Araucana Ercilla

Contenido: Araucana Introducción. Caupolicán. Mi poema a Ercilla. Estrofas del canto X traducidos al portugués. Textos Preliminares, Títulos de los Cantos. Análisis de Voltaire. Documentos y vida de de Ercilla. ilustraciones alusivas. Video sobre Lautaro y Valdivia.

Caupolicán Poema de Rubén Darío

Es algo formidable que vio la vieja raza:
robusto tronco de árbol al hombro de un hombrón
salvaje y aguerrido, cuya fornida maza
blandiera el brazo de Hércules o el brazo de Sansón.

Por casco sus cabellos, su pecho por coraza,
pudiera tal guerrero, de Arauco en la región,
lancero de los bosques, Nemrod que todo caza,
desjarretar un toro, o estrangular un león.

Anduvo, anduvo, anduvo. Le vio la luz del día,
le vio la tarde pálida, le vio la noche fría,
y siempre el tronco de árbol a cuestas del titán.

«¡El Toqui, el Toqui!» clama la conmovida casta.
Anduvo, anduvo, anduvo. La aurora dijo: «Basta»,
e irguióse la alta frente del gran Caupolicán.

Tenía doce años creo, cuando leí por vez primera este soneto de Neruda; poeta inicial yo, cambié campeón por hombrón, error quizá; y así lo mantuve en mi memoria al recitarlo veces y veces. Caupolicán fue desde entonces mi héroe, mito de la lucha por la independencia, un rebelde quizá, como decían los frailes de mí.

 

 

Años más tarde en los versos de la Araucana leí su muerte ominosa a manos de españoles.

No el aguzado palo penetrante
por más que las entrañas le rompiese
barrenándole el cuerpo, fue bastante
a que al dolor intenso se rindiese:
que con sereno término y semblante,
sin que labrio ni ceja retorciese,
sosegado quedó de la manera
que si asentado en tálamo estuviera.

En esto, seis flecheros señalados,
que prevenidos para aquello estaban
treinta pasos de trecho, desviados
por orden y de espacio le tiraban;
y aunque en toda maldad ejercitados,
al despedir la flecha vacilaban,
temiendo poner mano en un tal hombre
de tanta autoridad y tan gran nombre.

Mas Fortuna cruel, que ya tenía
tan poco por hacer y tanto hecho,
si tiro alguno avieso allí salía,
forzando el curso le traía derecho
y en breve, sin dejar parte vacía,
de cien flechas quedó pasado el pecho,
por do aquel grande espíritu echó fuera,
que por menos heridas no cupiera.

Y como el autor declaró ser cierto cuanto relataba en la epopeya, así lo creí a pies juntillas, manteniendo un rencor duradero contra aquellos que lo hicieron. Fue la madurez, y la lectura de ensayos que destacaban la quiebra del realismo por parte de Ercilla, para acercarse a la ficción literaria; las causas de que, tiempo y razón, me mostraran como inventado el empalamiento, trasgresión de un narrador fiel, trasgresor intencionado a veces. Todo lo que ocurre en Iberoamérica me concierne. Iberoamérica es una continuación de Iberia y yo soy, antes que nada y después de todo, ibérico.

Para quitar hierro a  lo que la historia marcó con hierro, quiero mostrar que cultura tras cultura, muchas de las existentes fueron víctimas y muchas protagonistas de saqueos y matanzas, a modo de cadena que viene del inicio de los tiempos humanos. Superior contra inferior en ideas y voluntad y en medios de ataque. Entresaco los siguientes párrafos de la conferencia “Iberia y su consecuencia, mi escritura como reflejo”, pronunciada en La Universidade Federal de Espírito Santo, en Brasil: La Península Ibérica fluctúa entre Europa y África. Y el mar es su tentación permanente. Caminos trazados por vientos y corrientes marinas: El mar Mediterráneo y el Océano Atlántico en torno a la costa africana, proporcionan experiencia a navegantes y armadores. La afición al comercio atrae a los fenicios; todavía humean sus hogueras llamando compradores. Tras los cartagineses llega el momento de Roma, y sus legiones arrasan, saquean, someten y preparan por la fuerza el terreno a la cultura común. La península Ibérica, Iberia para los griegos, Hispania para los romanos, recibe con prevención a quienes van llegando, y en caso de ataque no se rinde sin lucha. Y los ataques a las poblaciones se producen hasta el sometimiento. Los ataques y la apropiación por la fuerza de sus recursos.

Nos dois primeiros séculos do primeiro milénio depois de Cristo, a Península Ibérica foi o principal abastecedor de ouro para o Império Romano, como aliás de prata e estanho. Escreve Carla Maria Braz Martins, da Universidade do Minho em seu livro: A exploração mineira romana e a metalurgia do ouro em Portugal

 

 

Las Médulas es hoy un entorno paisajístico formado por una antigua explotación minera romana de oro, situado en la comarca española de El Bierzo, cerca de Portugal. Está considerada la mayor mina de oro a cielo abierto de todo el Imperio romano. El trabajo de ingeniería realizado para la extracción del mineral, dio como resultado un paisaje de arenas rojizas, salpicado en la actualidad por castaños y robles. En 1997 la Unesco lo consideró Patrimonio de la Humanidad. La extracción del oro de las Médulas por Roma, duró desde mediados del siglo I hasta principios del siglo III. En ese tiempo se removieron casi doscientos millones de metros cúbicos de tierra. Plinio escribe que allí trabajaban 60.000 obreros de todos los oficios. Obreros manumitidos, es decir, esclavos que recobraban la libertad a cambio de trabajar en esas condiciones tan difíciles, donde muchos morían. La cantidad del oro extraído resulta incalculable y se han dado las cantidades más dispares, llegando a las 4.000 toneladas. Las afirmaciones de Plinio, deben tomarse como relativas al momento en que él estuvo allí, seguramente el de mayor actividad extractora.

Tierra de Campos, comarca natural de Castilla y León, de topografía llana atravesada por riachuelos y arroyos, constituye una de las principales áreas cerealistas de España; y lo era ya de la Hispania romana, siendo conocida, debido a la cantidad de trigo llevado a la metrópoli, como “granero de Roma”. Tal actividad extractora y recolectora, hizo necesaria la asombrosa red de calzadas construida por los romanos en el noroeste de Hispania. Augusto dividió la Hispania Ulterior en dos provincias, la Bética, y la Lusitania. La Lusitania primitiva no era en territorio ni mucho menos, lo que hoy es Portugal; y su capital era Emérita Augusta, la actual ciudad extremeña de Mérida. La lingüística divide la península ibérica en dos áreas diferenciadas: una ibérica y otra céltica. Solo se utilizó la escritura indígena en la zona ibérica y, dentro de la segunda, en las áreas celtibérica y lusitana; el resto desconoció la grafía hasta adoptar la latina en época romana.

En el siglo V, los vándalos, tribu germánica oriental, invadieron el Imperio Romano, saqueando Roma, donde destruyeron muchas obras de arte. Del mismo modo, a principios de ese siglo, suevos, vándalos y alanos, desposeídos de sus tierras por los hunos, cruzaron los Pirineos penetrando en la península Ibérica. Del Norte bajan los bárbaros como una marea desbordante que desbarata vidas y proyectos. Los visigodos sustituyen a los romanos, y son relevados por los árabes en la ocupación del terreno. Más tarde, cristianos, musulmanes y hebreos coexisten y conviven en Iberia, un conjunto de estados que mira con recelo al vecino y se alía o enfrenta sin muchos distingos religiosos. Entre ellos Portugal y Castilla.

Castilla bajel movido por el azar y la necesidad, el doce de octubre de 1492, se topa con América, nao anclada en medio de la mar océana. Del puente de mando surge con fuerza un grito miles de veces escuchado: ¡Al abordaje! Unos años después, na tarde de vinte e dois de abril de 1500, se incorpora Portugal. Azar y necesidad, temor y esperanza; entre los viajes de ambas coronas se da un gran paralelismo, que solo es un paralelismo más. Con recursos, naves, hombres y conocimientos, cuentan ambos pueblos ibéricos, únicos capaces de realizar la gran proeza de aquel tiempo: abrir una nueva ruta hacia las Indias tras la seda y las especias. Hay dos fenómenos que empañan el hecho de la llegada y conquista de América por ambos países europeos; la esclavitud y la atrocidad de la muerte de indígenas y, en general, de esclavos.

 

España en la Europa en el siglo XVI

Hay un hecho positivo para Neruda en todo aquel rompimiento: “Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos… Estos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo… Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas… Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra… Pero a los bárbaros se les caían de la tierra de las barbas, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras”.

Em 1986, o poeta Carlos Drummond de Andrade declarou que Manoel de Barros era o maior poeta brasileiro vivo. Em, Tratado geral das grandezas do ínfimo, Manoel de Barros, diz: A poesia está guardada nas palavras — é tudo que eu sei. O sea que también los conquistadores dejaron la poesía, en esa Tierra Conquistada, tierra que los conquistó de una u otra forma, como hizo con Alonso de Ercilla y Zúñiga, autor esforzado de la Epopeya Araucana, a quien escribo este poema .

 

Labrar Profundo Poema de Pedro Sevylla de Juana

A ti Alonso, hijo de Madrid o de Bermeo
Ercilla y Zúniga, o de Valladolid acaso, aunque improbable,
mas de Iberia por seguro;
a ti Alonso quiero explicarte en estas letras,
gracias a Fortuna, breves,
mi asombro nacido de la separación que haces
de las noche vecinas de los días,
cuando escribes en plena madrugada
“en una parte oculta y encubierta
tengo cerca de aquí mi gente armada”
gente que atacará al despuntar el alba,
confesando Alonso al papel secretos militares;
que soldado eres y escritor
a partes desiguales;
y no sé, lo doy por ignorado,
si actúas para contar
o cuentas para obligarte a hacer lo que has contado.

Como escritor yo que describe lo ocurrido
y lo mezcla con los deseos personales
con aquello que quisiera que ocurriera,
dándolo por hecho de igual modo,
te diré que admiro el uso simultáneo
de la pluma y de la espada
blandiendo cada una en una mano:
ora la acción cierta,
ora, previo, su relato.

Labrar profundo, muy profundo
para que la tierra se airee y se oxigene,
y luego sembrar hondo
ese grano de trigo, humedecido
durante una semana larga en Valdepero
con agua del pozo y piedralipes,
y eliminar así enfermedades pasadas y futuras
de la semilla repleta de esperanza,
y que la semilla hinche su preñez más fructuosa
variedad antigua de grano adormecido
-coincido con Neruda en llamarlo palabra-
pues ya estaba en el principio
del universo, aleteando, aleteando, aleteando
en vigorosa soledad, en abandono activo.

