Andrés Bello

Contenido: Andrés Bello. Introducción. Mi poema Diluvio traduzido. Traducción de la Silva a la “Agricultura de la zona Tórrida”, de Bello. Prólogo de Bello a su Gramática. Apunte biográfico de Andrés Bello escrito por Pedro Grases Fragmento de un ensayo de Sonia Maria da Silva Araujo. Videos

Andrés Bello tiene dos efigies honoríficas en Madrid; una estatua y un monumento. Hecho insólito, dado que Alonso de Ercilla, nacido en la ciudad, no tiene más que una plaquita en la iglesia en que fue bautizado. Ojalá pruebe ese hecho, en el caso de Bello, el reconocimiento oficial hacia su Obra Ingente.
La estatua de Andrés Bello situada en la Real Academia Española, obra de Juan Abascal muestra a un Bello itinerante, avanzando con la Naturaleza. Así veo yo a este Gran Hombre, como un Gran Hombre que va. Tuvo oportunidades vitales, pero las tuvo porque iba, porque avanzaba, porque llegaba allí donde la oportunidad estaba o surgía por sí misma o impulsada por él. Tuvo la visión más amplia de lo hispano que he conocido, y dio los pasos más largos, abarcando sus brazos lo grande, formado por la suma de lo pequeño que atendían sus dedos.

Estatua de Andrés Bello en la Real Academia Española, obra de Juan Abascal

 

 

Vivía yo en Madrid cuando se erigió el monumento a Andrés Bello en la Dehesa de la Villa, un parque natural, resto de las tierras entregadas a la ciudad en el siglo doce por Alfonso VII, monte bajo de encinas y pasto de cabras y ovejas. Tras diversas vicisitudes, que redujeron considerablemente la extensión mientras se iban perdiendo las encinas, a finales del siglo XIX se plantaron diez mil árboles, pino negral en su mayoría; en 1929 se edificó en ese espacio la Ciudad Universitaria, y en 1972, día 26 de abril se inauguró el citado monumento a Don Andrés Bello, erigido en una colina y donado por Venezuela. Asistieron las autoridades civiles, diplomáticas y culturales a la ceremonia, continuidad de las fiestas celebradas durante esa semana con ocasión del Día del Idioma. Día dedicado especialmente a don Andrés Bello, de quien se organizó una exposición bibliográfica e iconográfica en la Biblioteca Nacional. Entre las muchas personalidades asistentes a los actos estaba Pedro Grases, secretario, a la sazón, de la Comisión Editora de las Obras Completas de Bello. Nacido Grases en Cataluña, marchó a América por la Guerra Civil y había adquirido la nacionalidad venezolana; haciéndose, por medio de sus muchos trabajos de investigación, un gran conocedor y admirador de la persona y de la obra de Bello. La numerosa delegación de Venezuela traía condecoraciones para personalidades españolas, tales como Dámaso Alonso, director de la Real Academia; y Gregorio Marañón Moya, director del Instituto de Cultura Hispánica, hijo del eminente escritor y prestigioso médico. Vivía yo en Madrid en aquel tiempo, y estuve al tanto de los fastos organizados. Viene a cuento el detalle, para destacar lo hispano del Gran Hispanoamericano llamado Andrés Bello.

 

 

 

 Monumento a Andrés Bello en la Dehesa de la Villa

 

El venezolano Andrés Bello no es de un solo lugar, es de todos los que conforman su obra: pensamiento y acción; y la obra de Bello es gigantesca, ciclópea: obra de un hombre formado por diferentes personas, especialistas ellas en áreas distintas, porque Bello no dejó terreno ni aspecto del Nuevo Continente, sin analizar para hacer o rehacer. Y todo ello partiendo de España, una España que conocía de la raíz a la rama más alta.
De esa España de contrastes, de su guerra del 1936 iniciada como golpe de Estado, partieron muchos intelectuales, llevando poco más que su intelecto a las acogedoras tierras americanas. Así que, por causa tan dolorosa, se enriqueció América de pensamiento, empobreciéndose España, también en pensamiento, en la misma medida.

Diluvio en la reseca tierra del hambre
Poema de Pedro Sevylla de Juana

Con una pluma de cálamo partido,
el hombre desguarnecido se defiende,
polvo en agua desleído,
tinta viscosa surgida de su frente.

Es una pluma solamente
y la blanca superficie del papel
en flecha, en daga la convierte;
la palabra que perfilo es un ciprés
lanzado contra el cielo inexpugnable e inclemente,
para desaguar, haz y envés,
sus rebosantes recipientes.

Van siendo las seis y el campamento
-levantado en el seco álveo de un torrente dormido-
en círculos de piedra aviva el fuego,
y con la tranquilidad de quien ignora los peligros,
apura faenas diferidas por el breve asueto
o desata recuerdos de los tiempos idos.

Planchas de hojalata forman techos y paredes,
cascotes de algún derribo, tablas rotas,
frágil refugio destinado a expulsar a la intemperie.

El viento lo avisa con su silbo ralo,
un olor a crisantemo marchito
viene del Norte cargado de presagios:
se han callado los grillos
y los gorriones agitados
revolotean en círculo.

Recoge rayos el sol, envaina su soberbia,
retrocede y huye ante ejércitos de nubes
embutidas en armaduras prietas,
amazonas sobre corceles infernales
que hostigan una cólera densa.

Urgidas galopadas de las piernas,
la primera gota inaugura el desconcierto,
cauta avanzadilla de sus compañeras,
las que ocultan el sol fatuo e incierto
esperando instrucciones más concretas.

Llueve la negrura que aleja el horizonte de esperanza,
en los confines se confunden las líneas de llegada y de partida,
parpadeando resplandores se agita el dios de la borrasca
visos perversos que agigantan lejanías,
en una tarde de verano bien bastarda.

Presto el altar, la ofrenda desconoce los designios;
procesiones de nubes llegan al lugar de los hechos
siguiendo el orden inmutable del aviso.

Las temperaturas elevadas,
carentes de paciencia,
perforan la barrera de la exigua enramada;
los indómitos valles desdibujados centellean
y desde lo alto de las nubes altas
ordenadamente se dispone la tragedia.

Descubre el ojo torvo en solitaria cabalgada,
el temor oculto de los campos a las ingratas sementeras;
por doquier el mal augurio aguarda,
por doquier la herida se sincera,
por doquier la muerte presentida,
insospechada y, sin embargo, manifiesta.

Son millones las gotas
y una sola es vida en el desierto,
añadidura del mar no desbordado;
una gota no es peligro verdadero,
ni diez juntas, ni mil veces un vaso.

Con cuatro nubes enconadas se forma una tormenta,
tres tormentas caben en un valle,
son tres los valles convergentes, y más de treinta
las nubes que acumula la gran nube resultante.

Toneladas de agua va resoplando la galerna,
millones de metros cúbicos caídos de la altura,
una fortuna si se reparte en el lugar de la carencia:
tierra reseca y cuarteada, balbuciente agricultura,
fréjoles, tubérculos, centeno, avena
hierba agostada y mustia,
alimento que salva de la muerte cierta
protegiendo un tiempo breve de la hambruna.

Apedrean las nubes con oro la puna y la sabana,
cientos de millones de onzas caen en absorbente terreno,
mentido pasto para miles de vacas
que morirían en un ayuno nuevo.

¡Agua va!: exclama el cielo como en broma,
y la nube total, el universo entero, las líquidas esferas,
abren las compuertas y en menos de una hora
cae destructora el agua reunida por todos los planetas.

Los pies no encuentran suelo, se disuelve la tierra,
todo es líquido suelto y su fuerza de arrastre,
arrastra rodando las rodadas piedras.

Las ramas se desgajan de chopos y de encinas
se tronchan los tallos de las plantas,
el dios de la muerte exige un centenar de víctimas
y el dolor de las supervivencias desgarradas.

Hay familias abajo, personas de todas las edades,
borbotones de sensibilidad y de ternura,
mansos humanizados animales,
enseres, útiles de pesca, herramientas rústicas,
amor a la Naturaleza inmensurable.

Se vuelve contra el hombre el ajuar diario,
arrasa arrasado y es espada;
es martillo, es estaca, es mazo;
es hacha violenta, es hiriente navaja.

Resisten los valientes derrochado brío
y agonizan en intento vano de remediar el abandono
alentando a los muertos en los vivos
mientras huyen los cobardes y se salvan solos.

Trócase la tierra en pegajoso limo,
los leños y las piedras se hacen presa,
sujeción de mares bien nutridos;
y en un momento que la fatalidad desdeña,
suelta el incontenible contenido.

Exaltados relinchos de caballo
de las gargantas escapan fugitivos;
los bramidos de toro ensangrentado
y los desgarradores gritos
expresan la cicatriz del desengaño
y la crueldad del espejismo.

Es abrumadora la impotencia,
y tras el instante eterno que dura la congoja,
insultan los heridos a quien ha dictado la sentencia.

La muerte forma haces de cuerpos:
manos enlazadas a las manos,
brazos colgados de pescuezos,
cuellos pegados a los labios;
mordiendo los dientes el sensitivo nervio
del amor enamorado.

Troncos abiertos en canal se hacen cimientos,
y soportan el peso de los muros derribados,
de los precipitados techos.

Las astillas, incisivas como alfanjes,
y los árboles arrancados de la madre,
son armas para el descomunal gigante
que vomita el agua de los siete mares
sobre hormigas humanas insignificantes
acostumbradas al abuso de lo grande.

Cuando el cielo aclara su color y el temporal decrece,
ofreciendo evidencias quedan los despojos:
cabezas aplastadas por piedras inocentes,
extremidades presas bajo escombros,
vientres hinchados sobre desnutridos vientres,
cuerpos oprimidos rebozados en el lodo.

El lodo, el lodo, el lodo detenido;
el lodo desprende de su seno improvisado,
la expectativa de encontrar algún respiro
y el hedor de los restos putrefactos.

Los cadáveres preferidos por el agua,
son arrastrados río abajo,
hasta el delta que acoge en la ensenada,
el barro y la madera, los cantos rodados.

El amanecer amanece destruido:
la batalla despareja -sólo un bando-
ha dejado un esplendor corito,
cubierto por miembros descarnados,
de imposible retorno a los caminos.

En los morros verticales descubiertos
en el cauce yermo de las vacías torrenteras,
en los meandros de los ríos secos,
levantan los parias de la tierra,
sus pobres campamentos,
sus frágiles viviendas.

Y el cielo castiga
su extremada pobreza
y su osadía.

PSdeJ, Diversos lugares desde el año 2011

 

 

 

 

Dilúvio na resseca terra da fome
Poema e tradução Pedro Sevylla de Juana

Com uma pluma de cálamo partido,
o homem desguarnecido se defende,

pó em água diluído,
tinta viscosa surgida da sua frente.

É uma pluma somente
e a branca superfície do papel

em seta, em adaga a converte;
a palavra que perfilo é um cipreste
lançado contra o céu inexpugnável e inclemente,
para desaguar, face e envés,
seus transbordantes recipientes.

Vão sendo as seis e o acampamento
-levantado no álveo dum córrego dormido-
em círculos de pedra aviva o fogo,
e com a tranquilidade de quem ignora os perigos,
apressa lidas diferidas pelo breve ócio
ou desata lembranças dos tempos idos.

Pranchas de lata formam tetos e paredes,
entulhos de algum derrubo, tabelas rompidas,
frágil refúgio destinado a expulsar à intempérie.

O vento avisa-o com seu assobio ralo,
um cheiro a crisântemo seco
vem do Norte carregado de presságios:
calaram-se os grilos
e os pardais agitados
revolteiam em círculo.

Recolhe raios o sol, embainha sua soberba,
retrocede e foge ante exércitos de nuvens
embutidas em armaduras pretas,
amazonas sobre corcéis infernais
que revelam uma cólera densa.

Urgidas galopadas das pernas,
a primeira gota inaugura o desconcerto,
cauta avançada de suas companheiras,
as que ocultam o sol fátuo e incerto
esperando instruções mais concretas.

Chove a negrura que afasta o horizonte de esperança,
nos confines se confundem as linhas de chegada e de partida,
piscando resplendores se agita o deus da borrasca
visos perversos que agigantam lonjuras,
numa tarde de verão bem bastarda.

Presto o altar, a oferenda desconhece os desígnios;
procissões de nuvens chegam ao lugar dos factos
seguindo a ordem imutável do aviso.

As temperaturas elevadas,
carenciadas de paciência,
perfuram a barreira da exígua enramada;
os indómitos vales desfocados centelham
e desde o alto das nuvens altas
ordenadamente se dispõe a tragédia.

Descobre o olho torvo em solitária cavalgada,
o temor oculto dos campos às ingratas sementeiras;
por todos os lados o mau augúrio aguarda,
por todos os lados a ferida se sincera,
por todos os lados a morte pressentida,
insuspeitada e, no entanto, manifesta.

São milhões as gotas
e uma sozinha é vida no deserto,
adição do mar não desbordado;
uma gota não é perigo verdadeiro,
nem dez juntas, nem mil vezes um copo.

Com quatro nuvens irritadas forma-se uma tormenta,
três tormentas cabem num vale,
são três os vales convergentes, e mais de trinta
as nuvens que acumula a grande nuvem resultante.

