres escritoras, elas sorriem, há cumplicidade no olhar: são confreiras, como propôs Eneida Maria de Souza. Florbela e Carolina foram mulheres que ocuparam o lugar de escritoras por apropriação. Acerca de Florbela dirá Ana de Castro Osório (ESPANCA, 1995, p. 16): não abriu para si “nenhum horizonte profissional” a não ser o de “literata”, e este atributo era “o mais desagradável que podia ser dito de uma senhora, que era vista com um livro na mão”:
Todas as ninharias pueris em que as mulheres se comprazem, toda a fina gentileza duns trabalhos em seda e oiro, as rendas, os bordados, a pintura, tudo isso que eu […] não se dão bem nas minhas apenas talhadas para folhear livros que são, verdadeiramente, os meus mais queridos amigos e os meus inseparáveis companheiros. […] Que desconsolo ser assim! Eu não devia ser assim, não é verdade? Mas sou… (ESPANCA, 2002, p. 223).

Extemporânea, Florbela foi “um ser de suprema originalidade, tendo o orgulho por norma e a audácia por lei”, como a definiu Emilia Costa (apud ESPANCA, 2002, p. 12), talvez por isso, no âmbito do sistema político autoritário de Salazar, a Igreja portuguesa a tenha classificado como uma pessoa “moralmente perniciosa” e um “péssimo exemplo”, desaconselhando a leitura dos seus livros. Múltipla, sua obra é marcada pela teatralidade, pela encenação. Em se tratando de Florbela Espanca tudo é questionável e aberto a interpretações.

Rainha depois de morta, como afirmou Maria Lúcia Dal Farra, foi a partir do toque da “Senhora com dedos de veludo” que a poetisa teve o nome conhecido em todo o Portugal e também no mundo. Entretanto, a sua vida, assim como a sua morte cenográfica, por suicídio, no dia em que completaria trinta e seis anos, contribuíram para que a imanência de sua poética fosse ignorada, bem como, os seus pontos de contato e de deslocamento em relação à tradição.

Na década de 1960, Carolina Maria de Jesus lançou Quarto de despejo pela Livraria Francisco Alves e vendeu seiscentos livros somente na primeira noite de autógrafos. A tiragem inicial, que seria de três mil exemplares, foi de trinta mil, e eles se esgotaram em apenas três dias na cidade de São Paulo. Posteriormente, mais de dez edições foram feitas no Brasil. O livro foi traduzido para treze línguas e circulou em quarenta países. Foi grande o impacto desse sucesso sobre Carolina, que conseguiu realizar o sonho de sair da favela.

Fora da Favela do Canindé e morando em um bairro de classe média baixa, Carolina e seus filhos foram alvo de uma série de preconceitos por serem negros e por carregarem o estigma da pobreza. Não suportando as discriminações, a escritora mudou-se para um sítio em Parelheiros, onde morou numa pequena casa com os filhos, sobrevivendo das colheitas de algum plantio e da criação de galinhas e porcos, além de vendas na beira da estrada, o que não deu certo por causa dos fiados, e da “catação” de ferro, segundo ela conta em seu outro diário intitulado No sítio (1962, p. 257-258).

Vale observar que, no cenário literário, Carolina se tornou uma “excitante curiosidade”, a “negra semi-analfabeta” que “alcançou o estrelato”, como escreveu Audálio Dantas. Ela foi ovacionada por escritores brasileiros de renome como Raquel de Queiróz, Sérgio Millet e Manuel Bandeira que escreveu um artigo destacando que “ninguém poderia inventar aquela linguagem” cuja força criativa era de quem havia ficado “a meio caminho da instrução” (DE JESUS, 1994, p. 5). A crítica não foi apenas favorável à escrita de Carolina, houve também aqueles que acharam que o livro era “golpe publicitário”, “um golpe de espertalhão”, e aqueles que, simplesmente, não gostaram. Carolina faleceu pobre e esquecida no sítio de Parelheiros, na madrugada de 13 de fevereiro de 1977, sendo a sua obra retomada em 1996, com a publicação póstuma de Antologia pessoal, organizada pelo pesquisador José Carlos Sebe Bom Meihy, com revisão do poeta Armando Freitas Filho e prefácio de Marisa Lajolo.

A ESCRITA: A ESCRITA AUTOBIOGRÁFICA
A escrita de Carolina está intimamente ligada à sua vida, e nesse sentido seu diário é autobiográfico. Entretanto, podemos ver o trabalho estético da escritora como estratégia de organização da própria vida. Vale destacar que Florbela também escreveu um diário, conhecido como Diário de último ano, obra formada por trinta e dois fragmentos caóticos de textos. Assim como um caderno, o Trocando Olhares, matriz que abrigou textos que seriam retrabalhados e publicados. Esse caderno de capa dura com 32, 2 cm por 11 cm e com 47 folhas abrigou a escrita 88 poemas e três contos, numa produção que se estendeu entre 1915 e 1917 e ficou inédito até 1985. Nesse caderno coabitam “clarezas e obscuridades, espaços óbvios e intrincados enigmas” (DAL FARRA, 1994, p. 17). Observamos que Florbela se esmera na letra ao começar o caderno, mas, essa caligrafia foi cedendo à sobreposição misteriosa de códigos que se confundiam com outros dados: “esboços de poemas, retificações sobre versos apenas rascunhados, registros de títulos”, material eclético, palimpsesto no qual estão localizadas anotações e rascunhos na vertical e na horizontal, alguns deles ilegíveis (DAL FARRA, 1994, p. 17). Esse objeto arqueológico da escrita florbeliana indica que o caderno acolheu, desde a sua criação, outras finalidades além de servir a leitura alheia, se tornando uma espécie de oficina literária que desnudou a intenção da jovem poetisa: ser escritora.

O crítico Meihy (2005, p. 6), estudioso da obra da Carolina Maria, destacou que a escrita nos cadernos de Carolina, “diários femininos” que mostravam as suas variações psicológicas, a sua vulnerabilidade perante uma cultura que, aparentemente, rompia com o passado histórico, expôs o drama de mulheres marginais. Embora seja um gênero tradicional, o Diário , e até mesmo considerado menor pela tradição literária , assim como fez Florbela com o seu Trocando olhares, Carolina subverte o seu sentido original abrigando nele os produtos da marginalidade, marcado por uma narrativa sem fronteiras: é autobiográfica, testemunhal, diário íntimo, ficcional, dada sua riqueza metafórica e o conglomerado de discursos.

A escrita fragmentária, rascunhada, rabiscada dos cadernos, os seus hiatos temporais, dias não registrados, que contam,  ou deixam de contar , varias histórias. Na obra Estética da criação verbal, Mikhail Bakhtin (2003, p. 138) defenderá que o biográfico atuará não apenas na organização da vida do outro, mas também contribuirá com “vivenciamento da própria vida”. O eu-para-si, ou seja, a relação consigo mesmo, está na base dos suportes contraditórios e transitórios e cambiantes em relação ao livro. Maurice Blanchot (2005, p. 270), ressaltará o entrelaçamento radical entre o diário íntimo e o tempo. Embora o diário a transpareça uma liberdade radical, sendo capaz de abarcar “sonhos, ficções, comentários de si mesmo, acontecimentos”, ele deve “respeitar o calendário”. Assim, o tempo torna-se um elemento chave na leitura do texto.

O Diário de último ano, de Florbela Espanca, se estenderá do dia 11-01-1930 ao dia 02-12-1930, já o de Carolina Maria de Jesus cobrirá 257 dias da vida da escritora, estendendo-se de 15-6-1955 a 18-7-1955, e depois de 02-05-1958 a 01-1-1960. Os dias estão incompletos, o que confere às obras das escritoras um caráter fragmentário. Há no diário de Carolina, por exemplo, um hiato de cerca de três anos. Essa escrita diaristica, como destacou Blanchot (2005, p. 272), enraizada no cotidiano e na perspectiva que esse delimita, demanda a representação da sinceridade, pois, “narra-se aquilo que não é possível relatar, aquilo que é “demasiadamente real para não arruinar as condições da realidade”.

Carolina Maria diz: “Há de existir alguém que lendo o que eu escrevo dirá… isto é mentira! Mas, as misérias são reais” (1994, 41); Sendo o autor biográfico “aquele Outro possível”, “investido de afetuosa autoridade” de si mesmo, como afirmou Bakhtin (2003, p. 140), encontraremos nas nossas heroínas, Florbela e Carolina, a vontade de serem heroínas, de terem importância no mundo dos outros, a vontade de serem amadas e, especialmente, a vontade de “superar a fabulação da vida”. Carolina relata: “Eu cato papel, mas não gosto. Então eu penso: faz de conta que eu estou sonhando” (1994, p. 26):

Sonhei que eu residia numa casa residível, tinha banheiro, cozinha, copa e até quarto de criada. Eu ia festejar o aniversário de minha filha Vera Eunice. Eu ia comprar-lhe umas panelinhas que há muito ela vive pedindo. Porque eu estava em condições de comprar. Sentei nam mesa para comer. A toalha estava alva ao lírio. Eu comia bife, pão com manteiga, batata frita e salada. Quando eu fui pegar outro bife despertei (1994, p. 35).

Carolina lança mão do sonho e do devaneio como estratégia, para manipular o real. Florbela utiliza o mesmo mecanismo: “Napoleão de saias, que impérios desejas? Que mundos queres conquistar? A poetisa vê as suas mãos se cruzarem “vazias dessa maré de sonhos que a vida, em amargo fluxo e refluxo, leva e traz constantemente”, sonhos frustrados que fazem com ela deseje ser “outra, outra, outra!”. Enfim, no Diário de último ano Florbela dirá que “A vida tem a incoerência dum sonho.”

Carolina Maria escreverá no dia 16-7-1955: ganhei “dois quilos de arroz, idem de feijão, e dois quilos de macarrão”, assim, “o nervosismo interior que sentia ausentou-se”, sentei para ler um conto enquanto aproveitava os raios solares para aquecer-se. Urdida nos intervalos da cata de papel e busca diária de água, por comida, a escrita em Carolina é expressão de lucidez, tem objetivo, é uma ação que se assenta em um sonho: comprar uma casa: Ao ser convidada para ir no quarto de Seu Gino, a escritora recusa e declara: “é que eu estou escrevendo um livro, para vendê-lo. Viso com esse dinheiro compra um terreno para eu sair da favela. Não tenho tempo para ir na casa de ninguém” (DE JESUS, 1994, p. 25). Observamos que, para Carolina o espaço da narrativa se apresenta como um terreno de liberdade e um espaço de autopreservação:
eu deixei o leito as 3 da manhã porque quando a gente perde o sono começa a pensar nas misérias que nos rodeia…(…) deixei o leito para escrever. Enquanto escrevo vou pensando que resido num castelo cor de ouro que reluz na luz do sol. Que as janelas são de prata e as luzes de brilhante. Que a minha vista circula no jardim e eu contemplo as flores de todas as qualidades. (…) É preciso criar esse ambiente de fantasia, para esquecer que estou na favela. […] As horas que sou feliz é quando estou residindo nos castelos imaginários” (DE JESUS, 1994, p. 52, grifo nosso).