Y aunque hoy
hayamos convertido la palabra en sangre,
aunque la vayamos transformando en luz,
sangre a intervalos cada vez más largos
luz en espacios cada vez más breves,
debemos recordar, en el momento todo,
que su capacidad
-palabra lenitivo, palabra espada-
sigue siendo enorme, enorme, enorme;
ingente, apremiante y apretada.

Cuando, la puerta europea, en otro tiempo de par
en par abierta, a cal y canto amanece cerrada,
los necesitados de Iberoamérica
y del entero mundo
tienen que asaltarla, reivindicándose
como personas iguales y distintas
que no encuentran
huellas recientes de la humanidad antigua.

Europa los relega,
los relegan Portugal y España
los gobiernos europeos
los relegan, más como pobres sin enmienda
que como gentes de su gente
a la que también relegan.

Relega España a Ercilla
Madrid lo trata como a desconocido
y aquí reivindico su nombre y su vida
su vida y su obra
como ejemplo de todo aquello
que tenga de ejemplar el uso de la espada
antes o después
de usar con maestría la palabra.

Moriste Alonso y no sabes
por Fortuna
lo que tu cadáver fue y vino
de aquí para allá entero o separado;
ignoras que fuiste enterrado,
desenterrado y nuevamente enterrado
enterrado de nuevo, nuevamente;
ignoras que decapitado fuiste, y tu cabeza
vivió aventuras
que tu corazón ignora y viceversa
por Fortuna.

PSdeJ

 

Los guerreros no están solos en la batalla; Guacolda y Lautaro, Caupolicán y Fresia, parejas legendarias de una realidad permanente. Toquis impulsados por sus mujeres. Traduzco estos versos pertenecientes al Canto X de la Araucana, no solo por reflejar la actitud beligerante femenina, porque la acción de las mujeres ayudando o supliendo a los hombres, cuando los hombres ya no pueden más, se ha producido en muchas situaciones; así que no solo por eso lo traduzco, sino también por destacar los alegres gestos posteriores, cuando la tensión combativa se relaja y la broma sucede a la carnicería:

Fragmento del Canto X de la Araucana
Poema épico de Alonso de Ercilla y Zúñiga
Traduçao de Pedro Sevylla de Juana

Estas mulheres, digo, que estiveram
num monte escondidas esperando
da batalha o fim, e quando creram
que ia de revés o castelhano bando,
ferindo o céu aos gritos desceram,
o mulheril temor de si lançando;
e de alheio valor e esforço armadas,
tomam dos já morridos as espadas.

E a voltas do estrondo e multitude
também na vitória embevecidas,
de medrosas e macias de costume
se voltam temerárias homicidas;
Não sentem nem lhes dava pesadume
os peitos ao correr, nem as crescidas
barrigas de oito meses ocupadas,
que correm melhor quanto mais grávidas.

Se chamaba infelice a postreira,
e com rogos ao céu se volvia,
porque a tal conjuntura na carreira
mover mais presto o passo não podia.
Se as mulheres vão desta maneira,
a bárbara canalla qual iria?
De aqui teve princípio nesta terra
vir também as mulheres à guerra

Vêm acompanhando a seus maridos,
e no duvidoso transe estão paradas;
mas se os contrários são vencidos,
saem a perseguí-los esforçadas;
provam a fraca força nos rendidos
e se cortam neles suas espadas,
fazendo os morrer de mil maneiras,
que a mulher cruel o é deveras.

Assim aos nossos esta vez varreram
até onde o alcance tinha cessado,
e desde ali a volta ao povo deram
já dos inimigos saqueado.
Que quando fazer mais dano não puderam,
subindo nos cavalos que no prado
soltos sem ordem e governo andavam,
a seus donos por jogo remedavam.

Quem faz que combate e quem fugia,
e quem depois do que foge vai correndo;
quem finge que está morrido e se tendia,
quem correr tentava não podendo.
A gente alegre assim se divertia,
o trabalho importuno desprendendo,
até que o sol riscava os collados,
que o General chegou e os mais soldados

Las personas se acomodan a los cambios, y en ellos toman costumbres nuevas. En la guerra, terminado lo más feroz del combate, a gente alegre assín se divertia. Es humano el gesto, pero sin dejar de ser chocante.

 

Alonso de Ercilla y Zúñiga, autor no identificado

PRELIMINARES

PRIVILEGIO PARA EL REINO DE CASTILLA

Por cuanto por parte de vos, don Alonso de Ercilla y Zúñiga, nos fue fecha relación que habíades compuesto la Tercera Parte de LA ARAUCANA y juntádola con la Primera y Segunda, en que se acaban de escribir las guerras de la provincia de Chili hasta vuestro tiempo, y por ser obra provechosa para la noticia de aquella tierra, suplicándonos os mandásemos dar licencia para imprimir las dichas tres Partes de las cuales hicistes presentación, y privilegio por veinte años o por el tiempo que fuésemos servido o como la nuestra merced fuese; lo cual visto por los del nuestro Consejo, por cuanto en el dicho libro se hicieron las diligencias que la premática por Nos fecha sobre la impresión de los libros dispone, fue acordado que debíamos mandar dar esta nuestra célula en la dicha razón, e Nos tuvímoslo por bien; por la cual, por os hacer bien y merced, os damos licencia y facultad para que vos o la persona que vuestro poder hubiere, y no otra alguna, podáis hacer imprimir y vender el dicho libro que de suso se hace mención en todos estos nuestros reinos de Castilla, por tiempo y espacio de diez años, que corran y se cuenten desde el día de la data desta nuestra cédula, so pena que la persona o personas que sin tener vuestro poder lo imprimiere o vendiere o hiciere imprimir o vender, pierda la impresión que hiciere con los moldes y aparejos della, y más incurra en pena de cincuenta mil maravedís cada vez que lo contrario hiciere, la cual dicha pena sea la tercia parte para la persona que lo acusare y la otra tercia parte para el juez que lo sentenciare y la otra tercia parte para nuestra cámara y fisco con tanto que todas las veces que hobiéredes de hacer imprimir el dicho libro, durante el dicho tiempo de los dichos diez años, le traigáis al nuestro Consejo juntamente con el original que en él fue visto, que va rubricado cada plana y firmado al fin del de Juan Gallo de Andrada, nuestro escribano de cámara de los que residen en el nuestro Consejo, para que se vea si la dicha impresión está conforme a él o traigáis fe en pública forma de como, por corretor nombrado por nuestro mandado, se vio y corrigió la dicha impresión por el dicho original y se imprimió conforme a él, y quedan impresas las erratas por él apuntadas para cada un libro de los que ansí fueren impresos, para que se os tase el precio que por cada volumen hobiéredes de haber, so pena de caer e incurrir en las penas contenidas en las leyes y premáticas de nuestros reinos.

Y mandamos a los del nuestro Consejo y a otras cualesquier justicias que guarden y cumplan y ejecuten esta nuestra cédula y lo en ella contenido. Fecha en San Lorenzo, a trece días del mes de mayo de mil y quinientos y ochenta y nueve años. YO EL REY. Por mandado del Rey nuestro señor. Juan Vázquez.

PRIVILEGIO DE ARAGÓN

Nos Don Felipe, por la gracia de Dios, Rey de Castilla, de Aragón, de León, de las dos Sicilias, de Jerusalén, de Portugal, de Hungría, de Dalmacia, de Croacia, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorcas, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarbes, de Algecira, de Gibraltar, de las Islas de Canaria, de las Indias Orientales y Ocidentales, Islas y Tierra Firme del mar Océano, Archiduque de Austria, Duque de Borgoña, de Brabante, de Milán, de Atenas y Neopatria, Conde de Abspug, de Flandes, de Tirol, de Barcelona, de Rosellón y Cerdaña, Marqués de Oristán y Conde de Gociano.

Por cuanto por parte de vos, Don Alonso de Ercilla y Zúñiga, caballero de la Orden de Santiago, gentilhombre de la Cámara del Emperador, mi sobrino, se nos ha hecho relación que con vuestro trabajo e ingenio habéis compuesto un libro intitulado Tercera parte de La Araucana y que lo deseáis hacer imprimir en los nuestros reinos de la Corona de Aragón, suplicándonos os mandásemos dar licencia para ello con la prohibición acostumbrada y por el tiempo que fuéremos servido; e Nos, teniendo consideración a vuestros grandes servicios, valor y partes, habiendo sido reconocido el dicho libro por nuestro mandato, con tenor de las presentes, de nuestra cierta ciencia y real autoridad, deliberadamente y consulta, damos licencia, permiso y facultad a vos el dicho don Alonso de Ercilla y Zúñiga y a la persona que vuestro poder tuviere, que podáis imprimir o hacer imprimir al impresor o impresores que quisiéredes el dicho libro intitulado Tercera Parte de La Araucana, con las otras dos partes o sin ellas, en todos los dichos nuestros reinos y señoríos de la Corona de Aragón, y vender en ellos así los que hubiéredes impreso o hecho imprimir en los dichos reinos como fuera dellos en otras cualesquier partes y esto por tiempo de diez años; prohibiendo, según que con las presentes prohibimos y vedamos, que ninguna otra persona los pueda imprimir, ni hacer imprimir ni vender, ni llevarlos, impresos de otras partes a vender a los dichos nuestros reinos y señoríos sino vos o quien vuestro poder tuviere, por el dicho tiempo de diez años del día de la data de las presentes contaderos, so pena de doscientos florines de oro de Aragón y perdimento de moldes y libros, dividiera en tres iguales partes: una a nuestros reales cofres, otra para vos el dicho don Alonso, y la tercera para el acusador; con esto, empero: que los libros que hubiéredes impreso y hiciéredes imprimir no los podáis vender hasta que hayáis traídoen este nuestro S. S. R. Consejo, que cabe Nos reside, uno dellos, para que se compruebe con el original que queda en poder del noble don Miguel Clemente, nuestro protonotario, y se vea si la dicha impresión está conforme con el original que ha sido mostrado y aprobado.

Mandando con el mismo tenor de las presentes a cualesquiera lugartenientes y capitanes generales, regente de la Cancellería, regente el oficio y por tantas veces de nuestro General Gobernador, Justicia de Aragón y sus lugartenientes, Bailes generales, Zalmedinas, Vegueres, Sotvegueres, Justicias, Jurados, Alguaciles, Vergueros, Porteros y otros cualesquier oficiales y ministros nuestros, mayores y menores, en los dichos reinos y señoríos de la Corona de Aragón constituidos y constituideros y a sus lugartenientes o regentes los dichos oficios, so encurrimiento de nuestra ira e indignación y pena de mil florines de Aragón, de bienes del que lo contrario hiciere exigideros y a nuestros Reales cofres aplicaderos, que la presente nuestra licencia y prohibición y todo lo en ella contenido os tengan, guarden y cumplan, tener, guardar y cumplir hagan sin contradición alguna, y no permitan ni den lugar que sea hecho lo contrario en manera alguna, si, demás de nuestra ira e indignación, en la pena sobredicha desean no incurrir. En testimonio de lo cual mandamos despachar las presentes con nuestro sello Real en el dorso selladas. Dat. en el monesterio de San Lorenzo el Real, a veintitrés días del mes de septiembre, año del nacimiento de Nuestro Señor de mil y quinientos y ochenta y nueve. -YO EL REY.