Toneladas de água vai ressoprando a galerna,
milhões de metros cúbicos desprendidos da altura,
uma fortuna se cai no lugar da carência:
terra resseca e esquartejada, balbuciante agricultura,
feijões, tubérculos, centeio, aveia
erva agostada e murcha,
alimento que salva da morte verdadeira
protegendo da fome uma temporada curta.

Apedrejam as nuvens com ouro a puna e a savana,
centos de milhões de onças caem em absorvente terreno,
mentido pasto para milhares de vacas
que morreriam num jejum novo.

Água vai!: exclama o céu como em broma,
e a nuvem total, o universo inteiro, as líquidas esferas,
abrem as comportas e em menos duma hora
cai destruidora a água reunida por todos os planetas.

Os pés não encontram solo, se dissolve a terra,
tudo é líquido solto e sua força de arraste,
arrasta rodando as rodadas pedras.

Os ramos se desgalham de choupos e aroeiras
se troncham os caules das plantas,
o deus da morte exige uma centena de vítimas
e a dor das sobrevivências rasgadas.

Há famílias abaixo, pessoas de todas as idades,
borbotões de sensibilidade e de ternura,
mansos humanizados animais,
utensílios, úteis de pesca, ferramentas rústicas,
amor à Natureza imensurável.

Se volta contra o homem o enxoval diário,
arrasa arrasado e é espada;
é martelo, é estaca, é maço;
é machado violento, é ferina navalha.

Resistem os valentes esbanjando brios
e agonizam em tentativa vã de remediar o abandono
alentando aos mortos nos vivos
enquanto fogem os covardes e se salvam sós.

Se troca a terra em pegajoso limo,
as lenhas e as pedras se fazem presa,
fixação de mares bem nutridos;
e num momento que a fatalidade desdenha,
solta o desbordante conteúdo.

Exaltados relinchos de cavalo
das gargantas escapam fugitivos;
os bramidos de touro ensanguentado
e os desgarradores gritos
expressam a cicatriz do desengano
e a crueldade da miragem no infinito.

É angustiosa a impotência,
e depois do instante eterno que dura a agonia,
insultam os feridos a quem tem ditado a sentença.

A morte forma feixes de corpos:
mãos enlaçadas às mãos,
braços colgados dos pescoços,
pescoços pegados aos lábios;
mordendo os dentes o sensitivo nervo
do amor apaixonado.

Se fazem alicerces os troncos em canal abertos,
suportando o peso dos muros derrubados,
dos precipitados tetos.

As lascas, incisivas como alfanjes,
e as árvores arrancadas da mãe,
são armas para o descomunal gigante
que vomita o água dos sete mares
sobre formigas humanas insignificantes
acostumadas ao abuso do grande.

Quando o céu aclara sua cor e o temporal decresce,
oferecendo evidências ficam os despojos:
cabeças aplastadas por pedras inocentes,
extremidades presas baixo escombros,
ventres inchados sobre desnutridos ventres,
corpos oprimidos cobertos de lodo.
O lodo, o lodo, o lodo detido;
o lodo desprende de seu seio improvisado,
a expectativa de encontrar algum respiro
e o fedor dos restos putrefatos.

Os cadáveres preferidos pela água,
são arrastados rio abaixo,
até o delta que acolhe na enseada,
o varro e a madeira, os cantos rodados.

O amanhecer amanhece destruído:
a batalha desigual -só um bando-
tem deixado um esplendor despido,
coberto por membros descarnados,
de impossível volta aos caminhos.

Nos morros verticais descobertos
no leito ermo das madres secas,
nos meandros dos rios cegos,
levantam os parias da terra,
seus pobres acampamentos,
suas frágeis tendas.

E o céu castiga
sua extremada pobreza
e a sua ousadia.

PSdeJ, Diversos lugares desde o ano 2011

Se ha establecido un paralelismo entre Andrés Bello y Marcelino Menéndez Pelayo; que yo veo limitado a la capacidad, porque no lo fue en la acción. Menéndez Pelayo destaca la labor filológica de Andrés Bello, la repercusión cultural y educativa, la influencia de Horacio en alguno de los poemas: algo constatable en la Silva a La Agricultura de la Zona Tórrida. Producto de la larga y profunda correspondencia con autores hispanoamericanos, Don Marcelino adquiere un profundo conocimiento de lo que en América ocurre poéticamente, considerando que lo de un lado y otro del Océano es una misma literatura. En “Historia de la poesía hispanoamericana” en el espacio correspondiente a Venezuela, dedica treinta y tantas páginas a Andrés Bello, destacando su convencimiento católico conservador de los últimos tiempos, y la importancia de la Silva a “La agricultura en la zona tórrida” y “Alocución a la Poesía”, que le convierten en “poeta perfecto, dentro de su género y escuela”. Ambos se amamantaron en los clásicos, fueron tradicionalistas y educadores y críticos; coincidencias que alimentan la idea de paralelismo.

 

 

El cultivo del Cacao

 

 

 

Silva a “La agricultura de la Zona Tórrida”
Poema de Andrés Bello

¡Salve, fecunda zona,
Que al sol enamorado circunscribes
El vago curso, y cuanto ser se anima
En cada vario clima,
Acariciada de su luz, concibes!
Tú tejes al verano su guirnalda
De granadas espigas; tú la uva
Das a la hirviente cuba:
No de purpúrea flor, o roja, o gualda
A tus florestas bellas
Falta matiz alguno; y bebe en ellas
Aromas mil el viento;
Y greyes van sin cuento
Paciendo tu verdura, desde el llano
Que tiene por lindero el horizonte,
Hasta el erguido monte,
De inaccesible nieve siempre cano.

Tú das la caña hermosa,
De do la miel se acendra,
Por quien desdeña el mundo los panales:
Tú en urnas de coral cuajas la almendra
Que en la espumante jícara rebosa:
Bulle carmín viviente en tus nopales,
Que afrenta fuera al múrice de Tiro;
Y de tu añil la tinta generosa
Émula es de la lumbre del zafiro;
El vino es tuyo, que la herida agave
Para los hijos vierte
Del Anáhuac feliz; y la hoja es tuya
Que cuando de süave
Humo en espiras vagorosas huya,
Solazará el fastidio al ocio inerte.
Tú vistes de jazmines
El arbusto sabeo,
Y el perfume le das que en los festines
La fiebre insana templará a Lico.
Para tus hijos la procera palma
Su vario feudo cría,
Y el ananás sazona su ambrosía:
Su blanco pan la yuca,
Sus rubias pomas la patata educa,
Y el algodón despliega al aura leve
Las rosas de oro y el vellón de nieve.
Tendida para ti la fresca parcha
En enramadas de verdor lozano,
Cuelga de sus sarmientos trepadores
Nectáreos globos y franjadas flores;
Y para ti el maíz, jefe altanero
De la espigada tribu, hinche su grano;
Y para ti el banano
Desmaya al peso de su dulce carga;
El banano, primero
De cuantos concedió bellos presentes
Providencia a las gentes
Del Ecuador feliz con mano larga.
No ya de humanas artes obligado
El premio rinde opimo:
No es a la podadera, no al arado
Deudor de su racimo;
Escasa industria bástale, cual puede
Hurtar a sus fatigas mano esclava:
Crece veloz, y cuando exhausto acaba,
Adulta prole en torno le sucede.

Mas ¡oh! si cual no cede
El tuyo, fértil zona, a suelo alguno,
Y como de natura esmero ha sido,
De tu indolente habitador lo fuera.
¡Oh! ¡Si al falaz rüido
La dicha al fin supiese verdadera
Anteponer, que del umbral le llama
Del labrador sencillo,
Lejos del necio y vano
Fausto, el mentido brillo,
El ocio pestilente ciudadano.
¿Por qué ilusión funesta
Aquellos que fortuna hizo señores
De tan dichosa tierra y pingüe y varia,
Al cuidado abandonan
Y a la fe mercenaria
Las patrias heredades,
Y en el ciego tumulto se aprisionan
De míseras ciudades,
Do la ambición proterva
Sopla la llama de civiles bandos,
O al patriotismo la desidia enerva;
Do el lujo las costumbres atosiga,
Y combaten los vicios
La incauta edad en poderosa liga?
No allí con varoniles ejercicios
Se endurece el mancebo a la fatiga;
Mas la salud estraga en el abrazo
De pérfida hermosura,
Que pone en almoneda los favores;
Mas pasatiempo estima
Prender aleve en casto seno el fuego
De ilícitos amores;
O embebecido le hallará la aurora
En mesa infame de ruinoso juego.
En tanto a la lisonja seductora
Del asiduo amador fácil oído
Da la consorte: crece
En la materna escuela
De la disipación y el galanteo
La tierna virgen, y al delito espuela
Es antes el ejemplo que el deseo.
¿Y será que se formen de este modo
Los ánimos heroicos denodados
Que fundan y sustentan los Estados?
¿De la algazara del festín beodo,
O de los coros de liviana danza,
La dura juventud saldrá, modesta,
Orgullo de la patria y esperanza?
¿Sabrá con firme pulso
De la severa ley regir el freno,
Brillar en torno aceros homicidas
En la dudosa lid verá sereno,
O animoso hará frente al genio altivo
Del engreído mando en la tribuna,
Aquel que ya en la cuna
Durmió al arrullo del cantar lascivo,
Que riza el pelo, y se unge y se atavía
Con femenil esmero,
Y en indolente ociosidad el día,
O en criminal lujuria pasa entero?
No así trató la triunfadora Roma
Las artes de la paz y de la guerra;
Antes fió las riendas del Estado
A la mano robusta
Que tostó el sol y encalleció el arado:
Y bajo el techo humoso campesino
Los hijos educó, que el conjurado
Mundo allanaron al valor latino.

¡Oh! ¡Los que afortunados poseedores
Habéis nacido de la tierra hermosa
En que reseña hacer de sus favores,
Como para ganaros y atraeros,
Quiso naturaleza bondadosa,
Romped el duro encanto
Que os tiene entre murallas prisioneros!
El vulgo de las artes laborioso,
El mercader que, necesario al lujo,
Al lujo necesita,
Los que anhelando van tras el señuelo
Del alto cargo y del honor ruidoso,
La grey de aduladores parasita,
Gustosos pueblen ese infecto caos;
El campo es vuestra herencia: en él gozaos.
¿Amáis la libertad? El campo habita:
No allá donde el magnate
Entre armados satélites se mueve,
Y de la moda, universal señora,
Va la razón al triunfal carro atada,
Y a la fortuna la insensata plebe,
Y el noble al aura popular adora.
¿O la virtud amáis? ¡Ah! ¡Que el retiro,
La solitaria calma
En que, juez de sí misma, pasa el alma
A las acciones muestra,
Es de la vida la mejor maestra!
¿Buscáis durables goces,
Felicidad, cuanta es al hombre dada
Y a su terreno asiento, en que vecina
Está la risa al llanto, y siempre ¡ah! siempre,
Donde halaga la flor, punza la espina?
Yd a gozar la suerte campesina;
La regalada paz, que ni rencores,
Al labrador, ni envidias acibaran;
La cama que mullida le preparan
El contento, el trabajo, el aire puro;
Y el sabor de los fáciles manjares,
Que dispendiosa gula no le aceda;
Y el asilo seguro
De sus patrios hogares
Que a la salud y al regocijo hospeda.
El aura respirad de la montaña,
Que vuelve al cuerpo laso
El perdido vigor, que a la enojosa
Vejez retarda el paso,
Y el rostro a la beldad tiñe de rosa.
¿Es allí menos blanda por ventura
De amor la llama, que templó el recato?
¿O menos aficiona la hermosura
Que de extranjero ornato
Y afeites impostores no se cura?
¿O el corazón escucha indiferente
El lenguaje inocente
Que los afectos sin disfraz expresa
Y a la intención ajusta la promesa?
No del espejo al importuno ensayo
La risa se compone, el paso, el gesto;
No falta allí carmín al rostro honesto
Que la modestia y la salud colora,
Ni la mirada que lanzó al soslayo
Tímido amor, la senda al alma ignora.
¿Esperáis que forme
Más venturosos lazos himeneo,
Do el interés barata,
Tirano del deseo,
Ajena mano y fe por hombre o plata,
Que do conforme gusto, edad conforme,
Y elección libre, y mutuo ardor los ata?
Allí también deberes
Hay que llenar: cerrad, cerrad las hondas
Heridas de la guerra; el fértil suelo,
Áspero ahora y bravo,
Al desacostumbrado yugo torne
Del arte humana y le tribute esclavo.
Del obstruido estanque y del molino
Recuerden ya las aguas el camino;
El intrincado bosque el hacha rompa,
Consuma el fuego; abrid en luengas calles
La obscuridad de su infructuosa pompa.
Abrigo den los valles
A la sedienta caña;
La manzana y la pera
En la fresca montaña
El cielo olviden de su madre España;
Adorne la ladera
El cafetal; ampare
A la tierra teobroma en la ribera
La sombra maternal de su bucare;
Aquí el vergel, allá la huerta ría…
¿Es ciego error de ilusa fantasía?
Ya dócil a tu voz, agricultura,
Nodriza de las gentes, la caterva
Servil armada va de corvas haces;
Mírola ya que invade la espesura
De la floresta opaca; oigo las voces;
Siento el rumor confuso, el hierro suena;
Los golpes el lejano
Eco redobla; gime el ceibo anciano,
Que a numerosa tropa
Largo tiempo fatiga:
Batido de cien hachas se estremece,
Estalla al fin, y rinde el ancha copa.
Huyó la fiera; deja el caro nido,
Deja la prole implume
El ave, y otro bosque no sabido
De los humanos, va a buscar doliente.
¿Qué miro? Alto torrente
De sonorosa llama
Corre, y sobre las áridas ruinas
De la postrada selva se derrama.
El raudo incendio a gran distancia brama,
Y el humo en negro remolino sube,
Aglomerando nube sobre nube.
Ya de lo que antes era
Verdor hermoso y fresca lozanía,
Sólo difuntos troncos,
Sólo cenizas quedan, monumento
De la dicha mortal, burla del viento.
Mas al vulgo bravío
De las tupidas plantas montaraces
Sucede ya el fructífero plantío
En muestra ufana de ordenados haces.
Ya ramo a ramo alcanza
Y a los rollizos tallos hurta el día:
Ya la primera flor desvuelve el seno,
Bello a la vista, alegre a la esperanza:
A la esperanza, que riendo enjuga
Del fatigado agricultor la frente,
Y allá a lo lejos el opimo fruto
Y la cosecha apañadora pinta,
Que lleva de los campos el tributo,
Colmado el cesto, y con la falda encinta;
Y bajo el peso de los largos bienes
Con que al colono acude,
Hace crujir los vastos almacenes.

