12 Grandes escritores en castellano y portugués 2ª parte

Pedro Sevylla de Juana

Grandes escritores son: Machado de Assis, Benito Pérez Galdós, José Saramago, Juan Ramón Jiménez, Hilda Hilst, Gustavo Adolfo Bécquer, Jorge Amado, García Lorca, Patrizia Galvão Pagu, Emilia Pardo Bazán, Fernándo Pessoa, José Martí
Introducción e traduções de Pedro Sevylla de Juana, Ilustraciones de Cesáreo Gutiérrez Cortés. Al final de cada autor pongo el enlace con el trabajo completo. Después de esta segunda entrega vendrá otra con más autores

La 1ª parte: 15 Grandes autores en portugués y castellano, está en:
http://pedrosevylla.com/15-grandes-autores-en-portugues-y-castellano/
con Jorge Manrique, Luiz Vaz de Camões, Alonso de Ercilla y Zúñiga, Gilberto Freyre, Andrés Bello, Carlos Drummond de Andrade, Francisco de Quevedo, Manuel Bandeira, Rubén Darío, Jorge de Sena, Pablo Neruda, Cecília Meireles, José Asunción Silva, Carolina Maria de Jesus, y Carmen Conde.

 

 

Machado de Assis

Cuando más lo necesitaba me encuentro con una vida plácida de literato. Estoy tan acostumbrado a convivir con esas existencias desgarradas en personas que, finalmente, triunfan, a veces sin saberlo, que tomaba como realidad incuestionable la unión del sufrimiento con la obra de calidad. ¿Merece la pena?, me preguntaba tras cada trabajo de divulgación: Quevedo, Camões, Cervantes, como ejemplo tan solo. Joaquim Maria Machado de Assis, parte de abajo y asciende en la escala social con una placidez envidiable. Y con esa placidez envidiable llega a ser considerado como el mayor nombre de la literatura brasileña. Nieto de esclavos, nace en el Morro de Livramento en Rio de Janeiro, con todo lo que eso significa. Niño huérfano de madre, pasa al cuidado de su madrastra, quien le enseña las primeras letras y a vender dulces en un colegio, donde, sin duda, entabló relación con alumnos y profesores. Pasó por la escuela pública, pero su formación fue autodidacta debido al enorme deseo de aprender, y a la facilidad con que aprendía. Aquí esa anécdota de como aprendió francés con el panadero. Aquí los recuerdos de la formación autodidacta de Gabriela Mistral, y el de todos esos escritores educados por familiares sustituyendo a los padres. Se dice que Machado de Assis no pisó como estudiante la Universidad. La Universidad es un cauce principal que necesita otros afluentes. Cuando la fuerza de voluntad es imparable, los ríos afluentes, sumados, llevan más caudal que el principal. La inteligencia, la superioridad intelectual, y el buen gobierno personal le ayudaron a recorrer los meandros públicos, puesto tras puesto. Llegó arriba del todo, partiendo desde muy abajo. Tranquilamente. Para entrar en la Academia Brasileira de Letras, no se le ocurre otra cosa que fundarla con otros compañeros, siendo elegido primer presidente. Lenguas, conocimiento, escritura: ejercita todo y en paralelo alcanza los altos puestos de la Administración del Estado.

Academia Brasileira de Letras
Discurso inicial de Machado de Assis

Senhores: Investindo-me no cargo de presidente, quisestes começar a Academia Brasileira de Letras pela consagração da idade. Se não sou o mais velho dos nossos colegas, estou entre os mais velhos. É simbólico da parte de uma instituição que conta viver, confiar da idade funções que mais de um espírito eminente exerceria melhor. Agora que vos agradeço a escolha, digo-vos que buscarei na medida do possível corresponder à vossa confiança. Não é preciso definir esta instituição, iniciada por um moço, aceita e completada por moços, a Academia nasce com a alma nova, naturalmente ambiciosa. O vosso desejo é conservar, no meio da federação política, a unidade literária. Tal obra exige, não só a compreensão pública, mas ainda e principalmente a vossa constância. A Academia Francesa, pela qual esta se modelou, sobrevive aos acontecimentos de toda casta, às escolas literárias e às transformações civis. A vossa há de querer ter as mesmas feições de estabilidade e progresso. Já o batismo das suas cadeiras com os nomes preclaros e saudosos da ficção, da lírica, da crítica e da eloquência nacionais é indício de que a tradição é o seu primeiro voto. Cabe-vos fazer com que ele perdure. Passai aos vossos sucessores o pensamento e a vontade iniciais, para que eles o transmitam aos seus, e a vossa obra seja contada entre as sólidas e brilhantes páginas da nossa vida brasileira. Está aberta a sessão.

“Os adjetivos passam, e os substantivos ficam” : Con el seudónimo Lélio, lo escribió Machado de Assis en Balas de Estalo, serie colectiva de artículos publicados en la Gazeta de Notícias. Ignoro su intención al escribirlo; pero puede considerarse una alegoría de la vida. También escribió: “O jornal é a verdadeira forma da república do pensamiento”, la prensa y la literatura como vehículo de diversidad, democracia y progreso. Ahí estuvo el firme suelo que pisó. Su humor, énfasis agridulce. Origen, interés por lo existente, causas y consecuencias, el impulso propio y el acicate de su esposa. “Carola, tu não te pareces nada com as mulheres vulgares que tenho conhecido. Espírito e coração como os teus são prendas raras; alma tão boa e tão elevada, sensibilidade tão melindrosa, razão tão reta não são bens que a natureza espalhasse às mãos cheias pelo teu sexo. Tu pertences ao pequeno número de mulheres que ainda sabem amar, sentir e pensar. Como te não amaria eu? Além disso tens para mim um dote que realça o mais: sofreste”.

 

El sueño del esclavo
Poema de Pedro Sevylla de Juana

Al otro lado del muro, oigo su queja:
Imitando a la garza, me llama mi negra.

En el barracón de machos,
responde mi cuerpo, estrechándose:
serpiente humana
por entre los catres.

De las ventanas altas llega el claror de la luna,
ante la puerta cerrada los vigilantes vigilan
y la jauría aúlla.

Segismundo es mi nombre,
y trabajo de esclavo
en el ingenio de caña
levantado a unas leguas
de la ciudad de La Habana.

Finaliza el año
mil ochocientos cuarenta,
noviembre ya mediado;
y tengo, por fin,
mis derechos frente al amo.

Me iniciará en Religión
para recibir el bautismo y ser adoctrinado:
porque el hombre fue hecho a imagen y semejanza de Dios,
patrón de los patrones y capataz supremo ese Dios blanco.

Los domingos y fiestas de precepto,
después de misa trabajaré dos horas
aseando la mansión de los dueños.
No más de dos horas, salvo que haya
tareas urgentes o estemos
en tiempo de zafra.

Debo obediencia a las autoridades,
reverencia a los sacerdotes, respeto a los blancos
y buena disposición con mis iguales.

Dos comidas tendré, o tres si hiciera falta:
ñame, yuca, seis u ocho
boniatos o bananas;
ocho onzas de carne o bacalao, y cuatro de arroz,
menestra, harina o frijol.

En mayo y diciembre recibiré una camisa y un calzón,
gorro o sombrero;
cada dos años camisa de bayeta
y una frazada en enero.

Hasta echar los dientes,
las criaturas recibirán comida ligera,
camisitas de listado,
y en las horas de faena
en el cobertizo quedarán a la incumbencia
de una o varias negras.

En días ordinarios, trabajaré nueve o diez horas
y durante la zafra, o si fuera preciso,
no más de dieciséis
por principio.

Me acompañará el dueño si debo salir de la hacienda,
o llevaré un escrito que autorice la salida
y describa mis señas.
Puede denunciarme cualquiera
si voy solo o no me ajusto
a la ruta
del salvoconducto.

Cuando me porte mal por exceso o por defecto,
recibiré prisión, grillete,
cadena o cepo;
siempre en los pies, nunca en la cabeza,
y los azotes no pasarán de veinte
en la tanda completa.

Si una esclava de otra plantación
-como es mi caso- accediera a casarse conmigo,
la comprará mi dueño
y comprará a sus críos.
Y cuando nos casemos, en la Natividad,
pasaremos del barracón a un bohío.

Todo queda regulado:
ya conozco la ley,
y sé a qué atenerme,
desde ayer.

De ahora en adelante,
cumplidas las disposiciones del Gobernador Valdés,
mi vida puede ser envidiable.

En las noches tranquilas,
tras rezar a Dios por las autoridades,
los sacerdotes, dueños
y capataces;
tras pedir por los blancos y los míos,
esos esclavos de color, sometidos e indomables,
soñaré que soy un príncipe abrazado a mi negra,
y cuando seamos libres
ocuparé el trono que me corresponde por herencia,
siendo yo el rey
y mi amada la reina.

O sonho do escravo
Poema e tradução Pedro Sevylla de Juana

De fora vem a sua queixa:
imitando à garza, me chama a negra.

No barracão de machos,
responde meu corpo, se estreitando:
serpente humana
por entre os catres ferrados.

Das janelas altas chega a claridade da Lua,
ante a porta trancada os vigilantes vigilan
e a matilha ulula.

Segismundo é meu nome, e trabalho de escravo
no engenho de cana
levantado a umas léguas
da cidade de A Havana.

Finaliza o ano
mil oitocentos e quarenta,
novembro já mediado;
e tenho, por fim,
meus direitos ante o amo.

Me iniciará em Religião
para receber o baptismo e ser doutrinado:
porque o homem foi feito a imagem e semelhança
de Deus,
patrão dos patrões donos de escravos,
e capataz supremo
esse Deus branco.

Em dias ordinários, trabalharei nove ou dez horas
e durante a colheita, ou se fosse preciso,
não mais de dezesseis
por princípio.

Nos domingos e festas de preceito
após missa trabalharei duas horas
asseando a mansão dos donos.
Não mais de duas horas, salvo que haja
terefas urgentes
ou estejamos em tempo de safra.

Devo obediência às autoridades,
reverência aos sacerdotes, respeito aos brancos
e boa disposição com meus iguais.

Duas comidas terei, ou três se fizesse falta:
inhame, iúca, seis ou oito batatas-doces ou bananas;
oito onzas de carne ou bacalhau, e quatro de arroz,
hortaliças,
farinha ou feijão.

Gorro ou chapéu
receberei em maio e dezembro
e mais uma camisa e um calção;
a cada dois anos roupa de baeta
e em janeiro um cobrejão.

As crianças, até a saida dos dentes,
receberão comida ligeira,
camisihnas de listrado, e nas horas de lida
ficarão no alpendre à incumbência
duma ou várias
negras.

Irei acompanhado do dono se devo sair da fazenda,
ou levarei um escrito que autorize a saída
e descreva minhas senhas.
Pode me denunciar qualquer se vou sozinho
ou não me ajusto
à rota
do salvo-conduto.

Quando eu me comporte mau por excesso ou por defeito,
receberei cárcere, grilhão,
corrente ou cepo;
sempre nos pés, nunca na cabeça,
e os açoites não passarão de vinte
na sessão completa.

Se uma escrava de outra plantação
-como é meu caso-
acedesse a se casar comigo,
comprá-la-á meu dono e comprará a suos filhos.
E quando nos casemos, em Natal,
passaremos do barracão a um bohío.

Tudo fica regulado:já conheço a lei,
e sei a que me ater,
desde ontem.

Doravante,
cumpridas as disposições do Governador Valdés,
a minha vida pode ser invejável.

Nas noites tranquilas,
depois de rezar a Deus pelas autoridades,
os sacerdotes,
donos e capatazes;
depois de pedir pelos brancos e os meus,
esses escravos de cor, submetidos e indomáveis,
sonharei que sou um príncipe
abraçado a minha negra,
e quando sejamos livres
ocuparei o trono que me corresponde por justiça,
sendo eu o rei
e minha amada, a rainha.

PSdeJ La Habana, Natal de 2010

 

En 1870, a los 31 años, ya casado, Machado de Assis publica, aún romántico, el innovador segundo libro, Falenas, que reune veintiún poemas del autor, seis adaptaciones y una paráfrasis. Editado en Rio fue imprimido en París. De los poemas suyos, diecinueve fueron reeditados en las Poesías Completas. La Marchesa de Miramar se publicó por primera vez en Falenas, y en Poesías Completas mantiene estructura y contenido. Sabida es la admiración sentida por Machado de Assis a la obra de Shakespeare, que permanecerá cuando el imperio británico acabe, cuando la república de los Estados Unidos tenga su fin. En La Marchesa de Miramar hace referencia a la tragedia. Las brujas profetizaron su futuro a Macbeth, héroe de Shakespeare, y esa mención hace el poeta así: Então surge dos tronos 
a profética voz que anunciava ao teu crédulo esposo: ”Tu serás rei, Macbeth!” Se refiere a Carlota, archiduquesa en el castillo de Miramar, y esposa de Maximiliano, emperador de México. Su marido dedicó tres años a modernizar el país y, cuando fue fusilado, Carlota, ya en Europa buscando alianzas, se volvió loca. Se dan en Falenas esa ironía tan característica del autor, el pesimismo y algunos visos de la influencia de Camões. La primera estrofa de La Marchesa de Miramar, me recuerda a las coplas de Jorge Manrique.

LA MARCHESA DE MIRAMAR
Poema de Machado de Assis

O arquiduque Maximiliano, quando estava em Miramar, costumava retratar fotograficamente a arquiduquesa, escrevendo por baixo do retrato: “La marchesa de Miramar”. [MdeA.]

A misérrima Dido Pelos paços reais vaga ululando. GARÇÃO

De quanto sonho um dia povoaste
A mente ambiciosa,
Que te resta? Uma página sombria,
A escura noite e um túmulo recente.

Ó abismo! Ó fortuna! Um dia apenas
Viu erguer, viu cair teu frágil trono.
Meteoro do século, passaste,
Ó triste império, alumiando as sombras.
A noite foi teu berço e teu sepulcro!
Da tua morte os goivos inda acharam
Frescas as rosas dos teus breves dias;
E no livro da história uma só folha
A tua vida conta: sangue e lágrimas.

No tranqüilo castelo,
Ninho d′amor, asilo de esperanças,
A mão de áurea, fortuna preparara,
Menina e moça, um túmulo aos teus dias.
Junto do amado esposo,
Outra c′roa cingias mais segura,
A coroa do amor, dádiva santa
Das mãos de Deus. No céu de tua vida
Uma nuvem sequer não sombreava
A esplêndida manhã; estranhos eram
Ao recatado asilo 
Os rumores do século.
Estendia-se
Em frente o largo mar, tranqüila face
Como a da consciência alheia ao crime,
E o céu, cúpula azul do equóreo leito.
Ali, quando ao cair da amena tarde,
No tálamo encantado do ocidente,
O vento melancólico gemia,
E a onda murmurando,
Nas convulsões do amor beijava a areia,
Ias tu junto dele, as mãos travadas,
Os olhos confundidos,
Correr as brandas, sonolentas águas,
Na gôndola discreta. Amenas flores
Com suas mãos teciam
As namoradas Horas; vinha a noite,
Mãe de amores, solícita descendo,
Que em seu regaço a todos envolvia,
O mar, o céu, a terra, o lenho e os noivos…
Mas além, muito além do céu fechado,
O sombrio destino, contemplando
A paz do teu amor, a etérea vida,
As santas efusões das noites belas,
O terrível cenário preparava
A mais terríveis lances.
Então surge dos tronos
A profética voz que anunciava
Ao teu crédulo esposo:
«Tu serás rei, Macbeth!» Ao longe, ao longe,
No fundo do oceano, envolto em névoas,
Salpicado de sangue, ergue-se um trono.
Chamam-no a ele as vozes do destino.
Da tranqüila mansão ao novo império
Cobrem flores a estrada, — estéreis flores
Que mal podem cobrir o horror da morte.
Tu vais, tu vais também, vítima infausta;
O sopro da ambição fechou teus olhos…
Ah! quão melhor te fora
No meio dessas águas
Que a régia nau cortava, conduzindo
Os destinos de um rei, achar a morte:
A mesma onda os dois envolveria.
Uma só convulsão às duas almas
O vínculo quebrara, e ambas iriam,
Como raios partidos de uma estrela,
À eterna luz juntar-se.

Mas o destino, alçando a mão sombria,
Já traçara nas páginas da história
O terrível mistério. A liberdade
Vela naquele dia a ingênua fronte.
Pejam nuvens de fogo o céu profundo.
Orvalha sangue a noite mexicana…
Viúva e moça, agora em vão procuras
No teu plácido asilo o extinto esposo.
Interrogas em vão o céu e as águas.
Apenas surge ensangüentada sombra
Nos teus sonhos de louca, e um grito apenas,
Um soluço profundo reboando
Pela noite do espírito, parece
Os ecos acordar da mocidade.
No entanto, a natureza alegre e viva,
Ostenta o mesmo rosto.
Dissipam-se ambições, impérios morrem,
Passam os homens como pó que o vento
Do chão levanta ou sombras fugitivas,
Transformam-se em ruína o templo e a choça.
Só tu, só tu, eterna natureza,
Imutável, tranqüila,
Como rochedo em meio do oceano
Vês baquear os séculos.
Sussurra
Pelas ribas do mar a mesma brisa;
O céu é sempre azul, as águas mansas;
Deita-se ainda a tarde vaporosa
No leito do ocidente;
Ornam o campo as mesmas flores belas…
Mas em teu coração magoado e triste,
Pobre Carlota! o intenso desespero
Enche de intenso horror o horror da morte,
Viúva da razão, nem já te cabe
A ilusão da esperança.
Feliz, feliz, ao menos, se te resta,
Nos macerados olhos,
O derradeiro bem: — algumas lágrimas!
Texto:
http://machado.mec.gov.br/images/stories/pdf/poesia/maps02.pdf

LA MARCHESA DE MIRAMAR
Poema de Machado de Asís
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana

El archiduque Maximiliano, cuando estaba en Miramar, acostumbraba a retratar fotográficamente a la archiduquesa, escribiendo en la parte inferior del retrato: “La Marchesa de Miramar”. [M.A.]

De cuanto sueño un día poblaste
La mente ambiciosa,
¿Qué te queda? Una página sombría,
La oscura noche y un túmulo reciente.

¡Oh abismo! ¡Oh fortuna! Un día sólo
Vio erguir, vio caer tu frágil trono.
Meteoro del siglo, pasaste,
¡Oh triste imperio, iluminando las sombras!
¡La noche fue tu cuna y tu sepulcro!
De tu muerte los alhelíes todavía hallaron
Frescas las rosas de tus breves días;
Y en el libro de la historia una sola hoja
Tu vida cuenta: sangre y lágrimas.

En el castillo confiado,
Nido d′amor, abrigo de esperanzas,
La mano de ufanía, fortuna hubo preparado,
Niña y muchacha, un túmulo a tus días.
Al lado del amado esposo,
Otra corona ceñías más segura,
La corona del amor, dádiva santa
De las manos de Dios. En el cielo de tu vida
Una nube al menos no oscurecía
La espléndida mañana; extraños eran
Al recatado refugio
Los rumores del siglo.
Se extendía
frente el ancho mar, tranquila faz
Como la de la conciencia ajena al crimen,
Y el cielo, cúpula azul del marino lecho.
Allí, cuando al caer de la amena tarde,
En el tálamo encantado del occidente,
El viento melancólico gemía,
Y la ola murmurando,
En las convulsiones del amor besaba la arena,
Ibas tú junto de él, las manos unidas,
Los ojos confundidos,
Correr las blandas, soñolientas aguas,
En la góndola discreta. Amenas flores
Con sus manos tejían
Las apasionadas Horas; venía la noche,
Madre de amores, solícita descendiendo,
Que en su regazo a todos envolvía,
El mar, el cielo, la tierra, el leño y los prometidos…
Pero además, mucho más allá del cielo cerrado,
El nebuloso destino, contemplando
La paz de tu amor, la etérea vida,
Las santas efusiones de las noches bellas,
El terrible escenario preparaba
los más espantosos encuentros.
Entonces surge de los tronos
la profética voz que anunciaba
A tu crédulo esposo:
«Tú serás rey, Macbeth!» A lo lejos, a lo lejos,
En el fondo del océano, envuelto en nieblas,
Salpicado de sangre, se eleva un trono.
Lo llaman a él las voces del destino.
De la tranquila mansión al nuevo imperio
Cubren flores la calzada, — estériles flores
Que apenas pueden cubrir el horror de la muerte:
Tú vas, tú vas también, víctima infausta;
el soplo de la ambición cerró tus ojos.
Ah! Cuan mejor te fuera
En medio de esas aguas
Que la regia nave abría, conduciendo
Los destinos de un rey, encontrar la muerte:
La misma onda a los dos envolvería.
Una sola convulsión a las dos almas
El vínculo quebrara, y ambas irían,
Como rayos partidos de una estrella,
A la eterna luz para juntarse.

Pero el destino, alzando la mano sombría,
Ya trazó en las páginas de la historia
El terrible misterio. La libertad
Vela en aquel día la ingenua frente.
Llenan nubes de fuego el cielo profundo.
rocía sangre la noche mexicana…
Viuda y muchacha, ahora vanamente buscas
En tu plácido refugio el extinto esposo.
Interrogas en vano al cielo y las aguas.
Sólo surge ensangrentada sombra
En tus sueños de loca, y un grito solo,
Un suspiro profundo rebotando
Por la noche del espíritu, parece
Los ecos despertar de la mocedad.
Sin embargo, la naturaleza alegre y viva,
Presenta el mismo rostro.
Se disipan ambiciones, imperios mueren,
Pasan los hombres como polvo que el viento
Del suelo levanta o sombras fugitivas,
Se transforman en ruina el templo y la choza.
Sólo tú, sólo tú, eterna naturaleza,
Imutable, serena,
Como peñasco en medio del océano
Ves palpitar los siglos.
Por los acantilados del mar la misma brisa;
El cielo es siempre azul, las aguas mansas;
Se acuesta aún la tarde vaporosa
En el lecho del occidente;
Adornan el campo las mismas flores bellas…
Pero en tu corazón dolorido y triste,
Pobre Carlota! la aguda desesperación
Llena de intenso horror el horror de la muerte,
Viuda de la razón, ni ya te cabe
La ilusión de la esperanza.
Feliz, feliz, al menos, si te resta,
En los macerados ojos,
El postrero bien: — algunas lágrimas!

Tradução: PSdeJ El Escorial 31 Marzo 2017

Em 1869, Joaquim Machado de Assis se casa con la portuguesa Carolina Augusta Xavier de Nováis. Cuando falleció ella, el 20 de octubre de 1904, tras 35 años de matrimonio bien asentado, la vida en la Calle Cosme Velho se convierte en muy desagradable. Cuatro años más tarde murió Machado En la carta, con F se refiere a Faustino Xavier de Nováis, poeta romántico portugués, hermano de Carolina y amigo de Joaquím Machado.

Fragmento conservado de una carta de Machado de Assis a Carolina. En otra que se conserva, el autor firmaba Machadinho:
2 de Março. Minha Carola. Já a esta hora deves ter em mão a carta que te mandei hoje mesmo, em resposta às duas que ontem recebi. Nela foi explicada a razão de não teres carta no domingo; deves ter recebido duas na segunda feira. Queres saber o que fiz no domingo? Trabalhei e estive em casa. Saudades de minha C., tive-as como podes imaginar, e mais ainda, estive aflicto, como te contei, por não ter tido cartas tuas durante dois dias. Afirmo-te que foi um dos mais tristes que tenho passado. Para imaginares a minha aflição, basta ver que cheguei a suspeitar da oposição do F., como te referi numa das minhas últimas cartas. Era mais do que uma injustiça, era uma tolice. Vê lá justamente quando eu estava a criar estes castelos no ar, o bom F. conversava a meu respeito com a A. e parecia aprovar as minhas intenções (perdão, as nossas intenções!). Não era de esperar outra coisa do F.; foi sempre amigo meu, amigo verdadeiro, dos poucos que, no meu coração, têm sobrevivido às circunstâncias e ao tempo. Deus lhe conserve os dias e lhe restitua a saúde para assistir à minha e à tua felicidade. Contou-me hoje o Araújo que, encontrando-se num dos carros que fazem viagem para Botafogo e Laranjeiras, com o Miguel, este lhe dissera que andava procurando casa por ter alugado a outra. Não sei se essa casa que ele procura é só para ele ou se para toda a família. Achei conveniente comunicar-te isto; não sei se já sabes alguma coisa a este respeito. No entanto, espero também a tua resposta ao que te mandei dizer na carta de ontem, relativamente à mudança. Dizes que, quando lês algum livro, ouves unicamente as minhas palavras, e que eu te apareço em tudo e em toda a parte? É então certo que eu ocupo o teu pensamento e a tua vida? Já mo disseste tanta vez, e eu sempre a perguntar-te a mesma coisa, tamanha me parece esta felicidade. Pois, olha; eu queria que lesses um livro que eu acabei de ler há dias; intitula-se A Família. Hei de comprar um exemplar para lermos em nossa casa como uma espécie de Bíblia Sagrada. É um livro sério, elevado e profundo; a simples leitura dele dá vontade de casar. Faltam quatro dias; daqui a quatro dias terás lá a melhor carta que eu te poderia mandar, que é a minha própria pessoa, e ao mesmo tempo lerei o melhor………………………………………………………………………………………Machadinho.

A CAROLINA
Poema de Machado de Assis

Querida, ao pé do leito derradeiro
Em que descansas dessa longa vida
Aqui venho e virei, pobre querida,
Trazer-te o coração do companheiro.

Pulsa-lhe aquele afeto verdadeiro
Que, a despeito de toda a humana lida,
Fez a nossa existência apetecida
E num recanto pôs um mundo inteiro.

Trago-te flores, – restos arrancados
Da terra que nos viu passar unidos
E ora mortos nos deixa e separados.

Que eu, se tenho nos olhos malferidos
Pensamentos de vida formulados,
São pensamentos idos e vividos.

 

A Carolina
Poema de Machado de Assis
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

Querida, al pie del lecho postrero
En que descansas de esa larga vida,
Aquí vengo y vendré, pobre querida,
A traerte el corazón del compañero.

Le impulsa aquel afecto verdadero
Que, a despecho de toda liza humana,
Hizo nuestra existencia la anhelada
Y en un refugio puso un mundo entero.

Te traigo flores, – restos arrancados
De la tierra que nos vio pasar unidos
y ahora muertos nos deja y separados.

Que yo, si tengo en los ojos malheridos
Pensamientos de vida formulados,
Son pensamientos idos y vividos.

Traducido por PSdeJ, 30 de marzo de 2017

Texto completo en
http://pedrosevylla.com/machado-assis/

 

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Benito Pérez Galdós

La estatua de Galdós inaugurada en enero de 1919 en el parque de El Buen Retiro de Madrid, labrada en piedra blanca de Lérida, es obra del escultor palentino Victorio Macho. Ambos, artista y modelo, amigos hechos en sus estancias en Santander, asistieron al acto de presentación de la escultura sufragada con dineros recogidos en cuestación popular. Galdós había quedado ciego tras las dos operaciones de cataratas, y apreció la escultura por el sentido del tacto.

Todo lo escribió este gigante de la escritura. Tan grande, que su obra podría constituir por sí sola la literatura completa de un país de tamaño mediano. Durante un tiempo viví en Valladolid en su calle; al final de la que lleva su nombre, en un segundo piso. Llegué a Madrid a los diecisiete años y de los dieciocho a los veintiuno, estuvimos uno frente al otro, Calle del Prado. Vivía yo en una pensión del número 21, y cruzando los seis metros de calle, estaba el Ateneo, que tantos y tan bellos recuerdos y experiencias había proporcionado a Galdós, y donde se alojan los más de sus libros. Después del trabajo y de las clases, lector yo a diario hasta que cerraba la docta casa. Cuando, antes de cumplir los cincuenta, dejé mi puesto de trabajo en una empresa multinacional para escribir mi primera novela, fue a Pérez Galdós a quien pedí ayuda primero. Había traído yo a Madrid de mi casa paterna en Valdepero, algunos libros suyos ya leídos; entre ellos uno sin cubiertas cosido con fino hilo de bramante, que bien pudiera ser “Guerra de la independencia, extractada para uso de los niños”, pues cuenta con 349 páginas, acaba en Arapiles y termina con las últimas palabras de la narración del soldado Araceli: Amorosa y risueña me incitaba a ser lo que soy, el perfecto ciudadano español. No hay colofón y comienza en la página siete con el apartado II de Trafalgar. Son preciosas sus ilustraciones, posible trabajo del propio escritor.

Luego, en La Cuesta de Moyano y en las sucesivas librerías de viejo que iba encontrando en Madrid, o en las ciudades que visitaba por motivos de trabajo: Barcelona, Palma de Mallorca, Sevilla, Valencia o La Coruña, me hacía con nuevos ejemplares usados, de él y de otros, que acabaron formando la biblioteca de la casa de El Escorial, creciente en demanda de estanterías. Sí, Galdós me alimentó a intervalos más o menos distanciados, y su obra ha sido mi mayor y mejor nutriente. No sé lo que habrá de él en mis novelas, pero ha de ser mucho. Y hasta en mis relatos y poemas habrá formas o fondos suyos.
Me he preguntado muchas veces por su obra poética, convencido de que la hubo. Fue un escritor precoz, romántico él en esos años jóvenes. Aún me pregunto cómo sería la poesía lírica del escritor de “La sombra”. Conozco algún poema épico de lo poco que dio a conocer, quizá tímido de una timidez cerrada:

Un ruido sordo en el recinto suena
y los valientes de pavor transidos
contemplen todo con horrible pena
sus furores en miedo convertidos.
(…)
Disperso corre el engreído bando
a la vista del jefe furibundo,
con vergüenza y despecho deseando
que se lo trague el ámbito profundo.
¡Esclavo sin razón!, ¿por qué combates?
Humíllate al poder de los magnates.

O estos otros, satíricos, cargados de humor:

Es el espectro fúnebre
de aquel poeta extático
que a mártires y vírgenes
y apóstoles seráficos
colores dio poéticos
con sus serenos cánticos;
de aquel cuyos volúmenes,
que algunos llaman fárragos,
contienen más esdrújulos
que gotas el Atlántico.

Publicó en El Debate, noviembre de 1871, meses después de morir Bécquer, un artículo de análisis titulado “Las Obras de Bécquer”. publicó alguna crítica poética, dejándonos en ellas su idea y su respeto por la poesía, que los jóvenes de su tiempo, dice, han limitado a la belleza exterior, a la forma sin fondo. Propugna la poesía del pensamiento de los poetas alemanes, krausitas acaso. Escribió algún prólogo, también; y estaba al tanto de las corrientes poéticas y de los poetas. Creó numerosos personajes femeninos de gran hondura: Nina, Almudena, Nela, Clara, Fortunata, Perfecta, Rosalía, Gloria; tan solo como ejemplo. Poema y mujer. Poema y amor. ¿Escribiría poemas de amor que no se atrevió a difundir? Estuvo rodeado de mujeres hasta los diecinueve años: su madre, las tías, sus seis hermanas. Además, estaban las sirvientas. Conocía el universo femenino desde la posición de niño enfermo de asma, necesitado de cuidados. Fue el menor de diez hermanos y tuvo una madre dominante. Circunstancias que dan para iluminar la infancia y primera juventud incógnitas.

Su refugio debió de ser la poesía; estoy convencido. Leí, en mis tiempos de fiebre galdosiana, uno de esos poemas que ya he olvidado. Y me baso en mi propia trayectoria para tal sospecha. Recuerdo la época aquella en que descubrí el amor en Ana María Inmaculada, catorce años yo y ella algo así. Torrentes de poemas llegaron de improviso, que comenzaron tras las redacciones de los diez años y la pequeña novela de los doce, hija esta de mis abundantes lecturas. Pero a los catorce cristalicé en el sistema hexagonal como los copos de nieve, y Ana María fue mi Sol: luz y calor en el centro de todo giro. A los diecisiete cristalicé en forma de cubo, primero fueron paredes transparentes como el Espato de Islandia, luego metálicas como la Pirita. Y esos tres años que van del hexágono al cubo, enamorado del amor y luego de la mujer, surgió la cascada de poemas enviados por correo, porque ella estudiaba en el Instituto y yo estaba interno en La Salle.

Los dos Cisnes y Leda, Victoria del deseo
Poema de Pedro Sevylla de Juana
nas duas línguas

Cuarta Gracia de Rubens,
caminaba Leda, Primavera adelante
mostrando su belleza rotunda,
entre los transparentes pliegues
del tejido intangible que,
Reina recién desposada,
vestía.

A floresta alumiava o dia,
a Mata-Atlántica, o remanso do rio,
o rumor da corrente;
e os cisnes,
Blanco e Negro,
que ali se banhavam.

Se livrou Leda das insubstanciais vestiduras
para não as molhar,
e ficou tão nua como
quando ia vestida.

Enamoró a los cisnes de los que
se enamoraba sin propósito definido.
Oh, sus plumas límpidas. Oh, su cuello
de curva interrogante,
su elegante misterio.
Y los cisnes lucharon entre sí
 con todo el deseo
de su fuerza,
 con la fuerza toda
del deseo recién surgido.

Cabelos, rosto, ombros
braços, peitos,
o nácar de mil caracolas na pele rosada;
ventre, nádegas, coxas e a misteriosa
conjunção copulativa,
que acordava
do longo sonho
de castidade devido e reservado ao esposo.

Branco
e Negro
lutaram
pela escultura viva de mulher:
bicadas,
grasnidos
e puxões dos pescoços
enlaçados.

Los dos Cisnes, machos amigos da alma,
-têm alma esses animais-
señores de la hermosura animal,
de las armoniosas líneas,
se enemistaron por el afán reproductor
que puso en ellos Natureza.

Ganó Cisne Negro
y el blanco
huyó
a toda
prisa
picoteando su orgullo marchito
las plumas deshojadas,
las alas rotas,
el cuello desplomado.

Leda, testemunha da luta,
vivia os momentos com agitação virginal
enquanto os desejos, tanto tempo reprimidos,
iam desatando suas ligaduras,
despregando as dendrites,
sensibilíssima sensibilidade,
umedecendo a pele interna
 com um mel
tão líquido
como
 a água que recebia o sobejo.

Fue allí, en el estanque de las mil delicias,
donde el Cisne triunfador,
negras sus plumas brillantes,
iluminadas de su propia luz hasta
confundirse con el blanco inmaculado,
se acercó a la mujer de simetría perfecta,
figura de cálida y suave piel nacarada.
Lo esperaba Leda ansiosa y tímida,
señalando, más que cubriendo,
con las manos, su intimidad
trémula:
pechos altos, muslos prietos en la conjunción
esponjada, rebosante de melifluos deseos.

Não era humano Cisne Negro, porque era
o Pai Zeus, deus de deuses,
encarnado nele para possuir a Leda
e se adonar da sua imaculada pele de nácar
de seus peitos intatos
da sua intimide aberta
de seu desejo e seu prazer desbordantes
desbordados.

En el instante supremo de la Cópula
se oyó enérgico y suave
el Himno profano que tituló Eros:
“La victoria del Deseo”, compuesto
por Händel, Afrodita, Apolo e Himeneo
para ocasión tan memorable.

Essa longa e esplêndida sinfonia
de ritmo movediço,
que parecia ressuscitar com crescido vigor
após dos silêncios,
teve o efeito de acordar em mim a autocensura
e me evitar a descrição de tão
apasionado encontro.

Mal menor, pues la imaginación de poetas y pintores
la ha dibujado en todas sus variantes posibles
durante los largos
siglos transcurridos.

PSdeJ Vitória ES Brasil 11 del 11 del 2016

Si don Benito no fue un don Juan, al menos fue un hombre a quien gustaban mucho las mujeres y de quien las mujeres se enamoraban. Tuvo varios amores asentados, y con Lorenza Cobián llegó a ser padre de una niña. Por sus obras sabemos cómo pensaba y todo lo que sabía sobre el amor y las mujeres. Por eso creo que, perdidos, borrados o entregados al fuego, Benito Pérez Galdós debió de escribir suficientes poemas de calidad más que aceptable.
Los libros de cabecera de Galdós, fueron, fundamentalmente, El Quijote y La Celestina; a ellos volvía una y otra vez. Páginas y páginas escribió para desarrollar un mismo asunto. No obstante, en su tiempo no era reconocido como autor de relatos breves. Emilia Pardo Bazán, amiga íntima, llegó a decir que no estaba tan dotado para el cuento, como para novela. Y lo dijo, escritora de cuentos ella, nada más aparecer los primeros de don Benito.
Mi opinión es muy otra, por eso traduje al portugués uno de ellos. La Conjuración de las palabras. Cuento alegórico. Fue publicado en La Nación el 12 de abril de 1868. Va cuidado en todos sus detalles, y avanza lentamente como una pluma sobre el papel al formar líneas de caligrafía, o rauda, como cuando el dedo escribe sobre las nubes en el cristal de la ventana opaco de vaho. Se ha dicho que es una alegoría política de los días previos a la revolución de 1868. Está más clara la intención de poner en evidencia a los autores españoles del momento. El humor es un hilo conductor que empuja a intervalos el argumento, pues lo hay intencionado en planteamiento, nudo y desenlace.