TASA
Está tasado en siete reales cada cuerpo desta Araucana, Primera y Segunda y Tercera Parte como consta, por la fe de tasa firmada del Secretario Juan Gallo de Andrada. Su fecha en Madrid a once días del mes de Enero de MDXC.

PRIVILEGIO DE PORTUGAL

Eu el rej fago saber a os que este albala virem, que eu ej por bem e me praz que pessoa alguã naõ possa em meus reynos e senhorios de Portugal, imprimir nem vender a Primeira, Segunda e Terceira Parte da Araucana, que dom Alonso de Erzilla e Çuñiga tem composto, e em que acaba de escreber as guerras da Provincia de Chili ate o seu tempo; nem as possa trazer de fora impressas, senaõ elle dito dom Alonso ou quem sua comissão, tiver, e isto por tempo de dez annos soomente, que se começaraõ da feitura deste em diante: sob pena de qualquer pessoa que imprimir ou fizer imprimir as ditas tres Partes da Araucana, ou trouxer de fora impressas ou vender sem consentimento do dito dom Alonso, perder todos os volumes que dos ditos livros tiver e que forem echados, e mais pagar sincoenta mil reis: a metade pera quem acusar.

E mando a todas as justiças e oficiaes a que este albala for mostrado, e o conhecimento de le pertenecer, que o cumprão e guardem e façaõ inteiramente comprir como se nele contem; posto que naõ seja passado pela Chancelarja e o efeitodele aja de durar mai de h anno, sem embargo das ordenazões do segundo libro, titulo vinte, que o contrairo dispoem; e este albara se imprimira no começo dos ditos volumes, ou no cabo.-Antonio Moniz da Fonsequa o fez em Madrid, aos 10 de novembro de MDXC anos.

 

 

 

Primera Parte de La Araucana de don Alonso de Ercilla y Zúñiga

PRÓLOGO
Si pensara que el trabajo que he puesto en la obra, me había de quitar tan poco el miedo de publicarla sé cierto de mí que no tuviera ánimo para llevarla al cabo. Pero considerando ser la historia verdadera y de cosas de guerra, a las cuales hay tantos aficionados, me he resuelto en imprimirla, ayudando a ello las importunaciones de muchos testigos que en lo más dello se hallaron, y el agravio que algunos españoles recibirían quedando sus hazañas en perpetuo silencio, faltando quien las escriba, no por ser ellas pequeñas, pero porque la tierra es tan remota y apartada y la postrera que los españoles han pisado por la parte del Pirú, que no se puede tener della casi noticia, y por el mal aparejo y poco tiempo que para escribir hay con la ocupación de la guerra, que no da lugar a ello; y así, el que pude hurtar, le gasté en este libro, el cual, porque fuese más cierto y verdadero, se hizo en la misma guerra y en los mismos pasos y sitios, escribiendo muchas veces en cuero por falta de papel, y en pedazos de cartas, algunos tan pequeños que apenas cabían seis versos, que no me costó después poco trabajo juntarlos; y por esto y por la humildad con que va la obra, como criada en tan pobres pañales, acompañándola el celo y la intención con que se hizo, espero que será parte para poder sufrir quien la leyere las faltas que lleva.

Y si a alguno le pareciere que me muestro algo inclinado a la parte de los araucanos, tratando sus cosas y valentías más estendidamente de lo que para bárbaros se requiere, si queremos mirar su crianza, costumbres, modos de guerra y ejercicio della, veremos que muchos no les han hecho ventaja, y que son pocos los que con tan gran constancia y firmeza han defendido su tierra contra tan fieros enemigos como son los españoles.

Y, cierto, es cosa de admiración que no poseyendo los araucanos más de veinte leguas de término, sin tener en todo él pueblo formado, ni muro, ni casa fuerte para su reparo, ni armas, a lo menos defensivas, que la prolija guerra y los españoles las han gastado y consumido, y en tierra no áspera, rodeada de tres pueblos españoles y dos plazas fuertes en medio della, con puro valor y porfiada determinación hayan redimido y sustentado su libertad, derramando en sacrificio della tanta sangre así suya como de españoles, que con verdad se puede decir haber pocos lugares que no estén della teñidos y poblados de huesos, no faltando a los muertos quien les suceda en llevar su opinión adelante; pues los hijos, ganosos de la venganza de sus muertos padres, con la natural rabia que los mueve y el valor que dellos heredaron, acelerando el curso de los años, antes de tiempo tomando las armas se ofrecen al rigor de la guerra, y es tanta la falta de gente por la mucha que ha muerto en esta demanda, que para hacer más cuerpo y henchir los escuadrones, vienen también las mujeres a la guerra, y peleando algunas veces como varones, se entregan con grande ánimo a la muerte.

Todo esto he querido traer para prueba y en abono del valor destas gentes, digno de mayor loor del que yo le podré dar con mis versos. Y pues, como dije arriba, hay agora en España cantidad de personas que se hallaron en muchas cosas de las que aquí escribo, a ellos remito la defensa de mi obra en esta parte, y a los que la leyeren se la encomiendo.

 

 

PARTE PRIMERA

Canto I: El cual declara el asiento y descripción de la provincia de Chile y estado de Arauco, con las costumbres y modos de guerra que los naturales tienen. Asimismo trata en suma, de la entrada y conquista que los españoles hicieron hasta que arauco se comenzó a rebelar.
Canto II: Pónese la discordia que entre los caciques de Arauco hubo sobre la eleción de capitán general, y el medio que se tomó por el consejo del cacique colocolo, con la entrada que por engaño los bárbaros hicieron en la casa fuerte de Tucapel y la batalla que con los españoles tuvieron.
Canto III: Valdivia con pocos españoles y algunos indios amigos camina a la casa de Tucapel, para hacer el castigo. Mátanle los araucanos, los corredores en el camino en un paso estrecho y danle después la batalla, en la cual fue muerto él y toda su gente por el gran esfuerzo y valentía de Lautaro.
Canto IV: Vienen catorce españoles por concierto a juntarse con Valdivia en la fuerza de Tucapel; hallan los indios en una emboscada, con los cuales tuvieron un porfiado recuentro, llega Lautaro con gente de refresco; mueren siete españoles y todos los amigos que llevan; escápanse los otros por una gran ventura.
Canto V: En este quinto canto se contiene la reñida batalla que entre los españoles y araucanos hubo en la cuesta de Andalicán, donde por la astucia de Lautaro y el demasiado trabajo de los españoles fueron los nuestros desbaratados y muertos más de la mitad dellos juntamente con tres mil indios amigos
Canto VI Prosigue la comenzada batalla, con las estrañas, y diversas muertes que los araucanos ejecutaron en los vencidos y la poca piedad que con los niños y mujeres usaron, pasándolos todos a cuchillo
Canto VII: Llegan los españoles a la ciudad de la Concepción hechos pedazos, cuentan el destrozo y pérdida de nuestra gente y vista la poca que para resistir tan gran pujanza de enemigos en la ciudad había, y las muchas mujeres, niños y viejos que dentro estaban, se retiran en la ciudad de Santiago. Asimismo en este canto se contiene el saco, incendio y ruina de la ciudad de la concepción
Canto VIII: Júntanse los caciques y señores principales a consejo general en el valle de Arauco. Mata Tucapel al cacique puchecalco, y Caupolicán viene con poderoso ejército sobre la ciudad imperial, fundada en el valle de Cautén
Canto IX: Llegan los araucanos a tres leguas de la imperial con grueso ejército. No ha efeto su intención por permisión divina. Dan vuelta a sus tierras adonde les vino nueva que los españoles estaban en el asiento de penco reedificando la ciudad de la concepción. Vienen sobre los españoles, y hubo entre ellos una recia batalla.
Canto X: Ufanos los araucanos de las vitorias habidas, ordenan unas fiestas generales donde concurrieron diversas gentes, así estranjeras como naturales, entre los cuales hubo grandes pruebas y diferencias.
Canto XI: Canto onceno en el cual se acaban las fiestas y diferencias, y caminando Lautaro sobre la ciudad de Santiago, antes de llegar a ella hace un fuerte, en el cual metido, vienen los españoles sobre él, donde tuvieron una recia batalla.
Canto XII: Recogido Lautaro en su fuerte, no quiere seguir la vitoria por entretener a los españoles. Pasa ciertas razones con él Marco Veaz, por las cuales Pedro de Villagrán viene a entender el peligroso punto en que estaba, y levantando su campo se retira. Viene el marqués de Cañete a la ciudad de los reyes en el Pirú.
Canto XIII: Hecho el marqués de Cañete el castigo en el Pirú, llegan mensajeros de Chile a pedirle socorro; el cual, vista ser su demanda importante y justa, se le envía grande por mar y por tierra. También contiene al cabo este canto cómo Francisco de Villagrán, guiado por un indio, viene sobre Lautaro.
Canto XIV: Llega Francisco de Villagrán de noche sobre el fuerte de los enemigos sin ser sentido por éstos: al amanecer es inmediatamente fue muerto Lautaro. Comienza la batalla con sangre tanto de una parte como de la otra.
Canto XV: En este canto se acaba la batalla, en la cual fueron muertos todos los araucanos, sin que se rindiera ninguno de ellos. Y se cuenta la navegación que las naves del Perú hicieron hasta llegar a Chile, y la gran tormenta que pasó entre el río Maule y el puerto de la Concepción.