Blanchot (1995, p. 273) defenderá a possibilidade de (re)existência do escritor por meio da escrita, uma possibilidade desse tanto “escapar do silêncio”, quanto” do “extremo da fala”. Nesse espaço onde o eu se “derrama e consola”, tanto Florbela, quanto Carolina encontraram abrigo. Dirá Florbela no texto de abertura do seu diário: Para mim? Para ti? Para ninguém. Quero atirar para aqui, negligentemente, sem pretensões de estilo, sem análises filosóficas, o que os ouvidos dos outros não recolhem, […] todo o meu espírito paradoxal, talvez frívolo, talvez profundo” (ESPANCA, 2002, p. 256). Já Carolina, no dia 21-7-1955 externará o desejo de registrar “Todas as lembranças que pratica os favelados, estes projetos de gente humana” (DE JESUS, 1994, p. 24).

Observo no Diário do último ano, de Florbela Espanca, assim como no Quarto de despejo, de Carolina Maria de Jesus, reflexões e registros que comunicam uma busca de salvação/libertação pela escrita. Diz Florbela: “Tão pobres somos que as mesmas palavras nos servem para exprimir a mentira e a verdade”. A obra dessas duas escritoras, irmanadas no desejo de escrever e na luta para que suas vozes fossem ouvidas, estão abertas para diversas perspectivas interpretativas e teorias variadas. O caráter temerário de suas escritas permitiu diversas apreensões dos seus textos.

A visada a partir da perspectiva da escrita de autoria feminina permite que observemos que durante muito tempo, a mulher não representou a si mesma e, depois de muita, quando tiveram acesso ao mundo da escrita, o seu discurso foi regulado. Representada nos discursos e no repertório de imagens de variados tempos, a mulher passa a se apresentar, pondo em xeque estereótipos e reducionismos.
Florbela Espanca e Carolina Maria de Jesus possuem escritas que estão para além da simples transgressão da proibição da escrita, seus textos se estruturam como palimpsestos da escrita masculina, um recortar e colar que dá forma a uma escrita outra, da alteridade, sob o ponto de vista feminino. Diz carolina: “Eu não sou indolente. Há tempos que eu pretendia fazer o meu diário. Mas eu pensava que não tinha valor e achei que era perder tempo. ….Eu fiz uma reforma em mim” (DE JESUS, 1994, p. 25).

A ERRÂNCIA VERSUS A CASA
Florbela Espanca passou muitas dificuldades financeiras na vida. A herança que recebeu de sua madrinha foi totalmente perdida em um investimento mal sucedido, que levou a escritora a uma errância que se estenderia por toda a sua vida. Vivendo em casa alheia, Florbela ansiava legalizar a sua situação com Antônio, o segundo marido, para que pudessem viver felizes, em uma casa só deles, ela ansiava um lar. Foi nesse período que escreveu o soneto “A nossa casa”: “A nossa casa, Amor, a nossa casa!/ Onde está ela, amor, que não a vejo?/ Na minha doida fantasia em brasa/Constrói-a, num instante, o meu desejo!”. Variadas cartas revelam a importância de ter uma casa para Florbela: “Não sei o que esperas para alugar casas, dizes que a questão é eu ir, pois eu digo que a questão é ter lá um buraco por modesto que seja. Palácio ou tenda na praia, o que eu preciso é casa minha”, noutra carta a poeta diz: “Muito depressa arranja a nossa casinha seja como for. Na Foz ou no Porto ou em casa do Diabo”. Findo o segundo casamento a escritora finda seus dias morando na casa do sogro, em Redondo.

A casa é um motivo simbólico, imagem arquetípica que emerge com o descentramento radical do ser. Sonho de simplicidade que remete para os valores da intimidade em face de uma urbanidade feroz. O eu lírico florbeliano enuncia a sua errância desde o Manuscrito Trocando Olhares, quando “vai fugindo, e tonto vai andando/ A perder-se nas brumas dos caminhos” (ERRÂNCIA, 1999, p. 115); passando pelo Livro de Mágoas quando se define: “Eu sou a que no mundo anda perdida,/ Eu sou a que na vida não tem norte/[…] Sou aquela que ninguém vê…”(EU, 1999, p. 133). Maria Carolina de Jesus dirá no seu Diário Quarto de despejo (1994, p. 72), “Parece que vim ao mundo predestinada a catar. Só não cato a felicidade”. O dia a dia de andanças em busca de água, de recicláveis, de comida, de dignidade, se tornam leitmotiv e fio condutor da obra: “Todos os dias é a mesma luta. Andar igual um judeu errante atrás de dinheiro, e o dinheiro que se ganha não dá pra nada”. A constatação da impotência frente a um sistema excludente desperta na narradora o desejo de suicídio: “Quando eu fiquei doente eu andava até querendo suicidar por falta de recursos” (DE JESUS, 1994, p. 60). A morte é personagem que ronda não apenas o narrador em Quarto de despejo, mas todo o grupo de excluídos sociais que mora na Favela do Canindé. Carolina Maria dirá: “ninguém deve alimentar a ideia de suicídio. Mas hoje em dia os que vivem até chegar a hora da morte, é um herói (DE JESUS, 1994, p. 54). A “triste viagem” de Carolina, o seu dia-a-dia marcado pela fome, pela dor, pela incerteza e também pela coragem, podem ser acompanhados pelo leitor.

A SITUAÇÃO DA MULHER
Podemos vislumbrar, a partir da leitura dos textos de Carolina Maria de Jesus, as incursões de mulheres, especialmente de mulheres negras e pobres, pelo espaço urbano da grande São Paulo. Entrevemos as suas dificuldades, anseios e um destino comum de violência com o qual muitas delas buscam romper. Diz Carolina: “Como é pungente a condição de mulher sozinha sem um homem no lar”; “As mulheres que eu vejo passar vão para a igreja buscar pães para os filhos. Que o Frei Luís lhes dá, enquanto os esposos permanecem debaixo das cobertas”. Nem todas as mulheres se submetem passivamente a violência, há aquelas que reagem à agressão, entretanto, muitas conseguem. A violência é um fenômeno que destrói a autoestima da mulher e comprometendo a sua potência reflexiva e capacidade de reação. O medo é outro fantasma comumente encontrado num cenário contemporâneo onde a violência banalizada invade o cotidiano doméstico e familiar. A violência pode ser rompida com a denúncia, com a quebra de um silêncio que se mostra secular. Carolina denuncia no seu diário a violência de gênero, de raça, o Eu se coloca ao lado dos mais fracos, e sua luta se amplifica contra, especialmente porque a sua obra serve para que haja uma democratização da palavra e para que possamos nos livrar, inclusive, dos preconceitos linguísticos.
Nos deparamos com uma narradora arrojada, que busca romper com status quo assumindo o sustento de sua casa e a criação e educação dos filhos: “Meus filhos não são sustentados com o pão da igreja. Eu enfrento qualquer espécie de trabalho para mantê-los” (DE JESUS, 1994, 14).

A dureza da vida, da cama e do pão são a condição do favelado, diz Carolina. Mas, há dias que nem mesmo o pão duro, para qual é necessário ter dentes de ferro, há para alimentar os filhos: “só quem é mãe é que pode avaliar”. Não encontramos em Quarto de despejo uma representação fixa de mãe, mas a apresentação de uma mãe que se constrói a partir, inclusive, da palavra: “Mostrei-lhe os sapatos, ela ficou alegre. Ela sorriu e disse-me: que está contente comigo e não vai comprar uma mãe branca. Que não sou mentirosa. Que falei que ia comprar os sapatos e comprei. Que eu tenho palavra” (1994, p. 60). Um tema de extrema importância nas narrativas das nossas escritoras é a fome.

A escritura de Carolina abriga múltiplas vozes, essa polifonia radical nos põe em contato com a a situação de dois meninos da favela. Chegamos a ouvir o barulho da sirene que trouxe os dois “negrinhos” que vagavam pela Espação da Luz, um tem 4 o outro tem 6 anos. Eles são “os mais maltrapilhos da cidade” e vão comendo o que encontram pela rua: “casca de banana, casca de melancia e até casca de abacaxi” (1994, p. 40). A FOME
A fome se impõe como personagem na obra de Carolina, ela é real: “os meus filhos estão sempre com fome, […] quando eles vê as coisas de comer eles brada:  Viva mamãe! (DE JESUS, 1994, p. 26-27). “Que efeito surpreendente faz a comida no nosso organismo, […] a comida no estômago é como o combustível nas máquinas”; “o meu dilema é sempre a comida”(1994, p. 45).

Florbela, por sua vez, explicitou no seu canto que ser poeta é “ter fome e ter sede de infinito” (SER POETA) e, na sua errância perguntava, “Dize pra onde vou, donde é que venho// Dize de que é que eu tenho sede e fome?!” (INTERROGAÇÃO). A fome do eu lírico florbeliano retratou a fome secular das mulheres por amor, elemento dos valores biográficos, segundo Bakhtin (2003, p. 144) e “força motriz de organização da vida” . Era fome de justiça, de liberdade: “Estonteante fome, áspera e cruel,/ Que nada existe que a mitigue e a farte!”. A fome de Carolina, aparentemente menos estética, também não e apenas dela, é de milhares de brasileiros que são subtraídos nos direitos básicos, que tem a sua cidadania obliterada: “O Brasil precisa ser dirigido por uma pessoa que já passou fome. A fome também é professora” (1994, p. 26).

O acúmulo de experiências vão despertando em Carolina um sentimento de revolta e esta levanta variados questionamentos: “será que Deus sabe que existem as favelas e que os favelados passam fome”. Outra característica marcante da obra de Carolina é a lucidez com essa reconhece o seu papel como mulher e como cidadã: “Aqui na favela quase todos lutam com dificuldade para viver. Mas quem manifesta o que sofre é só eu” (p. 32). Carolina declara não ser “da violência”, mas reconhece a injustiça, a “vida negra” na favela onde “as pessoas chegam esfarrapadas, andam curvado e os olhos fitos no solo como se pensasse na sua desdita”, a consciência de que a favela do Canindé, que margeia o Rio Tietê, mimetisa a sua condição de marginal: “nós somos pobres, viemos para a margem do rio. As margens dos rios são lugares do lixo e dos marginais. […] há decadência na favela, Favela é de morte!”. Carolina dirá que quando está na cidade, a qual chama de “palácio”, tem a impressão que esta na “sala de visita com seus lustres de cristais, seus tapetes de viludo, almofadas de sitim”, mas, quando está na favela, a sua impressão é de ser “um objeto fora de uso, digno de estar num quarto de despejo” (DE JESUS, 1994, p. 33).

