12 excelentes creadores literarios em português e castelhano 3ª parte

Pedro Sevylla de Juana

Creadores literarios: Gabriela Mistral, Eça de Queiroz, Valle Inclán, José Régio, César Vallejo, Lygia Fagundes Telles, Jorge Luis Borges, García Márquez, Antonio Machado, Octavio Paz, Julio Cortázar e Jacint Verdaguer.
Análises e traduções de Pedro Sevylla de Juana, Ilustraciones de Cesáreo Gutiérrez Cortés. Al final de cada autor pongo el enlace con el trabajo completo.

La 2ª parte 12 Grandes escritores en castellano y portugués, está en
http://pedrosevylla.com/12-grandes-escritores-en-castellano-y-portugues/
con: Machado de Assis, Benito Pérez Galdós, José Saramago, Juan Ramón Jiménez, Hilda Hilst, Gustavo Adolfo Bécquer, Jorge Amado, García Lorca, Patrizia Galvão Pagu, Emilia Pardo Bazán, Fernándo Pessoa, José Martí

La 1ª parte: 15 Grandes autores en portugués y castellano, está en
http://pedrosevylla.com/15-grandes-autores-en-portugues-y-castellano/
con Jorge Manrique, Luiz Vaz de Camões, Alonso de Ercilla y Zúñiga, Gilberto Freyre, Andrés Bello, Carlos Drummond de Andrade, Francisco de Quevedo, Manuel Bandeira, Rubén Darío, Jorge de Sena, Pablo Neruda, Cecília Meireles, José Asunción Silva, Carolina Maria de Jesus, y Carmen Conde.

 

 

Gabriela Mistral

De los once premios Nobel de Literatura en lengua castellana, Gabriela Mistral, que lo ganó en 1945, es la única mujer. Aún más, fue la segunda mujer premiada en una nómina casi del todo masculina. Recibió el premio cuando aún las mujeres no tenían derecho al voto en las elecciones generales de su país. Esta circunstancia esencial, agranda su mérito. Y es un mérito constante, pues desde sus precoces escritos enviados a la prensa regional, de La Serena, Ovalle, así como a La Voz de Elqui, de su ciudad natal, Vicuña; encuentra una oposición, en buena medida, injustificada. Tal es la de Abel Madac, crítico, cuando se dirige en “cartas al director” a La Voz de Elqui: «La última producción de esta escritora de fecha 9 y que lleva por título ‘Voces’ ha venido a colmar por decirlo así mi afán por saber cuál es el origen de ese amargo pesimismo, ese lúgubre acento con que describe siempre con colores tétricos y sombríos el estado de su alma, pero todo ha sido inútil; en la forma, en el fondo de su artículo sólo se advierten frases huecas; expresiones altisonantes, llenas de énfasis, que no dicen nada a la mente, y, mucho menos al corazón; porque si debemos juzgar a la escritora por las producciones de su imaginación, ella sólo me da la idea de un cerebro desequilibrado, tal vez… por el exceso de pensar».

Pero ahí está Lucila Godoy, con esa energía suya, para defenderse defendiendo a sus lectores. Primero da razones con el alma abierta: “No crea Ud. que pretendo elevar mis producciones a la altura de lo perfecto y notable que jamás tendrán, no; soy una novicia en la literatura…” Y el crítico responde de nuevo. Lucila cierra la polémica con un reto: pidiéndole que la critique cuando el crítico haya conseguido algún prestigio como escritor.
Luis Carlos Soto, antólogo de los poetas de la región de Coquimbo, la incluye en la antología destacando su pasión por Vargas Vila. Sobre ese aspecto Lucila llegó a decir: “A mis compatriotas les gusta mucho contarme entre las lecturas tontas de mi juventud al floripondioso Vargas Vila, mayoral de la época; pero esos mismos que me dan al tropical como mi único entrenador podrían nombrar también a los novelistas rusos, que varios de ellos aprovecharon en mis estantitos”.
La enorme importancia que aprecio en Gabriela Mistral, nombre de la escritora ya hecha; complemento de Lucila Godoy, para mí la escritora en ciernes y la maestra vocacional; se hace patente en los versos de mi largo poema “El elevado vuelo del velero Nova Era”. En él escojo a treinta y dos personajes históricos -de los que solo nombro a catorce- para efectuar el aventurado viaje en busca de un planeta habitable, para colonizarlo y prolongar en él la vida humana. Lucila Godoy forma parte de ellos.

 

Fragmento inicial de El vuelo del velero Nova Era
Poema de Pedro Sevylla de Juana

Adnotatio Praevia:
Envié a varios amigos el poema que aquí va, y sus reacciones fueron muy distintas. Desde la de aquellos que pidieron plaza en el velero, para ellos o para otros; hasta la de quienes establecían cierto paralelismo con el viaje de Cristóbal Colón. Preguntaban detalles sobre el objeto del viaje y la marcha de la nave, y tuve que precisar ciertos aspectos inconcretos. El título, adecuado a más no poder, procede de Remisson Aniceto, un amigo residente en São Paulo y nacido en Nova Era, estado de Minas. Renata Bomfim, una amiga, de Vitória, en Espírito Santo, experta en la vida y la obra de Florbela Espanca: “Um ente de paixão e sacrifício”, quiso que incluyera a la poeta portuguesa y, conociendo sus méritos sobrados, lo hice. Carme Esther, una amiga de Barcelona quería huir del economicismo imperante, de las enormes y crecientes desigualdades sociales originadas, del deterioro insostenible del equilibrio vital; y tuve que habilitar cuatro plazas más, para ella, su marido y los dos hijos. Debo añadir que Aurora, la capitana, nació en Salvador de Bahia de padre castellano y madre mediterránea. Por último, decir que mi Iberismo cultural, origen de mi Universalismo, me llevó de Portugal a Brasil, estados de São Paulo, Rio, Minas, Bahía, Pernambuco y Espírito Santo. Allí, en ES, Montanhas Capixabas, surgió de mi mente, el poema que dibuja el rumbo seguido a través de los elípticos campos siderales, y la llegada a la Tierra Prometida.

Un barco de vela de tres palos, cuyo nombre
es Nova Era,
impulsado por el viento cósmico
que origina un agujero negro,
abandona el Sistema Solar para dejar
en unos días
muy atrás la Vía Láctea.

Resuena “El Universo”, sinfonía imposible
compuesta e interpretada
por ciento veinte músicos de la familia Bach

Los palos Trinquete, Mayor y Mesana,
de aleación tan ligera e inalterable como el casco,
proporcionan confianza a Aurora Maris,
la capitana más intrépida que engendró
Naturaleza;
indómita mujer,
forjada en la aventura marina
al circundar La Tierra por los siete mares
comerciando en sedas y especias,
con ese barco sin remos ni cañones
que, al navegar,
sencillamente,
vuela.

Se oye en la inmensidad Blue Train, de John Coltrane

Olavo Bilac y Florbela Espanca, de escritura portuguesa;
Odiseo, el esperado, y su amada Penélope;
Erik, llamado el Rojo; Virgilio, Confucio, o Rei
dom Sebastião, Jules Verne, imaginativo practicante;
Maria Skłodowska, científica;
la maestra, poeta y diplomática Lucila Godoy,
Picasso, Galileo, uno de los grandes
del Renacimiento; y el escritor romántico
José Ignacio de Espronceda, viento en popa
a toda vela; son algunos
de los treinta y dos buscadores de un planeta
despoblado, dotado de agua y vida,
en el que puedan respirar, alimentarse,
reír y soñar;
donde la humanidad amenazada
consiga comenzar de nuevo,
trocando las pistolas y espadas de las panoplias,
por flautas, plumas de cálamo partido y pinceles.
Donde la filosofía, la investigación
y la docencia sean ocupaciones aventajadas,
los beneficios fabriles y comerciales respeten el ambiente
y permanezcan ajustados, se restrinja la herencia,
y los salarios mínimo y máximo caminen
de la mano. Una sociedad que reciba más
del más capaz, y entregue
más al más necesitado.

Suena Money Jungle, de Duke Ellington

letralia.com/letras/2016/05/27/el-elevado-vuelo-del-velero/

Poema completo en
http://pedrosevylla.com/elevado-vuelo-del-velero-nova/

 

 

Início de O elevado voo do veleiro Nova Era
Poema e tradução Pedro Sevylla de Juana

Adnotatio Praevia:
Enviei a vários amigos o poema que aqui vai, e suas reacções foram muito diferentes. Desde a daqueles que pediram praça no velero, para eles ou para outros; até a de quem estabeleciam verdadeiro paralelismo com a viagem do Cristóbal Colón. Perguntavam detalhes sobre o objecto da viagem e a marcha da nave, e tive que precisar certos aspectos indefinidos. O título, muito adequado, procede de Remisson Aniceto, um amigo residente em São Paulo e nascido em Nova Era, estado de Minas Gerais. Renata Bomfim, uma amiga, de Vitória, em Espírito Santo, Brasil, versada na vida e a obra de Florbela Espanca: “Um ente de paixão e sacrifício”, quis que incluísse a poeta portuguesa e, conhecendo seus méritos sobrados, acedi. Carme Esther, amiga de Barcelona, queria fugir do economicismo imperante, das enormes e crescentes desigualdades sociais originadas, do estrago insustentável no equilíbrio vital; e tive que habilitar mais quatro praças, para ela, seu marido e os dois filhos.
Devo acrescentar que Aurora, a capitã, nasceu em Salvador de Bahia de pai castelhano e mãe mediterránea. Por último, dizer que meu Iberismo cultural, origem do meu Universalismo, me levou de Portugal a Brasil, estados de São Paulo, Rio, Minas, Bahia, Pernambuco e Espírito Santo. Ali, em ES, Montanhas Capixabas, surgiu na minha mente, o poema que desenha o rumo seguido através dos elípticos campos siderais, e a chegada à Terra Prometida

Um barco de vela de três paus, cujo nome
é Nova Era,
impulsionado pelo vento cósmico
que origina um buraco negro de atividade intensa,
abandona o Sistema Solar para deixar
nuns dias
muito atrás a Via Láctea.

Ressoa “O Universo”, sinfonia impossível composta e interpretada
por cento e vinte músicos da família Bach

Os paus Trinquete, Maior e Mesana,
de liga tão ligeira e inalterável como o casco,
proporcionam confiança a Aurora Maris,
a capitã mais intrépida que engendrou Natureza;
indómita mulher,
forjada na aventura marinha
ao circundar A Terra pelos sete mares
comerciando em sedas e especiarias,
com esse barco sem remos nem canhões
que ao navegar
simplesmente voa.

Se ouve na imensidade Blue Train, de John Coltrane

Olavo Bilac e Florbela Espanca, de escrita em português;
Odisseu, o Esperado, e sua amada Penélope;
Erik, chamado do Vermelho; Virgílio, Confúcio, o Rei
dom Sebastião, Jules Verne, imaginativo praticante;
Maria Skłodowska, científica;
a mestra, poeta e diplomata Lucila Godoy,
Picasso, Galileu, um dos grandes
do Renascimento; e o escritor romântico
José Ignacio de Espronceda; são alguns
dos trinta e dois buscadores dum planeta
despovoado, doado de água e vida,
no que possam respirar, se alimentar,
rir e sonhar;
onde a humanidade ameaçada
consiga começar de novo,
trocando as pistolas e espadas das panóplias
por flautas, plumas de cálamo partido e pinceles.
Onde a filosofia, a investigação
e a docência sejam ocupações avantajadas,
os benefícios industriais e comerciais
respeitem o ambiente e permaneçam ajustados,
se restrinja a herança,
e os salários mínimo e máximo
caminhem da mão.
Uma sociedade que receba mais
do mais capaz,
e entregue
mais ao mais necessitado.

Soa Money Jungle, de Duke Ellington

Poema completo em
http://pedrosevylla.com/elevado-vuelo-del-velero-nova/

Tenacidad, constancia, conocimiento, imaginación, capacidad de adaptación al medio. Eso vi en Lucila Godoy, aprendiz y maestra a un tiempo, cuando la elegí para formar parte de mi grupo de escogidos. Fue tenaz y fue precoz, fue pionera, abrió puertas que se le cerraban. Amó, amó, amó; amó mucho.

Escribía y reescribía sus trabajos, buscando, no la perfección, sino la antesala, aún mejor. Hasta seis versiones diferentes tuvieron algunos escritos. Así sucede con los famosos “Sonetos de la muerte”, con los que concursó en Chile a los Primeros Juegos Florales de Santiago, organizados por la Sociedad de Artistas y Autores de Chile en 1914, 23 de diciembre. Obtuvo el primer lugar. Ganó la flor natural, la medalla de oro y la corona de laurel, por la trilogía de sonetos firmados con el seudónimo de Gabriela Mistral. Ella no asistió para recibir el galardón. Pero estuvo. Fue en tren desde Los Andes, y presenció la ceremonia mezclada con el público del Teatro Santiago. Asistía el presidente de la República, Ramón Barros Luco. El poeta Víctor Domingo Silva declamó sus sonetos. El nombre literario de Gabriela Mistral quedó consagrado definitivamente. Había cumplido 25 años de Edad. De los “Sonetos de la muerte” también hay varias versiones.

 

Los sonetos de la muerte
Poemas de Gabriela Mistral

I
Del nicho helado en que los hombres te pusieron,
te bajaré a la tierra humilde y soleada.
Que he de dormirme en ella los hombres no supieron,
y que hemos de soñar sobre la misma almohada.

Te acostaré en la tierra soleada con una
dulcedumbre de madre para el hijo dormido,
y la tierra ha de hacerse suavidades de cuna
al recibir tu cuerpo de niño dolorido.

Luego iré espolvoreando tierra y polvo de rosas,
y en la azulada y leve polvareda de luna,
los despojos livianos irán quedando presos.

Me alejaré cantando mis venganzas hermosas,
¡porque a ese hondor recóndito la mano de ninguna
bajará a disputarme tu puñado de huesos!

II
Este largo cansancio se hará mayor un día,
y el alma dirá al cuerpo que no quiere seguir
arrastrando su masa por la rosada vía,
por donde van los hombres, contentos de vivir…

Sentirás que a tu lado cavan briosamente,
que otra dormida llega a la quieta ciudad.
Esperaré que me hayan cubierto totalmente…
¡y después hablaremos por una eternidad!

Sólo entonces sabrás el por qué no madura
para las hondas huesas tu carne todavía,
tuviste que bajar, sin fatiga, a dormir.

Se hará luz en la zona de los sinos, oscura;
sabrás que en nuestra alianza signo de astros había
y, roto el pacto enorme, tenías que morir…

III
Malas manos tomaron tu vida desde el día
en que, a una señal de astros, dejara su plantel
nevado de azucenas. En gozo florecía.
Malas manos entraron trágicamente en él…

Y yo dije al Señor: -«Por las sendas mortales
le llevan. ¡Sombra amada que no saben guiar!
¡Arráncalo, Señor, a esas manos fatales
o le hundes en el largo sueño que sabes dar!

¡No le puedo gritar, no le puedo seguir!
Su barca empuja un negro viento de tempestad.
Retórnalo a mis brazos o le siegas en flor»
Se detuvo la barca rosa de su vivir…
¿Que no sé del amor, que no tuve piedad?
¡Tú, que vas a juzgarme, lo comprendes, Señor!

Os Sonetos da Morte
Poemas de Gabriela Mistral
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

I
Do nicho gelado em que os homens te puseram,
te baixarei à terra humilde ensolarada.
Que devo me dormir nela os homens não souberam,
e que temos de sonhar sobre análoga almofada.

Te deitarei na terra ensolarada com uma
doçura de mãe para o filho dormido,
e a terra se fará suavidades de cuna
ao receber teu corpo de menino dorido.

Depois irei polvilhando terra e pó de rosas,
e na azulada e leve poeirada de lua,
irão ficando presos os ligeiros despojos.

Me afastarei cantando minhas vinganças formosas,
porque a essa fundura oculta a mão de nenhuma
baixará a me disputar teu punhado de ossos!

II
Este longo cansaço se fará maior um dia,
e o alma dirá ao corpo que seguir não quer
arrastando sua massa pela rosada via,
por onde vão os homens, contentes de viver…

Sentirás que a teu lado cavam briosamente,
que outra dormida chega à quieta cidade.
Esperarei que me tenham coberto totalmente…
e depois falaremos por uma eternidade!

Só então saberás por que não madura
para as fundas covas tua carne ainda,
tiveste que baixar, sem fadiga, a não ser.

Se fará a luz na zona dos fados, escura;
saberás que a nossa aliança sinal de astros tinha
e, rompido o pacto enorme, devias morrer…

III
Más mãos tomaram tua vida desde o dia
em que, a um sinal de astros, deixasse o plantio
nevado de açucenas. Em gozo florescia.
Más mãos funestamente cortaram o fio…

E eu disse ao Senhor: -«Pelas sendas mortais
lhe levam. Sombra amada que não sabem guiar!
Arranca-o, Senhor, a essas mãos fatais
ou lhe afundas no longo sonho que sabes doar!

Não lhe posso seguir, não lhe posso gritar!
Sua barca empurra um negro vento de tempestade.
Retorna-o a meus braços ou lhe segas em flor»

Se deteve a barca rosa do seu avivar…
Que não sê do amor, que não tive piedade?
Tu, que me vais julgar, o compreendes, Senhor!

Diplomática la autora también en Brasil, he querido traducir “Besos” como ejemplo de sus poemas de amor, entre los que se encuentran Ausencia: “Se va de ti mi cuerpo gota a gota”; Amor Amor: donde la progresión se marca en el último verso de cada cuarteto, siendo los otros tres argumento: lo tendrás que escuchar, lo tendrás que hospedar; Atardecer: Siento mi corazón en la dulzura / fundirse como ceras; Creo en mi corazón ramo de aromas, Desvelada, Día, Dios lo quiere, El amor que calla, Escóndeme: que el mundo no me adivine; Vergüenza: Si tú me miras, yo me vuelvo hermosa; Volverlo a ver: y ser con él todas las primaveras; Yo canto lo que tu amabas: Soy la misma que fue tuya….

 

Besos
Poema de Gabriela Mistral

Hay besos que pronuncian por sí solos
la sentencia de amor condenatoria,
hay besos que se dan con la mirada
hay besos que se dan con la memoria.

Hay besos silenciosos, besos nobles
hay besos enigmáticos, sinceros
hay besos que se dan sólo las almas
hay besos por prohibidos, verdaderos.

Hay besos que calcinan y que hieren,
hay besos que arrebatan los sentidos,
hay besos misteriosos que han dejado
mil sueños errantes y perdidos.

Hay besos problemáticos que encierran
una clave que nadie ha descifrado,
hay besos que engendran la tragedia
cuantas rosas en broche han deshojado.

Hay besos perfumados, besos tibios
que palpitan en íntimos anhelos,
hay besos que en los labios dejan huellas
como un campo de sol entre dos hielos.

Hay besos que parecen azucenas
por sublimes, ingenuos y por puros,
hay besos traicioneros y cobardes,
hay besos maldecidos y perjuros.

Judas besa a Jesús y deja impresa
en su rostro de Dios, la felonía,
mientras la Magdalena con sus besos
fortifica piadosa su agonía.

Desde entonces en los besos palpita
el amor, la traición y los dolores,
en las bodas humanas se parecen
a la brisa que juega con las flores.

Hay besos que producen desvaríos
de amorosa pasión ardiente y loca,
tú los conoces bien son besos míos
inventados por mí, para tu boca.

Besos de llama que en rastro impreso
llevan los surcos de un amor vedado,
besos de tempestad, salvajes besos
que solo nuestros labios han probado.

¿Te acuerdas del primero…? Indefinible;
cubrió tu faz de cárdenos sonrojos
y en los espasmos de emoción terrible,
llenáronse de lágrimas tus ojos.

¿Te acuerdas que una tarde en loco exceso
te vi celoso imaginando agravios,
te suspendí en mis brazos… vibró un beso,
y qué viste después…? Sangre en mis labios.

Yo te enseñé a besar: los besos fríos
son de impasible corazón de roca,
yo te enseñé a besar con besos míos
inventados por mí, para tu boca.

Beijos
Poema de Gabriela Mistral
Traduçao de Pedro Sevylla de Juana

Há beijos que pronunciam por si sós
a sentença de amor condenatória,
há beijos que se dão com a mirada
há beijos que se dão com a memória.

Há beijos silenciosos, beijos nobres
há beijos enigmáticos, sinceros
há beijos que se dão só as almas
há beijos por proibidos, verdadeiros.

Há beijos que calcinam e que ferem,
há beijos que arrebatam os sentidos,
há beijos misteriosos que hão deixado
mil sonhos errantes e perdidos.

Há beijos problemáticos que encerram
uma chave que ninguém tem decifrado,
há beijos que engendram a tragédia
quantas rosas em broche hão desfolhado.

Há beijos perfumados, beijos tíbios
que palpitam em íntimos anelos,
há beijos que nos lábios deixam rastos
como um campo de sol entre dois gelos.

Há beijos que parecem açucenas
por sublimes, ingénuos e por puros,
há beijos traiçoeiros e covardes,
há beijos malditos e perjuros.

Judas beija a Jesus e deixa impressa
em seu rosto de Deus, a felonia,
enquanto a Magdalena com seus beijos
fortalece piedosa sua agonia.

Desde então nesses beijos palpita
o amor, a traição e as dores,
nos casamentos humanos se parecem
à brisa que joga com as flores.

Há beijos que produzem desvarios
de amorosa paixão ardente e louca,
tu os conheces bem são beijos meus
inventados por mim, para tua boca.

Beijos de flama que em rastro impresso
levam os sulcos dum amor vedado,
beijos de tempestade, selvagens beijos
que só nossos lábios têm provado.

Te lembras do primeiro…? Indefinível;
cobriu tua face de rubores roxos
e nos espasmos de emoção terrível,
se encheram de lágrimas teus olhos.

Te lembras que uma tarde em louco excesso
te vi zeloso imaginando agravos,
te suspendi em meus braços… vibrou um beijo,
e quê viste depois…? Sangue nos meus lábios.

Eu te ensinei a beijar: os beijos frios
são de impassível coração de rocha,
eu te ensinei a beijar com beijos meus
descobertos por mim, para tua boca.

Trabajo completo en
http://pedrosevylla.com/gabriela-mistral/

 

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Eça de Queiroz

Conocí a Eça de Queiroz por medio de sus novelas, “El primo Basilio “y “El conde Abraños,” leídas en 1973. Editadas ambas juntas por Ediciones Giner de Madrid, en su colección Clásicos Giner Iniciada por Virgilio, seguido de Dante, Cervantes y, además, Tolstoi, entre otros. Eso da una idea de la consideración que la editorial tenía por José Maria Eça de Queiroz, y la que yo recibí ya antes de la lectura… La traducción, correcta, era obra de Mariano Tudela; y Rafael Morales aportaba un prólogo-ensayo titulado Eça de Queiroz y el realismo portugués. Destacaba a Leiria, al sur de Coimbra, como espacio donde se dio el inicio del realismo en Portugal, cuando José María Eça de Queiroz escribió en esa bella ciudad un esbozo de lo que luego sería El crimen del padre Amaro. Veinticinco años tenía el autor cuando publicó la gran novela, ya licenciado en Derecho. No había perdido el tiempo Eça, realidad más meritoria aún teniendo en cuenta sus circunstancias personales de inicio.

Diez años más tarde leí La ilustre casa de Ramires, edición del Club Internacional del Libro, de Madrid. Llevaba un prólogo firmado por Joaquín del Moral Ruiz, en el que da muestras de un cierto iberismo cultural y lamenta que España y Portugal no sean vasos comunicantes en tantas materias como en las muchas que comparten raíz. Da como lugar de nacimiento de Eça de Queiroz al pueblo de pescadores Vila do Conde, cerca de Aveiro, en la llamada región del Minho. Sucede que tres poblaciones: Póvoa de Varzim, Vila do Conde e Verdemilho se reconocen como patria chica del escritor. Y eso no es todo: en la documentación relativa a su muerte, las autoridades francesas señalan Aveiro como lugar de su llegada a este mundo tan enrevesado.
El propio escritor llegó a responder acerca de tales discrepancias, evidentemente, desconocedor de la última, lo siguiente: «Eu não tenho história, sou como a República do Vale de Andorra». De modo que José Maria Eça de Queiroz, entraría en la corta nómina de los grandes hombres -si ya no estuviera dentro por derecho de su obra magnífica- por la disputa de, al menos, tres localidades, del derecho a considerarse sus gentes coterráneas de Eça de Queiroz, situación que solo en grandes personalidades ocurrió.
En A relíquia, de 1887, aparece su famosa frase “Sobre a nudez forte da Verdade o manto diáphano da fantasia”. Declaración de intenciones y poética, que sirvió para componer el monumento de Lisboa a su memoria, obra de Teixeira Lopes inaugurada en 1903 en el Largo Barão de Quintela, y desde el año 2001 en el “Museo da Cidade, en Campo Grande; debido a que los dedos de la Verdad eran repetidamente arrancados como reliquia

De entre los cuentos de Eça de Queiroz que componen el libro Contos de 1902, elegí O Tesoiro para traducir, porque su origen es un pasaje de Las mil y una noches, que en Brasil se titula “Os três homens e Jesus Cristo” y en Portugal “Os quatro ladrões”. Es decir que la ambición humana, con el correr del tiempo y en ocasiones se ha ido revelando superior a cualquier otro sentimiento. El relato sucede en Asturias, y Medraños es en la actualidad un apellido en lengua castellana. Retortillo es un nombre de pueblo en Salamanca, dotado de Balneario; y de Cantabria. Y es que la Península Ibérica, fue, durante mucho tiempo, cortada por los Pirineos, una Isla.

O TESOURO
Conto de Eça de Queiroz

I
Os três irmãos de Medranhos, Rui, Guannes e Rostabal, eram então, em todo o Reino das Astúrias, os fidalgos mais famintos e os mais remendados. Nos Paços de Medranhos, a que o vento da serra levara vidraça e telha, passavam eles as tardes desse inverno, engelhados nos seus pelotes de camelão, batendo as solas rotas sobre as lajes da cozinha, diante da vasta lareira negra, onde desde muito não estalava lume, nem fervia a panela de ferro. Ao escurecer devoravam uma côdea de pão negro, esfregada com alho. Depois, sem candeia, através do pátio, fendendo a neve, iam dormir à estrebaria, para aproveitar o calor das três éguas lazarentas que, esfaimadas como eles, roíam as traves da manjedoura. E a miséria tornara estes senhores mais bravios que lobos.
Ora, na primavera, por uma silenciosa manhã de domingo, andando todos três na mata de Roquelanes a espiar pegadas de caça e a apanhar tortulhos entre os robles, enquanto as três éguas pastavam a relva nova de abril, –os irmãos de Medranhos encontraram, por trás de uma moita de espinheiros, numa cova de rocha, um velho cofre de ferro. Como se o resguardasse uma torre segura, conservava as suas três chaves nas suas três fechaduras. Sobre a tampa, mal decifrável através da ferrugem, corria um dístico em letras árabes. E dentro, até às bordas, estava cheio de dobrões de oiro! No terror e esplendor da emoção, os três senhores ficaram mais lívidos do que círios. Depois, mergulhando furiosamente as mãos no oiro, estalaram a rir, num riso de tão larga rajada, que as folhas tenras dos olmos, em roda, tremiam…
E de novo recuaram, bruscamente se encararam, com os olhos a flamejar, numa desconfiança tão desabrida que Guannes e Rostabal apalpavam nos cintos os cabos das grandes facas. Então Rui, que era gordo e ruivo, e o mais avisado, ergueu os braços, como um árbitro, e começou por decidir que o tesoiro, ou viesse de Deus ou do demónio, pertencia aos três, e entre eles se repartiria, rigidamente, pesando-se o oiro em balanças. Mas como poderiam carregar para Medranhos, para os cimos da serra, aquele cofre tão cheio? Nem convinha que saíssem da mata com o seu bem, antes de cerrar a escuridão. Por isso êle entendia que o mano Guannes, como mais leve, devia trotar para a vila vizinha de Retortilho, levando já oiro na bolsinha, a comprar três alforges de coiro, três maquias de cevada, três empadões de carne, e três botelhas de vinho. Vinho e carne eram para eles, que não comiam desde a véspera: a cevada era para as éguas. E assim refeitos, senhores e cavalgaduras, ensacariam o oiro nos alforges, e subiriam para Medranhos, sob a segurança da noite sem lua.
–Bem tramado! – gritou Rostabal, homem mais alto que um pinheiro, de longa guedelha, e com uma barba que lhe caía desde os olhos raiados de sangue até à fivela do cinturão.
Mas Guannes não se arredava do cofre, enrugado, desconfiado, puxando entre os dedos a pele negra do seu pescoço de grou. Por fim, brutalmente:
–Manos! O cofre tem três chaves… Eu quero fechar a minha fechadura e levar a minha chave!
–Tambêm eu quero a minha, mil raios! – rugiu logo Rostabal.
Rui sorriu. De-certo, de-certo! A cada dono do oiro cabia uma das chaves que o guardavam. E cada um em silêncio, agachado ante o cofre, cerrou a sua fechadura com fôrça. Imediatamente Guannes, desanuviado, saltou na égua, meteu pela vereda de olmos, a caminho de Retortilho, atirando aos ramos a sua cantiga costumada e dolente:
Olé! olé! Sale la cruz de la iglesia, Vestida de negro luto…

II
Na clareira, em frente à moita que encobria o tesoiro (e que os três tinham desbastado a cutiladas) um fio de água, brotando entre rochas, caía sôbre uma vasta lage escavada, onde fazia como um tanque, claro e quieto, antes de se escoar para as relvas altas. E ao lado, na sombra de uma faia, jazia um vélho pilar de granito, tombado e musgoso. Ali vieram sentar-se Rui e Rostabal, com os seus tremendos espadões entre os joelhos. As duas éguas tosavam a boa erva pintalgada de papoulas e botões de oiro. Pela ramaria andava um melro a assobiar. Um cheiro errante de violetas adoçava o ar luminoso. E Rostabal, olhando o sol, bocejava com fome. Então Rui, que tirára o sombrero e lhe cofiava as vélhas plumas rôxas, começou a considerar, na sua fala avisada e mansa, que Guannes, nessa manhã, não quisera descer com êles à mata de Roquelanes. E assim era a sorte ruim! Pois que se Guannes tivesse quedado em Medranhos, só êles dois teriam descoberto o cofre, e só entre êles dois se dividiria o oiro! Grande pena! Tanto mais que a parte de Guannes seria em breve dissipada, com rufiões, aos dados, pelas tavernas.
–Ah! Rostabal, Rostabal! Se Guannes, passando aqui sòzinho, tivesse achado êste oiro, não dividia comnosco, Rostabal! O outro rosnou surdamente e com furor, dando um puxão às barbas negras:
–Não, mil raios! Guannes é sôfrego… Quando o ano passado, se te lembras, ganhou os cem ducados ao espadeiro de Fresno, nem me quis emprestar três para eu comprar um gibão novo!
–Vês tu? – gritou Rui, resplandecendo.
Ambos se tinham erguido do pilar de granito, como levados pela mesma idea, que os deslumbrava. E, através das suas largas passadas, as ervas altas silvavam.
–E para quê? – prosseguia Rui,– Para que lhe serve todo o oiro que nos leva? Tu não o ouves, de noite, como tosse? Ao redor da palha em que dorme, todo o chão está negro do sangue que escarra! Não dura até às outras neves, Rostabal! Mas até lá terá dissipado os bons dobrões que deviam ser nossos, para levantarmos a nossa casa, e para tu teres ginetes, e armas, e trajes nobres, e o teu terço de solarengos, como compete, a quem é, como tu, o mais velho dos de Medranhos…
–Pois que morra, e morra hoje! – bradou Rostabal.
–Queres?
Vivamente, Rui agarrara o braço do irmão e apontava para a vereda de olmos, por onde Guannes partira cantando:
–Logo adiante, ao fim do trilho, há um sítio bom, nos silvados. E hás-de ser tu, Rostabal, que és o mais forte e o mais destro. Um golpe de ponta pelas costas. E é justiça de Deus que sejas tu, que muitas vezes, nas tavernas, sem pudor, Guannes te tratava de cerdo e de torpe, por não saberes a letra nem os números.
–Malvado!
–Vem!
Foram. Ambos se emboscaram por tras dum silvado, que dominava o atalho, estreito e pedregoso como um leito de torrente. Rostabal assolapado na vala, tinha já a espada nua. Um vento leve arripiou na encosta as folhas dos álamos–e sentiram o repique leve dos sinos de Retortilho. Rui, coçando a barba, calculava as horas pelo sol, que já se inclinava para as serras. Um bando de córvos passou sôbre êles, grasnando. E Rostabal, que lhes seguira o vôo, recomeçou a bocejar, com fome, pensando nos empadões e no vinho que o outro trazia nos alforges.
Emfim! Àlerta! Era, na vereda, a cantiga dolente e rouca, atirada aos ramos:
Olé! olé! Sale la crus de la iglesia Toda vestida de negro… Rui murmurou: – «Na ilharga! Mal que passe!»
O chouto da égua bateu o cascalho, uma pluma num sombrero vermelhejou por sobre a ponta das silvas. Rostabal rompeu de entre a sarça por uma brecha, atirou o braço, a longa espada; – e toda a lâmina se embebeu molemente na ilharga de Guannes, quando ao rumor, bruscamente, êle se virára na sela. Com um surdo arranco, tombou de lado, sôbre as pedras. Já Rui se arremessava aos freios da égua: – Rostabal, caíndo sôbre Guannes, que arquejava, de novo lhe mergulhou a espada, agarrada pela fôlha como um punhal, no peito e na garganta.
–A chave! – gritou Rui.
E arrancada a chave do cofre ao seio do morto, ambos largaram pela vereda–Rostabal adiante, fugindo, com a pluma do sombrero quebrada e torta, a espada ainda nua entalada sob o braço, todo encolhido, arripiado com o sabor de sangue que lhe espirrára para a boca; Rui, atrás, puxando desesperadamente os freios da égua, que, de patas fincadas no chão pedregoso, arreganhando a longa dentuça amarela, não queria deixar o seu amo assim estirado, abandonado, ao comprido das sebes. Teve de lhe espicaçar as ancas lazarentas com a ponta da espada: – e foi correndo sobre ela, de lâmina alta, como se perseguisse um mouro, que desembocou na clareira onde o sol já não doirava as folhas. Rostabal arremessára para a relva o sombrero e a espada; e debruçado sobre a lage escavada em tanque, de mangas arregaçadas, lavava, ruidosamente, a face e as barbas.
A égua, quieta, recomeçou a pastar, carregada com os alforges novos que Guannes comprára em Retortilho. Do mais largo, abarrotado, surdiam dois gargalos de garrafas. Então, Rui tirou, lentamente, do cinto, a sua larga navalha. Sem um rumor na relva espessa, deslizou até Rostabal, que resfolgava, com as longas barbas pingando. E, serenamente, como se pregasse uma estaca num canteiro, enterrou a fôlha toda no largo dorso dobrado, certeira sôbre o coração.
Rostabal caíu sôbre o tanque, sem um gemido, com a face na água, os longos cabelos flutuando na água. A sua vélha escarcela de coiro ficára entalada sob a côxa. Para tirar de dentro a terceira chave do cofre, Rui solevou o corpo–e um sangue mais grosso jorrou, escorreu pela borda do tanque, fumegando.

III
Agora eram dêle, só dêle, as três chaves do cofre!… E Rui, alargando os braços, respirou deliciosamente. Mal a noite descesse, com o oiro metido nos alforges, guiando a fila das éguas pelos trilhos da serra, subiria a Medranhos e enterraria na adega o seu tesoiro! E quando ali na fonte, e alêm rente aos silvados, só restassem, sob as neves de dezembro, alguns ossos sem nome, êle seria o magnífico senhor de Medranhos, e na capela nova do solar renascido, mandaria dizer missas ricas pelos seus dois irmãos mortos… Mortos, como? Como devem morrer os de Medranhos –a pelejar contra o Turco!
Abriu as três fechaduras, apanhou um punhado de dobrões, que fez retinir sôbre as pedras. Que puro oiro, de fino quilate! E era o seu oiro! Depois foi examinar a capacidade dos alforges–e encontrando as duas garrafas de vinho, e um gordo capão assado, sentiu uma imensa fome. Desde a véspera só comera uma lasca de peixe sêco. E há quanto tempo não provava capão! Com que delícia se sentou na relva, com as pernas abertas, e entre elas, a ave loura, que rescendia, e o vinho côr de ámbar! Ah! Guannes fôra bom mordomo–nem esquecera azeitonas. Mas, porque trouxera êle, para três convivas, só duas garrafas? Rasgou uma asa do capão: devorava a grandes dentadas. A tarde descia, pensativa e doce, com nuvemsinhas côr de rosa. Para alêm, na vereda, um bando de corvos grasnava. As éguas fartas dormitavam, com o focinho pendido. E a fonte cantava, lavando o morto.
Rui ergueu à luz a garrafa de vinho. Com aquela côr vélha e quente, não teria custado menos de três maravedis. E pondo o gargalo à bôca, bebeu em sorvos lentos, que lhe faziam ondular o pescoço peludo. Oh vinho bemdito, que tam prontamente aquecia o sangue! Atirou a garrafa vazia–destapou outra. Mas, como era avisado, não bebeu, porque a jornada para a serra, com o tesoiro, requeria firmeza e acêrto. Estendido sôbre o cotovelo, descansando, pensava em Medranhos coberto de telha nova, nas altas chamas da lareira por noites de neve, e o seu leito com brocados, onde teria sempre mulheres.
De repente, tomado de uma ansiedade, teve pressa de carregar os alforges. Já, entre os troncos, a sombra se adensava. Puxou uma das éguas para junto do cofre, ergueu a tampa, tomou um punhado de oiro… Mas oscilou, largando os dobrões que retilintaram no chão, e levou as duas mãos aflitas ao peito. Que é, D. Rui? Raios de Deus! era um lume, um lume vivo, que se lhe acendera dentro, lhe subia até às guelas. Já rasgára o gibão, atirava os passos incertos, e, a arquejar, com a língua pendente, limpava as grossas bagas de um suor horrendo que o regelava como neve. Oh Virgem Mãe! Outra vez o lume, mais forte, que alastrava, o roía! Gritou:
–Socorro! Alguêm! Guannes! Rostabal!
Os seus braços torcidos batiam o ar desesperadamente. E a chama dentro galgava–sentia os ossos a estalarem como as traves duma casa em fogo. Cambaleou até à fonte para apagar aquela labareda, tropeçou sôbre Rostabal; e foi com o joelho fincado no morto, arranhando a rocha, que êle, entre uivos, procurava o fio de água, que recebia sôbre os olhos, pelos cabelos. Mas a água mais o queimava, como se fôsse um metal derretido. Recuou, caíu para cima da relva que arrancava aos punhados, e que mordia, mordendo os dedos, para lhe sugar a frescura. Ainda se ergueu, com uma baba densa a escorrer-lhe nas barbas; e de repente, esbogalhando pavorosamente os olhos, berrou, como se compreendesse emfim a traição, todo o horror:
–É veneno!
Oh! D. Rui, o avisado, era veneno! Porque Guannes, apenas chegára a Retortilho, mesmo antes de comprar os alforges, correra cantando a uma viela, por detrás da catedral, a comprar ao vélho droguista judeu o veneno que, misturado ao vinho, o tornaria a êle, a êle sómente, dono de todo o tesoiro. Anoiteceu. Dois corvos de entre o bando que grasnava, alêm nos silvados, já tinham pousado sôbre o corpo de Guannes. A fonte, cantando, lavava o outro morto. Meio enterrada na erva negra, toda a face de Rui se tornára negra. Uma estrelinha tremeluzia no céu. O tesoiro ainda lá está, na mata de Roquelanes.