 

La conjuración de las Palabras
Cuento de Benito Pérez Galdós

Érase un gran edificio llamado Diccionario de la Lengua Castellana, de tamaño tan colosal y fuera de medida, que, al decir de los cronistas, ocupaba casi la cuarta parte de una mesa, de estas que, destinadas a varios usos, vemos en las casas de los hombres. Si hemos de creer a un viejo documento hallado en viejísimo pupitre, cuando ponían al tal edificio en el estante de su dueto, la tabla que lo sostenía amenazaba desplomarse, con detrimento de todo lo que había en ella. Formábanlo dos anchos murallones de cartón, forrados en piel de becerro jaspeado, y en la fachada, que era también de cuero, se veía, un ancho cartel con doradas letras, que decían al mundo y a la posteridad el nombre, y significación de aquel gran monumento.
Por dentro era un laberinto tan maravilloso, que ni el mismo de Creta se le igualara. Dividíanlo hasta seiscientas paredes de papel con sus números llamados páginas. Cada espacio estaba subdividido en tres corredores o crujías muy grandes, y en estas crujías se hallaban innumerables celdas, ocupadas por los ochocientos o novecientos mil seres que en aquel vastísimo recinto tenían su habitación. Estos seres se llamaban palabras.
***
Una mañana sintióse gran ruido de voces, patadas, choque de armas, roce de vestidos, llamamientos y relinchos, como si un numeroso ejército se levantara y vistiese a toda prisa, apercibiéndose para una tremenda batalla. Y a la verdad, cosa de guerra debía de ser, porque a poco rato salieron todas o casi todas las palabras del Diccionario, con fuertes y relucientes armas, formando un escuadrón tan grande que no cupiera en la misma Biblioteca Nacional. Magnífico y sorprendente era el espectáculo que este ejército presentaba, según me dijo el testigo ocular que lo presenció todo desde un escondrijo inmediato, el cual testigo ocular era un viejísimo Flos sanctorum, forrado en pergamino, que en el propio estante se hallaba a la sazón.
Avanzó la comitiva hasta que estuvieron todas las palabras fuera del edificio. Trataré de describir el orden y aparato de aquel ejército, siguiendo fielmente la veraz, escrupulosa y auténtica narración de mi amigo el Flos sanctorum.
Delante marchaban unos heraldos llamados Artículos, vestidos con magníficas dalmáticas y cotas de finísimo acero: no llevaban armas, y sí los escudos de sus señores los Sustantivos, que venían un poco más atrás. Éstos, en número casi infinito, eran tan vistosos y gallardos que daba gozo verlos. Unos llevaban resplandecientes armas del más puro metal, y cascos en cuya cimera ondeaban plumas y festones; otros vestían lorigas de cuero finísimo, recamadas de oro y plata; otros cubrían sus cuerpos con luengos trajes talares, a modo de senadores venecianos. Aquéllos montaban poderosos potros ricamente enjaezados, y otros iban a pie. Algunos parecían menos ricos y lujosos que los demás; y aun puede asegurarse que había bastantes pobremente vestidos, si bien éstos eran poco vistos, porque el brillo y elegancia de los otros, como que les ocultaba y obscurecía.
Junto a los Sustantivos marchaban los Pronombres, que iban a pie y delante, llevando la brida de los caballos, o detrás, sosteniendo la cola del vestido de sus amos, ya guiándoles a guisa de lazarillos, ya dándoles el brazo para sostén de sus flacos cuerpos, porque, sea dicho de paso, también había Sustantivos muy valetudinarios y decrépitos, y algunos parecían próximos a morir. También se veían no pocos Pronombres representando a sus amos, que se quedaron en cama por enfermos o perezosos, y estos Pronombres formaban en la línea de los Sustantivos como si de tales hubieran categoría. No es necesario decir que los había de ambos sexos; y las damas cabalgaban con igual donaire que los hombres, y aun esgrimían las armas con tanto desenfado como ellos.
Detrás venían los Adjetivos, todos a pie; y eran como servidores o satélites de los Sustantivos, porque formaban al lado de ellos, atendiendo a sus órdenes para obedecerlas. Era cosa sabida que ningún caballero Sustantivo podía hacer cosa derecha sin el auxilio, de un buen escudero de la honrada familia de los Adjetivos; pero éstos, a pesar de la fuerza y significación que prestaban a sus amos, no valían solos ni un ardite, y se aniquilaban completamente en cuanto quedaban solos. Eran brillantes y caprichosos sus adornos y trajes, de colores vivos y formas muy determinadas; y era de notar que cuando se acercaban al amo, éste tomaba el color y la forma de aquéllos, quedando transformado al exterior, aunque en esencia el mismo. Como a diez varas de distancia venían los Verbos, que eran unos señores de lo más extraño y maravilloso que puede concebir la fantasía.
No es posible decir su sexo, ni medir su estatura, ni pintar sus facciones, ni contar su edad, ni describirlos con precisión y exactitud. Basta saber que se movían mucho y a todos lados, y tan pronto iban hacia atrás como hacia adelante, y se juntaban dos para andar emparejados. Lo cierto del caso, según me aseguró el Flos sanctorum, es que sin los tales personajes no se hacía cosa a derechas en aquella República, y, si bien los Sustantivos eran muy útiles, no podían hacer nada por sí, y eran como instrumentos ciegos cuando algún señor Verbo no los dirigía. Tras éstos venían los Adverbios, que tenían cataduras de pinches de cocina; como que su oficio era prepararles la comida a los Verbos y servirles en todo. Es fama que eran parientes de los Adjetivos, como lo acreditaban viejísimos pergaminos genealógicos, y aun había Adjetivos que desempeñaban en comisión la plaza de Adverbios, para lo cual bastaba ponerles una cola o falda que, decía: mente.
Las Preposiciones, eran enanas; y más que personas parecían cosas, moviéndose iban junto a los Sustantivos para llevar recado a algún Verbo, o viceversa. Las Conjunciones andaban por todos lados metiendo bulla; y una de ellas especialmente, llamada que, era el mismo enemigo y a todos los tenía revueltos y alborotados, porque indisponía a un señor Sustantivo con un señor Verbo, y a veces trastornaba lo que éste decía, variando completamente el sentido. Detrás de todos marchaban las interjecciones, que no tenían cuerpo, sino tan sólo cabeza con gran boca siempre abierta. No se metían con nadie, y se manejaban solas; que, aunque pocas en número, es fama que sabían hacerse valer.
De estas palabras, algunas eran nobilísimas, y llevaban en sus escudos delicadas empresas, por donde se venía en conocimiento de su abolengo latino o árabe; otras, sin alcurnia antigua de que vanagloriarse, eran nuevecillas, plebeyas o de poco más o menos. Las nobles las trataban con desprecio. Algunas había también en calidad de emigradas de Francia, esperando el tiempo de adquirir nacionalidad. Otras, en cambio, indígenas hasta la pared de enfrente, se caían de puro viejas, y yacían arrinconadas, aunque las demás guardaran consideración a sus arrugas; y las había tan petulantes y presumidas, que despreciaban a las demás mirándolas enfáticamente.
Llegaron a la plaza del Estante y la ocuparon de punta a punta. El verbo Ser hizo una especie de cadalso o tribuna con dos admiraciones y algunas comas que por allí rodaban, y subió a él con intención de despotricarse; pero le quitó la palabra un Sustantivo muy travieso y hablador, llamado Hombre, el cual, subiendo a los hombros de sus edecanes, los simpáticos Adjetivos Racional y Libre, saludó a la multitud, quitándose la H, que a guisa de sombrero le cubría, y empezó a hablar en estos o parecidos términos:
«Señores: La osadía de los escritores españoles ha irritado nuestros ánimos, y es preciso darles justo y pronto castigo. Ya no les basta introducir en sus libros contrabando francés, con gran detrimento de la riqueza nacional, sino que cuando por casualidad se nos emplea, trastornan nuestro sentido y nos hacen decir lo contrario de nuestra intención. (Bien, bien.) De nada sirve nuestro noble origen latino, para que esos tales respeten nuestro significado. Se nos desfigura de un modo que da grima y dolor. Así, permitidme que me conmueva, porque las lágrimas brotan de mis ojos y no puedo reprimir la emoción». (Nutridos aplausos.)
El orador se enjugó las lágrimas con la punta de la e, que de faldón le servía, y ya se preparaba a continuar, cuando le distrajo el rumor de una disputa que no lejos se había entablado.
Era que el Sustantivo Sentido estaba dando de mojicones al Adjetivo Común, y le decía:
«Perro, follón y sucio vocablo; por ti me traen asendereado, y me ponen como salvaguardia de toda clase de destinos. Desde que cualquier escritor no entiende palotada de una ciencia, se escuda con el Sentido Común, y ya le parece que es el más sabio de la tierra. Vete, negro y pestífero Adjetivo, lejos de mí, o te juro que no saldrás, con vida de mis manos.
Y al decir esto, el Sentido enarboló la t, y dándole un garrotazo con ella a su escudero, le dejó tan malparado, que tuvieron que ponerle un vendaje en la o, y bizmarle las costillas de la m, porque se iba desangrando por allí a toda prisa.
«Haya paz, señores -dijo un Sustantivo Femenino llamado Filosofía, que con dueñescas tocas blancas apareció entre el tumulto. Mas en cuanto le vio otra palabra llamada Música, se echó sobre ella y empezó a mesarla los cabellos y a darla coces, cantando así:
-Miren la bellaca, la sandía, la loca; ¿pues no quiere llevarme encadenada con una Preposición, diciendo que yo tengo Filosofía? Yo no tengo sino Música, hermana. Déjeme en paz y púdrase de vieja en compañía de la Alemana, que es obra vieja loca.
-Quita allá, bullanguera -dijo la Filosofía arrancándole a la Música el penacho o acento que muy erguido sobre la u llevaba-: quita allá, que para nada vales, ni sirves más que de pasatiempo pueril.
-Poco a poco, señoras mías -gritó un Sustantivo, alto, delgado, flaco y medio tísico, llamado el Sentimiento. A ver, señora Filosofía, si no me dice usted esas cosas a mi hermana o tendremos que vernos las caras. Estese usted quieta y deje a Perico en su casa, porque todos tenemos trapitos que lavar, y si yo saco los suyos, ni con colada habrán de quedar limpios.
-Miren el mocoso -dijo la Razón que andaba por allí en paños menores y un poquillo desmelenada, – ¿qué sería de estos badulaques sin mí? No reñir, y cada uno a su puesto, que si me incomodo…
-No ha de ser -dijo el Sustantivo Mal, que en todo había de meterse.
-¿Quién le ha dado a usted vela en este entierro, tío Mal? Váyase al Infierno, que ya está de más en el mundo.
-No, señoras, perdonen usías, que no estoy sino muy retebién. Un poco decaidillo andaba; pero después que tomé este lacayo, que ahora me sirve, me voy remediando.- Y mostró un lacayo que era el Adjetivo Necesario.
-Quítenmela, que la mato -chillaba la Religión, que había venido a las manos con la Política;- quítenmela que me ha usurpado el nombre para disimular en el mundo sus socaliñas y gatuperios.
-Basta de indirectas. ¡Orden! -dijo el Sustantivo Gobierno, que se presentó para poner paz en el asunto.
Déjalas que se arañen, hermano -observó la Justicia-; déjelas que se arañen que ya sabe vuecencia que rabian de verse juntas. Procuremos nosotros no andar también a la greña, y adelante con los faroles.
Mientras esto ocurría, se presentó un gallardo Sustantivo, vestido con relucientes armas, y trayendo un escudo con peregrinas figuras y lema de plata y oro. Llamábase el Honor y venía a quejarse de los innumerables desatinos que hacían los humanos en su nombre, dándole las más raras aplicaciones, y haciéndole significar lo que más les venía a cuento. Pero el Sustantivo Moral, que estaba en un rincón atándose un hilo en l que se le había roto en la anterior refriega, se presentó, atrayendo la atención general. Quejóse de que se le subían a las barbas ciertos Adjetivos advenedizos, y concluyó diciendo que no le gustaban ciertas compañías y que más le valiera andar solo, de lo cual se rieron otros muchos Sustantivos fachendosos que no llevaban nunca menos de seis Adjetivos de servidumbre.
Entretanto, la Inquisición, una viejecilla que no se podía tener, estaba pegando fuego a una hoguera que había hecho con interrogantes gastados, palos de T y paréntesis rotos, en la cual hoguera dicen que quería quemar a la Libertad, que andaba dando zancajos por allí con muchísima gracia y desenvoltura. Por otro lado estaba el Verbo Matar dando grandes voces, y cerrando el puño con rabia, decía de vez en cuando:
«¡Si me conjugo…!
Oyendo lo cual el Sustantivo Paz, acudió corriendo tan a prisa, que tropezó en la z con que venía calzada, y cayó cuan larga era, dando un gran batacazo.
Allá voy -gritó el Sustantivo Arte, que ya se había metido a zapatero-. Allá voy a componer este zapato, que es cosa de mi incumbencia.
Y con unas comas le clavó la z a la Paz, que tomó vuelo, y se fue a hacer cabriolas ante el Sustantivo Cañón, de quien dicen estaba perdidamente enamorada.
No pudiendo ni el Verbo Ser, ni el Sustantivo Hombre, ni el Adjetivo Racional, poner en orden a aquella gente, y comprendiendo que de aquella manera iban a ser vencidos en la desigual batalla que con los escritores españoles tendrían que emprender, resolvieron volverse a su casa. Dieron orden de que cada cual entrara en su celda, y así se cumplió; costando gran trabajo encerrar a algunas camorristas que se empeñaban en alborotar y hacer el coco.
Resultaron de este tumulto bastantes heridos, que aún están en el hospital de sangre o sea Fe de erratas del Diccionario. Han determinado congregarse de nuevo para examinar los medios de imponerse a la gente de letras. Se están redactando las pragmáticas que establecerán el orden en las discusiones. No tuvo resultado el pronunciamiento, por gastar el tiempo los conjurados en estériles debates y luchas de amor propio, en vez de congregarse para combatir al enemigo común: así es que concluyó aquello como el Rosario de la Aurora.
El Flos sanctorum me asegura que la Gramática ha mandado al Diccionario una embajada de géneros, números y casos, para ver si por las buenas y sin derramamiento de sangre se arreglan los trastornados asuntos de la Lengua Castellana.
Madrid, Abril de 1868.
Texto: Cátedra Letras Hispánicas, Edición de Alan E. Smith, 1997

A conjuração das palavras
Autor: Benito Pérez Galdós
Tradutor: Pedro Sevylla de Juana

Era um grande edifício chamado Dicionário da Língua Castelhana, de tamanho tão colossal e fora de medida, que, ao dizer dos cronistas, ocupava quase a quarta parte duma mesa, destas que, destinadas a vários usos, vemos nas casas dos homens. Se temos de crer num velho documento achado em velhíssima escrivaninha quando punham ao tal edifício na estante de seu dueto, a tabela que o sustentava ameaçava se desaprumar, com detrimento de todo o que tinha nela. O formavam dois largos paredões de cartão, forrados em pele de bezerro jaspeado, e na fachada, que era também de couro, se via, um largo cartaz com douradas letras, que diziam ao mundo e à posteridade o nome, e significação daquele grande monumento.
Seu interior era um labirinto tão maravilhoso, que nem o de Creta o igualava. O dividiam até seiscentas paredes de papel com seus números chamados páginas. Cada espaço estava subdividido em três corredores ou distribuidores muito grandes, e nestes distribuidores se achavam inumeráveis celas, ocupadas pelos oitocentos ou novecentos mil seres que naquele vastíssimo recinto tinham sua habitação. Estes seres se chamavam palavras.
***

Uma manhã se sentiu grande ruído de vozes, patadas, embate de armas, roça de vestidos, apelos e relinchos, como se um numeroso exército se levantasse e vestisse a toda a pressa, se apercebendo para uma tremenda batalha. E a verdade, coisa de guerra devia de ser, porque inesperadamente saíram todas ou quase todas as palavras do Dicionário, com fortes e reluzentes armas, formando um esquadrão tão grande que não cabia na mesma Biblioteca Nacional. Magnífico e surpreendente era o espetáculo que este exército apresentava, segundo me disse a testemunha ocular que o presenciou todo desde um esconderijo imediato, testemunha ocular que era um muito velho Flos sanctorum, forrado em pergaminho, que na própria estante se achava na ocasião. Avançou a comitiva até que estiveram todas as palavras fora do edifício. Tratarei de descrever a ordem e aparelho daquele exército, seguindo fielmente a veraz, escrupulosa e autêntica narração de meu amigo o Flos sanctorum.
Diante marchavam uns heraldos chamados Artigos, vestidos com magníficas dalmáticas e cotas de finíssimo aço: não levavam armas, e sim os escudos de seus senhores os Substantivos, que vinham um pouco mais atrás. Estes, em número quase infinito, eram tão vistosos e galhardos que dava gozo os ver. Uns levavam resplandecentes armas do mais puro metal, e elmos em cuja cimeira ondeavam plumas e festões; outros vestiam lorigas de couro finíssimo, recamadas de ouro e prata; outros cobriam seus corpos com longos trajos até os calcanhares, a modo de senadores venezianos. Aqueles montavam potentes potros ricamente equipados, e outros iam a pé. Alguns pareciam menos ricos e luxuosos que os demais; e ainda se pode assegurar que tinha bastantes pobremente vestidos, conquanto estes eram pouco vistos, porque o brilho e elegância dos outros, parece que lhes ocultava e obscurecia. Junto aos Substantivos marchavam os Pronomes, que iam a pé e diante, levando a brida de os cavalos, ou detrás, sustentando a cauda do vestido de seus amos, já lhes conduzindo a guisa de guias, já lhes dando o braço como apoio de seus magros corpos, porque, seja dito de passo, também tinha Substantivos muito valetudinários e decrépitos, e alguns pareciam próximos a morrer.
Também se viam não poucos Pronomes representando a seus amos, que ficaram em cama por doentes ou preguiçosos, e estes Pronomes formavam na linha dos Substantivos como se de tais tivessem categoria. Não é necessário dizer que os tinha de ambos sexos; e as damas cavalgavam com igual donaire que os homens, e ainda esgrimiam as armas com tanto desenfado como eles.
Detrás vinham os Adjetivos, todos a pé; e eram como servidores ou satélites dos Substantivos, porque formavam ao lado deles, atendendo a suas ordens para as obedecer. Era coisa sabida que nenhum cavaleiro Substantivo podia fazer coisa direita sem o auxílio dum bom escudeiro da honrada família dos Adjetivos; mas estes, apesar da força e significação que prestavam a seus amos, não valiam sozinhos nem uma pisca, e se aniquilavam completamente assim que ficavam sós. Eram brilhantes e caprichosos seus adornos e trajes, de cores vivas e formas muito determinadas; e se via que quando se acercavam ao amo, este tomava a cor e a forma daqueles, ficando transformado ao exterior, ainda que em essência era o mesmo.
Como a dez varas de distância vinham os Verbos, que eram uns senhores do mais estranho e maravilhoso que pode conceber a fantasia. Não é possível dizer seu sexo, nem medir sua estatura, nem pintar suas facções, nem contar sua idade, nem os descrever com precisão e exatidão. Basta saber que se moviam muito e para todos lados, o mesmo iam para atrás como para diante, e se juntavam dois para andar emparelhados. O certo do caso, segundo me assegurou o Flos sanctorum, é que sem tais personagens não se fazia coisa a direitas naquela República, e, conquanto os Substantivos eram muito úteis, não podiam fazer nada por si, e eram como instrumentos cegos quando algum senhor Verbo não os dirigia. Depois destes vinham os Advérbios, que tinham catadura de ajudantes de cozinha; como que seu ofício era preparar a comida aos Verbos e lhes servir em todo. É fama que eram parentes dos Adjetivos, como o acreditavam pergaminhos genealógicos muito velhos, e ainda tinha Adjetivos que desempenhavam em comissão a praça de Advérbios, para o qual lhes bastava pôr uma cauda ou saia que, dizia: mente.
As Preposições, eram anãs; e mais que pessoas pareciam coisas, iam se movendo junto aos Substantivos para levar recado a algum Verbo, ou vice-versa. As Conjunções andavam por todos os lados metendo bulha; e uma delas especialmente, chamada que, era o mesmo inimigo e a todos os tinha revoltos e alvorotados, porque indisponha um senhor Substantivo com um senhor Verbo, e às vezes transtornava o que este dizia, variando completamente o senso. Após de todos marchavam as interjeições, que não tinham corpo, sina tão só cabeça com grande boca sempre aberta. Não se metiam com ninguém, e se manejavam sozinhas; que, embora poucas em número, é fama que sabiam se fazer valer.
Destas palavras, algumas eram nobilíssimas, e levavam em seus escudos delicadas empresas, por onde se vinha em conhecimento de seu avoengo latino ou árabe; outras, sem ascendência antiga de que se vangloriar, eram muito novas, plebeias ou de pouco mais ou menos. As nobres as tratavam com desprezo. Algumas havia também em qualidade de emigradas da França, esperando o tempo de adquirir nacionalidade. Outras, em mudança, indígenas até a raiz, se caíam de puro velhas, e jaziam esquecidas, ainda que as demais guardassem consideração a suas rugas; e as havia tão petulantes e presumidas, que desprezavam às demais as olhando enfaticamente. Chegaram à praça da Estante e a ocuparam de ponta a ponta.
O verbo Ser fez uma espécie de cadafalso ou tribuna com duas admirações e algumas comas que por ali rodavam, e subiu a ele com intenção de fazer gritaria; mas lhe tirou a palavra um Substantivo muito arteiro e falador, chamado Homem, o qual, subindo aos ombros de seus colaboradores, os simpáticos Adjetivos Racional e Livre, cumprimentou à multidão, se tirando o H, que a guisa de chapéu lhe cobria, e começou a falar nestes ou parecidos termos:
«Senhores: A ousadia dos escritores espanhóis há irritado nossos ânimos, e é preciso dar-lhes justo e rápido castigo. Já não lhes basta introduzir em seus livros contrabando francês, com grande prejuízo da riqueza nacional, senão que quando por acaso se nos emprega, transvertem nosso sentido e nos fazem dizer o contrário de nossa intenção. (Bem, bem.) De nada serve nossa nobre origem latina, para que esses tais respeitem nosso significado. Se nos desfigura de um modo que dá grima e dor. Assim, me permitam que me comova, porque as lágrimas brotam de meus olhos e não posso reprimir a emoção». (Nutridos aplausos.)
O orador se enxugou as lágrimas com a ponta da e, que de fralda lhe servia, e já se preparava para continuar, quando lhe distraiu o rumor duma disputa que não longe se tinha entabulado.
Era que o Substantivo Sentido estava dando bofetadas ao Adjetivo Comum, e lhe dizia:
«Cão, malandro e sujo vocábulo; por ti me trazem azafamado, e me põem como salvaguarda de toda a classe de destinos. Desde que qualquer escritor não entende nem pisca duma ciência, se escuda com o Sentido Comum, e já lhe parece que é o mais sábio da terra. Te vai, negro e pestífero Adjetivo, longe de mim, ou te juro que não sairás, com vida das minhas mãos.
E ao dizer isto, o Sentido hasteou o t, e lhe dando uma bordoada com ela a seu escudeiro, lhe deixou tão malparado, que tiveram que lhe pôr uma bandagem no ó, e lhe emplastar as costelas do m, porque se ia dessangrando por ali a toda a pressa.
«Haja paz, senhores -disse um Substantivo Feminino chamado Filosofia, que com toucas brancas de dona apareceu entre o tumulto. Mas assim que lhe viu outra palavra chamada Música, se lançou sobre ela puxando-lhe os cabelos e dando coices, cantando assim:
-Olhem a pícara, a melancia, a louca; pois não quer me levar encadeada com uma Preposição, dizendo que eu tenho Filosofia? Eu não tenho senão Música, irmã. Me deixe em paz e se apodreça de velha em companhia da Alemã, que é obra velha louca.
-Aparta, alvoroçadora -disse a Filosofia arrancando-lhe à Música o penacho ou acento que muito erguido sobre o u levava-: tira lá, que para nada vales, nem serves mais que de passatempo pueril.
-Pouco a pouco, senhoras minhas -gritou um Substantivo, alto, delgado, fraco e médio tísico, chamado o Sentimento. A ver, senhora Filosofia, se não diz você essas coisas a minha irmã ou teremos que nos ver as caras. Estese você quieta e deixe a Perico na sua casa, porque todos temos roupa suja que lavar, e se eu saco a sua, nem com barrela terá de ficar limpa.
-Olhem o mucoso -disse a Razão que andava por ali em panos menores e um pouquinho descomposta, -que seria destes badulaques sem mim? Não brigar, e cada um a seu posto, que se me incomodo…
-Não há de ser -disse o Substantivo Mau, que em todo tinha de se meter.
-Quem lhe deu a você vela neste enterro, tio Mau? Vá ao Inferno, que já está a mais no mundo.
-Não, senhoras, perdoem vossas senhorias, que não estou senão muito mais que bem. Um pouco decaidínho andava; mas depois que tomei este lacaio, que agora me serve, me vou remediando-. E mostrou um lacaio que era o Adjetivo Necessário.
-Me a tirem daqui, que a mato -gritava a Religião, que tinha vindo às mãos com a Política;- veiam que me usurpou o nome para dissimular no mundo seus ardis e enredos.
-Basta de indiretas. Ordem! -disse o Substantivo Governo, que se apresentou para pôr paz no assunto.
Deixa-as que se arranhem, irmão -observou a Justiça-; deixe-as que se arranhem que já sabe Vossa Excelência que rabiam de se ver juntas. Tentemos nós não andar também à grenha, e adiante com os faróis.
Entanto isto ocorria, se apresentou um galhardo Substantivo, vestido com reluzentes armas, e trazendo um escudo com peregrinas figuras e divisa de prata e ouro. Se chamava a Honra e vinha a se queixar de os inumeráveis desatinos que faziam os humanos em seu nome, lhe dando os mais raros aplicativos, e lhe fazendo significar o que mais lhes vinha a conta. Mas o Substantivo Moral, que estava num rincão se atando um fio em l que se lhe tinha rompido na anterior refrega, se apresentou, atraindo a atenção geral. Se queixou de que se lhe subiam às barbas certos Adjetivos adventícios, e concluiu dizendo que não gostava de certas companhias e que mais lhe valesse andar só, do qual se riram outros muitos Substantivos presunçosos que não levavam nunca menos de seis Adjetivos de servidão.
Enquanto, a Inquisição, uma velhinha que não se podia ter, estava pegando fogo a uma fogueira que tinha feito com interrogantes gastados, paus da T e parênteses rompidos, na qual fogueira dizem que queria queimar à Liberdade, que andava dando pernadas por ali com muitíssima graça e desenvoltura. Por outro lado estava o Verbo Matar dando grandes vozes, e fechando o punho com raiva, dizia de vez em quando: «Se me conjugo…!
Ouvindo o qual o Substantivo Paz, foi correndo tão a pressa, que tropeçou na z com que vinha calçada, e caiu quanto longa era, dando um grande baque.
Lá vou -gritou o Substantivo Arte, que já se tinha metido a sapateiro-. Lá vou compor este sapato, que é coisa de minha incumbência.
E com umas vírgulas lhe fincou a z à Paz, que tomou voo, e se foi fazer cabriolas ante o Substantivo Canhão, de quem dizem estava perdidamente apaixonada.
Não podendo nem o Verbo Ser, nem o Substantivo Homem, nem o Adjetivo Racional, pôr em ordem aquela gente, e compreendendo que daquela maneira iam ser vencidos na desigual batalha que com os escritores espanhóis teriam que empreender, resolveram voltar a sua casa. Deram ordem de que a cada qual entrasse na sua cela, e assim se cumpriu; custando grande trabalho encerrar a algumas brigonas que se empenhavam em alvoroçar e fazer o papão.
Resultaram deste tumulto bastantes feridos, que ainda estão no hospital de sangue ou seja Fé de erratas do Dicionário. Têm determinado se congregar de novo para examinar os meios de impor à gente de letras. Estão redigindo as pragmáticas que estabelecerão a ordem nas discussões. Não teve resultado o pronunciamento, por gastar o tempo os conjurados em estéreis debates e lutas de amor próprio, em vez de se congregar para combater ao inimigo comum: assim é que concluiu aquilo como o Rosário da Aurora.
O Flos sanctorum me assegura que a Gramática há mandado ao Dicionário uma embaixada de géneros, números e casos, para ver se por bem e sem derramamento de sangue se arranja os transtornados assuntos da Língua Castelhana.

Tradução: PSdeJ El Escorial, marzo de 2017.

El medio habitual para publicar un cuento en el siglo XIX, era la prensa: diarios, semanarios y revistas. Volvían a publicarse posteriormente, ya unidos a otros del mismo autor, formando colección en un libro. “La conjuración de las palabras” cuento, publicado inicialmente en La Nación, fue incluido en el volumen de la novela “Torquemada en la hoguera”, a continuación de ella, con otros también publicados anteriormente, que Galdós llama composiciones sin atreverse a calificarlos, al no poderlos llamar, en rigor, novelas.
Consumado novelista y cuentista, Leopoldo Alas “Clarín” fue también un destacado crítico literario, admirado tanto por el público en general como por los más estudiosos. Hombre acertado y mordaz, sus comentarios acerca de la literatura, la ciencia, la política o la vida social de su época marcan el punto de incidencia de una realidad transformada en mundo literario complejo y personal, donde “Clarín” brilla con intensidad casi cegadora. “Clarín”, siempre seguidor de la literatura de su tiempo –tiempo de folletines y novelones, de grandes obras maestras y de bodrios sin sentido- fue un admirador profundo de la obra de otro monstruo de nuestra novela: Benito Pérez Galdós. Fruto de esa admiración (que no deja de exhibir sus más y sus menos en esta relación de años) son los artículos escritos sobre Galdós que abarcan buena parte de la obra del canario. http://www.editorialfundamentos.es/

Texto completo en
http://pedrosevylla.com/benito-perez-galdos/

 

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José Saramago

Saramago e eu
“Vayamos al futuro de esta misma mañana; no para quedarnos en él, sino para ser su molde humano, y merecer los elogios que nos dediquen en sus libros de historia los habitantes de dentro de mil años, si los hay, si queremos que los haya. Ese tiempo, mil años adelante, será nuestro punto de referencia, nuestro objetivo temporal; pero no será nuestro techo; nuestro techo lo irán elevando nuestras cabezas con nuestro crecimiento de personas pensadoras, vivas y activas. Nuestro techo será el luminoso firmamento que intuimos más alto aún de lo que vemos, los obligados confines imposibles”. El contenido de este párrafo que acabo de escribir, su intención de progreso colectivo, me ha sido dictado por los sucesivos pensadores que he ido conociendo en sus dichos, pero, sobre todo, en sus hechos. Uno de ellos, sin duda, el premio Nobel que mejor uso hizo de su premio, subiendo a la tribuna que el premio le concedía para defender a los de abajo, constituidos en forzoso pedestal de los de arriba.
El año 1998, fecha de la concesión del Premio Nobel a José Saramago, se cumplían cincuenta años de la, aún hoy, subversiva Declaración Universal de Derechos Humanos, papel mojado en términos generales. El premiado, en la ceremonia de recepción del premio, era consciente de su posición y de la efeméride, cuando dijo o pensó: Tengo los micrófonos del mundo abiertos, vamos a hablar, pues, de los derechos humanos. A eso me refiero, al conocimiento de la posición adquirida tras la recepción del premio, y a la enorme posibilidad de aprovechamiento que se le abría. Veía la literatura como un importante elemento de transformación social, y él, ya premio Nobel, quiso formar parte de ese elemento transformador. En tal realidad nueva estaba la verdadera importancia del premio, ese altavoz recibido era el premio verdadero.

Tuve una temporada saramaguiana que duró años. Los amigos y los parientes me regalaban Saramago; y yo lo leía suavemente. Lo insólito y lo imposible llamando la atención. Lo individual pasando a colectivo. La anécdota hecha categoría; si no es esa su clave, con frecuencia lo parece. Hay coincidencias con Borges y no son menores coincidencias. Hay belleza y poesía en su escritura. Hay algo chestertoniano en sus ampliaciones, el Domingo de, El hombre que fue jueves, avanza imparable en algunos momentos de sus páginas. El imperativo categórico de Kant planea sobre su ética.
Modestia, constancia y compromiso social, destacaron en su forma de ser y de vivir: vida y obra transvasadas. Saramago fue el primer escritor en lengua portuguesa premiado con el Nobel y, hasta ahora, el único. En su opinión, el primer escritor en portugués ganador de ese premio debió ser Jorge Amado. Pudieron encontrarse ambos antes de lo que se encontraron, y José lo cuenta. Sucedió en la Avenida da Liberdade de Lisboa, pero la timidez de Saramago, esa modesta timidez de algunos momentos, afloró impidiendo el encuentro. Luego fueron amigos de coincidencias y correspondencias, y se prometieron compañía en la recepción del Nobel si uno de los dos lo obtenía. Estaba viejo Jorge en 1898 y no pudo ir a Estocolmo. Escribiré sobre Jorge Amado como si estuviera vivo, dijo Saramago: Me dicen que sus cenizas fueron enterradas bajo la manga a cuya sombra solía acogerse en Río Vermelho, pero las cenizas son cenizas, nada, mucho más pesan las palabras, y el viento igualador, más pronto o más tarde, acaba llevándose unas y otras. Por eso, sólo quiero hablar de Jorge Amado vivo. Es que, quizá, los muertos no se retiran del mundo hasta mucho después, cuando su memoria acaba olvidada en los otros.

Si son muestra de cariño y aprecio los premios, adopciones filiales predilectas, doctorados honoris causa, nombramientos honoríficos y reconocimientos de su obra; a José Saramago se le aprecia mucho y se le tiene cariño en España. Recibió y sigue recibiendo galardones y medallas de todo tipo, doctorados de nueve universidades españolas, numerosos nombramientos de hijo adoptivo o hijo predilecto, de miembro de sociedades culturales. Casado con una española, Pilar del Río, que tradujo sus obras al castellano, a quien Saramago dedicaba uno tras otro sus libros: A Pilar, que todavía no había nacido y tanto tardó en llegar, dice en la edición que poseo de Las pequeñas memorias. Un escueto, A Pilar, en Todos los nombres y en La Caverna. A Pilar, que no dejó que yo muriera, en El viaje del Elefante. A Pilar, hasta el último instante, de El hombre duplicado. A Pilar, mi casa; en Las Intermitencias de la Muerte. Y así, otros; con veneración concluyente. Pilar, asidero de José, dedicada por entero tras la muerte del escritor a la difusión de su obra y su memoria; hace al escritor, en cierto modo, español a fuerza de ser universal. Residente el matrimonio en Lanzarote donde murió el marido, José Saramago es un autor ibérico e insular que goza del aprecio de los lectores. Con una mirada superficial podría decirse eso como excepción, de Saramago y España; pero sucede que, en muchos países de Europa, mención especial a Francia, y de América, Brasil a la cabeza, sucede lo mismo. Hay una cierta ternura envidiable en la relación del lector de Saramago con el escritor Saramago. Y sucede aquí, allá y acullá.

Textos de Saramago traduzidos ao castelhano
Os Poemas Possíveis
José Saramago

Nota da 2ª edição
Aparece esta edição de Os Poemas Possíveis dezasseis anos depois da primeira. Não é assim tanto, comparando com os dezasseis séculos que sinto ter juntado à minha idade de então. Pode-se perguntar se estes versos (palavra hoje pouco usada, mas competente para o caso) merecem segunda oportunidade, ou se a não ficaram devendo a porventura mais cabais demonstrações do autor no território da ficção. Se, enfim, estaremos observando um simples e nada raro fenómeno de aproveitamento editorial, mera estratégia daquilo a que costuma chamar-se política de autores, ou se, pelo contrário, foi a constante poética do trabalho deste que legitimou a ressuscitação do livro, porque nele teriam começado a definir-se nexos, temas e obsessões que viriam a ser a coluna vertebral, estruturalmente invariável, de um corpo literário em mudança. Aceitemos a última hipótese, única que poderá tornar plausível, primeiro, e justificar, depois, este regresso poético.
Poesia datada? Sem dúvida. Toda a criação cultural há-de ter logo a sua data, a que lhe é imposta pelo tempo que a produz. Mas outras datas leva sempre também, anteriores, as dos materiais herdados — quantas vezes importunamente dominantes —, e, de longe em longe, aquela impalpável data ainda pode vir, aquele sentir, aquele ver e experimentar só futuro ainda. Porém, essas entrevisões são coisa apenas para génios, e, obviamente, não é deles que se trata aqui.
Poesia do dia passado, da hora tarda, poesia não futurante. E contra isto não haveria remédio. Salvo tentar trazê-la até ao seu autor, hoje, por cima de dezasseis anos e dezasseis séculos. Assim foi feito, e esta edição aparece não só revista, mas emendada também. Quase tudo nela é dito de maneira diferente, diferente é muito do que por outra maneira se diz, e não faltaram ocasiões para contrariar radicalmente o que antes fora escrito. Mas nenhum poema foi retirado, nenhum acrescentado. É então outro libro? É ainda o mesmo? Eu diria (e com este remate me dou por explicado) que o romancista de hoje decidiu raspar com unha seca e irónica o poeta de ontem, lacrimal as veces. Ou, para usar expressões menos metafóricas, procurou tornar Os poemas Possíveis possíves outra vez. Ao menos

José Saramago Janeiro de 1982 Editorial Caminho, S.A. 1997

Alguns poemas desse livro

Até ao Sabugo

Dirão outros, em verso, outras razões,
Quem sabe se mais úteis, mais urgentes.
Deste, cá, não mudou a natureza,
Suspensa entre duas negações.
Agora, inventar arte e maneira
De juntar o acaso e a certeza,
Leve nisso, ou não leve, a vida inteira.

Assim como quem rói as unhas rentes.

Arte poética

Vem de quê o poema? De quanto serve
A traçar a esquadria da semente:
Flor ou erva, floresta e fruto.
Mas avançar um pé não é fazer jornada,
Nem pintura será a cor que não se inscreve
Em acerto rigoroso e harmonia.
Amor, se o há, com pouco se conforma
Se, por lazeres de alma acompanhada,
Do corpo lhe bastar a presciência.

Não se esquece o poema, não se adia,
Se o corpo da palavra for moldado
Em ritmo, segurança e consciência.

Se não tenho outra voz…

Se não tenho outra voz que me desdobre
Em ecos doutros sons este silêncio,
É falar, ir falando, até que sobre
A palavra escondida do que penso.
É dizê-la, quebrado, entre desvios
De flecha que a si mesma se envenena,
Ou mar alto coalhado de navios
Onde o braço afogado nos acena.
É forçar para o fundo uma raiz
Quando a pedra cabal corta caminho
É lançar para cima quanto diz
Que mais árvore é o tronco mais sozinho.
Ela dirá, palavra descoberta,
Os ditos do costume de viver:
Esta hora que aperta e desaperta,
O não ver, o não ter, o quase ser

Processo

As palavras mais simples, mais comuns,
As de trazer por casa e dar de troco,
Em língua doutro mundo se convertem:
Basta que, de sol, os olhos do poeta,
Rasando, as iluminem.

Balança

Com pesos duvidosos me sujeito
À balança até hoje recusada.
É tempo de saber o que mais vale:
Se julgar, assistir, ou ser julgado.
Ponho no prato raso quanto sou,
Matérias, outras não, que me fizeram,
O sonho fugidiço, o desespero
De prender violento ou descuidar
A sombra que me vai medindo os dias;
Ponho a vida tão pouca, o ruim corpo,
Traições naturais e relutâncias,
Ponho o que há de amor, a sua urgência,
O gosto de passar entre as estrelas,
A certeza de ser que só teria
Se viesses pesar-me, poesia.

Poema à boca fechada

Não direi:
Que o silêncio me sufoca e amordaça.
Calado estou, calado ficarei,
Pois que a língua que falo é de outra raça.

Palavras consumidas se acumulam,
Se represam, cisterna de águas mortas,
Ácidas mágoas em limos transformadas,
Vasa de fundo em que há raízes tortas.

Não direi:
Que nem sequer o esforço de as dizer merecem,
Palavras que não digam quanto sei
Neste retiro em que me não conhecem.

Nem só lodos se arrastam, nem só lamas,
Nem só animais bóiam, mortos, medos,
Túrgidos frutos em cachos se entrelaçam
No negro poço de onde sobem dedos.

Só direi,
Crispadamente recolhido e mudo,
Que quem se cala quanto me calei
Não poderá morrer sem dizer tudo.
José Saramago

 

Os Poemas Possíveis
José Saramago
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

Nota de la 2ª edición
Aparece esta edición de Los Poemas Posibles, dieciséis años detrás de la primera. No es mucho, si lo comparo con los dieciséis siglos que siento haber sumado a mi edad de entonces. Cabe preguntar si estos versos (palabra hoy poco usada, pero válida para el caso) merecen una segunda oportunidad, o si no se quedan como deudores de otras, posiblemente más cabales, demostraciones del autor en el territorio de la ficción. Si, finalmente, no estaremos ante un simple y nada raro fenómeno de aprovechamiento editorial, mera estrategia de aquello que se suele llamar política de autores, o si, por el contrario, fue la constante poética del propio trabajo la que legitimó la resurrección del libro, porque en él habrían comenzado a definirse nexos, temas y obsesiones que vendrían a ser la columna vertebral, estructuralmente invariable, de un cuerpo literario modificado. Aceptemos la última hipótesis, única que podrá hacer plausible, primero, y justificar, después, este regreso poético.
Poesía fechada? Seguramente. Toda la creación cultural debe tener luego su fecha, la impuesta por el tiempo que la produce. Pero siempre lleva otras fechas, además, estas anteriores, las de los materiales heredados — muchas veces importunamente dominantes — y, de tiempo en tiempo, aquella impalpable fecha que aún puede venir, aquel sentir, aquel ver y experimentar, todavía futuro solamente. Sin embargo, esas percepciones son cosa solo de genios, y, obviamente, no son ellos el asunto aquí tratado.
Poesía del día pasado, de la hora tardía, poesía en el futurible. Y contra esto no habría remedio. Salvo intentar traerla hasta su autor, hoy, con dieciséis años más y dieciséis siglos. Así fue hecho, y esta edición aparece no sólo revisada, sino enmendada también. Casi todo en ella está dicho de manera diferente, diferente es mucho de lo que de otra manera se dice, y no faltaron ocasiones para contradecir radicalmente lo que antes fue escrito. Pero ningún poema fue retirado, ninguno fue añadido. ¿Es entonces otro libro? ¿sigue siendo el mismo? Yo diría (y con este remate me doy por explicado) que el novelista de hoy decidió raspar con uña seca e irónica al poeta de ayer, lacrimal a veces. O, para emplear expresiones menos metafóricas, buscó el retorno de Os Poemas Possíveis, otra vez al menos.

Algunos poemas de ese libro

Hasta la Lúnula

Dirán otros, en verso, otras razones,
Quién sabe si más útiles, más urgentes.
De este, acá, no cambió la naturaleza,
Suspendida entre dos negaciones.
Ahora, inventar arte y manera
De juntar el acaso y la certeza,
Lleve en eso, o no lleve, la vida entera.
Así como quién roe las uñas al rape.

Arte poético

¿Cuál es el origen del poema? De qué sirve
Al trazar la escuadra de la semilla:
Flor o hierba, floresta y fruto.
Pero avanzar un pie no es hacer jornada,
Ni pintura será el color que no se extiende
con acierto riguroso y armonía.
Amor, si lo hay, con poco se conforma
Si, por ocios del alma acompañada,
Del cuerpo le basta la presciencia.
No se olvida el poema, no se pospone,
Si el cuerpo de la palabra fuera moldeado
En ritmo, seguridad y consciencia.

Si no tengo otra voz…

Si no tengo otra voz que me despliegue
En ecos de otro son este silencio,
Es hablar, ir hablando, hasta que sobre
La palabra escondida en lo que pienso.
Es decirla, quebrado, entre desvíos
De flecha que a sí misma se envenena,
O mar alto coagulado de navios
Donde el brazo ahogado nos enseña.
Es hundir hasta el fondo una raíz
Cuando la piedra cabal corta camino
Es lanzar para arriba cuanto dice
Que más árbol es el tronco más solito.
Ella dirá, palabra descubierta,
Los dichos de la rutina de vivir:
Esta hora que aprieta y desaprieta,
El no ver, el no tener, el casi ser

Proceso

Las palabras más sencillas, más comunes,
Las de andar por casa y dar el vuelto,
En lengua de otro mundo se convierten:
Basta que, de sol, los ojos del poeta,
Rozando, las iluminen.

Balanza

Con pesas dudosas me someto
A La balanza hasta hoy rechazada.
Es tiempo de conocer lo que más vale:
Si juzgar, presenciar, o ser juzgado.
Pongo en el plato llano cuánto soy,
Materias, otras no, que me entregaron,
El sueño fugitivo, la desesperación
De agarrar violento o descuidar
La sombra que me va contando los días;
Pongo la vida corta, el mezquino cuerpo,
Traiciones naturales y escrúpulos,
Pongo lo que hay de amor, su urgencia,
El placer de pasar por entre las estrellas,
La certeza de existir que sólo tendría
Si vinieras a pesarme, poesía.

Poema a la boca cerrada

No diré:
Que el silencio me asfixia y amordaza.
Callado estoy, callado quedaré,
Pues la lengua que hablo es de otra raza.

Palabras consumidas se acumulan,
Se estancan, cisterna de aguas muertas,
Ácidas penas en barros transformadas,
cenagoso fondo con raíces retorcidas.

No diré:
Que ni siquiera el esfuerzo de decirlas merecen,
Palabras que no digan cuánto sé
En este retiro donde no me conocen.

Ni sólo lodos arrastran, ni sólo limos,
Ni sólo animales flotan, muertos, miedos,
Túrgidos frutos en racimos se entrelazan
En el pozo lóbrego de donde suben dedos.

Sólo diré,
Crispado, recogido y mudo,
Que quién calla cuanto me callé
No podrá morir sin decir todo.

Traducido por PSdeJ El Escorial a 1 de julio de 2017

Texto completo en:
http://pedrosevylla.com/jose-saramago/

 

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Juan Ramón Jiménez

Nos dice la forma de ser de Juan Ramón Jiménez, quizá de ambos, porque Zenobia y él para esas decisiones eran una sola voz y una sola voluntad; y nos habla de la manera de pensar y de actuar del matrimonio el hecho claro de que, cuando comienza la Guerra Civil en España, el poeta se adhiere al manifiesto de intelectuales a favor del Gobierno de la República y del Pueblo. Manifiesto firmado por verdaderos defensores del gobierno legal y defensores falsos, como Gregorio Marañón, Pérez de Ayala y Ortega y Gasset, quienes acabaron poniéndose al servicio fiel de la dictadura fascista. Y en ese apoyo resuelto a la República, el matrimonio acoge, en un piso de la calle Velázquez, a doce niños huérfanos abandonados. Zenobia sirve como enfermera en el hospital de sangre del Instituto Oftálmico. Juan Ramón habla al pueblo desde Unión Radio Madrid, condenando el golpe militar de los generales monárquicos, y pidiendo a la gente la defensa activa de los legítimos valores republicanos.
Cuando las cosas se ponen feas en Madrid, metida la ciudad en particular guerra civil localmente añadida, y Juan Ramón, asesinado ya Lorca, se siente perseguido como otros tantos intelectuales, por quienes, desde fuera de la capital sitiada, se conocen como la quinta columna de los golpistas; en ese entonces crucial, es Zenobia quien habla con Lola de Rivas Cherif, amiga, compañera en el hospital y esposa de Manuel Azaña, la que inicia las gestiones para que Juan Ramón y Azaña se entrevisten el 19 de agosto del 36. En la entrevista está Cipriano Rivas Cherif, cuñado de Azaña y amigo y admirador de Juan Ramón. Los embajadores monárquicos estaban siendo sustituidos desde el 14 de abril del 31 por intelectuales de confianza, y Azaña propone a Juan Ramón ser embajador en un país americano, posiblemente Estados Unidos. Rechaza el poeta la embajada, pero acepta ir como agregado cultural honorario a Washington, dependiente del nuevo embajador, puesto para el que sería finalmente nombrado Fernando de los Ríos el 21 de septiembre.
Juan Ramón es, antes que nada, su integridad; antes que nada, sus viajes, sus aficiones, su Moguer, su amor uno, a y con, Zenobia; su poesía. Y sus cartas, esa numerosa y valiosísima correspondencia. Y su Platero: libro universal, que inclinó la balanza a su favor en la concesión del Premio Nobel. Y la literatura española inmediatamente posterior, es antes que nadie Juan Ramón. En mis años jóvenes, poeta yo, primero que nada; lector de poesía antes que poeta y escritor, en mi primera juventud fui Bécquer, fui Juan Ramón y fui Rabindranath Tagore. También fui Neruda. Y todos ellos, a su debido tiempo, intensamente, causa y efecto, estuvieron unidos a mis reflexiones y a mis poemas; y mis poemas a mis amores juveniles. ¡Qué tiempos añorados aquellos! Pensamiento, amor y poesía.

La excentricidad de mi órbita
Poema de Pedro Sevylla de Juana

Nací de la tierra, del agua, del viento,
del ardiente sol de mediodía;
nací de la voluntad, de la esperanza,
del perseverante amor a la vida.