 

Tabla de las cosas notables que hay en esta
Primera parte de La Araucana

Alboroto de la ciudad de la Concepción VII, 1-31
Andrea combate con Rengo XIV, 46
Andalién, río I, 60
Arauco, valle principal, de donde toma nombre el Estado II, 16
Asalto de españoles al fuerte de Lautaro XI, 54
Batalla entre españoles y araucanos sobre la plaza de Tucapel II,
Batalla en la cual mueren todos los españoles III, 22
Batalla en la cuesta de Andalicán V, 9
Batalla en el asiento de la Concepción IX, 46
Batalla en Mataquito, valle XIV, 8
Biobío, río famoso I, 62
Buelta de los españoles al asiento de la Concepción IX, 38
Colocolo hace las amistades de Tucapel y Leucotón XI, 15
Colocolo aplaca a los caciques en la discordia de la eleción de
Capitán General, y los concierta II, 27
Consejo de guerra general de los araucanos VIII, 11
Castigo hecho por el marqués de Cañete en el Pirú XIII, 3
Costumbres y modos de guerra de los araucanos I, 12
Descripción y altura de las provincias de Chili y estado de Arauco I, 6-11
Doña Mencía de Nidos, famosa mujer VII, 20
Discordia de los caciques principales sobre la eleción de Capitán General
Entrada de los indios en la casa fuerte de Tucapel II, 65
Estado y gobierno de Arauco I, 10
Fiestas y juegos generales de los indios X, 11
Francisco de Villagrán rompe la albarrada VI, 41
Francisco de Villagrán derribado entre los enemigos V, 54
Francisco de Villagrán da sobre Lautaro en el valle de Mataquito XII, 65
Lautaro se vuelve contra los españoles III, 34
Lautaro, teniente general de los araucanos III, 84
Lautaro favorece a Tucapel y le libra de un gran peligro VIII, 56
Los españoles desamparan la ciudad de la Concepción VII, 11
Marcos Veaz habla con Lautaro XII, 9
Maule, río famoso I, 60
Milagro a vista de todo un ejército IX, 13
Muerte de Valdivia III, 68
Muerte de Lautaro IV, 17
Muerte de Diego Oro padre III, 50
Muerte de Diego Oro hijo IX, 78
Muerte de Angol, cacique IX, 80
Muerte de Ortiz IX, 73
Muerte del padre Lobo IX, 76
Muerte de Juan de Villagrán XIV, 38
Muerte de Mallén, cacique XV, 55
Pedro de Villagrán acomete a Lautaro en su fuerte XI, 46
Prueba estraña en la eleción de Capitán General II, 35
Razonamiento de Lautaro a sus soldados XII, 48
Razonamiento de Colocolo en el consejo de guerra VIII, 33
Rencuentro de los catorce españoles IV, 9
Rengo sigue a Juan y Hernando de Alvarado y a Yvarra IX, 93
Rengo hace grande estrago en el campo de los españoles XIV, 37
Rengo y Leucotón en la lucha X, 48
Retírase Lautaro al valle de Ytata XII, 36
Saco de la ciudad de Concepción VII, 46
Socorro que envía el marqués de Cañete XIII, 15
Sueño de Lautaro y de su amiga Guacolda XIII, 44
Tucapel mata al cacique Puchecalco VIII, 44
Tucapel combate contra todo un ejército VIII, 47
Tucapel turba las fiestas en el valle de Arauco XI, 17
Tormenta de las naos del Pirú XV, 68
Valdivia entra en Chili I, 55
Valdivia preso por Caupolicán III, 64
Valdivia rehúsa de venir a las manos con los enemigos
conociendo, como buen capitán, el peligro a que se ponía, y hace
sobre ello una plática a sus soldados III, 11
Yncendio de la ciudad de la Concepción VII, 54
Ytata, río caudaloso.

 

 

Segunda Parte

Preliminares

Al letor
Por haber prometido de proseguir esta historia, no con poca dificultad y pesadumbre la he continuado; y aunque esta Segunda Parte de LA ARAUCANA no muestre el trabajo que me cuesta, todavía quien la leyere podrá considerar el que se habrá pasado en escribir dos libros de materia tan áspera y de poca variedad, pues desde el principio hasta el fin no contiene sino una mesma cosa, y haber de caminar siempre por el rigor de una verdad y camino tan desierto y estéril, paréceme que no habrá gusto que no se canse de seguirme. Así temeroso desto, quisiera mil veces mezclar algunas cosas diferentes; pero acordé de no mudar estilo, porque lo que digo se me tomase en descuento de las faltas que el libro lleva, autorizándole con escribir en él el alto principio que el Rey nuestro señor dio a sus obras con el asalto y entrada de Sanquintín, por habernos dado otro aquel mismo día los araucanos en el fuerte de la Concepción.

Asimismo trato el rompimiento de la batalla naval que el señor don Juan de Austria venció en Lepanto. Y no es poco atrevimiento querer poner dos cosas tan grandes en lugar tan humilde; pero todo lo merecen los araucanos, pues ha más de treinta años que sustentan su opinión, sin jamás habérseles caído las armas de las manos, no defendiendo grandes ciudades y riquezas, pues de su voluntad ellos mismo han abrasado las casas y haciendas que tenían, por no dejar qué gozar al enemigo; mas sólo defienden unos terrones secos (aunque muchas veces humedecidos con nuestra sangre) y campos incultos y pedregosos. Y siempre permaneciendo en su firme propósito y entereza, dan materia larga a los escritores. Yo dejo mucho y aun lo más principal por escribir, para el que quisiere tomar trabajo de hacerlo, que el mío le doy por bien empleado, si se recibe con la voluntad que a todos les ofrezco.

 

 

Canto XVI: En este canto se acaba la tormenta. Contiénese la entrada de los españoles en el Puerto de la Concepción e isla de Talcaguano; elconsejo general que los indios en el valle de Ongolmo tuvieron;la diferencia que entre Peteguelén y Tucapel hubo. Asimismo el acuerdo que sobre ella se tomó.
Canto XVII: Hace Millalauco su embajada. Salen los españoles de la isla, levantando un fuerte en el cerro de Penco. Vienen los araucanos a darles el asalto. Cuéntase lo que en aquel mismo tiempo pasaba sobre la plaza fuerte de Sanquintín.
Canto XVIII: Da el rey don Felipe el asalto a Sanquintín: entra en ella vitorioso. Vienen los araucanos sobre el fuerte de los españoles
Canto XIX: En este canto se contiene el asalto que los araucanos dieron a los españoles en el fuerte de Penco; la arremetida de Gracolano a la muralla; la batalla que los marineros y soldados, que habían quedado en guarda de los navíos, tuvieron en la marina con los enemigos.
Canto XX: Retíranse los araucanos con pérdida de mucha gente; escápase Tucapel muy herido, rompiendo por los enemigos; cuenta Tegualda a don Alonso de Ercilla el estraño y lastimoso proceso de su historia.
Canto XXI: Halla Tegualda el cuerpo del marido y haciendo un llanto sobre él, le lleva a su tierra. Llegan a Penco los españoles y caballos que venían de Santiago y de La Imperial por tierra. Hace Caupolicán muestra general de su gente.
Canto XXII: Entran los españoles en el Estado de Arauco; traban los araucanos con ellos una reñida batalla; hace rengo de su persona gran prueba; cortan las manos por justicia a Galuarino, indio valeroso.
Canto XXIII: Llega galuarino adonde estaba el senado araucano: hace en el consejo una habla con la cual desbarata los pareceres de algunos. Salen los españoles en busca del enemigo; píntase la cueva del hechicero Fitón y las cosas que en ella habia.
Canto XXIIII: En este canto sólo se contiene la gran batalla naval, el desbarate y rota de la armada turquesca con la huida de Ochalí.
Canto XXV: Asientan los españoles su campo en Millarapué; llega a desafiarlos un indio de parte de Caupolicán; vienen a la batalla muy reñida y sangrienta; señálanse Tucapel y Rengo; cuéntase también el valor que los españoles mostraron aquel día.
Canto XXVI: En este canto se trata el fin de la batalla y retirada de los araucanos; la obstinación y pertinacia de Galbarino y su muerte. Asimismo se pinta el jardín y estancia del mago Fitón.
Canto XXVII: En este canto se pone la descripción de muchas provincias, montes, ciudades famosas por natura y por guerras. Cuéntase también como los españoles levantaron un fuerte en el valle de Tucapel; y como don Alonso de Ercilla halló a la hermosa Glaura.
Canto XXVIII: Cuenta Glaura sus desdichas y la causa de su venida. Asaltan los araucanos a los españoles en la quebrada de Purén; pasa entre ellos una recia batalla; saquean los enemigos el bagaje; retíranse alegres, aunque desbaratados .
Canto XXIX: Entran los araucanos en nuevo consejo; tratan de quemar sus haciendas. Pide Tucapel que se cumpla el campo que tiene aplazado con Rengo; combaten los dos en estacado brava y animosamente.

 

 

Tercera Parte

Canto XXX: Contiene este canto el fin que tuvo el combate de Tucapel y Rengo.Asimismo lo que Pran, araucano, pasó con el indio Andresillo, yanacona de los españoles.
Canto XXXI: Cuenta Andresillo a Reinoso lo que Pran dejaba concertado. Habla con Caupolicán cautelosamente, el cual engañado viene sobre el fuerte, pensando que hallaría a los españoles durmiendo.
Canto XXXII: Arremeten los araucanos el fuerte; son rebatidos por los españoles. Caupolicán se retira a la Sierra deshaciendo la batalla. Cuenta don Alonso de Ercilla, a petición de los soldados, la verdadera historia Dido.
Canto XXXIII: Prosigue don Alonso la navegación de Dido hasta que llegó a Biserta; cuenta cómo fundó a Cartago y la causa por que se mató. También se contiene en este canto la prisión de Caupolicán.
Canto XXXIV: Hablan Reinoso y Caupolicán de que sabiendo que va a morir quiere volverse cristiano; muere Caupolicán. Los araucanos se juntan a la elección del nuevo general.
Canto XXXV: Entran los españoles demandando la nueva tierra. Sale a encontrarlos Tunconabala; trata de convencerlos de que no fueran pero al ver que no lo consigue, se ofrece como guía y los lleva por despeñaderos en los cuales los españoles pasan grandes trabajos.
Canto XXXVI: Sale el cacique de la barca a tierra, ofrece a los españoles todo lo necesario para su viaje, prosiguiéndoles su derrota. Se embarca don Alonso de Ercilla hacia España y recorre varías ciudades de Europa; manda el rey don Felipe a levantar gente para entrar en Portugal.
Canto XXXVII: En este último canto se habla de la guerra como derecho de las gentes, y se declara que el rey don Felipe tuvo al reino de Portugal, juntamente con los requerimientos que hizo a los portugueses para justificar más sus armas.Esta es la última estrofa:

Y yo que tan sin rienda al mundo he dado
el tiempo de mi vida más florido,
y siempre por camino despeñado
mis vanas esperanzas he seguido,
visto ya el poco fruto que he sacado
y lo mucho que a Dios tengo ofendido,
conociendo mi error, de aquí adelante
será razón que llore y que no cante.
FIN DE “LA ARAUCANA

 

Bermeo a Alonso de Ercilla

 

DE ALGUNAS DUDAS QUE SE PUEDEN OFRECER EN ESTA OBRA

Se transcriben aquí en orden alfabético, difiriendo de la edición original (edición de Don Antonio de Sancha, Madrid, 1776), en que aparecen desordenadamente. Porque muchos no entenderán algunos vocablos o nombres que aunque indios son ya tan recibidos y usados en aquella tierra de los nuestros, que no los han mudado en nuestro lenguaje, será bien declararlos aquí, porque como yo, por variar uso alguna vez de ellos, el que leyere este libro no tenga que preguntar.

