15 Grandes Autores en Castellano y Português parte 1

Pedro Sevylla de Juana

Grandes autores son: Jorge Manrique, Luiz Vaz de Camões, Alonso de Ercilla y Zúñiga, Gilberto Freyre, Andrés Bello, Carlos Drummond de Andrade, Francisco de Quevedo, Manuel Bandeira, Rubén Darío, Jorge de Sena, Pablo Neruda, Cecília Meireles, José Asunción Silva, Carolina Maria de Jesus, y Carmen Conde. Introducción e traduções de Pedro Sevylla de Juana, Ilustraciones de Cesáreo Gutiérrez Cortés
Al final de cada autor pongo el enlace con el trabajo completo. Después de esta primera entrega vendrán otras con más autores.

Trabajos de traductor
Entre los Grandes autores, me decidí por un poeta coterráneo para colocarlo en el blog traducido al portugués. Busco una cierta simetría, un equilibrio flexible entre las dos culturas. ¿Quién mejor que Jorge Manrique, castellano del siglo XV? Pero Jorge Manrique posee una obra singular, porque dentro de ella están las Coplas a la muerte de su padre, destacando, elevándose, tirando del resto hacia arriba, sumándose. Cortos los versos, eso sí; ocho sílabas y cuatro en el pie quebrado. Pero las cuarenta estrofas de las Coplas suman 480 versos. Busqué las traducciones existentes, y eran escasas.
Debía intentarlo. Lo decidí antes de conocer las dificultades. Aunque lo hubiera intentado de haberlas conocido. A los setenta años, la dificultad es para mí un aliciente. Lo primero era tener un texto de partida. Tuve que formarlo a partir de las distintas ediciones existentes; las mejores, las más fieles, las más lógicas. Leí muchos de los abundantes trabajos que orientan: algunos contradictorios. Ahí está lo alcanzado: actual y respetuoso con el contenido.
La traducción debe tener en cuenta el ritmo, nacido de la métrica. No debe cambiar la forma original, sobre todo la rima. Portugués y castellano en este largo poema son más hermanos que nunca. Así lo sentí, así lo siento. Casi todas las palabras tenían equivalente en el idioma de llegada. Eso es una ventaja. Pero había que comprobar el sentido, consultando en los diccionarios de la RAE y Priberam. Había que poner las frases nuevas en el buscador, para ver si se utilizaban ahora y en qué proporción.
No obstante, hay terminaciones que en portugués difieren. Hay verbos que en portugués cambian de declinación y terminan de otra forma. La rima es consonante; y casi siempre se consigue mantenerla. La asonante no modifica apenas el sonido. El sonido: otro elemento que debo tener en cuenta; ya que la fonética en portugués es muy distinta y el poema va a ser leído.
Horas dedique a resolver las dificultades, comprobando las posibles palabras existentes y buscando el encaje justo. Mensaje, métrica, ritmo y rima: ahí está el resultado. Mis amigos de lengua portuguesa quedaron satisfechos cuando los consulté. Así que mi satisfacción es clara. Ahí van los 480 versos en portugués, añadidos a los 480 versos en castellano.
Pasen y lean. Saludos cordiales y agradecimiento por su visita.

Coplas a la muerte de su padre
Por Jorge Manrique
Tradução: Pedro Sevylla de Juana

I
Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando;
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo a nuestro parecer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.

Advirta a alma dormida,
avive o senso e acorde
contemplando
como se passa a vida,
como se vem a morte
tão calando;
quão presto escapa o prazer,
como, após pensado,
causa dor;
como a nosso parecer,
qualquer tempo passado
foi melhor.

II
Y pues vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
lo que espera,
más que duró lo que vio,
porque todo ha de pasar
por tal manera.

E pois vemos o presente
como num ponto se é ido
e acabado,
se julgamos sabiamente,
daremos o não sido
por passado.
Não se engane ninguém,
pensando que tem de durar
o que espera,
mais que durou o que tem,
porque todo deve passar
por tal maneira.

III
Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en el mar,
que es el morir:
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
allí, los ríos caudales,
allí, los otros, medianos
y más chicos;
allegados, son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.

Nossas vidas são os rios
que vão dar no mar,
que é o morrer:
ali vão os senhorios
diretos a se acabar
e perecer;
ali, esses rios caudais,
ali, os outros, meãos,
e infantes;
abeirados, são iguais
os que vivem pelas mãos
e magnates.

IV
Dejo las invocaciones
de los famosos poetas
y oradores;
no curo de sus ficciones,
que traen yerbas secretas
sus sabores.
A aquel solo me encomiendo,
a aquel solo invoco yo
de verdad,
que en este mundo viviendo
el mundo no conoció
su deidad.

Deixo as invocações
dos famosos poetas
e oradores;
não curo de suas ficções,
que trazem ervas secretas
seus sabores.
Àquele só me encomendo,
àquele só invoco eu
de verdade,
que neste mundo vivendo
o mundo não conheceu
sua deidade.

V
Este mundo es el camino
para el otro, que es morada
sin pesar;
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar.
Partimos cuando nacemos,
andamos mientras vivimos,
y llegamos
al tiempo que fenecemos;
así que, cuando morimos,
descansamos.

Este mundo é o caminho
para o outro, que é morada
sem pesar;
mas cumpre ter bom tino
para andar esta jornada
sem errar.
Partimos quando nascemos,
andamos quando vivemos,
e chegamos
ao tempo em que fenecemos;
assim que, quando morremos ,
descansamos.

VI
Este mundo bueno fue
si bien usáramos de él
como debemos,
porque, según nuestra fe,
es para ganar aquél
que atendemos;
que aquel hijo de Dios,
para subirnos al cielo
descendió
a nacer acá entre nos,
y a vivir en este suelo
do murió.

Aqueste mundo bom é
conquanto usássemos dele
qual devemos,
pois, segundo nossa fé,
é para ganhar aquele
que vivemos;
que o filho do Deus Criador,
para nos subir ao Trono
ele desceu
devendo sofrer o dor,
e viver neste solo
onde morreu.

VII
Si fuese en nuestro poder
tornar esa cara hermosa
corporal
como podemos hacer
el ánima gloriosa
angelical;
¡qué diligencia tan viva
tuviéramos toda hora
y tan presta
en componer la cautiva
dejándonos la señora
descompuesta!

Se fosse em nosso poder
tornar a cara formosa
corporal
como podemos fazer
a alma gloriosa
angelical;
que diligência tão viva
tivéssemos toda hora
tão disposta
em compor a cativa
nos deixando a senhora
descomposta!

VIII
Ved de cuán poco valor
son las cosas tras que andamos
y corremos,
que en este mundo traidor,
aun primero que muramos
las perdemos;
de ellas deshace la edad,
de ellas, casos desastrados
que acontecen,
de ellas, por su calidad,
en los más altos estados
desfallecen.

Vede o pouco valor
das coisas trás que andamos
e corremos,
que neste mundo traidor,
ainda antes que morramos
as perdemos;
delas desfaz a idade,
delas, casos desastrados
que acontecem,
delas, por sua qualidade,
nos mais altos estados
desfalecem.

IX
Decidme: la hermosura,
la gentil frescura y tez
de la cara,
el color y la blancura,
cuando viene la vejez,
¿cuál se para?
Las mañas y ligereza
y la fuerza corporal
de juventud,
todo se torna graveza
cuando llega al arrabal
de senectud.

Me digam: a formosura,
a gentil frescura e tez
da cara,
a cor e a brancura,
quando vem a vetustez,
qual se para?
As manhas e ligeireza
e a força corporal
de juventude,
todo se torna graveza
quando chega ao lamaçal
de senectude.

X
Pues la sangre de los godos,
y el linaje y la nobleza
tan crecida,
¡por cuántas vías y modos
se sume su gran alteza
en esta vida!
Unos, por poco valer,
¡por cuan bajos y abatidos
que los tienen!
otros que, por no tener,
con oficios no debidos
se sostienen.

Pois o sangue dos godos,
e a linhagem e a nobreza
tão crescida,
por quantas vias e modos
se some sua grande alteza
nesta vida!
Uns, por pouco valer,
por quão baixos e abatidos
que os têm!
outros que, por não ter,
com ofícios não devidos
se sustêm.

XI
Los estados y riqueza,
que nos dejan a deshora,
¡quién lo duda!
No les pidamos firmeza,
pues que son de una señora
que se muda:
que bienes son de Fortuna
que revuelve con su rueda
presurosa,
la cual no puede ser una
ni estar estable ni queda
en una cosa.

Os estados e riqueza,
que nos deixam a desoras,
quem o dúvida!
Não lhes peçamos firmeza,
pois que são de uma senhora
que se muda:
que bens são de Fortuna
que revolve com sua roda
pressurosa,
a qual não pode ser uma
nem ser estável por moda
nem ociosa.

XII
Pero digo que acompañen
y lleguen hasta la huesa
con su dueño:
por eso no nos engañen,
pues se va la vida apriesa
como sueño.
Y los deleites de acá
son, en que nos deleitamos,
temporales,
y los tormentos de allá,
que por ellos esperamos,
eternales.

Mas digo que acompanhem
e cheguem até a cova
com seu dono:
por isso não nos enganem,
pois se vai a vida pronta
como sonho.
E os deleites de cá
são, em que nos deleitamos,
temporais,
e os tormentos de lá,
que por eles esperamos
eternais.

XIII
Los placeres y dulzores
de esta vida trabajada
que tenemos,
no son sino corredores;
y la muerte, la celada
en que caemos.
No mirando nuestro daño,
corremos a rienda suelta,
sin parar;
cuando vemos el engaño
y queremos dar la vuelta,
no hay lugar.

Os prazeres e dulçores
desta vida trabalhada
que assumimos,
não são senão corredores;
e a morte, a cilada
em que caímos.
Não olhando nosso dano,
corremos a rédea solta,
sem parar;
quando vemos o engano
e queremos dar a volta,
não há lugar.

XIV
Esos reyes poderosos
que vemos en escrituras
ya pasadas,
por casos tristes, llorosos,
fueron sus buenas venturas
trastornadas;
así que no hay cosa fuerte,
que a papas y emperadores
y prelados,
así los trata la muerte
como a los pobres pastores
de ganados.

Esses reis poderosos
que vemos em escrituras
já passadas,
por casos tristes, chorosos,
foram suas boas venturas
transtornadas;
de modo que não há coisa forte,
que a papas e imperadores
e prelados,
assim os trata a morte
como aos pobres pastores
de seus gados.

XV
Dejemos a los troyanos,
que sus males no los vimos
ni sus glorias;
dejemos a los romanos,
aunque oímos y leímos
sus victorias.
No curemos de saber
lo de aquel siglo pasado
qué fue de ello;
vengamos a lo de ayer,
que también es olvidado
como aquello.

Deixemos aos troianos,
que seus males não os vimos
nem as glórias;
deixemos aos romanos,
ainda que ouvimos e lemos
suas vitórias.
Não curemos de saber
o do século passado
que foi disso;
vingamos ao de ontem,
que também é olvidado
como aquilo.

XVI
¿Qué se hizo el rey don Juan?
Los infantes de Aragón,
¿qué se hicieron?
¿Qué fue de tanto galán?
¿qué fue de tanta invención
como trajeron?
Las justas y los torneos,
paramentos, bordaduras
y cimeras,
¿fueron pobres devaneos?,
¿qué fueron sino verduras
de las eras?

Que se fez o rei dom Juan?
Os infantes de Aragón,
que fizeram?
Que foi de tanto galã?
que foi de tanta invenção
que trouxeram?
As justas e os torneios,
paramentos, bordaduras
e cimeiras,
foram pobres devaneios?,
que foram senão verduras
das eiras?

XVII
¿Qué se hicieron las damas,
sus tocados, sus vestidos,
sus olores?
¿Qué se hicieron las llamas
de los fuegos encendidos
de amadores?
¿Qué se hizo aquel trovar,
las músicas acordadas
que tañían?
¿Qué se hizo aquel danzar,
aquellas ropas chapadas
que traían?

Que se fizeram as damas,
seus tocados, seus vestidos,
seus odores?
Que se fizeram as chamas
dos fogos acendidos
de amadores?
Que se fez aquele trovar,
as músicas acordadas
que tangiam?
Que se fez aquele dançar,
aquelas roupas chapadas
que traziam?

XVIII
Pues el otro, su heredero,
don Enrique, ¡qué poderes
alcanzaba!
¡Cuán blando, cuán halaguero
el mundo con sus placeres
se le daba!
Mas verás cuán enemigo,
cuán contrario, cuán cruel
se le mostró;
habiéndole sido amigo,
¡cuán poco duró con él
lo que le dio!

Pois o outro, seu herdeiro,
dom Enrique, que poderes
alcançava!
Quão macio, quão lisonjeiro
o mundo com seus prazeres
se lhe dava!
Mas verás quão inimigo,
quão contrário, quão cruel
se lhe mostrou;
tendo-lhe sido amigo,
quão pouco lhe foi fiel
o que lhe doou.

XIX
Las dádivas desmedidas,
los edificios reales
llenos de oro,
las vajillas tan bruñidas,
los enriques y reales
del tesoro;
los jaeces, los caballos
de su gente, y atavíos
tan sobrados,
¿dónde iremos a buscarlos?,
¿qué fueron sino rocíos
de los prados?

As dádivas desmedidas,
os edifícios reais
cheios de ouro,
as louças tão polidas,
os enriques e reais
do tesouro;
os jaezes, os cavalos
de sua gente, e atavios
tão sobrados,
onde iremos procurá-los?,
que foram senão rocio
sobre prados?

XX
Pues su hermano el inocente,
que en su vida sucesor
se llamó,
¡qué corte tan excelente
tuvo y cuánto gran señor
le siguió!
Mas, como fuese mortal,
metióle la muerte luego
en su fragua.
¡Oh, juicio divinal,
cuando más ardía el fuego,
echaste agua!

Pois seu irmão o inocente,
que em sua vida sucessor
se chamou,
que corte tão excelente
teve e quanto grande senhor
lhe secundou!
Mas, como fosse mortal,
meteu-o a morte logo
na sua frágua.
Oh, juízo divinal,
quando mais ardia o fogo,
jogaste água!

XXI
Pues aquel gran Condestable,
maestre que conocimos
tan privado,
no cumple que de él se hable,
sino sólo que lo vimos
degollado;
sus infinitos tesoros,
sus villas y sus lugares,
su mandar,
¿qué le fueron sino lloros?
¿Qué fueron sino pesares
al dejar?

Pois o grande Condestável,
mestre que conhecemos
tão privado,
não cumpre que dele fale,
senão só que o vimos
degolado;
seus infinitos tesouros,
suas vilas e lugares,
seu mandar,
que lhe foram senão choros?
Que foram senão pesares
ao deixar?

XXII
Y los otros dos hermanos,
maestres tan prosperados
como reyes,
que a los grandes y medianos
trajeron tan sojuzgados
a sus leyes;
aquella prosperidad
que tan alta fue subida
y ensalzada,
¿qué fue sino claridad
que estando más encendida
fue matada?

E os outros dois irmãos,
mestres tão prosperados
como reis,
que aos grandes e meãos
trouxeram tão subjugados
a suas leis;
aquela prosperidade
que tão alta foi subida
e exaltada,
que foi senão claridade
que estando mais acendida
foi matada?

XXIII
Tantos duques excelentes,
tantos marqueses y condes
y barones,
como vimos tan potentes,
di, muerte, dó los escondes
y traspones?;
y las sus claras hazañas
que hicieron en las guerras
y en las paces,
cuando tú, cruda, te ensañas,
con tu fuerza las aterras
y deshaces.

Tantos duques excelentes,
tantos marqueses e condes
e barões,
como vimos tão potentes,
diz, morte, do os escondes
e transpões?;
e as suas claras façanhas
que fizeram nas guerras
e nas pazes,
quando tu, crua, te assanhas,
com tua força as aterras
e desfazes.

XXIV
Las huestes innumerables,
los pendones y estandartes
y banderas,
los castillos impugnables,
los muros y baluartes
y barreras,
la cava honda, chapada,
o cualquier otro reparo,
¿qué aprovechan?
que si tú vienes airada,
todo lo pasas de claro
con tu flecha.

As hostes inumeráveis,
os pendões e estandartes
e bandeiras,
os castelos impugnáveis,
os muros e baluartes
e barreiras,
a cava funda, chapada,
ou qualquer outro reparo,
que aproveitam?
que se tu vens irada,
tudo o passas de claro
com tua flecha.

XXV
Aquél de buenos abrigo,
amado por virtuoso
de la gente,
el maestre don Rodrigo
Manrique, tanto famoso,
tan valiente;
sus hechos grandes y claros
no cumple que los alabe,
pues los vieron;
ni los quiero hacer muy caros
pues que el mundo todo sabe
cuáles fueron.

Aquele de bons abrigo,
amado por virtuoso
da gente,
o mestre dom Rodrigo
Manrique, tanto famoso,
tão valente;
seus factos grandes e claros
não cumpre que os alabe,
pois os viram;
nem quero-os fazer mais caros
pois que o mundo tudo sabe
quais foram.

XXVI
Amigo de sus amigos,
¡qué señor para criados
y parientes!
¡Qué enemigo de enemigos!
¡Qué maestro de esforzados
y valientes!
¡Qué seso para discretos!
¡Qué gracia para donosos!
¡Qué razón!
¡Cuán benigno a los sujetos!
¡A los bravos y dañosos,
qué león!

Amigo de seus amigos,
que senhor para criados
e parentes!
Que inimigo de inimigos!
Que mestre de esforçados
e valentes!
Que siso para discretos!
Que graça para donosos!
Que razão!
Quão benigno aos sujeitos!
Aos bravos e danosos,
que leão!

XXVII
En ventura, Octaviano;
Julio César en vencer
y batallar;
en la virtud, Africano;
Aníbal en el saber
y trabajar;
en la bondad, un Trajano;
Tito en liberalidad
con alegría;
en su brazo, Aureliano;
Marco Tulio en la verdad
que prometía.

Em ventura, Octaviano;
Júlio César em vencer
e batalhar;
na virtude, Africano;
Aníbal no saber
e trabalhar;
na bondade, um Trajano;
Tito em liberalidade
com alegria;
em seu braço, Aureliano;
Marco Tulio na verdade
que prometia.

XXVIII
Antonio Pío en clemencia,
Marco Aurelio en igualdad
del semblante;
Adriano en elocuencia;
Teodosio en humanidad
y buen talante;
Aurelio Alexandre fue
en disciplina y rigor
de la guerra;
un Constantino en la fe,
Camilo en el gran amor
de su tierra.

Antonio Pio em clemência,
Marco Aurélio em igualdade
do semblante;
Adriano em eloquência;
Teodósio em humanidade
e bom talante;
Aurélio Alexandre fue
em disciplina e rigor
da guerra;
um Constantino na fé,
Camilo no grande amor
da sua terra.

XXIX
No dejó grandes tesoros,
ni alcanzó muchas riquezas
ni vajillas;
mas hizo guerra a los moros,
ganando sus fortalezas
y sus villas;
y en las lides que venció,
muchos moros y caballos
se perdieron;
y en este oficio ganó
las rentas y los vasallos
que le dieron.

Não deixou grandes tesouros,
nem atingiu muitas riquezas
louças finas;
mas fez guerra aos mouros,
ganhando suas fortalezas
e suas vilas;
nas lides que dominou,
muitos mouros e cavalos
se perderam;
e neste ofício ganhou
as rendas e os vassalos
que lhe deram.

XXX
Pues por su honra y estado,
en otros tiempos pasados,
¿qué se tuvo?
quedando desamparado,
con hermanos y criados
se sostuvo.
Después que hechos famosos
hizo en esta dicha guerra
que hacía,
hizo tratos tan honrosos
que le dieron aún más tierra
que tenía.

Pois por sua honra e estado,
em outros tempos passados,
que se teve?
ficando desabrigado,
com irmãos e criados
se manteve.
Depois que factos famosos
fez nesta dita guerra
que fazia,
fez tratos tão honrosos
que lhe deram ainda mais terra
que havia.

XXXI
Estas sus viejas historias
que con su brazo pintó
en juventud,
con otras nuevas victorias
ahora las renovó
en senectud.
Por su grande habilidad,
por méritos y ancianía
bien gastada,
alcanzó la dignidad
de la gran caballería
de la espada.

As suas velhas histórias
que com o braço pintou
em juventude,
com outras novas vitórias
agora as renovou
em senectude.
Por sua grande habilidade,
por méritos e anciania
bem gastada,
atingiu a dignidade
da grande cavalaria
da espada.

XXXII
Y sus villas y sus tierras
ocupadas de tiranos
las halló;
mas por cercos y por guerras
y por fuerza de sus manos
las cobró.
Pues nuestro rey natural,
si de las obras que obró
fue servido
dígalo el de Portugal
y en Castilla quien siguió
su partido.

E suas vilas e terras
ocupadas de tiranos
as achou;
mas por cercos e por guerras
e por força de suas mãos
as cobrou.
Pois nosso rei natural,
se das obras que obrou
foi servido
o diga o de Portugal
e em Castela quem tomou
seu partido.

XXXIII
Después que puso la vida
tantas veces por su ley
en tablero,
después de tan bien servida
la corona de su rey
verdadero;
después de tanta hazaña
a que no puede bastar
cuenta cierta,
en la su villa de Ocaña
vino la muerte a llamar
a la puerta,

Depois que pôs a vida
tantas vezes por sua lei
em tabuleiro,
após tão bem servida
a coroa de seu rei
verdadeiro;
após tanta façanha
a que não pode bastar
conta cabal,
na sua vila de Ocaña
veio a morte a chamar
ao portal,

XXXIV
diciendo: “Buen caballero,
dejad el mundo engañoso
y su halago;
vuestro corazón de acero,
muestre su esfuerzo famoso
en este trago.
Y pues de vida y salud
hiciste tan poca cuenta
por la fama,
esfuércese la virtud
para sufrir esta afrenta
que os llama.

dizendo: “Bom cavaleiro,
deixe o mundo enganoso
e seu afago;
vosso coração aceiro,
mostre seu esforço famoso
neste trago.
E pois de vida e saúde
fizestes tão pouca conta
pela fama,
esforce-se a virtude
para sofrer esta afronta
que vos chama.

XXXV
No se os haga tan amarga
la batalla temerosa que esperáis,
pues otra vida más larga
de la fama glorïosa
acá dejáis;
aunque esta vida de honor
tampoco lo es eternal
ni verdadera,
mas, con todo, es muy mejor
que la otra temporal
perecedera.

Não se vos faça tão amarga
a batalha temerosa que esperais,
pois outra vida mais larga
da fama gloriosa
cá deixais;
ainda que esta vida de honor
também não é eternal
nem verdadeira,
mas, com tudo, é melhor
que a outra temporal
deletéria.

XXXVI
El vivir que es perdurable
no se gana con estados
mundanales,
ni con vida deleitable
en que moran los pecados
infernales;
mas los buenos religiosos
gananlo con oraciones
y con lloros;
los caballeros famosos,
con trabajos y aflicciones
contra moros.

O viver que é perdurável
não se ganha com estados
mundanais,
nem com vida deleitável
em que moram os pecados
infernais;
mas os bons religiosos
o ganham com orações
e com choros;
os cavalheiros famosos,
com trabalhos e aflições
contra mouros.

XXXVII
Y pues vos, claro barón,
tanta sangre derramaste
de paganos,
esperad el galardón
que en este mundo ganaste
por las manos;
y con esta confianza
y con la fe tan entera
que tenéis,
partid con buena esperanza,
que esta otra vida tercera
ganaréis.”

E pois vós, claro barão,
tanto sangue derramaste
de pagãos,
esperai o galardão
que neste mundo ganhaste
pelas mãos;
e com esta confiança
e com a fé tão inteira
que haveis,
parti com boa esperança,
que esta outra vida terceira
ganhareis.”

XXXVIII
“No gastemos tiempo ya
en esta vida mezquina
por tal modo,
que mi voluntad está
conforme con la divina
para todo;
y consiento en mi morir
con voluntad placentera,
clara y pura,
que querer hombre vivir
cuando Dios quiere que muera
es locura”.

“Não gastemos tempo já
nesta vida mesquinha
por tal modo,
que minha vontade está
conforme com a divina
pra o todo;
e consinto em meu morrer
com a vontade gozosa,
clara e pura,
que querer homem viver
quando Deus quer que morra
é loucura”.

XXXIX
“Tú, que por nuestra maldad,
tomaste forma servil
y ruin nombre;
tú, que a tu divinidad
juntaste cosa tan vil
como el hombre;
tú, que tan grandes tormentos
sufriste sin resistencia
en tu persona,
no por mis merecimientos,
mas por tu sola clemencia
me perdona”.

“Tu, que por nossa maldade,
tomaste forma servil
e ruim nome;
tu, que a tua divindade
juntaste coisa tão vil
como o homem;
tu, que tão grandes tormentos
sofreste sem resistência
em tua pessoa,
não por meus merecimentos,
mas só por tua clemência
me perdoa”.

XL
Así, con tal entender,
todos sentidos humanos
reservados,
cercado de su mujer
y de sus hijos y hermanos
y criados;
dio el alma a quien se la dio
el cual la tenga en el cielo,
en su gloria,
que aunque la vida perdió
dejonos harto consuelo
su memoria.

Assim, com tal entender,
todos sentidos humanos
reservados,
cercado de sua mulher
e de seus filhos e irmãos
e criados;
deu o alma a quem lha deu
o qual a tenha no alto
em sua glória,
que ainda que a vida perdeu
nos deixou consolo amplo
sua memória.

PSdeJ La edición en castellano de punto de partida es: Obra completa/Jorge Manrique, edición, prólogo y vocabulario de Augusto Cortina (Editor Literario) www.cervantesvirtual.com/obra-visor/obra-completa–0/html/ff6c9480-82b1-11df-acc7-002185ce6064_5.html#l_56_

Vanitas vanitatis et omnia vanitas.
Mataiotes mataiotetos kai panta mataiotes.
Ubi sunt qui ante nos in hoc mundo fuere?

En el tiempo en que Jorge Manrique escribe las Coplas, existe una cultura extendida sobre la muerte. La forman, entre otros, los siguientes conceptos: La vanidad que rige los actos humanos. La incertidumbre de la vida futura. ¿Quién soy frente a los otros? ¿Dónde están los que vivieron antes?
Existe una composición literaria conocida como “planto”, elegía donde se lamenta la muerte de una persona querida, o alguna desgracia común. Y se elogia a los personajes ilustres, arrebatados por la muerte.
También se da la presencia de la muerte misma como personaje. Y es un asunto aprovechado para destacar la igualdad de los seres humanos ante el trance final; o el aspecto de inexorable que lo caracteriza. Todo pasa, nada permanece. La Fortuna de los afortunados. La Fama, esa memoria ejemplar que deja a los que quedan quien se va. La muerte vista como puerta de la inmortalidad, y acceso al premio de la gloria divina. Esa elegía pertenece a la tradición medieval de la ascética cristiana. No obstante, inicia la concepción renacentista del siglo siguiente.
Y estas circunstancias, se deben tener presentes al acercarnos a las Coplas.

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Luiz Vaz de Camões

La historia de Portugal se conjuga bien con las leyendas, haciéndose, ambas, unidad. Las antiquísimas fundaciones de algunas ciudades, tuvieron la intervención divina de las mitologías griega o romana: dioses a veces, o simples mortales heroicos: Ulises en el caso de Lisboa.
Medóbriga para los romanos, la historia de Marvão, fortaleza natural inexpugnable situada en la frontera con España en el Alto Alentejo, acoge la pendencia entre Pompeyo y Julio César por su conquista. Lo consiguió Julio César; y así dominó la calzada que unía Cáceres con Santarém.
El término España, en el tiempo de Os Lusiadas, pudo usarse con el significado amplio de peninsular. En ese sentido, Camões nació en España, como dice Voltaire; es decir en la península Ibérica. El mismo Camões se refiere unas veces a los castellanos y otra a los españoles cuando habla de las tropas de Castilla. Es de resaltar el gran concepto que expresa de la gente fortísima de España.
Se ha dicho con cierta razón que Os Lusiadas recorrió en Europa el mismo camino que la literatura española de la época. Acaso como una obra española más. Y que en España tuvo una gran importancia cultural, tanto como su autor; pues se leía en uno u otro idioma. Pero, aunque los comienzos fueron esos y las ediciones se sucedieron tempranas, paralelas a las portuguesas; se ve la mano de Felipe II apoyando sus propios intereses en Portugal. Por eso hay que tener en cuenta lo que ocurrió más tarde.

 

Os Lusiadas

Os Lusiadas, obra cumbre de Luís Vaz de Camões, es el relato de un viaje en forma de poema épico, considerado la más grande epopeya moderna. En los últimos años del siglo XV, el rey don Manuel encarga al marino Vasco de Gama, abrir un camino hacia la India, atravesando el Atlántico y el Índico. El relato de este viaje y de sus peripecias, constituye el argumento del grandioso poema. En sus diez cantos, pone Camões de manifiesto, la importancia de la excepcional aventura y la grandeza del reino de Portugal; convirtiendo la historia en mito. Es notorio y notable, el conocimiento que el autor demuestra de la épica de griegos y latinos. Con la influencia clara de la Eneida de Virgilio y, algo menos, de la Ilíada de Homero; puso Camões el empeño en equiparar la gesta de los marinos portugueses, con las llevadas a cabo por Eneas y Ulises. Además de establecer un paralelismo entre la fortaleza heroica de Vasco de Gama y quienes lo acompañaban, con los grandes héroes grecorromanos; ayudados o estorbados en ambos casos por los dioses de esas mitologías.

Traduzco aquí lo que escribió el erudito portugués Sousa Viterbo en 1891:
“A pesar de la identidad de lenguas, fue la nación española la primera en apoderarse de nuestro gran poema épico. No menos de tres traducciones españolas aparecieron en el siglo XVI, siendo dos en 1580, y una en 1591. Después de este movimiento de entusiasmo, pasaron dos siglos sin que volviese a aparecer nueva traducción o sin reproducir alguna de las traducciones antiguas. Este hecho no deja de impresionar, atendiendo sobre todo a que, Camões, continuaba siendo venerado en la literatura española, apareciendo, con frecuencia, las citas y referencias honrosas que, respecto a nuestro poeta, se encuentran en los escritos de aquel país”.

Contenido del episodio correspondiente al Consejo de los Dioses, Os Lusiadas, canto primero, estrofas: de 20 a 41.
El Consejo de los Dioses, que se celebrará en el Olimpo por iniciativa de Júpiter, padre de los dioses, debe decidir sobre los futuros acontecimientos de Oriente. Llegan los convocados al Monte Olimpo desde sus lugares a través de la Via Láctea, espacio por donde regresarán también cuando el Consejo termine. El Tonante quiere que todos expongan su manera de ver los asuntos, sobre todo los que vienen de los Siete Cielos, esos siete planetas que tienen nombre de dios. La cuestión principal es si se debe permitir o no que la armada portuguesa llegue a Oriente como persigue. Desde el inicio, Júpiter anuncia su buena voluntad respecto al viaje de los lusos, y desea que sean recibidos como buenos amigos en la costa africana. Da su apoyo, dice en su intervención, porque los portugueses se enfrentarán a mares desconocidos y a grandes peligros; y que, sobre esa incursión, los Hados han decidido que se llevará a término, haciendo olvidar con su gesta las gestas de Asirios, Persas, Griegos y Romanos.
Baco no está de acuerdo; y así lo expresa tras el discurso de Júpiter. Teme que perderá toda la fama conseguida en Oriente si los lusitanos logran alcanzar ese objetivo. Venus va a poyar a los portugueses porque se parecen mucho a los habitantes de su amado pueblo latino, hablantes de una lengua hija del latín. Además, recuerda que han demostrado pericia y valentía en sus aventuras marinas de África. Marte, dios de la guerra, defiende a los Lusos por dos razones: por apoyar a Venus, su antigua amante; y porque reconoce la braveza de ese pueblo. Llega Marte a pedir a Júpiter que no dé marcha atrás en la defensa de los navegantes portugueses; y a Mercurio, mensajero de los dioses, que recabe información acerca de la India, pues le parece que Baco defiende intereses propios con su oposición. El Consejo acaba tomando una decisión favorable a la armada lusitana, y cada uno de los dioses regresa a su lugar por donde llegó.

 

Os Lusiadas, Canto Primero, episodio del Consejo de los Dioses

Original en portugués: Edición de Nápoles 1730
https://books.google.es/books?id=D5eaatWsH00C&pg=PA165&dq

Traducción al castellano de Pedro Sevylla de Juana

XX
Cuando los Dioses en el Olimpo luminoso,
donde el gobierno está de humana gente,
se juntan en un consejo glorioso,
sobre las cosas futuras del Oriente.
Pisando el cristalino Cielo hermoso,
vienen por la Vía Láctea juntamente,
convocados, de parte del Tonante,
por el nieto gentil del viejo Atlante.

XXI
Dejan de los siete Cielos el gobierno,
que del poder más alto les fue dado,
alto poder, que sólo el pensamiento
gobierna el Cielo, la Tierra, el Mar airado.
Allí se hallaron juntos al momento
los que habitan el Arcturo congelado
y los que el Austro tienen y las partes donde
la Aurora nace y el claro Sol se esconde.

XXII
Estaba el Padre allí, sublime y digno,
que agita los fieros rayos de Vulcano,
en un asiento de estrellas cristalino,
con gesto alto, severo y soberano;
del rostro respiraba aire divino,
que divino tornara un cuerpo humano;
con la corona y el cetro rutilante,
de otra piedra más clara que el diamante.

XXIII
En lucientes asientos, adornados
de oro y perlas, más abajo estaban
los otros Dioses, todos asentados
Como la Razón y el Orden concertaban
(preceden los antiguos, más honrados,
más abajo los menores se sentaban);
cuando Júpiter alto, así diciendo,
con el tono de voz grave y horrendo:

XXIV
– «Eternos habitantes del luciente,
estrellado cielo, y claro Asiento:
si del arrojo de la fuerte gente
de Luso no perdéis el pensamiento,
debéis de haber sabido claramente
que es de los magnos Hados fuerte intento
que por ella se olviden los humanos
de Asirios, Persas, Griegos y Romanos.

XXV
«Ya le fue (bien lo visteis) concedido,
con poder tan sencillo y tan pequeño,
tomar al Moro fuerte y guarnecido
toda la tierra que riega Tajo ameno.
Pues contra el Castellano tan temido
siempre alcanzó favor del sereno Cielo:
Así que siempre, al fin, con fama y gloria,
tuvo los trofeos pendientes de victoria.

XXVI.
«Dejo, Dioses, atrás la fama antigua,
que com la gente de Rómulo alcanzaron,
cuando con Viriato, en la enemiga
Guerra Romana, tanto se afamaron;
también dejo la memoria a que obliga
el gran nombre, cuando alzaron
a uno como capitán, quien, peregrino,
fingió en la corza espíritu divino.

XXVII
«Ahora veis bien que, acometiendo
el incierto mar en barco leve,
por vías nunca usadas, no temiendo
el vigor de Áfrico y Noto, a más se atreve:
Que, sabiendo lo mucho que van viendo
donde el día es largo y donde breve,
dirigen su propósito y porfía
a ver las cunas donde nace el día.

XXVIII
«Prometido le está del Hado eterno,
cuya alta ley no puede ser quebrada,
que tengan largos tiempos el gobierno
del mar que ve del Sol la rúbea entrada.
En las aguas han pasado el duro Invierno;
la gente viene aturdida y muy cansada;
y parece necesario que le sea
mostrada la nueva tierra que desea.

XXIX
«Y siendo sabido que llevan pasados
del viaje tan ásperos peligros,
tantos climas y cielos soportados,
tanto furor de vientos enemigos,
que sean, determino, agasajados
en esta costa Africana como amigos;
y, puesta a resguardo la cansada flota,
proseguirán luego su larga derrota.»

XXX
Estas palabras Júpiter decía,
cuando los Dioses, por orden respondiendo,
en la sentencia uno del otro difería,
razones diversas dando y recibiendo.
El padre Baco allí no consentía
en lo que Júpiter dijo, conociendo
que olvidarán sus hechos en Oriente
si llega allá la Lusitana gente.

XXXI
Tenía oído a los Hados que vendría
una gente fortísima de España
por el abierto mar, la cual sujetaría
de la India todo cuánto Dóris baña,
y con nuevas victorias vencería
la fama antigua, ya suya ya extraña.
vivamente le duele perder la gloria
de que Nisa aún celebra la memoria.

XXXII
Ve que ya tuvo el Indo sojuzgado
y nunca le quitó Fortuna o Caso
por vencedor de la India ser cantado
de cuantos beben el agua del Parnaso.
Teme ahora que sea sepultado
su tan celebrado nombre en negro vaso
de agua del olvido, si allá llegan
los fuertes Portugueses que navegan.

XXXIII
Intervenía contra él Venus bella,
encariñada con la gente Lusitana
por cuantas cualidades veía en ella
de la antigua, tan amada, su Romana;
en los fuertes corazones, en la gran estrella
que mostraron en la tierra Tingitana,
y en la lengua, en la cual cuando imagina,
con poca adulteración ve la Latina.

XXXIV
Estas cosas movían a Citherea,
y más, porque de las Parcas bien entiende
que ha de ser celebrada Clara Dea
donde la gente belígera se extiende.
Así que, uno, por la infamia, que olfatea,
y el otro, por las honras que pretende,
debaten, y en la porfía permanecen;
a cualquiera sus amigos favorecen.

XXXV
Cual Austro fiero o Bóreas en la verdura
de silvestre arbolado abastecida,
rompiendo las ramas van de selva oscura
con ímpetu y braveza desmedida,
brama toda montaña, el sonido murmura,
se rompen las hojas, hierve la sierra erguida:
tal andaba el tumulto, levantado
entre los Dioses, en el Olimpo consagrado.

XXXVI
Pero Marte, que de la Diosa cuidaba
entre todas las razones en porfía,
o porque el amor antiguo le obligaba,
o porque la gente fuerte lo valía,
de entre los Dioses en pie se levantaba:
melancólico en el gesto parecía;
el fuerte escudo, al cuello colgado,
lo acomoda atrás, fiero y airado;

XXXVII
La visera del yelmo de diamante
levantando un poco, muy seguro,
tratando de opinar llegó delante
de Júpiter, armado, fuerte y duro;
y dando un golpe penetrante
con el pomo del bastón en solio puro,
el Cielo tembló, y Apolo, de turbado,
perdió algo de color, como apagado;

XXXVIII
Y dijo así: – «Ó Padre, a cuyo imperio
todo aquello obedece que creaste:
si esta gente que busca otro Hemisferio,
cuya valía y obras tanto amaste,
no quieres que padezca vituperio,
como hace tanto tiempo que ordenaste,
no oigas más, pues eres árbitro juicioso,
razones de quien parece sospechoso.

XXXIX
«Que, si aquí la razón no se mostrase
vencida del temor demasiado,
bien fuera que Baco los amparase,
pues que de Luso vienen, su buen privado;
mas este intento suyo ahora pase,
pues llega de estómago dañado;
que nunca borrará ajena avaricia
lo que otro merece y el Cielo codicia.

XL
«Y tú, Padre de gran fortaleza,
de la determinación que tienes tomada
no retrocedas ya, pues es flaqueza
desistir de la cosa comenzada.
Mercúrio, pues excede en ligereza
al viento leve y a la flecha bien tallada,
va a mostrarle la tierra donde se informe
de la India, y donde la gente se reforme.»

XLI
Como esto dijo, el Padre poderoso,
la cabeza inclinando, consintió
en lo que dijo Mavorte valeroso
y néctar sobre todos esparció.
Por el camino Lácteo tan glorioso
cada uno de los Dioses se marchó,
realizando sus reales tratamientos,
hacia los determinados aposentos.

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Alonso de Ercilla y Zúñiga

La Araucana

La Araucana es un poema épico-histórico de treinta y siete cantos, con más de veinte mil versos, dividido en tres partes. La única obra escrita por Alonso de Ercilla se inició en Chile, y canta las gestas de los conquistadores españoles y la resistencia heroica de los araucanos.

“CHILE: Es una provincia grande que contiene en sí otras muchas provincias. Toma el nombre de Chile toda la provincia por su valle, del cual tuvieron primero noticia los españoles por el oro que en él se sacaba, y, como entraron en su demanda, pusieron nombre de Chile a toda la tierra, hasta el estrecho de Magallanes.
ARAUCO (EL ESTADO DE): Es una provincia pequeña de veinte leguas de largo y siete de ancho, poco más o menos, que produce la gente más belicosa que ha habido en las Indias, y por eso es llamado el estado indómito; llámanse los indios de él araucanos, tomando el nombre de la provincia
CAUPOLICÁN: Fue hijo de Leocán y Lautaro, hijo de Pillán. Declaro esto porque como son capitanes señalados, de los cuales la historia hace muchas veces mención, por no poner tantas veces sus nombres, me aprovecho de los de sus padres”. (Explicación del editor don Antonio de Sancha, Madrid 1776)
.

Caupolicán
primer cuarteto del soneto de Rubén Darío:

“Es algo formidable que vio la vieja raza:
robusto tronco de árbol al hombro de un hombrón
salvaje y aguerrido, cuya fornida maza
blandiera el brazo de Hércules o el brazo de Sansón”.

Tenía yo doce años, creo, cuando leí por vez primera Caupolicán, el célebre soneto de Neruda; poeta inicial yo, cambié campeón por hombrón, error quizá; y así lo mantuve en mi memoria al recitarlo veces y veces. Caupolicán fue desde entonces mi héroe, mito de la lucha por la independencia, un rebelde quizá, como decían los frailes de mí.

Años más tarde. en los versos de la Araucana leí su muerte ominosa a manos de conquistadores españoles.

No el aguzado palo penetrante
por más que las entrañas le rompiese
barrenándole el cuerpo, fue bastante
a que al dolor intenso se rindiese:
que con sereno término y semblante,
sin que labrio ni ceja retorciese,
sosegado quedó de la manera
que si asentado en tálamo estuviera.