Ante la inestable amanecida
-minúsculas gotas de rocío- me conmuevo,
ante la diminuta niebla suspendida
que a la incertidumbre da su cuerpo.

Tanta sed ahoga mis cultivos
que doy nombres de agua a las peñas
a las tierras cuarteadas por el estío
a las raíces resecas.

Hierro sometido al vivo fuego
yunque y martillo
se afana en la fragua el herrero.

La luminosidad inmaculada del ambiente,
me permite visiones ignoradas,
y lontananzas diviso sorprendentes.

Avanza en caravana lo existente,
buscando la igualdad
con un rasero
que todo lo torna diferente.

Emoción y lógica caminan juntas
-humanas complementarias facultades-
codo con codo por valles y llanuras,
y mi interior resulta invulnerable.

A veces el pensamiento parece tomar la delantera,
hasta que el sentimiento avanza decidido
alcanzando una ventaja manifiesta.

Veo en el presente movedizo,
la impalpable línea de contacto
entre el pasado que avanza acosador
y el futuro que retrocede acosado.

Y penetrando en el futuro a medio día
hallo entreabierta
y luminosa una rendija
por la que observando detenidamente
en la claridad del día
se ve el presente.

Me opongo al devenir de la existencia,
y descubro el tesón como un arranque
que la energía de los cíclopes en su ejercicio libera;
no hay vendaval, no hay brazo de gigante,
no hay quimera
que puedan sujetarme.

El milagro tantas veces repetido de la vida,
el reposado surgir del agua en los claros manantiales,
las leyendas y las rimas,
soledades,
el padre Duero, el romancero gitano,
y las cárdenas encinas
en la trova gozosa y dolorida me iniciaron.

Los enigmáticos dioses de hoy y de siempre,
faros asidos a los más altos luceros,
perpetuamente insatisfechos si la tradición no miente
-pagodas, catedrales, mezquitas, sinagogas, beaterios-
con regocijo aceptan zalemas y lisonjas de los fieles,
manifestándose atajo para los caminantes crédulos.

Poemas y relatos componen mi propósito;
palabras trabajadas con la obstinada insistencia
de quien rotura y repuebla un viejo soto,
pensando en las generaciones venideras
más que en beneficio propio.

Soy lapislázuli oculto en las entrañas de la tierra
serpiente abrazada al tronco de ébano
puerco espín, espléndida azalea
arena integrada en el hormigón de los cimientos.

Efímera flor,
agua en el pozo,
avara y generosa criatura,
ejercicio mental, carácter sólido,
que libera la energía de sus dudas
modeladora del cosmos.
Campesino nómada de la papa y la mandioca,
de la vaca,
el cerdo y el cordero;
ciudadano de centros industriales,
nacido de la mezcla de culturas,
mestizo de permanente mestizaje,
de la concordia huésped,
de la libertad amante.

Es pronto hasta que es tarde:
existe un punto idóneo de límite incierto,
para llevar a término feliz quehaceres muy variados;
tan fugaz y pasajero,
que cuando llega a ser
deja de serlo.

Todo tiende al orden, todo tiende al caos;
y el leve peso de un grano de trigo,
lleva la indecisa balanza
al súbito desequilibrio.

Descubro en el mundo una alacena,
repleta de vegetales vivos,
tímidas gacelas,
colibríes y cocodrilos al acecho
de la supervivencia;
una cadena que va de la serpiente al ave
y de la punzante zarza a las ballenas.

La roca labrada, la estrella de mar,
el marfil del elefante
y la sangre del irredento;
llevan impreso un código de barras
que explica la composición y el precio.

Al aire,
al aire que vibra en los oídos,
quiero gritar el manifiesto
de mi sentir más arraigado,
porque dentro de mí bulle el hombre conmovido
y se agita el afectivo ser humano.

Me hiere la creciente escasez
de los necesitados,
los progresivos
excedentes
de los ricos,
y tiemblo como nido de gusanos,
como epicentro sísmico,
como revuelto poblado.

Como de la mortífera peste
del despilfarro huyo
del desperdicio inerte.

Ideas llevadas a los hechos,
resido más en mí,
carne cubriendo por pudor el hueso,
cuantas menos necesidades
admito y alimento.

Escalador en la pendiente de los años,
iluminado por el fuego mortecino de la lumbre
subo aún, ojos venados,
sin saber cuándo haré cumbre.

Quedo a expensas de los fieles aliados
esos que impulsan la conquista de los días:
el deseo de vivir, el optimismo, el ejercicio metódico y diario,
la recreación imprecisa de los sueños y las costosas medicinas
de los laboratorios destacados
que el médico considera más científicas:
confianza en la humanidad futura y amor enamorado.

PsdeJ A lo largo de los años, todos los lugares.

 

A excentricidade da minha órbita
Poemas e tradução de Pedro Sevylla de Juana

Nasci da terra, da água, do vento,
do ardente sol de meio-dia;
nasci da vontade, da esperança,
do perseverante amor à vida.

Ante a instável amanhecida
-minúsculas gotas de orvalho- me comovo,
ante o diminuto nevoeiro suspendido
que à incerteza dá seu corpo.

Tanta sede afoga meus cultivos
que dou nomes de água as penhas
as terras rachadas pelo estio
as raízes ressecas.

Bigorna e martelo
ferro submetido ao vivo fogo
se afana na frágua o ferreiro.

A luminosidade imaculada do ambiente,
me permite visões ignoradas,
e lonjuras diviso surpreendentes.

Avança em caravana o existente,
procurando a igualdade com rasoura
que todo o torna diferente.

Emoção e lógica caminham juntas
-humanas complementares faculdades-
mão na mão por vales e planícies,
e meu interior resulta invulnerável.

Às vezes o pensamento parece tomar a dianteira,
até que o sentimento avança decidido
atingindo uma vantagem manifesta.

Vejo no presente movediço,
a impalpável linha de contato
entre o passado que avança assediador
e o futuro que retrocede assediado.
E penetrando no futuro à escondidas
acho entreaberta
e luminosa uma frincha
pela que observando detidamente
nos dias claros
se vê o presente.

Me oponho ao devir da existência,
e descubro o afinco como arranque
que a energia dos ciclopes em seu exercício liberta;
não há vendaval, não há braço de gigante,
nem quimera
que possam sujeitar-me.

O milagre tantas vezes repetido da existência,
o repousado surgir da água nos mananciais claros,
solidões, as rimas e as lendas,
o pai Douro, o romanceiro de ciganos y ciganas,
e as cárdeas azinheiras
na trova gozosa e dolorida me iniciaram.

Os enigmáticos deuses de hoje e de sempre,
faróis agarrados aos mais altos luzeiros,
perpetuamente insatisfeitos se a tradição não mente
-pagodes, catedrais, mesquitas, sinagogas, beatérios-
com regozijo aceitam reverências e lisonjas dos fiéis,
se manifestando atalho para os caminhantes crédulos.

Poemas e relatos compõem meu propósito;
palavras trabalhadas com a obstinada insistência
de quem ara e repovoa um velho souto,
pensando nas gerações vindouras
mais que no benefício próprio.

Sou lazulita oculta nas entranhas da terra
serpente abraçada ao tronco de ébano
porco-espinho, esplêndida azaléa
areia integrada no cimento.
Efémera flor, água no poço,
avara e generosa criatura,
exercício mental, caráter sólido,
que liberta a energia das dúvidas
modeladora do cosmos
Camponês nómada da papa e a mandioca,
da vaca, o porco e o cordeiro;
cidadão de centros industriais,
nascido da mistura de costumes,
mestiço de permanente mestiçagem,
da concórdia hóspede,
da liberdade amante.

É cedo até que é tarde:
existe um ponto idôneo de limite incerto,
para levar a termo feliz afazeres variados;
tão fugaz e transitório,
que quando chega a ser
começa outro novo.

Tudo busca a ordem, tudo pretende o caos;
e o leve peso de um grão de trigo,
leva a indecisa balança
ao súbito desequilíbrio.

Descubro no mundo uma despensa,
cheia de vegetais vivos
tímidas gazelas,
colibris e crocodilos ao espreito
da sobrevivência;
uma corrente que vai da serpente à ave
e do pungente espinho às baleias.

A rocha lavrada, a estrela de mar,
o marfim do elefante
e o sangue do irredento;
levam impresso um código de barras
que explica a composição e o preço.

Ao ar,
ao ar que vibra nos ouvidos
quero gritar o manifesto
de meu sentir mais arraigado,
porque dentro de mim ferve o homem comovido
e se agita o afetivo ser humano.

Me fere a crescente escassez
dos necessitados,
os progressivos
excedentes
dos ricos,
e tremo como ninho de gusanos,
como epicentro sísmico,
como revolto povoado.

Como da mortífera peste
do esbanjamento fujo
do desperdício inerte.

As ideias pensadas e os fatos feitos,
resido mais em mim,
equilíbrio manifesto,
quantas menos necessidades
admito e alimento.

Escalador na vertente da idade,
iluminado pelo fogo amortecido da lume
subo ainda com coragem
sem saber quando farei cume.

Fico às expensas dos aliados fiéis
que me impulsionam na conquista dos dias:
o desejo de viver, o optimismo,
esse exercício metódico e diário,
a recreação imprecisa dos sonhos
e os custosos
remédios dos laboratórios
que o médico considera
necessários:
confiança na humanidade futura
e amor apaixonado.

PSdeJ Ao longo dos anos, todos os lugares.

Textos de Juan Ramón Jiménez traducidos

 

1.- Platero y yo
Libro infantil de Juan Ramón Jiménez

Advertencia a los hombres que lean este libro para niños Este breve libro, en donde la alegría y la pena son gemelas, cual las orejas de Platero, estaba escrito para… ¡qué sé yo para quién!… para quien escribimos los poetas líricos… Ahora que va a los niños, no le quito ni le pongo una coma. ¡Qué bien! «Dondequiera que haya niños», dice Novalis, «existe una edad de oro». Pues por esa edad de oro, que es como una isla espiritual caída del cielo, anda el corazón del poeta, y se encuentra allí tan a su gusto, que su mejor deseo sería no tener que abandonarla nunca. ¡Isla de gracia, de frescura y de dicha, edad de oro de los niños; siempre te halle yo en mi vida, mar de duelo; ¡y que tu brisa me dé su lira, alta y, a veces, sin sentido, igual que el trino de la alondra en el sol blanco del amanecer!
El poeta, Madrid, 1914.

Platero (Fragmento inicial)
Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro. Lo dejo suelto y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas… Lo llamo dulcemente: «¿Platero?», y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal… Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar, los higos morados, con su cristalina gotita de miel… Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña…; pero fuerte y seco por dentro, como de piedra. Cuando paso sobre él, los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo: —Tien’ asero… Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo.

Libertad
Llamó mi atención, perdida por las flores de la vereda, un pajarillo lleno de luz, que, sobre el húmedo prado verde, abría sin cesar su preso vuelo policromo. Nos acercamos despacio, yo delante, Platero detrás. Había por allí un bebedero umbrío, y unos muchachos traidores le tenían puesta una red a los pájaros. El triste reclamillo se levantaba hasta su pena, llamando, sin querer, a sus hermanos del cielo. La mañana era clara, pura, traspasada de azul. Caía del pinar vecino un leve concierto de trinos exaltados, que venía y se alejaba, sin irse, en el manso y áureo viento marero que ondulaba las copas. ¡Pobre concierto inocente, tan cerca del mal corazón! Monté en Platero, y, obligándolo con las piernas, subimos, en un agudo trote, al pinar. En llegando bajo la sombría cúpula frondosa, batí palmas, canté, grité. Platero, contagiado, rebuznaba una vez y otra, rudamente. Y los ecos respondían, hondos y sonoros, como en el fondo de un gran pozo. Los pájaros se fueron a otro pinar, cantando. Platero, entre las lejanas maldiciones de los chiquillos violentos, rozaba su cabezota peluda contra mi corazón, dándome las gracias hasta lastimarme el pecho.

Asnografía
Leo en un Diccionario: Asnografía: sentido figurado: se dice, irónicamente, por descripción del asno. ¡Pobre asno! ¡Tan bueno, tan noble, tan agudo como eres! Irónicamente… ¿Por qué? ¿Ni una descripción seria mereces, tú, cuya descripción cierta sería un cuento de primavera? ¡Si al hombre que es bueno debieran decirle asno! ¡Si al asno que es malo debieran decirle hombre! Irónicamente… De ti, tan intelectual, amigo del viejo y del niño, del arroyo y de la mariposa, del sol y del perro, de la flor y de la luna, paciente y reflexivo, melancólico y amable, Marco Aurelio de los prados…Platero, que sin duda comprende, me mira fijamente con sus ojazos lucientes, de una blanda dureza, en los que el sol brilla, pequeñito y chispeante, en un breve y convexo firmamento verdinegro. ¡Ay! ¡Si su peluda cabezota idílica supiera que yo le hago justicia, que yo soy mejor que esos hombres que escriben Diccionarios, casi tan bueno como él! Y he puesto al margen del libro: Asnografía: s. f.: se debe decir, con ironía, ¡claro está!, por descripción del hombre imbécil que escribe Diccionarios.
http://www.vicensvives.com/vvweb/_pdf/Muestra-estampas-platero-y-yo-01.pdf

 

1.- Platero e eu
Livro infantil de Juan Ramón Jiménez
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

Advertência aos homens que leiam este livro para meninos. Este breve livro, onde a alegria e a pena são gémeas, qual as orelhas de Platero, estava escrito para… que sê eu para quem! … para quem escrevemos os poetas líricos… Agora que vai aos meninos, não lhe tiro nem lhe ponho uma vírgula. Que bem! «Onde quer que haja meninos», diz Novalis, «existe uma idade de ouro». Pois por essa idade de ouro, que é como uma ilha espiritual caída do céu, anda o coração do poeta, e se encontra ali tão a seu gosto, que seu melhor desejo seria não ter que a abandonar nunca. Ilha de graça, de frescura e de dita, idade de ouro dos meninos; sempre te ache eu em minha vida, mar de duelo; e que tua brisa me dê sua lira, alta e, às vezes, sem sentido, igual que o trino da calandra no sol branco do amanhecer!
O poeta, Madri, 1914.

Platero (Trecho inicial)
Platero é pequeno, peludo, suave; tão macio por fora, que se diria tudo de algodão, que não leva ossos. Só os espelhos de azeviche de seus olhos são duros qual dois escaravelhos de cristal negro. O deixo solto e se vai ao prado, e acaricia tibiamente com seu focinho, as roçagando quase, as florzinhas rosas, celestes e gualdas… O chamo docemente: «Platero?», e vem a mim com um trote alegre que parece que se ri, em não sê que som ideal de guizo… Come quanto lhe dou. Gosta das laranjas mandarinas, as uvas moscatéis, todas de âmbar, os figos morados, com sua cristalina gotinha de mel… É terno e mimoso igual que um menino, que uma menina… mas forte e seco por dentro, como de pedra. Quando passo sobre ele, nos domingos, pelas últimas ruas do povo, os homens do campo, vestidos de limpo e vagarosos, ficam o olhando: —Tien’ asero… Tem aço. Aço e prata de lua, ao mesmo tempo.

Liberdade
Chamou minha atenção, perdida pelas flores da vereda, um passarinho cheio de luz, que, sobre o húmido prado verde, abria sem cessar seu preso voo policromo. Acercamo-nos devagar, eu diante, Platero detrás. Havia por ali um bebedouro sombrio, e uns rapazes traidores tinham posta uma rede aos pássaros. O triste apelo se levantava até sua pena, chamando, sem querer, a seus irmãos do céu. A manhã era clara, pura, traspassada de azul. Caía do pinar vizinho um leve concerto de trinos exaltados, que vinha e se afastava, sem se ir, no manso e áureo vento do mar que ondulava as copas. Pobre concerto inocente, tão cerca do mau coração! Montei em Platero, e, empurrando com as pernas, subimos, num agudo trote, ao pinar. Ao chegar baixo a sombria cúpula frondosa, bati palmas, cantei, gritei. Platero, contagiado, ornejava uma vez e outra, rudemente. E os ecos respondiam, arraigados e sonoros, como no profundo de um poço ancho. Os pássaros se foram a outro pinar, cantando. Platero, entre as longínquas maldições dos rapazes violentos, roçava sua grande cabeça peluda contra meu coração, me agradecendo até me lastimar o peito.

Asnografia
Leio num Dicionário: Asnografia: sentido figurado: diz-se, ironicamente, por descrição do asno. Pobre asno! Tão bom, tão nobre, tão agudo como és! Ironicamente… Por que? Nem uma descrição séria mereces, tu, cuja descrição verdadeira seria um conto de primavera? Se ao homem que é bom devessem lhe dizer asno! Se ao asno que é mau devessem lhe dizer homem! Ironicamente… De ti, tão intelectual, amigo do velho e do menino, do arroio e da borboleta, do sol e do cão, da flor e da lua, paciente e reflexivo, melancólico e amável, Marco Aurélio dos prados. Platero, que sem dúvida compreende, me olha fixamente com seus olhos luzentes, de uma macia dureza, nos que o sol brilha, pequeninho e faiscante, num breve e convexo firmamento verde e negro. Ai! Se sua peluda cabeçona idílica soubesse que eu lhe faço justiça, que eu sou melhor que esses homens que escrevem Dicionários, quase tão bom como ele! E tenho posto à margem do livro: Asnografia: sentido figurado: se deve dizer, com ironia, claro está!, por descrição do homem imbecil que escreve Dicionários.

 

2-. Juan Ramón Jiménez en Madrid
Parque del Retiro
Texto de Juan Ramón Jiménez

(…) Es la hora en que vamos siempre al Retiro, cuando ya se han marchado todos y se puede estar en aquel pinar con soledad. Me gusta pasear un poco y luego sentarme en un banco a confrontar aquello en que estoy trabajando con la Naturaleza; esto lo he hecho siempre y sirve de mucho (…) para que caigan las cosas superfluas (…) pienso en ello para dictarlo ya depurado cuando vuelvo.
Ensalza en sus textos el frescor vivo y cambiante del parque donde la naturaleza –de carácter animista– cobra fuerza:
Mis sueños han tenido cien veces esta vista prodigiosa, y la arboleda de detrás, en la metamorfosis del sueño, era ya pinar de Moguer, palmeras de Sevilla, castaños de Burdeos…, de Filadelfia, pero la Puerta era siempre la misma, única y perfecta.
Nunca he visto tristeza más hermosa que la del Retiro aquella tarde.
Entre el ramaje, de un verde casi amarillento, los pinos negros se veían aunque no se mirasen, y producían impresión, no de cosas, sino de sombras que fuesen llegando. He oído llorar a un árbol; en el tronco tenía voz de fiera y, en las ramas altas, voz de niño. También oí cantar al aire en la hojarasca.
(…) Todos los verdes, todos los oros y todas las luces (…).
¡Adiós, hojitas –y se mueven, locas en el viento–; hasta mañana!
Las sanas hojas lustradas de los chopos agrios del camino azulean de dulce cielo (…). Los firmes mirlos atraviesan sombra y sol (…), se truecan constantemente con el viento, como peces que nadaran un doble oleaje feliz de mar y aire. Cuesta abajo viene el agua susurrante y dichosa, sonando a tesoro abierto, entre la flor caída y la hojilla seca del cauce de tierra oscura, todo bordeado de avispas orinegras (…).

Parque del Retiro
Texto de Juan Ramón Jiménez
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

É a hora em que vamos sempre ao Retiro, quando já se marcharam todos e se pode estar naquele pinar com solidão. Gosto de passear um pouco e depois me sento num banco a confrontar aquilo em que estou trabalhando com a Natureza; isto o fiz sempre e serve de muito (…) para que caiam as coisas supérfluas (…) penso em isso para ditá-lo já depurado quando volto.
Exalta em seus textos o frescor vivo e cambiante do parque onde a natureza –de caráter animista– cobra força:
Meus sonhos têm tido cem vezes esta vista prodigiosa, e o arvoredo de atrás, na metamorfose do sonho, era já pinar de Moguer, palmeiras de Sevilla, castanheiros de Burdeos…, de Filadelfia, mas a Porta era sempre a mesma, única e perfeita.
Nunca tenho visto tristeza mais formosa que a do Retiro aquela tarde.
Entre a ramagem, dum verde quase amarelento, os pinos negros se viam ainda que não se olhassem, e produziam impressão, não de coisas, senão de sombras que fossem chegando. Tenho ouvido chorar uma árvore; no tronco tinha voz de fera e, nos ramos altos, voz de menino. Também ouvi cantar o ar na folharada.
(…) Todos os verdes, todos os ouros e todas as luzes (…).
Adeus, folhinhas –e se movem, loucas no vento̵–; até amanhã!
As sãs folhas lustradas dos choupos azedos do caminho azuleiam de doce céu (…). Os firmes melros atravessam sombra e sol (…), se trocam constantemente com o vento, como peixes que nadassem um duplo fluxo feliz de mar e ar. Ladeira abaixo vem a água sussurrante e ditosa, soando a tesouro aberto, entre a flor caída e a folhinha seca do leito de terra escura, todo rodeado de vespas oro y negras (…).

 

3-. De Eternidades
Poemas de Juan Ramón Jiménez

¡Intelijencia, dame
el nombre exacto de las cosas!
… Que mi palabra sea
la cosa misma,
creada por mi alma nuevamente.
Que por mí vayan todos
los que no las conocen, a las cosas;
que por mí vayan todos
los que ya las olvidan, a las cosas;
que por mí vayan todos
los mismos que las aman, a las cosas…
¡Intelijencia, dame
el nombre exacto, y tuyo,
y suyo, y mío, de las cosas!

Vino, primero, pura,
vestida de inocencia.
Y la amé como un niño.

Luego se fue vistiendo
de no sé qué ropajes.
Y la fui odiando, sin saberlo.

Llegó a ser una reina,
fastuosa de tesoros…
¡Qué iracundia de yel y sin sentido!

…Mas se fue desnudando.
Y yo le sonreía.

Se quedó con la túnica
de su inocencia antigua.
Creí de nuevo en ella.

Y se quitó la túnica,
y apareció desnuda toda…
¡Oh pasión de mi vida, poesía
desnuda, mía para siempre!

Eres tan bella
tú, como el prado tierno tras el arcoíris,
en la siesta callada de agua y sol;
como el rizado de la primavera,
contra el sol de la aurora;
como la avena fina del vallado,
contra el sol de poniente del estío;
como tus ojos verdes con mi risa grana,
como mi hondo corazón con tu amor vivo.

Textos: Antología General Ediciones Orbis 1983

 

De Eternidades
Poemas de Juan Ramón Jiménez
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

INTELIGÊNCIA, DÁ-ME
o nome exato das coisas!
… Que minha palavra seja
a coisa mesma,
criada por minha alma novamente.
Que por mim vão todos
os que não as conhecem, às coisas;
que por mim vão todos
os que já as esquecem, às coisas;
que por mim vão todos
os mesmos que as amam, às coisas…
Inteligência, dá-me
o nome exato, e teu,
e seu, e meu, das coisas!

VINHO, PRIMEIRO, PURA,
vestida de inocência.
E amei-a como um menino.

Depois se foi vestindo
de não sê que roupagens.
E a fui odiando, sem sabê-lo.

Chegou a ser uma rainha,
fastuosa de tesouros…
Que iracúndia de fel e sem sentido!

…Mas foi-se despindo.
E eu lhe sorria.

Ficou com a túnica
de sua inocência antiga.
Cri de novo nela.

E se tirou a túnica,
e apareceu nua toda…
Oh paixão de minha vida, poesia
nua, minha para sempre!

ÉS TÃO BELA
tu, como o prado terno depois do arco-íris,
na sesta calada de água e sol;
como o caracolado da primavera,
contra o sol da aurora;
como a aveia fina do valado,
contra o sol de poente do estio;
como teus olhos verdes com meu riso grana,
como meu fundo coração com teu amor vivo.

Texto completo en:
http://pedrosevylla.com/juan-ramon-jimenez/

 

 

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Hilda Hilst

Entendiéndola como una de las grandes figuras literarias de Brasil, conocí a Hilda Hilst hace ya cuatro años. Fue a través de Cecília Meireles. Buscando noticias de Cecília, encontré una afirmación de Hilda contando como se conocieron: Salón de cha de Mappin. La poesía de HH me salió al paso en Internet. Bandera ondeando, páginas collados, que mostraban versos como tarjetas de presentación agitadas de dudas. La vida le salió al paso a HH porque ella salió al paso de la vida. Se encontraron pronto. Ella era aún la paulistana de Jaú, llamada Hilda de Almeida Prado Hilst; y la vida prometía todo lo que no estaba dispuesta a conceder. Puedo imaginarla hija sola, porque yo lo soy. Puedo imaginar su largo internado de Santa Marcelina: ocho años cautiva; porque mi cautiverio duró un año menos y definió en lo bueno y en lo malo mi trayectoria futura.
La verdad, el pájaro y el Universo; el amor, la libertad y la felicidad en la cima del pico inaccesible. O Nunca Mais tan versátil, complejo y completo. Esperanza renacida, horizonte detrás del horizonte. No hablo de la soledad, porque en las circunstancias vitales de HH la soledad es compañera inseparable y refugio placentero. Brasil es un país de países que forman unidad superior. Desde Brasil la mirada abarca todo el Universo: desde lo minúsculo a lo colosal. Allí vi La Máquina del Mundo y el Rostro del Universo; en Brasil habita la FE abstracta al lado de la desconfianza concreta. Allí hay un Espíritu de espíritus que lo abraza todo, y siendo multitud forma el Uno, la Nada y el Todo de la mano. Hilda Hilst literata no hubiera sido posible en otra geografía: es hija del tiempo y del espacio. Los puntos cardinales de Hilda no eran cuatro solamente, eran cinco: añadida esa necesidad de ser feliz que llamó deseo. El deseo: Primero lava, después polvo, después nada. No hablo de autoafirmación, porque ella se supo, se conoció y se aceptó desde los dieciséis años, bella muchacha visitando a su padre, ya en manos él de la confusión más inequívoca y cierta. El instante arde eternamente: dijo filosófica y paradójica ella, inteligencia desarrollándose, desenvolviéndose, alimentándose de Sí y de Todo.

La rosa de los vientos señalando todos los destinos, 360º de posibilidades; y la persona tratando eternamente de conciliar sus contradicciones intrínsecas, sin conseguirlo. 21 de abril de 1930: nacer era imprescindible: mística y metafísicamente imprescindible. Nacida ya, todo es imparable, agua del río de montaña. Pude haberla visitado una tarde cualquiera hasta el día 3 de febrero de 2004, víspera de su muerte en Campinas. Su voz era ya una voz potente resonando en la literatura en lengua portuguesa: segunda mitad del siglo XX. Presságio, 1950. Me retrasé tanto que se fue, cansada de ser volcán de lava ardiente. Comenzó a escribir bien, sin titubeos; y tras recibir elogios por su belleza y su escritura, cercanas a la perfección, elevó el vuelo de la intimidad vista desde dentro, hasta que oyó decir que sus escritos eran oscuros. Y eso sucedió, siendo la suya una poesía muy luminosa, sol de media noche; claridad y oscuridad, sustituyéndose, mezclándose, oponiéndose. Pressagio: “Brotaron flores en mis pies, y lo cotidiano en mi vida se complicó.” “Mis pies caminarían con flores sobre tu silencio”. “Pobres pies, pobres flores”: pobre deseo insatisfecho de amor, de libertad, de felicidad, de elevación, de expansión universal.

Metáforas grandiosas, visiones fecundas de una realidad mezcla de lo existente y lo deseado: “Si te ausentas, hay paredes en mi”. “Aflicción de ser yo y no ser otra, aflicción de no ser la gran isla”. Pensamiento pensándose sin tregua. Todo es causa, todo es consecuencia. Siente como va escapando, grano a grano, la arena seca de las manos por entre los dedos; como se va el agua de las manos en cuenco, el viento y la cometa, el colibrí: Todo se va y quedan las flores nacidas en sus pies y la soledad amiga. Pasa su firma como sombra transparente sobre sus escritos, como quien se aparta para no estorbar. Verticalidad que apenas ocupa espacio visual hasta llegar al trazo valiente que cruza la t, letra final, y las haches iniciales. Hay escritores geniales en Brasil, pero las escritoras, en muchas ocasiones, los sobrepasan. Cabalgando el caballo al galope de su obra, HH, Hilda Hilst, escribí este poema:

Metáforas grandiosas, visiones fecundas de una realidad mezcla de lo existente y lo deseado: “Si te ausentas, hay paredes en mi”. “Aflicción de ser yo y no ser otra, aflicción de no ser la gran isla”. Pensamiento pensándose sin tregua. Todo es causa, todo es consecuencia. Siente como va escapando, grano a grano, la arena seca de las manos por entre los dedos; como se va el agua de las manos en cuenco, el viento y la cometa, el colibrí: Todo se va y quedan las flores nacidas en sus pies y la soledad amiga. Pasa su firma como sombra transparente sobre sus escritos, como quien se aparta para no estorbar. Verticalidad que apenas ocupa espacio visual hasta llegar al trazo valiente que cruza la t, letra final, y las haches iniciales. Hay escritores geniales en Brasil, pero las escritoras, en muchas ocasiones, los sobrepasan. Cabalgando el caballo al galope de su obra, HH, Hilda Hilst, escribí este poema:

El Rostro Revelado
Pedro Sevylla de Juana

Vi el rostro que intento describir,
cuando el rostro imaginado
se acercaba a mi por vez primera.
Apareció abriéndose, desperezándose
como recién levantado del lecho
en el sueño más profundo.

Sus ojos dolían a mis ojos. ¡Ah! Sus ojos,
vigías informándose de la marcha
de los acontecimientos:
agujeros negros recién enjalbegados,
supernovas antiquísimas,
galaxias desespiralizándose.

Sus ojos,
miríadas de kilómetros entre ellos
kilómetros y kilómetros ellos,
estética apreciada desde distancias siderales.
Sus ojos, hogueras vehementes,
iluminaban el entorno cercano
y el más arcaico:
pasillos opuestos de su laberinto,
imposibles escaleras que remontan
hacia abajo y descienden remontando.

Iluminado el laberinto,
los ojos iluminaron la planicie extensísima de la frente
radiante de reflexiones emocionales
de búsquedas en miles
de recuerdos someros y proyectos bien perfilados,
en miles de probabilidades aleatorias
unas existentes y otras, aún, inexistentes:
palabra y amargura, tósigo y antidotario
hidromiel,
néctar y ambrosía.

Iluminados laberinto y frente
los ojos iluminaron los labios
carnosos, carnales;
-besos que mis besos desearon besar-
boca anunciando el baño matutino de la sonrisa
incierto, misterioso, gesto entre inocente y lúbrico,
agua de cristalinas profundidades.

El amor es una catarata ascendente:
Escribí al margen:
sabiduría destilada en el alambique de los tiempos
alborada del primer instante
de la creación imperfecta de imperfección perfectible,
y así lo confirmaba la piel tersa
cuando el ungüento de la belleza iba
embelleciendo
los poros y las células del rostro,
incendiario esplendor de la mañana deslumbrante.

Años luz, siglos luz,
milenios luz
distanciándose de sí mismos
con la velocidad vertiginosa del pensamiento,
para dar la vuelta al llegar
al elíptico término fingido.
Iluminados laberinto, frente y labios,
los ojos iluminaron la palabra:
pétalos de rosa mecidos por el viento céfiro
polen adherido al largo pico del colibrí capixaba
a la lengua bífida de los crótalos,
Fiat mágico que todo lo dibuja,
mosaico de letras uniéndose y desplegándose,
vitrales filtrando el arcoíris de la pasión humana
rocío de la saliva rociando el liquen
hijo de hongos y algas unicelulares
fuente inicial de la evolución innovadora.

Sentí, intuí, percibí el rostro enmarcado por los cabellos
cuando el rayo primigenio alumbró el espacio todo,
desde las espigas de avena en la meseta de mi niñez
hasta la amenazada biodiversidad de la mata atlántica,
ipês, paus de Brasil, açaís y coqueiros reunidos en coloquio
con animales, vegetales y piedras
sobre el futuro de la Naturaleza.

Algo más aletea en la infinitud:
una cortina de cabellos inúmeros
que el viento imagina bandera:
tenues, cálidos, acogedores.
Quisieran mi nariz y mi boca ararlos,
surcarlos, navegarlos;
territorio de promisión confinando el rostro,
inacabado e inacabable.

Deseo recorrer,
lengua húmeda de los delirios humanos,
la tentación rosácea del cuello,
el convite reservado de la nuca,
reverberantes cavidades de los oídos
lóbulos complacientes sensibilísimos.
Deseo internarme, espeleólogo yo, en la profundidad
absorbente de la boca
para alcanzar el centro ígneo
y el umbral de los impulsos cordiales,
realidad opuesta a lo pensado
que va ajustándose día a día a su patrón
equilibrándose.

Energía el rostro llevada a la materia: nació,
creció ser vivo, vivificante,
aminoácido esencial, protozoo,
danza acuática de cilios y pestañas, aletas, alas,
extremidades futuras destinadas a la armonía de los giros,
de las piruetas en el aire inmóvil agitado,
mar y cielo rompiéndose en arterias,
en sangre alada,
comprometida con la fundación de colonias,
ninfas, faunos y atletas incansables
que recorren la inmensidad restableciendo y repoblando.

Palpan ese rostro íntegro, dibujándolo,
las pulpas de mis dedos, milímetro a milímetro:
solitario en los piélagos vacíos,
nacido y crecido en su propia voluntad.
Mas no hay nada ni nadie más en el Universo
porque ese rostro ocupa el espacio infinito
y el tiempo eterno de mi imaginación creadora,
porque ese rostro es
el imaginado ROSTRO DEL UNIVERSO.

 

O Rosto Revelado
Poema e tradução de Pedro Sevylla de Juana

Vi o rosto que tento descrever,
quando o rosto imaginado
se acercava a mim por vez primeira.
Apareceu se abrindo, se espreguiçando
como recém levantado do leito
nel sonho mais profundo.

Seus olhos doíam a meus olhos. Ah! seus olhos,
vigías se informando da marcha
dos descobrimentos:
buracos negros recém embranquecidos,
supernovas antiquísimas,
galaxias se desespiralando.

Seus olhos,
miríades de quilómetros entre eles
quilómetros e quilómetros eles,
estética apreciada desde distâncias sidéreas.
Seus olhos, fogueiras veementes,
alumiavam o entorno próximo
e o mais arcaico:
corredores opostos do seu labirinto,
impossíveis escadas que remontam
para abaixo e descem remontando.

Alumiado o labirinto,
os olhos alumiaram a planície extensíssima da testa
radiante de reflexões emocionais
de buscas em milhares
de lembranças someras e projectos bem perfilados,
em milhares de probabilidades aleatórias
umas existentes e outras, ainda, inexistentes:
palavra e amargura, tóxico e antidotario
hidromel,
néctar e ambrosia.

Alumiados labirinto e testa
os olhos alumiaram os lábios
carnosos, carnais;
-beijos que meus beijos desejaram beijar-
boca anunciando o banho matutino do sorriso
incerto, misterioso, gesto entre inocente e lúbrico,
água de cristalinas profundezes.

O amor é uma catarata ascendente:
escrevi na margem:
sabedoria destilada no alambique dos tempos
alvorada do primeiro instante
da criação imperfeita de imperfeição perfectível,
e assim o confirmava a pele tersa
quando o ungüento de beleza ia
embelezando
os poros e as células do rosto,
incendiário esplendor da manhã deslumbrante.

Anos luz, séculos luz,
milénios luz
se distanciando de si mesmos
com a velocidade vertiginosa do pensamento
para dar a volta ao chegar
ao elíptico termo fingido.

Alumiados labirinto, testa e lábios,
os olhos alumiaram a palavra:
pétalas de rosa mexidas pelo vento zéfiro
polen aderido ao longo bico do colibrí capixaba
à língua bífida dos crótalos,
Fiat mágico que tudo o desenha,
mosaico de letras se unindo e se despregando,
vitrais filtrando o Arco-íris da paixão humana
orvalho de saliva aspergindo o líquen
filho de fungos e algas unicelulares
fonte inicial da evolução inovadora.

Senti, intuí, percebi o rosto enquadrado pelos cabelos
quando o raio primigenio alumbrou o espaço todo,
desde as espigas de aveia na meseta de minha niñez
até a ameaçada biodiversidade da mata atlántica,
ipês, paus de Brasil, açaís e coqueiros reunidos num colóquio
com animais e pedras
sobre o futuro da Natureza.

Algo mais adeja na infinitude:
uma cortina de cabelos inúmeros
que o vento imagina bandeira:
ténues, cálidos, acolhedores.
Quiseram meu nariz e minha boca arar,
sulcar, navegar
o território de promissão, confim do rosto
inacabado e inacabável.

Energia levada à matéria: nasceu,
cresceu ser vivo, vivificante,
aminoácido essencial, protozoo
dança acuática de cílios e pestanas, barbatanas, asas,
extremidades futuras destinadas à harmonia dos giros,
das piruetas no ar imóvel agitado,
mar e céu Se rompendo em artérias
em sangue alado comprometido com a fundação de colónias,
ninfas, faunos e atletas incansáveis
que percorrem a imensidão restabelecendo e repovoando.

Apalpam esse rosto íntegro, recém desenhado,
as polpas de meus dedos, milímetro a milímetro:
solitário nos pélagos vácuos
nascido e crescido na sua própria vontade.
Mas não há nada nem ninguém mais no Universo
porque esse rosto ocupa o espaço infinito
e o tempo eterno da minha imaginação criadora
porque esse rosto é
o imaginado ROSTO DO UNIVERSO.

Agradar al padre es una necesidad de hija. Escribir para el padre. Necesidad de luz. La voz viene de los valles. Luz y voz diciéndose, iluminándose. “Aquellos alemanes no / escuchaban a Bach, Wagner, Beethoven, no / leían a Goethe, Rilke, Hölderlin(?????) por / la noche; y de día no trabajaban en Auschwitz? / : se pregunta Hilda afirmando. Y concluye: “La gente nunca sabe nada / sobre el otro”. Aguas, en plural, tigres, tulipanes, lunas, canes, pájaros, palabras, olores y colores, vida y muerte, Dios; y todo buscando la razón de su existir, de su Ser. “Y el futuro es de sangre, de acero, de vanidad”: lloró la poeta Hilda a García Lorca poeta. Recibió la autora teatral el prestigioso Premio Anchieta de Teatro en 1969, con “O Verdugo”. Hace decir al Verdugo sobre la persona a la que va a ajusticiar: El hombre tiene una mirada…una mirada…honesta (…) Limpio, limpio. Limpio por dentro.

Sobre a tua grande face”
Poema de Hilda Hilst, texto: edición Massao Ohno 1986

___À memória de Ernest Becker,
___A Ricardo Guilherme Dicke,
por identificação no exercício da procura

Honra-me com teus nadas.
Traduz me paso
De maneira que eu nunca me perceba.
Confunde estas linhas que te escrevo
Como um brejeiro escoliasta
Resolvesse
Brincar a morte de seu próprio texto.
Dá-me pobreza e fealdade e medo.
E desterro de todas as respostas
Que dariam luz
A meu eterno entendimento cego.
Dá-me tristes joelhos.
Para que eu possa fincá-los num mínimo de terra
E ali permanecer o teu mais esquecido prisioneiro.
Dá-me mudez. E andar desordenado. Nenhum cão.
Tu sabes que amo os animais
Por isso me sentiría aliviado. E de ti, Sem Nome
Nao desejo alívio. Apenas estreitez e fardo.
Talvez assim te encantes de tão farta nudez.
Talvez assim me ames: desnudo até osso
Igual a um morto.

O que me vem, devo dizer-te DESEJADO,
Sem recuo, pejo ou timidezes. Porque é mais certo mostrar
Insolências no verso, do que mentir decerto. Então direi
O que se coleia a mim, na intimidade, e atravessa os vaus
Da fantasia. Deito-me pensada de bromélias vivas
E me recrio corpórea e incandescente.
Tu sabes como nasceu a idéia das pontiagudas catedrais?
De un louco incendiando um pinheiro de espinhos.
Arquiteta de mim, me construo à imagen das tuas Casas
E te adentras em carne e moradia. Queixumosa vou indo
E queixoso te mostras, depois de te fartares
Do meu jogo de engodos. E a cada noite voltas
Numa simulação de dor. Paraíso do gozo.

De tanto te pensar, Sem Nome, me veio a Ilusão.
A mesma ilusão

Da égua que sorve a água pensando sorber a lua.
De te pensar me deito nas aguadas
E acredito luzir a estar atada
Ao fulgor do costado de un negro cavalo de cem luas.
De te sonhar, Sem Nome, tenho nada
Mas acredito em mim o ouro e o mundo.
De te amar, possuída de ossos e de abismos
Acredito ter carne a vadiar
Ao redor dos teus cimos. De nunca tocar
Tocando os outros
Acredito ter mãos, acredito ter boca
Quando só tenho patas e focinho.
De muito desejar altura e eternidade

Me vem a fantasia de que Existo e Sou.
Quando sou nada: égua fantasmagórica
Sorvendo a lua n’água.

Vem apenas de mim, ó Cara Escura
Este desejo de te tocar o espírito

Ou és tu, precisante de mim e de minha carne
Que incendeias o espaço e vens muleiro
Montado em ouro e sabre, clavina, cinturões
Rebenque caricioso
Sobre a minha anca viva?
0u há de ser a fome dos teus brilhos
que torna vadeante o meu espírito
e me faz esquecer que sou apenas vício
escureza de terra, latejante.

Vem de mim, Cara Escura, a ramagem de púrpura
Com a qual me disfarço. As facas
Que a cada dia preparo, no seducir
Tua fina simetría. E vem de ti, Obscuro,
Toda cintilância que jamais me busca.

Quisiera dar nomes, muitos, a isso de mim
Chagoso, triste, informe. Uns residuos da tarde
Algunas aves, e asas buscando tua cara de fuligem.
De áspide.
Quisiera dar o nome de Roxura, porque a ãnsia
Tem parecimento con ese desmesurado de mim
Que te procura. Mas também não é isso
Este meu neblinar contínuo que te busca.
Ando em grandes vaguezas, açoitando os ares
Relinchando sombras, carreando o nada
Os que me vêem me gritam: como tem passado
A aldeã de sua alteza? E há chacotas e risos.
Mas vem vindo de ti un entremuro de sons e de cicios
Um labiar de sabores, um sem nome de passos
Como se águas pequeñas desaguassem
Num pomar de abios. Como se eu mesma
Flutuasse, cativa, ofélica, sobre a tua Grande Face.

Hoje te canto e depois no pó que hei de ser
Te cantarei de novo. E tantas vidas terei
Quantas me darás para o meu otra vez amanecer
Tentando te buscar. Porque vives de mim, Sem Nome,
Sutilíssimo amado, relincho do infinito, e vivo
Porque sei de ti a tua fome, tua noite de ferrugem
Teu pasto que é o meu verso orvalhado de tintas
E de um verde negro teu casco e os areais
Onde me pisas fundo. Hoje te canto
E depois emudeço se te alcanço. E juntos
Vamos tingir o espaço. De luzes. De sangue.
De escarlate.