A realidade nua e crua, a qual a ficção é capaz de produzir, faz se fortalecer a revolta: “Começo a me revoltar. E a minha revolta é justa” (1994, p. 30). A revolta de sentir-se um “rebotalho”, ou seja, coisa inútil, sem valor:
Quando um político diz nos seus discursos que está do lado do povo, que visa incluir-se na política para melhorar as condições de vida pedindo o nosso voto, prometendo congelar os preços, já está ciente que abordando este grave problema ele vence nas urnas. Depois divorcia-se do povo. Olha o povo com olhos semi-cerrados. Com orgulho que fere a nossa sensibilidade (1994, p. 34).

Esse narrador inquietante é sensível, capaz de “contemplar extasiada o céu cor de anil”, sentir seu olhar pousar nos arvoredos que existem no início da rua Pedro Vicente: “as folhas moviam-se”, e, nesse momento, numa espécie de epifania a la Clarice, compreender que ama profundamente o Brasil: “Pensei: “elas [as folhas] estão plaudindo este meu gesto de amor a minha pátria” (1994, p. 32). Entretanto, chega a conclusão de que o sistema social e político brasileiros está falindo: “A democracia está perdendo os seus adeptos. No nosso país tudo está enfraquecendo. O dinheiro é fraco, A democracia é fraca e os políticos fraquíssimos. E tudo o que está fraco, morre um dia” (1994, p. 35). Para Carolina, deveria dirigir o país “quem tem capacidade, quem tem dó e amizade ao povo”, mas não é essa a realidade que se vê, pois governam aqueles que tem dinheiro, que não sabe o que é fome”, “dor”, “aflição do pobre”. A escritora posiciona-se: “Eu estou do lado do pobre, que é o braço. Braço desnutrido. Precisamos livrar o país dos políticos Açambarcadores” (1994, p. 35).

FRANKENSTEIN PATRIARCAL
Durante o mestrado observei que a poética de Florbela abrigava variadas representações femininas, destaquei entre elas as de Lilith, Eva e Maria. Percebi que essas representações davam forma a uma representação outra, a uma imagem síntese, para a qual utilizei como representação a criatura da obra de Mary Shelley, o Frankstein, ente formado por partes de cadáveres e que ganha vida nas mãos do Dr. Victor Frankenstein.

A escritora Lúcia Castelo Branco (1989, p. 17) destaca que as imagens construídas pelo homem não coincidem com a mulher, não são a sua réplica fiel, “como crê o leitor ingênuo”. Simone de Beauvoir (1961) corroborará essa afirmação, ela já havia falado sobre a habilidade com que o masculino desenhou o perfil feminino durante diferentes épocas visando perpetuar a ideologia patriarcal, seja utilizando a literatura, contos tradicionais, os mitos. São exemplos dessa pretensa superioridade masculina as figuras Perseu, Hércules, Davi, Aquiles, Napoleão, quantos homens para uma Joana d’Arc; e, por trás desta, a grande figura masculina de São Miguel Arcanjo! […] Eva não foi criada para si mesma e sim como companheira de Adão […]. As deusas da mitologia são frívolas ou caprichosas e todas tremem diante de Júpiter; enquanto Prometeu rouba soberbamente o fogo do céu. Pandora abriu a caixa das desgraças. […] A Virgem, acolhe de joelhos a palavra do anjo: “Sou a serva do Senhor”, […] as santas declaram de joelhos o seu amor ao Cristo radioso (BEAUVOIR, 1961, p. 30).

Constatei nas minhas pesquisas que grande parte da problemática da mulher em busca de identidade e expressão podia ser observada nas representações presentes na poesia florbeliana, que denuncia a invalidez do feminino dentro de uma consciência patriarca que enxerga o feminino e sua liberdade como perigosos e ameaçadores.

Assim como Florbela, Carolina foi destruída, como um herói trágico. Machado (2006, p. 108) diz que assim que a escritora saiu de São Paulo, a imprensa “já não teria a sua Geni para tocar pedras” e a escritora passou a ser achincalhada nos jornais: “Carolina de Jesus deixou a casa de alvenaria e voltou a catar papel em São Paulo (Jornal do Brasil, 1966); Carolina de Jesus quer viver com os indígenas (Folhade S. Paulo, 5/2/1970); Carolina: vítima ou louca? (Folha de S. Paulo 1/12/76)”. Observamos que o sistema patriarcal sustenta-se na dicotomia e que a multiplicidade e a potência da escrita de mulheres como Florbela e Carolina não são toleradas.

Vale destacar que, muitas das cartas de Florbela, alguns de seus poemas foram adulterados pelo seu editor póstumo, Guido Battelli, para que ela parecesse menos erótica e mais católica, já no caso de Carolina, não há caderno seu que tenha sido publicado integralmente. Segundo Elzira Divina Perpétua (2016), que estudou os manuscritos, as interferência realizadas pelo editor de Carolina objetivavam eliminar o que poderia haver de suposta erudição na escrita da escritora, adequando, assim, a sua imagem a da sua condição social, construindo o estereótipo de uma personagem do povo, com pouca escolaridade. O que corrobora nossa hipótese acerca da impossibilidade de sobrevivência do potencial feminino nesse tipo de sociedade.

Referências:
 DAL FARRA, Maria Lúcia, Florbela Espanca: Trocando olhares. Estudo introdutório e estabelecimento do texto e notas de Maria Lúcia Dal Farra. Lisboa: Imprensa Nacional–Casa da Moeda, 1994.
 DE JESUS. Carolina Maria. Quarto de despejo. São Paulo: Ática, 1994.
 ESPANCA, Florbela. Florbela Espanca. Organizado por Maria Lúcia Dal Farra. Rio de Janeiro: Agir, 1995. (Nossos Clássicos; 121).
 ESPANCA, Florbela. Afinado Desconcerto: (contos, cartas e diário). Estudo introdutório, apresentações, organização e notas de Maria Lúcia Dal Farra. São Paulo: Iluminuras, 2002.
 ESPANCA, Florbela. Poemas Florbela Espanca. Estudo introdutório, edição e notas de Maria Lúcia Dal Farra. Martins Fontes. 1996.
 FOUCAULT, Michel. Estética: literatura e pintura, música e cinema. Organização e seleção de texto de Manoel Barros da Motta, tradução de Inês Autran Dourado Barbosa. 2.ed. Rio de janeiro: Forense Universitária, 2006.
 MACHADO. Marília Novais da Mata. Os escritos de Carolina Maria de Jesus: determinações e imaginário. Psicologia & Sociedade; 18 (2): 105-110; mai./ago. 2006.
 MEIHY, José Carlos Sebe Bom. Os fios dos desafios: o retrato de Carolina Maria de Jesus no tempo presente. In: Silva (org.). Artes do corpo 2. São Paulo: Selo Negro, 2004, p.15-55.
 MORIN, Edgar. O homem e a morte. Tradução de Cleone Augusto Rodrigues. Rio de Janeiro: Imago, 1997.
 PERPÉTUA, Elzira Divina – “Aquém do Quarto de despejo: a palavra de Carolina Maria de Jesus nos manuscritos de seu diário”. Disponível em.< http://docplayer.com.br/3127985-De-carolina-maria-de-jesus-nos-manuscritos-de-seu-diario-elzira-divina-perpetua.html>. Acesso em 01 set 2016.
 SOUZA, Eneida Maria de. Crítica Cult. Belo Horizonte: Editora UFMG, 2002.

Biografia de Renata Bomfim
Renata O. Bomfim atua como professora adjunta A na Universidade Federal do Espírito Santo (UFES), no Departamento de Letras. E doutora em letras (área de concentração estudos literários) pela Universidade Federal do Espírito Santo (UFES), com bolsa de pesquisa da Coordenação de Aperfeiçoamento de Pessoal de Nível Superior/ CAPES, na Universidade de Évora, Portugal. Mestre em letras pela UFES com bolsa da Fundação de Amparo à Pesquisa no Espírito Santo/ FAPES. Artista plástica graduada pela UFES, atuante nas áreas de arte-educação e arteterapia. Especialista em Arteterapia na Saúde e na Educação (UCAM /RJ), Psicossomática (FACIS/ SP) e Psicologia Analítica Jungueana (IBPP/ ES). Pesquisadora do CNPq desde 2007 no seguinte projeto: Figurações do feminino: Florbela Espanca et alii; sediado na Universidade Federal de Sergipe, sob a orientação da Professora Doutora Maria Lúcia Dal Farra. Escritora, poeta e ensaísta com forte atuação na elaboração e análise de textos sobre artistas plásticos e escritores. Membro do Instituto Histórico e Geográfico do ES (IHGES), da Academia Feminina Espírito-Santense de Letras (cadeira nº 16) e da Academia de Letras de São Mateus. Professora e educadora socioambiental com experiência em projetos de artes, de incentivo à leitura e à pesquisa, à prevenção de doenças e ao uso e abuso de drogas lícitas e ilícitas, desenvolvendo ações preventivas por meio de oficinas de arte e produção literária. Autora dos livros Mina, editora Floricultura/ES (2010), Arcano dezenove, ed. floricultura/ES (2011) e Colóquio das árvores, ed. Chiado/ Lisboa (2015), autora da Revista literária Letraefel, on line desde 2007: www.letraefel.com

Carolina Maria de Jesus, Audálio Dantas e Ruth de Souza, atriz

 

Carolina Maria de Jesus e a literatura periférica contemporânea
Fernanda Rodrigues de Miranda

Fernanda é Mestranda do Programa de Estudos Comparados de Literaturas de Língua Portuguesa da Faculdade de Filosofia, Letras e Ciências Humanas da USP.  Entrevista: https://vimeo.com/97299966

RESUMO: Carolina Maria de Jesus é considerada pela crítica a primeira escritora brasileira a vincular no texto literário a perspectiva interna dos marginalizados socialmente, e ao fazê-lo, suspender o conceito de modernidade que até a publicação de seu primeiro livro era confundido com a perspectiva modernista de positivização do progresso da paulicéia. Através da análise de aspectos de sua obra problematizamos o conceito de literatura marginal, tanto no contexto dos anos 1960 quanto contemporaneamente.

1.Uma escritora, negra e favelada.
Uma das possibilidades de olhar e olhar-se no discurso literário é vê-lo como uma ferramenta de leitura e escrita do mundo que estabiliza e move conceitos, fixa e desloca identidades e problematiza as relações humanas. Os significados coletivos alimentados pelos projetos ligados à imagem da sociedade que se quer preservar têm nas narrativas identitárias e no texto literário importantes aliados para a construção do que se tem chamado “comunidade imaginada” (ANDERSON, 2008, p. 55), para a criação de valores e tradições (HOBSBAWN, 2002, p. 10) ou ainda para a sedimentação dos paradigmas culturais. Entretanto, a histórica conexão entre cultura e poder observada no ocidente mostra que esses significados coletivos representam, em geral, conformidade simbólica e política conciliável apenas com os propósitos dos grupos sociais hegemônicos, e o cânone literário é resultado de uma forma autoritária de organizar o mundo, hierarquizando-o a partir das categorias de nação, de etnia, de gênero, de sexualidade e de propriedade.