Y como Alonso de Ercilla declaró ser cierto cuanto relataba en el poema, así lo creí a pies juntillas, manteniendo un rencor duradero contra aquellos que lo hicieron. Fue la madurez, y la lectura de ensayos que destacaban la quiebra del realismo por parte de Ercilla, para acercarse a la ficción literaria; las causas de que, tiempo y razón, me mostraran como inventado el empalamiento, trasgresión de un narrador fiel, trasgresor intencionado a veces. Todo lo que ocurre en Iberoamérica me concierne. Iberoamérica es una continuación de Iberia y yo soy, antes que nada y después de todo, ibérico.
Para quitar hierro a lo que la historia marcó con hierro, quiero mostrar que cultura tras cultura, muchas de las existentes fueron víctimas y muchas protagonistas de saqueos y matanzas, a modo de cadena que viene del inicio de los tiempos humanos. Superior contra inferior en ideas, en voluntad y en medios de ataque.
Hay dos fenómenos que empañan el hecho de la llegada y conquista de América por españoles y portugueses; la esclavitud y la atrocidad de la muerte de indígenas y, en general, de esclavos.
Con todo, hay una derivación positiva para Neruda en aquel rompimiento: «Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos… Estos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo… Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas… Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra… Pero a los bárbaros se les caían de la tierra de las barbas, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras».

 

Labrar Profundo
Poema de Pedro Sevylla

A ti Alonso, hijo de Madrid o de Bermeo
Ercilla y Zúñiga, o de Valladolid acaso,
mas de Iberia por seguro;
quiero señalarte en estas letras,
gracias a Fortuna, breves,
mi asombro ante la separación que haces
de las noches vecinas de los días,
cuando escribes en plena madrugada:
“en una parte oculta y encubierta
tengo cerca de aquí mi gente armada”
una tropa, sin duda, equipada y aguerrida,
dispuesta a iniciar el ataque al despuntar el alba;
confesando Alonso al papel secretos militares
que soldado eres y escritor
a partes desiguales;
y no sé, lo doy por ignorado,
si actúas para contar
o cuentas para obligarte a hacer lo que has contado.

Escritor yo que describe lo ocurrido
añadiendo el matiz, no despreciable,
de la propia voluntad,
dando por hechos de igual modo
deseos y realidades,
te diré que admiro el uso simultáneo
de la pluma y de la espada
blandiendo cada una en una mano
ora la acción cierta y arriesgada,
ora, previo, su impávido relato.

Labrar recio y profundo,
para que la tierra se airee y se oxigene,
y luego sembrar a su debido tiempo
ese grano cereal, humedecido
durante una semana en Valdepero
con agua del pozo y piedralipes,
eliminando así enfermedades pasadas y futuras
en la semilla repleta de esperanza,
para que hinche su preñez más fructuosa
variedad antigua de grano
-coincido con Neruda en llamarlo palabra-
pues ya estaba en el principio
del universo
aleteando, aleteando, aleteando
en vigorosa soledad, en abandono activo.

Y hoy, aunque
hemos convertido la palabra en sangre,
y la vamos transformando en luz,
sangre a intervalos cada vez más largos
luz en espacios cada vez más breves,
debemos recordar, en el momento todo,
que su capacidad
-palabra lenitivo, palabra espada-
sigue siendo enorme, enorme, enorme;
enorme y apretada.

Cuando, la puerta europea
en otro tiempo
de par en par abierta,
amanece cerrada a cal y canto,
los necesitados del entero mundo,
expulsados por el hambre y las guerras
de su suelo,
tienen que asaltar las barreras
de agua, alambre y fuego.

En esta Europa de la feroz economía,
los cinco elementos naturales
-incluyo al tiempo en ellos-
se van convirtiendo en bienes comerciales,
la historia se reescribe,
diseñando una nueva cartografía hacia el futuro:
ese mañana común
distinto para cada uno.

Relega España a Ercilla
Madrid lo trata como a desconocido
y aquí reivindico su nombre y su vida
su vida y su obra literaria;
pues si no alabo
el uso sañudo de la espada
le admiro enormemente porque disminuyó su daño
usando con maestría la palabra.

Moriste Alonso y no sabes
por Fortuna
lo que tu cadáver fue y vino
de aquí para allá entero o separado;
ignoras que fuiste enterrado,
desenterrado y nuevamente enterrado
enterrado de nuevo, nuevamente;
ignoras que decapitado fuiste, y tu cabeza
vivió aventuras
que tu corazón ignora y viceversa
por Fortuna.

PSdeJ, marzo de 2016

Lavrar Profundo
Poema e tradução Pedro Sevylla de Juana

A ti Alonso, filho de Madri ou de Bermeo
Ercilla e Zúñiga, ou de Valladolid talvez,
mas de Ibéria de certo;
quero te sinalar nestas letras,
graças a Fortuna, breves,
meu assombro pela separação que fazes
das noites vizinhas dos dias,
quando escreves em plena madrugada
“numa parte oculta e encoberta
tenho perto daqui minha gente armada”
uma tropa, sem dúvida, equipada e aguerrida,
disposta para o ataque na alvorada;
confessando Alonso ao papel secretos militares
que soldado és e escritor
a partes desiguais;
e não sei, o dou por ignorado,
se atuas para contar
ou contas para te obrigar a fazer o já contado.

Escritor eu que descreve o ocorrido
acrescentando o matiz, não depreciável,
da própria vontade,
dando por feitos de igual modo
desejos e realidades,
te direi que admiro o uso simultâneo
da pluma e da espada
brandindo a cada uma numa mão
ora a ação verdadeira e arriscada,
ora, prévio, seu impávido relato.

Lavrar rijo e profundo
para que a terra se areje e se oxigene,
e depois semear no devido tempo
esse grão cereal, umedecido
durante uma semana em Valdepero
com água do poço e pedra-lipes,
e eliminar assim doenças passadas e futuras
da semente repleta de esperança,
e que enche sua prenhez mais frutuosa
variedade antiga de grão
-coincido com Neruda em chamá-lo palavra–
pois já estava no princípio
do universo
adejando, adejando, adejando,
em vigorosa solidão, em abandono ativo.

E hoje, embora
temos convertido a palavra em sangue,
e a vamos transformando em luz,
sangue a intervalos cada dia mais longos
luz em espaços cada dia mais breves,
devemos recordar, no momento todo,
que sua capacidade
-palavra lenitivo, palavra espada-
segue sendo enorme, enorme, enorme;
enorme e apertada.

Quando, a porta europeia
em outro tempo
de par em par aberta,
amanhece hermeticamente fechada,
os necessitados do inteiro mundo,
expulsados pela fome e as guerras
de seu solo,
têm que assaltar as barreiras
de água, arame e fogo.

Nesta Europa da feroz economia,
os cinco elementos naturais
-incluo o tempo neles-
se vão convertendo em bens comerciais,
a história se reescreve,
desenhando uma nova cartografia do futuro:
esse amanhã comum
diferente para cada um.

Relega Espanha a Ercilla
Madri o trata como a desconhecido
e aqui reivindico seu nome e sua vida
sua vida e sua obra literária;
pois se não alabo
o uso sanhudo da espada
o admiro enormemente porque diminuiu seu dano
usando com maestria a palavra.

Morreste Alonso e não sabes
por Fortuna
o que teu cadáver foi e veio
de aqui para lá inteiro ou separado;
ignoras que foste enterrado,
desenterrado e novamente enterrado
enterrado de novo, novamente;
ignoras que decapitado foste, e tua cabeça
viveu aventuras
que teu coração ignora e vice-versa
por Fortuna.

PSdeJ Madri, março de 2016

DON ALONSO DE ERCILLA Capítulo VIII del Ensayo sobre la poesía épica, escrito por Voltaire. Traducido del francés por Pedro Sevylla de Juana.

Al final del decimosexto siglo, España produjo un poema épico célebre por algunas bellezas particulares, destacables, tanto por la particularidad del asunto, como por el carácter del autor. Don Alonso de Ercilla y Zúñiga gentilhombre de cámara del emperador Maximiliano II, fue educado en el palacio de Felipe II, y combatió en la batalla de San Quintín, dónde los franceses fueron derrotados. Felipe, ausente de la batalla, menos preocupado por la gloria exterior que por sus asuntos internos, lo mandó regresar a España. El joven Alonso, movido por una insaciable avidez del saber verdadero, es decir de conocer a los hombres y ver mundo, viajó por toda Francia, recorrió Italia y Alemania, y permaneció mucho tiempo en Inglaterra.
Mientras estaba en Londres, supo que algunas provincias de Perú y Chile se habían alzado en armas contra la Metrópoli. Diré, al hilo, que esta tentativa de las colonias de recobrar su libertad, es considerada como rebelión por los autores españoles. Su deseo de gloria, y de ser testigo y protagonista de gestas singulares, le llevó a esos países del Nuevo Mundo. Llegó a Chile encabezando algunas tropas, y permaneció allí durante toda la guerra.
En la frontera sur de Chile, hay una pequeña comarca montañosa nombrada Araucana, habitada por una raza de hombres más robustos y más feroces que todos los demás pueblos de América: combatieron ellos en defensa de su libertad con más coraje y más tiempo que otros, y fueron los últimos que los españoles sometieron. Alonso sostuvo contra ellos una guerra penosa y larga; corrió peligros extremos; vio y participó en las acciones más asombrosas, recibiendo como única recompensa el honor de conquistar unos peñascos, y de reducir algunas comarcas incultas a la obediencia del rey de España.
Durante esta guerra, Alonso tuvo la intención de inmortalizar a sus enemigos inmortalizándose él. Fue al mismo tiempo el conquistador y el poeta: empleó los intervalos de ocio que la guerra le dejaba, en cantar los acontecimientos; y careciendo de papel, escribió la primera parte de su poema sobre pequeños pedazos de cuero, que luego le costó arreglar. El poema se llama Araucana, del nombre de la comarca. Comienza con una descripción geográfica de Chile, y una pintura de las costumbres y de las tradiciones de los habitantes. Este inicio sería insoportable en otro poema, pero aquí es necesario, y no desagrada porque la acción sucede lejos, y los héroes son salvajes, y no los conoceríamos de no haberlos conquistado y destacado. El argumento, que era nuevo, originó pensamientos nuevos. Mostraré uno al lector, simple chispa del precioso fuego que encendía a veces al autor.
Los Araucanos, dice, se asombraron al ver criaturas semejantes a hombres, llevando fuego en sus manos, subidos sobre monstruos que combatían bajo ellos. Los tomaron primero por dioses bajados del cielo, armados del trueno, llevando con ellos la destrucción; y entonces se sometieron a duras penas. Pero enseguida, al familiarizarse con los conquistadores, fueron conociendo sus pasiones y vicios, y comprendieron que eran hombres. Entonces, avergonzados de haber sucumbido ante mortales como ellos, juraron lavar con sangre su error, vengándose, de quienes lo habían producido, de manera ejemplar, terrible e inolvidable.
Tiene sentido dar a conocer aquí una parte del segundo canto, cuyo asunto se parece mucho al inicio de la Ilíada. Pues habiendo sido tratado de manera diferente, merece ser puesto ante los ojos de los lectores, para que sean ellos quienes juzguen con imparcialidad. La primera acción de la Araucana es una disputa surgida entre los jefes de los Bárbaros; como en Homero, sucede entre Aquiles y Agamenón. La disputa no se produce por una cautiva; sino por el mando del ejército. Cada uno de esos salvajes generales alaba su mérito y sus hazañas; la disputa llega a encenderse de tal modo, que casi llegan a las manos. Entonces uno de los caciques, nombrado Colocolo, tan viejo como Néstor, pero menos dispuesto en su favor que el héroe griego, hace la arenga siguiente:

“Caciques del Estado defensores,
codicia del mandar no me convida
a pesarme de veros pretensores
de cosa que a mí tanto era debida,
porque, según mi edad, ya veis, señores,
que estoy al otro mundo de partida;
mas el amor que siempre os he mostrado
a bien aconsejaros me ha incitado.

“¿Por qué cargos honrosos pretendemos,
y en ser en opinión grande tenidos,
pues que negar al mundo no podemos
haber sido sujetos y vencidos?
Y en esto averiguarnos nos queremos,
estando aun de españoles oprimidos;
mejor fuera esta furia ejecutalla
contra el fiero enemigo en la batalla.

“¿Qué furor es el vuestro, ¡oh araucanos!,
que ha perdición os lleva sin sentillo?
¿Contra vuestras entrañas tenéis manos,
y no contra el tirano en resistillo?
¿Teniendo tan a golpe los cristianos,
volvéis contra vosotros el cuchillo?
Si gana de morir os ha movido,
no sea en tan bajo estado y abatido.

“Volved las armas y ánimo furioso
a los pechos de aquellos que os han puesto
en dura sujeción, con afrentoso
partido, a todo el mundo manifiesto:
lanzad de vos el yugo vergonzoso;
mostrad vuestro valor y fuerza en esto:
no derraméis la sangre del Estado
que para redimir nos ha quedado.

“No me pesa de ver la lozanía
de vuestro corazón, antes me esfuerza;
mas temo que esta vuestra valentía
por mal gobierno el buen camino tuerza;
que, vuelta entre nosotros la porfía,
degolléis nuestra patria con su fuerza:
cortad, pues, sí ha de ser de esa manera,
esa vieja garganta la primera.

“Que esta flaca persona, atormentada
de golpes de fortuna, no procura
sino el agudo filo de una espada,
pues no la acaba tanta desventura.
Aquella vida es bien afortunada,
que la temprana muerte la asegura;
pero, a nuestro bien público atendiendo,
quiero decir en esto lo que entiendo.

“Pares sois en valor y fortaleza;
el cielo os igualó en el nacimiento;
de linaje, de estado y de riqueza,
hizo a todos igual repartimiento;
y en singular por ánimo y grandeza
podéis tener del mundo el regimiento;
que este precioso don, no agradecido,
nos ha al presente, término traído.

“En la virtud de vuestro brazo espero
que puede en breve tiempo remediarse;
mas ha de haber un capitán primero,
que todos por él quieran gobernarse,
este será quien más un gran madero
sustentare en el hombro sin pararse;
y pues que sois iguales en la suerte,
procure cada cual ser el más fuerte.”
(Canto II versos de 218 a280)

El anciano propone entonces un ejercicio digno de una nación bárbara: llevar una viga gruesa, y entregar el honor del mando a quién soporte el peso durante más tiempo. Siendo la mejor manera de perfeccionar nuestro criterio, comparar simultáneamente cosas de la misma naturaleza, oponed el discurso de Néstor al de Colocolo; y renunciando a la adoración que nuestros espíritus, justamente preocupados, sienten por el gran nombre de Homero, sopesad ambas arengas con el equilibrio de la equidad y de la razón. Después de que Aquiles, instruido e inspirado por Minerva, diosa de la sabiduría, diera a Agamenón los nombres de borracho y de perro, el sabio Néstor se levanta para tranquilizar los espíritus irritados de estos dos héroes, y habla así: ¿Qué satisfacción sentirán los troyanos cuando oigan comentar vuestras discordias? Su juventud debe respetar mis años, y someterse a mis juicios.
He conocido en ocasiones héroes superiores a vosotros. No, mis ojos jamás verán hombres semejantes al invencible Pirítoo, al bravo Céneas, al divino Teseo, etc… Estuve en la guerra con ellos, y, aunque era joven, mi elocuencia persuasiva tenía poder sobre sus espíritus. Oyeron a Néstor, jóvenes guerreros, escuchen pues las consejos que les da mi vejez. Atrida, no debes quedarte con el esclavo de Aquiles; hijo de Thetis, no debes tratar con altanería al jefe del ejército. Aquiles es el más grande, el más corajudo de los guerreros; Agamenón es el más grande de reyes, etc.” La arenga resultó infructuosa: Agamenón alabó su elocuencia, pero despreció su consejo.
Considerad, por una parte, la pericia con la que el bárbaro Colo-colo se adentra en el espíritu de los caciques, la dulzura respetable con la que calma su animosidad, la ternura majestuosa de sus palabras. Cuánto amor al país lo mueve, cuántos sentimientos de la verdadera gloria penetran en su corazón; con qué prudencia alaba su coraje reprimiendo su furor, con qué arte deja de considerar a uno de ellos superior a los demás. Es un jefe, un panegirista hábil; también ellos se someten a sus razones, confesando la fuerza de su elocuencia, no con alabanzas vanas, sino con la obediencia inmediata.
Que se juzgue, por otra parte, si Néstor es tan sabio al elogiar su propia sabiduría; si ese es un medio seguro de atraer la atención de los príncipes griegos, o de desmerecerlos y de situarlos por debajo de sus antepasados; si la asamblea puede querer decirle sin disgusto a Néstor que Aquiles es el más corajudo de los jefes presentes. Después de haber comparado el parloteo presuntuoso y descortés de Néstor, con el discurso modesto y mesurado de Colocolo, la odiosa diferencia que pone entre el rango de Agamenón y el mérito de Aquiles, con ese reparto equilibrado de grandeza y de coraje otorgada con arte a todos los caciques, que el lector se pronuncie; y si hay un general en el mundo que sufra de buena gana que se prefiera a un inferior por la valentía, si hay una asamblea que pueda soportar impávida que un arengador, hablándoles con desprecio, alabe a sus predecesores a su costa, entonces Homero podrá ser preferido a Alonso en este caso concreto.
Es verdad que, si Alonso está en este episodio por encima de Homero, está en todo el resto por debajo del menor de los poetas. Nos sorprende verlo caer tan bajo, después de haber volado por encima de lo más alto. Hay sin duda mucho fuego en sus batallas, pero ninguna invención, ningún plan que proporcione variedad a las descripciones, punto de confluencia de la unidad de propósito. Este poema es más salvaje que las naciones que lo inspiran. Hacia el fin de la obra, el autor, que es uno de los principales héroes del poema, emprende durante la noche una marcha larga y fastidiosa, seguido por algunos soldados y, para pasar el tiempo, inicia entre ellos una disputa que tiene por objeto a Virgilio; esencialmente el episodio de Dido. Alonso aprovecha esta ocasión para distraer a sus soldados con la muerte de Dido, tal como la tratan los antiguos historiadores y, con el fin de desmentir mejor a Virgilio, y restituir a la reina de Cartago su reputación, se divierte debatiendo sobre ello durante dos cantos enteros.
No es, por otra parte, un defecto menor de su poema, el de estar formado por treinta y seis cantos muy largos. Se puede suponer con razón de un autor que no sabe o no puede detenerse, que no es adecuado para desarrollar ese oficio. Tan gran número de defectos, no impidió al célebre Miguel de Cervantes, decir que Araucana puede ser comparado con los mejores poemas de Italia. El amor ciego a la patria le dictó sin duda este falso juicio al autor español. El patriotismo verdadero y sólido consiste en procurar el bien de la patria, y en contribuir a su libertad tanto como nos sea posible; pero discutir solamente sobre los autores de nuestra nación, jactarnos de contar entre nosotros con mejores poetas que nuestros vecinos, es más bien un amor propio necio que amor a nuestro país.

PSdeJ tradujo VOLTAIRE, en Essai Sur la Poesie Epique, Don Alonso de Ercilla, Capítulo VIII. Tomo 10. 1834

 

Los guerreros no están solos en la batalla; Guacolda y Lautaro, Caupolicán y Fresia, parejas legendarias de una realidad permanente. Toquis impulsados por sus mujeres.
Traduzco estos versos pertenecientes al Canto X de la Araucana, no solo por reflejar la actitud beligerante femenina, porque la acción de las mujeres ayudando o supliendo a los hombres, cuando los hombres ya no pueden más, se ha producido en muchas situaciones; así que no solo por eso lo traduzco, sino también por destacar los alegres gestos posteriores, cuando la tensión combativa se relaja y la broma sucede a la carnicería:

Fragmento del Canto X de la Araucana, versos 17 a 72
Poema épico de Alonso de Ercilla y Zúñiga
Traduçao de Pedro Sevylla de Juana

Olhai aqui a sorte tão trocada,
pois aqueles que ao céu não temiam
as mulheres, a quem a roca é dada,
com varonil esforço os seguiam;
e com a destra à labor usada
as atrevidas lanças esgrimiam,
que, pelo fado próspero impelidas,
faziam crus efetos e feridas.

Estas mulheres, digo, que estiveram
num monte escondidas esperando
da batalha o fim, e quando creram
que ia de revés o castelhano bando,
ferindo o céu aos gritos desceram,
o mulheril temor de si lançando;
e de alheio valor e esforço armadas,
tomam dos já morridos as espadas.

E a voltas do estrondo e multitude
também na vitória embevecidas,
de medrosas e macias de costume
se voltam temerárias homicidas;
Não sentem nem lhes dava pesadume
os peitos ao correr, nem as crescidas
barrigas de oito meses ocupadas,
que correm melhor quanto mais grávidas.

Se chamaba infelice a postreira,
e com rogos ao céu se volvia,
porque a tal conjuntura na carreira
mover mais presto o passo não podia.
Se as mulheres vão desta maneira,
a bárbara canalla qual iria?
De aqui teve princípio nesta terra
vir também as mulheres à guerra.

Vêm acompanhando a seus maridos,
e no duvidoso transe estão paradas;
mas se os contrários são vencidos,
saem a perseguí-los esforçadas;
provam a fraca força nos rendidos
e se cortam neles suas espadas,
fazendo os morrer de mil maneiras,
que a mulher cruel o é deveras.

Assim aos nossos esta vez varreram
até onde o alcance tinha cessado,
e desde ali a volta ao povo deram
já dos inimigos saqueado.
Que quando fazer mais dano não puderam,
subindo nos cavalos que no prado
soltos sem ordem e governo andavam,
a seus donos por jogo remedavam.

Quem faz que combate e quem fugia,
e quem depois do que foge vai correndo;
quem finge que está morrido e se tendia,
quem correr tentava não podendo.
A gente alegre assim se divertia,
o trabalho importuno desprendendo,
até que o sol riscava os collados,
que o General chegou e os mais soldados.

Original en castellano tomado de la edición de Emiliano Escolar Editor 1981. Introducción de Mario Grande Esteban

El trabajo completo en: http://pedrosevylla.com/araucana-ercilla/

 

 

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Gilberto Freire

Casa-grande & senzala fue publicado en 1933, Sobrados e Mucambos en 1936 y Ordem e Progresso en 1957. Esas obras forman los tres grandes pilares de la enorme y excepcional contribución de Gilberto Freyre a la Historia de Brasil. Llegando Freyre a ser uno de los más profundos conocedores de la esencia brasileña: gente, individuo y sociedad. Mas el gran científico reconocido mundialmente, el observador concienzudo, es también un pensador y un poeta; y un soñador que tiene algo de clarividente. Freyre es un aprendiz de poeta, según sus propias palabras; palabras que también dijo de sí Pablo Picasso. “Talvez poesía”, libro publicado en 1962, lleva un título revelador de la timidez poética del científico sensible. Puede decirse que mantuvo un empeño poético constante, con períodos fructíferos de mayor dedicación, en los que consiguió admirables poemas personales.

«Morí», Poema de Pedro Sevylla de Juana

Pretendo que mi último poema -este quizá- sea el mejor
de todos; y lo quiero siempre y cada vez
que segrego uno nuevo

Morí, ustedes ya lo saben, aparece en mi biografía:
el dieciséis de abril de dos mil treinta.
Cosa de poco, un resfriado como desencadenante:
madrugo para escribir y, a veces, no me abrigo
de manera apropiada.
Ya ven, la pasión por la escritura, y veintitantas
enfermedades que fui acumulando, las unas agarradas
a las otras, en los últimos tiempos.

Introduje en la valija del más allá
diez libros -propios y ajenos-
tres poemarios, tres novelas, tres ensayos, llovía;
subí al trampolín del tobogán, techo del mundo,
miré desde la altura, en redondo, los trigales:
mar de primavera en Valdepero; ermita de la Virgen,
del Consuelo, tejera romana, la fuente
de San Pedro,el sitio histórico de Muqui,
estaciones de Marechal Floriano y Matilde,
los troncos erguidos
y firmes de la Mata Atlántica capixaba
la Reserva Natural Rêluz;
llovía.

Páramo Llano de piedras cereales,
Sertão agreste y riguroso, noche de estrellas,
cielo azul y blanco.
Cerré los ojos,
dejé de respirar indefinidamente,
me deslicé in crescendo; y la posteridad
-uno de tantos para ella- me recibió sin inmutarse
en el ingente cacaotal de Bahia.

Nací en la senzala de la Casa Grande, propiedad
de don Manuel Diezquijada Gallo, calle
Mayor de mi pueblo,
y morí na senzala de la Casa-Grande de Gilberto Freyre,
grosas paredes de taipa ou de pedra e cal,
la casa ibérica de mi iberismo:
aceptación y defensa del legado milenario común.

Gilberto me confirma que fui para allá peninsular,
remando balandra, bebiendo lluvia, pescando, achicando
mar, veleiro de papel, vela de páginas escritas,
manuscritas; y allá me hice, además,
amerindio y africano: bahiense.

Ya soy, dice de mí Gilberto de Mello Freyre,
la afortunada conjunción
de orígenes miscibles
de miscibles culturas;
y asegura que es el mestizaje el principio
del progreso progresivo,
y la constante
de los avances todos.
Síntesis de síntesis soy,
esencia de esencias destiladas
en el alambique existencial de los varios
cientos de millones
de mis antepasados.

El primer protagonista de la historia
es el transcurrir del tiempo
ese devenir ilógico y nostálgico
que parece el esperado porvenir
no siendo más que el pasado
puesto
en contacto con el aire impuro,
temperatura de árticos, antárticos y trópicos
y humedad de chaparrón intermitente:
sometido a la inclemencia,
al roce permanente de todo cuanto existe.

Bahia de todos os santos
madre oronda de todas as cidades,
Pernanbuco de igrejas magras, donde
Gilberto Freyre nació un día antes que yo
quince de marzo;
y pregunto si nos acerca eso ante Zodíaco y la Eclíptica,
dioses de los influjos estelares, de la erosión
de los sentimientos inconstantes.

La duda
afortunadamente soluble
me llegó al aproximarme a la equis final
Aos teus tabuleiros escancarados em X.
Incógnita que cada uno puede descifrar a su manera:
pensé, y la mía
se explica en la rúbrica
de la firma que llevo cien años repitiendo:
una flecha dirigida sin remedio hacia la cruz.

“Lucha hasta el equilibrio” es mi divisa,
y es mi firma mi nombre lanzado en una flecha,
en busca de la cruz de la armonía,
vacilante,
equilibrada,
activa.
Sí, Gilberto de Mello Freyre,
tu equis es mi cruz:
identificación del equilibrio armónico
conjunción ajustada de elementos múltiples.
Y el equilibrio inestable y activo,
recompuesto tras cada disgregación,
es el futuro que esperamos
para el enorme caudal de fuerzas
de Brasil.

Sabido esto,
ya pude morirme
y
MORÍ.

 

«MORRI», Poema e tradução de Pedro Sevylla de Juana

Pretendo que meu último poema -este quiçá- seja o melhor
de todos; e quero-o sempre e cada vez
que segrego um novo.

Morri, vocês já o sabem, aparece na minha biografia:
o dezesseis de abril de dois mil e trinta.
Coisa de pouco, um resfriado como desencadeante:
madrugo para escrever e, às vezes, não me abrigo
de maneira adequada.
Já veem, a paixão pela escrita, e mais de vinte
doenças que fui acumulando, umas agarradas
às outras, nos últimos tempos.

Introduzi na mala de além-mundo
dez livros -próprios e alheios-
três livros poéticos, três romances, três ensaios, chovia;
subi ao trampolim do tobogã, teto do mundo,
olhei desde a altura, em círculo, los trigales:
mar de primavera en Valdepero; ermita de la Virgen
del Consuelo, la tejera romana, la fuente de
San Pedro; o lugar histórico de Muqui,
as estações de Marechal Floriano y Matilde,
os troncos erguidos
e firmes da mata atlântica capixaba,
a reserva natural Reluz;
chovia.

Páramo Llano de piedras cereales,
Sertão agreste y rigoroso: noche de estrellas,
céu azul e branco.
Fechei os olhos,
deixei de respirar indefinidamente,
deslizei-me in crescendo;
e a posteridade
-um de tantos para ela- me recebeu sem se alterar
no ingente cacaual da Bahia.

Nasci na senzala de la Casa Grande, propiedad
de don Manuel Diezquijada Gallo, en la
calle Mayor de mi pueblo,
e morri na senzala da Casa-Grande de Gilberto Freyre
grossas paredes de taipa ou de pedra e cal
a casa ibérica de meu iberismo:
aceitação e defesa do legado milenário comum.

Gilberto me confirma que vim para cá peninsular,
remando balandra, bebendo chuva, pescando, achicando mar,
veleiro de papel, vela de páginas
escritas
à mão;
e aqui me fiz, além disso,
africano e ameríndio: baiano.

Já sou, diz Gilberto de Mello Freyre,
a afortunada conjunção
de origens miscíveis
de miscíveis culturas;
e assegura que é a mestiçagem o princípio
do progresso progressivo,
e a constante dos avanços todos.

Síntese de síntese sou,
essência de essências destiladas
no alambique existencial dos vários
centos de milhões
de meus antepassados.

O primeiro protagonista da história
é o decorrer do tempo
esse devir ilógico e nostálgico
que parece o esperado porvir
não sendo mais que o passado
posto
em contato com o ar impuro,
temperatura de árticos, antárticos e trópicos
e umidade de aguaceiro intermitente:
submetido à inclemência,
ao roce permanente de tudo quanto existe.

Bahia de todos os santos
mãe bojuda de todas as cidades
Pernambuco de igrejas magras, onde
Gilberto Freyre nasceu um dia antes que eu,
quinze de março;
e pergunto se isso nos acerca ante Zodíaco e a Eclíptica,
deuses dos influxos estelares, da erosão
dos sentimentos inconstantes.

A dúvida
felizmente solúvel
chegou com o xis final:
Aos teus tabuleiros escancarados em xis.
Incógnita que cada um pode decifrar à sua maneira,
pensei;
e a minha se explica na rubrica
da assinatura que levo cem anos repetindo:
uma flecha dirigida sem remédio para a cruz.

“Luta até o equilíbrio” é minha divisa,
e é minha assinatura meu nome lançado numa seta,
em procura da cruz da harmonia,
vacilante,
equilibrada,
ativa.

Esse xis é o futuro do Brasil.
Sim, Gilberto de Melo Freyre
teu xis é minha cruz:
identificação do equilíbrio harmônico,
conjunção ajustada de elementos múltiplos.
E o equilíbrio instável e ativo,
recomposto depois da cada dispersão,
é o futuro que esperamos
para o enorme caudal de forças
do Brasil.

Sabido isto,
já pude morrer
e
MORRI.

 

Bahia de Todos os Santos (e de quase todos os pecados)
Poema de Gilberto Freire

Bahia de Todos os Santos (e de quase todos os pecados)
casas trepadas umas por cima das outras
casas, sobrados, igrejas, como gente se espremendo pra sair num
retrato de revista ou jornal
(vaidade das vaidades! diz o Eclesiastes)
igrejas gordas (as de Pernambuco são mais magras
toda a Bahia é uma maternal cidade gorda
como se dos ventres empinados dos seus montes
dos quais saíram tantas cidades do Brasil
inda outras estivessem para sair
ar mole oleoso
cheiro de comida
cheiro de incenso
cheiro de mulata
bafos quentes de sacristias e cozinhas
panelas fervendo
temperos ardendo
o Santíssimo Sacramento se elevando
mulheres parindo
cheiro de alfazema
remédios contra sífilis
letreiros como este:
Louvado seja Nosso Senhor Jesus Cristo
(Para sempre! Amém!)
automóveis a 30$ a hora
e um ford todo osso sobe qualquer ladeira
saltando pulando tilintando
para depois escorrer sobre o asfalto novo
que branqueja como dentadura postiça em terra encarnada
(a terra encarnada de 1500)
gente da Bahia! preta, parda, roxa, morena
cor dos bons jacarandás de engenho do Brasil
(madeira que cupim não rói)
sem rostos cor de fiambre
nem corpos cor de peru frio
Bahia de cores quentes, carnes morenas, gostos picantes
eu detesto teus oradores, teus otaviosmangabeiras
mas gosto das tuas iaiás, tuas mulatas, teus angus
tabuleiros, flor de papel, candeeirinhos,
tudo à sombra das tuas igrejas
todas cheias de anjinhos bochechudos
sãojoões sãojosés meninozinhosdeus
e com senhoras gordas se confessando a frades mais magros do que eu
O padre reprimido que há em mim
se exalta diante de ti Bahia
e perdoa tuas superstições
teu comércio de medidas de Nossa Senhora e do Nossossenhores do
Bonfim
e vê no ventre dos teus montes e das tuas mulheres
conservadoras da fé uma vez entregue aos santos
multiplicadores de cidades cristãs e de criaturas de Deus
Bahia de Todos os Santos
Salvador
São Salvador
Bahia
Negras velhas da Bahia
vendendo mingau angu acarajé
Negras velhas de xale encarnado
peitos caídos
mães de mulatas mais belas dos Brasis
mulatas de gordo peito em bico como para dar de mamar a todos os
meninos do Brasil.
Mulatas de mãos quase de anjos
mãos agradando ioiôs
criando grandes sinhôs quase iguais aos do Império
penteando iaiás
dando cafuné nas sinhás
enfeitando tabuleiros cabelos santos anjos
lavando o chão de Nosso Senhor do Bonfim
pés dançando nus nas chinelas sem meia
cabeções enfeitados de rendas
estrelas marinhas de prata
tetéias de ouro
balangandãs
presentes de português
óleo de coco
azeite-de-dendê
Bahia
Salvador
São Salvador
Todos os Santos
Tomé de Sousa
Tomés de Sousa
padres, negros, caboclos
Mulatas quadrarunas octorunas
a Primeira Missa
os malês
índias nuas
vergonhas raspadas
candomblés santidades heresias sodomias
quase todos os pecados
ranger de camas-de-vento
corpos ardendo suando de gozo
Todos os Santos
missa das seis
comunhão
gênios de Sergipe
bacharéis de pince-nez
literatos que lêem Menotti del Picchi e Mário Pinto Serpa
mulatos de fala fina
muleques
capoeiras feiticeiras
chapéus-do-chile
Rua Chile
viva J. J. Seabra morra J. J. Seabra
Bahia
Salvador
São Salvador
Todos os Santos
um dia voltarei com vagar ao teu seio moreno brasileiro
às tuas igrejas onde pregou Vieira moreno hoje cheias de frades
ruivos e bons
aos teus tabuleiros escancarados em x (esse x é o futuro do Brasil)
a tuas a teus sobrados cheirando a incenso comida alfazema
cacau.

 

 

BAHIA DE TODOS SANTOS y de casi todos los pecados
Poema de Gilberto Freire
Traducción de Pedro Sevylla de Juana

Bahia de Todos Santos (y de casi todos los pecados)
casas encaramadas unas encima de las otras
casas, sobrados, iglesias, como gente estrujándose para salir en una
fotografía de revista o diario
(vanidad de vanidades! dice el Eclesiastés)
iglesias orondas (las de Pernambuco son más delgadas)
toda Bahia es una maternal ciudad oronda
como si de los vientres empinados de sus montes
de los que surgieron tantas ciudades de Brasil
aún otras estuvieran a punto de brotar
aire amorfo untuoso
olor a comida
aroma de incienso
efluvio de mulata
vahos calientes de sacristías y cocinas
ollas bullendo
adobos abrasando
el Santísimo Sacramento ascendiendo
mujeres alumbrando
fragancia de espliego
pócimas para la sífilis
anuncios así:
Alabado sea Nuestro Señor Jesucristo
(Por siempre! Amén!)
automóviles a 30$ la hora
y un ford resistente sube cualquier cuesta
brincando empujando repicando
para después resbalar sobre el asfalto flamante
que clarea como dentadura postiza en tierra encarnada
(la tierra encarnada de 1500)
gente de Bahia! negra, mestiza, cobriza, morena
color de los espléndidos jacarandás de ingenio azucarero en Brasil
(madera que las termitas no comen)
sin rostros color fiambre
ni cuerpos color de pavo frío
Bahia de colores cálidos, acaneladas carnes, sabores picantes
detesto tus oradores, Bahia de Todos los Santos
tus ruisbarbosas, tus otaviosmangabeiras
pero me gustan tus iaiás, tus mulatas, tus polentas
tableros, flor de papel, candilitos,
todo en la penumbra de tus iglesias
cuajadas ellas de angelitos mofletudos
sanjuanes sanjosés criaturasdedios
y con señoras rollizas confesándose a monjes más descarnados que yo
El padre reprimido que hay en mí
se entusiasma ante ti Bahia
y te absuelve de tus supersticiones
tu comercio de favores de Nuestra Señora y de Nuestrosseñores del Bonfim
y percibe en el vientre de tus montes y de tus mujeres
depositarios de la fe ya otorgada a los santos
multiplicadores de ciudades cristianas y de criaturas de Dios
Bahia de Todos Santos
Salvador
San Salvador
Bahia
Negras ancianas de Bahia
vendiendo mingau angu acarajé
Negras viejas de chal carmesí
pechos caídos
madres de las mulatas más bellas de los Brasis
mulatas de pecho voluminoso con pezones para amamantar
a todos los niños de Brasil.
Mulatas de manos poco menos que de ángeles
manos encantando yoyós
formando grandes “señós” semejantes a los del Imperio
peinando iaiás
mimando el cuero cabelludo a las “señás”
maquillando tableros cabellos santos ángeles
purificando el suelo de Nuestro Señor del Bonfim
pies agitándose desnudos en las chinelas sin media
alzacuellos embellecidos de encajes
estrellas marinas de plata
broches de oro
dijes
obsequios de portugués
oleo de coco
aceite de palma
Bahia
Salvador
San Salvador
Todos los Santos
Tomé de Sousa
Tomés de Sousa
sacerdotes, negros, mestizos
Mulatas cuarteronas, octeronas
la Primera Misa
los malís
indias desnudas
genitales rasurados
candombe santidades herejías sodomías
casi todos los pecados
crujir de lechos de viento
cuerpos ardientes sudando de gusto
Todos Santos
misa de las seis
comunión
genios de Sergipe
licenciados con quevedos
literatos que leen a Menotti del Picchi y Mário Pinto Serpa
mulatos de parla distinguida
chavales
capoeiras hechiceras
sombreros elegantes de paja
Calle Chile
viva J. J. Seabra muera J. J. Seabra
Bahia
Salvador
San Salvador
Todos Santos
cualquier día regresaré sin prisa a tu seno moreno brasileño
a tus iglesias donde predicó Vieira trigueño hoy llenas de frailes
pelirrojos y buenos
a tus tableros abiertos de par en par en x (esa x es el futuro de Brasil)
a tus casas a tus sobrados oliendo a incienso comida lavándula cacao.

Trabajo completo en
http://pedrosevylla.com/araucana-ercilla/

 

 

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Andrés Bello

Andrés Bello tiene dos efigies honoríficas en Madrid; una estatua y un monumento. Hecho insólito, dado que Alonso de Ercilla, nacido en la ciudad, no tiene más que una plaquita en la iglesia en que fue bautizado. Ojalá pruebe ese hecho, en el caso de Bello, el reconocimiento oficial hacia su Obra Ingente.
La estatua de Andrés Bello situada en la Real Academia Española, obra de Juan Abascal muestra a un Bello itinerante, avanzando con la Naturaleza. Así veo yo a este Gran Hombre, como un Gran Hombre que va. Tuvo oportunidades vitales, pero las tuvo porque iba, porque avanzaba, porque llegaba allí donde la oportunidad estaba o surgía por sí misma o impulsada por él. Tuvo la visión más amplia de lo hispano que he conocido, y dio los pasos más largos, abarcando sus brazos lo grande, formado por la suma de lo pequeño que atendían sus dedos.

Vivía yo en Madrid cuando se erigió el monumento a Andrés Bello en la Dehesa de la Villa, un parque natural, resto de las tierras entregadas a la ciudad en el siglo doce por Alfonso VII, monte bajo de encinas y pasto de cabras y ovejas. Tras diversas vicisitudes, que redujeron considerablemente la extensión mientras se iban perdiendo las encinas, a finales del siglo XIX se plantaron diez mil árboles, pino negral en su mayoría; en 1929 se edificó en ese espacio la Ciudad Universitaria, y en 1972, día 26 de abril se inauguró el citado monumento a Don Andrés Bello, erigido en una colina y donado por Venezuela. Asistieron las autoridades civiles, diplomáticas y culturales a la ceremonia, continuidad de las fiestas celebradas durante esa semana con ocasión del Día del Idioma. Día dedicado especialmente a don Andrés Bello, de quien se organizó una exposición bibliográfica e iconográfica en la Biblioteca Nacional. Entre las muchas personalidades asistentes a los actos estaba Pedro Grases, secretario, a la sazón, de la Comisión Editora de las Obras Completas de Bello. Nacido Grases en Cataluña, marchó a América por la Guerra Civil y había adquirido la nacionalidad venezolana; haciéndose, por medio de sus muchos trabajos de investigación, un gran conocedor y admirador de la persona y de la obra de Bello. La numerosa delegación de Venezuela traía condecoraciones para personalidades españolas, tales como Dámaso Alonso, director de la Real Academia; y Gregorio Marañón Moya, director del Instituto de Cultura Hispánica, hijo del eminente escritor y prestigioso médico. Vivía yo en Madrid en aquel tiempo, y estuve al tanto de los fastos organizados. Viene a cuento el detalle, para destacar lo hispano del Gran Hispanoamericano llamado Andrés Bello.

El venezolano Andrés Bello no es de un solo lugar, es de todos los que conforman su obra: pensamiento y acción; y la obra de Bello es gigantesca, ciclópea: obra de un hombre formado por diferentes personas, especialistas ellas en áreas distintas, porque Bello no dejó terreno ni aspecto del Nuevo Continente, sin analizar para hacer o rehacer. Y todo ello partiendo de España, una España que conocía de la raíz a la rama más alta.
De esa España de contrastes, de su guerra del 1936 iniciada como golpe de Estado, partieron muchos intelectuales, llevando poco más que su intelecto a las acogedoras tierras americanas. Así que, por causa tan dolorosa, se enriqueció América de pensamiento, empobreciéndose España, también en pensamiento, en la misma medida.

 

Dilúvio na resseca terra da fome
Poema e tradução Pedro Sevylla de Juana

Com uma pena de cálamo partido,
o homem desguarnecido se acastela,
pó em água diluído,
tinta viscosa surgida da testa.

É uma pluma somente
e a branca superfície do papel
em seta, em adaga a converte;
a palavra que perfilo é um ipê
lançado contra o céu inexpugnável e inclemente,
para desaguar, face e invés,
seus transbordantes recipientes.

Vão sendo as seis e o ativo povo
-do acampamento alçado num córrego ressequido-
em círculos de pedra aviva o fogo,
e com a tranquilidade de quem ignora os perigos,
apressa lidas diferidas pelo breve ócio
ou desprega lembranças dos tempos idos.

Placas de lata formam tetos e paredes,
entulhos de algum derrubo, tabelas rompidas,
frágil refúgio destinado a proteger da intempérie.