Desejei te mostrar minha forma humana
Afastada de todo da velhice. Por isso
É que te chamo a ti desde criança
E adolescente e mulher, também contigo
Em chamamento convivi. E tive corpo e cara preciosos
E brisas crespas numa voz tão rara
Que se tivesses vindo àquele tempo
Me verias a mim num corrido de horas
Um demoroso estar de muitos noivos.
E de todos, Soturno, nenhum foi tão coalescente

Tão colado à minha carne, como tu foste, ausente.
Dirás demasiado. Mas fosca e acanhada hoje,
Peço-te com o luzir dos ossos
Com a fragilidade de uma espuma n’água
Que me visites antes do adeus de minha palabra.

Lavores, cordas e batalhas
O que me vem da alma. Lavor
Porque trabalho sobre o teu rosto
De palha: construo o impossível
Meu senhor. Cordas, porque te amarro
Com as turquesas informes do desejo.
E um sem fim de batalhas
Porque prender a ti num coração de fêmea
É querer lavores: o quebradiço constante
Porque tento com a palha
A finura perfeita de um semblante.
E o que deve fazer
Quem não se lembra mais do mais perfeito
E de si mesma só tem o humano gesto?

De montanhas e barcas nada sei.
Mas sei a trajetória de uma altura
E certa fundura de águas
E há de me levar a ti uma das duas.
De ares e asas não percebo nada.
Mas atravesso abismos e um vazio de avessos
Para tocar a luz do teu começo.
Das pedras só conheço as ágatas.
Mas arranco do xisto as esmeraldas
Se me disseres que é o verde a dádiva
Que responde as perguntas da Ilusão.
E posso me ferir no gelo das espadas
Se me quiseres banhada de vermelho.

Em minhas muitas vidas hei de te perseguir.
Em sucessivas mortes hei de chamar este teu ser sem nome
Ainda que por fadiga ou plenitude, destruas o poeta
Destruindo o Homem.

Escaldante, Obscuro. Escaldante teu sopro
Sobre o fosco fechado da garganta.
Palavras que pensei acantonadas
Ressurgem diante do toque novo:
Carrascais. Gárgulas. Emergindo do luto
Vem vindo um lago de surpreendimento
Recriando musgo. Voltam as seduções.
Volta a minha própria cara seduzida
Pelo teu duplo rosto: metade raízes
Oquidões e poço, metade o que não sei:
Eternidade. E volta o fervente langor
Os sais, o mal que tem sido esta luta
Na tua arena crispada de punhais.

E destes versos, e da minha própria exuberância
E excesso, há de ficar em ti o mais sombroso.
Dirás: que instante de dor e intelecto
Quando sonhei os poetas na Terra. Carne e poeira
O perecível, exsudando centelha.

Casa do Sol, 1985/1986

 

Acerca de tu amplia faz
Poemario de Hilda Hilst
Traducción de Pedro Sevylla de Juana

Enaltéceme con tus bagatelas.
Interprétame despacio
De modo que nunca lo note.
Desordena estas líneas que te escribo
Como si un bribón escoliasta
Resolviera
Burlar la muerte de su propio texto.
Entrégame pobreza y fealdad y miedo.
Y alejamiento de todas las respuestas
Que darían luz
A mi eterna inteligencia ciega
Concédeme rodillas dolientes.
Para que pueda hincarlas en un poco de tierra
Y allí subsistir como tu más olvidado prisionero.
Facilítame la mudez. Y un caminar atropellado. Ningún perro.
Sabes que amo a los animales
Por eso me sentiría aliviado. Y de ti, Innombrable
No deseo consuelo. Sólo penuria y fardel.
Tal vez así te maravilles de tan abundante necesidad.
Tal vez así me ames: desnudo hasta los huesos
Igual que un muerto

Lo que se me ocurre, debo decirte DESEADO,
Sin repliegue, pudor o poquedades. Porque es más correcto mostrar
Insolencia en el poema, que mentir convencido. Entonces explicaré
Lo que se acerca a mí, en la intimidad, y atraviesa los vados
De la fantasía. Duermo ideada de bromelias vivas
Y me vuelvo a crear corpórea e incandescente.
¿Tú sabes cómo nació la idea de las puntiagudas catedrales?
De un loco incendiando un pino de agujas.
Arquitecta de mí, me construyo a imagen de tus Casas
Y penetras en carne y morada. Lamentándome marcho
Y disgustado te muestras, después de hartarte
De mi treta de cebos. Y cada noche vuelves
Con apariencia de dolor. Paraíso del gozo.

De tanto pensarte, Innombrable, me llegó la Ilusión.
La misma ilusión

De la yegua que sorbe el agua creyendo sorber la luna.
De tanto imaginarte me vierto en las aguadas
Y creo brillar y estar cautiva
Al resplandor tangencial de un caballo negro de cien lunas.
De tanto soñarte, Innombrable, quedo anulada
Pero creo en mí en el oro y el mundo.
De tanto amarte, poseída de huesos y abismos
Creo tener carne y vadear
Alrededor de tus cumbres. De no palparte nunca
Palpando a los otros
Creo tener manos, creo tener boca
Cuando solo tengo patas y hocico.
De tanto desear cielo y eternidad

Se apodera de mí la fantasía de que Existo y Soy.
Cuando no soy nada: yegua fantasmagórica
Sorbiendo la luna en el agua.

Procede solo de mí, ¡oh! Rostro Oscuro
Este deseo de acariciar el espíritu

O eres tú, necesitado de mí y de mi carne
Quien incendia el espacio y viene sobre mula
Montado en oro y sable, carabina, cintos
Látigo tierno
Sobre mi sensitiva grupa?
O será el ansia de tus reflejos
Lo que lleva a vagar a mi espíritu
Y me hace olvidar que soy solo imperfección
Obscuridad de tierra, palpitante.

Viene de mí, Rostro Oscuro, la enramada purpúrea
Con la que me disfrazo. Los cuchillos
Que afilo cada día, al seducir
Tu delicada simetría. Y viene de ti, Oscuro,
Todo ese destello que jamás me busca.

Quisiera poner nombres, muchos, a lo mío
ulceroso, afligido, deforme. Despojos de la tarde
Aves, y alas buscando tu cara de hollín.
De áspid.
Quisiera poner el nombre de Roxura, porque el ansia
Se hace presente con esa desmesura de mí
Que te sigue. Pero tampoco es eso
Este mi lloviznar continuo que te busca.
Me muevo en grandes imprecisiones, azotando los aires
Relinchando sombras, acarreando la nada.
Los que me ven me gritan: ¿cómo lo pasó
La aldeana de su alteza? Y hay mofa y risas.
Pero llega de ti un entrecruzar de sonidos y murmullos
Un persuadir de sabores, un sin nombre de pasos
Como si aguas menudas descargasen
En un huerto de abius. Como si yo misma
Flotara, cautiva, ofélica, sobre tu Gran Faz

Hoy te canto y después en el polvo que he de ser
Te cantaré de nuevo. Y tantas vidas tendré
Cuántas entregues a mi nuevo amanecer
Intentando buscarte. Porque vives de mí,
Innombrable, Sutilísimo amado, relincho del infinito, y vivo
Porque conozco de ti el hambre, tu noche de herrumbre
Tu sustento que es mi verso rociado de tintas
Y de un tono verdinegro tu casco y los arenales
Donde me humillas profundamente. Hoy te canto
Y después enmudezco si te logro. Y juntos
Vamos a teñir el espacio. De luces. De sangre.
De carmesí.

Deseé mostrarte mi forma humana
Alejada del todo de la vejez. Por eso
Te llamo a ti desde la infancia
Y adolescente y mujer, también contigo
En agasajo conviví. Y tuve cuerpo y cara preciosos
Y brisas encrespadas en una voz tan extraña
Que si vinieses a aquel tiempo
Me verías en una escoria de horas
demorada presencia de muchos enamorados.
Y de todos, Sombrío, ninguno fue tan aglutinante

Tan pegado a mi carne, como estuviste, ausente.
Contarás demasiado. Pero hosca y tímida hoy,
Te pido con el relucir de huesos
Con la fragilidad de la espuma en el agua
Que me visites antes del adiós de mi palabra.

Manualidades, cuerdas y batallas
Lo que me sale del alma. Labor
Porque trabajo sobre tu rostro
De paja: construyo lo imposible
Mi señor. Cuerdas, porque te ato
Con las turquesas disformes del deseo.
En un sinfín de batallas
Porque cerrarte en un corazón de hembra
Es pretender labores: lo quebradizo persistente
Porque lo intento con la paja
La delicadeza perfecta de un semblante.
Y lo que debe hacer
Quién se olvida de lo más perfecto
Y de sí propia sólo tiene el gesto humano?

De montañas y barcas nada sé.
Pero conozco el trayecto de una altura
Y la verdadera profundidad acuática
Y ha de llevarme a ti una de las dos.
De aires y alas no entiendo nada.
Pero salvo abismos y un vano de reveses
Para palpar la luz de tu origen.
De las piedras sólo conozco las ágatas.
Pero arranco del esquisto las esmeraldas
Si me dices que es el verde la ofrenda
Que responde a los interrogantes de la Ilusión.
Y puedo herirme en el frío de las espadas
Si me quieres bañada de bermellón.

En mis muchas vidas te perseguiré.
En sucesivas muertes llamaré a este tu ser innombrable
Aunque por fatiga o plenitud, destruyas al poeta
Destruyendo al Hombre.

Abrasador, Obscuro. Abrasador tu hálito
Sobre la fosca angostura de la garganta.
Palabras que pensé acantonadas
Renacen ante el nuevo choque:
Carrascales. Gárgolas. Emergiendo del duelo

Llega un lago de asombro
Volviendo a criar musgo. Regresan las seducciones.
Retorna mi propia cara seducida
Por tu doble rostro: mitad raíces
Oquedades y pozo, mitad no sé qué:
Eternidad. Y vuelve la ferviente languidez
Las sales, el mal que supuso esta lucha
En tu arena crispada de puñales.

Y de estos versos, y de mi propia exuberancia
Y exceso, quedará en ti el más sombrío.
Dirás: que instante de dolor y entendimiento
Cuando soñé a los poetas en la Tierra. Carne y polvazal
Lo perecedero, transpirando chispas.

Traducción PSdeJ, El Escorial 2017

El texto completo está en.
http://pedrosevylla.com/hilda-hilst/

 

 

____========____

 

 

Gustavo Adolfo Bécquer

“Apoteosis de la muerte” llama Galdós a la idea dominante en Gustavo Adolfo Bécquer. La muerte tan repetitiva como la vida; tan opuestas ambas, tan inseparables, tan compenetradas. Fin y principio de un círculo inacabado por inacabable. Y el tiempo y el espacio como únicas incógnitas. Nos dice en su Rima XC:

Es un sueño la vida,
pero un sueño febril que dura un punto;
Cuando de él se despierta,
se ve que todo es vanidad y humo…
¡Ojalá fuera un sueño
muy largo y muy profundo,
un sueño que durara hasta la muerte!…
Yo soñaría con mi amor y el tuyo.

El sueño coincidente con la eternidad tras sumarse a la muerte: silencio y quietud. Quizá cante o llore el poeta excesivo otra apoteosis, la “Apoteosis del Amor”, no obstante, por fuerza, más efímera. El amor no es más que el roce de un ala de gorrión en un cristal de ventana; un instante de ensueño que avanza o se aleja del sueño. Sin embargo, el Amor cantado por Bécquer es, antes que nada, un Amor triunfante, destinado a habitar y presidir toda la Eternidad. Amor deseado, imaginado, supuesto, creado y recreado; asidero, luz y lecho; espejismo visto a través de un tul, vestido de novia y mortaja.
El Amor como idea y como realidad, tan distantes ambas: noche y día, tinieblas y amaneceres luminosos, prístinos. Amor y posesión. Superposición y Transposición del objeto amado en el objeto poseído. Ahí está, confirmándolo, la enfermedad que puso carriles a su corta vida.
Amor y coincidencia, Amor y necesidad. ¿Qué fue, si no, su unión con Valeriano, el hermano del alma y alma gemela? Pintura y textos de la mano y conviviendo a lo largo de ambas vidas. El 17 de febrero nace, en Sevilla, Gustavo Adolfo, un niño destinado a ser feliz. De pronto todo cambia. Una vida inicial tergiversada por la muerte: madre, padre: trastoque de caminos y pérdida de mapa. Todo lo demás es consecuencia y nueva causa, circunferencia o elipse, cometa liberándose del hilo y de la mano; y esa interpretación personal con que el lector hace suyos los poemas de Bécquer. Pocos escritores han hecho tanto por la poesía; a pocos escritores deben tanto los enamorados

 

Un paseo por el camposanto
Poema de Pedro Sevylla de Juana

Por pura simetría no creo en el demonio,
el bien y el mal equidistantes
necesidades y deseos compartiendo plano
lo palpable y lo impalpable en abrazo interno
lo superior como imagen reflejada de lo ínfimo
las vida eterna y temporal ancladas en mi mente
nexo de la fe y de la esperanza
pozo sin fondo al que nada colma.

Alma y cuerpo opuestos e inmiscibles
unidos por el roce de las alas crónicas.
Más allá de la mujer, eje del universo mundo,
del hombre subseyente, animales, árboles
y piedras; del equilibrio
y la armonía, de lo individual
puesto al servicio del conjunto,
más allá de las estrellas y los espacios
interestelares
descreo.

Descarnada metáfora victoriosa, Oriente
y Occidente enfrentados en etimológica plegaria,
húmeros, cráneos, tibias, costillares
procedentes del antiguo camposanto
llegaron hace más de siglo y medio
a la calle de la Coopérative, Villeneuve sur Lot,
para formar,
campo cercado y bendecido,
la Nueva Ciudad del Sueño Eterno:
Cementerio de Sainte Catherine.

Creyentes, pensadores, los abatidos
por la vida
o condenados a la última pena,
trinchera y seto delimitando tres cantones,
a los que se añade otro hipotético
para los hijos de Jacob; demostrando
que ni en la muerte se da la identidad
conceptual de fondo y forma,
que en los despojos corporales dormitan
la opinión y el sentimiento,
cadavéricas ideas perniciosas,
trasmisibles,
como virus filtrables,
a los sensibles vivientes.

Abonan esta tierra fúnebre
familias francesas, los cuerpos reposando
en el solar patrio;
familias españolas derrotadas en su país
y rehechas
en la acogedora y tolerante Francia,
familias emigradas de Italia,
familias de apellido portugués,
ciudadanos de las antiguas colonias
y muchos otros del centro de Europa:
lo extraño y lo propio sumados, integrados,
la historia de la villa escrita día a día.

Avanzo por el espacio cuajado
de enterramientos floridos, donde
yace y subyace
la ambición humana formando mausoleos,
panteones, sepulturas, criptas
obra maestra de arquitectos y escultores de valía.
La sólida argamasa de los múltiples
monumentos funerarios
honra, más que al fallecido,
a quien paga el alto costo:
rivalidad de vivos bien pertrechados.

Oigo expresarse en voz baja,
a uno
de los pensadores
muerto y, aún, pensante:
“Espíritus privados de materia,
materia liberada de energía y hálito vitales,
principios difusos invocados en responsos,
monocorde cantinela erguida como columna de humo,
intentando penetrar en lo Más Alto
impenetrable”.

Leo frases destinadas a resaltar la memoria
de la inconcreta permanencia
en este espacio de hipótesis indemostrables,
de la lógica aplastada por las emociones,
la falsa verdad matemática,
sicosociología desmitificada
al provocar el indeleble
axioma
de lo efímero.

“Ici repose
un Caballero de la Legión de Honor,
Consejero de Comercio,
Miembro destacado
de las Sociedades de Defensa Mutua…”:
meritorio y extenso currículum vítae,
que leo admirado donde debiera reinar la igualdad
establecida por la homogénea composición
de la materia descompuesta.
Donde las Cruces monumentales
que yacen inclinadas sobre las pesadas losas
-puertas blindadas, candadas,
próximas al hermetismo-
confirman
la inamovilidad de las situaciones
presente y futura.

“El Sol iba
como cada tarde,
adonde cada tarde va,
y la Iglesia: altar, vitrales,
sillas, imágenes
y sepulcros de clérigos;
elevada en medio del paseo
era la parte esencial del contraluz”:
declama una pintora y poetisa que lleva
sesenta años, al menos, en la tumba
adornada con lo que, en la distancia,
parece un arpa de oro, mascarón
de proa de una nave,
nave y arca
flotantes.

“Hay un ser eminente difundiendo
la luz en la obscuridad,
un sabio
que conoce la raíz de los misterios y la explica;
y un Ser Supremo, creador con su palabra,
Fiat Lux,
de la luz primigenia”.
Afirma una voz canónica
difunta
procedente del espacio religioso.
“Hay”, añado en mi cabeza:
“millones de criaturas siguiendo
el rumbo de Una Estrella Errante
que bien pudiera avanzar
errada”.

“Honor y patria”,
“Unión,
__Valor,
___Genio,
____Trabajo”;
son lemas esculpidos en la roca dura
con la luminosidad rojiza de las convicciones,
montaña alejada de la visión más nítida,
perdiéndose en la bruma del mar impreciso,
columna principal,
ascua
y pavesa.

Poetas, filósofos,
sacerdotes y trabajadores;
se unen aquí a los militares laureados,
heridos, muertos y sobrevivientes
de mil guerras,
gastados en la paz de los desfiles conmemorativos
bajo el peso de las hojas de servicio saturadas de gestas
e innúmeras medallas concedidas.

Aquí las ilusiones,
aquí
los proyectos
apoyándose los unos en los otros;
la belleza y la fealdad,
la virtud y el vicio,
el bien y el mal complementándose,
equilibrándose.
Sombra reflejada de la barca
cuando surca el río que va a la infinitud eterna,
sonrisa vaciándose de misterios
sobre los cuerpos desnudos
conmovidos de pudores ígneos.

Quiero que siembren bien profundos
mis más firmes pensamientos
en esta tierra fértil,
para que mis nietos recojan
las flores abundantes
y los copiosos frutos.
Cantero de los discrepantes,
de los librepensadores idos,
dejando bien sentada
mi discrepante discrepancia
con todo lo arbitrario.

El fruto de mis reflexiones reiteradas
dejo en este largo y penetrante poema
-Oda como nombre de familia-
sobre el antes y el después
de los pasos humanos en la tierra,
sobre las dudas que emoción y lógica
han ido acercando a la certeza.

 

Um passeio pelo campo-santo
Poema traduzido pelo autor

Por mera simetria não creio no demônio,
o bem e o mau equidistantes
necessidades e desejos compartilhando plano
o palpável e o impalpável em abraço interno
o superior como imagem refletida do ínfimo
a vida eterna e temporária ancoradas em minha mente
nexo da fé e da esperança
poço sem fundo que nada colma.

Alma e corpo opostos e imiscíveis,
unidos pela roçadela do tempo.
Além da mulher, eixo do universo mundo,
do homem subsequente, animais, árvores
e pedras; do equilíbrio
e a harmonia, do individual
posto ao serviço do conjunto;
além das estrelas e os espaços
interestelares
eu descreio.

Descarnada metáfora vitoriosa, Oriente
e Ocidente enfrentados em etimológica pregaria,
úmeros, crânios, tíbias, costelas
procedentes do antigo Campo-santo
chegaram faz mais de século e meio
à rua da Coopérative, Villeneuve sur Lot,
para formar,
campo cercado e abençoado,
a Nova Cidade do Sonho Eterno:
Cemitério de Sainte Catherine.

Crentes, pensadores, os abatidos
pela vida
ou condenados à última pena,
trincheira e sebe viva delimitando três canteiros,
se acrescentando outro hipotético
para os filhos de Jacob; demonstrando
que nem na morte se dá a identidade
conceptual de fundo e forma,
que nos despojos corporais dormitam
a opinião e o sentimento,
cadavéricas ideias perniciosas,
transmissíveis,
como vírus filtráveis,
aos sensíveis viventes.

Adubam esta terra fúnebre
famílias francesas, os corpos repousando
no solar pátrio;
famílias espanholas derrotadas em seu país
e refeitas
na acolhedora e tolerante França,
famílias emigradas da Itália,
famílias de apelido português,
cidadãos das antigas colónias
e muitos outros do centro de Europa:
o estranho e o próprio somados, integrados,
a história da vila escrita dia a dia.

Avanço pelo espaço completo
de lajes floridas, onde
jaz e subjaz
a ambição humana formando mausoléus,
panteões, sepulturas, criptas
obras magistrais de arquitetos e escultores de valia.
A sólida argamassa dos abundantes
monumentos funerários
honra, mais que ao falecido,
a quem paga o alto custo:
rivalidade de vivos bem apetrechados.

Ouço como se expressa baixinho
um dos pensadores
morto e, ainda, pensante:
“Espíritos privados de matéria,
matéria libertada de energia e hálito vitais,
princípios difusos invocados em responsos,
monocórdica cantilena erguida como coluna de fumo,
tentando penetrar no Mais Alto
impenetrável”.

Leio frases destinadas a realçar a memória
da inconstante permanência
neste espaço de hipóteses indemonstráveis,
da lógica aplastada pelas emoções,
a falsa verdade matemática,
psicossociologia desmitificada
ao provocar o indelével
axioma
do efémero.

”Ici repose
um Cavaleiro da Legião de Honor, Conselheiro de Comércio,
Membro destacado das Sociedades de Defesa Mútua…”:
meritório e extenso currículum vítae,
que leio admirado onde devesse reinar a igualdade
estabelecida pela homogênea composição
da matéria decomposta.
Onde as Cruzes monumentais
que jazem inclinadas sobre as pesadas lousas
-grossas portas blindadas,
próximas ao hermetismo-
confirmam
a imobilidade das situações
presente e futura.

“O Sol ia
como cada tarde,
onde cada tarde vai,
e a Igreja: altar, vitrais,
cadeiras, imagens
e sepulcros de clérigos;
elevada no meio do passeio
era a parte essencial do contraluz”:
declama uma pintora e poetisa que leva
sessenta anos, ao menos, na tumba
adornada com o que, na distância,
parece um harpa de ouro, mascarão
de proa de uma embarcação,
nave e arca
flutuantes.

“Há um ser eminente difundindo
a luz na obscuridade,
um sábio
que conhece a raiz dos mistérios e a explica;
e um Ser Supremo, criador com a sua palavra,
Fiat Lux,
da luz primigênia”.
Afirma uma voz canônica
defunta
procedente do espaço religioso.

“Há”, adiciono em minha cabeça:
“milhões de criaturas seguindo
o rumo de Uma Estrela Errante
que bem pudesse avançar
errada”.

“Honra e pátria”,
“União,
__Valor,
___Génio,
____Trabalho”;
são lemas esculpidos na rocha dura
com a luminosidade avermelhada das convicções,
montanha afastada da visão mais nítida,
se perdendo na bruma do mar impreciso,
coluna principal,
áscua
e faúlha.

Poetas, filósofos,
sacerdotes e trabalhadores;
se unem aqui aos militares laureados,
feridos, morridos e sobreviventes
de mil guerras,
gastos na paz dos desfiles comemorativos
baixo o peso das folhas de serviço
cheias de louvores, menções honrosas
e medalhas concedidas.
Aqui as ilusões,
aqui
os projetos
se apoiando os uns nos outros;
a beleza e a fealdade,
a virtude e o vício,
o bem e o mau se complementando,
se equilibrando.

Sombra refletida da barca
quando sulca o rio que vai à infinitude eterna,
sorriso se esvaziando de mistérios
sobre os corpos nus
comovidos de pudores ígneos.

Eu quero que semeiem bem profundos
meus mais firmes pensamentos
nesta terra fértil,
para que meus netos recolham
as flores abundantes
e os copiosos frutos.
Canteiro dos discordantes,
dos livres-pensadores fenecidos,
deixando bem sentada
minha discrepante discrepância
com todo o arbitrário.

O fruto das reflexões reiteradas
deixo neste longo e pungente poema
-Ode como nome de família-
sobre o dantes e depois
dos passos humanos na terra,
sobre as dúvidas que emoção e lógica
têm ido acercando à certeza.
PSdeJ

 

Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer
Tradução: Pedro Sevylla de Juana

Rima I
Yo sé un himno gigante y extraño
que anuncia en la noche del alma una aurora
y estas páginas son de ese himno
cadencias que el aire dilata en las sombras

Yo quisiera escribirlo, del hombre
domando el rebelde, mezquino idioma
con palabras que fuesen a un tiempo
suspiros y risas, colores y notas

Pero en vano es luchar; que no hay cifra
capaz de encerrarlo, y apenas ¡oh, hermosa!
si, teniendo en mis manos las tuyas,
pudiera, al oído, contártelo a solas.

Rima I
Eu sei um hino gigante e estranho
que anuncia na noite do alma uma aurora
e estas páginas são desse hino
cadencias que o ar dilata nas sombras

Eu quisesse escrevê-lo, do homem
domando o rebelde, mesquinho idioma
com palavras que fossem a um tempo
suspiros e risos, cores e notas

Mas é vão lutar; que não há cifra
capaz de encerrá-lo, e apenas, oh meu sol!
se, tendo em minhas mãos as tuas,
pudesse, ao ouvido, te o contar a sós.

Rima IV
No digáis que agotado su tesoro,
de asuntos falta, enmudeció la lira;
podrá no haber poetas; pero siempre
habrá poesía.

Mientras las ondas de la luz al beso
palpiten encendidas,
mientras el sol las desgarradas nubes
de fuego y oro vista,

mientras el aire en su regazo lleve
perfumes y armonías,
mientras haya en el mundo primavera,
¡habrá poesía!

Mientras la ciencia a descubrir no alcance
las fuentes de la vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo
que al cálculo resista,

mientras la humanidad siempre avanzando
no sepa a do camina,
mientras haya un misterio para el hombre,
¡habrá poesía!

Mientras se sienta que se ríe el alma,
sin que los labios rían,
mientras se llore, sin que el llanto acuda
a nublar la pupila,

mientras el corazón y la cabeza
batallando prosigan,
mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡habrá poesía!

Mientras haya unos ojos que reflejen
los ojos que los miran,
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira,

mientras sentirse puedan en un beso
dos almas confundidas,
mientras exista una mujer hermosa,
¡habrá poesía!

Rima IV
Não digais que esgotado seu tesouro,
de assuntos falta, emudeceu a lira;
poderá não haver poetas; mas sempre
haverá poesia.

Enquanto as ondas da luz ao beijo
palpitem acendidas,
enquanto o sol as rasgadas nuvens
de fogo e oro vista,

enquanto o ar em seu regaço leve
perfumes e harmonias,
enquanto haja no mundo primavera,
haverá poesia!

Enquanto a ciência a descobrir não atinja
as fontes da vida,
e no mar ou no céu haja um abismo
que ao cálculo resista,

enquanto a humanidade sempre avançando
não saiba a onde caminha,
enquanto haja um mistério para o homem,
haverá poesia!

Enquanto sintamos rir a alma,
sem que os lábios riam,
enquanto se chore, sem que o pranto acuda
a nublar a pupila,

enquanto o coração e a cabeça
batalhando prossigam,
enquanto tenha esperanças e lembranças,
haverá poesia!

Enquanto haja uns olhos que reflitam
os olhos que os miram,
enquanto responda o lábio suspirando
ao lábio que suspira,

enquanto se possam sentir num beijo
duas almas confundidas,
enquanto exista uma mulher formosa,
haverá poesia!

Rima VII
Del salón en el ángulo oscuro,
de su dueña tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo,
veíase el arpa.

¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas,
como el pájaro duerme en las ramas,
esperando la mano de nieve
que sabe arrancarlas!

¡Ay!, pensé; ¡cuántas veces el genio
así duerme en el fondo del alma,
y una voz como Lázaro espera
que le diga «Levántate y anda»!

Rima VII
Do salão no ângulo escuro,
de sua dona talvez esquecida,
silenciosa e coberta de pó,
se veia o harpa.

Quanta nota dormia em suas cordas,
como o pássaro dorme na rama,
esperando a mão de neve
que sabe arrancá-las!

Ai!, pensei; quantas vezes o génio
assim dorme no fundo da alma,
e uma voz como Lázaro espera
que lhe diga «Levanta-te e anda»!

Rima XV
Cendal flotante de leve bruma,
rizada cinta de blanca espuma,
rumor sonoro
de arpa de oro,
beso del aura, onda de luz:
eso eres tú.

Tú, sombra aérea, que cuantas veces
voy a tocarte te desvaneces
como la llama, como el sonido,
como la niebla, como el gemido
del lago azul

En mar sin playas onda sonante,
en el vacío cometa errante,
largo lamento
del ronco viento,
ansia perpetua de algo mejor,
eso soy yo.

¡Yo, que a tus ojos, en mi agonía,
los ojos vuelvo de noche y día;
yo, que incansable corro demente
tras una sombra, tras la hija ardiente
de una visión!

Rima XV
Cendal flutuante de leve bruma,
rizada fita de branca espuma,
rumor sonoro
de harpa de ouro,
beijo do aura, onda de luz:
isso és tu.

Tu, sombra aérea, que quantas vezes
te vou tocar te desvaneces
como o lume, como o som,
como o nevoeiro, como o gemido
do lago azul

Em mar sem praias onda sonante,
no vazio cometa errante,
longo lamento
do rouco vento,
ânsia perpétua de algo melhor,
eu isso sou.

Eu, que a teus olhos, em minha agonia,
os olhos volto de noite e dia;
eu, que incansável corro demente
trás uma sombra, trás a filha ardente
duma visão!

Rima XXI
¿Qué es poesía?, dices, mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul,
¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía… eres tú.

Rima XXI
Que é poesia?, dizes, enquanto fincas
em meu pupila teu pupila azul,
Que é poesia! E tu mo perguntas?
Poesia… és tu.

Rima XXIII
[A ella. No sé…]
Por una mirada, un mundo;
por una sonrisa, un cielo;
por un beso… ¡Yo no sé
qué te diera por un beso!

RIMA XXIII
[A ela. Não sei…]
Por uma mirada, um mundo;
por um sorriso, um céu;
por um beijo… Eu não sê
que te desse por um beijo!

Rima XXV
Cuando en la noche te envuelven
las alas de tul del sueño
y tus tendidas pestañas
semejan arcos de ébano,
por escuchar los latidos
de tu corazón inquieto
y reclinar tu dormida
cabeza sobre mi pecho,
diera, alma mía,
cuanto poseo,
¡la luz, el aire
y el pensamiento!

Cuando se clavan tus ojos
en un invisible objeto
y tus labios ilumina
de una sonrisa el reflejo,
por leer sobre tu frente
el callado pensamiento
que pasa como la nube
del mar sobre el ancho espejo,
diera, alma mía,
cuanto deseo,
¡la fama, el oro,
la gloria, el genio!

Cuando enmudece tu lengua
y se apresura tu aliento
y tus mejillas se encienden
y entornas tus ojos negros,
por ver entre sus pestañas
brillar con húmedo fuego
la ardiente chispa que brota
del volcán de los deseos,
diera, alma mía,
por cuanto espero:
¡la fe, el espíritu,
la tierra, el cielo!

XXV
Quando na noite te envolvem
as asas de tule do sonho
e tuas tendidas pestanas
semelham arcos de ébano,
por escutar os batidos
de teu coração inquieto
e reclinar tua dormida
cabeça sobre meu peito,
desse, alma minha,
quanto eu tenho,
a luz, o ar
e o pensamento!

Quando se cravam teus olhos
num invisível objeto
e teus lábios alumia
dum sorriso o reflexo,
por ler sobre teu frente
o calado pensamento
que passa como a nuvem
do mar sobre o largo espelho,
desse, alma minha,
quanto desejo,
a fama, o ouro,
a glória, o génio!

Quando emudece tua língua
e se apressa teu alento
e tuas bochechas se acendem
e entornas teus olhos negros,
por ver entre seus cílios
brilhar com húmido incêndio
a ardente chispa que brota
do vulcão dos desejos,
desse, alma minha,
porquanto espero:
a fé, o espírito,
a terra, o céu!

Rima XXXVII
Antes que tú me moriré; escondido
en las entrañas ya
el hierro llevo con que abrió tu mano
la ancha herida mortal.

Antes que tú me moriré; y mi espíritu
en su empeño tenaz
se sentará a las puertas de la muerte,
esperándote allá.

Con las horas los días, con los días
los años volarán,
y a aquella puerta llamarás al cabo…
¿Quién deja de llamar?

Entonces, que tu culpa y tus despojos
la tierra guardará,
lavándote en las ondas de la muerte
como en otro Jordán;

allí donde el murmullo de la vida
temblando a morir va,
como la ola que a la playa viene
silenciosa a expirar;

allí donde el sepulcro que se cierra
abre una eternidad,
¡todo cuanto los dos hemos callado
allí lo hemos de hablar!

Rima XXXVII
Antes que tu morrerei; escondido
nas entranhas já
o ferro levo com que abriu tua mão
a larga ferida mortal.

Antes que tu morrerei; e meu espírito,
em seu empenho tenaz,
se sentará às portas da morte
te esperando lá.

Com as horas os dias, com os dias
os anos voarão,
e àquela porta chamarás ao cabo…
Quem deixa de chamar?

Então que tua culpa e teus despojos
a terra guardará,
te lavando nas ondas da morte
como em outro Jordán;

ali onde o murmúrio da vida
tremendo a morrer vai,
como a onda que à praia vem
silenciosa a expirar;

ali onde o sepulcro que se fecha
abre uma eternidade,
todo quanto os dois temos calado
o temos de falar lá.

Rima XXXVIII
¡Los suspiros son aire y van al aire!
¡Las lágrimas son agua y van al mar!
Dime, mujer, cuando el amor se olvida
¿sabes tú adónde va?

Rima XXXVIII
Os suspiros são ar e vão ao ar!
As lágrimas são água e vão ao mar!
Dize-me, mulher, quando o amor se esquece
sabes tu aonde vai?

Rima LIII
Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.

Pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha al contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres…
¡esas… no volverán!

Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde, aún más hermosas,
sus flores se abrirán.

Pero aquellas, cuajadas de rocío,
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día…
¡esas… no volverán!

Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará;

pero mudo y absorto y de rodillas
como se adora a Dios ante su altar, …
como yo te he querido…; desengáñate,
¡así… no te querrán!

Rima LIII
Voltarão as escuras andorinhas
em teu balcão seus ninhos a colgar,
e outra vez com a asa a seus cristais
jogando chamarão;

mas aquelas que o voo refreavam
teu formosura e minha dita ao contemplar,
aquelas que aprenderam nossos nomes,
essas… não vão voltar!.

Voltarão as tupidas madressilvas
de teu jardim as taipas a escalar,
e outra vez à tarde ainda mais lindas
suas flores se abrirão;

mas aquelas, coalhadas de orvalho
cujas gotas olhávamos tremer
e cair como lágrimas do dia…
essas… não vão volver!

Voltarão do amor em teus ouvidos
as palavras ardentes a soar;
teu coração de seu profundo sonho
talvez acordará;

mas mudo e absorto e de joelhos
como se adora a Deus ante seu altar,
como eu te quis…; desengana-te,
assim… não te vão amar!

Rima LXXIII
Cerraron sus ojos
que aún tenía abiertos,
taparon su cara
con un blanco lienzo,
y unos sollozando,
otros en silencio,
de la triste alcoba
todos se salieron.

La luz, que en un vaso
ardía en el suelo,
al muro arrojaba
la sombra del lecho,
y entre aquella sombra
veíase a intérvalos
dibujarse rígida
la forma del cuerpo.

Despertaba el día,
y a su albor primero
con sus mil ruidos
despertaba el pueblo.
Ante aquel contraste
de vida y misterio,
de luz y tinieblas,
yo pensé un momento:
¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!!

De la casa en hombros
lleváronla al templo,
y en una capilla
dejaron el féretro.
Allí rodearon
sus pálidos restos
de amarillas velas
y de paños negros.

Al dar de las Ánimas
el toque postrero,
acabó una vieja
sus últimos rezos,
cruzó la ancha nave,
las puertas gimieron,
y el santo recinto
quedóse desierto.

De un reloj se oía
compasado el péndulo
y de algunos cirios
el chisporroteo.
Tan medroso y triste,
tan oscuro y yerto
todo se encontraba,
que pensé un momento:
¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!!

De la alta campana
la lengua de hierro
le dio volteando
su adiós lastimero.
El luto en las ropas,
amigos y deudos
cruzaron en fila
formando el cortejo.

Del último asilo,
oscuro y estrecho,
abrió la piqueta
el nicho a un extremo:
allí la acostaron,
tapiáronle luego
y con un saludo
despidióse el duelo.

La piqueta al hombro
el sepulturero,
cantando entre dientes,
se perdió a lo lejos.
La noche se entraba,
Reinaba el silencio;
perdido en las sombras
medité un momento:
¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!!

En las largas noches
del helado invierno,
cuando las maderas
crujir hace el viento
y azota los vidrios
el fuerte aguacero,
de la pobre niña
a solas me acuerdo.

Allí cae la lluvia
con un son eterno;
allí la combate
el soplo del cierzo.
Del húmedo muro
tendida en el hueco,
¡acaso de frío
se hielan sus huesos!…

¿Vuelve el polvo al polvo?
¿Vuela el alma al cielo?
¿Todo es vil materia
podredumbre y cieno?
¡No sé; pero hay algo
que explicar no puedo,
que al par nos infunde,
repugnancia y duelo,
al dejar tan tristes,
tan solos los muertos!

Rima LXXIII
Fecharam seus olhos,
que ainda tinha abertos;
taparam sua cara
com um branco lenço,
e uns soluçando,
outros em silêncio,
da triste alcova
saíram presto.

A luz, que num copo
ardia no solo,
ao muro arrojava
a sombra do leito,
e entre aquela sombra
se via dum tempo a outro
se desenhar rígida
a forma do corpo.

Acordava o dia
e a seu alvor primeiro,
com seus mil ruídos
acordava o povo.
Ante aquele contraste
de vida e mistérios,
de luz e trevas,
meditei um momento:
Deus meu, como ficam
sozinhos os mortos!

Da casa em ombros
a levaram ao templo,
e numa capela
deixaram o féretro.
Ali rodearam
seus pálidos restos
de amarelas velas
e de panos negros.

Ao dar das almas
o toque postremo,
acabou uma velha
suas últimas rezas;
cruzou a larga nave,
as portas gemeram
e a santa estância
quedou deserta.

De um relógio se ouvia
compassado o pêndulo,
e de alguns círios
a crepitação.
Tão medroso e triste,
tão escuro e teso
todo se encontrava…
que pensei um momento:
Deus meu, como ficam
sozinhos os mortos!

Do alto sino
a língua de ferro
deu-lhe volteando
seu adeus aflito.
O luto nas roupas
Parentes e amigos
cruzaram em fila
formando o préstito.

Do último asilo,
escuro e estreito,
abriu a picareta
o nicho a um extremo.
Ali a deitaram,
a taparam logo,
e com cumprimentos
se despediu o duelo.

A picareta ao ombro,
o sepultureiro,
cantando entre dentes,
perdeu-se ao longe.
A noite se entrava,
reinava o silêncio;
perdido nas sombras,
meditei um momento:
Deus meu, como ficam
sozinhos os mortos!

Nas longas noites
do gelado inverno,
quando as madeiras
chiar faz o vento
e açoita os vidros
o forte aguaceiro
da pobre menina
a sozinhas me lembro.

Ali cai a chuva
com um som eterno;
ali a combate
o sopro do vento,
do húmido muro
tendida no oco,
talvez de frio
se gelam seus ossos!…

Volta o pó ao pó?
Voa a alma ao céu?
Tudo é vil matéria,
podridão e lodo?
Não sei; mas há algo
que explicar não posso,
que ao par nos infunde
repugnância e desgosto,
ao deixar tão tristes,
tão sozinhos os mortos!

Rima XCIV
Lejos y entre los árboles
de la intrincada selva,
¿no ves algo que brilla
y llora? Es una estrella.

Ya se la ve más próxima,
como a través de un tul,
de una ermita en el pórtico
brillar. Es una luz.

De la carrera rápida
el término está aquí.
Desilusión. No es lámpara ni estrella
la luz que hemos seguido: es un candil.

Rima XCIV
Longe e entre as árvores
da intrincada selva,
não vês algo que brilha
e chora? É uma estrela.

Já se a vê mais próxima,
como por entre um tule,
duma ermida no pórtico
brilhar. É uma luz.

Da rápida carreira
o termo está aqui.
Desilusão. Não é luminária nem estrela
a luz que temos seguido: é um candil.

Versos originales:
http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/rimas-y-leyendas–0/html
Traduçao de PSdeJ, El Escorial, dias 2 e 3 de agosto de 2017

Texto completo en:
http://pedrosevylla.com/gustavo-adolfo-becquer/

 

 

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Jorge Amado

La vida de Jorge Amado está entre las más movidas de las vividas por escritores brasileños. Constantes viajes, voluntarios u obligados, le llevaron de acá para allá por oriente y occidente. Alegrías y tristezas, sustituyéndose o yendo a la par. Los ataques que sufrió por defender el derecho a expresar sus ideas, llegaron a ser brutales. Sus libros estuvieron perseguidos y condenados a la hoguera. El entró preso en diversas ocasiones por motivos ideológicos. En ciertos momentos de su existencia, daba la impresión de que la figura de Jorge Amado era más fuerte que el poder que lo condenaba. Llegó a ser alguien incómodo del que no se podían desprender. Hasta la acogedora Francia, donde se había refugiado, lo expulsó de su territorio, aunque después lo volviera a admitir. Sus libros constituyen su legado, sus libros enraizados en las vidas, la suya y las de los más indefensos. Las ediciones, reediciones y adaptaciones fueron constantes. Su vida puede considerarse como una vida llena. Matilde Mendonça Garcia Rosa y, más aún, Zélia Gattai, se convirtieron en compañeras y colaboradoras necesarias. La afiliación al Partido Comunista Brasileño, afiliación que no pertenencia, acicate y freno para el escritor, tuvo irregular importancia en su Obra, mayor en los primeros tiempos. Jorge Amado forma parte de la esencia de Brasil.
La Semana de Arte Moderna de febrero 1922 en São Pablo, constituye uno de los hitos culturales más importantes de Brasil. Venía perfilándose desde años atrás, pero cristalizó entonces. Su influencia llega con fuerza hasta 1945, pero me atrevo a decir que aún perdura. Dije que me hubiera gustado estar allí en esos días, conviviendo con los protagonistas de tanta efervescencia. También estoy de acuerdo con los planteamientos de la Antropofagia, consecuente con el Manifiesto Antropófago de Oswald de Andrade, impregnado, en alguna medida, de los primitivismos europeos. Creo que es conveniente recibir y aprovechar lo que haya de interés en otros lugares, fagocitarlo, digerirlo y hacerlo propio del modo que convenga. Y estando con esas formas de renovación de principio a fin a fin, estoy, además con los rebeldes que se instituyeron en Academia, Academia dos Rebeldes, surgida en el Estado de Bahía, y la que supuso, de hecho, la obra de Gilberto Freyre en Pernambuco. Si sumamos ambas posiciones, puede considerarse que hubo una disensión nordestina. Y yo, disensión o particularidad, estoy de acuerdo con ella.
Jorge Amado, novelista; Edison Carneiro, etnógrafo; Clovis Sosígenes Costa, poeta; Walter da Silveira, dedicado al cine, al ensayo ya la crítica cultural, Clóvis Gonçalves Amorim, escritor, entre otros; jóvenes rebeldes todos ellos, poco conocidos en 1928, toman una actitud de lucha contra el conservadurismo de la Academia Brasileira de Letras, desde la autoproclamada Academia dos Rebeldes. Esa beligerancia va también contra el modernismo nacido de la Semana da Arte Moderna, al que consideran un movimiento de importación, proponiendo un Modernismo más dedicado a los aspectos locales, en el sentido de las tradiciones y costumbres. El Nordeste tiene particularidades que defender y las defiende. Allí llegaban los barcos cargados de supervivientes de la travesía del océano, desde la tierra africana donde fueron cazados a lazo. Allí los llegaban, y desde allí eran distribuidos al resto del enorme país, más enorme para aquel tiempo. De resultas, Bahia y, en menor medida, Pernambuco, quedaron impregnados de esa alegría, de esa tristeza, de esa saudade, de esos ritmos, de esa poesía, de esos colores, de esos dioses. También sucede, que la lucha por liberarse del yugo de la esclavitud: fugas, revueltas, organización de quilombos; con éxito o sin él, fueron más fuertes allí, en el Nordeste.
Y si a esas particularidades, añadimos la realidad geográfica, climatológica y social del Sertão nordestino, más duro que otros sertões; ya tenemos justificación suficiente para la particularidad de esa área del país. Así que mi conformidad con los movimientos de renovación de la cultura producidos en Brasil, unos y otros, diferenciados en la forma y en la intensidad, está justificada.

