Camões Lusiadas

 

Contenido: Portugal legendario. Mi poema A leyenda de Marvão en los dos idiomas. El consejo de los dioses, Canto I de Os Lusiadas, traducido al castellano. Os Lusiadas. Prefacio. Análisis de Voltaire traducido al castellano. Argumento de los Cantos en portugués. Ensaio de Ester Abreu sobre Inés de Castro. Biografía de Camões. Su poema autobiográfico La obra. Video explicativo.

La historia de Portugal se conjuga bien con las leyendas, haciéndose ambas unidad. Las antiquísimas fundaciones de algunas ciudades, tuvieron la intervención divina de las mitologías griega o romana: dioses a veces, o simples mortales heróicos: Ulises en el caso de Lisboa. Medóbriga para los romanos, la historia de Marvão, fortaleza natural inexpugnable situada en la frontera con España en el Alto Alentejo, acoge la pendencia entre Pompeyo y Julio César por su conquista. Lo consiguió Julio César; y dominó la calzada que unía Cáceres con Santarém.

 

 

Marvão

 

La leyenda de Marvão
Poema de Pedro Sevylla de Juana

Coronando la Sierra
dicha del Sapoio,
cumbre de inmutable roca,
con el pico de piedra y las garras de piedra
el águila imperial llamada ibérica
cinceló fuerte y elevado
un nido de piedra
y lo llamó Marvão.

Allí emparejó el águila,
macho de piedra con hembra de plumas;
allí, piedra y pluma, los aguiluchos nacieron
allí se hicieron fuertes
allí se hicieron ágiles
y planearon en busca de presas.

El invasor
armado hasta los dientes
no pudo ocupar Marvão,
porque las águilas
pluma y piedra
una y otra vez lo impedían,
frenando todo intento.

Defensa heroica del milímetro circundante:
rapaces en actitud rebelde:
picas, rejones, lanzas,
flechas
todo inútil resulta:
el temor a perder el favor de la manada
y la ferviente independencia se oponían.

Ejércitos bien pertrechados sucumbieron
cubriendo las laderas de cadáveres:
ojos arrancados y nariz comida,
incompletos despojos.

Así sucedió
hasta que irritado
llegó el romano Julio César,
astuto general
estratega audaz experto en tretas.

Dejando ocultos escolta y soldados
subió al nido alto, se encaramó a la alta piedra;
una mano sujetaba,
balando, un cabrito trémulo;
y la otra, ondeante,
izaba la bandera blanca de los parlamentarios.

Sobre el estrado habló a las águilas recelosas:
elogió a la pluma frente a la piedra
elogió a la piedra frente a la pluma,
sembrando el orgullo en ambas
sembrando en ambas la envidia.

En la primavera soleada y fecunda
entre la diligente pluma y la piedra enérgica
creció vigorosa la discordia.

Avanzaba el otoño a paso cauto
porque los cuencos de recoger ofensas rebosaban
cuando el pico y las garras de piedra
desafiaron a las plumas alares y caudales,
al plumón envolvente.

El duelo originó
la separación más radical:
águilas de plumas que no podían defenderse
águilas de piedra incapacitadas para volar.

Sirviéndose de tal estratagema
los romanos conquistaron Marvão,
estratégica atalaya en la protección de la calzada,
-nexo de Santarém con Cáceres
apacible rio Sever
puente de piedra de Portagem.
PSdeJ Marvão (Portugal)

 

 

Lenda de Marvão
Poema e tradução Pedro Sevylla de Juana

Coroando a Serra
dita do Sapoio
cume de imutável rocha,
com o pico de pedra e as garras de pedra
a águia imperial chamada ibérica
cinzelou forte e elevado
um ninho de pedra
e chamou-lhe Marvão.

Ali emparelhou a águia,
macho de pedra com fêmea de plumas;
ali, pedra e pluma, as aguiazitas nasceram,
ali se fizeram fortes,
ali se fizeram ágeis
e planaram à procura de presas.

O invasor
armado até os dentes,
não pôde ocupar Marvão,
porque as águias
pluma e pedra,
uma e outra vez o impediam
refreando todo intento.

Defesa heroica do milímetro circundante:
rapaces em rebelde atitude:
picas, ferrões, lanças,
setas,
todo inútil resulta:
o temor a perder o favor da manada
e a fervente indepêndencia se opunham.

Exércitos bem apetrechados sucumbiram
cobrindo as ladeiras de cadáveres:
olhos arrancados e nariz comido,
incompletos despojos.

Assim sucedeu
até que irritado
chegou o romano Julio César,
astuto geral
estratega audaz esperto em tretas.

Deixando encobertos escolta e soldados
subiu ao ninho alto,
trepou à alta pedra;
uma mão sujeitava,
balindo, um cabrito trémulo,
e a outra, ondeante,
içava a bandeira branca dos parlamentares.

Sobre o palanque falou às águias receosas:
elogiou a pluma frente à pedra
elogiou a pedra frente à pluma.
semeando o orgulho em ambas
semeando em ambas a inveja.

Na primavera ensolarada e fecunda
entre a diligente pluma e a pedra enérgica,
cresceu vigorosa a discórdia.

Avançava o outono a passo cauteloso
porque as tigelas de recolher ofensas transbordavam
quando o pico e as garras de pedra
desafiaram as plumas alares e caudais,
à penugem envolvente.

O duelo originou a separação mais radical:
águias de plumas que não podiam defender-se
águias de pedra incapacitadas para voar.

Se servindo de tal estratagema
os romanos conquistaram Marvão,
estratégica atalaia na protecção da calçada
-nexo de Santarém com Cáceres
aprazível rio Sever
ponte de pedra da Portagem.
PSdeJ

 

 

 

 

El término España en aquel tiempo pudo usarse con un sentido amplio, peninsular. En ese sentido Camões nació en España, como dice Voltaire; es decir en la península Ibérica. El mismo Camões se refiere unas veces a los castellanos y otra a los españoles cuando habla de las tropas de Castilla. Es de resaltar el gran concepto que expresa de la gente fortísima de España. Se ha dicho con cierta razón que Os Lusiadas recorrió en Europa el mismo camino que la literatura española de la época. Acaso como una obra española más. Y que en España tuvo una gran importancia cultural, tanto como su autor; pues se leía en uno u otro idioma. Pero aunque los comienzos fueron esos y las ediciones se sucedieron tempranas, paralelas a las portuguesas; se ve la mano de Felipe II apoyando sus propios intereses en Portugal. Por eso hay que tener en cuenta lo que ocurrió luego.

Traduzco aquí lo que escribió el erudito portugués Sousa Viterbo en 1891:
“A pesar de la identidad de lenguas, fue la nación española la primera en apoderarse de nuestro gran poema épico. No menos de tres traducciones españolas aparecieron en el siglo XVI, siendo dos en 1580, y una en 1591. Después de este movimiento de entusiasmo, pasaron dos siglos sin que volviese a aparecer nueva traducción o sin reproducir alguna de las traducciones antiguas. Este hecho no deja de impresionar, atendiendo sobre todo a que, Camões, continuaba siendo venerado en la literatura española, siendo frecuentes las citas y referencias honrosas que respecto a nuestro poeta se encuentran en los escritos de aquel país”.

 

 

Contenido del episodio correspondiente al Consejo de los Dioses, Os Lusiadas, canto primero, estrofas: de la 20 a la 41.

El Consejo de los Dioses, que se celebrará en el Olimpo por iniciativa de Júpiter, padre de los dioses, debe decidir sobre los futuros acontecimientos de Oriente. Llegan los convocados al Monte Olimpo desde sus lugares a través de la Via Láctea, espacio por donde regresarán también cuando el Consejo termine. El Tonante quiere que todos expongan su manera de ver los asuntos, sobre todo los que vienen de los Siete Cielos, esos siete planetas que tienen nombre de dios. La cuestión principal es si se debe permitir o no que la armada portuguesa llegue a Oriente como persigue. Júpiter, desde el inicio, anuncia su buena voluntad respecto al viaje de los lusos, y desea que sean recibidos como buenos amigos en la costa africana. Da su apoyo, dice en su intervención, porque los portugueses se enfrentarán a mares desconocidos y a grandes peligros; y que, sobre esa incursión, los Hados han decidido que se llevará a término, haciendo olvidar con su gesta las gestas de Asírios, Persas, Griegos y Romanos.

Baco no está de acuerdo; y así lo expresa tras el discurso de Júpiter. Teme que perderá toda la fama conseguida en Oriente si los lusitanos logran alcanzar ese objetivo. Venus va a poyar a los portugueses porque se parecen mucho a los habitantes de su amado pueblo latino, hablantes de una lengua hija del Latín. Además, recuerda que han demostrado  pericia y valentía en sus aventuras marinas de África. Marte, dios de la guerra, defiende a los Lusos por dos razones: por apoyar a Venus, su antigua amante; y porque reconoce la braveza de ese pueblo. Llega Marte a pedir a Júpiter que no dé marcha atrás en la defensa de los navegantes portugueses; y a Mercurio, mensajero de los dioses, que recabe información acerca de la India, pues le parece que Baco defiende intereses propios con su oposición. El Consejo acaba tomando una decisión favorable a la armada lusitana, y cada uno de los dioses regresa a su lugar por donde llegó.

 

 

 

 

Os Lusiadas, Canto Primero, episodio del Consejo de los Dioses
Obra de Luiz Vaz de Camões, Traducción de Pedro Sevylla de Juana

XX
Cuando los Dioses en el Olimpo luminoso,
donde el gobierno está de humana gente,
se juntan en un consejo glorioso,
sobre las cosas futuras del Oriente.
Pisando el cristalino Cielo hermoso,
vienen por la Vía Láctea juntamente,
convocados, de parte del Tonante,
por el nieto gentil del viejo Atlante.

XXI
Dejan de los siete Cielos el gobierno,
que del poder más alto les fue dado,
alto poder, que sólo el pensamiento
gobierna el Cielo, la Tierra, el Mar airado.
Allí se hallaron juntos al momento
los que habitan el Arcturo congelado
y los que el Austro tienen y las partes donde
la Aurora nace y el claro Sol se esconde.

XXII
Estaba el Padre allí, sublime y digno,
que agita los fieros rayos de Vulcano,
en un asiento de estrellas cristalino,
con gesto alto, severo y soberano;
del rostro respiraba aire divino,
que divino tornara un cuerpo humano;
con la corona y el cetro rutilante,
de otra piedra más clara que el diamante.

XXIII
En lucientes asientos, adornados
de oro y perlas, más abajo estaban
los otros Dioses, todos asentados
Como la Razón y el Orden concertaban
(preceden los antiguos, más honrados,
más abajo los menores se sentaban);
cuando Júpiter alto, así diciendo,
con el tono de voz grave y horrendo:

XXIV
– «Eternos habitantes del luciente,
estrellado cielo, y claro Asiento:
si del arrojo de la fuerte gente
de Luso no perdéis el pensamiento,
debéis de haber sabido claramente
que es de los magnos Hados fuerte intento
que por ella se olviden los humanos
de Asírios, Persas, Griegos y Romanos.

XXV
«Ya le fue (bien lo visteis) concedido,
con poder tan sencillo y tan pequeño,
tomar al Moro fuerte y guarnecido
toda la tierra que riega Tajo ameno.
Pues contra el Castellano tan temido
siempre alcanzó favor del sereno Cielo:
Así que siempre, al fin, con fama y gloria,
tuvo los trofeos pendientes de victoria.

XXVI.
«Dejo, Dioses, atrás la fama antigua,
que com la gente de Rómulo alcanzaron,
cuando con Viriato, en la enemiga
Guerra Romana, tanto se afamaron;
también dejo la memoria a que obliga
el gran nombre, cuando alzaron
a uno como capitán, quien, peregrino,
fingió en la corza espíritu divino.