O vento avisa com seu assobio ralo,
um cheiro a crisântemo vivo
vem do Norte carregado de presságios:
calaram-se os grilos
e os pardais agitados
revolteiam em círculo.

Recolhe raios o sol, embainha sua soberba,
retrocede e foge dos horizontes nublados
embutidos em armaduras pretas,
guerreiros sobre apocalípticos cavalos
que manifestam uma cólera densa.

Urgidas galopadas das pernas,
a primeira gota inaugura o desconcerto,
cauta emissária das companheiras,
as que ocultam o sol fátuo e incerto
esperando instruções mais concretas.

Chove a negrura que a perspectiva afasta
nos confines se confundem as linhas de chegada e de partida,
piscando resplendores se agita o deus da borrasca
visos perversos que agigantam as vistas,
numa tarde de verão bem bastarda.

Presto o altar, oblação desconhece os desígnios;
procissões de nuvens chegam ao lugar dos fatos
seguindo a ordem imutável dos avisos.

As temperaturas elevadas,
carenciadas de paciência,
perfuram a barreira da exígua enramada;
os indómitos vales desfocados centelham
e desde o alto das nuvens altas
desordenadamente desce a tragédia.

Descobre o olho torvo em solitária cavalgada,
o temor oculto dos campos às ingratas sementeiras;
neste lugar o mau augúrio aguarda,
em toda parte a ferida fica aberta,
por ali chega a morte acaçapada
suspeitada e, sem embargo, manifesta.

As gotas compõem milhões dilatados
e uma sozinha é vida no deserto,
adição do mar não desbordado;
uma gota não é perigo verdadeiro,
nem dez juntas, nem mil vezes um vaso.

Com quatro nuvens irritadas se forma uma tormenta,
três tormentas cabem num vale,
são três os vales convergentes, e mais de quarenta
as nuvens que acumula a grande nuvem resultante.

Toneladas de água vão ressoprando na galerna,
ingente quantidade de metros cúbicos desprendidos da altura,
uma fortuna se cai no lugar da carência:
terra resseca e esquartejada, balbuciante agricultura,
feijões, tubérculos, centeio, aveia
erva agostada e murcha,
alimento que salva da morte verdadeira
protegendo da fome uma temporada curta.

Apedrejam as nuvens com ouro a puna e a savana,
centos de milhões de onças caem no absorvente solo,
valioso pasto para milhares de vacas
que morreriam num jejum novo.

Água vai!, exclama o céu perto da porta,
e a nuvem total, o universo inteiro, as líquidas esferas,
abrem as comportas e em menos duma hora
cai destruidora a água chegada de todos os planetas.

Os pés não encontram solo, se dissolve a terra,
todo é líquido solto e sua força de arrasto,
arrasta rolando as roladas pedras.
Os ramos se desgalham de choupos e albízias
troncham-se os caules das plantas,
o deus da morte exige um centenar de vítimas
e a dor das sobrevivências rasgadas.

Há famílias abaixo, pessoas de todas as idades,
borbotões de sensibilidade e de ternura,
cachorros e gatos em plena liberdade,
utensílios, úteis de pesca, ferramentas rústicas,
amor à Natureza muito grande.

Se volta contra o homem o enxoval diário,
arrasa arrasado e é espada;
é martelo, é estaca, é maço;
é machado violento, é cortante navalha.

Resistem os valentes esbanjando brios
e agonizam em tentativa vã de minorar o desamparo
impelindo os mortos aos vivos
enquanto escapam os covardes ficando salvos.

Troca-se a terra em pegajoso limo,
forman dique as lenhas e as pedras,
fixação de mares bem nutridos;
e num instante que os fados desprezam,
escapam os desbordantes fluidos.

Exaltados relinchos de cavalo
das gargantas escapam fugitivos;
os bramidos de touro ensanguentado
e os desgarradores gritos
nascidos do sofrimento desumano
elevam sua queixa ate o divino.

É angustiosa a impotência,
e depois do instante eterno que dura a agonia,
insultam os feridos a quem executa a sentença.

A morte forma feixes de corpos:
mãos unidas às mãos,
braços suspendidos dos pescoços,
rostos pegados aos lábios;
dentes mordendo o nervo afetuoso
do amor apaixonado.

São alicerces os troncos em carne viva abertos,
suportando o peso dos muros derrubados,
dos precipitados tetos.

As lascas, incisivas como alfanjes,
e as árvores arrancadas da terra mãe,
são armas para o descomunal gigante
que vomita a água dos sete mares
sobre pessoas acostumadas ao abuso do grande.

Quando o céu aclara sua cor e o temporal decresce,
oferecendo evidências ficam os despojos:
cabeças aplastadas por pedras inocentes,
extremidades presas debaixo dos escombros,
ventres inchados sobre desnutridos ventres,
corpos oprimidos cobertos de lodo.
O lodo, o lodo, o lodo detido;
o lodo desprende de seu seio improvisado,
a expectativa de encontrar algum respiro
e o fedor dos restos putrefatos.

Os cadáveres descobertos pela água,
são empurrados rio abaixo,
até o espaço que acolhe na enseada,
o varro e a madeira, os seixos rolados.

O amanhecer acorda destruído:
a batalha desigual -só um bando-
tem deixado um esplendor despido,
coberto por membros descarnados,
de impossível retorno aos caminhos.

Nos morros inclinados, nos rochedos,
nas sumidas adjacências,
nos álveos lisos dos ríos secos,
alçam os párias da terra,
seus arraiais efêmeros,
as frágeis vivendas.

E o céu castiga
sua extrema pobreza
e a sua ousadia.

PSdeJ, Diversos lugares desde o ano 2011

Se ha establecido un paralelismo entre Andrés Bello y Marcelino Menéndez Pelayo; que yo veo limitado a la capacidad, porque no lo fue en la acción. Menéndez Pelayo destaca la labor filológica de Andrés Bello, la repercusión cultural y educativa, la influencia de Horacio en alguno de los poemas: algo constatable en la Silva a La Agricultura de la Zona Tórrida. Producto de la larga y profunda correspondencia con autores hispanoamericanos, Don Marcelino adquiere un profundo conocimiento de lo que en América ocurre poéticamente, considerando que lo de un lado y otro del Océano es una misma literatura. En “Historia de la poesía hispanoamericana” en el espacio correspondiente a Venezuela, dedica treinta y tantas páginas a Andrés Bello, destacando su convencimiento católico conservador de los últimos tiempos, y la importancia de la Silva a “La agricultura en la zona tórrida” y “Alocución a la Poesía”, que le convierten en “poeta perfecto, dentro de su género y escuela”. Ambos se amamantaron en los clásicos, fueron tradicionalistas y educadores y críticos; coincidencias que alimentan la idea de paralelismo.

 

Silva a «La agricultura de la Zona Tórrida»
Poema de Andrés Bello

¡Salve, fecunda zona,
Que al sol enamorado circunscribes
El vago curso, y cuanto ser se anima
En cada vario clima,
Acariciada de su luz, concibes!
Tú tejes al verano su guirnalda
De granadas espigas; tú la uva
Das a la hirviente cuba:
No de purpúrea flor, o roja, o gualda
A tus florestas bellas
Falta matiz alguno; y bebe en ellas
Aromas mil el viento;
Y greyes van sin cuento
Paciendo tu verdura, desde el llano
Que tiene por lindero el horizonte,
Hasta el erguido monte,
De inaccesible nieve siempre cano.
Tú das la caña hermosa,
De do la miel se acendra,
Por quien desdeña el mundo los panales:
Tú en urnas de coral cuajas la almendra
Que en la espumante jícara rebosa:
Bulle carmín viviente en tus nopales,
Que afrenta fuera al múrice de Tiro;
Y de tu añil la tinta generosa
Émula es de la lumbre del zafiro;
El vino es tuyo, que la herida agave
Para los hijos vierte
Del Anáhuac feliz; y la hoja es tuya
Que cuando de süave
Humo en espiras vagorosas huya,
Solazará el fastidio al ocio inerte.
Tú vistes de jazmines
El arbusto sabeo,
Y el perfume le das que en los festines
La fiebre insana templará a Lico.
Para tus hijos la procera palma
Su vario feudo cría,
Y el ananás sazona su ambrosía:
Su blanco pan la yuca,
Sus rubias pomas la patata educa,
Y el algodón despliega al aura leve
Las rosas de oro y el vellón de nieve.
Tendida para ti la fresca parcha
En enramadas de verdor lozano,
Cuelga de sus sarmientos trepadores
Nectáreos globos y franjadas flores;
Y para ti el maíz, jefe altanero
De la espigada tribu, hinche su grano;
Y para ti el banano
Desmaya al peso de su dulce carga;
El banano, primero
De cuantos concedió bellos presentes
Providencia a las gentes
Del Ecuador feliz con mano larga.
No ya de humanas artes obligado
El premio rinde opimo:
No es a la podadera, no al arado
Deudor de su racimo;
Escasa industria bástale, cual puede
Hurtar a sus fatigas mano esclava:
Crece veloz, y cuando exhausto acaba,
Adulta prole en torno le sucede.
Mas ¡oh! si cual no cede
El tuyo, fértil zona, a suelo alguno,
Y como de natura esmero ha sido,
De tu indolente habitador lo fuera.
¡Oh! ¡Si al falaz rüido
La dicha al fin supiese verdadera
Anteponer, que del umbral le llama
Del labrador sencillo,
Lejos del necio y vano
Fausto, el mentido brillo,
El ocio pestilente ciudadano.
¿Por qué ilusión funesta
Aquellos que fortuna hizo señores
De tan dichosa tierra y pingüe y varia,
Al cuidado abandonan
Y a la fe mercenaria
Las patrias heredades,
Y en el ciego tumulto se aprisionan
De míseras ciudades,
Do la ambición proterva
Sopla la llama de civiles bandos,
O al patriotismo la desidia enerva;
Do el lujo las costumbres atosiga,
Y combaten los vicios
La incauta edad en poderosa liga?
No allí con varoniles ejercicios
Se endurece el mancebo a la fatiga;
Mas la salud estraga en el abrazo
De pérfida hermosura,
Que pone en almoneda los favores;
Mas pasatiempo estima
Prender aleve en casto seno el fuego
De ilícitos amores;
O embebecido le hallará la aurora
En mesa infame de ruinoso juego.
En tanto a la lisonja seductora
Del asiduo amador fácil oído
Da la consorte: crece
En la materna escuela
De la disipación y el galanteo
La tierna virgen, y al delito espuela
Es antes el ejemplo que el deseo.
¿Y será que se formen de este modo
Los ánimos heroicos denodados
Que fundan y sustentan los Estados?
¿De la algazara del festín beodo,
O de los coros de liviana danza,
La dura juventud saldrá, modesta,
Orgullo de la patria y esperanza?
¿Sabrá con firme pulso
De la severa ley regir el freno,
Brillar en torno aceros homicidas
En la dudosa lid verá sereno,
O animoso hará frente al genio altivo
Del engreído mando en la tribuna,
Aquel que ya en la cuna
Durmió al arrullo del cantar lascivo,
Que riza el pelo, y se unge y se atavía
Con femenil esmero,
Y en indolente ociosidad el día,
O en criminal lujuria pasa entero?
No así trató la triunfadora Roma
Las artes de la paz y de la guerra;
Antes fió las riendas del Estado
A la mano robusta
Que tostó el sol y encalleció el arado:
Y bajo el techo humoso campesino
Los hijos educó, que el conjurado
Mundo allanaron al valor latino.
¡Oh! ¡Los que afortunados poseedores
Habéis nacido de la tierra hermosa
En que reseña hacer de sus favores,
Como para ganaros y atraeros,
Quiso naturaleza bondadosa,
Romped el duro encanto
Que os tiene entre murallas prisioneros!
El vulgo de las artes laborioso,
El mercader que, necesario al lujo,
Al lujo necesita,
Los que anhelando van tras el señuelo
Del alto cargo y del honor ruidoso,
La grey de aduladores parasita,
Gustosos pueblen ese infecto caos;
El campo es vuestra herencia: en él gozaos.
¿Amáis la libertad? El campo habita:
No allá donde el magnate
Entre armados satélites se mueve,
Y de la moda, universal señora,
Va la razón al triunfal carro atada,
Y a la fortuna la insensata plebe,
Y el noble al aura popular adora.
¿O la virtud amáis? ¡Ah! ¡Que el retiro,
La solitaria calma
En que, juez de sí misma, pasa el alma
A las acciones muestra,
Es de la vida la mejor maestra!
¿Buscáis durables goces,
Felicidad, cuanta es al hombre dada
Y a su terreno asiento, en que vecina
Está la risa al llanto, y siempre ¡ah! siempre,
Donde halaga la flor, punza la espina?
Yd a gozar la suerte campesina;
La regalada paz, que ni rencores,
Al labrador, ni envidias acibaran;
La cama que mullida le preparan
El contento, el trabajo, el aire puro;
Y el sabor de los fáciles manjares,
Que dispendiosa gula no le aceda;
Y el asilo seguro
De sus patrios hogares
Que a la salud y al regocijo hospeda.
El aura respirad de la montaña,
Que vuelve al cuerpo laso
El perdido vigor, que a la enojosa
Vejez retarda el paso,
Y el rostro a la beldad tiñe de rosa.
¿Es allí menos blanda por ventura
De amor la llama, que templó el recato?
¿O menos aficiona la hermosura
Que de extranjero ornato
Y afeites impostores no se cura?
¿O el corazón escucha indiferente
El lenguaje inocente
Que los afectos sin disfraz expresa
Y a la intención ajusta la promesa?
No del espejo al importuno ensayo
La risa se compone, el paso, el gesto;
No falta allí carmín al rostro honesto
Que la modestia y la salud colora,
Ni la mirada que lanzó al soslayo
Tímido amor, la senda al alma ignora.
¿Esperáis que forme
Más venturosos lazos himeneo,
Do el interés barata,
Tirano del deseo,
Ajena mano y fe por hombre o plata,
Que do conforme gusto, edad conforme,
Y elección libre, y mutuo ardor los ata?
Allí también deberes
Hay que llenar: cerrad, cerrad las hondas
Heridas de la guerra; el fértil suelo,
Áspero ahora y bravo,
Al desacostumbrado yugo torne
Del arte humana y le tribute esclavo.
Del obstruido estanque y del molino
Recuerden ya las aguas el camino;
El intrincado bosque el hacha rompa,
Consuma el fuego; abrid en luengas calles
La obscuridad de su infructuosa pompa.
Abrigo den los valles
A la sedienta caña;
La manzana y la pera
En la fresca montaña
El cielo olviden de su madre España;
Adorne la ladera
El cafetal; ampare
A la tierra teobroma en la ribera
La sombra maternal de su bucare;
Aquí el vergel, allá la huerta ría…
¿Es ciego error de ilusa fantasía?
Ya dócil a tu voz, agricultura,
Nodriza de las gentes, la caterva
Servil armada va de corvas haces;
Mírola ya que invade la espesura
De la floresta opaca; oigo las voces;
Siento el rumor confuso, el hierro suena;
Los golpes el lejano
Eco redobla; gime el ceibo anciano,
Que a numerosa tropa
Largo tiempo fatiga:
Batido de cien hachas se estremece,
Estalla al fin, y rinde el ancha copa.
Huyó la fiera; deja el caro nido,
Deja la prole implume
El ave, y otro bosque no sabido
De los humanos, va a buscar doliente.
¿Qué miro? Alto torrente
De sonorosa llama
Corre, y sobre las áridas ruinas
De la postrada selva se derrama.
El raudo incendio a gran distancia brama,
Y el humo en negro remolino sube,
Aglomerando nube sobre nube.
Ya de lo que antes era
Verdor hermoso y fresca lozanía,
Sólo difuntos troncos,
Sólo cenizas quedan, monumento
De la dicha mortal, burla del viento.
Mas al vulgo bravío
De las tupidas plantas montaraces
Sucede ya el fructífero plantío
En muestra ufana de ordenados haces.
Ya ramo a ramo alcanza
Y a los rollizos tallos hurta el día:
Ya la primera flor desvuelve el seno,
Bello a la vista, alegre a la esperanza:
A la esperanza, que riendo enjuga
Del fatigado agricultor la frente,
Y allá a lo lejos el opimo fruto
Y la cosecha apañadora pinta,
Que lleva de los campos el tributo,
Colmado el cesto, y con la falda encinta;
Y bajo el peso de los largos bienes
Con que al colono acude,
Hace crujir los vastos almacenes.
¡Buen Dios! no en vano sude,
Mas a merced y compasión te mueva
La gente agricultora
Del Ecuador, que del desmayo triste
Con renovado aliento vuelve ahora,
Y tras tanta zozobra, ansia, tumulto,
Tantos arios de fiera
Devastación y militar insulto,
Aún más que tu clemencia antigua implora.
Su rústica piedad, pero sincera,
Halle a tus ojos gracia; no el risueño
Porvenir que las penas le aligera,
Cual de dorado sueño
Visión falaz, desvanecido llore:
Intempestiva lluvia no maltrate
El delicado embrión: el diente impío
Del insecto roedor no lo devore:
Sañudo vendaval no lo arrebate,
Ni agote el árbol el materno jugo
La calorosa sed de largo estío.
Y pues al fin te plugo,
Árbitro de la suerte soberano,
Que suelto el cuello de extranjero yugo
Irguiese al cielo el hombre americano,
Bendecida de ti se arraigue y medre
Su libertad; en el más hondo encierra
De los abismos la malvada guerra,
Y el miedo de la espada asoladora
Al suspicaz cultivador no arredre
Del arte bienhechora,
Que las familias nutre y los Estados;
La azorada inquietud deje las almas,
Deje la triste herrumbre los arados.
Asaz de nuestros padres malhadados
Expiamos la bárbara conquista.
¿Cuántas doquier la vista
No asombran erizadas soledades,
Do cultos campos fueron, do ciudades?
De muertes, proscripciones,
Suplicios, orfandades,
¿Quién contará la pavorosa suma?
Saciadas duermen ya de sangre ibera
Las sombras de Atahualpa y Moctezuma.
¡Ah! Desde el alto asiento
En que escabel te son alados coros
Que velan en pasmado acatamiento
La faz ante la lumbre de tu frente
(Si merece por dicha una mirada
Tuya la sin ventura humana gente),
El ángel nos envía,
El ángel de la paz, que al crudo ibero
Haga olvidar la antigua tiranía,
Y acatar reverente el que a los hombres
Sagrado diste, imprescriptible fuero;
Que alargar le haga al injuriado hermano
(¡Ensangrentóla asaz!) la diestra inerme;
Y si la innata mansedumbre duerme,
La despierte en el pecho americano.
El corazón lozano
Que una feliz obscuridad desdeña,
Que en el azar sangriento del combate
Alborozado late,
Y codicioso de poder o fama,
Nobles peligros ama;
Baldón estime sólo y vituperio
El prez que de la patria no reciba,
La libertad más dulce que el imperio,
Y más hermosa que el laurel la oliva.
Ciudadano el soldado,
Deponga de la guerra la librea;
El ramo de victoria
Colgado al ara de la patria sea,
Y sola adorne al mérito la gloria.
De su triunfo entonces patria mía,
Verá la paz el suspirado día;
La paz, a cuya vista el mundo llena
Alma, serenidad y regocijo,
Vuelve alentado el hombre a la faena,
Alza el ancla la nave, a las amigas
Auras encomendándose animosa,
Enjámbrase el taller, hierve el cortijo,
Y no basta la hoz a las espigas.
¡Oh jóvenes naciones, que ceñida
Alzáis sobre el atónito Occidente
De tempranos laureles la cabeza!
Honrad al campo, honrad la simple vida
Del labrador y su frugal llaneza.
Así tendrán en vos perpetuamente
La libertad morada,
Y freno la ambición, y la ley templo.
Las gentes a la senda
De la inmortalidad, ardua y fragosa,
Se animarán, citando vuestro ejemplo.
Lo emulará celosa
Vuestra posteridad, y nuevos nombres
Añadiendo la fama
A los que ahora aclama,
«Hijos son éstos, hijos
(Pregonará a los hombres)
De los que vencedores superaron
De los Andes la cima;
De los que en Boyacá, los que en la arena
De Maipo y en Junín, y en la campaña
Gloriosa de Apurima,
Postrar supieron al león de España.
Texto de http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/ poesias–35/html

A agricultura da Zona Tórrida
Autor: Andrés Bello
Traductor: Pedro Sevylla de Juana

Salve, fecunda zona,
Que ao sol apaixonado circunscreves
O vago curso, e quanto ser se anima
No cada vário clima,
Acariciada da sua luz, concebes!
Tu teces ao verão sua guirlanda
De granadas espigas; tu a uva
Dás à fervente cuba:
Não de purpúrea flor, ou vermelha, ou jalne
A tuas florestas belas
Falta matiz algum; e bebe nelas
Aromas mil o vento;
E greis vão sem conto
Pastando tua verdura, desde o plano
Que tem por confim o horizonte,
Até o erguido monte,
De inacessível neve cinzento sempre.
Tu dás a cana formosa,
De onde o mel se acendra,
Por quem desdenha o mundo os favos:
Tu em urnas de coral coalhas a amêndoa
Que na espumante xícara transborda:
Ebule carmim vivente em teus nopais,
Que afronta fosse ao múrice de Tiro;
E de teu anil a tinta generosa
Êmula é da lume da safira;
O vinho é teu, que a ferida agave
Para os filhos verte
Do Anáhuac feliz; e a folha é tua
Que quando de suave
Fumo em espiras vagarosas fuja,
Consolara o tédio ao lazer inerte.
Tu vestes de jasmins
O arbusto cafezeiro,
E o perfume lhe dás que nos festins
A febre insana temperará a Lico.
Para teus filhos a eminente palma
Seu vario feudo cria,
E o ananás sazona sua ambrosia:
Seu alvo pão a mandioca,
Suas loiras pomas a batata educa,
E o algodão desdobra à aura leve
As rosas de ouro e o velo níveo.
Tendido para ti o maracujá fresco
Em ramadas de verdor loução,
Pendura de seus sarmentos trepadores
Nectáreos globos e franjadas flores;
E para ti o milho, chefe altaneiro
Da espigada tribo, inche seu grão;
E para ti a bananeira
Desmaia ao peso da sua doce carga
A bananeira, primeiro
De quantos concedeu belos presentes
Providência às gentes
Do Equador feliz com mão longa.
Não já de humanas artes obrigado
O prêmio rende opimo:
Não é à podadeira, não ao arado
Devedor de seu racimo;
Escassa indústria lhe basta, qual pode
Furtar a suas fadigas mão escrava:
Cresce veloz, e quando exausto acaba,
Adulta prole em torno lhe sucede.
Mas oh! se qual não cede
O teu, fértil zona, a solo algum,
E como de natura esmero tem sido,
De teu indolente habitador o fosse.
Oh! Se ao falaz ruído
A dita ao fim soubesse verdadeira
Antepor, que da ombreira lhe chama
Do lavrador singelo,
Longe do néscio e vão
Fausto, o mentido brilho,
O lazer pestilento cidadão.
Porquê ilusão funesta
Aqueles que fortuna fez senhores
De tão ditosa terra e pingue e variada,
Ao cuidado abandonam
E à fé mercenária
As pátrias herdades,
E no cego tumulto se aprisionam
De míseras cidades,
onde a ambição proterva
Sopra a chama de civis bandos,
Ou ao patriotismo a desídia enerva;
Onde o luxo os costumes atossica,
E combatem os vícios
La incauta idade em poderosa liga?
Não ali com varonis exercícios
Se endurece o mancebo à fadiga;
Mas a saúde estraga no abraço
De pérfida formosura,
Que põe em almoeda os favores;
Mas passatempo estima
Prender aleivoso em casto seio o fogo
De ilícitos amores;
Ou embebecido lhe achará a aurora
Em mesa infame de ruinoso jogo.
Entanto à lisonja sedutora
Do assíduo amador fácil ouvido
Dá a consorte: cresce
Na materna escola
Da dissipação e o galanteio
A terna virgem, e ao delito estimula
É dantes o exemplo que o desejo.
E será que se formem deste modo
Os ânimos heroicos denodados
Que fundam e sustentam os Estados?
Da algazarra do festim bêbado,
Ou dos coros de leviana dança,
A dura juventude sairá, modesta,
Orgulho da pátria e esperança?
Saberá com firme pulso
Da severa lei reger o freio,
Brilhar em torno aços homicidas
Na duvidosa lide verá sereno,
Ou animoso fará frente ao gênio altivo
Do vaidoso comando na tribuna,
Aquele que já no berço
Dormiu ao arrulho do cantar lascivo,
Que anela o cabelo, e se unge e se atavia
Com feminil esmero,
E em indolente ociosidade no dia,
Ou em criminosa luxúria passa inteiro?
Não assim tratou a triunfadora Roma
As artes da paz e da guerra;
Dantes fiou as rendas do Estado
À mão robusta
Que tostou o sol e calejou o arado:
E baixo o teto humoso camponês
Os filhos educou, que o conjurado
Mundo aplanaram ao valor latino.
Ó! Os que afortunados possuidores
Haveis nascido da terra formosa
Em que resenha fazer de seus favores,
Como para vos ganhar e vos atrair,
Quis natureza bondosa,
Rompei o duro encanto
Que vos tem entre muralhas prisioneiros!
O vulgo das artes laborioso,
O mercador que, necessário ao luxo,
Ao luxo precisa,
Os que almejando vão depois do chamariz
Do alto cargo e da ruidosa honra,
A grei de aduladores parasita,
Gostosos povoem esse infecto caos;
O campo é vossa herança: nele vos gozai.
Amais a liberdade? O campo habita:
Não lá onde o magnata
Entre armados satélites se move,
E da moda, universal senhora,
Vai a razão ao triunfal carro atada,
E à fortuna a insensata plebe,
E o nobre a aura popular adora.
Ou a virtude amais? Ah! Que o retiro,
A solitária calma
Em que, juiz de si mesma, passa a alma
Às ações mostra,
É da vida a melhor mestra!
Procurais duráveis satisfações,
Felicidade, quanta é ao homem dada
E a seu terreno assento, em que vizinho
Está o riso do pranto, e sempre ah! Sempre,
Onde bajula a flor, punça a espinha?
Ide gozar a sorte camponesa;
A prazenteira paz, que nem rancores,
Ao lavrador, nem invejas amargaram;
A cama que mole lhe preparam
O contente, o trabalho, o ar puro;
E o sabor dos fáceis manjares,
Que dispendiosa gula não lhe azeda;
E o asilo seguro
De seus pátrios lares
Que à saúde e ao regozijo hospeda.
O aura respirai da montanha,
Que volta ao corpo lasso
O perdido vigor, que à irritante
Velhice retarda o passo,
E o rosto à beldade tinge de rosa
É ali menos macia por ventura
De amor o chama, que temperou o recato?
Ou menos interessa a formosura
Que de estrangeiro ornato
E enfeites impostores não se cura?
Ou o coração escuta indiferente
A linguagem inocente
Que os afetos sem disfarce expressa
E à intenção ajusta a promessa?
Não do espelho ao importuno ensaio
O riso se compõe, o passo, o gesto;
Não falta ali carmim ao rosto honesto
Que a modéstia e a saúde colora,
Nem a mirada que lançou ao soslaio
Tímido amor, a senda à alma ignora.
Esperais que forme
Mais venturosos laços himeneu,
Onde o interesse barata,
Tirano do desejo,
Alheia mão e fé por homem ou prata,
Que do conforme gosto, idade conforme,
E eleição livre, e mútuo ardor os ata?
Ali também deveres
Há que encher: fechai, fechai as fundas
Feridas da guerra; o fértil solo,
Áspero agora e bravo,
Ao desacostumado jugo torne
Da arte humana e lhe tribute escravo.
Do bloqueado estanque e do moinho
Recordem já as águas o caminho;
O intrincado bosque o machado rompa,
Consuma o fogo; abri em longas ruas
A obscuridade de sua infrutuosa pompa.
Abrigo deem os vales
À sedenta cana;
A maçã e a pera
Na fresca montanha
O céu esqueçam da sua mãe Espanha;
Orne a ladeira
O cafezal; ampare
À terra cacaueira na ribeira
A sombra maternal de seu bucare;
Aqui o vergel, lá a horta ria…
É cego erro de ilusa fantasia?
Já dócil a tua voz, agricultura,
Criadeira das gentes, a caterva
Servil armada vai de curvas paveias;
A vejo já que invade a espessura
Da floresta opaca; ouço as vozes;
Sinto o rumor confuso, o ferro soa;
Os golpes o longínquo
Eco redobra; geme a árvore de coral idoso,
Que à numerosa tropa
Longo tempo fadiga:
Batido de cem machados se estremece,
Estoura ao fim, e rende a larga copa.
Fugiu a fera; deixa o caro ninho,
Deixa a prole implume
A ave, e outro bosque não sabido
Dos humanos, vai procurar dolente.
Que olho? Alto torrente
De sonorosa chama
Corre, e sobre as áridas ruínas
Da prostrada selva se derrama.
O rápido incêndio a grande distância brama,
E o fumo em negro remoinho sobe,
Aglomerando nuvem sobre nuvem.
Já do que antes era
Verdor formoso e fresca louçania,
Só defuntos troncos,
Só cinzas ficam, monumento
Da dita mortal, burla do vento.
Mas ao vulgo bravio
Das espessas plantas montarazes
Sucede já o frutífero plantio
Em mostra ufana de ordenados feixes.
Já ramo a ramo atinge
E aos roliços caules furta o dia:
Já a primeira flor da volta o seio,
Belo à vista, alegre à esperança:
À esperança, que rindo enxuga
Do fatigado agricultor a face,
E lá ao longe o opimo fruto
E a colheita arrumadora pinta,
Que leva dos campos o tributo,
Colmado o cesto e com a cingida saia;
E baixo o peso dos longos bens
Com que ao colono acode,
Faz ranger os vastos armazéns.
Bom Deus! Não em vão sue,
Mas à mercê e compaixão te mova
A gente agricultora
Do Equador, que do desmaio triste
Com renovado alento volta agora,
E depois de tanta soçobra, ânsia, tumulto,
Tantos árias de feroz
Devastação e militar insulto,
Ainda mais que tua clemência antiga implora.
Sua rústica piedade, mas sincera,
Ache a teus olhos graça; não o risonho
Porvir que as penas lhe alivia,
Qual de dourado sonho
Visão falaz, desvanecido chore:
Intempestiva chuva não maltrate
O delicado embrião: o dente ímpio
Do inseto roedor não o devore:
Sanhoso vendaval não o arrebate,
Nem esgote a árvore o materno suco
A calorosa sede de longo estio.
E pois ao fim te satisfez,
Árbitro da sorte soberano,
Que solto o pescoço de estrangeiro jugo
Erguesse ao céu o homem americano,
Abençoada de ti se arraigue e medre
Sua liberdade; no mais fundo encerra
Dos abismos a malvada guerra
E o medo da espada assoladora
Ao suspicaz cultivador não arreda
Da arte benfeitora,
Que as famílias nutre e os Estados;
A aturdida inquietude deixe as almas,
Deixe a triste ferrugem os arados.
Assaz de nossos pais malfadados
Expiamos a bárbara conquista.
Quantas por todo lado a vista
Não assombram arrepiadas solidões,
Onde cultos campos foram, onde cidades?
De mortes, proscrições,
Suplícios, orfandades,
Quem contará a pavorosa soma?
Saciadas dormem já de sangue ibero
As sombras de Atahualpa e Moctezuma.
Ah! Desde o alto assento
Em que escabelo te são alados coros
Que velam em pasmado acatamento
A face ante a lume da tua frente
(Se merece por dita uma mirada
Tua a sem ventura humana gente),
O anjo nos envia,
O anjo da paz, que ao cru ibero
Faça esquecer a antiga tirania,
E acatar reverente o que aos homens
Sagrado deste, imprescritível foro;
Que alongar lhe faça ao injuriado irmão
(A ensanguentou assaz!) a destra inerme;
E se a inata mansidão dorme,
A acorde no peito americano.
O coração loução
Que desdenha uma feliz obscuridade,
Que no acaso sangrento do combate
Alvoroçado bate,
E cobiçoso de poder ou fama,
Nobres perigos ama;
Baldão estime só e vitupério
O honor que da pátria não receba,
A liberdade mais doce que o império,
E mais formosa que o laurel a oliva.
Cidadão o soldado,
Deponha da guerra a libré;
O laurel de vitória
Pendurado à ara da pátria seja,
E sozinha enfeite ao mérito a glória.
De seu triunfo então pátria minha,
Verá a paz o suspirado dia;
A paz, a cuja vista o mundo cheia
Alma, serenidade e regozijo,
Volta alentado o homem à tarefa,
Alça o âncora a nave, às amigas
Auras se encomendando animosa,
Se enxameia o ateliê, ferve o cortijo,
E não basta a foice às espigas.
Ó jovens nações, que cingida
Alçais sobre o atônito Occidente
De temporãos louros a cabeça!
Honrai ao campo, honrai a singela vida
Do labrador e sua frugal simplicidade.
Assim terão em vos perpetuamente
A liberdade morada,
E travão a ambição, e a lei templo.
As gentes à senda
Da imortalidade, árdua e fragosa,
Se animarão, citando vosso exemplo.
O emulará zelosa
Vossa posteridade, e novos nomes
Adicionando a fama
Aos que agora aclama,
«Filhos são estes, filhos
(Apregoará aos homens)
Dos que vencedores superaram
Dos Andes a cume;
Dos que em Boyacá, os que na areia
De Maipo e em Junín, e na campanha
Gloriosa de Apurima
Prostrar souberam ao leão da Espanha.

Tradução: PSdeJ El Escorial Semana Santa 2017

Trabajo completo en:
http://pedrosevylla.com/andres-bello/

 

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Carlos Drummond de Andrade

La traducción para mí es traslación, es tomar un relato o un poema: prefiero la poesía porque es más dúctil, más maleable; y trasladarlo a otra casa con todas las pertenencias. También es el acomodo en el nuevo espacio. Me siento obligado a dejar lo mejor posible en la nueva residencia todo lo recogido de la anterior; habitaciones nuevas, nuevo salón, jardín recién conquistado. Espero haber tomado en mi mente lo más de lo que Drummond de Andrade quiso decir y sugerir en “La Máquina do Mundo”
Espero haberlo trasladado sin romper ninguna pieza, ni el jarrón de Sévres ni el hombrecillo de los gansos, adorno de terracota que rompió siendo niño con disgusto y pegó con resina. Espero haberlo colocado como él lo hubiera querido, contando con que todo en la nueva casa es distinto queriendo ser lo mismo. Por eso quise conocer a Drummond lo suficiente para atreverme a traducirlo, para atreverme a interpretarlo. Como el nuevo espacio es mayor, las piezas pueden estar más separadas. Conocer el idioma de partida o dominar las herramientas que lo cercan, diccionarios, referencias de uso; conocer el idioma de llegada, conocer el género literario de la pieza. Eso necesita el traductor; y con frecuencia no se tiene todo.

 

Trabalhos do tradutor
Pedro Sevylla de Juana

Tinha trazido ao castelhano
desde o idioma português vários centos
de poemas, filhos de muito diferentes
bardos;
por isso me atrevi com um dos grandes:
Carlos Drummond
de Andrade e seu audaz
e celebrado
“A Máquina do Mundo”;
pilar do Modernismo neste
Brasil
de meus desvelos.

“…se foi miudamente recompondo,
enquanto eu, avaliando o que perdera,
seguia vagaroso, de mão pensas.”

Cheguei ao ponto morto,
certamente,
na postrema estrofe, pedra angular
e fechamento do poema.
Mas stricto sensu
a di culdade,
insuperável por então,
de mão pensas
premeditada falta de concordância
estava nas três palavras
últimas.

Y como mis pies palparan suavemente
una carretera de Minas, empedrada,
y en la aldaba de la tarde una campana ronca…”

Me animou o princípio, o confesso,
e me crendo
capaz de traduzí-lo inteiro
continuei carregado
de otimismo contagioso:

“…la máquina del mundo se entreabrió
para quien de romperla ya se arrepentía
y solo por haberlo imaginado lagrimaba.”

Pressentia a minha imodéstia
algum inconveniente
dos considerados menores.
Nada ni nadie iba a suponer obstáculo bastante
para que, mi fuerza expresiva, expresara
-raíz y tallo nutriéndose, armonía encadenada-
lo mucho que mi inteligencia compartía.

“Arrancó suntuosa y reservada,
sin emitir un sonido considerado impuro
ni un resplandor mayor que el soportable…”

Progresivos
sonido y movimiento, amanecían
martes y miércoles unidos,
jueves y viernes de la mano
y yo me las prometía
tan felices.
Desconhecendo ainda
o que agora sei, minha intuição
apagava: Se abrió, para escrever
em seu lugar: Arrancó:
palavra-chave.

“…esa exégesis integral de la vida
ese vínculo inicial y único
que no llegas a interpretar pues tan arisco…”

Filosofía, metafísica, teosofía, naturalismo,
sociología, sicología: entiendo al hombre
en su conjunto y en las partes:
homo homini lupus; amor, primera fuerza
metafórica:
estoy bien preparado:
me dije: exégesis sin duda tiene ahí su hueco.
¿Sé adónde voy?: conozco el sendero.

“…y la gloria de los dioses y el imponente
sentimiento de muerte, que florece,
en el mástil de la existencia más gloriosa…”

Exultante estava e convencido
de minhas instáveis reservas, ente eu
que se autoalimenta
alimentando a própria dúvida;
já, sexta-feira dia nove,
pouco antes
das duas da manhã,
desconhecendo que numa noite de insónia
posterior,
o laberinto de mão pensas
pensando e repensando
me ia mostrar sua saída.

“…como olvidados credos requeridos
pronto y vibrantes no se dispusieran
a colorear de nuevo la cara neutra…”

Presto y fremente:
pronto y vibrantes: pluralizo;
mas mão pensas segue martelando a minha cabeça
porque perguntada R^Bomfim,
temporalmente lisboeta, não
me pode fechar uma mão,
nem o dicionário Priberam, sempre tão
atento a minhas necessidades;
recorro a Mario
também Andrade de apelido,
a suas cartas cruzadas com Carlos,
e não está nelas a saída.

A Ester Abreu voy, último recurso,
y de su respuesta rauda y precavida,
minucioso análisis de las palabras,
infiero una posición de duda sobre la fiabilidad
del texto de partida.
Incorporo la incertidumbre a las posibles soluciones;
y decido escribir: “olvidados credos requeridos”
como versión del verso al que,
por el momento, llego.

“…pasara a dirigir mi voluntad
que, ya de por sí inestable, se cerraba
semejante a esas ores indecisas…”

Descobria admirável o nexo literário,
o ritmo, a paixão,
a veemência sujeitada; mas na amanhecida
me intrigava mais ainda
o sentido exato que o poeta
quis dar às indômitas palavras
de mão pensas, sua concreção abstrata.

Me encontraba en punto muerto
esperando una resurrección imposible
o un entierro profiláctico, cuando
la primera luz de la alborada, en otra noche,
avivó mi mente trasladándome,
infante, a mi pueblo;
época agitada do traçado
dessa breve estrada que vai de Valdepero
a Valdeolmillos:
povos limítrofes separados pelos montes
de azinheiras.

Allí el burrero y su reata de asnos,
serones repletos de rocas;
allí los pedreros, que
con sus martillos largos
machacaban peñas, alisando;
allí los peones con sus paladas de tierra,
allí la máquina aplanadora,
apisonadora por buen nombre:
férreo cilindro macizo la rueda delantera
destinada a compactar el suelo,
transformando
tierra y piedra sueltas
en calzada resistente.
Isso era, aí estava o quid.

Esclarecido e esclarecedor
compreendi que podia retirar da engrenagem o pau
na tradução de «A Máquina do Mundo».

La acompasada voz silente de la cachazuda máquina,
vino a mí: atrás y adelante, adelante y atrás,
guiada por un operario experimentado,
sutil e inteligente, que se hacía preguntas y respuestas,
iluminado en la noche
por un fanal sereno,
y en los descansos muchos
bajaba a tierra para palpar con el pie el empedrado
o apoyaba, pensativo, en el timón
los brazos cruzados, las manos sobrepuestas,
observando los trajines de los demás oficios
desarrollados a sus pies.

Ainda habitava eu a dúvida, quando Carlos Machado,
poeta difusor de poetas, grande pesquisador
de Drummond
com firme conhecimento de causa,
me enviou o carinhoso e esclarecedor aviso:
“Essa falta de concordância não existe:”
as edições certas incluem o “s” de mãos.

Assim que eu havia sofrido sem ração verdadeira
porque nesse verso postreiro
Drummond escreveu
inequivocamente:
seguia vagaroso, de mãos pensas.

Saturados de murmullos: “hálito, eco
o simple sacudida”, mis oídos internos,
lleno yo de un vigor intuitivo
destinado a seguir vertiendo
al castellano
esas “verdades más altas que tantos
monumentos erigidos a la verdad;”
esclarecido o mistério das três robustas palavras,
últimas do vibrante poema,
adotei a decisão de terminá-lo assim:
…poco a poco se fue recomponiendo,
mientras yo, valorando lo perdido,
permanecía indolente, mano sobre mano.”

 

A Máquina do Mundo
Poema de Carlos Drummond de Andrade

E como eu palmilhasse vagamente
uma estrada de Minas, pedregosa,
e no fecho da tarde um sino rouco

se misturasse ao som de meus sapatos
que era pausado e seco; e aves pairassem
no céu de chumbo, e suas formas pretas

lentamente se fossem diluindo
na escuridão maior, vinda dos montes
e de meu próprio ser desenganado,

a máquina do mundo se entreabriu
para quem de a romper já se esquivava
e só de o ter pensado se carpia.

Abriu-se majestosa e circunspecta,
sem emitir um som que fosse impuro
nem um clarão maior que o tolerável

pelas pupilas gastas na inspeção
contínua e dolorosa do deserto,
e pela mente exausta de mentar

toda uma realidade que transcende
a própria imagem sua debuxada
no rosto do mistério, nos abismos.

Abriu-se em calma pura, e convidando
quantos sentidos e intuições restavam
a quem de os ter usado os já perderá

e nem desejaria recobrá-los,
se em vão e para sempre repetimos
os mesmos sem roteiro tristes périplos,

convidando-os a todos, em coorte,
a se aplicarem sobre o pasto inédito
da natureza mítica das coisas,

assim me disse, embora voz alguma
ou sopro ou eco o simples percussão
atestasse que alguém, sobre a montanha,

a outro alguém, noturno e miserável,
em colóquio se estava dirigindo:
“O que procuraste em ti ou fora de

teu ser restrito e nunca se mostrou,
mesmo afetando dar-se ou se rendendo,
e a cada instante mais se retraindo,

olha, repara, ausculta: essa riqueza
sobrante a toda pérola, essa ciência
sublime e formidável, mas hermética,

essa total explicação da vida,
esse nexo primeiro e singular,
que nem concebes mais, pois tão esquivo

se revelou ante a pesquisa ardente
em que te consumiste… vê, contempla,
abre teu peito para agasalhá-lo.”