Dejé de buscar el mítico libro “A estrada do mar” cuando encontré las cinco partes del poema que lleva ese título. Están disponibles solo para lectura y copié, por ello, letra a letra, las dos primeras, que son las que traduje. “A estrada do mar” Poema en 5 partes: presença, busca, turismo, tentação dos ventos, impossível reencontro. Escritas en 1939 o antes, 2f. Estos poemas fueron publicados en el jornal Dom Casmurro, Rio de Janeiro, ano3, n.114, p.1, 19 agosto.1939. Está disponible para lectura en el sitio de la Hemeroteca Digital (Biblioteca Nacional-RJ). Del libro de ese título que todo el mundo busca y nadie encuentra, Jorge Amado imprimió una pequeña cantidad en Sergipe, el año 1938, destinado a las personas más cercanas.
Las traducciones al castellano son de Pedro Sevylla de Juana

Presença.– Eu te procurei nos desertos, nos oceanos e rios, nas montanhas e portos. Costa do Pacífico, Golfo do Mexico, oceanos de alga, marinheiros de carvão, e o teu rosto se desdobrando num misterio de peixes e tartarugas. Tu vais no mar caminhando, és navio, és peixe, és agua, teu rosto já não existe, agora é só oceano. No porto de Tecopilla estás em cada momento: nos marinheiros do cais, na procissão com os santos, no comercio de chineses, e no gran poeta chileno sem cabeleira, sem versos, levando un anjo pela mão. Mas só as gaivotas te conhecem voam en torno de teu rosto de agua, beijam teus olhos e te trazem peixes.

Presencia.Yo te busqué en los desiertos, en los océanos y ríos, en las montañas y puertos. Costa del Pacífico, Golfo del México, océanos de alga, marineros de carbón, y tu rostro desplegándose en un misterio de peces y tortugas. Tú vas por el mar caminando, eres navío, eres pez, eres agua, tu rostro ya no existe, ahora es sólo océano. En el puerto de Tecopilla estás en cada momento: en los marineros del puerto, en la procesión de los santos, en el comercio de chinos, y en el gran poeta chileno sin cabellera, sin versos, llevando un ángel de la mano. Pero sólo las gaviotas te conocen vuelan alrededor de tu rostro de agua, besan tus ojos y te traen peces.

Busca.- Chegaste de súbito, a tua presença apagou as minhas palavras de amor, fechou meus lábios, cegou meus olhos, parou meu coração. Chegaste de súbito e de súbito te reconheci. Antes te encontrara em atalhos nos portos longínquos, nas montanhas altíssimas, no sol e na nave. Teus olhos em Manta, tuas mãos em Morelio, teus seios na India ríspida de Ajuno, teus cabelos em Cusco em meio as ruinas, tua boca em Shankaym teu ventre nos Andes cobertos de neve. E fui deixando nessas paisagens tudo que tinha para te dar. As minhas mãos estão vazias, as tuas mãos tão cheias! Perdoa que vim de longe te procurando, fui dando tudo para te achar. Minhas mãos vazias só trazem amor, simplesmente amor. Perdôa.

Búsqueda.Llegaste de repente, tu presencia apagó mis palabras de amor, cerró mis labios, cegó mis ojos, paró mi corazón. Llegaste de súbito y rápidamente te reconocí. Antes te había encontrado en atajos en los puertos lejanos, en las montañas altísimas, en el sol y en el navío. Tus ojos en Manta, tus manos en Morelio, tus senos en la India áspera de Ajuno, tus cabellos en Cusco en medio de las ruinas, tu boca en Shankaym, tu vientre en los Andes cubiertos de nieve. Y fui dejando en esos paisajes todo lo que tenía para darte. ¡Mis manos están vacías, tus manos tan llenas! Perdona que viniera de lejos buscándote, fui repartiendo todo para hallarte. Mis manos vacías sólo traen amor, simplemente amor. Perdona.

Acerca del Jornal Dom Casmurro.

El 13 de mayo de 1937, se publicó en Rio de Janeiro el primer número de Dom Casmurro, dirigido y trabajado por los gauchos Brício de Abreu, propietario encargado de la dirección, y Álvaro Moreyra, como redactor jefe. Había más Folhas en Río, entonces capital de Brasil, pero hacía distinto a Don Casmurro el hecho de que no se tratase de una revista sino de un Jornal semanal en formato grande (41 por 58 cm), dedicado a la cultura y la literatura y escrito por intelectuales. Don Casmurro fue publicado hasta el final de 1946, es decir, durante más de nueve años, lo que es muy meritorio.

Caía la noche cuando el negro João Grande se dirigía al ingenio de los Capitanes de Arena. Tenía trece años. Su padre murió bajo el peso y la fuerza de un camión. Entonces fue cuando João escapó del que era su sitio hasta sentirse ajeno. Poseía fuerza y se convirtió en líder de muchachos a la deriva como él, sin otras ataduras que las necesidades de la edad: alimentación, sensualidad y libertad; pasando a la marginalidad en defensa propia.

NOITE DOS “CAPITÃES DA AREIA”
Poema de Jorge Amado

A cidade dormiu cedo.
A lua ilumina o céu, vem a voz de um negro do mar em frente.
Canta a amargura da sua vida desde que a amada se foi.
No trapiche as crianças já dormem.

A paz da noite envolve os esposos.
O amor é sempre doce e bom, mesmo quando a morte está próxima.
Os corpos não se balançam mais no ritmo do amor.
Mas no coração dos dois meninos não há nenhum medo.
Somente paz, a paz da noite da Bahia.

Então a luz da lua se estendeu sobre todos,
as estrelas brilharam ainda mais no céu,
o mar ficou de todo manso
(talvez que Iemanjá tivesse vindo também a ouvir música)
e a cidade era como que um grande carrossel
onde giravam em invisíveis cavalos os Capitães da Areia.

Vestidos de farrapos, sujos, semi-esfomeados, agressivos,
soltando palavrões e fumando pontas de cigarro,
eram, em verdade, os donos da cidade,
os que a conheciam totalmente,
os que totalmente a amavam,
os seus poetas.

 

Noche de los Capitanes de Arena
Poema de Jorge Amado
Traducido por Pedro Sevylla de Juana

La ciudad durmió temprano.
La luna ilumina el cielo, viene la voz de un negro directa del mar.
Canta la amargura de su vida desde que la amada se fue.
En el trapiche los niños duermen ya.

La calma nocturna envuelve a los esposos.
El amor es siempre dulce y bueno, aun cuando la muerte esté cerca.
Los cuerpos no se mecen más con el ritmo del amor.
Pero en el corazón de los dos niños no hay ningún miedo.
Solamente calma, la serenidad de la noche de Bahía.
Entonces la luz de la luna se extendió sobre todos,
las estrellas brillaron aún más en el cielo,
el mar quedó del todo sumiso
(pudiera ser que Yemanjá viniera también a oír música)
y la ciudad era como que un gran carrusel
donde giraban en invisibles caballos los Capitanes de la Arena.

Vestidos de andrajos, sucios, muertos de hambre, agresivos,
soltando palabrotas y fumando colillas de cigarrillo,
eran, en verdad, los dueños de la ciudad,
los que la conocían del todo,
los que por completo la amaban,
sus poetas.

ABC de Castro Alves fue escrito por Jorge Amado em um período de intensa actividad política. Afiliado al Partido Comunista Brasileiro, el escritor sufrió la persecución del Estado Novo, instituido por Getulio Vargas en 1937. Fue apresado dos veces, y alguno de sus primeros libros terminaron en la hoguera de la policía. En 1939, recobrada la libertad, Amado era redactor jefe de las revistas Diretrizes y Dom Casmurro, en Rio de Janeiro. Entonces comenzó a escribir la biografía de Castro Alves.

ABC DE CASTRO ALVES
Poema de Jorge Amado

“A praça é do povo, amiga, como o céu é do condor”.
A praça é do povo, é o seu campo de batalha, onde ele protesta e luta.
Nãos vistes ainda a multidão se agitar na praça como um mar em tormenta
que destrói navios e invade o cais?

No tempo do poeta Castro Alves
Os negros eram escravos comprados em leilões,
Mercadoria que se vendia, trocava e explorava.
E em troca de tudo que eles deram ao branco,
Sua força, seu suor, suas mulheres e filhas,
A maciez da sua fala que adoçou a nossa fala,
Sua liberdade,
O branco lhe quis dar apenas,
Além do chicote, os deuses que possuía.

Mas deuses os negros traziam da África,
Os deuses da floresta e do deserto,
E continuaram fiéis aos seus deuses
Por mais que rezassem ao deuses
Dos seus donos.

Do fundo das senzalas vinha o choro convulso
Dos negros no bater dos atabaques,
Quando chegava do longínquo das praças
A inquietação do homens…

Era toda uma raça que sofria,
Se desesperava e reagia,
Conservando alguma coisa de seu,
Puramente seu.

Assim ele via o negro, magnífico, forte e belo,
Rompendo as cadeias, livre na sua força colossal…

 

ABC de Castro Alves
Poema de Jorge Amado
Traducido por Pedro Sevylla de Juana

«La plaza es del pueblo, amiga, como el cielo es del cóndor”.
La plaza es del pueblo, es su campo de batalla, donde él protesta y lucha.
¿No visteis aún a la multitud agitarse en la plaza como un mar en tormenta
que destruye navíos e invade el muelle?

En el tiempo del poeta Castro Alves
Los negros eran esclavos comprados en subastas,
Mercancía que se vendía, intercambiaba y examinaba.
Y en pago de todo lo que ellos dieron al blanco,
Su fuerza, su sudor, sus mujeres e hijas,
La blandura de su habla que endulzó nuestra habla,
Su libertad,
El blanco le quiso dar sólo,
Además del látigo, los dioses que poseía.

Pero dioses los negros traían de África,
Los dioses de la floresta y del desierto,
Y continuaron fieles a sus dioses
Por más que rezaran a los dioses
De sus dueños.

Del fondo de los bohíos venía el llanto convulso
De los negros en el batir de los atabales,
Cuando llegaba de lo remoto de las plazas
El desasosiego de los hombres…
Era toda una raza la que sufría,
Se desesperaba y reaccionaba,
Conservando alguna cosa propia,
Puramente suya.

Así él veía al negro, magnífico, fuerte y bello,
Rompiendo las cadenas, libre en su fuerza gigantesca…

 

Nem a rosa, nem o cravo
Conto de Jorge Amado

As frases perdem seu sentido, as palavras perdem sua significação costumeira, como dizer das árvores e das flores, dos teus olhos e do mar, das canoas e do cais, das borboletas nas árvores, quando as crianças são assassinadas friamente pelos nazistas? Como falar da gratuita beleza dos campos e das cidades, quando as bestas soltas no mundo ainda destroem os campos e as cidades?

Já viste um loiro trigal balançando ao vento? É das coisas mais belas do mundo, mas os hitleristas e seus cães danados destruíram os trigais e os povos morrem de fome. Como falar, então, da beleza, dessa beleza simples e pura da farinha e do pão, da água da fonte, do céu azul, do teu rosto na tarde? Não posso falar dessas coisas de todos os dias, dessas alegrias de todos os instantes. Porque elas estão perigando, todas elas, os trigais e o pão, a farinha e a água, o céu, o mar e teu rosto. Contra tudo que é a beleza cotidiana do homem, o nazifascismo se levantou, monstro medieval de torpe visão, de ávido apetite assassino. Outros que falem, se quiserem, das árvores nas tardes agrestes, das rosas em coloridos variados, das flores simples e dos versos mais belos e mais tristes.
Outros que falem as grandes palavras de amor para a bem-amada, outros que digam dos crepúsculos e das noites de estrelas. Não tenho palavras, não tenho frases, vejo as árvores, os pássaros e a tarde, vejo teus olhos, vejo o crepúsculo bordando a cidade. Mas sobre todos esses quadros bóiam cadáveres de crianças que os nazis mataram, ao canto dos pássaros se mesclam os gritos dos velhos torturados nos campos de concentração, nos crepúsculos se fundem madrugadas de reféns fuzilados. E, quando a paisagem lembra o campo, o que eu vejo são os trigais destruídos ao passo das bestas hitleristas, os trigais que alimentavam antes as populações livres. Sobre toda a beleza paira a sombra da escravidão. É como u’a nuvem inesperada num céu azul e límpido. Como então encontrar palavras inocentes, doces palavras cariciosas, versos suaves e tristes? Perdi o sentido destas palavras, destas frases, elas me soam como uma traição neste momento.

Mas sei todas as palavras de ódio, do ódio mais profundo e mais mortal. Eles matam crianças e essa é a sua maneira de brincar o mais inocente dos brinquedos. Eles desonram a beleza das mulheres nos leitos imundos e essa é a sua maneira mais romântica de amar. Eles torturam os homens nos campos de concentração e essa é a sua maneira mais simples de construir o mundo. Eles invadiram as pátrias, escravizaram os povos, e esse é o ideal que levam no coração de lama.
Como então ficar de olhos fechados para tudo isto e falar, com as palavras de sempre, com as frases de ontem, sobre a paisagem e os pássaros, a tarde e os teus olhos? É impossível porque os monstros estão sobre o mundo soltos e vorazes, a boca escorrendo sangue, os olhos amarelos, na ambição de escravizar. Os monstros pardos, os monstros negros e os monstros verdes.

Mas eu sei todas as palavras de ódio e essas, sim, têm um significado neste momento. Houve um dia em que eu falei do amor e encontrei para ele os mais doces vocábulos, as frases mais trabalhadas. Hoje só 0 ódio pode fazer com que o amor perdure sobre o mundo. Só o ódio ao fascismo, mas um ódio mortal, um ódio sem perdão, um ódio que venha do coração e que nos tome todo, que se faça dono de todas as nossas palavras, que nos impeça de ver qualquer espetáculo – desde o crepúsculo aos olhos da amada – sem que junto a ele vejamos o perigo que os cerca.
Jamais as tardes seriam doces e jamais as madrugadas seriam de esperança. Jamais os livros diriam coisas belas, nunca mais seria escrito um verso de amor. Sobre toda a beleza do mundo, sobre a farinha e o pão, sobre a pura água da fonte e sobre o mar, sobre teus olhos também, se debruçaria a desonra que é o nazifascismo, se eles tivessem conseguido dominar o mundo. Não restaria nenhuma parcela de beleza, a mais mínima. Amanhã saberei de novo palavras doces e frases cariciosas. Hoje só sei palavras de ódio, palavras de morte. Não encontrarás um cravo ou uma rosa, uma flor na minha literatura. Mas encontrarás um punhal ou um fuzil, encontrarás uma arma contra os inimigos da beleza, contra aqueles que amam as trevas e a desgraça, a lama e os esgotos, contra esses restos de podridão que sonharam esmagar a poesia, o amor e a liberdade!
O texto foi publicado no jornal «Folha da Manhã», edição de 22/04/1945, e consta do livro «Figuras do Brasil: 80 autores em 80 anos de Folha», PubliFolha – São Paulo, 2001, pág. 79, organização de Arthur Nestrovski.

 

Ni la rosa ni el clavel
Cuento de Jorge Amado
Traducción: Pedro Sevylla de Juana

Las frases pierden su sentido, las palabras pierden su significado rutinario; ¿cómo hablar de los árboles y de las flores, de tus ojos y del mar, de las canoas y del muelle, de las mariposas en los árboles, cuando los niños son asesinados fríamente por los nazis? ¿Cómo hablar de la belleza gratuita de los campos y de las ciudades, cuando las bestias sueltas en el mundo aún destruyen los campos y las ciudades?
¿Ya viste un trigal rubio estremecido por el viento? Es de las cosas más bellas del mundo, pero los hitlerianos y sus perros pervertidos destruyeron los trigales, y los pueblos mueren de hambre. ¿Como hablar, entonces, de la belleza, de esa belleza simple y pura de la harina y del pan, del agua de la fuente, del cielo azul, de tu rostro al atardecer? No puedo hablar de esas cosas de todos los días, de esas alegrías de todos los instantes. Porque esas cosas peligran, peligran todas ellas, los trigales y el pan, la harina y el agua, el cielo, el mar y tu rostro. Contra todo lo que significa la belleza cotidiana del hombre, el nazifascismo se levantó, monstruo medieval de torpe visión, de ávido apetito asesino. Que otros hablen, si quieren, de las grandes palabras de amor para la bienamada, que otros hablen de los crepúsculos y de las noches estrelladas. No tengo palabras, no tengo frases, veo los árboles, los pájaros y la tarde, veo tus ojos, veo el crepúsculo bordando la ciudad. Pero sobre todos esos cuadros flotan cadáveres de niños que los nazis mataron, al canto de los pájaros se añaden mezclándose los gritos de los viejos torturados en los campos de concentración, con los crepúsculos se funden madrugadas de rehenes fusilados. Y, cuando el paisaje recuerda el campo, lo que yo veo son los trigales destruidos al paso de las bestias hitlerianas, los trigales que alimentaban antes poblaciones libres. Sobre toda la belleza planea la sombra de la esclavitud. Es cómo una nube inesperada en un cielo azul y límpido. ¡Cómo encontrar entonces palabras inocentes, dulces palabras acariciadoras, versos suaves y tristes? Perdí el sentido de esas palabras, de esas frases, ellas me suenan como traición en este momento.
Pero sé todas las palabras de odio, del odio más profundo y más mortal. Ellos matan niños y esa es su manera de enredar con el más inocente de los divertimentos. Ellos deshonran la belleza de las mujeres en lechos inmundos y esa es su manera más romántica de amar. Ellos torturan a los hombres en los campos de concentración, y esa es su manera más sencilla de construir el mundo. Ellos invadieron las patrias, esclavizaron a los pueblos, y ese es el ideal que llevan en el corazón de lodo. ¿Cómo entonces cerrar los ojos ante todo esto y hablar, con las palabras de siempre, con las frases de ayer, sobre el paisaje y los pájaros, la tarde y tus ojos? ES imposible porque los monstruos están en el mundo sueltos y voraces, la boca escurriendo sangre, los ojos amarillos, por la ambición de esclavizar. Los monstruos pardos, los monstruos negros y los monstruos verdes.
Pero yo sé todas las palabras de odio y esas, sí, tienen un significado en este momento. Hubo un día en que yo hablé del amor y encontré para él los más dulces vocablos, las frases más elaboradas. Hoy sólo el odio puede hacer que el amor perdure sobre el mundo. Sólo el odio al fascismo, pero un odio mortal, un odio sin perdón, un odio que venga del corazón y que nos arrebate todo, que se haga dueño de todas nuestras palabras, que nos impida ver cualquier espectáculo – desde el crepúsculo hasta los ojos de la amada – sin que a su lado veamos el peligro que los cerca.
Jamás las tardes serían dulces y jamás las madrugadas serían esperanzadoras. Jamás los libros dirían cosas bellas, nunca más sería escrito un verso de amor. Sobre toda la belleza del mundo, sobre la harina y el pan, sobre el agua pura de la fuente y sobre el mar, sobre tus ojos también, caería de bruces la deshonra que supondría el nazifascismo, si ellos hubieran conseguido dominar el mundo. No quedaría ninguna cuota de belleza, ni la más mínima. Mañana sabré de nuevo palabras dulces y frases cariñosas. Hoy sólo sé palabras de odio, palabras de muerte. No encontrarás un clavel o una rosa, ni una flor en mi literatura. ¡Pero encontrarás un puñal o un fusil, encontrarás un arma contra los enemigos de la belleza, contra aquellos que aman las tinieblas y la desgracia, el lodo y los agotamientos, contra esos restos de podredumbre que soñaron con triturar la poesía, el amor y la libertad!

Texto completo en
http://pedrosevylla.com/jorge-amado/

 

 

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García Lorca

El amor a la tierra, al campo agrícola concretado en Valdepero, unión de la Tierra de Campos y el Cerrato, campo cereal de páramos, valles y vegas, forma parte esencial de mi obra, verso y prosa. Dice Federico García Lorca, de sí: «Sin este mi amor a la tierra, no hubiera podido escribir Bodas de sangre. Y no hubiera tampoco empezado mi obra próxima: Yerma. En la tierra encuentro una profunda sugestión de pobreza. Y amo la pobreza por sobre todas las cosas. No la pobreza sórdida y hambrienta, sino la pobreza bienaventurada, simple, humilde, como el pan moreno». Amor a la pobreza bienaventurada. Amor a la tierra. Amor a los jóvenes y a la vida joven. Rechazo de realidades angustiosas: la pobreza sórdida, la vejez y la muerte. García Lorca se nos muestra en sus búsquedas, en sus anhelos; pero también en sus rechazos, estética y ética hermanadas, vida y muerte. Dice de él propio: «No puedo tolerar a los viejos». «Me aterrorizan esos ojillos grises lacrimosos, esos labios en continuo rictus, esas sonrisas paternales, ese afecto tan indeseado como puede serlo una cuerda que tire de nosotros hacia un abismo… Porque eso son los viejos. La cuerda, la ligazón que hay entre la vida joven y el abismo de la muerte».
García Lorca es el poeta en español más conocido, más leído y más apreciado; poeta universal. Y todo ello en una vida cercenada en flor, en tallo fresco, en la angustia de los últimos días; y como consecuencia, una obra cercenada en plena hoguera de juventud. Dice en las palabras de justificación de su Libro de Poemas, en 1921: “Ofrezco en este libro, todo ardor juvenil, tortura y ambición sin medida, la imagen exacta de mis días de adolescencia y juventud, esos días que enlazan el instante de hoy con mi infancia reciente. En estas páginas desordenadas va el reflejo fiel de mi corazón y de mis ansias teñido del matiz que le prestara, al poseerlo, la vida palpitante en torno, recién nacida para mi mirada. Se hermana el nacimiento de cada una de estas poesías que tienes en tus manos, lector, al propio nacer de un brote nuevo del árbol músico de mi vida en flor. Ruindad fuera el menospreciar esta obra que tan enlazada está a mi propia vida. Sobre su incorrección, sobre su limitación, segura, tendrá este libro la virtud, entre otras muchas que yo advierto, de recordarme en todo instante mi infancia apasionada correteando desnuda por las praderas de una vega, sobre un fondo de serranía.
En el preámbulo de ese mismo libro, el editor pone estas líneas, recogiendo las únicas declaraciones teóricas que García Lorca hizo, tomadas de la antología de Gerardo Diego: Poesía española: Contemporáneos (Signo, Madrid,1932) : “Pero, ¿qué voy a decir yo de la Poesía? ¿Qué voy a decir de esas nubes, de ese cielo? Mirar, mirar, mirarlas, mirarle y nada más. Comprenderás que un poeta no puede decir nada de la Poesía. Eso déjaselo a los críticos y profesores. Pero ni tú ni yo ni ningún poeta sabemos lo que es la Poesía. Aquí está: mira. Yo tengo el fuego en mis manos. Yo lo entiendo y trabajo con él perfectamente, pero no puedo hablar de él sin literatura. Yo comprendo todas las poéticas; podría hablar de ellas si no cambiara de opinión cada cinco minutos. No sé. Puede que algún día me guste la poesía mala muchísimo, como me gusta (nos gusta) hoy la música mala con locura. Quemaré el Partenón por la noche para empezar a levantarlo por la mañana y no terminarlo nunca. En mis conferencias he hablado a veces de la Poesía, pero de lo único que no puedo hablar es de mi poesía. Y no porque sea un inconsciente de lo que hago. Al contrario, si es verdad que soy poeta por la gracia de Dios -o del demonio-, también lo es que lo soy por la gracia de la técnica y del esfuerzo, y de darme cuenta en absoluto de lo que es un poema”.
En la última estrofa del poema Fábula y rueda de los tres amigos
en Poemas de la soledad en Columbia University
de Poeta en nueva York, García Lorca recuerda su próximo asesinato:

“Cuando se hundieron las formas puras
bajo el cri cri de las margaritas,
comprendí que me habían asesinado.
Recorrieron los cafés y los cementerios y las iglesias,
abrieron los toneles y los armarios, /
destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro.
Ya no me encontraron.
¿No me encontraron?
No. No me encontraron.
Pero se supo que la sexta luna huyó torrente arriba,
y que el mar recordó ¡de pronto!
los nombres de todos sus ahogados.

 

Oda a la mujer madura
Poema de Pedro Sevylla de Juana

Proemio
El veintinueve de octubre llegué a tu casa, mujer.
Bahia, Minas, São Paulo, Río, Espíritu Santo,
y tu morada era el campo.
Cacaotales, plantaciones de café,
tu espacio tenía el horizonte puesto en la Naturaleza toda:
tierra fértil de color rojizo,
hierbas, enredaderas, arbustos de frutas comestibles,
árboles rectos, erguidos,
levantándose como flechas dirigidas al infinito
deseosas de alcanzar un cielo protector.
azul y gris que lloviera agua favorable
sobre todas las tierras, sobre todas las plantas
y sobre las bestias, tus hermanas del bosque:
simios inocentes, serpientes ondeantes
y pájaros cantores hijos de la música y el viento
en la pintada Aurora.
Te encontré en ese lugar de libertad que quieres
sostenible y protegido, abierto a los viajeros
que sosiego busquen.
Me entregaste tus versos
en dos cuadernos manuscritos
y yo llevaba mi poema a la hembra madura:
palabras hermosas y sensuales
que aún no tenían destino de mujer,
abstracto como el alba del primer día
amanecer cósmico inundado de resplandor primitivo.
Y viéndote allí, elevada sobre pedestal de diosa,
fuerte silueta rodeada de luz,
señora de orígenes mezclados,
luz escultora delineando tu perfil,
cuerpo poderoso junto a la acogedora puerta de la casa
sabía que eras tú la mujer madura
el poema era tuyo y para ti había sido escrito.

El poema
Mi deseada mujer madura
hembra plena y floreciente
de carne frutal y entendimiento reflexivo
eres la diosa Hera,
esposa del gran Zeus;
y de tus pechos, ubre generosa,
brota a diario en espiral la Vía Láctea,
galaxia formada por doscientos mil millones
de planetas inquietos.

Hijo del padre de los dioses y de la humana Alcmena,
yo soy Heracles,
el héroe que busca en tus pechos
la inmortalidad vedada.

Eres Penélope, mujer;
yo soy el nuevo Ulises, y regreso a Ítaca
cansado de guerras y aventuras engañosas.
Todo es hostil,
muros de intriga cercan la casa,
los enemigos han tomado posesión de lo mío,
pero tu agredida fortaleza aún resiste.

Tus pechos me reconocen,
esposa fidelísima;
identifican mi rostro, mis manos y mi voz;
tus pechos,
sólo ellos,
saben quién es este mendigo extranjero
antes de verme tensar el arco y pasar
la flecha a través de los doce ojos de hacha.

¡Créelos!,
tus pechos
mujer madura
conocen la verdad:
saben que mi corazón los quiere esféricos y vanidosos,
mi tímida gacela, mi flor del Paraíso,
saben que mi corazón los ama impávidos y encumbrados.
Eres Helena, mujer,
la espartana Helena;
tu perturbadora belleza seduce por igual a dioses y a mortales;
yo soy tu esposo Menelao, rey consorte,
y si perdono tu veleidosa conducta,
debes saber que a la memoria
de tus hermosos pechos obedezco.

Mujer nacida de la tierra fértil y las fragorosas olas,
tus pechos son el portentoso acierto de la Naturaleza práctica,
un misterio que los siete sabios de Atenas no podrían desvelar,
un regalo de Mirón, un obsequio de Fidias.
una donación de Policleto.

Eres Esther, la valerosa hebrea,
mi alígera corza, mi dulce enamorada,
mi señora,
mi reina,
yo soy Asuero, el Rey,
ciento veintisiete provincias se inclinan ante mí,
las doncellas más codiciadas pueblan mi harén
pero, únicamente, tus pechos
estimulante
vivificadora compañera,
llenan de fiesta mi vida.

Mi adorada mujer madura,
mi virginal doncella,
mi alumna impúdica, mi deseada
hembra sensual y placentera;
tus pechos me invitan, me convidan:
desde su posición de privilegio me convocan
a un banquete carnal inmoderado.

Poseen una titilación ictínea cuando los busco,
nocturnidad marina de la arena fresca
turgentes y altos en su entrega pudorosa,
pálidos a la luz de la luna turbia
perturbados por los luceros esplendentes.

Hembra total, mi animosa mujer,
mi marinera de imaginarias singladuras,
tus hermosos y erguidos pechos,
sólidos, firmes, resistentes, obstinados;
son el mascarón de proa y la proa intrépida
de tu cuerpo navegante.

Tus pechos, mujer, saben a dátiles
a papaya jugosa, a palmitos de sagú
a mango maduro, a almendra y a manzana;
tus pechos rotundos, mi inteligente e intuitiva compañera,
saben a gloria.

Son de absenta de noventa grados tus pechos,
de mandrágora y belladona,
hembra soberana,
estrella polar de mi existencia,
alucinógenos son,
ciertamente adictivos
y los bebo para suavizar por dentro
antiguas cicatrices aún en carne viva.

A jacinto huelen tus pechos, pulquérrima mujer,
a laurel, a estoraque, a mirto
a eucalipto, a salvia,
a madreselva y a magnolia;
a los aromas bravíos de la flora silvestre
y a la substancia fecunda del tornadizo mar salobre.

Los pechos de la mujer madura son tersos y sensuales;
de día cubren su timidez desnuda
de noche desnudan su temeraria osadía.
En la penumbra se hacen fuertes
fanfarronean, me desafían, me provocan
y los pezones se inflaman
pronunciando mi nombre innominado.

Nada me atrae tanto como los esféricos, enhiestos
orgullosos pechos de la mujer madura,
ley de la gravitación universal hostil y aliada.
Brillantes estrellas que me hacen guiños en las noches
oscuras, cuando el cielo es transparente
y la vista cruza las enormes distancias.

Mi desconfianza viene de la primera juventud
soy un precavido a prueba de razones,
y todo lo fundamento en los pechos de la mujer madura
única realidad visible y palpable.

Dioses del Olimpo y Monte Olimpo ellos mismos
a su cima subo para libar
mi diaria
ración de ambrosía.

Admirable mujer, compendio de mujeres
bajo tus cálidos y armónicos pechos
mi experimentada sagacidad descubre
un corazón amante que aprecia el arrojo y la ternura;
una voluntad de entrega –hija, madre y esposa-
llevada a desvivirse por los suyos;
la grandeza de ánimo de la mujer emancipada
opuesta a las directoras bridas;
y el empeño social orientado a la conquista
del derecho a expresarse y actuar libremente.

 

Ode à mulher madura
Poema e tradução Pedro Sevylla de Juana

Proemio
O vinte e nove de outubro cheguei a tua casa mulher,
Bahia, Minas, São Paulo, Rio, Espírito Santo,
e tua morada era o campo.
Cacauais, cafezais,
teu espaço tinha o horizonte posto na Natureza toda:
terra fértil de cor avermelhado,
ervas, trepadeiras, arbustos de fruto comestível,
árvores retas, eretas,
se elevando como frechas dirigidas ao infinito
desejosas de atingir um céu protetor
azul e cinzento que chovesse água favorável
sobre todas as terras, sobre todas as plantas
e sobre os animais, teus irmãos do bosque:
símios inocentes, cobras ondeantes
e pássaros cantores filhos da música e do vento
na pintada Aurora.
Te encontrei nesse sítio de liberdade que queres
sustentável e protegido, aberto ao viajante
que sossego procure.
Me entregaste teus versos
em dois cadernos manuscritos
e eu levava na cabeça meu poema à fêmea madura
palavras belas e sensuais
que ainda não tinham destino de mulher,
abstratas como a alvorada do primeiro dia
amanhecer cósmico inundado de fulgor primigênio.
E ao te ver ali, elevada em pedestal de deusa,
forte silhueta circundada de luz,
senhora de miscigenadas origens,
luz escultora delineando teu perfil,
corpo poderoso junto à porta da casa acolhedora,
soube que eras tu a mulher madura
o poema era teu e a ti te tinha sido escrito.

O poema
Minha desejada mulher madura
fêmea plena e florescente
de carne frugal e entendimento reflexivo
és a deusa Hera,
esposa do grande Zeus;
e de teus peitos, ubre generosa,
brota a diário em espiral a Via Láctea,
galáxia formada por duzentos bilhões
de planetas travessos.

Filho do pai dos deuses e da humana Alcmena,
eu sou Héracles,
o herói que procura em teus peitos
a imortalidade vedada.
És Penélope, mulher;
eu sou o novo Ulisses, e regresso a Ítaca
cansado de guerras e aventuras enganosas.

Tudo é hostil,
muros de intriga cercam a casa,
os inimigos têm tomado posse do meu,
mas tua agredida fortaleza ainda resiste.
Teus peitos me reconhecem,
esposa fidelíssima;
identificam meu rosto, minhas mãos e minha voz;
teus peitos,
só eles,
sabem quem é este mendigo estrangeiro
dantes de me ver entesar o arco e passar
a seta através dos doze olhos de machado.

Crê-os!,
teus peitos
mulher madura
conhecem a verdade
sabem que meu coração os quer esféricos e vaidosos,
minha tímida gazela, minha flor do Paraíso,
sabem que meu coração os ama impávidos e exaltados.
És Helena, mulher,
a espartana Helena;
teu perturbadora beleza seduze a deuses e a mortais;
eu sou teu esposo Menelao, rei consorte,
e se perdoo teu veleidosa conduta,
deves saber que à memória
de teus formosos peitos obedeço.

Mulher nascida da terra fértil e as fragorosas ondas,
teus peitos são o portentoso acerto da Natureza prática,
um mistério que os sete sábios de Atenas não poderiam desvelar,
um presente de Míron, um obsequio de Fídias.
uma doação de Policleto.

És Esther, a valorosa hebreia,
minha alígera corça, meu doce apaixonada,
minha senhora,
minha rainha,
eu sou Asuero, o Rei,
cento vinte e sete províncias se inclinam ante mim,
as donzelas mais cobiçadas povoam minha harén
mas, unicamente, teus peitos
estimulante
vivificadora companheira,
enchem de festa minha vida.

Minha adorada mulher madura,
minha virginal donzela,
minha aluna impudica, minha desejada
fêmea sensual e prazenteira;
teus peitos convidam-me, me convidam:
desde sua posição de privilégio me convocam
a um banquete carnal imoderado.

Possuem uma titilação ictíaca quando os procuro,
noturnidade marinha da areia fresca
túrgidos e altos na sua entrega pudorosa,
pálidos à luz da lua túrbida
perturbados pelos luzeiros esplendentes.

Fêmea total, minha animosa mulher,
minha marinheira de imaginárias singraduras,
teus formosos e erguidos peitos,
sólidos, firmes, resistentes, obstinados;
são o mascarão de proa e a proa intrépida
de teu corpo navegante.

Teus peitos, mulher, sabem a tâmaras
a papaia sucosa, a palmitos de sagu
a mango maduro, a amêndoa e a maçã;
teus peitos rotundos, meu inteligente e intuitiva
companheira,
sabem a glória.

São de absenta de noventa graus teus peitos,
de mandrágora e beladona,
fêmea soberana,
estrela polar de minha existência,
alucinógenos são,
certamente aditivos
e os bebo para suavizar por dentro
antigas cicatrizes ainda em carne viva.

A hiacinto cheiram teus peitos,
pulquérrima mulher,
a laurel, a estoraque, a mirto
a eucalipto, a sálvia
a madressilva e a magnólia;
aos aromas bravios da flora silvestre
e à substância fecunda do tornadiço mar salobre.

Os peitos da mulher madura são tersos e sensuais;
de dia cobrem sua timidez nua
de noite despem sua temerária ousadia.
Na penumbra se fazem fortes
alardeiam, me desafiam, me provocam
e os pezões se inflamam
pronunciando meu nome inominado.

Nada me atrai tanto como os esféricos, alçados
orgulhosos peitos da mulher madura,
lei da gravitação universal hostil e aliada.
Brilhantes estrelas que me fazem piscadas nas noites
escuras, quando o céu é transparente
e a vista cruza as enormes distâncias.

Minha desconfiança vem da primeira juventude
sou um precavido a prova de razões,
e tudo o fundamento nos peitos da mulher madura
única realidade visível e palpável.

Deuses do Olimpo e Monte Olimpo eles mesmos
a sua cume subo para libar
minha diária
ração de ambrosia.

Admirável mulher, compendio de mulheres
baixo teus cálidos e harmônicos peitos
minha experimentada sagacidade descobre
um coração amante que aprecia o arrojo e a ternura;
uma vontade de entrega –filha, mãe e esposa-
levada a se esforçar pelos seus;
a grandeza de ânimo da mulher emancipada
oposta às diretoras bridas;
e o empenho social orientado à conquista
do direito a se expressar e atuar livremente.
PSdeJ

 

YERMA
Fragmento de La Obra de teatro de Federico García Lorca

YERMA. ¿De dónde vienes?
MARÍA. De la tienda.
YERMA. ¿De la tienda tan temprano?
MARÍA. Por mi gusto hubiera esperado en la puerta a que abrieran. ¿Y a que no sabes lo que he comprado?
YERMA. Habrás comprado café para el desayuno, azúcar, los panes.
MARÍA. No. He comprado encajes, tres varas de hilo, cintas y lana de color para hacer madroños. El dinero lo tenía mi marido y me lo ha dado él mismo.
YERMA. Te vas a hacer una blusa.
MARÍA. No, es porque… ¿sabes?
YERMA. ¿Qué?
MARÍA. Porque ¡ya ha llegado! (Queda con la cabeza baja.)
(Yerma se levanta y queda mirándola con admiración.)
YERMA. ¡A los cinco meses!
MARÍA. Sí.
YERMA. ¿Te has dado cuenta de ello?
MARÍA. Naturalmente.
YERMA. (Con curiosidad.) ¿Y qué sientes?
MARÍA. No sé. (Pausa.) Angustia.
YERMA. Angustia. (Agarrada a ella.) Pero… ¿cuándo llegó? Dime… Tú estabas descuidada…
MARÍA. Sí, descuidada…
YERMA. Estarías cantando, ¿verdad? Yo canto. ¿Tú?…, dime
MARÍA. No me preguntes. ¿No has tenido nunca un pájaro vivo apretado en la mano?
YERMA. Sí.
MARÍA. Pues lo mismo… pero por dentro de la sangre.
YERMA. ¡Qué hermosura! (La mira extraviada.)
MARÍA. Estoy aturdida. No sé nada.
YERMA. ¿De qué?
MARÍA. De lo que tengo que hacer. Preguntaré a mi madre.
YERMA. ¿Para qué? Ya está vieja y habrá olvidado estas cosas. No andes mucho y cuando respires respira tan suave como si tuvieras una rosa entre los dientes.
MARÍA. Oye, dicen que más adelante te empuja suavemente con las piernecitas.
YERMA. Y entonces es cuando se le quiere más, cuando se dice ya ¡mi hijo!
MARÍA. En medio de todo tengo vergüenza.
YERMA. ¿Qué ha dicho tu marido?
MARÍA. Nada.
YERMA. ¿Te quiere mucho?
MARÍA. No me lo dice, pero se pone junto a mí y sus ojos tiemblan como dos hojas verdes.
YERMA. ¿Sabía él que tú…?
MARÍA. Sí.
YERMA. ¿Y por qué lo sabía?
MARÍA. No sé. Pero la noche que nos casamos me lo decía constantemente con su boca puesta en mi mejilla, tanto que a mí me parece que mi niño es un palomo de lumbre que él me deslizó por la oreja.
YERMA. ¡Dichosa!

Yerma recibió múltiples y muy certeros elogios, desde Unamuno a E. Díez‐Canedo, y es, definida por el autor, «la imagen de la fecundidad castigada a la esterilidad». Todo sucede en la obra dentro de ese dramático tablero universal en el que se mueven los personajes lorquianos: el poder de la vida sometido al destino socialmente aceptado, oposición que llega al punto álgido: hielo y fuego hermanados; con la muerte. La mujer es hija, esposa y madre; la familia es su escuela, y el éxito consiste en alcanzar la suave continuidad. Federico estrenó Yerma en 1924 interpretada por Margarita Xirgu. De poema trágico lo calificó Lorca; y la poesía impregna de sensibilidad la obra, convirtiendo los momentos más dramáticos en verdaderos dardos envueltos en pétalos de rosa.

YERMA Trecho da pieza de teatro de
Federico García Lorca
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana

YERMA. De onde vens?
MARÍA. Da loja.
YERMA. Da loja tão cedo?
MARÍA. Por meu gosto tivesse esperado na porta a que abrissem. E a que não sabes o que tenho comprado?
YERMA. Terás comprado café para o dejejum, açúcar, os pães.
MARÍA. Não. Tenho comprado encaixes, três varas de fio, fitas e lã de cor para fazer borlas como medronhos. O dinheiro o tinha meu marido e tem-mo dado ele mesmo.
YERMA. Vais te fazer uma blusa.
MARÍA. Não, é porque… sabes?
YERMA. Que?
MARÍA. Porque já tem chegado! (Fica com a cabeça baixa.)
(Yerma se levanta e fica a olhando com admiração.)
YERMA. Aos cinco meses!
MARÍA. Sim.
YERMA. Te deste conta disso?
MARÍA. Naturalmente.
YERMA. (Com curiosidade.) E daí sentes?
MARÍA. Não sei. (Pausa.) Angústia.
YERMA. Angústia. (Agarrada a ela.) Mas… quando chegou? Dize-me… Tu estavas descuidada…
MARÍA. Sim, descuidada…
YERMA. Estarias cantando, verdade? Eu canto. Tu?…, dize-me
MARÍA. Não me perguntes. Não tens tido nunca um pássaro vivo apertado na mão?
YERMA. Sim.
MARÍA. Pois o mesmo… mas por dentro do sangue.
YERMA. Que formosura! (A olha extraviada.)
MARÍA. Estou atordoada. Não sei nada.
YERMA. De que?
MARÍA. Do que tenho que fazer. Perguntarei a minha mãe.
YERMA. Para que? Já está velha e terá esquecidas estas coisas. Não andes muito e quando respires respira tão suave como se tivesses uma rosa entre os dentes.
MARÍA. Ouve, dizem que mais adiante te empurra suavemente com as pernazinhas
YERMA. E então é quando se lhe quer mais, quando já se diz meu filho!
MARÍA. No meio de tudo tenho vergonha.
YERMA. Que tem dito teu marido?
MARÍA. Nada.
YERMA. Te quer muito?
MARÍA. Não mo diz, mas se põe junto a mim e seus olhos tremem como duas folhas verdes.
YERMA. Sabia ele que tu…?
MARÍA. Sim.
YERMA. E por que o sabia?
MARÍA. Não sei. Mas a noite que nos casamos mo dizia constantemente com sua boca posta em minha bochecha, tanto que me parece que meu menino é um pombo de lume que ele me deslizou pela orelha.
ERMA. Ditosa!