ANGOL: Se llama el valle donde poblaron una ciudad y le pusieron nombre los confines de Angol.
APÓ: Señor o capitán absoluto de los otros.
ARAUCO (EL ESTADO DE): Es una provincia pequeña de veinte leguas de largo y siete de ancho, poco más o menos, que produce la gente más belicosa que ha habido en las Indias, y por eso es llamado el estado indómito; llámanse los indios de él araucanos, tomando el nombre de la provincia.
ARCABUCO: Espesura grande de árboles altos y boscaje.
BOHÍO: Es una casa pajiza, grande, de solo una pieza, sin alto.
CACIQUE: Quiere decir señor de vasallos, que tienen gente a su cargo. Los caciques toman el nombre del valle de donde son señores, y de la misma manera los hijos o sucesores que suceden en ellos; declárase esto, porque los que mueren en la guerra se oirán después nombrar en otra batalla: entiéndase que son los hijos o sucesores de los muertos.
CACHIRAS: Son unas cuentas muy menudas, a manera de aljófar, que las hallan por las marinas, y en cuanto más menuda es más preciada; labran y adornan con ellas sus llautos y las mujeres sus hinchos, que son como una cinta angosta que les ciñe la cabeza, por la frente, a manera de vidrios; andan siempre en cabello y suelto por los hombros y espaldas.
CAUPOLICÁN: Fue hijo de Leocán y Lautaro, hijo de Pillán. Declaro esto porque como son capitanes señalados, de los cuales la historia hace muchas veces mención, por no poner tantas veces sus nombres, me aprovecho de los de sus padres.
CAUTÉN: Es un valle hermosísimo y fértil, donde los españoles fundaron la más próspera ciudad que ha habido en aquellas partes, la cual tenía trescientos mil indios, casados, de servicio; llamáronla imperial porque cuando entraron los españoles en aquella provincia hallaron sobre todas las puertas y tejados águilas imperiales de dos cabezas, hechas de palo, a manera de timbre de armas, que cierto es extraña cosa y de notar, pues jamás en aquella tierra se ha visto ave con dos cabezas.
COQUIMBO: Es el primer valle de Chile, donde pobló el capitán Valdivia un pueblo que le llamó la Serena, por ser él natural de la Serena; tiene un muy buen puerto de mar, y llámase también el pueblo Coquimbo tomando el nombre del valle.
CHILE: Es una provincia grande que contiene en sí otras muchas provincias. Toma el nombre de Chile toda la provincia por su valle, del cual tuvieron primero noticia los españoles por el oro que en él se sacaba, y, como entraron en su demanda, pusieron nombre de Chile a toda la tierra, hasta el estrecho de Magallanes.
EPANOMÓN: Nombre que le dan al demonio, por el cual juran cuando quieren obligarse infaliblemente a cumplir lo que prometen.
LLAUTO: Es un trocho o rodete redondo, ancho, de dos dedos, que ponen por la frente y les ciñe la cabeza: son labrados de oro y cachira, con muchas piedras y dijes en ellos, en los cuales asientan las plumas o penachos de que ellos son muy amigos; no los traen en la guerra porque entonces usan celadas.
MAPOCHO: Es un hermoso valle donde los españoles poblaron la ciudad de Santiago, y llámase asimismo el pueblo Mapochó.
MITA: Es la carga o tributo que trae el indio tributario.
MITAYO: Es el indio que la lleva o trae.
PALLÁ: Es lo que llamamos nosotros señora; pero entre ellos no alcanza este nombre, sino al de noble linaje y señora de muchos vasallos y hacienda.
PENCO: Es un valle muy pequeño y no llano, pero como es puerto de mar poblaron en él los españoles una ciudad, la cual llamaron La Concepción.
PUELCHES: Se llaman los indios de la sierra, que son fortísimos y ligeros,
aunque de menos entendimiento que los otros.
VALDIVIA: Es un pueblo bueno y provechoso; tiene un puerto de mar por un río arriba, tan seguro que varan los naos en tierra y está fundado no muy lejos de un gran lago, al cual y a la ciudad llamó Valdivia de su nombre: entiéndase que cuando se fundaron estos pueblos era Valdivia capitán general de los españoles, y a él se atribuye la gloria del descubrimiento y población de Chile.
VILLARICA: Es otro pueblo que fundaron los españoles a la ribera de un lago pequeño, cerca de los volcanes, que lanzaban a tiempos tanto fuego y tan alto, que acontece llover en el pueblo ceniza.
YANACONAS: Son indios, mozos, amigos, que sirven a los españoles; andan en su traje y algunos muy bien tratados, que se aprecian mucho de policía en su vestido; pelean a las veces en favor de sus amos, y algunos animosamente, en especial cuando los españoles dejan los caballos y pelean a pie, porque en la retiradas los suelen dejar en las manos de los enemigos, que los matan crudelísimamente

 

 

 

DON ALONSO DE ERCILLA Capítulo VIII del Ensayo sobre la poesía épica, escrito por Voltaire. Traducido del francés por Pedro Sevylla de Juana.

Al final del decimosexto siglo, España produjo un poema épico célebre por algunas bellezas particulares, destacables, tanto por la particularidad del asunto, como por el carácter del autor. Don Alonso de Ercilla y Zúñiga gentilhombre de cámara del emperador Maximiliano II, fue educado en en el palacio de Felipe II, y combatió a la batalla de San Quintín, dónde los franceses fueron derrotados. Felipe, ausente de la batalla, menos preocupado por la gloria exterior que por sus asuntos internos, lo mandó regresar a España. El joven Alonso, movido por una insaciable avidez del saber verdadero, es decir de conocer a los hombres y ver mundo, viajó por toda Francia, recorrió Italia y Alemania, y permaneció mucho tiempo en Inglaterra.

Mientras estaba en Londres, supo que algunas provincias de Perú y Chile se habían alzado en armas contra la Metrópoli. Diré, al hilo, que esta tentativa de las colonias de recobrar su libertad, es considerada como rebelión por los autores españoles. Su deseo de gloria, y de ser testigo y protagonista de gestas singulares, le llevó a esos países del Nuevo Mundo. Llegó a Chile encabezando algunas tropas, y permaneció allí durante toda la guerra.

En la frontera sur de Chile, hay una pequeña comarca montañosa nombrada Araucana, habitada por una raza de hombres más robustos y más feroces que todos los demás pueblos de América: combatieron ellos en defensa de su libertad con más coraje y más tiempo que otros, y fueron los últimos que los españoles sometieron. Alonso sostuvo contra ellos una guerra penosa y larga; corrió peligros extremos; vio y participó en las acciones más asombrosas, recibiendo como única recompensa el honor de conquistar unos peñascos, y de reducir algunas comarcas incultas a la obediencia del rey de España.

Durante esta guerra, Alonso tuvo la intención de inmortalizar a sus enemigos inmortalizándose él. Fue al mismo tiempo el conquistador y el poeta: empleó los intervalos de ocio que la guerra le dejaba, en cantar los acontecimientos; y careciendo de papel, escribió la primera parte de su poema sobre pequeños pedazos de cuero, que luego le costó arreglar. El poema se llama Araucana, del nombre de la comarca. Comienza con una descripción geográfica de Chile, y una pintura de las costumbres y de las tradiciones de los habitantes. Este inicio sería insoportable en otro poema, pero aquí es necesario, y no desagrada porque la acción sucede lejos, y los héroes son salvajes, y no los conoceríamos de no haberlos conquistado y destacado. El argumento, que era nuevo, originó pensamientos nuevos. Mostraré uno al lector, simple chispa del precioso fuego que encendía a veces al autor.

Los Araucanos, dice, se asombraron al ver criaturas semejantes a hombres, llevando fuego en sus manos, subidos sobre monstruos que combatían bajo ellos. Los tomaron primero por dioses bajados del cielo, armados del trueno, llevando con ellos la destrucción; y entonces se sometieron a duras penas. Pero enseguida, al familiarizarse con los conquistadores, fueron conociendo sus pasiones y vicios, y comprendieron que eran hombres. Entonces, avergonzados de haber sucumbido ante mortales como ellos, juraron lavar con sangre su error, vengándose, de quienes lo habían producido, de manera ejemplar, terrible e inolvidable.

Tiene sentido dar a conocer aquí una parte del segundo canto, cuyo asunto se parece mucho al inicio de la Ilíada. Pues habiendo sido tratado de manera diferente, merece ser puesto ante los ojos de los lectores, para que sean ellos quienes juzguen con imparcialidad. La primera acción de la Araucana es una disputa surgida entre los jefes de los Bárbaros; como en Homero, sucede entre Aquiles y Agamenón. La disputa no se produce por una cautiva; sino por el mando del ejército. Cada uno de esos salvajes generales alaba su mérito y sus hazañas; la disputa llega a encenderse de tal modo, que casi llegan a las manos. Entonces uno de los caciques, nombrado Colocolo, tan viejo como Néstor, pero menos dispuesto en su favor que el héroe griego, hace la arenga siguiente:

“Caciques del Estado defensores,
codicia del mandar no me convida
a pesarme de veros protensores
de cosa que a mí tanto era debida,
porque, según mi edad, ya veis, señores,
que estoy al otro mundo de partida;
mas el amor que siempre os he mostrado
a bien aconsejaros me ha incitado.

“¿Por qué cargos honrosos pretendemos,
y en ser en opinión grande tenidos,
pues que negar al mundo no podemos
haber sido sujetos y vencidos?
Y en esto averiguarnos nos queremos,
estando aun de españoles oprimidos;
mejor fuera esta furia ejecutalla
contra el fiero enemigo en la batalla.

“¿Qué furor es el vuestro, ¡oh araucanos!,
que ha perdición os lleva sin sentillo?
¿Contra vuestras entrañas tenéis manos,
y no contra el tirano en resistillo?
¿Teniendo tan a golpe los cristianos,
volvéis contra vosotros el cuchillo?
Si gana de morir os ha movido,
no sea en tan bajo estado y abatido.

“Volved las armas y ánimo furioso
a los pechos de aquellos que os han puesto
en dura sujeción, con afrentoso
partido, a todo el mundo manifiesto:
lanzad de vos el yugo vergonzoso;
mostrad vuestro valor y fuerza en esto:
no derraméis la sangre del Estado
que para redimir nos ha quedado.

“No me pesa de ver la lozanía
de vuestro corazón, antes me esfuerza;
mas temo que esta vuestra valentía
por mal gobierno el buen camino tuerza;
que, vuelta entre nosotros la porfía,
degolléis nuestra patria con su fuerza:
cortad, pues, sí ha de ser de esa manera,
esa vieja garganta la primera.

“Que esta flaca persona, atormentada
de golpes de fortuna, no procura
sino el agudo filo de una espada,
pues no la acaba tanta desventura.
Aquella vida es bien afortunada,
que la temprana muerte la asegura;
pero, a nuestro bien público atendiendo,
quiero decir en esto lo que entiendo.