¡Buen Dios! no en vano sude,
Mas a merced y compasión te mueva
La gente agricultora
Del Ecuador, que del desmayo triste
Con renovado aliento vuelve ahora,
Y tras tanta zozobra, ansia, tumulto,
Tantos arios de fiera
Devastación y militar insulto,
Aún más que tu clemencia antigua implora.
Su rústica piedad, pero sincera,
Halle a tus ojos gracia; no el risueño
Porvenir que las penas le aligera,
Cual de dorado sueño
Visión falaz, desvanecido llore:
Intempestiva lluvia no maltrate
El delicado embrión: el diente impío
Del insecto roedor no lo devore:
Sañudo vendaval no lo arrebate,
Ni agote el árbol el materno jugo
La calorosa sed de largo estío.
Y pues al fin te plugo,
Árbitro de la suerte soberano,
Que suelto el cuello de extranjero yugo
Irguiese al cielo el hombre americano,
Bendecida de ti se arraigue y medre
Su libertad; en el más hondo encierra
De los abismos la malvada guerra,
Y el miedo de la espada asoladora
Al suspicaz cultivador no arredre
Del arte bienhechora,
Que las familias nutre y los Estados;
La azorada inquietud deje las almas,
Deje la triste herrumbre los arados.
Asaz de nuestros padres malhadados
Expiamos la bárbara conquista.
¿Cuántas doquier la vista
No asombran erizadas soledades,
Do cultos campos fueron, do ciudades?
De muertes, proscripciones,
Suplicios, orfandades,
¿Quién contará la pavorosa suma?
Saciadas duermen ya de sangre ibera
Las sombras de Atahualpa y Moctezuma.
¡Ah! Desde el alto asiento
En que escabel te son alados coros
Que velan en pasmado acatamiento
La faz ante la lumbre de tu frente
(Si merece por dicha una mirada
Tuya la sin ventura humana gente),
El ángel nos envía,
El ángel de la paz, que al crudo ibero
Haga olvidar la antigua tiranía,
Y acatar reverente el que a los hombres
Sagrado diste, imprescriptible fuero;
Que alargar le haga al injuriado hermano
(¡Ensangrentóla asaz!) la diestra inerme;
Y si la innata mansedumbre duerme,
La despierte en el pecho americano.
El corazón lozano
Que una feliz obscuridad desdeña,
Que en el azar sangriento del combate
Alborozado late,
Y codicioso de poder o fama,
Nobles peligros ama;
Baldón estime sólo y vituperio
El prez que de la patria no reciba,
La libertad más dulce que el imperio,
Y más hermosa que el laurel la oliva.
Ciudadano el soldado,
Deponga de la guerra la librea;
El ramo de victoria
Colgado al ara de la patria sea,
Y sola adorne al mérito la gloria.
De su triunfo entonces patria mía,
Verá la paz el suspirado día;
La paz, a cuya vista el mundo llena
Alma, serenidad y regocijo,
Vuelve alentado el hombre a la faena,
Alza el ancla la nave, a las amigas
Auras encomendándose animosa,
Enjámbrase el taller, hierve el cortijo,

Y no basta la hoz a las espigas.
¡Oh jóvenes naciones, que ceñida
Alzáis sobre el atónito Occidente
De tempranos laureles la cabeza!
Honrad al campo, honrad la simple vida
Del labrador y su frugal llaneza.
Así tendrán en vos perpetuamente
La libertad morada,
Y freno la ambición, y la ley templo.
Las gentes a la senda
De la inmortalidad, ardua y fragosa,
Se animarán, citando vuestro ejemplo.
Lo emulará celosa
Vuestra posteridad, y nuevos nombres
Añadiendo la fama
A los que ahora aclama,
«Hijos son éstos, hijos
(Pregonará a los hombres)
De los que vencedores superaron
De los Andes la cima;
De los que en Boyacá, los que en la arena
De Maipo y en Junín, y en la campaña
Gloriosa de Apurima,
Postrar supieron al león de España.

Texto de http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/ poesias–35/html

 

 

 

 

 

A agricultura da Zona Tórrida
Autor: Andrés Bello
Traductor: Pedro Sevylla de Juana

Salve, fecunda zona,
Que ao sol apaixonado circunscreves
O vago curso, e quanto ser se anima
No cada vário clima,
Acariciada da sua luz, concebes!
Tu teces ao verão sua guirlanda
De granadas espigas; tu a uva
Dás à fervente cuba:
Não de purpúrea flor, ou vermelha, ou jalne
A tuas florestas belas
Falta matiz algum; e bebe nelas
Aromas mil o vento;
E greis vão sem conto
Pastando tua verdura, desde o plano
Que tem por confim o horizonte,
Até o erguido monte,
De inaccessível neve cinzento sempre.

Tu dás a cana formosa,
De onde o mel se acendra,
Por quem desdenha o mundo os favos:
Tu em urnas de coral coalhas a amêndoa
Que na espumante xícara transborda:
Ebule carmim vivente em teus nopais,
Que afronta fosse ao múrice de Tiro;
E de teu anil a tinta generosa
Êmula é da lume da safira;
O vinho é teu, que a ferida agave
Para os filhos verte
Do Anáhuac feliz; e a folha é tua
Que quando de suave
Fumo em espiras vagarosas fuja,
Consolara o tédio ao lazer inerte.
Tu vestes de jasmins
O arbusto cafezeiro,
E o perfume lhe dás que nos festins
A febre insana temperará a Lico.
Para teus filhos a eminente palma
Seu vario feudo cria,
E o ananás sazona sua ambrosia:
Seu alvo pão a mandioca,
Suas loiras pomas a batata educa,
E o algodão desdobra à aura leve
As rosas de ouro e o velo níveo.
Tendido para ti o maracujá fresco
Em ramadas de verdor loução,
Pendura de seus sarmentos trepadores
Nectáreos globos e franjadas flores;
E para ti o milho, chefe altaneiro
Da espigada tribo, inche seu grão;
E para ti a bananeira
Desmaia ao peso da sua doce carga
A bananeira, primeiro
De quantos concedeu belos presentes
Providência às gentes
Do Equador feliz com mão longa.
Não já de humanas artes obrigado
O prêmio rende opimo:
Não é à podadeira, não ao arado
Devedor de seu racimo;
Escassa indústria lhe basta, qual pode
Furtar a suas fadigas mão escrava:
Cresce veloz, e quando exausto acaba,
Adulta prole em torno lhe sucede.

Mas ¡oh! se qual não cede
O teu, fértil zona, a solo algum,
E como de natura esmero tem sido,
De teu indolente habitador o fosse.
¡Oh! ¡Se ao falaz ruído
A dita ao fim soubesse verdadeira
Antepor, que da ombreira lhe chama
Do lavrador singelo,
Longe do néscio e vão
Fausto, o mentido brilho,
O lazer pestilento cidadão.
Porquê ilusão funesta
Aqueles que fortuna fez senhores
De tão ditosa terra e pingue e variada,
Ao cuidado abandonam
E à fé mercenária
As pátrias herdades,
E no cego tumulto se aprisionam
De míseras cidades,
onde a ambição proterva
Sopra a chama de civis bandos,
Ou ao patriotismo a desídia enerva;
Onde o luxo os costumes atossica,
E combatem os vícios
La incauta idade em poderosa liga?
Não ali com varonis exercícios
Se endurece o mancebo à fadiga;
Mas a saúde estraga no abraço
De pérfida formosura,
Que põe em almoeda os favores;
Mas passatempo estima
Prender aleivoso em casto seio o fogo
De ilícitos amores;
Ou embebecido lhe achará a aurora
Em mesa infame de ruinoso jogo.
Entanto à lisonja sedutora
Do assíduo amador fácil ouvido
Dá a consorte: cresce
Na materna escola
Da dissipação e o galanteio
A terna virgem, e ao delito estimula
É dantes o exemplo que o desejo.
E será que se formem deste modo
Os ânimos heroicos denodados
Que fundam e sustentam os Estados?
Da algazarra do festim bêbado,
Ou dos coros de leviana dança,
A dura juventude sairá, modesta,
Orgulho da pátria e esperança?
Saberá com firme pulso
Da severa lei reger o freio,
Brilhar em torno aços homicidas
Na duvidosa lide verá sereno,
Ou animoso fará frente ao gênio altivo
Do vaidoso comando na tribuna,
Aquele que já no berço
Dormiu ao arrulho do cantar lascivo,
Que anela o cabelo, e se unge e se atavia
Com feminil esmero,
E em indolente ociosidade no dia,
Ou em criminosa luxúria passa inteiro?
Não assim tratou a triunfadora Roma
As artes da paz e da guerra;
Dantes fiou as rendas do Estado
À mão robusta
Que tostou o sol e calejou o arado:
E baixo o teto humoso camponês
Os filhos educou, que o conjurado
Mundo aplanaram ao valor latino.

Ó! Os que afortunados possuidores
Haveis nascido da terra formosa
Em que resenha fazer de seus favores,
Como para vos ganhar e vos atrair,
Quis natureza bondosa,
Rompei o duro encanto
Que vos tem entre muralhas prisioneiros!
O vulgo das artes laborioso,
O mercador que, necessário ao luxo,
Ao luxo precisa,
Os que almejando vão depois do chamariz
Do alto cargo e da ruidosa honra,
A grei de aduladores parasita,
Gostosos povoem esse infecto caos;
O campo é vossa herança: nele vos gozai.
Amais a liberdade? O campo habita:
Não lá onde o magnata
Entre armados satélites se move,
E da moda, universal senhora,
Vai a razão ao triunfal carro atada,
E à fortuna a insensata plebe,
E o nobre a aura popular adora.
Ou a virtude amais? Ah! ¡Que o retiro,
A solitária calma
Em que, juiz de si mesma, passa a alma
Às ações mostra,
É da vida a melhor mestra!
Procurais duráveis satisfações,
Felicidade, quanta é ao homem dada
E a seu terreno assento, em que vizinho
Está o riso do pranto, e sempre ah! Sempre,
Onde bajula a flor, punça a espinha?
Ide gozar a sorte camponesa;
A prazenteira paz, que nem rancores,
Ao lavrador, nem invejas amargaram;
A cama que mole lhe preparam
O contente, o trabalho, o ar puro;
E o sabor dos fáceis manjares,
Que dispendiosa gula não lhe azeda;
E o asilo seguro
De seus pátrios lares
Que à saúde e ao regozijo hospeda.
O aura respirai da montanha,
Que volta ao corpo lasso
O perdido vigor, que à irritante
Velhice retarda o passo,
E o rosto à beldade tinge de rosa
É ali menos macia por ventura
De amor o chama, que temperou o recato?
Ou menos interessa a formosura
Que de estrangeiro ornato
E enfeites impostores não se cura?
Ou o coração escuta indiferente
A linguagem inocente
Que os afetos sem disfarce expressa
E à intenção ajusta a promessa?
Não do espelho ao importuno ensaio
O riso se compõe, o passo, o gesto;
Não falta ali carmim ao rosto honesto
Que a modéstia e a saúde colora,
Nem a mirada que lançou ao soslaio
Tímido amor, a senda à alma ignora.
Esperais que forme
Mais venturosos laços himeneu,
Onde o interesse barata,
Tirano do desejo,
Alheia mão e fé por homem ou prata,
Que do conforme gosto, idade conforme,
E eleição livre, e mútuo ardor os ata?
Ali também deveres
Há que encher: fechai, fechai as fundas
Feridas da guerra; o fértil solo,
Áspero agora e bravo,
Ao desacostumado jugo torne
Da arte humana e lhe tribute escravo.
Do bloqueado estanque e do moinho
Recordem já as águas o caminho;
O intrincado bosque o machado rompa,
Consuma o fogo; abri em longas ruas
A obscuridade de sua infrutuosa pompa.
Abrigo deem os vales
À sedenta cana;
A maçã e a pera
Na fresca montanha
O céu esqueçam da sua mãe Espanha;
Orne a ladeira
O cafezal; ampare
À terra cacaueira na ribeira
A sombra maternal de seu bucare;
Aqui o vergel, lá a horta ria…
É cego erro de ilusa fantasia?
Já dócil a tua voz, agricultura,
Criadeira das gentes, a caterva
Servil armada vai de curvas paveias;
A vejo já que invade a espessura
Da floresta opaca; ouço as vozes;
Sento o rumor confuso, o ferro soa;
Os golpes o longínquo
Eco redobra; geme a árvore de coral idoso,
Que à numerosa tropa
Longo tempo fadiga:
Batido de cem machados se estremece,
Estoura ao fim, e rende a larga copa.
Fugiu a fera; deixa o caro ninho,
Deixa a prole implume
A ave, e outro bosque não sabido
Dos humanos, vai procurar dolente.
Que olho? Alto torrente
De sonorosa chama
Corre, e sobre as áridas ruínas
Da prostrada selva se derrama.
O rápido incêndio a grande distância brama,
E o fumo em negro remoinho sobe,
Aglomerando nuvem sobre nuvem.
Já do que antes era
Verdor formoso e fresca louçania,
Só defuntos troncos,
Só cinzas ficam, monumento
Da dita mortal, burla do vento.
Mas ao vulgo bravio
Das espessas plantas montarazes
Sucede já o frutífero plantio
Em mostra ufana de ordenados feixes.
Já ramo a ramo atinge
E aos roliços caules furta o dia:
Já a primeira flor da volta o seio,
Belo à vista, alegre à esperança:
À esperança, que rindo enxuga
Do fatigado agricultor a face,
E lá ao longe o opimo fruto
E a colheita arrumadora pinta,
Que leva dos campos o tributo,
Colmado o cesto e com a cingida saia;
E baixo o peso dos longos bens
Com que ao colono acode,
Faz ranger os vastos armazéns.