XXVII
«Ahora veis bien que, acometiendo
el incierto mar en barco leve,
por vías nunca usadas, no temiendo
el vigor de Áfrico y Noto, a más se atreve:
Que, sabiendo lo mucho que van viendo
donde el día es largo y donde breve,
dirigen su propósito y porfía
a ver las cunas donde nace el día.

XXVIII
«Prometido le está del Hado eterno,
cuya alta ley no puede ser quebrada,
que tengan largos tiempos el gobierno
del mar que ve del Sol la rúbea entrada.
En las aguas han pasado el duro Invierno;
la gente viene aturdida y muy cansada;
y parece necesario que le sea
mostrada la nueva tierra que desea.

XXIX
«Y siendo sabido que llevan pasados
del viaje tan ásperos peligros,
tantos climas y cielos soportados,
tanto furor de vientos enemigos,
que sean, determino, agasajados
en esta costa Africana como amigos;
y, puesta a resguardo la cansada flota,
proseguirán luego su larga derrota.»

XXX
Estas palabras Júpiter decía,
cuando los Dioses, por orden respondiendo,
en la sentencia uno del otro difería,
razones diversas dando y recibiendo.
El padre Baco allí no consentía
en lo que Júpiter dijo, conociendo
que olvidarán sus hechos en Oriente
si llega allá la Lusitana gente.

XXXI
Tenía oído a los Hados que vendría
una gente fortísima de España
por el abierto mar, la cual sujetaría
de la India todo cuánto Dóris baña,
y con nuevas victorias vencería
la fama antigua, ya suya ya extraña.
vivamente le duele perder la gloria
de que Nisa aún celebra la memoria.

XXXII
Ve que ya tuvo el Indo sojuzgado
y nunca le quitó Fortuna o Caso
por vencedor de la India ser cantado
de cuantos beben el agua del Parnaso.
Teme ahora que sea sepultado
su tan celebrado nombre en negro vaso
de agua del olvido, si allá llegan
los fuertes Portugueses que navegan.

XXXIII
Intervenía contra él Venus bella,
encariñada con la gente Lusitana
por cuantas cualidades veía en ella
de la antigua, tan amada, su Romana;
en los fuertes corazones, en la gran estrella
que mostraron en la tierra Tingitana,
y en la lengua, en la cual cuando imagina,
con poca adulteración ve la Latina.

XXXIV
Estas cosas movían a Citherea,
y más, porque de las Parcas bien entiende
que ha de ser celebrada Clara Dea
donde la gente belígera se extiende.
Así que, uno, por la infamia, que olfatea,
y el otro, por las honras que pretende,
debaten, y en la porfía permanecen;
a cualquiera sus amigos favorecen.

XXXV
Cual Austro fiero o Bóreas en la verdura
de silvestre arbolado abastecida,
rompiendo las ramas van de selva oscura
con ímpetu y braveza desmedida,
brama toda montaña, el sonido murmura,
se rompen las hojas, hierve la sierra erguida:
tal andaba el tumulto, levantado
entre los Dioses, en el Olimpo consagrado.

XXXVI
Pero Marte, que de la Diosa cuidaba
entre todas las razones en porfía,
o porque el amor antiguo le obligaba,
o porque la gente fuerte lo valía,
de entre los Dioses en pie se levantaba:
melancólico en el gesto parecía;
el fuerte escudo, al cuello colgado,
lo acomoda atrás, fiero y airado;

XXXVII
La visera del yelmo de diamante
levantando un poco, muy seguro,
tratando de opinar llegó delante
de Júpiter, armado, fuerte y duro;
y dando un golpe penetrante
con el pomo del bastón en solio puro,
el Cielo tembló, y Apolo, de turbado,
perdió algo de color, como apagado;

XXXVIII
Y dijo así: – «Ó Padre, a cuyo imperio
todo aquello obedece que creaste:
si esta gente que busca otro Hemisferio,
cuya valía y obras tanto amaste,
no quieres que padezca vituperio,
como hace tanto tiempo que ordenaste,
no oigas más, pues eres árbitro juicioso,
razones de quien parece sospechoso.

XXXIX
«Que, si aquí la razón no se mostrase
vencida del temor demasiado,
bien fuera que Baco los amparase,
pues que de Luso vienen, su buen privado;
mas este intento suyo ahora pase,
pues llega de estómago dañado;
que nunca borrará ajena avaricia
lo que otro merece y el Cielo codicia.

XL
«Y tú, Padre de gran fortaleza,
de la determinación que tienes tomada
no retrocedas ya, pues es flaqueza
desistir de la cosa comenzada.
Mercúrio, pues excede en ligereza
al viento leve y a la flecha bien tallada,
va a mostrarle la tierra donde se informe
de la India, y donde la gente se reforme.»

XLI

Como esto dijo, el Padre poderoso,
la cabeza inclinando, consintió
en lo que dijo Mavorte valeroso
y néctar sobre todos esparció.
Por el camino Lácteo tan glorioso
cada uno de los Dioses se marchó,
realizando sus reales tratamientos,
hacia los determinados aposentos.
PSdeJ Punto de Partida Edición de Nápoles 1730
https://books.google.es/books?id=D5eaatWsH00C&pg=PA165&dq

 

 

 

Os Lusiadas

Os Lusiadas, obra cumbre de Luís Vaz de Camões, es el relato de un viaje en forma de poema épico, considerado la más grande epopeya moderna. En los últimos años del siglo XV, el rey don Manuel encarga al marino Vasco de Gama, abrir un camino hacia la India, atravesando el Atlántico y el Índico. El relato de este viaje y de sus peripecias, constituye el argumento del grandioso poema. En sus diez cantos, pone Camões de manifiesto, la importancia de la excepcional aventura y la grandeza del reino de Portugal; convirtiendo la historia en mito. Es notorio y notable ,el conocimiento que el autor demuestra de la épica de griegos y latinos. Con la influencia clara de la Eneida de Virgilio y, algo menos, de la Iliada de Homero; puso Camões el empeño en equiparar la gesta de los marinos portugueses, con las llevadas a cabo por Eneas y Ulises. Y establecer un paralelismo entre la fortaleza heroica de Vasco de Gama y quienes lo acompañaban, con los grandes héroes grecoromanos; ayudados o estorbados en ambos casos por los dioses de esas mitologías.

 

 

PREFÁCIO
À 4ª Edição, Álvaro Júlio da Costa Pimpão

VI por mandado da santa & geral inquisição estes dez cantos dos Lusiadas de Luis de Camões, dos valerosos feitos em armas que os Portugueses fizerão em Asia & Europa, & não achey nelles cousa algũa escandalosa, nem contraria â fe & bõs custumes, somente me pareceo que era necessário aduertir os Lectores que o Autor pera encarecer a difficuldade da nauegação & entrada dos Portugueses na India, vsa de hũa fição dos Deoses dos Gentios. E ainda que sancto Augustinho nas suas Retractações se retracte de ter chamado nos liuros que compos de Ordine, aas Musas Deosas. Toda via como isto he Poesia & fingimento, & o Autor como poeta, não pretenda mais que ornar o estilo Poetico não tiuemos por inconueniente yr esta fabula dos Deoses na obra, conhecendoa por tal. & ficando sempre salua a verdade de nossa sancta fe, que todos os Deoses dos Gẽtios sam Demonios. E por isso me pareceo o liuro digno de se imprimir, & o Autor mostra nelle muito engenho & muita erudição nas sciencias humanas. Em fe do qual assiney aqui.
Frey Bertholameu Ferreira

Ensayo de Voltaire CHAPITRE VI.Traducción del francés: Pedro Sevylla de Juana

CAMOËNS.
Mientras que Trissino, en Italia, seguía con paso tímido y débil los rastros de los antiguos; Camoëns, en Portugal, abría una vereda nueva del todo, y se granjeaba una reputación que todavía dura entre sus compatriotas, pues lo llaman el Virgilio portugués. Camõens, perteneciente a una antigua familia portuguesa, nació en España, en los últimos años del célebre reinado de Fernando y de Isabel, cuando Juan II reinaba en Portugal. Después de la muerte de Juan, llegó a la corte de Lisboa, el primer año del reinado de Manuel el Grande, heredero del trono y de los proyectos del rey Juan. Eran entonces los felices días de Portugal, y el tiempo marcado para la gloria de esta nación. Manuel I, determinó seguir el proyecto que había sido suspendido tantas veces: abrir una vía hacia la India oriental por el Océano. Llamó, en 1497, a Vasco de Gama, que llegó con una flota para esa empresa, vista como temeraria e impracticable, por ser nueva. Gama, y los que tuvieron la insolencia de embarcarse con él, pasaron por insensatos que se sacrificaban con alegría de corazón. Era un sólo  grito en la ciudad contra el rey: Toda Lisboa vio partir con indignación y con lágrimas a estos aventureros, y los lloró como a muertos. Sin embargo la empresa tuvo éxito, y fue el primer cimiento del comercio que Europa tiene hoy con la India por el océano.

Camoëns no acompañó a Vasco de Gama en su expedición, como dije en mis ediciones precedentes; no fue a la Gran India hasta mucho tiempo después. Un deseo vago de viajar y de hacer fortuna, la fama despertada en Lisboa por sus galanterías indiscretas, el descontento con la Corte , y sobre todo esa curiosidad inseparable de la gran imaginación, lo arrancaron de su patria. Sirvió primero como voluntario en una nave, y perdió un ojo en combate. Los Portugueses ya tenían un virrey en la India. Camoëns, que estaba en Goa, fue exiliado de allí por el virrey. Ser exiliado era tan solo una de las desgracias singulares que el destino reservaba a Camoëns. Languideció durante algunos años en un rincón de tierra bárbara junto a la frontera de China, donde los Portugueses tenían un mínimo asentamiento, y comenzaban a edificar la ciudad de Macao. Fue allí donde Camõens compuso su poema del descubrimiento de la India, que tituló la Lusiada; título que dice poco del asunto tratado, y que, hablando con propiedad, significa Portugada. Obtuvo un empleucho en el mismo Macao; de ahí que al regresar a Goa, sufriera un naufragio cerca de las costas de China. Y se salvó, decimos, nadando con una mano, y llevando en la otra su poema: única posesión que le quedaba.

De regreso a Goa, fue metido en la cárcel. Salió de allí sólo para sufrir una desgracia mayor; la de seguir por África a un pequeño gobernador arrogante y avaro. Con él se sintió muy humillado. En fin, regresó a Lisboa con el poema como único recurso. Consiguió una pequeña pensión, aproximadamente ochocientos libras de nuestra moneda de hoy; pero cesaron pronto de pagársela. No tuvo otra jubilación ni otro socorro que un hospital. Fue allá donde pasó el resto de su vida, muriendo en un abandono total. En cuanto hubo muerto se apresuraron a dedicarle epitafios honorables, y a elevarlo al nivel de los grandes hombres. Algunas ciudades se disputaron el honor de haber sido el lugar de su nacimiento. Así probó en su propia carne toda la suerte de Homero. Viajó Homero como él; vivió y murió pobre, y tuvo gran reputación sólo después de muerto. Cuántos ejemplos deben conocer los hombres de ingenio, para darse cuenta de que no es con el ingenio con lo que se consigue fortuna y se vive feliz.

El argumento de Lusiada, tratado por un espíritu tan vivo como el de Camoëns, solo podía producir una nueva especie de epopeya. El fondo de su poema no es una guerra, ni una disputa entre héroes, ni el mundo alzado en armas por una mujer; se trata de un nuevo país descubierto con la ayuda de la navegación. He aquí cómo comienza: “Canto a esos hombres que están por encima de lo vulgar, que de las riberas occidentales de Lusitania, navegando mares que aún no habían visto, llegaron a asombrar a Taprobane con su audacia. Ellos, cuyo coraje paciente es capaz de resistir esfuerzos situados más allá de  la resistencia humana, establecieron un nuevo imperio bajo un cielo desconocido y bajo otras estrellas. Qué no se alaben más los viajes del troyano famoso que llevó a sus dioses a Italia; ni los del sabio griego que llegó de nuevo a Ítaca después de veinte años de ausencia; ni los de Alejandro, ese impetuoso conquistador. Desapareced, banderas que Trajano desplegaba sobre las fronteras de la India; he aquí un hombre al que Neptuno rindió su tridente; he aquí trabajos que sobrepasan a todos los vuestros.