“Pares sois en valor y fortaleza;
el cielo os igualó en el nacimiento;
de linaje, de estado y de riqueza,
hizo a todos igual repartimiento;
y en singular por ánimo y grandeza
podéis tener del mundo el regimiento;
que este precioso don, no agradecido,
nos ha al presente, término traído.

“En la virtud de vuestro brazo espero
que puede en breve tiempo remediarse;
mas ha de haber un capitán primero,
que todos por él quieran gobernarse,
este será quien más un gran madero
sustentare en el hombro sin pararse;
y pues que sois iguales en la suerte,
procure cada cual ser el más fuerte.”

El anciano propone entonces un ejercicio digno de una nación bárbara: llevar una viga gruesa, y entregar el honor del mando a quién soporte el peso durante más tiempo. Siendo la mejor manera de perfeccionar nuestro criterio, comparar simultáneamente cosas de la misma naturaleza, oponed el discurso de Néstor al de Colocolo; y renunciando a la adoración que nuestros espíritus, justamente preocupados, sienten por el gran nombre de Homero, sopesad ambas arengas con el equilibrio de la equidad y de la razón. Después de que Aquiles, instruido e inspirado por Minerva, diosa de la sabiduría, diera a Agamenón los nombres de borracho y de perro, el sabio Néstor se levanta para tranquilizar los espíritus irritados de estos dos héroes, y habla así: ¿Qué satisfacción sentirán los troyanos cuando oigan comentar vuestras discordias? Su juventud debe respetar mis años, y someterse a mis juicios.

He conocido en ocasiones héroes superiores a vosotros. No, mis ojos jamás verán hombres semejantes al invencible Pirítoo, al bravo Céneas, al divino Teseo, etc… Estuve en la guerra con ellos, y, aunque era joven, mi elocuencia persuasiva tenía poder sobre sus espíritus. Oyeron a Néstor, jóvenes guerreros, escuchen pues las consejos que les da mi vejez. Atrida, no debes quedarte con el esclavo de Aquiles; hijo de Thetis, no debes tratar con altanería al jefe del ejército. Aquiles es el más grande, el más corajudo de los guerreros; Agamenón es el más grande de reyes, etc.” La arenga resultó infructuosa: Agamenón alabó su elocuencia, pero despreció su consejo.

Considerad, por una parte, la pericia con la que el bárbaro Colo-colo se adentra en el espíritu de los caciques, la dulzura respetable con la que calma su animosidad, la ternura majestuosa de sus palabras. Cuánto amor al país lo mueve, cuántos sentimientos de la verdadera gloria penetran en su corazón; con qué prudencia alaba su coraje reprimiendo su furor, con qué arte deja de considerar a uno de ellos superior a los demás. Es un jefe, un panegirista hábil; también ellos se someten a sus razones, confesando la fuerza de su elocuencia, no con alabanzas vanas, sino con la obediencia inmediata.

Que se juzgue, por otra parte, si Néstor es tan sabio al elogiar su propia sabiduría; si ese es un medio seguro de atraer la atención de los príncipes griegos, o de desmerecerlos y de situarlos por debajo de sus antepasados; si la asamblea puede querer decirle sin disgusto a Néstor que Aquiles es el más corajudo de los jefes presentes. Después de haber comparado el parloteo presuntuoso y descortés de Néstor, con el discurso modesto y mesurado de Colocolo, la odiosa diferencia que pone entre el rango de Agamenón y el mérito de Aquiles, con ese reparto equilibrado de grandeza y de coraje otorgada con arte a todos los caciques, que el lector se pronuncie; y si hay un general en el mundo que sufra de buena gana que se prefiera a un inferior por la valentía, si hay una asamblea que pueda soportar impávida que un arengador, hablándoles con desprecio, alabe a sus predecesores a su costa, entonces Homero podrá ser preferido a Alonso en este caso concreto.

Es verdad que si Alonso está en este episodio por encima de Homero, está en todo el resto por debajo del menor de los poetas. Nos sorprende verlo caer tan bajo, después de haber volado por encima de lo más alto. Hay sin duda mucho fuego en sus batallas, pero ninguna invención, ningún plan que proporcione variedad a las descripciones, punto de confluencia de la unidad de propósito. Este poema es más salvaje que las naciones que lo inspiran. Hacia el fin de la obra, el autor, que es uno de los principales héroes del poema, emprende durante la noche una marcha larga y fastidiosa, seguido por algunos soldados y, para pasar el tiempo, inicia entre ellos una disputa que tiene por objeto a Virgilio; esencialmente el episodio de Dido. Alonso aprovecha esta ocasión para distraer a sus soldados con la muerte de Dido, tal como la tratan los antiguos historiadores y, con el fin de desmentir mejor a Virgilio, y restituir a la reina de Cartago su reputación, se divierte debatiendo sobre ello durante dos cantos enteros.

No es, por otra parte, un defecto menor de su poema, el de estar formado por treinta y seis cantos muy largos. Se puede suponer con razón de un autor que no sabe o no puede detenerse, que no es adecuado para desarrollar ese oficio. Tan gran número de defectos, no impidió al célebre Miguel de Cervantes, decir que Araucana puede ser comparado con los mejores poemas de Italia. El amor ciego a la patria le dictó sin duda este falso juicio al autor español. El patriotismo verdadero y sólido consiste en procurar el bien de la patria, y en contribuir a su libertad tanto como nos sea posible; pero discutir solamente sobre los autores de nuestra nación, jactarnos de contar entre nosotros con mejores poetas que nuestros vecinos, es más bien un amor propio necio que amor a nuestro país. PSdeJ tradujoVOLTAIRE, en Essai Sur la Poesie Epique, Don Alonso de Ercilla, Capítulo VIII. Tomo 10. 1834

 

Advertencia de Beuchot, traducida del francés por Pedro Sevylla

“Este ensayo sobre la Poesía Épica, de la que el ensayo sobre las Guerras Civiles debía formar parte, fue compuesto por Voltaire para servir de introducción a su Henriade. El autor lo escribió y lo dio a la imprenta en inglés, se lo mandó traducir al francés al abad Desfontaines, quien cometió un buen número de erratas; de las que Voltaire se quejó en repetidas ocasiones.

El abad Desfontaines pretendió no ser el autor de la traducción, pues se la atribuía al conde de Plélo; llegando a decir que Voltaire no escribió su libro en inglés, sino en francés; y que después de haberlo traducido al inglés, se lo dio a corregir a su maestro de inglés. Voltaire no dejó sin réplica esas afirmaciones, que eran tardías, porque, en 1732, la traducción del ensayo, con el nombre del abad Desfontaines había sido imprimida después de la Henriade. La traducción del ensayo se imprimió en París con esta advertencia, también traducida del inglés”. PSdeJ   Adrien-Jean-Quentin Beuchot, Entre 1828 y 1840 reeditó las obras completas de Voltaire.

 

 

 

Carlos Ruiz-Tagle en1984 escribe:

Si tuviéramos que señalar cuáles son los valores principales de la Araucana, el primero es algo insólito: el amor y la admiración de un español de la época de la Conquista, por sus enemigos, los araucanos. Además habría que agregar varios otros. La fiereza del hombre y de la mujer aborígenes, la descripción fluida, enamorada, de Chile, la visión de los españoles contemplados por ojo araucano. Esta última facultad, la de ponerse en el punto de vista del otro, es excepcional y característica de Alonso de Ercilla.

Historia y Geografía se amalgaman en este poema que es el orgullo y la gloria de una raza. He aquí a un español que toma su pluma y escribe:

Es Chile Norte Sur de gran longura,
costa del nuevo mar, del Sur llamado,
tendrá del este al oeste de angostura
cien millas, por lo más ancho tomado,
bajo del Polo Antártico en altura
de veintisiete grados, prolongado
hasta do el mar Océano y chileno
mezcla sus aguas por angosto seno.

 

 

 

Documentos

(Vistos en la Web de Cervantes Virtual, la más completa y fidedigna que encontré en relación con Alonso de Ercilla y la Araucana).

XXV. Carta de Ercilla a Felipe II, en la que le da noticias de su persona y servicios, de que acompaña información, y en solicitud de que se le haga merced de un repartimiento de indios en el Perú. Los Reyes, 31 de octubre de 1559

S. C. R. M. -Desde Chile escribí a V. M. haciéndole saber el suceso de aquella tierra lo más verdaderamente que supe hasta aquel punto: después acá ha habido tantas mudanzas como V. M. habrá sabido. Yo, después de haber servido en la pacificación e allanamiento de aquella tierra, me hallé en descubrir otras muchas provincias, trayéndolas al servicio de V. M., y viendo que no había más en qué servir allí, me vine a servir a esta tierra del Perú, donde ahora estoy pasando gran necesidad y vergüenza, por haber quedado muy gastado y empeñado de la jornada de Chile; no tengo otro remedio sino que el que V. M. de allá me diere, porque el Virrey no me ha querido dar ninguno: a V. M. suplico, que mirando a lo que mis padres sirvieron a V. M. y a que yo me crié en casa de V. M. y a lo que he servido y gastado en esta tierra, como V. M. verá por esa probanza, que me haga merced de un repartimiento aquí en el Perú conforme a criado de V. M., pues hay muchos vacos, y que sea de seis mill pesos arriba, porque con menos no se puede pasar por la caristía de la tierra; pues es servicio de V. M. que tengan algún lustre en este reino los que le están tan obligados a servir como yo. Nuestro Señor la S. C. R. persona de V. M. guarde con mayor acrecentamiento de reinos y señoríos, como los vasallos y criados de V. M. deseamos. De los Reyes, postrero de otubre de 1559 años. -S. C. R. M. -Criado de V. M. que sus reales pies besa. -DON ALONSO DE ARCILLA Y ÇÚÑIGA. Archivo de Indias, en las vitrinas y reproducida en facsímil en el texto de esta obra.

XXVIII. Real cédula dirigida al Gobernador de Chile para que dé a don Alonso de Ercilla alguno de los repartimientos de indios que hubiere vacos, que sea conforme a la calidad de su persona y servicios. Toledo, 23 de diciembre de 1560

El Rey a Nuestro Gobernador que es o fuere de la provincia de Chile. Por parte de Alonso de Ercilla, nuestro criado, me ha sido hecha relación que con licencia y buena gracia nuestra, habiéndonos servido de paje, él pasó a esa tierra en compañía del adelantado Alderete, donde nos ha servido con sus armas y caballos como bueno y fiel criado nuestro, de lo cual hasta agora él no ha sido remunerado, a cuya causa y por haber gastado en nuestro servicio toda su hacienda, estaba muy adeudado y padecía necesidad, como dixo nos constaba por cierta información de que ante Nos en el nuestro Consejo de las Indias por su parte fue presentada, suplicándome le mandase dar en esa tierra un repartimiento de indios que valiese y rentase seis mill pesos de oro en cada un año para con que se pudiese sustentar y nos servir mejor, o como la mi merced fuese: lo cual visto por los del nuestro Consejo, juntamente con la dicha información que de suso se hace mención, fue acordado que debía mandar dar esta mi cédula para vos, e yo túvelo por bien; por ende, yo vos mando que veáis lo susodicho y en los repartimientos de indios que en esa provincia estuvieren vacos o vacaren de aquí adelante deis al dicho don Alonso de Ercilla de comer conforme a la calidad de su persona y servicios, que en ello me serviréis. De Toledo, a 23 días del mes de diciembre de 1560 años. -YO EL REY. -Refrendada de Eraso, señalada de don Juan Sarmiento, Vázquez, Castro, Jaraba, don Gómez Zapata. Archivo de Indias, 128-4-6.