Bom Deus! Não em vão sue,
Mas à mercê e compaixão te mova
A gente agricultora
Do Equador, que do desmaio triste
Com renovado alento volta agora,
E depois de tanta soçobra, ânsia, tumulto,
Tantos árias de feroz
Devastação e militar insulto,
Ainda mais que tua clemência antiga implora.
Sua rústica piedade, mas sincera,
Ache a teus olhos graça; não o risonho
Porvir que as penas lhe alivia,
Qual de dourado sonho
Visão falaz, desvanecido chore:
Intempestiva chuva não maltrate
O delicado embrião: o dente ímpio
Do inseto roedor não o devore:
Sanhoso vendaval não o arrebate,
Nem esgote a árvore o materno suco
A calorosa sede de longo estio.
E pois ao fim te satisfez,
Árbitro da sorte soberano,
Que solto o pescoço de estrangeiro jugo
Erguesse ao céu o homem americano,
Abençoada de ti se arraigue e medre
Sua liberdade; no mais fundo encerra
Dos abismos a malvada guerra
E o medo da espada assoladora
Ao suspicaz cultivador não arreda
Da arte benfeitora,
Que as famílias nutre e os Estados;
A aturdida inquietude deixe as almas,
Deixe a triste ferrugem os arados.
Assaz de nossos pais malfadados
Expiamos a bárbara conquista.
¿Quantas por todo lado a vista
Não assombram arrepiadas solidões,
Onde cultos campos foram, onde cidades?
De mortes, proscrições,
Suplícios, orfandades,
Quem contará a pavorosa soma?
Saciadas dormem já de sangue ibera
As sombras de Atahualpa e Moctezuma.
Ah! Desde o alto assento
Em que escabelo te são alados coros
Que velam em pasmado acatamento
A face ante a lume da tua frente
(Se merece por dita uma mirada
Tua a sem ventura humana gente),
O anjo nos envia,
O anjo da paz, que ao cru ibero
Faça esquecer a antiga tirania,
E acatar reverente o que aos homens
Sagrado deste, imprescritível foro;
Que alongar lhe faça ao injuriado irmão
(A ensanguentou assaz!) a destra inerme;
E se a inata mansidão dorme,
A acorde no peito americano.
O coração loução
Que desdenha uma feliz obscuridade,
Que no acaso sangrento do combate
Alvoroçado bate,
E cobiçoso de poder ou fama,
Nobres perigos ama;
Baldão estime só e vitupério
O honor que da pátria não receba,
A liberdade mais doce que o império,
E mais formosa que o laurel a oliva.
Cidadão o soldado,
Deponha da guerra a libré;
O laurel de vitória
Pendurado à ara da pátria seja,
E sozinha enfeite ao mérito a glória.
De seu triunfo então pátria minha,
Verá a paz o suspirado dia;
A paz, a cuja vista o mundo cheia
Alma, serenidade e regozijo,
Volta alentado o homem à tarefa,
Alça o âncora a nave, às amigas
Auras se encomendando animosa,
Se enxameia o ateliê, ferve o cortijo,
E não basta a foice às espigas.

Ó jovens nações, que cingida
Alçais sobre o atônito Occidente
De temporãos louros a cabeça!
Honrai ao campo, honrai a singela vida
Do labrador e sua frugal simplicidade.
Assim terão em vos perpetuamente
A liberdade morada,
E travão a ambição, e a lei templo.
As gentes à senda
Da imortalidade, árdua e fragosa,
Se animarão, citando vosso exemplo.
O emulará zelosa
Vossa posteridade, e novos nomes
Adicionando a fama
Aos que agora aclama,

«Filhos são estes, filhos
(Apregoará aos homens)
Dos que vencedores superaram
Dos Andes a cume;
Dos que em Boyacá, os que na areia
De Maipo e em Junín, e na campanha
Gloriosa de Apurima
Prostrar souberam ao leão da Espanha.

Tradução: PSdeJ El Escorial Semana Santa 2017

 

 

 

 

 

 

Elio Antonio de Nebrija, en 1492, fue el autor de la primera Gramática castellana. Y en su prólogo, en distintos párrafos, escribió lo siguiente:
Cuando bien comigo pienso, mui esclarecida Reina, i pongo delante los ojos el antigüedad de todas las cosas que para nuestra recordación et memoria quedaron escriptas, una cosa hállo et sáco por conclusión mui cierta: que siempre la lengua fue compañera del imperio; et de tal manera lo siguió, que junta mente començaron, crecieron et florecieron, et después junta fue la caida de entrambos. ……………………….
Lo que diximos de la lengua ebraica, griega et latina, podemos mui más claramente mostrar en la castellana: que tuvo su niñez en el tiempo de los juezes et reies de Castilla et de León, et començó a mostrar sus fuerças en tiempo del mui esclarecido et digno de toda la eternidad el Rei don Alonso el Sabio, por cuio mandado se escrivieron las Siete Partidas, la General Istoria, et fueron trasladados muchos libros de latín et arávigo en nuestra lengua castellana; la cual se estendió después hasta Aragón et Navarra, et de allí a Italia, siguiendo la compañía de los infantes que embiamos a imperar en aquellos reinos…………………….
En la çanja de la cual io quise echar la primera piedra, et hazer en nuestra lengua lo que Zenodoto en la griega et Crates en la latina; los cuales aun que fueron vencidos de los que después dellos escrivieron, a lo menos fue aquella su gloria, et será nuestra, que fuemos los primeros inventores de obra tan necessaria. Lo cual hezimos en el tiempo más oportuno que nunca fue hasta aquí, por estar ia nuestra lengua tanto en la cumbre, que más se puede temer el decendimiento della que esperar la subida. …………………….
El tercero provecho deste mi trabajo puede ser aquel que, cuando en Salamanca di la muestra de aquesta obra a vuestra real Majestad, et me preguntó que para qué podía aprovechar, el mui reverendo padre Obispo de Ávila me arrebató la respuesta; et, respondiendo por mí, dixo que después que vuestra Alteza metiesse debaxo de su iugo muchos pueblos bárbaros et naciones de peregrinas lenguas, et con el vencimiento aquellos tenían necessidad de recebir las leies quel vencedor pone al vencido, et con ellas nuestra lengua, entonces, por esta mi Arte, podrían venir en el conocimiento della, como agora nos otros deprendemos el arte de la gramática latina para deprender el latín. I cierto assí es que no sola mente los enemigos de nuestra fe, que tienen ia necessidad de saber el lenguaje castellano, mas los vizcainos, navarros, franceses, italianos, et todos los otros que tienen algún trato et conversación en España et necessidad de nuestra lengua, si no vienen desde niños a la deprender por uso, podrán la más aína saber por esta mi obra………………………..

Pongo aquí el prólogo completo de la primera edición de la Gramática de Andrés Bello, por lo esclarecedor que resulta de su forma de ser, entender y hacer; útil por añadidura, para generalizar y atribuir lo leído al carácter de su personalidad.

Prólogo a la primera edición de la Gramática hecha en Chile en 1847
Escrito por el propio autor: Andrés Bello

AUNQUE en esta Gramática he procurado no desviarme de la nomenclatura y explicaciones usuales, hay puntos en que me ha parecido que las prácticas de la lengua castellana podían representarse de un modo mas completo ó mas simple. Lectores habrá que califiquen de caprichosas las alteraciones que en esos puntos he introducido, ó que las imputen á una pretensión extravagante de decir cosas nuevas: las razones que alego probarán, á lo menos, que no las he adoptado sino después de un maduro examen. Pero la prevención mas desfavorable, porque es la que tiene mas imperio sobre las personas inteligentes, es la de aquellos que se figuran que en la gramática las definiciones inadecuadas, las clasificaciones malhechas, los conceptos falsos, carecen de inconveniente, siempre que por otra parte se expongan con fidelidad las reglas á que se conforma el buen uso. Yo creo, con todo, que esas dos cosas son inconciliables; que el uso no puede exponerse con exactitud y fidelidad sino analizando, desenvolviendo los principios verdaderos que lo dirigen; que una lógica severa es indispensable requisito de toda enseñanza, y que en el primer ensayo que el entendimiento hace de sí mismo es en el que mas importa no acostumbrarle á pagarse de meras palabras.

El habla de un pueblo es un sistema artificial de signos, que bajo muchos respectos se diferencia de los otros sistemas de la misma especie; de que se sigue que cada lengua tiene su teoría particular, su gramática. No debemos pues aplicar indistintamente á un idioma los principios, los términos, las analogías en que se resumen bien ó mal las prácticas de otro. Esta misma palabra idioma (1) está diciendo que cada lengua tiene su genio, su fisonomía, sus giros; y mal desempeñaría su oficio el gramático que, explicando la suya, se limitara á lo que ella tuviese de común con otra, ó (todavía peor)’ que supusiera semejanzas donde no hubiese mas que diferencias, y diferencias importantes, radicales. Una cosa es la gramática general, y otra la gramática de un idioma dado; una cosa comparar entre sí dos idiomas, y otra considerar un idioma como es en sí mismo. ¿Se trata, por ejemplo, de la conjugación del verbo castellano ? Es preciso enumerar las formas que toma, y los significados y usos de cada forma, como si no hubiese en el mundo otra lengua que la castellana; posición forzada respecto del niño, á quien se exponen las reglas de la sola lengua que está á su alcance, la lengua nativa. Este es el punto de vista en que he procurado colocarme, y en el que ruego á las personas inteligentes, á cuyo juicio someto mi trabajo, que procuren también colocarse, descartando, sobretodo, las reminiscencias del idioma latino.

En España, como en otros países de Europa, una admiración excesiva á la lengua y literatura de los romanos dio un tipo latino á casi todas las producciones del ingenio. Era esta una tendencia natural de los espíritus en la época de la restauración de las letras. La mitología pagana siguió suministrando imágenes y símbolos al poeta; y el período ciceroniano fue la norma de la elocución para los escritores elegantes. No era pues de extrañar que se sacasen del latin la nomenclatura y los cánones gramaticales de nuestro romance.
Si como fue el latin el tipo ideal de los gramáticos, las circunstancias hubiesen dado esta preeminencia al griego, hubiéramos probablemente contado cinco casos en nuestra declinación, en lugar de seis; nuestros verbos hubieran tenido no solo voz pasiva sino voz media, y no habrían faltado aoristos y paulo-post-futuros en la conjugación castellana.