As mais soberbas pontes e edifícios,
o que nas oficinas se elabora,
o que pensado foi e logo atinge

distância superior ao pensamento,
os recursos da terra dominados,
e as paixões e os impulsos e os tormentos

e tudo que define o ser terrestre
ou se prolonga até nos animais
e chega às plantas para se embeber

no sono rancoroso dos minérios,
dá volta ao mundo e torna a se engolfar
na estranha ordem geométrica de tudo,

e o absurdo original e seus enigmas,
suas verdades altas mais que tantos
monumentos erguidos à verdade;

e a memória dos deuses, e o solene
sentimento de morte, que floresce
no caule da existência mais gloriosa,

tudo se apresentou nesse relance
e me chamou para seu reino augusto,
afinal submetido à vista humana.

Mas, como eu relutasse em responder
a tal apelo assim maravilhoso,
pois a fé se abrandara, e mesmo o anseio,

a esperança mais mínima — esse anelo
de ver desvanecida a treva espessa
que entre os raios do sol inda se filtra;

como defuntas crenças convocadas
presto e fremente não se produzissem
a de novo tingir a neutra face

que vou pelos caminhos demonstrando,
e como se outro ser, não mais aquele
habitante de mim há tantos anos,

passasse a comandar minha vontade
que, já de si volúvel, se cerrava
semelhante a essas flores reticentes

em si mesmas abertas e fechadas;
como se um dom tardio já não fora
apetecível, antes despiciendo,

baixei os olhos, incurioso, lasso,
desdenhando colher a coisa oferta
que se abria gratuita a meu engenho.

A treva mais estrita já pousara
sobre a estrada de Minas, pedregosa,
e a máquina do mundo, repelida,

se foi miudamente recompondo,
enquanto eu, avaliando o que perdera,
seguia vagaroso, de mãos pensas.

 

La Máquina del Mundo
Poema de Carlos Drummond de Andrade/
Traducción de Pedro Sevylla de Juana

Y como mis pies palparan suavemente
una carretera de Minas, empedrada,
y en la aldaba de la tarde una campana ronca

se mezclara con el murmullo de mis zapatos,
pausado y áspero; y aves flotasen
en el cielo de plomo, y sus formas negras

lentamente se fueran diluyendo
en la crecida oscuridad, bajada de los montes
y de mi propio interior decepcionado,

la máquina del mundo se entreabrió
para quien de romperla ya se arrepentía
y solo por haberlo imaginado lagrimaba.

Arrancó suntuosa y reservada,
sin emitir un sonido considerado impuro
ni un resplandor mayor que el soportable

por las pupilas gastadas en la observación
constante y dolorosa del desierto,
y por la mente rendida al registrar

toda una realidad que excede
su propia imagen esbozada
en el rostro del misterio, en los abismos.

Se abrió en inocente quietud, e invitando
a cuantos sentidos y presentimientos conservaba
quien de haberlos usado ya los perdiera

y no deseara recobrarlos,
si en vano y eternamente repetimos
los mismos periplos tristemente desorientados,

invitándolos a todos, en tropel,
a habituarse a los desconocidos nutrientes
de la naturaleza mítica de las cosas,

así me dijo, empero, cierta voz
hálito, eco o simple sacudida
atestiguando que alguien, sobre la montaña,

a otro alguien, noctívago y desventurado,
en conversa se estaba dirigiendo:
“Lo que indagaste en ti o fuera de

tu pequeñez y nunca se mostró,
incluso aparentando darse o rindiéndose,
y encogiéndose más a cada instante,

mira, observa, reconoce: esa abundancia
excedente en toda perla, esa ciencia
sublime y tremenda, pero impenetrable,

esa exégesis integral de la vida,
ese vínculo inicial y único,
que no llegas a interpretar, pues tan arisco

se reveló ante la vehemente investigación
en que te desgastaste… percibe, considera,
abre tu pecho para hospedarlo.”

Los más soberbios puentes y edificios,
lo que en los talleres se da forma,
lo que discurrido fue y, seguidamente, alcanza

distancia superior al pensamiento,
los recursos de la tierra sometidos,
y las pasiones y los impulsos y los suplicios

y todo lo que explica al ser terreno
o se prolonga hasta en los animales
y llega a las plantas para filtrarse

en el sueño resentido de los minerales,
rota al mundo y vuelve a abismarse
en la insólita disposición geométrica de todo,

y el absurdo primigenio y sus enigmas,
sus verdades más altas que tantos
monumentos erigidos a la verdad;

y la gloria de los dioses, y el imponente
sentimiento de muerte, que florece
en el mástil de la existencia más gloriosa,

todo se manifestó en ese destello
y me reclamó para su reino soberano,
sometido por último a la visión humana.

Pero, como yo me resistiera a responder
a solicitud tan prodigiosa,
pues la fe se adormecía igual que el ansia,

la esperanza más exigua — esa aspiración
de ver desvanecida la densa obscuridad
que entre los rayos del sol aún se filtra;

como olvidados credos requeridos
pronto y vibrantes no se dispusieran
a colorear de nuevo la cara neutra

que voy por los caminos mostrando,
y como si otro ser, distinto de aquel
habitante de mí hace tantos años,

pasara a dirigir mi voluntad
que, ya de por sí inestable, se cerraba
semejante a esas flores indecisas

en sí mismas abiertas y cerradas;
como si un don tardío ya no fuera
deseable, antes bien desdeñando,

bajé los ojos, negligente, distendido,
rehusando aceptar la cosa ofrecida
que se abría gratuita a mi intelecto.

La sombra más tupida ya descansara
sobre la carretera de Minas, empedrada,
y la máquina del mundo, rebatida,

poco a poco se fue recomponiendo,
mientras yo, valorando lo perdido,
permanecía indolente, mano sobre mano.

PSdeJ El Escorial 11Agosto2013

Trabajo completo en
http://pedrosevylla.com/carlos-drummond-andrade/

 

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Francisco de Quevedo

Conocí a Francisco de Quevedo y Villegas, en una clase de Literatura española, cuando contaba yo trece o catorce años. El efecto fue deslumbrante porque el fraile profesor bendijo previamente los versos que iba a leer: Bendice señor estos versos que vamos a leer, para que la lengua viperina del autor no nos inocule su veneno. Sorprendida la entera clase, y por ello muy atenta a los tercetos de la Epístola satírica y censoria contra las costumbres presentes de los castellanos, escrita a don Gaspar de Guzmán, conde de Olivares, en su valimiento, acabó diciendo hacia sí, que no era para tanto. Este terceto dio pie a más de uno, para pensar, incluso decir, que la lengua viperina había sido la del fraile, incapaz de apreciar la realidad de aquella época, y de casi todas, a más de la enorme belleza.
¿No ha de haber un espíritu valiente?
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?

Se hacía evidente que para ese fraile, no sé si para otros, las cosas no habían cambiado desde el siglo XVIII cuando “El Parnaso español, de Quevedo, impreso en 1648, fue expurgado, por la Santa Inquisición en el Índice de 1707, el primero publicado desde la aparición de los poemas. Aún estaba yo bajo el influjo del temor a los infiernos: en plural se referían a ellos los frailes para dar más miedo; por lo que, decidido a echar el diente a la prosa, un compañero de clase, cuyo padre era maestro de escuela, me prestó “Los Sueños”.
Me comí todos los preámbulos y fui directamente al Sueño del Juicio Final. Seguí con el alguacil endemoniado o demonio enalguacilado, luego fui al Infierno, vi el Mundo por dentro y acabé, como es natural, en La Muerte. Disfruté y aprendí. Devolví el libro a su dueño, con lo cual no pude volver a disfrutar y aprender.

Allá por los dieciocho años, quizá aún no cumplidos, estudiante yo en Madrid, volví de vacaciones a Valdepero. Mi caballo Lucero me llevaba por los campos que hay entre mis dos pueblos, Valdepero y Husillos, donde existe una pradera de pasto que un día fue comuniega. Al regresar por distinto lado, topé con unas laderas muy erosionadas, detrás de la Cuesta y al margen de cualquier camino, por donde nunca había pasado, a buen seguro, persona alguna. Tierra rojiza y pelada, profundidades y hendiduras, me llevaron a bajar del caballo, dejar la bolsa de libros sobre la manta y dedicarme a explorar tal maravilla: entrantes y salientes a modo de dorso de una mano abierta en posición inclinada.
“Retirado en la paz de estos desiertos,
con pocos, pero doctos libros juntos,”
Versos recordados de Quevedo, volví a aquel lugar todos los días de las vacaciones, y allí escribí, los llamados, cuando los publiqué, Sueños de un niño malo

Epístola Satírica y Censoria contra las costumbres presentes de los castellanos escrita al Conde-Duque de Olivares por Francisco de Quevedo (1580–1645) (Texto de la selección de don Marcelino Menéndez y Pelayo para las Cien mejores poesías de la lengua española)

No he de callar, por más que con el dedo,
ya tocando la boca o ya la frente,
silencio avises o amenaces miedo.

¿No ha de haber un espíritu valiente?
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?

Hoy, sin miedo que, libre, escandalice,
puede hablar el ingenio, asegurado
de que mayor poder le atemorice.

En otros siglos pudo ser pecado
severo estudio y la verdad desnuda,
y romper el silencio el bien hablado.

Pues sepa quien lo niega y quien lo duda
que es lengua la verdad de Dios severo,
y la lengua de Dios nunca fue muda.

Son la verdad y Dios, Dios verdadero,
ni eternidad divina los separa
ni de los dos alguno fue primero.

Si Dios a la verdad se adelantara,
siendo verdad, implicación hubiera
en ser, y en que verdad de ser dejara.

La justicia de Dios es verdadera
y la misericordia, y todo cuanto
es Dios, todo ha de ser verdad entera.

Señor Excelentísimo, mi llanto
ya no consiente márgenes ni orillas;
inundación será la de mi canto.

Ya sumergirse miro mis mejillas,
la vista por dos urnas derramada
sobre las aras de las dos Castillas.

Yace aquella virtud desaliñada,
que fue, si rica menos, más temida,
en vanidad y en sueño sepultada,

y aquella libertad esclarecida
que en donde supo hallar honrada muerte
nunca quiso tener más larga vida.

Y pródiga de l’alma, nación fuerte,
contaba, por afrentas de los años
envejecer en brazos de la suerte.

Del tiempo el ocio torpe, y los engaños
del paso de las horas y del día,
reputaban los nuestros por extraños.

Nadie contaba cuánta edad vivía,
sino de qué manera: ni aun un’hora
lograba sin afán su valentía.

La robusta virtud era señora,
y sola dominaba al pueblo rudo,
edad, si mal hablada, vencedora.

El temor de la mano daba escudo
al corazón, que en ella confiado,
todas las armas despreció desnudo.

Multiplicó en escuadras un soldado
su honor precioso, su ánimo valiente,
de sola honesta obligación armado.

Y debajo del cielo, aquella gente,
si no a más descansado, a más honroso
sueño entregó los ojos, no la mente.

Hilaba la mujer para su esposo
la mortaja primero que el vestido;
menos le vio galán que peligroso.

Acompañaba el lado del marido
más veces en la hueste que en la cama;
sano le aventuró, vengóle herido.

Todas matronas, y ninguna dama:
que nombres del halago cortesano
no admitió lo severo de su fama.

Derramado y sonoro el Oceano
era divorcio de las rubias minas
que usurparon la paz del pecho humano.

Ni los trujo costumbres peregrinas
el áspero dinero, ni el Oriente
compró la honestidad con piedras finas.

Joya fue la virtud pura y ardiente,
gala el merecimiento y alabanza;
sólo se cudiciaba lo decente.

No de la pluma dependió la lanza,
ni el cántabro con cajas y tinteros
hizo el campo heredad, sino matanza.

Y España, con legítimos dineros,
no mendigando el crédito a Liguria,
más quiso los turbantes que los ceros.

Menos fuera la pérdida y la injuria,
si se volvieran Muzas los asientos;
que esta usura es peor que aquella furia.

Caducaban las aves en los vientos,
y expiraba decrépito el venado:
grande vejez duró en los elementos,

que el vientre entonces bien diciplinado
buscó satisfacción y no hartura,
y estaba la garganta sin pecado.

Del mayor infanzón de aquella pura
república de grandes hombres, era
una vaca sustento y armadura.

No había venido al gusto lisonjera
la pimienta arrugada, ni del clavo
la adulación fragrante forastera.

Carnero y vaca fue principio y cabo,
y con rojos pimientos y ajos duros,
tan bien como el señor comió el esclavo.

Bebió la sed los arroyuelos puros;
después mostraron del carquesio a Baco
el camino los brindis mal seguros.

El rostro macilento, el cuerpo flaco
eran recuerdo del trabajo honroso,
y honra y provecho andaban en un saco.

Pudo sin miedo un español velloso
llamar a los tudescos bacanales,
y al holandés, hereje y alevoso;

pudo acusar los celos desiguales
a la Italia; pero hoy de muchos modos,
somos copias, si son originales.

Las descendencias gastan muchos godos;
todos blasonan, nadie los imita,
y no son sucesores, sino apodos.

Vino el betún precioso que vomita
la ballena, o la espuma de las olas,
que el vicio, no el olor, nos acredita,

y quedaron las huestes españolas
bien perfumadas pero mal regidas,
y alhajas las que fueron pieles solas.

Estaban las hazañas mal vestidas
y aún no se hartaba de buriel y lana
la vanidad de fembras presumidas;

a la seda pomposa siciliana
que manchó ardiente múrice, el romano
y el oro hicieron áspera y tirana.

Nunca al duro español supo el gusano
persuadir que vistiese su mortaja,
intercediendo el Can por el verano.

Hoy desprecia el honor al que trabaja
y entonces fue el trabajo ejecutoria
y el vicio graduó la gente baja.

Pretende el alentado joven gloria
por dejar la vacada sin marido,
y de Ceres ofende la memoria.

Un animal a la labor nacido
y símbolo celoso a los mortales,
que a Jove fue disfraz y fue vestido;

que un tiempo endureció manos reales,
y detrás de él los cónsules gimieron,
y rumia luz en campos celestiales,

¿por cuál enemistad se persuadieron
a que su apocamiento fuese hazaña,
y a las mieses tan grande ofensa hicieron?

¡Qué cosa es ver un infanzón de España
abreviado en la silla a la jineta
y gastar un caballo en una caña!

Que la niñez al gallo le acometa
con semejante munición, apruebo,
mas no la edad madura y la perfeta.

Ejercite sus fuerzas el mancebo
en frentes de escuadrones, no en la frente
del útil bruto l’asta del acebo.

El trompeta le llame diligente
dando fuerza de ley el viento vano,
y al son esté el ejército obediente.

¡Con cuánta majestad llena la mano
la pica y el mosquete carga el hombro
del que se atreve a ser buen castellano!

Con asco, entre las otras gentes, nombro
al que de su persona, sin decoro,
más quiere nota dar que dar asombro.

Jineta y cañas son contagio moro;
restitúyanse justas y torneos
y hagan paces las capas con el toro.

Pasadnos vos de juegos a trofeos,
que solo grande rey y buen privado
pueden ejecutar estos deseos.

Vos, que hacéis repetir siglo pasado
con desembarazarnos las personas
y sacar a los miembros de cuidado;

vos distes libertad con las valonas
para que sean corteses las cabezas
desnudando el enfado a las coronas.

Y pues vos enmendastes las cortezas,
dad a la mejor parte medicina:
vuélvanse los tablados fortalezas.

Que la cortés estrella, que os inclina
a privar sin intento y sin venganza,
milagro que a la invidia desatina,

tiene por sola bienaventuranza
el reconocimiento temeroso,
no presumida y ciega confianza.

Y si os dio el ascendiente generoso
escudos, de armas y blasones llenos,
y por timbre el martirio glorioso,

mejores sean por vos los que eran buenos
Guzmanes, y la cumbre desdeñosa
os muestre, a su pesar, campos serenos.

Lograd, señor, edad tan venturosa,
y cuando nuestras fuerzas examina
persecución unida y belicosa,

la militar valiente disciplina
tenga más platicantes que la plaza:
descansen tela falsa y tela fina.

Suceda a la marlota la coraza,
y si el Corpus con danzas no los pide,
velillos y oropel no hagan baza.

El que en treinta lacayos los divide,
hace suerte en el toro, y con un dedo
la hace en él la vara que los mide.

Mandadlo ansí, que aseguraros puedo
que habéis de restaurar más que Pelayo
pues valdrá por ejércitos el miedo
y os verá el cielo administrar su rayo.

 

Epístola Satírica y Censoria contra las costumbres presentes de los castellanos escrita al Conde-Duque de Olivares por Francisco de Quevedo
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

Não calarei, por mais que com o dedo,
já tocando a boca ou já a frente,
silêncio avises ou ameaces medo.

Não existirá um espírito valente?
Sempre se sentirá o que se disse?
Nunca se dirá o que se sente?

Hoje, sem medo que, livre, escandalize,
pode falar o talento, assegurado
de que maior poder lhe atemorize.

Em outros séculos pôde ser pecado
severo estudo e a verdade nua,
e romper o silêncio o bem falado.

Pois saiba quem o nega e quem o duvida
que é língua a verdade de Deus severo,
e a língua de Deus nunca foi muda.

São a verdade e Deus, Deus verdadeiro,
nem eternidade divina vos separa
nem dos dois algum foi primeiro.

Se Deus à verdade se adiantara, 1*
sendo verdade, envoltura tivera
em ser, e em que verdade de ser deixara.

A justiça de Deus é verdadeira
e a misericordia, e todo quanto
é Deus, todo deve ser verdade inteira.

Senhor Excelentísimo, meu pranto
já não consente margens nem orilhas; 2*
inundação será a de meu canto.

Já mergulharse miro as bochechas minhas,
a vista por duas urnas derramada
sobre as aras de ambas Castillas.

Jaz aquela virtude emaranhada,
que foi, se rica menos, mais temida,
em vaidade e em sono sepultada,

e aquela liberdade esclarecida
que onde soube achar honrada morte
nunca quis ter mais longa a vida.

E pródiga d’alma, nação forte,
contava, por afrentas dos anos
envelhecer em braços da sorte.

Do tempo o ócio torpe, e os enganos
do passo das horas e do dia,
reputavam os nossos por estranhos.

Ninguém contava quanta vida vivia,
senão de que maneira: nem uma hora
conseguia sem afán sua valentia.

A robusta virtude era senhora,
e sozinha dominava ao povo rudo,
idade, se mau falada, vencedora.

O temor da mão dava escudo
ao coração, que nela confiado,
todas as armas desprezou desnudo.

Multiplicou em escuadras um soldado
sua preciosa honra, seu ânimo valente,
de sozinha honesta obrigação armado.

E embaixo do céu, aquela gente,
se não a mais descansado, a mais honroso
sono entregou os olhos, não a mente.

Fiava a mulher para seu esposo
a mortalha primeiro que o vestido;
menos lhe viu galã que perigoso.

Acompanhava o lado do marido
mais vezes na hoste que na cama;
são lhe aventurou, lhe vingou ferido.

Todas matronas, e nenhuma dama:
que nomes do encômio cortesano
não admitiu o severo da sua fama.

Derramado e sonoro o Oceano
era divórcio das douradas minas
que usurparam a paz do peito humano.

Nem os trouxe costumes peregrinas
o áspero dinheiro, nem o Oriente
comprou a honestidade em pedras finas.

Jóia foi a virtude mais pura e mais ardente,
louvor e merecimento a melhor gala;
só se cobiçava o decente.

Não da pluma dependeu a lança,
nem o cántabro com caixas e tinteiros
fez o campo herdade, senão matança.

E Espanha, com legítimos dinheiros,
não mendigando o crédito a Liguria,
mais quis os turbantes que os zeros.

Menos fosse a perda e a injúria,
se voltassem-se Muzas os assentos;
que esta usura é pior que aquela fúria.

Caducavam as aves nos ventos,
e expirava decrépito o veado:
grande velhice durou nos elementos,

que o ventre então bem disciplinado
procurou satisfação e não fartura,
e estava a garganta sem pecado.

Do maior fidalgo daquela pura
república de grandes homens, era
uma vaca sustento e armadura.

Não tinha vindo ao gosto lisonjeira
a pimenta enrugada, nem do cravo
a adulação fragrante forasteira.

Carneiro e vaca foi princípio e cabo,
e com vermelhos pimentos e alhos duros,
tão bem como o senhor comeu o escravo.

Bebeu a sede os arroios puros;
depois mostraram da retama a Baco
o caminho os brindis mau seguros.

O rosto macilento, o corpo magro
eram lembrança do trabalho honroso,
e honra e proveito andavam num saco.

Pôde sem medo um espanhol viloso
chamar aos tudescos bacanais,
e ao holandês, herege e aleivoso;

pôde acusar os zelos desiguais
à Itália; mas hoje de muitos modos,
somos cópias, se são originais.

As descendências gastam muitos godos;
todos blasonam, ninguém os imita,
e não são sucessores, senão apodos.

Veio o betume precioso que vomita
a baleia, ou a escuma das ondas,
que o vício, não o odor, nos acredita,

e ficaram as hostes espanholas
bem perfumadas mas mau regidas,
e joias as que sozinhas peles foram.

Estavam as façanhas mau vestidas
e ainda, de roxo e lã, não se fartava
a vaidade de fémeas presumidas;

à seda pomposa siciliana
que manchou ardente múrice, o romano
e o ouro fizeram áspera e tirana.

Nunca ao duro espanhol soube o gusano
persuadir que vestisse sua mortalha,
intercedendo o Can pelo verão.

Hoje despreza a honra ao que trabalha
e então foi o trabalho executória
e o vício graduou a gente baixa.

Pretende o alentado jovem glória
por deixar a vacada sem marido,
e de Ceres ofende a memória.

Um animal ao labor nascido
e símbolo zeloso aos mortais,
que a Jove foi disfarce e foi vestido;

que um tempo endureceu mãos reais,
e por trás dele os cônsules gemeram,
e rumia luz em campos celestiais,

por qual inimizade se convenceram
a que seu desânimo fosse façanha,
e às searas grande ofensa fizeram?

Que coisa é ver um fidalgo da Espanha
abreviado na sela à gineta
e gastar um cavalo numa cana!

Que a infãncia ao galo lhe acometa
com semelhante munição, aprovo,
mas não a idade madura e a perfeita.

Exercite suas forças o moço
em frentes de esquadrões, não na frente
do útil bruto a pica do espinhoso.

O trombeta lhe chame diligente
dando força de lei o vento vão,
e ao som esteja o exército obediente.

Com quanta majestade enche a mão
a pica e o mosquete carrega o ombro
do que se atreve a ser bom castelhano!

Com asco, entre as outras gentes, menciono
ao que de sua pessoa, sem decoro,
mais quer nota dar que dar assombro.

Gineta e canas são contágio mouro;
se restituam justas e torneios
e façam pazes as capas com o touro.

Passem-nos vocês de jogo a prémio,
que só grande rei e bom privado
podem executar estes desejos.

Vos, que fazeis repetir século passado
com nos desembaraçar as pessoas
e sacar aos membros de cuidado;

vos destes liberdade com as valonas
para que sejam corteses as cabeças
despindo o enfado às coroas.

E pois vos emendaste as emendas, 3*
dai à melhor parte medicina:
se voltem os tablados fortalezas.

Que a cortês estrela, que vos inclina
a privar sem tentativa e sem vingança,
milagre que à inveja desatina,

tem por sozinha bem-aventurança
o reconhecimento temeroso,
não presumida e cega confiança.

E se vos deu o ascendente generoso
escudos, de armas e blasones cheios,
e por timbre o martírio glorioso,

melhores sejam por vos os que eram menos 4*
Guzmanes, e a cume desdenhosa
vos mostre, a seu pesar, campos serenos.

Logre, senhor, idade venturosa,
e quando nossas forças examina
perseguição unida e belicosa,

a militar valente disciplina
tenha mais falantes que a praça:
descansem teia falsa e teia fina.

Suceda à marlota a coraza, 5*
e se o Corpus com danças não os pede,
véus e ouropel não façam vaza.

Quem em trinta lacayos os cede, 6*
faz sorte no touro, e com um dedo
a faz nele a vara que os mede.

O mande assim, que vos assegurar devo
que tendes de restaurar mais que Pelayo
pois valerá por exércitos o medo
e vos verá o céu administrar seu raio.

1*.– Se cambia en los tres versos la palabra final. En aras de la forma, se utiliza en vez del pretérito imperfecto de subjuntivo, el pretérito pluscuamperfecto de indicativo
2*.- Se utiliza orilhas, en aras de la forma, en vez de beiras que ya estaría contenida en margens
3*.– Se cambia la palabra para mantener la rima manteniendo el sentido
4*.– Se cambia la palabra a favor de la rima conservando el sentido
5*.– Se mantiene marlota, especie de saya morisca.
6*.- Se cambia la palabra a favor de la rima sin cambiar el sentido

Trabajo completo en
http://pedrosevylla.com/francisco-quevedo/

 

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Manuel Bandeira

Soñaba yo el sueño de siempre:
la humanidad satisfecha de sus cosas,
los de arriba y los de abajo viviendo
en la misma ciudad, en el mismo barrio
y en la misma casa; comiendo
en la misma mesa la misma comida.
PSdeJ

Oigo en los oídos internos, los nombres de las personas citadas en las biografías de los grandes escritores que conocí en Brasil. Los veo, con los ojos de la imaginación, pasear por las calles, intervenir en los cenáculos literarios, declamar fragmentos de sus escritos y firmar ejemplares de las obras. Acompaño a Manuel Carneiro de Sousa Bandeira, nacido en Recife, estado de Pernambuco, el 19 de abril de 1886; y fallecido en Rio de Janeiro, a los 82 años, el 13 de octubre de 1968. Voy a su lado cuando se acerca a la tienda para comprar una botella de leche. Y es una persona más, una de las que conocen al tendero y el tendero las conoce a ellas. “Es ese vecino poeta, el profesor que nos saluda tan atento; sí, ese que escribe en el periódico y te cae tan bien”. La naturalidad y la hondura humana destacan en Bandeira, a los ojos de quienes se cruzan con él y lo tratan a diario. Pero ocurre que Bandeira se relaciona con Cecília Meireles, Mario de Andrade, Carlos Drummond, Guimarães Rosa, Gilberto Freire y otros así, con la misma llaneza. Y esa facilidad de trato me da pie para escribir un poema con Manuel Bandeira, compañero de sueños y despertares:

 

Uma longa noite no Sertão
Poema de Pedro Sevylla de Juana

Estrela da manhã y Libertinagem manuscritos
viaje de circunnavegación elíptica
más allá de Recife, Rio, Santos, São Paulo
y Rio de Janeiro nuevamente,
hasta llegar
de nuevo a Totônio Rodrigues y la calle de la União,
¿Qué hacía aquella noche
-poesía y música de la mano, pintura y poesía
caminando juntas-
Bandeira, en el Sertão, dialogo afectivo
con un escritor español y una
investigadora capixaba?

Pregunto:
¿qué hacía
farto do lirismo bem comportado,
do lirismo funcionário público,
deseando ser un poeta crítico y salvaje
pez emergente de las aguas abisales
fiera en las interioridades selváticas?
¿Qué hacía esa noche en el Sertão,
-sonrisa insatisfecha, mitológica mirada
autocrítica memoria-
en falsa actitud latifundista?

Soñaba yo el sueño de siempre:
la humanidad satisfecha de sus cosas;
los acaparadores devolviendo lo común,
los de arriba y los de abajo viviendo
en la misma ciudad, en el mismo barrio
y en la misma casa; comiendo
en la misma mesa la misma comida.
Soñaba yo, el sueño era mío
y Bandeira lo habitaba:
Abaixo os puristas!
Abaixo o lirismo namorador!
Abaixo o lirismo que capitula!

Siento aún el eco de sus palabras
en el pabellón de mi oído
izquierdo
-el derecho
oye distorsionado-
y me sumo a su protesta, calle arriba,
cenáculo literario abajo:
-Não quero mais saber do lirismo
que não é libertação.

El sueño de la libertad en convivencia
con la justicia
distributiva,
y de los representantes puestos al servicio
de los representados,
era mi sueño aquella noche en el Sertão.
Discutíamos Ester Abreu y yo
sobre algunos aspectos confusos
de Don Juan, bajando
a los infiernos para surgir de nuevo:
andrógino
triunfante,
celestial.

Se desarrollaban el sueño y el ensueño
intemporales
o con los tiempos mezclados,
en un Sertão imaginario
que,
partiendo de Euclides da Cunha, Graciliano
Ramos, Guimarães Rosa
y Jô Drumond,
era la suma de todos los Sertões:
arideces existenciales, aleph,
vidas secas,
horizonte detrás del horizonte,
imaginación
y utopía.

Y si sucediera: pensé un instante: que Pasárgada
ocupara un extremo imaginario del Sertão?,
el correspondiente a Utopía, exempli gratia;
o al exoplaneta Gliese 581 g
donde la felicidad pende de las ramas de los árboles,
siendo el aire maná alimenticio;
y Manuel Bandeira llegara allí
num momento de fundo desânimo,
desde a casa da Rua do Curvelo
en el fondo del ánfora de su tristeza más triste:
Não sei dançar,
Meu verso é sangue,
Cai, gota a gota do coração…
Y si en ese instante
mágico y mínimo
aparecieran
Bandeira y Guimarães riendo a carcajadas…
…si así fuera
me dije,
yo me sentiría realizado.

Volví en mí al exclamar:
¡grita, ríe, vive!, Manuel Bandeira;
me alegra que coincidamos en la función liberadora,
detersoria
de la poesía.
Acomódate, invité:
siéntete como en tu casa en mi sueño sertanejo:
não a Veneza americana
não o Recife dos Mascates,
sea en este Sertão de Sertões, gris y gélido,
voces simbolistas, parnasianistas, modernistas,
sequedad en la garganta
imaginando con Ester Abreu y conmigo
el triunfo último de don Juan
convertido
en mujer,
en valerosa hembra feminista.

Vou-me embora para Pasárgada, dijo,
Mirada displicente,
manos en los bolsos vacíos:
Lá sou amigo do Rey.
Lá tenho a mulher que eu quero.
Y lo vi marchar a lo lejos, sueño adelante,
convidado por Baudelaire,
cuando el sueño despertaba en mí,
yo despertaba en el sueño
y en la escuela los libros se cerraban:
corrección del profesor Veríssimo:
Capibaribe!, Capiberibe!

PSdeJ El Escorial 15/09/2013

 

En mi afán de informarme sobre Manuel Bandeira, para pintar su semblanza, oigo lo dicho por Cleonice Berardinelli, grande mestre da Literatura Portuguesa, elegida em 2009 como miembro de la Academia Brasileira de Letras. Escucho a Doña Cléo, como la llaman en la entrevista de Bete Peixoto para o jornal Plástico Bolha, y la oigo decir: “Manuel Bandeira foi um grande amigo meu, uma pessoa encantadora, suave, gentil, generosa, inteligente, alguém de quem realmente eu gostava e gosto muito.(…) Manuel fue meu colega na Faculdade Nacional de Filosofia, como professor de Literatura Hispano-Americana, eu de Literatura Portuguesa, e ambos fazíamos sempre parte das bancas de Língua e Literatura Espanhola, cujo professor era um dos melhores professores da faculdade, o mineiro José Carlos Lisboa.

Oigo hablar a quienes conocieron de cerca a Manuel Bandeira, profesores o alumnos, y todos coinciden en la opinión extendida: era una persona amable, cortés, considerada, respetuosa con los demás; y en verdad competente. Amó mucho, y siempre estuvo enamorado de Frederika Blank. La conoció, acompañada por sus hijas Joanita y Guita, en el viaje al sanatorio de Suiza cuando el escritor tenía 27 años. Hija de la holandesa Frederika y del brasileño Carlos Blank, Joanita, nació en Rio de Janeiro. Su formación intelectual estuvo dirigida por el poeta, que se encargó de dar a la muchacha clases particulares de portugués, matemáticas, geografía, historia y ciencias; porque Joanita nunca fue a la escuela. La preparó en todas las disciplinas que él dominaba. Fue pintora, ilustradora de libros, y retrató a personajes de las crónicas de Bandeira, para o jornal A Província, de Recife.
Tratando de pintar un retrato del poeta, hay que recurrir en primer lugar, si lo hay, y en este caso lo hay, al autoretrato. Saber lo que el interesado ve en el espejo cuando se mira, observar la manera de asir los pinceles, y tener en cuenta los colores que emplea o como los diluye en el blanco. Por eso traduje su poema:

Autoretrato Poema de Manuel Bandeira
Traducido por Pedro Sevylla de Juana

Provinciano que nunca supo
escoger bien una corbata;
pernambucano a quien repugna
el cuchillo del pernambucano;
terrible poeta que en el arte de la prosa
envejeció en la propia infancia del arte,
e incluso escribiendo crónicas
quedó en cronista de provincias;
arquitecto frustrado, músico
fallido (se tragó un día
un piano, pero el teclado
quedó fuera); sin familia,
religión o filosofía;
teniendo apenas la inquietud de espíritu
que viene de lo sobrenatural,
y en cuestión de profesión
un tísico profesional.

“El lirismo de Manuel Bandeira, según Naief Sáfady, es uno de esos casos que dejan al lector fiel en una situación de perplejidad, punzado por preguntas y asaltado por las dudas más legítimas. ¿Hasta qué punto el poeta notable legó una obra de sentido total y ecuménico? La pregunta queda en el aire, porque el propio Bandeira hizo hincapié en negarse como poeta en innumerables afirmaciones sobre sí mismo. Es evidente que esas opiniones del autor son muy discutibles, porque lo permanente es la obra; y la obra solo puede hablar de sí misma. Podemos decir, que la poesía de Bandeira es realmente uno de esos productos de primera agua que la literatura brasileña produjo.” Es decir, que la poesía de Bandeira, a pesar de lo que el poeta dice de él, es excelente, de calidad primera. Veámoslo aquí:

Evocación de Recife
Poema de Manuel Bandeira
Traducción de Pedro Sevylla de Juana

Recife
ni la Venecia americana
ni la Mauritsstad de los armadores de las Indias Occidentales
ni el Recife de los Mascates
ni siquiera el Recife que aprendí a amar después –Recife
de las revoluciones libertarias
aunque sí el Recife sin historia ni literatura
Recife sin añadidos
Recife de mi infancia.

La calle de la Unión donde yo jugaba al chicote quemado
[y rompía los cristales de la casa de doña Anida Viegas
Totônio Rodrigues era muy viejo y sostenía los quevedos
[en la punta de la nariz
tras la cena las familias conquistaban la calzada
[con sillas hablillas galanteos risotadas
la gente se entretenía en medio de la calle
los niños gritaban:

Conejo sal!
No sale!

Lejos las voces blandas de las niñas mezclaban sus tonos:
Rosal dame una rosa
clavel dame un capullo
(De esas rosas mucha rosa
habrá muerto sin abrir…)

De repente
en la profundidad de la noche
una campana
Una persona mayor exclamaba:
Fuego en San Antonio!
otra disentía: San José!
Totônio Rodrigues intuía siempre que era San José.
Los hombres calándose el sombrero salían fumando
y yo rabiaba porque siendo niño no podía ir a ver el fuego.

Calle de la Unión…
Qué bellos eran los nombres de las calles de mi infancia
Calle del Sol
(Temo que hoy se llame del Dr. Fulano de Tal)
Detrás de casa quedaba la Calle de la Añoranza…
…donde se fumaba a escondidas
del otro lado estaba el embarcadero de la Calle de la Aurora…
…donde era furtiva la pesca
Capiberibe
— Capibaribe

Allá lejos el paraje rústico de Caxangá
aseos de caña
Un día vi a una muchacha corita en el baño
quedé parado con el corazón palpitante
ella rió
fue mi primera iluminación

¡Riada! ¡Las riadas! Barro buey muerto árboles
[devastación remolino anegando
y en los pilares del puente del ferrocarril los cholos
[valientes en balsas de plátanos

Novenarios
Caballadas
y yo me incliné sobre el cuello de la niña y ella
[comenzó a acariciar mi cabello
—Capiberibe
— Capibaribe

Calle de la Unión donde todas las tardes pasaba
[la negra de las bananas
con su chal vistoso de paño de la Costa
y el vendedor de entrenudos de caña
o de cacahuetes
que se llamaba midubim y más que tostado estaba cocido
me acuerdo de todos sus pregones:
Huevos frescos y baratos
diez huevos por una pataca
sucedió hace mucho tiempo…
La vida no se me acercaba por los periódicos
[ni por los libros
venía en la boca del pueblo en la lengua errada del pueblo
lengua correcta del pueblo
porque él dice sabroso el portugués de Brasil
mientras que nosotros
lo que hacemos
es remedar
la sintaxis lusitana
La vida con una porción de cosas que yo no entendía bien
tierras que desconocía donde estaban
Recife…
calle de la Unión…
la casa de mi abuelo…
nunca pensé que desapareciera!
todo allá parecía rociado de eternidad

Recife…

Mi abuelo muerto.
Recife muerto, Recife bueno, Recife brasileño
[como la casa de mi abuelo.

Este mes que acabo de pasar en Recife, dice Bandeira, me ha devuelto por completo el amor a mi ciudad. Hace dos años, cuando regresé, después de una larga ausencia, casi la desconocía, tan cambiada estaba. No voy a entrar en si el cambio fue bueno o malo; me produjo un choque, una sensación desagradable. Pretendía encontrarla como la dejé de niño. Egoístamente, quería la misma ciudad de mi infancia”.

 

 

Me voy en buena hora a Pasárgada
Poema de Manuel Bandeira
Traducción de Pedro Sevylla de Juana

Me voy sin más a Pasárgada
Allí soy amigo del rey
Allí tengo la mujer que busco
En el lecho que prefiera
Me voy en buena hora a Pasárgada

Ya me voy a Pasárgada
Aquí no soy dichoso
Allí la vida es una aventura
De modo tan divergente
Que Juana la Loca de España
Reina y falsa demente
Viene a ser casi pariente
De la nuera que no tuve

Y como haré gimnasia
Andaré en bicicleta
Montaré un asno rudo
Treparé la cucaña
¡Tomaré baños de mar!
Y cuando esté cansado
Echado en la orilla del río
Mando llamar a la Mãe-d´água
Para que me cuente las historias
Que en mi época de niño
Rosa venía a contarme
Me voy porque sí a Pasárgada

Pasárgada tiene todo
Es otra cultura
Cuenta con un método seguro
Para impedir la gestación
Posee teléfono automático
Hay cuantos estimulantes se desee
Tiene prostitutas bonitas
Para seducir a la gente

Y cuando yo esté más triste
Pero triste de quedarme sin aliento
Cuando de noche me den
Ganas de suicidarme
– Allá soy amigo del rey –
Tendré la mujer deseada
En la cama que prefiera
Me voy sin más a Pasárgada

Dice Manuel Bandeira, que este poema fue el de mayor gestación de toda su obra. Vio el nombre de Pasárgada a los dieciséis años en un autor griego. Estaba convencido de que era Xenofonte, pero buscó en la Ciropedia y no lo encontró. Luego supo que Estrabón y Arriano, autores no leídos, hablan de la famosa ciudad fundada por Ciro al oeste de Persépolis.
Supuso que Pasárgada quiere decir campo de los persas o tesoro de los persas; lo cierto es que suscitó en su imaginación un espacio pleno de delicias. Veinte años después, en su casa de la Rua do Curvelo, muy desanimado por lo que dejó de hacer en su vida debido a la enfermedad, salió de pronto del subconsciente “Vou-me embora para Pasárgada.

El Cactus
Poema de Manuel Bandeira
Traducción de Pedro Sevylla de Juana

Aquel Cactus recordaba los gestos desesperados de la estatuaria:
Laooconte amarrado por las serpientes,
Ugolino y los hijos hambrientos.
Traía de la memoria también el árido Nordeste,
palmerales de carnauba, espinosas catingas…
Era enorme, incluso para esta tierra de feracidad excepcional.

Un día un tifón enfurecido lo arrancó de raíz.
El cactus descansó atravesado en la calle,
al caer quebró los aleros del caserío de al lado,
impidió el tránsito de tranvías, coches, carretas,
arrancó los cables eléctricos y durante veinticuatro horas
privó a la ciudad de iluminación y energía:

-Era bello, punzante, insociable.

 

El animal
Poema de Manuel Bandeira
Traducción de Pedro Sevylla de Juana

Ayer vi un animal
en la basura del patio
rebuscando alimentos entre los desperdicios.

Cuando encontraba algo aparente
no lo examinaba ni lo olía
lo tragaba con voracidad.

El animal no era un perro
ni era un gato
ni siquiera un ratón.

Dios mío,
¡el animal hambriento era un hombre!

 

Elogio de la Ciudad de Río de Janeiro
Poema de Manuel Bandeira
Traducción de Pedro Sevylla de Juana

Alabo al Padre, alabo al Hijo
y alabo al Espíritu Santo.
Loado sea Dios, ensalzo al santo
de quien este Rio es hijo.

Alabo al patrón verdadero
– San Sebastián valeroso –
que un día del mes enero
le dio santo socorro.

Elogio a la Ciudad nacida
en el morro Cara de Perro.
Poco después conducida
al Castillo, y al momento
ocupando las faldas del otero,
creciendo en alrededores,
subiendo a cerros mayores
el Gran Río de Janeiro!

Río de Janeiro, ahora
de cuatrocientos eneros…
¡Oh Rio de mis primeros
sueños! (La última hora
de mi vida ojalá
llegue bajo tus cielos serenos,
porque así sentiré menos
abandonar el lugar.)

Ciudad de sol y de bruma,
si no eres ya capital
de esta nación, no está mal:
jamás capital alguna,
Río, eclipsará tu brillo,
alcanzará tu encanto.
Alabo al Padre, alabo al Hijo
y alabo al Espíritu Santo.