XXXVI. Poder de don Fabrique de Portugal a Francisco Xofre, su mayordomo, para que se obligase a pagar a don Alonso de Ercilla, como heredero de su hermana doña María Magdalena de Zúñiga, las camas de madera y cortinas de terciopelo que había comprado en la almoneda de los bienes de esta señora. 17 de junio de 1566

Sepan cuantos esta carta de poder vieren, cómo yo don Fadrique de Portugal, caballerizo mayor de la reina Doña Isabel, nuestra señora, caballero de la Orden de Santiago, andante en corte de Su Majestad, otorgo y conozco por esta carta que doy e otorgo todo mi poder cumplido, libre y llenero y bastante, según yo le tengo y de derecho se requiere y más puede y debe valer, con libre y general administración, a vos Francisco Xofre, mi mayordomo, estante en la villa de Madrid, questáis ausente, como si fuésedes presente, especialmente para que por mí y en mi nombre y como yo mismo, representando mi persona propia, me podáis obligar y obliguéis de dar e pagar e que daré e pagaré a don Alonso de Hercilla, como heredero ques de doña María Madalena de Zúñiga, su hermana y mi mujer, difunta, la cantidad de maravedís que montaron las camas de madera que yo compré de la almoneda de los bienes de la dicha mi mujer, con cortinas y cielos de terciopelo carmesí y de brocado, según están concertadas e igualadas en la dicha almoneda; y por los dichos maravedís que montaron las dichas camas, me podáis obligar y obliguéis en favor del dicho don Alonso a lo pagar a los plazos y según y de la manera que vos quisiéredes y con el dicho don Alonso os concertáredes, y recibir y tomar las dichas camas, y sobre lo susodicho, por ante cualquier escribano, podáis hacer y otorgar escritura de obligación, obligándome a la paga de lo susodicho; con todas las fuerzas, vínculos y firmezas, sumisiones, obligaciones, poderíos de justicias que para su validación se requieren…(Siguen las cláusulas del derecho).

En testimonio de lo cual, otorgué esta carta ante el presente escribano y testigos de yuso escriptos, que fue fecha y otorgada en la Casa Real del Bosque de Balsabín de Su Majestad, a diez y siete días del mes de junio de mill e quinientos y sesenta y seis años. Testigos que estaban presentes: Fernando de Zamora, alguacil de corte, e Diego de Alderete e de Diego de Llano, estantes en el Bosque, y el otorgante lo firmó de su nombre. -Don Fadrique de Portugal. -Juan de Ocio Salazar. (Incorporada en el protocolo del escribano Cristóbal de Riaño).

XXXVII. Poder general para pleitear, otorgado por don Alonso de Ercilla a dos procuradores de la Audiencia Real de Valladolid. 7 de noviembre de 1566

Sepan cuantos esta carta de poder vieren, cómo yo don Alonso de Arzilla, residente en la corte de Su Majestad, otorgo y conozco que doy e otorgo todo mi poder complido, bastante, segund que lo yo tengo y de derecho más puede y debe valer, a vos Bartolomé González y Gaspar de Balcárcel, procuradores de la Audiencia Real y Chancillería que reside en la villa de Valladolid, y Jerónimo de Caraveo, residente en ella, y a cada uno y cualquier de vos y a la persona o personas que cualquier de vos sostituyéredes, generalmente para en todos mis pleitos y causas, movidos y por mover, demandando y defendiendo, que tengo y espero tener con cualesquier personas o ellas contra mí, y para que sobre lo que dicho es y cualquier cosa dello podáis parecer ante cualesquier justicias e jueces… (Siguen las cláusulas ordinarias del derecho).

Que fue fecha e otorgada en la villa de Madrid, a siete días del mes de noviembre, año mill y quinientos y sesenta y seis años. Testigos que fueron presentes: Inocencio de Mendoza y Alonso de Riaño, vecinos de la dicha villa de Madrid, y Juan de Texeda, criado del dicho otorgante, el cual lo firmó en el registro de su nombre. -DON ALONSO DE ARCILLA. -Pasó ante mí. -Riaño, escribano.(Carece de foliación el libro).

 

 

 

XXXVIII. Escritura de obligación por la cual don Alonso de Ercilla se constituye deudor de Miguel de Reliex de 794 reales, valor de una cadena de oro que le ha comprado. 19 de junio de 1566

Sepan cuantos esta carta de obligación vieren, cómo yo don Alonso de Erzilla y Zúñiga, criado de Su Majestad, residente en la Corte de Su Majestad, otorgo e conozco que debo e me obligo de dar e pagar a vos Miguel de Reliex, estante en la dicha Corte, y a quien vuestro poder hobiere y por vos lo hobiere de haber y de recaudar, setecientos y noventa y cuatro reales de plata castellanos, los cuales son por razón e de precio de una cadena de oro, que de vos compré e recibo, que pesó de oro setecientos y veinte y ocho reales, y de la hechura della sesenta y seis reales, que montan los dichos setecientos y noventa y cuatro reales; de la cual dicha cadena me otorgo por entregado a mi voluntad, e porque la entrega della de presente no parece, renuncio las leyes y excepción del derecho e del dolo y engaño y otro remedio que me competa, y por esta causa me obligo de vos pagar los dichos setecientos e noventa e cuatro reales en reales de contado, de hoy día de la fecha desta escriptura en un mes cumplido primero siguiente: a lo cual me obligo so pena de lo pagar con el doblo e costas, y para la paga e cumplimiento dello obligo mi persona y bienes muebles, y raíces, habidos y por haber, e doy poder cumplido a cualesquier jueces de Su Majestad ante quien esta carta pareciere, a cuya juridición me someto e renuncio mi propio fuero, juridición y domicilio y la ley si convenerit de jurisditione omnium judicum para que por todo rigor de derecho me apremien a lo cumplir y pagar como si a ello fuese condenado por sentencia difinitiva de juez competente por mí consentida e pasada en cosa juzgada, sobre lo cual renuncio todas las leyes, fueros e derechos, plazos y términos que sean en mi favor, ferias e mercados francos, dolo y engaño y otro cualquier remedio que me competa, en general e cada cosa en especial, y la ley que dice que general renunciación non valga: que fue fecha y otorgada en la villa de Madrid, a diez e nueve días del mes de junio de mill y quinientos y sesenta y seis años. Testigos que fueron presentes: Jerónimo de Riaño e Alonso Diez e Inocencio de Mendoza, vecinos della villa de Madrid, e lo firmó en el registro de su nombre. -DON ALONSO DE ERÇILLA. -Pasó ante mí. -Riaño, escribano.

 

 

 

I. Primeros años de Ercilla

Padres y abuelos de Ercilla.- Su origen vizcaíno.- Algunos le hacen natural de Bermeo.- Su nacimiento en Madrid.- Queda huérfano de padre cuando contaba poco más de un año.- Precaria situación de fortuna en que se ve su familia.- Pasa su niñez en Nájera y Bobadilla.- Aprende allí las primeras letras.- Su madre entra de guardadamas de doña María, infanta de España, y él de paje del príncipe don Felipe.- El preceptor de Ercilla.

Don Alonso de Ercilla y Zúñiga nos ha dejado, de su puño y letra, la noticia de sus ascendientes en las siguientes líneas, que preceden a la información genealógica que se tomó para armarle caballero: «Mi padre se llama el doctor Fortunio García de Ercilla, y el padre de mi padre Martín Ruiz de Ercilla; y la madre de mi padre doña María Fernández de Ermendurúa; eran todos naturales de la villa de Bermeo, cabeza de Vizcaya».«Mi madre se llama doña Leonor de Zúñiga, y el padre de mi madre Alonso de Zúñiga, y la madre doña Catalina de Zamudio: hase de hacer su probanza en Nájera, porque mi agüela era de allí y mi agüelo nasció allí»

En cuanto al lugar de su propio nacimiento no dice una palabra. En La Araucana había de consagrar después recuerdo cariñoso a la patria de sus abuelos, cuando supone que el mágico Fitón le muestra en aquella «poma» maravillosa diseñado el mundo entero, con el legítimo orgullo que sentía al hablar de la antigüedad y nobleza de su propia casa. Ese su origen vizcaíno era el que ocurría a su memoria, cuando en tierras lejanas de las que vio, la luz pasaban ante su vista las de todo el orbe, y quería permanecer ligado a él, aunque otras circunstancias le hubieran hecho nacer fuera de aquel rincón, que era el que su corazón amaba…

Tal sería, según es de creer, el antecedente que algunos escritores de antaño, y aún de ogaño, tuvieron en vista para afirmar que Ercilla había nacido en Bermeo, ni falta testigo qué en las pruebas para armarle caballero de Santiago, categóricamente exprese, bajo de juramento, allí en Bermeo, que fue «natural y vecino» de ese pueblo. Existe, todavía, un documento que, en su fondo, pudiera parecer emanado del mismo Ercilla, cual es, su licencia para pasar a Indias, en que se le declara natural de Valladolid. La verdad es que había sido bautizado en Madrid el 11 de agosto de 1533, y que, según el testimonio de quien estaba perfectamente informado de cuanto tocaba a su familia, su nacimiento se verificó allí el día 7 de aquel mes.

 

 

 

Estaban sus padres radicados en esa ciudad desde hacía entonces cinco años, él venía al mundo después de otros cinco hermanos, dos varones y tres mujeres. Fortún García ocupaba una alta posición como miembro del Real Consejo, y por su profesión de magistrado, no es de extrañar que veamos apadrinando a su hijo en el bautismo a los licenciados Soto y Monzón, y a un hijo o sobrino, probablemente, de este último. Por uno de esos cambios de residencia, que eran entonces tan frecuentes en, la Corte, el padre de Ercilla hubo de trasladarse bien pronto, seguramente también con su familia, a Valladolid, y con motivo de la peste que afligió a esa ciudad, hasta Dueñas, en Palencia; donde falleció en uno de los primeros días de septiembre de 1534.