O Tesouro fue publicado por Eça de Queiroz en “Contos” de 1902. El origen del argumento es un relato contenido en “Las mil y una noches” Texto: http://www.gutenberg.org/ebooks/31347

El Tesoro, Relato de Eça de Queiroz
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

I
Los tres hermanos Medranhos, Rui, Guanes y Rostabal, eran entonces, de todo el Reino de Asturias, los hidalgos más hambrientos y los peor vestidos. En los Pazos de Medranhos, cuando el viento de la sierra llevaba partículas de hielo y teja, pasaban ellos las tardes de aquel Invierno, encogidos en sus mantas de piel de cabra, pateando la ruta única de las baldosas de la cocina, ante la gran chimenea negra, donde la llama no ardía desde hacía tiempo, ni hervía la olla de hierro. Al oscurecer devoraban un coscurro de pan negro, frotado con ajo. Después, sin candela, a través del patio, apartando la nieve, iban a dormir á la cuadra, para aprovechar el calor de las tres yeguas purulentas que, hambrientas cómo ellos, roían los bordes del pesebre. Y la miseria volvía a estos señores más bravíos que lobos.
Además, en la Primavera, en una silenciosa mañana de domingo, caminando los tres por el bosque de Roquelanes para vigilar la presencia de caza y coger setas entre los robles, mientras las tres yeguas pastaban la hierba nueva de Abril, — los hermanos de Medranhos encontraron, por detrás de una masa de acacias, en una cueva de la roca, un viejo cofre de buena apariencia. Como sí lo resguardara una torre segura, conservaba sus tres llaves en las tres cerraduras. Sobre la tapa, por encima de la herrumbre, aparecía un dístico en letras árabes. Y dentro, hasta los bordes, ¡estaba lleno de doblones de oro! En el terror y esplendor de la emoción, los tres señores quedaron lívidos como cirios. Después, buceando enérgicamente con las manos en el oro, estallaron las risas, carcajadas de ráfagas tan anchas que las hojas tiernas de los olmos, en rueda, temblaban…
Y de nuevo retrocedieron, bruscamente se encararon, con los ojos flameantes, a una desconfianza tan desabrida que Guanes y Rostabal palpaban en los cinturones las puntas de los grandes sables. Entonces Rui, que era gordo y pelirrojo, y el más avisado, irguió los brazos, a modo de árbitro, y comenzó por decidir que el tesoro, procediera de Dios o del Demonio, pertenecía a los tres, y entre ellos se repartiría, rigurosamente, pesándose el oro en balanzas. Pero ¿cómo podrían cargar hasta Medranhos, por las cimas de la sierra, aquel cofre tan lleno? Tampoco convenía que salieran del bosque con su riqueza antes de cerrarse la oscuridad. Por eso él entendía que el hermano Guanes, por ser más ligero, debía trotar hacia la villa vecina de Retortilho, llevando ya oro en la bolsa, para comprar tres alforjas de cuero, tres cargas de cebada, tres empanadas de carne y tres botellas de vino. Vino y carne eran para ellos, que no comían desde la víspera: la cebada era para las yeguas. Y así rehechos, señores y cabalgaduras, ensacarían el oro en las alforjas y subirían hasta Medranhos en la seguridad de la noche sin luna.
— ¡Bien tramado! — gritó Rostabal, hombre más alto que un abeto, de larga melena, y con una barba que le caía desde los ojos turbios de sangre hasta la hebilla del cinturón.
Pero Guanes no se separaba del cofre, encogido, desconfiado, estirando entre los dedos la piel oscura de su cuello de grulla. Por fin, brutalmente:
— ¡Hermanos! El cofre tiene tres llaves… Yo quiero cerrar mi cerradura y llevar mi llave!
— También yo quiero la mía, mil rayos! — rugió inmediatamente Rostabal.
Rui sonrió. ¡Bien, ciertamente! A cada dueño del oro correspondía una de las llaves que lo guardaban. Y cada uno en silencio, agachado ante el cofre, cerró su cerradura con fuerza. Inmediatamente Guanes, convencido, saltó sobre la yegua, tiró por la vereda de olmos, camino de Retortilho, dedicando a las ramas su cantiga habitual y doliente:
¡Olé! ¡Olé! Sale la cruz de la iglesia, Vestida de negro luto…

II
En el claro, frente al matorral que ocultaba el tesoro (y que los tres habían desbastado a golpes de hocino) un hilo de agua. brotando entre rocas, caía sobre una vasta losa excavada, donde formaba un surtidor, claro y quieto, antes de dirigirse a las matas altas. Y al lado, a la sombra de un castaño, permanecía un viejo pilar de granito, tumbado y cubierto de musgo. Allí llegaron para sentarse Rui e Rostabal, con sus tremendos espadones entre las rodillas. Las dos yeguas retozaban sobre la apetitosa yerba salpicada de amapolas y ranúnculos. Por entre el ramaje se movía un mirlo cantando. Un aroma errante de violetas endulzaba el aire luminoso. Y Rostabal, observando el Sol, bostezaba de hambre.
Entonces Rui, que se quitó el sombrero y alisaba las viejas plumas violetas, comenzó a considerar, en su habla prudente y tranquila, que Guanes, esa mañana, no hubiera querido descender con ellos al bosque de Roquelanes. Y ¡así era de ruin la suerte! Pues si Guanes se hubiera quedado en Medranhos, ¡solo ellos dos habrían descubierto el cofre, y solo entre ellos dos dividirían el oro! ¡Qué pena! Tanto mas que la parte de Guanes sería pronto dilapidada, entre rufianes, jugada a los dados, por las tabernas.
— ¡Ah! ¡Rostabal, Rostabal! Si Guanes, pasando por aquí él solo, hubiera hallado este oro, no lo dividiría con nosotros, ¡Rostabal!
El otro gruñó sin sonido y furioso, dándose un tirón de las barbas negras:
— ¡No, mil rayos! Guanes es ambicioso… Cuando el año pasado, si te acuerdas, ganó los cien ducados al espadero de Fresno, ¡no me quiso prestar tres para comprar un jubón nuevo!
— ¿Ves tú? — gritó Rui, resplandeciendo.
Ambos se habían levantado del pilar de granito, como impulsados por la misma idea, que los deslumbraba. Y, a través de sus vastos pasos, las hierbas altas silbaban.
— Y para qué — proseguía Rui. — ¿Para que le sirve todo el oro que nos quita? ¿Tú no oyes, de noche, como tose? Alrededor de la paja sobre la que duerme, ¡el suelo está negro de la sangre que esputa! No llega hasta las otras nieves, ¡Rostabal! Pero entonces habrá despilfarrado los buenos doblones que debían ser nuestros, para levantar nuestra casa, y para que tú tengas caballos de raza, y armas, y trajes nobles, y tu tercio de solariegos, como compete a quién es, como tú, el más viejo de los de Medranhos…
— ¡Pues que muera, y muera hoy! — gritó Rostabal.
— ¿Quieres?
Intensamente, Rui agarró el brazo del hermano y lo dirigía hacia la vereda de olmos, por donde Guanes había partido cantando:
— Más adelante, al fin de la vereda, hay un buen lugar, en los vallados. Y has de ser tú, Rostabal, que eres el más fuerte y el más diestro. Un puntazo por la espalda. Y es justicia de Dios que seas tú, porque muchas veces, en las tabernas, sin pudor, Guanes te trataba de «cerdo» y de «torpe», por no saber la letra ni los números.
— ¡Malvado!
— ¡Ven!
Fueron. Ambos se emboscaron detrás de un vallado que dominaba el atajo, estrecho y pedregoso como lecho de torrente. Rostabal, oculto en la zanja, tenía ya la espada desnuda. Un viento leve erizó por detrás las hojas de los álamos — y sintieron el repique leve de las campanas de Retortilho. Rui, atusando su barba, calculaba las horas por el Sol, que ya se inclinaba hacia las sierras. Una bandada de cuervos pasó sobre ellos, graznando. Y Rostabal, que seguía el vuelo, comenzó a bostezar, con hambre, pensando en las empanadas y en el vino que el otro traía en las alforjas.
Al fin! Alerta! Sucedía, en la vereda, la cantiga doliente y ronca, dirigida a las ramas:
¡Olé! ¡Olé! Sale la cruz de la iglesia, Vestida de negro luto…
Rui murmuró: — ¡En el costado! ¡Apenas pase! —
El trote de la yegua golpeó el cascajo. Una pluma de sombrero enrojeció por arriba la punta del pañuelo.
Rostabal arrancó de entre las matas por una brecha, lanzó el brazo, la larga espada — y toda la cuchilla se adentró blandamente en el costado de Guanes, cuando al ruido, bruscamente, él se viró en la silla. Con ímpetu sordo, cayó de lado, sobre las piedras. Ya Rui se acercaba al freno de la yegua — Rostabal, cayendo sobre Guanes, que doblaba, de nuevo le introdujo la espada, agarrada por la hoja como un puñal, en el pecho y en la garganta.
— La llave! — gritó Rui.
Y arrancada la llave del cofre al pecho del muerto, ambos se marcharon por la vereda — Rostabal delante, huyendo, con la pluma del sombrero quebrada y torcida, la espada aún desnuda enfundada bajo el brazo, todo encogido, erizado con el sabor de la sangre que le entraba en la boca; Rui, atrás, tiraba desesperadamente de los frenos de la yegua, que, de patas clavadas en el suelo pedregoso, entreabriendo la dentadura amarillenta no quería dejar a su amo así tirado, abandonado, a lo largo de los setos. Tuvo que atormentar las ancas llagadas con la punta de la espada, — y fue corriendo tras ella, con la hoja en alto, como si persiguiera a un moro, hasta desembocar en el claro donde el Sol ya no doraba las hojas. Rostabal llevaba hacia el herbazal el sombrero y la espada; y de bruces sobre el surtidor excavado, con las mangas arregazadas, se lavaba, ruidosamente, la faz y las barbas.
La yegua, quieta, reanudó el pasto, cargada con las alforjas nuevas que Guanes compró en Retortilho. Del seno más ancho, abarrotado, sobresalían dos cuellos de botella. Entonces Rui liberó, lentamente, del cinturón, su ancha navaja. Sin el menor ruido en el herbazal espeso, se acercó a Rostabal, que recuperaba el aliento, con las largas barbas goteando. Y serenamente, como si clavase una estaca en un cantero, enterró la hoja toda en la ancho dorso doblado, certera sobre el corazón.
Rostabal cayó sobre el surtidor, sin un gemido, con la faz en el interior, los largos cabellos flotando en el agua. Su vieja escarcela de cuero quedó apretada bajo el muslo. Para quitar de dentro la tercera llave del cofre, Rui elevó el cuerpo — y una sangre más densa brotó, escurriendo por el borde del surtidor, humeando.

III
¡Ahora eran de él, sólo de él, las tres llaves del cofre! Y Rui, abriendo los brazos, respiró deliciosamente. ¡Apenas la noche descendiera, con el oro metido en las alforjas, guiando la fila de yeguas por los senderos de la sierra, subiría a Medranhos y enterraría en la bodega su tesoro! Y cuando allí en la fuente, junto a los setos espinosos, sólo quedaran, bajo las nieves de diciembre, algunos huesos sin nombre, él sería el magnífico señor de Medranhos, y en la capilla nueva del solar renacido mandaría decir misas poderosas por sus dos hermanos muertos… ¿Muertos como? Como deben morir los de Medranhos — peleando contra el Turco!
Abrió las tres cerraduras, cogió un puñado de doblones, y los hizo resonar sobre las piedras. ¡Qué puro era el oro, de fino quilate! ¡Y era su oro! Después fue a examinar la capacidad de las alforjas — y encontrando las dos botellas de vino, y un gordo capón asado, sintió inmensa hambre. Desde la víspera sólo había comido una tira de pez seco. Y ¡cuánto tiempo llevaba sin probar capón!
¡Con cuanta delicia se sentó en el pasto, con las piernas abiertas, y entre ellas el ave dorada, que exhalaba aromas, y el vino color de ámbar! Ah! Guanes sería un buen mayordomo — ni las aceitunas había olvidado. Pero ¿porqué trajo él, para tres comensales, sólo dos botellas? Rasgando una de las alas del capón: lo devoraba a grandes dentelladas. La tarde descendía, pensativa y dulce, con nubecillas color de rosa. Más allá, en la vereda, una bandada de cuervos graznaba. Las yeguas hartas dormitaban, con los belfos sueltos. Y el surtidor cantaba, lavando al muerto.
Rui alzó a la luz la botella de vino. Con aquel color viejo y cálido, no habría costado menos de tres maravedíes. Y poniendo la estrechura en la boca, bebió a sorbos lentos, que le ondulaban el cuello peludo. ¡Oh vino bendito, que tan inteligentemente calentaba la sangre! Tiró la botella vacía — destapó otra. Pero, como era listo, no bebió, porque la jornada hasta la sierra, con el tesoro, requería firmeza y acierto. Se tendió sobre el codo, descansando, pensaba en Medranhos cubierto de teja nueva, en las altas llamas de la chimenea durante las noches de nieve, y su lecho con brocados, donde tendría siempre mujeres.
De repente, tomado por la ansiedad, tuvo prisa por llenar las alforjas. Ya se adensaba la sombra entre los troncos. Acercó una de las yeguas al cofre, levantó la tapa, tomó un puñado de oro… Pero osciló, soltando los doblones, que tintinearon en el suelo, y llevó las manos afligidas al pecho. ¿Qué es, D. Rui? ¡Rayos de Dios! Era una llama, una llama viva, que se le encendía dentro, subiendo hasta la garganta. Ya rasgaba el jubón, daba los pasos inciertos, y, ahogándose, con la lengua fuera, limpiaba las gruesas gotas de un sudor horrendo que le helaba como nieve. ¡Oh Virgem Madre! Otra vez la llama, más fuerte, que extendiéndose, lo roía. Gritó:
— ¡Socorro! ¡Alguien! ¡Guanes! ¡Rostabal!
Sus brazos torcidos batían el aire desesperadamente. Y la llama dentro trepaba — sentía los huesos estallar como las vigas de una casa ardiendo. Zigzagueó hasta la fuente para apagar aquella llamarada, tropezó sobre Rostabal; y acabó con la rodilla clavada en el muerto, arañando la roca, en la que él, entre aullidos, buscaba el hilo de agua que caía sobre los ojos, por los cabellos. Pero el agua lo quemaba más, como si fuera un metal derretido. Retrocedió, cayó sobre la yerba fina, que arrancaba a puñados y mordía, mordiendo los dedos para chupar la frescura. Aún se irguió, con una baba densa corriéndole por las barbas; y de repente; cerrando pavorosamente los ojos, berreó, como si comprendiera finalmente la traición, todo el horror:
— Es veneno!
¡Oh! D. Rui, el listo, ¡era veneno! Porque Guanes, en cuanto llegó a Retortilho, aún antes de comprar las alforjas, corrió cantando por una callejuela, detrás de la catedral, a comprar al viejo droguero judío el veneno que, mezclado con el vino, lo convertiría a él, a él solamente, en dueño de todo el tesoro. Anocheció. Dos cuervos, de entre la bandada que graznaba más allá de los setos espinosos, ya se habían posado sobre el cuerpo de Guanes. El surtidor, cantando, lavaba al otro muerto. Medio enterrado en la yerba negra, la cara de Rui se tornaba negra. Una estrellita lucía apenas en el cielo.
El tesoro aún está allá, en el bosque de Roquelanes.

Una pincelada sobre su origen.
Escribir una biografía real y definitiva, y más si se trata de una vida como la de José María Eça de Queiroz, es algo complejo que precisa mucha investigación y análisis. Establecido, por fin, el lugar de nacimiento en Póvoa de Varzim; ya solo quedaba asegurar y afirmar el resto, entresacado de las distintas posibilidades: dichos y hechos en contradicción. Hijo de madre desconocida, para empezar; contradicción flagrante, cuando lo único que ha sido seguro, desde que las hembras paren, es eso, la maternidad de la madre, cordón umbilical adelante.

Trabajo completo en
http://pedrosevylla.com/eca-queiroz/

 

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Valle Inclán

Abordo aquí la persona y la obra de don Ramón María del Valle-Inclán, a sabiendas de que es inabordable. No somos pocos los que esperamos que salga de la tumba alguna noche para añadir, quitar, corregir o actualizar, alguna de sus piezas maestras. Pues cambiaba tanto sus escritos, en sucesivos intentos de mejorarlos que, ni aún hoy podemos estar seguros de cual de todas ellas es la versión definitiva. Pasado, presente y futuro a un tiempo, Valle-Inclán es el Universo al completo, lo de arriba y lo de abajo en momentos sucesivos. Es la naturaleza en sus playas mansas y en sus sismos destructores, es el géiser y el volcán sin solución de continuidad. Y si en otros escritores es necesario conocer su obra para conocer su vida, en Valle, la vida y la obra son una misma cosa, imaginación e independencia complementándose. El conjunto es algo inabarcable, incluso después de haber convivido con él como los amigos, o de haberlo transitado como los lectores. Contradicción y misterio que no son locura, porque se trata de una mente lúcida en cada momento cambiante, abarcándolo todo en instantes sucesivos, entre la palabra escrita, la dicha y sus retumbantes ecos.

El magisterio de don Ramón del Valle-Inclán
Escrito por Pedro Sevylla de Juana

¿Qué porción del ingenio de Valle procedía de la herencia paterna? ¿Cuál o cuáles de sus facultades aportaba la madre siguiendo unas reglas poco estudiadas? ¿Cuánta experiencia de la acumulada al final de sus días era hija del esfuerzo propio, y cuánta le venía del entorno –maestros incluidos- o de las copiosas lecturas?
Antes que nada, nacería el poeta, procedente de una visión sensitiva de las cosas, sensible, tierna, afectiva; y ahí estaba la madre entregando su forma de ser contradictoria: insistente, voluble, emotiva, práctica. Asido el poeta a la mano fuerte, dispuesto a imitar sus gestos característicos, seguiría al padre por el incómodo camino de la vida diaria; descubriendo las dificultades a las que se iba a enfrentar y la manera desarrollada por la humanidad para sortearlas. De esos paseos y de las lecturas iniciales arrancan el novelista y el dramaturgo, reforzados por las consejas escuchadas con deleite a los ancianos de calavera pelada y ojos hundidos.

La calle, la escuela, los compañeros, el maestro, los vecinos, la familia: en definitiva, el creciente trato humano, las relaciones personales, van alimentando al conversador agradable aficionado al baile y a los toros, alimentan al articulista que conoce asuntos variados y sobre ellos indaga, al contertulio capaz de entrar en opuestas materias, al hombre público que luego mostraría, al político cuyas perspectivas frenaron las urnas.
Unas facultades ayudan a otras, y entre todas –dos pasos adelante y uno atrás- van desarrollando una personalidad sui generis que cada vez da menos oportunidades a la influencia exterior, de la que, sin embargo, acepta esencias y elixires. Sucede que si el novelista y el dramaturgo parten del niño que iba a la escuela siguiendo angostos senderos, del muchacho que enfrentaba su manera de ser a las conductas ajenas; el conferenciante posterior se ase con fuerza a las materias aprendidas del estudio y trasiego cotidianos, a las disposiciones que los conocimientos contribuyen a aflorar. Sucede que, si el poeta se aficiona a la pintura, el narrador y el autor de teatro le dan el espaldarazo preciso para convertirse en experto; y el articulista, el conversador ameno, el conferenciante solicitado, el tertuliano influyente y el hombre público, facilitan que sea nombrado responsable de la conservación del tesoro artístico nacional y director de la Academia de Bellas Artes en la ciudad de Roma.

Hubo de vencer oposiciones: acres ironías, renuencias tozudas, el plúmbeo ancla de la inercia; frenos que de haber unido su actuación lo habrían retenido en la alcoba escribiendo poemas intimistas, relatos fondeados en el entorno inmediato, en su vida gris; empeñado en dar vuelta a lo escrito, juzgándolo desde otro punto de vista recién descubierto, recreando lo creado. Pero el carácter recio, el amor propio, la confianza puesta en sí mismo y el apoyo de quienes lo apreciaban de veras, defendieron su iniciativa con eficacia y ganaron.
Las causas y las consecuencias del caminar zigzagueante, en don Ramón del Valle y Peña se entrelazaban de modo duradero, influyendo las unas en las otras, trastocándose. El genio innumerable de Villagarcía llegó a decir, sincero y equivocado a partes iguales, que carecía de vocación literaria, que no obtenía deleite en el ejercicio de la escritura. Conocía él mejor que nadie las contrariedades del rastreador, el dolor sufrido ante la perfección imposible, el enorme derroche de energía; sus lectores descubren ese sacrificio en cada página, en cada párrafo, y lo valoran alto. Forzado por las circunstancias, galeote encadenado al banco, agita la péndola a modo de remo; pero, en cualquier caso, es él quien marca el ritmo de las paladas. Luchador, inconformista, gallego, emigrante, bohemio, irónico, austero, tierno, implacable, hidalgo, católico, pendenciero, bolchevique, federalista, conservador, revolucionario; del Valle era dueño de cien facetas contrapuestas que aceptaba con orgullosa resignación y defendía sirviéndose de su temible pluma convertida en espada y, de creerlo conveniente, con el propio acero. La alegoría de su peculiar figura, era, no más, el llamativo mascarón de proa que disimulaba un tajamar indómito.

El análisis de su escritura me condujo a esenciales hallazgos en el tratamiento del lenguaje. De Valle aprendí -eterno aprendiz él y constante maestro de la técnica- a no dar por concluida una novela, puliéndola, descosiéndola, virándola, volviéndola del revés –a la manera del montador de cine- hasta alcanzar la propia aceptación, prolongada lectura tras lectura. De él aprendí a alterar, a experimentar, a innovar. Sus escritos me han hecho comprender el valor de la elegancia, de la musicalidad y del colorido. A veces llego a asegurar que, en el aspecto literario, es el mejor encuentro que podía tener, y lo tuve. Y no es que su estilo afecte al mío de forma que no haya podido asumirlo, y se vea bajo mis barnices su madera recia; no, no es eso. Su obra es el manantial profundo en el desierto, pero también la soga y el caldero dejados junto al inexistente brocal, y es el palmeral que proporciona alimento, sombra y cobijo. Es la fogata prendida arriba de la montaña costera, cuando mi barco ignora la derrota que ha de seguir; y además el puerto abrigado y la carne, las verduras y el pescado frescos, rebosantes de vitaminas, que permiten continuar la travesía; y es la aguja de marear y el astrolabio que fijan mi rumbo llevándome a buen puerto.

Primero Tirano Banderas: versos de pedernal narrativo, aguafuertes, pirograbados, obra del ácido, del incendio sometido a la voluntad del autor; litografías prendidas en las paredes pugnando por descolgarse y conformar la realidad. Las Sonatas antes que nada. Confieso debilidad por la de Primavera; debido quizá al deseo irrefrenable, nacido cuando llegué a ella por primera vez, de recibir en los brazos a la pequeña que cae por la ventana. Admito mi inclinación por el fuerte Estío; correría enamorado tras la niña Chole si se dignara mirarme. Primero las Sonatas y el Tirano Banderas, después los Esperpentos y las Novelitas. ¡Qué de idioma hay en el escritor gallego!, ¡cuánto pueblo metido en su acervo hasta las raíces!, ¡qué de exploración!, ¡cuánto hallazgo!
Meditando acerca de don Ramón, tanto invento su juventud desconocida como su ignorada niñez en Arousa. Me veo, me palpo, me oigo, me huelo y me gusto en la cabecera del lecho recibiendo su ahogo en Santiago, aquel año que tan mal empezaba. Sobre su primera mocedad, ignota como una isla alejada de otras tierras, sitúo la ciudad de Pontevedra y un océano inmenso abierto a los audaces que imaginan en él sus pretendidas aventuras. Y alzado al balcón de la ría pinto un cuarteto de muchachas amables, ruborosas doncellas que toman su atrevimiento del grupo, sonriendo al mozuelo enérgico que azorado tuerce su paso decidido y apenas se atreve a observarlas. Sabe el muchacho que si sus ojos miran y ven, su corazón retraído y huraño se enamorará –sentimental y generoso- hasta el delirio. Sobre su infancia, poblada de barcos que se van a América, pescadores, contrabandistas, acomodo a un maestro de escuela que lee poemas bien trazados, bellísimos pedazos de prosas maduras o representa retazos amables de la comedia de la vida.

Sus amores, su fe, ¿cómo serían?, ¿cuál era el objeto reiterado o sucesivo?; ¿cuántos los cuidados linderos a la generosa dádiva? Le pinto un rostro seductor bajo la barba y entonces ya no necesita ese velo, ya puede ir por la calle al descubierto, pues su timidez se esconde en el abismo oscuro del alma y sale la arrogancia desechando el brazo sobrante. Voy a las tertulias donde representa el personaje por él encarnado, cuyo diálogo cambia cada día, y le apunto un papel que desconoce, escondido yo bajo la concha de nácar.
Es, sin embargo, la noche -trabajador incansable- su terreno; olvidado del hambre y del frío, escribe, repite, imagina, desarrolla, inventa, crea, recrea y al alba alcanza la maestría; ya da lecciones, ya es ejemplo. ¡Sus líneas rotas quiero! Busco en sus residuos, bajo las tachaduras, sus palabras erradas; hago mío cuanto él ha superado, aquello que dejó de apreciar en algún momento. ¡Ah! su bolsa de papeles destinados al fuego, ¡qué rica! Estoy por tomarla y recorrer la ciudad con ella al hombro, presumiendo.
Ensayo incluido en mi libro “Ad Memoriam” y recogido por El Pasajero, Revista de estudios sobre Valle Inclán, núm. 23, 2007
www.elpasajero.com/ventolera/sevylladejuana.html

Tirano Banderas
Poema de Pedro Sevylla de Juana

Iluminaba una Luna clara aquella noche. Masticaba coca
el tirano mirando por la ventana con pinta de lechuza.
Le gustaría fusilar a los insurrectos, pero las formas,
hay que guardar las formas,
las formas se lo impiden. Democracia lo llaman.
Manuel Romero. ¡Presente!
A este poeta le gustaría apagar
las guerras con un soplo
lo mismo que a Valle Inclán, iniciador de la serie,
fecunda, de novelas de Tiranos.

No sé si es el propio Santos,
pero yo lo veo con barba de unos días
eterna y bíblica, de condenado condenable,
barba azul, negra y blanquecina mal pintada
cantando cara al sol en los jardines públicos
a favor del viento
huracanado y los tsunamis,
de la depredación humana:
Homo homini lupus Man is Wolf to man
L´homme est um loup pour l´homme.

El déspota es lobo para el hombre, es hiena, es hombre;
e imagino su pelaje ceniciento tirando al amarillo,
cuando firma sentencias de muerte
en los presupuestos que restan
dinero de los asuntos vitales,
los de la supervivencia de esa gente
que está a punto de pasar a bestia desnutrida.

Zacarías San José. ¡Presente!
Sé que tiene un arma secreta:
el tiempo insensible e interminable,
y lo considera instante a instante un aliado
que soluciona los problemas
solubles, y aún mejor los insolubles.

Lo veo con barba despejada
y un tic de párpado que miente
a sabiendas cuando dice
patria
abanderada patria
fosas comunes
en vez de fecundos canteros de labor
comunes,
en vez de escuelas públicas
y bienestar para todos
y carreteras y caminos y playas
públicas
y dineros
públicos
y justicia distributiva
llegando a todos los rincones.

Crisanto Roa. ¡Presente!
Y lo veo en las noches de insomnio
pensando, maquinando
sus planes de acumular recursos
para una guerra final de ricos contra pobres.

El tirano sabe,
y yo también; que los triunfadores serán
afortunados herederos del suma y sigue familiar,
banqueros acumuladores del producto
del trabajo ajeno,
gestores de fondos de inversión,
fabricantes de armas para alimentar
las guerras que los enriquecen,
reyes de su propia baraja,
comerciantes de venenosos pesticidas,
laboratorios de medicinas que encauzan
las enfermedades crónicas.

Veo como su frente, indecisa entre dos males mayores,
trama, urde, maquina persecuciones
nocturnas de enemigos
que hablan, escriben, pintan,
cantan acusaciones
que la ley reguladora de la expresión de ideas,
escrita a su dictado en el momento oportuno,
prohíbe.

Lo veo -barba deslucida, tic de párpado
acusador y calcetines desgastados en su marcha imparable,
boca en retruécano involuntario
y un hueco en el lugar abierto
lado derecho del cobarde
pecho
triángulo invertido- registrando propiedades
comunes a nombre de los administradores
que firman, a falta de escrituras,
con una cruz de palos desiguales.

Ahí está, buscando apoyos,
a la espera de que la noche
encuentre los sumandos y los traiga de la mano,
gemelos idénticos que no desean parecerse,
sectarios pensadores asegurando
que la conjunción de dos o tres estrellas
convierte a la autocracia en democracia.

Lo veo desorientado
barba de ceniza que lleva siglos apagada
sobre la calavera de su rostro muerto,
agujero vacío de su corazón
carente de sangre ni afectos
mientras el mundo se va envolviendo en papel moneda,
agoniza el interior famélico
y yo quiero apagar la guerra de un soplido;
como escribió aquel gran manco, tan diestro, en su novela
primera de la estirpe de tiranos
titulada Tirano Banderas.
PSdeJ Madrid 2018

Tirano Bandeiras
Poema e tradução de Pedro Sevylla de Juana

Lua clara aquela noite. Mastigava coca
olhando pela janela com pinta de coruja.
Gostaria de fuzilar aos insurrectos, mas as formas,
há que guardar as formas,
as formas o impedem. Democracia o chamam.
Manuel Romero. Presente!
O poeta quisera apagar
as guerras com um sopro,
o mesmo que Valle Inclán, iniciador da série,
fecunda, de romances de Tiranos.

Não sei se é o próprio Santos,
mas eu o vejo com barba duns poucos dias
eterna e bíblica, de condenado condenável,
barba azul embranquecida mal pintada
cantando cara ao sol nos jardins públicos
a favor do vento
tempestuoso e os tsunamis,
da depredação humana:
Homo homini lupus Man is Wolf
to man L´homme est um loup pour l´homme.

O déspota é lobo para o homem, é hiena, é homem;
e imagino sua pelagem cinzenta amarelada,
quando assina sentenças de morte
nos orçamentos que subtraem
dinheiro dos assuntos vitais,
os da sobrevivência dessa gente
que está a ponto de passar a besta desnutrida.

Zacarías San José. Presente!
Sei que tem uma arma secreta:
o tempo insensível e interminável
e o considera instante a instante um aliado
que soluciona os problemas
solúveis e insolúveis.

O vejo com barba despejada
e um tique de pálpebra que mente
deliberadamente quando diz
pátria
abandeirada pátria
covas comuns
em vez de fecundos canteiros comuns
de labor, em vez de escolas públicas
e bem-estar para todos
e estradas e caminhos e praias
comuns,
e dinheiros
públicos,
e justiça distributiva
chegando a todos os rincões.

Crisanto Roa. Presente!
E o vejo nas noites de insónia
pensando, maquinando seus planos
de acumular recursos
para uma guerra final de ricos contra pobres.

Vêm noites de eclipses de Lua
arrancada do céu de todos
para alumiar enormes salões em palácios
de afortunados herdeiros do soma e segue familiar,
banqueiros acumuladores do produto
do trabalho alheio
gestores de fundos de investimento
fabricantes de armas para alimentar
as guerras que os enriquecem
reis de seu próprio baralho
comerciantes de venenosos pesticidas inundando a terra
e as águas de morte póstuma,
polvilhando conservantes tósicos,
nos alimentos diários da multidão consumidora
laboratórios de remédios que canalizam
as doenças crônicas.

E essa frente indecisa entre dois males maiores
trama, urde, maquina perseguições noturnas de inimigos
que falam, escrevem, pintam, cantam acusações
que a lei reguladora da expressão de ideias
escrita a seu ditado no momento oportuno,
proíbe.

E o vês com barba desluzida, tique de pálpebra
acusadora e meias gastas
boca em regressão involuntária
e um oco no lugar aberto
lado direito do covarde
peito
triângulo investido, registando propriedades
comuns assinadas, a falta de escritura
com uma cruz de paus desiguais.

Aí está procurando apoios
se acariciando a barba estática
à espera esperançada de que o tempo
encontre as parcelas e as traga da mão,
gémeas idênticas que não desejam se parecer,
sectários pensadores assegurando
que a conjunção de duas ou três estrelas
converte a autocracia em democracia.

E o vês desorientado
barba de cinza que leva séculos apagada
em seu rosto morto, no buraco vazio de seu coração
sem sangue nem afetos
enquanto se vai envolvendo o mundo em papel moeda,
agoniza o interior famélico
e eu quero apagar a guerra dum sopro
como escreveu aquele grande maneta,
tão destro, em seu romance
primeiro da estirpe de tiranos
titulado Tirano Bandeiras.

PSdeJ Madrid 2018

“México me abrió los ojos y me hizo poeta. Hasta entonces yo no sabía qué rumbo tomar.”: dijo Valle-Inclán al gran escritor y humanista Alfonso Reyes: “Aquella vitalidad patética, aquella cólera, aquella combatividad, aquella inmensa afirmación de dolor, aquel hombrearse con la muerte”, México en aquel primer viaje de Valle, 1892-1893. De todo aquello nació “Tirano Banderas”, su obra maestra, posiblemente. Dice Juan Antonio Hormigón sobre el Valle-Inclán de México: “Es un hijo de la burguesía media, algo liberal, algo aventurero, algo romántico”. Algo todo sobre algo nada, agigantándolo: añado yo.
Hay una definición que Rubén Darío hizo de Don Ramón en verso; un retrato contenido en un soneto, un cuadro pintado con palabras que expresan conceptos; un vaso, un cáliz, una crátera que lo contiene líquido y tornadizo; quizá una figura de nube, vapor de agua apenas. Lo traduzco al portugués y me veo obligado a cambiar el chivo, un tanto satánico, por cautivo, quizá otra característica de Valle, cautivo de sí mismo. Y me veo obligado a mudar ramo de olivo por guirnalda de divo, que siendo lo mismo diviniza un tanto al poeta. Hay dos “gran” que debo eliminar en aras de la métrica y el ritmo. Y los elimino sin pesar, pues en tan grande personaje sería redundancia mantenerlos. Así que, con todo, retrato original y retrato traducido son dos facetas de un mismo diamante.

Soneto de Rubén Darío
para el señor don Ramón del Valle-Inclán

Este gran don Ramón, de las barbas de chivo,
cuya sonrisa es la flor de su figura.
parece un viejo dios, altanero y esquivo.
que se animase en la frialdad de su escultura.

El cobre de sus ojos por instantes fulgura
y da una llama roja tras un ramo de olivo.
Tengo la sensación de que siento y que vivo
a su lado una vida más intensa y más dura.

Este gran don Ramón de Valle-Inclán me inquieta.
y a través del zodiaco de mis versos actuales
se me esfuma en radiosas visiones del poeta,

o se me rompe en un fracaso de cristales.
Yo le he visto arrancarse del pecho la saeta
que le lanzan los siete pecados capitales.

Soneto de Rubén Darío para o senhor dom Ramón del Valle-Inclán
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

Este dom Ramón, das barbas de cativo,
cujo sorriso é a flor de sua figura.
parece um velho deus, arrogante e esquivo.
se ateando na frieza da sua escultura.

O cobre de seus olhos por instantes fulgura
e dá um lume vermelho trás a grinalda de divo.
Tenho a sensação de que sento e que vivo
a seu lado uma vida mais intensa e mais dura.

Este dom Ramón do Valle-Inclán me inquieta.
e através do zodíaco de meus versos atuais
se me esfuma em radiosas visões do poeta,

ou se me rompe num fracasso de cristais.
Eu lhe vi se arrancar do peito a seta
que lhe lançam os sete pecados capitais.

Retrato de Valle-Inclán
Compuesto por Antonio Machado

Yo era en mis sueños, don Ramón, viajero
del áspero camino, y tú, Caronte
de ojos de llama, el fúnebre barquero
de las revueltas aguas de Aqueronte.

Plúrima barba al pecho te caía.
(Yo quise ver tu manquedad en vano.)
Sobre la negra barca aparecía
tu verde senectud de dios pagano.

Habla, dijiste, y yo: cantar quisiera
loor de tu Don Juan y tu paisaje,
en esta hora de verdad sincera.

Porque faltó mi voz en tu homenaje,
permite que en la pálida ribera
te pague en áureo verso mi barcaje.

Retrato composto por Don Antonio Machado
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana

Eu era em meus sonhos, dom Ramón, viageiro
do áspero caminho, e tu, Caronte
de olhos de lume, o fúnebre barqueiro
das revoltas águas de Aqueronte.

Abundante barba ao peito te caía.
(Eu quis te ver maneta em vão.)
Sobre a negra barca aparecia
tua verde vetustez de deus pagão.

Fala, disseste, e eu: cantar quisera
louvor de teu Dom Juan e tua paisagem,
nesta hora de verdade tão sincera

Porque faltou minha voz em tua homenagem,
permite que na beira de clareza vera
te pague em áureo verso a barcagem.