Obedecen sin duda los signos del pensamiento á ciertas leyes generales, que derivadas de aquellas á que está sujeto el pensamiento mismo, dominan á todas las lenguas y constituyen una gramática universal. Pero si se exceptúa la resolución del razonamiento en proposiciones, y de la proposición en sugeto y atributo; la existencia del sustantivo para expresar directamente los objetos, la-del verbo para indicar los atributos, y la de otras palabras que modifican y determinan á los sustantivos y verbos, á fin de que con un número limitado de unos y otros puedan designarse todos los objetos posibles, no solo reales sino intelectuales, y todos los atributos que percibamos ó imaginemos en ellos; si exceptuamos esta armazón fundamental á de las lenguas, no veo nada que estemos obligados a reconocer como ley universal de que á ninguna sea dado eximirse. El número de las partes de la oración pudiera ser mayor ó menor de lo que es en latin ó en las lenguas romances. El verbo pudiera tener géneros, y el nombre tiempos y modos. ¿Qué cosa mas na- tural que la concordancia del verbo con el sugeto? Pues bien; en griego era no solo permitido sino elegante concertar el plural de los nombres neutros con el singular de los verbos. En el entendimiento dos negaciones se destruyen necesariamente una á otra, y así es también casi siempre en el habla, sin que por eso deje de haber en castellano circunstancias en que dos negaciones no afirman. No debemos pues trasladar ligeramente las afecciones de las ideas á los accidentes de las palabras. Se ha errado no peco en filosofía suponiendo á la lengua un trasunto fiel del pensamiento; y esta misma exagerada suposición ha extraviado á la
gramática en dirección contraria: unos argüían de la copia al original, otros del original á la copia. En el lenguaje lo convencional y arbitrario abraza mucho mas de lo que comunmente se piensa. Es imposible que las creencias, los caprichos de la imaginación, y mil asociaciones casuales, no produjesen una grandísima discrepancia en los medios de que se valen las lenguas para manifestar lo que pasa en el alma, discrepancia que va siendo mayor y mayor á medida que se apartan de su común origen.

Estoy dispuesto á oir con docilidad las objeciones que se hagan á lo que en esta gramática pareciere nuevo; aunque, si bien se mira, se hallará que en eso mismo algunas veces no innovo sino restauro. La idea, por ejemplo, que yo doy de los casos en la declinación, es la antigua y genuina; y en atribuirla naturaleza de sustantivo al infinitivo, no hago mas que desenvolver una idea imperfectamente enunciada en Prisciano : «Vim nominis habet verbum infinitum; dico enim bonum est legere, utsidicam bona est leclio.» No he querido, sin embargo, apoyarme en autoridades, porque para mí la sola irrecusable en lo tocante á una lengua es la lengua misma. Yo no me creo autorizado para dividir lo que ella constantemente une, ni para identificarlo que ella distingue. No miro las analogías de otros idiomas sino como pruebas accesorias. Acepto las prácticas como la lengua las présenla; sin imaginarias elip- sis, sin otras explicaciones que las que se reducen á ilustrar el uso por el uso.

Tal ha sido mi lógica: En cuanto á los auxilios de que he procurado aprovecharme, debo citar especialmente las obras de la Academia Española, , y la Gramática de D. Vicente Salva. He mirado esta última como el depósito mas copioso de los modos de decir castellanos; como un libro que ninguno de los que aspiran á hablar y escribir correctamente nuestra lengua nativa debe dispensarse de leer y consultar á menudo. Soy también deudor de algunas ideas al ingenioso y docto D. Juan Antonio Puigblanch (2), en las materias filológicas que toca por incidencia en sus Opúsculos. Ni fuera justo olvidar á Garcés, cuyo libro, aunque solo se considere como un glosario de voces y frases castellanas de los mejores tiempos, ilustradas con oportunos ejemplos, no creo que merezca el desden con que hoy se le trata.
Después de un trabajo tan importante como el de Salva, lo único que me parecía echarse de menos era una teoría que exhibiese el sistema de la lengua en la generación y uso de sus inflexiones y en la estructura de sus oraciones, desembarazado de ciertas tradiciones latinas que de ninguna manera le cuadran. Pero cuando digo teoría no se crea que trato de especulaciones metafísicas. El Sr. Salva reprueba con razón aquellas abstracciones ideológicas que, como las de un autor que cita, se proponen para legitimar lo que el uso proscribe. Yo huyo de ellas no solo cuando contradicen al uso, sino cuando se remontan sobre la mera práctica del lenguaje. La filosofía de la gramática, á lo menos de la gramática elemental , la reduciría yo á representar el uso bajo las fórmulas mas comprensivas y simples. Fundar estas fórmulas en otros procederes intelectuales que los que real y verdaderamente guian al uso, es un lujo que no ha menester la gramática. Pero los procederes intelectuales que real y verdaderamente le guian, ó en otros términos, el valor preciso do las inflexiones y las combinaciones de las palabras, es un objeto necesario de averiguación; y la gramática que lo pase por alto no desempeñará cumplidamente su oficio. Como el diccionario da el significado de las raíces, á la gramática incumbe exponer el valor de las inflexiones y combinaciones, y no solo el natural y primitivo , sino el secundario y el metafórico, siempre que hayan entrado en el uso general de la lengua.

Este es el campo que privativamente abrazan las especulaciones gramaticales, y al mismo tiempo el límite que las circunscribe. Si alguna vez he pasado este límite, ha sido en brevísimas excursiones, cuando se trataba de discutir los alegados fundamentos ideológicos de una doctrina, ó cuando los accidentes gramaticales revelaban algún proceder mental curioso : transgresiones, por otra parte, tan raras, que seria demasiado rigor censurarlas como inoportunas.
Es preocupación harto común la que nos hace creer llano y fácil el estudio de una lengua, hasta el grado en que es necesario para hablarla y escribirla correctamente. Hay en la. gramática muchos puntos que no son accesibles á la inteligencia de la primera edad; y por eso he juzgado conveniente dividirla en dos cursos, reducido el primero á las nociones menos difíciles y mas indispensables, y extensivo el segundo á aquellas partes del idioma que piden un entendimiento ejercitado. Los he señalado con diverso tipo, y comprendido los dos en un solo tratado, no solo para evitar repeticiones, sino para proporcionar á los profesores del primer curso el auxilio de las explicaciones destinadas al segundo, si alguna vez las necesitaren. Creo, ademas, que esas explicaciones no serán enteramente inútiles á los principiantes, porque á medida que adelanten, se les irán desvaneciendo gradualmente las dificultades. Por este medio queda también al arbitrio de los profesores el añadir á las lecciones de la enseñanza primaria todo aquello que de las del curso posterior les pareciere á propósito, según la capacidad y aprovecha- miento de los alumnos. En las notas al pié de las páginas menciono los arcaísmos, llamo la atención á ciertas prácticas viciosas del habla popular de los americanos, para que se conozcan y eviten; y dilucido algunas doctrinas con observaciones que requieren el conocimiento de otras lenguas. Finalmente, en las pocas notas que he colocado al fin del libro, corrijo las inexactitudes que en él he podido percibir después de impreso, y me extiendo sobre algunos puntos controvertibles, en que juzgué no estarian de mas las explicaciones para satisfacer á los lectores instruidos.

No tengo la presunción de escribir para los castellanos. Mis lecciones se dirigen á mis hermanos, los habitantes de Hispano-América. Juzgo importante la conservación de la lengua de nuestros padres en su posible pureza, como un medio providencial de comunicación, y un vínculo de fraternidad entre las varias naciones de origen español derramadas sobre los dos continentes. Pero no es un purismo supersticioso lo que me atrevo á recomendarles. El adelantamiento prodigioso de todas las artes, el progreso de la cultura intelectual y las revoluciones políticas, piden cada día nuevos signos para expresar ideas nuevas; y la introducción de vocablos flamantes, tomados de las lenguas antiguas y extranjeras, ha dejado ya de ofendernos, cuando no es manifiestamente innecesaria, ó cuando no descubre la afectación y mal gusto de los que piensan engalanar así lo que escriben. Hay otro vicio peor, que es el prestar acepciones nuevas á las palabras y frases conocidas, multiplicando las anfibologías de que por la variedad de significados de cada palabra adolecen mas ó menos las lenguas todas, y acaso en mayor proporción las que mas se cultivan, por el casi infinito número de ideas á que es necesario acomodar un número necesariamente limitado de signos. Pero el mayor mal de todos, y el que, si no se ataja, va á privarnos de las inapreciables ventajas de un lenguaje común, es la avenida de neologismos de construcción, que inunda y enturbia mucha parte de lo que se escribe en América, y alterando la estructura del idioma, tiende á convertirlo en una multitud de dialectos irregulares, licenciosos, bárbaros; embriones de idiomas futuros, que durante una larga elaboración, reproducirían en América lo que fue la Europa en el tenebroso periodo de la corrupción del latin. Chile, el Perú, Buenos Aires, Méjico, hablarían cada uno su lengua, ó por mejor decir, varias lenguas, como sucede en España, Italia y Francia, donde dominan tres idiomas provinciales, pero viven á su lado otros varios, oponiendo estorbos á la difusión de las luces, á la ejecución de las leyes, á la administración del Estado, á la unidad nacional. Una lengua es como un cuerpo viviente: su vitalidad no consiste en la constante identidad de elementos, sino en la regular uniformidad de las funciones que estos ejercen, y de que proceden la forma y la índole que distinguen al todo.

Sea que yo exagere ó no el peligro, él ha sido el principal motivo que me ha inducido á componer esta obra, bajo tantos respectos superior á mis fuerzas. Los lectores inteligentes que me honren leyéndola con alguna atención, verán el cuidado que he puesto en demarcar, por decirlo así, los linderos que respeta el buen uso de nuestra lengua, en medio de la soltura y libertad de sus giros; señalando las corrupciones que mas cunden hoy dia, y manifestando la esencial diferencia que existe entre las construcciones castellanas, y las francesas que se les asemejan hasta cierto punto, y que solemos imitar sin el debido discernimiento.
No se crea que, recomendando la conservación del castellano, sea mi ánimo tachar de vicioso y espurio lodo lo que es peculiar de los americanos. Hay locuciones castizas que en la Península pasan hoy por anticuadas, y que subsisten tradicionalmente en Hispano-América: ¿por qué proscribirlas? Si según la práctica general de los americanos es mas analógica la conjugación de algún verbo, ¿por que razón hemos de preferir la que caprichosamente haya prevalecido en Castilla? Si de raices castellanas hemos formado vocablos nuevos, según los procederes ordinarios de derivación que el castellano reconoce, y de que se ha servido y se sirve continuamente para aumentar su caudal de voces, ¿qué motivo hay para que nos avergoncemos de usarlos? Chile y Venezuela tienen tanto derecho como Aragón y Andalucía para que se toleren sus accidentales divergencias, cuando las patrocina la costumbre uniforme y auténtica de la gente educada. En ellas se peca mucho menos contra la pureza y corrección del lenguaje que en las locuciones afrancesadas, de que no dejan de estar salpicadas hoy dia aun las obras mas estimables de los escritores peninsulares. He dado cuenta de mis principios, de mi plan y de mi objeto, y he reconocido, como era justo, mis obligaciones á los que me han precedido. Señalo rumbos no esplorados, y es probable que no siempre haya hecho en ellos las observaciones necesarias para deducir generalidades exactas. Si todo lo que propongo de nuevo no pareciere aceptable, mi ambición quedará satisfecha con que alguna parte lo sea , y contribuya á la mejora de un ramo de enseñanza, que no es ciertamente el mas lucido, pero es uno de los mas necesarios.

 

 

 

 

Apunte biográfico de Andrés Bello

Por Pedro Grases, «Andrés Bello», en Diccionario Enciclopédico de las Letras de América Latina (DELAL), Caracas, Biblioteca Ayacucho

Este ilustre humanista, nacido en Caracas en 1781 y muerto en Santiago de Chile en 1865, puede considerarse como la figura intelectual más destacada y de mayor relieve en la cultura hispanoamericana del siglo XIX. Por las escasas referencias y testimonios que han llegado hasta nosotros, Andrés Bello era de contextura débil en la apariencia, facciones delicadas y expresivas, un carácter serio, frecuentemente meditabundo, a veces algo melancólico y un entendimiento precoz, vigoroso y perspicaz (Amunátegui).

Las notas de sus contemporáneos -Bolívar, Álamo, Fernández Madrid- o de quienes las trazaron por trato posterior (Amunátegui) o por tradición auténtica -Juan Vicente González, Arístides Rojas-, nos dan un retrato bastante exacto de cómo era Andrés Bello en la época de su vida -adolescencia y juventud- cuando se definen los rasgos individuales. Las cualidades morales e intelectuales y su carácter introvertido nos dibujan la imagen de un hombre que se había destacado en la sociedad de su tiempo, como notable personalidad. Andrés Bello vivió sus primeros años en la casa del abuelo materno, Juan Pedro López, situada detrás del convento de los Mercedarios, en Caracas. La vecindad del convento de La Merced tuvo real trascendencia en el niño Andrés, por cuanto que la biblioteca conventual fue centro de sus primeras lecturas, y donde, además, entró en relación con su maestro de latinidad, fray Cristóbal de Quesada (1750-1796), notabilísimo conocedor de la lengua y literatura latinas, quien echó los cimientos del humanismo clásico en el alma de Andrés Bello.

Concurre para sus primeras letras a la escuela que, con el nombre de Academia, regentaba en Caracas don Ramón Vanlosten. En 1797 inició sus estudios en la Real y Pontificia Universidad de Caracas, hasta graduarse de bachiller en artes en 1800. No prosiguió estudios más avanzados, aunque se inscribió en el primer curso de medicina. Vivió entregado sin descanso a las lecturas de buenos textos y se contrajo, además, a estudiar por su cuenta el idioma francés, primero, y luego el inglés, lo que le dio una preparación excepcional en el medio caraqueño de su tiempo.
A los años de 1797 y 1798 deben corresponder los días en que Bello dio clases a Simón Bolívar, año y medio menor, en la suerte de academia privada que la familia del futuro Libertador le organizó en su propia casa. Bolívar recordará más tarde ese magisterio como timbre de buena enseñanza.