Carolina Maria de Jesus é uma escritora fundamental para compreendermos a ausência do discurso literário dos autores que estão do lado oposto dessas categorias hegemônicas tanto no cânone literário estabelecido quanto no ensino de base, pois ao contrário das escritoras negras que a antecederam, sua obra alcançou um grande público. Com efeito, se até dois mil e nove já foram vendidos mais de um milhão de livros da autora, o número de leitores certamente ultrapassa em muito essa cifra. A obra publicada é composta de três diários (Quarto de Despejo – diário de uma favelada; Casa de Alvenaria – diário de uma ex-favelada e Diário de Bitita); um romance (Pedaços da Fome); uma coletânea de poemas (Antologia Pessoal) e uma compilação de pensamentos intitulada Provérbios. Grande parte de sua produção não foi publicada, somando uma infinidade de poemas, contos e escritos diversos e ainda desconhecidos. Michel Foucault asseverou que “o discurso não é simplesmente aquilo que traduz as lutas ou os sistemas de dominação, mas aquilo pelo que se luta, o poder de que queremos nos apoderar” (FOUCAULT, 2008, p.10). Posto que a obra literária é um produto da cultura, tanto política e economicamente quanto social e historicamente fundamentada, não se trata de defender simplesmente que o gênero e o pertencimento étnico do escritor de um texto seja em si fatores de qualificação semântica ou formal. No entanto, entendemos que no Brasil o sistema de opressão social e institucional estruturado sob a intersecção das categorias de raça, gênero e classe, de um lado, pauta as experiências, a sociabilidade e o discurso das escritoras negras brasileiras e de outro, problematiza sua ausência no conjunto das obras canônicas. O Quarto de Despejo é um livro importante pela complexidade de fatores – característica das grandes obras – que compõe sua trama: observamos, guiados por Carolina, outro ângulo da modernidade da paulicéia, tão cantada pelos modernistas, e consequentemente, da própria cidade. Sua literatura era fruto de suas andanças e da capacidade singular de observação do movimento das coisas e do olhar das pessoas, construindo um relato em tudo diferente daquela imagem de cidade cuja garoa enchia os olhos de Mário de Andrade e fazia confundir quem era branco, quem era preto, quem era rico, quem era pobre . À narrativa enxuta, direta, seca, soma-se a capacidade de criação de imagens pela metaforização da linguagem: a ironia, a antítese, o paradoxo, a metáfora são recursos recorrentes para a narração de um real especifico: a vida dos favelados, de uma forma dramática e lírica. Em Quarto de Despejo se revela aos leitores a outra face da cidade do progresso: “Oh! São Paulo rainha que ostenta vaidosa a tua coroa de ouro que são os arranha-céus. Que veste viludo e seda e calça meias de algodão que é a favela” (JESUS, 1960, p. 42) A partir das páginas do diário sabemos que o maior sonho de Carolina era comprar uma casa para si e para os filhos longe do barraco onde morava e residir no campo. Através da escrita ela realizou seu grande desejo: comprou uma casa de alvenaria e saiu com seus filhos da favela. Além do aspecto de ascensão social através da palavra (num país onde a literatura sempre foi privilégio de uma classe de letrados), isso nos revela a significação que o espaço territorial representava para a autora. A favela era o quarto de despejo da cidade, lugar onde se jogavam os trastes sem serventia, e estando ela nesse lugar, a simbiose com o lixo era inevitável:

“… Eu classifico São Paulo assim: O Palacio, é a sala de visita. A Prefeitura é a sala de jantar e a cidade é o jardim. E a favela é o quintal onde jogam os lixos.” (JESUS, 1960, p. 33)
“… as oito e meia da noite eu já estava na favela respirando o odor dos excrementos que mescla com o barro podre. Quando estou na cidade tenho a impressão que estou na sala de visita com seus lustres de cristais, seus tapetes de viludos, almofadas de sitim. E quando estou na favela tenho a impressão que sou um objeto fora de uso, digno de estar num quarto de despejo.” (JESUS, 1960, p. 37)
“… nós somos pobres, viemos para as margens do rio. As margens do rio são os lugares do lixo e dos marginais. Gente da favela é considerado marginais. Não mais se vê os côrvos voando as margens dos rios, perto dos lixos. Os homens desempregados substituíram os côrvos.” (JESUS, 1960, p. 55)

Carolina e os livros no barraco da favela

2. Dois lados da margem: primeiro ato – Os anos 60.
O conceito de “margem”, quando o assunto é literatura, é polissêmico. Na ocasião do lançamento do Diário de uma Favelada, o que se entendia como literatura marginal no Brasil era principalmente a poesia dos anos 60, cuja geração foi marcada pela célebre frase de Hélio Oiticica “seja marginal, seja herói.” Nas décadas de 1960 e 1970, a juventude universitária brasileira dos núcleos urbanos experimentou um conjunto de práticas culturais auto-intituladas marginais, com expoentes no cinema, na música, nas artes plásticas e na poesia. Essa geração estava, de acordo com Maria Lucia Camargo,

“[…] à margem da intelectualidade, à margem da sociedade de consumo, à margem da atuação política direta na esquerda revolucionária. Podemos pensar a marginalidade sob vários aspectos: comportamental, político, estético, econômico”. (CAMARGO, 2003, p. 29).

A poesia marginal não foi um movimento literário de características fechadas, mas sim uma tentativa de libertação dos modos de produção e de concretização da expressão livre. Os textos eram impressos em livretos artesanais mimeografados, com a característica do detalhe, da coloquialidade e das tiragens reduzidas, em geral distribuídos em bares e levados para as ruas e praças como meios alternativos de divulgação, posto que a censura da época controlasse os conteúdos publicados em livro. Segundo Silviano Santiago,

“[…] a linguagem coloquial invadindo o verso e determinando até mesmo os seus recortes rítmicos não é um simples elemento que indicaria só desprezo pelo vocabulário “poético” do poema, é também derivada de uma convivência diária e comum, […] é dessas conversas que surgem quase escritos os poemas.” (SANTIAGO, 1978, p. 185)

Os poetas marginais contemporâneos de Carolina Maria de Jesus já se tornaram autores canônicos – como é o caso de Cacaso e Leminski – mas para efeito de comparação acerca do conceito de margem podemos tomar como exemplo a poeta Ana Cristina César, cuja obra poética perpassa as décadas de sessenta e setenta. Ana Cristina César, em relação aos demais poetas do grupo marginal, é a que possui uma escrita mais pessoal, isto é, menos preocupada com obras, vanguardas ou movimentos literários anteriores. Escrevendo quase sempre na primeira pessoa do singular, os seus poemas estabelecem um tipo de discurso de si, um diálogo com a própria experiência do mundo e com uma necessidade resoluta da escrita. Nesse sentido, a comparação com Carolina Maria de Jesus é coerente, pois esses elementos estão igualmente presentes nos escritos dessa, incluindo ainda a forte característica da fragmentação do discurso, que molda a obra das duas escritoras.

Entretanto, por mais que tangenciemos as autoras seja pelos elementos comuns observados na maneira de construir o texto literário, seja pelo dado contextual de ambas 5 escreverem no mesmo período histórico, ou ainda pelo fato de tanto uma quanto outra transitar pelos diversos gêneros literários – do poema ao diário – Carolina Maria de Jesus não foi considerada uma escritora marginal com a mesma potência significativa que essa palavra adquiriu nas décadas de 60 e 70, tal qual o que ocorreu com Ana Cristina César. O lugar de Carolina nesse contexto histórico que se polarizava, grosso modo, entre o regime militar ditatorial, a cultura marginal e a intelectualidade de esquerda, foi o do estranhamento, do exótico, do Outro. Num primeiro momento, a conjuntura da estréia literária tratou o seu texto como um texto coletivo. O Quarto de Despejo foi construído para ser a palavra legítima dos afligidos, pois embora Audálio Dantas, editor dos diários, afirmasse no prefácio que não mexera no texto, é de se notar que o olhar que recorta, que privilegia uns aspectos em detrimento de outros, e que com isso, especifica um lugar para Carolina enquanto porta-voz das minorias é estrategicamente calculado. Depois de lançado, o livro foi eleito a narrativa orgânica das favelas. Ao chegar às livrarias imediatamente se tornou um sucesso de vendas: nos três primeiros dias foram vendidos dez mil exemplares e a autora tornou-se uma celebridade internacional. Esse número inédito de vendas para o mercado editorial do Brasil se explica talvez pela busca, tanto dos artistas da cultura marginal quanto dos artistas de esquerda, da voz do povo, apenas presente através da representação dos cineastas, dos escritores, dos artistas plásticos, etc.

Apesar do sucesso inédito de vendas no Brasil e no exterior sua escrita não foi considerada literária e o valor de suas palavras esteve contido na percepção do caráter do livro como o documento de uma época, produzido pelo sujeito da experiência, e do estatuto de realidade – ou de retrato fiel da verdade – sobre ele projetado. Através das palavras de Audálio Dantas: “[Carolina] colega minha, repórter, que faz registro do visto e do sentido” (DANTAS, 1960, p. 6) entende-se Carolina muito mais como uma escrevinhadora do que como uma escritora. De um lado, embora o Quarto de Despejo esteja retratando um real concreto, a realidade na literatura será sempre atravessada pelo elemento de ficção. De outro lado, os critérios que definiam a literariedade de um texto nesse momento estavam imersos na prática histórica que separava o que era bom do que era ruim, hierarquizando a obra de arte, constituindo os cânones nacionais, e dando à literatura especificidades de raça, de gênero e de 6 classe, no mesmo movimento em que afirmava a irrelevância desses construtos para a fruição literária.

Desse modo, entendemos que a presença da escritora Carolina Maria de Jesus, para além do lugar da marginalidade, ocupou o lugar do incômodo. Pois, embora a autora de Luvas de Pelica fosse, no presente da publicação de seus poemas e no presente atual da crítica, lida como contracultura, sua literatura estava inscrita na esfera dos que tinham acesso legitimado ao discurso, mesmo sendo um contra-discurso. Ou seja, Ana Cristina está numa margem e Carolina está em outra, visto que a segunda trazia à superfície do texto aspectos da realidade da cidade, da modernidade, da sociabilidade e da subjetividade pautados na experiência de um sujeito, até aqui, silenciado.