” Y vosotras, ninfas del Tajo, que nunca me inspirasteis sonidos dulces y conmovedores, cuando alabé las orillas de vuestro agradable río; dadme en adelante acentos orgullosos e intrépidos; que tengan la fuerza y la claridad de vuestra corriente; qué sean puros como vuestras ondas, y qué en lo sucesivo el dios del verso prefiera vuestras aguas a las de la fuente sagrada”. El poeta gobierna la flota portuguesa en la desembocadura del Ganges: describe, al pasar, las costas occidentales, el mediodía y oriente de África, y los diferentes pueblos que viven en la orilla; funde con arte la historia de Portugal.

Vemos en el tercer canto la muerte de la célebre Inés de Castro, esposa del rey don Pedro, cuya aventura encubierta fue representada hace poco en el teatro de París. Es, a mi gusto, la pieza más bella de Camoëns; hay pocos fragmentos en Virgilio más enternecedores y mejor escritos. La sencillez del poema es realzada por ficciones tan nuevas como la trama. He aquí uno que, me atrevo a pronosticar, debe tener éxito en todos los tiempos y naciones.

Cuando la flota está dispuesta a doblar el cabo de Buena Esperanza, llamado entonces el promontorio de las Tempestades, percibimos de repente un objeto formidable. Es un fantasma quien se eleva del fondo del mar; su cabeza toca las nubes; las tempestades, los vientos, los truenos, le circundan; sus brazos se extienden a lo lejos sobre la superficie de las aguas; este monstruo, o este dios, es el guardián del océano del que ninguna nave ha cortado aún las olas. Monstruo o dios amenaza a la flota, se queja de la audacia de los Portugueses, que vienen a disputarle el imperio de estos mares. Les anuncia él todas las calamidades que deben sufrir en su empresa. Esto es sorprendente en cualquier país sin duda. He aquí otra ficción que agradó en extremo a los Portugueses, y que me parece acorde con el genio italiano: se trata de una isla encantada que sale del mar para frenar el avance de Gama y de su flota. Esta isla sirvió, decimos, de modelo a la isla de Armide, descrita algunos años después por Tasso. Allí, Vénus, movida por los consejos del Padre eterno, y apoyada al tiempo por las flechas de Cupido, torna a las Nereidas enamoradas de los Portugueses. Los placeres más lascivos son pintados allí sin contemplaciones; cada Portugués abraza a una Nereida; Thétis consigue a Vasco de Gama para entregarse. La diosa lo eleva a la alta montaña, que es el entorno más delicioso de la isla, y desde allí le muestra todos los reinos de la tierra, y le predice los destinos de Portugal.

Camoëns, después de haberse entregado sin reservas a la descripción voluptuosa de esa isla, y de los placeres en que los Portugueses se sumergieron; se ocupa de explicar al lector que toda esta ficción, no significa otra cosa, que el placer de un hombre honrado recibido del deber cumplido. Pero hay que reconocer que una isla encantada, de la que Venus es la diosa, y donde las ninfas acarician a los marineros después de un largo viaje, se parece más a un músico de Amsterdam que a algo honesto. Sé que un traductor de Camoëns pretende, que en este poema, Venus es la Virgen Santísima, y que Marte es, evidentemente Jesucristo. A buenas horas; no me opongo. Pero reconozco que no lo había visto así. Esta alegoría nueva justificará cualquier cosa; no nos sorprenderá que Gama, en una tempestad, dirija sus oraciones a Jesucristo, y que sea Venus quien llegue en su socorro. Baco y la Virgen María formarán parte, naturalmente, del grupo.

El objetivo principal de los Portugueses, una vez establecido su comercio, es la propagación de la fe; y Vénus se encarga del éxito de la empresa. Hablando seriamente, una maravilla tan absurda desfigura toda la obra a los ojos de los lectores sensatos. Parece que este gran defecto pudo derribar el poema; pero la poesía del estilo y la imaginación en la expresión lo sostuvieron; lo mismo que la belleza de ejecución situó a Paul Véronèse entre los grandes pintores, aunque hubiera pintado a padres benedictinos y soldados suizos en asuntos del Antiguo Testamento, y aunque siempre pecara contra la vestimenta. Camoëns cae casi siempre en tales disparates. Me acuerdo que Vasco, después de haber contado sus aventuras al rey de Mélinde, le dice: ” O rey, juzgue si Ulises y Eneas viajaron tan lejos como yo, y si corrieron tantos peligros”. No es posible que, un bárbaro Africano de las costas de Zanguebar, conociera a Homero y a Virgilio. Pero de todos los defectos de este poema, el más grande es la poca concordancia que reina entre todas sus partes. Se parece al viaje del argumento. Las aventuras se suceden unas a otras, y el poeta no tiene otro arte que el de contar bien los detalles; pero este arte solo, por el placer que da, suple a todos los demás. Todo esto prueba, al fin, que la obra está llena de grandes bellezas, ya que desde hace doscientos años es la delicia de una nación espiritual; y es bueno que conozca también los errores.

 

 

 

Argumentos de los Cantos

Canto I
O poeta indica o assunto global da obra, pede inspiração às ninfas do Tejo e dedica o poema ao Rei D. Sebastião. Inicia a narração de viagem de Vasco da Gama, referindo brevemente que a Armada já se encontra no Oceano Índico, no momento em que os deuses do Olimpo se reúnem em Concílio convocado por Júpiter, para decidirem se os Portugueses deverão chegar à Índia. Com o apoio de Vénus e Marte e apesar da oposição de Baco, a decisão é favorável aos Portugueses que, entretanto, chegam à Ilha de Moçambique. Aí Baco prepara-lhes várias ciladas que culminam com o fornecimento de um piloto por ele instruído para os conduzir ao perigoso porto de Quíloa. Vénus intervém, afastando a armada do perigo e fazendo-a retomar o caminho certo até Mombaça. No final do Canto, o poeta reflecte acerca dos perigos que em toda a parte espreitam o Homem.

Canto II
O rei de Mombaça, influenciado por Baco, convida os Portugueses a entrar no porto para os destruir. Vasco da Gama, ignorando as intenções, aceita o convite, pois os dois condenados que mandara a terra colher informações tinham regressado com uma boa notícia de ser aquela uma terra de cristãos. Na verdade, tinham sido enganados por Baco, disfarçado de sacerdote. Vénus, ajudada pelas Nereidas, afasta a Armada, da qual se põem em fuga os emissários do Rei de Mombaça e o falso piloto. Vasco da Gama, apercebendo-se do perigo que corria, dirige uma prece a Deus. Vénus comove-se e vai pedir a Júpiter que proteja os Portugueses, ao que ele acede e, para a consolar, profetiza futuras glórias aos Lusitanos. Na sequência do pedido, Mercúrio é enviado a terra e, em sonhos, indica a Vasco da Gama o caminho até Melinde onde, entretanto, lhe prepara uma calorosa recepção. A chegada dos Portugueses a Melinde é efectivamente saudada com festejos e o Rei desta cidade visita a Armada, pedindo a Vasco da Gama que lhe conte a história do seu país.

Canto III
Após uma invocação do poeta a Calíope, Vasco da Gama inicia a narrativa da História de Portugal. Começa por referir a situação de Portugal na Europa e a lendária história de Luso a Viriato. Segue-se a formação da nacionalidade e depois a enumeração dos feitos guerreiros dos Reis da 1.ª Dinastia, de D. Afonso Henriques a D. Fernando. Destacam-se os episódios de Egas Moniz e da Batalha de Ourique, no reinado de D. Afonso Henriques, e o da Formosíssima Maria, da Batalha do Salado e de Inês de Castro, no reinado de D. Afonso IV.

Canto IV
Vasco da Gama prossegue a narrativa da História de Portugal. Conta agora a história da 2.ª Dinastia, desde a revolução de 1383-85, até ao momento, do reinado de D. Manuel, em que a Armada de Vasco da Gama parte para a Índia. Após a narrativa da Revolução de 1383-85 que incide fundamentalmente na figura de Nuno Álvares Pereira e na Batalha de Aljubarrota, seguem-se os acontecimentos dos reinados de D. João II, sobretudo os relacionados com a expansão para África. É assim que surge a narração dos preparativos da viagem à Índia, desejo que D. João II não conseguiu concretizar antes de morrer e que iria ser realizado por D. Manuel, a quem os rios Indo e Ganges apareceram em sonhos, profetizando as futuras glórias do Oriente. Este canto termina com a partida da Armada, cujos navegantes são surpreendidos pelas palavras profeticamente pessimistas de um velho que estava na praia, entre a multidão. É o episódio do Velho do Restelo.

Canto V
Vasco da Gama prossegue a sua narrativa ao Rei de Melinde, contando agora a viagem da Armada, de Lisboa a Melinde. É a narrativa da grande aventura marítima, em que os marinheiros observaram maravilhados ou inquietos o Cruzeiro do Sul, o Fogo de Santelmo ou a Tromba Marítima e enfrentaram perigos e obstáculos enormes como a hostilidade dos nativos, no episódio de Fernão Veloso, a fúria de um monstro, no episódio do Gigante Adamastor, a doença e a morte provocadas pelo escorbuto. O canto termina com a censura do poeta aos seus contemporâneos que desprezam a poesia.

Canto VI Fin da a narrativa de Vasco da Gama, a Armada sai de Melinde guiada por um piloto que deverá ensinar-lhe o caminho até Calecut. Baco, vendo que os portugueses estão prestes a chegar à Índia, resolve pedir ajuda a Neptuno, que convoca um Concílio dos Deuses Marinhos cuja decisão é apoiar Baco e soltar os ventos para fazer afundar a Armada. É então que, enquanto os marinheiros matam despreocupadamente o tempo ouvindo Fernão Veloso contar o episódio lendário e cavaleiresco de Os Doze de Inglaterra, surge uma violenta tempestade. Vasco da Gama vendo as suas caravelas quase perdidas, dirige uma prece a Deus e, mais uma vez, é Vénus que ajuda os Portugueses, mandando as Ninfas seduzir os ventos para os acalmar. Dissipada a tempestade, a Armada avista Calecut e Vasco da Gama agradece a Deus. O canto termina com considerações do Poeta sobre o valor da fama e da glória conseguidas através dos grandes feitos.

Canto VII
A Armada chega a Calecut. O poeta elogia a expansão portuguesa como cruzada, criticando as nações europeias que não seguem o exemplo português. Após a descrição da Índia, conta os primeiros contactos entre os portugueses e os indianos, através de um mensageiro enviado por Vasco da Gama a anunciar a sua chegada. O mouro Monçaíde visita a nau de Vasco da Gama e descreve Malabar, após o que o Capitão e outros nobres portugueses desembarcam e são recebidos pelo Catual e depois pelo Samorim. O Catual visita a Armada e pede a Paulo da Gama que lhe explique o significado das figuras das bandeiras portuguesas. O poeta invoca as Ninfas do Tejo e do Mondego, ao mesmo tempo que critica duramente os opressores e exploradores do povo.

Canto VIII
Paulo da Gama explica ao Catual o significado dos símbolos das bandeiras portuguesas, contando-lhe episódios da História de Portugal nelas representados. Baco intervém de novo contra os portugueses, aparecendo em sonhos a um sacerdote brâmane e instigando-o através da informação de que vêm com o intuito da pilhagem. O Samorim interroga Vasco da Gama, que acaba por regressar às naus, mas é retido no caminho pelo Catual subornado, que apenas deixa partir os portugueses depois destes lhes entregarem as fazendas que traziam. O poeta tece considerações sobre o vil poder do ouro.