El 2 de enero de 1800, formaba parte Andrés Bello de la expedición de Alejandro de Humboldt (1769-1859) y Aimé Bonpland (1773-1858), quienes acometían el ascenso a la Silla de Caracas, cima del monte Ávila, a cuyas faldas está la ciudad.
En 1802, gana el concurso para proveer el recién creado cargo de oficial 2.º en las oficinas de la Capitanía General de Venezuela. A partir de 1802, no se producirá ningún acontecimiento cultural y público en la Capitanía General hasta 1810 en donde no esté visible la mano y la presencia de Bello. En abril de 1804 llega a Caracas la expedición de la vacuna, encabezada por Francisco Javier Balmis (1753-1819). En 1807, Bello fue nombrado por el capitán general interino Juan de Casas, secretario en lo político de la junta de la vacuna. Redacta las actas entre 1807-1808. La vacuna antivariólica revestía enorme trascendencia, pues las epidemias de viruela habían sido terrible flagelo desde el siglo XVI sobre toda Venezuela. Bello participó en el regocijo con la puesta en escena de su obrita en verso Venezuela consolada, y compuso un largo poema, en endecasílabos asonantados, «A la vacuna», acaso la composición poética de más aliento en la época juvenil del poeta.

En 1808, se produce en Caracas un acontecimiento de importancia: la introducción de la imprenta con el primer taller de Mateo Gallagher y Jaime Lamb, traído de Trinidad se inicia el 24 de octubre de 1808. Acordó el gobierno local emprender la publicación de un periódico oficial de la Capitanía, la Gaceta de Caracas, y lógicamente, por su prestigio, Andrés Bello fue designado su primer redactor. Será el redactor del periódico hasta junio de 1810. Acomete a fines de 1809 dos proyectos: el Calendario manual y guía universal de forasteros en Venezuela para el año de 1810; y con Francisco Isnardi (1750-1820) la nonata revista El Lucero, de la que sólo apareció el prospecto. El Calendario Manual contiene el «Resumen de la historia de Venezuela», escrito por Bello. Es la prosa más importante que conocemos del humanista, antes de partir de Caracas, en la cual se manifiesta con propio estilo y anticipa los temas de su mejor poesía, las «Silvas», que escribirá en Londres. Produjo durante los días de Caracas hasta 1810 algunas poesías originales juveniles: el romancillo «El Anauco»; los sonetos «Mis deseos», «A una artista», «A la victoria de Bailén», la octava a la muerte del obispo Francisco Ibarra (1726-1806), y el romance «A un samán». La égloga «Tirsis, habitador del Tajo umbrío» y la oda «A la nave», son, quizás, las poesías más indicadoras del numen poético de Bello, quien seguía las fuentes originales de la cultura latina (Horacio y Virgilio), a través del mejor castellano de los clásicos españoles.

Tenemos noticias de traducciones, hoy perdidas, la del canto V de la Eneida y de la Zulima, de Voltaire. Falta referirnos a sus investigaciones del idioma. La monografía Análisis ideológica de los tiempos de la conjugación castellana, el más original y profundo de sus estudios lingüísticos, según Menéndez Pelayo. Del mismo modo la adaptación castellana del Arte de escribir del abate de Condillac. Todavía hay otro estudio extraviado: la diferencia de uso de las tres conjunciones consecutivas: que, porque y pues. Las bases firmes de su obra futura están sin duda en ese período de vida en Caracas, cuando por propia exigencia logró forjarse, en un medio propicio, su condición de humanista. Persisten los temas, juicios y reflexiones en sus creaciones posteriores, en Londres y en Chile. La formación de Bello habrá tenido que ser forzosamente clasicista, por un lado, con profundos estudios de latín y de cultura clásico-romana, y por otro, con dedicación al conocimiento de las obras de los escritores de los Siglos de Oro de la literatura en castellano.

La junta que se forma el 19 de abril de 1810 en Caracas, envía a Inglaterra a Simón Bolívar y a Luis López Méndez (1770-1841). Se les asigna como auxiliar al joven Andrés Bello, quien sabía inglés y se había ganado la confianza y el respeto de sus contemporáneos. La ida de Bello a Londres era para un tiempo breve, pues se había estimado la permanencia corta y transitoria. Bolívar decide pronto volver a Caracas para luchar de otra manera por la independencia. Se quedan en Londres López Méndez y Bello. Cuando se interrumpe la vida republicana en Venezuela, en 1812, empieza para estos diplomáticos el pavoroso problema de subsistir. Probablemente salvó la situación desesperada el hecho de que tenían casa, pues vivían en Grafton Street, en la residencia de Francisco de Miranda (1750-1816), donde Bello experimentó su primer gran descubrimiento en Londres, que es el mundo de la biblioteca del precursor.

De 1812 en adelante, comienza un período lleno de dificultades, hasta que entra en relación con Antonio José de Irisarri, guatemalteco, ministro de Chile en Londres, quien le da la mano y lo nombra secretario de la legación en 1822. Contrae matrimonio en 1814, con Mary Anne Boyland (1794-1821). Aspiraba volver a América. En 1814 solicita al gobierno de las Provincias del Río de la Plata ser trasladado a Buenos Aires; en 1815 expresa al gobierno de Cundinamarca su deseo de establecerse en la única sección de América que se hallaba todavía independiente. Irisarri, convencido de la excepcional valía de Bello, fue su padrino para que ingresase al servicio de la legación de Chile. Al ser sustituido Irisarri en la legación por Mariano Egaña (1793-1846), en pugna con Irisarri, Bello sufrió las consecuencias de esta enemistad, pero muy pronto nació entre Egaña y Bello un entrañable afecto y un mutuo respeto. Cuando Egaña regresa a su país, se convierte en el más apasionado defensor de la idea de llamar a Bello para Chile; y a él se debe principalmente el que Bello decidiese trasladarse a Santiago, en 1829, con su segunda esposa, Isabel Antonia Dunn (1804-1873), con quien se había casado en 1824. De la legación de Chile pasa Bello, en 1825, al servicio de la legación de la Gran Colombia, en la que permanecerá hasta febrero de 1829, fecha de su partida para América.

Redactó Bello dos grandes revistas publicadas en Londres por una Sociedad de Americanos, de la que son alma Bello y Juan García del Río (1794-1856). Apareció en 1823 la Biblioteca Americana, y en 1826-1827 El Repertorio Americano, que son la más valiosa manifestación europea del pensamiento hispanoamericano en este período. Pero, entre 1812 y 1822, ¿cuál es la actividad intelectual de Bello? Esos años, penosos y sombríos, están poblados por un grupo de personajes sumamente interesantes y, sobre todo, profundamente humanos. La amistad, por ejemplo entre Blanco White (1775-1845) y Bello, es de las cosas más hermosas que pueden examinarse. José María Blanco White fue español liberal, sacerdote en la España fernandina, se trasladó a Inglaterra en busca de un mundo libre, donde sufrió profundas crisis de creencia. Intenta comprender la autonomía americana, y en la revista que publica en 1810 en Londres, El Español, se imprimen las primeras palabras en castellano, con ánimo de interpretar, razonadamente, como peninsular, el mundo hispanoamericano en rebelión para reivindicar la presencia y la emancipación. Blanco White da la mano a Bello, lo acompaña con franca protección en los momentos más difíciles, en los que Bello hubiese caído en desesperanza. Otra relación humana emocionante es la de Bello con Bartolomé José Gallardo (1776-1852), extremeño de recio carácter, sabio, quizás el hombre que en su tiempo ha sabido más de cultura española. Otros emigrados españoles forman el grupo de amigos de Bello: Vicente Salvá (1786-1865), gramático y bibliógrafo; Antonio Puigblanch (1775-1840), también gramático; Pablo Mendivil (1788-1832), crítico y maestro. Se relaciona también con grandes hombres hispanoamericanos. Bello y López Méndez gozaron breve tiempo de un módico subsidio del gobierno inglés. Cuando finalizó, cayeron otra vez en estrecheces y fue Mariano de Sarratea (1774-1849), quien se dirige al gobierno argentino en solicitud de ayuda para Bello.

Conocemos los trabajos intelectuales de Bello, como la probada colaboración en la sociedad bíblica en Londres; el cargo de descifrar los manuscritos de Jeremías Bentham; el estudio sobre el sistema educativo de Lancaster y Bell; y sobre todo, sus asiduas horas diarias en el Museo Británico, que fue realmente la casa de Bello en los años londinenses. Pero, la actividad intelectual más eminente de Bello en Londres fue la creación poética. Escribía poesía entre estos años de 1812 a 1822. La mayor significación literaria de Bello es la de haber sido autor de esas dos grandes silvas: La Alocución a la poesía y La agricultura de la zona tórrida, dos ramas de un poema inconcluso que no llegó a escribir nunca: América. La fecha de publicación de los poemas: 1823 y 1826, en sus dos revistas, Biblioteca Americana y El Repertorio Americano, donde empezó a publicar también sus grandes investigaciones científicas eruditas y sus estudios de crítica y filología, particularmente en las obras épicas medievales, en especial el Poema de Mio Cid. Específicamente sus dos grandes silvas, le acreditan como Príncipe de la literatura hispanoamericana. En la primera invoca el derecho de América por su independencia cultural; y en la segunda canta a la naturaleza del trópico, con rasgos horacianos, que alcanzan niveles de alta inspiración. De aire neoclásico, pero en un estilo personal muy logrado, como de gran poeta en los días de definición literaria hispanoamericana. En otro sesgo de su actividad en Londres, tradujo a Byron, Delille, Boyardo, en versos excelentes. Las disquisiciones sobre la rima, la ortografía, la literatura medieval europea, etc., vieron la luz en dichas publicaciones. Es visible la variedad de ocupaciones de Bello, no tan sólo en su propia obra de escritor, en su afán insaciable de estudio, sino en el trabajo mismo en legaciones diplomáticas, en encargos e investigaciones, todo lo cual le llevó a conocer muy por dentro una vasta complejidad de temas y problemas, particularmente en cuestiones de derecho internacional. Por otra parte, no hay duda de que mientras reside en Londres el objeto permanente de las meditaciones de Bello es América.

¿Cómo era Bello en el año 1810, cuando llegó a Londres, y cómo era en 1829, cuando partió de Inglaterra? Me parece fuera de discusión que sin esta etapa de estudios y experiencia, sin esta contemplación del mundo desde una ciudad como Londres, con la diferencia de ver el universo y los sucesos de una época desde un punto de observación como Inglaterra, capital liberal de Europa, plataforma extraordinaria y privilegiada, sin esta comunicación y contacto con las transformaciones violentas que estaba experimentando el mundo occidental del primer tercio del siglo XIX, cuando irrumpía en las letras el romanticismo, cuando se ordenaba el mundo postnapoleónico, entre la edad de veintinueve a cuarenta y ocho años, el pensamiento de Bello no hubiese alcanzado la dimensión universal que tuvo. La obra literaria que nos brinda desde Inglaterra presenta ya rasgos distintos de lo que había producido en Caracas. Por una parte, la madurez que dan los años y el desarrollo de sus meditaciones; y, por otra, la maestría en el estro personal tanto como la considerable ampliación de horizonte en sus inspiraciones. La vía de perfeccionamiento del primer descubrimiento de la belleza literaria en sus días de Caracas, es visible en el lenguaje, que logra expresión peculiarísima. Influye en él el romanticismo, que juzga equivalente a las doctrinas liberales en política.

El estudio y la corrección han impulsado un progreso evidente a las inquietudes juveniles. Se perfila el futuro maestro del continente en todo cuanto escribe desde la capital inglesa. El distinto panorama de sus lecturas, el trato con personas de otras latitudes y el mayor fondo de cultura que Londres le proporciona, dan otro sentido y diferente calidad a su obra literaria. Es ya un gran poeta, que habla para un continente. Del mismo modo, aparece en sus prosas, al lado del placer de la investigación, el propósito educador hacia sus compatriotas americanos, con plena maestría y autoridad. Ha adquirido ya su tarea literaria la dimensión última, que no abandonará jamás en los años posteriores: la educación de sus hermanos de América. Desde su arribo a Chile, todo lo que escribe contiene este carácter esencial de su obra literaria, pero le añade otro trazo: el tener conciencia del valor de acción social de las letras, como medio formador de los pueblos americanos, constituidos en repúblicas independientes. Armado de una profunda fe en la civilización mediante la educación de los pueblos, la mantiene constantemente en todos sus escritos; en Chile sostiene los mismos principios sobre la dedicación e incremento del estudio y cultivo de las ciencias y las letras. Si Bello se hubiese quedado en Europa, hubiera sido probablemente el iniciador de la erudición hispánica moderna. Si analizamos el carácter de lo que publicó y elaboró en Londres; las reflexiones sobre la rima en griego y latín; el sistema asonante en la versificación romance; el comentario a Simonde de Sismondi (1773-1842), que era la máxima autoridad en literatura en esta época, autor de la Littérature du midi de l’Europe, a la que replica Bello con un sesudo trabajo de análisis; su proposición de reforma ortográfica; y los estudios para escribir una gramática universal y filosófica; todos sus escritos, salvo las poesías, son trabajos de singular erudición, excepcionalmente profundos, monografías en campos muy restrictos y precisos, de enorme sabiduría.