Com efeito, a intersecção das categorias de raça, gênero e classe esteve tão amplamente presente na recepção da obra de Carolina que seu surgimento como escritora e imediato reconhecimento, para os setores ditos de esquerda da época, veio como uma luva preencher uma lacuna havida entre aqueles que tinham direito ao discurso no contexto da década de 1960: o valor de sua expressão escrita foi irremediavelmente relacionado ao fato de ela ser, a um só tempo, mulher, negra, mãe solteira, pobre, semi-analfabeta, migrante, favelada, chefe de família e catadora de lixo, numa soma de fatores que legitimavam seu discurso como a voz de denúncia da condição do oprimido. Antes de Quarto de Despejo chegar às livrarias, a favela era tema constante nas letras dos sambas e da música popular urbana, principalmente carioca, mesma cidade que congregou a geração marginal. A “favela de cartão-postal” (LAJOLO, 1996, p. 39) foi consagrada por Herivelto Martins em “Ave Maria” de 1942:

“Barracão de zinco, sem telhado, sem pintura, lá no morro barracão é bangalô, lá não existe felicidade de arranha-céu pois quem mora lá no morro já vive pertinho do céu. Tem alvorada, tem passarada ao alvorecer sinfonia de pardais anunciando o anoitecer. E o morro inteiro no fim do dia reza uma prece à ave Maria, e o morro inteiro no fim do dia reza uma prece à ave Maria”

A construção lírica da favela como um locus amoenus, reduto da felicidade, da simplicidade e da paz, agradava aos freqüentadores de Copacabana, e dissimulava uma realidade que apenas Carolina pode deflagrar. Embora Adoniram Barbosa trate do mesmo tema de uma maneira crítica, o toque de humor presente em suas letras e em sua forma de cantar pode ser visto como um fator amenizador das condições sociais que narra:

“Lá no morro quando a luz da light pífa, a gente apela pra vela, que alumeia também (quando tem). Se não tem não faz mal, a gente samba no escuro que é muito mais legal (e é natural). Quando isso acontece há um grito de alegria, a torcida é grande pra luz voltar, só no outro dia. Mas o dono da casa, estranhando a demora e achando impossível, desconfia logo que alguém passou a mão no fuzíl no relógio da luz.”

Carolina, entretanto, além de ter uma visão ampla da cidade, revela a visão que as pessoas tinham sobre a favela e o processo de desvelamento dessa realidade sob o habitante da metrópole:

Quando chegamos na favela o motorista ficou hórrorizado! O seu olhar percorria de um local ao outro – Exclamóu!
– Credo! Que lugar! Então é isto que é a favela! É a primeira vez que vêjo favela. Eu pensava que favela era um lugar bonito por causa d’aquêle samba.
– Favela aí. favela!
Favela que eu trago no meu coração!
Mas, haveria alguém que tras um lugar horrórôso dêste no coração? Enquanto o motorista fitava a favela eu pensava:
Com certeza o compositôr do samba, tinha, uma mulher, bôa, na favela.
[…] O motorista condoeu-se vendo o aspéto infausto que a favela representa É que êles estáo habituados a ver a bela viola que é a cidade Não conhecem os paes bolôrentos do país – as favelas. (JESUS, 1961, P. 179)

Na época de publicação de Quarto de Despejo havia poucas favelas em São Paulo, o Canindé onde Carolina morava era uma dessas. No Rio de Janeiro o fenômeno de favelização era anterior, devido ao processo histórico diferente em relação a São Paulo, cujos primeiros barracos em favela só foram erguidos em consonância com a industrialização acelerada principalmente durante as décadas de 1940 e 1950 e o êxodo rural subsequente. A favela já era um problema político para a cidade que forjava para si a identidade do progresso e do moderno. As palavras de Carolina não poderiam, nesse contexto, passar em branco, mas foram vistas apenas como documento, como reportagem. Se o que diz que um texto é literário é o seu teor de literariedade, há que se compreender que o conceito de literariedade é construído e modificado a partir dos contextos sociais, históricos e culturais em que os textos circulam. Na ocasião do lançamento do livro, ocorrido em 19 de agosto de 1960, Carolina escreveu: “Eu sei que vou angariar inimigos, porque ninguém está habituado com esse tipo de literatura” (JESUS, 1961, p. 30). Em outubro o livro já tinha alcançado a maior vendagem do país, batendo todos os recordes de público, e Carolina respondeu enfaticamente a uma critica negativa que a chamara de pernóstica no jornal: “Será que preconceito existe até na literatura? O negro não tem direito de pronunciar o clássico?” (JESUS, 1961, p.64)

 Carolina Maria de Jesus lendo

3. Segundo ato – o poema do hoje.
Residir na favela, nas margens do rio, no quarto de despejo, para Carolina Maria de Jesus representava o aleijamento da cidadania, que transforma homens em corvos. Sair desse espaço, nesse sentido, significava a conquista da dignidade. Passados cinquenta anos de publicação do Quarto de Despejo presenciamos um movimento diferente: a literatura contemporânea dos escritores/as periféricos/as da cidade de São Paulo dá um outro sentido para o espaço em que estes residem, fazendo a crítica às precariedades estruturais, fruto da ineficiência do Estado, mas sem o desejo de sair de lá e morar em outro lugar. Procura-se criar possibilidades de vida digna, sociabilidade e construção simbólica na própria periferia, seguindo o movimento de criar conhecimento na perspectiva de uma comunidade. Embora Carolina Maria de Jesus tenha produzido um diário, ela escrevia para revelar o que via àqueles que tinham o poder real de transformar a realidade da favela: os políticos. Escrevia para ser lida pelos que estavam longe das ruas de lixo em que residia, buscava a publicação de seus escritos em jornais e revistas, e antes da publicação do Quarto de Despejo, enviou os originais para os Estados Unidos, com esperança de ser publicada. Esse elemento é outro contraponto a ser observado em relação à literatura periférica contemporânea, cuja proposta é trazer a literatura para a própria comunidade, em saraus, bibliotecas comunitárias ou através da criação de selos independentes de publicação, multiplicando, dessa forma, os narradores e leitores do mundo.

Se Carolina representou, no contexto dos anos 60, a voz distante do povo oprimido brasileiro, tão buscada pela esquerda intelectual – cujo grupo dos poetas marginais é um exemplo – a literatura periférica contemporânea dialoga com ela em outras vias. Em meados dos anos 1980, a indiana Gayatri Spivak foi uma das primeiras intelectuais a trazer à tona a questão da subalternidade. Essa categoria, para a autora, englobava indivíduos sem história que estavam impedidos de posicionar seu discurso e de expor as próprias perspectivas de si e da vida, pois sua condição era fruto da sua impossibilidade fundante de fala.

A literatura que atualmente brota das ruas afastadas do centro da cidade e que prolifera em saraus e edições artesanais, apresenta-nos outro paradigma. Se concentrarmos o olhar na voz que fala nas narrativas diversas que se auto-identificam como literatura periférica – em grande maioria textos poéticos – comprovaremos que há uma inserção de novos sujeitos na literatura brasileira, uma vez que os destituídos de fala passaram de objeto de narração a sujeito da enunciação. Dentro desse grupo, a literatura produzida pelas autoras negras é notável. Evidentemente, a enunciação dessas vozes não alcança ainda as instâncias de legitimação oficial do texto literário, cuja crítica acadêmica consagra e a escola adota. Entretanto, esse não é exatamente o foco dos/as autores/as. A literatura periférica contemporânea entende e clama o texto poético em seu sentido primordial: poiesis, do grego, ação, que virou poesia. Assim, a literatura não é apenas fruição, mas é também transformação:

“Dos becos e vielas há de vir a voz que grita contra o silêncio que nos pune. Eis que surge das ladeiras um povo lindo e inteligente galopando contra o passado. A favor de um futuro limpo, para todos os brasileiros.”

Carolina Maria de Jesus é precursora da literatura periférica. Da poesia que ela tirava do lixo, das reflexões que amadurecia enquanto caminhava em busca de papel, da ironia fina com que se dirigia aos detentores do poder, ela foi a primeira a armar-se de palavras para se defender das mais diversas violências que precisou enfrentar. Algumas décadas depois, o grupo de rap Racionais anunciava: “Minha palavra vale um tiro e eu tenho muito munição”.

Apenas para apontar a força do caráter de interdiscursividade observada em alguns textos periféricos atuais e a obra de Carolina, leia-se esse belo poema de Maria Tereza, publicado em seu livro “Negrices em Flor”, de 2007:

Carolina Maria de Jesus
Comprei um sapato lindo numero trinta e nove sendo que calço numero quarenta e dois. Andei muito a pé. Adoentei-me. Pra acalmar os pés e não repetir o ato insano fiz uma salmoura de água quente e ensinei crianças e adolescentes que não se vende o próprio sonho.

Entendemos que a busca pela narração da experiência através da construção textual e a necessidade de ver os trabalhos publicados, custeando-os quando necessário, ilustram a tentativa de construção de uma identidade de escritora que Carolina Maria de Jesus buscou para si mesma através da edificação de uma genealogia de sua própria história. Buscar e valorizar o lugar de escritora está diretamente ligado ao que Foucault chamou do “poder de que queremos nos apoderar”. Trata-se de engendrar os próprios discursos e ser reconhecida pelos outros através deles. A escrita detalhada do dia-a-dia, a preocupação em dizer o preço das coisas, o quanto foi gasto com alimento, o nome completo das pessoas, os nomes das ruas e dos comércios – é, em o Quarto de despejo, uma possibilidade de organização de si, de sua existência social num contexto social atribulado, é uma maneira de controle, não dos fatos, mas de seus significados. Muito além da repetição monótona que justificou os cortes do editor dos diários para o livro publicado.

A literatura periférica contemporânea paulistana não se propõe ser um movimento literário de contornos claramente definidos, assim como não o foi a poesia marginal da década de 1960, mas é efetivamente uma pulsão de discursos literários que problematizam a fácil dicotomia inclusão/exclusão. Não pertencer ao cânone literário do país, é, mais do que estar excluído das narrativas oficiais, manter-se num lugar discursivo contra-hegemônico. Trata-se, alinhado ao que o crítico Benjamin Abdala definiu em termos de crítica literária, como a leitura da margem produzida por quem a constitui: “É necessário, pois, que descentremos perspectivas: vamos observar as nossas culturas a partir de um ponto de vista próprio.” (ABDALA, 1996, p. 88). Ler os textos sob essa ótica nos possibilita o trânsito em um macrosistema produtor de sentidos, cuja obra de Carolina Maria de Jesus é parte fundamental, pois nos faz pensar que as obras dos autores periféricos de hoje é uma conquista do direito ao discurso que não começou agora, mas que vem sendo engendrada há muito tempo.