Canto IX
Após vencerem algumas dificuldades, os portugueses saem de Calecut, iniciando a viagem de regresso à Pátria. Vénus decide preparar uma recompensa para os marinheiros, fazendo-os chegar à Ilha dos Amores. Para isso, manda o seu filho cúpido desfechar setas sobre as Ninfas que, feridas de Amor e pela Deusa instruídas, receberão apaixonadas os Portugueses. A Armada avista a Ilha dos Amores e, quando os marinheiros desembarcam para caçar, vêem as ninfas que se deixam perseguir e depois seduzir. Tétis explica a Vasco da Gama a razão daquele encontro (prémio merecido pelos “longos trabalhos”), referindo as futuras glórias que lhe serão dadas a conhecer. Após a explicação da simbologia da Ilha, o poeta termina, tecendo considerações sobre a forma de alcançar a Fama.

Canto X
As Ninfas oferecem um banquete aos portugueses. Após uma invocação do poeta a Calíope, uma ninfa faz profecias sobre as futuras vitórias dos portugueses no Oriente. Tétis conduz Vasco da Gama ao cume de um monte para lhe mostrar a Máquina do Mundo e indicar nela os lugares onde chegará o império português. Os portugueses despedem-se e regressam a Portugal. O poeta termina, lamentando-se pelo seu destino infeliz de poeta incompreendido por aqueles a quem canta e exortando o Rei D. Sebastião a continuar a glória dos Portugueses. http://oslusiadas.no.sapo.pt/cantos.html

 

 

 

A LENDA DE INÊS DE CASTRO NOS LUSÍADAS E EM CORONA DE AMOR Y MUERTE. Ester Abreu Vieira de Oliveira

Resumo: Pretende-se mostrar, entre a Historia, a Literatura e o Mito, o amor entre o príncipe Pedro e Inês de Castro a partir de um olhar sobre um olhar épico de Os Lusíadas e o projetar desse amor na obra dramática de Alejandro Casona: Corona de amor y muerte, La leyenda de Inés de Castro.
Palavras Chave: História/ Mito/ Literatura. Camões: Os Lusíadas. Inês de Castro.
Resumé: On veux démontrer dans l´Histoire, la Littérature et le Mythe, l´amour entre le prince Pedro et Inês de Castro grâce à un regard sur Os Lusiadas et le projeter cet amour dans le théâtre.
Mots Clés: Histoire/Mythe/ Littérature. Camões: Os Lusiadas. Inês de Castro.

CAMÕES: UM HOMEM DE SEU TEMPO E SUA OBRA MESTRA

Luis de Camões, poeta renascentista português, traz em si uma literatura: a portuguesa, pois, mundialmente, reconhece-se que Os Lusíadas envolve todo o povo lusitano. Essa é a obra máxima de Camões, síntese e sublimação da literatura portuguesa. Poema épico que funde ciência e ficção e expressa a luta do Homem contra as forças da Natureza e as batalhas do Homem contra o Homem Em Os Lusíadas congregam-se ideais: o nacional, o religioso e o humanístico, e manifesta-se o saber de uma civilização ocidental e o seu desejo utópico expansionista. O acontecimento central de Os Lusíadas é a viagem de Vasco da Gama à Índia, citado no Canto V, estr. 94, v. 1 a 4:
Trabalha por mostrar Vasco da Gama
Que essas navegações que o mundo canta
Não merecem tamanha glória e fama
Como a sua, que o céu e a terra espanta.

O sucesso da empresa foi prognosticado pela Ninfa “Não vos hão-de faltar, gente famosa,/ Honra, valor e fama gloriosa.” (CAMÕES, Canto X, estr. 74 v. 7-8) Tetis , no Canto 10, dirá a Gama que a sapiência divina lhe concedia a possibilidade única, não acessível ao saber dos homens, o poder de ver a máquina do Mundo. Nela Gama verá nações e povos com suas culturas, montanhas e planícies, lagos e mares:
Vês aqui a grande máquina do Mundo,
Etérea e elemental, que fabricadas
Assi foi do saber, alto e profundo,
Que é sem princípio e meta limitadas.
Quem cerca em derredor este rotundo
Globo e sua superfície tão limada,
É Deus: mas o que é Deus, ninguém o entende,
Que a tanto o engenho humano não se estende. (CAMÕES, estr. 80)

Mas em Os Lusíadas, Camões, além de narrar o caminho para a descoberta das Índias, que os deuses, convocados por Júpiter se pronunciaram sobre a empresa dos Lusitanos e prognosticaram esplendor e majestade, introduz um tema histórico e fala sobre as grandes navegações, o império português no Oriente, os reis e heróis de Portugal, dentre outros fatos que tornam a epopéia camoniana um poema histórico, enciclopédico. Entre os reis, dedica-se a falar de D. Manuel I, ordenando a viagem: “Vá gente que mandar cortando os mares/ A buscar novos climas novos ares” (CAMÕES, Canto IV, estr. 76, v. 7-8) e mostrando a extensão do reino do pólo Norte ao pólo sul: “Vedes a grande terra que contina/ Vai de Calisto ao seu contrário Pólo,/ Que soberba a fará a luzente mina/ Do metal que cor tem do louro Apolo?” (CAMÕES, Canto X, estr. 139, versos 1-6). Na estrofe 140, do Canto X , v. 1 – 6, o poeta menciona o Brasil, “Santa Cruz”, terra do futuro domínio português:
Mas cá onde mais se alarga, ali tereis
Parte também, c´o pau vermelho nota;
De Santa Cruz o nome lhe poreis;
Descobri-la-á primeira vossa frota,
Ao longo desta costa que tereis;
irá buscando a parte mais remota

O poderio expansionista português e a figura do rei levou-nos a compor o poema Dom Manuel I

Conta-se que Camões morreu pobre e que seu escravo Jau à noite mendigava o sustento de ambos. Contudo, Camões deixou para a posteridade uma riquíssima obra e mostrou nela o seu vasto conhecimento. Camões recebeu a informação humanística em Coimbra, mas o homem se formou em Lisboa e nas andanças por mares e terras, onde diz ter sofrido inúmeras necessidades e não ter tido o reconhecido valor. Citamos lamentos do poeta no Canto VII de Os Lusíadas, principalmente, nas estrofes de 79 a 83. Como exemplo, indicamos a estrofe 81, desse Canto:

E ainda Ninfas minhas não bastava
que tamanhas misérias me cercassem,
Senão que aqueles que eu cantando andava
Tal prêmio de meus versos me tornassem;
A troco dos descansos que esperava,
Das capelas de louro que me honrassem,
Trabalhos nunca usados me inventaram,
Com que em tão duro estado me deitaram!

Com outro desabafo poético o eu lírico camoniano em Os Lusíadas no Canto X, estr. 9, apresenta-se cansado e antevê a chegada da velhice. Ele se queixa dos desgostos que o vão levando à morte e solicita à Calíope, a rainha das Musas, poder realizar o seu empenho de expor o seu amor pátrio:

Vão os anos descendo, e já do Estio
Há pouco que passar até o Outono;
A fortuna me faz o engenho frio,
Do qual já não me jacto nem me abono;
Os desgostos me vão levando ao rio
do negro esquecimento e terno sono.
Mas tu me dá que cumpra, ó grão Rainha
Das musas, c´o que quero à nação minha.

Homem de sua época, Camões teve em uma mão um livro e na outra a espada. Mas os seus estudos eram alternados com uma vida boêmia e neste ambiente de boemia amou e, num soneto, conceituou o Amor como “fogo”: “Amor é um fogo que arde sem se ver;/ É ferida que dói e não se sente;/É um contentamento descontente;/ É dor que desatina sem doer.” Também, em outro soneto, considera o Amor uma “fatalidade” que submete o ser humano e modifica os seres:

Transforma-se o amador na cousa amada,
por virtude do muito imaginar;
não tenho, logo, mais que desejar,
pois em mim tenho a parte desejada.

Se nela está minha alma transformada,
que mais deseja o corpo de alcançar?
Em si somente pode descansar,
pois consigo tal alma está liada.

Mas esta linda e pura semidéia,
que, como um acidente em seu sujeito,
assim co’a alma minha se conforma,

está no pensamento como idéia:
[e] o vivo e puro amor de que sou feito,
como a matéria simples busca a forma. (CIDADE, 1961, p. 75-76)

Mas, ainda, o eu-lírico considera o Amor brando, doce e piedoso, mas se queixa do desprazer do amor:
Erros meus, má fortuna, amor ardente
Em minha perdição se conjuram;
[…] De amor não vi senão breves enganos.
Oh! quem tanto pudesse que fartasse
Este meu duro gênio de vinganças! (CIDADE, 1961, p. 91)

O tema amoroso aparece na obra poética de Camões tanto nos sonetos, nas canções e nas éclogas como na sua obra épica Os Lusíadas. Nesta, o Amor aparece ora em forma de paixão e de desejo que visa a encontrar a mulher, como no Canto IX, quando o bardo menciona a Ilha dos Amores, lugar e prêmio para os fatigados navegadores, ora em forma de louca paixão, como no Canto III, quando Inês de Castro é coroada depois de morta.
No Canto IX, o Amor representa a vitória sobre o desconcerto do mundo, afinal travara “u’a famosa expedição/ contra o mundo rebelde”. Nesse Canto, na estr. 83, o eu lírico mostra vencidos e vencedores entregues ao amor:

Oh, que famintos beijos na floresta,
E que mimoso choro que soava!
Que afagos tão suaves! Que ira honesta,
Que em risinhos alegres se tornava!
O que mais passam na manhã e na sesta,
Que Vênus com prazeres inflamava,
Melhor é experimentá-lo que julgá-lo;
Mas julgue-o quem não pode experimentá-lo.

Não sabe ao certo os seus biógrafos a quem o poeta tenha amado, entre as “ninfas”, porém se sabe que elas tiveram importância em sua vida, pelas cartas encontradas. Reproduzimos, poeticamente, os últimos momentos desse poeta, no poema O DELÍRIO DO CATIVO (Momentos, Vitória, 1989. p.78-79)
No último delírio
bailam
silhuetas
gentis
-breves enganos do amor.

Leonor – formosa e dadivosa
cabelos de ouro trançados
Bárbara – bela cativa
cabelos pretos
-a mais formosa –
Dinamene – ninfa levada
“asinha” pelas ondas…

A alma transfigurada de amor
não sente a dor,
nem a pobre matéria, o branco lençol.
No delírio, a Glória o abraça
e a imortalidade guarda
sua fortuna, amor e perdição
nos quatro cantos da Terra.

A epopéia camoniana, quanto à temática nacional, pode ser comparada à Eneida, de Virgilio. Com a diferença de que Virgílio evoca, na historia romana, as futuras glorias de Roma, com uma fabulosa ação, enquanto a ação central do poema de Camões tem um teor histórico, na viagem de descobrimento do caminho para as Índias. Antonio José Saraiva compara a função da viagem de Vasco da Gama com a de Enéias e de Ulisses:

Esta viagem tem no plano do poema a mesma função que a de Enéias no poema de Virgílio ou a de Ulisses no poema de Homero. Para integrar a historiografia nacional portuguesa (que tinha […] uma origem parcialmente épica), a história das navegações e fundação do império da Índia e a expansão no Oriente (para o que dispunha de dois bons historiadores, João de Barros e Fernão Lopes de Castanheda), e ainda a descrição geográfica do novo mundo descoberto. Camões escolheu o modelo fixado por Virgílio. (CAMÕES, 1982, p. 25)

Mas a parte científica e ficcional de Os Lusíadas direta ou indiretamente foi tomada de fontes diversas. Hernani Cidade (1961, p.25) explica:

Os Lusíadas são [….] síntese e sublimação. que funde o saber cosmológico de Pedro Nunes, às informação de História e Geografia humana de João de Barros, às narrativas pungentes a História Trágico-Marítima… Nenhum poema épico do tempo é, como este, expressivo daquele incomparável momento de luta do Homem contra as forças da Natureza que os deuses mitificavam, e do Cristão pela hegemonia, no mundo da cultura humanizadora.