La vida, para Valle-Inclán, al menos en el tiempo madrileño, era poco menos que salvamento de náufragos en lucha por una tabla, o carrera por salir airoso y destacar. Por aquel entonces vivía en una buhardilla de la calle Calvo Asensio, barrio de Argüelles. Dijo Baroja, refiriéndose al día que lo visitó: “Don Ramón vivía en un cuartucho pequeño, con una cama en el suelo y una caja como mesa de noche. Tenía en la pared tres o cuatro clavos, en donde colgaba todas sus ropas.” Pero también añade: “Nuestras normas de vida eran distintas y nuestras estéticas se oponían. Fascinado por él lo he estado siempre”. Creo que la ambivalencia de sentimientos en la relación con Valle, eran frecuentes entre los más cercanos. Veamos la razón de las dos vertientes: Amenaza Valle con una botella al grito de ¡”Majadero! ¡Majadero!”, a Manuel Bueno Bengoechea, escritor y periodista, por discrepancias en una tertulia del llamado Café de la Montaña. Manuel Bueno, propina un bastonazo a Valle en el brazo que, astillando los huesos, origina la necesidad de amputación y la consecuente manquedad. Hubo un encuentro posterior de ambos, donde Valle-Inclán dijo a Manuel Bueno: “Mira Bueno, lo pasado, pasado está. Aún me queda la mano derecha para estrechar la tuya.”
La rosa en Valle tiene un valor simbólico y, acaso, onírico, salpicados dentro de su obra. Son poemas y es teatro los que incluyen en sus títulos la flor; son poemas modernistas casi todos, además de una farsa y un esperpento: deshojada o de papel, la rosa, en estos casos últimos. Un símbolo como la niña y el acanto dice el propio autor que es la rosa para él. También aparece en los ensayos de La Lámpara maravillosa, y en alguno de sus cuentos. Inocencia y candor defendidos por las espinas del tallo.

Rosa de túrbulos
Poema de Ramón María del Valle Inclán

Era una reina de raza maya,
era en un bosque de calisaya,
y era la aurora. Daba el bulbul,
sobre mi estrella su melodía,
y en los laureles que enciende el día
daba mi alma su grito azul.

Crepusculares moscas de oro
abren su vuelo como un tesoro,
bordoneando con el calor.
Aroma el árbol de la canela,
y en el potrero se desconsuela
una vihuela de payador.

Indios que el tiempo cuentan por lunas
guían su esquife por las lagunas,
y por las selvas profundas van
ciervos y tigres. Sobre las lomas
eran los toros, y las palomas
bajo los vuelos del alcotán.

El lago canta versos solares,
y ondula la onda con malabares
juegos de luces, su indo chaúl.
Arduos jinetes como centauros
riñen combates contra los sauros
en la armoniosa ribera azul.

Y las pirámides con escrituras
de arcanas lenguas, y signaturas
de rudos soles, su sombra dan.
Y va graznando con negro vuelo,
por la turquesa magna del cielo,
el zopilote de Yucatán.

Entre las grietas de la pirámide
deja la sierpe su verde clámide,
y se hipnotiza frente a la luz.
Sobre las piedras con jeroglíficos
hace sus largos sueños científicos:
en la cabeza tiene una cruz.

Vuela la hamaca con ritmo lento,
las rosas frescas se dan al viento,
suelto en la fronda vuela el faisán.
Se enciende el día, la selva aroma,
la hamaca vuela, la niña asoma
un pie de oro bajo el fustán.

Rojos claveles prende en la rolla,
rojos corales al cuello enrolla,
rojo pecado sus labios son,
y sus caderas el anagrama
de la serpiente. Con roja llama
pintó su boca la tentación.

Era una reina de raza maya,
era en un bosque de calisaya,
y era la aurora. Daba el bulbul
sobre mi estrella su melodía,
y en los laureles que enciende el día
daba mi alma su grito azul.

Rosa de Túrbulos
Poema de Ramón del Valle-Inclán
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana

Era uma rainha de raça maia,
era num bosque de calisaia,
e era a aurora. Dava o bulbul
sobre minha estrela sua melodia,
e nos loureiros que acende o dia
dava minha alma seu grito azul.

Crepusculares moscas de ouro
abrem seu voo como um tesouro,
guitarreando com o calor.
Aroma a árvore da canela,
e no potreiro pronto se apena
uma cítara de bom cantor.

Índios que o tempo contam por luas
guiam seu esquife pelas lagunas,
e pelas selvas profundas vão
cervos e tigres. Sobre as encostas
eram os touros, eram as pombas
baixo os voos do alto falcão.

O lago canta versos solares,
e ondula a onda com malabares
jogos de luzes, seu manto hindu.
Arriscados ginetes como centauros
rinham combates contra os sauros
na harmoniosa beirada azul.

E as pirâmides com escrituras
de arcanas línguas, e assinaturas
de rudes sóis, sua sombra dão.
E vai grasnando com negro voo,
pela turquesa magna do cosmo,
o zopilote de Yucatão.

Entre as gretas da alta pirâmide
deixa a serpe seu verde clâmide,
e se hipnotiza em frente à luz.
Sobre as pedras com hieroglíficos
faz seus longos sonhos científicos:
na cabeça tem uma cruz.

Voa a rede com ritmo lento,
as rosas frescas se dão ao vento,
solto na espessura voa o faisão.
Se acende o dia, a selva aroma,
a rede voa, a menina assoma
um pé de ouro baixo o fustão.

Minha rainha maia languidescia
sobre a rede. Dourando o dia,
era dourada baixo o huipil,
se abanicava com uma rosa,
dizia sua rede, com cadenciosa
curva de opio, versos de Abril.

Vermelhos cravos prende na rolha,
vermelhos corais ao colo enrolha,
vermelho pecado seus lábios são,
e seus quadris o anagrama
da serpente. Com vermelha chama
pintou sua boca a tentação.

Era uma rainha de raça maia,
era num bosque de calisaia,
e era a aurora. Dava o bulbul
sobre minha estrela sua melodia,
e nos loureiros que acende o dia
dava minha alma seu grito azul.

PSdeJ Traducido al final de abril de 2017

Rosa del paraíso
Poema de Ramón María del Valle Inclán

Esta emoción divina es de la infancia,
cuando felices el camino andamos
y todo se disuelve en la fragancia
de un Domingo de Ramos.

El campo verde de una tinta tierna,
los montes mitos de amatista opaca,
la esfera de cristal como una eterna
voz de estrellas. ¡Un ídolo la vaca!

Aladas sombras en la gracia intacta
del ocaso poblaron los senderos,
y contempló la luna, estupefacta,
el paso de los blancos mensajeros.

Negros pastores, quietos en los tolmos,
adivinan la hora en las estrellas.
Cantan todas las hojas de los olmos,
la mano azul del viento va entre ellas.

El agua por las hierbas mueve olores
de frescos paraísos terrenales,
las fuentes quietas oyen a las flores
celestes, conversar en sus cristales.

Con reflejos azules y ligeros
el mar cantaba su odisea remota,
gentil de luces bajo los luceros
que a los bajeles dicen la derrota.

Mi bajel, en el claro de la luna,
navegaba impulsado por la brisa,
sob ocultos caminos de fortuna…
¡Era el cielo cristal, canto y sonrisa!

Con el ritmo que vuelan las estrellas
acordaba su ritmo la resaca,
y peregrina en las doradas huellas
fue sobre el mar una nocturna vaca.

En mi ardor infantil no cupo el miedo,
la vaca vino a mí, de luz dorada,
y en sus ojos enormes, con el dedo
quise tocar la claridad sagrada.

Rosa do Paraíso
Autor: Ramón del Valle-Inclán
Tradução: Pedro Sevylla de Juana

Esta emoção divina é da infância,
quando felizes o caminho andamos
e tudo se dissolve na fragrância
dum Domingo de Ramos.

O campo verde de uma tinta terna,
os montes mitos de ametista opaca,
a esfera de cristal como uma eterna
voz de estrelas. Um ídolo a vaca!

Aladas sombras na graça intacta
do ocaso povoaram os sendeiros,
e contemplou a lua, estupefata,
o passo dos brancos mensageiros.

Negros pastores, quietos nos penedos,
adivinham a hora nas estrelas.
Cantam todas as folhas dos olmedos,
a mão azul do vento vai entre elas.

A água pelas ervas move olores
de frescos paraísos terrenais,
as fontes plácidas ouvem às flores
celestes, conversar em seus cristais.

Com reflexos azuis e ligeiros
o mar cantava sua odisseia remota,
gentil de luzes baixo os luzeiros
que aos baixeis dizem a derrota.

Meu baixel, no claro da lua,
navegava pela brisa impulsionado,
sobre ocultos caminhos de fortuna…
Era o céu cristal, sorriso e canto!

Com o ritmo que voam as estrelas
lembrava seu ritmo a ressaca,
e peregrina nas impressões amarelas
foi sobre o mar uma noturna vaca.

Em meu ardor infantil não coube o medo,
a vaca vejo a mim, de luz dourada,
e em seus olhos enormes, com o dedo
quis tocar a clareza sagrada.

Rosa matinal
Poema de Ramón María del Valle Inclán

Ante la parda tierra castellana,
se abre el verde milagro de una tierra
cristalina, en la paz de la mañana,
y el castañar comienza con la sierra.

El agrio vino, las melosas niñas,
la vaca familiar, el pan acedo,
un grato son de flauta entre las viñas,
y un místico ensalmar en el robledo.

El dionisiaco don de los molinos
enciende las divinas represalias,
y junta ramos celtas y latinos
en trocaicos cantares de faunalias.

Raptada, por la escala de la Luna,
la sombra de Tristán conduce a Iseo,
y amanece en las ondas sobre una
barca de luz, el áureo Cebedeo.

Al coro de la vieja romería
que tiene su camino en las estrellas,
la maternal virtud de la Mahía
lleva el triunfo de sus cien doncellas.

En un verde cristal de relicario,
son de esmalte los valles pastoriles,
tienen la gracia núbil del plenario
de las doncellas en los veinte abriles.

Al pie de las solanas abaciales
sinfoniza el bordón de las colmenas,
y en los huertos, en sombras de frutales,
dan su agreste fragancia las entenas.

Se enfonda y canta en las sonoras hoces
el Sil divino, de dorada historia,
y la gaita de grana da sus voces
montañera. ¡Del Celta es la Victoria!

Rosa matinal
Poema de Ramón María del Valle Inclán
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana

Ante a parda terra castelhana,
se abre o verde milagre duma terra
cristalina, no sossego da alvorada,
e o castanhal começa com a serra.

O acre vinho, as melosas meninas,
a vaca familiar, o pão acedo,
um grato som de flauta entre as vinhas,
e um místico ensalmar no roboredo.

O dionisíaco dom dos moinhos
acende as divinas represálias,
e junta ramos celtas e latinos
em trocaicos cantares de faunalias

Raptada, pela escala da Lua,
a sombra de Tristán conduz a Iseo,
e amanhece nas ondas sobre uma
barca de luz, o áureo Cebedeo.

Ao coro da velha romaria
que tem seu caminho nas estrelas,
a maternal virtude da Mahía
leva o triunfo de suas cem donzelas.

Num verde cristal de relicário,
são de esmalte os vales pastoris,
têm a graça núbil do plenário
das donzelas nos vinte abris.

Ao pé das solamas abaciais
sinfoniza o bordão das colmeias,
e nos hortos, em sombras de frutais,
dão sua agreste fragrância as antenas.

Se aprofunda e canta nas sonoras gargantas
o Sil divino, de dourada história,
e a gaita de grana dá suas falas
montanheira. Do Celta é a Vitória!

Rosa de Saulo
Poema de Ramón María del Valle Inclán

Fue mi grito de amor brama guerrera,
fue de Heracles mi furia redentora.
¡Sobre los hombros pieles de pantera!
¡Sobre la frente rosas de la aurora!

Amé el gladio y el salto cuando era
en el comienzo de la vida.
Ahora el délfico laurel de mi cimera
bajo la tempestad se dobla y llora.

En mi frente era luz el áureo casco
helénico. Al vencido Prometeo
fui a dar la libertad sobre el peñasco,

y alzando sus cadenas por trofeo
vi a Cristo en el camino de Damasco.
¡Ego credebam et laudavi deo!

Rosa de Saulo
Poema de Ramón del Valle Inclán
Tradução: Pedro Sevylla de Juana

Foi meu grito de amor brama guerreira,
foi de Heracles minha fúria redentora.
Sobre os ombros peles de pantera!
Sobre a frente rosas da aurora!

Amei o gládio e o salto quando era
no começo de esta vida.
Agora o délfico laurel de minha cimeira
baixo a tempestade se dobra e chora.

Em minha frente era luz o áureo casco
helénico. Ao vencido Prometeo
fui dar a liberdade sobre o penhasco,

e alçando suas cadeias como prémio
vi a Cristo no caminho de Damasco.
¡Ego credebam et laudavi deo!

El pasajero
Soneto de Ramón del Valle-Inclán

¡Tengo rota la vida! En el combate
de tantos años ya mi aliento cede,
y al orgulloso pensamiento abate
la idea de la muerte, que lo obsede.

Quisiera entrar en mí, vivir conmigo,
poder hacer la cruz sobre mi frente,
y sin saber de amigo ni enemigo,
apartado, vivir devotamente.

¿Dónde la verde quiebra de la altura
con rebaños y músicos pastores?
¿Dónde gozar de la visión tan pura

que hace hermanas las almas y las flores?
¿Dónde cavar en paz la sepultura
y hacer místico pan con mis dolores?

O passageiro
Soneto de Ramón del Valle-Inclán
Tradução: Pedro Sevylla de Juana

Tenho rompida a vida! No combate
de tantos anos já meu alento cede,
e ao orgulhoso pensamento abate
a ideia da morte, que o obsede.

Quisesse entrar em mim, viver comigo,
poder fazer a cruz sobre minha frente,
e sem saber de amigo ou inimigo,
apartado, viver devotamente.

Onde a verde quebra da altura
com rebanhos e músicos pastores?
Onde gozar da visão tão pura

que faz irmãs as almas e as flores?
Onde cavar em paz a sepultura
e fazer místico pão com minhas dores?

Poemas traducidos por PSdeJ sobre textos de la Cátedra Valle-Inclán

Despedida de Valle Inclán

Te dejo mi cadáver, reportero.
El día que me lleven a enterrar,
fumarás a mi costa un buen veguero,
te darás en «La Rumba» un buen yantar (…)
Para ti mi cadáver, reportero
mis anécdotas todas para ti.
Le sacas a mi entierro más dinero
que en mi vida mortal yo nunca vi

(Carta de Valle-Inclán a Pérez de Ayala, 04-02-1933)

Te deixo meu cadáver, jornalista.
No dia que me levem a enterrar,
fumarás um bom charuto a custa minha,
te darás em «A Rumba» um bom jantar (…)
Para ti meu cadáver, jornalista
minhas anedotas todas para ti.
Sacas do meu enterro tanta guita
que em minha vida mortal eu nunca vi
(Tradução de Pedro Sevylla de Juana)

Trabajo completo en
http://pedrosevylla.com/valle-inclan/

 

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José Régio

Portugal, hermano de Castilla en mi idea de castellano; ignorante yo de si esa posición fraterna es compartida en Portugal, aunque algo he ido encontrando en su literatura, en los amigos, y creo que algo hay de ello; Portugal y Castilla, no digo España, porque España es un conglomerado de territorios disímiles, pertenecientes estos a una península-isla, que han de vivir juntos por geografia, rompecabezas que se encaja y desencaja con una periodicidad variable; donde la gente, la gente por encima de todo, está tan entrelazada: viajes, parientes, amigos, economía, que el país existe o no en la idea de la gente, y eso es todo. Portugal y Castilla, siempre en disputas de familia, son los pueblos que más se parecen dentro de los peninsulares.
Mi idea de Portugal se fue haciendo desde la escuela. Nací durante la dictadura, durante las dictaduras de los dos países, y esa circunstancia marca camino y andadura. Viriato era un pastor lusitano que, sin embargo era un héroe nuestro. Lusitano ponía el escritor de la Enciclopedia Escolar, Lusitano porque Portugal aún no existía, o como eufemismo; o ambas cosas.
Sin embargo, mi primera visita a Portugal fue un viaje de fin de estudios: Lisboa como resumen, nos dijeron. No era cierto, nunca la capital es el resumen aunque sea la suma, el centro centrípeto, el imán que todo lo atrae y lo hace suyo. Cecília Meireles decía de sí, que amaba a todas las personas según las iba conociendo; la comprendí, porque yo amo a todos los países que conozco, y conocer significa engullir: geografía, historia, cultura, costumbres, población, todo. Portugal no era un destino generalizado en mis tiempos jóvenes, y recorrí todo el centro en transporte público durante un mes, rompiendo tópicos: estancias de días en cada uno de los lugares.
De Ayamonte a Castro Marín, en barco, fue una puerta de entrada a Portugal, y lo fue Rosal de la Frontera, viniendo de Marruecos y Gibraltar: a Gibraltar llegado desde Marruecos, verja cerrada. En tiempos de la Revolución de los Claveles, llegando a Lisboa en autocar por el puente Salazar, pasando los controles policiacos con miedo a ser retenido. Miedo lógico pues el pasaporte llevaba aún los sellos de entrada y salida de Checoslovaquia, entonces tras el telón de acero, y ya tuve problemas al pasar de Alemania a Austria y a Italia.

Tomé partido entonces —claveles en los caños de los fusiles como tópico, “Pides na grelha” era el título de un espectáculo de Lisboa- Pide: policía internacional de defensa del estado. Viví la situación de encantamiento popular en primera persona, el interés inmediato por la marcha de los acontecimientos imparables, el consumo de prensa ya desde las camionetas de reparto. Tomé partido más tarde, siendo apoiante del médico Fernándo Nobre en las elecciones presidenciales a las que concurrió: representante en Madrid de la campaña, lo conté en la novela Estela y Lázaro vertiginosamente. La escritura, tanto como la lectura: Eça de Queiroz , Aquilino Ribeiro; o acaso como consecuencia, me llevaron a Portugal. La novela titulada “Las mujeres del sacerdote” transcurre en las tierras fronterizas de la Dehesa Extremeña, en torno al río Gévora o Xévora, dependiendo del tramo; y tierra y personas de ambos lados de la raya fueron encontrando acomodo en la historia. Personas entrañables como “el profesor Tructesindo Queiroz, portalegrense instruido en Évora y Lisboa, que explicaba el sistema solar sirviéndose de manzanas colgadas del techo con bramante de distinta longitud. Poseía el preceptor una formación sólida tanto en ciencias como en letras, y al conocer el reclamo del señor de la Dehesa, difundido a un lado y a otro de la frontera, se explicó con éxito en una conversación mantenida en pulcro castellano”.
Documentándome para esa novela llegué al Alentejo. Amaba ya Évora, y comencé por allí, buscando un lugar para vivir en familia una larga temporada.

Recorrí el Alto Alentejo villa a villa; todas ellas muy bellas, ideales para vivir. En Portalegre tenía yo un amigo recién hecho, Nicolau Saião, escritor, dibujante, actor, pintor, filósofo, poeta y mucho más. Un amigo de mi edad con quien llegué a tener una amistad fraterna, compartiendo el presente día tras día a través de internet, entrando a formar parte del grupo de intelectuales que él aglutinaba. Era entonces, además, responsable del Centro de Estudios José Régio y lo fue durante catorce años. Él me descubrió a José Régio, él me trasmitió su admiración y algunos conocimientos; a él le debo el impulso actual que me lleva a difundir aquí la extraordinaria obra de ese autor tan singular. Era lunes cuando llegué a Portalegre. Al lado del hotel estaba el precioso edificio de la Biblioteca Municipal. La biblioteca fue el primer lugar que visité en Portalegre. Como tarjeta de presentación llevaba un libro: Del elevado vuelo del halcón. Fui recibido por la directora, Olga Ribeiro, haciendo gala ella de un alto sentido de la hospitalidad. Amiga desde entonces, con frecuente intercambio de correos, también ella me trasmitió su entusiasmo por la obra del polifacético vecino nacido en Vila do Conde.
Me acerqué, luego, a la Casa-Museu José Régio; pero solo pude hacer fotos del exterior, descansaba los lunes. Vi inmobiliarias, vi casas para alquilar, apartamentos, conversé con los vecinos que me indicaban lugares… Al anochecer, los vientos de todas las enfermedades, conocidas y desconocidas, me tuvieron como centro de su enojo, dejándome rendido durante horas en un banco de hierro de Praça da República.

Alabanza de Portalegre
Poema de Pedro Sevylla de Juana

Arrastrando las pesadas cadenas incorpóreas
de la arbitraria angustia vital,
unidas a los grillos presidiarios de múltiples pesares
y a una debilidad física extrema,
con los zapatos gastados y las ropas raídas
-Heccehomo, Peergynt, por la calle Elvas
entré en Portalegre a medio día.

Viajaba desoyendo los dictados del Destino
sin brújula ni radio
sin cuadrante ni mapa,
buscando la tierra del queso y del aceite
manzanas, corcho, nueces y castañas;
y la entidad superior dominada por la furia
dispuso tan calamitosa llegada.

Portalegre
es uno de esos
asentamientos ciudadanos
que el hombre elevó sobre colinas,
subidas y bajadas, algún llano
perfil de hembra exuberante y atractiva.

No sé si fue el sosiego
de parques y jardines
la serenidad hallada en Corredoura,
el rumor del agua surgiendo de las fuentes,
el magisterio tímido de los museos:
casa de José Regio, donde aún se siente su aliento,
la reposada algarabía de Praça da República
o la conmovedora belleza de iglesias y conventos;
ignoro si influyó en mi decisión
la perfecta simetría de la Sé Catedral
la solidez del Castillo y la Muralla
la sincera amabilidad de las personas
y la confortante acogida de la Biblioteca;
pero de Portalegre hice punto de partida
dando un golpe de timón a la existencia.

Si hubiera llegado
tres mil años antes
pastor de ovejas entre alcornoques desnudos,
mi memoria hospedaría la jornada inolvidable
aprovechada por el desdichado Lísias
-hijo de Dionisio y nieto bastardo de Zeus
abatido
y esperanzado a partes iguales,
para colocar la primera piedra de Amaia
-Atalaião, Ribeiro de Baco iniciando
unas obras aún en marcha:
barrios nuevos que se alejan
del centro antiguo y de su frágil armonía
en constante peligro de quiebra.

La hermosa Maia
se hizo aldea,
fue creciendo hasta ser villa y ser ciudad
y es hoy la blanca y ocre Portalegre,
urbe de corazón generoso
donde permanecerá mi aliento
cuando muera del todo.

Louvor de Portalegre
Escrito e traduzido por Pedro Sevylla de Juana

Arrastando os pesados grilhões incorpóreos
da arbitrária angústia vital,
unidos aos ferros presidiários de múltiplos pesares
e uma debilidade física extrema,
com os sapatos gastos e as roupas descosidas
– Heccehomo, Peergynt –
pela rua de Elvas
entrei em Portalegre ao meio-dia.

Eu viajava desprezando os ditados do Destino
sem bússola nem rádio,
sem quadrante nem mapa,
em busca da terra do queijo e do azeite
das maçãs, cortiça, nozes e castanhas;
e a entidade superior dominada pela fúria
dispôs de tão calamitosa chegada.

Portalegre
é um desses
assentamentos cidadãos
que o homem elevou sobre colinas,
subidas e descidas, alguma planura
perfil de fêmea exuberante e atrativa.

Não sei se foi o sossego de parques e jardins
a serenidade achada em Corredoura
o murmúrio da água surgindo das fontes
o magistério tímido dos museus:
casa de José Regio, onde ainda se sente o seu alento,
a repousada algaravia da Praça da República
ou a beleza comovente de igrejas e conventos;
ignoro se influiu na minha decisão
a perfeita simetria da Sé Catedral,
a solidez do Castelo e a Muralha
a sincera amabilidade das pessoas
somadas ao confortante acolhimento da biblioteca;
mas de Portalegre fiz ponto de partida
dando um golpe de timão à existência.

Se tivesse chegado
três mil anos antes
eu pastor de ovelhas entre sobreiros nus
a minha memória hospedaria a jornada inesquecível
aproveitada pelo desditoso Lysias,
– filho de Dionisio e neto bastardo de Zeus –
abatido e esperançado em partes iguais
para colocar a primeira pedra da Amaia
– Atalaião, Ribeiro de Baco –
iniciando umas obras ainda em marcha:
novos bairros que se afastam do centro antigo
e da sua frágil harmonia
em constante perigo.
A formosa Maia
fez-se aldeia,
foi crescendo até ser vila e ser cidade
e hoje é a branca e ocre Portalegre,
urbe de coração generoso
onde permanecerá meu alento
quando eu morrer de todo.
PSdeJ

Con este y otros poemas de aquellos días, comencé a publicar en la prestigiosa Revista portuguesa TriploV, de Estela Guedes; con la que llevo más de seis años colaborando. Mis mejores poemas y relatos, las traducciones de los poetas brasileños están en sus páginas virtuales. El libro-revista Diversos, llevado adelante por José Carlos Marques durante y tiempo y tiempo, publicó mis traducciones de Brasil junto a las de los grandes poetas universales. Conocí, a raíz de aquello, a Joana Ruas, investigadora y escritora, posiblemente, la persona que más sabe de las colonias.
Ese camino zigzagueante me llevó a José Régio, a quien considero uno de los más
completos creadores de la moderna literatura portuguesa. En primer lugar, tal creador es un filósofo que se interroga sobre lo que le rodea, sobre su origen y objetivo. Llega así a Dios y a la sociedad, pasto inagotable para su entendimiento. Pensamiento y método lo llevan a crear un cuerpo de certezas del que hace norma de conducta personal. Es, en ese sentido, una persona consecuente. La obra emana de la vida, la vida emana de la obra. Han dicho que su obra rezuma misticismo, creo que revela humanidad, una humanidad social que va y lleva a alguna parte de interés. Su Dios es causa, pero, sobre todo, consecuencia. El teatro del mundo está formado por individuos actores; él lo sabe y lo tiene como premisa de sus silogismos. De ahí su sentido del humor. He traducido algunos de sus poemas donde se muestran estos rasgos.

Cântico negro
Poema de José Régio

«Vem por aqui» — dizem-me alguns com os olhos doces
Estendendo-me os braços, e seguros
De que seria bom que eu os ouvisse
Quando me dizem: «vem por aqui!”
Eu olho-os com olhos lassos,
(Há, nos olhos meus, ironias e cansaços)
E cruzo os braços,
E nunca vou por ali…
A minha glória é esta:
Criar desumanidades!
Não acompanhar ninguém.
— Que eu vivo com o mesmo sem-vontade
Com que rasguei o ventre à minha mãe
Não, não vou por aí! Só vou por onde
Me levam meus próprios passos…
Se ao que busco saber nenhum de vós responde
Por que me repetis: «vem por aqui!»?
Prefiro escorregar nos becos lamacentos,
Redemoinhar aos ventos,
Como farrapos, arrastar os pés sangrentos,
A ir por aí…
Se vim ao mundo, foi
Só para desflorar florestas virgens,
E desenhar meus próprios pés na areia inexplorada!
O mais que faço não vale nada.
Como, pois, sereis vós
Que me dareis impulsos, ferramentas e coragem
Para eu derrubar os meus obstáculos?…
Corre, nas vossas veias, sangue velho dos avós,
E vós amais o que é fácil!
Eu amo o Longe e a Miragem,
Amo os abismos, as torrentes, os desertos…
Ide! Tendes estradas,
Tendes jardins, tendes canteiros,
Tendes pátria, tendes tetos,
E tendes regras, e tratados, e filósofos, e sábios…
Eu tenho a minha Loucura !
Levanto-a, como um facho, a arder na noite escura,
E sinto espuma, e sangue, e cânticos nos lábios…
Deus e o Diabo é que guiam, mais ninguém!
Todos tiveram pai, todos tiveram mãe;
Mas eu, que nunca principio nem acabo,
Nasci do amor que há entre Deus e o Diabo.
Ah, que ninguém me dê piedosas intenções,
Ninguém me peça definições!
Ninguém me diga: «vem por aqui”!
A minha vida é um vendaval que se soltou,
É uma onda que se alevantou,
É um átomo a mais que se animou…
Não sei por onde vou,
Não sei para onde vou
Sei que não vou por aí!

Cántico Negro
Poema de José Régio
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

«Ven por aquí» — me dicen algunos con los ojos tiernos
tendiendome los brazos, y seguros
de que sería bueno que yo los escuchara.
Cuando me dicen: «ven por aquí!»
yo los miro con ojos lánguidos,
(Hay, en mis ojos, ironias y cansancios)
Y cruzo los brazos,
nunca voy por allí…
Mi gloria es esta:
Crear barbaridades!
No acompañar a nadie.
— Que yo vivo con el mismo desánimo
con que rasgué el vientre a mi madre
no, no voy por ahí! Sólo voy por donde
me llevan mis propios pasos…
Si a lo que quiero saber ninguno de vosotros responde
Por qué me repetís: «ven por aquí!»?
Yo prefiero resbalar en los callejones embarrados,
arremolinar vientos,
como andrajos, arrastrar los pies ensangrentados,
a ir por ahí…
Si vine al mundo, fue
solo para desflorar selvas vírgenes,
y dibujar mis pies en la arena inexplorada!
la mayor parte de lo que hago es inútil.
Cómo, pues, vais a ser vosotros
quienes me deis impulsos, herramientas y coraje
para derribar mis obstáculos? …
Corre, por vuestras venas , vieja sangre de los abuelos,
Amáis lo sencillo!
Me gusta lo Distante y el Espejismo
aprecio los abismos, los torrentes , los desiertos…
Id! Tienes carreteras,
tienes jardines, tienes parterres,
tienes patria, tienes techos,
y tienes normas, y tratados, y filósofos, y sabios…
Yo tengo mi locura!
La alzo como una antorcha ardiendo en la noche oscura
y siento espuma, y sangre, y cánticos en los labios…
Dios y el Diablo conducen, nadie más!
Todos tuvieron padre, todos tuvieron madre;
mas yo, que nunca comienzo ni acabo,
nací del amor existente entre Dios y el Diablo.
Ah, que nadie me entregue intenciones piadosas,
nadie me pida definiciones!
nadie me diga: ven por aquí”!
Mi vida es un vendaval que se desató,
y una ola que se elevó,
y un átomo más que se estimuló…
No sé por donde voy,
no sé hacia donde voy
sé que no voy por allí! 

Soneto de amor Poema de José Régio

Não me peças palavras, nem baladas,
Nem expressões, nem alma… Abre-me o seio,
Deixa cair as pálpebras pesadas,
E entre os seios me apertes sem receio.

Na tua boca sob a minha, ao meio,
Nossas línguas se busquem, desvairadas…
E que os meus flancos nus vibrem no enleio
Das tuas pernas ágeis e delgadas.

E em duas bocas uma língua…, — unidos,
Nós trocaremos beijos e gemidos,
Sentindo o nosso sangue misturar-se.

Depois… — abre os teus olhos, minha amada!
Enterra-os bem nos meus; não digas nada…
Deixa a Vida exprimir-se sem disfarce!

Soneto de amor
Poema de José Régio
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana

No me pidas palabras ni Salmos,
ni expresiones, ni alma… Ábreme el seno,
Deja caer los párpados pesados,
y entre los pechos apriétame sin recelo.

En tu boca debajo de la mia, en el medio,
Nuestras lenguas buscan, desvariadas…
Y que mis flancos desnudos vibren en el fuego
de tus piernas ágiles, delgadas.

Y en dos bocas una lengua … —unidos,
vamos a intercambiar besos y gemidos,
Sintiendo nuestra sangre mezclarse.

Después … – abre los ojos, mi amada!
entiérralos bien en los míos; no digas nada …
deje la vida expresarse sin disfraces!

Testamento do Poeta
Poema de José Régio

Todo esse vosso esforço é vão, amigos:
Não sou dos que se aceita… a não ser mortos.
Demais, já desisti de quaisquer portos;
Não peço a vossa esmola de mendigos.

O mesmo vos direi, sonhos antigos
De amor! olhos nos meus outrora absortos!
Corpos já hoje inchados, velhos, tortos,
Que fostes o melhor dos meus pascigos!

E o mesmo digo a tudo e a todos, – hoje
Que tudo e todos vejo reduzidos,
E ao meu próprio Deus nego, e o ar me foge.

Para reaver, porém, todo o Universo,
E amar! e crer! e achar meus mil sentidos!….
Basta-me o gesto de contar um verso.

Testamento del poeta
Poema de José Régio. Traduzido por Pedro Sevylla de Juana

Todo vuestro esfuerzo es vano, amigos:
no soy de los que se conforman… con no estar muertos.
además, ya renuncié a cualquier puerto;
no pido vuestro óbolo de mendigos.

Lo mismo os diré, sueños antiguos
de amor! ojos en los míos, una vez absortos!
cuerpos ya hoy torcidos, viejos, gordos,
que fuiste el mejor de mis ejidos!

Y lo mismo digo a todo y a todos, – ahora
que todo y todos veo reducidos,
a mi propio Dios niego, y el aire me abandona.

Para recuperar, sin embargo, todo el Universo,
y amar! y creer! y hallar mis mil sentidos! ….
me basta el gesto de contar un verso.

Obsessão
Poema de José Régio, à morte da su filhinha única

Sobre umas pobres rosas desfolhadas,
Vestidinha de branco, imóvel, fria,
Ela estava ali pronta para o fim.
Eu pensava: “De tudo, eis o que resta!”
E entre as pálpebrazinhas mal fechadas,
(Como um raio de sol por uma fresta)
O seu olhar inda me via,
E despedia-se de mim.

Despedir-se, porquê?, se nunca mais,
Sobre essas pobres rosas desfolhadas,
A deixei eu de ver…, imóvel, fria.
Pois eu, acaso vivo onde apareço?
Lutas, ódios, amores, sonhos de glória, ideais,
Tudo me esqueceu já! Só não esqueço,
Entre as pálpebrazinhas mal fechadas,
Aquele olhar que inda me via.

Obsessão
Poema de José Régio, a la muerte de su hijita única
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana

Sobre unas pobres rosas deshojadas
vestidita de blanco, inmóvil, fría,
ella estaba allí dispuesta para el fin.
Yo pensaba: “¡De todo lo existente, he aquí lo que queda!”
y entre los parpaditos mal cerrados,
(como un rayo de sol por una rendija)
su mirada aún me veía,
y se despedía de mí.

Despedirse, ¿por qué?, si nunca más,
la dejé de ver…, inmóvil, fría,
pues yo, ¿acaso vivo donde aparezco?
Luchas, odios, amores, sueños de gloria, ideales,
¡todo, todo, todo, me olvidó ya! Solamente no olvido,
entre los parpaditos mal cerrados
aquella mirada que aún me veía.

Traduzco aquí, por su interés, un fragmento del artículo de Enrico Martines, de la Università degli studi di Parma, publicado en este enlace: https://www.researchgate.net/publication/266903313_Os_poemas_dispersos_de_jose_Regio

“Al analizar las razones de no incluir José Régio tantos poemas en el canon de volúmenes poéticos, es preciso prestar atención a la evolución de la obra del multifacético escritor de Vila do Conde. Manifiesta él, después de la publicación de Mas Deus é Grande —quinto volumen de poesía en menos de veinte años— un progresivo apartamiento de este género literário; para decirlo más ajustado, pasa a ser más urgente para José Régio, a partir del final de la década de los años cuarenta , la necesidad de afirmar otras facetas de su arte, claramente el teatro o la novela; la escasa disposición para componer versos (testimoniada, a partir de aquel periodo, en varios trechos de su diario íntimo) se debía también a la orgullosa intención de demostrar que era tan buen novelista o dramaturgo como poeta, al contrario de lo que la crítica parecía sugerir. Si los manuscritos compilados hasta los años treinta contiene varios planes de publicación de libros de versos, el escribe en 1950, en ‘Noticia de esta edición’ que introduce la colección de la obra de José Régio:”
“También a esta edición completa de mi poesía pertenecerán cualesquiera otros libros de versos que venga a producir; pues me inclino a creer que no voy a producir ninguno más: Supongo que me llegarán, escasamente, el entusiasmo y la vida para trabajar en otros géneros que aún, en ocasiones, me parece poder realizar”

Trabajo completo em
http://pedrosevylla.com/jose-regio/

 

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César Vallejo

“Yo nací un día que Dios estuvo enfermo”: repitió Vallejo. Un simple catarro, seguramente; o un terrible dolor de muelas, vaya usted a saber. Tiene su importancia el hecho de nacer un 16 de marzo, como es mi caso, aunque fuera forzado por errores médicos; porque César Vallejo nació en ese 16, y en ese marzo, pero de 1892. Fue en otro siglo y en el hemisferio Sur, así que de César Vallejo espero algún paralelismo y cierta simetría, que vayan más allá del dolor común sobre las enormes y crecientes diferencias sociales. Y si uno es agricultor de nacimiento como es mi caso, algo parecido a lo sucedido a Vallejo… La tierra sufre, las plantas, las piedras, los insectos. El hombre y la mujer. Todo Sufre. Todo goza. Todo no es todo, tampoco es nada; todo es una parte pequeña de la naturaleza: planetas de allá no cuentan, ni estepa, ni tundra, ni sabana. Está el baile, la danza, la pintura, los bautizos. ¿Lo ves Vallejo? ¿Lo sientes? Y está el hombre amarrado a lo ajeno, como en yunta de bueyes. Los sabores del pan recién cocido, lo sencillo, el olor a tierra abierta en surcos. La mujer atada al hombre, el hombre atado al dueño. París, al fin y al cabo. “Pero dadme un pedazo de pan en que me pueda sentar».

¡Amado sea aquel que tiene chinches,
el que lleva zapato roto bajo la lluvia,
el que vela el cadáver de un pan con dos cerillas,
el que se coge un dedo en una puerta,
el que no tiene cumpleaños,
el que perdió su sombra en un incendio,
el animal, el que parece un loro,
el que parece un hombre, el pobre rico,
el puro miserable, el pobre pobre! : dijo César Vallejo a mitad de un poema titulado traspié entre dos estrellas.

¨César Vallejo era sombrío tan solo exactamente, como un hombre que hubiera estado en la penumbra, arrinconado durante mucho tiempo. Era solemne por naturaleza y su cara parecía una máscara inflexible, casi hierática. Pero la verdad interior no era esa. Yo lo vi dar saltos escolares de alegría. Después volvía a su soledad, y a su sumisión volvía: Dijo Neruda de Vallejo.
Dijo Nicolás Guillen: ¨Vallejo era un hombre silencioso, magro, indio de pelo atesado y liso. Me decía `negro’ como es costumbre afectuosa en su país con las personas de mi tipo. Me dolió mucho su muerte. Admiro mucho su dramática poesía. Respeto mucho su vida dolorosa, sincera, desinteresada, con hambre y rebeldía. Creo mucho en él¨.