Los sucesos que jalonan la vida de Bello en Chile son los siguientes: en 1829 es nombrado oficial mayor del ministerio de hacienda; en 1830 se inicia la publicación de El Araucano, periódico del que fue principal redactor hasta 1853; en 1834 pasa a desempeñar la oficialía mayor del ministerio de relaciones exteriores; en 1837 es elegido senador de la República hasta 1855; en 1842 se decreta la fundación de la Universidad de Chile, cuya inauguración en 1843 es el acto más transcendental de la vida de Bello; en abril en 1847 publica la primera edición de la Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos; en 1851 es designado miembro honorario de la Real Academia Española, y en 1861 miembro correspondiente; en 1852 termina la preparación del Código Civil chileno, que es aprobado por el Congreso en 1855; en 1864 se le elige árbitro para dirimir una diferencia internacional entre el Ecuador y Estados Unidos; en 1865, se le invita para ser árbitro en la controversia entre Perú y Colombia, encargo que declina por estar gravemente enfermo. Muere en Santiago de Chile el 15 de octubre de 1865.

A partir de su regreso a América y en lugar de seguir en la vía de erudito historiador iniciada en Londres, Bello escribe su Derecho de jentes, una Cosmografía; hace de periodista, da clases; elabora un Derecho romano porque no existe en el país; publica la Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos -independizándola de la de Nebrija (1444-1522)-, considerada todavía hoy como la mejor para el idioma español; la Ortología y métrica, obra magistral en la materia; se dedica a elaborar un código civil porque falta la regulación de la vida social. Es decir, sustituye la orientación de sabio investigador que vivía en Londres, por un objetivo de maestro, por una finalidad de enseñanza. Lo que Bello publicó en 1823 sobre el poema del Cid en la Biblioteca Americana, por ejemplo, se anticipa en mucho a lo que escriben muchos años después Milá y Fontanals y Menéndez Pelayo.

No abandona la creación poética, porque es razón de vida para el humanista. Escribe poesías originales, donde ya campea el romanticismo y traduce y adapta obras de poetas como Víctor Hugo, en un proceso de recreación admirable, como es el caso de «La oración por todos». Bello tiene absoluta necesidad de seguir cultivando las musas, y fue poeta hasta el fin de sus días. Pero venido a América la reflexión de Bello se habrá aplicado a las necesidades de los países independizados políticamente, que requerían instrumentos de educación general, de orientación y ordenación de las repúblicas en la vida de la cultura, en su más amplio sentido. Entonces el trabajo se transforma en la obra poligráfica del Maestro, en una amplitud de temas, en los que no puede desdeñar ni los manuales de enseñanza, ni las obras de divulgación, ni los artículos semanales para El Araucano o los consejos para evitar que el castellano se estropee. Se ha convertido el erudito en el educador. Y de ello, tenemos una prueba irrefutable: las investigaciones que había empezado en Londres se publicaron póstumamente: Filosofía del entendimiento y La reconstrucción del poema del Cid. Bello ha sido el conductor y definidor cultural de la América hispana independizada. Londres significaba otro camino, pero me atrevo a afirmar, sin vacilación, que si Bello no hubiese vivido sus diecinueve años en Londres, probablemente no hubiese tenido la preparación necesaria para poder convertirse en el Maestro Americano.

Cuando contemplamos en su conjunto la obra de Bello, observamos que al lado de unas partes ya caducas, hay otras como, por ejemplo, el pensamiento filológico, el código civil, el derecho internacional, la poesía, las normas educativas y su postura frente a la civilización que se mantienen vigentes y deben tenerse muy en cuenta para nuestros días. Bello encarna con su vida y su obra el tipo del humanista, pero humanista representativo de una nueva concepción de la cultura, que puede calificarse de humanismo liberal. Juzgo que está justificada tal designación para los forjadores intelectuales de las repúblicas independizadas de este continente, que es su más trascendente aportación a la civilización occidental. Bello es el primer humanista de América.
1. Texto extraído de Pedro Grases, «Andrés Bello», en Diccionario Enciclopédico de las Letras de América Latina (DELAL), Caracas, Biblioteca Ayacucho, t. I, pp. 565-572.
http://www.cervantesvirtual.com/portales/andres_bello/autor_apunte/

Currículo de Pedro Grases
Vilafranca del Panedés (Cataluña-España) 17/09/1909 – Caracas (Venezuela) 15/08/2004.

Educador, escritor, investigador, humanista, bellista, americanista, promotor de proyectos editoriales y culturales. Licenciado y Doctorado en Derecho, y Filosofía y Letras, respectivamente de la Universidad de Barcelona y de la Universidad de Madrid (España). Fue un escritor y docente universitario exitoso en Cataluña, abogado en ejercicio en un reputado bufete y secretario particular de Carlos Pi i Sunyer, Alcalde de Barcelona. Al iniciarse la violencia de la guerra civil española Pedro Grases ayuda con salvoconductos a quienes van a perder la vida, hasta que le toca a él y debe refugiarse en Francia. Vive casi durante un año en La Chapelle-aux-bois, su esposa Asunción Galofré Tomás de Grases le había seguido con su primer hijo de año y medio, y en Epinal nace su segundo hijo. Por unos familiares cercanos que viven en Maracay, le es ofrecido venirse a Venezuela. Llegan a mediados de 1937. Pedro Grases adopta la nacionalidad venezolana en los años 54. Ejerció la docencia en la educación secundaria, universitaria y de especialización en Venezuela, y universitaria y de post-grado en los Estados Unidos e Inglaterra. Grases donó su biblioteca personal de más de 70.000 volúmenes al empresario Eugenio Mendoza para que hiciera la Universidad Metropolitana de Caracas, que él contribuyó a fundar. El Congreso Nacional de Venezuela homenajeó a Grases al cumplir 40 años de docencia y 70 años de edad. Por Decreto Presidencial, se ordena la construcción de la Biblioteca Pedro Grases en la Universidad Metropolitana.

La Cámara Municipal de Chacao rindió homenaje al ilustre chacaoense cambiando el nombre de la Av. Los Chaguaramos, tramo Av. Eugenio Mendoza, Av. Santa Teresa de Jesús por el nombre de Calle Don Pedro Grases. (Gaceta Municipal de Chacao, 9 de agosto del 2010, Acuerdo Nº 041-10); significa el sitio donde por más de medio siglo trabajó el sabio humanista, donde funcionó la Secretaría de la Comisión Editora de las Obras Completas de Andrés Bello, finalmente, donde se realizó la Tertulia Sabatina de Grases que trajo tantos beneficios al desarrollo de Venezuela en la cultura y en la educación. Reconocido con doctorados honoris causa, premios, condecoraciones, nacional e internacionalmente el Maestro Pedro Grases destacó dos de ellos: el Premio “Pedro Grases a la Excelencia en Hispanismo”, que da anualmente el Amherst College, Massachussets desde 1983, y la escogencia de Pedro Grases su vida y su obra como tema para el Discurso de incorporación a la Academia de la Lengua (1992) de su devoto discípulo y compañero de trabajo Oscar Sambrano Urdaneta. La Unión Europea acaba de hacer un homenaje al Prof. Pedro Grases en el Palacio de Egmont en Bruselas, 26 de febrero del 2015; y la Academia Venezolana de la Lengua correspondiente de la Real Española realiza un homenaje el 20 de abril del 2015, en conmemoración de los 10 años del fallecimiento del humanista. La obra escrita de Pedro Grases se está revalorando cada vez más en el mundo de habla y estudios hispanos. Arturo Uslar Pietri calificó la obra de Pedro Grases de “faraónica” y dividió el tiempo de las investigaciones documentales y bibliográficas en Venezuela en “antes y después de Pedro Grases”. No hay autor o tema venezolano del siglo XVIII al XIX que Grases no hay hecho aportes en muchos casos concluyentes.

http://fundacionpedrograses.com/vyl.html

 

 

Retrato de Andrés Bello

 

Fragmento do ensaio “Um estudo comparado do Pensamento educacional Latino-Americano no Século XIX
Escrito por Sonia Maria da Silva Araujo Universidade Federal do Pará-UFPA
http://sbhe.org.br/

3. Uma breve biografia do latino-americano Andrés Bello (Venezuela, 1781-1865)

Nasceu em Caracas, posterior República Federativa da Venezuela e faleceu em Santiago, capital da República do Chile. Foi poeta, filólogo, educador e jurista. Passou parte de sua infância com o avô materno que morava próximo do Convento dos Mercedários, em cuja biblioteca realizou seus primeiros estudos. Adquiriu o gosto pela leitura com o frei Cristóbal de Quesada, grande conhecedor de língua e literatura latinas e do humanismo clássico. Estudou francês e inglês, e obteve o título de bacharel em letras e artes. Ainda muito jovem dá aulas em casa para um grupo de meninos em que se destaca Simón Bolivar. Sua capacidade de educador logo se sobressai, assim como a de poeta e escritor. Em 1800 conhece Alexander van Humboldt a quem dará assistência na expedição que incluía o território venezuelano. Em 1802 torna-se 2o oficial da Capitania Geral da Venezuela e controla a epidemia da varíola com uma política de vacinação em massa, incorporando-se a partir de então à administração pública. Começa também a produzir seus poemas e romances.

Seu conhecimento em línguas estrangeiras o ajuda a publicar em espanhol as notícias do velho mundo e, portanto, a colaborar com os grandes jornais de Caracas, como La Gaceta de Caracas. Logo passa a ser conhecido pelas publicações nos periódicos da cidade. Funda a Revista El Lucero e começa a se destacar como homem de letras. Utilizará suas capacidades intelectuais para a emancipação da América Latina ao atuar na diplomacia e publicar ensaios, poesias e textos escolares que tinham como objeto de reflexão a vida latino-americana. As duas décadas que passou na Grã-Bretanha ajudaram-no a assumir uma ação engajada na luta pela libertação da América Latina sob o julgo do reino de Espanha e, à distância, assessora Simon Bolivar no movimento de independência da Venezuela. Traduz textos da literatura clássica inglesa para o espanhol, atua como redator da Revista londrina El Repertorio Americano, ao tempo em que estuda o sistema educativo de Lancaster.

Ao retornar para a América em 1829, fixa residência no Chile, que vive seus primeiros anos de independência, ocupando a função de oficial-maior do Ministério da Fazenda. Assume então funções públicas no campo da educação ao trabalhar como professor universitário, dirigir instituições de ensino (escolas e universidades) e publicar livros sobre educação. Continua, também, a colaborar com jornais, como o periódico El Araucano. Em 1837 é eleito senador da República do Chile e inicia a elaboração do Código Civil da república. Seus escritos de educação versam sobre a necessidade de uma pedagogia adequada à América Latina e da necessidade de uma educação verdadeiramente republicana, que a todos atendesse. Para ele, a ciência e as letras têm um valor instrumental importante na formação da América Latina ao elevar o caráter moral de crianças e jovens.

 Monumento a Simón Bolivar em Guayaquil, obra de Giovanni Ardelini

No campo da atuação em educação, começa a dar aulas particulares, em sua casa, a um grupo de adolescentes, entre os quais se encontrava Simón Bolivar a quem assessorará politicamente. Depois, ministrará aulas para outras personalidades ilustres da história política latinoamericana de língua castelhana e se destacará no campo da Literatura ao publicar poesias de sua autoria.

Suas investidas na política se devem ao fato de, após as experiências vividas na Grã-Bretanha, ter se dado conta da pobreza em que estava mergulhada a América Latina, mas, ao contrário de seus contemporâneos, não defendia a derrubada do sistema, mas sua restauração por meio da educação, da legislação e da economia comercial. Bello, fortemente influenciado pelo pensamento utilitarista e pelo racionalismo inglês, defendia uma “liberdade racional” do povo latino-americano e por isso foi muito criticado. O cientificismo se imbricava ao poder que atribuía à educação. Para ele, o ensino da física na educação preparatória contribuiria, por exemplo, para a compreensão da importância da natureza na mente do povo no desenvolvimento econômico da América Latina.

Seu retorno à América Latina, mas para o Chile, após duas décadas de exílio da Grã- Bretanha, com a vitória política de conservadores sobre os liberais, será marcada por sua atuação no campo educacional, especialmente por seu trabalho no Instituto Nacional, em que ministrou educação superior de caráter profissional, e na velha Universidade de San Felipe, além de ensino no Liceu e na direção do conservador Colégio de Santiago. Foi reitor na Universidade do Chile, que teve a importante tarefa de ser o órgão superior, responsável por elaborar políticas públicas educacionais, organizar os estabelecimentos de ensino e nomear professores. Também escreveu a Gramática da Língua Castelhana, destinada ao uso dos americanos.

Bello tinha particular interesse pelo ensino superior, especialmente sobre suas implicações sociais e econômicas, sem se descurar do ensino básico. Inspirado nos economistas utilitaristas ingleses, pensa a universidade, assim como as comunidades literárias, enquanto recurso para a formação de um povo moralmente honesto e cientificamente capaz de fazer a sociedade superar a pobreza e alimentar a boa governação. Daí a sua preocupação em fazer da Universidade do Chile uma universidade chilena, isto é, que estudasse e analisasse a economia chilena, as estatísticas chilenas, a saúde chilena etc. Enfim, para ele, todo o ensino superior deve convergir para os problemas do Chile, ou como ele mesmo dizia, para “nossa terra nativa”.