No poema épico camoniano a História de Portugal decorre por quase cinco séculos. E o poema relembra fatos e heróis de toda a conquista, tanto os da terra como os de além mar, os que ultrapassaram a Taprobana, (CAMÕES, Canto I, estr. 1) e expõe a historia de Portugal precedente à viagem de Gama, nos III e IV Canto. Descreve o poeta batalhas com intensidade épica e ressonâncias humanas. Citamos, no Canto IV, a estr. 26, a reação das mulheres durante a batalha: “Estavam pelos muros, temerosas/ E de um alegre medo quase frias,/ Rezando, as mãis, irmãs, damas e esposas,/ prometendo jejuns e romarias.”,
Em fim, na obra máxima de Luis de Camões, Os Lusíadas, o eu lírico manifesta um grande amor à sua pátria: “ditosa pátria minha amada”, o valor que sua época dava à vida militar e expõe dois pólos de tensão humana:
1- a guerra – atividade nobre e viril, no conceito antigo, Canto V, estrofes 5 a 8 e Canto X, estr. 153:, v 5-8: “A disciplina militar prestante// Não se aprende, Senhor, na fantasia, sonhando, imaginando ou estudando, /Senão vendo, tratando e pelejando.”
2- o amor, na forma de paixão nos amores de Pedro e Inês, Canto X, e de desejo, segundo os modelos do ideal trovadoresco como os do episódios da Ilha dos Amores (Canto IX, estr. 75 a 83) a perseguição que Leonardo fez à bela ninfa Efire.

ENTRE A ESPADA E O AMOR

De Os Lusíadas destacamos uma parte epo-lírica que tem impressionado a leitores de várias épocas e tem sido ponto de inspiração para muitos escritores: o episódio da história do Príncipe Pedro e Inês de Castro “a triste e mesquinha que depois de morta foi rainha”. Essa história se encontra no Canto III, da estr. 119 a 137, mas as mais conhecidas estrofes, pela tristeza lírica, são as de 120 a 135. O canto épico Os Lusíadas, provavelmente, segundo os estudos camonianos, foi terminado em 1556 e o episódio do eterno amor entre Pedro e Inês de Castro é mencionado até os nossos dias. Há várias obras que fazem referência a esse fato, imortalizado em diversas peças de teatro, em poemas, romances e outras formas de literatura, quer em Portugal em Os Lusíadas, de Luís de Camões, em A Castro, de António Ferreira, em D. Pedro, de António Patrício, e quer no estrangeiro. Na França, de 1942, encontra-se a obra La Reine Morte de Henri de Montherland, que reproduz esse fato. Na Espanha, a repercussão dessa mítica história é significativa, várias obras surgiram ao longo desses anos, possivelmente, ocorreu pela proximidade entre os países e pelo fato de Inês de Castro ser oriunda da Galícia e, também, pelo interesse despertado na poesia popular e. Citamos algumas: em 1577, Jerónimo Bermudez escreveu a tragédia Nise lastimosa y Nise laureada, em que foi referida, pela primeira vez, a coroação de Inês de Castro depois de sua morte. Em 1612, foi publicada a tragédia Doña Inés de Castro, Reina de Portugal, de Juan Mejía, em 1644, Luis Vélez de Guevarra escreveu Reinar después de morir, e Alejandro Casona, em 1955, Corona de amor y muerte.

Cada obra pincela o mito com um elemento diferente. Nas obras dramáticas, acrescenta-se um dado a mais à história ou incluem-se novos atuantes; mas em todas as criações aponta-se um amor estranhável entre Inês e Pedro e fala-se de falsos conselheiros que, por ciúmes, levaram Inês à morte. Mas antes de mencionar esses fatos, em duas obras teatrais, Reinar después de morir e Corona de amor y muerte, apresentaremos os antecedentes históricos que Camões coloca no Canto III. Nesse Canto o leitor depara com a formação de uma nação por meio de lutas, arranjos políticos, intrigas e amor. Inicia o canto com o poeta pedindo a Calíope, deusa da epopéia/história, contar-lhe o que Vasco da Gama narrou ao Reide Melindre. Fala-lhe que a fonte da poesia se mudou para Portugal. Depois é Vasco da Gama que passa a narrar ao Rei a história de seu povo (“geanalosia”), atendendo o seu pedido, mas sem mentir “Porque de feitos tais, por mais que diga,/ Mais me há–de ficar inda por dizer” (estr. 5) e o tempo é curto para “dizer tudo”. E começa a sua narrativa pela geografia e depois pela “sanguinosa guerra”. Com apoio do conhecimento histórico e geográfico de autores gregos e latinos, Camões, por meio de seu personagem histórico, Vasco da Gama, descreve a geografia da Europa, apresenta sua extensão até a Península Ibérica e menciona Espanha (“[…] cabeça ali de Europa toda,” (estr. 17); chega ao estreito de Gibraltar e narra a lenda do trabalho de Hércules de separar a Europa da África “Onde o sabido Estreito se enobrece/ C´o extremo trabalho do Tebano” (estr. 18); e designa todas as regiões da Península Ibérica (Aragão, Castela, Galícia, Andaluzia), com suas características marcantes, para apresentar Portugal “ […] quase cume da cabeça/ De Europa toda, Reino Lusitano/ Onde a terra se acaba e o mar começa/ E onde Phebo repousa no Oceano.” e onde Deus quis que brilhasse nas guerras contra os muçulmanos expulsando-os de seu território. (estr. 19- 20). Em fim no relato de Vasco da Gama, o eu lírico camoniano exalta Portugal: “Esta é a ditosa pátria minha amada, […] Esta foi Lusitânia derivada/De Luso ou Lysa, que de Baco antigo/ Filhos foram, parece, ou companheiros,/ E nela antão os íncolas primeiros.”(estr. 21).

Depois dessa apresentação, Vasco da Gama cita os vultos históricos, formadores do reino de Portugal, começando por Viriato (estr. 22); as guerras do rei Afonso da Espanha contra os sarracenos e a vinda dos cavaleiros estrangeiros para ajudá-lo, estando entre eles Henrique, filho de um rei da Hungria que, por seu destaque nos combates contra os mouros, casou-se com Teresa, filha do rei, e herdou um condado. O navegador destaca o fato de a mulher do conde, quando este morreu, tomar o poder e deserdar o filho desencadeando novas guerras. (estr. 27-29). Seguem narrações das lutas entre filho e mãe, em Guimarães, da heróica lealdade de Egas Moniz (estr. 35-40). Há menções de batalhas de Afonso contra os mouros (estr. 42), indo até além Tejo, e o destaque desproporcionado da batalha de Ourique entre o príncipe Afonso contra um exército de cinco reis mouros, experientes na guerra e seguidos por “guerreiras damas”. (estr. 44). Apesar da diferença de força entre os dois competidores, os lusitanos venceram (“Mas o de Luso, arnês, couraça e malha,/ Rompe, corta, desfaz, abola e talha.” – estr. 51) e recolheram o rico troféu (estr. 53). Continuam os relatos de outras conquistas do rei Afonso: Leira, Santarém, Mafra, Sintra, Lisboa, Alentejo, Évora, Palmela, Sesinha. Badajoz, Alentejo. Porém, em uma revanche dos mouros, num áspero combate, o rei Henrique foi ferido e seu filho Sancho assumiu a luta. Os combates prosseguem. Sancho persistiu na luta com os sarracenos na Terra Santa. Quando morreu, seu filho, Afonso III, assumiu o poder e reconquistou Alcácer no sul de Portugal (estr. 90). Seu sucessor Sancho II, “manso e descuidado” (estr. 91) foi substituído por Afonso o Bravo, que reconquistou Algarves, e a esse substituirá D. Dinis que fez prosperar o Reino e, ao alcançar a paz, construiu e reparou vilas e fundou a Universidade de Coimbra (“Fez primeiro em Coimbra exercitar-se/ O valeroso ofício de Minerva.” – estr. 98). D. Dinis será substituído por Afonso IV (estr. 98) que não gostava dos castelhanos, mas tinha uma filha casada com o rei de Castela.

Assim, quando um grande exército mouro chegou a Tarifa, o rei castelhano enviou Maria, sua mulher, para pedir ao pai, Afonso IV, o rei português, auxílio. (estr. 99-115). O poeta descreve a entrada de Maria, no paço, com pinceladas pictóricas: Entrava a fermosíssima Maria / Pólos paternais paços sublimados,/ Lindo o gesto, mas fora de alegria,/ E seus olhos em lágrimas banhados./ Os cabelos angélico trazia/pelos ebúrneos ombros espalhados. (estr. 102). O poeta aponta no pedido de Maria a seu pai, o rei português, a necessidade de socorro para o rei Castelhano, Alfonso, e menciona a catastrófica situação se houver uma negativa: “[…] Viúva e triste e posta em vida escura,/ Sem marido, sem reino e sem ventura” […] Acude e corre pai, que se não corres,/ Pode ser que não aches quem socorres.” (CAMÕES, estr. 104; 105). A súplica de Maria enternece tanto o leitor /ouvinte, como o próprio pai. E o bardo descreve, em seguida, a sangrenta batalha realizada em Tarifa e como cada oponente solicitava o apoio divino de acordo com a sua religião. Esta parte lírica e bélica serve a Camões para dar um exemplo de um amor paterno, a força bélica dos portugueses, a união do povo ibérico para expulsar os mouros, e a união sanguínea entre castelhanos e lusos, além de dar entrada à parte mais lírica deste Canto e, talvez, de Os Lusíadas, que é um fato histórico/mítico do amor do Príncipe Pedro por Inês de Castro, cuja implicação, provocada pelo amor: “Tu só, tu, puro amor, com força crua […] deste causa à molesta morte” (CAMÕES, estr. 119), teve como conseqüência a morte da amada e sua coroação após esta: “O caso triste e dino de memória […] da mísera e mesquinha/ que despois de ser morta foi Rainha” (CAMÕES, estr. 118). Como entre os livros não há fronteiras definidas. Nunca se pode dizer ser a primeira referência de um texto, pois sempre ele deve estar dentro de uma rede de referências, com certeza. O fato de uma coroação após a morte, acontecimento que assinalou Camões e foi motivo de várias reproduções, segundo Patrizia Botta, encontra-se em dois romances do séc. XV: “Gritando va el caballero” e “Palmero”, cem anos antes de Camões colocar em sua obra mestra.

“AMOR, AMOR SEMPRE AMOR”

O grande amor de Pedro e Inês de Castro e a morte desta e mais ainda a sua coroação após a morte são temas que inquietaram poetas e uma meia centena de dramaturgos de diferentes épocas. O fato de Inês de Castro ser coroada depois de morta tornou imortal o amor de Pedro e Inês.
O eu lírico/épico camoniano destaca o pescoço de Inês (“colo de alabastro”) para indicar a execrável decapitação de uma inocente mulher e a cor desta pedra será retomada pelos escritores com várias metáforas. Casona, por exemplo, cita várias vezes “cuello de garça”, e no momento da decapitação Inês mencionará essa denominação: “No me hagáis daño. Me llaman “cuello de garça”… ¡Y con un cuello así debe ser tan fácil!…” (CASONA, 2003, p. 130). Com essas mudanças metafóricas para representar beleza e fragilidade se comprova que na literatura há objetos e nuances ideais, sejam eles de caráter visual ou auditivo, os quais o escritor utiliza segundo suas necessidades poéticas.
A bela e amorosa Inês vivia em Coimbra, num palácio, às margens do Mondego, onde tudo “Eram memórias de alegria.” (CAMÕES, estr. 121). O príncipe amado rejeitava casar-se com as mais belas senhoras e princesas que o pai indicava. (CAMÕES, estr. 122). Este, instigado pelas murmurações malignas dos ministros, pensou cortar a relação amorosa matando Inês acreditando que assim poderia “Matar do firme amor o fogo acesso” (CAMÕES, estr. 123). Os algozes da decapitação de Inês serão castigados pelo Príncipe quando se torna rei e coroa Inês como rainha de Portugal.