La poesía es dúctil y maleable: hilos finísimos que vengan y vayan de lo lejos a lo lejos, panes de oro que todo lo recubran vistiéndolo de belleza incontaminada, incontaminable. La poesía es un pozo sin fondo donde todo se acomoda, incluidas las numerosas contradicciones personales del poeta. La poesía es la amiga que en los días claros puede ser amante sin dejar de ser aquella amiga de los días turbios. Aquí van, haciéndolos míos, poemas dispersos de César Vallejo, llevados a la intención ecléctica. Aceptándolos, recibiéndolos en mi casa, habitación de invitados, la mejor de todas; haciéndolos míos: porque en eso consiste mi traducción. Un día de esos tan numerosos y tan grandes de Brasil, me dije al iniciar un traslado de contenido de un idioma al otro: «Voy a inaugurar el alma de un amigo». Hoy sé a quién pertenecía esa alma y quien era ese amigo. Despertar al nacer el sol, avanzar por la mañana de trinos de ruiseñores y calandrias; de chozpidos de gatos solitarios y caballos domesticados; subir las cuestas de los páramos para ver un tramo llano del curso del río Nubis, la tierra parda verdeando en primavera de trigales, el azul del cielo manchado de blanco. Llovía aquella noche, y aún llueven pétalos de rosa transformados en colibríes. Todo lo veía el Cóndor andino desde arriba, y así me lo contó, tal que lo escribo, escribano, a su dictado.

Los Heraldos Negros
Poema de César Vallejo

Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé.
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… Yo no sé.

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre… Pobre… pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como un charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes … Yo no sé!

Os arautos negros
Poema de César Vallejo
Tradução: Pedro Sevylla de Juana

Há golpes na vida, tão fortes… Eu não sei.
Golpes como do ódio de Deus; como se diante eles,
a ressaca de todo o suportado
se empoçara na alma… Eu não sei.

São poucos; mas são… Abrem valetas escuras
no rosto mais feroz e no lombo mais forte.
Serão talvez os potros de bárbaros átilas;
ou os heraldos negros que nos envia a Morte.

São as quedas fundas dos Cristos da alma,
de alguma fé adorável que o Destino blasfema.
Esses golpes sangrentos são as crepitações
de algum pão que na porta do forno se nos queima.

E o homem… Coitado… infeliz! Volta os olhos, como
quando sobre o ombro nos chama uma palmada;
volta os olhos loucos, e todo o vivido
se empoça, como um charco de culpa, na mirada.

Há golpes na vida, tão fortes … Eu não sei!

Nervazón de Angustia
Poema de César Vallejo

Dulce hebrea, desclava mi tránsito de arcilla;
desclava mi tensión nerviosa y mi dolor…
Desclava, amada eterna, mi largo afán y los
dos clavos de mis alas y el clavo de mi amor!

Regreso del desierto donde he caído mucho;
retira la cicuta y obséquiame tus vinos:
espanta con un llanto de amor a mis sicarios,
cuyos gestos son férreas cegueras de Longinos!

Desclávame mis clavos ¡oh nueva madre mía!
¡Sinfonía de olivios, escancia tu llorar!
Y has de esperar, sentada junto a mi carne muerta,
cuál cede la amenaza, y la alondra se va!

Pasas… vuelves… Tus lutos trenzan mi gran cilicio
con gotas de curare, filos de humanidad,
la dignidad roquera que hay en tu castidad,
y el judithesco azogue de tu miel interior.

Son las ocho de una mañana en crema brujo….
Hay frío….Un perro pasa royendo el hueso de otro
perro que fue….Y empieza a llorar en mis nervios
un fósforo que en cápsulas de silencio apagué!

Y en mi alma hereje canta su dulce fiesta asiática
un dionisiaco hastío de café….!

Nervura de Angústia
Poema de César Vallejo
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

Doce hebraica, desprega meu trânsito de argila;
desprega minha tensão nervosa e minha dor….
Desprega, amada eterna, meu longo afã e os
dois pregos de minhas asas e o prego de meu amor!

Regresso do deserto onde desci muito;
retira a cicuta e obsequia-me teus vinhos:
espanta com um pranto de amor a meus sicários,
cujos gestos são férreas cegueiras de Longinos!

Desprega meus pregos, oh nova mãe minha!
Sinfonia de oliveiras, escanceia teu chorar!
E tens de esperar, sentada junto a minha carne morta,
qual cede a ameaça, e a calandra se vai!

Passas… voltas… Teus lutos entrançam meu grande cilício
com gotas de curar, fios de humanidade,
a dignidade roqueira que há em tua castidade,
e o judithesco azougue de teu mel interior.

São as oito duma manhã em creme bruxo….
Há frio….Um cão passa roendo o osso de outro
cão que foi….E começa a chorar em meus nervos
um fósforo que em cápsulas de silêncio apaguei!

E em minha alma herege canta sua doce festa asiática
um dionisíaco fastio de café….!

El poeta a su amada
Poema de César Vallejo

Amada, en esta noche tú me has crucificado
sobre los dos maderos curvados de mi beso;
y tu pena me ha dicho que Jesús ha llorado,
y que hay un viernesanto más dulce que ese beso.

En esta noche rara que tanta me has mirado,
la Muerte he estado alegre y ha cantado en su hueso.
En esta noche de setiembre se ha oficiado
mi segunda caída y el más humano beso.

Amada, moriremos los dos juntos, muy juntos;
se irá secando a pausas nuestra excelsa amargura;
y habrán tocado a sombra nuestros labios difuntos.

Y ya no habrá reproches en tus ojos benditos;
ni volveré a ofenderte. Y en una sepultura
los dos dormiremos, como dos hermanitos.

O poeta à sua amada
Poema de César Vallejo
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

Amada, nesta noite tu me crucificaste
sobre os dois madeiros curvados de meu beijo;
e tua pena me disse que Jesus tem chorado,
e que há uma sextasanta mais doce que esse beijo.

Nesta noite rara que tanta me olhaste,
a Morte esteve alegre e cantou em seu osso.
Nesta noite de setembro tem-se oficiado
minha segunda queda e o mais humano beijo.

Amada, morreremos os dois juntos, muito juntos;
se irá secando a pausas nossa excelsa amargura;
e terão tocado a sombra nossos lábios defuntos.

E já não terão reproches teus olhos benditos;
nem voltarei a te ofender. E numa sepultura
os dois dois dormiremos, como dois irmãozinhos.

Verano
Poema de César Vallejo

Verano, ya me voy. Y me dan pena
las manitas sumisas de tus tardes.
Llegas devotamente; llegas viejo;
y ya no encontrarás en mi alma a nadie.

¡Verano! y pasarás por mis balcones
con gran rosario de amatistas y oros,
como un obispo triste que llegara
de lejos a buscar y bendecir
los rotos aros de unos muertos novios.

Verano, ya me voy. Allá, en setiembre
tengo una rosa que te encargo mucho;
la regarás de agua bendita todos
los días de pecado y de sepulcro.

Si a fuerza de llorar el mausoleo,
con luz de fe su mármol aletea,
levanta en alto tu responso, y pide
a Dios que siga para siempre muerta.
Todo ha de ser ya tarde;
y tú no encontrarás en mi alma a nadie.

Ya no llores, Verano! En aquel surco
muere una rosa que renace mucho…

Verano
Poema de César Vallejo
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

Verão, já me vou. E me dão pena
as mãozinhas submissas de tuas tardes.
Chegas devotamente; chegas velho;
e já não encontrarás em minha alma a ninguém.

Verão! e passarás por meus balcões
com grande rosário de ametistas e ouros,
como um bispo triste que chegasse
de longe a procurar e abençoar
os rompidos aros duns mortos noivos.

Verão, já me vou. Lá, em setembro
tenho uma rosa que te encarrego muito;
a regarás de água bendita todos
os dias de pecado e de sepulcro.

Se a força de chorar o mausoléu,
com luz de fé seu mármore adeja,
levanta em alto teu responso, e pede
a Deus que siga para sempre morta.
Todo tem de ser já tarde;
e tu não encontrarás a ninguém na minha alma.

Já não chores, Verão! Naquele sulco
morre uma rosa que renasce muito…

Nostalgias imperiales
Poema de César Vallejo

En Los paisajes de Mansiche labra
imperiales nostalgias el crepúsculo;
y lábrase la raza en mi palabra,
como estrella de sangre a flor de músculo.

El campanario dobla… No hay quien abra
la capilla… Diríase un opúsculo
bíblico que muriera en la palabra
de asiática emoción de este crepúsculo.

Un poyo con tres patas, es retablo
en que acaban de alzar labios en coro
la eucaristía de una chicha de oro.

Más allá de los ranchos surge al viento
el humo oliendo a sueño y a establo,
como si se exhumara un firmamento.

Nostalgias imperiais
Poema de César Vallejo
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

Nas paisagens de Mansiche lavra
imperiais nostalgias o crepúsculo;
e se lavra a raça em minha palavra,
como estrela de sangue para flor de músculo.

O campanário dobra… Não há quem abra
a capela… Se diria um opúsculo
bíblico que morresse na palavra
de asiática emoção deste crepúsculo

Um poial com três patas, é retábulo
em que acabam de alçar lábios em coro
a eucaristia duma chicha de ouro.

Para além dos ranchos surge ao vento
a fumaça cheirando a sonho e a estábulo,
como se se exumara um firmamento.

Los dados eternos
Poema de César Vallejo

___Para Manuel González Prada, esta emoción
___bravía y selecta, una de las que, con más entusiasmo,
___me ha aplaudido el gran maestro.

Dios mío, estoy llorando el ser que vivo;
me pesa haber tomádote tu pan;
pero este pobre barro pensativo
no es costra fermentada en tu costado:
¡tú no tienes Marías que se van!

Dios mío, si tú hubieras sido hombre,
hoy supieras ser Dios;
pero tú, que estuviste siempre bien,
no sientes nada de tu creación.
¡Y el hombre sí te sufre: el Dios es él!

Hoy que en mis ojos brujos hay candelas,
como en un condenado,
Dios mío, prenderás todas tus velas,
y jugaremos con el viejo dado.
Tal vez ¡oh jugador! al dar la suerte
del universo todo,
surgirán las ojeras de la Muerte,
como dos ases fúnebres de lodo.

Dios míos, y esta noche sorda, obscura,
ya no podrás jugar, porque la Tierra
es un dado roído y ya redondo
a fuerza de rodar a la aventura,
que no puede parar sino en un hueco,
en el hueco de inmensa sepultura.

Os Dados Eternos
Poema de César Vallejo
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

___Para Manuel González Prada, esta emoção bravia
___e seleta, uma das que, com mais entusiasmo,
___me aplaudiu o grande mestre.

Deus meu, estou chorando o ser que vivo;
me pesa ter te tomado teu pão;
mas este pobre varro pensativo
não é crosta fermentada em teu custado:
tu não tens Marias que se vão!

Deus meu, se ontem tivesses sido homem,
hoje soubesses ser um Deus;
mas tu, que estiveste sempre bem,
não sentes nada de tua criação.
E o homem sim te sofre: o Deus é ele!

Hoje que em meus olhos bruxos há candeias,
como num condenado,
Deus meu, acenderás todas tuas velas,
e jogaremos com o velho dado.
Talvez oh jogador! ao dar a sorte
do universo tudo,
surgirão as olheiras da Morte,
como duas ases fúnebres de lodo.

Deus meus, e esta noite surda, escura,
já não poderás jogar, porque a Terra
é um dado roído e já redondo
a força de rodar à aventura,
que não pode parar senão num oco,
no oco de imensa sepultura.

Poema XV de
España, aparta de mí este cáliz
Autor: César Vallejo

Niños del mundo,
si cae España —digo, es un decir—
si cae
del cielo abajo su antebrazo que asen,
en cabestro, dos láminas terrestres;
niños, ¡qué edad la de las sienes cóncavas!
¡qué temprano en el sol lo que os decía!
¡qué pronto en vuestro pecho el ruido anciano!
¡qué viejo vuestro 2 en el cuaderno!

¡Niños del mundo, está
la madre España con su vientre a cuestas;
está nuestra madre con sus férulas,
está madre y maestra,
cruz y madera, porque os dio la altura,
vértigo y división y suma, niños;
está con ella, padres procesales!

Si cae —digo, es un decir— si cae
España, de la tierra para abajo,
niños ¡cómo vais a cesar de crecer!
¡cómo va a castigar el año al mes!
¡cómo van a quedarse en diez los dientes,
en palote el diptongo, la medalla en llanto!
¡Cómo va el corderillo a continuar
atado por la pata al gran tintero!
¡Cómo vais a bajar las gradas del alfabeto
hasta la letra en que nació la pena!

Niños,
hijos de los guerreros, entre tanto,
bajad la voz que España está ahora mismo repartiendo
la energía entre el reino animal,
las florecillas, los cometas y los hombres.
¡Bajad la voz, que está
en su rigor, que es grande, sin saber
qué hacer, y está en su mano
la calavera, aquella de la trenza;
la calavera, aquella de la vida!

¡Bajad la voz, os digo;
bajad la voz, el canto de las sílabas, el llanto
de la materia y el rumor menos de las pirámides, y aún
el de las sienes que andan con dos piedras!
¡Bajad el aliento, y si
el antebrazo baja,
si las férulas suenan, si es la noche,
si el cielo cabe en dos limbos terrestres,
si hay ruido en el sonido de las puertas,
si tardo,
si no veis a nadie, si os asustan
los lápices sin punta, si la madre
España cae —digo, es un decir—,
salid, niños, del mundo; id a buscarla!…

Poema XV de
España Aparta de mí este cáliz
Autor: Cesar Vallejo
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

Meninos do mundo,
se cai Espanha —digo, é um dizer—
se cai
do céu abaixo seu antebraço que asem,
em cabresto, duas lâminas terrestres;
meninos, que idade a das têmporas côncavas!
que cedo no sol o que vos dizia!
que cedo em vosso peito o ruído idoso!
que velho vosso 2 no caderno!

Meninos do mundo, está
a mãe Espanha com seu ventre a custas;
está nossa mãe com suas férulas,
está mãe e mestre,
cruz e madeira, porque vos deu a altura,
vertigem e divisão e soma, meninos;
está com ela, pais processuais!

Se cai —digo, é um dizer— se cai
Espanha, da terra para abaixo,
Meninos, como vais cessar de crescer!
como vai castigar no ano ao mês!
como vão se ficar em dez os dentes,
em graveto o ditongo, a medalha em pranto!
Como vai o cordeirinho a continuar
atado pela pata ao grande tinteiro!
Como vais baixar as arquibancadas do alfabeto
até a letra em que nasceu a pena!

Meninos,
filhos dos guerreiros, entre tanto,
baixem a voz que Espanha está agora mesmo repartindo
a energia entre o reino animal,
as florzinhas, os cometas e os homens.
Baixem a voz, que está
em seu rigor, que é grande, sem saber
que fazer, e está em sua mão
a caveira, aquela da trança;
a caveira, aquela da vida!

Baixem a voz, digo-vos;
baixem a voz, o canto das sílabas, o pranto
da matéria e o rumor menos das pirâmides, e ainda
o das têmporas que andam com duas pedras!
Baixem o alento, e se
o antebraço baixa,
se as férulas soam, se é a noite,
se o céu cabe em dois limbos terrestres,
se há ruído no som das portas
se demoro,
se não vedes a ninguém, se vos assustam
os lápis sem ponta, se a mãe
Espanha cai —digo, é um dizer—,
saiam, meninos, do mundo; ide procurá-la!…

Poema Catorce ¡Cuídate, España…!
Autor: César Vallejo

¡Cuídate, España, de tu propia España!
¡Cuídate de la hoz sin el martillo,
cuídate del martillo sin la hoz!
¡Cuídate de la víctima a pesar suyo,
del verdugo a pesar suyo
y del indiferente a pesar suyo!
¡Cuídate del que, antes de que cante el gallo,
negárate tres veces,
y del que te negó, después, tres veces!
¡Cuídate de las calaveras sin las tibias,
y de las tibias sin las calaveras!
¡Cuídate de los nuevos poderosos!
¡Cuídate del que come tus cadáveres,
del que devora muertos a tus vivos!
¡Cuídate del leal ciento por ciento!
¡Cuídate del cielo más acá del aire
y cuídate del aire más allá del cielo!
¡Cuídate de los que te aman!
¡Cuídate de tus héroes!
¡Cuídate de tus muertos!
¡Cuídate de la República!
¡Cuídate del futuro!…

Poema Catorce ¡Cuídate España!
Autor: César Vallejo
Traductor: Pedro Sevylla de Juana

Cuida-te, Espanha, da tua própria Espanha!
Cuida-te da fouce sem o martelo,
cuida-te do martelo sem a fouce!
Cuida-te da vítima apesar seu,
do verdugo apesar seu
e do indiferente apesar seu!
Cuida-te do que, dantes de que cante o galo,
te negara três vezes,
e do que te negou, depois, três vezes!
Cuida-te das caveiras sem as tíbias,
e das tíbias sem as caveiras!
Cuida-te dos novos poderosos!
Cuida-te do que come teus cadáveres,
do que devora mortos a teus vivos!
Cuida-te do leal cento por cento!
Cuida do céu mais cá do ar
e cuida do ar para além do céu!
Cuida-te dos que te amam!
Cuida-te de teus heróis!
Cuida-te de teus mortos!
Cuida-te da República!
Cuida-te do futuro!…

Traducción de PSdeJ sobre textos de www.literatura.us

Piedra negra sobre una piedra blanca
Poema de César Vallejo

Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París -y no me corro-
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.

Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
estos versos, los húmeros me he puesto
a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,
con todo mi camino, a verme solo.

César Vallejo ha muerto, le pegaban
todos sin que él les haga nada;
le daban duro con un palo y duro
también con una soga; son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos…

Pedra negra sobre uma pedra branca
Poema de César Vallejo
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

Morrerei em Paris com aguaceiro,
um dia do qual tenho já o recordo.
Morrerei em Paris -e não me corto-
talvez uma quinta, como hoje, de outono.

Quinta será, porque hoje, quinta, que proso
estes versos, os úmeros me pus
à má e, jamais como hoje, me voltei,
com todo meu caminho, a me ver só

César Vallejo tem morrido, lhe batiam
todos sem que ele lhes faça nada;
lhe davam duro com um pau e duro

também com uma soga; são testigos
nos dias quintas e os ossos úmeros,
a solidão, a chuva, os caminhos…

Trabajo completo en
http://pedrosevylla.com/cesar-vallejo/

 

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Lygia Fagundes Telles

Cuando el tiempo otoñal llega aquí, hemisferio norte, centro de España, y el frío avanza resuelto hacia el invierno que va a sustituirlo, es hora de hacer la maleta y, como hago siempre, regresar al sur. Esta vez pasaré previamente por el amado México, días de dolor allí, días de trabajos urgentes, ejemplar solidaridad estos días en ese pueblo tan solidario.
Las dudas sobre el próximo trabajo se resuelven por razones circunstanciales. Hay tantas posibilidades, tantos autores, hombres y mujeres, que deben ser destacados, difundidos; tantos en las riquísimas literaturas de las lenguas castellana y portuguesa, que el peso de un grano de trigo inclina la balanza.
Brasil. Una amiga en la equidistancia me indicó a Lygia Fagundes Telles, a modo de enlace del pasado inmediato con el inmediato futuro; pasado, presente y futuro, ella, ya centenaria casi. Conocía yo su nombre y alguna circunstancia vital. Nació en São Paulo de madre pianista, y eso ya anuncia influencias. Su padre era abogado. Ella ingresó en la Facultad de Derecho del Largo de San Francisco, Universidade de São Paulo. Espacio masculino de reminiscencias literarias y, dentro de lo literario, modernistas. Por allí pasaba Pagú para ir a las clases da Escola Normal. Joaquín Nabuco, Mario de Andrade, Ruy Barbosa, Oswald de Andrade, Castro Alves, José de Alencar y Ulises Guimarães estudiaron en la facultad conocida como la San Francisco: Estado de Derecho, Humanismo, Derechos Humanos. Mito de Libertad y Progreso.

En 1941 acaba Lygia Educación Física, inicia el curso de Derecho y frecuenta las tertulias literarias que se celebran en restaurantes, cafés y librerías próximas a la Facultad. Es entonces cuando conoce a Mario de Andrade, a Oswald, a Paulo Emílio Salles y otros intelectuales más. Forma parte de la Academia de Letras de la Facultad y colabora en los periódicos académicos A Arcadia y A Balança. Modernismo. Es tan amplio el Modernismo en Brasil, nacido antes ya de la célebre Semana de 1922; y tan acogedor, que la propia Lygia Fagundes es considerada modernista, tercera generación, generación de 45, año en que se finiquita O Estado Novo, última fase del modernismo que se va estirando y aún sigue.
Escritora vocacional, plena de ilusión, entusiasmo y coraje; y excelente comunicadora oral. Un cuento de Lygia Fagundes Teles, leído con interés creciente hasta un final que rompe el encanto cerrando la intriga, nos descubre en su escritura un arroyo que va a dar a un río, y a otro, y a otro que ya llega al mar. El manantial originario, pronto arroyo inicial, es lo que empuja a los ríos sucesivos hasta esa agua grande, enorme, origen de la vida y su reguladora. Resulta imprescindible en el proceso, la lluvia copiosa o ausente según las temporadas y las condiciones creadas por la actuación humana, evaporación y pequeños diluvios. El cuento As formigas, me gustó lo suficiente como para traducirlo. Traducir, en cierto modo, es interpretar; y Lygia deja la puerta abierta a la interpretación, tan frondoso es el árbol de sus cuentos. Traduje y avancé, fui adelante. Lo mismo hice con Herbarium, cuento más complejo a pesar de la aparente simplicidad de la trama. Escritura reinventada, sintaxis que tiene algo de pintura impresionista. Con frecuencia la forma se convierte en fondo: suma y sigue. El amor, punto de arranque y aceleración.

Leí otros textos, As Meninas, pensionado de chicas, tres amigas islas que van formando archipiélago. La dictadura como presencia dique. Ciranda de Pedra, considerada punto de anclaje de la madurez de la autora, umbral de sus trabajos importantes. En ellos se da una grata complementariedad entre recuerdos e ilusión. Lo onírico cobra una importancia inusual: los sueños a veces imponen su irrealidad en el argumento. Lo fantástico es un obelisco en la plaza que se alza apuntando a lo más elevado. Y hay realismo, y preciosas metáforas y, todo ello, de una gran verosimilitud. La mujer tiene en su obra una importancia muy destacada, defensora ella, sin etiqueta, del mundo femenino. La mujer niña, tan llena y aún llenándose, aceptación y rechazo en su obra, visión nítida de su propio interior adulto. El parentesco, la familia, completando la personalidad propia. Dominio del diálogo y las frases cortas. Y un mundo animal tan humano, tan humanizado, que solo el habla nos diferencia de él y, en ocasiones, ni el habla siquiera.
Antonio Cándido dijo que la posición de Lygia Fagundes Telles en la literatura brasileña es de las más singulares. Su obra es fuerte sin ser contundente, y moderna sin vanguardismo, original sin subversión del discurso. Innovadora anclada en la tradición. Capaz de alcanzar los niveles más elevados de expresión sin salir de un lenguaje marcado por la más comunicativa naturalidad.
Miembro de la Academia Brasileira de Letras, muy traducida, ha recibido los premios más importantes -propuesta para el Nobel- y los más destacados honores y reconocimientos.
Cuando me siento a escribir -dice de sí misma- sola y en silencio, todo cuanto es fórmula, cálculo, modelos estructuralistas; todo queda apartado. Extiendo mis antenas y como un insecto que sube por la corteza áspera de un árbol hago mi selección y sigo mi camino.

Nosotros
Poema de Pedro Sevylla de Juana

Vienes: calle arriba, vienes.
Rompiste el sentimiento que te ataba
a la casa paterna
a la esquina del farol y a la puerta entreabierta,
promesa de escapadas
hacia esa libertad cortada al bies
que tanto amamos.

Te veo; calle abajo, te veo.
Sonrisa en signo único de interrogación
ojos, de par en par abiertos, ciegos de posibilidades,
cientos de miradas incompletas
que no llegan a ser complementarias.
Boca en grito soltando admiraciones,
llegas aquí donde querías:
tiempo y espacio, aglomeración humana,
ribera del río turbio, los peces arrancados
del anzuelo y arrojados al agua,
nuevamente,
orilla del pescador agitado de pensamientos
contradictorios: el bien y el mal equilibrándose,
desintegrándose.
Ya eres libre, veinte años
de color azul
y blanco, libre
en el amanecer de la truncada primavera.

Te veo perdida en el laberinto
que del aguamanil llega el espejo, los vestidos
que se va poniendo y quitando tu cuerpo
cada vez más preciso
para sentirse bien
contigo y consigo mismo.
Ese perfume que deseabas tanto…
Y el corte de pelo en la ciudad
carne sobrante de la cazuela, fruta
que en la alacena se ha ido marchitando,
desciendes desde el séptimo cielo
del inicio de la noche
llegando al fondo del pozo
que abre en el portal su hondura
de polea chirriante y veinte metros
de soga hecha de esparto
colgando de una viga del techo
sueño a sueño
algunos terribles:
el niño que no viene a mamar
del pecho henchido
lavandera en el río el día entero
ida y vuelta cargando el peso de la ropa
sucia y limpia
con el mismo trasiego,
despertando en el dormitorio de un sexto piso.

Pero la felicidad no es esto
me dices unificando, equiparando
libertad y felicidad como si fueran
los dos extremos del mismo panecillo:
leche, miel, harina, conservantes,
potenciadores del sabor
y estimulantes.

No, no y no; repetías angustiada
no es solo desazón, intranquilidad o zozobra
lo que nos cerca hasta en sueños,
o las promesas que se van desdibujando
hasta desaparecer en los carteles de las agencias de viajes
y los premios millonarios de juegos sencillísimos,
ni el agradable sabor artificial de los besos a deshora
intríngulis azucarado de eslóganes políticos y publicitarios
que prometen el paraíso, individualismo, Arcadia
de Justicia Distributiva,
a cambio de la libertad-felicidad
que tanto deseamos.

Te entiendo, y comparto contigo el sentimiento:
no es esto la libertad
y la felicidad tampoco,
un día tras otro ahondando el camino hondo de pisadas
que vuelven al punto de partida
cuando ya no es aquel que abandonamos.

Lo que ocurre, te digo,
es simple y llanamente que el tiempo
y la desilusión que el tiempo
trae en su paso raudo hacia la nada,
con el tiempo, ese día a día
que a tantos embrutece,
a nosotros
nos fue haciendo pensadores.

PSdeJ escrito en El Escorial 16 de septiembre de 2017

Nós
Poema e tradução de Pedro Sevylla de Juana

Vens: rua acima, vens.
Rompeste o sentimento que te atava
à casa paterna
ao canto do farol e à porta entreaberta,
promessa de escapadas
para essa liberdade cortada ao viés
que em tão grau amamos.

Te vejo; rua abaixo, vejo-te.
Sorriso em signo de interrogação
olhos, de par em par abertos, cegos de possibilidades,
centos de miradas incompletas
que não chegam a ser complementares.
Boca em grito soltando admirações,
chegas aqui onde querias:
tempo e espaço, aglomeração humana
margem do rio turvo, os peixes arrancados
do anzol e arrojados à água,
novamente,
orla do pescador agitado de pensamentos
contraditórios: o bem e o mau se equilibrando,
desintegrando-se.
Já és livre, vinte anos
de cor azul
e alvo, livre
no amanhecer da truncada primavera.

Te vejo perdida no labirinto
que do alguidar chega ao espelho, os vestidos
que se vai pondo e tirando teu corpo
a cada vez mais preciso
para se sentir bem
contigo e consigo mesmo.
Esse perfume que desejavas tanto…
E o corte de cabelo na cidade
carne sobrante da panela, fruta
que na despensa se foi murchando,
desces desde o sétimo céu
do início da
noite chegando ao fundo do poço
que abre no portal sua profundeza
de polia chireante e vinte metros
de soga feita de esparto
pendurando duma viga do teto
sonho a sonho
alguns terríveis:
o menino que não vem a mamar
do peito enchido
lavandeira no rio no dia inteiro
ida e volta carregando o peso da roupa
suja e limpa
com a mesma labuta,
acordando no dormitório dum sexto andar.

Mas a felicidade não é isto
me dizes unificando, equiparando
liberdade e felicidade como se fossem
os dois extremos dum mesmo pãozinho:
leite, mel, farinha, conservantes,
impulsores do sabor
e estimulantes.

Não, não e não; repetias angustiada
não é só incerteza, desassossego, intranquilidade ou soçobra
o que nos cerca até em sonhos,
ou as promessas que se vão apagando
até desaparecer nos cartazes das agências de viagens
e os prêmios milionários de jogos simplicíssimos,
nem o agradável sabor artificial dos beijos a destempo
mare magnum açucarado de slogans políticos e publicitários
que prometem o paraíso, individualismo, Arcádia
de justiça Distributiva
a mudança da liberdade-felicidade
que tanto desejamos.

Entendo-te, e compartilho contigo o sentimento:
não é isto a liberdade
e a felicidade também não,
um dia depois de outro afundando o caminho fundo de calcadas
que voltam no ponto de partida
quando já não é aquele que abandonamos.

O que ocorre, te digo,
é simples e claramente que o tempo
e a desilusão que o tempo
traz em seu passo rápido para a nada,
com o tempo, esse dia a dia
que a tantos embrutece,
a nós
nos foi fazendo pensadores.

PSdeJ Traduzido em El Escorial 16 setembro 2017

 

Dois contos de Lygia Fagundes Telles: As Formigas e Herbarium
Traducidos por Pedro Sevylla de Juana

 

As formigas
Conto de Lygia Fagundes Telles

Quando minha prima e eu descemos do táxi, já era quase noite. Ficamos imóveis diante do velho sobrado de janelas ovaladas, iguais a dois olhos tristes, um deles vazado por uma pedrada. Descansei a mala no chão e apertei o braço da prima.
– É sinistro.
Ela me impeliu na direção da porta. Tínhamos outra escolha? Nenhuma pensão nas redondezas oferecia um preço melhor a duas pobres estudantes com liberdade de usar o fogareiro no quarto, a dona nos avisara por telefone que podíamos fazer refeições ligeiras com a condição de não provocar incêndio. Subimos a escada velhíssima, cheirando a creolina.
– Pelo menos não vi sinal de barata – disse minha prima.
A dona era uma velha balofa, de peruca mais negra do que a asa da graúna. Vestia um desbotado pijama de seda japonesa e tinha as unhas aduncas recobertas por uma crosta de esmalte vermelho-escuro, descascado nas pontas encardidas. Acendeu um charutinho.
– É você que estuda medicina? – perguntou soprando a fumaça na minha direção.
– Estudo direito. Medicina é ela.
A mulher nos examinou com indiferença. Devia estar pensando em outra coisa quando soltou uma baforada tão densa que precisei desviar a cara. A saleta era escura, atulhada de móveis velhos, desparelhados. No sofá de palhinha furada no assento, duas almofadas que pareciam ter sido feitas com os restos de um antigo vestido, os bordados salpicados de vidrilho.
Vou mostrar o quarto, fica no sótão – disse ela em meio a um acesso de tosse. Fez um sinal para que a seguíssemos. – O inquilino antes de vocês também estudava medicina, tinha um caixotinho de ossos que esqueceu aqui, estava sempre mexendo neles.
Minha prima voltou-se:
– Um caixote de ossos?
A mulher não respondeu, concentrada no esforço de subir a estreita escada de caracol que ia dar no quarto. Acendeu a luz. O quarto não podia ser menor, com o teto em declive tão acentuado que nesse trecho teríamos que entrar de gatinhas. Duas camas, dois armários e uma cadeira de palhinha pintada de dourado. No ângulo onde o teto quase se encontrava com o assoalho, estava um caixotinho coberto com um pedaço de plástico. Minha prima largou a mala e, pondo-se de joelhos, puxou o caixotinho pela alça de corda. Levantou o plástico. Parecia fascinada.
– Mas que ossos tão miudinhos! São de criança?
– Ele disse que eram de adulto. De um anão.
– De um anão? é mesmo, a gente vê que já estão formados… Mas que maravilha, é raro a beça esqueleto de anão. E tão limpo, olha aí – admirou-se ela. Trouxe na ponta dos dedos um pequeno crânio de uma brancura de cal. – Tão perfeito, todos os dentinhos!
– Eu ia jogar tudo no lixo, mas se você se interessa pode ficar com ele. O banheiro é aqui ao lado, só vocês é que vão usar, tenho o meu lá embaixo. Banho quente extra. Telefone também. Café das sete às nove, deixo a mesa posta na cozinha com a garrafa térmica, fechem bem a garrafa recomendou coçando a cabeça. A peruca se deslocou ligeiramente. Soltou uma baforada final: – Não deixem a porta aberta senão meu gato foge.
Ficamos nos olhando e rindo enquanto ouvíamos o barulho dos seus chinelos de salto na escada. E a tosse encatarrada.
Esvaziei a mala, dependurei a blusa amarrotada num cabide que enfiei num vão da veneziana, prendi na parede, com durex, uma gravura de Grassman e sentei meu urso de pelúcia em cima do travesseiro. Fiquei vendo minha prima subir na cadeira, desatarraxar a lâmpada fraquíssima que pendia de um fio solitário no meio do teto e no lugar atarraxar uma lâmpada de duzentas velas que tirou da sacola. O quarto ficou mais alegre. Em compensação, agora a gente podia ver que a roupa de cama não era tão alva assim, alva era a pequena tíbia que ela tirou de dentro do caixotinho. Examinou- a. Tirou uma vértebra e olhou pelo buraco tão reduzido como o aro de um anel. Guardou-as com a delicadeza com que se amontoam ovos numa caixa.
– Um anão. Raríssimo, entende? E acho que não falta nenhum ossinho, vou trazer as ligaduras, quero ver se no fim da semana começo a montar ele.
Abrimos uma lata de sardinha que comemos com pão, minha prima tinha sempre alguma lata escondida, costumava estudar até de madrugada e depois fazia sua ceia. Quando acabou o pão, abriu um pacote de bolacha Maria.
– De onde vem esse cheiro? – perguntei farejando. Fui até o caixotinho, voltei, cheirei o assoalho. – Você não está sentindo um cheiro meio ardido?
– É de bolor. A casa inteira cheira assim – ela disse. E puxou o caixotinho para debaixo da cama.
No sonho, um anão louro de colete xadrez e cabelo repartido no meio entrou no quarto fumando charuto. Sentou-se na cama da minha prima, cruzou as perninhas e ali ficou muito sério, vendo-a dormir. Eu quis gritar, tem um anão no quarto! mas acordei antes. A luz estava acesa. Ajoelhada no chão, ainda vestida, minha prima olhava fixamente algum ponto do assoalho.
– Que é que você está fazendo aí? – perguntei.
– Essas formigas. Apareceram de repente, já enturmadas. Tão decididas, está vendo?
Levantei e dei com as formigas pequenas e ruivas que entravam em trilha espessa pela fresta debaixo da porta, atravessavam o quarto, subiam pela parede do caixotinho de ossos e desembocavam lá dentro, disciplinadas como um exército em marcha exemplar.
– São milhares, nunca vi tanta formiga assim. E não tem trilha de volta, só de ida – estranhei.
– Só de ida.
Contei-lhe meu pesadelo com o anão sentado em sua cama.
– Está debaixo dela – disse minha prima e puxou para fora o caixotinho. Levantou o plástico. – Preto de formiga. Me dá o vidro de álcool.
– Deve ter sobrado alguma coisa aí nesses ossos e elas descobriram, formiga descobre tudo. Se eu fosse você, levava isso lá pra fora.
– Mas os ossos estão completamente limpos, eu já disse. Não ficou nem um fiapo de cartilagem, limpíssimos. Queria saber o que essas bandidas vem fuçar aqui.
Respingou fartamente o álcool em todo o caixote. Em seguida, calçou os sapatos e como uma equilibrista andando no fio de arame, foi pisando firme, um pé diante do outro na trilha de formigas. Foi e voltou duas vezes. Apagou o cigarro. Puxou a cadeira. E ficou olhando dentro do caixotinho.
– Esquisito. Muito esquisito.
– O quê?
– Me lembro que botei o crânio em cima da pilha, me lembro que até calcei ele com as omoplatas para não rolar. E agora ele está aí no chão do caixote, com uma omoplata de cada lado. Por acaso você mexeu aqui?
– Deus me livre, tenho nojo de osso. Ainda mais de anão.
Ela cobriu o caixotinho com o plástico, empurrou-o com o pé e levou o fogareiro para a mesa, era a hora do seu chá. No chão, a trilha de formigas mortas era agora uma fita escura que encolheu. Uma formiguinha que escapou da matança passou perto do meu pé, já ia esmagá-la quando vi que levava as mãos a cabeça, como uma pessoa desesperada. Deixei-a sumir numa fresta do assoalho.
Voltei a sonhar aflitivamente mas dessa vez foi o antigo pesadelo em torno dos exames, o professor fazendo uma pergunta atrás da outra e eu muda diante do único ponto que não tinha estudado. Às seis horas o despertador disparou veementemente. Travei a campainha. Minha prima dormia com a cabeça coberta. No banheiro, olhei com atenção para as paredes, para o chão de cimento, a procura delas
. Não vi nenhuma. Voltei pisando na ponta dos pés e então entreabri as folhas da veneziana. O cheiro suspeito da noite tinha desaparecido. Olhei para o chão: desaparecera também a trilha do exército massacrado. Espiei debaixo da cama e não vi o menor movimento de formigas no caixotinho coberto.
Quando cheguei por volta das sete da noite, minha prima já estava no quarto. Achei-a tão abatida que carreguei no sal da omelete, tinha a pressão baixa. Comemos num silêncio voraz. Então me lembrei:
– E as formigas?
– Até agora, nenhuma.
– Você varreu as mortas?
Ela ficou me olhando.
– Não varri nada, estava exausta. Não foi você que varreu?
– Eu?! Quando acordei, não tinha nem sinal de formiga nesse chão, estava certa que antes de deitar você juntou tudo… Mas então quem?!
Ela apertou os olhos estrábicos, ficava estrábica quando se preocupava.
– Muito esquisito mesmo. Esquisitíssimo.
Fui buscar o tablete de chocolate e perto da porta senti de novo o cheiro, mas seria bolor? Não me parecia um cheiro assim inocente, quis chamar a atenção da minha prima para esse aspecto mas estava tão deprimida que achei melhor ficar quieta. Espargi água-de-colônia flor de maçã por todo o quarto (e se ele cheirasse como um pomar?) e fui deitar cedo. Tive o segundo tipo de sonho que competia nas repetições com o sonho da prova oral: nele, eu marcava encontro com dois namorados ao mesmo tempo. E no mesmo lugar. Chegava o primeiro e minha aflição era levá-lo embora dali antes que chegasse o segundo. O segundo, desta vez, era o anão. Quando só restou o oco de silêncio e sombra, a voz da minha prima me fisgou e me trouxe para a superfície. Abri os olhos com esforço. Ela estava sentada na beira da minha cama, de pijama e completamente estrábica.
– Elas voltaram.
– Quem?
– As formigas. Só atacam de noite, antes da madrugada. Estão todas aí de novo.
A trilha da véspera, intensa, fechada, seguia o antigo percurso da porta até o caixotinho de ossos por onde subia na mesma formação até desformigar lá dentro. Sem caminho de volta.
– E os ossos?
Ela se enrolou no cobertor, estava tremendo.
Aí é que está o mistério. Aconteceu uma coisa, não entendo mais nada! Acordei pra fazer pipi, devia ser umas três horas. Na volta senti que no quarto tinha algo mais, está me entendendo? Olhei pro chão e vi a fila dura de formiga, você lembra? não tinha nenhuma quando chegamos. Fui ver o caixotinho, todas trançando lá dentro, lógico, mas não foi isso o que quase me fez cair pra trás, tem uma coisa mais grave: é que os ossos estão mesmo mudando de posição, eu já desconfiava mas agora estou certa, pouco a pouco eles estão… estão se organizando.
– Como, organizando?
Ela ficou pensativa. Comecei a tremer de frio, peguei uma ponta do seu cobertor. Cobri meu urso com o lençol.
– Você lembra, o crânio entre as omoplatas, não deixei ele assim. Agora é a coluna vertebral que já está quase formada, uma vértebra atrás da outra, cada ossinho tomando seu lugar, alguém do ramo está montando o esqueleto, mais um pouco e… Venha ver!
– Credo, não quero ver nada. Estão colando o anão, é isso?
Ficamos olhando a trilha rapidíssima, tão apertada que nela não caberia sequer um grão de poeira. Pulei-a com o maior cuidado quando fui esquentar o chá. Uma formiguinha desgarrada (a mesma daquela noite?) sacudia a cabeça entre as mãos. Comecei a rir e tanto que se o chão não estivesse ocupado, rolaria por ali de tanto rir. Dormimos juntas na minha cama. Ela dormia ainda quando saí para a primeira aula. No chão, nem sombra de formiga, mortas e vivas, desapareciam com a luz do dia.
Voltei tarde essa noite, um colega tinha se casado e teve festa. Vim animada, com vontade de cantar, passei da conta. Só na escada é que me lembrei: o anão. Minha prima arrastara a mesa para a porta e estudava com o bule fumegando no fogareiro.
– Hoje não vou dormir, quero ficar de vigia – ela avisou.
O assoalho ainda estava limpo. Me abracei ao urso.
– Estou com medo.
Ela foi buscar uma pílula para atenuar minha ressaca, me fez engolir a pílula com um gole de chá e ajudou a me despir.
– Fico vigiando, pode dormir sossegada. Por enquanto não apareceu nenhuma, não está na hora delas, é daqui a pouco que começa. Examinei com a lupa debaixo da porta, sabe que não consigo descobrir de onde brotam?
Tombei na cama, acho que nem respondi. No topo da escada o anão me agarrou pelos pulsos e rodopiou comigo até o quarto, acorda, acorda! Demorei para reconhecer minha prima que me segurava pelos cotovelos. Estava lívida. E vesga.
– Voltaram – ela disse.
Apertei entre as mãos a cabeça dolorida.
– Estão aí?
Ela falava num tom miúdo como se uma formiguinha falasse com sua voz.
– Acabei dormindo em cima da mesa, estava exausta. Quando acordei, a trilha já estava em plena. Então fui ver o caixotinho, aconteceu o que eu esperava…
– Que foi? Fala depressa, o que foi?
Ela firmou o olhar oblíquo no caixotinho debaixo da cama.
– Estão mesmo montando ele. E rapidamente, entende? O esqueleto está inteiro, só falta o fêmur. E os ossinhos da mão esquerda, fazem isso num instante. Vamos embora daqui.
– Você está falando sério?
– Vamos embora, já arrumei as malas.
A mesa estava limpa e vazios os armários escancarados.
– Mas sair assim, de madrugada? Podemos sair assim?
– Imediatamente, melhor não esperar que a bruxa acorde. Vamos, levanta.
– E para onde a gente vai?
– Não interessa, depois a gente vê. Vamos, vista isto, temos que sair antes que o anão fique pronto.
Olhei de longe a trilha: nunca elas me pareceram tão rápidas. Calcei os sapatos, descolei a gravura da parede, enfiei o urso no bolso da japona e fomos arrastando as malas pelas escadas, mais intenso o cheiro que vinha do quarto, deixamos a porta aberta. Foi o gato que miou comprido ou foi um grito?
No céu, as últimas estrelas já empalideciam. Quando encarei a casa, só a janela vazada nos via, o outro olho era penumbra.