La poesía de Lorca posee matices tan propios, tan populares, tan excelsos, tan claros, tan inteligibles, que naciendo en el lenguaje de los sentimientos ocupa un lugar destacado en el lenguaje de las palabras; y viceversa. Lorca logró unir palabra y emoción, razón por la que su poesía se ha hecho universal.

 

Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías
Poema de Federico García Lorca

I
La cogida y la muerte
A las cinco de la tarde.
Eran las cinco en punto de la tarde.
Un niño trajo la blanca sábana
a las cinco de la tarde.
Una espuerta de cal ya prevenida
a las cinco de la tarde.
Lo demás era muerte y sólo muerte
a las cinco de la tarde.

El viento se llevó los algodones
a las cinco de la tarde.
Y el óxido sembró cristal y níquel
a las cinco de la tarde.
Ya luchan la paloma y el leopardo
a las cinco de la tarde.
Y un muslo con un asta desolada
a las cinco de la tarde.
Comenzaron los sones del bordón
a las cinco de la tarde.
Las campanas de arsénico y el humo
a las cinco de la tarde.
En las esquinas grupos de silencio
a las cinco de la tarde.
¡Y el toro, solo corazón arriba!
a las cinco de la tarde.
Cuando el sudor de nieve fue llegando
a las cinco de la tarde,
cuando la plaza se cubrió de yodo
a las cinco de la tarde,
la muerte puso huevos en la herida
a las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde.
A las cinco en punto de la tarde.

Un ataúd con ruedas es la cama
a las cinco de la tarde.
Huesos y flautas suenan en su oído
a las cinco de la tarde.
El toro ya mugía por su frente
a las cinco de la tarde.
El cuarto se irisaba de agonía
a las cinco de la tarde.
A lo lejos ya viene la gangrena
a las cinco de la tarde.
Trompa de lirio por las verdes ingles
a las cinco de la tarde.
Las heridas quemaban como soles
a las cinco de la tarde,
y el gentío rompía las ventanas
a las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde.
¡Ay qué terribles cinco de la tarde!
¡Eran las cinco en todos los relojes
¡Eran las cinco en sombra de la tarde!
http://federicogarcialorca.net/obras_lorca/llanto_por_ignacio_sanchez_mejias.htm#01

 

Pranto pela morte de Ignacio Sánchez Mejias
Poema de Federico García Lorca
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana

I
A colhida e a morte
Às cinco da tarde.
Eram as cinco em ponto da tarde.
Um menino trouxe o lençol branco
às cinco da tarde.
Uma seira de cal já prevenida
às cinco da tarde.
O demais era morte e só morte
às cinco da tarde.

O vento levou-se os algodões
às cinco da tarde.
E o óxido semeou cristal e níquel
às cinco da tarde.
Já lutam a pomba e o leopardo
às cinco da tarde.
E uma coxa com um chifre desolado
às cinco da tarde.
Começaram os sons do bordão
às cinco da tarde.
Os sinos de arsénico e o fumo
às cinco da tarde.
Nos cantos grupos de silêncio
às cinco da tarde.
E o touro, só coração acima!
às cinco da tarde.
Quando o suor de neve foi chegando
às cinco da tarde,
quando a praça se cobriu de iodo
às cinco da tarde,
a morte pôs ovos na ferida
às cinco da tarde.
Às cinco da tarde.
Às cinco em ponto da tarde.

Um ataúde com rodas é a cama
às cinco da tarde.
Ossos e flautas soam em seu ouvido
às cinco da tarde.
O touro já mugia por sua frente
às cinco da tarde.
O quarto se irisava de agonia
às cinco da tarde.
Ao longe já vem a gangrena
às cinco da tarde.
Trompa de lírio pelas verdes virilhas
às cinco da tarde.
As feridas queimavam como sóis
às cinco da tarde,
e a multidão rompia as janelas
às cinco da tarde.
Às cinco da tarde.
Ai que terríveis cinco da tarde!
Eram as cinco em todos os relógios
Eram as cinco em sombra da tarde!
PsdeJ

 

Poeta en Nueva York Calles y sueños
Danza de la muerte
Poema de Federico García Lorca

El mascarón. ¡Mirad el mascarón!
¡Cómo viene del África a New York!

Se fueron los árboles de la pimienta,
los pequeños botones de fósforo.
Se fueron los camellos de carne desgarrada
y los valles de luz que el cisne levantaba con el pico.

Era el momento de las cosas secas,
de la espiga en el ojo y el gato laminado,
del óxido de hierro de los grandes puentes
y el definitivo silencio del corcho.

Era la gran reunión de los animales muertos,
traspasados por las espadas de la luz;
la alegría eterna del hipopótamo con las pezuñas de ceniza
y de la gacela con una siempreviva en la garganta.

En la marchita soledad sin honda
el abollado mascarón danzaba.
Medio lado del mundo era de arena,
mercurio y sol dormido el otro medio.

El mascarón. ¡Mirad el mascarón!
!Arena, caimán y miedo sobre Nueva York!

Desfiladeros de cal aprisionaban un cielo vacío
donde sonaban las voces de los que mueren bajo el guano.
Un cielo mondado y puro, idéntico a sí mismo,
con el bozo y lirio agudo de sus montañas invisibles,

acabó con los más leves tallitos del canto
y se fue al diluvio empaquetado de la savia,
a través del descanso de los últimos desfiles,
levantando con el rabo pedazos de espejo.

Cuando el chino lloraba en el tejado
sin encontrar el desnudo de su mujer
y el director del banco observando el manómetro
que mide el cruel silencio de la moneda,
el mascarón llegaba al Wall Street.

No es extraño para la danza
este columbario que pone los ojos amarillos.
De la esfinge a la caja de caudales hay un hilo tenso
que atraviesa el corazón de todos los niños pobres.
El ímpetu primitivo baila con el ímpetu mecánico,
ignorantes en su frenesí de la luz original.
Porque si la rueda olvida su fórmula,
ya puede cantar desnuda con las manadas de caballos:
y si una llama quema los helados proyectos,
el cielo tendrá que huir ante el tumulto de las ventanas.

No es extraño este sitio para la danza, yo lo digo.
El mascarón bailará entre columnas de sangre y de números,
entre huracanes de oro y gemidos de obreros parados
que aullarán, noche oscura, por tu tiempo sin luces,
¡oh salvaje Norteamérica! ¡oh impúdica! ¡oh salvaje,
tendida en la frontera de la nieve!

El mascarón. ¡Mirad el mascarón!
¡Qué ola de fango y luciérnaga sobre Nueva York!

Yo estaba en la terraza luchando con la luna.
Enjambres de ventanas acribillaban un muslo de la noche.
En mis ojos bebían las dulces vacas de los cielos.
Y las brisas de largos remos
golpeaban los cenicientos cristales de Broadway.

La gota de sangre buscaba la luz de la yema del astro
para fingir una muerta semilla de manzana.
El aire de la llanura, empujado por los pastores,
temblaba con un miedo de molusco sin concha.

Pero no son los muertos los que bailan,
estoy seguro.
Los muertos están embebidos, devorando sus propias manos.
Son los otros los que bailan con el mascarón y su vihuela;
son los otros, los borrachos de plata, los hombres fríos,
los que crecen en el cruce de los muslos y llamas duras,
los que buscan la lombriz en el paisaje de las escaleras,
los que beben en el banco lágrimas de niña muerta
o los que comen por las esquinas diminutas pirámides del alba.

¡Que no baile el Papa!
¡No, que no baile el Papa!
Ni el Rey,
ni el millonario de dientes azules,
ni las bailarinas secas de las catedrales,
ni constructores, ni esmeraldas, ni locos, ni sodomitas.
Sólo este mascarón,
este mascarón de vieja escarlatina,
¡sólo este mascarón!

Que ya las cobras silbarán por los últimos pisos,
que ya las ortigas estremecerán patios y terrazas,
que ya la Bolsa será una pirámide de musgo,
que ya vendrán lianas después de los fusiles
y muy pronto, muy pronto, muy pronto.
¡Ay, Wall Street!

El mascarón. ¡Mirad el mascarón!
¡Cómo escupe veneno de bosque
por la angustia imperfecta de Nueva York!

(Diciembre 1929) http://federicogarcialorca.net/obras_lorca/poeta_en_nueva_york.htm#18Poeta en Nueva York

 

Poeta em Nova York / Ruas e sonhos
Dança da morte.
Poema de Federico García Lorca
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana

O mascarão. Olhem o mascarão!
Como vem do África a New York!

Se foram as árvores da pimenta,
os pequenos botões de fósforo.
Se foram os camelos de carne rasgada
e os vales de luz que o cisne levantava com o bico.

Era o momento das coisas secas,
da espiga no olho e o gato laminado,
do óxido de ferro das grandes pontes
e o definitivo silêncio da cortiça.

Era a grande reunião dos animais mortos,
traspassados pelas espadas da luz;
a alegria eterna do hipopótamo com os cascos de cinza
e da gazela com uma sempre-viva na garganta.

Na murcha solidão sem funda
o amassado mascarão dançava.
Médio lado do mundo era de areia,
mercúrio e sol dormido o outro médio.

O mascarão. Olhem o mascarão!
Areia, caimão e medo sobre Nova York!

Desfiladeiros de cal aprisionavam um céu vazio
onde soavam as vozes dos que morrem baixo o guano.
Um céu mondado e puro, idêntico a si mesmo,
com o buço e lírio agudo de suas montanhas invisíveis,

acabou com os mais leves caules do canto
e se foi ao diluvio empacotado da seiva,
através do descanso dos últimos desfiles
levantando com o rabo pedaços de espelho.

Quando o chinês chorava no telhado
sem encontrar o nu da sua mulher
e o diretor do banco observando o manómetro
que mede o cruel silêncio da moeda,
o mascarão chegava ao Wall Street.

Não é estranho para a dança
este columbário que põe os olhos amarelos.
Da esfinge à caixa de caudais há um fio tenso
que atravessa o coração de todos os meninos pobres.
O impulso primitivo dança com o impulso mecânico,
ignorantes em seu frenesi da luz original.
Porque se a roda esquece sua fórmula,
já pode cantar nua com as manadas de cavalos:
e se um lume queima os gelados projetos,
o céu terá que fugir ante o tumulto das janelas.

Não é estranho este lugar para a dança, eu o digo.
O mascarão dançará entre colunas de sangue e de números,
entre furacões de ouro e gemidos de operários desocupados
que uivaram, noite escura, por teu tempo sem luzes,
oh selvagem Norte América! oh impudente! oh selvagem,
tendida na fronteira da neve!

O mascarão. Olhem o mascarão!
Que onda de lodo e pirilampo sobre Nova York!

Eu estava no terraço lutando com a lua.
Enxames de janelas crivavam uma coxa da noite.
Em meus olhos bebiam as doces vacas dos céus.
E as brisas de longos remos
golpeavam os cinzentos cristais de Broadway.

A gota de sangue procurava a luz da gema do astro
para fingir uma morta semente de maçã.
O ar da planície, empurrado pelos pastores,
tremia com um medo de molusco sem concha.

Mas não são os morridos os que dançam,
estou seguro.
Os mortos estão embebidos, devorando suas próprias mãos.
São os outros os que dançam com o mascarão e sua guitarra;
são os outros, os bêbados de prata, os homens frios,
os que crescem no cruze das coxas e lumes duros,
os que procuram a lombriga na paisagem das escadas,
os que bebem no banco lágrimas de menina morta
ou os que comem pelos cantos diminutos pirâmides do alva.

Que não dance o Papa!
Não, que não dance o Papa!
Nem o Rei,
nem o milionário de dentes azuis,
nem as bailarinas secas das catedrais,
nem construtores, nem esmeraldas, nem loucos, nem sodomitas.
Só este mascarão,
este mascarão de velha escarlatina,
só este mascarão!

Que já as cobras assobiarão pelos últimos andares,
que já as ortigas estremecerão pátios e terraços,
que já a Carteira será uma pirâmide de musgo,
que já virão lianas após os fuzis
e muito cedo, muito cedo, muito cedo.
Ai, Wall Street!

PSdeJ Traducido en El Escorial 26 de Mayo de 2017

 

Poeta en Nueva York / Huida de Nueva York
Pequeño vals vienés
Poema de Federico García Lorca

En Viena hay diez muchachas,
un hombro donde solloza la muerte
y un bosque de palomas disecadas.
Hay un fragmento de la mañana
en el museo de la escarcha.
Hay un salón con mil ventanas.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals con la boca cerrada.

Este vals, este vals, este vals, este vals,
de sí, de muerte y de coñac
que moja su cola en el mar.

Te quiero, te quiero, te quiero,
con la butaca y el libro muerto,
por el melancólico pasillo,
en el oscuro desván del lirio,
en nuestra cama de la luna
y en la danza que sueña la tortuga.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals de quebrada cintura.

En Viena hay cuatro espejos
donde juegan tu boca y los ecos.
Hay una muerte para piano
que pinta de azul a los muchachos.
Hay mendigos por los tejados,
hay frescas guirnaldas de llanto.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals que se muere en mis brazos.

Porque te quiero, te quiero, amor mío,
en el desván donde juegan los niños,
soñando viejas luces de Hungría
por los rumores de la tarde tibia,
viendo ovejas y lirios de nieve
por el silencio oscuro de tu frente.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals, este vals del «Te quiero siempre».

En Viena bailaré contigo
con un disfraz que tenga
cabeza de río.
¡Mira qué orillas tengo de jacintos!
Dejaré mi boca entre tus piernas,
mi alma en fotografías y azucenas,
y en las ondas oscuras de tu andar
quiero, amor mío, amor mío, dejar,
violín y sepulcro, las cintas del vals.

http://www.poetasandaluces.com/poema/2686/

 

Poeta em Nova Iorque / Fugida de Nova Iorque
Pequeno valse vienense
Poema de Federico García Lorca
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana

Em Viena há dez raparigas,
um ombro onde soluça a morte
e um bosque de pombas dissecadas.
Há um fragmento da manhã
no museu da escarcha.
Há um salão com mil janelas.

Ai, ai, ai, ai!
Toma este valse com a boca fechada.

Este vals, este vals, este vals, este vals,
de si, de morte e de conhaque
que molha sua bicha no mar.

Eu te quero, te quero, te quero,
com a poltrona e o livro morto,
pelo corredor melancólico,
no escuro desvão do lírio,
em nossa cama da lua
e na dança que sonha a tartaruga.

Ai, ai, ai, ai!
Toma este valse de quebrada cintura.

Em Viena há quatro espelhos
onde brincam tua boca e os ecos.
Há uma morte para piano
que pinta de azul aos rapazes.
Há mendigos pelos telhados,
há frescas grinaldas de pranto.

Ai, ai, ai, ai!
Toma este valse que se morre em meus braços.

Porque te quero, te quero, amor meu,
no desvão onde brincam os meninos,
sonhando velhas luzes da Hungria
pelos rumores da tarde tíbia,
vendo ovelhas e lírios de neve
pelo silêncio escuro de teu frente.

Ai, ai, ai, ai!
Toma este valse, este valse do «Te quero sempre».

Em Viena dançarei contigo
com um disfarce que tenha
cabeça de rio.
Olha que orlas tenho de jacintos!
Deixarei minha boca entre tuas pernas,
minha alma em fotografias e açucenas,
e nas ondas escuras de tu caminhar
quero, amor meu, amor meu, deixar,
violino e sepulcro, as fitas do valse.

PSdeJ Traduzido em El Escorial 27 de Maio 2017

Trabajo completo en:
http://pedrosevylla.com/garcia-lorca/

 

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Patrícia Galvão Pagu

Patrícia Rehder Galvão, conocida como Pagu, fue ante todo y por encima de todo, una militante. Militante en el sentido elemental de la palabra: luchadora. Esa actividad, nacida de un convencimiento profundo, la lleva por distintos derroteros, a veces de manera voluntaria y, a veces, forzada
Vistiendo falda azul, blusa blanca, cabellos sueltos y labios pintados de oscuro; Pagu llamaba la atención de los estudiantes de la Facultad de Derecho, al verla pasar a diario por el Largo de São Francisco carioca.
Uno de esos estudiantes la describe así:
“Era una muchacha fuerte y bonita, maquillada de manera extravagante, de amarillo fuerte como el queso de la marca Palmira; y pintaba sus labios de un tono casi morado. Tenía el pelo largo, así, por los hombros, siempre desgreñado y con aros en las orejas. Pasaba cada día al lado de la Facultad, vistiendo uniforme de normalista de la Escola Normal da Praça. Y los estudiantes bullían mucho con ella, le decían piropos, hacían fiestas y mucha broma; ella respondía a la misma altura, porque no tenía pelos en la lengua”.
El periodista Clóvis Gusmão hizo una entrevista a Pagú. Y la publicó la revista Para Todos, en la página dedicada a la exposición de Tarsila. La caricatura de Tarsila que ilustra el asunto, es de Pagu. Oswald de Andrade, Raul Bopp y Oswaldo Costa fueron los primeros pobladores del mundo de Tarsila do Amaral. Aunque, cuando llegaron, ya se encontraba allí Patrícia, Rehder Galvão, conocida como Pagu. Pagu era encantadora y conquistaba a todos por su inteligencia, el gracejo y la ingenuidad. Bopp le escribió un poema: Coco de Pagu. Así fue como “el todo” Brasil conoció a Pagu. (…) Pagu llegó a Rio de Janeiro com Tarsila. Álvaro Moreyra escribió algo bello sobre ella. Murilo se sumó. Olegário Marianno dijo unas cuantas frases románticas. (…) Clóvis preguntó:

– Que é que você pensa, Pagu, da antropofagia?
– Eu não penso: eu gosto.
– Tem algum livro a publicar?
– Tenho: a não publicar: – “Os 60 poemas censurados” que eu dediquei ao Dr. Fenolino Amado, diretor da censura cinematográfica. E o Álbum de Pagu: vida, paixão e morte – em mãos de Tarsila, que é quem cuida deles. As ilustrações dos poemas também são feitas por mim.
– Quais são as suas admirações? – Tarsila, Padre Cícero, Lampião e Oswald. Com Tarsila fico romântica. Dou por ela a última gota do meu sangue. Como artista só admiro a superioridade dela.
– Diga alguns poemas, Pagu.
(Informações: -Pagu é a criatura mais bonita do mundo. Depois de Tarsila- diz ela. Olhos verdes, Cabelos castanhos. 18 anos. E uma voz que segue mesmo a gente ouvindo) “. Ella va hacia el entrevistador. Sonríe con una sonrisa más dulce que la que nace en los labios de todas las Iracemas. Y habla despacito, muy cerca de él: en mi patio tiene un naranjo…

 

Versos y prosa de Pagu en ambos idiomas

La obra poética continúa siendo poco estudiada por los críticos literarios, seguramente, debido a la importancia de la novela proletaria “Parque Industrial”. Aunque, también, se debe tener en cuenta, que convivió con poetas de la talla de Carlos Drummond de Andrade o Cecília Meireles, entre otros.

Natureza morta
Poema de Pagu

Os livros são dorsos de estantes distantes quebradas.
Estou dependurada na parede feita um quadro.
Ninguém me segurou pelos cabelos.
Puseram um prego em meu coração para que eu não me mova
Espetaram, hein? a ave na parede
Mas conservaram os meus olhos
É verdade que eles estão parados.
Como os meus dedos, na mesma frase.
Espicharam-se em coágulos azuis.
Que monótono o mar!

Os meus pés não dão mais um passo.
O meu sangue chorando
As crianças gritando,
Os homens morrendo
O tempo andando
As luzes fulgindo,
As casas subindo,
O dinheiro circulando,
O dinheiro caindo.
Os namorados passando, passeando,
O lixo aumentando,
Que monótono o mar!

Procurei acender de novo o cigarro.
Por que o poeta não morre?
Por que o coração engorda?
Por que as crianças crescem?
Por que este mar idiota não cobre o telhado das casas?
Por que existem telhados e avenidas?
Por que se escrevem cartas e existe o jornal?
Que monótono o mar!

Estou espichada na tela como um monte de frutas apodrecendo.
Si eu ainda tivesse unhas
Enterraria os meus dedos nesse espaço branco
Vertem os meus olhos uma fumaça salgada
Este mar, este mar não escorre por minhas faces.
Estou com tanto frio, e não tenho ninguém …
Nem a presença dos corvos.

Natureza morta, el poema más importante de Pagú, fue editado por el Diário de São Paulo, el 15 de agosto de 1948, firmado con el seudónimo Solange Sohl.

Naturaleza muerta
Poema de Pagu
Traducido por Pedro Sevylla de Juana

Los libros forman las espaldas de los estantes
distantes quebradas.
Estoy colgada en la pared a modo de un cuadro.
Nadie me sujetó por los cabellos.
Clavaron un clavo en mi corazón para que no me moviera
Ensartaron, ¿no es así? el ave en el muro
Pero preservaron mis ojos
Es verdad que ellos están quietos.
Como mis dedos, en la misma frase.
Se agujerearon en coágulos azules.
¡Que monótono resulta el mar!

Mis pies no dan ni un paso más.
Mi sangre está llorando
Los niños gritando,
Los hombres muriendo
El tiempo avanzando
Las luces resplandeciendo,
Las casas trepando,
El dinero circulando,
El dinero descendiendo.
Los novios desfilando, paseando,
La basura creciendo,
¡Que monótono resulta el mar!

Traté de encender el cigarrillo otra vez.
¿Por qué no muere el poeta?
¿Por qué el corazón se ceba?
¿Por qué progresan los niños?
¿Por qué este mar se muestra incapaz
de cubrir el tejado de las casas?
¿Por qué hay tejados y avenidas?
¿Por qué se escriben cartas y se imprime el periódico?
¿Que monótono resulta el mar!

Estoy empalada en el lienzo pintado
como un monte de frutas pudriéndose.
Sí todavía me quedaran uñas
Enterraría mis dedos en ese espacio blanco
Difunden mis ojos un humo salado
Este mar, este mar no navega por mis mejillas.
Estoy tan fría, y tan sola…
Hasta la presencia de los cuervos me falta.

 

NOTHING
Poema de Pagu

Nada nada nada
Nada mais do que nada
Porque vocês querem que exista apenas o nada
Pois só existe o nada
Um pára-brisa partido uma perna quebrada
O nada
Fisionomias massacradas
Tipóias em meus amigos

Portas arrombadas
Abertas para o nada
Um choro de criança
Uma lágrima de mulher à-toa
Que quer dizer nada
Um quarto meio escuro
Com um abajur quebrado
Meninas que dançavam
Que conversavam
Nada
Um copo de conhaque
Um teatro
Um precipício
Talvez o precipício queira dizer nada
Uma carteirinha de travel’s check
Uma partida for two nada
Trouxeram-me camélias brancas e vermelhas
Uma linda criança sorriu-me quando eu a abraçava
Um cão rosnava na minha estrada
Um papagaio falava coisas tão engraçadas
Pastorinhas entraram em meu caminho
Num samba morenamente cadenciado
Abri o meu abraço aos amigos de sempre
Poetas compareceram
Alguns escritores
Gente de teatro
Birutas no aeroporto
E nada

Nothing, fue el último poema publicado por Pagu viva. Salió en A Tribuna, el 23 de setiembre de 1962, antes de viajar a París para someterse a la operación del cáncer de pulmón que padecía.

 

Nothing
Poema de Pagu
Traducido por Pedro Sevylla de Juana

Nada nada nada
Nada más que nada
Porque vosotros queréis que no haya cosa alguna
Pues sólo queda la nada
Un parabrisas partido una pierna quebrada
La nada
Semblantes afligidos
palanquines en mis amigos

Puertas forzadas
Abiertas hacia la nada
Un llanto infantil
Una lágrima de mujer irreflexiva
Que no quiere decir nada
Un cuarto en penumbra
Con un reverbero cuarteado
Niñas que danzaban
Que charlaban
Nada
Un vaso de coñac
Un teatro
Un barranco
Tal vez el abismo simboliza la nada
Un talonario de cheques de viaje
Una partida a for tu nada
Me trajeron camelias blancas y rojas
Un pequeñín me sonrió cuando yo lo abrazaba
Un perro gruñía en mi carretera
Un papagayo decía cosas graciosas
Zagalas se cruzaron conmigo
En una samba armonizada al modo africano
Abrí mi abrazo a los amigos de siempre
Poetas hicieron acto de presencia
Algunos escritores
Gente de teatro
Veletas en el aeropuerto
Y nada

 

Canal
Poema de Pagu

Nada mais sou que um canal
Seria verde se fosse o caso
Mas estão mortas todas as esperanças
Sou um canal
Sabem vocês o que é ser um canal?
Apenas um canal?

Evidentemente um canal tem as suas nervuras
As suas nebulosidades
As suas algas
Nereidazinhas verdes, às vezes amarelas
Mas por favor
Não pensem que estou pretendendo falar
Em bandeiras
Isso não

Gosto de bandeiras alastradas ao vento
Bandeiras de navio
As ruas são as mesmas.
O asfalto com os mesmos buracos,
Os inferninhos acesos,
O que está acontecendo?
É verdade que está ventando noroeste,
Há garotos nos bares
Há, não sei mais o que há.
Digamos que seja a lua nova
Que seja esta plantinha voacejando na minha frente.
Lembranças dos meus amigos que morreram
Lembranças de todas as coisas ocorridas
Há coisas no ar…
Digamos que seja a lua nova
Iluminando o canal
Seria verde se fosse o caso
Mas estão mortas todas as esperanças
Sou um canal.

El poema Canal fue publicado en A tribuna de Santos, SP, el 27 del 11 de 1960

Canal
Poema de Pagú
Traducido por Pedro Sevylla de Juana

No soy más que un canal
Sería verde si así fuera
Pero murieron todas las esperanzas
Soy un canal

¿Saben ustedes lo que es ser un canal?
¿Solo un canal?
Es cierto, un canal tiene sus nervaduras
Sus lobregueces
Sus algas
Mínimas Nereidas verdes, a veces amarillas
Pero por favor
No piensen que estoy pretendiendo hablar
En bandas
Eso no

Me gustan las banderas ondeando al viento
Banderas de navío
Las calles son las mismas.
El asfalto cuenta con aquellos agujeros,
Los infiernillos inflamados,
¿Lo que está ocurriendo?
Es verdad que está ventando noroeste,
Hay muchachos en los bares
Hay, no sé qué más hay.
Digamos que salga la luna nueva
Que sea esta plantita revoloteando ante mí.
Memoria de mis amigos muertos
Recuerdos de todos los hechos ocurridas
Hay objetos en el aire…
Digamos que aparezca la luna nueva
Iluminando el canal
Sería verde si fuera necesario
Pero están muertas todas las esperanzas
Soy un canal.
Tradução, PSdeJ El Escorial 21 de Agosto de 2007

(Fósforos de seguranza)
Poema de Pagu

Fósforos de segurança
Indústrias tais
Fatais.
Isso veio hoje numa pequena caixa
Que achei demasiado cretina
Porque além de toda essa história
De São Paulo – Brasil
Dava indicações do nome da fábrica.
Que eu não vou dizer
Porque afinal o meu mister não é dizer
Nome de indústria
Que não gosto nem um pouquinho
De publicidade
A não ser que
Isso tudo venha com um nome de família
Instituição abalizada
Que atrapalha a vida de quem nada quer saber
Com ela.
Ela, ela, ela.

Hoje me falaram em virtude
Tudo muito rito, muito rígido
Com coisinhas assim mais ou menos
Sentimentais.

Tranças faziam balanças
Nas grandes trepadeiras
Estávamos todos por conta de.

Nascinaturos espalhavam moedinhas
Evidentemente estavam brincando
Pois evidentemente, nos tempos atuais
Quem espalha moedas
Ou é louco, ou é porque
Está brincando mesmo.
O que irritou foi o porquê.

 

(Fósforos de seguridad)
Poema de Pagu
Traducido por Pedro Sevylla de Juana

Fósforos de seguridad
Industrias tales
Fatales.
Eso llegó hoy en una cajita
Que hallé demasiado tonta
Porque además de toda esa historia
De São Paulo – Brasil
Daba indicaciones sobre el nombre de la fábrica.
Que no voy a revelar
Porque al fin y al cabo no estoy obligado a decir
Nombre de industria
Que no me gusta ni tanto así
De publicidad
A menos que
Todo eso venga bajo un nombre de familia
Institución avalada
Que complica la vida de quien nada quiere saber
de ella.
Ella, ella, ella.

Hoy me hablaron de manera fina
Todo muy ritual, muy rígido
De asuntillos así más o menos
Sentimentales.

Se balanceaban madejas
En las grandes trepadoras
Estábamos todos por cuenta de.

Nonatos ya nacidos esparcían calderilla
Evidentemente estaban jugueteando
Pues, la verdad es que, en los tiempos actuales
Quien desparrama monedas
O está loco, o es porque
está bromeando aún.
Lo que irritó fue la razón de ser.

 

Um peixe.
Poema de Pagu

Um pedaço de trapo que fosse
Atirado numa estrada
Em que todos pisam
Um pouco de brisa
Uma gota de chuva
Uma lágrima
Um pedaço de livro
Uma letra ou um número
Um nada, pelo menos
Desesperadamente nada.

 

Un pez
Poema de Pagu
Traducido por Pedro Sevylla de Juana

Un pedazo de trapo que
arrojaron en una carretera
En la que todos pisan
Un poco de brisa
Una gota de lluvia
Una lágrima
Un fragmento de libro
Una letra o un número
Una nada, por lo menos
Descorazonadamente nada.

Parque Industrial es una novela inclasificable, pues, considerada como ejemplo de la didáctica panfletaria, representa una profunda revolución en lo referente al lenguaje. Incluso en la elaboración del enredo argumental, en el empleo de las figuras literarias y en la construcción de las frases conforme a la técnica cinematográfica. Su crítica al comportamiento burgués abarca los ámbitos de la explotación, tanto económica como sexual. Pongo un fragmento a modo de ilustración; donde el personaje Corina, obrera mulata, al quedarse preñada de un burgués explotador, es expulsada de la casa y del trabajo:

Corina
Corina chora na sarjeta, rodeada. Algumas mulheres falam com ela. Mas as crianças gritam, implacáveis de moral burguesa.
– Puta!
-Olha a barriga dela!
Passa a noite andando. Mexem com ela. Não sabe onde ele mora. Não está na garçonnière. Arnaldo. Nunca lhe dera outro nome. Sabia o número do automóvel.
A manhã leva ela pra oficina.
Madame Joaninha aparece de tarde.
As garotas cochicham com risinhos.
– Viu, Otávia? A Corina de barriga! Juro que está!
Uma delas vai linguarar para a madame. A costureira chama a mulata. Todas se alvoroçam. É uma festa pras meninas. Ninguém sente a desgraça da colega. A costura até se atrasa.
– Abortar? Matar o meu filhinho?
A cabeça em rebuliço. As narinas se acendem.
– Sua safadona! Então, vá se raspando. No meu ateliê há meninas. Não posso misturá-las com vagabundas.
– Para onde hei de ir? (GALVÃO, 1994, p. 46

 

Corina
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

Corina, rechazada, llora en el sumidero de aguas residuales, arrinconada. Algunas mujeres hablan con ella. Pero los niños gritan, implacables, lo que les dicta su moral burguesa.
– ¡Puta!
– ¡Mira la barriga que lleva!
Pasa la noche caminando sin objetivo. Se agitan al verla. Ignora donde habita él. No está en el prostíbulo. Arnaldo. Nunca le había llamada de otra manera. Conocía el número de matrícula del automóvil.
La mañana la empuja a ella hacia el taller
Madame Joaninha tarda en aparecer.
Las chicas cuchichean entre risitas.
– ¿Vio, Otávia? ¡La Corina embarrigada! ¡Buena recompensa!
Una de ellas la va a criticar ante la madame. La modista llama a la mulata. Todas se amotinan. Es una fiesta para las muchachas. Nadie siente la desgracia de la compañera. La costura se está interrumpiendo.
– ¿Abortar? ¿Matar a mi hijito?
La mente se llena de confusión. Las fosas nasales se abren encendidas.
– ¡Guarra! Entonces, vete ya con viento fresco. En mi taller de costura hay niñas. No puedo mezclarlas con vagabundas.
– Y ¿A dónde voy?

«Eu procurava. Sem saber o quê. Sem nada esperar. Alguma coisa que me absorvesse com certeza. (…) tinha momentos de grande enternecimento junto de meu filho. Mas eu repelia esses momentos. Eu sofria muito, desconhecendo a causa desse sofrimento. Uma noite, andei pelas ruas vazias, chorando; depois, muitas outras noites.»

– Patrícia Galvão, em «Paixão Pagu: uma autobiografia precoce de Patrícia Galvão».
Traducido por PSdeJ

«Yo buscaba. Sin saber qué. Sin esperar nada. Algo que atrajera mi interés con convicción. (…) tenía instantes de gran ternura junto de mi hijo. Pero rechazaba esos momentos. Yo sufría mucho, desconociendo la causa de ese sufrimiento. Una noche, caminé por las calles vacías, llorando; después, muchas otras noches.»

«A liberdade e a prisão
Ter um barco que percorra
distâncias incríveis
Saber remendar um sapato
Encontrar um amor
Amor de verdade
Ser vento, ser luz, fogo ou carvão
Tudo, tudo, tudo
Menos esta ratoeira»

Poema de Pagu, sin título, traducido por PSdeJ

«La libertad y la prisión
Tener un barco que recorra distancias increíbles
Saber remendar un zapato
Encontrar un amor
Amor de verdad
Ser viento, ser luz, fuego o carbón
Todo, todo, todo
Menos esta ratonera»

Trabajo completo en:
http://pedrosevylla.com/pagu-patricia-galvao/

 

 

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Emilia Pardo Bazán

En la página de la Academia de la lengua gallega encontré una noticia que explica, em galego, lo que yo iba a decir en castellano. Corresponde al día 7/09/2017, plena actualidad:
A sede da Real Academia Galega, ubicada na que foi a casa familiar de Emilia Pardo Bazán, acolleu hoxe a sinatura dun convenio de colaboración entre esta institución e Marineda City a prol da difusión da vida e a obra da escritora. O acordo permitirá a celebración dunha velada cultural anual de homenaxe á autora (a primeira das cales terá lugar o vindeiro 29 de setembro) e a creación de dous premios literarios e un premio de fotografía que evoquen e recreen A Coruña, a cidade natal de Emilia Pardo Bazán, quen lle deu o nome literario de Marineda adoptado polo centro comercial, que patrocinará estas iniciativas. Marineda City comprométese ademais, a seguir avanzando na promoción da lingua galega a través das actividades que desenvolve, da sinaléctica etc.
La primera velada dedicada a la escritora, se celebrará el próximo 29 de septiembre en la Casa-Museo Emilia Pardo Bazán, situada en la primera planta del edificio que los descendientes de la autora cedieron a la Real Academia Galega, institución de la que Emilia Pardo Bazán fue presidenta honoraria desde el momento de su fundación, año 1906. La cita reproducirá en el siglo XXI, las veladas literarias de la época en que vivió la escritora, combinando la lectura de sus textos con la música del grupo De Vacas. Debemos tener en cuenta, que esto sucederá 166 años después del nacimiento de Emilia Pardo Bazán. En cierto modo, es una aproximación más de la escritora a la lengua del pueblo; lengua que, la autora de Los Pazos de Ulloa, considerada una de las mejores narradoras españolas del siglo XIX, no usó en sus escritos.
Coincido en la consideración, de que el Pazo de Meirás, situado en el término municipal de Sada, era el mejor espacio para albergar la Casa Museo de Emilia Pardo Bazán. Fue de su propiedad, ella lo remodeló, se casó en la capilla, estableció allí su escritorio, el archivo y la biblioteca y, viviendo en Madrid, pasaba en él casi la mitad del año.
Dotada de una curiosidad muy desarrollada, de un carácter firme y de una personalidad enérgica; lectora de cuanto texto caía en sus manos y trabajadora sin descanso; el 9 de febrero de 1905, ingresó Emilia Pardo Bazán como socia de número en el Ateneo madrileño, donde ya daba conferencias, siendo reconocida como destacada intelectual. A propósito de ese ingreso, la nueva socia, dijo: Soy la primera mujer que pisa oficialmente el Ateneo, y esto es para mí una de las mayores satisfacciones recibidas. Los estatutos no vetaban la entrada a la mujer; pero la práctica institucional retrasó su entrada.
Como es sabido, la extraordinaria personalidad de doña Emilia Pardo Bazán, sus conocimientos y esa obra tan notable, empujaron la puerta y, con toda la energía junta, la abrieron de modo que ya no pudo cerrarse.

Seguía cerrado a cal y canto, sin embargo, el mayor portón cultural para la mujer, foso y puente levadizo; y este desde el año 1714. Me refiero al de la Real Academia de la Lengua, que no se abrió hasta 1978 para que entrara Carmen Conde Abellán, otra grande postergada, quien pudo ocupar el sillón k, vacante por la muerte de don Miguel Mihura.

Emilia Pardo Bazán compuso su primer poema a los ocho años. Continuó en la juventud escribiendo poesía. Publicó dos libros: En 1866, El Castillo de la rada. Leyenda Fantástica, un poema narrativo; y en 1881, Jaime, con una tirada mínima. Además, en publicaciones periódicas, dio a conocer poemas sueltos. Después de morir apareció una reunión de poemas dispersos del tiempo que va de 1865 a 1871 con el título “Álbum de poesía”. La gran novelista pedía a la poesía dos cualidades muy simples, y a la vez muy raras: originalidad y perfección. Ángeles Quesada Novás, estudiosa e investigadora de la obra de Pardo Bazán, dice en su ensayo “Los poemas indios de Emilia Pardo Bazán”, publicado en la Tribuna: Sobre la obra poética de la gran narradora vamos sabiendo cada vez más, a medida que los estudiosos de su obra nos hemos ido acercando a sus manuscritos, a los borradores en los que se conserva aquello que no publicó en vida. Se sabe que Emilia Pardo Bazán no tenía en la misma consideración esta parcela de su obra con respecto del resto, y que, desde muy temprano -quizá tras la publicación de Jaime (1881) y aquel intento de edición con prólogo de Núñez de Arce al que se refiere en sus Apuntes Aubiográficos- no sólo no buscó publicar más poemas, sino que, posiblemente, tampoco dedicó mucho más tiempo a un arte en el que se sentía tan poco segura, que la lleva a confesar que lejos “de defender mi hacienda poética, hasta caigo en la manía de ocultar mis rimas como si fueran pecados. Y es que por pecados los tengo.” (Pardo Bazán 1973: 713)
No obstante lo dicho por ella de sí, en los juegos florales de Orense, octubre de 1876, además de ganar los cuatro mil reales del premio al mejor Estudio Crítico sobre el Padre Feijoo, recibió la Rosa de Oro por su “Oda al Insigne filósofo Feijoo”.
Desconocía yo la existencia de estos Poemas Indios, tomados del ensayo de Ángeles Quesada Novás a que me he referido. De los que dice Quesada: “Me limito en el presente a ofrecer una transcripción de los poemas contenidos en el Libro de Apuntes, que nunca fueron publicados en vida de la autora, a la espera de que, en algún momento, se emprenda la edición crítica, tanto de este volumen como de los otros dos, con el consiguiente estudio e interpretación de correcciones y variantes. Conservo el orden de aparición y la puntuación original. Los poemas completos y fragmentos están separados por una raya continua. Los puntos suspensivos señalan la falta de algunos versos que sí aparecen en el otro manuscrito”.
Los encuentro yo de tal belleza, de ingenio tal, tan equilibrados, que me decido a traducirlos al idioma portugués, para que los lectores de ese idioma puedan apreciarlos como yo.

Poemas Indios
de Emilia Pardo Bazán
Traducidos por Pedro Sevylla de Juana

La prometida del brahma

Del ascético brahma penitente
la virgen prometida
jugó con sus hermosas compañeras
del lago en las orillas.
Retozando entre juncos y ninfeas
en su loca alegría
no vio una gran serpiente, en el camino
enroscada y dormida.

Como si se arrojase tras la muerte
sin saber lo que hacía
apoyó en el reptil su pie ligero
la gentil aturdida.
Irguiose el animal rápidamente
mordiola en la rodilla
y a impulsos del veneno cayó a tierra
temblando yerta y fría.

Como escapa el collar de la garganta
cuando rompe la cinta
así del bello cuerpo fugose el espíritu
de la doncella tímida.
Viéronla los brahmanes y su padre
en el suelo tendida
como yace tronchado blanco lirio
a quien el sol marchita.

También la vio su prometido el brahma
cuando inmóvil yacía,
y llenó con sus gritos la floresta
y la risueña orilla.
“Oh Dios, alma del mundo! oh Dios del fuego
el infeliz gemía,
tú que creas los mundos y los seres!
tú que la tierra animas!
torna a esta flor su delicioso aroma,
encanto de mis días!
haz que de nuevo
se levante y juegue
mi bella prometida!

El mensajero entonces de los Dioses
se presentó a su vista
Brahma, le dijo, se te ofrece un medio
de que la flor reviva.
Si quieres devolverle la existencia
a la doncella tímida,
tienes que darle, penitente brâmane,
la mitad de tu vida.

“Toma todos mis años, dijo el brahma,
temblando de alegría;
el amor es más dulce y más precioso
que la existencia misma.”

Como tornando de profundo sueño
se alzó la virgen linda,
y celebraron las alegres nupcias
entre danzas festivas.
Y los esposos, a quien era dado
igual tiempo de vida,
después de amarse tiernamente y siempre
murieron en un día.
________________________
Cual árbol cuyas raíces
tronza el hacha en la floresta,
cayó el héroe traspasado
por centenares de flechas,
como a la flor de Kadamba
sus filamentos rodean,
y se esparció por el suelo
su ondulante cabellera…

 

A prometida do brâmane
Poema de Emilia Pardo Bazán
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

Do ascético brâmane penitente
a virgem noiva
jogou com suas formosas companheiras
do lago nas orilhas.
Brincando entre juncos e nenúfares
em sua louca alegria
não viu uma grande serpente, no caminho
enroscada e dormida.