Tais contra Inês os brutos matadouros,
No colo de alabastro, que sustinha
As obras com que Amor matou de amores
Aquele que despois a fez Rainha. (CAMÕES, estr. 132)

O poeta lamenta tal furor com uma frágil mulher um rei que havia usado tão ferozmente uma espada contra os mouros, deixando os seus filhos órfãos, na súplica que Inês faz de clemência para com ela para que pudesse criar os filhos:

Ó tu que tens de humano o gesto e o peito
(Se de humano é matar ua donzela,
Fraca e sem força, só por ter sujeito
O coração a quem soube vencê-la).
A estas criancinhas tem respeito,
Pois o não tens à morte escura dela;
Mova-te a piedade sua e minha
pois te não move a culpa que não tinha.
(CAMÕES, estr. 127)

O dramaturgo é um usurpador de textos, mesmos os que sejam considerados grandes como Shakespeare, Lope de Vega, Gil Vicente, Federico García Lorca, citando alguns. Assim não nos admira que, para a estrutura de Corona de amor y muerte, Alejandro Casona tenha-se apoiado em obras e fatos históricos.
Contudo, na redramatização do mito do Amor intenso do Príncipe Pedro que, levado à loucura, exaltou a amada Inês de Castro, coroando-a depois de morta, parece que Casona se apoia, além de Os Lusíadas, na obra de Luiz Vélez de Guevarra, Reinar después de morir (1641?), na de Henri de Montherland, La Reine Morte (1942) e em crônicas portuguesas .
Na obra de um escritor, por mais genial que seja na arte de inventar, ele coloca aspectos de sua própria experiência de vida e um legado que herdou que lhe foi transmitido pela geração a que a sua dá continuidade. Difícil é medir as fronteiras de um livro, pois sempre estará preso a referências a outros livros e frases. Sá Carneiro escreveu essa situação do escritor de ser ele e o outro que os versos a seguir comprovam:
Eu não sou eu nem ou o outro
sou qualquer coisa de intermédio
pilar da ponte de tédio
que vai de mim para o Outro.

Esse ser de que Sá Carneiro se refere que é a união de um ser com o outro, Borges (1983, p. 120) explica com a narrativa das inquietações de Tzinacán, o mago da pirâmide que, ao observar as várias manchas de um tigre, reflete sobre a escritura. Assim dizer o tigre é dizer todo um conjunto de situações. É falar de todos os que o geraram, todos os animais com os quais se alimentou e com os quais estes também se alimentaram. No universo não há um só homem, concluiu, pois este homem é a soma de outros e de sua nação e a de outros. Mikhail Bakhtin define como dialogismo o processo de interação entre textos que ocorre na polifonia; tanto na escrita como na leitura. Ele define o texto não como algo isolado, mas correlacionado com outros discursos. Julia Kristeva considera intertextual a criação de um texto a partir de outro já existente.

O teatro é uma arte adaptável ao tempo histórico e o Amor um bem tradicional nas artes e na vida cotidiana, que funciona literariamente como elemento gerador de situações conflitantes, apoiadas na realidade. Logo é apropriado o tema mítico de um amor mais poderoso que a morte para uma representação teatral. O mito não tem uma sequência contínua. É um produto da linguagem. Ele sofre as mudanças do narrador, mas as versões repetidas do mito só mudam superficialmente, porque o básico é constante. O mito serve para garantir a permanência do futuro ao presente e ao passado e exemplo desse caminhar mítico são as reproduções da paixão entre o Príncipe Pedro e Inês de Castro que, após sua injusta morte, como resultado desse grande amor, foi coroada, para reconhecimento de que essa união estava sacramentada pelo casamento, para a reparação de sua honra e para vingança dos algozes que implicaram nessa morte.

O tema de um amor além da morte e a história de da coroação de Inês já morta inquietaram a romancista, a poetas e a mais de meia centena de dramaturgos e, como “quem conta um conto aumenta um ponto” versões diferentes surgiram: como a de Lope de Vega; a de Luiz Vélez de Guevara, que acrescentaram à história de Inês e Pedro, aqui e ali um detalhe, um personagem a mais ou um nome, mas conservaram a essência do mito: o amor impossível e a curiosa vingança de coroar um cadáver. O dramaturgo Luiz Vélez Guevara (1579-1644), por exemplo, em sua obra, em versos, Reinar después de morir, em que atuam 16 personagens nos 2472 versos, a ação caminha rapidamente para o seu fim. Inicia destacando o impetuoso amor de Pedro, rendido pelo amor: “[…] pues a mi Inés me humillé,/ pues me rendí a su hermosura/ a voces confesaré,/diciendo con toda el alma/ a los que amantes me ve”, e mostrando a recíproca desse amor em Inês, que segundo Brito (GUEVARA. v. 105-108) está em Coimbra, longe do amado “A perder/ el sentido cada instante/ que entre tus brazos no esté”, amorosa, cuidando dos filhos. Inês é destacada como amante apaixonada e mãe amorosa, numa preparação para o desfecho final.

O rei casou o Príncipe com a infanta Blanca, mas o príncipe não a quer e declara-lhe que ama a outra. Explica-lhe que após o seu casamento, o primeiro, com a infanta de Castela por obediência a seu pai, depois do enlace, ele se apaixonou perdidamente por uma dama da corte da infanta “doña Inés de Castro Cuello/ de Garza, que con su padre / pasó a servir a la reina,/ mejor dijera a matarme” (GUEVARA, v. 459- 461). Mas não traiu a sua esposa, pois só depois que ela morreu se casou com a mulher que vivia em uma quinta, às margens do Mondego. (Idem, v. 565). O dramaturgo vai reforçando as declarações de amor entre o Príncipe e Inês, acelera as ações para destacar no terceiro ato a prisão de Inês, separação dos filhos, morte de Inês por imposição da corte e morte do rei. Coroado o príncipe, pensa fazer de Inês rainha, com uma grande festa: “En público saldré con ella al lado;/ un vestido bordado/ de estrellas la he de hacer, siendo adivina,/ porque conozcan, siendo Inés divina,” (GUEVARA, v. 241-246). Contudo ao saber pela Infanta que Inês fora decapitada pelos conselheiros “Álvar González y el traidor Coello”, o príncipe desmaia, desespera-se, manda que seja enterrada em Alcobaça com honrarias e coroa Inês como rainha de Portugal: “en la muerte se corone./ Todos los que estáis aquí/ besad al difunta mano/ de mi muerto serafín;” (GUEVARA, v. 2245-2250)

Corona de amor y muerte. La leyenda de Inês de Castro, de Alejandro Casona, é, também, uma vertente dessa parte lírica de Os Lusíadas.

Casona escreveu 25 obras dramáticas e esse dramaturgo espanhol, Alejandro Rodriguez Álvaro, “Alejandro Casona”, (1903-1965), apresentou em três atos, Corona de amor y muerte, em 1965, em Buenos Aires. A peça tem uns 50 personagens e relembra o mítico acontecimento ocorrido a Inês de Castro: sua coroação após a morte como resultado de uma grande paixão. Segundo as crônicas, Inês era filha natural de Pedro Fernandez de Castro e Aldonza Soares de Valladares; com certo parentesco com a família real castelhana. Quando morreu a sua mãe, foi levada para Valladolid, no castelo de Penafiel, onde cresceu em companhia de Constanza Manuel, a filha do infante don Juan Manuel. Em 1341, Constanza se casou com Pedro I de Portugal, chamado O Justiceiro, que foi amante de Inês de Castro. Sente-se no texto de Casona que há intertextualidades diversas, inclusive com a obra de Luiz Vélez de Guevara, Reinar después de morir, que lhe enriquecerão a obra, dando a ela mais ritmo, mais lirismo, mais tragicidade, provocando mais emoções. Corona de amor y muerte começa com a preparação para o casamento da Infanta Constanza Manuel de Castela, filha de Juan Manuel e neta de Alfonso el Sábio, com o Príncipe Pedro de Portugal, arranjo político para conservar a paz entre esses países. Toda a corte veio de Lisboa para Coimbra, povo e nobreza, menos o príncipe, o noivo. Ela se sente ofendida por essa ausência. Também se inquietou por ter ouvido, ao entrar em Portugal, uma canção de amor que se referia a uma história de um jovem que ia ver a sua amada à noite e colocava as ferraduras ao contrário para despistar dos espias. O rei e os conselheiros tentam justificar a ausência do príncipe e comentam o procedimento dele. Pedro se encontra no Paço de Santa Clara, às margens do Mandengo, único rio que nasce em Portugal, numa aprazível e amorosa vida com Inês e os filhos. A orgulhosa infanta, num dia de caça, com um ardil, se aproximou do Paço de Santa Clara para falar com Inês. Estabelece um diálogo entre elas com o tema do amor entre Pedro e Inês. Esta se refere a este amor como uma união de alma e corpo: “Cuando Pedro me estrecha, toda mi alma va tomando poço a poço la forma de su cuerpo […]” (CASONA, 2003, p. 80) Mas o diálogo entre elas é interrompido pela chegada do rei Alfonso, que vai ter a oportunidade de conhecer o seu neto, Juan. Há um longo diálogo terno entre eles e o rei se enternece. Chega Pedro e na fala entre o Rei e o Príncipe, o Soberano fica sabendo que Pedro e Inês não são amantes, que há sete anos se casaram em Bragança e que nem seus filhos são bastardos.

No terceiro e último ato vai desencadear a tragédia. Os conselheiros insinuam que o amor do príncipe é perigoso para o país. Segundo o Rei, se eles não se fizerem fortes, um dia “Castilla muerta de sed se volcará” sobre Portugal como seus rios “desesperados” buscam o mar português. (CASONA, 2003, p. 110). Contudo, Pedro tem uma diferente visão sobre os interesses patrióticos. O Rei pensa Portugal como um todo virado para o mar com grandes barcos; os conselheiros, com interesses próprios, pensam em seus castelos e nas rendas de suas terras; ele pensa em mulheres com amor e seus filhos e nos pobres camponeses que trabalham cantando para esquecer a fome. (CASONA, 2003, p. 111). Durante a reunião dos conselheiros para decidirem o que chamam “loucura”, o amor do Príncipe pela Inês, e chegam à conclusão que era preciso matá-la, sente-se no diálogo entre eles e o rei que este não quer esta solução e faz uma tentativa para evitar matar Inês lembrando o efeito futuro: “[…] matemos esta noche a Inés, y mañana yo no seré más que el Rey del crimen y vosotros el coro de traidores” e mais que “el pueblo y los poetas” vão propagar esse crimen porque “lo dicen siempre que hay por medio una mujer” y Pacheco, um dos conselheiros dirá: “¿Y qué puede importarte? Tu trabajo es hacer la historia; que ellos la cuenten mañana como quieran.” (CASONA, 2003, p. 116). Desde a ocasião em que o rei foi ao Paço de Santa Clara e conversou com Inês e o menino, e depois com o seu filho, Pedro, Don Alfonso está indeciso, entre o carinho para com Inês e o seu neto, despertado durante a entrevista, e a razão de estado que lhe mostram os seus conselheiros, e procura despertar nos conselheiros piedade para com Inês. É uma forma de o autor amenizar no leitor/ouvinte a culpa do rei nesse crime.

Propõem o autor nas didascálias variados cenários: o predominante é a sala do Alcázar de Coimbra com tapetes góticos, janela dando para o Mondego, mapas, esferas, barcos. Segue o Paço de Santa Clara, às margens do Mondego. No terceiro ato, o autor determina o quarto de Inês à noite e no último quadro, o terceiro, um bosque no caminho de Coimbra. Neste cenário, vento e neve são agouros, prenúncios da desgraça de Pedro. Sente os presságios da morte de Inês e tem uma visão dela perguntando-lhe aonde ia, pois que a sua amada já estava morta. O apaixonado Don Pedro, que idolatra a esposa, no silêncio e na solidão presente a desgraça ou ouve a amada: “Dónde va el Caballero?/ Donde vas, triste de ti”. O romance de Inês é uma intertextualidade da III Cena da obra de Guevara Reinar después de morir, que possivelmente é uma variação de romance.
¿Dónde vas, el Caballero,
onde vas, triste de ti?
que la tu querida esposa
Muerta es, que yo la vi
las señas que ella tenía
bien te las sabré decir
su garganta es de alabasto
y sus manos de marfil.