O estudo da Língua era também uma preocupação que ocupava o pensamento de nosso autor. Na sua perspectiva, a língua castelhana deveria ser ampliada e enriquecida com as experiências da sociedade, já que a Literatura, sua mais elevada forma de expressão, não se materializa fora do contexto, do mundo social de seus autores. Língua, dizia ele, “é o instrumento da instrução cultural”.

Sobre o ensino básico, acredita ser o meio para a democratização da educação. Embora fortemente voltado para o ensino superior, defendia Bello que os governos não deveriam se eximir de tão elevada tarefa: educar o cidadão. Tal educação, deveria se dar na direção da formação de um cidadão útil, capaz de melhorar a sociedade, e isto só ocorreria se “se abrisse os campos do progresso à maioria das pessoas”. Ele questiona:
Que bem nos faria ter oradores, juristas e homens públicos se a grande massa da população vive mergulhada nas sombras da ignorância, privada de seu direito de compartilhar do comércio e das riquezas e incapaz de ascender ao bem-estar a que as pessoas estão autorizadas a esperar de um Estado? Falhar em dedicar atenção aos meios mais adequados para educar o povo seria equivalente a não dar atenção à prosperidade nacional (BELLO, 1836).

Sua preocupação com a educação era tão grande que realizou, na Universidade do Chile, uma competição para premiar os melhores trabalhos sobre: a) a influência da educação primária nos costumes, moralidade pública, indústria e no desenvolvimento geral da prosperidade da nação; b) a maneira pela qual a educação deveria ser organizada; c) o melhor sistema de financiamento para manter a educação. Nesse concurso, foram premiados ninguém menos que Miguel Luis, Gregório Victor Amunátegui (um dos maiores biógrafos de Bello) e Domingos F. Sarmiento. Tais trabalhos influenciaram fortemente as políticas de educação básica no Chile e suas ideias serviram de referência para os escritos de educação de Bello.

Sobre a educação secundária, defendia que não deveria se limitar à educação profissional. Para ele, os jovens deveriam ter acesso a todo o tipo de educação para que pudessem contribuir com a prosperidade nacional. A criatividade, na sua perspectiva, deveria arregimentar o ensino secundário para que a educação pudesse formação cidadãos úteis, mas também criativos.

Obras principais: Calendário manual y guía universal de forasteros en Venezuela para el año de 1810: con superior permiso (1810); Arte de escribir con propriedad: compuesto por el Abate Condillac, traducido del francés y arreglado a la lengua castellana (1824); Principios de derecho de gentes (1832); Principios de ortología y métrica de la lengua castellana (1835); Gramática de la lengua latina (1838); Análisis ideológica de los tiempos de la conjugación castellana (1841); El incendio de la Compañía: canto elegíaco (1841); Discurso de inauguración de D. Andrés Bello, rector. Santiago de Chile (1843); Teresa: drama en prosa y en cinco actos, por Alejandro Dumas, traducido al castellano y arreglado por don Andrés Bello (1846); Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos (1847); Cosmografía o descripción del universo conforme a los últimos descubrimientos (1848); Compendio de la historia de la literatura, por don Andrés Bello (1850); Opúsculos literários y críticos, publicados en diversos periódicos desde el año1834 hasta 1849 (1850); Proyecto de Código Civil (1853); Código Civil de la República de Chile (1856); Filosofía del entendimiento (1881).

Currículum de Sônia Maria da Silva Araujo

Possui graduação em Pedagogia pela Universidade Federal do Pará (1986), mestrado em Educação pela Universidade de São Paulo (1997) e doutorado em Educação também pela Universidade de São Paulo (2002). Fez Estágio Pós-Doutoral no Centro de Estudos Sociais (CES) da Universidade de Coimbra (2007-2008), realizando estudos sobre pós-colonialismo, colonialidade e educação do campo no Brasil. Foi representante da região norte na direção da Sociedade Brasileira de História da Educação (SBHE) entre os anos 2009-2013. É professora Associada IV da Universidade Federal do Pará (UFPA), onde atua como coordenadora do Programa de Pós-Graduação em Educação e orienta alunos de Mestrado e Doutorado.Tem experiência na área de Educação, atuando principalmente nos seguintes temas: educação rural e educação do campo; cultura e educação; etnia e educação; Amazônia e práticas de escolarização; pensamento educacional latino-americano. Desenvolve pesquisas sobre etnia, gênero e educação. No momento, executa um projeto de pesquisa sobre o pensamento educacional de duas mulheres latino-americanas do século XIX (Brasil e Argentina) . Apresenta publicações em que se estabelecem reflexões sociológicas, históricas e antropológicas de práticas e discursos em educação. É coordenadora do grupo de pesquisa “José Veríssimo e o Pensamento Educacional Latino-americano” e vice-coordenadora do grupo “Constituição do Sujeito, Cultura e Educação” (ECOS) . Faz intercâmbio com o Grupo de Pesquisa Discriminação, Preconceito, Estigma: minorias étnicas e religiosas, cultura e educação da Universidade de São Paulo (FEUSP) e do Grupo Epistemologias alternativas, movimentos sociais e educação (IFPE). É associada das seguinte entidades acadêmico-científicas : – Associação Nacional de Pesquisa e Pós-Graduação em Educação (ANPEd); – Sociedade Brasileira de História da Educação (SBHE).

Don Pedro Grases y la edición de Las obras completas de André Bello
(Tomado de El legado de Don Pedro Grases de David R. Chacón Rodríguez)

Fichas catalográficas: 2a. edición.-Caracas: Fundación La Casa de Bello, . 26 vols.; 23 cm. Incluye: Bibliografía e Índices. Segunda edición facsimilar con motivo del “Año Bicentenario de Andrés Bello”.

“La edición de las obras completas de Andrés Bello fue una de las mayores satisfacciones experimentadas en la vida de Pedro Grases. En sus funciones como secretario de la Comisión Editora tuvo la grata oportunidad de mantener una nutrida correspondencia con los estudiosos y colaboradores de la investigación bellista en Venezuela y diversos países que le proporcionaron gratos momentos de intercambio de ideas y ayudas a las pesquisas de los temas bellistas…

El primer contacto con Andrés Bello
Aprovechando las vacaciones escolares del mes de agosto de 1939, Pedro Grases decide consumirse los 800 dólares que había ahorrado para conocer ese maravilloso mundo que representa la América Hispana. Durante el recorrido visita a Cartagena, Panamá, Lima, El Callao, Valparaíso, Santiago de Chile, Buenos Aires, Montevideo, Río de Janeiro y Sao Paulo. Allí, además de hacer muchos amigos, vivió maravillado por las extraordinarias y fantásticas riquezas bibliográficas que había en las librerías. Es en ese entonces que tropieza con la edición chilena de 1881 de las Obras Completas de Andrés Bello, y especialmente con la publicación póstuma del poema del Cid que aparecía en el tomo segundo. Fue tanta su emoción que le recordó las clases magistrales impartidas en sus años universitarios por Don Ramón Menéndez Pidal. Este fabuloso hallazgo fue, para él, la revelación de una temática nueva: el humanismo americano, y dio pie a que don Pedro propusiera a la Academia Venezolana de la Lengua correspondiente de la Española un acto en conmemoración del VIII centenario del poema del Cid, que según Menéndez Pidal se había compuesto alrededor del año 1.140.

Una vez aceptado su ofrecimiento, se decidió celebrar el acto en el Paraninfo de la Universidad Central de Venezuela y se le designó Orador de Orden, siendo ésta la primera ocasión en que se puso un chaqué levita prestado por su amigo José Antonio Vandellós. Este discurso que fue publicado con el título Don Andrés Bello y el poema del Cid, en el Boletín de la Academia Venezolana de la Lengua correspondiente de la española, Nº 30, de abril-junio de 1941, y sirvió de base a su obra La Épica Castellana y los Estudios de Andrés Bello, la cual fue distinguida con el Premio Andrés Bello, en 1953. El Jurado estuvo compuesto por el profesor Augusto Mijares, el Padre Pedro Pablo Barnola, S. J., y Don Luis Yépez.

Siguiendo la propuesta que el diputado Andrés Eloy Blanco formulara el martes, 21 de octubre de 1947 en la Asamblea Nacional Constituyente de Venezuela, el miércoles 25 de febrero de 1948, el Presidente Rómulo Gallegos en ejecución de ese acuerdo aprobado por unanimidad, que recomendaba al Ejecutivo Nacional la edición cuidadosa de las obras completas de Andrés Bello, decretó la creación de una Comisión Nacional para la edición venezolana de las Obras Completas de Andrés Bello. Al principio presidió la Comisión Don Julio Planchart (1855-1948) y luego el Doctor Rafael Caldera. Don Pedro era el Secretario. Para realizar la investigación de la etapa londinense de Andrés Bello, por sugerencia de Don Pedro, se contrató los servicios de Don Carlos Pi i Suñer. Gracias a su admirable y acuciosa búsqueda pudimos conocer sus trabajos, las casas donde habitó Bello, su asidua asistencia del British Museum, la localización de su tarjeta de lector y su relación con Miranda.

Obras de Andrés Bello

Calendario manual y guía universal de forasteros en Venezuela para el año de 1810, con superior permiso, Caracas, Imprenta de Gallagher y Lamb, 1810 [Ed. Facsimilar en Pedro Grases, El primer libro impreso en Venezuela, Caracas, Ediciones del Ministerio de Educación, Dirección de Cultura y Bellas Artes, 1952].

Arte de escribir con propiedad, compuesto por el Abate Condillac, traducido del francés y arreglado a la lengua castellana, Caracas, Tomás Antero, 1824.

Principios de derecho de jentes, Santiago de Chile, Imprenta de La Opinión, 1832 [ed. corregida y aumentada, Principios de Derecho Internacional, Valparaíso, Imprenta de El Mercurio, 1844].

Principios de la ortología y métrica de la lengua castellana, Santiago de Chile, Imprenta de La Opinión, 1835.

Gramática de la lengua latina, Santiago de Chile, Imprenta de La Opinión, 1838.
Análisis ideológica de los tiempos de la conjugación castellana, Valparaíso, Imprenta de M. Rivadeneyra, 1841.

El incendio de la Compañía. Canto elegíaco, Santiago de Chile, Imprenta del Estado, 1841.

Discurso de inauguración de D. Andrés Bello, rector, Santiago de Chile, Imprenta del Estado, 1842 [sic: 1843].

Teresa; drama en prosa y en cinco actos, por Alejandro Dumas, traducido al castellano y arreglado por don Andrés Bello; representado por primera vez en Santiago, en noviembre de 1839, Santiago de Chile, Imprenta del Siglo (Galería Dramática Chilena;

Colección de Piezas Originales y Traducidas en el País), 1846.

Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos, Santiago de Chile, Imprenta del Progreso, 1847.

Cosmografía o descripción del universo conforme a los últimos descubrimientos, Santiago de Chile, Imprenta de La Opinión, 1848.

Filosofía del entendimiento, (Introducción de José Gaos), México, Fondo de Cultura Económica, 1948 [1ª ed. Tomo I de Obras completas de don Andrés Bello, Santiago de Chile, Imp. de Pedro G. Ramírez, 1881].

Compendio de la historia de la literatura; por don Andrés Bello redactado para la enseñanza del Instituto Nacional, Santiago de Chile, Imprenta Chilena, 1850.

Opúsculos literarios y críticos, publicados en diversos periódicos desde el año 1834 hasta 1849, Santiago de Chile, B.I.M. Editores, 1850.

Proyecto de Código Civil, Santiago de Chile, Imprenta Chilena, 1853. 4 vols.

Código Civil de la República de Chile, Santiago de Chile, Imprenta Nacional, 1856.

Obras completas de don Andrés Bello, Santiago de Chile, 1881-1893. 15 vols. [Tomos I-XIII: Imp. de Pedro G. Ramírez, 1881-1890; Tomos XIV-XV: Imprenta Cervantes, 1891-1893].

Obras completas, Caracas, Fundación La Casa de Bello, 1981-1986. 26 vols.

Estudios y bibliografía:
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AMUNÁTEGUI, Miguel Luis, Vida de don Andrés Bello, Santiago de Chile, Impreso por Pedro G. Ramírez, 1882.
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Bibliografía de Andrés Bello. II. Crítica, Caracas, La Casa de Bello, 1987.
Bello y la América Latina. Cuarto Congreso del Bicentenario, Caracas, Fundación La Casa de Bello, 1982.
Bello y Caracas: Primer Congreso del Bicentenario, Caracas, Fundación La Casa de Bello, 1979.
Bello y Londres: Segundo Congreso del Bicentenario, Caracas, Fundación La Casa de Bello, 1980-1981.2 vols.
Bello y Chile: Tercer Congreso del Bicentenario, Caracas, Fundación La Casa de Bello, 1982, 2 vols.
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[Extraído del Diccionario Enciclopédico de las Letras de América Latina (DELAL),
Caracas, Biblioteca Ayacucho, t. I, pp. 571-572.]

 

 

 

Tumba de Andrés Bello en el Cementerio General de Santiago