 

Las hormigas
Cuento de Lygia Fagundes Telles
Traducción de Pedro Sevylla de Juana

Cuando mi prima y yo bajamos del taxi, ya era casi de noche. Nos quedamos quietas frente al viejo piso de ventanas ovaladas, como dos ojos tristes, uno de ellos vaciado de una pedrada. Bajé la maleta al suelo y apreté el brazo de mi prima.
-Es siniestro.
Ella me empujó hacia la puerta. ¿Teníamos otra posibilidad? Ninguna pensión de las cercanías ofrecía un precio mejor a dos pobres estudiantes, con permiso, además, para usar el hornillo en la habitación: la dueña nos dijo por teléfono que podíamos guisar comidas ligeras a condición de no provocar un incendio. Subimos la añosa escalera, oliendo a ese antiséptico de alquitrán de la marca creolina.
– Al menos no muestra indicios de ser barata – dijo mi prima.
La dueña era una vieja rechoncha, con peluca más negra que ala de cuervo. Vestía un descolorido pijama de seda japonesa y tenía las uñas en garra recubiertas por una corteza de esmalte rojo oscuro, descascarillado en las puntas sucias. Encendió un canutillo.
– ¿Es usted quien estudia medicina? – preguntó soplando el humo en mi dirección.
– Estudio derecho. La de medicina es ella.
La mujer nos examinó con indiferencia. Debía de estar pensando en otra cosa cuando soltó una humarada tan densa que debí apartar la cara. La salita estaba oscura, atestada de muebles viejos, desiguales. En el sofá de paja perforada en el asiento, había dos cojines que parecían hechos con los restos de un antiguo vestido, bordados con cristalitos de azabache.
Les voy a enseñar la habitación, queda en el ático – dijo ella en medio de un acceso de tos. Hizo una señal para que la siguiésemos.
-El inquilino anterior también estudiaba medicina, tenía un cajoncito de huesos que olvidó aquí, estaba siempre revolviendo en ellos. Mi prima se volvió:
– ¿Un cajón de huesos?
La mujer no respondió, concentrada en el esfuerzo de subir la estrecha escalera de caracol que llegaba a la habitación. Encendió la luz. La habitación era mínima, abuhardillada con el techo en declive, tan acentuado, que en ese trecho tendríamos que entrar a gatas. Dos camas, dos armarios y una silla de paja dorada. En el ángulo donde el techo casi tocaba el suelo, había un cajón tapado con plástico. Mi prima soltó la maleta y, poniéndose de rodillas, sacó el cajón tirando del asa de cuerda. Levantó el plástico. Parecía fascinada.
– ¡Pero qué huesos tan pequeños! ¿Son de niño?
– Él dijo que eran de adulto. De un enano.
– ¿De un enano? Es más, cualquiera puede ver que ya están formados… Pero qué maravilla, es raro por demás un esqueleto de enano. Y tan limpio, míralo – se admiró ella. Tomó en la punta de los dedos un pequeño cráneo de una blancura de cal.
– ¡Tan perfecto, todos los dientecitos!
– Yo iba a arrojar todo a la basura, pero si a usted le interesa puede quedarse con él. El baño está aquí al lado, sólo para ustedes, tengo el mío abajo. El baño caliente es extra. El teléfono también. El desayuno de siete a nueve; dejo la mesa puesta en la cocina con la botella térmica, cierren bien el termo, recomendó rascándose la cabeza. La peluca se desplazó ligeramente. Soltó un resoplido final:
– Si dejan la puerta abierta mi gato se escapa.
Nos quedamos mirando y riendo mientras oíamos el golpeteo de sus zapatos de tacón en la escalera. Y la tos de acatarrada.
Vacié la maleta, colgué la blusa en una percha que introduje en un hueco de la veneciana, sujeté en la pared, con cinta adhesiva durex, un grabado de Grassman y senté mi osito de peluche sobre la almohada. Me quedé viendo a mi prima subir sobre la silla, desatornillar la lámpara pobrísima que colgaba de un hilo solitario en medio del techo, y en su lugar atornillar una lámpara de doscientas velas que sacó de la bolsa. La habitación estaba más alegre. Un inconveniente: se podía apreciar que la ropa de cama no era tan blanca; blanquísima era la pequeña tibia que sacó del cajón. La examinó. Quitó una vértebra y miró por el agujero, tan reducido como un anillo. Guardó las demás con la delicadeza de colocar huevos en una caja.
– Un enano. Rarísimo, ¿entiendes? Y creo que no falta ningún huesito, voy a traer los enlaces, quiero ver si este fin de semana empiezo a montarlo.
Abrimos una lata de sardinas y la comemos con pan, mi prima guarda siempre alguna lata escondida, suele estudiar hasta la madrugada y después cena. Al acabar el pan, abrió un paquete de galletas María.
– ¿De dónde viene ese olor? – pregunté olisqueando. Fui hasta el cajón, volví, olfateé el suelo.
– ¿No percibes un olor a quemado?
– Es de moho. La casa entera huele así – dijo. Y dejó el cajón debajo de la cama.
En el sueño, un enano rubio con chaleco de rombos y raya en medio del cabello, entró en la habitación fumando un puro. Se sentó en la cama de mi prima, cruzó las piernecitas y allí se puso muy serio observándola dormir. ¡Quise gritar, hay un enano en el cuarto! pero desperté antes. La luz estaba encendida. Arrodillada en el suelo, aún vestida, mi prima miraba fijamente algún punto del piso.
– ¿Qué estás haciendo ahí? – pregunté.
– Estas hormigas. Aparecieron de repente, ya agrupadas. ¿Así, tan decididas, lo ves?
Me puse en pie y di con unas hormigas pequeñas y rojizas que entraban formando una cinta densa por debajo de la puerta, atravesaban la habitación, subían por la pared del cajón de huesos y se deslizaban dentro, disciplinadas como un ejército en marcha ordenada.
– Son miles, nunca he visto tantas hormigas así. Y no tiene camino de vuelta, solo de ida – dije extrañada.
– Sólo de ida.
Le conté mi pesadilla con el enano sentado en su cama.
– Está debajo de ella – dijo mi prima y sacó el cajón. Levantó el plástico. – Negro de hormigas. Dame el frasco de alcohol.
– Debe de haber sobrado algo en esos huesos, y ellas lo descubrieron; las hormigas descubren todo. Yo que tú llevaba eso allá fuera.
– Pero los huesos están completamente limpios, ya te lo he dicho. No quedó ni una fibra de cartílago, limpísimos. Me gustaría saber lo que esas bandidas vienen a hozar aquí.
Sopló con fuerza el alcohol por todo el cajón. A continuación, se calzó los zapatos y, como un equilibrista caminando en el hilo de alambre, fue pisando firme, un pie delante del otro en la senda de hormigas. Fue y volvió dos veces. Apagó el cigarro. Acercó la silla. Y se quedó mirando dentro del cajoncito.
– Raro. Muy raro.
– ¿Qué es lo raro?
– Recuerdo que tiré el cráneo sobre el montón, recuerdo que hasta lo calcé con los omoplatos para que no rodara. Y ahora él está ahí en el fondo del cajón, con un omoplato a cada lado. ¿Acaso lo has movido?
– Dios me libre, me da asco de los huesos. Y aún más si son de enano.
Cubrió ella el cajoncito con el plástico, lo empujó con el pie y llevó el hornillo a la mesa, era la hora de su té. En el suelo, la senda de hormigas muertas era ahora una cinta oscura encogida. Una hormiguita que escapó de la matanza pasó cerca de mi pie, ya iba a aplastarla cuando vi que se llevaba las manos a la cabeza, como una persona desesperada. La dejé desaparecer en una ranura del piso.
Volví a soñar de manera aflictiva, pero esta vez se trataba de la vieja pesadilla en torno a los exámenes, el profesor haciendo una pregunta detrás de otra, y yo muda ante el único punto que no había estudiado. A las seis el despertador sonó vehemente. Cerré el timbre. Mi prima dormía con la cabeza cubierta. En el baño, miré cuidadosamente las paredes, el suelo de cemento, en busca de hormigas.
No vi ninguna. Volví de puntillas y entonces entreabrí las hojas de la veneciana. El olor sospechoso de anoche había desaparecido. Miré al suelo: desapareció también la senda del ejército masacrado. Espié debajo de la cama y no vi el menor movimiento de hormigas en el cajón cubierto.
Cuando llegué, alrededor de las siete de la tarde, mi prima ya estaba en la habitación. La encontré tan abatida que cargué de sal la tortilla, tenía la presión baja. Comimos en un silencio voraz. Entonces me acordé:
– ¿Y las hormigas?
– Hasta ahora, ninguna.
– ¿Has barrido las muertas?
Ella me miró.
– No barrí nada, estaba exhausta. ¿No barriste tú?
– ¿Yo? Cuando me desperté, no había ni rastro de hormiga en el suelo. Estaba segura de que antes de acostarte dejaste todo limpio … Pero entonces, ¿quién fue?!
Ella apretó los ojos estrábicos, se quedaba estrábica cuando se preocupaba
– Muy extraño. Incluso extrañísimo.
Fui a buscar la tableta de chocolate, y cerca de la puerta sentí de nuevo el olor, ¿sería moho? No me parecía un olor tan inocente; quise llamar la atención de mi prima en ese aspecto, pero estaba tan deprimida que me pareció mejor quedarme quieta. Rocié de agua de colonia flor de manzana toda la habitación (¿y si oliese como un huerto?) Y me acosté temprano. Tuve el segundo tipo de sueño que competía en las repeticiones con el sueño de la prueba oral: en él, yo quedaba con dos novios al mismo tiempo. Y en el mismo lugar. Llegaba el primero y mi preocupación era despedirlo antes de que llegase el segundo. El segundo, esta vez, era el enano. Cuando estaba sumida en silencio y oscuridad, la voz de mi prima me sacó a la superficie. Abrí los ojos con esfuerzo. Ella estaba sentada al borde de mi cama, en pijama y estrábica.
– Volvieron.
– ¿Quienes?
– Las hormigas. Sólo atacan de noche, antes de la madrugada. Están todas ahí de nuevo.
La senda de la víspera, intensa, cerrada, seguía el antiguo recorrido de la puerta al cajón de huesos, por donde subía en la misma formación hasta descomponerse allí. No hay camino de vuelta.
– ¿Y los huesos?
Ella se resguardó en la colcha, estaba temblando.
-Ahí está el misterio. ¡Sucedió algo, no sé nada más! Me desperté para hacer pipí, debían de ser las tres. Al volver al cuarto sentí que había algo más, ¿me estás entendiendo? Miré al suelo y vi la fila compacta de hormigas, ¿recuerdas que no había ninguna cuando llegamos? Fui a ver el cajoncito, todas entrelazadas dentro, lógico; pero no fue eso lo que casi me hace caer de espaldas. Ocurre algo más grave: los huesos están cambiando de posición, yo ya desconfiaba, pero ahora estoy segura, poco a poco ellas están … se están organizando.
– ¿Cómo, organizando?
Mi prima quedó pensativa. Empecé a temblar de frío, cogí un extremo de su colcha. Cubrí mi osito de peluche con la sábana.
– ¿Recuerdas el cráneo entre los omoplatos?, no quedó así. Ahora es la columna vertebral la que ya está casi formada, una vértebra detrás de la otra, cada hueso ocupando su lugar, alguien del oficio está montando el esqueleto, un poco más y … ¡Ven a verlo!
– Te creo, no quiero ver nada. ¿Están formando al enano, es eso?
Nos quedamos mirando el reguero rapidísimo, tan apretado que no cabría siquiera un átomo de polvo. La puse con el mayor cuidado cuando fui a calentar el té. Una hormiguita extraviada (¿la misma de la otra noche?) sacudía la cabeza entre las manos. Empecé a reír, y reí tanto que, si el suelo no hubiera estado ocupado, rodaría por allí de tanta risa. Dormimos las dos mujeres en mi cama. Mi prima dormía aún cuando salí hacia la primera clase. En el suelo, ni sombra de hormigas: muertas y vivas, desaparecían con la luz del día.
Volví tarde esa noche, un colega se había casado y tuve fiesta. Llegué animada, con ganas de cantar, me pasé de la raya. Hasta llegar a la escalera no me acordé: el enano. Mi prima arrastró la mesa hacia la puerta y estudiaba con la tetera humeando en el hornillo.
– Hoy no voy a dormir, quiero quedarme de vigía – me avisó.
El piso todavía estaba limpio. Me abracé al osito.
– Tengo miedo.
Ella fue a buscar una píldora para mitigar mi resaca, me hizo tragar la píldora con un trago de té y me ayudó a desvestirme.
– Me quedo vigilando, puedes dormir tranquila. Hasta el momento no ha aparecido ninguna, llegarán pronto. Examiné con lupa la rendija que deja la puerta por debajo. ¿sabes que no he podido averiguar de dónde surgen?
Me acosté en la cama, creo que ya no respondí. En la parte superior de la escalera el enano me agarró por las muñecas y giró conmigo hasta la habitación, despierta, despierta. Tardé en reconocer a mi prima que me sostenía por los codos. Estaba lívida. Y estrábica.
– Regresaron – dijo.
Apreté entre las manos la cabeza dolorida.
– ¿Están ahí?
Su tono era como el de una hormiguita que hablara con su voz.
– Acabé durmiendo sobre la mesa, estaba exhausta. Cuando me desperté, el reguero ya había alcanzado su plenitud. Entonces fui a ver el cajón: sucedió lo que yo esperaba …
– ¿Que pasó? Habla rápidamente, ¿qué fue?
Ella dirigió la mirada oblicua al cajón debajo de la cama.
– Lo están montando. Y rápidamente, ¿entiendes? El esqueleto está casi acabado, sólo falta el fémur. Y los huesitos de la mano izquierda lo colocarán en un instante. Vámonos ahora de aquí.
– ¿Hablas en serio?
– Vamos sin tardanza, ya dispuse las maletas.
La mesa estaba limpia y vacíos los armarios abiertos.
– ¿Pero salir así, de madrugada? ¿Podemos marchar de esta manera?
– Inmediatamente, es mejor no esperar a que la bruja despierte. Vamos, levántate.
– ¿Y a dónde vamos?
– No importa, después lo decidimos. Vamos, compréndelo, tenemos que salir antes de que el enano quede terminado.
Miré de lejos el camino de hormigas: nunca me parecieron tan rápidas. Me puse los zapatos, despegué el grabado de la pared, introduje el oso en el bolsillo de la japonesa y fuimos arrastrando las maletas escaleras abajo, mas debido al intenso olor que venía de la habitación, dejamos la puerta abierta. ¿Fue un mayido prolongado del gato, o fue un grito?
En el cielo, las últimas estrellas ya palidecían. Cuando fijé la vista en la casa, sólo la ventana sin cristal nos veía, el otro ojo estaba en penumbra.

 

Herbarium
Cuento de Lygia Fagundes Telles

Todas as manhãs eu pegava o cesto e me embrenhava no bosque, tremendo inteira de paixão quando descobria alguma folha rara. Era medrosa mas arriscava pés e mãos por entre espinhos, formigueiros e buracos de bichos (tatu? cobra?) procurando a folha mais difícil, aquela que ele examinaria demoradamente: a escolhida ia para o álbum de capa preta. Mais tarde, faria parte do herbário, tinha em casa um herbário com quase duas mil espécies de plantas. «Você já viu um herbário» – ele quis saber.
Herbarium, ensinou-me logo no primeiro dia em que chegou ao sítio. Fiquei repetindo a palavra, herbarium. Herbarium. Disse ainda que gostar de botânica era gostar de latim, quase todo o reino vegetal tinha denominação latina. Eu detestava latim, mas fui correndo desencavar a gramática cor de tijolo escondida na última prateleira da estante, decorei a frase que achei mais fácil e na primeira oportunidade apontei para a formiga saúva subindo na parede: formica bestiola est. Ele ficou me olhando. A formiga é um inseto, apressei-me em traduzir. Então ele riu a risada mais gostosa de toda a temporada. Fiquei rindo também, confundida mas contente: ao menos achava alguma graça em mim.
Um vago primo botânico convalescendo de uma vaga doença. Que doença era essa que o fazia cambalear, esverdeado e úmido quando subia rapidamente a escada ou quando andava mais tempo pela casa?
Deixei de roer as unhas, para espanto da minha mãe que já tinha feito ameaças de cortes de mesada ou proibição de festinhas no grêmio da cidade. Sem resultado. «Seu eu contar, ninguém acredita» – disse ela quando viu que eu esfregava para valer a pimenta vermelha nas pontas dos dedos. Fiz minha cara inocente: na véspera, ele me advertira que eu podia ser uma moça de mãos feias, «ainda não pensou nisso?» Nunca tinha pensado antes, nunca me importei com as mãos mas no instante em que ele fez a pergunta comecei a me importar. E se um dia elas fossem rejeitadas como as folhas defeituosas? Ou banais. Deixei de roer unhas e deixei de mentir. Ou mentir menos, mais de uma vez me falou no horror que tinha por tudo quanto cheirava falsidade, escamoteação. Estávamos sentados na varanda. Ele selecionava as folhas ainda pesadas de orvalho quando me perguntou se já tinha ouvido falar em folha persistente. Não?
Alisava o tenro veludo de uma malva-maçã. A fisionomia ficou branda quando amassou a folha nos dedos e sentiu seu perfume. As folhas persistentes duravam até mesmo três anos mas as cadentes amareleciam e se despregavam ao sopro do primeiro vento. Assim a mentira, folha cadente que podia parecer tão brilhante mas de vida breve. Quando o mentiroso olhasse para trás, veria no final de tudo uma árvore nua. Seca. Mas os verdadeiros, esses teriam uma árvore farfalhante, cheia de passarinhos – e abriu as mãos para imitar o bater das folhas e asas. Fechei as minhas. Fechei a boca em brasa agora que os tocos das unhas (já crescidas) eram tentação e punição maior. Podia dizer-lhe que justamente por me achar assim apagada é que precisava de me cobrir de mentira como se cobre com um manto fulgurante. Dizer-lhe que diante dele, mais do que diante dos outros, tinha de inventar e fantasiar para obrigá-lo a se demorar em mim como se demorava agora na verbena – será que não percebia essa coisa tão simples?
Chegou ao sítio com suas largas calças de flanela cinza e grosso suéter de lã tecida em trança, era inverno. E era noite. Minha mãe tinha queimado incenso (era sexta-feira) e preparou o Quarto do Corcunda, corria na família a história de um corcunda que se perdeu no bosque e minha bisavó instalou-o naquele quarto que era o mais quente da casa, não podia haver melhor lugar para um corcunda perdido ou para um primo convalescente.
Convalescente do quê? Qual doença tinha ele? Tia Marita, que era alegrinha e gostava de se pintar, respondeu rindo (falava rindo) que nossos chazinhos e bons ares faziam milagres. Tia Clotilde, embutida, reticente, deu aquela sua resposta que servia a qualquer tipo de pergunta: tudo na vida podia se alterar menos o destino traçado na mão, ela sabia ler as mãos. «Vai dormir feito uma pedra» – cochichou tia Marita quando me pediu que lhe levasse o chá de tília. Encontrei-o recostado na poltrona, a manta de xadrez cobrindo-lhe as pernas. Aspirou o chá. E me olhou: «Quer ser minha assistente? perguntou soprando a fumaça. – A insônia me pegou pelo pé, ando tão fora de forma, preciso que me ajude. A tarefa é colher folhas para minha coleção, vai juntando o que bem entender que depois seleciono. Por enquanto, não posso mexer muito, terá que ir sozinha» – disse e desviou o olhar úmido para a folha que boiava na xícara. Suas mãos tremiam tanto que a xícara transbordou no pires. É o frio, pensei. Mas continuaram tremendo no dia seguinte que fez sol, amareladas como os esqueletos de ervas que eu catava no bosque e queimava na chama da vela. Mas o que ele tem? perguntei e minha mãe respondeu que mesmo que soubesse, não diria, fazia parte de um tempo em que doença era assunto íntimo.
Eu mentia sempre, com ou sem motivo. Mentia principalmente à tia Marita que era bastante tonta. Menos à minha mãe porque tinha medo de Deus e menos ainda à tia Clotilde que era meio feiticeira e sabia ver o avesso das pessoas. Aparecendo a ocasião, eu enveredava por caminhos os mais imprevistos, sem o menor cálculo de volta. Tudo ao acaso. Mas aos poucos, diante dele, minha mentira começou a ser dirigida, com um objetivo certo. Seria mais simples, por exemplo, dizer que colhi a bétula perto do córrego, onde estava o espinheiro. Mas era preciso fazer render o instante em que se detinha em mim, ocupá-lo antes de ser posta de lado como as folha sem interesse, amontoadas no cesto. Então ramificava perigos; exagerava dificuldades, inventava histórias que encompridavam a mentira. Até ser decepada com um rápido golpe de olhar, não com palavras, mas com o olhar ele fazia a hidra verde rolar emudecida enquanto minha cara se tingia de vermelho o sangue da hidra.
«Agora você vai me contar direito como foi: – ele pedia tranqüilamente, tocando na minha cabeça. Seu olhar transparente. Reto. Queria a verdade. E a verdade era tão sem atrativos como a folha da roseira, expliquei-lhe isso mesmo, acho a verdade tão banal como esta folha. Ele me deu a lupa e abriu a folha na palma da mão: «Veja então de perto.» Não olhei a folha, que me importava a folha? mas sua pele ligeiramente úmida, branca como papel com seu misterioso emaranhado de linhas, estourando aqui e ali em estrelas. Fui percorrendo as cristas e depressões, onde era o começo? Ou o fim? Demorei a lupa num terreno de linhas tão disciplinadas que por elas devia passar o arado, ih! vontade de deitar minha cabeça nesse chão. Afastei a folha, queria ver apenas os caminhos. O que significa este cruzamento, perguntei e ele me puxou o cabelo: «Também você, menina?!»
Nas cartas do baralho, tia Clotilde já lhe desvendara o passado e o presente. «E mais desvendaria» – acrescentou ele guardando a lupa no bolso do avental banco, às vezes vestia o avental. O que ela previu? Ora, tanta coisa. De mais importante, só isso, que no fim da semana viria uma amiga buscá-lo, uma moça muito bonita, podia ver até a cor do seu vestido de corte antiquado, verde-musgo. Os cabelos eram compridos, com reflexos de cobre, tão forte o reflexo na palma da mão!
Uma formiga vermelha entrou na greta do lajedo e lá se foi com seu pedaço de folha, veleiro desarvorado soprado pelo vento. Soprei eu também, a formiga é um inseto! gritei, as pernas flexionadas, pendentes os braços para diante e para trás no movimento do macaco, hi hi ! hu hu! é um inseto! um inseto! repeti rolando no chão. Ele ria e procurava me levantar, você se machuca, menina, cuidado! Fugi para o campo, os olhos desvairados de pimenta e sal, sal na boca, não, não vinha ninguém, tudo loucura, uma louca varrida essa tia, invenção dela, invenção pura, como podia? Até a cor do vestido, verde-musgo? E os cabelos, uma louca, tão louca como a irmã de cara pintada feito uma palhaça, rindo e tecendo seus tapetinhos, centenas de tapetinhos pela casa, na cozinha, na privada, duas loucas! Lavei os olhos cegos de dor, lavei a boca pesada de lágrimas, os últimos fiapos de unha me queimando a língua, não! Não. Não existia ninguém de cabelo de cobre que no fim da semana ia aparecer para buscá-lo, ele não ia embora nunca mais, NUNCA MAIS! repeti e minha mãe que viera me chamar para o almoço acabou se divertindo com a cara de demônio que fiz, disfarçava o medo fazendo caras de medo. E as pessoas se distraíam com essas caras e não pensavam mais em mim.
Quando lhe entreguei a folha de hera com formato de coração (um coração de nervuras trementes se abrindo em leque até as bordas verde-azuladas) ele beijou a folha e levou-a ao peito. Espetou-a na malha do suéter: «Esta vai ser guardada aqui.» Mas não me olhou nem mesmo quando eu saí tropeçando no cesto. Corri até a figueira, posto de observação onde podia ver sem ser vista. Através do rendilhada de ferro do corrimão da escada, ele me pareceu menos pálido. A pele mais seca e mais firme a mão que segurava a lupa sobre a lâmina do espinho-do-brejo. Estava se recuperando, não estava? Abracei o tronco da figueira e pela primeira vez senti que abraçava Deus.
No sábado, levantei mais cedo. O sol forcejava a névoa, o dia seria azul quando ele conseguisse rompê-la. «Aonde você vai com esse vestido de maria-mijona? – perguntou minha mãe me dando a xícara de café com leite. Por que desmanchou a barra?» Desviei sua atenção para a cobra que disse ter visto no terreiro, toda preta com listras vermelhas, seria um coral? Quando ela correu com a tia para ver, peguei o cesto e entrei no bosque, como explicar-lhe? Que descera todas as barras das saias para esconder minhas pernas finas, cheias de marcas de picadas de mosquitos. Numa alegria desatinada fui colhendo as folhas, mordi goiabas verdes, atirei pedras nas árvores, espantando os passarinhos que cochichavam seus sonhos, me machucando de contente por entre a galharia. Corria até o córrego. Alcancei uma borboleta e, prendendo-a pelas pontas das asas, deixei-a na corola de uma flor, te solto no meio do mel! gritei-lhe. O que vou receber em troca? Quando perdi o fôlego, tombei de costas nas ervas do chão. Fiquei rindo para o céu de névoa atrás da malha apertada dos ramos. Virei de bruços e esmigalhei nos dedos os cogumelos tão macios que minha boca começou a se encher d’água. Fui avançando de rastros até o pequeno vale de sombra debaixo da pedra. Ali era mais frio e maiores os cogumelos pingando um líquido viscoso dos seus chapéus inchados. Salvei uma abelinha das mandíbulas de uma aranha, permiti que saúva-gigante arrebatasse a aranha e a levasse na cabeça como uma trouxa de roupa esperneando mas recuei quando apareceu o besouro de lábio leporino. Por um instante me vi refletida em seus olhos facetados. Fez meia-volta e se escondeu no fundo da fresta. Levantei a pedra: o besouro tinha desaparecido mas no tufo raso vi uma folha que nunca encontrara antes, única. Solitária. Mas que folha era aquela? Tinha a forma aguda de uma foice, o verde do dorso com pintas vermelhas irregulares como pingos de sangue. Uma pequena foice ensangüentada foi no que se transformou o besouro? Escondi a folha no bolso, peça principal de um jogo confuso. Essa eu não juntaria às outras folhas, essa tinha que ficar comigo, segredo que não podia ser visto. Nem tocado. Tia Clotilde previa os destinos mas eu podia modificá-los, assim, assim! e desfiz na sola do sapato o cupim que se armava debaixo da amendoeira. Fui andando solene porque no bolso onde levara o amor levava agora a morte.
Tia Marita veio ao meu encontro, mais aflita e gaguejante do que de costume. Antes de falar começou a rir: «Acho que vamos perder nosso botânico, sabe quem chegou? A amiga, a mesma moça que Clotilde viu na mão dele, lembra? Os dois vão embora no trem da tarde, ela e linda como os amores, bem que Clotilde viu uma moça igualzinha, estou toda arrepiada, olha aí, me perguntou como a mana adivinha uma coisa dessas!»
Deixei na escada os sapatos pesados de barro. Larguei o cesto. Tia Marita me enlaçou pela cintura enquanto se esforçava para lembrar o nome da recém-chegada, um nome de flor, como era mesmo? Fez uma pausa para estranhar minha cara branca, e esse branco de repente? Respondi que voltara correndo, a boca estava seca e o coração fazia um tuntum tão alto, ela não estava ouvindo? Encostou o ouvido no meu peito e riu sacudindo inteira, quando tinha minha idade pensa que também não vivia assim aos pulos?
Fui me aproximando da janela. Através do vidro (poderoso como a lupa) vi os dois. Ela sentada com o álbum provisório de folhas no colo. Ele, de pé e um pouco atrás da cadeira, acariciando-lhe o pescoço e seu olhar era o mesmo que tinha para as folhas escolhidas, a mesma leveza de dedos indo e vindo no veludo da malva-maçã. O vestido não era verde mas os cabelos soltos tinham o reflexo de cobre que transparecera na mão. Quando me viu, veio até a varanda no seu andar calmo. Mas vacilou quando disse que esse era nosso último cesto, por acaso não tinham me avisado? O chamado era urgente, teriam que voltar nessa tarde. Sentia perder tão devotada ajudadora mas um dia, quem sabe?… Precisaria perguntar à tia Clotilde em que linha do destino aconteciam os reencontros.
Estendi-lhe o cesto mas ao invés de segurar o cesto, segurou meu pulso: eu estava escondendo alguma coisa, não estava? O que estava escondendo, o quê? Tentei me livrar fugindo para os lados, aos arrancos, não estou escondendo nada, me larga! Ele me soltou mas continuou ali, de pé, sem tirar os olhos de mim. Encolhi quando me tocou no braço: «E o nosso trato de só dizer a verdade? Hem? Esqueceu nosso trato?» – perguntou baixinho.
Enfiei a mão no bolso e apertei a folha, intacta a umidade pegajosa da ponta aguda, onde se concentravam as nódoas. Ele esperava. Eu quis então arrancar a toalha de crochê da mesinha, cobrir com ela a cabeça e fazer micagens, hi hi! hu hu! até vê-lo rir pelos buracos da malha, quis pular da escada e sair correndo em ziguezague até o córrego, me vi atirando a foice na água, que sumisse na correnteza! Fui levantando a cabeça. Ele continuava esperando, e então? No fundo da sala, a moça também esperava numa névoa de ouro, tinha rompido o sol. Encarei-o pela última vez, sem remorso, quer mesmo? Entreguei-lhe a folha.
(Os melhores contos de Lygia Fagundes Telles, 1984.)