 

La Estrella de la Mañana
Poema de Manuel Bandeira
Traducción de Pedro Sevylla de Juana

Yo amo la estrella de la mañana
¿dónde está la estrella de la mañana?
mis amigos mis enemigos
busquen la estrella de la mañana

Al desaparecer iba desnuda
¿con quién desapareció?
buscad por todas partes

digan que soy un hombre sin orgullo
un hombre que lo acepta todo
¿qué me importa?
Deseo la estrella de la mañana

tres días y tres noches
fui asesino y suicida
ladrón, sinvergüenza, tramposo

virgem casi asexuada
torturadora de los afligidos
jirafa de dos cabezas
por todos pequé pequé con todos

pequé con los pícaros
pequé con los sargentos
quebranté la norma con los fusileros navales
violé las reglas de todas las maneras posibles
con los griegos y con los troyanos
con el cura y con el sacristán
con el leproso de Pouso Alto

conmigo mismo al final

Te esperaré con atracciones, novenarios, caballadas
comeré tierra y diré cosas de una ternura tan simple
que desfallecerás

Busquen por todas partes
pura o mancillada hasta la última bajeza
ansío la estrella de la mañana.

 

Canción de las dos Indias
Poema de Manuel Bandeira
Traducción de Pedro Sevylla de Juana

Entre estas Indias del Este
y las indias occidentales
Dios mío ¡qué distancia tan grande!
cuántos Océanos Pacíficos
cuántos arrecifes de corales
cuántas latitudes frías!
Islas que la tormenta arrasa
que los terremotos sumergen
devastadas Marambaias
escollos, sirenas, Medeas
pubis hasta no poder más
altos como la estrella del alba
lejanos como Oceanías
-blancas, sobrenaturales-
Oh inaccesibles playas!…

En la entrevista concedida a Paulo Mendes Campos, en 1949, respecto a este poema, Bandeira dijo: “Interpreto el poema como un símbolo de deseos irrealizables. Digo interpreto, porque no escribí los versos con intención de crear un símbolo. Es más, todos mis poemas nacieron así, sin premeditación, organizándose en mi subconsciente sin fiscalización de la inteligencia, y un buen día estallan inesperadamente como un relámpago.”

La he mitificado: ya es de piedra, ya es de acero, ya es de terciopelo rojo, de cielo azul y Theatro Municipal efervescente. Y me estoy dando cuenta de que me hubiera gustado participar en la Semana da Arte Moderna, celebrada del 11 al 18 de febrero del año 1922 en São Paulo. ¡Lo que corre el tiempo!, pronto podré asistir a la que se celebre con motivo del centenario. Siento no haber participado entonces, y ello, a pesar de que Bandeira no estuvo. Lo que no quiere decir nada, ni a favor ni en contra, de Bandeira con relación al Modernismo.

“La pregunta de la convergencia entre la poesía de Manuel Bandeira y la del Modernismo”, según dice Silviano Santiago, “continúa y continuará abierta. Queda claro, mientras se cierra o no, que la poesía brasileña contemporánea no brotó de movimientos esparcidos e inconexos. La geografía nacional del Modernismo muestra que hubo encuentro de intuiciones, de diálogo, lazos afectivos, entendimientos intelectuales, desencuentros y diferencias entre los jóvenes escritores de los grandes centros literarios de Brasil en la época. Y los responsables de la disponibilidad de los entendimientos son, por orden cronológico: Manuel Bandeira, Mario de Andrade y Carlos Drummond de Andrade.” Tampoco estuvo Tarsila do Amaral esa semana en São Paulo. Espero que pueda encontrarme con ella y con Bandeira, en la que se celebre con ocasión del centenario. No estuvo Bandeira pero estuvo su poema Os Sapos, del poemario “Carnaval”, en la voz de Ronald de Carvalho; y para el caso fue mejor: dado el gran interés despertado por la crítica feroz a los parnasianos…

 

Los Sapos
Poema de Manuel Bandeira
Traducción de Pedro Sevylla de Juana

Los buches hinchando
Salen de la sombra
A saltos, los sapos
La luz los asombra

Con fragor que aterra
Brama el sapo buey:
-“Mi padre fue a la guerra!”
-“No fue”-“Fue”-“No fue!”.

El sapo tonelero,
Parnasiano aguado,
Dice:-“Mi cancionero
Está bien armado.

Vedle como primo
comiendo hiatos!
Que arte! Y no rimo
términos hermanos

Mi verso es bueno
trigo sin gorgojo
y rimo poniendo
consonantes de apoyo.

Hace cincuenta años
Que les di la norma
Reduje sin daños
En hormas la forma

Grite la pandilla
Críticas escépticas
Ya no hay poesía
Hay artes poéticas

Brama el sapo buey:
-“Mi padre fue rei”-“Fue!”
-“No fue”-“Fue”-“No fue!”.

Grita en un asomo
El sapo tonelero:
El gran arte es como
trabajo de joyero.

O bien de estatuario.
Todo lo bonito,
Todo lo variado,
Canta en el martillo”.

Otros, sapos botija
(Un mal en sí cabe),
Hablan por las tripas,
-“Sé”-“No sabe!”-“Sabe”.

Lejos de la grita,
Allá donde más densa
La noche infinita
Viste sombra inmensa;

Allá, oculto al mundo,
Sin gloria, sin fe,
En abismo profundo
Y solitario, es.

Que suspiras tú,
Transido de frio,
Sapo-curucú
Del borde del río…

Libertinagem, publicado en 1930, es el primer libro modernista de Manuel Bandeira. O ritmo disoluto de 1924, dos años después de la Semana, puede considerarse de transición – según dice el propio autor- quien nos explica que, por el uso y el abuso de la libertad, explosión clara del siguiente libro, lo puso el nombre de “Libertinagem”.
No obstante, algunos poemas del libro ya habían sido publicados en diarios o revistas, lo que da idea de la convivencia de tendencias en la obra de Bandeira en algunos tiempos. Personalmente entiendo la utilidad de datar y localizar poemas y relatos, evidente a la hora de establecer una trayectoria del autor. Pero, en ocasiones, los he datado y localizado más tarde, formando, lugar y fecha, parte de la intencionalidad. No olvidemos, pues, analizar la intencionalidad del autor, algo añadido al objeto intelectual y de difícil interpretación.

Si Bandeira no encaja a la perfección en los primeros tiempos del Modernismo, sucede porque llega al movimiento con una obra ya hecha, madura. Sucede porque ha seguido y sigue senderos propios y va más allá. Él lo explica así: “Me vi relacionado y asociado con una generación que, en cierto modo, no era la mía; pues, exceptuados Paulo Prado, Oswald de Andrade y Guilherme de Almeida, todos aquellos muchachos eran, de media, unos diez años más jóvenes que yo”. Y también: «Pouco me deve o movimento; o que eu devo a ele é enorme. Não só por intermédio dele vim a tomar conhecimento da arte de vanguarda na Europa (da literatura e também das artes plásticas e da música), como me vi sempre estimulado pela aura de simpatia que me vinha do grupo paulista».

Preguntado Carlos Drummond de Andrade por el suplemento literario de O Estado de S.Paulo ¿Cómo repercutió en Belo Horizonte la Semana da Arte Moderna?, respondió: “Personalmente, al leer um poema de Manuel Bandeira en el número de Natal de 1918 do Malho, sentí un choque por dentro…Creo que fue él, Manuel Bandeira, mi verdadera y personal Semana de Arte Moderna, y sucedió alrededor de mis quince años.
De Bandeira dice Mário de Andrade, que fue el São João Bautista do Modernismo; el precursor, con todo lo que eso significa.

La vida y la obra de las personas suelen interrelacionarse, de manera que la una influye en la otra, y la otra en la una. Encuentro dos aspectos destacables en Manuel Bandeira, que pueden pasar desapercibidos: uno de ellos corresponde a la vida, y es su escaso sentido de la permanencia, de su presencia y pertenencia a un lugar determinado; provisionalidad originada tanto por su enfermedad como por sus frecuentes cambios de residencia. La otra corresponde a la obra, para él poesía y prosa son vasos comunicantes: los hallazgos líricos se llevan a las crónicas, ganando estas en hondura, aunque fueran eclipsadas por la poesía.

Creo que aún está abierto el análisis sobre la influencia de los autores traducidos, en la obra del traductor. Es el caso de Manuel Bandeira, y lo es el mío. Mi forma de escribir cambió substancialmente, al traducir a los poetas brasileños, tanto de antes como de ahora. Manuel Bandeira, comenzó a traducir por necesidad de su trabajo, y continuó por deseo propio. La influencia es inevitable y enriquecedora; pero no sucede siempre del mismo modo. Hay una disgregación previa y una recomposición posterior, en el choque producido al entrar en una atmósfera nueva.

En Itinerário de Pasárgada, una biografía literaria de 1954, la primera publicada en Brasil, el autor dice: “A partir de Libertinagem é que me resignei à condição de poeta quando Deus é servido. Tomei consciência de que era um poeta menor; que me estaria para sempre fechado o mundo das grandes abstrações generosas; que não havia em mim aquela espécie de cadinho onde, pelo calor do sentimento, as emoções morais se transmudam em emoções estéticas: o metal precioso eu teria que sacá-lo a duras penas, ou melhor, a duras esperas, do pobre minério das minhas pequenas dores e ainda menores alegrias. Mas ao mesmo tempo comprendi, ainda antes de conhecer a lição de Mallarmé, que em literatura a poesia está nas palavras, se faz com palavras e não com idéias e sentimentos, muito embora, bem entendido, seja pela força do sentimento ou pela tensão do espírito que acodem ao poeta as combinações de palavras onde há carga de poesia”.

La enfermedad gobierna en parte su vida modificando su itinerario. Así lo dice Bandeira: “Quando caí enfermo en 1904, quedé convencido de morir en poco tiempo: la tuberculosis era aún ‘la enfermedad que no perdona’. Pero fui viviendo, muere-no-muere. Y en 1914 el doctor Bodmer, médico Jefe del sanatorio de Clavadel, habiéndole preguntado yo cuantos años me quedaban de vida, respondió así: ‘El señor tiene lesiones teóricamente incompatibles con la vida; sinembargo está sin bacilos, come bien, duerme bien, no presenta, en suma, ningún síntoma alarmante. Puede vivir cinco, diez, quince años…Quién lo puede decir…’ Continué esperando la muerte en cualquier momento, viviendo siempre de manera provisional. En los primeros años de la enfermedad, me amargaba mucho la idea de morir sin haber hecho nada; además de la forzada ociosidad”.

Sobre el tiempo último de Manuel Bandeira, en la entrevista de Bete Peixoto para o jornal Plástico Bolha, dice Cleonice Berardinelli: “Os últimos dias de Manuel foram muito duros, ele ficou desanimado, muito abatido. Ele era um homem alegre, animado, brincalhão, piadista; eu gostava tanto dele… Lembro-me de tê-lo visitado no hospital; ele estava sozinho, deitado, cheguei mais perto e disse: ‘Manuel.’ Ele perguntou: ‘Você veio?’ Eu disse: “Vim, você acha que eu não vira?” Ele respondeu: “Ah, que bom, eu estava tão sozinho!” Eu disse: “Pois é, mas agora já não está, tem aqui uma tagarela que veio para conversar com você; olha, Manuel, amanhã é o dia do meu programa, você liga o rádio para ouvir.” Ele disse: “Eu não tenho rádio aqui.” Eu então afirmei: “Vou trazer um rádio para você.” Eu tinha um radiozinho pequeno com um som bastante eficiente e, no dia seguinte, mandei levá-lo a ele com um cartãozinho bem afetuoso. Ao final do programa, ele ligou para mim e disse: ‘Cleonice, muito obrigado, ouvir o seu programa aqui foi uma companhia especial.’ Um dia eu soube que ele havia tido uma piora muito grande. Fui ao hospital e disse: “Manuel, você vai ter que me dar um beijo.” Ele respondeu: “Você não me esquece.” Logo depois veio a notícia da morte e eu me lembrei da frase de um poema dele: “A dama branca levou meu pai.”

Los últimos días
Por la carta publicada en correio IMS.com, que Pedro Nava, amigo de Manuel Bandeira y médico de Frederika Blank, escribe a la hija de esta Joanita van Ittersum y a su marido Pietr, residentes fuera de Brasil; sabemos los amigos que estuvieron en la misa del sétimo día por el alma del poeta, celebrada en la iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria. Por ella conocemos aspectos concretos y ciertos de la muerte. Estaban en el templo: Graciema, Rodrigo Melo Franco de Andrade, Prudente de Morais, Neto, Gustavo Capanema, Carlos Drummond, Jorge Laclette, Rachel de Queiroz, Chico Barbosa, Nazareth Costa, Odilo Costa Filho e Di Cavalcanti entre otros. Había gente de la prensa, de la Academia, y amigos de la familia del fallecido.

Explica El doctor Nava, que desde que cumplió los ochenta años, vivía Bandeira confinado, aislado, solo y triste; dependiendo muy pronto de los demás. Sufrió un ataque vascular perdiendo el sentido, y ya no quería salir sin compañía. Quedó enteramente solo, porque las visitas estaban muy restringidas. El día 23 de septiembre, resbaló saliendo de la bañera y se rompió el fémur derecho, lo que resulta nefasto a esa edad. Todo empeoró por las dudas que envolvieron a los médicos sobre el tratamiento, y las dificultades surgidas para procurarle la atención más efectiva.

Seis o siete días antes de morir tuvo que cambiar de casa de salud, por el comportamiento de la acompañante; y fue al hospital Samaritano de la calle Bambina, donde agonizó el domingo 13 de noviembre, pasada la una de la tarde. La causa inmediata de la muerte fue una anemia, producida por hemorragia de la úlcera de estómago. Comenzó a sangrar en el cambio de hospital, agravándose hasta hacerse mortal. Lleguó Nava el primero de los amigos, después llegaron Graciema y Rodrigo, Dolores y Carlos Drummond. Estaba Helena ya, y después llegó Maurício.
Llevaron el cuerpo a la Academia de Letras, y conmovía ver a los escolares llegar de las escuelas para verlo antes del entierro. Duró de las dos a las cuatro de la tarde la ceremonia en el Cementério de São João Batista, mausoleo de la Academia de Letras. Eso es lo más importante, dice; lo que cree que Joanita quiere conocer; y la pide que se lo traslade a su hermana Guita. Lo escrito es la verdad que no cuentan los periódicos. Y acaba diciendo: daré los detalles de palabra pronto. En la despedida comunica la muerte de monsenhor Nabuco, ocurrida en esos días; y añade que, de los amigos cercanos, en la misa estaba también Cleonice Berardinelli

Trabajo completo en
http://pedrosevylla.com/manuel-bandeira/

 

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Rubén Darío

Creo que fue en segundo curso de bachillerato, doce años yo, cuando estudié a Rubén Darío. El libro de literatura, de Editorial Bruño, editora perteneciente a la congregación de frailes del colegio, llevaba, y lo agradecía yo tanto…, unas lecturas detrás de las lecciones, a modo de explicación. En las velas, llamaban así a nuestros estudios de internos al margen de las clases lectivas: noche y madrugada; en ellas no hubo para mí deberes que hacer, sólo hubo lecturas. Aprendí de memoria y recitaba poemas sonoros, marciales, como Caupolicán y La marcha triunfal.
Era una época de exaltación de la hispanidad, la raza decía el mundo oficial. Fue más tarde, ya estudiante en Madrid, diecisiete años, pensión de doña Amparo, cuando cambiaba en la librería de “la Felipa”, calle de Libreros, los libros de texto por libros de poesía y relatos; entonces conocí a Darío a fondo, a Neruda a fondo, a Juan Ramón en profundidad. Luego cambié de pensión y fui a la calle del Prado, frente al Ateneo de Madrid. Me hice socio de la institución y ya fue todo lectura: poesía y prosa, novela; los rusos, los franceses, los portugueses, los americanos. Sin distinguir escuelas ni tendencias, escritura en evolución perpetua, literatura siempre en presente.
Escogí el poema Anagke para traducir al portugués, justamente por lo que produce al autor acusaciones de blasfemo. Ocho de esos diez versos últimos, clave y cierre de todo, sorpresa final que Rubén coloca con prisa, encargando la transición a dos versos, esos que nacen cuando de improviso interviene el gavilán, con la rapidez y destreza del ave de rapiña
¿Sí?, dijo entonces un gavilán infame,
y con furor se la metió en el buche.
A Juan Valera, admirador del poeta y autoridad literaria reconocida, le parece tan mal el cierre que, apelando a la religión, se lo dice al autor y elimina los ocho restantes, momento en que aparecen Dios y el Demonio; el segundo enmendando la plana al primero, y el primero reconsiderando algunos aspectos de su Creación. Günter Schmigalle, dariísta alemán, académico correspondiente de la Academia Nicaraguense de la Lengua, realiza un análisis de las fuentes del poema. Es un tema romántico, el del posible arrepentimiento de Dios ante el mundo violento y cruel que ha creado. Este estudioso sitúa las fuentes del poema en la novela de Víctor Hugo, Nuestra señora de París, y en el pensamiento de Schopenhauer. Dejémoslo así.
En primer lugar, la vida, soporte y causa de la obra. Siempre o casi siempre, para no resultar categórico. Y la vida de Rubén Darío es un caminar selvático por un mundo hostil y, a veces, feroz. Él, frente a las circunstancias adversas. Inteligencia y voluntad. Esas dos facultades, puestas de acuerdo, le bastan para salir de lo profundo y llegar a ser, contra viento y marea, con fuerte oposición, lo que quiso ser siempre: Rubén Darío, declaración de intenciones. PSdeJ

 

ANAGKE Poema de Rubén Darío.

Y dijo la paloma:
–Yo soy feliz. Bajo el inmenso cielo,
en el árbol en flor, junto a la poma
llena de miel, junto al retoño suave
y húmedo por las gotas de rocío,
tengo mi hogar. Y vuelo
con mis anhelos de ave,
del amado árbol mío
hasta el bosque lejano,
cuando, al himno jocundo
del despertar de Oriente,
sale el alba desnuda y muestra al mundo
el pudor de la luz sobre su frente.

Mi ala es blanca y sedosa;
la luz la dora y baña
y céfiro la peina.
Son mis pies como pétalos de rosa.
yo soy la dulce reina
que arrulla a su palomo en la montaña.
En el fondo del bosque pintoresco
está el alerce en que formé mi nido;
y tengo allí, bajo el follaje fresco
un polluelo sin par, recién nacido.

Soy la promesa alada,
el juramento vivo;
soy quien lleva el recuerdo de la amada
para el enamorado pensativo;
yo soy la mensajera
de los tristes y ardientes soñadores,
que va a revolotear diciendo amores
junto a una perfumada cabellera.

Soy el lirio del viento.
Bajo el azul del hondo firmamento
muestro de mi tesoro bello y rico
las preseas y galas;
el arrullo en el pico,
la caricia en las alas.
Yo despierto a los pájaros parleros
y entonan sus melódicos cantares;
me poso en los floridos limoneros
y derramo una lluvia de azahares.
Yo soy toda inocente, toda pura.
Yo me esponjo en las alas del deseo,
y me estremezco en la íntima ternura
de un roce, de un rumor, de un aleteo.

¡Oh inmenso azul! Yo te amo. Porque a Flora
das la lluvia y el sol siempre encendido;
porque siendo el palacio de la Aurora,
también eres el techo de mi nido.
¡Oh inmenso azul! Yo adoro
tus celajes risueños,
y esa niebla sutil de polvo de oro
donde van los perfumes y los sueños.
Amo los velos, tenues, vagorosos,
de las flotantes brumas,
donde tiendo a los aires cariñosos
el sedeño abanico de mis plumas.

¡Soy feliz! Porque es mía la floresta
donde el misterio de los nidos se halla;
porque el alba es mi fiesta
y el amor mi ejercicio y mi batalla.
Feliz, porque de dulces ansias llena
calentar mis polluelos es mi orgullo;
porque en las selvas vírgenes resuena
la música celeste de mi arrullo;
porque no hay una rosa que no me ame,
ni pájaro gentil que no me escuche,
ni garrido cantor que no me llame.

-¿Sí? dijo entonces un gavilán infame,
y con furor se la metió en el buche.
Entonces el buen Dios, allá en su trono
( Mientras Satán, por distraer su encono
aplaudía a aquel pájaro zahareño ),
se puso a meditar. Arrugó el ceño,
y pensó, al recordar sus vastos planes,
y recorrer sus puntos y sus comas,
que cuando creó palomas
no debió haber creado gavilanes.

 

ANAGKE
Poema de Rubén Dario
Tradução: Pedro Sevylla de Juana

E a pomba disse:
-Eu sou feliz. Sob o imenso céu,
na árvore em flor, junto à maça
cheia de mel, junto do broto suave
e úmido pelas gotas de orvalho,
tenho o meu lar. E voo
com meus anseios de ave,
da amada árvore minha
até a mata distante,
quando, o hino jocundo
do despertar de Oriente,
sai a alba nua e mostra ao mundo
o pudor da luz sobre sua frente.

Minha asa é branca e sedosa;
a luz a doura e banha
e zéfiro a penteia.
Meus pés são como pétalas de rosa.
sou a doce rainha
que arrulha seu pombo na montanha.
No profundo da pitoresca mata
está o larício onde formei meu ninho;
e tenho lá, sob a folhagem fresca
um pombinho impar, recém nascido.

Sou a promessa voadora,
o juramento vivo;
sou quem leva a memória da amada
para o namorado pensativo;
eu sou a mensageira
dos tristes e ardentes sonhadores,
que vai voltear dizendo amores
junto à perfumada cabeleira.

Sou o lírio do vento.
sob o azul do profundo firmamento
mostro do meu tesouro belo e rico
as joias e galas;
o arrulho no bico,
a carícia nas asas.
Eu desperto os pássaros faladores
e entoam os seus melódicos cantares;
me posso nos floridos limoeiros
e derramo uma chuva de azahares.
Eu sou toda inocente, toda pura.
Eu me engrandeço nas asas do desejo,
e tremo na íntima ternura
dum contato, dum rumor, dum adeio.

Oh imenso azul! Eu te amo. Porque a Flora
dás a chuva e o sol sempre incendido;
porque sendo o palácio da Aurora,
também és o telhado de meu ninho.
Oh imenso azul! Eu adoro
os teus celagens risonhos,
e essa névoa sutil de pó de ouro
onde vão os perfumes e os sonhos.

Amo os véus, tênues, inquietos,
das flutuantes brumas,
onde tendo aos ares carinhosos
o leque de seda de as penas.
Sou feliz! Porque é minha a floresta
onde os mistérios dos ninhos se acham;
porque a alvorada é minha festa
e o amor meu exercício e a batalha.
Feliz, porque de doces anseios plena
aquecer os meus pombinhos é meu orgulho;
porque nas selvas virgens ressona
a música celeste de meu arrulho;
porque não há uma rosa que não me ame,
nem pássaro gentil que não me escute,
nem garrido cantor que não me chame.

-Sim?,disse então um gavião infame,
e com furor a introduziu no bucho.
Então o Deus bom, lá no seu trono
(Entretanto Satanás, para distrair o seu rancor
aplaudia aquele pássaro intratável )
se pôs a meditar. Enrugou o cenho,
e pensou, ao analisar a suas convicções,
e recorrer os pontos e as comas,
que quando criou as pombas
não deveu ter criado gaviões.

Trabajo completo en
http://pedrosevylla.com/ruben-dario/

 

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Jorge de Sena

La dictadura de Portugal, llamada Estado Novo, se mantuvo entre 1933 y 1971. Dentro de la persecución de las libertades, practicaba la censura más férrea.
Jorge de Sena nació en Lisboa el año 1919. Debido a la dictadura, partió para el exilio, en Brasil, el año 1959. Murió en Santa Bárbara, California, EUA, el día 4 de junio de 1978. Su cuerpo fue recibido en Lisboa en septiembre de 2009. Fechas que son ventanas por donde mirar su vida y, como consecuencia, su vasta y sólida obra.
Mécia de Sena, su esposa, no acompañó a los restos del esposo desde el cementerio del Calvario en Santa Bárbara, hasta el de los Prazeres en Lisboa. No estuvo la viuda, por tanto, en la Basílica da Estrela, donde se celebró un homenaje al profesor, poeta, dramaturgo, ensayista, crítico y traductor, con la presencia, entre las autoridades, del ex presidente de la República Portuguesa, António Ramalho Eanes, amigo de larga y verdadera amistad de Jorge de Sena, uno, sin duda de los que el poeta dejó en su patria al partir: Amigos meus mais caros tenho nela, saudosamente nela.
Mécia de Sena, no viajó a Lisboa “por causa do impacto” que le causarían las ceremonias. Pero, desde su casa de Santa Bárbara, dijo que el regreso de Jorge de Sena a su patria representaba un hecho muy importante para ella, tanto como lo hubiera sido para su marido. Añadió: «Espero que seja o passo decisivo para o reconhecimento do meu marido como escritor e como cidadão»
La iniciativa del regreso fue del Ministro de Cultura, José Antonio Pinto Ribeiro, con quien, Mécia de Sena, estuvo de acuerdo.
«Saímos para ele escrever sem pensar nos limites que lhe eram impostos.»: palabras de la viuda.
«Passou a ter condições de vida e de trabalho que potenciaram a sua criatividade», explicó Jorge Fazenda Lourenço, especialista en la obra de Jorge de Sena: “Os anos de Brasil (1959-65), os primeiros vividos, como adulto, em liberdade, são talvez o seu período mais criativo”.
Volver a Portugal, incluso de visita, era arriesgado, porque entre 1950 y 1968 tuvo orden de prisión. Salieron de Brasil, también, por el golpe militar de 1964. «Tínhamos alergia às ditaduras. Saímos do Brasil também por causa da ditadura», comentó Mécia.
Los exílios fueron la vida de Sena, incluso cuando vivió em Portugal, exilio interior. Y los exilios contribuyeron a la originalidad y fuerza de su escritura.

 

La oportuna llegada de la Primavera
Poema de Pedro Sevylla de Juana

Apoyándose en la punta de los pies
sobre los últimos yelos invernales
domingo a medio día
descendió silenciosa y sorprendente
Primavera.

Música y color de un bienestar fingido,
la primavera inicia, valiente, su andadura
el invierno regresa a su escondrijo
la ambición escala hacia la cumbre
la intemperie nocturna pide prórroga
la grisura está de moda
sobre las nubes altas se multiplican los milagros,
la actualidad se opone al descontento
todo debe ser sumisa aceptación,
la electrónica trae computadores
más y más sofisticados
laberinto que a muy pocos lleva
hasta el análisis aséptico y el conocimiento neutral,
porque los computadores
-antes lo intuíamos pero ahora ya tenemos certeza-
nos alinean imponiendo su sencillo orden
de despistados y necios.

Los ciudadanos conscientes que aún quedan
reflexivos y, por eso,
críticos,
se van desmoronando grano a grano
bajo el peso de problemas reales
y problemas inventados.

Ley de Gravitación Universal:
la interdependencia entre iguales
proporciona la cohesión del Universo,
la simple independencia desemboca en soledad,
y la soledad ahonda la profunda trayectoria
de quien lee y quien escribe,
unos pocos que simulan ser desconocidos
cuando cruzan temerosos temerarios
el ágora pálida y, con frecuencia, fría.

La poesía sigue pasando de mano en mano
manos escasas de cuatro convencidos
o de cuatrocientos,
los mismos de siempre o los hijos de sus hijos
en un viaje lleno de pausas y sahumerios
como se llevan los cadáveres
a las tumbas abiertas en los saturados cementerios.

Lograda la armonía por audaces
de otros tiempos,
la regularidad disciplinar sustituye al equilibrio
en la disposición de los métodos y de la iniciativa,
convirtiéndose en clave de múltiples acciones
tableteo de las ametralladoras
endiabladas marchas militares
repetido murmullo de la monotonía
de la mentira repetida hasta parecer verdad
hasta llegar a ser la verdad única,
porque los eslabones de la cadena
que nos atan los unos a los otros
al mismo tiempo nos separan,
el fuego avanza a llamaradas en los campos incultos
hogueras trasmutadas en piras de cadáveres vivientes
encendidas en habitáculos inhóspitos
para combatir las bajas temperaturas de la miseria humana,
la palidez de las ciudades desmiente a la aurora
dejando pálida
frente al crepúsculo
la belleza honesta del alba.

Los déspotas expelen ráfagas de injusticia y precios elevados
y cuando son descubiertos
convocan elecciones y son sustituidos
por bien adiestrados simuladores
que logran la momentánea confianza
de la multitud desconfiada,
mas estén donde estén y sean quienes sean
llevan la muerte consigo y bajo los perfumes caros
huelen a despojos descompuestos,
porque para que exista un rico
de los ricos actuales
dueños de enormes fortunas
valoradas en miles y miles de propiedades
que incluyen los cuerpos y las almas,
son necesarios, cuando menos,
tres generaciones de pobres de solemnidad
de esos pobres que ahora carecen de tierra, agua,
aire y fuego,
y como acostumbra a ocurrir
la incertidumbre y el miedo
sobrevuelan millones de cabezas
robando sueños.

Quienes diseñan la faz de lo que nos conviene
mudan puntos, rayas, superficies, volúmenes
y tonalidades,
dejando los antiguos al alcance de la mano
diestra
con la sana intención de recobrarlos,
porque todo ha de cambiar vertiginosamente
en el vertiginoso giro de los radios en la rueda
para dar la perseguida apariencia
de nuevo e igual, de igual y nuevo,
de manera que la repetición intermitente del paisaje
nos produzca la sensación de cambio a unos
y de continuidad a otros,
visión compendio de todas las posibles
miren las personas hacia atrás o hacia adelante
contentos o no con el presente maquillado
que los días ofrecen
a la espera de un mismo futuro distinto
en la proximidad distante.

El futuro pinta oros de tan
pluscuamperfecto como viene,
el pretérito huele a nardos
y se viste de color
rosa azulado.
De todos es sabido que la historia muda,
para adaptarse a la vigencia de los tiempos,
de cuando en cuando el resultado del anterior análisis,
haciendo volver sobre sus pasos
a los que quieren, faro en la costa,
verdadera y firme esa verdad de verdades,
abierta, eso sí, mutatis mutandis,
a la investigación
constante.

Los poderes fácticos
a escritores, ensayistas y poetas
por señas nos advierten,
utilizando parábolas ya olvidadas
y viejos símbolos actualizados,
que consideran una broma de mal gusto
la manía de seguir, día tras día, en la refriega,
comprendiendo los hechos y juzgándolos
para relatarlos después del modo que los vimos;
debemos sonreír con sonrisa ingenua
aunque nadie desvele el acertijo
porque la primavera acaba de llegar
y el inverno inverna en su escondrijo.
PSdeJ, Valdepero, Vitória ES, El Escorial

 

A oportuna chegada da primavera
Poema e tradução Pedro Sevylla de Juana

Apoiando-se na ponta dos pés
sobre os últimos gelos invernais
domingo a meio-dia
silenciosa e surpreendente desceu
a primavera.

Música e cor de um bem-estar fingido,
a Primavera inicia, valente, sua andadura
o Inverno regressa a seu esconderijo
a ambição escala a cumeada
a intempérie noturna pede prorroga
o cinzento está na moda
sobre as nuvens altas se multiplicam os milagres,
a atualidade se opõe ao descontente
todo deve ser submissa aceitação,
a eletrônica traz computadores
mais e mais sofisticados
labirinto que a muito poucos leva
até a análise asséptico e o conhecimento neutro,
porque os computadores
-dantes o intuíamos mas agora já temos certeza-
nos alinham impondo sua singela ordem
de despistados e néscios.

Os cidadãos conscientes que ainda restam
reflexivos e, por isso,
críticos,
se vão desmoronando grão a grão
debaixo do peso de problemas reais
e problemas inventados.

Lei de Gravitação Universal
a interdependência entre iguais
proporciona a coesão do Universo;
a singela independência desemboca em solidão
e a solidão afunda a intensa trajetória
de quem lê e quem escreve,
uns poucos que fingem ser desconhecidos
quando cruzam temerosos temerários
a ágora pálida e, com frequência, fria.

A poesia segue passando de mão em mão,
mãos escassas de quatro convencidos
ou de quatrocentos,
os mesmos de sempre ou os filhos de seus filhos
numa viagem cheia de pausas e incensários
como se levam os cadáveres
às tumbas abertas nos saturados cemitérios.

Conseguida a harmonia por audazes
de outros tempos,
a regularidade disciplinar substitui o equilíbrio
na disposição dos métodos e da iniciativa,
convertendo-se em chave de múltiplas ações
rajadas das metralhadoras
endiabradas marchas militares
repetido murmúrio da monotonia
da mentira repetida até parecer verdade
até chegar a ser a verdade única,
porque os elos da corrente
que nos atam uns aos outros,
ao mesmo tempo nos separam;
o fogo avança em labaredas nos campos incultos
fogueiras transmutadas em piras de cadáveres viventes
acendidas em habitáculos inóspitos
para combater as baixas temperaturas da miséria humana,
a palidez das cidades desmente a aurora
deixando pálida
em frente do crepúsculo
a beleza honesta da alva.

Os déspotas expelem gritos de injustiça e preços elevados
e quando são descobertos
convocam eleições e são substituídos
por bem adestrados simuladores
que conseguem a momentânea confiança
da multidão desconfiada,
mas estejam onde estiverem e sejam os que sejam
levam a morte consigo e sob os perfumes caros
cheiram a despojos decompostos,
porque para que exista um rico
como os ricos atuais:
donos de enormes fortunas
valorizadas em milhares e milhares de propriedades
que incluem os corpos e as almas;
são necessários, quando menos,
três gerações de pobres absolutos, íntegros
desses pobres que agora carecem de terra, água,
ar e fogo,
e como acostuma a ocorrer
a incerteza e o medo
sobrevoam milhões de cabeças
roubando sonhos.

Quem desenha a face do que nos convém
muda pontos, listras, superfícies, volumes
e tonalidades,
deixando os antigos ao alcance da mão
destra
com a sã intenção de recobrá-los,
porque tudo tem de mudar vertiginosamente
no vertiginoso giro dos rádios na roda
para dar a perseguida aparência
de novo e igual, de igual e novo,
de maneira que a repetição intermitente da paisagem
produza a sensação de mudança para uns
e de continuidade a outros,
visão compêndio de todas as possíveis
olhem as pessoas para atrás ou para adiante
contentes ou não com o presente maquilhado
que nos dias oferecem
à espera de um mesmo futuro diferente
na proximidade distante.

O futuro pinta ouros de tão
perfeito como vem,
o pretérito cheira a nardos
e se veste de cor
rosa azulado.
De todos é sabido que a história muda,
para se adaptar à vigência dos tempos,
de quando em quando o resultado da anterior análise,
fazendo voltar sobre seus passos
aos que querem, faro na costa,
verdadeira e firme essa verdade de verdades,
aberta, isso sim, mutatis mutandis,
à investigação
constante.

Os poderes fáticos,
a escritores, ensaístas e poetas
por meio de sinais nos advertem,
utilizando parábolas já esquecidas
e velhos símbolos atualizados,
que consideram uma brincadeira de mau gosto
a mania de seguir, dia após dia, na refrega,
compreendendo os fatos e julgando-os
para relatar logo até os mínimos detalhes do acontecido;
devemos sorrir com sorriso ingênuo
embora ninguém desvele a chacota
porque chegada já a primavera
inverna o inverno no interior da sua choça.

PSdeJ, Valdepero, Vitória ES, El Escorial

 

Poemas de Jorge de Sena
Traducidos por Pedro Sevylla de Juana

El poema A Portugal, fue escrito por Jorge de Sena en los inicios del exilio en Brasil. Se publicó, cuando el autor ya había muerto, en el libro “40 anos de servidão”. Comienza con un verso de Camões en Os Lusiadas, canto III, 21 estância: “Esta é a ditosa pátria minha amada”. Pero añade esse Não rotundo y solitário reforzado por estar entre puntos. Verso primero de uma elegia que termina “Eu te pertenço: mas ser´s minha, não”. De nuevo la negación, pero ya menos rotunda.
A propósito del lenguaje vulgar, Jorge de Sena dice:
A linguagem vulgar, quando empregada literariamente, não é mais ou menos vulgar, conforme a percentagem de palavras especializadas ou difíceis. Um escritor pode ter um “rico estilo”, e ser de uma vulgaridade flagrante; enquanto outro, com palavras quase todas comuns, pode exprimir muitas ocultas verdades (SENA, 1949, p. 62).

A PORTUGAL
Poema de Jorge de Sena

Esta é a ditosa pátria minha amada. Não.
Nem é ditosa, porque o não merece.
Nem minha amada, porque é só madrasta.
Nem pátria minha, porque eu não mereço
a pouca sorte de ter nascido nela.

Nada me prende ou liga a uma baixeza tanta
quanto esse arroto de passadas glórias.
Amigos meus mais caros tenho nela,
saudosamente nela, mas amigos são
por serem meus amigos, e mais nada.

Torpe dejecto de romano império;
babugem de invasões; salsugem porca
de esgoto atlântico; irrisória face
de lama, de cobiça, e de vileza,
de mesquinhez, de fátua ignorância;
terra de escravos, cu pró ar ouvindo
ranger no nevoeiro a nau do Encoberto;
terra de funcionários e de prostitutas,
devotos todos do milagre, castos
nas horas vagas de doença oculta;
terra de heróis a peso de ouro e sangue,
e santos com balcão de secos e molhados
no fundo da virtude; terra triste
à luz do sol caiada, arrebicada, pulha,
cheia de afáveis para os estrangeiros
que deixam moedas e transportam pulgas,
oh pulgas lusitanas, pela Europa;
terra de monumentos em que o povo
assina a merda o seu anonimato;
terra-museu em que se vive ainda,
com porcos pela rua, em casas celtiberas;
terra de poetas tão sentimentais
que o cheiro de um sovaco os põe em transe;
terra de pedras esburgadas, secas
como esses sentimentos de oito séculos
de roubos e patrões, barões ou condes;
ó terra de ninguém, ninguém, ninguém:

eu te pertenço. És cabra, és badalhoca,
és mais que cachorra pelo cio,
és peste e fome e guerra e dor de coração.
Eu te pertenço: mas ser´s minha, não.

Jorge de Sena
“Tempo de Peregrinatio ad Loca Infecta (1959-1969)” em 40 Anos de Servidão, Lisboa: Edições 70, 1989, pp. 85-86.

A Portugal
Poema de Jorge de Sena
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

Esta es la dichosa patria mi amada. No.
Ni es dichosa, porque no lo merece.
Ni mi amada, porque es sólo madrastra.
Ni patria mía, porque yo no merezco
la escasa suerte de haber nacido en ella.

Nada me ata o vincula a tanta bajeza
como ese eructo de pasadas glorias.
Mis amigos más queridos están en ella,
nostálgicos en ella, pero amigos son
por ser mis amigos, y eso es todo.

Torpe deyección de romano imperio;
baba de invasiones; salitre puerco
de agotamiento atlántico; irrisoria cara
de lodo, de codicia, y de vileza,
de mezquindad, de vanidosa ignorancia
tierra de esclavos, culo por el aire oyendo
crujir en la niebla la nao del Encubierto;
tierra de funcionarios y prostitutas,
devotos todos del milagro, castos
en las horas vacías de enfermedad oculta;
tierra de héroes a peso de oro y sangre,
y santos con mostrador de secos y mojados
en el fondo de la virtud; tierra triste
a la luz del sol encalada, acicalada, sin brio,
llena de amabilidad para los extranjeros
que dejan monedas y transportan pulgas,
oh pulgas lusitanas, hacia Europa;
tierra de monumentos en los que el pueblo
da nombre a la mierda anónima;
tierra – museo en que aún se vive,
con cerdos por la calle, en casas celtiberas;
tierra de poetas tan sentimentales
que el olor de un sobaco los pone en trance;
tierra de piedras descarnadas, sequías
como esos sentimientos de ocho siglos
de robos y patrones, barones o condes;
oh tierra de nadie, nadie, nadie:

yo te pertenezco. Eres cabra, eres puerca,
eres más que perra en celo,
eres peste y hambre y guerra y dolor de corazón.
Yo te pertenezco: pero pertenecerme tú, no.

Traduzido por PSdeJ em El Escorial 18 outubro 2017

Jorge de Sena fue casi todo en escritura, pero más que nada fue poeta. Y más aún, un poeta de convicciones que pretendía, siendo testigo, dar testimonio y extender. Y lo dijo así:
“É que à poesia, melhor que a qualquer outra forma de comunicação, cabe, mais que compreender o mundo, transformá-lo.” (SENA, 1961, p.11)

 

Carta a meus filhos sobre os fuzilamentos de Goya
Poema de Jorge de Sena

Não sei, meus filhos, que mundo será o vosso.
É possível, porque tudo é possível, que ele seja
aquele que eu desejo para vós. Um simples mundo,
onde tudo tenha apenas a dificuldade que advém
de nada haver que não seja simples e natural.
Um mundo em que tudo seja permitido,
conforme o vosso gosto, o vosso anseio, o vosso prazer,
o vosso respeito pelos outros, o respeito dos outros por vós.

E é possível que não seja isto, nem seja sequer isto
o que vos interesse para viver. Tudo é possível,
ainda quando lutemos, como devemos lutar,
por quanto nos pareça a liberdade e a justiça,
ou mais que qualquer delas uma fiel
dedicação à honra de estar vivo.
Um dia sabereis que mais que a humanidade
não tem conta o número dos que pensaram assim,
amaram o seu semelhante no que ele tinha de único,
de insólito, de livre, de diferente,
e foram sacrificados, torturados, espancados,
e entregues hipocritamente à secular justiça,
para que os liquidasse “com suma piedade e sem efusão de sangue.”

Por serem fiéis a um deus, a um pensamento,
a uma pátria, uma esperança, ou muito apenas
à fome irrespondível que lhes roía as entranhas,
foram estripados, esfolados, queimados, gaseados,
e os seus corpos amontoados tão anonimamente quanto haviam vivido,
ou suas cinzas dispersas para que delas não restasse memória.
Às vezes, por serem de uma raça, outras
por serem de uma classe, expiaram todos
os erros que não tinham cometido ou não tinham consciência
de haver cometido. Mas também aconteceu
e acontece que não foram mortos.
Houve sempre infinitas maneiras de prevalecer,
aniquilando mansamente, delicadamente,
por ínvios caminhos quais se diz que são ínvios os de Deus.