Como se se arrojasse depois da morte
sem saber o que fazia
apoiou no réptil seu pé ligeiro
a gentil aturdida.
Se ergueu o animal rapidamente
a mordeu no joelho
e a impulsos do veneno caiu em terra
hirta e fria tremendo.

Como escapa o colar da garganta
quando rompe a fita
assim do belo corpo se fugiu o espírito
da donzela tímida.
A viram os brâmanes e seu pai
no solo tendida
como jaz tronchado branco lírio
a quem o sol mirra.

Também a viu seu noivo o brâmane
quando imóvel jazia,
e encheu com seus gritos a floresta
e a risonha orilha.
“Oh Deus, alma do mundo! oh Deus do fogo
o infeliz gemia,
tu que creias os mundos e os seres!
tu que a terra animas!
torna a esta flor sua delicioso aroma,
encanto de meus dias!
faz que de novo
se levante e jogue
a bela noiva minha!

O mensageiro então dos Deuses
se apresentou na sua vista
Brahma, disse-lhe, te ofereço um meio
de que a flor reviva.
Se queres devolver a existência
à donzela tímida,
tens que lhe dar, penitente brâmane,
a metade de tua vida.

“Toma todos meus anos, disse o brâmane,
tremendo de alegria;
o amor é mais doce e mais precioso
que a existência própria.”

Como regressando de profundo sonho
se alçou a virgem linda,
e celebraram as alegres núpcias
entre danças festivas.
E os esposos, a quem era dado
igual tempo de vida,
após se amar ternamente e sempre
morreram num dia.
________________________
Qual árvore cujas raízes
troncha o machado na floresta,
caiu o herói traspassado
por centenas de setas,
como à flor de Kadamba
suas filamentos rodeiam,
e se espalhou pelo solo
seu ondulante cabeleira…

 

El carro de Jaggernaut. Imitación de Heine
Poema de Emilia Pardo Bazán

El sol irradia espléndido
en límpido horizonte
y la azulada sábana
del Gánges duerme inmóvil.
En la apartada orilla
insectos, yerbas, flores
se inclinan oprimidos
por un calor de bronce.
Y en tanto, allá en el atrio
de colosal pagoda
espera al Dios terrible
la multitud ansiosa.
Surca las mejillas
sudor en gruesas gotas
a parias, a brahmines
y a bayaderas locas.
Con un fragor horrísono
el reluciente carro
del ídolo aparece
de sangre y muertes ávido.

Le arrastran elefantes
según el rito, blancos,
y están los áureos ejes
de entrañas salpicados.
Aquella muchedumbre
que espera palpitante
dispútase a empellones
quien ha de morir antes.
Que es cosa averiguada
que Jaggernaut amable
recibe en el Nirvana
al que primero aplaste.
Y caen a porfía
debajo de las ruedas
los parias, los brahmines,
las locas bayaderas.
Y el carro formidable
siguiendo en su carrera
revienta aquellos pechos,
tritura las cabezas.
……………………………..
las víctimas son héroes,
o mártires o santos.
Yo también que miro
con desdeñosa frente
la hecatombe humana
que se renueva siempre,
ante esas mismas ruedas
en sacrificio estéril
me he de arrojar un día
en busca de la muerte!
_____________________
La estación de las lluvias
______________________

 

A carroça de Jaggernaut. Imitação de Heine
Poema de Emilia Pardo Bazán
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

O sol irradia esplêndido
em límpido horizonte
e o lençol da cor azulada
do Gánges dorme imóvel.
Na apartada orla
insetos, ervas, flores
se inclinam oprimidos
por um calor de bronze.
E em tanto, lá no átrio
de colossal pagode
espera ao Deus terrível
a multidão ansiosa.
Surca as bochechas
suor em grossas gotas
aos parias, a brâmanes
e a bailarinas loucas.
Com um fragor horríssono
a reluzente carroça
do ídolo aparece
ávido de sangue e vida morta.

Lhe arrastam elefantes
segundo o rito, alvos,
e estão os áureos eixos
de entranhas salpicados.
Aquela multitude
que espera palpitante
disputa-se a empurrões
quem deve morrer antes.
Que é coisa averiguada
que Jaggernaut amável
recebe no Nirvana
ao que primeiro aplaste.
E caem em porfia
embaixo das rodas
os parias, os brâmanes,
as loucas bailarinas.
E a carroça formidável
seguindo em sua carreira
rebenta aqueles peitos,
tritura as cabeças.
……………………………..
as vítimas são heróis,
ou mártires ou santos.
Eu também que olho
com desdenhosa frente
a hecatombe humana
que se renova sempre,
ante essas mesmas rodas
em sacrifício sem sorte
me tenho de arrojar um dia
em procura da morte!
_____________________
A estação das chuvas
____________________

 

Los Dados
Poema de Emilia Pardo Bazán

El poder, las riquezas,
la ciencia vasta
la virtud y energía
todos alaban
del constante en sus votos,
del noble Nala.
Hermoso como el fuego,
sabio monarca.
A su ley obedece
todo Nishâda,
y en reñido certamen
su esposa casta
bella como las flores
del loto blancas
le prefirió a los Dioses
con forma humana.
Quién, excepto el Augusto
terrible Brama
venció en fortuna y ciencias
al noble Nala?
Un día en su palacio
entró Ponshara
y le dijo: Juguemos
tu roja capa.
Y los dados cayeron
y perdió Nala.
El tentador repite
“Doy la revancha,
juega tus barras de oro”
Jugó el monarca,
y de nuevo la suerte
le fue contraria.
“Juega tu rico carro,
tus yeguas blancas”
Y cayeron los dados
perdiendo Nala.

Aún te quedan
bellas esclavas
valientes elefantes.
Doy la revancha.
Perdiste. Queda el reino
Perdiste, Nala.
Aún te queda tu esposa;
como al pisarla
ponzoñosa la serpiente
despierta y salta,
así indignado alzose
entonces Nala,
y llamando a la bella
tímida dama,
que el frenético juego
viera con lágrimas,
echó los fuerte brazos
a su garganta
y con
___________________
Todos admiran la gran belleza,
los firmes votos, la ciencia vasta,
del poderoso rey de los hombres
del noble Nala.
Tiene elefantes, tiene caballos,
gratos jardines, bellas esclavas,
tiene carrozas de oro bruñido
con esmeraldas.
Tiene una esposa dulce y tan bella
como las flores del loto blancas;
como los vasos del sacrificio
fiel, pura y casta.
Mas ¿por qué azares de la fortuna
a pie y tan solo veo al monarca,
medio desnudo, vagando, errante
por la montaña?
Es porque un punto sintió del juego
la peligrosa fiebre malsana,
y jugó reinos, siervos, tesoros,
y hasta la capa.
Solo le queda la tierna esposa,
fuerzas no tuvo para jugarla,
y ella, a su lado, va dirigiéndole
dulces palabras.
Tan solo un trozo de humilde tela
del desdichado las carnes tapa
y el hambre roe los filamentos
de sus entrañas.
Allá a lo lejos, a los fulgores
que despedía la luna pálida,
vio de unos pájaros con alas de oro
densa bandada.
El rey hambriento cazarlos quiso
pero no tiene flecha acerada,
y les arroja la pobre túnica
que le abrigaba.
Entonces vuelan rápidamente
aquellas aves con carcajadas.
Y el rey contempla su último andrajo
que le arrebatan.
“Necio, le gritan, somos los dados,
y este es el traje que te restaba;
era vergüenza para nosotros
dejarte nada.”
El rey quedose petrificado
todo desnudo como una estatua;
pero su esposa rasgó en dos trozos
su única falda.
Y sonriendo, con gran dulzura,
pero con los ojos llenos de lágrimas
dio al rey el grande; con el pequeño
cubriose casta.
_____________________
El héroe cayó. De sus heridas
olas de sangre recogió la tierra,
y su voz imploró de los guerreros
un cojín do reposa su cabeza.
¡Dadme un cojín, mi frente desfallece!
Y le trajeron un cojín de seda
muelle, suave, digno de los Dioses,
recamado de perlas.
“No es ese el lecho donde el héroe yace,
murmuró con sonrisa placentera,
Tú… Arjuna… tú… guerrero incontrastado…
prepara un almohadón que me convenga.”
Inundados de lágrimas los ojos
hincó el mancebo la rodilla en tierra,
y la frente apoyó del moribundo
en tres agudas flechas.
El guerrero expirante alza los ojos
en que brilló felicidad suprema
“Me diste la almohada de los héroes,
hijo del corazón, bendito seas!
Así debe morir el que batalla,
tendido sobre el arco y las saetas,
y el rostro vuelto al sol! Velad mi sueño
y termine esta guerra!
(5.723-5.744)
______________________

 

Os Dados
Poema de Emilia Pardo Bazán
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

O poder, as riquezas,
a ciência vasta
a virtude e energia
todos cantam
do constante em seus votos,
do nobre Nala.
Formoso como o fogo,
sábio monarca.
A sua lei obedece
todo Nishâda,
e em competido certâmen
sua esposa casta
bela como as flores
do loto brancas
lhe preferiu aos Deuses
com forma humana.
Quem, exceto o Augusto
terrível Brama
venceu em fortuna e ciências
ao nobre Nala?

Um dia em seu palácio
entrou Ponshara
e lhe disse: Joguemos
tua vermelha capa.
E os dados caíram
e perdeu Nala.
O tentador repete
“Dou a revanche,
joga tuas barras de ouro”
Jogou o monarca,
e de novo a sorte
lhe foi contrária.
“Joga tua rica carroça,
tuas éguas brancas”
E caíram os dados
perdendo Nala.

Ainda te ficam
belas escravas
valentes elefantes.
Dou a vingança.
Perdeste. Fica o reino
Perdeste, Nala.
Ainda te fica tua esposa;
como ao calcá-la
peçonhenta a serpente
acorda e salta,
assim indignado se alçou
então Nala,
e chamando à bela
tímida dama,
que o frenético jogo
visse com lágrimas,
jogou os forte braços
para sua garganta
e com
___________________
Todos admiram a grande beleza,
os firmes votos, a ciência vasta,
do poderoso rei dos homens
do nobre Nala.
Tem elefantes, tem cavalos,
gratos jardins, belas escravas,
tem carruagens de ouro brunido
com esmeraldas.
Tem uma esposa doce e tão bela
como as flores do loto brancas;
como os copos do sacrifício
fiel, pura e casta.
Mas, por que casualidades da fortuna
a pé e tão só vejo ao monarca,
médio nu, vagando, errante
pela montanha?
É porque um ponto sentiu do jogo
a perigosa febre malsã,
e jogou reinos, servos, tesouros,
e até a capa.
Só lhe fica a terna esposa,
forças não teve para jogá-la,
e ela, a seu lado, vai lhe dirigindo
doces palavras.
Tão só um pedaço de humilde teia
do azarado as carnes tampa
e a fome rói os filamentos
de suas entranhas.
Lá ao longe, aos fulgores
que despedia a lua pálida,
viu duns pássaros com asas de ouro
densa bandada.
O rei faminto quis os caçar
mas não tem seta acerada,
e lhes arroja a pobre túnica
que lhe abrigava.
Então voam rapidamente
aquelas aves com gargalhadas.
E o rei contempla seu último andrajo
que lhe arrebatam.
“Néscio, gritam-lhe, somos os dados,
e este é o traje que te restava;
era vergonha para nós
te deixar nada.”
O rei ficou petrificado
todo nu como uma estátua;
mas sua esposa rasgou em duas troços
sua única saia.
E sorrindo, com grande doçura,
mas com os olhos cheios de lágrimas
deu ao rei o grande; com o pequeno
se cobriu casta.
_____________________
O herói caiu. De suas feridas
ondas de sangue recolheu a terra,
e sua voz implorou dos guerreiros
uma almofada onde repousa sua cabeça.
Deem-me uma almofada, minha frente desfalece!
E trouxeram-lhe uma almofada de seda
branda, suave, digna dos Deuses,
adornada de pérolas.
“Não é esse o leito onde o herói jaz,
murmurou com risada prazenteira,
Tu… Arjuna… tu… guerreiro não contrastado…
prepara um almofadão que me convenha.”
Inundados de lágrimas os olhos
fincou o mancebo o joelho em terra,
e a testa apoiou do moribundo
em três agudas setas.
O guerreiro expirante alça os olhos
em que brilhou felicidade suprema
“Me deste a almofada dos heróis,
filho do coração, bendito sejas!
Assim deve morrer o que batalha,
tendido sobre o arco e as setas,
e o rosto voltado ao sol! Velai meu sonho
e termine esta guerra!
(5.723-5.744)
______________________

 

Eternamente verde
Poema de Emilia Pardo Bazán

Hay un árbol eterno y misterioso
una gigante higuera
que tiene las raíces en el cielo,
las ramas en la tierra.
Sus hojas son los himnos y plegarias,
su savia son los Vedas,
sus tenaces retoños los sentidos,
y su fruto la ciencia!
(1.338-1339)
_______________________________________
Por la maldición de un brahma
pesaba sobre el gran rey
antes del tiempo marcado
una cansada vejez.
Llamó entonces a sus hijos
cuyo número era seis,
y al mayor dijo en voz débil.
Hijo muy amado, ven.
Toma el peso de mis años,
yo los tuyos tomaré,
porque aún siento en el pecho
sangre férvida correr,
y de dichas y de amores,
y de goces no me harté.
Padre, contestóle el hijo,
enfermiza es la vejez;
ella en nieve torna el pelo,
ella roba la esbeltez,
ella surca nuestra frente,
y nos hace el burla ser
de criados y de niños.
Yo me encuentro así muy bien.
“Pues rechazas mi plegaria,
te maldigo, hijo cruel.
“Ven acá, segundo brote,
y mis años te daré.
“Padre mío, dijo el otro,
con la edad se va el placer,
y el amor y la hermosura
desvanécense también
y se ve con la memoria
la razón palidecer.
Hijo ingrato, te maldigo,
ya que necio te engendré.
Ven acá tercer retoño,
que no ignoras tu deber.

Quieres darme tú tus años?
Padre amado, yo bien sé
que no puede el triste anciano
sus corceles contener
ni regir sus elefantes
con gallarda intrepidez,
ni lanzar la rauda flecha.
No me gusta la vejez.
Así fueron los mancebos
rechazando al triste rey,
pero el último, que estaba
terminando la niñez,
dijo al padre: Yo gustoso
tus achaques tomaré,
y te doy mis verdes años;
vive y goza del placer!
Cambiaron los papeles
y rapaz el viejo fue.
Muy de prisa, muy de prisa
se pasaron años cien
en que el mozo antes anciano
pudo el mundo recorrer.
En jardines, en palacios,
en el monte, en el vergel
gozó ardiente de la vida,
y el amor de la mujer.
Mas al fin llegó un día
en que el monarca la fatiga siente
y entonces llamó al hijo que vivía
anciano y penitente.
Ven: tu vigor florido
te devuelvo con creces hijo amado,
entre dichas y placeres he vivido,
pero estoy muy cansado.
Probé que la sed ardiente
que el correr tras el goce nos provoca,
y es agua que no bebe eternamente
nuestra sedienta boca.

Cuanto se obtiene luego
es como grasa que cayó en la llama,
con el placer, nuestro deseo es fuego
que más aún se inflama.
Cuanto existe en la tierra
no alcanza a contentar a un hombre solo,
ni cuanto el universo todo cierra
de un polo al otro polo.
Fiebre mortal del loco
es esta sed hidrópica, infinita
feliz el que la vence poco a poco!
Feliz el que la evita!
Tras el placer corrí
yo con afán la redondez del mundo
y cada vez mi anhelo renacía
más terrible y profundo.
Hoy quiero despojarme
del lazo caprichoso, hijo bendito,
y olvidado del mundo concentrarme
en el Ser infinito.
(3.467-3515)

 

Eternamente verde
Poema de Emilia Pardo Bazán
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

Há uma árvore eterna e misteriosa
uma gigante figueira
que tem as raízes no céu,
os ramos na terra.
Suas folhas são os hinos e preces,
Sua seiva são os Vedas,
seus tenazes rebentos os sentidos,
e seu fruto a ciência!
(1.338-1339)
_______________________________________
Pela maldição do brâmane
pesava sobre o grande rei
antes do tempo marcado
uma cansada vetustez.
Chamou então a seus filhos
cujo número era seis,
e ao maior disse em voz débil:
Filho muito amado, vem.
Toma o peso de meus anos,
eu os teus tomarei,
porque ainda sinto no peito
sangue férvida correr,
e de ditas e de amores,
e gozos não me fartei.
Pai, lhe contestou o filho,
enfermiça é a vetustez;
ela em neve torna o cabelo,
ela rouba a esbeltez,
ela surca nossa testa,
e nos faz a burla ser
de criados e meninos.
Eu me encontro assim muito bem.
“Pois rejeitas minha prece,
te amaldiçoo, filho cruel.
“Vem cá, segundo brote,
e meus anos te darei.
“Pai meu, disse o outro,
com a idade se vai o prazer,
e o amor e a formosura
se desvanecem também
e se vê com a memória
a razão empalidecer.
Filho ingrato, te amaldiçoo,
já que néscio te engendrei.
Vem cá terceiro rebento,
que não ignoras teu dever.

Queres dar-me tu teus anos?
Pai amado, eu bem sei
que não pode o triste idoso
seus corcéis conter
nem reger seus elefantes
com galharda intrepidez,
nem lançar a veloz seta.
Não gosto da vetustez.
Assim foram os mancebos
recusando ao triste rei,
mas o último, que estava
terminando a infância,
disse ao pai: Eu gostoso
seus achaques tomarei,
te dou meus verdes anos;
vive e goza do prazer!
Mudaram os papéis
e rapaz o velho foi.
Muito de pressa, muito de pressa
passaram anos cem
em que o moço dantes idoso
pôde o mundo percorrer.
Em jardins, em palácios,
no monte, no vergel
gozou ardente da vida,
e o amor da mulher.
Mas ao fim chegou um dia
em que o monarca a fadiga sente
e então chamou ao filho que vivia
idoso e penitente.
Vem: teu vigor florido
te devolvo com cresces filho amado,
vivi entre ditas e prazeres,
mas estou muito cansado.
Provei que a sede ardente
que o correr depois do goze nos provoca,
e é água que não bebe eternamente
nossa sedenta boca.

Quanto se obtém logo
é como gordura que caiu na chama,
com o prazer, nosso desejo é fogo
que mais ainda se inflama.
Quanto existe na terra
não atinge a contentar a um homem só,
nem quanto o universo tudo fecha
dum polo ao outro polo.
Febre mortal do louco
é esta sede hidrópica, infinita
feliz o que a vence pouco a pouco!
Feliz o que a evita!
Depois do prazer corri
eu com afã a redondez do mundo
e a cada vez meu anseio renascia
mais terrível e profundo.
Hoje quero despojar-me
do laço caprichoso, filho bendito,
e esquecido do mundo concentrar-me
no Ser infinito.
(3467-3515)

Trabajo completo en:
http://pedrosevylla.com/emilia-pardo-bazan/

 

 

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Fernando Pessoa

Con poemas escritos a lo largo de veinte años, Mensagem es el único libro de Fernando Pessoa publicado en vida, y sucedió un año antes de morirse. “Foi o primeiro livro que consegui, não sei porquê, ter organizado e pronto. Como estava pronto, incitaram-me a que o publicasse: acedi”. (Carta a Adolfo Casais Monteiro, 13 de Janeiro de 1935).
El primer título que Pessoa escogió para el libro fue Portugal.
Pero, considerando que ese nombre había sido muy maltratado por el uso abusivo, eligió Mensagem, porque eso era el libro: el mensaje de Dios dirigido a todos los portugueses en la voz del poeta.
A lo largo del tiempo, Pessoa publicó sus poemas en periódicos y revistas literarias, principalmente “Orpheu”, revista de la que fue impulsor junto con Almada Negreiros, Antonio Ferro y Sá Carneiro. Debido a la temática nacionalista de muchos de sus poemas, fue invitado por Antonio Ferro a participar en el Premio Antero de Quental, de exaltación de la patria, de sus héroes y del sentimiento patriótico. Gládio, de 1913 es el primer poema nacionalista que escribió Pessoa; quien entre 1917 y 1918, admiraba al dictador Sidónio Pais. Fernando Pessoa presentó Mensagem al premio Antero de Quental, pero no pasó la primera fase de la selección al contener menos páginas de las solicitadas. Crean entonces un segundo premio, no previsto inicialmente, que promueve la publicación de Mensagem. Fue acusado Pessoa de colaborar con el fascismo, pero en 1934, se distancia del régimen salazarista. Alfredo Margarido explica esa conducta así: Pessoa, como tantos outros portugueses, hesitou perante a Ditadura, apoiando-a. antes de começar a duvidar, não da ideia de Ditadura, mas dos homens que a geriam”.
Poseo um ejemplar de Mensagem, Edición especial conmemorativa del 75 aniversario de la muerte de Fernando Pessoa, comentada por Auxília Ramos y Zaida Braga, que es um lujo editorial.
La obra está compuesta por 44 textos, que pueden ser leídos independientemente, pero, unidos, forman un poema único dividido en tres partes: ”Brasão” “Mar português” y “O Encoberto”.
Dice Pessoa en Livro do desassossego: Yo no hice nunca otra cosa que soñar. Ha sido ese, y ese solo, el sentido de mi vida”.
No veo útil ni necesario enfrentar Os Lusíadas con Mensagem. Son magnitudes distintas que en el conjunto de la Literatura portuguesa y en portugués, suman, creciéndola y singularizándola.

 

El Amor, Pilar del Universo
Poemitas de Pedro Sevylla de Juana

Amor

Eres un potro salvaje, una catarata
de caída profunda, un avispero,
un gatito manso,
un arroyuelo.
Y todo ello sucede
en el mismo momento.

Son tus caricias como puentes,
como infinitos caminos;
son como espejos,
como espejos transparentes tus ausencias;
son como plumas,
como plumas etéreas tus silencios;
son de plomo candente tus heridas
cicatrices curtidas del recuerdo.

Bienestar lúcido y torpe
jubiloso dolor
horizonte detrás del horizonte
manantial de dicha y desazón;
mágica palabra,
amor.

En mi noche te sueño azul y fuego
amor de amor enamorado
en mi noche te sueño
zafiro al rojo blanco.

Dolor
La primera gota de lluvia fue un copo de nieve
el frío tejió mi sueño gris en la niebla
era invierno
estaba solo, y temblaba.

Me tiene la noche acorralado
me tiene atado y no me suelta;
me tiene cercado
entre las cuerdas,
sitiado en la memoria
jazmín y piedra.

Cuando brotan de tus ojos
torrente, arroyo, río
tus lágrimas ya son mías.
No puedo improvisar una barrera
días de ira
directas van a mi corazón
sombras líquidas
y lo ahogan.

Amada mía
mi idolatrada
mi dulce enamorada,
t
tu futuro, edad fecunda
y huracán altivo
,
dolorido he de ver
en mi espejo reflejado
triste destino
garganta y labios.

Cualquier hierro
cualquier fuego
cualquier pisada profunda de caballo
en cualquier desierto
de cualquier infierno
serán por mí, en tu lugar,
sufridos,
afilados cipreses
sin quejas de herido.

El mañana
Rodilla en tierra te vi en la fuente bebiendo el agua,
cuenco imposible
de las manos cálidas;
te hallé de nuevo sentada en corro con las vecinas
cuando bordabas
el ajuar de novia
 a la atardecida;
volví a encontrarte en la fiesta alegre de la patrona
y bailamos sin reposo
hasta el alba roja.

Sobre las huellas tenues
de tus pies desnudos en la playa
sobre la blanca espuma
que burbujea la testa de las olas
cuando te bañas;
sobre la suave brisa y el dócil viento
que besan la armonía de tu cara;
sobre la eternidad de tu sueño
sobre el eco azul de tus palabras
sobre nuestro amor antiguo y nuevo
quiero edificar firme el mañana.

El mito de la amada
Ser hombre, mujer,
jardín en sombras tú,
Utopía;
ser hombre mujer es encontrarte
entre las cien mujeres con que me cruzo cada día
y saber que eres tú,
punto por punto y sin desconfianza mínima,
aquella de los sueños imprecisos
de mis noches mágicas y míticas.

Ser hombre,
mujer, recia penumbra tú,
excepción de las reglas conocidas;
ser hombre, mujer, es explorarte,
extensión que tus límites amplía,
hasta alcanzar el confín insuperable
y ver que allí arranca el misterio y no termina;
pues esa mirada tuya,
tan penetrante y sensitiva
debilita con la levedad de su música
mi fortaleza y mi energía.

Ser hombre, mujer, renovada esperanza tú
de una inocencia antigua;
ser hombre, mujer, es conocerte
y saber que posees la llave de la vida;
es alcanzar la eternidad en un instante
al recibir de tus labios la ambrosía.

Ser hombre, mujer, raíz pujante tú,
de hondura infinita;
ser hombre, mujer, es necesitarte
y desear volver a verte, tácita y ubicua,
al otro lado del Océano, en el mercado de libros viejos
o al doblar cualquier esquina.

Ser hombre,
mujer,
tierra de promisión tú,
lluvia propicia;
ser hombre,
mujer,
es comprender
que el mito dela mujer amada
esa verdad tan simple y tan compleja
tan palpable y tan difusa
se construye destruyendo
millares de pequeñas dudas.

Eremita
Muchacho imberbe y espantadizo
perseguían mis ojos su presencia:
un día y otro día a la puerta de casa
un lugar y otro a las seis de la tarde.

Me miró entre curiosa y encrespada,
así que sacando fuerzas de flaqueza
le abrí mi corazón enamorado.

Un pedestal situé bajo sus pies
le convertí en estatua griega o romana
pero el desdén cayó sobre mi amor como una losa.

Mares navegué
extendí guerras contra enemigos incógnitos
y cansado de dar coces contra el aguijón
me retiré a los montes
fijando mi residencia en una cueva de raposos.

Comí raíces
bebí agua encharcada
y a la vista de esa grandiosidad del cielo estrellado
hallé la verdadera calma;
de modo que el proceder retraído
me allegó fama de santo.

En una procesión de peregrinos,
tan hermosa como la primera amanecida
sin conocerme se acercó a mis andurriales.

Fue verla y recordarla,
recordarla y despertar
una tormenta de rayos y truenos
que dormía.

Su presencia rompió mi voluntad
y mi sosiego
volviendo a mí el deseo impulsivo
A modo de centella ardiente y luminosa.

El eremita santo que a sus ojos era
fue aceptado por su reblandecido corazón
y se quedó a mi lado en una cueva de lobos
prometiendo a Dios
silencio y castidad para imitarme.

Pedro Sevylla de Juana, Valladolid y Barcelona 1969

O Amor, Pilar do Universo
Poemetos e tradução Pedro Sevylla de Juana

Amor
És um potro selvagem, uma catarata
de queda profunda, um avispero,
um gatinho manso,
um arroio pequeno.
E todo isso sucede
no mesmo momento.

São tuas carícias como pontes,
como infinitos caminhos;
são como espelhos,
como espelhos transparentes tuas ausências;
são como plumas,
como plumas etéreas teus silêncios;
são de chumbo candente tuas feridas,
cicatrizes curtidas do recordo.

Bem-estar lúcido e torpe,
jubiloso dor,
horizonte detrás do horizonte,
manancial de dita e inquietação;
mágica palavra:
Amor.

Em minha noite te sonho azul e fogo,
amor de amor apaixonado
em minha noite te sonho,
safira ao vermelho alvo.

Dor
A primeira gota de chuva foi um copo de neve
o frio teceu meu sonho gris na neblina
era inverno
estava só, e tremia.

Me tem a noite encurralado
me tem atado e não me solta;
me tem cercado,
entre as cordas,
sitiado na memória
jasmim, pedra e cobra.

Quando brotam de teus olhos
torrente, arroio, rio
tuas lágrimas já são minhas.
Não posso improvisar uma barreira
dias de ira
diretas vão a meu coração
sombras líquidas
e o afogam.

Minha muito amada
minha idolatrada
doce apaixonada,
teu futuro: idade fecunda
e furacão altivo:
dolorido sentirei
em meu espelho refletido
aurícula e lábios
feliz destino.

Qualquer ferro
qualquer fogo
qualquer calcada profunda de cavalo
em qualquer deserto
de qualquer inferno
serão por mim, em teu lugar,
sofridos
afiados ciprestes
sem suspiros.

Amanhã
Joelho em terra te vi na fonte bebendo a água,
tigela impossível
das mãos cálidas;
te achei de novo sentada em corro com as vizinhas
quando bordavas
o enxoval de noiva
 na entardecida;
voltei a encontrar-te na festa alegre da patroa
e dançamos sem repouso
até o alva rosa.

Sobre as pegadas ténues
de teus pés nus na praia
sobre a espuma branca
que borbulha a testa das ondas
quando te banhas;
sobre a suave brisa e o dócil vento
que beijam a harmonia da tua cara;
sobre a eternidade de teu sonho
sobre o eco azul de tuas palavras
sobre nosso amor antigo e novo
quero edificar
firme o vindouro.

O mito da amada
Ser homem, mulher,
jardim em sombras tu,
Utopia;
ser homem, mulher é te encontrar
entre as cem mulheres com que me cruzo a cada dia;
e saber que és tu,
ponto por ponto e sem a desconfiança mínima,
aquela dos sonhos imprecisos
das minhas noites mágicas e míticas.

Ser homem,
mulher, intensa penumbra tu,
exceção das regras conhecidas;
ser homem, mulher, é explorar-te,
extensão que teus limites amplia,
até atingir o confim insuperável
e ver que ali arranca o mistério e não termina;
pois essa mirada tua,
tão penetrante e sensitiva
debilita com a leveza de sua música
a fortaleza e a energia.

Ser homem, mulher, renovada esperança tu
duma inocência antiga;
ser homem, mulher, é conhecer-te,
e saber que possuis a chave da vida;
é atingir a eternidade num instante
ao receber de teus lábios a ambrosia.

Ser homem, mulher, raiz pujante tu,
de profundeza infinita;
ser homem, mulher, é necessitar-te
e desejar voltar a ver-te, tácita e ubíqua,
ao outro lado do Oceano, no mercado de livros velhos
ou ao dobrar qualquer esquina.

Ser homem,
mulher,
terra de promissão tu,
chuva propícia;
ser homem,
mulher,
é compreender
que o mito da mulher amada,
essa verdade tão simples e tão complexa,
tão palpável e tão difusa
se constrói destruindo
milhares de pequenas dúvidas.

Ermitão
Rapaz imberbe e espantadiço
perseguiam meus olhos sua presença
um dia e outro dia a porta da casa
um lugar e outro às seis da tarde.

Olhou-me entre curiosa e encrespada,
assim que sacando forças de fraqueza
lhe abri meu coração apaixonado.

Um pedestal situei baixo seus pés
a converti em estátua grega ou romana
mas o desdém caiu sobre meu coração como uma lousa.

Mares naveguei,
estendi guerras contra inimigos incógnitos
e cansado de dar coices contra o ferrão
me retirei aos montes.
fixando minha residência numa gruta de raposos.

Comi raízes
bebi água encharcada
e vendo a grandiosidade do céu estrelado
achei a verdadeira calma;
de modo que o proceder retraído
me deu fama de santo.

Numa procissão de peregrinos,
tão formosa como a primeira amanhecida
sem me conhecer se acercou a minhos andurriais.

Foi vê-la e recordá-la,
recordá-la e acordar
uma tormenta de raios e trovões
que dormia.

Sua presença rompeu minha vontade
e meu sossego,
voltando a mim o desejo impulsivo
a modo de centelha ardente e luminosa.

O eremita santo que a seus olhos era
foi aceito por seu abrandado coração
e ficou a meu lado numa gruta de lobos
prometendo a Deus
silêncio e castidade para me imitar.

PSdeJ Valladolid e Barcelona 1969

 

Tabacaria
Álvaro de Campos, in «Poemas»
Heterónimo de Fernando Pessoa

Não sou nada.
Nunca serei nada.
Não posso querer ser nada.
À parte isso, tenho em mim todos os sonhos do mundo.

Janelas do meu quarto,
Do meu quarto de um dos milhões do mundo que ninguém sabe quem é
(E se soubessem quem é, o que saberiam?),
Dais para o mistério de uma rua cruzada constantemente por gente,
Para uma rua inacessível a todos os pensamentos,
Real, impossivelmente real, certa, desconhecidamente certa,
Com o mistério das coisas por baixo das pedras e dos seres,
Com a morte a pôr humidade nas paredes e cabelos brancos nos homens,
Com o Destino a conduzir a carroça de tudo pela estrada de nada.

Estou hoje vencido, como se soubesse a verdade.
Estou hoje lúcido, como se estivesse para morrer,
E não tivesse mais irmandade com as coisas
Senão uma despedida, tornando-se esta casa e este lado da rua
A fileira de carruagens de um comboio, e uma partida apitada
De dentro da minha cabeça,
E uma sacudidela dos meus nervos e um ranger de ossos na ida.

Estou hoje perplexo como quem pensou e achou e esqueceu.
Estou hoje dividido entre a lealdade que devo
À Tabacaria do outro lado da rua, como coisa real por fora,
E à sensação de que tudo é sonho, como coisa real por dentro.

Falhei em tudo.
Como não fiz propósito nenhum, talvez tudo fosse nada.
A aprendizagem que me deram,
Desci dela pela janela das traseiras da casa,
Fui até ao campo com grandes propósitos.
Mas lá encontrei só ervas e árvores,
E quando havia gente era igual à outra.
Saio da janela, sento-me numa cadeira. Em que hei-de pensar?

Que sei eu do que serei, eu que não sei o que sou?
Ser o que penso? Mas penso ser tanta coisa!
E há tantos que pensam ser a mesma coisa que não pode haver tantos!
Génio? Neste momento
Cem mil cérebros se concebem em sonho génios como eu,
E a história não marcará, quem sabe?, nem um,
Nem haverá senão estrume de tantas conquistas futuras.
Não, não creio em mim.
Em todos os manicómios há doidos malucos com tantas certezas!
Eu, que não tenho nenhuma certeza, sou mais certo ou menos certo?
Não, nem em mim…
Em quantas mansardas e não-mansardas do mundo
Não estão nesta hora génios-para-si-mesmos sonhando?
Quantas aspirações altas e nobres e lúcidas –
Sim, verdadeiramente altas e nobres e lúcidas -,
E quem sabe se realizáveis,
Nunca verão a luz do sol real nem acharão ouvidos de gente?
O mundo é para quem nasce para o conquistar
E não para quem sonha que pode conquistá-lo, ainda que tenha razão.
Tenho sonhado mais que o que Napoleão fez.
Tenho apertado ao peito hipotético mais humanidades do que Cristo,
Tenho feito filosofias em segredo que nenhum Kant escreveu.
Mas sou, e talvez serei sempre, o da mansarda,
Ainda que não more nela;
Serei sempre o que não nasceu para isso;
Serei sempre só o que tinha qualidades;
Serei sempre o que esperou que lhe abrissem a porta ao pé de uma parede sem porta
E cantou a cantiga do Infinito numa capoeira,
E ouviu a voz de Deus num poço tapado.
Crer em mim? Não, nem em nada.
Derrame-me a Natureza sobre a cabeça ardente
O seu sol, a sua chuva, o vento que me acha o cabelo,
E o resto que venha se vier, ou tiver que vir, ou não venha.
Escravos cardíacos das estrelas,
Conquistámos todo o mundo antes de nos levantar da cama;
Mas acordámos e ele é opaco,
Levantámo-nos e ele é alheio,
Saímos de casa e ele é a terra inteira,
Mais o sistema solar e a Via Láctea e o Indefinido.

(Come chocolates, pequena;
Come chocolates!
Olha que não há mais metafísica no mundo senão chocolates.
Olha que as religiões todas não ensinam mais que a confeitaria.
Come, pequena suja, come!
Pudesse eu comer chocolates com a mesma verdade com que comes!
Mas eu penso e, ao tirar o papel de prata, que é de folhas de estanho,
Deito tudo para o chão, como tenho deitado a vida.)

Mas ao menos fica da amargura do que nunca serei
A caligrafia rápida destes versos,
Pórtico partido para o Impossível.
Mas ao menos consagro a mim mesmo um desprezo sem lágrimas,
Nobre ao menos no gesto largo com que atiro
A roupa suja que sou, sem rol, pra o decurso das coisas,
E fico em casa sem camisa.

(Tu, que consolas, que não existes e por isso consolas,
Ou deusa grega, concebida como estátua que fosse viva,
Ou patrícia romana, impossivelmente nobre e nefasta,
Ou princesa de trovadores, gentilíssima e colorida,
Ou marquesa do século dezoito, decotada e longínqua,
Ou cocote célebre do tempo dos nossos pais,
Ou não sei quê moderno – não concebo bem o quê -,
Tudo isso, seja o que for, que sejas, se pode inspirar que inspire!
Meu coração é um balde despejado.
Como os que invocam espíritos invocam espíritos invoco
A mim mesmo e não encontro nada.
Chego à janela e vejo a rua com uma nitidez absoluta.
Vejo as lojas, vejo os passeios, vejo os carros que passam,
Vejo os entes vivos vestidos que se cruzam,
Vejo os cães que também existem,
E tudo isto me pesa como uma condenação ao degredo,
E tudo isto é estrangeiro, como tudo.)

Vivi, estudei, amei, e até cri,
E hoje não há mendigo que eu não inveje só por não ser eu.
Olho a cada um os andrajos e as chagas e a mentira,
E penso: talvez nunca vivesses nem estudasses nem amasses nem cresses
(Porque é possível fazer a realidade de tudo isso sem fazer nada disso);
Talvez tenhas existido apenas, como um lagarto a quem cortam o rabo
E que é rabo para aquém do lagarto remexidamente.

Fiz de mim o que não soube,
E o que podia fazer de mim não o fiz.
O dominó que vesti era errado.
Conheceram-me logo por quem não era e não desmenti, e perdi-me.
Quando quis tirar a máscara,
Estava pegada à cara.
Quando a tirei e me vi ao espelho,
Já tinha envelhecido.
Estava bêbado, já não sabia vestir o dominó que não tinha tirado.
Deitei fora a máscara e dormi no vestiário
Como um cão tolerado pela gerência
Por ser inofensivo
E vou escrever esta história para provar que sou sublime.

Essência musical dos meus versos inúteis,
Quem me dera encontrar-te como coisa que eu fizesse,
E não ficasse sempre defronte da Tabacaria de defronte,
Calcando aos pés a consciência de estar existindo,
Como um tapete em que um bêbado tropeça
Ou um capacho que os ciganos roubaram e não valia nada.

Mas o dono da Tabacaria chegou à porta e ficou à porta.
Olhou-o com o desconforto da cabeça mal voltada
E com o desconforto da alma mal-entendendo.
Ele morrerá e eu morrerei.
Ele deixará a tabuleta, e eu deixarei versos.
A certa altura morrerá a tabuleta também, e os versos também.
Depois de certa altura morrerá a rua onde esteve a tabuleta,
E a língua em que foram escritos os versos.
Morrerá depois o planeta girante em que tudo isto se deu.
Em outros satélites de outros sistemas qualquer coisa como gente
Continuará fazendo coisas como versos e vivendo por baixo de coisas como tabuletas,
Sempre uma coisa defronte da outra,
Sempre uma coisa tão inútil como a outra,
Sempre o impossível tão estúpido como o real,
Sempre o mistério do fundo tão certo como o sono de mistério da superfície,
Sempre isto ou sempre outra coisa ou nem uma coisa nem outra.

Mas um homem entrou na Tabacaria (para comprar tabaco?),
E a realidade plausível cai de repente em cima de mim.
Semiergo-me enérgico, convencido, humano,
E vou tencionar escrever estes versos em que digo o contrário.

Acendo um cigarro ao pensar em escrevê-los
E saboreio no cigarro a libertação de todos os pensamentos.
Sigo o fumo como uma rota própria,
E gozo, num momento sensitivo e competente,
A libertação de todas as especulações
E a consciência de que a metafísica é uma consequência de estar mal disposto.

Depois deito-me para trás na cadeira
E continuo fumando.
Enquanto o Destino mo conceder, continuarei fumando.

(Se eu casasse com a filha da minha lavadeira
Talvez fosse feliz.)
Visto isto, levanto-me da cadeira. Vou à janela.

O homem saiu da Tabacaria (metendo troco na algibeira das calças?).
Ah, conheço-o: é o Esteves sem metafísica.
(O dono da Tabacaria chegou à porta.)
Como por um instinto divino o Esteves voltou-se e viu-me.
Acenou-me adeus gritei-lhe Adeus ó Esteves!, e o universo
Reconstruiu-se-me sem ideal nem esperança, e o dono da Tabacaria sorriu.
Poemas de Pessoa http://www.citador.pt/

 

“Estanco” Poema de Álvaro de Campos, in «Poemas»
Heterónimo de Fernando Pessoa
Traducido por Pedro Sevylla de Juana

Nada soy.
Nunca seré nada.
No puedo desear ser nada.
Más allá de eso, poseo todos los sueños del mundo.

Ventanas de mi cuarto,
el cuarto de uno de los millones de personas que nadie conoce.
(Y si supieran quién es, ¿qué sabrían?),
añadís al misterio de una calle cruzada todo el tiempo por gente,
a una calle inaccesible a todos los pensamientos,
real, de una realidad imposible, cierta, sorprendentemente cierta,
con el misterio de las cosas situadas bajo las piedras y los seres,
con la muerte humedeciendo las paredes
y plateando los cabellos de los hombres,
con el Destino llevando la carreta del todo por la senda de la nada.

Hoy me siento vencido, como si conociera la verdad.
Hoy me siento lúcido, como si estuviera a punto de morir,
y no tuviera más familiaridad con las cosas
que una despedida, haciéndose esta casa y este lado de la calle
la hilera de vagones de un tren, y una salida anunciada
dentro de mi cabeza,
y una sacudida de mis nervios y un chirriar de huesos al partir.

Hoy me encuentro perplejo, como quién pensó y halló y olvidó.
Hoy me encuentro dividido entre la lealtad que debo
al Estanco del otro lado de la calle, como cosa real por fuera,
y a la sensación de que todo es sueño, como cosa real por dentro.

Fallé en todo.
Al no hacer propósito alguno, puede que todo fuera nada.
El aprendizaje que me proporcionaron,
descendí de él por la ventana posterior de la casa,
fui hasta el campo con fuerte determinación.
Pero allí solo encontré hierbas y árboles,
y si había gente se parecía a la otra.
Me aparto de la ventana y me siento en una silla ¿En qué he de pensar?