 

Herbario
Cuento de Lygia Fagundes Telles
Traducido por Pedro Sevylla de Juana

Todas las mañanas agarraba yo la cesta y me adentraba en el bosque, temblando por completo de pasión cuando descubría alguna hoja rara. Era miedosa, pero arriesgaba pies y manos al pasar por entre espinas, hormigueros y agujeros de animales (¿armadillo? ¿serpiente?), buscando la hoja más difícil, aquella que él examinaría largamente: la escogida iba al álbum de portada negra. Más tarde, formaría parte del herbario, tenía en su casa un herbario con casi dos mil especies de plantas. «Usted ha visto un herbario» – él lo quiso saber.
Herbarium, me lo enseñó el primer día en que llegó al sitio. Me quedé repitiendo la palabra, herbarium. Herbario. También dijo que apreciar la botánica era apreciar el latín, casi todo el reino vegetal tenía denominación latina. Yo detestaba el latín, pero fui corriendo a liberar la gramática color de ladrillo escondida en el último estante de la estantería, memoricé la frase que encontré más sencilla y en la primera ocasión me referí a la hormiga saúva que subía por la pared: formica bestiola est. Él me miró. La hormiga es un insecto, me apresuré a traducir. Entonces se rio con la risa más agradable de toda la temporada. Me quedé riendo también, confundida pero contenta: al menos hallaba alguna gracia en mí.
Un vago primo botánico convaleciente de una vaga enfermedad. ¿Qué enfermedad era aquella que lo hacía tambalearse, ponerse verde y húmedo cuando subía rápidamente la escalera o cuando se movía mucho tiempo por la casa? Dejé de morderme las uñas, para desconcierto de mi madre que ya había amenazado con rebajas en la paga o prohibición de fiestecitas en la asociación recreativa de la ciudad. Sin resultado práctico. «Si yo contara, nadie lo creería», dijo ella cuando vio que me frotaba para imitar la presencia de la pimienta roja en las puntas de los dedos. Dibujé mi cara más inocente: la víspera, él me señaló que yo podía ser una muchacha de manos feas, «¿aún no pensó en eso?» Nunca había pensado antes, nunca me importaron las manos, pero en el instante en que él hizo la pregunta empecé a preocuparme. ¿Y si un día se las rechazan como hojas defectuosas? O insignificantes. Dejé de roer las uñas y dejé de mentir. O mentir menos, más de una vez se refirió al horror que tenía por todo lo que olía a falsedad, escamoteo. Estábamos sentados en el balcón. Él seleccionaba las hojas aún húmedas de rocío cuando me preguntó si ya había oído hablar de las hojas perennes. ¿No?
Alisaba el tierno terciopelo de una hoja de malva manzana. La apariencia apareció blanda al amasar la hoja en los dedos y sintió su perfume. Las hojas persistentes vivían incluso hasta tres años, pero las caedizas amarilleaban y se soltaban con el soplo del primer viento. Así era la mentira, hoja caediza que podía parecer muy brillante pero su vida era breve. Cuando el mentiroso mirase hacia atrás, vería al final de todo un árbol desnudo. Sequía. Pero los sinceros, esos tendrían un árbol de intenso follaje agitado por el viento lleno de pajaritos, y abrió las manos para imitar el revoloteo de las hojas y las alas. Cerré las mías. Cerré la boca incandescente ahora que los tocones de las uñas (ya crecidas) suponían más tentación y un castigo mayor. Podía decirle que justamente por encontrarme así disminuida, necesitaba cubrirme con la mentira como cubre un manto fulgurante. Decirle que delante de él, más que ante los demás, tenía que inventar y fantasear para obligarle a demorarse conmigo como se demoraba ahora con la hoja de verbena – ¿Es que no percibía esa razón tan simple?
Llegó al sitio con sus largos pantalones de franela gris y el grueso suéter de lana tejida en trenza, era invierno. Y era de noche. Mi madre había quemado incienso (era viernes) y preparó el Cuarto del Jorobado, corría en la familia la historia de un jorobado que se perdió en el bosque y mi bisabuela lo instaló en aquel cuarto que era el más caliente de la casa, no podía haber otro lugar mejor para un jorobado perdido o para un primo convaleciente.
¿Convaleciente de qué? ¿Qué enfermedad tenía él? Tía Marita, que era divertidilla y le gustaba pintarse, respondió riendo (hablaba riendo) que nuestros tés y los buenos aires hacían milagros. Tía Clotilde, oprimida, reticente, dio aquella respuesta que servía para cualquier tipo de pregunta: todo en la vida podía cambiar menos el destino rayado en la mano, ella sabía leer las líneas de las manos. «Va a dormir como un tronco» – cuchicheó tía Marita cuando me pidió que le llevara el té de tila. Lo encontré recostado en el sillón, la manta de rombos cubriendo las piernas. Aspiró el té. Y me miró: «¿Quieres ser mi asistente?» Preguntó expeliendo una fumada. «El insomnio me tomó por el pie, ando tan bajo de forma, necesito que me ayudes. La tarea es recoger hojas para mi colección, las vas juntando según tu buen entender y después las selecciono. Y como no me puedo mover mucho, tendrás que ir solita”, dijo y desvió la mirada líquida hacia la hoja que flotaba en la jícara. Sus manos temblaban tanto que la jícara se desbordó hasta el platillo. Es el frío, pensé- Mas siguieron temblando al día siguiente que hizo sol, amarillentas como los esqueletos de yerbas que yo buscaba en el bosque y quemaba con la llama de la vela. Pero, ¿qué mal sufre?, pregunté, y mi madre respondió que aunque lo supiese no lo diría, formaba ella parte de un tiempo en que la enfermedad era asunto íntimo.
Yo siempre mentía, con o sin motivo. Mentía principalmente a la tía Marita que era bastante tonta. Menos a mi madre porque tenía miedo de Dios, y menos aún a la tía Clotilde que era medio hechicera y sabía ver el interior de las personas. Cuando se daba la ocasión, me dirigía por caminos más imprevistos, sin el menor cálculo de vuelta. Todo al azar. Pero poco a poco, ante él, mi mentira comenzó a ser dirigida, con un objetivo correcto. Sería más simple, por ejemplo, decir que recogí la hoja de abedul cerca del arroyo, donde estaba la acacia. Pero era necesario aprovechar el instante en que se detenía en mí, ocuparlo antes de ser puesta yo a un lado como las hojas sin interés, amontonadas en la cesta. Entonces ramificaba peligros; exageraba dificultades, inventaba historias que agrandaban la mentira. Hasta quedar yo cortada a cercén con un rápido golpe de ojos, sin palabras, pues con la mirada hacía él rodar enmudecida a la hidra verde, mientras en mi cara se teñía de rojo la sangre de la hidra.
Ahora me vas a contar de verdad como sucedió: me pedía suavemente, poniendo la mano en mi cabeza. Su mirada era transparente. Directo. Quería la verdad. Y la verdad era tan poco atractiva como la hoja del rosal, le expliqué eso mismo, esa verdad tan trivial como esa hoja. Me entregó la lupa y abrió la hoja en la palma de la mano: «Mira entonces de cerca.» No miré la hoja, no me importaba la hoja; pero su piel ligeramente húmeda, blanca como papel con su misterioso enmarañado de líneas, estallaba aquí y allá en estrellas. Fui recorriendo las cimas y las depresiones, ¿dónde estaban el comienzo o el fin?, Mantuve la lupa en un espacio de líneas, tan disciplinadas, que por ellas podía pasar el arado, ¡uf! Sentí ganas de acostar mi cabeza en el suelo. Separé la hoja, quería ver sólo los caminos. Lo que significaba ese cruce, pregunté y él me tiró del pelo: «¡También tú, niña?»
Con las cartas de la baraja, tía Clotilde ya le había desvelado el pasado y el presente. «Y más desvelaría» – agregó guardando la lupa en el bolsillo del delantal blanco, en ocasiones se ponía el delantal. ¿Qué vio en ellas? Al momento, tantas cosas… Entre lo más importante, sólo eso, que en el fin de semana vendría una amiga a buscarlo, una muchacha muy bonita, podía ver hasta el color de su vestido de corte anticuado, verde musgo. Los cabellos largos, con reflejos cobrizos, ¡muy fuerte el reflejo en la palma de la mano!
Una hormiga roja entró por la grieta del empedrado y se llevó su pedazo de hoja, velero desarbolado impulsado por el viento. Soplé yo también, ¡la hormiga es un insecto!, grité, las piernas flexionadas, los brazos sueltos hacia delante y hacia atrás, con el gesto del mono, ¡hi hi! ¡hu hu! es un insecto! un insecto! repetí rodando por el suelo. Él se reía y trataba de levantarme, te vas a lastimar, niña, ¡ten cuidado! Hui al campo, con los ojos desvariados de pimienta y sal, sal en la boca, no, no venía nadie, simple locura, una loca barrida esa tía, invención de ella, invención pura, ¿cómo podía? ¿Hasta el color del vestido, verde musgo? Y los cabellos, una loca, tan loca como la hermana de cara pintada hecha un payaso, riendo y tejiendo sus alfombritas, centenares de alfombritas por la casa, en la cocina, en el cuarto de baño, ¡dos locas!
Me lavé los ojos ciegos de dolor, me lavé la boca grávida de lágrimas, las últimas hebras de uña quemándome la lengua, ¡no! No. No existía nadie de pelo cobrizo que fuera a aparecer el fin de semana para recogerlo, él no se iba a ir nunca más, ¡NUNCA MÁS! Repetí y mi madre que me venía a llamar para el almuerzo terminó riéndose con la cara de demonio que puse, disfrazaba el miedo poniendo cara de miedo. Y la gente se distraía con esas muecas y no pensaban más en mí.
Cuando le entregué la hoja de hiedra con forma de corazón (un corazón de nervaduras temblorosas que se abría en abanico hasta los bordes verde azulados) él besó la hoja y se la llevó al pecho. La colocó en el tejido del suéter: «Esta va a estar guardada aquí.» Pero no me miró ni siquiera cuando salí tropezando en la cesta. Corrí hasta la higuera, puesto de observación donde podía ver sin ser vista. A través de la malla de hierro del pasamanos de la escalera, me pareció menos pálido. La piel más seca y más firme, la mano que sostenía la lupa sobre la lámina de las espinas del brezo. ¿Se estaba recuperando, no se recuperaba? Abracé el tronco de la higuera y por primera vez sentí que abrazaba a Dios.
El sábado, me levanté más temprano. El sol expulsaba a la niebla, el día sería azul cuando consiguiera romperla. «¿Dónde vas con ese vestido de desaliñada maria-mijona ?», Preguntó mi madre dándome la taza de café con leche. ¿Por qué se descompuso la barra? Desvié su atención hacia la serpiente que dijo haber visto en la terraza, toda negra con rayas rojas, ¿sería un coral? Cuando ella corrió con la tía para verla, cogí la cesta y entré en el bosque, ¿cómo explicarle? Que descolgara todas las barras de las faldas para ocultar mis piernas finas, llenas de marcas de picaduras de mosquitos. Con una alegría incoherente fui recogiendo las hojas, mordí guayabas verdes, arrojé piedras a los árboles, espantando a los pajaritos que cuchicheaban sus sueños, lastimándome de contento por entre la enramada. Corría hasta el arroyo. Alcancé una mariposa y, sosteniéndola por las puntas de las alas, la dejé en la corola de una flor, ¡te suelto en medio de la miel! la grité. ¿Qué voy a recibir a cambio? Cuando perdí el aliento, me tumbé de espaldas sobre las hierbas del suelo. Me quedé riendo hacia el cielo neblinoso detrás de la red tupida de las ramas. Me volví de bruces y desmigué entre los dedos hongos tan blandos que mi boca comenzó a llenarse de agua. Fui avanzando a rastras hasta el pequeño valle de sombra debajo de la piedra.
Allí hacía más frío y eran más grandes los champiñones, que goteaban un líquido viscoso de sus sombreros hinchados. Salvé a una abejita de las mandíbulas de una araña, permitiendo que la hormiga saúva gigante arrebatara a la araña y la llevara en la cabeza como un fardo de ropa pataleando, pero retrocedí cuando apareció el escarabajo de labio leporino. Por un instante me vi reflejada en sus ojos facetados. Dio media vuelta y se escondió en el fondo de la grieta. Levanté la piedra: el escarabajo había desaparecido, pero en la lava cortada vi una hoja que no había encontrado antes, única. Solitaria. ¿Pero qué hoja era ésa? Tenía la forma aguda de una hoz, el verde del dorso con pintas rojas irregulares como gotas de sangre. ¿En una pequeña hoz ensangrentada se convirtió el escarabajo? Escondí la hoja en el bolsillo, pieza principal de un juego confuso. A esa hoja no la pondría con las otras hojas, esa tenía que quedarse conmigo, secreto que no podía ser visto. Ni tocado. Tia Clotilde adivinaba los destinos pero yo podía modificarlos, ¡así, así! y aplastar con la suela del zapato la termita que se armaba debajo del almendro. Me fui caminando pomposa porque en el bolsillo donde llevaba el amor llevaba ahora la muerte.
Tía Marita vino a mi encuentro, más afligida y tartamuda que de costumbre. Antes de hablar comenzó a reír: «Creo que vamos a perder a nuestro botánico, ¿sabes quién llegó? La amiga, la misma muchacha que Clotilde vio de su mano, recuerda. Los dos se van en el tren de la tarde, ella es linda como los amores, claro que Clotilde vio a una muchacha igualita, estoy toda horrorizada, mira ahí, me preguntó cómo la hermana adivina una cosa así.
Dejé en la escalera los zapatos pesados de barro. Solté la cesta. Tía Marita me enlazó por la cintura mientras se esforzaba en recordar el nombre de la recién llegada, un nombre de flor, ¿como era? Hizo una pausa para admirar mi cara blanca, ¿y ese blanco de repente? Yo respondí que volvía corriendo, mi boca estaba seca y el corazón hacía tantán muy alto, ¿ella no lo oía? Puso el oído en mi pecho y se rio agitándose por completo, cuando tenía mi edad ¿cree que no vivía a trompicones?
Me fui acercando a la ventana. A través del cristal (poderoso como lupa) vi a los dos. Ella sentada con el álbum de fotos en el regazo. Él, de pie y un poco separado de la silla, acariciándole el cuello y con la mirada de mirar las hojas escogidas, la misma suavidad de dedos yendo y viniendo en el terciopelo de la malva manzana. El vestido no era verde, pero los cabellos sueltos tenían el reflejo cobrizo que había aparecido en la mano. Cuando me vio, vino hasta la balconada con su andar tranquilo. Pero vaciló cuando dijo que esa era nuestra última cesta, ¿por casualidad no me habían avisado? El llamamiento era urgente, tendrían que volver esa tarde. Sentía perder tan devota ayudante pero un día, ¿quién sabe? … Necesitaba preguntar a tía Clotilde en qué línea del destino aparecían los reencuentros.
Le tendí la cesta, pero en vez de agarrar la cesta, comprobó mi pulso: yo estaba escondiendo algo, ¿no era así? ¿Qué estaba escondiendo, qué? Traté de librarme huyendo por los lados, a impulsos, no estoy escondiendo nada, ¡me suelta! Él me soltó, pero continuó allí, de pie, sin quitarme los ojos de encima. Encogí cuando me tocó el brazo: «¿Y nuestro trato de decir solo la verdad? ¿He? ¿Olvidaste nuestro trato?» – preguntó bajito.
Introduje la mano en el bolsillo y apreté la hoja, intacta la humedad pegajosa de la punta aguda, donde se concentraban las manchas. Él esperaba. Entonces quise arrancar la pieza de ganchillo de la mesita, cubrirme con ella la cabeza y hacer monadas, ¡hi hi! ¡hu hu! hasta verlo reír por los agujeros de la malla, quise saltar de la escalera y salir corriendo en zigzag hasta el arroyo, me vi arrojando la hoz al agua, ¡deseando que desapareciera en la corriente! Fui levantando la cabeza. Él seguía esperando, y ¿entonces? En el fondo de la habitación, su muchacha también esperaba una niebla de oro, había roto el sol. Lo miré por última vez, sin remordimiento, ¿quieres esto? Le entregué la hoja.

Trabajo completo en
http://pedrosevylla.com/lygia-fagundes-telles/

 

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Jorge Luis Borges

Autor y lector se complementan, juntos componen la obra consumando el sentido. Por separado o unidos en la misma persona, lector y autor son inseparables y van de la mano, ayudándose, corrigiéndose, potenciándose. Dice Borges en el prólogo a la primera edición de “Historia Universal de la Infamia”, fechada en Buenos Aires, 27 de mayo de 1935: “A veces creo que los buenos lectores son cisnes aún más tenebrosos y singulares que los buenos autores”. Autor y lector, lector y actor, son causa y consecuencia intercambiables.
Lector y autor e unen en Borges para formar una Obra intensa y extensa de difícil comparación con otras, inasible e inabarcable en varios aspectos.
En su Autobiografía, Borges, asegura: “En el transcurso de una vida consagrada a la literatura, he leído muy pocas novelas; y en la mayoría de los casos sólo he llegado a la última página por sentido del deber. Al mismo tiempo, siempre he sido un gran lector de cuentos. Stevenson, Kipling, James, Conrad, Poe, Chesterton, los cuentos de Las mil y una noches en la versión de Lane y ciertos relatos de Hawthorne forman parte de mis lecturas habituales desde que tengo memoria”.
Borges se hizo a sí mismo; mejor aún, creó la imagen de sí mismo que los demás hemos aceptado. Pero esa imagen solo corresponde al Borges creador de los distintos Borges, no a la realidad, mezcla de lo interno y lo externo, campo de acción después de la batalla. Dice, hablando de su escritura, que él no creó ningún personaje, que sus personajes, aun en los cuentos, son una faceta de sí mismo. Esa necesidad de ser en el otro, le une a Pessoa de alguna manera que no alcanzo a concretar, pues es una cuestión sicológica. Aún hay más, Borges fue haciéndose y deshaciéndose, peplo de Penélope, a diario.
El Premio Nobel lo premió con su indiferencia, lo que hizo daño al Premio y benefició al no premiado. En cualquiera de los galardonados, resalta el nombre por la pátina que deja el pan de oro del premio. Destaca en Borges la luminosa injusticia del premio ausente. Así, entendemos, que el premio Nobel no hierra nunca en sus designios: si señala con su dulce dardo de Cupido a un mal escritor, lo hace para estimularlo. Si deja fuera de su nómina a uno grande, el grande queda premiado con creces por la exclusión. Artur Lundkvist, escritor y académico sueco, aseguró que a Borges no le concederían el Premio Nobel a pesar de su obra. Fue sincero; porque no se lo dieron, apoyándose, precisamente, en su destacada y cambiante obra, cuajada de universales ideas movedizas. Las razones que Lundkvist señalaba eran políticas, refiriéndose sin duda a la relación de Borges con el fascismo dictatorial. Pero tanto el Borges escritor, como el Borges persona pública, dejaron la pregunta de entonces sin aclarar con exactitud, ya que dijo considerarse conservador y anarquista independiente. El escritor modificaba sus obras en las sucesivas revisiones, y lo hacía, no solo por cuestión estética. De sabios es rectificar, pero, así como el hecho de que ser ignorado por el Nobel lo benefició, el auto expurgado de su obra acabó perjudicándolo. La novela era un género, para él, caduco. No entraba en su proyecto de obra por cuestiones personales, entre ellas, la necesaria coherencia que la imitación de la realidad requiere, y el control constante del argumento. Causa o efecto, desprestigió a los novelistas. Esas dos circunstancias eran ampliamente conocidas; y fueron el talón de Aquiles que aprovechó la Academia del Nobel para no entregarle el premio a pesar de sus enormes y cuantiosos méritos.

La truncada trayectoria de la vida
Poema de Pedro Sevylla de Juana

Esperma
fecundo de animales racionales,
exuberantes semillas recién caídas
sobre el suelo abierto,
receptivo;
tallos elevándose en busca de la luz,
esporas dividiéndose
sin descanso ni tregua;
regalo imprescindible del demiurgo ausente:
intenso placer y necesidad inmensa.

Miles y miles de especies arbóreas
en la disminuida
biodiversidad del planeta,
lecho de hojas en el bosque amigo
intrincadas florestas
y caudalosos ríos,
primitivas muchachas
danzan con muchachos primitivos:
sinfonía de aullidos, gorjeos
y gemidos.

El sol, luz y calor, allá en lo alto
apenas enciende la penumbra
del abrazo intenso y extensivo.
Aquí el jaguar y la pantera,
el cocodrilo,
aquí el gato de los montes, aquí el puma y el ciervo
guacamayos, tucanes,
colibrís y pájaros carpinteros;
y en el silencio rumoroso de la selva:
graznidos,
trinados
y gemidos.

Esporas y semillas
insensibles al hecho instintivo de la reproducción,
esperma nacido del placer
hijo oriundo de la atracción y del cariño
agarradero social del humano mundo
caricias y caricias
avanzando de lo superficial a lo profundo.

Esperma en espermatozoides rico,
generadores constantes de existencia:
esencia que renace y se prolonga
cada noche de firmeza placentera.
Espermatozoides impulsados por cilios y flagelos
en carrera obsesiva hacia los óvulos
originados con inmensa alegría
en el seno femenino
acogedor de vida.

Todo muy bien organizado
por la Naturaleza:
Nuevas consecuencias, nativas
de unas causas nuevas.
Acción y reacción constantes
nuevo origen y nueva trascendencia,
colaboración humana
en el desarrollo de proyectos
eficacia de la interdependencia,
girando en elipse o en círculo
en permanente busca,
de la sencillez y el equilibrio.

Aire,
Agua,
Tierra
y Fuego, Tierra, Agua, Aire:
Hay una historia anterior,
estimada en cuatro
mil quinientos
millones
de años.

Rotación y traslación
el mundo marcha a su debido ritmo
convencido de la importancia de su esfuerzo
atrayente y atraído
cantando la universal cantiga
como estaba previsto
-esperma y semilla
esporas-
desde los iniciales momentos del primer principio;
mundo inocente y confiado
que amanece herido
por la constante acción destructiva
de los gobiernos que toleran y ayudan
a los inhumanos acumuladores de dinero
esclavizadores de la libertad y de la vida.

PSdeJ, El Escorial 13 de junio de 2007

 

A truncada trajetória da vida
Poema e tradução de Pedro Sevylla de Juana

Esperma
fecundo de animais racionais,
exuberantes sementes recém caídas
sobre o solo aberto
receptivo,
caules se elevando em procura da luz,
esporas dividindo-se
sem sossego nem trégua;
presente imprescindível do demiurgo ausente:
intenso prazer e necessidade imensa.

Milhares e milhares de espécies arbóreas
na diminuída
biodiversidade do planeta,
leito de folhas no bosque amigo
intrincadas florestas
e caudalosos rios,
primitivas donzelas
dançando com rapazes primitivos,
sinfonia de uivos, gorjeios
e gemidos.

O sol, luz e calor, lá no alto
quase não acende a penumbra
do abraço intenso e extensivo.
Aqui o jaguar e a pantera
aqui o gato dos montes, aqui o puma e o cervo,
jacaré,
aqui o segui, arara, tucano,
colibri, cigana, socó e mutum preto;
e no silêncio rumoroso da selva:
grasnidos
trinados,
e gemidos.

Esporas e sementes
insensíveis ao fato instintivo da reprodução,
esperma nascido do prazer
filho oriundo da atração e do carinho
apoio social do humano mundo
caricias e caricias
avançando do superficial ao profundo

Esperma em espermatozoides rico,
geradores constantes dessa vida
que renasce e se prolonga
a cada noite
de firmeza prazerosa.
Espermatozoides impulsados por cílios e flagelos
em percurso obsessivo até os óvulos
nascidos com imensa alegria
no feminino seio
acolhedor de vida.

Tudo muito bem organizado
pela Natureza:
Novas consequências, nativas
de umas causas novas.
Ação e reação constantes
nova origem e nova transcendência,
colaboração humana
no desenvolvimento de projetos
eficácia da interdependência
girando em elipse ou em círculo
em permanente busca
da singeleza e do equilíbrio.

Ar,
Água,
Terra
e Fogo, Terra, Água, Ar:
Há uma história anterior,
calculada em quatro
mil
e quinhentos
milhões
de anos.

Rotação e translação
o mundo marcha a seu devido ritmo
convencido da importância de seu esforço
atraente e atraído
cantando a universal cantiga
como estava previsto
-esperma e semente
esporas-
desde os iniciais momentos do primeiro principio,
mundo inocente e confiado
que amanhece ferido
pela constante ação destrutiva
dos governos que toleram e ajudam
aos desumanos acumuladores de dinheiro
escravizadores da liberdade e da vida.

 

Poema de Amor
de Pedro Sevylla de Juana

Neste
momento
acabo
de acordar
dum sonho:
Eu
deitei
contigo.

 

A un viejo poeta
Poema de Jorge Luis Borges

Caminas por el campo de Castilla
y casi no lo ves. Un intrincado
versículo de Juan es tu cuidado
y apenas reparaste en la amarilla
puesta del sol. La vaga luz delira
y en el confín del Este se dilata
esa luna de escarnio y de escarlata
que es acaso el espejo de la Ira.

Alzas los ojos y la miras. Una
memoria de algo que fue tuyo empieza
y se apaga. La pálida cabeza
bajas y sigues caminando triste,
sin recordar el verso que escribiste:
Y su epitafio la sangrienta luna.

Escribe Jorge Luis Borges, dueño de un gran pasado que mantiene vivo en el recuerdo:

Solo una cosa no hay. Es el olvido.
Dios, que salva el metal, salva la escoria.
Y cifra, en Su profética memoria
las lunas que serán y las que han sido.

Esa imposibilidad del olvido, quizá sea la esencia de la eternidad, junto con la naturaleza circular o elíptica del tiempo. En ese sentido, Iberia, la Península que se extendió y aún se extiende, será eterna, siempre eterna. Los grandes autores de Iberoamérica, la seguirán cantando en sus dos idiomas, português y castellano. Y lo harán con cariño, hasta en la denuncia.

España
Poema de Jorge Luis Borges

Más allá de los símbolos,
más allá de la pompa y la ceniza de los aniversarios,
más allá de la aberración del gramático
que ve en la historia del hidalgo
que soñaba ser don Quijote y al fin lo fue,
no una amistad y una alegría
sino un herbario de arcaísmos y un refranero,
estás, España silenciosa, en nosotros.
España del bisonte, que moriría
por el hierro o el rifle,
en las praderas del ocaso, en Montana,
España donde Ulises descendió a la Casa de Hades,
España del íbero, del celta, del cartaginés, y de Roma,
España de los duros visigodos,
de estirpe escandinava,
que deletrearon y olvidaron la escritura de Ulfilas,
pastor de pueblos,
España del Islam, de la cábala
y de la Noche Oscura del Alma,
España de los inquisidores,
que padecieron el destino de ser verdugos
y hubieran podido ser mártires,
España de la larga aventura
que descifró los mares y redujo crueles imperios
y que prosigue aquí, en Buenos Aires,
en este atardecer del mes de julio de 1964,
España de la otra guitarra, la desgarrada,
no la humilde, la nuestra,
España de los patios,
España de la piedra piadosa de catedrales y santuarios,
España de la hombría de bien y de la caudalosa amistad,
España del inútil coraje,
podemos profesar otros amores,
podemos olvidarte
como olvidamos nuestro propio pasado,
porque inseparablemente estás en nosotros,
en los íntimos hábitos de la sangre,
en los Acevedo y los Suárez de mi linaje,
España,
madre de ríos y de espadas y de multiplicadas generaciones,
incesante y fatal.

Texto http://ciudadseva.com/texto/espana/

 

Espanha
Poema de Jorge Luis Borges
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

Além dos símbolos,
além da pompa e a cinza dos aniversários,
além da aberração do gramático
que vê na história do fidalgo
que sonhava ser dom Quijote e ao fim o foi,
não uma amizade e uma alegria
senão um herbário de arcaísmos e um conjunto de rifões,
estás, Espanha silenciosa, em nós.
Espanha do bisonte, que morreria
pelo ferro ou o refle,
nas pradarias do ocaso, em Montana,
Espanha onde Ulisses desceu à Casa de Hades,
Espanha do ibero, do celta, do cartaginês, e de Roma,
Espanha dos duros visigodos,
de estirpe escandinava,
que deletrearam e esqueceram a escritura de Úlfilas,
pastor de povos,
Espanha do Islão, da cabala
e da Noite Escura do Alma,
Espanha dos inquisidores,
que padeceram o destino de ser verdugos
e tivessem podido ser mártires,
Espanha da longa aventura
que decifrou os mares e reduziu cruéis impérios
e que prossegue aqui, em Buenos Aires,
neste entardecer do mês de julho de 1964,
Espanha da outra guitarra, a rasgada,
não a humilde, a nossa,
Espanha dos pátios,
Espanha da pedra piedosa de catedrais e santuários,
Espanha da hombridade de bem e da caudalosa amizade,
Espanha da inútil coragem,
podemos professar outros amores,
podemos te esquecer
como esquecemos nosso próprio passado,
porque inseparavelmente estás em nós,
nos íntimos hábitos do sangue,
nos Acevedo e os Suárez de minha linhagem,
Espanha,
mãe de rios e de espadas e de multiplicadas gerações,
incesante e fatal.

En mi poema póstumo titulado “Morí”, fijé la fecha de mi muerte. Y la fijé alejada, no fuera a ser, la profecía, consecuente. Conocer esas incógnitas, lugar, fecha y entre quienes se producirá, facilita a los autores el hecho ansiado de no dejar a medias obra alguna. Tiene alguna ventaja la sorpresa, como ejemplo, el trabajar hasta el final con la ilusión crecida. Sea como sea, vendrá, o la encontraremos en nuestro camino. Yo sé, que si no tuviera a Cesáreo Gutiérrez Cortés, que se dedica a sus cosas, escritura y arte, pensamiento y análisis; si no lo tuviera a él, tendría que hablar solo. PSdeJ

 

Qué será del caminante fatigado
Poema de Jorge Luis Borges

¿En cuál de mis ciudades moriré?
¿En Ginebra, donde recibí la revelación,
no de Calvino ciertamente, sino de Virgilio
y de Tácito?
¿En Montevideo donde Luis Melián
Lafinur, ciego y cargado de años, murió
entre los archivos de esa imparcial
historia del Uruguay que no escribió
nunca?
¿En Nara donde en una hostería
japonesa dormí en el suelo y soñé con la terrible
imagen del Buda, que yo había tocado y no
visto, pero que vi en el sueño?
¿En Buenos Aires, donde soy casi
un forastero, dado mis muchos años, o una
costumbre de la gente que me pide un
autógrafo?
¿En Austin, Texas, donde mi madre y yo,
en el otoño de 1961, descubrimos América?
Otros lo sabrán y lo olvidarán. ¿En qué
idioma habré de morir? ¿En el
castellano que usaron mis mayores
para comandar una carga o para conversar un
truco?
¿En el inglés de aquella Biblia que mi
abuela leía frente al desierto?
Otros lo sabrán y lo olvidarán.
¿Qué hora será?
La del crepúsculo de la paloma, cuando
aún no hay colores, la del crepúsculo del
cuervo, cuando la noche simplifica y
abstrae las cosas visibles, o la hora trivial,
las dos de la tarde?
Otros lo sabrán y lo olvidarán.
Estas preguntas no son digresiones del
miedo, sino de la impaciente esperanza.
Son parte de la trama fatal de efectos y de
causas, que ningún hombre puede
predecir, y acaso ningún dios.

Original: Borges en Revista Multicolor
Universidad de Alcalá Club Internacional del Libro
Editorial Atlántida 1995 Supervisión: María Kodama

 

Que será do caminhante fatigado
Poema de Jorge Luis Borges
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

Em qual das minhas cidades morrerei?
Em Genebra, onde recebi a revelação,
não de Calvino certamente, senão de Virgílio
e de Tácito?
Em Montevideo onde Luis Melián
Lafinur, cego e carregado de anos, morreu
entre os arquivos dessa imparcial
história do Uruguai que não escreveu
nunca?
Em Nara onde numa pousada
japonesa dormi no solo e sonhei com a terrível
imagem do Buda, que eu tinha tocado e não
visto, mas que vi no sonho?
Em Buenos Aires, onde sou quase
um estranho, dado meus muitos anos, ou um
costume da gente que me pede um
autógrafo?
Em Austin, Texas, onde minha mãe e eu,
no outono de 1961, descobrimos América?
Outros o saberão e o esquecerão. Em que
idioma terei de morrer? No
castelhano que usaram meus maiores
para comandar um ônus ou para conversar um
truque?
No inglês daquela Bíblia que minha
avó lia em frente ao deserto?
Outros o saberão e o esquecerão.
Que horas serão?
A do crepúsculo da pomba, quando
ainda não há cores, a do crepúsculo do
corvo, quando a noite simplifica e
abstrai as coisas visíveis, ou a hora trivial,
as duas da tarde?
Outros o saberão e o esquecerão.
Estas perguntas não são digressões do
medo, senão da impaciente esperança.
São parte da trama fatal de efeitos e de causas,
que nenhum homem pode
predizer, e talvez nenhum deus.

 

Parábola de Cervantes y de Quijote
[Minicuento – Texto completo.]
Jorge Luis Borges

Harto de su tierra de España, un viejo soldado del rey buscó solaz en las vastas geografías de Ariosto, en aquel valle de la luna donde está el tiempo que malgastan los sueños y en el ídolo de oro de Mahoma que robó Montalbán. En mansa burla de sí mismo, ideó un hombre crédulo que, perturbado por la lectura de maravillas, dio en buscar proezas y encantamientos en lugares prosaicos que se llamaban El Toboso o Montiel. Vencido por la realidad, por España, don Quijote murió en su aldea natal hacia 1614. Poco tiempo lo sobrevivió Miguel de Cervantes. Para los dos, para el soñador y el soñado, toda esa trama fue la oposición de dos mundos: el mundo irreal de los libros de caballerías, el mundo cotidiano y común del siglo XVII. No sospecharon que los años acabarían por limar la discordia, no sospecharon que la Mancha y Montiel y la magra figura del caballero serían, para el porvenir, no menos poéticas que las estepas de Simbad o que las vastas geografías de Ariosto. Porque en el principio de la literatura está el mito, y así mismo en el fin.
FIN
Texto http://ciudadseva.com/texto/parabola-de-cervantes-y-de-quijote/

 

Parábola de Cervantes y de Quijote
Conto de Jorge Luis Borges
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana

Farto da sua terra de Espanha, um velho soldado do rei procurou bem-estar nas vastas geografias de Ariosto, naquele vale da lua onde está o tempo que esbanjar os sonhos e no ídolo de ouro de Mahoma que roubou Montalbán. Em mansa burla de si mesmo, criou um homem crédulo que, perturbado pela leitura de maravilhas, deu em procurar proezas e encantamentos em lugares prosaicos que se chamavam O Toboso ou Montiel. Vencido pela realidade, por Espanha, dom Quijote morreu em sua aldeia natal em 1614. Pouco tempo sobreviveu-o Miguel de Cervantes. Para os dois, para o sonhador e o sonhado, toda essa trama foi a oposição de dois mundos: o mundo irreal dos livros de cavalarias, o mundo quotidiano e comum do século XVII. Não suspeitaram que nos anos acabariam por limar a discórdia, não suspeitaram que a Mancha e Montiel e a magra figura do cavaleiro seriam, para o porvir, não menos poéticas que as estepes de Simbad ou que as vastas geografias de Ariosto. Porque no princípio da literatura está o mito, e assim mesmo no fim.

 

Borges y yo
[Minicuento – Texto completo]
Jorge Luis Borges

Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y solo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro. No sé cuál de los dos escribe esta página.
FIN
Texto: http://ciudadseva.com/texto/borges-y-yo/

 

Borges e eu
Conto de Jorge Luis Borges
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

Ao outro, a Borges, é a quem lhe ocorrem as coisas. Eu caminho por Buenos Aires e me demoro, talvez já mecanicamente, para olhar o arco dum saguão e a cancela; de Borges tenho notícias pelo correio e vejo seu nome numa terna de professores ou num dicionário biográfico. Gosto dos relógios de areia, os mapas, a tipografia do século XVII, as etimologias, o sabor do café e a prosa de Stevenson; o outro compartilha essas preferências, mas de um modo vaidoso que as converte em atributos de um ator. Seria exagerado afirmar que nossa relação é hostil; eu vivo, eu me deixo viver para que Borges possa tramar sua literatura e essa literatura me justifica. Nada me custa confessar que tem conseguido certas páginas válidas, mas essas páginas não me podem salvar, quiçá porque o bom já não é de ninguém, nem sequer do outro, senão da linguagem ou a tradição. Pelo demais, eu estou destinado a me perder, definitivamente, e só algum instante de mim poderá sobreviver no outro. Pouco a pouco vou cedendo-lhe tudo, ainda que me consta seu perverso costume de falsear e magnificar. Spinoza entendeu que todas as coisas querem perseverar em suo ser; a pedra eternamente quer ser pedra e o tigre um tigre. Eu tenho de ficar em Borges, não em mim (se é que alguém sou), mas me reconheço menos em seus livros que em muitos outros ou que no laborioso pontear duma guitarra. Faz anos eu tratei de me livrar dele e passei das mitologias do subúrbio aos jogos com o tempo e com o infinito, mas esses jogos são de Borges agora e terei que criar outras coisas. Assim minha vida é uma fuga e tudo o perco e tudo é do esquecimento, ou do outro. Não sê qual dos dois escreve esta página.

Trabajo completo em
http://pedrosevylla.com/jorge-luis-borges/

 

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Gabriel García Márquez

“Nadie comienza y acaba en sí mismo.
Todos somos cauces más o menos largos,
más o menos anchos, más o menos profundos.
Cesáreo Gutiérrez Cortés

Cuenta de sí mismo García Márquez:
“Había desertado de la universidad el año anterior, con la ilusión temeraria de vivir del periodismo y la literatura sin necesidad de aprenderlos, animado por una frase que creo haber leído en Bernard Shaw: «Desde muy niño tuve que interrumpir mi educación para ir a la escuela». No fui capaz de discutirlo con nadie, porque sentía, sin poder explicarlo, que mis razones sólo podían ser válidas para mí mismo.”
Algunos de los autores que he leído y estudiado, tuvieron una formación al margen de la académica u oficial y, el resultado fue, en casos muy variados, admirable. Gabriela Mistral, es el más claro ejemplo de los que recuerdo. Vocación y fuerza de voluntad se imponen sobre las numerosas trabas, algunas insolubles, y al fin solucionadas con ahínco.
Creyéndose capaz de vivir del periodismo y la escritura, Gabriel García Márquez se dedicó a vivir la vida a su manera. Así fue mientras acumulaba conocimientos y experiencia, mientras aprendía de memoria los poemas espléndidos del Siglo de Oro español. Así fue mientras guardaba en la escarcela de la memoria todo cuanto sus ojos veían en letra impresa o a su alrededor amplio y cambiante. Hizo de su vida una novela de casi cien años. Y mientras la vivía para contarla, fue preparándose acto a acto, lectura a lectura, escrito a escrito, ensayo todo ello: Picasso gestando siempre el Guernica. Fue ideando la historia, tejiendo los movimientos, tierra, personas, animales y tiempo; demiurgo que tardó catorce, dieciséis meses en pasar de la mente, del corazón, del recuerdo, de la invención al papel, ese conglomerado gigantesco, lleno de acción, de belleza y ritmo, que llamó Cien años de Soledad.
Qué principio imborrable, qué gesto enérgico de director de orquesta, qué inicio explosivo de Sinfonía; declaración de intenciones, promesa y resumen:
“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarías con el dedo”.

Qué página final tan llena de esperanza, de contenido que aún se puede seguir desarrollando ciento cincuenta o doscientos años más. Monasterio de El Escorial esa obra de Gabriel García Márquez, Cien años de Soledad, tramo y trecho tan solo, concreción parcial interminable, con todo el granito del macizo de Guadarrama fortaleciendo sus pies, envolviendo la magnífica escultura arquitectónica. Qué último derroche de capacidad y posibilidades, esa página postrera:
“Sólo entonces descubrió que Amaranta Úrsula no era su hermana, sino su tía, y que Francis Drake había asaltado a Riohacha solamente para que ellos pudieran buscarse por los laberintos más intrincados de la sangre, hasta engendrar el animal mitológico que había de poner término a la estirpe. Macondo era ya un pavoroso remolino de polvo y escombros centrifugado por la cólera del huracán bíblico, cuando Aureliano saltó once páginas para no perder el tiempo en hechos demasiado conocidos, y empezó a descifrar el instante que estaba viviendo, descifrándolo a medida que lo vivía, profetizándose a sí mismo en el acto de descifrar la última página de los pergaminos, como si se estuviera viendo en un espejo hablado. Entonces dio otro salto para anticiparse a las predicciones y averiguar la fecha y las circunstancias de su muerte. Sin embargo, antes de llegar al verso final ya había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto, pues estaba previsto que la ciudad de los espejos (o los espejismos) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra”.
Qué calistenia de mariposas en el valle cubierto de flores nos ofrece su conducción del tiempo. Gabriel García Márquez, administrador a su antojo de los tiempos real e imaginario mezclándose, danzando; actúa como demiurgo literario: Hágase el Tiempo, y fluya; yo lo guiaré en su discurrir. Danza inacabable de segundos y horas, sístoles y diástoles, rotación y traslación que van del uno al todo y del instante único al infinito de la eternidad. Lo que Velázquez, pintor de la luz, consigue en Las Meninas con la iluminación; Gabo, lo consigue en Cien años de soledad manejando el variadísimo fluir del tiempo según sus eficaces saber y entender.

En una de esas largas conversaciones que mantenían cuando se encontraban, Neruda y García Márquez, hablando de sus obras, confesaron que ambos iban, en la búsqueda del género amado, hacia una confluencia ya próxima. Próxima, aunque podría ocurrir en una vida que aún no habían comenzado. Horizonte detrás del horizonte, la poesía de Neruda iba tras la épica, tras la poesía que dice, cuenta y explica; prosa, sin embargo, bellísima. Página tras página la narrativa de García Márquez perseguía la palabra poética, la luz interior de las letras unidas para sugerir lo que no acababan de decir.
Debieron de comenzar temprano sus intentos versificadores, quizá cuando contaba trece años y estudiaba en el colegio jesuita de San José de Barranquilla; porque allí dirigía a sus compañeros y profesores cortas sátiras festivas en forma rimada. El elemento más importante de su afán lírico es el transcurrir danzarín del tiempo, ese tiempo narrativo que es protagonista y espacio de la acción. La danza estelar del tiempo en la historia, más que nada en Cien años de soledad, es lo más cercano a la verdadera poesía que hay en buena parte de su obra. Y quizá el autor llegó a las 14,35 horas del día 17 de abril de 2014, sin haberlo comprendido.
No obstante, García Márquez, en el relato breve, obedece a una idea y trata de desarrollarla con el mínimo gasto de recursos. Avanza floreciente y florecido de hallazgos argumentales, descubrimientos que facilitan la función de llegar, a pie o a caballo, hasta la idea final, llave de cierre. Y es en esos relatos y en sus poemas jóvenes donde son más evidentes el esfuerzo y la intención poéticos.

Textos de Gabriel García Márquez traducidos por Pedro Sevylla de Juana

 

Poema desde un caracol
Gabriel García Márquez

I
Yo he visto el mar. Pero no era
el mar retórico con mástiles
y marineros amarrados
a una leyenda de cantares.

II
Ni el verde mar cosmopolita
—mar de Babel— de las ciudades,
que nunca tuvo unas ventanas
para el lucero de la tarde.