Referências Bibliográficas
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http://www.abralic.org.br/download/revista/Revista_Brasileira_de_Literatura_Comparada_- _03.pdf. Acesso em 10/11/2010.
ANDERSON, Benedict. Comunidades Imaginadas: Reflexões Sobre a Origem e a Difusão do Nacionalismo. São Paulo: Companhia das Letras, 2008.
ANDRADE, Mário de. Poesias Completas. São Paulo, Belo Horizonte, Itatiaia, 1987.
CAMARGO, Maria Lúcia. Atrás dos Olhos Pardos: uma leitura da poesia de Ana Cristina Cesar. Chapecó: Argos, 2003.
CESAR, Ana Cristina. A Teus Pés. São Paulo: Brasiliense, 1998. DANTAS, Audálio. Nossa irmã Carolina. In: JESUS, Carolina Maria de. Quarto de despejo: diário de uma favelada. São Paulo: Livraria Francisco Alves, 1960, p. 5-12.
FOUCAULT, Michel. A Ordem do Discurso. Trad. Laura Fraga de Almeida Sampaio. 5ª ed. São Paulo: Loyola, 1999.
HOBSBAWN, Eric e RANGER, Terence (orgs.). A Invenção das Tradições. Trad. Celina Cardim Cavalcante. São Paulo, SP: Paz e Terra, 2002
JESUS, Carolina Maria de. Quarto de Despejo: Diário de uma Favelada. 1ª Ed, São Paulo: Francisco Alves, 1960.
JESUS, Carolina Maria de. Casa de Alvenaria: Diário de uma Ex-favelada. 1ª Ed, São Paulo: Francisco Alves, 1961.
JESUS, Carolina Maria de. Diário de Bitita. Rio de Janeiro: Nova Fronteira, 1986.
JESUS, Carolina Maria de. Antologia Pessoal. Rio de Janeiro: UFRJ, 1996.
JESUS, Carolina Maria de. Pedaços da fome. São Paulo: Editora Áquila Ltda, 1963.
JESUS, Carolina Maria de. Provérbios. São Paulo: s/editora. (s/data).
JESUS, Carolina Maria de. Meu estranho diário. São Paulo: Xamã, 1996.
LAJOLO, Marisa. “Poesia no quarto de despejo, ou um ramo de rosas para Carolina”. Em Meihy (org) Antologia Pessoal, poemas de Carolina de Jesus. Revisão de Armando Freitas Filho. Rio de Janeiro: Ed. da UFRJ, 1996.
MEIHY, J. C. Sebe Bom & LEVINE, Robert (org.). Cinderela Negra: A Saga de Carolina de Jesus. Rio de Janeiro: UFRJ, 1994.
MOTT, Maria Lúcia de Barros. Escritoras Negras resgatando a nossa história. Papéis Avulsos 13. Rio de Janeiro: CIEC – Centro Interdisciplinar de Estudos Contemporâneos/UFRJ, 1989. PADILHA, Laura Cavalcante. Bordejando a margem-escrita feminina, cânone africano e encenação de diferenças. Disponível em: http://canone1.tripod.com/bordejando_a_margem.htm. Acesso em 15/11/2010.
SANTIAGO, Silviano. Nas malhas das letras. São Paulo: Companhia das letras,1989.
SANTIAGO, Silviano. Uma literatura nos trópicos: ensaio sobre dependência cultural. São Paulo: Perspectiva, 1978. SPIVAK, Gayatri Chakravorty. Pode o subalterno falar? MG: Editora da UFMG, 2010. TEREZA, Maria. Negrices em Flor. SP: Edições Toró, 2007. VAZ, Sérgio.
http://www.ufjf.br/darandina/files/2010/12/Carolina-Maria-de-Jesus-e-a-literatura-perif%C3%A9rica-contempor%C3%A2nea.pdf
Manifesto da Antropofagia Periférica. Disponível em:
http://revistaraiz.uol.com.br/portal/index.php option=com_content&task=view&id=762&Itemid=190

Fernanda Rodrigues de Miranda
Doutorado em andamento em Estudos Comparados e Literaturas e Língua Portuguesa, pela Universidade de São Paulo. Possui Bacharelado em Letras pela Universidade de São Paulo (2009) e mestrado em Estudos Comparados de Literaturas de Língua Portuguesa pela Universidade de São Paulo (2013). Tem experiência na área de Letras, com ênfase em Literatura Comparada, Literatura Negra e Literatura Brasileira.

Manuscrito de Carolina Maria de Jesús

Vida y Obra de Carolina Maria de Jesús
Templo Cultural Delfos

http://www.elfikurten.com.br/2014/05/carolina-maria-de-jesus.html

Biografia

Carolina Maria de Jesus (Sacramento MG, ca.1914 – São Paulo SP, 13 de fevereiro de 1977). Autora de diários e romance e também poeta. De família pobre, composta por mais sete irmãos, trabalha desde a infância. Sua escolaridade se resume aos dois anos que frequenta o Colégio Allan Kardec, provavelmente em 1923 e 1924. Neste ano, muda-se com a família para uma fazenda em Lageado, Minas Gerais, onde trabalham como lavradores. Retorna a Sacramento, em 1927, e, por causa das dificuldades econômicas, migra para Franca, São Paulo, em 1930, passando o primeiro ano na fazenda Santa Cruz e, depois, na cidade, onde trabalha como ajudante na Santa Casa de Franca, auxiliar de cozinha e doméstica. Com a morte da mãe em 1937, vai para São Paulo em busca de melhores condições de vida. De 1948 a 1961, reside na favela Canindé, sobrevivendo como catadora de papel e ferro velho. Em 1958, o jornalista Audálio Dantas, numa reportagem sobre a inauguração de um playground no Canindé, conhece Carolina e se interessa pelos seus 35 cadernos de anotações em forma de diário, e publica um artigo na Folha da Noite.

Em 1959, trabalhando na revista O Cruzeiro, o jornalista divulga trechos dos relatos escritos pela autora e, posteriormente, empenha-se na publicação que reúne esses relatos, Quarto de Despejo: Diário de uma Favelada, lançado em 1960, com notável sucesso editorial. Carolina muda-se para uma casa que consegue comprar no bairro de Santana e mantém o diário com registros do que lhe acontece ali, depois editados em Casa de Alvenaria: Diário de uma Ex-favelada, em 1961. Em 1963, publica Pedaços da Fome, seu único romance, que tem pouca repercussão. Em função dos contínuos desentendimentos com seus editores, bem como das dificuldades enfrentadas para manter-se em evidência e adaptar-se à vida no bairro de classe média, muda-se para um sítio no bairro de Parelheiros, São Paulo, em 1969, onde é praticamente esquecida pelo mercado editorial, apesar de algumas tentativas de voltar à cena literária. Após sua morte, são editadas obras escritas entre 1963 a 1977, das quais a mais significativa é Diário de Bitita, com suas memórias de infância e juventude, inicialmente lançado na França.

Carolina nos novos tempos

Comentário Crítico
Em Quarto de Despejo, a mulher negra e favelada, com pouca escolaridade, registra o cotidiano de pobreza que rege seus dias, bem como a humilhação social e moral a que estão sujeitos os habitantes da favela do Canindé. As anotações de Quarto de Despejo, embora com descontinuidades cronológicas, não apresentam quebras na estrutura narrativa: cada dia é igual a todos os outros, e o que conduz o fluxo da vida é a fome e a luta contra ela. Nelas se pode constatar que o trabalho, precário, não traz mais do que a condição mínima da sobrevida e a reprodução da pobreza.

Nos apontamentos de seu dia-a-dia, Carolina Maria de Jesus oscila entre desânimo e alegria, sentimentos norteados pela carência de condições materiais para manter-se e a seus filhos em situação digna. Ao tratar dos outros moradores da favela, Carolina Maria de Jesus busca diferenciar-se e deixa documentada, em tom de denúncia ou de moralização, a perda da honra daqueles que, excluídos, estão no “quarto de despejo” da cidade. Escrever sobre a favela não é apenas uma forma de tentar dar sentido à própria vida, mas também de revelar a miserabilidade implicada na modernização dos anos 1950.
O relato do cotidiano da favela é direto e cru, sem que se temam os temas-tabus, como a ocorrência de incestos e de relações promíscuas, bem como o horror que a fome pode produzir.

Estilisticamente, os recursos da repetição e das frases feitas indicam, no plano do sentido, o fechamento e a imobilidade do mundo social ali representado; a cada entrada no diário, a autora anota o horário em que acorda, os gastos que terá se quiser se alimentar e vestir os filhos e o que poderá, ou não, acumular em dinheiro, o qual tem valor concreto e imediato, quase como um objeto. Os momentos de lirismo aparecem em anotações sobre a natureza, que surge como contraponto ao estado da miserabilidade a que são confinados os pobres.
Fugindo aos cânones do que se considera “literatura” em meios acadêmicos, Quarto de Despejo é mais do que um simples depoimento; trata-se de uma obra em que, a despeito das condições materiais e culturais de sua autora, constrói-se uma forte e única representação da dinâmica social urbana, vista pelo ângulo dos que são lançados à margem. Carolina Maria de Jesus escreve para denunciar a favela e para sair dela; escreve também para, diferenciando-se dos outros moradores, lutar contra o rebaixamento a que estão sujeitos os miseráveis, num momento em que se anuncia novo salto modernizador de São Paulo e do Brasil.

Em Casa de Alvenaria, notam-se mais explicitamente as contradições da autora quanto ao que deseja para si mesma e para sua família. Também ficam patentes suas hesitações com relação aos anseios por reconhecimento público ou ao repúdio pelos mecanismos sociais que dificultam o trajeto profissional como escritora. Essa conjunção, por vezes discrepante, ajuda a entender as razões pelas quais essa obra é considerada pouco significativa e muito voltada para o trajeto instável de um indivíduo. Confinada à forma do diário, Carolina Maria de Jesus parece se sentir compelida a repetir uma fórmula, cujo efeito não tem a força de revelação de Quarto de Despejo. A figura da ex-favelada não desperta interesse, porque ela e sua obra são objeto de atenção apenas enquanto revelam a face negativa do desenvolvimentismo; já as oscilações ideológicas da mulher que, famosa, busca a atenção da imprensa e do público não trazem à época elementos que se julguem significativos.