¿Ignoro lo que seré, yo que no sé lo que soy?
¿Ser lo que pienso? ¡Pero pienso ser tanto!
¡Y hay tantos que piensan ser lo mismo, que no podemos serlo tantos!
¿Genio? En este momento
cien mil cerebros se creen en sueños genios como yo,
y la historia no señalará, ¿quién sabe? ni a uno de ellos,
no habrá más que un muladar de tantas conquistas futuras.
No, no creo en mí.
¡En todos los manicomios hay locos chiflados con tantas certezas!
Yo, que no tengo ninguna seguridad, ¿estoy más seguro o menos? No, ni en mí…

¿En cuántas, buhardillas o no, del mundo
hay, en este momento, genios soñados para ellos mismos?
¿Cuántas aspiraciones altas y nobles y lúcidas—
Sí, verdaderamente altas y nobles y lúcidas—,
Y quién sabe si realizables,
¿Nunca verán la luz del sol real ni encontrarán los oídos de nadie?
El mundo es para quien nace capaz de conquistarlo
y no para quien sueña que puede hacerlo suyo, aunque tenga
razón.
He soñado más que Napoleón soñó.
He abrazado al pecho hipotético más humanidades que Cristo,
pensé filosofías en secreto que ningún Kant escribió.
Pero soy, y tal vez seré siempre, el de la buhardilla,
aunque no viva en ella;
seré siempre el que no nació para eso,
seré siempre solo el que poseía cualidades;
seré siempre el que esperó a que le abriesen la puerta, al pie
de una pared sin puerta,
y cantó la cantiga del Infinito en un gallinero,
y escuchó la voz de Dios en un pozo cegado.
¿Creer en mí? No, ni en nada.
Vierta la Naturaleza sobre la cabeza ardiente
su sol, su lluvia, el viento que me despeina,
y lo demás que venga si viene, o que deba venir, o que no
venga.
Esclavos cordiales de las estrellas,
conquistamos el mundo entero antes de abandonar el lecho;
pero nos despertamos y el mundo es sombrío,
nos levantamos y es ajeno,
salimos de casa y el mundo es la tierra entera,
además del sistema solar y la Vía Láctea y lo Indefinido.

(Come chocolatinas, niña;
¡Come chocolatinas!
Mira que la única metafísica en el mundo es la del chocolate.
Mira que las religiones no enseñan más que la confitería.
¡Come, niña sucia, come!
¡Si pudiera yo comer chocolatinas con la misma sinceridad con que tú las comes!
Pero yo pienso y, al quitarles la envoltura plateada, que es de papel de estaño,
arrojo todo al suelo, como arrojé la vida.)

Pero, al menos queda, de la amargura de lo que nunca seré
la caligrafía urgente de estos versos,
pórtico abierto hacia lo Imposible.
Pero al menos dispongo para mí mismo un desprecio sin lágrimas,
noble al menos por el ademán preciso con que arrojo
la ropa sucia que soy, sin orden, para el devenir de las cosas,
y me quedo en casa descamisado.

(Tú que consuelas, que no existes y por eso consuelas,
o diosa griega, concebida como estatua vital,
o patricia romana, improbablemente noble y nefasta,
o princesa de trovadores, gentilísima y coloreada,
o marquesa del siglo dieciocho, escotada y distante,
o célebre mujer mundana del tiempo de nuestros padres,
o no sé qué moderno —no concibo bien qué—,
todo eso, sea lo que fuera que seas, si puede iluminar ¡qué ilumine!
Mi corazón es un balde vacío.
Como los que invocan espíritus exhortan espíritus imploro
a mí mismo y no encuentro nada.
Me aproximo a la ventana y veo la calle con absoluta nitidez.
Veo las tiendas, veo los paseos, veo los coches que circulan,
veo los seres vivos vestidos que se cruzan,
veo los perros que también existen,
y todo eso me pesa como una condena a destierro,
y todo eso es extranjero, como todo.)

Viví, estudié, amé, incluso creí,
y hoy no existe mendigo al que yo no envidie sólo por no ser yo.
Veo, de cada uno, los harapos y las llagas y la mentira,
y pienso: es posible que nunca hayas vivido ni estudiado ni amado ni creído
(Porque se puede formar la realidad de todo eso sin hacer nada de eso);
tal vez solo hayas existido, como un lagarto a quien cortan la cola
Y que es la cola antes de que el lagarto se retuerza.

Hice de mí lo que no supe,
y lo que pude hacer de mí no lo hice.
El disfraz que vestí estaba confundido.
Me conocieron luego por quien no era, y no lo desmentí, y me perdí.
Cuando quise arrancar la máscara,
estaba unida a la cara.
Cuando la retiré y me vi en el espejo,
ya había envejecido.
Estaba borracho, ya no sabía ponerme el disfraz que no me había
quitado.
Arrojé la máscara y dormí en el vestuario
como un perro que la gerencia consiente
por ser inofensivo
y voy a escribir esta historia para probar que soy excelso.

Esencia musical de mis versos inútiles,
quién pudiera encontrarte como obra mía,
y no quedarme siempre frente al Estanco de enfrente,
pisoteando la conciencia de existir,
como una alfombra con la que tropieza un beodo
o el felpudo que los gitanos roban y no valía nada.

Pero el dueño del Estanco se acercó a la puerta y quedó a la puerta.
Lo miro con el desagrado de la cabeza atravesada
y con la incomodidad de un alma confusa y confundida.
Él morirá y yo moriré.
Él dejará el cartel, y yo dejaré versos.
Tiempo después morirá también el letrero, y los versos también.
Después de ese tiempo morirá la calle donde estuvo el letrero,
y la lengua en que fueron escritos los versos.
Morirá más tarde el planeta girante en que todo esto sucedió.
En otros satélites de otros sistemas cualquier cosa parecida a gente
continuará haciendo cosas parecidas a versos y viviendo debajo de cosas parecidas a letreros,
siempre una cosa frente a otra,
siempre una cosa tan inútil como la otra,
siempre lo imposible tan insulso como lo real,
siempre el misterio del fondo tan palpable como el sueño misterioso de la superficie,
siempre ésta o aquella cosa o ni una ni otra.

Pero un hombre entró en el Estanco (¿a comprar tabaco?),
y la realidad admisible cae de repente sobre mí.
Me alzo casi, enérgico, convencido, humano,
e intento escribir estos versos en los que digo lo contrario.

Enciendo un cigarro al pensar escribirlos
y saboreo en el cigarro la liberación de todos los pensamientos.
Sigo el humo como una ruta propia,
y gozo, en un momento sensitivo e idóneo,
la liberación de todas las investigaciones
y la conciencia de que la metafísica es consecuencia de la indisposición.

Después me recuesto en la silla
y sigo fumando.
Mientras el Destino me lo permita, seguiré fumando.

(Si me casase con la hija de mi lavandera
tal vez fuera feliz.)
Visto esto, me levanto de la silla. Voy a la ventana.

El hombre salió del Estanco (¿dejando el cambio en el bolsillo del pantalón?).
Ah, lo conozco: es Esteves sin metafísica.
(El Dueño del Estanco llegó a la puerta.)
Como por dictado divino, Esteves se volvió y me vio.
Hizo una señal de adiós, le grité ¡Adiós, Esteves!, y el universo
Se reconstruyó en mí sin ideal ni esperanza, y el dueño del Estanco sonrió.

Alvaro de Campos, heterónimo de Fernando Pessoa

Trabajo completo en:
http://pedrosevylla.com/fernando-pessoa/

 

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José Martí

Hijo de los españoles Mariano Martí, natural de Valencia, y Leonor Pérez, natural de Tenerife; José Martí nació en La Habana, el 28 de enero de 1853.
Su muerte ocurrió en la guerra de independencia de Cuba, el 19 de mayo de 1895. José Martí, separado del grueso de las fuerzas cubanas, cabalgó hacia un grupo de españoles oculto en la maleza. Le alcanzaron tres disparos y, de resultas, murió.
Pudo estar, entre los que dispararon, el hermano de un bisabuelo mío de la rama materna, que allá fue entre voluntario y obligado. Sé que no murió, aunque pudieron matarlo las enfermedades, y los pobres pertrechos que llevaba: alpargatas de esparto como calzado para adentrarse en la manigua. Sé que no murió, porque hace unos años, un cubano, primo quinto mío según supe luego, logró contactar conmigo a través de internet. Llevaba ya muy avanzada la investigación, y yo la completé consiguiendo la Partida de Bautismo en un pueblo cerrateño cercano del mío, de aquel hermano de mi bisabuelo que, por no querer o no poder pagar las 2.000 pesetas que costaba librarse de tan trágico destino, fue y allí crió descendencia.
Como para muchos españoles, Cuba fue para mí una tierra continuidad de mi tierra. Tanto es así, que, desde Madrid, documentándome en cuanto lugar pude, escribí una novela que no he publicado y quedará inédita. Razón por la que, tiempo después, visité la Islita y estuve en contacto con ella durante casi dos años.

En abril de 1862 don Mariano Martí, padre de José, es nombrado capitán juez pedáneo de Caimito de Hanábana, jurisdicción de Nueva Bermeja, en la Alcaldía Mayor de Colón, al sureste de Matanzas.
Tenía entonces nueve años el niño, y don Mariano se lo llevó con él para que, con su buena letra, le pasara a limpio los informes. La primera carta conocida de quien sería José Martí, parte de allí, es para su madre y dice así:
A mi señora madre Da. Leonor Pérez
Hanábana: y octubre 23 de 1862
Estimada mamá: Deseo antes de todo que Vd. esté buena, lo mismo que las niñas, Joaquina, Luisa y mamá Joaquina. Papá recibió la carta de Vd. con fecha 21, pues el correo el Sábado que era 18 no vino, y el martes fue cuando la recibió; el correo—según dice él—no pudo pasar por el río titulado «Sabanilla» que entorpece el paso para la «Nueva Bermeja» y lo mismo para aquí, papá no siente nada de la caída, lo que tiene es una picazón que desde que se acuesta hasta que se levanta no le deja pegar los ojos, y ya hace tres noches que está así.— Yo todo mi cuidado se pone en cuidar mucho mi caballo y engordarlo como un puerco cebón, ahora lo estoy enseñando a caminar enfrenado para que marche bonito, todas las tardes lo monto y paseo en él, cada día cría más bríos. Todavía tengo otra cosa en que entretenerme y pasar el tiempo, la cosa que le digo es un «Gallo Fino» que me ha regalado Dn. Lucas de Sotolongo, es muy bonito y papá lo cuida mucho, ahora papá anda buscando quien le corte la cresta y me lo arregle para pelearlo este año, y dice que es un gallo que vale más de dos onzas. Tanto el río que cruza por la «finca» de Dn. Jaime como el de la «Sabanilla»— por el cual tiene que pasar el correo estaban el Sábado sumamente crecidos, llegó el de acá a la cerca de Dn. Domingo, pero ya han bajado mucho. Y no teniéndole otra cosa que decirle déle expresiones a mamá Joaquina, Joaquina, Luisa y las niñas y a Pilar déle un besito y Vd. recíbalas de su obediente hijo que le quiere con delirio.
JOSÉ MARTÍ

(Tomada de José Martí, Obras completas. Centro de Estudios Martianos)
Pongo aquí esta carta porque la considero muy ilustrativa de lo era a esa tierna edad José Martí; de las circunstancias en que se desenvolvió su niñez y de cuánto representaba para él la familia. Por si el amor a la madre fuera el inicio de lo que sería luego el amor a la patria; creo necesario tener presente esta esencia personal, arranque del hombre adulto y desarrollo de su compleja sencillez.
Pasado el tiempo, terminada su vida, difundida y reposada su obra, José Martí, hombre de un gran sentido moral y de una exigente firmeza, héroe y mártir, es el personaje más querido, respetado y citado, por cubanos de muy distintas convicciones. Y es que nobleza y clero, de una y otra forma, siempre han estado exentos de pagar impuestos. Y es que, de una u otra forma, siempre ha habido nobleza y clero. El pueblo, de una u otra forma, siempre ha mantenido a las fuerzas del orden. Y siempre, la realidad injusta se ha impuesto sobre lo ordenado, de una u otra forma. Y a eso, de una u otra forma, Martí, se opuso.

José Martí es uno de los poetas en castellano mejor valorados del siglo XIX. Sus poemas han pasado a ser canciones con frecuencia. Se puede decir que, con esos poemas cantados, hubo cantantes que alcanzaron la fama. Silvio Rodríguez y Pablo Milanés fueron, acaso, los más conocidos. Versos claros, limpios y directos, que se hicieron saetas para expresar y difundir las ideas del autor.
José Martí se convirtió en el espejo donde se miraron muchos de los poetas posteriores.

Poemas de José Martí traducidos al portugués

Abdala es un Poema Dramático publicado en La Patria Libre, semanario democrático-cosmopolita de La Habana, el 23 de enero de 1869

Abdala
Fragmento de la Obra de José Martí

Escena Primera
ABDALA, UN SENADOR Y CONSEJEROS.

Senador:
Noble caudillo: a nuestro pueblo llega
Feroz conquistador: necio amenaza
Si a su fuerza y poder le resistimos
En polvo convertir nuestras murallas:
Fiero pinta a su ejército que monta
Nobles corceles de la raza arábiga;
Inmensa gente al opresor auxilia,
Y tan alto es el número de lanzas
Que el enemigo cuenta, que a su vista
La fuerza tiembla y el valor se espanta:
Tantas sus tiendas son, noble caudillo,
Que a la llanura llegan inmediata,
Y del rudo opresor ¡oh Abdala ilustre!
Es tanta la fiereza y arrogancia
Que envió un emisario reclamando
Rindiese fuego y aire, tierra y agua!

Abdala:
Pues decidle al tirano que en la Nubia
Hay un héroe por veinte de sus lanzas:
Que del aire se atreva a hacerse dueño:
Que el fuego a los hogares hace falta:
Que la tierra la compre con su sangre:
Que el agua ha de mezclarse con sus lágrimas.

Senador
Guerrero ilustre: calma tu entusiasmo!
Del extraño a la impúdica arrogancia
Diole el pueblo el laurel que merecían
Tan necia presunción y audacia tanta;
Mas hoy no son sus bárbaras ofensas
Muestras de orgullo y simples amenazas:
Ya detiene a los nubios en el campo!
Ya en nuestras puertas nos coloca guardias!

Abdala:
! ¿Qué dices, Senador?

Senador:
Te digo ¡oh, jefe
Del ejército nubio! que las lanzas
Deben brillar, al aire desenvuelta
La sagrada bandera de la patria!
Te digo que es preciso que la Nubia
Del opresor la lengua arranque osada,
Y la llanura con su sangre bañe
Y luche Nubia cual luchaba Esparta!
Vengo en tus manos a dejar la empresa
De vengar las cobardes amenazas
Del bárbaro tirano que así llega
A despojar de vida nuestras almas!
Vengo a rogar al esforzado nubio
Que a la batalla con el pueblo parta

Abdala:
Acepto, Senador. Alma de bronce
Tuviera si tu ruego no aceptara.
Que me sigan espero los valientes
Nobles caudillos que el valor realza,
Y si insulta a los libres un tirano
Veremos en el campo de batalla!
En la Nubia nacidos, por la Nubia
Morir sabremos: hijos de la patria,
Por ella moriremos, y el suspiro
Que de mis labios postrimero salga
Para Nubia será, que para Nubia
Nuestra fuerza y valor fueron creadas.
Decid al pueblo que con él al campo
Cuando se ordene emprenderé la marcha;
Y decid al tirano que se apreste,
Que prepare su gente, y que a sus lanzas
Brillo dé y esplendor. Más fuertes brillan
Robustas y valientes nuestras almas!

Senador:
Feliz mil veces ¡oh valiente joven!
El pueblo que es tu patria!

Todos
—Viva Abdala!—
(Se van senador y consejeros.)
http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/se/20160824043346/JOSE-MARTI_Tomo-01.pdf

 

Abdala
Trecho do poema de José Martí
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana

Cena Primeira
ABDALA, UM SENADOR E CONSELHEIROS.

Senador:
Nobre caudilho: a nosso povo chega
Feroz conquistador: néscio ameaça
Se sua força e poder lhe resistimos
Em pó converter nossas muralhas:
Feroz pinta a seu exército que monta
Nobres corcéis da raça arábiga;
Imensa gente ao opressor auxilia,
E tão alto é o número de lanças
Que o inimigo conta, que a sua vista
A força treme e o valor se espanta:
Tantas suas lojas são, nobre caudilho,
Que à planície chegam imediata,
E do rude opressor oh Abdala ilustre!
É tanta a fereza e arrogância
Que enviou um emissário reclamando
Rendesse fogo e ar, terra e água!

Abdala:
Pois dizei ao tirano que na Núbia
Há um herói por vinte de seus lanças:
Que do ar se atreva a se fazer dono:
Que o fogo aos lares faz falta:
Que compre a terra com seu sangue:
Que a água deve misturar-se com suas lágrimas.

Senador
Guerreiro ilustre: acalma teu entusiasmo!
Do estranho à impudica arrogância
Lhe deu o povo o laurel que mereciam
Tão néscia presunção e audácia tanta;
Mas hoje não são suas bárbaras ofensas
Mostras de orgulho e simples ameaças:
Já detém aos núbios no campo!
Já em nossas portas nos coloca guardas!

Abdala:
Que dizes, Senador?

Senador:
Te digo oh, chefe
Do exército núbio! Que as lanças
Devem brilhar, ao ar desenvolta
A sagrada bandeira da pátria!
Te digo que é preciso que a Nubia
Do opressor a língua arranque ousada,
E a planície com seu sangue banhe
E lute Núbia qual lutava Esparta!
Venho em tuas mãos a deixar a empresa
De vingar as covardes ameaças
Do bárbaro tirano que assim chega
A despojar de vida nossas almas!
Venho a rogar ao esforçado núbio
Que à batalha com o povo parta

Abdala:
Aceito, Senador. Alma de bronze
Tivesse se teu rogo não aceitasse.
Que me sigam espero os valentes
Nobres caudilhos que o valor realça,
E se insulta aos livres um tirano
Veremos no campo de batalha!
Na Núbia nascidos, pela Nubia
Morrer saberemos: filhos da pátria,
Por ela morreremos, e o suspiro
Que de meus lábios postremo saia
Para Núbia será, que para Núbia
Nossa força e valor foram criadas.
dizei ao povo que com ele ao campo
Quando se ordene empreenderei a marcha;
E dizei ao tirano que se apreste,
Que prepare sua gente, e que a suas lanças
Brilho dê e esplendor. Mais fortes brilham
Robustas e valentes nossas almas!

Senador:
Feliz mil vezes oh valente jovem!
O povo que é tua pátria!

Todos
—Viva Abdala!—
(Se vão senador e conselheiros.)
Tradução de PSdeJ, El Escorial, 24 de Agosto de 2017

Musa Traviesa pertenece a Ismaelillo, um libro de poemas dedicado a su hijo José Francisco Martí Zayas, considerado como uno de los poemarios más influyentes del Modernismo. Martí emplea, no obstante, un estilo natural, sencillo y claro; desprendido de adornos y de palabras extranjeras. Su verso es herramienta para el trabajo del poeta concienciado, la raíz permanece hincada en la tierra y la realidad la riega. Pensamiento e idea constituyen su principal alimento. Soledad y angustia, le llevan hacia la humanidad extensa, formada de individuos vivos. Innova al versificar Martí: ritmo y lenguaje.
El amor sentido por su hijo en la ausencia, es la llave, separado de la esposa y perdido el contacto con su pequeño. Hay remembranzas Bíblicas, Ismael y Jacob. Musa traviesa es un poema doble, divido en dos partes, derecha e izquierda separadas por la letra mayúscula. Pueden leerse por separado y, también, juntas.

Musa Traviesa
Poema de José Martí

Mi musa? Es un diablillo Contándolo, me inunda
Con ala de ángel. Un gozo grave:-
¡Ah, musilla traviesa Y cual si el monte alegre,
Qué vuelo trae! Queriendo holgarse

Al alba enamorando
Yo suelo, caballero Con voces ágiles,
En sueños graves, Sus hilillos sonoros
Cabalgar horas luengas Desanudase,
Sobre los aires. Y salpicando riscos,
Me entro en nubes rosadas, Labrando esmaltes,
Bajo a hondos mares, Refrescando sedientas
Y en los senos eternos Cálidas cauces,
Hago viajes. Echáralos risueños
Allí asisto a la inmensa Por falda y valle, –
Boda inefable, Así, al alba del alma
Y en los talleres huelgo Regocijándose,
De la luz madre: Mi espíritu encendido
Y con ella es la oscura Me echa a raudales
Vida, radiante, Por las mejillas secas
Y a mis ojos los antros Lágrimas suaves.
Son nidos de ángeles! Me siento, cual si en magno
Al viajero del cielo Templo oficiase:
¿Qué el mundo frágil? Cual si mi alma por mirra
Pues, ¿no saben los hombres Virtiese al aire;
Qué encargo traen? Cual si en mi hombro surgieran
¡Rasgarse el bravo pecho, Fuerzas de Atlante;
Vaciar su sangre, Cual si el sol en mi seno
Y andar, andar heridos La luz fraguase: –
Muy largo valle, !Y estallo, hiervo, vibro,
Roto el cuerpo en harapos, Alas me nacen!

Los pies en carne,
Hasta dar sonriendo Suavemente la puerta
-¡No en tierra!- exánimes! Del cuarto se abre,
Y entonces sus talleres Y éntranse a él gozosos
La luz les abre, Luz, risas, aire.
Y ven lo que yo veo: Al par da el sol en mi alma
¿Qué el mundo frágil? Y en los cristales:
Seres hay de montaña, !Por la puerta se ha entrado
seres de valle, Mi diablo ángel!
Y seres de pantanos ¿Qué fue de aquellos sueños,
Y lodazales. De mi viaje,

Del papel amarillo,
De mis sueños desciendo, Del llanto suave?
Volando vanse, Cual si de mariposas
Y en papel amarillo Tras gran combate
Cuento el viaje. Volaran alas de oro
Por tierra y aire, Mis libros lance,
Así vuelan las hojas Y siéntese magnífico
Do cuento el trance. Sobre el desastre,
Hala acá el travesuelo Y muéstreme riendo,
Mi paño árabe; Roto el encaje-
Allá monta en el lomo -¡Qué encaje no se rompe
De un incunable; En el combate!-
Un carcax con mis plumas Su cuello, en que la risa
Fabrica y átase; Gruesa onda hace!
Un sílex persiguiendo Venga, y por cauce nuevo
Vuelca un estante, Mi vida lance,
Y ¡allá ruedan por tierra Y a mis manos la vieja
Versillos frágiles, Péñola arranque,
Brumosos pensadores, Y del vaso manchado
Lópeos galanes! ¡La tinta vacie!
De águilas diminutas !Vaso puro de nácar:
Puéblase el aire: Dame a que harte
¡Son las ideas, que ascienden, Esta sed de pureza:
Rotas sus cárceles! Los labios cánsame!

¿Son éstas que lo envuelven
Del muro arranca, y cíñese, Carnes, o nácares?
Indio plumaje: La risa, como en taza
Aquella que me dieron De ónice árabe,
De oro brillante, En su incólume seno
Pluma, a marcar nacida Bulle triunfante:
Frentes infames, ¡Hete aquí, hueso pálido,
De su caja de seda Vivo y durable!
Saca, y la blande: Hijo soy de mi hijo!
Del sol a los requiebros El me rehace!

Brilla el plumaje,
Que baña en aúreas tintas Pudiera yo, hijo mío,
Su audaz semblante. Quebrando el arte
De ambos lados el rubio Universal, muriendo
Cabello al aire, Mis años dándote,
A mí súbito viénese Envejecerte súbito,
A que lo abrace. La vida ahorrarte!-
De beso en beso escala Mas no: que no verías
Mi mesa frágil; En horas graves
¡Oh, Jacob, mariposa, Entrar el sol al alma
Ismaelillo, árabe! Y a los cristales!
¿Qué ha de haber que me guste Hierva en tu seno puro
Como mirarle Risa asonante:
De entre polvo de libros Rueden pliegues abajo
Surgir radiante, Libros exangës:
Y, en vez de acero, verle Sube, Jacob alegre,
De pluma armarse, La escala suave:
Y buscar en mis brazos Ven, y de beso en beso
Tregua al combate? Mi mesa asaltes:-
Venga, venga Ismaelillo: ¡Pues ésa es mi musilla,
La mesa asalte, Mi diablo ángel!
Y por los anchos pliegues ¡Ah, musilla traviesa,
Del paño árabe Qué vuelo trae!
En rota vergonzosa

 

Musa travessa
Poema de José Martí
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana

Minha musa? é um diabinho Referindo-o, me inunda
Com asa de anjo. Um gozo grave:-
Ah, musinha travessa E qual se o monte alegre,
Que voo traz! Querendo folgar-se

Ao alva apaixonando
Eu solo, cavaleiro Com vozes ágeis,
Em sonhos graves, Seus filhinhos sonoros
Cavalgar horas longas Desprega-se,
Sobre os ares. E salpicando riscos,
Entro em nuvens rosadas, Lavrando esmaltes,
Baixo a fundos mares, Refrescando sedentas
E nos seios eternos Cálidos leitos,
Faço viagens. Os fechara risonhos
Ali assisto à imensa Por ladeira e vale, –
boda inefável, Assim, ao alva do alma
E nas oficinas folgo Regozijando-se,
Da luz mãe: Meu espírito acendido
E com ela é a escura Me joga caudais
Vida, radiante, Pelas bochechas secas
E a meus olhos os antros De lágrimas suaves.
São ninhos de anjos! Me sento, qual se em magno
Ao viajante do céu Templo oficia-se:
Que o mundo frágil? Qual se minha alma por mirra
Pois, não sabem os homens Verte-se ao ar;
Que encarrego trazem? Qual se em meu ombro surgissem
Se rasgar o bravo peito, Forças de Atlante;
Esvaziar seu sangue, Qual se o sol em meu seio
E andar, andar feridos A luz fragua-se: –
Muito longo vale, E estoiro, fervo, vibro,
Rompido o corpo em farrapos, Asas me nascem!

Os pés em carne,
Até dar sorrindo Suavemente a porta
-Não em terra!- exânimes! Do quarto se abre,
E então suas oficinas E se entram a ele gozosos
A luz lhes abre, Luz, risos, ares.
E veem o que eu vejo: Ao par dá o sol em minha alma
Que o mundo frágil? E nos cristais:
Seres há de montanha, !Pela porta entrou-se
seres de vale, Meu diabo anjo!
E seres de pântanos Que foi daqueles sonhos,
E lodaçais. Da minha viagem,

Do papel amarelo,
De meus sonhos desço, Do pranto suave?
Voando vão-se, Qual se de borboletas
E em papel amarelo Depois de grande combate
Conto a viagem. Voassem asas de ouro
Por terra e ar, Meus livros lance,
Assim voam as folhas E se sente magnífico
Do conto o trance. Sobre o desastre,
Venha cá o buliçoso E me mostre rindo,
Meu pano árabe; Rompido o encaixe-
Lá monta no lombo -Que encaixe não se rompe
De um incunábulo; No combate!-
Um carcás com minhas plumas Seu colo, em que o riso
Fabrica e ata-se; Grossa onda faz!
Um sílex perseguindo Vinga, e por leito novo
Vira um estante, Minha vida lance,
E lá rodam por terra E a minhas mãos a velha
Versinhos frágeis, Caneta arranque,
Brumosos pensadores, E do copo manchado
Galãs de Lope! A tinta esvazie!
De águias diminutas! Copo puro de nácar:
Se povoa o ar: Dá-me a que farte
São as ideias, que ascendem, Esta sede de pureza:
Rompidas seus cárceres! Os lábios cansa-me!

São estas que o envolvem
Do muro arranca, e cinge-se, Carnes, ou nácares?
Índia plumagem: O riso, como em xícara
Aquela que me deram De ónix árabe,
De ouro brilhante, Em seu incólume seio
Pluma, a marcar nascida Bule triunfante:
Frentes infames, Está aqui, osso pálido,
De sua caixa de seda Vivo e durável!
Saca, e a brande: Filho sou de meu filho!
Do sol aos requebros Ele refaz-me!

Brilha a plumagem,
Que banha em áureas tintas Pudesse eu, filho meu,
Seu audaz semblante. Quebrando a arte
De ambos lados o loiro Universal, morrendo
Cabelo ao ar, Meus anos dando-te,
A mim súbito vem-se Te envelhecer súbito,
A que o abrace. A vida poupar-te!-
De beijo em beijo escala Mas não: que não verias
Minha mesa frágil; Em horas graves
Oh, Jacob, borboleta, Entrar o sol ao alma
Ismaelillo, árabe! E aos cristais!
Que há de haver que eu goste Ferva em teu seio puro
Como olhar-lhe Riso assoante:
Dentre pó de livros Rodem dobras abaixo
Surgir radiante, Livros exangues:
E, em vez de aço, ver-lhe Sobe, Jacob alegre,
De pluma armar-se, A escala suave:
E procurar em meus braços Vem, e de beijo em beijo
Trégua ao combate? Minha mesa assaltes:-
Vinha, vinha Ismaelillo: Pois essa é a musa minha,
A mesa assalte, Meu diabo anjo!
E pelas largas dobras Ah, musinha arteira,
Do pano árabe Que voo traz!
Em infame derrota
Traduzido por PSdeJ El Escorial 25 agosto 2017

“¡Oh México querido! ¡Oh México adorado, ve los peligros que te cercan!” Es en México donde Martí recibe la visión nítida de la realidad latino americana. Allí arraiga su latinoamericanismo. Salió Martí de México tras el derrocamiento de Lerdo de Tejada y la llegada del general Porfirio Díaz. “¡Oye el clamor de un hijo tuyo que no nació de ti!
Manuel Mercado, mexicano, fue secretario de gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada, y amigo de Martí, con quien cruzó una nutrida correspondencia. Martí le dedicó “Versos Libres”. Pongo aquí, en castellano y portugués, la carta inconclusa de Martí dirigida a Mercado, interrumpida para marchar al combate donde Martí murió. Esta carta posee tanto valor, que ha sido considerada su testamento político.

Carta de José Martí a Manuel Mercado
Campamento de Dos Ríos, 18 de mayo de 1895

Señor. Manuel Mercado.
Mi hermano queridísimo: Ya puedo escribir: ya puedo decirle con qué ternura y agradecimiento y respeto lo quiero, y a esa casa que es mía, y mi orgullo y obligación; ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber —puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo— de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso. En silencio ha tenido que ser, y como indirectamente, porque hay cosas que para logradas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias pª alcanzar sobre ellas el fin. Las mismas obligaciones menores y públicas de los pueblos, —como ese de Vd. , y mío,— más vitalmente interesados en impedir que en Cuba se abra, por la anexión de los imperialistas de allá y los españoles, el camino, que se ha de cegar, y con nuestra sangre estamos cegando, de la anexión de los pueblos de nuestra América al Norte revuelto y brutal q. los desprecia, —les habrían impedido la adhesión ostensible y ayuda patente a este sacrificio, que se hace en bien inmediato y de ellos.
Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas; — y mi honda es la de David. Ahora mismo; pocos días hace, al pie de la victoria con que los cubanos saludaron nuestra salida libre de las sierras en que anduvimos los seis hombres de la expedición catorce días, el corresponsal del Herald, q. me sacó de la hamaca en mi rancho, me habla de la actividad anexionista, menos temible por la poca realidad de los aspirantes, de la especie curial, sin cintura ni creación, que por disfraz cómodo de su complacencia o sumisión a España, le pide sin fe la autonomía de Cuba, contenta sólo de que haya un amo, yankee o español, que les mantenga, o les cree, en premio de su oficio de celestinos, la posición de prohombres, desdeñosos de la masa pujante, —la masa mestiza, hábil y conmovedora, del país,— la masa inteligente y creadora de blancos y negros.
Y de más me habla el corresponsal del Herald; Eugenio Bryson: —de un sindicato yankee,— que no será, —con garantía de las Aduanas, harto empeñadas con los rapaces bancos españoles pª q. quede asidero a los del Norte,— incapacitado afortunadamente, por su entrabada y compleja constitución política, para emprender o apoyar la idea como obra del gobierno. Y de más me habló Bryson, —aunque la certeza de la conversación que me refería, sólo la puede comprender quien conozca de cerca el brío con que hemos levantado la revolución,— el desorden, desgano y mala paga del ejército novicio español, —y la incapacidad de España pª allegar, en Cuba o afuera, los recursos contra la guerra q. en la vez anterior sólo sacó de Cuba:— Bryson me contó su conversación con Martínez Campos, al fin de la cual le dio a entender este q. sin duda, llegada la hora, España preferiría entenderse con los E. Unidos a rendir la Isla a los cubanos: —Y aún me habló Bryson más: de un conocido nuestro, y de lo q. en el Norte se le cuida, como candidato de los Estados Unidos, pª cdo. el actual presidente desaparezca, a la presidencia de México. Por acá, yo hago mi deber.
La guerra de Cuba, realidad superior a los vagos y dispersos deseos de los cubanos y españoles anexionistas a que sólo daría relativo poder su alianza con el gobierno de España, ha venido a su hora en América, para evitar, aún contra el empleo franco de todas esas fuerzas, la anexión de Cuba a los Estados Unidos, que jamás la aceptarán de un país en guerra, ni pueden contraer, puesto que la guerra no aceptará la anexión, el compromiso odioso y absurdo de abatir por su cuenta y con sus armas una guerra de independencia americana. —Y México—¿no hallará modo sagaz, efectivo e inmediato, de auxiliar, a tiempo, a quien lo defiende? Sí lo hallará, —o yo se lo hallaré. Esto es muerte o vida, y no cabe errar. El modo discreto es lo único que se ha de ver. Ya yo lo habría hallado y propuesto. Pero he de tener más autoridad en mí, o de saber quien la tiene, antes de obrar o aconsejar.
Acabo de llegar. Puede aún tardar dos meses, si ha de ser real y estable, la constitución de nuestro gobierno, útil y sencillo. Nuestra alma es una, y la sé, y la voluntad del país; pº estas cosas son siempre obra de la relación, momento y acomodos. Con la representación que tengo, no quiero hacer nada que parezca extensión caprichosa de ella. Llegué, con el General Máximo Gómez y cuatro más, en un bote, en que llevé el remo de proa bajo el temporal, a una pedrera desconocida de nuestras playas; cargué, catorce días, a pie por espinas y alturas, mi morral y mi rifle, —alzamos gente a nuestro paso; siento en la benevolencia de las almas la raíz de este cariño mío a la pena del hombre y a la justicia de remediarla; los campos son nuestros sin disputa, a tal punto que en un mes sólo he podido oír un fuego; y a las puertas de las ciudades, o ganamos una victoria, o pasamos revista, ante entusiasmo parecido al fuego religioso, a tres mil armas; seguimos camino, al centro de la Isla, a deponer yo, ante la revolución que he hecho alzar, la autoridad que la emigración me dio, y se acató adentro, y debe renovar, conforme a su estado nuevo, una asamblea de delegados del pueblo cubano visible, de los revolucionarios en armas.
La revolución desea plena libertad en el ejército, sin las trabas q. antes le opuso una Cámara sin sanción real, o la suspicacia de una juventud celosa de su republicanismo, o los celos, y temores de excesiva prominencia futura, de un caudillo puntilloso o previsor; pero quiere la revolución a la vez sucinta y respetable representación republicana, —la misma alma de humanidad y decoro, llena del anhelo de la dignidad individual, en la representación de la república, que la que empuja y mantiene en la guerra a los revolucionarios. Por mí, entiendo que no se puede guiar a un pueblo contra el alma que lo mueve, o sin ella, y sé cómo se encienden los corazones, y cómo se aprovecha para el revuelo incesante y la acometida el estado fogoso y satisfecho de los corazones. Pero en cuanto a formas, caben muchas ideas: y las cosas de hombres, hombres con quienes las hacen. Me conoce. En mí, sólo defenderé lo que tenga yo por garantía o servicio de la revolución. Sé desaparecer. Pero no desaparecería mi pensamiento, ni me agriaría mi oscuridad. —Y en cuanto tengamos forma, obraremos, cúmplame esto a mí, o a otros.
Y ahora, puesto delante lo de interés público, le hablaré de mí, ya que sólo la emoción de este deber pudo alzar de la muerte apetecida al hombre que, ahora que Nájera no vive donde se le vea, mejor lo conoce, y acaricia como un tesoro en su corazón la amistad con que Vd. lo enorgullece. Ya sé sus regaños, callados, después de mi viaje. ¡Y tanto q. le dimos, de toda nuestra alma, y callado él! ¡Qué engaño es este y qué alma tan encallecida la suya, que el tributo y la honra de nuestro afecto no ha podido hacerle escribir una carta más sobre el papel de carta y de periódico que llena al día![…]
Hay efectos de tan delicada honestidad…
(Tomada de: Martí, José: Obras completas, tomo 20, pp. 161-164)

 

Carta de José Martí para Manuel Mercado
Acampamento de Dos Ríos, 18 de maio de 1895
Tradução: Pedro Sevylla de Juana

Sr. Manuel Mercado.
Meu irmão caríssimo: Já posso escrever: já posso dizer-lhe com que ternura e agradecimento e respeito o quero, e a essa casa que é minha, e meu orgulho e obrigação; já estou todos os dias em perigo de dar a minha vida por meu país, e por meu dever, já que o entendo e tenho ânimos com que o realizar, de impedir a tempo com a independência de Cuba que se estendam pelas Antilhas os Estados Unidos e caiam, com essa força mais, sobre nossas terras da América. O que fiz até hoje, e farei, é para isso. Em silêncio teve que ser, e como indiretamente, porque há coisas que para conseguidas hão de andar ocultas, e de se proclamar no que são, levantariam dificuldades demasiado duras pª alcançar sobre elas o fim. As mesmas obrigações menores e públicas dos povos, -como esse de Vd. e meu,- mais vitalmente interessados em impedir que em Cuba se abra, pela anexação dos imperialistas de lá e os espanhóis, o caminho, que se deve cegar, e com nosso sangue estamos cegando, da anexação dos povos de nossa América ao Norte revoltado e brutal q. os despreza, -os teriam impedido a adesão ostensiva e ajuda patente a este sacrifício, que se faz em bem imediato e deles.

Vivi no monstro, e lhe conheço as entranhas; – e minha funda é a de Davi -. Agora mesmo; poucos dias há, ao pé da vitória com que os cubanos cumprimentaram nossa saída livre das serras em que nós andámos os seis homens da expedição quatorze dias, o correspondente do Herald, q. me tirou da rede em meu rancho, me fala da atividade anexionista, menos temível pela pouca realidade dos aspirantes, da espécie curial, sem cintura nem criação, que por disfarce cômodo de sua complacência ou submissão à Espanha, lhe pede sem fé a autonomia de Cuba, contente só por haver um mestre, yankee ou espanhol, que lhes mantenha, ou lhes crie, em prêmio de seu ofício de celestinos, a posição de pró-homens, desdenhosos da massa pujante, -a massa mestiça, hábil e comovedora, do país,- a massa inteligente e criadora de brancos e negros.

E mais me fala o correspondente do Herald; Eugenio Bryson: -de um sindicato yankee,- que não será, -com garantia das Alfândegas, muito empenhadas com os rapaces bancos espanhóis pª q. fique ponto de apoio aos do Norte,- incapacitado felizmente, por sua entrabada e complexa constituição política, para empreender ou apoiar a idéia como obra do governo. E mais me falou Bryson, -embora a certeza da conversa que me referia, só a pode compreender quem conheça de perto o brio com que levantamos a revolução,- a desordem, desgosto e mau pagamento do exército noviço espanhol, -e a incapacidade de Espanha pª allegar, em Cuba ou fora, os recursos contra a guerra q. na vez anterior só tirou de Cuba:- Bryson me contou sua conversa com Martínez Campos, no fim da qual lhe deu a entender este q. sem dúvida, chegada a hora, Espanha preferiria entender-se com os Estados. Unidos a render a Ilha aos cubanos: -E ainda me falou Bryson mais: de um conhecido nosso, e do q. no Norte se cuida, como candidato dos Estados Unidos, pª cdo. o atual presidente desapareça, à presidência do México. Por aqui, eu faço meu dever.

A guerra de Cuba, realidade superior aos vagos e dispersos desejos dos cubanos e espanhóis anexionistas a que só daria relativo poder sua aliança com o governo da Espanha, veio a sua hora na América, para evitar, ainda contra o emprego franco de todas essas forças, a anexação de Cuba aos Estados Unidos, que jamais a aceitarão de um país em guerra, nem podem contrair, posto que a guerra não aceitará a anexação, o compromisso odioso e absurdo de abater por sua conta e com suas armas uma guerra de independência americana. – E não achará o México um modo sagaz, efectivo e imediato de auxiliar, a tempo, a quem o defende? Sim, ele o achará, ou eu o acharei. Isto é morte ou vida, e não se pode errar. O modo discreto é o único que se há de ver. Já eu o teria encontrado e proposto. Mas devo ter mais autoridade em mim, ou de saber quem a tem, antes de agir ou aconselhar.

Acabo de chegar. Pode ainda demorar dois meses, se tem que ser real e estável, a constituição de nosso governo, útil e singelo. Nossa alma é uma, e eu a conheço, e a vontade do país; porque estas coisas são sempre obra da relação, momento e acomodações. Com a representação que tenho, não quero fazer nada que pareça extensão caprichosa dela. Cheguei, com o General Máximo Gómez e mais quatro, em um bote, em que levei o remo de proa sob o temporal, a uma pedreira desconhecida de nossas praias; carreguei, quatorze dias, a pé por espinhos e alturas, minha mochila e meu rifle, -levantamos gente a nosso passo; sinto na benevolência das almas a raiz deste meu carinho à pena do homem e à justiça de remediá-la; os campos são nossos sem disputa, a tal ponto que em um mês só pude ouvir um fogo; e às portas das cidades, ou ganhamos uma vitória, ou passamos revista, ante entusiasmo parecido ao fogo religioso, a três mil armas; seguimos caminho, ao centro da Ilha, a depor eu, ante a revolução que fiz levantar, a autoridade que a emigração me deu, e se acatou dentro, e deve renovar, conforme com seu estado novo, uma assembleia de delegados do povo cubano visível, dos revolucionários em armas.

A revolução deseja plena liberdade no exército, sem as travas q. antes lhe opôs uma Câmara sem sanção real, ou a suspeita de uma juventude ciumenta de seu republicanismo, ou os ciúmes, e temores de excessiva proeminência futura, de um caudilho minucioso ou previdente; mas quer a revolução ao mesmo tempo sucinta e respeitável representação republicana, -a mesma alma de humanidade e decoro, cheia do anseio da dignidade individual, na representação da república, que a que empurra e mantém na guerra os revolucionários. Por mim, entendo que não se pode guiar um povo contra a alma que o move, ou sem ela, e sei como se acendem os corações, e como se aproveita para o alvoroço incessante e a acometida o estado fogoso e satisfeito dos corações. Mas quanto a formas, cabem muitas idéias: e as coisas de homens, homens com quem as fazem. Me conhece. Em mim, só defenderei o que tenha eu por garantia ou serviço da revolução. Sei desaparecer. Mas não desapareceria meu pensamento, nem me azedaria minha escuridão. – E assim que tivermos forma, agiremos, cumpra-me isto a mim, ou a outros.

E agora, posto diante o de interesse público, lhe falarei de mim, já que só a emoção deste dever pôde separar da morte apetecida ao homem que, agora que Nájera não vive onde se lhe veja, melhor o conhece, e acaricia como um tesouro em seu coração a amizade com que V. o orgulha. Já sei seus repreensões, calados, depois de minha viagem. E tanto q. lhe demos, de toda nossa alma, e calado ele! Que engano é este e que alma tão envelhecida a sua, que o tributo e a honra de nosso afeto não pôde fazê-lo escrever uma carta mais sobre o papel de carta e de jornal que enche ao dia [… ]
Há efeitos de uma honestidade tão delicada…

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