III
Ni el mar de Ulises que tenía
siete sirenas musicales
cual siete islas rodeadas
de música por todas partes.

IV
Ni el mar inútil que regresa
con una carga de paisajes
para que siempre sea octubre
en el sueño de los alcatraces.

V
Ni el mar bohemio con un puerto
y un marinero delirante
que perdiera su corazón
en una partida de naipes.

VI
Ni el mar que rompe contra el muelle
una canción irremediable
que llega al pecho de los días
sin emoción, como un tatuaje.

VII
Ni el mar puntual que siempre tiene
un puerto para cada viaje
donde el amor se vuelve vida
como en el vientre de una madre.

VIII
Que era mi mar el mar eterno,
mar de la infancia, inolvidable,
suspendido de nuestro sueño
como una Paloma en el aire.

IX
Era el mar de la geografía,
de los pequeños estudiantes,
que aprendíamos a navegar
en los mapas elementales.

X
En el mar de los caracoles,
mar prisionero, mar distante,
que llevábamos en el bolsillo
como un juguete a todas partes.

XI
El mar azul que nos miraba,
cuando era nuestra edad tan frágil
que se doblaba bajo el peso
de los castillos en el aire.

XII
Y era el mar del primer amor
En unos ojos otoñales

***
Un día quise ver el mar
-mar de la infancia- y ya era tarde.

22 de Julio de 1947 La Razón Bogotá Colombia

 

Poema desde um caracol
Gabriel García Márquez
Tradução Pedro Sevylla de Juana

I
Eu tenho visto o mar. Mas não era
o mar retórico com mastros
e marinheiros prendidos
a uma lenda de cantos.

II
Nem o verde mar cosmopolita
—mar de Babel— das cidades,
que nunca teve janelas
para o luzeiro da tarde.

III
Nem o mar de Ulisses que tinha
sete sereias cantantes
qual sete ilhas cercadas
de música por todas partes.

IV
Nem o mar inútil que regressa
com um ónus de paisagens
para que sempre seja outubro
no sonho dos alcatrazes.

V
Nem o mar boêmio com um porto
e um marinheiro delirante
que seu coração perdesse
numa partida de naipes.

VI
Nem o mar que rompe contra o cais
uma canção irremediável
que chega ao peito dos dias
sem emoção, como tatuagem.

VII
Nem o mar pontual que sempre tem
um porto para cada viagem
onde o amor se volta vida
como no ventre duma mãe.

VIII
Que era meu mar o mar eterno,
mar da infância, inolvidável,
suspendido de nosso sonho
como uma Pomba nos ares.

IX
Era o mar da geografia,
dos pequenos estudantes,
que aprendíamos navegar
nos mapas elementares.

X
No mar dos caracóis,
mar prisioneiro, mar distante,
que levávamos no bolso
como brinquedo a todas partes.

XI
O mar azul que nos olhava,
quando era tão frágil nossa idade
que se dobrava com o peso
dos castelos nos ares.

XII
E era o mar do primeiro amor
Nuns olhos outonais

***
Um dia quis ver o mar
-mar da infância- e já era tarde.

 

La luz es como el agua
[Cuento – Texto completo.]
Gabriel García Márquez

En Navidad los niños volvieron a pedir un bote de remos.
-De acuerdo -dijo el papá, lo compraremos cuando volvamos a Cartagena.
Totó, de nueve años, y Joel, de siete, estaban más decididos de lo que sus padres creían.
-No, -dijeron a coro-. Nos hace falta ahora y aquí.
-Para empezar -dijo la madre-, aquí no hay más agua navegable que la que sale de la ducha.
Tanto ella como el esposo tenían razón. En la casa de Cartagena de Indias había un patio con un muelle sobre la bahía, y un refugio para dos yates grandes. En cambio, aquí en Madrid vivían apretados en el piso quinto del número 47 del Paseo de la Castellana. Pero al final ni él ni ella pudieron negarse, porque les habían prometido un bote de remos con su sextante y su brújula si se ganaban el laurel del tercer año de primaria, y se lo habían ganado. Así que el papá compró todo sin decirle nada a su esposa, que era la más reacia a pagar deudas de juego. Era un precioso bote de aluminio con un hilo dorado en la línea de flotación.
-El bote está en el garaje -reveló el papá en el almuerzo-. El problema es que no hay cómo subirlo ni por el ascensor ni por la escalera, y en el garaje no hay más espacio disponible.
Sin embargo, la tarde del sábado siguiente los niños invitaron a sus condiscípulos para subir el bote por las escaleras, y lograron llevarlo hasta el cuarto de servicio.
-Felicitaciones -les dijo el papá ¿ahora qué?
-Ahora nada -dijeron los niños-. Lo único que queríamos era tener el bote en el cuarto, y ya está.
La noche del miércoles, como todos los miércoles, los padres se fueron al cine. Los niños, dueños y señores de la casa, cerraron puertas y ventanas, y rompieron la bombilla encendida de una lámpara de la sala. Un chorro de luz dorada y fresca como el agua empezó a salir de la bombilla rota, y lo dejaron correr hasta que el nivel llego a cuatro palmos. Entonces cortaron la corriente, sacaron el bote, y navegaron a placer por entre las islas de la casa.
Esta aventura fabulosa fue el resultado de una ligereza mía cuando participaba en un seminario sobre la poesía de los utensilios domésticos. Totó me preguntó cómo era que la luz se encendía con sólo apretar un botón, y yo no tuve el valor de pensarlo dos veces.
-La luz es como el agua -le contesté: uno abre el grifo, y sale.
De modo que siguieron navegando los miércoles en la noche, aprendiendo el manejo del sextante y la brújula, hasta que los padres regresaban del cine y los encontraban dormidos como ángeles de tierra firme. Meses después, ansiosos de ir más lejos, pidieron un equipo de pesca submarina. Con todo: máscaras, aletas, tanques y escopetas de aire comprimido.
-Está mal que tengan en el cuarto de servicio un bote de remos que no les sirve para nada -dijo el padre-. Pero está peor que quieran tener además equipos de buceo.
-¿Y si nos ganamos la gardenia de oro del primer semestre? -dijo Joel.
-No -dijo la madre, asustada-. Ya no más.
El padre le reprochó su intransigencia.
-Es que estos niños no se ganan ni un clavo por cumplir con su deber -dijo ella-, pero por un capricho son capaces de ganarse hasta la silla del maestro.
Los padres no dijeron al fin ni que sí ni que no. Pero Totó y Joel, que habían sido los últimos en los dos años anteriores, se ganaron en julio las dos gardenias de oro y el reconocimiento público del rector. Esa misma tarde, sin que hubieran vuelto a pedirlos, encontraron en el dormitorio los equipos de buzos en su empaque original. De modo que el miércoles siguiente, mientras los padres veían El último tango en París, llenaron el apartamento hasta la altura de dos brazas, bucearon como tiburones mansos por debajo de los muebles y las camas, y rescataron del fondo de la luz las cosas que durante años se habían perdido en la oscuridad.
En la premiación final los hermanos fueron aclamados como ejemplo para la escuela, y les dieron diplomas de excelencia. Esta vez no tuvieron que pedir nada, porque los padres les preguntaron qué querían. Ellos fueron tan razonables, que sólo quisieron una fiesta en casa para agasajar a los compañeros de curso.
El papá, a solas con su mujer, estaba radiante.
-Es una prueba de madurez -dijo.
-Dios te oiga -dijo la madre.
El miércoles siguiente, mientras los padres veían La Batalla de Argel, la gente que pasó por la Castellana vio una cascada de luz que caía de un viejo edificio escondido entre los árboles. Salía por los balcones, se derramaba a raudales por la fachada, y se encauzó por la gran avenida en un torrente dorado que iluminó la ciudad hasta el Guadarrama.
Llamados de urgencia, los bomberos forzaron la puerta del quinto piso, y encontraron la casa rebosada de luz hasta el techo. El sofá y los sillones forrados en piel de leopardo flotaban en la sala a distintos niveles, entre las botellas del bar y el piano de cola y su mantón de Manila que aleteaba a media agua como una mantarraya de oro. Los utensilios domésticos, en la plenitud de su poesía, volaban con sus propias alas por el cielo de la cocina. Los instrumentos de la banda de guerra, que los niños usaban para bailar, flotaban al garete entre los peces de colores liberados de la pecera de mamá, que eran los únicos que flotaban vivos y felices en la vasta ciénaga iluminada. En el cuarto de baño flotaban los cepillos de dientes de todos, los preservativos de papá, los pomos de cremas y la dentadura de repuesto de mamá, y el televisor de la alcoba principal flotaba de costado, todavía encendido en el último episodio de la película de media noche prohibida para niños.
Al final del corredor, flotando entre dos aguas, Totó estaba sentado en la popa del bote, aferrado a los remos y con la máscara puesta, buscando el faro del puerto hasta donde le alcanzó el aire de los tanques, y Joel flotaba en la proa buscando todavía la altura de la estrella polar con el sextante, y flotaban por toda la casa sus treinta y siete compañeros de clase, eternizados en el instante de hacer pipí en la maceta de geranios, de cantar el himno de la escuela con la letra cambiada por versos de burla contra el rector, de beberse a escondidas un vaso de brandy de la botella de papá. Pues habían abierto tantas luces al mismo tiempo que la casa se había rebosado, y todo el cuarto año elemental de la escuela de San Julián el Hospitalario, se había ahogado en el piso quinto del número 47 del Paseo de la Castellana. En Madrid de España, una ciudad remota de veranos ardientes y vientos helados, sin mar ni río, y cuyos aborígenes de tierra firme nunca fueron maestros en la ciencia de navegar en la luz.
García Márquez, G. (1992). Doce cuentos peregrinos (2ª Ed.). Buenos Aires, Argentina: Editorial Sudamericana.

 

A luz é como a água ( Texto completo )
Conto de Gabriel García Márquez
Tradução Pedro Sevylla de Juana

No Natal, as crianças novamente pediram uma balsa a remos.
-De acordo, -disse o papai-, vamos comprar quando voltarmos para Cartagena. Totó, nove anos de idade, e Joel, sete, estavam mais decididos do que os pais pensavam.
-Não, -eles disseram em coro-. A precisamos agora e aqui.
-Para começar, -disse a mãe-, não há mais águas navegáveis aqui da que sai do chuveiro. Tanto ela quanto o marido tinham razão. Na casa de Cartagena de Indias, havia um pátio com um cais na baía e um abrigo para dois grandes iates. E em Madri moraram apertados no quinto andar do número 47 do Paseo de la Castellana. Mas nem ele nem ela se podiam negar, porque lhes prometeram uma balsa com seu sextante e sua bússola se ganhassem o laurel do terceiro ano da escola primária, e eles o ganharam. Assim que, o pai comprou tudo sem dizer nada a sua esposa, que era mais relutante em pagar dívidas de jogo. Era um belo barco de alumínio com um fio dourado na linha de água.
-O barco está na garagem, -papai revelou no almoço-. O problema é que não há como subi-lo pelo elevador ou pelas escadas, e na garagem não há mais espaço disponível. No entanto, na tarde de sábado seguinte, as crianças convidaram seus colegas de classe a subir o barco pelas escadas e conseguiram levá-lo para a sala de atendimento.
-Congratulações, -disse o papai-, e agora, o quê?
-Agora nada, -disseram as crianças-. A única coisa que queríamos era ter o barco na sala, e já está.
Na quarta-feira à noite, como todas as quartas-feiras, os pais foram ao cinema. As crianças, proprietários e senhores da casa, fecharam portas e janelas e quebraram o globo de vidro duma lâmpada incendida na sala de estar. Um jato de luz dourada, fresco como a água começou a sair da lâmpada quebrada, e eles o deixaram correr até atingir o nível quatro palmos. Então eles cortaram a corrente, dispuseram o barco e navegaram tranquilamente entre as ilhas da casa. Essa fabulosa aventura foi resultado da minha irreflexão quando participei num seminário sobre poesia de utensílios domésticos. Totó me perguntou como surgiu a luz apertando um botão, e não tive a coragem de pensar a resposta duas vezes.
-A luz é como a água -eu respondi- se abre a torneira e sai. Assim continuaram navegando nas noites de quarta-feira, aprendendo a usar o sextante e a bússola, até que os pais regressavam do cinema e os encontravam adormecidos como anjos de terra firme. Meses depois, ansiosos de ir mais longe, pediram um equipamento de pesca subaquática. Com tudo: máscaras, aletas, garrafas e espingardas de ar comprimido.
-Não é bom que tenham uma balsa a remos na sala de atendimento sem utilidade, -disse o pai-. Mas o pior é que também querem ter equipamentos de mergulho.
-E se ganharmos a gardênia de ouro do primeiro semestre?, -disse Joel.
-Não, -disse a mãe, assustada-. Já mais nada.
O pai lhe censurou sua intransigência.
-É que essas crianças não ganham um prego por fazer seu dever, -disse ela-, mas, por um capricho conseguem conquistar a cadeira do professor.
Os pais não disseram sim ou não. Mas Totó e Joel, que foram os últimos nos dois anos anteriores, ganharam em julho as duas gardênias de ouro e o reconhecimento público do reitor. Na mesma tarde, sem ter pedido nada novamente, encontraram no quarto o equipamento de mergulho na embalagem original. É assim como, na quarta-feira seguinte, enquanto os pais viram El último tango em Paris, eles alagaram o apartamento até uma altura de duas braças, mergulharam como tubarões domesticados debaixo dos móveis, e camas e resgataram do fundo da luz as coisas que, durante anos, se haviam perdido no escuro.
Na entrega dos prêmios finais, os irmãos foram aclamados como exemplo para a escola e receberam diplomas de excelência. Essa vez, os filhos não precisavam pedir nada, porque os pais perguntaram o que eles queriam. Mas eram tão razoáveis, que só quiseram uma festa em casa para agasalhar os colegas da classe. O papai, a sós com a esposa, estava radiante.
-É uma prova de madureza-, disse ele.
-Deus te ouça-, disse a mãe.
Na quarta-feira seguinte, enquanto os pais viam a Batalha de Argel, as pessoas que passavam pela Castellana descobriam uma cascata de luz descendo dum antigo edifício escondido entre as árvores. Saía pelas varandas, se derramava em abundância sobre a fachada, e se canalizou pela grande avenida em uma torrente de ouro que iluminava a cidade até o Guadarrama.
Chamados com urgência, os bombeiros forçaram a porta do quinto andar, e acharam a casa transbordada de luz até o teto. O sofá e as cadeiras de pele de leopardo flutuavam na sala em diferentes níveis, entre as garrafas do bar e o piano de cauda e o xale de Manila que tremulava a meio caminho como uma arraia de ouro. Os utensílios domésticos, na plenitude de sua poesia, voavam com as próprias asas pelo céu da cozinha. Os instrumentos da banda de guerra, que as crianças usavam para dançar, flutuavam à deriva entre os peixes coloridos liberados do aquário de mamãe, os únicos que boiavam vivos e felizes no vasto pântano iluminado. No banheiro vagueavam as escovas de dentes de todos, os preservativos do papai, os botões de creme e a segunda dentadura da mamãe, e o televisor do quarto principal flutuava ladeado, ainda aceso no último episódio do filme de meia noite proibido para crianças.
No final do corredor, flutuando entre duas águas, Totó estava sentado na popa da balsa, agarrado aos remos e com a máscara posta, procurando o farol do porto até onde o ar das garrafas alcançasse e Joel flutuava no arco ainda procurando o auge da estrela polar com o sextante, e seus trinta e sete colegas surgiram por toda a casa, eternizados no momento de urinar no vaso de gerânios, cantando o hino da escola com a letra alterada por versos de zombaria contra o reitor, de beber um copo de conhaque da garrafa de papai. Pois abriram tantas luzes ao mesmo tempo que a casa transbordou, e todo o quarto ano elementar da escola de San Julián el Hospitalario se afogou no quinto andar do número 47 do Paseo de la Castellana. Em Madri da Espanha, uma cidade remota de verões quentes e ventos gelados, sem mar ou rio, e cujos aborígenes de terra firme nunca foram mestres na ciência de vogar na luz.

Lo importante no era la vestimenta para García Márquez, en la ceremonia de recepción del Premio Nobel, importaba de verdad lo que dijera. Y dijo, y dijo bien; ya señalado por el prestigioso dedo de la Academia. Explicó América desde sus ojos y su corazón, y explicando América explicó el Planeta, Europa, la triste y decadente Europa incluida. Injusticia, llevando de la mano a la pobreza y a la muerte. Vistió guayabera blanca como quería, traje caribeño de etiqueta, porque el otro, el esmoquin, es un traje de la clase dominante.

Trabajo completo en
http://pedrosevylla.com/gabriel-garcia-marquez/

 

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Antonio Machado

Recuerdo una frase de Cesáreo Gutiérrez Cortés, que me ayuda en las pesquisas: “No hay nada más sospechoso de falsedad que lo evidente”. Cuando todo aparece diáfano, perfecto, silencioso, dulce, azul y blanco, tibio, calmo; ¡cuidado! Entonces saco la lupa o el cuenta hilos, el termómetro, tomo el pulso y el aliento, pregunto, abro, giro, escarbo. El asunto importante que suscita la lectura de Machado, es, simple y llanamente, el modo y manera de leerlo; el cómo y cuánto debemos conocer para alcanzar la certeza de su pensamiento, y la posición que tomaba ante la vida y su intríngulis. Se ha dicho que no basta con leer solo algunos textos, prosa o verso; para conocer a Machado hay que tener en cuenta toda su obra. Supongo que esa afirmación viene motivada por sus cambios del punto de vista y de la propia visión. «Nunca estoy más cerca de pensar una cosa» —anota Machado en las primeras páginas del cuaderno Los complementarios— «que cuando he escrito la contraria.»
Bien, si eso es así, su obra al completo nos dará su completa evolución, pero no la visión principal, la dominante, síntesis y punto de apoyo, palanca. ¿Nos bastaría entonces con leer sus últimos trabajos? No, porque el paso del tiempo no es, casi nunca, sinónimo de progreso, sino la pura y sencilla división en estadios del proceso evolutivo. Así, el último momento, sería un punto más de la evolución, pero no el más representativo. La síntesis que algunos hagan en ensayos de enjundia, puede ayudar, pero la opinión, sea la que sea, que uno mismo se haga, debe ser la válida para cada uno. Por tanto, cuanto más se lea de Antonio Machado, mejor: suma de contradicciones más o menos conciliables. En todo caso, ante la duda irresoluble, podemos tomar, como acertada, la opinión de Juan de Mairena. No obstante, en cuanto a la coherencia de su conducta, siempre tendremos la rúbrica inequívoca de su muerte.

Hay unos versos, palabras a buril gravadas, que quise, sin embargo, efímeras; y quizá también el autor, Antonio Machado, profeta a fuerza de ser sabio. Pero ahí siguen, tan vigentes como entonces:

Españolito que al mundo vienes
te guarde Dios,
una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.

y hay otros que definen la fe que, en mi tierra castellana, conocí de niño:
Igual que el ballestero

tahúr de la cantiga,
tuviera una saeta el hombre ibero
para el Señor que apedreó la espiga

Tenemos las dos Españas, y ese Dios que es aliado o no es, que obedece nuestra petición individual o la entorpece. La España de la razón y la España de la emoción, fluctuantes, en permanente vaivén. La de abajo y la de arriba, la de la derecha y la de la izquierda, la que dice y la que hace, la que mira y la que siente. Iba a decir, pero no: la que goza y la que padece. No, las dos padecen; porque a ninguna les salen las cuentas tal como las echan. Hay dos Españas aquí y allí, aquí y ahí, en el Norte y en el Sur, en el Este y en el Oeste. Hay dos Españas en el poblado mínimo. Y hay dos Españas en cada uno de nosotros. Hay dos Españas en España, y dos Francias en Francia, dos Alemanias en Alemania y lo mismo en cada uno de los países. Excepto donde hay una tan grande que parece toda, y una tan pequeña que parece inexistente. Esa situación es la peor: pastor y ovejas que le dan la leche, casi siempre contentas: la ubre llena, aprieta y duele.
Razón y emoción debieran ser complementarias, debieran dividirse la tarea: hay asuntos que son del corazón y asuntos que requieren la cabeza, la una matiza la impresión recibida por la otra. Pero casi siempre quieren que la otra ceda y se pliegue. Al respecto, escribí: Emoción y lógica caminaban juntas / humanas complementarias facultades / codo con codo por valles y llanuras, / y el hombre resultaba invulnerable.
A veces el pensamiento parecía tomar la delantera, / hasta que el sentimiento avanzaba decidido / alcanzando una ventaja manifiesta.

 

La unión y la fuerza
Poema de Pedro Sevylla de Juana

Chubasco, chaparrón, nubada:
se oye el murmullo de la lluvia en los cristales,
dilatadas pupilas de la casa;
rítmico repiqueteo, monótono, insistente,
furioso en ocasiones, sosegado a veces.

Como si se tratara de esas aves viajeras,
que emprenden el periplo migratorio,
preludios de invierno o primavera;
como estorninos dispuestos a iniciar sus vuelos acrobáticos,
las diminutas gotas se esperan atadas las unas a las otras,
unidas a las tejas del tejado,
al vidrio asidas, sujetas a las resplandecientes hojas
de los chopos erguidos en el llano.

Si ley que reprocha su conducta,
restringe valiosas libertades,
las gotas reclaman su derecho a reunirse
para formar gotas más grandes.

Cuando su número basta,
y llega al peso crítico el volumen congregado,
ventana abajo se deslizan raudas
pared o tronco abajo,
hacia la horizontal impávida, tonos grises o pardos.

Refresca el bochorno dominante,
el aire aligera su presencia
y en el precipitado ataque,
recelosas se estrellan
-tierra, piedra o follaje-
contra un suelo que opone menguante resistencia.

Cesa el repiqueteo, el susurro acompasado declina,
y las gotas gruesas
-suma de la suma de las más exiguas-
extenuadas, abatidas, enfermas,
reúnen en charcas dispersas sus fuerzas rendidas.

Llegan de aquí y de allá, de todas partes;
se juntan, forman balsas y lagunas,
se multiplican, rebosan, invaden,
y en la reguera gestante de hostilidad y furia,
incorporan el valor a una marcha imparable.

Descienden por la calle empujando obstáculos,
rompiendo presas, abriendo caminos estrechos,
canales amplios,
izando
cayados,
hoces,
horcas;
con el bronco canto
de los rebeldes
que aran profundo
su
propio
surco.

 

A união e a força
Poema e tradução de Pedro Sevylla de Juana

Chuvasco, aguaceiro, chuvarada:
se ouve o murmúrio da chuva nos cristais,
dilatadas pupilas da casa;
rítmico repenique, monótono, insistente
furioso em algumas ocasiões
sossegado às vezes.

Como se foram essas aves viageiras,
que empreendem o périplo migratório
prelúdios de inverno ou primavera;
como estorninhos dispostos a iniciar seus voos acrobáticos,
as diminutas gotas esperam atadas umas e outras,
unidas às telhas do telhado,
ao vidro agarradas, submissas às esplendorosas folhas
dos choupos erguidos no plano.

Se a lei que reprova sua conduta, ´
restringe valiosas liberdades,
as gotas reclamam o direito de reunião e de fusão
para formar gotas mais grandes.

Quando seu número basta
e chega ao peso crítico o volume congregado,
se deslizam rápidas
janela abaixo, parede ou tronco abaixo,
para a horizontal impávida,
tons cinzentos ou pardos.

Refresca o bochorno dominante
o ar aligeira sua presença
e no precipitado ataque,
receosas se estrelam
-terra, pedra ou folhagem-
contra um solo que opõe minguante resistência.

Cessa o repiquete
o sussurro compassado declina,
e as gotas grossas
-soma da soma das mais exíguas-
extenuadas, abatidas, doentes,
reúnem em charcos dispersos suas forças rendidas.
Chegam daqui e dali, de todas partes;
se juntam, formam balsas e lagos,
se multiplicam, transbordam, invadem,
e no rego gestante de hostilidade e fúria,
incorporam a coragem
a uma marcha
imparável.

Vão rua abaixo, empurrando obstáculos
rompendo represas, abrindo caminhos estreitos,
canais amplos,
içando
cajados,
foices,
forcas;
com o bronco canto
dos rebeldes
que lavram profundo
seu
próprio
sulco.

 

Cuatro poemas de Antonio Machado Traducidos por Pedro Sevylla de Juana

 

RETRATO
Poema de Antonio Machado

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierra de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.
Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
—ya conocéis mi torpe aliño indumentario—,
más recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.
Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.
Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.
Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.
¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.
Converso con el hombre que siempre va conmigo
—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.
Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.
Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.

Campos de Castilla Poema XCVII de Poesías Completas

 

Retrato
Poema de Antonio Machado
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

Minha infância são lembranças dum pátio de Sevilla,
e um horto claro onde madura o limoeiro;
a mocidade, vinte anos em terra de Castilla;
minha história, alguns casos que recordar não quero.
Nem sedutor Mañara, nem Bradomín tenho sido
—já conheceis meu torpe alinho indumentário—,
mais recebi a seta que me atribuiu Cupido,
e amei quanto elas possam ter de hospitalário.
Há em minhas veias gotas de sangue jacobina,
mas meu verso brota de manancial sereno;
e, mais que um homem ao uso que sabe sua doutrina,
sou, no bom sentido da palavra, bom.
Adoro a formosura, e na moderna estética
cortei as velhas rosas do horto de Ronsard;
mas não amo os adereços da atual cosmética,
nem sou uma ave dessas do novo gay-trinar.
Desdenho as romanças dos tenores ocos
e o coro dos grilos que cantam à lua.
A distinguir me paro as vozes dos ecos,
e escuto somente, entre as vozes, uma.
Sou clássico ou romântico? Não sei. Deixar quisera
meu verso, como deixa o capitão sua espada:
famosa pela mão viril que a brandira,
não pelo douto oficio do forjador prezada.
Converso com o homem que sempre vai comigo
—quem fala só espera falar a Deus um dia—;
meu solilóquio é conversa com esse bom amigo
que me ensinou o segredo da filantropia.
A meu trabalho vou, com meu dinheiro pago
o traje que me cobre e a mansão que habito,
o pão que me alimenta e o leito onde jazo.
E quando chegue o dia da última viagem,
e parta a nave que não tem de tornar,
me encontrareis a bordo ligeiro de bagagem,
quase despido, como os filhos da mar.

 

A LA MUERTE DE RUBÉN DARÍO
Poema de Antonio Machado

Si era toda en tu verso la armonía del mundo,
¿dónde fuiste, Darío, la armonía a buscar?
Jardinero de Hesperia, ruiseñor de los mares,
corazón asombrado de la música astral,
¿te ha llevado Dionysos de su mano al infierno
y con las nuevas rosas triunfantes volverás?
¿Te han herido buscando la soñada Florida,
la fuente de la eterna juventud, capitán?
Que en esta lengua madre la clara historia quede;
corazones de todas las Españas, llorad.
Rubén Darío ha muerto en sus tierras de Oro,
esta nueva nos vino atravesando el mar.
Pongamos, españoles, en un severo mármol,
su nombre, flauta y lira, y una inscripción no más:
Nadie esta lira pulse, si no es el mismo Apolo,
nadie esta flauta suene, si no es el mismo Pan.

Elogios Poema CXLVIII de Poesías Completas

 

À morte de Rubén Darío
Poema de Antonio Machado
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

Se era toda em teu verso a harmonia do mundo,
onde foste, Darío, a harmonia a buscar?
Jardineiro de Hesperia, rouxinol dos mares,
coração assombrado da música astral,
levou-te Dionysos de sua mão ao inferno
e com as novas rosas triunfantes voltarás?
Te feriram procurando a sonhada Flórida,
a fonte da eterna juventude, capitão?
Que nesta língua mãe a clara história fique;
corações de todas as Espanhas, chorem.
Rubén Darío morreu em suas terras de Ouro,
esta nova veio-nos atravessando o mar.
Ponhamos, espanhóis, num severo mármore,
seu nome, flauta e lira, e uma inscrição não mais:
Ninguém esta lira pulse, se não é o mesmo Apolo,
ninguém esta flauta soe, se não é o mesmo Pan.

 

El mañana efímero
Poema de Antonio Machado

La España de charanga y pandereta,
cerrado y sacristía,
devota de Frascuelo y de María,
de espíritu burlón y de alma quieta,
ha de tener su mármol y su día,
su infalible mañana y su poeta.
El vano ayer engendrará un mañana
vacío y ¡por ventura! pasajero.
Será un joven lechuzo y tarambana,
un sayón con hechuras de bolero,
a la moda de Francia realista
un poco al uso de París pagano
y al estilo de España especialista
en el vicio al alcance de la mano.
Esa España inferior que ora y bosteza,
vieja y tahúr, zaragatera y triste;
esa España inferior que ora y embiste,
cuando se digna usar de la cabeza,
aún tendrá luengo parto de varones
amantes de sagradas tradiciones
y de sagradas formas y maneras;
florecerán las barbas apostólicas,
y otras calvas en otras calaveras
brillarán, venerables y católicas.
El vano ayer engendrará un mañana
vacío y ¡por ventura! pasajero,
la sombra de un lechuzo tarambana,
de un sayón con hechuras de bolero;
el vacuo ayer dará un mañana huero.
Como la náusea de un borracho ahíto
de vino malo, un rojo sol corona
de heces turbias las cumbres de granito;
hay un mañana estomagante escrito
en la tarde pragmática y dulzona.
Mas otra España nace,
la España del cincel y de la maza,
con esa eterna juventud que se hace
del pasado macizo de la raza.
Una España implacable y redentora,
España que alborea
con un hacha en la mano vengadora,
España de la rabia y de la idea.

Poema CXXXV Poesías Completas Espasa Calpe colección Austral

 

O amanhã efêmero
Poema de Antonio Machado
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

A Espanha de charanga e pandeireta,
fechado e sacristia,
devota de Frascuelo e de Maria,
de espírito burlão e de alma quieta,
tem de ter seu mármore e seu dia,
seu infalível amanhã e seu poeta.
O vão ontem engendrará o amanhã
vazio e por ventura! passageiro.
Será pessoa vil e azoratada,
um saião com feituras de bolero,
à moda de França realista
um pouco ao uso do Paris pagão
e ao estilo de Espanha especialista
no vício ao alcance da mão.
Essa Espanha inferior que ora e boceja,
velha e batoteira, agitadora e triste;
essa Espanha inferior que ora e investe,
quando se digna usar da cabeça,
ainda terá longo parto de varões
amantes de sagradas tradições
e de sagradas formas e maneiras;
florescerão as barbas apostólicas,
e outras calvas em outras caveiras
brilharão, veneráveis e católicas.
O vão ontem engendrará um amanhã
vazio e por ventura! passageiro,
a sombra dum velhaco atordoado,
dum saião com feituras de bolero;
o vácuo ontem dará um amanhã cavo.
Como a náusea de um bêbado farto
de vinho mau, um vermelho sol coroa
de fezes turvas as cimeiras de granito;
há um discordante amanhã escrito
na tarde pragmática e muito doce.
Mas outra Espanha nasce,
a Espanha do cinzel e da maça,
com essa eterna juventude que se faz
do passado maciço da raça.
Uma Espanha implacável e redentora,
Espanha que alvoreja
com um machado na mão vingadora,
Espanha da raiva e da ideia.

 

El Dios ibero
Poema de Antonio Machado

Igual que el ballestero
tahúr de la cantiga,
tuviera una saeta el hombre ibero
para el Señor que apedreó la espiga
y malogró los frutos otoñales,
y un “gloria a ti” para el Señor que grana
centenos y trigales
que el pan bendito le darán mañana.
Señor de la ruina
adoro porque aguardo y porque temo:
con mi oración se inclina
hacia la tierra un corazón blasfemo.
¡Señor, por quien arranco el pan con pena,
sé tu poder, conozco mi cadena!
¡Oh dueño de la nube del estío
que la campiña arrasa,
del seco otoño, del helar tardío
y del bochorno que la mies abrasa!
“¡Señor del iris, sobre el campo verde
donde la oveja pace;
Señor del fruto que el gusano muerde
y de la choza que el turbión deshace,
“tu soplo el fuego del hogar aviva,
tu lumbre da sazón al rubio grano,
y cuaja el hueso de la verde oliva,
la noche de San Juan, tu santa mano!
“¡Oh dueño de fortuna y de pobreza,
ventura y malandanza,
que al rico das favores y pereza
y al pobre su fatiga y su esperanza!
“¡Señor, Señor: en la voltaria rueda
del año he visto mi simiente echada,
corriendo igual albur que la moneda
del jugador en el azar sembrada!
“¡Señor, hoy paternal, ayer cruento,
con doble faz de amor y de venganza,
a Ti, en un dado de tahúr al viento,
va mi oración, blasfemia y alabanza!”
Este que insulta a Dios en los altares,
no más atento al ceño del destino,
también soñó caminos en los mares
y dijo: es Dios sobre la mar camino.
¿No es él quien puso a Dios sobre la guerra
más allá de la suerte,
más allá de la tierra,
más allá de la mar y de la muerte?
¿No dio la encina ibera
para el fuego de Dios la buena rama,
que fue en la santa hoguera
de amor una con Dios en pura llama?
Mas hoy… ¡Qué importa un día!
Para los nuevos lares
estepas hay en la floresta umbría,
leña verde en los viejos encinares.
Aún larga patria espera
abrir al corvo arado sus besanas;
para el grano de Dios hay sementera
bajo cardos y abrojos y bardanas.
¡Qué importa un día! Está el ayer alerto
al mañana, mañana al infinito;
¡hombres de España, ni el pasado ha muerto,
ni está el mañana—ni el ayer—escrito!
¿Quién ha visto la faz al Dios hispano?
Mi corazón aguarda
al hombre ibero de la recia mano,
que tallará en el roble castellano
el Dios adusto de la tierra parda.

Campos de Castilla Poema CI de Poesías Completas

 

O Deus ibero
Poema de Antonio Machado
Tradução Pedro Sevylla de Juana

Igual que o besteiro
batoteiro da cantiga,
tivesse uma seta o homem ibero
para o Senhor que apedrejou a espiga
e malogrou os frutos outonais,
e um “glória para você” Senhor que grana
centeios e trigais
que o pão bendito lhe darão amanhã.
Senhor da ruína
adoro porque aguardo e porque temo:
com minha oração se inclina
para a terra um coração blasfemo.
Senhor, por quem arranco o pão com pena,
sei teu poder, conheço minha corrente!
Oh dono da nuvem do estio
que a campina arrasa,
do seco outono, do gelar tardio
e do bochorno que a seara abrasa!
“Senhor do íris, sobre o campo verde
onde a ovelha pasce;
Senhor do fruto que o verme morde
e da choça que o aguaceiro rompe,
“teu sopro o fogo do lar aviva,
teu lume dá ponto ao louro grão,
e coalha o osso da verde oliva,
a noite de San Juan, tua santa mão!
“Oh dono de fortuna e de pobreza,
ventura e malandança,
que ao rico dás favores e preguiça
e ao pobre sua fadiga e sua esperança!
“Senhor, Senhor: na instável roda
do ano tenho visto a semente deitada,
correndo igual sorte que a moeda
do jogador no azar semeada!
“Senhor, hoje paternal, ontem cruento,
com duplo rosto de amor e de vingança,
a Ti, num dado de batoteiro ao vento,
vai minha oração, blasfêmia e alabança!”
Este que insulta a Deus nos altares,
não mais atento ao cenho do Destino,
também sonhou caminhos nos mares
e disse: “É Deus sobre o mar caminho.”
Não é ele quem pôs Deus sobre a guerra
para além da sorte,
para além da terra,
para além da mar e da morte?
Não deu o azinho ibero
para o fogo de Deus o bom ramo,
que foi na santa fogueira
de amor uma com Deus em pura chama?
Mas hoje… Que importa um dia!
Para os novos lares
estepes há na floresta umbria,
lenha verde nos velhos azinhais.
Ainda longa pátria espera
abrir ao curvo arado suas besanas;
para o grão de Deus há sementeira
baixo cardos e abrolhos e bardanas.
Que importa um dia! Está o ontem alerto
ao amanhã, amanhã ao infinito;
homens da Espanha, nem o passado tem morrido,
nem está o amanhã—nem o ontem—escrito!
Quem tem visto a cara do Deus hispano?
Meu coração aguarda
ao homem ibero da vigorosa mão,
que talhará no roble castelhano
o árido Deus da terra parda.

Poemas originais de Poesías Completas Espasa Calpe S-A. Colección Austral nº 149

Trabajo completo en
http://pedrosevylla.com/antonio-machado/

 

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Octavio Paz

Conozco la foto que nos muestra a Octavio Paz y Elena Garro, recién casados, paseando por Barcelona en 1937. El motivo del viaje era la invitación recibida por Octavio Paz para asistir al II Congreso de Escritores Antifascistas, organizado, bajo auspicios soviéticos, por la Alianza de Intelectuales para la Defensa de la Cultura.
Debía celebrarse en Madrid, Valencia, Barcelona y París. El día 4 de julio de 1937 entran Octavio y Elena por la frontera de Port Bou junto a otros asistentes.

Es de destacar que tenía el joven poeta 23 años, y que fue invitado, aunque no pertenecía a la Alianza. No pertenecía a la Alianza, pero a los 16 años había publicado en Barandal el artículo “Ética del artista” Arte y realidad. Arte puro y Arte de tesis enfrentados. Hemos de ser hombres completos, íntegros: concluye. A los 17 había publicado el breve poemario “Luna silvestre”, el único firmado como Octavio Paz Lozano. No pertenecía a la Alianza, pero el 30 de septiembre de 1936, la Editorial Simbad publica en un folleto su poema ¡No pasarán! El colofón de las seis páginas que ocupa el poema dice:
Esta edición, que consta de tres mil quinientos ejemplares, terminada en los Talleres Gráficos de la Nación, fue cedida al Frente Popular Español, en México, en prenda de simpatía y adhesión para el pueblo de España, en la lucha desigual y heroica que actualmente sostiene.

(…) No pasarán.
¡cómo llena ese grito todo el aire
y lo vuelve una eléctrica muralla!
Detened el terror y las mazmorras,
para que crezca, joven, en España,
la vida verdadera,
la sangre jubilosa,
la ternura feroz del mundo libre.
¡Detened a la muerte, camaradas!