Diário de Bitita, publicado após a morte da autora, resgata a força literária da produção de Carolina Maria de Jesus. Trata-se de memórias da infância e da adolescência, em Sacramento e nas fazendas onde trabalha como colona, bem como de seus primeiros tempos em Franca. Nesta obra, os temas da injustiça social, da opressão, do preconceito contra os negros, dos abusos dos poderosos são apresentados a partir da perspectiva daquela que os viveu. Apesar de suas condições materiais, Carolina Maria de Jesus lutou para conquistar dignidade e para se constituir como alguém que resiste à exploração e à desumanização. A obra testemunha a história dessa luta e da opressão a que estão confinados os pobres no Brasil das primeiras cinco décadas do século XX.
Fonte: Enciclopédia de Literatura/Itáu Cultural

Cronologia

1914 – Nascimento de Carolina Maria de Jesus, em Sacramento, Minas Gerais;
1923 – Matrícula de Carolina Maria de Jesus no Colégio Alan Kardec, em Sacramento;
1924/1927 – A família e Carolina vivem como lavradores em fazenda em Lageado, Minas Gerais;
1927 – Carolina Maria de Jesus e família retornam para Sacramento, Minas Gerais;
1930 – Muda-se, com a família, para Franca, São Paulo, onde trabalha como lavradora em uma fazenda e depois, na cidade, como empregada doméstica;
1937 – Morre a mãe de Carolina Maria de Jesus que, então, em 31 de janeiro, vai para São Paulo, onde trabalha como faxineira de hotel e empregada doméstica;
1941 – 24 de fevereiro – Publicação da foto de Carolina Maria de Jesus em Folha da Manhã, ao lado do jornalista Willy Aureli;
1941 – Publicação de poema de Carolina Maria de Jesus em louvor a Getúlio Vargas no jornal Folha da Manhã;
1948 – Muda para a favela do Canindé;
1948 – Nascimento do primeiro filho, João, depois do relacionamento com um marinheiro português, que a abandona;
1950 – Nascimento do segundo filho, José Carlos, após relacionamento com um espanhol;
1953 – Nascimento do terceiro filho, Vera Eunice, após relacionamento com um dono de fábrica e comerciante;
1955 – Em 15 de julho, inicia os registros, em diário, sobre a vida na favela;
1958 – Primeiro contato do jornalista Audálio Dantas com Carolina Maria de Jesus, devido à reportagem para Folha da Noite sobre o playground instalado na favela do Canindé;
1959 – A revista O Cruzeiro, onde Audálio Dantas passara a trabalhar, publica trechos dos diários;
1960 – Publicação de Quarto de Despejo – Diário de uma Favelada, em edição de Audálio Dantas, com tiragem inicial de dez mil exemplares.Na noite de autógrafos, foram vendidos 600 exemplares; no primeiro ano, com várias reedições, mais de cem mil exemplares;
1960 – Sai da favela do Canindé e muda-se inicialmente para os fundos da casa de um amigo, em Osasco. Pouco depois, instala-se na casa que comprara, no Alto de Santana;
1960 – Homenageada pela Academia Paulista de Letras e pela Academia de Letras da Faculdade de Direito de São Paulo;
1961 – Viaja à Argentina (onde é agraciada com a “Orden Caballero Del Tornillo”), ao Uruguai e ao Chile. Viaja também para várias regiões do Brasil. Na Feira do Livro do Rio de Janeiro desentende-se com Jorge Amado;
1961 – Publicação de Casa de Alvenaria: Diário de uma Ex-favelada, com apresentação de Audálio Dantas. Pouca repercussão da obra, que não agradou nem ao público comum, nem aos setores intelectualizados;
1963 – Pedaços da Fome, romance, é publicado, com apresentação de Eduardo de Oliveira, tendo sido recebido com indiferença pela imprensa;
1964 – Jornal publica foto em que se registra a autora nas ruas, catando papéis;
1965 – Provérbios é publicado, com edição da autora, e sem nenhuma repercussão;
1969 – Muda-se, com os filhos, para o sítio em Parelheiros, bairro na periferia de São Paulo;
1972 – Anuncia que escreve O Brasil para os Brasileiros, o que é ridicularizado pela imprensa. Posteriormente, parte desse material é editada como Diário de Bitita;
1975 – Produção, na Alemanha, de O Despertar de um Sonho (sobre a vida de Carolina Maria de Jesus), com direção de Gerson Tavares, cuja exibição é proibida no Brasil;
1976 – Relançamento, no Brasil, de Quarto de Despejo, pela Ediouro;
1977 – 13 de fevereiro – morte de Carolina Maria de Jesus;
1977 – A Scappelli Film Company propõe a realização de um filme a partir de Quarto de Despejo, cuja realização, porém, não se efetiva, apesar de ter havido pagamento parcial de direitos autorais;
1991 – Karen Brown faz roteiro Passion Flower: The Story of Carolina Maria de Jesus para um documentário sobre Carolilina Maria de Jesus, Los Angeles;
2004 – Em comemoração ao Ano Nacional da Mulher, por iniciativa do Senado, a Coordenação da Mulher da Cidade de São Paulo lança o Calendário “Mulheres que estão no mapa”, com homenagem a Carolina Maria de Jesus exposta no mês de novembro;
2004 – Inauguração da Rua Carolina Maria de Jesus, no bairro de Sapopemba;
2005 – É inaugurada a Biblioteca Carolina Maria de Jesus, com acervo inicial de 2000 livros sobre a formação da identidade nacional com a perspectiva da participação do negro, no Museu Afro Brasil/Parque do Ibirapuera.

“Fui ver o livro. E pela primeira vêz entrei no barraco número 9 da Rua A, favela do Canindé. E vi os cadernos do guarda-comida escuro de fumaça. Narrativa diária da vida de Carolina e da vida da comunidade-favela. Coisa bem contada, assim como aparece agora em letra de fôrma, sem tirar nem pôr. Eu vi eu senti. Ninguém podia melhor do que a negra Carolina escrever histórias tão negras. Nem escritor transfigurador poderia arrancar tanta beleza triste daquela miséria tôda. Nem repórter de exatidão poderia retratar tudo aquilo no sêco escrever. Foi por isso que eu disse assim para Carolina Maria de Jesus, lá mesmo, na horinha que lia trechos de seu diário:
___ Eu prometo que tudo isto que você escreveu sairá num livro.”
– Audálio Dantas, em “Nossa irmã Carolina. Apresentação do livro “Quarto de despejo”, São Paulo: Francisco Alves, 1960.

Obra

Memórias e diários
Quarto de despejo. Diário de uma favelada. São Paulo: Livraria Francisco Alves (Editora Paulo de Azevedo Ltda), 1960, 182p.
Casa de Alvenaria. Diário de uma ex-favelada. Rio de Janeiro: Livraria Francisco Alves (Editora Paulo de Azevedo Ltda), 1961, 183p.
Diário de Bitita. Rio de Janeiro: Nova Fronteira, 1986, 203p. [Publicado primeiro na França, sob o título: Journal de Bitita. (Tradução Régine Valbert). Paris: A. M. Métailié, 1982].
Meu estranho diário. (Organização José Carlos Sebe Bom Meihy e Robert M. Levine). São Paulo: Xamã, 1996, 314p.

Romance
Pedaços da fome. [apresentação Eduardo de Oliveira]. São Paulo: Editora Áquila, 1963, 217p.

Aforismos
Provérbios. São Paulo: Luzes – Gráfica Editôra Ltda, 1965, 61p.

Poesia
Antologia Pessoal.(Organização José Carlos Sebe Bom Meihy). Rio de Janeiro: Editora UFRJ, 1996, 235p.

Outros textos
As crianças da favela. Revista do Magistério. São Paulo, n. 24: 8, dez. 1960, p. 18-19.
Sócrates africano. (conto). in: São Paulo: Revista Escrita (editada Wladyr Náder), nº 11, 1976, p 5 -6.; e in: MEIHY, José Carlos Sebe Bom; LEVINE, Robert M. Cinderela negra: a saga de Carolina Maria de Jesus. Rio de Janeiro: UFRJ, 1994, p.190-196.
Minha vida. In: MEIHY, José Carlos Sebe Bom; LEVINE, Robert M. Cinderela negra: a saga de Carolina Maria de Jesus. Rio de Janeiro: UFRJ, 1994, p. 172-189.
Diario de viaje: Argentina, Uruguai, Chile. [Apêndice]. In: JESUS, Carolina Maria de. Casa de ladrillos. Buenos Aires: Editorial Abraxas, 1963, p. 128-191.
Onde estais felicidade?.Movimento, 21 fev. 1977.
Inéditos *
Obrigado Senhor vigário (peça de teatro). mimeo, s/d.
O escravo (romance).

Antologias
Literatura e afrodescendência no Brasil: antologia crítica. (Organização de Eduardo de Assis Duarte).. [vol. 1, Precursores]. Belo Horizonte: Editora UFMG, 2011.

Composições/Música
LP Quarto de despejo – Carolina Maria de Jesus, cantando suas canções.

TRADUÇÕES E EDIÇÕES ESTRANGEIRAS
Alemão
Tagebuch der Armut. Aufzeichnungen einer brasilianischen Negerin. [Quarto de Despejo]. Tradução Johannes Gerold. Hamburg: Chrstian Wegner Verlag, 1963.
Das Haus aus Stein. Die Ziet nach dem Tagebuch der Armut. [Casa de Alvenaria]. Tradução Johannes Gerold. Hamburg: Chrintian Wegner Verlag: 1964.
Tagebuch der Armut: Aufzeichnungen einer brasilianischen Negerin. 2ª ed., Quarto de despejo, de Carolina Maria de Jesus. Leipzig: Philipp Reclam, 1979.

Catalão
Els mals endreços: Diari d´una dona de les barraques. Tradução Francesc Vallverdú. Barcelona: Fontanella, 1963.

Dinamarquesa
Lossepladsen. [Quarto de despejo]. Copenhague: Fremad, 1961.

Espanhol
La Favela: Casa de Desahogo. [Quarto de Despejo] Prólogo de Mario Trejo. Havana: Casa de las Américas, 1965.
Quarto de Despejo. Diario de una mujer que tenía hambre. Buenos Aires: Editorial Abraxas, 1962.
Casa de Ladrillos. [Casa de Alvenaria] Buenos Aires: Editorial Abraxas, 1963.
Las Moradas. Libro de su Vida. Schoenhofs Foreign Books. 1991.

Francês
Le Dépotoir. Tradução Violante Do Canto. Paris: Stock, 1962.
Ma Vraie Maison. Tradução Violante do Canto. Prefácio de Alberto Moravia. Paris: Stock, 1964.
Journal de Bitita. Tradução Régine Valbert. Paris: Editions A. M. Metailié, 1982.

Holandesa
Barak nr 9- dagboek van een braziliaanse negerin. [Quarto de despejo]. Arnhem: Van Loghum Slaterus, 1961.

Húngara
Aki átment a szivárvány alatt- Egy barakklakó naplója. [Quarto de despejo]. Budapeste: Kossuth, 1964 (Hungria)

Inglês
Child of the Dark. Tradução David St. Clair. Nova Iorque: Dutton, 1962.
Beyond the Pity. My life in the slums of São Paulo. Tradução David St. Clair. London: Panther, 1970.
Bitita´ Diary: The childhood memoirs of Carolina Maria de Jesus. Tradução Emanuelle Oliveira e Beth Jan Vinkler. Nova Iorque: Armonk/M. E. Sharpe, 1998.
I´m Going to Have a Little House: The second diary of Carolina Maria de Jesus. Tradução Melvin S. Arrington Jr e Robert M. Levine. Lincoln: Universidade de Nebraska Press, c. 1997.
The Inedit Diaries of Carolina Maria de Jesus. Tradução Nancy P. S. Naro e Cristina Mehrtens. New Brunswick: Rutger University Press, c.1999.

Iraniano
Farzande tariki [a partir da edição de Child of the Dark]. Tradução Simin Dakht Tcheharegasha. Teerã: S. N., 1999.

Italiano
Quarto de despejo. (prefácio do escritor Alberto Moravia). Milão:
Valentino Bompiani, 1962.

Japonesa
Karorina no nikki. [Quarto de despejo]. Tóquio: Kawade, 1962.

Polonesa
Życie na Śmietniku. [Quarto de despejo]. Varsóvia: Czytelnik, 1963.

Romeno
São Paulo, Strada A, nr.9. [Quarto de despejo]. Bucareste: Editura Pentru Literatură Universală, 1962.