Mas Casona vai além de Camões, aproveitando a obra de Luis Vélez Guevara e apoiando-se em crônicas e em sua criatividade desperta mais o sentimento do ouvinte/leitor no diálogo entre Pedro e o Mestre. Quando o príncipe explicará os efeitos da premunição em seu comportamento:
Pedro – No basta la fiebre. ¿Yeste cordel que me aprieta la garganta?… ¿Y estas rodillas que me niegan?…? Y este fío en el tuétano?…!Que no lo sepa nadie, pero mírame! Yo no he tenido miedo nunca…! ¡Tengo miedo en las manos! ¡Tengo miedo en la entraña! ¡Tengo miedo en los huesos!…

E, já terminando o terceiro ato, depois que o príncipe Pedro fica sabendo, por Fragoso, a triste notícia da morte da esposa amada, efetuada de uma forma bárbara, com “três punhais e uma tropa de escolta”, e, ainda, toma ciência de quem participou no cruel assassinato e que entre os assassinos estava o seu próprio pai, o rei, ele incita sua tropa para ir contra todos e os soldados gritaram: ¡Portugal contra o Rey!… Segue a didascália que mostra a coroação com música, gritos figuras e a jovem morta vestida de noiva e Pedro de pé, um pajem de joelhos com uma coroa numa almofada.
Oscuro sobre el último grito al que contesta el pueblo. sin pausa, en la oscuridad, se oyen los clarines y tambores de la rebelión, galopadas a caballo y, finalmente, la triste melodía del rabel crescendo solemne, hasta disolverse en música sacra de órgano. Vuelve la luz lentamente en el salón del trono, ornado con banderas y escudos en doble perspectiva heráldica, sobre un fondo de vitral gótico. Inmóviles y armoniosos como figuras de tapiz. damas, caballeros. reyes de arma. Soldados, iglesia y Pueblo. En el trono, Inés, tal como apareció en el bosque-sin chal rojo- cubierta de velos blancos. Ni un crepón ni una sola nota lúgubre. Es una muerta bella y joven, vestida de novia. Pedro, con un sencillo manto sobre los hombros. Un paje, de rodillas, sostiene la corona en un cojín de púrpura. La música va esfumándose, sin llegar a perderse. (CASONA, 2013, p. 140):

Procuramos com este ensaio redespertar o interesse pela obra Os Lusíadas e para isso nos detivemos no Canto 3, mencionando o amor extremado de Pedro a Inês de Castro que, numa louca paixão e uma exótica vingança de, antes de matar injustos algozes, coroar a vítima já morta e fazê-los prestar homenagem ela. Também buscamos mostrar que um possível fato histórico torna-se um mito e que desperta sonhos, criações artísticas com várias interpretações, pois a imaginação humana pode acrescentar dados, fixados num tempo histórico, e que a dramaturgia, a serviço da literatura, procura (re)apresentar a realidade, visando despertar paixões no ser humano, e tecer ações com imagens vivas estimulando o leitor ou o ouvinte.

Referência:
Borges, jorge luis. El aleph. Madrid: alianza editorial, 1983.
Camões, Luis de. Os lusíadas. Org. Antônio josé saraiva. Porto: figueirinhas, 1982. 2v.
Casona, alejandro. Corona de amor y muerte, la leyenda de inés de castro. Madrid: ibergráficas, 2003.
Cidade, hernani. Luis de camões. Lisboa: editora arcádia, 1961.
Oliveira, ester abreu vieira de. Momentos. Vitória: el autor, 1989.
Vélez de guevara, luis. Reinar después morir. Disponível em: http://www.comedias.org/velez/reidm123.pdf. Acesso em 07 jul. 2016.

Biografía de Ester Abreu Vieira de Oliveira

Doctora en Letras neolatinas, Posdoctora en Filología Española, es profesora en la Universidade Federal de Espírito Santo, escritora e investigadora. Presidente de la Academia Feminina Espirito-santense de Letras y Vicepresidente de la Academia Espirito-santense de Letras, ha sido Finalista del Premio Mario de Andrade de ensayo, en los Premio Literarios de la Biblioteca Nacional de Brasil 2016.

Biografia de Luís Vaz de Camões
Cátedra Padre António Vieria de Estudos Portugueses

Na biografia intitulada “Vida del Poeta”, que antecede a sua edição d’Os Lusíadas de 1639, Manuel de Faria e Sousa acusa a pátria de descaso por tão alto varão, ao ponto de lhe ser ignorado o local e a data do nascimento e adota os que o licenciado Manuel Correa, no comentário à edição de 1613, propõe com a autoridade de contemporâneo e amigo do Poeta: Lisboa, por volta de 1517. Antes dele, porém, o livreiro da Universidade de Coimbra, Domingos Fernandes, dizia-o nascido nesta cidade. A Lisboa e Coimbra se acrescenta Santarém como berço provável de Camões, e Faria e Sousa, a valorizar aquele que chamava “mi Poeta”, diz que assim também acontecera com Homero, disputado por sete cidades gregas. Mais tarde, o mesmo Faria e Sousa teria encontrado, na casa da Índia, um registro da Armada, datado de 1550, atribuindo-lhe a idade de vinte e cinco anos. Se se pudesse dar sempre crédito a Faria e Sousa, este seria um dos pouquíssimos documentos em que basear a biografia de Camões, mas é sabido por todos que, na ânsia de engrandecer o seu Poeta, o biografo muitas vezes inventou dados.

Das origens do Poeta, sabemos que foi seu trisavô o poeta Vasco Pires de Camões, galego, e sua avô D. Guiomar da Gama, parenta de Vasco da Gama. É provável que tenha cursado a Universidade de Coimbra, onde era reitor o tio D. Bento Camões, prior de Sta. Cruz, mas seu nome não consta dos registros. Pedro Mariz, seu primeiro biógrafo, menciona a sua ida a Ceuta, o que é confirmado pela elegia “Aquela que de amor descomedido”, na qual há referências indiscutíveis ao norte da África. Atribuem alguns essa ida a um caso amoroso na corte, que então freqüentava, como voltará a freqüentar depois do seu regresso, perdido um olho em combate. Desse convívio nos dá testemunho a glosa ao mote proposto por D. Francisca de Aragão, “Mas porém a que cuidados”, realizada por Camões com a maior engenhosidade e talento, fazendo variar o sentido do mote ao alterar-lhe a pontuação.

É dessa época que data um dos raros documentos incontestáveis que permitem reconstituir com alguma segurança certos períodos da vida do Poeta: a carta de perdão de D. João III, de 7 de março de 1553. Nela se diz que Luiz Vaz de Camões, filho de Simão Vaz, cavaleiro fidalgo, está preso no Tronco da cidade por ter ferido, em dia de procissão do Corpo de Deus, a Gonçalo Borges, encarregado dos “arreios do Rei”; que este, atingido “no cabelo do toutiço”, não tendo ficado com aleijão ou disformidade, perdoou ao agressor e o mesmo faz o rei, baseando-se no perdão do agredido e ainda em ser o suplicante “mancebo e pobre” e ir naquele ano a servi-lo na Índia.
O professor Hernâni Cidade não aceita que a ida à Índia tenha sido condição imposta pelo rei, por julgá-la excessiva e, mais objetivamente, por encontrar em carta escrita da Índia, a afirmação da livre escolha do Poeta: “Enfim, Senhor, eu não sei com que me pague saber tão bem fugir a quantos laços nessa terra me armavam os acontecimentos, como com me vir pera esta.”

É a nau São Bento que o leva; é nela que Camões enfrenta, na altura do Cabo das Tormentas, uma tempestade que ressoará nas oitavas do Adamastor e na elegia “O Poeta Simónides falando”. Da sua estada e aventuras na Índia fala-nos Faria e Sousa, utilizando-se sobretudo de passos da lírica: participou da expedição, comandada pelo vice-rei D. Afonso de Noronha, em socorro dos reis de Cochim e Porcá (“O Poeta Simónides”); em 1555, na armada chefiada por Manuel de Vasconcelos, passou o estreito de Meca (“Junto dum seco, fero, estéril monte”); observou o que ocorria a sua volta e escreveu os “Disbarates seus da Índia” (Rh. fo. 167 v), onde satirizava “alguns vícios de pessoas que àquele tempo não eram as últimas da cidade”. Daí teriam resultado queixas e destas a decisão do governador Francisco Barreto de desterrar para a China o Poeta, que acusa o “injusto mando” (Lus., X, 128) e as “Injustiças daqueles que o confuso / Regimento do mundo, antigo abuso, / Faz sobre os outros homens poderosos” (“Vinde cá, meu tão certo secretário”). Seguindo as informações concordes de Pedro Mariz e Manuel Severim de Faria, Faria e Sousa faz passar o Poeta a Macau, com o cargo de provedor mor dos defuntos; e de sua própria observação conclui que ali teria Camões escrito grande parte do seu poema, já que, ao referir-se ao naufrágio na foz do rio Mecom, “falou dele como de coisa concluída” (Lus., X, 128).

De volta a Goa, por volta de 1561, é protegido pelo vice-rei D. Constantino de Bragança, irmão do duque D. Teodósio, o que não impede que seja metido na prisão, “sem culpas, mas não sem dívidas”, diz Faria e Sousa e lembra as oitavas dirigidas pelo Poeta ao sucessor de D. Constantino, D. Francisco Coutinho, conde de Redondo, “pedindo-lhe que o fizesse desembargar” (trovas “Que diabo há tão danado”), pois que um Miguel Roiz, alcunhado de “Fios-Secos”, a quem devia, o tinha embargado. Nem tudo, porém, eram desventuras e, pelos versos do “Convite que Luís de Camões fez, na Índia, a certos fidalgos, cujos nomes aqui vão”, vemo-lo conviver amavelmente com nobres como Francisco d’Almeida, Vasco d’Ataíde e outros, embora seja verdade que as iguarias oferecidas são trovas, o que talvez seja o aproveitamento da oportunidade para salientar a penúria em que vivia. O prestígio de que gozava junto do conde de Redondo o capacita a pedir-lhe proteção para o livro de Garcia de Orta, Colóquios dos Simples e Drogas, na ode “Aquele único exemplo”, e a D. Leonis Pereira para “o livro que Pero de Magalhães lhe ofereceu do descobrimento da terra de Santa Cruz”. Talvez já desejoso de regressar à pátria, transpondo metade da distância da viagem, Camões aceita o convite de Pedro Barreto, nomeado governador de Moçambique em 1567, de levá-lo consigo, esquecendo, como diz Faria e Sousa, que o sobrenome Barreto já lhe tinha sido nefasto. E tornou a sê-lo, pois o governador o manteve preso até que ele pagasse os duzentos cruzados gastos com alimentação a bordo. É aí que o encontra Diogo do Couto, que dá testemunho da situação do nosso Poeta, “tão pobre que comia de amigos”, tendo-se estes cotizado para lhe possibilitar o retorno a Portugal, onde chegou a 7 de abril de 1570, dezessete anos depois de ter partido.

Encontra uma Lisboa ainda abalada pela peste do ano anterior. Em setembro de 1571, consegue um privilégio para a impressão d’Os Lusíadas, que serão editados no ano seguinte. Em julho de 1572, D. Sebastião, a quem o poema é dedicado, concede ao Poeta uma pensão de 15.000 réis anuais, tendo em vista os serviços que lhe prestou e a “suficiência que mostrou no livro que fez das coisas da Índia”. Camões vê seu poema citado nesse mesmo ano. Nos últimos tempos de vida, não há senão suposições que foram aceitas por alguns biógrafos. Em 1579 ou 1580, a 10 de junho (é a data geralmente aceita, mas não comprovada), morre em Lisboa.
Não tendo participado do elogio mútuo feito em versos, que encontramos na obra de Sá de Miranda, Antônio Ferreira e outros mais ou menos seus contemporâneos, Camões só vai ser glorificado depois de sua morte.