Estes fuzilamentos, este heroísmo, este horror,
foi uma coisa, entre mil, acontecida em Espanha
há mais de um século e que por violenta e injusta
ofendeu o coração de um pintor chamado Goya,
que tinha um coração muito grande, cheio de fúria
e de amor. Mas isto nada é, meus filhos.
Apenas um episódio, um episódio breve,
nesta cadeia de que sois um elo (ou não sereis)
de ferro e de suor e sangue e algum sêmen
a caminho do mundo que vos sonho.
Acreditai que nenhum mundo, que nada nem ninguém
vale mais do que uma vida ou a alegria de tê-la.
É isto o que mais importa – essa alegria.
Acreditai que a dignidade em que hão-de falar-vos tanto
não é senão essa alegria que vem
de estar-se vivo e sabendo que nenhuma vez
alguém está menos vivo ou sofre ou morre
para que um só de vós resista um pouco mais
à morte que é de todos e virá.
Que tudo isto sabereis serenamente,
sem culpas a ninguém, sem terror, sem ambição,
e sobretudo sem desapego ou indiferença,
ardentemente espero. Tanto sangue,
tanta dor, tanta angústia, um dia
– mesmo que o tédio de um mundo feliz vos persiga –
não hão de ser em vão. Confesso que
muitas vezes, pensando no horror de tantos séculos
de opressão e crueldade, hesito por momentos
e uma amargura me submerge inconsolável.
Serão ou não em vão? Mas, mesmo que o não sejam,
quem ressuscita esses milhões, quem restitui
não só a vida, mas tudo o que lhes foi tirado?
Nenhum Juizo Final, meus filhos, pode dar-lhes
aquele instante que não viveram, aquele objeto
que não fruíram, aquele gesto
de amor, que fariam “amanhã”.
E, por isso, o mesmo mundo que criemos
nos cumpre tê-lo com cuidado, como coisa
que não é só nossa, que nos é cedida
para a guardarmos respeitosamente
em memória do sangue que nos corre nas veias,
da nossa carne que foi outra, do amor que
outros não amaram porque lho roubaram.
Lisboa, 25 junho 1959.
(Em poesia II, pg 125 a 128.)

 

Carta a mis hijos sobre los fusilamientos de Goya
Poema de Jorge de Sena
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

No sé, hijos míos, qué mundo será el vuestro.
Es posible, porque todo es posible, que sea
aquel que yo deseo para vosotros. Un sencillo mundo,
donde la única dificultad provenga
de lo simple y natural.
Un mundo en que todo esté permitido,
conforme a vuestro gusto, vuestro anhelo, vuestro placer,
vuestro respeto a los otros, el respeto de los otros a vosotros.

Y es posible que no sea esto, ni siquiera esto,
lo que necesitéis para vivir. Todo es posible,
aun cuando luchemos, como debemos luchar,
por cuanto valoremos la libertad y la justicia,
o más que cualquiera de ellas una fiel
dedicación al honor de estar vivo.
Un día sabréis que, aunque la humanidad
no lleva cuenta del número de los que pensaron así,
amaron a su semejante por cuanto tenía de único,
de insólito, de libre, de diferente,
y fueron sacrificados, torturados, apartados,
y entregados con hipocresía a la secular justicia,
para que los liquidara “con suma piedad y sin efusión de sangre.

Por ser fieles a un dios, a una idea,
a una patria, una esperanza, o acaso
al hambre sin respuesta que les roía las entrañas,
fueron destripados, desgarrados, quemados, gaseados,
y sus cuerpos amontonados tan anónimos como vivieron,
o sus cenizas diseminadas para que de ellas ni memoria quedara.
A veces, por ser de una raza, otras
por ser de una clase, purgaran todos
los errores que no habían cometido o no tenían conciencia
de haber cometido. Pero también ocurrió
y ocurre que no murieran.
Hubo siempre infinitas maneras de prevalecer,
aniquilando mansamente, delicadamente,
por caminos inescrutables como se dice que son los de Dios.

Estos fusilamientos, este heroísmo, este horror,
fue una cosa, entre mil, acontecida en España
hace más de un siglo y que por violenta e injusta
ofendió el corazón de un pintor llamado Goya,
dotado de un corazón muy grande, lleno de furia
y de amor. Pero esto no es nada, hijos míos.
Sólo un episodio, un episodio breve,
en esta cadena de la que sois un eslabón (o no seréis)
de hierro y de sudor y sangre y algo de esperma
en el camino del mundo que os imagino.
Aceptad que ningún mundo, que nada ni nadie
vale más que una vida o la alegría de vivirla.
Es esto lo que más importa – esa alegría.
Aceptad que la dignidad, de la que os hablarán tanto,
no es sino esa alegría que nace
de seguir vivo sabiendo que nunca
nadie está menos vivo o sufre o muere
para que uno solo de vosotros resista un poco más
a la muerte que es de todos y vendrá.
Que todo esto lo sabréis estoicamente,
sin culpar a nadie, sin terror, sin ambición,
y sobre todo sin desapego o indiferencia,
ardientemente espero. Tanta sangre,
tanto dolor, tanta angustia, un día
– aunque el tedio de un mundo feliz os persiga –
no han de suceder en vano. Confieso que
muchas veces, pensando en el horror de tantos siglos
de opresión y crueldad, dudo unos instantes
y la amargura me sumerge inconsolable.
¿Serán o no en vano? Pero, aunque no lo sean,
¿quién resucita a esos millones, quiénes restituyen
no sólo la vida, sino todo lo que les fue quitado?
Ningún Juicio Final, mis hijos, puede darles
aquel instante que no vivieron, aquel objeto
que no disfrutaron, aquel gesto
de amor futuro.
Y, por eso, ese mundo que formemos
debemos tenerlo con cuidado, como cosa
que no es sólo nuestra, que nos es cedida
para guardarla con respeto
en memoria de la sangre que nos corre por las venas,
de nuestra carne que antes fue otra, del amor que
otros no amaron porque les fue robado.

Traduzido por PSdeJ, El Escorial 19 outubro de 2017

Trabajo completo en
http://pedrosevylla.com/jorge-de-sena/

 

 

 

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Pablo Neruda

Neruda y yo
Dice de sí el lector Neruda, que tanto nos dio a leer: “Para mí los libros fueron como la misma selva en que me perdía, en que continuaba perdiéndome. Eran otras flores deslumbradoras, otros altos follajes sombríos, misteriosos silencios, sonidos celestiales, pero también, la vida de los hombres más allá de los cerros, más allá de los helechos, más allá de la lluvia.” Neruda se va haciendo a sí mismo en lo cotidiano, pero al escritor y al poeta los hicieron los otros, escritores o no, aquellos cuyos nombres veneraba. Y los libros le hicieron: las lecturas, muchas, deslumbradoras hasta la sedimentación.
Durante unos años de mi vida joven, alrededores de los sesenta del siglo pasado, fui Neruda. El era solo un poeta avanzando hacia la poesía. Solo un poeta avanzando, que decía en sus odas elementales: Editorial Losada, impreso en Tucumán 353 de Buenos Aires, cosas elementales que acababan como la Oda al alambre de púa: “En otras partes pan, arroz, manzanas…En Chile, alambre, alambre…” Oda a la crítica: “Con la luz de otras vidas/ vivirán otras vidas en mi canto”. Oda a don Jorge Manrique: “Y volví a mi deber de pueblo y canto”. Filósofo también a la hora de resumir y concretar el mensaje. Yo era Neruda, y escribía mis versos en el interior de las cubiertas de sus libros, en los espacios blancos. Versos nacidos en el instante de la lectura, versos que imitaban a los suyos y a los míos, versos míos que habían sido de Juan Ramón Jiménez y de Darío antes de escribirlos para enamorar a una muchacha enamorada. Y todo porque nadie es dueño de nada, ya que, entre todos, conocidos o desconocidos, valorados o denostados, escribimos el largo poema de la Humanidad. Panera de entregas y recogidas constantes.

La perfecta unidad de los cinco elementos.
Poema de Pedro Sevylla de Juana

Aire, agua, tierra, fuego y tiempo
te habían ido haciendo
tal como eras, primavera del sesenta y ocho,
albergue juvenil de la rue
Ville-l’Évêque, semiesquina a Malesherbes
huitième Distrito Madelaine París
como tiempo y espacio del encuentro.

Nacida en Salvador de Bahia,
mulata de todas las culturas
la humana más humana
que un muchacho puede amar.

En tu cuello, que algún dios griego
perfiló a imitación de Fidias,
entre tus cabellos, finísima cascada, selva,
incrédula mi boca
encontró
la imaginada placidez eterna.

Me arrepiento aún
de no haberte comprendido
más que a fragmentos y a ratos,
a ratos y a fragmentos, parcialidad insuficiente.

Penetraba, en el recinto sagrado de tus ojos,
la intensidad de mi mirada,
y percibía la llama
surgida inexorable
con la intención de incendiar mi cuaderno
de pensamientos impuros
rosa de los vientos liberadora de ondas invisibles.

Una noche de los días aquellos,
a la hora crucial de la madrugada
-invierno retirado a sus cuarteles-
inauguramos la nueva primavera
poética, florecida y luminosa,
momento original
del Universo aprendiz aún
del Orden en el interior del Caos.

Salían chispas, ¿recuerdas?
del choque de planetas ígneos
ríos de lava, pan volcánico
llamaradas,
refugio convertido en biblioteca
poemas abiertos de Neruda,
fuerza y sensibilidad el chileno
en las palabras que me iban haciendo
poeta a base de vivencias, lecturas
y escrituras reiteradas.

Saboreábamos un poema de los Veinte de Amor
y arrancábamos la hoja, sentados los dos en almohadones
que ablandaban la firme dureza del suelo.
Lo recuerdo, ¡cómo no recordarlo!
si al alcanzar la Canción Desesperada
nos abrazamos llegando
a la horizontal, lecho de hojas que exigían su libertad
a las ramas de todas las florestas.

Las frutas tropicales en su punto de sazón
las verduras de tu huerta, el agua impetuosa
del arroyo,
los simios que juegan a ser humanos
en las copas
elevadas de los árboles más altos,
y los pájaros canoros de plumas amarillas
te amaron. Invierno o verano te amaron. Otoño
y primavera y la Naturaleza entera te amaron,
carbono intenso del diamante,
esmeraldas
de verde vegetal, las nubes, el viento,
mis brazos, mi pecho y mi amor
te amaron.

Bebimos, sedientos y hambrientos,
el cáliz hasta las heces,
recibiendo con deleite
la gota última.
Sangre derramada de mi herida
en el sacrificio cruento,
sacerdotisa tú
y yo víctima propiciatoria.

Página a página
te veía mi amor
deshojar el libro de la vida
en tu sonrisa abierta
sobre la perfección de tus dientes
labios carnosos
carnales
devorando los desacompasados interludios del tiempo.

El tiempo, imprescindible cómplice, esperó
el término de la íntima conjunción
para reemprender su camino
segundos, minutos, años, siglos,
que nuestro encuentro
había logrado detener.

PSdeJ París 1968, El Escorial 2017

 

A perfeita unidade dos cinco elementos.
Poema e tradução Pedro Sevylla de Juana

Ar, água, terra, fogo e tempo
te tinham ido fazendo
tal como eras,
 primavera do sessenta e oito
albergue juvenil da rua
Ville-l’Évêque
 semi-esquina a Malesherbes
huitième Distrito Madelaine Paris
como tempo e espaço do encontro.

Nascida em Salvador de Bahia,
mulata de todas as culturas
a humana mais humana
que um jovem pode amar.
Em teu colo, que algum deus grego
perfilou a imitação de Fídias,
entre teus cabelos, finíssima cascata, selva,
incrédula minha boca
encontrou
a imaginada placidez eterna.

Arrependo-me ainda
de não te ter compreendido
mais que a fragmentos e às vezes,
às vezes e a fragmentos,
parcialidade insuficiente.

Penetrava, no recinto sagrado de teus olhos,
a intensidade de minha mirada,
e percebia o lume
surgido inexorável
com a intenção de incendiar meu caderno
de pensamentos
impuros
rosa dos ventos liberadora de ondas invisíveis.

Uma noite dos dias aqueles,
à hora crucial da madrugada
-inverno retirado a seus quartéis-
inauguramos a nova primavera
poética, florescida e luminosa,
momento original
do Universo aprendiz ainda
da ordem no interior do caos.

Saíam chispas, recordas?
do choque de planetas ígneos
rios de lava, pão vulcânico
labaredas,
refúgio convertido em biblioteca
poemas abertos de Neruda,
força e sensibilidade o chileno
nas palavras que me iam fazendo
poeta a base de vivências, leituras
e escrituras reiteradas.

Saboreávamos um poema dos Vinte de Amor
e arrancávamos a folha, sentados os dois em almofadões
que ablandaban a firme dureza do solo.
O recordo, como não recordá-lo!
se ao atingir a Canção Desesperada
nos abraçamos chegando
à horizontal, leito de folhas que exigiam sua liberdade
aos ramos de todas as florestas.

As frutas tropicais em seu ponto da madureza
as verduras da tua horta, o água impetuosa
do arroio,
os símios que jogam a ser humanos
nas copas
elevadas das árvores mais altas,
e os pássaros canoros de plumas amarelas
te amaram. Inverno ou verão amaram-te. Outono
e primavera e a Natureza inteira te amaram,
carbono intenso do diamante,
esmeraldas
de verde vegetal, as nuvens, o vento,
meus braços, meu peito e meu amor
te amaram.

Bebemos, sedentos e famintos,
o cálice até as fezes,
recebendo com deleite
a gota última.
Sangue derramado de minha ferida
no sacrifício cruento,
sacerdotisa tu
e eu vítima propiciatória.

Página a página
te via meu amor
esfolhar o livro da vida
em teu sorriso aberto
sobre a perfeição de teus dentes
lábios carnosos
carnais
devorando os descompassados interlúdios do tempo.

O tempo, imprescindível cúmplice, esperou
o termo da íntima conjunção
para prosseguir seu caminho
segundos, minutos, anos, séculos,
que nosso encontro
tinha conseguido deter.
PSdeJ

En música, jazz; Neruda, en Poesía. Se eriza el pelo de mis brazos, se abren mis oídos hasta lo imposible, cuando oigo, leo, jazz, poemas de Neruda. El ánimo arrecia y yo me siento arriba, tocando con la punta de los dedos la punta de las estrellas. Líneas escritas cuando nacía yo a la poesía de la mano de los maestros. Y escribí, refiriéndome a Neruda: Ya no digo amor, porque él lo dijo con su voz de mundo que se oculta tras el sol; ni justicia, porque él dio nombre a la injusticia; ni vida, porque él sintió por muchos lo de muchos; ni muerte porque él la vivió en la guerra de Madrid, barrio de Argüelles; y en tantos otros sitios a lo largo de su existencia agitada. Leí sus Odas elementales, antiguas y nuevas. Leí veinte veces sus 20 Poemas de amor y la canción desesperada; y los leí en cada libro de los que regalé nada más leerlos. Leí su “Canto general” editado en México, regalo de una amiga, Gran Plaza de Bruselas; dedicado con un beso de esos que se van para no volver nunca, y para ser siempre recordados. Leí, leí, leí todo lo que de él me iba llegando en sus Obras Completas, RBA-Instituto Cervantes.
Yo viví en la calle Gandía de Madrid, con vuelta a Cerro Negro; y al llegar allí escribí: Isla Negra, Cerro Negro, Neruda y yo, por fin, vecinos. En Madrid vivió Neruda, España en el corazón, himno a las glorias del pueblo en la guerra: “Y una mañana todo estaba ardiendo” Y yo en Madrid hice de mí, más allá del filósofo que aún soy, un publicitario, partiendo del agricultor que a Madrid traía. Un publicitario que filosofaba amando a Séneca y a Neruda, que oía Jazz vivo en Tin Pan Alley, y empezó a publicar versos manuscritos como si fueran octavillas subversivas. Me gustaría tanto, tanto, que Neruda recitara con su voz de Neruda lector, el último de mis poemas, el mejor quizá, ese largo y alto del Velero que Vuela, para que el poema tuviera la dimensión universal que yo pretendo.
La guerra en Madrid, donde él es Cónsul de su País, le cambia por completo y cambia su poesía. Neruda es consciente de ello y lo explica, dicho y hecho, en el poema «Es así. Explico algunas cosas». Versos escritos para ser leídos y difundidos por la radio de entonces. Así como del Guernica dije que constituía, en sí mismo, un moderno anuncio publicitario, el cartel de una valla pacifista, un grafismo sublime que incita a la paz más y mejor que la suelta de miles de palomas que antes fueron capturadas; de esos versos, digo que son un alegato, una soflama, que, declamada por Neruda en la radio,
levantaría miles de corazones contra la barbarie de la guerra. Neruda escribió su Guernica cuando escribió España en el Corazón. Picasso pintó su España en el Corazón cuando pintó el Guernica. Ambos sobre la misma guerra, sobre la misma barbarie, y con sentimiento volcánico parejo.
Rugen pesados los aviones repletos de bombas, y dejan caer a intervalos medidos su mortífera carga. Todo en el suelo se quiebra a la llegada de la potencia explosiva, todo se deshace. Edificios, calles, parques, piedras, plantas, animales y personas diluyen su existencia. Hay un clamor que es rugido, bramido animal, desgarro de vísceras humanas, desgajar de troncos, fundir de órganos. Y el pintor y el escritor, que acumulan la rabia de todas las heridas ajenas y propias, pintan y escriben los horrores que sienten ante las guerras.
PSdeJ

 

É assim. Eu explico algumas coisas
Poema de Pablo Neruda
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

Perguntareis: E onde estão as lilás?
E a metafísica coberta de papoilas?
E a chuva que às vezes golpeava
as suas palavras chenándolas
de buracos e pássaros?
Vou-vos contar tudo o que me ocorre.
Eu vivia num bairro
de Madri, com sinos,
con relogios, com árvores.
Desde lá via-se
O rosto seco da Castela
como um oceano de couro.
A minha casa era chamada
a casa das flores, porque por todas as partes
rebentavam gerânios: era
uma bela casa
con cãos e meninos,
Raúl te lembras?
Te lembras Rafael?
Federico, te lembras
debaixo da terra
te lembras da minha casa com balcões onde
a luz de junho afogava flores na tua boca?
Irmão, irmão!
Tudo
eram fortes vozes, sal de mercadorias,
aglomerações de pão palpitante,
mercados do meu bairro de Argüelles com a su estátua
como um tinteiro descorado entre as pescadas:
o azeite chegaba às colheres
um profondo latejo
de pés e mãos enchia as ruas,
metros, litros, essência
aguda da vida,
peixes amontoados,
contextura de telhados com sol frio no que
a flecha se fadiga,
delirante marfim fino das batatas,
tomates reproduzidos até o mar.
Numa manhã tudo estava ardendo
numa manhã as fogueiras
saíam da terra
consumindo seres,
e desde então fogo,
pólvora desde então,
e desde então sangue.
Bandidos con aviões e con mouros,
bandidos con sortélias e duquesas,
bandidos con frades negros bendizendo
vinham pel céu para matar crianças,
e pelas ruas o sangue das crianças
corria singelamente como sangue de crianças.
Chacales que o chacal rejeitaria,
pedras que o cardo seco morderia cuspindo,
víboras que as víboras odiaram!
Diante de vós vi o sangue
da Espanha se levantar
para afogar-vos numa só onda
de orgulho e de facas!
Generais
traidores:
ollai a minha casa morta,
ollai a Espanha rompida:
mas de cada casa morta surge metal ardendo
en vez de flores,
mas de cada buraco da Espanha
surge a Espanha,
mas de cada criança morta surge um fuzil com olhos,
mas de cada crime nascem balas
que vos encontrarão um dia o espaço
do coração.
Perguntareis por que a sua poesia
não nos fala do sonho, das folhas,
dos grandes vulcões da sua terra natal?
Vinde ver o sangue pelas ruas,
Vinde ver
o sangue pelas ruas,
vinde ver o sangue
pelas ruas.

 

Oda à Araucaria Araucana
Poema de Pablo Neruda
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

Alta sobre a terra
te puseram,
dura, formosa Araucaria
dos austrais
montes,
torre de Chile, ponta
do território verde,
pavilhão do inverno,
nave
da fragrância.

Agora, sem embargo,
não por bela
te canto,
senão pel racemo da tua espécie,
pela tua fruta fechada,
pelo teu pinhão aberto.

Antanho,
antanho foi quando
sobre os índios
se abriu
como uma rosa de madeira
o colossal punhado
do teu punho,
e deixou
sobre
a molhada terra
os pinhões:
farinha, pão silvestre
do indomável
Arauco.

Vede a guerra
armados
os guerreiros
de Castela
e os seus cavalos
de galvânicas
crines,
e frente
a eles
o grito
dos nus
heróis,
voz do fogo, faca
de dura pedra parda,
lanças enlouquecidas
na mata,
tambor,
tambor
sagrado,
e adentro
da selva
o silencio,
a morte
se retrocedendo,
a guerra.

Então, no último
bastião verde,
espalhadas
pela fugida,
as lanças
da selva
se reuniram
debaixo das araucárias
espinhosas.

A cruz,
a espada,
a fome
iam dizimando
a família selvagem.
Pavor,
pavor dum golpe
de ferraduras,
batido duma folha,
vento,
dor
e chuva.
Num pronto
se estremeceu lá acima
a Araucaria,
araucana,
tremeram
as suas ilustres
raízes,
os espinhos
hirsutos
do poderoso
pavilhão
tiveram
um movimento
sombrio
de batalha:
rugiou como onda
de leões
toda a folhagem
da selva
dura
e então
caiu
um marulho
de pinhões:
os amplos
estojos
se romperam
contra o solo, contra
a pedra protegida
e desgranaram
a sua fruta,o pão postremo
da patria.

Assim a Araucania
recompôs
as suas lanças de agua e ouro,
soçobraram as matas
debaixo do assobio
do valor
ressurreto
e avançaram
as cinturas
violentas como rafadas,
as
penas
incendiárias do Cacique
pedra queimada
e flecha voadora
atalharam
ao invasor de ferro
no caminho.

Araucaria,
folhagem
de bronze com espinhos,
graças
te doou
a ensanguentada estirpe,
graças
te doou
a terra protegida,
graças
pão de valentes
alimento
oculto
na molhada aurora
da pátria:
coroa verde,
límpida
mãe dos espaços
lâmpada
do frio
território,
hoje
me doa
luz sombria,
a imponente
segurança
hasteada
sobre as suas raízes
e abandona no meu canto
a herança
e o assobio
do vento que te roça,
do antigo
e tempestuoso vento
da minha patria.

Deixa cair
na minha alma
as tuas romãs
para que as legiões
se alimentem
da tua espécie no meu canto.
Árvore nutriente, me entrega
a terreal argola que te amarra
na entranha chuvosa
da terra,
me entrega a tua resistência, o rosto
e as raízes
firmes
contra a inveja,
a invasão, a codicia,
o desacato.
As tuas armas deixas e velas
sobre o meu coração,
sobre os meus,
sobre os ombros
dos intrépidos,
porque à mesma luz de folhas e aurora,
areias e folhagens
eu vou com as bandeiras
ao chamado
profundo do meu povo!
Araucaria araucana,
aqui me tens.

 

Oda a Don Jorge Manrique
Poema de Pablo Neruda
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

Adiante, disse-lhe,
e entrou o bom cavaleiro
da morte.

Era de prata verde
a sua armadura
e os seus olhos
eram
como a água marinha.
As suas mãos e o seu rosto
eram de trigo.

Fala, disse-lhe, cavaleiro
Jorge,
não posso
opor senão o ar
às tuas estrofes.
De ferro e sombra foram,
de diamantes
obscuros
e cortadas
ficaram
no frio
das torres
da Espanha,
na pedra, na água,
na língua.

Então, ele me disse:
“É a hora
da vida.
Ai
se pudera
morder uma maçã,
apalpar a polvorenta
suavidade da farinha.
Ai se de novo
o cântico…
não à morte
daria
a minha palavra…
Creio
que o tempo obscuro
nos cegou
coração
e as suas raízes
baixaram e baixaram
às tumbas,
comeram
com a morte.
Sentença e oração foram as rosas
de aquelas sepultadas
primaveras
e, solitário trovador,
andei
calado nas moradas
transitórias:
todos os passos iam
a uma solene
eternidade
vazia.
Agora
me parece
que não está só o homem.
Nas suas mãos
elaborou
como si fosse um duro
Pão, a esperança,
A terrestre
esperança”.

Mirei e o cavaleiro
de pedra
era de ar.
Já não estava na cadeira.
Pela aberta janela
se estendiam as terras,
os países,
a luta, o trigo,
o vento

Graças, disse, don Jorge, cavaleiro.

E regressei ao meu dever de povo e canto.

Trabajo completo en
http://pedrosevylla.com/pablo-neruda/

 

 

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Cecília Meireles

Conocí a Cecília Meireles hace unos años, cinco o seis quizá. Desde entonces la tengo en mi altar literario. En aquel momento, después de las primeras lecturas, escribí: ¿Son los ojos, cielo sin fondo de nubes transparentes, de Cecília, lo importante para mí? ¿Lo es la mirada abierta y confiada, esos límites del Universo que ella alcanza? ¿Es el manantial inagotable de su sonrisa lo importante? Sí, porque su palabra simple y pura, surge en la mente armónica para expresar lo que ve su mirada; y para exponer lo recibido a través de todas las lenguas que entiende y habla. Sí, porque su rostro, y lo que el rostro revela del interior armónico, me entregan el estímulo necesario para profundizar en su obra. Para llegar más allá de su fértil imaginación, y de la fascinante facilidad de encantamiento. PSdeJ

La palabra sencilla y pura, surge en la mente armónica de Cecília Meireles, para expresar lo que su mirada ve; y para exponer ante los demás, lo recibido a través de todas las lenguas que entiende y habla. Su rostro, y lo que el rostro revela del interior armónico, me entregan el estímulo necesario para profundizar en su obra. Para llegar más allá de su fértil imaginación, y de la fascinante facilidad de encantamiento.
Las fotos de Cecília que yo había ido viendo como ilustración de su obra sencilla; la más popular, la que los lectores conocen de memoria y recitan; esas fotos en blanco y negro, algunas en sepia, me explicaban parcialmente sus razones. Los poemas cortos y bellos, que van de mano en mano, de boca en boca, contienen pensamiento y experiencia vital. Explican ellos, de manera recíproca su mirada nítida y su sonrisa de paisaje abierto a los espacios sin término. Esos poemas primeros de mi traducción, los aquí recogidos; estaban plenamente justificados ante la emoción y la lógica que me guían. Lo que quedaba sin explicación era la considerada su obra mayor: Romanceiro da Inconfidência, una poesía épica y narrativa muy adecuada para la tarea emprendida.
Pero, ¿porqué la mirada que yo conocía, y esa sonrisa, emprendieron tarea tan ardua? ¿De dónde salen, de repente, esa voluntad de acero, y ese sentimiento que la une a los que sufren, a las víctimas de la opresión del poderoso? ¿De dónde, esa valentía que la lleva, beligerante, a oponer su visión de los hechos históricos a la visión oficial, corrigiéndola?
Anoche, una amiga de Brasil, para ayudarme a conocer mejor a la poeta, me mandó una foto nueva. En el rostro fotografiado se exterioriza una Cecília que ha llegado a la madurez, asentándose sobre el almohadón de todo lo anterior. Una mujer nueva, seria, consolidada, fuerte; en la que la realidad de la existencia y del espacio mundo se han estampado, se han dibujado, se han grabado a buril. Ya es figura, ya es volumen, ya es escultura la foto que recibo. En ella están la niñez y la vida adulta, su relación con la muerte de hermanos y padres, su amada soledad constante. Esta foto, explica y justifica su obra fundamental. La escrita cuando lírica y épica se hicieron complementarias para ir de la mano. En Romanceiro sucede; herramienta, camino y objetivo son unidad y compromiso.
Así lo entiendo, porque también aparecen su resistencia a la adversidad, la preocupación social y la inquietud por los desvalidos, en poemas como As mulheres de Puri:
Alguém se lembrará de vosso corpo agachado, / deusas negras de castos peitos nus, / de vossas delgadas mãos a amontoarem pedras / para a construção dos caminhos. Escrito en su estancia en la India.
O en este otro anterior, Carta:
Eu sim,
mas os pobres, batendo às portas, sem resultado, pregando a noite e o dia con seu punho seco?
mas as crianças, que gritavam de coração alarmado: «por que
[ninguém nos responde?»
En ese poema nos dice las razones que yo le atribuía:
Ah! – eu, sim
– porque já chorei tudo, e despi meu corpo usado e triste
e as minhas lágrimas o lavaram, e o silêncio da noite o enxugou.
El Romanceiro de Inconfidência fue publicado en 1953, y pone la mirada en la historia del Estado brasileño de Minas Gerais, hasta la llamada Inconfidência Mineira, de finales del siglo XVIII. Une 84 romances en el estilo del romance hispano, más un prólogo y un cierre. Es tan de mi gusto ese modo de escribir…Me trae al presente los romances aprendidos de niño en el colegio, recitados con placer en las clases o en el salón de actos. Y los romances de ciego, que los juglares de mi época difundían por los pueblos, llegando al mío.
Inconfidência es una palabra de la lengua portuguesa que significa falta de lealtad o quiebra de la confianza depositada. Una revelación de secreto. Empleada en este caso como Conspiración, se refiere a la conspiración de 1789 en Minas, destinada a alcanzar la independencia de Brasil. Estos versos del libro pueden dar una idea clara de lo que se iba gestando: Correm avisos nos ares./ Há mistério, em cada encontro./ O Visconde, em seu palácio,/a fazer ouvidos moucos./Quem sabe o que andam planeando,/pelas Minas, os mazombos?/ A palavra Liberdade/ vive na boca de todos:/ quem não a proclama aos gritos,/murmura-a em tímido sopro.
Añado estos versos del mismo libro, para dar idea de lo que quiero decir con experiencia vital y pensamiento, en Cecília:
Ó vitórias, festas, flores/ das lutas da Independência! Liberdade – essa palavra/que o sonho humano alimenta:/ que não há ninguém que explique,/ e ninguém que não entenda!) Definición precisa y concisa del concepto Libertad, en los versos más conocidos y repetidos del libro.
Digo de Cecília Meireles, que es una mujer de pensamiento y experiencia vital, y ella misma nos explica en qué consiste eso:
“Em toda a vida, nunca me esforcei por ganhar nem me espantei por perder. A noção ou o sentimento da transitoriedade de tudo é o fundamento mesmo da minha personalidade.”
También nos dice que nació tres meses después de morir su padre, perdiendo a su madre antes de cumplir los tres años. Esas muertes esenciales, y otras más, como las de sus tres hermanos, ocurridas en la familia, crearon graves problemas materiales, pero formaron en ella, desde la niñez, cierta cercanía y hasta intimidad con la muerte. Cercanía e intimidad que la enseñaron, de una manera dulce, la relación aceptada entre lo Efímero y lo Eterno.
Vida y obra íntimamente ligadas, me permiten concluir con lo dicho de ella por el crítico húngaro, refugiado en Brasil y amigo de Aurélio Buarque de Holanda, Paulo Rónai: “Considero o lirismo de Cecília Meireles o mais elevado da moderna poesia de língua portuguesa. Nenhum outro poeta iguala o seu desprendimento, a sua fluidez, o seu poder transfigurador, a sua simplicidade e seu preciosismo, porque Cecília, só ela, se acerca da nossa poesia primitiva e do nosso lirismo espontâneo…A poesia de Cecília Meireles é uma das mais puras, belas e válidas manifestações da literatura contemporânea.” PSdeJ

Sus Poemas

Retrato
Poema de Cecília Meireles
Eu não tinha este rosto de hoje,
assim calmo, assim triste, assim magro,
nem estes olhos tão vazios,
nem o lábio amargo.

Eu não tinha estas mãos sem força,
tão paradas e frias e mortas;
eu não tinha este coração
que nem se mostra.

Eu não dei por esta mudança,
tão simples, tão certa, tão fácil:
– Em que espelho ficou perdida
a minha face?

Retrato Poema de Cecília Meireles
Tradução Pedro Sevylla de Juana

Yo no mostraba este rostro de ahora,
tan tranquilo, tan triste, tan delgado,
ni estos ojos vacíos,
ni el labio amargo.

No eran mías estas manos sin fuerza,
tan paradas, tan frías, tan muertas;
no sentía este corazón
que ni late apenas.

No me di cuenta del cambio,
tan paulatino, tan adecuado, tan sencillo:
– En que espejo quedó mi rostro
perdido?

 

Traze-me
Poema de Cecília Meireles

Traze-me um pouco das sombras serenas
que as nuvens transportam por cima do dia!
Um pouco de sombra, apenas,
– vê que nem te peço alegria.
Traze-me um pouco da alvura dos luares
que a noite sustenta no teu coração!
A alvura, apenas, dos ares:
– vê que nem te peço ilusão.
Traze-me um pouco da tua lembrança,
aroma perdido, saudade da flor!
-Vê que nem te digo – esperança!
-Vê que nem sequer sonho – amor!

 

Tráeme Poema de Cecília Meireles
Traducción de Pedro Sevylla de Juana

Tráeme el matiz de esas sombras serenas
que las nubes empujan en lo alto del día!
Una brizna de sombra, apenas,
– mira que no te pido alegría.
Envíame un atisbo del casto brillo lunar
que la noche mece en tu corazón!
El candor, tan solo, del suave céfiro:
– advierte que ni pretendo ilusión.
Acércame las pavesas de tu recuerdo,
fragancia perdida, nostalgia de la flor!
-Entiende que no te digo – esperanza!
-Nota que ni siquiera sueño – amor!

 

Motivo
Poema de Cecília Meireles

Eu canto porque o instante existe
e a minha vida está completa.
Não sou alegre nem sou triste:
sou poeta.

Irmão das coisas fugidias,
não sinto gozo nem tormento.
Atravesso noites e dias
no vento.

Se desmorono ou se edifico,
se permaneço ou me desfaço,
— não sei, não sei. Não sei se fico
ou passo.

Sei que canto. E a canção é tudo.
Tem sangue eterno a asa ritmada.
E um dia sei que estarei mudo:
— mais nada.

 

Motivo Poema de Cecília Meireles
Traducción de Pedro Sevylla de Juana

Canto porque el momento existe
y mi vida está llena.
No soy alegre ni triste:
simplemente, soy poeta.

Hermano de las cosas esquivas,
no siento deleite ni tormento.
Cruzo las noches y los días
cabalgando el viento.

Ya derribe o construya,
permanezca o me diluya,
– no sé, no sé. No sé si estoy
o es que me voy.

Sé que canto. Y la canción es la vida.
Tiene sangre inmortal y ritmo en las alas.
Sé que moriré un día:
– eso es todo, casi nada.

 

Canção
Poema de Cecília Meireles

Não te fies do tempo nem da eternidade
que as nuvens me puxam pelos vestidos,
que os ventos me arrastam contra o meu desejo.
Apressa-te, amor, que amanhã eu morro,
que amanhã morro e não te vejo!

Não demores tão longe, em lugar tão secreto,
nácar de silêncio que o mar comprime,
ó lábio, limite do instante absoluto!
Apressa-te, amor, que amanhã eu morro,
que amanhã morro e não te escuto!

Aparece-me agora, que ainda reconheço
a anêmona aberta na tua face
e em redor dos muros o vento inimigo…
Apressa-te, amor, que amanhã eu morro,
que amanhã morro e não te digo…

 

Canción Poema de Cecília Meireles
Traducción de Pedro Sevylla de Juana

¡No te fíes del tiempo ni de la eternidad,
que las nubes me agarran de los vestidos
que los vientos me arrastran contra mi voluntad!
!Apresúrate, amor, que mañana muero,
que mañana muero y ya no te veo!

No te quedes allá lejos, en lugar tan secreto,
nácar de silencio que el mar oprime,
el labio, término del instante eterno!
Apresúrate, amor, que mañana muero,
que mañana muero y ya no te siento!

Se me muestra ahora, que aún entiendo
la anémona abierta en tu semblante
y lame los muros el viento enemigo…
Apresúrate, amor, que mañana muero,
que mañana muero y ya no te digo…

 

Noções
Poema de Cecília Meireles

Entre mim e mim, há vastidões bastantes
para a navegação dos meus desejos afligidos.

Descem pela água minhas naves revestidas de espelhos.
Cada lâmina arrisca um olhar, e investiga o elemento que a atinge.

Mas, nesta aventura do sonho exposto à correnteza,
só recolho o gosto infinito das respostas que não se encontram.

Virei-me sobre a minha própria experiência, e contemplei-a.
Minha virtude era esta errância por mares contraditórios,
e este abandono para além da felicidade e da beleza.

Ó meu Deus, isto é minha alma:
qualquer coisa que flutua sobre este corpo efêmero e precário,
como o vento largo do oceano sobre a areia passiva e inúmera…

 

Nociones Poema de Cecília Meireles
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

Entre mí y yo, hay vastedades bastantes
para que naveguen mis deseos afligidos.

Descienden por el agua mis naves recubiertas de espejos.
Cada cuchilla arriesga una mirada, e investiga el elemento que la alcanza.

Pero, en esta aventura del sueño expuesto a la fluencia,
solo recojo el sabor infinito de las inexistentes respuestas.

Me volqué, contemplándola, sobre mi propia experiencia.
Mi virtud nacía de esa deriva por mares discordantes,
y de la renuncia más allá de la felicidad y de la belleza.

Oh mi Dios, es decir mi alma:
cualquier cosa que flote sobre este cuerpo efímero y precario,
como el dilatado viento del océano sobre la arena insensible e innúmera…

 

Ressurreição
Poema de Cecília Meireles

Não cantes, não cantes, porque vêm de longe os náufragos
vêm os presos, os tortos, os monges, os oradores, os suicidas.
Vêm as portas, de novo, e o frio das pedras, das escadas,
e, numa roupa preta, aquelas duas mãos antigas.

E uma vela de móvel chama fumosa. E os livros. E os escritos.
Não cantes. A praça cheia torna-se escura e subterrânea.
E meu nome se escuta a si mesmo, triste e falso.

Não cantes, não. Porque era a música da tua
voz que se ouvia. Sou morta recente, ainda com lágrimas.
Alguém cuspiu por distração sobre as minhas pestanas.
Por isso vi que era tão tarde.

E deixei nos meus pés ficar o sol e andarem moscas.
E dos meus dentes escorrer uma lenta saliva.
Não cantes, pois trancei o meu cabelo, agora,
e estou diante do espelho, e sei melhor que ando fugida.

 

Resurrección Poema de Cecília Meireles
Traducción de Pedro Sevylla

No cantes, no cantes, porque vienen de allá los náufragos
llegan los cautivos, los tuertos, los frailes, los oradores, los suicidas.
vienen las puertas, de nuevo, y el frío de las piedras, de las gradas,
y, en la ropa negra, aquellas dos manos antiguas.

Y una vela de inquieta llama humeante. Y los libros. Y los apuntes.
No cantes. La plaza llena se vuelve lóbrega y subterránea.
Y mi nombre se escucha a sí mismo, triste y hueco.

No cantes, no. Porque era la música de tu
voz la que se oía. Estoy recién muerta, llorosa aún.
Algún distraído baboseó sobre mis pestañas
Por eso noté que era tan tarde

Y permití que en mis pies diera el sol y se agitaran las moscas.
Y de mis dientes escapara una lenta saliba.
No cantes, pues retoqué mi cabello, ahora,
y estoy delante del espejo, y comprendo mejor que ando huida.

 

Reinvenção
Poema de Cecília Meireles

A vida só é possível
reinventada.

Anda o sol pelas campinas
e passeia a mão dourada
pelas águas, pelas folhas…
Ah! tudo bolhas
que vem de fundas piscinas
de ilusionismo… — mais nada.

Mas a vida, a vida, a vida,
a vida só é possível
reinventada.

Vem a lua, vem, retira
as algemas dos meus braços.
Projeto-me por espaços
cheios da tua Figura.
Tudo mentira! Mentira
da lua, na noite escura.

Não te encontro, não te alcanço…
Só — no tempo equilibrada,
desprendo-me do balanço
que além do tempo me leva.
Só — na treva,
fico: recebida e dada.

Porque a vida, a vida, a vida,
a vida só é possível
reinventada.

 

Recreación Poema de Cecília Meireles
Traducción Pedro Sevylla de Juana

La vida solo es posible
recreada.

Avanza el sol por las campiñas
y pasea la mano dorada
sobre las aguas, sobre las hojas…
!Ah! todo burbujas
que surgen de profundas piscinas
de ilusiones… — nada más.

Pero la vida, la vida, la vida,
la vida sólo es posible
recreada.

Viene la luna, viene, retira
las esposas de mis muñecas.
Me proyecto en espacios
saturados de tu Figura.
!Todo mentiras! Mentira
de la luna, en la noche oscura.

No te alcanzo, no te encuentro…
Sola — en el tiempo estabilizada,
del vaivén me desprendo
que más allá del tiempo me traslada.
Sola — en la oscuridad,
quedo: recibida y entregada.

Porque la vida, la vida, la vida,
la vida solo es posible
recreada.

 

Carta
Poema de Cecília Meireles

Eu sim – mas a estrela da tarde que subia e descia o céu
[cansada e esquecida?
mas os pobres, batendo às portas, sem resultado, pregando a noite
[e o dia com seu punho seco?
mas as crianças, que gritavam de coração alarmado: «por que
[ninguém nos responde?»
mas os caminhos, mas os caminhos vazios, com suas mãos
[estendidas à toa?
mas o santo imóvel, deixando as coisas continuarem seu rumo?
e as músicas dentro de caixas, suspirando de asas fechadas?

Ah! – eu, sim – porque já chorei tudo, e despi meu corpo
[usado e triste
e as minhas lágrimas o lavaram, e o silêncio da noite o enxugou.
mas os mortos, que dentro do chão sonhavam com pombos leves
[e flores claras
mas os que no meio do mar pensavam na mensagem que a praia
desenrolaria rapidamente até seus dedos…
mas os que adormeceram, de tão excessiva vigília – e eu não sei
[mais se acordarão…
e os que morreram de tanta espera… – e que nem sei se foram
[salvos…

Eu, sim. mas tudo isso, todos esses olhos postados em ti, no alto
[da vida
não sei se te olharão como eu
renascida de mim, e desprovida de vinganças
no dia em que precisares de perdão

Carta Poema de Cecília Meireles
Tradução de Pedro Sevylla

Yo, sí. — Pero la estrella de la noche, que ascendía
[y descendía del cielo, fatigada y desconocida?
Pero los pobres, golpeando las puertas, sin consecuencia,
[arremetiendo contra la noche y el día
[con su puño descarnado?
Y los niños, que gritaban con el corazón sobresaltado:
[“por qué nadie nos responde?”
Y los caminos, los caminos vacíos, con sus manos
[abiertas sin ton ni son?
Y el Santo inmutable, permitiendo a las cosas
[seguir su derrotero?
Y las músicas silenciadas en cajas, suspirando
[con las alas encogidas?
Ah! — Yo, sí — porque ya lloré todo, y desnudé
[mi cuerpo ajado y triste, y mis lágrimas
[lo purificaron, y el silencio de la noche lo enjugó.
Pero los muertos, que enterrados soñaban con
[palomos ligeros y flores límpidas,
y los que en altamar esperaban el mensaje que
[la playa desplegaría rauda hasta sus dedos…
Y los que dieron cabezadas, debido a tan larga vigilia
[ — de los que ignoro si despertarán…
y los que murieron de tanto esperar… — de los que ignoro
[si se salvaron.