El menor de sus hijos iba, así, a quedar huérfano cuando contaba apenas un año y unos cuantos días. Su orfandad en tales circunstancias era un acontecimiento que había por fuerza de influir grandemente en la vida de Ercilla, dejando huellas tan profundas por sus consecuencias en su espíritu, que años más tarde; cuando pudo apreciarlo en toda la importancia que revestía, no podía menos de recordarlo al propio monarca en la dedicatoria que le hacia de la Primera Parte de su obra.

La muerte de García de Ercilla era, en efecto, una gran pérdida para su familia. Le faltaba cuando frisaba apenas en los cuarenta de su edad; cuando se veía prestigiado por una aureola de honradez intachable, y su nombre corría en alas de la voladora fama como autor de obras de su profesión estimadísimas; cuando por su persona disfrutaba de la más amplia confianza del Emperador, y cuando, finalmente, su situación de fortuna distaba mucho de ser holgada y se veía ella comprometida en una negociación de graves proyecciones, que no tardarían en producirse.

Su viuda pudo atender a los gastos del funeral con el libramiento de los caídos de su sueldo, que se le firmó al día siguiente de su fallecimiento; pero le quedaban seis hijos, a cuya crianza y educación era necesario atender, y para ello sólo contaba con la pequeña herencia materna y con lo que le podía producir el señorío de la villa de Bobadilla, que García de Ercilla había adquirido de su suegra y del marido de ésta, pero que había de perder en 1545, después de largos y engorrosos pleitos, para los que no pudo contar con los fondos necesarios y, lo que era más importante, con la asistencia de su marido, que habría sabido bien defenderlos, como observaba Garibay. Fue esa una merma importantísima para su fortuna. La casa solariega de la familia en Bermeo había quedado vinculada, según todas probabilidades, en el hermano mayor de Fortún y sus descendientes.

Sería imposible decir con exactitud los recursos de que hubo de echar mano en los primeros tiempos de su viudez para atenderá las necesidades de su familia. Probablemente se retiraría al que había sido el hogar de sus padres, o a Nájera, cuyo señor, el Duque de ese título, magnate poderoso, había sido grande amigo de su marido. Tal sería la ocasión también en que Ercilla habitara Bobadilla. A su hijo mayor don Francisco, no sabemos a qué le destinara, pero sí consta que falleció en Madrid en el mismo año en que perdía su pleito del señorío de aquella villa; al otro varón debió de ponerle en algún seminario, puesto que consta que siguió la carrera del sacerdocio.

Conservó a su lado a sus tres hijas y al menor de los varones, Alonso, a quien, por tal circunstancia, como suele verse con tanta frecuencia, amaba entrañablemente, siendo de él correspondido con no menor afecto. A su lado aprendió las primeras letras y algo de latín, idioma que debió de enseñarle algún preceptor,-probablemente el cura de su pueblo o alguno de los de Nájera,- y que más tarde hubo de perfeccionar al lado del que lo era de los pajes del príncipe don Felipe, según hemos de verlo.

Mientras tanto, merced, probablemente, a la consideración que Carlos V dispensó a Fortún García de Ercilla, ella había logrado entrar de guardadamas de doña María, infanta de España, cuando en mediados de 1548 se casó en Valladolid con Maximiliano, rey que fue de Hungría y de Bohemia y más tarde emperador, y colocar, por ésos mismos días, a su hijo menor en calidad de paje del príncipe con

Felipe, al tiempo que, reorganizada su casa al estilo de lo usado en la corte de Borgoña, y entregado el mando a su cuñado, estuvo en situación de ponerse en camino para Flandes, adonde le llamaba su padre. Ese suceso implicaba el reconocimiento explícito de su noble linaje, a la vez que le abría la carrera de la corte, brillantísima entonces, en la que tantos desencantos había de cosechar a la larga, y fijaba, asimismo, para durante toda su vida la devoción sin límites que demostraría hacia aquel su amo.

Por esos días acababa de cumplir los quince años y con razón pudo decirle en su Araucana que se había criado en su Casa. En tal puesto debió Ercilla de completar su aprendizaje, el cual, conforme, a las reglas que eran de uso entonces en la Corte, reunidos todos los pajes, se les dispensaba por un preceptor común. El de nuestro poeta se llamó Cristóbal Calvete de la Estrella, latinista eximio, humanista eruditísimo, cronista Real que fue, y cuyo nombre no se olvidó de recordar el poeta en La Araucana19.

 

 

 

II. La instrucción de Ercilla

Limitada instrucción de Ercilla.- Consecuencias que a tal respecto fluyen de LA ARAUCANA.- Referencias a la historia romana.- Sus lecturas de Virgilio, de Lucano y del Ariosto.- Las que hubo de hacer como examinador de libros.- Escaso número de volúmenes que componían su librería.- La ilustración de Ercilla procedió de sus largas peregrinaciones y del conocimiento de los hombres.

Y aquí se impone el averiguar cual fue la instrucción que Ercilla recibiera y alcanzara. Ya se comprende por lo dicho, que ella no pudo ser mucha, de tal modo que con perfecta razón, Saavedra Fajardo llegó a calificarle de inerudito, sin tratar, por eso, de apocarle, sino, por el contrario, para ponderar lo que, sin ella, logró realizar con su talento. El estudio de La Araucana prueba que sus lecturas clásicas debieron de ser bien pocas, tanto, que en la Primera Parte apenas si tropezamos con media docena de referencias mitológicas o de la historia romana. Las más frecuentes alusiones a los autores de la antigüedad se hallan en las partes restantes del poema y, especialmente, en el Canto XXI, cuando recuerda a las mujeres heroicas de aquella edad, entre ellas, a Penélope; e indican, nos parece, que ha sido a su regreso de América cuando pudo adelantar algo más su caudal literario.

Conocía, de seguro, a Virgilio, pues no necesitamos decir que en su episodio de Dido se propuso contradecir sus asertos, sin que ello implique, que lo leyera en su original latino, puesto que en España era ya en su tiempo muy popular la traducción de Hernández de Velasco, hecha en 1557. A Lucano debemos contar también entre los poetas latinos que Ercilla leyó, -ya lo prueba la factura misma de su poema,- y a esa creencia contribuye, si aquello no fuera bastante a demostrarlo, el que circulaba en castellano desde que Martín Laso de Oropesa daba a luz su traducción en 1541. Muestra también haber leído la Biblia, y tampoco le eran extrañas algunas nociones de filosofía natural, en la cual se comprendía en aquellos tiempos la astrología y la astronomía, de que se hallan no pocas reminiscencias en su poema, como cuando pinta el saber del mago Fitón y describe los diversos aspectos de los astros al señalar ciertas fechas.

De los autores italianos apenas parece necesario recordar que se sabía de memoria al Ariosto, que Urrea había hecho vulgarísimo en su versión poética, la cual aparecida en 1549, alcanzó no menos de cuatro ediciones antes de que Ercilla diera a luz la Primera Parte de su Araucana. Es indudable que tuvo noticia del Infierno del Dante, que don Pero Fernández de Villegas había dado a conocer en castellano en 1515, y del Laberinto de amor de Bocaccio, con el cual hizo otro tanto luego López de Ayala, en 1546; y La Arcadia de Sannazzaro, que se conocía en España desde 1547, y, seguramente, del Petrarca, si bien sólo hallamos huellas de su lectura de tales obras.
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De las poéticas de españoles, le eran familiares las de Garcilaso, a quien celebraba como se merece, y es de suponer que también, para no citar otras, La Carolea de Jerónimo Sempere y el Carlo Famoso de don Luis Zapata, poemas que, como La Araucana, y antes que ella, aspiraban a la nota de históricos. Esto por lo que toca a sus conocimientos anteriores a la publicación de la Primera Parte, que después, ya en vida de más reposo y de asiento en Madrid y por virtud de los frecuentes encargos que el Consejo le hizo para que examinara los libros que ante él se presentaban para su impresión, podemos seguir paso a paso sus lecturas. Sería importantísimo, a este respecto, conocer cuales eran las obras que el poeta guardaba en su biblioteca, cosa que no es posible por haberse perdido ese inventario; pero sí sabemos que no alcanzaban a un centenar, lo que la hacía muy inferior en número a las que atesoraban otros vates españoles, por ejemplo, la de Luis Barahona de Soto, que contaba, viviendo allá en un rincón de Andalucía, no menos de cuatro veces más, e inferior aún a la del Ingenioso Hidalgo, que en una aldea del corazón de la Mancha guardaba en ella sus cien cuerpos de libros.

Empero, los conocimientos de Ercilla no debemos buscarlos en el orden científico o literario. Acaso fue, un beneficio para su obra esa falta de educación clásica, de que otros autores, a fuerza de querer mostrarla, cayeron en la pedantería, de la que él había de librase por completo: ellos hemos de encontrarlos en el resultado que para el cultivo de su espíritu le produjeron los viajes, tenidos entonces por tan dilatados, que su encomiador Mosquera de Figueroa los anteponía a los de Alejandro el Grande y Magallanes y al de Juan Sebastián del Cano, que, había con él dado la vuelta al mundo. En primer término, pues, sus conocimientos geográficos, a cuyo despliegue no supo resistir cuando Fitón le mostraba el orbe de la tierra, pero que eran un grato recuerdo para su memoria de viajero cuando se veía ya en el sosiego de su casa.

En vísperas de dar por concluidos sus cantos en aquella especie de testamento poético conque parece despedirse del mundo, presintiendo no lejano el fin de sus días, volvía a hablar de sus peregrinaciones, sin olvidar todavía en tales momentos, como verdadera obsesión que hasta allí le perseguía y se había cernido sobre todos los accidentes de su vida, ese su afán de consagrarse por entero al servicio de aquel monarca omnipotente, al que había entrado en los primeros albores de su juventud. Así se explican las repetidas muestras que nos da en su obra de los conocimientos náuticos que llegó a adquirir en sus largos viajes por mar, que fueron, por lo demás, tan corrientes en los escritores de su tiempo, y de que, a veces, por ostentarlos, cayeron en la pesadez.

¡Cuántas cosas aprendió en esas peregrinaciones! ¡Cuántas que parecían mentiras al referirlas y que, sin embargo, eran ciertas! Y si a esto se agrega que estaba dotado de un espíritu observador y que continuamente le labraba el deseo de inquirir, ya se comprenderá que las enseñanzas que en ellas había de hallar no iban a caer en terreno que no estuviese bien preparado para aprovecharlas. Pero en ellas, con preferencia al estudio de las cosas, que podía encontrarse en los libros, halló el conocimiento de los hombres, que era más importante en la vida, vertiéndolo y comunicándolo en sentencias adornadas del ropaje de la poesía, en forma tan suave como sana en su alcance, propia de su alma honrada y candorosa. (Web: Cervantes Virtual)

 

Vista parcial del Gran Santiago, ciudad fundada en 1541 por Pedro de Valdivia