Os primeiros a reconhecê-la são Diogo do Couto que a ele se refere como “príncipe dos poetas de seu tempo” e Diogo Bernardes que, num soneto a ele dedicado, louva-o como poeta lírico e épico, cantor da pátria que se lhe mostrou avara, perseguido da sorte, concluindo: “Mas se lhe foi Fortuna escassa em vida, / Não lhe pode tirar despois da morte / Um rico emparo de sua fama e glória.” No período da dominação espanhola, Os Lusíadas se tornam o revitalizador dos brios portugueses e seu Poeta é tão altamente colocado, que um escritor ilustre como o Dr. Antônio de Sousa Macedo faz a Sibila Cumena profetizar-lhe o nascimento e D. Francisco Manuel de Melo, no Hospital das Letras, diz pela boca de Quevedo que Luís de Camões é “honra e glória de Espanha” e pela de Bocalino que é o melhor poeta de Espanha, só comparável ao Tasso, a Vergílio e a Homero. No séc. XVIII, os teóricos ou pseudo-teóricos fazem restrições ao gênio camoniano, todas provenientes de um enfoque diverso e parcial da poesia: é o que faz Verney com certo equilíbrio e José Agostinho de Macedo com paixão e azedume. Os poetas, porém, o imitam e cultuam; Bocage a ele se compara, julgando-se-lhe inferior. Do romantismo em diante, o culto do Poeta tem-se afirmado cada vez mais. O tempo não o desgasta, antes lhe vai revelando aspectos até então irrevelados. Disso deram prova as comemorações do 4o centenário da 1a edição d’Os Lusíadas levadas a efeito no Brasil e em Portugal no ano de 1972
http://www.letras.puc-rio.br/unidades%26nucleos/catedra/livropub/camoes17.html

 

Autobiografía

Vinde cá, meu tão certo secretario
Poema de Luís Vaz de Camões

Vinde cá, meu tão certo secretário
dos queixumes que sempre ando fazendo,
papel, com que a pena desafogo!
As sem-razões digamos que, vivendo,
me faz o inexorável e contrário
Destino, surdo a lágrimas e a rogo.
Deitemos água pouca em muito fogo;
acenda-se com gritos um tormento
que a todas as memórias seja estranho.

Digamos mal tamanho
a Deus, ao mundo, à gente e, enfim, ao vento,
a quem já muitas vezes o contei,
tanto debalde como o conto agora;
mas, já que para errores fui nascido,
vir este a ser um deles não duvido.
Que, pois já de acertar estou tão fora,
não me culpem também, se nisto errei.
Sequer este refúgio só terei:
falar e errar sem culpa, livremente.
Triste quem de tão pouco está contente!

Já me desenganei que de queixar-me
não se alcança remédio; mas, quem pena,
forçado lhe é gritar, se a dor é grande.
Gritarei; mas é débil e pequena
a voz para poder desabafar-me,
porque nem com gritar a dor se abrande.
Quem me dará sequer que fora mande
lágrimas e suspiros infinitos
iguais ao mal que dentro n’alma mora?
Mas quem pode algu’hora
medir o mal com lágrimas ou gritos?

Enfim, direi aquilo que me ensinam
a ira, a mágoa, e delas a lembrança,
que é outra dor por si, mais dura e firme.
Chegai, desesperados, para ouvir-me,
e fujam os que vivem de esperança
ou aqueles que nela se imaginam,
porque Amor e Fortuna determinam
de lhe darem poder para entenderem,
à medida dos males que tiverem.

{Quando vim da materna sepultura
de novo ao mundo, logo me fizeram
Estrelas infelices obrigado;
com ter livre alvedrio, mo não deram,
que eu conheci mil vezes na ventura
o milhor, e pior segui, forçado.
E, para que o tormento conformado
me dessem com a idade, quando abrisse
inda minino, os olhos, brandamente,
mandam que, diligente,
um Minino sem olhos me ferisse.
As lágrimas da infância já manavam
com ũa saudade namorada;
o som dos gritos, que no berço dava,
já como de suspiros me soava.
Co a idade e Fado estava concertado;
porque quando, por caso, me embalavam,
se versos de Amor tristes me cantavam,
logo m’adormecia a natureza,
que tão conforme estava co a tristeza}

Foi minha ama ua fera, que o destino
não quis que mulher fosse a que tivesse
tal nome para mim; nem a haveria.
Assi criado fui, porque bebesse
o veneno amoroso, de minino,
que na maior idade beberia,
e, por costume, não me mataria.
Logo então vi a imagem e semelhança
daquela humana fera tão fermosa,
suave e venenosa,
que me criou aos peitos da esperança;
de que eu vi despois o original,
que de todos os grandes desatinos
faz a culpa soberba e soberana.

Parece-me que tinha forma humana,
mas cintilava espíritos divinos.
Um meneio e presença tinha tal
que se vangloriava todo o mal
na vista dela; a sombra, co a viveza,
excedia o poder da Natureza.
Que género tão novo de tormento
teve Amor, que não fosse, não somente
provado em mim, mas todo executado?

Implacáveis durezas, que o fervente
desejo, que dá força ao pensamento,
tinham de seu propósito abalado,
e de se ver, corrido e injuriado; a
qui, sombras fantásticas, trazidas
de algũas temerárias esperanças;
as bem-aventuranças
nelas também pintadas e fingidas;
mas a dor do desprezo recebido,
que a fantasia me desatinava,
estes enganos punha em desconcerto;
aqui, o adevinhar e o ter por certo
que era verdade quanto adevinhava,
e logo o desdizer-me, de corrido;
dar às cousas que via outro sentido,
e para tudo, enfim, buscar razões;
mas eram muitas mais as sem-razões.

Não sei como sabia estar roubando
cos raios as entranhas, que fugiam
por ela, pelos olhos sutilmente!
Pouco a pouco invencíveis me saiam,
bem como do véu húmido exalando
está o sutil humor o Sol ardente.
Enfim, o gesto puro e transparente,
para quem fica baixo e sem valia
este nome de belo e de fermoso;
o doce e piadoso
mover de olhos, que as almas suspendia
foram as ervas mágicas, que o Céu
me fez beber; as quais, por longos anos,
noutro ser me tiveram transformado,
e tão contente de me ver trocado
que as mágoas enganava cos enganos;
e diante dos olhos punha o véu
que me encobrisse o mal, que assi creceu,
como quem com afagos se criava
daquele para quem crecido estava].

Pois quem pode pintar a vida ausente, c
om um descontentar-me quanto via,
e aquele estar tão longe donde estava,
o falar, sem saber o que dezia,
andar, sem ver por onde, e juntamente
suspirar sem saber que suspirava?
Pois quando aquele mal me atormentava
e aquela dor que das tartáreas águas
saiu ao mundo, e mais que todas dói,
que tantas vezes sói
duas iras tornar em brandas mágoas;
agora, co furor da mágoa irado,
querer e não querer deixar de amar,
e mudar noutra parte por vingança
o desejo privado de esperança,
que tão mal se podia já mudar;
agora, a saudade do passado
tormento, puro, doce e magoado,
fazia converter estes furores
em magoadas lágrimas de amores.

Que desculpas comigo que buscava
quando o suave Amor me não sofria
culpa na cousa amada, e tão amada!
enfim, eram remédios que fingia
o medo do tormento que ensinava
a vida a sustentar-se, de enganada.
Nisto ua parte dela foi passada,
na qual se tive algum contentamento
breve, imperfeito, tímido, indecente,
não foi senão semente
de longo e amaríssimo tormento.

Este curso contino de tristeza,
estes passos tão vãmente espalhados,
me foram apagando o ardente gosto,
que tão de siso n’alma tinha posto,
daqueles pensamentos namorados
em que eu criei a tenta natureza,
que do longo costume da aspereza,
contra quem força humana não resiste,
se converteu no gosto de ser triste.
Dest’arte a vida noutra fui trocando;
eu não, mas o destino fero, irado,
que eu ainda assi por outra não trocara.

Fez-me deixar o pátrio ninho amado,
passando o longo mar, que ameaçando
tantas vezes me esteve a vida cara.
Agora, exprimentando a fúria rara
de Marte, que cos olhos quis que logo
visse e tocasse o acerbo fruto seu
(e neste escudo meu
a pintura verão do infesto fogo);
agora, peregrino vago e errante,
vendo nações, linguages e costumes,
Céus vários, qualidades diferentes,
só por seguir com passos diligentes
a ti, Fortuna injusta, que consumes
as idades, levando-lhe diante
ũa esperança em vista de diamante,
mas quando das mãos cai se conhece
que é frágil vidro aquilo que aparece.

A piadade humana me faltava,
a gente amiga já contrária via,
no primeiro perigo; e no segundo,
terra em que pôr os pés me falecia,
ar para respirar se me negava,
e faltavam-me, enfim, o tempo e o mundo.
Que segredo tão árduo e tão profundo:
nascer para viver, e para a vida
faltar-me quanto o mundo tem para ela!
E não poder perdê-la,
estando tantas vezes já perdida!

Enfim, não houve transe de fortuna,
nem perigos, nem casos duvidosos,
injustiças daqueles, que o confuso
regimento do mundo, antigo abuso,
faz sobre os outros homens poderosos,
que eu não passasse, atado à grã coluna
do sofrimento meu, que a importuna
perseguição de males em pedaços
mil vezes fez, à força de seus braços.

Não conto tantos males como aquele
que, despois da tormenta procelosa,
os casos dela conta em porto ledo;
que ainda agora a Fortuna flutuosa
a tamanhas misérias me compele,
que de dar um só passo tenho medo.
Já de mal que me venha não me arredo,
nem bem que me faleça já pretendo,
que para mim não val astúcia humana;
de força soberana,
la Providência, enfim, divina pendo.

Isto que cuido e vejo, às vezes tomo
para consolação de tantos danos.
Mas a fraqueza humana, quando lança
os olhos no que corre, e não alcança
senão memória dos passados anos,
as águas que então bebo, e o pão que como,
lágrimas tristes são, que eu nunca domo
senão com fabricar na fantasia
fantásticas pinturas de alegria.
Que se possível fosse, que tornasse
o tempo para trás, como a memória,
pelos vestígios da primeira idade,
e de novo tecendo a antiga história
de meus doces errores, me levasse
pelas flores que vi da mocidade;
e a lembrança da longa saudade
então fosse maior contentamento,
vendo a conversação leda e suave,
onde ũa e outra chave esteve
de meu novo pensamento,
os campos, as passadas, os sinais,
a fermosura, os olhos, a brandura,
a graça, a mansidão, a cortesia,
a sincera amizade, que desvia
toda a baixa tenção, terrena, impura,
como a qual outra algũa não vi mais…
Ah! vês memórias, onde me levais
o fraco coração, que ainda não posso
domar este tão vão desejo vosso?

Nô mais, Canção, nô mais; que irei falando,
sem o sentir, mil anos. E se acaso
te culparem de larga e de pesada,
não pode ser (lhe dize) limitada
a água do mar em tão pequeno vaso.
Nem eu delicadezas vou cantando
co gosto do louvor, mas explicando
puras verdades já por mim passadas.
Oxalá foram fábulas sonhadas!

 

 

 

Obras de Luís Vaz de Camões

Poema Épico
1572- Os Lusíadas (texto completo en portugués)

Rimas
1595. – Amor é fogo que arde sem se ver
1595. – Que me quereis, perpetuas saudades?
1595. – Sobolos rios que vão
Irme quiero madre
Teatro
1587. – El Rey Seleuco
1587. – Auto de Filodemo
1587. – Anfitrión
1587. – Indie Occcirente