Yo, sí, Pero todo eso, todos esos ojos puestos en
[su propio ser, en lo alto de la vida.
no sé si te mirarán como yo,
renacida de mí, y despojada de venganzas,
el día que necesites perdón.

 

Despedida
Poema de Cecília Meireles

Por mim, e por vós, e por mais aquilo
que está onde as outras coisas nunca estão,
deixo o mar bravo e o céu tranqüilo:
quero solidão.

Meu caminho é sem marcos nem paisagens.
E como o conheces? – me perguntarão.
– Por não ter palavras, por não ter imagens.
Nenhum inimigo e nenhum irmão.

Que procuras? – Tudo. Que desejas? – Nada.
Viajo sozinha com o meu coração.
Não ando perdida, mas desencontrada.
Levo o meu rumo na minha mão.

A memória voou da minha fronte.
Voou meu amor, minha imaginação…
Talvez eu morra antes do horizonte.
Memória, amor e o resto onde estarão?

Deixo aqui meu corpo, entre o sol e a terra.
(Beijo-te, corpo meu, todo desilusão!
Estandarte triste de uma estranha guerra…)
Quero solidão.

 

Despedida Poema de Cecília Meireles
Traducción de Pedro Sevylla de Juana

Por mí, y por vosotros, y por lo de más allá
que está donde las otras cosas nunca están
dejo el mar animoso y el cielo tranquilo:
quiero soledad.

Mi camino no tiene mojones ni paisajes.
¿Y como lo conoces ? – me preguntarán. –
Porque Carece de palabras, porque le falta imagen.
Ningún enemigo y ningún hermano.

¿Qué buscas ? Todo. ¿Qué deseas ? Nada.
Viajo sola con mi corazón.
No ando perdida, aunque si desencontrada.
Llevo mi rumbo en la mano.

La memoria voló de mi cabeza.
Voló mi amor, mi imaginación…
Tal vez muera antes de alcanzar el horizonte.
Memoria, amor y el resto ¿donde estarán?

Dejo aquí mi cuerpo, entre el sol y la tierra.
(Te beso, cuerpo mío, todo desencanto!
Estandarte triste de una extraña guerra … )

Quiero soledad.

 

Romanceiro da Inconfidência (Trecho)
Poema de Cecília Meireles

A bússola mira.
Toma para leste.
Dez dias de marcha
até que atravesse
campinas e montes
que com os olhos mede:
tão verdes… tão longos…
(E ninguém percebe
como é necessário
que terra tão fértil,
tão bela e tão rica
por si se governe!)
Águas de ouro puro
seu cavalo bebe.
Entre sede e espuma,
os diamantes fervem…
(A terra tão rica
e – ó almas inertes! –
o povo tão pobre…
Ninguém que proteste!
Se fossem como ele,
a alto sonho entregue!)
Suspiram as aves.
A tarde escurece.
(Voltará fidalgo,
livre de reveses,
com tantos cruzados…)
Discute. Reflete.
Brinda aos novos tempos!

 

Romanceiro de Inconfidência (Fragmento)
Poema de Cecília Meireles
Traducción: Pedro Sevylla de Juana

La brújula mira.
Se dirige al este.
Diez días de marcha
hasta que atraviese
campiñas y montes
que con los ojos mide:
tan verdes…tan vastos…
(Y nadie percibe
que es muy necesario
que tierra tan fértil,
tan bella y tan rica
por ella se gobierne)
Aguas de oro puro
su caballo bebe.
Entre sed y espuma
los diamantes hierven…
(La tierra tan rica
Y –oh almas inertes!
El pueblo tan pobre…
Nadie que proteste!
Si fuesen como él,
Al alto sueño entregado!)
Suspiran las aves
La tarde oscurece.
(Regresará hidalgo,
libre de reveses,
con tantos cruzados…)
Delibera. Reflexiona.
Brinda por los nuevos tiempos!

Trabajo completo en
http://pedrosevylla.com/cecilia-meireles/

 

 

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José Asunción Silva

En cuanto, el 4 de agosto de 1789, la Asamblea Nacional Francesa aprobó el texto de consagración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, Antonio Amador José de Nariño y Álvarez del Casal, hijo de españoles nacido en Santa Fe de Bogotá, lo tradujo y dio a conocer. Causa o consecuencia, por ello fue perseguido y hecho prisionero –escapadas y entregas- enfermo de llagas y tuberculosis, durante 23 años de su vida. La activa biografía de este periodista, intelectual, político y militar, a favor de la emancipación de las colonias españolas, le llevó a colaborar con Simón Bolívar en 1821, quien lo escogió como Vicepresidente de Colombia. Se dice pronto, pero su esfuerzo y penalidades fueron largos. Es de destacar que la circulación de ese texto había sido prohibida en las Colonias españolas por el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, y que las dos copias imprimidas no fueron leídas por más de veinte personas.

Poco tiempo después, en términos históricos, 1865, nació en Bogotá José Asunción Silva. La sociedad de su espacio no había cambiado mucho; pero en cuanto a lo cultural puede decirse que comenzaban a inquietarse los cimientos. En 1882, José Julián Martí publicó el poemario dedicado a su hijo José Francisco con el título de “Ismaelillo”. En 1888, el desmesurado Rubén Dario publica Azul. Modernismo, la palabra sacra. El modernismo es un movimiento arrollador, ola gigantesca, tsunami; pero irregular considerando el conjunto de países, donde la península ibérica ya no es referencia obligada. Podemos hacer unidad de lo iberoamericano, pero en Brasil el modernismo se convierte en una forma de vida cultural que, transformándose, evolucionando, no acaba. Quizá ocurra algo así en otros países. El estudio de los movimientos: mezcla de club social, liturgia de iluminados religiosos y verdadera rebeldía de esforzados; solo se puede hacer a posteriori.
La credibilidad y consecuencia de esos estudios dependen de la personalidad científica de quienes los hagan. Manuel Bandeira es considerado precursor del modernismo en Brasil, José Asunción Silva precursor del modernismo en Colombia. Yo creo que el precursor es modernista o no lo es, y que lo es en una obra aunque no lo haya sido en otra anterior. París como meta, la ciudad obrador de intelectuales de la que vuelven amasados y cocidos como modernistas quienes allí fueron. Hubo momentos en que París: pintores, bohemios, vividores o poetas, fue iberoamericano. Incluso en mi época juvenil París era un imán. Mucho tiempo después, allí llegué con veinte años, y me pasé el tiempo buscando llaves para abrir las puertas que llevaban al futuro.

Pero el futuro que buscaba era aún más amplio y más profundo: lo Universal, el Universalismo: donde cabe lo de abajo y lo de arriba, estrellas y electrones, lo enorme y lo minúsculo; pasado, presente y futuro, mezcla de géneros e idiomas. Pensé que todo iba a desembocar en el universalismo, pero hoy día se da la coexistencia social de lo medieval con la modernidad del siglo XXI, y en cada país hay un poco de vanguardia y mucha continuidad. Y las censuras, como siempre, frenando vanguardias.

A los diez años José Asunción Silva escribe el poema “La primera comunión”. A los diecinueve pasa un año en Europa y regresa diez años mayor: poeta consumado y varón perfecto: culto, elegante, educado, serio, trabajador, practicante de la amistad bien entendida. Lo amó el cariño, lo odió la envidia. Al igual que Luís de Camões naufraga y pierde sus trabajos en el agua. Del portugués se ha dicho y se ha dibujado -hasta un sello de correos lo muestra- que, nadando con un brazo, salvó sus escritos en el otro alzado. El bogotano perdió parte de su obra, obra importante de una vida corta. Pero José Asunción Silva se define como escritor en cada uno de sus escritos, en cada una de sus traducciones, en su correspondencia. Es lo que es y es mucho, por eso importa menos lo que perdió o lo que pudo haber escrito en una madurez imaginada, que él, no obstante, adelantó.
La vida y la muerte iban de la mano a los ojos de Silva; y en “Gotas amargas” la muerte ya es algo propio. Alcanzar las estrellas con las manos, desde las raíces terrenas de los pies, fue su empeño imposible. Tomo para traducirlo el largo poema titulado “Al pie de la estatua”, porque en él recoge las formas y los fondos de Jorge Manrique y de Rubén Darío, para sumarlos a los suyos con una naturalidad sorprendente.

Al pie de la estatua.
A Caracas
Poema de José Asunción Silva

Con majestad de semidiós cansado
por un combate rudo,
y expresión de mortal melancolía
álzase el bronce mudo
que el embate del tiempo desafía,
sobre marmóreo pedestal que ostenta
de las libres naciones el escudo
y las batallas formidables cuenta;
y su perfil severo,
que del sol baña la naciente gloria,
parece dominar desde la altura
el horizonte inmenso de la historia.
Un mundo de nobleza se adivina
en la grave expresión de la escultura
que el triunfador acero a tierra inclina
con noble y melancólica postura,
y tiene el monumento soberano,
alzado de los hombres para ejemplo,
lo triste de una tumba -do no llega
el vocerío del tumulto humano-
y la solemne majestad de un templo.
Amplio jardín florido lo circunda
y se extiende a sus pies, donde la brisa
que entre las flores pasa
con los cálices frescos se perfuma,
y la luz matinal brilla y se irisa
de claros surtidores en la espuma;
y, do bajo lo verde
de las tupidas frondas,
sobre la grama de la tierra negra,
loca turba infantil juega y se pierde
y del lugar la soledad alegra
al agitarse en cadenciosas rondas,
forjando con las risas y los gritos
de las húmedas bocas encarnadas,
con las rizosas cabecitas blondas
y las frescas mejillas sonrosadas,
un idilio de vida sonriente
y de alegría fatua,
al pie del pedestal donde imponente
se alza sobre el cielo transparente
la epopeya de bronce de la estatua.
Nada la escena dice
al que pasa a su lado indiferente
sin que la poëtice
en su alma el patrio sentimiento…
Fija
en ella sus miradas el poeta,
con quien conversa el alma de las cosas,
en son que lo fascina,
para quien tienen una voz secreta
las leves lamas grises y verdosas
que al brotar en la estatua alabastrina
del beso de los siglos son señales,
y a quien narran leyendas misteriosas
las sombras de las viejas catedrales.
Y al ver el bronce austero
que sobre el alto pedestal evoca
al héroe invicto de la magna lucha,
una voz misteriosa que lo toca
en lo más hondo de su ser escucha
y en el amplio jardín detiene el paso.
Dice la voz de la ignorada boca
que en el fondo del alma le habla paso:
«¡Oh, mira el bronce, mira
cuál se alza, en el íntimo reposo
de la materia inerte,
y qué solemne majestad respira
la estatua del coloso
vencedora del tiempo y de la muerte!
¡Que resuene tu lira
para decir que el viento de los siglos
que al soplar al través de las edades,
va tornando en pavesas
tronos, imperios, pueblos y ciudades,
se trueca en brisa mansa
cuando su frente pensativa besa!
«En la feraz llanura
vivió feliz el indio, cuya seca
momia, por mano amiga sepultada,
duerme en el fondo de la cripta hueca,
ha siglos olvidada.
A la orilla del lago
en donde el agua, cuando el sol se oculta,
forja un paisaje tenebroso y vago,
¡ha siglos vino hispano aventurero
atravesando la maleza inculta
a abrevar el ligero
corcel, cansado del penoso viaje,
cuyas recias pisadas despertaron
los dormidos murmullos del follaje!

«¡Como sombras pasaron!
¿Quién sus nombres conserva en la memoria?
¡Cómo escapa, perdido,
de las hondas tinieblas del olvido
un pueblo al veredicto de la historia!
¡Cuántas generaciones olvidadas,
hoy en las sombras de lo ignoto duermen,
a la fecunda tierra entremezcladas,
do el humus yace y se dilata el germen,
que no dejaron al pasar más huellas,
con sus glorias, sus luchas y sus duelos,
que la que deja el pájaro que cruza
el azul transparente de los cielos!

«¡Cuántas! Y en cambio, escucha:
¡Una sola, una sola
generación se engrandeció en la lucha
que redimió a la América Española!
¡Y legó a los poetas del futuro
más nombres que cantar, más heroísmos
que narrar a las gentes venideras,
que astros guarda el espacio en sus abismos
y conchas tiene el mar en sus riberas!

«Cuenta la grande hazaña
de aquella juventud que decidida
en guerra abierta con la madre España,
ofrendó sangre, bienestar y vida;
canta las rudas épocas guerreras,
de luchas; los potentes paladines
de cuerpos de titán y almas enteras,
que de América esclava los confines
desplegadas al aire las banderas,
y al rudo galopar de sus bridones
recorrieron, llamando a las naciones
con el bélico son de sus clarines.
Y en la oda potente
que en sus estrofas sonorosas cuente
el esfuerzo tenaz, la lidia, dura,
que dieron libertad a un continente
y al hispano dominio sepultura,
¡haz surgir la figura
del Padre de la Patria, cuyas huellas
irradian del pasado
en el fondo sombrío,
como en las noches plácidas y bellas
Júpiter coronado de centellas,
hace palidecer en el vacío
la lumbre sideral de las estrellas!

«No lo evoque tu acento
cuando el designio soberano toma
de redimir la América oprimida,
en la hora sublime y taciturna
en que pronuncia el grave juramento
de la cesárea Roma
en la desierta soledad nocturna;
no, cuando en el fragor de la batalla,
en sus ojos la idea,
con eléctrico brillo centellea,
mientras que la metralla
y el bronco resonar de los cañones
y el ímpetu de rayo
de los americanos batallones,
pavor y angustia extrema
siembran en los deshechos escuadrones
de los nietos del Cid y de Pelayo;
no, cuando la Victoria,
como mujer enamorada, sigue
el paso audaz de su corcel fogoso
que va a beber del Rímac en las ondas,
y se le entrega loca y lo persigue;
no, cuando brinda opima
cosecha de placeres soberanos,
a sus sentidos la opulenta Lima,
ni cuando el gran concierto
de un continente, Padre le proclama,
y «arbitro de la paz y de la guerra»
y su nombre la Fama
esparce a los confines de la tierra.
No, no lo cantes en las horas buenas
en que, unido a los vítores triunfales,
vibró en su oído el son de las cadenas,
que rompió, de los tiempos coloniales:
cántalo en las derrotas,
en la escena de grave desaliento
en que sus huestes considera rotas
por las hispanas filas,
y perdida la causa sacrosanta,
y una lágrima viene a sus pupilas,
y la voz se le anuda en la garganta,
y recobrando brío,
y dominando el cuerpo que estremece
de la fiebre el sutil escalofrío,
grita: «Triunfar».
Y la tristeza exalta
de tenebrosa noche de septiembre
cuyos negros recuerdos nos oprimen,
en que la turba su morada asalta,
y femenil amor evita el crimen
infando… Y luego cuenta
las graves decepciones
que aniquilan su ser; las pequeñeces
de míseras pasiones,
que, por el campo en que soñó abundante
cosecha ver de sazonadas mieses,
van extendiendo míseras raíces
en torno, cual la yerba
que el vigor de los gérmenes enerva
y mata, al envolverlos en sus lazos.
Di su sueño más grande hecho pedazos.
¡Di el horror suicida
de la primera contienda fratricida,
en que, perdidos los ensueños grandes
de planes soberanos,
las colosales gradas de los Andes
moja sangre de hermanos!
¡Oh! Di cuando clarea
el misterioso panorama oscuro
que ofrece a sus miradas el futuro,
y con sus ojos de águila sondea
hasta el fin de los tiempos, y adivina
el porvenir de luchas y de horrores
que le aguarda a la América latina.
Di las melancolías
de sus últimos días
cuando a la orilla de la mar, a solas
sus tristezas profundas acompaña
el tumulto verdoso de las olas;
¡cuenta sus postrimeras agonías!
«Otros canten el néctar
que su labio libó: di tú las hieles;
tú que sabes la magia soberana
que tienen las ruïnas,
y al placer huyes, y su pompa vana,
y en la tristeza complacerte sueles,
di en tus versos, con frases peregrinas
la corona de espinas
que colocó la ingratitud humana
en su frente, ceñida de laureles.
Y haz el poema sabio
lleno de misteriosas armonías,
tal que, al decirlo, purifique el labio
como el carbón ardiente de Isaías;
hazlo un grano de incienso
que arda, en desagravio
a su grandeza, que a la tierra asombra,
y al levantarse al cielo un humo denso
trueque en sonrisa blanda
el ceño grave de su augusta sombra!

«Deja que, al conmoverse cada fibra
de tu ser, con las glorias que recuerdas,
en ella vibre un canto, como vibra
una nota melódica en las cuerdas
del teclado sonoro;
la débil voz levanta:
inmensa multitud formará el coro;
¡flota en la luz del sol, estrofa santa!
¡vibrad, liras sonoras del espíritu!
¡Álzate, inspiración, poeta, canta…!»

«¡Oh, no! Cuanto pudiera
(así en interno diálogo responde,
del poeta la voz), el bronce augusto
sugerir de emoción grave y sincera,
escrito está en la forma
que en clásico decir buscó su norma,
por quien bebió en la vena
de la robusta inspiración latina
y apartando la arena
tomó el oro más puro de la mina
y lo fundió con cariñoso esmero,
y en estrofas pulidas cual medallas
grabó el perfil del ínclito guerrero …
«¡Oh recuerdos de trágicas batallas!
¡Oh recuerdos de luchas y victorias!
¡No será nuestra enclenque
generación menguada
la que entrar ose al épico palenque
a cantar nuestras glorias!
¡Oh siglo que declinas:
te falta el sentimiento de lo grande!».
Calla el poeta; y si la estrofa escande
huye la vasta pompa
y le da blando son de bandolinas
¡Y no tañido de guerrera trompa!

«¡Oh sacrosantos manes
de los que «Patria y libertad» clamando
perecisteis en trágicas palestras:
más bien que orgullo, humillación sentimos
si vamos comparando
nuestras vidas triviales con las vuestras!
somos como enfermizo descendiente
de alguna fuerte raza,
que expuestos en histórica vitrina
mira el escudo, el yelmo, la tizona
y la férrea coraza
que para combatir de Palestina
en la distante zona,
en la Cruzada, se ciñó el abuelo;
al pensar, baja la mirada al suelo,
con vergüenza sombría,
que si el arnés pesado revistiera
de aquel cuya firmeza y bizarría
en el campo feral causaba asombros,
bajo su grave peso cedería
la escasa resistencia de sus hombros…

¡Oh padre de la Patria!
Te sobran nuestros cantos; tu memoria
cual bajel poderoso,
irá surcando el oceano oscuro
que ante su dura quilla abre la historia
y llegará a las playas del futuro.
Junto a lo perdurable de tu gloria,
es el rítmico acento
de los que te cantamos,
cual los débiles gritos de contento
que lanzan esos niños, cuando en torno
giran del monumento;
mañana, tras la vida borrascosa,
dormirán en la tumba hechos ceniza,
y aun alzará a los cielos su contorno
el bronce que tu gloria inmortaliza.
Dice el poeta, y tiende la mirada,
por el amplio jardín, donde la brisa
que entre las flores pasa,
en los cálices frescos se perfuma,
y la luz matinal brilla y se irisa
de claros surtidores en la espuma;
y, do, bajo lo verde
de las tupidas frondas,
sobre la grama de la tierra negra,
Loca turba infantil grita y se pierde
y la tristeza del lugar alegra
Al agitarse en cadenciosas rondas,
forjando con las risas y los gritos
de las húmedas bocas encarnadas,
con las rizosas cabecitas blondas
y las frescas mejillas sonrosadas,
un idilio de vida sonriente
Y de alegría fatua
Al pie del pedestal, donde imponente
se alza sobre el cielo transparente
la epopeya de bronce de la estatua.

(Poema de “Libro de Versos”. Silva leyó este poema en 1895, el día de la fiesta nacional de Venezuela, durante la recepción que el ministro de ese país ofreció en Bogotá. Está incluido en “Obra completa de José Asunción Silva”, edición crítica del Centenario. Héctor H. Orjuela, Coordinador)

 

Ao pé da estátua
Poema de José Asunción Silva
Tradução Pedro Sevylla de Juana

Com majestade de semideus cansado
por um combate rudo
e expressão de mortal melancolia,
alçasse o bronze mudo
que o embate do tempo desafia,
sobre marmóreo pedestal que ostenta
das livres nações o escudo
e as batalhas formidáveis conta;
e seu perfil severo,
que do sol banha a nascente glória,
parece dominar desde a altura
o horizonte imenso da história.
Um mundo de nobreza se adivinha
na grave expressão da escultura
que o triunfador aço a terra inclina
com nobre e melancólica postura;
e tem o monumento soberano,
alçado dos homens para exemplo,
o triste de uma tumba -onde não chega
a vozearia do tumulto humano-
e a solene majestade dum templo.
Amplo jardim florido o circunda
e se estende a seus pés, onde a brisa
que entre as flores passa
com os cálices frescos se perfuma,
e a luz matinal brilha e se irisa
de claros chafarizes na escuma;
e, onde baixo o verde
das florestas,
sobre a grama da terra negra,
louca turba infantil joga e se perde
e do lugar a solidão alegra
ao se agitar em cadenciosas rondas,
forjando com os risos e os gritos
das húmidas bocas encarnadas,
com as cacheadas cabecinhas louras
e as frescas bochechas rosadas,
um idílio de vida sorridente
e de alegria fátua,
ao pé do pedestal onde imponente
se alça sobre o céu transparente
a epopeia de bronze da estátua.
Nada a cena diz
ao que passa a seu lado indiferente
sem que a poetize
na sua alma o pátrio sentimento…
Fixa
nela suas miradas o poeta,
com quem conversa o alma das coisas,
em som que o fascina,
para quem têm uma voz secreta
os leves mofos cinzas e verdosos
que ao brotar na estátua alabastrina
do beijo dos séculos são sinais,
e a quem narram lendas misteriosas
as sombras das velhas catedrais.
E ao ver o bronze austero
que sobre o crescido pedestal evoca
ao herói invicto da magna luta,
uma voz misteriosa que o toca
no mais fundo de seu ser escuta
e no amplo jardim detém o passo.
Diz a voz da ignorada boca
que no fundo do alma lhe fala passo:
«Oh, olha o bronze, olha
qual se alça, no íntimo repouso
da matéria inerte,
e daí solene majestade respira
a estátua do colosso
vencedora do tempo e da morte!
Que ressoe tua lira
para dizer que o vento dos séculos
que soprando a través das idades,
vai volvendo faíscas quietas
tronos, impérios, povos e cidades,
se troca em brisa mansa
quando sua testa pensativa beija!

«Na feraz planície
viveu feliz o índio, cuja seca
múmia, por mão amiga sepultada,
dorme no fundo da cripta oca,
faz séculos esquecida.
À beira do lago
onde a água, quando o sol se oculta,
forja uma paisagem tenebrosa e vadia,
faz séculos veio hispano aventureiro
atravessando a moita inculta
a abeberar o ligeiro
corcel, fatigado da penosa viagem,
cujas fortes pegadas acordaram
os dormidos murmúrios da folhagem!

«Como sombras passaram!
Quem seus nomes conserva na memória?
Como escapa, perdido,
das fundas trevas do olvido
um povo ao veredicto da história!
Quantas gerações esquecidas,
hoje nas sombras do ignoto dormem,
à fecunda terra entremescladas,
do o humus jaz e se dilata o germe,
que não deixaram ao passar mais pegadas,
com suas glórias, suas lutas e seus duelos,
que a deixada pelo pássaro que cruza
o azul transparente dos céus!

«Quantas! E ao contrário, escuta:
Uma única, uma sozinha
geração se engrandeceu na luta
que remiu à América Espanhola!
E legou aos poetas do futuro
mais nomes que cantar, mais heroísmos
que narrar às gentes vindouras,
que astros guarda o espaço em seus abismos
e conchas tem o mar em suas bordas!

«Conta a grande façanha
daquela juventude que decidida
em guerra aberta com a mãe Espanha,
oferendou sangue, bem-estar e vida;
canta as rudas épocas guerreiras,
de lutas; os potentes paladinos
de corpos de titã e almas inteiras,
que de América escrava os confins
despregadas ao ar as bandeiras,
e ao rudo galopar de seus bridões
percorreram, chamando às nações
com o bélico som de seus clarins.
E na ode potente
que em suas estrofas sonorosas conte
o esforço tenaz, a lide, dura,
que deram liberdade a um continente
e ao hispano domínio sepultura,
faz surgir a figura
do Pai da Pátria, cujas pegadas
irradian do passado
no fundo sombrio,
como nas noites plácidas e belas
Júpiter coroado de centelhas,
faz palidecer no vazio
a lume sideral das estrelas!

«Não o evoque o teu acento
quando o desígnio soberano toma
de redimir a América oprimida,
na hora sublime e taciturna
em que pronúncia o grave juramento
da cesárea Roma
na deserta solidão noturna;
não, quando no fragor da batalha,
no seus olhos a ideia,
com elétrico brilho centelha,
enquanto a metralha
e o áspero ressoar dos canhões
e o ímpeto de raio
dos americanos batalhões,
pavor e angústia extrema
semeiam nos desfeitos esquadrões
dos netos do Cid e de Pelayo;
não, quando a Vitória,
como mulher apaixonada, segue
o passo audaz de seu corcel fogoso
que vai beber do Rímac nas ondas,
e se lhe entrega louca e o persegue;
não, quando brinda opima
colheita de prazeres soberanos,
a seus sentidos a opulenta Lima,
nem quando o grande concerto
dum continente, Pai lhe proclama,
e «árbitro da paz e da guerra»
e seu nome a Fama
esparge aos confins da terra.
Não, não o cantes nas horas boas
em que, unido aos vivas triunfais,
vibrou no seu ouvido o som das cadeias,
que rompeu, dos tempos coloniais:
o canta nas derrotas,
na cena de grave desalento
em que suas hostes considera rotas
pelas hispanas filas,
e perdida a causa sacrossanta,
e uma lágrima vem a suas pupilas,
e a voz se lhe pega na garganta,
e recobrando brío,
e dominando o corpo que estremece
da febre o subtil escalafrío,
grita: «Triunfar».
E a tristeza exalta
de tenebrosa noite de setembro
cujas negras lembranças nos oprimem,
em que a turba sua morada assalta,
e feminil amor evita o crime
infando… E depois conta
as graves decepções
que aniquilam seu ser; as pequenezes
de míseras paixões,
que, pelo campo em que sonhou abundante
colheita ver de sazonadas messes,
vão estendendo míseras raízes
em torno, qual a erva
que o vigor dos germes enerva
e mata, ao os envolver em seus laços.
Dei seu sonho maior feito pedaços.
Dei o horror suicida
da primeira contenda fratricida,
em que, perdidos os sonhos grandes
de planos soberanos,
as colosales arquibancadas de os Andes
molha sangue de irmãos!
Ó! Dei quando clarea
o misterioso panorama escuro
que oferece a suas miradas o futuro,
e com seus olhos de águia sondea
até o fim dos tempos, e adivinha
o porvir de lutas e de horrores
que lhe aguarda à América Latina.
Dei as melancolias
dos seus últimos dias
quando à orla da mar, a sós
suas tristezas profundas acompanha
o tumulto verdoso das ondas;
conta suas postremas agonias!
«Outros cantem o néctar
que seu lábio libou: dei tu as féis;
tu que sabes a magia soberana
que têm as ruínas,
e ao prazer foges, e sua pompa vã,
e na tristeza te comprazer costumas,
dei em teus versos, com frases peregrinas
a coroa de espinhas
que colocou a ingratidão humana
na sua testa, cingida de lauréis.
E faz o poema sábio
cheio de misteriosas harmonias,
tal como, ao o dizer, purifique o lábio
como o carvão ardente de Isaías;
o faz um grão de incenso
que arda, em desagravo
a sua grandeza, que à terra assombra,
e ao se levantar para o ceu un fumo denso
troque em sorriso macio
o cenho grave da sua augusta sombra!

«Deixa que, ao se comover todas as fibras
de teu ser, com as glórias que recordas,
nela vibre um canto, como vibra
uma nota melódica nas cordas
do teclado sonoro;
a débil voz levanta:
imensa multidão formará o coro;
flutua na luz do sol, estrofe santa!
vibrem, liras sonoras do espírito!
Levanta, inspiração, poeta, canta!…»

«Oh, não! Quanto pudesse
(assim em interno diálogo responde,
do poeta a voz), o bronze augusto
sugerir de emoção grave e sincera,
escrito está na forma
que em clássico dizer buscou sua norma,
por quem bebeu na veia
da robusta inspiração latina
e apartando a areia
tomou o ouro mais puro da mina
e o fundiu com carinhoso esmero,
e em estrofes polidas qual medalhas
gravou o perfil do ínclito guerreiro …
«Oh lembranças de trágicas batalhas!
Oh lembranças de lutas e vitórias!
Não será nossa enclenque
geração minguada
a que entrar ouse ao épico palanque
a cantar nossas glórias!
Oh século que declinas:
Te falta o sentimento do grande!».
Cala o poeta; e se a estrofe escande
foge a vasta pompa
e lhe dá macio som de bandoletas
E não retumbo de guerreira trompa!

«Oh sacrossantos manes
dos que «Pátria e Liberdade» clamando
perecestes em trágicas palestras:
mais bem que orgulho, humilhação sentimos
se vamos comparando
nossas vidas triviais com as vossas!
somos como enfermiço descendente
de alguma forte raça,
que expostos em histórica vitrina
olha o escudo, o elmo, a tizona
e a férrea couraça
que para combater de Palestina
na distante zona,
na Cruzada, se cingiu o avô;
ao pensar, baixa a mirada ao solo,
com vergonha sombria,
que se o arnés pesado revestisse
daquele cuja firmeza e bizarria
no campo feral causava assombros,
baixo o seu grave peso cederia
a escassa resistência de seus ombros…

Oh Pai da Pátria!
te sobram nossos cantos; tua memória
qual baixel poderoso,
irá sulcando o oceano escuro
que ante sua rija quilha abre a história
e chegará às praias do futuro.
Junto ao perdurável da tua glória,
é o rítmico acento
dos que te cantamos,
qual os debéis gritos de contente
que lançam esses meninos, quando em torno
giram do monumento;
amanhã, trás da vida borrascosa,
dormirão na tumba feitos cinza,
e ainda alçará aos céus seu contorno
o bronze que tua glória imortaliza.

Diz o poeta, e tende a mirada,
pelo amplo jardim, onde a brisa
que entre as flores passa,
nos cálices frescos se perfuma,
e a luz matinal brilha e se irisa
de claros chafarizes na escuma;
e, onde, baixo o verde
das espessas frondes,
sobre a grama da terra preta,
louca turba infantil grita e se perde
e a aflição do lugar alegra
Ao se agitar em cadenciadas rodas,
forjando com os risos e os gritos
das húmidas bocas encarnadas,
com as cacheadas cabecinhas louras
e as frescas bochechas sonrosadas,
um idílio de vida sorridente
E de alegria fátua
Ao pé do pedestal, onde imponente
se alça sobre o céu transparente
a epopeia de bronze da estátua.

(Traducir es penetrar en palabra y pensamiento,
es abrir lo cerrado y confirmar lo cierto.
Ahora conozco de Silva la intención,
su idea, su afán y su ilusión).
PSdeJ

Trabajo completo en
http://pedrosevylla.com/jose-asuncion-silva/

 

 

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Carolina Maria de Jesus

“Para los lectores de esta edición de ‘Quarto de despejo’, es preciso que yo me presente. Entré en la historia de este libro como periodista, verde aún, con la emoción y la certeza de quien creía poder cambiar el mundo. O, por lo menos, la favela del Canindé y otras favelas desperdigadas por Brasil. Como reportero, fui encargado de escribir un contenido sobre la favela que se expandía por la orilla el rio Tieté, en el barrio de Canindé. Allí, en el revuelo de la favela, encontré a la negra Carolina, que asumió el papel de alguien con algo que decir. ¡Y tenía!, tanto es así que, al instante, desistí de escribir el artículo”. Es mi traducción de lo que dice Audálio Dantas en el preámbulo del libro, refiriéndose al momento aquel en que descubrió, garimpeiro sin imaginárselo, el gran placer aurífero que lanzó su nombre al presente y al futuro, unido al de Carolina María de Jesús, negra con alma blanca.
El hambre es aire en el estómago, agua sucia; a veces hierbajos que no se pueden digerir; vacío e hinchazón. El hambre es amarilla de toda amarillez, lo sabe Carolina; el hambre es sombra intensa, es palidez sepulcral, es viento airado en la cabeza, viento de nublado y desesperanza. Es una sensación progresiva el hambre, para quien la ha sufrido a temporadas cada vez más juntas, y conoce los meandros del cauce seco y pedregoso. Ignoro si el hambre es contagiosa, pero imagino que sí; porque la he visto cercada de otras hambres. Abundancia y hambre se rechazan como polos idénticos de un mismo imán. Los guetos de pobres y los guetos de ricos, son opuestos y, para mayor desgracia, complementarios y nada miscibles. Definí el hambre en sus consecuencias finales, al escribir mi poema “Hambre”, hiriente como un dardo intencionado:

Hambre

Hambre,
hambre, hambre;
dos sílabas apenas,
y truncan el devenir del hombre.

Agente o paciente
ahondan la escisión del hombre
borran los caminos del hombre
desangran
el corazón del hombre.

Tan sólo dos sílabas y desdicen,
invalidan,
desautorizan, rechazan,
anulan,
revocan, niegan al hombre.

 

Fome
(Traduzido também por mim)

Fome,
fome, fome;
duas sílabas apenas
e rompem o fluir do homem.

Agente ou paciente
aprofundam a cisão do homem
apagam os caminhos do homem
dessangram o coração do homem.

Tão só duas sílabas
e desdizem, invalidam, desautorizam,
rejeitam,
revogam,
anulam,
negam o homem.

En 1914 nació Carolina Maria de Jesús en Sacramento, municipio brasileño de la región de Araxá, estado de Minas Gerais, Brasil. Negra, pobre, agricultora, domestica, vagabunda, sobreviviente, rebuscadora de papel y de chatarra, habitante de favela, relatora de su entorno en cuadernos, fue madre soltera de una niña y dos niños. Quiero destacar en su conducta, esa lucha diaria durante años para dar de comer a sus hijos, defenderlos del exterior y disculpar sus travesuras infantiles.

 

Las madres hambrientas
Poema de Pedro Sevylla de Juana

Piel de reseco pergamino, huesos someros
y una determinación muy firme:
las madres famélicas trabajan la tierra,
trabajan la casa, trabajan los niños;
y suben a sus machos al arrogante infinito.

Mostrando su perfil más agresivo,
mirada provocadora, orgulloso pavoneo,
los machos se ocupan en el infinito de asuntos de machos:
entelequias de machos,
delirios de machos, pendencias de machos,
heridas de machos, muertes de machos.
Y las madres famélicas imprecan contra el infinito
portando a sus niños sin padre en los brazos.

Entereza y aguante, las madres famélicas,
reprimidas por el mudo estoicismo,
urgidas por la obstinada intransigencia,
trabajan el sustento,
trabajan la ropa y el cobijo;
abriendo su corazón magullado al amenazante infinito.

Agobio y empuje, las madres famélicas
traicionadas por el engañoso destino,
trabajan la mañana, trabajan la tarde, trabajan los sueños;
y trasladan al sañudo infinito a sus hijos famélicos.

La mirada inquieta, inquisidora, profunda, selectiva
busca en el infinito las terribles respuestas:
inquiriendo los enigmáticos porqués de la vida,
escudriñando los pliegues ocultos de la dura existencia
hasta averiguar lo que sigue a la muerte y la culmina.

En el infinito agonizan los frutos agraces de su fértil seno
y las madres famélicas de mirada ausente
sin machos ni esperanza, con muchísimo respeto
recogen en sus bocas sin apenas dientes
los infantiles suspiros postreros,
abren tumbas en los propios vientres
envientran a los hijos muertos,
y en el infinito se quedan para siempre.

 

As mães famintas
Poema e tradução: Pedro Sevylla de Juana

Resistência arraigada no cansaço
as mães famintas trabalham a terra, trabalham a casa
e os filhos;
e sobem a seus machos
ao arrogante infinito.

Mostrando seu perfil mais agressivo
se ocupam os machos no infinito de assuntos de machos:
delírios de machos,
pendências de machos,
feridas de machos, mortes de machos.
E as mães famintas voltam do infinito,
com seus filhos sem pai nos braços.

Reprimidas pelo calado estoicismo
impelidas pela obstinada intransigência
as mães famintas trabalham o sustento, trabalham a roupa
e o abrigo;
e dirigem os olhos abertos
ao alto do ameaçador infinito.

A visão inquisidora,
profunda, seletiva,
procura no infinito as terríveis respostas:
indagando os enigmáticos porquês da vida
esquadrinhando as dobras ocultas da dura existência
averiguando o que segue a morte e a culmina.
E as mães famintas de pupilas opacas
retornam do perpétuo infinito, – olhos vãos – sem mirada.

Atraiçoadas pelo enganoso destino,
as mães famintas trabalham a manhã,
trabalham a tarde e os sonhos;
e levam seus filhos famintos
ate ao infinito ignoto.

No infinito agonizam os imaturos frutos de seu fértil seio
e as mães famintas de olhar ausente
recolhem nas suas bocas os suspiros últimos
abrem tumbas nos próprios ventres,
enventram os filhos mortos
e no infinito ficam para sempre.

En el preámbulo del libro, Audálio Dantas escribe: “Un libro así, fuerte y original, solo podía crear mucha polémica. Para comenzar, rompió la rutina de las magras ediciones de dos, tres mil ejemplares, en Brasil. En pocos meses, a partir de agosto de 1960, cuando fue lanzado, sucesivas ediciones alcanzaron, en conjunto, las alturas de los 100 mil ejemplares. Los periódicos, las revistas, la radio o la televisión, primero aquí y después en el mundo entero, abrieron espacios para el libro y para la historia de su autora. El éxito del libro –una rústica, incómoda y hasta lírica narrativa del sufrimiento del hombre, relegado a la condición más desesperada y humillante de la vida- fue también el éxito personal de su autora, transformada de la noche a la mañana en una patética Cenicienta, salida del brasero de la basura para brillar intensamente bajo las luces de la ciudad.”.
Se tradujo a catorce idiomas y se distribuyó en cuarenta países, estando próximos al millón los ejemplares vendidos. Grabó discos en los que ponía voz y música. Sobre ella escribieron los mejores escritores brasileños, la recibieron personajes de distintos países, fue exaltada y hasta denigrada; y la burbuja comercial duró lo que duran las burbujas comerciales, mientras el jugo interior se convierte en dinero.

Pero al margen del éxito, en el embrión del éxito, está la mujer que lo originó con su inteligencia, su fuerza y su coraje; con su orgullo, con su empuje, su osadía, su deseo de independencia y su impaciente paciencia. La mujer fuerte cuya debilidad escribe los diarios durante años, como quien cuenta sus pesares a un amigo, para desahogarse; con la remota esperanza de darlos a conocer en un libro cuyo título traduzco como “Cuarto de los desechos”, porque ella dijo que la favela era el “Quarto de despejo” de la sociedad y del mundo. El papel del periodista Audálio Dantas en la publicación y, acaso del éxito, de ese libro diario, es fundamental. Trabajó en la corrección de los diarios haciéndolos legibles para el gran público, seleccionó los textos más interesantes y creó el ambiente intelectual previo al lanzamiento. Tanto es así que llegó a ser acusado de haber dirigido la mano de Carolina en la escritura, incluso de haber inventado a Carolina. Artículos como el de Manuel Bandeira, vinieron en su ayuda al destacar la extraordinaria obra de Carolina Maria de Jesus.

Trecho de “Quarto de despejo”,
Obra de Carolina Maria de Jesus
Traducción de Pedro Sevylla de Juana

“Mis hijos no se mantienen con pan de iglesia. Me enfrento a cualquier clase de trabajo para mantenerlos. Las otras tienen que mendigar y hasta afanar. Parecen tambor. Por la noche, mientras ellas piden ayuda, yo, tranquilamente, en mi barraquita, escucho valses vieneses. Mientras los esposos rompen las tablas de la barraca, yo y mis hijos dormimos tranquilos. No envidio a las casadas de favela que llevan vida de esclavas indianas. No me casé y no me arrepiento. Los que me gustaron eran soeces y me imponían condiciones horribles. Ahí está la Maria José, más conocida como Zefa, que reside en la calle B número 9. Es una alcoholatra. Gestante bebe demasiado. Las criaturas nacen y mueren antes de los doce meses. Me odia porque mis hijos me defienden y por tener yo radio. Un día me pidió la radio prestada. Le dije que no se la podía prestar. Que ella no tenía hijos, así que podía trabajar para comprarla. Como se sabe, las personas dadas a la embriaguez no compran nada. Ni ropas. Los borrachos no prosperan. A veces arroja agua a mis hijos. Dice que no zurro a mis hijos. No soy dada a la violencia. Mi hijo José Carlos dice:
-No te entristezcas mamita. Nuestra Señora de la Aparecida tendrá piedad de la señora. Cuando yo crezca compraré una casa de ladrillo para la señora madre.