Tcheco
Smetiště: Deník ženy z favely. [Quarto de despejo]. Praga: Nakladatelství Politické Literatury, 1962.

Turca
Çöplük. [Quarto de despejo]. Istambul: Armoni, 2002.

“[…]em 1948, quando começaram a demolir as casas térreas para construir os edifícios, nós, os pobres que residíamos nas habitações coletivas, fomos despejados e ficamos residindo debaixo das pontes. É por isso que eu denomino que a favela é o quarto de despejo de uma cidade. Nós, os pobres, somos os trastes velhos […]”
– Carolina Maria de Jesus, em “Quarto de despejo. Diário de uma favelada”.

“Inteligentíssima”, Carolina de Jesus “tinha essa mistura de raiva e ternura que leva à vã tentativa de cuspir o que bloqueia a garganta e ameaça matar por asfixia, se não for dito.”
– Otto Lara Rezende, em “Luzes no quarto de despejo”, jornal O Globo, 15 de fevereiro de 1977.

“Escrevo a miséria e a vida infausta dos favelados. Eu era revoltada, não acreditava em ninguém. Odiava os políticos e os patrões, porque o meu sonho era escrever e o pobre não pode ter ideal nobre. Eu sabia que ia angariar inimigos, porque ninguém está habituado a esse tipo de literatura. Seja o que Deus quiser. Eu escrevi a realidade.”
– Carolina Maria de Jesus

DOCUMENTÁRIO
Filme: Favela: a vida na pobreza
Direção: Christa Gottman-Elter
Gênero: Documentário
Formato: 35 mm
País: Alemanha
Ano: 1971
Duração: 16 min.
Obs. restaurado e legendado
* fonte: IMS

Filme: O despertar de um sonho
Gênero: Documentário
Formato: 35 mm
País: Alemanha
Ano: 1975
Direção: Gerson Tavares
Produção: TV alemã
* Obs.: Inédito no Brasil

Filme: Carolina
Sinopse: Brasil. Final dos anos 50. Carolina de Jesus escreve seu diário. Dentro de seu barraco ela denuncia a fome, o preconceito e a miséria. Publicada, torna-se um sucesso editorial, sendo editada em 13 línguas. Apesar do reconhecimento imediato e explosivo, a “exótica” mulher negra e ex-favelada falece pobre. Passadas algumas décadas, as palavras de Carolina continuam a ser uma denúncia contra a miséria em que se encontram milhões de pessoas. Gênero: Documentário – formato: 35 mm País: Brasil
Ano: 2003 Duração: 14 min. Direção e edição: Jeferson De Roteiro: Jeferson De e Felipe Berlim

“Ao transformar a experiência real da miséria na experiência lingüística do diário, [a autora] acaba por se distinguir de si mesma e por apresentar a escritura como uma forma de experimentação social nova.”
– Carlos Vogt, em ” Trabalho, pobreza e trabalho intelectual”. Carolina Maria de Jesus. In: SCHWARZ, Roberto (Org.). Os Pobres na Literatura Brasileira. São Paulo: Brasiliense, 1983.

Televisão
Especial: Quarto de Despejo – de catadora de papéis a escritora famosa. Série: Caso Verdade Apresentação: Zé Capeta
Exibição: 7/3 a 11/3/1983 Realização: Rede Globo de Televisão

ADAPTAÇÃO
Teatro
Peça: Quarto de despejo
Adaptação do livro “Quarto de despejo: diário de uma favelada”, de Carolina Maria de Jesus.
Direção: Amir Haddad
Adaptação do texto: Edy Lima
Cenografia: Cyro Del Nero – (Prêmios Saci e Associação Paulista de Críticos Teatrais, APCT)
Elenco: Ruth de Souza e Célia Biar
Produção: Companhia Nydia Licia
Local: Teatro Bela Vista, em São Paulo/SP
Estreia: 27 de abril de 1961.

Fonte: KLEMZ, Laura; MENEZES, Julia; BEZERRA, Elvia. Quarto de despejo: a peça. Blog do IMS, 11 de março de 2014.

http://www.elfikurten.com.br/2014/05/carolina-maria-de-jesus.html

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Pedro Sevylla de Juana numa favela de Vitória ES, com duas grandes trabalhadoras pela comunidade

 

Muchacha de Sacramento
Poema de Pedro Sevylla de Juana

Dedicado a Renata Bomfim

Ignoro la mayor parte de tus cosas,
casi todas las razones, pero sé
que amaneciste descalza en un bohío:
gritos de parto y voces de vecinas
salían por el negro agujero
del tubo renegrido,
negro,
con el humo del fuego que cocía
las raíces
y ese jugo
que iban a alimentar tu osadía.

Lloraste al fin,
amanecía,
lloraste el primero de tus llantos
eras niña
y te iban a llamar
Bitita.

Luego te pensé menina
y eras menina sin armario
de ropita
sin ajuar azul o rosa
sin zapatitos de hebilla,
sin futuro de mañana por la tarde
ni del otro día.

Niña sin amparo
ni caricias,
entretenías tu tiempo
con los juguetes que hacías
de la nada y al momento
a tu capricho y medida.

Sobre el planeta Tierra
iba tu niñez descalza
alimentándose de jugo de raíces,
de frutos y de flores
de hojas y de ramas
de jugo de intenciones.

Independencia,
orgullo
coraje
paciencia
e impaciencia:
escalón a escalón tu Torre de Babel
se alzaba día a día
con tu deseo de alcanzar las estrellas
acariciarlas una a una
y vivir constantemente en ellas.

Aprendiste a leer, a escribir
a buscar entre cartones y chatarra
aprendiste a distinguir
y fuiste haciéndote de música y colores
de llanto interno
y esperanza,
mujer que pensaba y veía al mismo tiempo
que sentía, razonaba y escribía;
y eran relatos de vida y abandono
de temor y huida
de aliento y fuego
los que de esos ojos salían
de esa mente productora de ideas
de esa mirada profunda de las cosas,
con un temor sincero
a las personas oscuras que escondían
sus negras intenciones en el gran agujero.

Te uniste al macho cada vez
que la alarma y el deseo te empujaban,
naciéndote tres hijos
que tuvieron la suerte
propicia y próspera
de tener en la barraca
una madre generosa.

Hormiga
sola,
llevabas
el grano
de alimento
al cercano
hormiguero.
Todo el año
invierno,
invierno.

Esta noche te pensé, y siendo negra
del todo, toda negra,
te pensé mestiza del sol y de la luna
con lo mejor de cada raza
indígena, africana y europea
acunada por el viento y por la lluvia
de las cuatro estaciones
que son una en esa tierra equinoccial
efervescente de luz y religiones.

Humanidad tú
acurrucada en cuclillas a la espera,
salió tu libro de ese Quarto de Despejo
voló alto y lejos, paloma mensajera
llovió el dinero en diluvio universal
y te tocó en el reparto una parte pequeña.
Llegaste a lo alto de la Torre
cuando tus escritos iban inundando el Planeta
muchacha de Sacramento
mujer de favela.

Al recibir su visita lo supiste:
Fortuna para poco tiempo en la casa del pobre.
La Torre se hizo más Babel si cabe
las lenguas distintas no fueron miscibles
y se confundieron confundiéndote.
Envejeciste hasta sentir el mal
recordando a aquellas que huían
y a las que necesitaban, para sentirse bien,
escuchar los versos que escribías.

Una noche oscura te soñaste muerta
en el interior cerrado del cajón
en las manos, libros en lugar de flores;
fue un sueño de graves consecuencias
porque ya no despertaron las vidas,
que en este mundo roto, viviste a tu manera.

PSdeJ El Escorial, 20 de mayo de 2017

Rapariga de Sacramento MG Brasil
Poema e tradução Pedro Sevylla de Juana

Ignoro a maior parte das coisas tuas,
quase todas as razões, mas sê
que numa palhota amanheceste descalça:
gritos de parto e vozes de vizinhas
saíam pelo negro buraco
do cano enegrecido,
negro,
com a fumaça do fogo que fervia
as raízes
e esse suco
que iam alimentar tua ousadia.

Choraste ao fim,
amanhecia,
choraste o primeiro de teus prantos
eras menina
e iam te chamar
Bitita.

Depois te pensei menina
e eras menina sem armário
de roupinha
sem enxoval azul ou rosa
sem sapatinhos de fivela linda,
sem futuro de manhã pela tarde
nem do outro dia.

Menina sem amparo
nem caricias,
entretinhas teu tempo
com brinquedos que fazias
da nada e ao momento
a teu capricho e medida.

Sobre o planeta Terra
ia descalça tua puerícia
se alimentando de suco de raízes,
de frutos e de flores
de folhas da rama
de suco de intenções.

Independência,
orgulho
coragem
paciência
e impaciência:
pouco a pouco tua Torre de Babel
se alçava na sucessão dos dias
com o teu desejo de atingir as estrelas
acariciá-las uma a uma
e viver sempre nelas.

Aprendeste a ler, a escrever,
e procurando entre sucata e papelões,
aprendeste a distinguir
e foste te fazendo de música e cores
de pranto interno
e esperança;
mulher que pensava e via ao mesmo tempo
que sentia, elucubrava e escrevia;
e eram relatos de vida e abandono
de receio e fugida
de alento e fogo
os que desses olhos saíam
dessa mente produtora de ideias
dessa mirada profunda posta nas coisas,
com um temor sincero
às pessoas escuras que escondiam
suas negras intenções no grande buraco preto.

Te uniste ao macho a cada vez
que o alarme e o desejo empurravam,
te nascendo três filhos
que tiveram a sorte
propícia e próspera
de ter no barraco
uma mãe generosa.

Formiga
sozinha,
levavas
o grão
de alimento
ao imediato
formigueiro.
Todo o ano
inverno,
inverno.

Esta noite te pensei, e sendo negra
do tudo, toda negra,
te pensei mestiça do sol e da lua
com o melhor de cada raça
indígena, africana e europeia
ninada pelo vento e pela chuva
das quatro estações
que são só uma nessa terra equinocial
efervescente de luz e religiões.

Humanidade tu
encolhida em cócoras à espera,
saiu teu livro desse Quarto de Despejo,
voou alto e longe, pomba mensageira,
choveu o dinheiro em diluvio universal
e te tocou na partilha uma parte pequena.
Chegaste ao alto da Torre
quando teus escritos iam inundando o Planeta
rapariga de sacramento
mulher de favela.

Ao receber sua visita o soubeste:
Fortuna fica pouco tempo na casa do pobre.
A Torre se fez mais Babel ainda
as línguas diferentes não foram miscíveis
e se confundiram te confundindo.
Envelheceste até sentir o mau
recordando àquelas que fugiam
e às que precisavam, para se sentir bem,
escutar os versos que escrevias.

Uma noite escura te sonhaste morta,
no interior fechado do caixão,
nas mãos, livros em vez de flores;
foi um sonho de graves consequências
porque já não despertaram as vidas
que neste mundo rompido, viveste à tua maneira.

PSdeJ El Escorial, a 20 de mayo de 2017