Fui a buscar papel y permanecí fuera de casa una hora. Al volver vi varias personas en las orillas del río. Era que allí había un señor inconsciente por el alcohol, y los insensibles de la favela le escudriñaban los bolsos. Le quitaron el dinero rompiendo los documentos (…) Son las 5. ¡Y el Señor Heitor ya enciende la luz!
Yo voy a lavar a los niños para ir a la cama, porque necesito salir. Preciso dinero para pagar la luz. Aquí es así. La gente no gasta luz, pero debe pagar. Salí fuera a buscar papel. Iba deprisa porque era tarde. Encontré una señora. Iba maldiciendo su vida conyugal. Miré, pero no dije nada. (…) Até las bolsas, puse las latas que recogí en otra bolsa y regresé a casa. Al llegar puse la radio para saber la hora. Eran las 23,55. Calenté comida, leí, me desnudé y después me acosté. El sueño llegó enseguida.
19 de Julio. Desperté a las 7 horas com la parla de mis hijos. Dejé el lecho, fui a buscar agua. Las mujeres ya estaban en el grifo. Las latas en fila. Nada más llegar la Florenciana me preguntó
-¿De qué partido es aquella pancarta?
Leí P.S.B. y respondí Partido Socialista Brasileño. Pasó el señor Germano, y ella preguntó de nuevo:
-Señor Germano, ¿esa pancarta de qué partido es?
-Del Janio (sobrenombre del PSB por Jânio Quadros, diputado, prefecto y gobernador de SP antes de Presidente de la República)
Ella se alegró y comenzó a decir que el Dr. Ademar de Barros (dos veces gobernador del Estado) es un ladrón (….) Llegó mi vez, puse mi lata para llenar. La Florenciana siguió alabando al Janio. El agua comenzó a disminuir en el grifo. Comenzaron a hablar de la Rosa. Que ella cargaba agua desde las 4 de la madrugada, que ella lavaba toda la ropa en casa. Que ella debe pagar 20 cruzeiros al mes. Mi lata se llenó y me fui enseguida.
…Estuve recordando los disgustos de esos días (…) Soporto los inconvenientes de la vida diaria. Ya que no conseguí almacenar para vivir, decidí almacenar paciencia.
Nunca fui nadie. Tengo mucho sentido común. No quiero tener procesos. Mi registro general es 845.936. Fui al depósito para recibir el dinero del papel; 55 cruzeiros. Volví rápido, compré leche y pan. Preparé Toddy para los niños, hice las camas, puse alubias en el fuego, barrí la barraca. Llamé al Señor Ireno Venancio da Silva encargándole un balancín para los niños. Me gustaría que ellos se quedaran en el patio para que los vecinos no riñeran con ellos. Le di 16 cruzeiros. Mientras hacía el balancín, fui a enjabonar la ropa. Cuando volví, el señor Ireno estaba terminando el balancín. Hice algunas correcciones y él lo terminó. Los niños apreciaron el balancín al instante. Todos querían columpiarse al mismo tiempo.
Cerré la puerta, fui a vender las latas. Llevé a los niños. El día está cálido. Me gusta que reciban los rayos solares. ¡Qué suplicio! Cargar a la pequeña Vera y llevar la bolsa sobre la cabeza. Vendí las latas y los metales. Cobré 31 Cruzeiros. Quedé satisfecha. Pregunté:
-Señor Manuel, ¿el señor no equivocó la cuenta?
-No, ¿Por qué?
-Porque el saco de latas no pesaba tanto como para valer 31 cruzeiros. Es el total que necesito para pagar la luz.
Dije adiós y volví a casa. Llegué, hice la comida. Mientras la cazuela hervía yo escribí un poco. Di de comer a los niños y fui a la Klabin (fábrica de papel de Mauricio Klabin) a buscar papel estropeado. Dejé a los pequeños jugando en el patio. Tenía mucho papel. Trabajé deprisa pensando que aquellas bestias humanas son capaces de invadir mi barraca y maltratar a los niños. Ellas esperan a que yo salga para zurrar a mis hijos. Justamente, cuando, no estando yo, las criaturas están solas e indefensas. En ocasiones yo enciendo la radio y danzo con los niños,
…En las favelas, las jóvenes de 15 años permanecen hasta la hora que ellas quieren. Se mezclan con meretrices, cuentan sus aventuras (…) Están los que trabajan. Y están los que llevan la vida torcida y recta. Las personas de mayor edad trabajan, los jóvenes es que reniegan del trabajo. Tienen las madres, que recogen frutas y legumbres en los mercados. Tienen las iglesias que dan pan. Tienen el San Francisco que todos los meses entregan manutención, café, jabón etc. Ellas van al mercado, recogen cabezas de pescado, todo lo que pueden aprovechar. Comen cualquier cosa. Tienen estómago de cemento armado (…)
En ocasiones yo enciendo la radio y danzo con los niños; simulamos una lucha de boxeo. Hoy compré mermelada para ellos. En cuanto di un pedazo a cada uno, percibí que me dirigían una mirada tierna. Y el mi João José dijo:
-¡Qué madre tan buena!
Quando las mujeres fieras invaden mi barraca, mis hijos les tiran piedras. Ellas dicen:
-¡Qué niños tan mal educados!
Yo respondo:
Mis hijos están defendiéndome. Ustedes son incultas, no pueden comprender. Voy a escribir un libro sobre la favela. Citaré todo lo que aquí pasa. Y todo lo que ustedes hacen. Yo quiero escribir el libro, y ustedes, con estas escenas desagradables, me facilitan los argumentos.

Fragmento traducido por PSdeJ a partir del libro “Quarto de Despejo”, de Carolina Maria de Jesus, Edición Popular, con prólogo de Audálio Dantas.

A professora Vera Eunice de Jesus Lima, 61 anos, filha de uma das primeiras escritoras negras do Brasil, Carolina Maria de Jesus, contou que nunca conseguiu ler por completo o livro mais famoso da mãe, Quarto de Despejo: Diário de uma Favelada. “Leio pedaços. Começo a ler, leio, abro. Não é um livro que consigo ler na sequência”.

 

A Rosa
Poema de Carolina Maria de Jesus

Eu sou a flor mais formosa
Disse a rosa
Vaidosa!
Sou a musa do poeta.

Por todos su contemplada
E adorada.

A rainha predileta.

Minhas pétalas aveludadas
São perfumadas
E acariciadas.

Que aroma rescendente:
Para que me serve esta essência,
Se a existência
Não me é concernente…

Quando surgem as rajadas
Sou desfolhada
Espalhada
Minha vida é um segundo.
Transitivo é meu viver
De ser…
A flor rainha do mundo.

Carolina Maria de Jesus, em «Antologia pessoal». (Organização José Carlos Sebe Bom Meihy). Rio de Janeiro: Editora UFRJ, 1996.

 

La Rosa
Poema de Carolina Maria de Jesus
Traducido por Pedro Sevylla de Juana

Yo soy la flor más hermosa
Dijo la rosa
Vanidosa!
Soy la musa del poeta.

Por todos soy admirada
Y adorada.

La reina predilecta.

Mis pétalos aterciopelados
Están perfumados
Y acunados.

Que aroma tan fragante:
Para que me sirve esta esencia,
Si la existencia
No me es vinculante…

Cuando surgen las estrías
Quedo deshojada
Esparcida
Mi vida es un segundo.
Transitivo es mi vivir
De ser…
La flor reina del mundo.

 

HUMANIDADE
Poema de Carolina Maria de Jesús

Depôis de conhecer a humanidade
suas perversidades
suas ambições
Eu fui envelhecendo
E perdendo
as ilusões
o que predomina é a
maldade
porque a bondade:
Ninguem pratica
Humanidade ambiciosa
Y gananciosa
Que quiere quedar rica!
Cuando yo morir…
No quiero renascer
es horrivel, soportar la humanidad
Que tiene apariencia noble
Que encubre
Las pesimas calidades

Noté que el ente humano
ES perverso, es tirano
Egoista interesseiros
Pero trata con cortêzia
Pero todo es ipocresia
Son rudes, y trapaceiros

Carolina Maria de Jesus, em “Meu estranho diário”. São Paulo: Xamã, 1996. (grafia original)

Humanidad
Poema de Carolina María de Jesús
Traducido por Pedro Sevylla de Juana

Después de descubrir la humanidad
sus maldades
sus ambiciones
yo fui envejeciendo
y perdiendo
las ilusiones;
lo que predomina es la
maldad
porque la bondad:
no la practica nadie
Humanidad ambiciosa
Y ávida de lucro
¡Que quiere hacerse rica!
Cuando yo muera…
No quiero resucitar
es horrible, soportar a la humanidad
cuya apariencia noble
encubre
Las pésimas cualidades

Me di cuenta de que el ser humano
Es perverso, es tirano
Egoísta, interesado
Pero trata con educación
Aunque es todo hipocresía
es bruto, y trapacero.

 

[MUITAS FUGIAM AO ME VER]
Poema de Carolina Maria de Jesus

Muitas fugiam ao me ver
Pensando que eu não percebia
Outras pediam pra ler
Os versos que eu escrevia

Era papel que eu catava
Para custear o meu viver
E no lixo eu encontrava livros para ler
Quantas coisas eu quiz fazer
Fui tolhida pelo preconceito
Se eu extinguir quero renascer
Num país que predomina o preto

Adeus! Adeus, eu vou morrer!
E deixo esses versos ao meu país
Se é que temos o direito de renascer
Quero um lugar, onde o preto é feliz.

Carolina Maria de Jesus, em Antologia pessoal. (Organização José Carlos Sebe Bom Meihy). Rio de Janeiro: Editora UFRJ, 1996.

(Muchas escapaban al verme)
Poema de Carolina Maria de Jesus
Traducido por Pedro Sevylla de Juana

Muchas huían al verme
Pensando que no lo descubría
Otras querían leer
Los versos que yo escribía

Era papel lo que yo recogía
Para pagar mi vida
Y en la basura encontraba libros que yo leía
Cuántas cosas quise hacer
Fui impedida por el prejuicio
Si yo muero quiero renacer
En un país donde predomine el negro

Adiós! Adiós, voy a morir!
Y dejo esos versos a mi país
Si es que tenemos el derecho de resucitar
Quiero un lugar, donde el negro sea feliz.

 

SONHEI
Poema de Carolina Maria de Jesus

Sonhei que estava morta
Vi um corpo no caixão
Em vez de flores eram Iivros
Que estavam nas minhas mãos
Sonhei que estava estendida
No cimo de uma mesa
Vi o meu corpo sem vida
Entre quatro velas acesas

Ao lado o padre rezava
Comoveu-me a sua oração
Ao bom Deus ele implorava
Para dar-me a salvação
Suplicava ao Pai Eterno
Para amenizar o meu sofrimento
Não me enviar para o inferno
Que deve ser um tormento

Ele deu-me a extrema-unção
Quanta ternura notei
Quando foi fechar o caixão
Eu sorri… e despertei.

Carolina Maria de Jesus, em Antologia pessoal. (Organização José Carlos Sebe Bom Meihy). Rio de Janeiro: Editora UFRJ, 1996, p.174.

Soñé
Poema de Carolina Maria de Jesus
Traducido por Pedro Sevylla de Juana

Soñé que estaba muerta
Vi un cuerpo en el cajón
En vez de flores eran Iibros
Lo que sujetaban mis manos
Soñé que estaba tendida
En lo alto de una mesa
Vi mi cuerpo sin vida
Entre cuatro velas encendidas

Al lado el padre rezaba
Me conmovió su oración
Al buen Dios él imploraba
Para obtener la salvación
Suplicaba al Padre Eterno
Para deleitar mi sufrimiento
No enviarme al infierno
Que debe ser un tormento

Él me dio la extrema unción
Cuanta ternura noté
Cuando fue a cerrar el cajón
Yo sonreí… y desperté.

Trabajo completo en
http://pedrosevylla.com/carolina-maria-jesus/

 

 

 

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Carmen Conde

Conocí la escritura de Carmen Conde, cuando llevaba ya unos años de lectura intensa, de modo que pude comparar y apreciar. La poesía, como primer escalón, atrapa muchas veces a los autores; ahí se quedan, llegando al punto intermedio de la prosa poética todo lo más, hermana del relato breve. Un grupo importante de los que dan el salto a la novela –me incluyo entre ellos- siguen llevando a la poesía de la mano. Prosa y poesía no son compartimientos estancos, son miscibles si así se quiere. Son herramientas nada más: poesía lírica y poesía épica: ¿qué diremos entonces cuando compartan espacio en un mismo texto? Todo depende del interior del escritor, de su estado de consciencia y de su estado de ánimo: forma de ser y de estar: y el tiempo como referencia. ¿Qué es Brocal?, ese libro de Carmen publicado en 1929; ¿qué es? Brocal es pensamiento y vida; es mirada traspasando objetos, personas y paisajes trasparentes. Brocal está compuesto por versos y versos del primer cuarteto de imposibles sonetos.

La realidad imaginada
Poema de Pedro Sevylla de Juana

Desde el brocal del pozo
al mirar hacia el interior sereno
veo pasar las cenicientas nubes
descubriendo
y tapando el cielo estrellado,
reflejo del agua que duerme
abajo
sueña
y espera un milagro.

Apartando puertas, rompiendo moldes
agujereando cielos nocturnos,
a deshora llego.
Estoy hecho de umbrales y ventanas
caleidoscopio inquieto, sorprendente
ojos que han visto el infinito
manos que atrapan el rayo
en el furor de la tormenta
para domesticarlo.

Aprendí a nadar en el primer baño
nada más nacer de mi madre
cuando deletreaba la palabra luciérnaga
leída en un cuento ilustrado
que alguien
pensaba regalarme la víspera
de mi vigésimo quinto cumpleaños.

Todo en mí es insólito
todo en mi preexiste
la rosa de los vientos señala los túmulos
de mis antepasados venideros
fertilizantes durante siglos y siglos
de un campo de amapolas
ojos serenos de quien teje urdimbres
y tramas improbables
destinadas a reinventar el mundo
cambiando de lugar
las puertas de entrada y de salida
nacimiento y muerte
emergiendo de profundidades abisales
para alcanza planetas capaces
de acunar la vida
y crecerla hasta límites insospechados.

Soy el hombre, la persona
el ser humano del siglo veintiuno:
macho y hembra destinados a encajar
entrantes y salientes
deseos y posibilidades
imaginación desbordada que asciende
añadiendo escalas
sobre las escalas.

En ocasiones, tú lo sabes
Carmen, tus poemas, campanas ondulantes
como trigos recién granados,
golpean
badajo y bronce
la soledad del corazón algunas tardes
quietas en la primavera.

En momentos contados
la sincronía imprescindible salta de los balcones
a la calle;
y desde lo hondo de la calle inclinada
alcanza los balcones
sembrados de geranios a punto de estallar
en forma de circunloquios purpúreos.

Las dos veces que nos aproximó el destino
C duplicada de Carmen Conde, nacida en Cartagena,
sucedió lo imposible;
la primera fue en la Cuesta de Moyano
y tú ibas con Antonio
escudriñando, escudriñando.

Nuestros ojos se pararon sobre los mismos
libros, dos concretamente:
Eternidades, editorial Renacimiento
Madrid, Barcelona, Buenos Aires;
y Azul, Valparaíso, 1888.
Te cedí la delantera y Antonio
los compró
sonriéndote.

La segunda fue, un año después, o dos
en la Casita del Príncipe,
allí donde se encontraron Picasso y Neruda,
El Escorial,
por donde paso aún sin hacer ruido.
para no espantar el recuerdo.

Ibais, Antonio y Tú, con Juan Ramón
y con Darío:
quizá no eran, pero a mí me parecieron ellos
vuestros dos amigos.
Mirabais las paredes y el techo
cuando yo los miraba:
el monte Abantos, los castaños desprendiéndose
de un fruto protegido. Hablamos
imaginé, los cinco, de las palabras esdrújulas
de los signos de admiración;
en asuntos de amor uno pone la cesta
y el otro pone las flores: así ha sido,
es y será
por mucho que los tiempos avancen:
oí que decíamos.

Todo ello adornado
de finísimas gotas de rocío a punto
de emprender el vuelo, evaporadas.
Pero en verdad, por entablar conversación,
te pregunté, solo a ti,
dónde estaba el famoso Monasterio.
Respondió tu gentileza sonriendo:
ese edificio tan grande,
de piedra todo entero;
el que tiene tantas ventanas
y guarda buena parte
de la historia de España
dentro de sus muros:
Palacio, Panteón y Biblioteca;
ese es, puede estar seguro,
no tiene pérdida.

Sólo por ver, Carmen, la picardía ingenua
de esa sonrisa tuya tan luminosa y agradable
y poder recordar ahora todo su hechizo,
mereció la pena pasar por ignorante
en el lugar donde habito.

PSdeJ El Escorial, ahora mismo

 

A realidade imaginada
Poema e tradução de Pedro Sevylla de Juana

Desde a boca do poço
olhando para o interior sereno
vejo passar as cinzentas nuvens
descobrindo
e tampando o céu estrelado,
reflexo da água que dorme
abaixo
sonha
e espera um milagre.

Abrindo portas, rompendo moldes
furando céus noturnos
fora de hora
chego.
Estou feito de ombreiras e janelas
caleidoscópio inquieto, surpreendente
olhos que têm visto o infinito
mãos que empunham
o raio
no furor da tormenta
para domestica-o.

Aprendi nadar no primeiro banho
nada mais nascer da minha mãe
quando deletreava a palavra vaga-lume
lida num conto ilustrado
que alguém
pensava me presentear a véspera
de meu vigésimo quinto aniversario.

Tudo em mim é insólito
tudo em mim preexiste
a rosa dos ventos assinala os túmulos
dos meus antepassados vindouros
fertilizantes durante séculos e séculos
dum campo de papoulas
olhos serenos de quem tece urdiduras
e tramas improváveis
destinadas a reinventar o mundo
mudando de lugar
as portas de entrada e saída
nascimento e morte
emergindo das profundidades abissais
para atingir planetas capazes
de embalar a vida
e crescê-la até limites insuspeitados.

Sou o homem, a pessoa
o ser humano do século vinte e um:
macho e fêmea destinados a encaixar
entrantes e salientes
desejos e possibilidades
imaginação desbordada que ascende
acrescentando escadas
sobre as escadas.

Em ocasiões, você o sabe
Carmen, teus poemas, sinos ondeantes
como trigos recém granados
golpeiam
badalo e bronze
a solidão de algumas tardes
quietas na primavera.

Em momentos contados
a sincronia imprescindível salta dos balcões
à rua;
e do fundo da rua inclinada
atinge os balcões
semeados de gerânios a ponto de estourar
em forma de circunlóquios purpúreos.

As duas vezes que nos aproximou o destino
C duplicada de Carmen Conde, nascida em Cartagena,
sucedeu o impossível;
a primeira foi na Cuesta de Moyano em Madrid
e tu ias com Antonio
esquadrinhando, esquadrinhando.

Nossos olhos se pararam sobre os mesmos
livros, dois concretamente:
Eternidades, editorial Renacimiento
Madrid, Barcelona, Buenos Aires;
e Azul, Valparaíso, 1888.
Te deixei a dianteira e Antonio
os comprou
sorrindo-te.

A segunda ocorreu um ano depois,
ou dois,
na Casita del Príncipe,
ali onde se encontraram Picasso e Neruda,
El Escorial,
por onde passo ainda sem fazer ruído
para não espantar as lembranças.

Íeis, Antonio e tu, com Juan Ramón
e com Darío:
quiçá não eram, mas a mim me pareceram eles
os dois amigos de vocês.
Olháveis as paredes e o teto
quando eu os olhava:
o monte Abantos, os castanheiros desprendendo
um fruto protegido. Falamos,
imaginei, os cinco, das palavras esdrúxulas
dos signos de admiração,
em assuntos de amor um põe a cesta
e o outro põe as flores: assim foi,
es e será
embora os tempos mudem:
ouvi que dizíamos.

Todo isso ornado
de finíssimas gotas de orvalho a ponto
de empreender o voo, evaporadas.
Mas na verdade, por entabular conversa,
perguntei a você, só a você,
onde estava o famoso Monasterio.

Respondeu a tua gentileza sorrindo:
esse edifício tão grande,
de pedra todo inteiro,
o que tem tantas janelas, e guarda parte
da história da Espanha dentro de seus muros:
Palácio, Panteão e Biblioteca:
esse é, pode estar seguro,
não tem perda.

Só por ver, Carmen, tu ingênuo sorriso,
e passado o tempo poder relembrá-lo
com todo seu luminoso feitiço,
valeu a pena passar por ignaro
no lugar onde habito.

PSdeJ, El Escorial, agora mesmo.

Han dicho de Carmen Conde que es la más completa poetisa en lengua castellana. En su obra, la poesía comparte existencia con la prosa. La vida, si sucede que el teatro es vida, lleva poesía y prosa conviviendo de manera armónica. Profundidad en Carmen, amplitud temática y voluntad de decir, de trasladar, magisterio convencido de haber preparado bien las lecciones compartidas. En Carmen: grandeza y derroche, abundancia y prodigalidad; y todo ello tan personal que parece recién inventado. Su método, su medio de expresión, su lucidez, su enigma; el cromatismo de su decir, su liturgia, su laberinto de hallazgos. El punto de vista, ya esté arriba o abajo del acantilado, estrella o rompiente de olas; es suyo, solamente suyo, porque nadie estuvo antes allí:

¡Qué prodigio tenerte conteniendo
a todos los amantes que murieron
y que nacen amando hasta la muerte!
Y coger, de tu alma enamorada,
este cuerpo de luz que es nuestro sólo.
Carmen Conde

Ignoro si fue la más completa poetisa, porque ella creía muy justificada su admiración a otras: recordemos a Gabriela Mistral, quien le escribió el prólogo de “Júbilos”. Amplío el ángulo de la mirada, aunque parezca que lo disminuyo: Sí, creo que su obra es una de las que destacan, mucho y bien, dentro del panorama literario en español del siglo XX. Acaso por eso llegó a la Real Academia Española de la Lengua, poblada exclusivamente por varones hasta ese momento. Varones que habían rechazado antes la entrada de María Moliner, sin caérseles la cara de vergüenza. Llegó, vio e hizo. Hizo en la RAE como siempre hacía, porque su actividad en pro de la cultura, en estrecha unión con su marido, el poeta, crítico e historiador de arte Antonio Oliver, fue ejemplar e incansable. En favor de la cultura y de las personas: recordemos la ayuda inestimable entregada a Francisca Sánchez, la última mujer de Rubén Darío. Recordemos la Universidad Popular que ellos, Antonio y Carmen, impulsaron en su ciudad, siguiendo el ejemplo de la que en Segovia puso en marcha Antonio Machado. Con el apoyo de amigos y de políticos republicanos, buscaban mejorar el nivel educativo y cultura de la población. Desarrollaron métodos pedagógicos innovadores, que ponían la cultura al alcance de la población obrera. Carmen y los demás, ella y los otros y los otros en ella, hilo de cobre, excelente conductor de la energía eléctrica que la utilizaba como cauce:

«Esta corriente oscura atravesando mi cuerpo»
no pasará a otros seres, es solamente mía:
La nazco yo, la broto: espesa sombra dura
que acabaré yo siendo, fundida ya con ella.

En provincias de mí viven ramas de fiebre

Mi sonrisa y mi llanto, el gritar, la blasfemia
este negruzco hilo de la poesía inútil…

Desde arriba, tan alto, ¿cómo podré ser vista?
Carmen Conde
Fue un ser apasionado, que todo lo hizo con pasión: amó, gozó, sufrió, escribió y vivió apasionadamente:

Solamente tú y yo (una mujer al fondo
de ese cristal sin brillo que es campana caliente),
puede ser el amor, cuando el amor embriaga;
es sin duda sufrir, cuando se está dichosa;
Es, segura, la luz; porque tenemos ojos.
Carmen Conde

El sentimiento ante la guerra de España en Carmen, es similar al que sintieron Neruda o Picasso; similar su reacción, sus palabras de dolor enérgico y profundo, el trazo de su pintura explicada con pocos y rotundos gritos callados, lágrimas de su corazón sangrante:

“¡no los deshojéis, cañones; no los tricéis, ametralladoras, bombas grandísimas que caéis del cielo hondo y que parecéis dones de las nubes anchas, no rompáis los cuerpecitos de los niños”.
Carmen Conde

Lector yo de la Estafeta Literaria, coleccionista de los números que releía, tuve la suerte de encontrar un lote publicado antes de haber yo nacido: número 1 de 5 de marzo de 1944 y siguientes. Allí estaban “El molino que no obedecía al viento”, “El sueño encerrado”, “Conflicto entre el Sol y la Luna”, y más, firmados por Florentina del Mar. Lamentablemente, un trapero se los llevó al peso, el día en que estuve en desacuerdo con el mundo y dimití de lector y escritor. Fue una especie de suicidio intelectual, sucedido poco después del trallazo que supuso la muerte de mi padre. Reorientaba mi vida desde dentro, cuando el Capitán de mi Batería, soldado yo de reemplazo, me negó el permiso para ir al Congreso Literario al que fui invitado. Oportunidad de conocer a quienes leídos admiraba. Seguí leyendo y escribiendo cuando resucité otro nuevo según creía.

Carmen Conde fue una escritora valiente. Abordaba temas que nadie había abordado, tratándolos de una manera muy suya: ternura, humor, dolor, mar, nubes, sol, amor, entrega y curiosidad sin límites. Quise conocerla personalmente, y en dos ocasiones estuve tan próximo a ella como cuento en el poema que va al principio de este homenaje. Su obra me llevó a ella y en ella encontré estímulo e influjo:

Muestra de escritos de Carmen Conde
Traducción: Pedro Sevylla de Juana

QUÉ TRANSPARENCIA (Brocal, 1927-1928)

¡Qué transparencia tiene la lluvia en el huerto!
Recta, afilada, continua…;
El cielo está más bajo. Se respira el gran aliento
del mar.
¡Recta, afilada, continua…, qué transparencia
tiene la lluvia en el huerto!

 

QUE TRANSPARÊNCIA (Brocal , 1927-1928)

Que transparência tem a chuva no horto!
Reta, afiada, contínua…;
O céu está mais baixo. Se respira o grande alento
do mar.
Reta, afilada, contínua…, que transparência
tem a chuva no horto!

 

CAMINAMOS AL UNÍSONO (Derramen su sangre las sombras, 1933)

Caminamos al unísono.
Por vez primera otro corazón
se mueve con el mío.
A la vez: latido por latido.
Juntos, hacia encontrarnos.
Juntos, hasta desprendernos.

 

CAMINHAMOS AO UNÍSONO (Derramen su sangre las sombras, 1933)

Caminhamos ao unísono.
Por vez primeira outro coração
Se move com o meu.
Ao mesmo tempo: batido por batido.
Juntos, para nós encontrar.
Juntos, até nós desprender.

 

VIENTOS. LOS MOLINOS (Júbilos, 1934)
Son los labriegos jóvenes que aran en el cielo su porción redonda de aire. Cubos de tierra líquida vuelcan su gozo en las balsas. En el cónico remate de sus torres, una ventanita. Y las velas, curvándose de azul. La tierra compacta que los sustenta es dorada. Fina tierra en declive que acabará en barco.

VENTOS. OS MOINHOS (Júbilos, 1934)
São os labregos jovens que aram no céu sua porção redonda do ar. Baldes de terra líquida viram seu gozo nas balsas. No cônico remate de suas torres, uma janelinha. E as velas, se curvando de azul. A terra compacta que os sustenta é dourada. Fina terra em declive que acabará em barco.

MIENTRAS LOS HOMBRES MUEREN (Mientras los hombres mueren, 1936-1939)
Mientras los hombres mueren os digo yo, la que canta desoladas provincias del Duelo, que se me rompen sollozos y angustias contra barcos de ébano furibundo; y la fruta par de mis labios quema de suspiros porque los cielos se han dejado hincar imprecaciones sombrías. A los hombres que mueren yo los sigo en su buscar por entre las raíces y los veneros fangosos, pues ellos y yo tenemos igual designio de ensueño debajo de la tierra. ¡Cállense todos los que no se sientan doblar de agonía hoy, día de espanto abrasado por teas de gritos, que esta mujer os dice que la muerte está en no ver, ni oír, ni saber, ni morir!

ENQUANTO OS HOMENS MORREM (Mientras los hombres mueren, 1936-1939)
Enquanto os homens morrem vos digo eu, a que canta desoladas províncias do Duelo, que se me rompem soluços e angústias contra barcos de ébano furibundo; e a fruta par de meus lábios queima de suspiros porque os céus se deixaram fincar imprecações sombrias. Aos homens que morrem eu os sigo em seu procurar por entre as raízes e as fontes lamacentas, pois elas e eu temos igual desígnio de sonho embaixo da terra. Se calem todos os que não se sentam dobrar de agonia hoje, dia de espanto abrasado por labaredas de gritos, que esta mulher vos diz que a morte está em não ver, nem ouvir, nem saber, nem morrer!

 

A LOS NIÑOS MUERTOS POR LA GUERRA (Mientras los hombres mueren, 1936-1939)
¡No los deshojéis, cañones!; ¡no los tricéis, ametralladoras, bombas grandísimas que caéis del cielo hondo y que parecéis dones de las nubes anchas, no rompáis los cuerpecitos de los niños!
¿No siente el plomo piedad de estos hombros de leche rosada, de estas sangrecitas dulces, de estas pieles de labios? ¿Ningún aviador enemigo tiene niñitos que levanten sus manos al viento de las hélices?
No. El enemigo no parece padre, y acaso es huérfano también. Por eso los niños se quiebran en tajos humeantes, y hay por los jardines cabelleras de musgos, rodillas con seda rasgada; suelto todo entre los árboles quebrados, con duelo sostenido de gritos que ayer eran cometas y hoy son pobres encías partidas que ya no gustarán mazorcas ni pezones frescos de madres enamoradas…

AOS MENINOS MORRIDOS PELA GUERRA (Mientras los hombres mueren, 1936-1939)
Não os desfolheis, canhões; não os esmigalheis, metralhadoras, bombas grandíssimas que caís do céu fundo e que pareceis dons das nuvens largas, não rompais os corpinhos dos meninos!
Não sente o chumbo piedade destes ombros de leite rosada, destes doces sangues mínimos, destas peles de lábios? Nenhum aviador inimigo tem crianças que levantem suas mãos ao vento das hélices?
Não. O inimigo não parece pai, e talvez é órfão também. Por isso os
meninos se quebram em talhos fumegantes, e há pelos jardins cabeleiras de musgos, joelhos com seda rasgada; solto tudo entre as árvores quebradas, com dor sustentado de gritos que ontem eram pandorgas e hoje são pobres gengivas partidas que já não gostarão maçarocas nem mamilos frescos de mães apaixonadas.

EL ESCORIAL (Mío, 1939-1941)
Unísona unidad compacta. Bajo retumbante que las montañas sostienen. Trazado indeleble en la abierta llanura. La luz que te señala en las noches de fuegos, revela tu arquitectura a la Toledo del alfanje líquido. ¿Quién, si no tiene un alma oceánica, puede resistirte el frente a frente, desnudos los dos de ternuras, en híspidos inviernos como los tuyos? He puesto mis manos sobre tu roca amartillada, domada, hecha carmen de ardores, y nos hemos trasvasado el calor que nada ni nadie apaga.

O ESCORIAL (Meu, 1939-1941)
Unísona unidade compacta. Baixo retumbante que as montanhas sustentam. Traçado indelével na aberta planície. A luz que te assinala nas noites de fogos, revela tua arquitetura à Toledo do alfanje líquido. Quem, se não tem um alma oceánica, te pode resistir o frente a frente, nus os dois de ternuras, em híspidos invernos como os teus? Pus minhas mãos sobre a tua rocha amartelada, domada, feita quintal de ardores, e nós temos transfegado o calor que nada nem ninguém apaga.

 

TRÁNSITO (Ansia de la gracia, 1945)
Luego de la luz era la Luz.
Después estaba el mar y con el mar
un ansia de morir siendo su vida.
Mi alma sola, sueño liso respiraba

por sus ramas silenciosas de agua quieta.
Otros seres que achicaban mi estatura
ascendían en un vuelo transparente.

Ya estos días que reciben mi presencia
iban lejos de mi tiempo…;
un silencio de latidos resonaba.

Arriba de mi aurora cantó un pájaro
y yo lo repetí con inefable
claridad sin horizonte ni medida.

 

TRÂNSITO (Ansia de la gracia, 1945)
Depois da luz era a Luz.
Depois estava o mar e com o mar
um ânsia de morrer sendo sua vida.
Minha alma sozinha, sonho liso respirava

por seus ramos silenciosos de água quieta.
Outros seres que empequeneciam minha estatura
ascendiam num voo transparente

Já estes dias que recebem minha presença
iam longe de meu tempo…;
um silêncio de batidos ressoava.

Acima da minha aurora cantou um pássaro
e eu o repeti com inefável
clareza sem horizonte nem medida.

 

LA IMPACIENTE ENAMORADA (Iluminada tierra, 1951)
Porque si vinieres, y ya ni yo te espero,
quizá se prenderían mis cortezas.
Te pude soñar tanto, estabas luminoso
allá lejos de todos…

¿No era tuyo
un sueño incomprensible al que yo me asomaba
alargando los brazos, que no son de ceniza?
¡Eras tan ágil tú como son los caballos
que corren y se saltan obstáculos de piedra!

Entornando los ojos, si quisieras verías
que alucinada iba a tus propios umbrales
una criatura rápida, con muchos junios firmes,
ardiéndole los pulsos con tensa madurez…

Sería en tu misterio la que soñabas siempre,
que te soñaba vivo, suntuoso de sangre
generosa y audaz: hombre que me vencía
para cogerme suya, sometida y secreta.

Galopando resuelto a través de tus bosques
me llamabas creyendo que tu sueño fui sólo.
Porque no me creíste tan verdad como un ciervo,
no pudimos hallarnos, no pudiste ser mío.

 

A IMPACENTE APAIXONADA (Iluminada tierra, 1951)
Porque se vieres, e já nem eu te espero,
quiçá se prenderiam minhas cascas.
Te pude sonhar tanto, estavas luminoso
lá longe de todos…

Não era teu
um sonho incompreensível ao que eu me assomava
alongando os braços, que não são de cinza?
Eras tão ágil tu como são os cavalos
que correm e saltam obstáculos de pedra!

Entornando os olhos, se quisesses verias
que alucinada ia a tuas próprias ombreiras
uma criatura rápida, com muitos junhos firmes,
ardendo-lhe os pulsos com tensa maturidade…

Seria em teu mistério a que sonhavas sempre,
que te sonhava vivo, suntuoso de sangue
generoso e audaz: homem que me vencia
para me apanhar sua, submetida e secreta.

Galopando resolvido através de teus bosques
Me chamavas achando que teu sonho fui só.
Porque não me creste tão verdade como um ciervo,
não pudemos nos achar, não pudeste ser meu.

 

EN LA TIERRA DE NADIE (En la tierra de nadie, 1960)
En la tierra de nadie, sobre el polvo
que pisan los que van y los que vienen,
he plantado mi tienda sin amparo
y contemplo si van como si vuelven.

Unos dicen que soy de los que van,
aunque estoy descansando del camino.
Otros «saben» que vuelvo, aunque me calle;
y mi ruta más cierta yo no digo.

Intenté demostrar que a donde voy
es a mí, sólo a mí, para tenerme.
Y sonríen al oír, porque ellos todos
son la gente que va, pero que vuelve.

Escuchadme una vez: ya no me importan
los caminos de aquí, que tanto valen.
Porque anduve una vez, ya me he parado
para ahincarme en la tierra que es de nadie.

 

NA TERRA DE NINGUÉM (En la tierra de nadie, 1960)
Na terra de ninguém, sobre o pó
que pisam os que vão e os que vêm,
tenho plantada minha barraca sem amparo
e contemplo se vão como se voltam.

Uns dizem que sou dos que vão,
embora estou descansando do caminho.
Outros «sabem» que volto, ainda que me cale;
e minha rota mais certa eu não digo.

Tentei demonstrar que a onde vou
é a mim, só a mim, para me ter.
E sorriem ao ouvir, porque eles todos
são a gente que vai, mas que volta.

Me escutem uma vez: já não me importam
os caminhos daqui, que tanto valem.
Porque andei uma vez, já me parei
para me fincar na terra que é de ninguém.

 

LOS MOLINOS DE VELAS (Los poemas de Mar Menor, 1962)
Ellos, siempre tres, son tus ángeles costeros.
Los tres grandes molinos que te vuelan,
se arrebatan de sol, giran ebrios de azul,
salobres velas
en las manos del viento que te baña.

Molinos que en el campo son navíos
y que aquí, ya veleros anclados, te aureolan.
¡Cuánto barco en tu pueblo de oleajes,
derramándose el campo en blancos lienzos!

Agua dulce en la tierra de sembrados,
agua y sol en tus límites extremos.
Ellos giran y giran; remos, jarcias,
sin timón -que eres tú-, sobre los cielos.

 

OS MOINHOS DE VELAS (Los poemas de Mar Menor, 1962)
Eles, sempre três, são teus anjos costeiros.
Os três grandes moinhos que te voam,
se arrebatam de sol, giram ébrios de azul,
salobras velas
nas mãos do vento que te banha.

Moinhos que no campo são navios
e que aqui, já veleiros ancorados, te aureolam.
Quanto barco em teu povo de marulhos,
se derramando o campo em brancas telas!

Água doce na terra de semeados,
água e sol em teus limites extremos.
Eles giram e giram; remos, enxárcias,
sem timão -que és tu-, sobre os céus.

 

TIERRA (La noche oscura del cuerpo, 1980)
No puedo separarte de tu destino o misión.
Eres mi cuerpo y seré de tu tierra, mañana.
Amasijo de aves, de flores, de cenizas tibias
que conllevas tú.

Así estoy creada, con los seres minúsculos
que inacabable absorbes, codicia avariciosa
de incorporarse criaturas, las que hiciste
para dejarlas volar, oler, amar y quemarse…
Ah, esas hogueras tuyas que no se acaban nunca
y alimentamos todos.

En mis manos hay parte de tu corteza,
de las ya consumidas y dolientes partes
que vientos y lluvias avasallaron… Oigo
vocecillas apenas, gemidos apenas, oigo
la muchedumbre que te puebla. Digo:
esto fue una alondra, esto de flores
consumidas con ansia de volver al origen. Estos
granos son de algún cedro, nogal o ciprés

que lentamente se desmoronaron.

 

TERRA (La noche oscura del cuerpo, 1980)
Não te posso separar de teu destino ou missão.
És meu corpo e serei de tua terra, manhã.
Mistura de aves, de flores, de cinzas mornas
que implicas tu.

Assim estou criada, com os seres minúsculos
que inacabável absorves, cobiça avarenta
de se incorporar criaturas, as que fizeste
para as deixar voar, cheirar, se amar e queimar…
Ah, essas fogueiras tuas que não se acabam nunca
e alimentamos todos.

Em minhas mãos há parte de tua casca,
das já consumidas e dolentes partes
que ventos e chuvas avassalaram… Ouço
algumas vozes infantis, alguns gemidos, ouço
a multidão que te povoa. Digo:
isto foi uma calhandra, isto de flores
consumidas com ânsia de voltar à origem. Estes
grãos são de algum cedro, nogal ou cipreste

que lentamente se desmoronaram.

 

NACIMIENTO ÚLTIMO (Desde nunca, 1982)
Allí donde la mar,
fruta verde-roja, olor exhala,
deshace creando el mundo, yo sería
la mujer más dichosa si lograra
consumir el afán de poseerla:
comunión con sentidos liberados.
Allí donde la mar se ofrece ciega
como tú, como todos que la aman,
allí consumaría yo mis bodas
con elementos precipitándose.
Allí, nombre callado que no es nombre,
emergerías de mí, no Afrodita
apoyada en vestales sino piedra
que se deja tallar mansamente.
Allí me encontrarás enajenada
rompiendo en un cantar, porque segura
de salvarme de mí ya realizada.
Donde tierra dulcemente se adelgaza
suaviza con su arribo a las mareas,
allí donde la arena borra formas,
allí quisiera ser abandonada.
No a los montes que ásperos esperan:
sí a la mar que me hizo y que me tiene
en su voz de las mares de la Tierra.

 

NASCIMENTO ÚLTIMO (Desde nunca, 1982)
Ali onde a mar,
fruta verde-vermelha, cheiro exala,
desfaz criando o mundo, eu seria
a mulher mais ditosa se conseguisse
consumir o afã da possuir:
comunhão com sentidos libertados.
Ali onde a mar se oferece cega
como tu, como todos que a amam,
ali consumaria eu meus casamentos
com elementos se precipitando.
Ali, nome calado que não é nome,
emergirias de mim, não Afrodita
apoiada em vestales senão pedra
que se deixa talhar mansamente.
Ali me encontrarás alienada
rompendo num cantar, porque segura
de me salvar de mim já realizada.
Onde terra docemente se emagrece
suaviza com sua arribada às marés,
ali onde a areia apaga formas,
ali quisesse ser abandonada.
Não aos montes que ásperos esperam:
sim à mar que me fez e que me tem
em sua voz das mares da Terra.

 

AQUEL PEDAZO DE LA TIERRA..(Del obligado dolor.1984)
Desnudado. La yerba arrasada.
Hambrientos rebaños.
Pueblos, en pantanos sumergidos;
añorando deshielos.
Gente padecida se derrumba
a su oscura miseria.
Minerales montañas desdichan
a los que ya envejecieron.
Los prados no alientan, tan secos
cual comidos por fuego.
Las casas alzadas por siglos
abren su boca a la muerte.
Huyó la juventud, dejando
duro manto del olvido.

 

AQUELE PEDAÇO DA TERRA…(Del obligado dolor.1984)
Despido. A erva arrasada.
Famintos rebanhos.
Povos, em pântanos submergidos;
sentindo saudades dos degelos.
Gente padecida se derruba
a sua escura miséria.
Minerais montanhas desgraçam
aos que já envelheceram.
Os prados não alentam, tão secos
qual comidos pel fogo.
As casas alçadas por séculos
abrem sua boca à morte.
Fugiu a juventude, deixando
duro manto do esquecimento.

 

TODO PASA, NADA ESPERA (Crater.1985)
Todo pasa. Nada espera.
Vacila y afirma, la Duda
avanza, se esconde su rostro mortal
de la angustia.
Apenas se oprime una fruta,
entrega su pulpa y su zumo,
sin dudas. Nosotros
vivimos con ellas.
La Tierra nos dice que sí
a cuanto pedimos. El mundo
no afirma nunca. Se niega.
¿Cómo reunir la esperanza
con su logro perfecto? La fruta
se brinda a los dientes;
nos riega garganta, entregando
su olor y su carne a la boca,
en tanto los miedos y dudas
triste amenaza barruntan.
La fruta es del cuerpo avariento;
la duda, ardiente carcoma.
¡Si la duda abrasante se hiciera
con la fruta salvada, Unidad!

 

TUDO PASSA, NADA ESPERA (Cráter, 1985)
Tudo passa. Nada espera.
Vacila e afirma, a Dúvida
avança, se esconde seu rosto mortal
da angústia.
Ao oprimir uma fruta,
entrega a sua polpa e o seu suco
sem dúvidas. Nós
vivemos com elas.
A Terra nos diz que sim
a quanto pedimos. O mundo
não afirma nunca. Se nega.
Como reunir a esperança
com seu lucro perfeito? A fruta
se brinda aos dentes;
nos banha a garganta, entregando
seu cheiro e sua carne à boca,
em tanto os medos e dúvidas
triste ameaça pressentem.
A fruta é do corpo avarento;
a dúvida, ardente cupim.
Se a dúvida abrasante se fizesse
com a fruta salvada, Unidade!

TRADUÇÃO PSdeJ Texto original: Selección del Patronato Carmen Conde y Antonio Oliver

Trabajo completo en
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