El Congreso, en sus sesiones de Valencia, cuenta con 110 delegados de 28 países. Sucede en plena Guerra Civil, primeros de julio del 37. Hay que recordar el mapa de entonces, donde el gobierno legalmente constituido resistía en la mitad oriental del país. Participaron intelectuales que estaban entre los más destacados del panorama cultural internacional. De Valencia, los asistentes, partieron para Madrid. Podemos entender lo que significó el Congreso para el muchacho Octavio Paz. Conocimiento, reconocimiento y afirmación.
La revista mensual “Hora de España”, estuvo vigente entre enero de 1937 y noviembre de 1938. En el número de septiembre del 37, dedicado al Congreso recién celebrado, aparece un poema de Octavio Paz: “Elegía a un compañero muerto en el frente”. Hay varias versiones posteriores, una que identifica el frente con el frente de Aragón. Se supo que el soldado muerto era su amigo español José Bosch Fontseré, a quien Octavio debía gran parte de la formación política. Se difundió el rumor de su muerte luchando en ese frente, pero no era cierto.
En la recopilación de su obra poética, Octavio Paz se expresa así:
“Entre los poemas suprimidos en la edición corregida y distribuida de Libertad bajo palabra (1968), se encuentra la `Elegía a un compañero muerto en el frente de Aragón’. Lo recojo ahora no porque haya cambiado de opinión –me sigue pareciendo tributario de una retórica que repruebo- sino por ser el doble testimonio de una convicción y una amistad. La convicción se llamó España – la leal, la popular-; la amistad se llamó José Bosch.

El 29 de septiembre de 1937 sale de España en auto Octavio Paz por la Junquera. No sabemos cuánto de lo suyo dejó el poeta al marchar, ni cuanto nuevo llevó que no traía
La poesía no es la llave maestra que todo abre; pero es una llave, es muchas llaves. De ellas, unas abren, y otras cierran.
Y a veces coinciden en un mismo poema. El lector toma de entre todas, las que le interesan, las que necesita, las que le sirven. Me gusta la poesía que va, el poema que avanza, el verso que dice y el verso que sugiere, la palabra que añade sentido a las otras, que forma el sentido con las otras. Entre los poemas de Octavio Paz que traduzco aquí, el titulado La exclamación, me parece la mejor definición que he leído del colibrí, símbolo del Estado de Espírito Santo en Brasil. La más escueta, la que describe su esencia.
Poeta completo es aquel capaz de escribir ese poema y, también, el otro, el titulado Piedra de Sol.

 

Cinco Poemas de Octavio Paz traduzidos por Pedro Sevylla de Juana

 

Acabar con todo
Poema de Octavio Paz

Dame, llama invisible, espada fría,
tu persistente cólera,
para acabar con todo,
oh mundo seco,
oh mundo desangrado,
para acabar con todo.

Arde, sombrío, arde sin llamas,
apagado y ardiente,
ceniza y piedra viva,
desierto sin orillas.

Arde en el vasto cielo, laja y nube,
bajo la ciega luz que se desploma
entre estériles peñas.

Arde en la soledad que nos deshace,
tierra de piedra ardiente,
de raíces heladas y sedientas.

Arde, furor oculto,
ceniza que enloquece,
arde invisible, arde
como el mar impotente engendra nubes,
olas como el rencor y espumas pétreas.
Entre mis huesos delirantes, arde;
arde dentro del aire hueco,
horno invisible y puro;
arde como arde el tiempo,
como camina el tiempo entre la muerte,
con sus mismas pisadas y su aliento;
arde como la soledad que te devora,
arde en ti mismo, ardor sin llama,
soledad sin imagen, sed sin labios.
Para acabar con todo,
oh mundo seco,
para acabar con todo.

 

Acabar com tudo
Poema de Octavio Paz
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana

Dá-me, lume invisível, espada fria,
tua persistente cólera,
para acabar com tudo,
oh mundo seco,
oh mundo dessangrado,
para acabar com tudo.

Arde, sombrio, arde sem lumes,
apagado e ardente,
cinza e pedra viva,
deserto sem orlas.

Arde no vasto céu, laja e nuvem,
baixo a cega luz que se desaba
entre estéreis penhas.

Arde na solidão que nos desfaz,
terra de pedra ardente,
de raízes geladas e sedentas.

Arde, furor oculto,
cinza que enlouquece,
arde invisível, arde
como o mar impotente engendra nuvens,
ondas como o rancor e espumas pétreas.
Entre meus ossos delirantes, arde;
arde dentro do ar oco,
forno invisível e puro;
arde como arde o tempo,
como caminha o tempo entre a morte,
com suas mesmas calcadas e seu alento;
arde como a solidão que te devora,
arde em ti mesmo, ardor sem lume,
solidão sem imagem, sede sem lábios.
Para acabar com tudo,
ó mundo seco,
para acabar com tudo.

 

Deprecación
Poema de Octavio Paz

No he sido Don Quijote,
no deshice ningún entuerto
(aunque a veces
me han apedreado los galeotes)
pero quiero,
como él, morir con los ojos abiertos.
Morir
sabiendo que morir es regresar
adonde no sabemos,
adonde,
sin esperanza, lo esperamos.
Morir
reconciliado con los tres tiempos
y las cinco direcciones,
el alma
-o lo que así llamamos-
vuelta una transparencia.
Pido
no la iluminación:
abrir los ojos,
mirar, tocar al mundo
con mirada de sol que se retira;
pido ser la quietud del vértigo,
la conciencia del tiempo
apenas lo que dure un parpadeo
del ánima sitiada;
pido
frente a la tos, el vómito, la mueca,
ser día despejado,
luz mojada
sobre tierra recién llovida
y que tu voz, mujer, sobre mi frente sea
el manso soliloquio de algún río;
pido ser breve centelleo,
repentina fijeza de un reflejo
sobre el oleaje de esa hora:
memoria y olvido,
al fin,
una misma claridad instantánea.

 

Deprecação
Poema de Octavio Paz
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

Não tenho sido Dom Quijote,
não desfiz nenhum agravo
(ainda que às vezes
me apedrejaram os galeotes)
mas quero,
como ele, morrer com os olhos abertos.
Morrer
sabendo que morrer é regressar
onde não sabemos,
onde,
sem esperança, o esperamos.
Morrer
reconciliado com os três tempos
e as cinco direções,
a alma
-ou o que assim chamamos-
voltada uma transparência.
Peço
não a iluminação:
abrir os olhos,
olhar, tocar o mundo
com mirada de sol que se retira;
peço ser a quietude da vertigem,
a consciência do tempo
mal o que dure um pisco
da alma sitiada;
peço
em frente à tosse, o vómito, a careta,
ser dia aberto,
luz molhada
sobre terra recém chovida
e que tua voz, mulher, sobre minha frente seja
o manso soliloquio de algum rio;
peço ser breve cintilação,
repentina firmeza dum reflexo
sobre o fluxo das ondas de essa hora:
memória e esquecimento,
ao fim,
uma mesma clareza instantánea

La exclamación
Poema de Octavio Paz

Quieto

No en la rama
En el aire

No en el aire
En el instante

El colibrí

De Ladera Este, Los mejores poemas de Octavio Paz Seix Barral

 

A exclamação
Poema de Octavio Paz
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

Imóvel

Não no ramo
No ar

Não no ar
No instante

O colibri

 

La vida sencilla
Poema de Octavio Paz

LLAMAR al pan el pan y que aparezca
sobre el mantel el pan de cada día;
darle al sudor lo suyo y darle al sueño
y al breve paraíso y al infierno
y al cuerpo y al minuto lo que piden;
reír como el mar ríe, el viento ríe,
sin que la risa suene a vidrios rotos;
beber y en la embriaguez asir la vida;
bailar el baile sin perder el paso;
tocar la mano de un desconocido
en un día de piedra y agonía
y que esa mano tenga la firmeza
que no tuvo la mano del amigo;
probar la soledad sin que el vinagre
haga torcer mi boca, ni repita
mis muecas el espejo, ni el silencio
se erice con los dientes que rechinan:
estas cuatro paredes -papel, yeso,
alfombra rala y foco amarillento-
no son aún el prometido infierno;
que no me duela más aquel deseo,
helado por el miedo, llaga fría,
quemadura de labios no besados:
el agua clara nunca se detiene
y hay frutas que se caen de maduras;
saber partir el pan y repartirlo,
el pan de una verdad común a todos,
verdad de pan que a todos nos sustenta,
por cuya levadura soy un hombre,
un semejante entre mis semejantes;
pelear por la vida de los vivos,
dar la vida a los vivos, a la vida,
y enterrar a los muertos y olvidarlos
como la tierra los olvida: en frutos…
Y que a la hora de mi muerte logre
morir como los hombres y me alcance
el perdón y la vida perdurable
del polvo, de los frutos y del polvo.

Tomado de II Calamidades y milagros El Fuego de Cada Día / Seix Barral 1989

 

A vida singela
Poema de Octavio Paz
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

CHAMAR ao pão o pão e que apareça
sobre o mantel o pão de cada dia;
dar ao suor o seu e dar ao sono
e ao breve paraíso e ao inferno
e ao corpo e ao minuto o que pedem;
rir como o mar ri, o vento ri,
sem que o riso soe a vidros rompidos;
beber e na embriaguez enlaçar a vida;
dançar a dança sem perder o passo;
tocar a mão dum desconhecido
num dia de pedra e agonia
e que essa mão tenha a firmeza
que não teve a mão do amigo;
provar a solidão sem que o vinagre
faça torcer minha boca, nem repita
minhas caretas o espelho, nem o silêncio
se arrepie com os dentes que rangem
estas quatro paredes –papel, gesso,
tapete rala e foco amarelento-
não são ainda o prometido inferno;
que não me doa mais aquele desejo,
gelado pelo medo, chaga fria,
queimadura de lábios não beijados:
a água clara nunca se detém
e há frutas que se caem maduras;
saber partir o pão e reparti-lo,
o pão duma verdade comum a todos,
verdade de pão que a todos nos sustenta,
por cujo fermento sou um homem,
um semelhante entre meus semelhantes;
brigar pela vida dos vivos,
dar a vida aos vivos, à vida,
e enterrar aos mortos e esquecê-los.
como a terra os esquece: em frutos…
E que à hora de minha morte consiga
morrer como os homens e me atinja
o perdão e a vida perdurável
do pó, dos frutos e do pó.

 

Interior
Poema de Octavio Paz

PENSAMIENTOS en guerra
quieren romper mi frente

Por caminos de pájaros
avanza la escritura

La mano piensa en voz alta
una palabra llama a otra

En la hoja en que escribo
van y vienen los seres que veo

El libro y el cuaderno
repliegan las alas y reposan

Ya encendieron las lámparas
la hora se abre y cierra como un lecho

Con medias rojas y cara pálida
entran tú y la noche

Noche en Claro De Lo mejor de Octavio Paz Seix Barral 1989

 

Interior
Poema de Octavio Paz
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana

PENSAMENTOS em guerra
querem romper minha testa

Por caminhos de pássaros
avança a escrita

A mão pensa em voz alta
uma palavra chama a outra

Na folha em que eu escrevo
vão e vêm os seres que vejo

O livro e o caderno
recolhem as asas e repousam

Já acenderam as lâmpadas
a hora se abre e fecha como um leito

Com meias vermelhas e cara pálida
entram tu e a noite

Trabajo completo en
http://pedrosevylla.com/octavio-paz/

 

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Julio Cortázar

Fui lector de Cortázar con precocidad manifiesta. Y lector reiterado a intervalos no muy largos. Gran parte de su obra: libros esenciales que siguen en mi biblioteca. Hubiera querido leer “El Examen” cuando lo escribió, para conocer aquel Buenos Aires rompiéndose en él; pero Losada-de Torre no quiso editarlo, y publicado treinta y seis años después ya no era lo mismo: Julio Cortázar consideraba que, leído en su momento, hubiera tenido cierta incidencia en lo que ocurría en la Argentina de entonces. Leí Rayuela a trancos distintos: rompecabezas, laberinto. Amé a la Maga y quise reencarnarla en un personaje mío que tuviera su vida a mi lado. Me gustó escuchar a Cortázar, humano, muy humano, entrevistado en la televisión. Aquella entrevista profunda y ancha, programa A Fondo, hecha de modo magistral por José Joaquín Serrano, que he conseguido poner en enlace al final de este trabajo. Hasta las erres, suyas o francesas, me gustaron en su voz. Luego las identifique oídas en Brasil; me gustan aún pues aún las oigo en otras voces. Considero a Rayuela entre las grandes novelas que he leído, y la subo a lo alto, si no en términos absolutos donde coloco a “Los hermanos Karamazov”, la gran obra de mi reverenciado Fiodor Dostoievski; sí en términos relativos, comparada con las escritas en castellano. Dejo al margen de las demás y para siempre a “Don Quijote de la Mancha” por múltiples motivos: no hay y no habrá punto de comparación: espacio y tiempo. Pongo a Rayuela a la altura de otro mito, “Cien años de Soledad”, y la dejo ahí, flotando, tan sólida y tan bien arraigada.

Huérfano de padre huido cuando Cortázar tenía seis años, el niño se crio con su madre, su tía, su abuela y su única hermana. Universo femenino que algo específico y positivo aportaría a su modo de ser posterior. A los nueve años escribió su primera novela: muy triste, según el mismo contó; emotivo y llorón se consideraba. Discípulo reconocido de Jorge Luis Borges, Roberto Arlt, Julio Verne, Edgar Allan Poe…, su estilo de escritor y su sentido de la realidad no coincidieron con el estilo y el sentido de la realidad aceptados, tenidos como académicos. Estuvo al margen, innovando. Cronopios, Famas y Esperanzas; acaso una de sus formas de ver el Mundo. Yo no sé razonar, dijo; yo intuyo, no soy un hombre de ideas, mi terreno es el que roza lo irracional, cualquiera puede ganarme en una discusión. No era lo que creímos que era, porque, laberinto él mismo, era lo que no sabía que era. Por decir algo en ese sentido, diré que Cortázar fue una forma de ser que trataba de extenderse para no ser única, para no ser sola, para comprenderse en los demás. Pero es posible que, con esta definición de Cortázar, no haga yo otra cosa que definirme a mí mismo, y a muchos otros.
Pedía a su escritura, ponía en sus escritos, exigía a sus textos que tuvieran Swing. No poseyó dioses en el cielo, ni fue poseído por ellos; pero Louis Armstrong fue uno de sus dioses terrenales. Apasionado perseguidor, gozador y sufridor del Jazz, maestro del relato corto, metro y 93 de altura, un cigarrillo tras otro, voz de decir verdades; tanto me impresionó Cortázar, la personalidad de Cortázar, que quise buscar su razón de ser en su obra. Leo Rayuela ahora y veo a Cortázar, cámara de cine en ristre, grabando en palabras las cosas diversas: calles irregulares cruzadas por un ciego acompañado por su perro guía; una escalera con escalones de madera que crujen al subir el ciego; la puerta que se abre entre chirridos; paredes con clavo, cuadro, retrato, lentes; el tiempo que pasa y se detiene, la lluvia, el sol, el viento; y las emociones que hacen de los personajes seres vivos. Tanto me impresionó Rayuela, recurrentemente leída, y en ella el personaje real y fantástico de la Maga, que, en mi novela “Los gozosos amores de Virginia Boinder y Pablo Cespedes”, el protagonista, Pablo Céspedes, llama a Amanda, su mujer, la Maga, en memoria de Rayuela.

Concordia de clases
Poema de Pedro Sevylla de Juana
____Dedicado a Amancio Ortega

HIC ET NUNC
Cuerpo de pan y leche, cabeza de bronce:
campanas fundidas
con cañones.
Ah, mi España; mi tierna e impetuosa España
paulatina síntesis atroz de este Planeta,
lugar donde al nacer estuve a punto de morir
y hoy, de impotencia y dolor, acaso muera.

PLANTEAMIENTO
Era jueves, catorce,
cuando
tout à coup, de repente
conocimos el rumor
que aseguraba la posible inmortalidad
de los ricos más ricos;
y supimos que alcanzando en euros
los cien millones
de capital uno o diverso,
Dios había decidido
que los ricos más ricos vivieran
por lo siglos de los siglos.

Sentimos, y hay que destacarlo,
la mayor alegría
de nuestra pobre vida de pobres,
contribuyentes natos y netos
al enriquecimiento creciente y bien crecido
de los contrariados,
permanentemente insatisfechos,
ricos.

Alegría sí, mucha, inenarrable
-ancianos, adultos y niños-
pues, al fin,
nuestro esfuerzo íntegro y constante:
un día después de otro, hora tras hora
dedicado a alimentarnos con lo mínimo
y a enriquecerlos al máximo,
cumplió su elevado objetivo.

Quedaba claro,
no éramos tan inútiles
como nos hizo creer su descaro.

NUDO
Hubo multitud de comentarios
y algunas
especulaciones;
incluso se llegó a pensar en la existencia
de letra pequeña en el acuerdo,
-fruto de la intervención del Demonio,
negociación a dos: Cielo e Infierno-
que añadiera requisitos más difíciles
de cumplir, por ejemplo:
que hubiera un límite hacia arriba,
verbigracia:
y alcanzados los millones
ciento veinte
por el capital del rico
el derecho a la inmortalidad
se perdiera facto ipso.

Imaginando el apresurado
proceso de enriquecimiento
y el parón consiguiente
-las argucias: esas limosnas repentinas
carentes de continuidad,
y la vuelta al crecimiento ya sin prisas
con moderación-
soltábamos la risa.

Parón y limosnas
que no debían ser excesivos,
ya que se trataba de conseguir
la difícil armonía, el equilibrio;
pues si bajaba la fortuna de los cien
millones limpios
la muerte llevaría a los desafortunados
a su cubil estrecho y frio.

Acostumbrados a sufrir
un averno de angustia y zarandeo
en nuestra subsistencia de exiguos;
lamentamos al instante, los pobres,
tan insólita situación, pues en ella vimos
el insufrible tártaro
incrustado en la ansiosa sobrexistencia de los ricos.

DESENLACE
Por si acaso; no fuera a ser
cierto el rumor difundido,
muchos acumuladores, moderando
su extraordinario apetito
adoptaron mi lema:
“Lucha hasta el equilibrio”.

PSdeJ El Escorial 30 de agosto de 2017

 

Concórdia de classes
Poema e tradução de Pedro Sevylla de Juana
____Dedicado a Amancio Ortega

HIC ET NUNC
Corpo de pão e leite, cabeça de bronze:
sinos fundidos
com canhões.
Ah!, minha Espanha, minha terna e impetuosa Espanha
paulatina síntese atroz deste Planeta,
lugar onde ao nascer estive a ponto de morrer
e talvez morra hoje de dor y de impotência.

EXPOSIÇAO
Era quinta-feira, catorze,
quando
tout à coup, de repente
conhecemos o rumor
que assegurava a possível imortalidade
dos ricos mais ricos;
e soubemos que alcançando em euros
os cem milhões
de capital uno o diverso,
tinha decidido Deus
que os ricos mais ricos viveram
pelos séculos dos séculos.

Sentimos, e há que destacá-lo,
a maior alegria
de nossa pobre vida de pobres,
contribuintes natos e netos
para o enriquecimento crescente e bem crescido
dos contrariados
permanentemente insatisfeitos
ricos.

Alegria sim, muita, inenarrável
-idosos, adultos e meninos-
pois ao fim
nosso esforço íntegro e constante:
um dia apos de outro, hora trás de hora,
dedicado a nos alimentar com o mínimo
e a enriquecê-los ao máximo,
cumpriu seu elevado objetivo.

Ficava claro,
não éramos tão inúteis.
como nos fez crer seu descaro.

CRISE
Houve multidão de comentários
e algumas
especulações;
inclusive se quis pensar na existência
de letra pequena no acordo,
-fruto da intervenção do Demônio,
negociação a dois: Céu e Inferno-
que acrescentasse requisitos mais difíceis
de cumprir, por exemplo:
que tivesse um limite acima,
verbi gratia:
que atingidos os milhões
cento e vinte
pelo capital do rico
o direito à adquirida imortalidade
se perdesse facto ipso.

Imaginando o apressado
processo de enriquecimento
e o freado conseguinte
-os sofismas: essas esmolas repentinas
carenciadas de continuidade,
e a volta ao crescimento já sem correria
com moderação-
soltávamos uma risada muito ativa.

Retenção e esmolas
que não deviam ser excessivos,
já que se tratava de conseguir
a difícil harmonia, o equilíbrio;
pois se a fortuna baixava de cem
milhões limpos
a morte levaria os desafortunados
a seu covil estreito e frio.

Acostumados a sofrer
um averno de angústia e bamboleio
em nossa subsistência de exíguos;
lamentamos ao instante, os pobres,
tão insólita situação, pois nela vimos
o insofrível tártaro
incorporado na ansiosa sobrexistência dos ricos.

DESENLACE
Por se acaso; não fora a ser
verdadeiro
o rumor difundido,
muitos acumuladores, moderando
seu extraordinário apetito
adoptaram o meu lema:
“Luta até o equilíbrio”.

PSdeJ 31 de agosto de 2017

 

Escritos de Cortázar traducidos

Rayuela 7

«Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua. «

 

Rayuela 7
Tradução de Pedro Sevylla de Juana

Toco tua boca, com um dedo toco a borda de tua boca, vou a debuxando como se surgisse de minha mão, como se pela primeira vez tua boca se entreabrira, e me basta fechar os olhos para desfazer todo e recomeçar, faço nascer a cada vez a boca que desejo, a boca que minha mão prefere e te esboça na cara, uma boca selecionada entre todas, com soberana liberdade eleita por mim desenha-la com minha mão na tua cara, e que por uma casualidade que não espero compreender coincide exatamente com a tua boca que sorri por embaixo da que minha mão te pinta.
Me olhas, de perto me olhas, a cada vez mais de perto e então jogamos ao ciclope, nos olhamos a cada vez mais de perto e os olhos se engrandecem, se acercam entre si, se sobrepõem e os ciclopes se olham, respirando confundidos, as bocas se encontram e lutam tibiamente, se mordendo com os lábios, apoiando um pouco a língua nos dentes, jogando em seus recintos onde um ar pesado vai e vem com um perfume velho e um silêncio. Então minhas mãos procuram se afundar em teu cabelo, acariciar lentamente a profundidade de teu cabelo enquanto nos beijamos como se tivéssemos a boca cheia de flores ou de peixes, de movimentos vivos, de fragrância escura. E se nos mordemos a dor é doce, e se nos afogamos num breve e terrível absorver simultâneo do alento, essa instantânea morte é bela. E há uma sozinha saliva e um só sabor de fruta madura, e eu te sinto tremer contra mim como uma lua na água. «

 

Ceremonias (Continuidad en los parques)
Texto de Julio Cortázar

«Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi enseguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restallaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.
Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.»
Texto: Ceremonias Julio Cortázar Seix Barral 1985

 

Cerimônias (Continuidade nos parques)
Texto de Julio Cortázar
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana

«Tinha começado a ler a novela uns dias antes. Abandonou-a por negócios urgentes, voltou abrí-la quando regressava em trem à propriedade; se deixava interessar lentamente pela trama, pelo desenho das personagens. Essa tarde, após escrever uma carta a seu apoderado e discutir com o governante uma questão de parcerias voltou ao livro na tranquilidade do estudo que olhava para o parque dos robles. Encostado em seu cadeirão favorito de costas à porta que o tivesse molestado como uma irritante possibilidade de intrusões, deixou que sua mão esquerda acariciasse uma e outra vez o veludo verde e quis ler os últimos capítulos. Sua memória retinha sem esforço os nomes e as imagens dos protagonistas; a ilusão novelesca o ganhou quase em seguida. Gozava do prazer quase perverso de se ir desprendendo linha a linha do que o rodeava, e sentir ao mesmo tempo que sua cabeça descansava comodamente no veludo do alto respaldo, que os cigarros seguiam ao alcance da mão, que para além dos vidros dançava o ar do entardecer baixo os robles. Palavra a palavra, absorvido pela sórdida disjuntiva dos heróis, se deixando ir para as imagens que se marcavam e adquiriam cor e movimento, foi testemunha do último encontro na cabana do monte. Primeiro entrava a mulher, receosa; agora chegava o amante, lastimada a cara pelo chicotaço dum ramo. Admiravelmente estalava ela o sangue com seus beijos, mas ele recusava as caricias, não tinha vindo para repetir as cerimónias de uma paixão secreta, protegida por um mundo de folhas secas e caminhos furtivos. O punhal se entibiava contra seu peito, e embaixo batia a liberdade entocada. Um diálogo anelante corria pelas páginas como um arroio de serpentes, e se sentia que tudo estava decidido desde sempre. Até essas caricias que envolviam o corpo do amante como querendo o reter e dissuadir, desenhavam abominavelmente a figura de outro corpo que era necessário destruir. Nada tinha sido esquecido: coartadas, casualidades, possíveis erros. A partir dessa hora a cada instante tinha seu emprego minuciosamente atribuído. A dupla revisão desapiedada se interrompia um pouco para que uma mão acariciasse uma bochecha. Começava a anoitecer.
Sem olhar-se já, atados rigidamente à tarefa que os esperava, se separaram na porta da cabana. Ela devia seguir pela senda que ia ao norte. Desde a senda oposta ele se voltou um instante para a ver correr com o cabelo solto. Correu a sua vez, se parapeitando nas árvores e as sebes, até distinguir na bruma malva do crepúsculo a alameda que levava à casa. Os cães não deviam ladrar, e não ladrarão. O governador não estaria a essa hora, e não estava. Subiu os três degraus do alpendre e entrou. Desde o sangue galopando em seus ouvidos lhe chegavam as palavras da mulher: primeiro uma sala azul, depois uma galeria, uma escada alfombrada. No alto, duas portas. Ninguém na primeira habitação, ninguém na segunda. A porta do salão, e então o punhal na mão, a luz dos vidros, o alto respaldo de um cadeirão de veludo verde, a cabeça do homem no cadeirão lendo uma novela. »

No publiqué muchos poemas, pues considero la poesía algo íntimo, dijo Cortázar. Seguramente destinada a unos pocos. Y así es, en términos generales. Sí, la poesía parece estar escrita solamente para aquellos que se sienten destinatarios.
Será brasilidade mía, no sé; pero en el poema La Patria, encuentro reminiscencias de poetas brasileños, exempli gratia, Gilberto Freire. No sé, lea el lector y juzgue.

 

Te amo por ceja
Poema de Julio Cortázar

Te amo por ceja, por cabello,
te debato en corredores
blanquísimos
donde se juegan las fuentes de la luz,
te discuto a cada nombre,
te arranco con delicadeza de cicatriz,
voy poniéndote en el pelo cenizas de relámpago
y cintas que dormían en la lluvia.

No quiero que tengas una forma,
que seas precisamente
lo que viene detrás de tu mano,
porque el agua, considera el agua,
y los leones cuando
se disuelven en el azúcar de la fábula,
y los gestos, esa arquitectura de la nada,
encendiendo sus lámparas a mitad del encuentro.

Todo mañana es la pizarra donde te invento
y te dibujo,
pronto a borrarte, así no eres,
ni tampoco con ese pelo
lacio, esa sonrisa.

Busco tu suma, el borde de la copa
donde el vino es también la luna y el espejo,
busco esa línea que hace temblar a un hombre
en una galería de museo.

Además te quiero, y hace tiempo y frío.

 

Eu te amo por sobrecelha
Poema de Julio Cortázar
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana

Te amo por sobrancelha, por cabelo,
te debato em corredores
branquíssimos
onde se jogam as fontes da luz,
te discuto em cada nome,
te arranco com delicadeza de cicatriz,
vou pondo no teu cabelo cinzas de relâmpago
e fitas
que dormiam na chuva.

Não quero que tenhas uma forma,
que sejas precisamente
o que vem por trás de tua mão,
porque a água, considera a água,
e os leões quando
se dissolvem no açúcar da fábula,
e os gestos, essa arquitetura da nada,
acendendo suas lâmpadas na metade do encontro.

Tudo amanhã é o quadro-negro onde te invento
e te desenho,
cedo a te apagar, assim não és,
nem também não com esse cabelo
escorrido, esse sorriso.

Procuro tua soma, a borda da copa
onde o vinho é também a lua e o espelho,
procuro essa linha que faz tremer a um homem
numa galeria de museu.

Ademais te quero, e faz tempo e frio.

 

El encubridor
Poema de Julio Cortázar

Ese que sale de su país porque tiene miedo,
no sabe de que,
miedo del queso con ratón,
de la cuerda entre los locos,
de la espuma en la sopa.

Entonces quiere cambiarse como una figurita,
el pelo que antes se alambraba
con gomina y espejo lo suelta en jopo,
se abre la camisa, muda de costumbres,
de vino, de idioma.
Se da cuenta, infeliz, que va tirando mejor,
y duerme a pata ancha.
Hasta de estilo cambia,
y tiene amigos que no saben su historia provinciana,
ridícula y casera.

A ratos se pregunta como pudo esperar
todo ese tiempo
para salirse del río sin orillas,
de los cuellos garrote,
de los domingos, lunes, martes, miércoles y jueves.

A fojas uno, sí, pero cuidado:
un mismo espejo es todos los espejos,
y el pasaporte dice que naciste y que eres
y cutis color blanco, nariz de dorso recto,
Buenos Aires, septiembre.

Aparte que no olvida,
porque es arte de pocos,
lo que quiso,
esa sopa de estrellas y letras que infatigable comerá
en numerosas mesas de variados hoteles,
la misma sopa, pobre tipo,
hasta que el pescadito intercostal
se plante y diga basta.

 

O encobridor
Poema de Julio Cortázar
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana

Esse que sai de seu país porque tem medo,
não sabe de que,
medo do queijo com rato,
da corda entre os loucos,
da espuma na sopa.

Então quer se mudar como uma figurinha,
o cabelo que dantes se aramava
com gomalina e espelho o solta em cauda,
se abre a camisa, muda de costumes,
de vinho, de idioma.
se dá conta, infeliz, que vai atirando melhor,
e dorme à perna solta.
Até de estilo muda,
e tem amigos que não sabem sua história provinciana,
ridícula e caseira.

Às vezes se pergunta como pôde esperar
todo esse tempo
para sair do rio sem orlas,
dos pescoços garrote,
dos domingos, segundas-feiras, terças, quartas e quintas
A folhas um, se, mas cuidado:
um mesmo espelho é todos os espelhos,
e o passaporte diz que nasceste e que és
e cútis cor branca, nariz de dorso reto,
Buenos Aires, setembro.

Aparte que não esquece,
porque é arte de poucos,
o que quis,
essa sopa de estrelas e letras que infatigável comerá
em numerosas mesas de variados hotéis,
a mesma sopa, pobre tipo,
até que o pescadinho intercostal
fique a pé firme e diga basta.

 

La Patria
Poema de Julio Cortázar

Esta tierra sobre los ojos,
este paño pegajoso, negro de estrellas impasibles,
esta noche continua, esta distancia.
Te quiero, país tirado más abajo del mar, pez panza arriba,
pobre sombra de país, lleno de vientos,
de monumentos y espamentos,
de orgullo sin objeto, sujeto para asaltos,
escupido curdela inofensivo puteando y sacudiendo banderitas,
repartiendo escarapelas en la lluvia, salpicando
de babas y estupor canchas de fútbol y ringsides.

Pobres negros.

Te estás quemando a fuego lento, y dónde el fuego,
dónde el que come los asados y te tira los huesos.
Malandras, cajetillas, señores y cafishos,
diputados, tilingas de apellido compuesto,
gordas tejiendo en los zaguanes, maestras normales, curas, escribanos,
centroforwards, livianos, Fangio solo, tenientes primeros,
coroneles, generales, marinos, sanidad, carnavales, obispos
bagualas, chamamés, malambos, mambos, tangos,
secretarías, subsecretarías, jefes, contrajefes, truco,
contraflor al resto. Y qué carajo,
si la casita era su sueño, si lo mataron en
pelea, si usted lo ve, lo prueba y se lo lleva.

Liquidación forzosa, se remata hasta lo último.

Te quiero, país tirado a la vereda, caja de fósforos vacía,
te quiero, tacho de basura que se llevan sobre una cureña
envuelto en la bandera que nos legó Belgrano,
mientras las viejas lloran en el velorio, y anda el mate
con su verde consuelo, lotería del pobre,
y en cada piso hay alguien que nació haciendo discursos
para algún otro que nació para escucharlos y pelarse las manos.

Pobres negros que juntan las ganas de ser blancos,
pobres blancos que viven un carnaval de negros,
qué quiniela, hermanito, en Boedo, en la Boca,
en Palermo y Barracas, en los puentes, afuera,
en los ranchos que paran la mugre de la pampa,
en las casas blanqueadas del silencio del norte,
en las chapas de zinc donde el frío se frota,
en la Plaza de Mayo donde ronda la muerte trajeada de Mentira.
Te quiero, país desnudo que sueña con un smoking,
vicecampeón del mundo en cualquier cosa, en lo que salga,
tercera posición, energía nuclear, justicialismo, vacas,
tango, coraje, puños, viveza y elegancia.

Tan triste en lo más hondo del grito, tan golpeado
en lo mejor de la garufa, tan garifo a la hora de la autopsia.
Pero te quiero, país de barro, y otros te quieren, y algo
saldrá de este sentir. Hoy es distancia, fuga,
no te metás, qué vachaché, dale que va, paciencia.
La tierra entre los dedos, la basura en los ojos,
ser argentino es estar triste,
ser argentino es estar lejos.
Y no decir: mañana,
porque ya basta con ser flojo ahora.

Tapándome la cara
(el poncho te lo dejo, folklorista infeliz)
me acuerdo de una estrella en pleno campo,
me acuerdo de un amanecer de puna,
de Tilcara de tarde, de Paraná fragante,
de Tupungato arisca, de un vuelo de flamencos
quemando un horizonte de bañados.
Te quiero, país, pañuelo sucio, con tus calles
cubiertas de carteles peronistas, te quiero
sin esperanza y sin perdón, sin vuelta y sin derecho,
nada más que de lejos y amargado y de noche.

 

A Pátria
Poema de Julio Cortázar
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana

Esta terra sobre os olhos,
este pano pegajoso, negro de estrelas impassíveis,
esta noite contínua, esta distância.
Te quero, país empurrado mais abaixo do mar, peixe pança acima,
pobre sombra de país, cheio de ventos,
de monumentos e espaventos,
de orgulho sem objeto, sujeito para assaltos,
cuspido ébrio inofensivo incomodando e sacudindo bandeirinhas,
repartindo rosetas na chuva, salpicando
de babugem e estupor campos de futebol e ringsides.

Pobres pretos

Te estás queimando a fogo lento, e onde o fogo,
onde quem come os asados e te atira os ossos.
Malandras, carteiras, senhores e proxenetas,
deputados, sandios de apelido composto,
gordas tecendo nos saguões, maestras normais, curas, escrivães,
centroforwards, levianos, Fangio sozinho, tenentes primeiros,
coronéis, gerais, marinhos, previdência, carnavais, bispos
danças bagualas, chamamés, malambos, mambos, tangos,
secretarias, subsecretarias, chefes, contra chefes, jogo de truque,
contraflor ao resto. E que caralho,
se a casinha era seu sonho, se o mataram em briga,
se você o vê, o prova e o leva.

Liquidação forçada, se arremata até o último.

Te quero, país arrojado à vereda, caixa de fósforos vazia,
te quero, tacho de lixo que se levam sobre um armão
envolvido na bandeira que nos legou Belgrano,
enquanto as velhas choram no velório, e anda o mate
com seu verde consolo, loteria do pobre,
e na cada andar há alguém que nasceu fazendo discursos
para algum outro que nasceu para os escutar e se pelar as mãos.

Pobres negros que juntam as vontades de ser brancos,
pobres alvos que vivem um carnaval de negros,
que totóbola, irmãozinho, em Boedo, na Boca,
em Palermo e Barracas, nas pontes, afora,
nos ranchos que param o óxido da pampa,
nas casas branqueadas do silêncio do norte,
nas chapas de zinco onde o frio se esfrega,
na praça de Maio onde ronda a morte elegante de Mentira.

Te quero, país nu que sonha com um smoking,
vice-campeão do mundo em qualquer coisa, no que saia,
terceira posição, energia nuclear, justicialismo, vacas,
tango, coragem, punhos, viveza e elegância.
Tão triste no mais fundo do grito, tão golpeado
no melhor da farra, tão vistoso à hora da autópsia.
Mas quero-te, país de varro, e outros te querem, e algo
sairá deste sentir. Hoje é distância, fuga,
não te metás, que vachaché, lhe dá que vai, paciência.
A terra entre os dedos, o lixo nos olhos,
ser argentino é estar triste,
ser argentino é estar longe.
E não dizer: amanhã,
porque já basta com ser frouxo agora.

Cobrindo-me a cara
(o poncho te deixo, folclorista infeliz)
me lembro duma estrela em pleno campo,
me lembro dum amanhecer de puna,
de Tilcara de tarde, de Paraná fragrante,
de Tupungato arisca, de um voo de flamingos
queimando um horizonte de banhados.
Te quero, país, lenço sujo, com tuas ruas
cobertas de cartazes peronistas, te quero-
sem esperança e sem perdão, sem volta e sem direito,
somente que de longe e amargurado e de noite.

Oí decir al autor, que tiempo después de terminar Rayuela, intuyó, creyó, vio, supo y aceptó, que el cuento sobre el saxofonista Charlie Parker, titulado “El perseguidor”, era un precedente de la extraordinaria novela, su precursor. Muchos de los elementos utilizados en el cuento sirvieron luego para la elaborar Rayuela. Johnny Carter, nombre del músico en el cuento, fue acaso el germen del personaje Oliveira. Yo conozco, por propia experiencia, ese proceso creativo de echar mano, de modo más o menos consciente, de lo aprendido en toda la escritura anterior. Además, está el juego voluntario, de evolucionar a los personajes que nacieron antes en otros textos. La escritura es un acto progresivo, y lo es en todos los sentidos. Gracias a eso, lo posterior mejora lo anterior. No siempre, lo sé. Pero en Cortázar, su exigencia de cohesión, esa forma personal de entender el objeto de la escritura en cada escrito, le llevaban, aunque con algún esfuerzo, a ascender a progresar al margen del resto. Pretendía Cortázar, si es que pretendía algo al escribir Rayuela, activar al lector. En ese activar, estaba el hecho insólito de encargarle concebir el argumento de la novela, un argumento individual, que en cada lector podía ser distinto. Empeño loable pero arriesgado. Aunque para saber si constituyó un acierto el empeño, basta con ver la trayectoria que siguió la novela a través del tiempo.

Trabajo completo en
http://pedrosevylla.com/julio-cortazar/

 

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Jacint Verdaguer

En una familia humilde de la población de Folgueroles, comarca de Osona, en la Provincia de Barcelona; nació Jacint Verdaguer i Santaló el día 17 de mayo de 1845. A los diez años de edad comenzó los estudios en el cercano seminario de Vic. Allí permaneció hasta los veinticinco, estudiando, progresivamente, Humanidades y Retórica, Filosofía y Teología, Moral, Derecho canónigo y Práctica. Leyendo, en paralelo, a los clásicos griegos y latinos: Virgilio, Ovidio y Platón; a autores castellanos muy diversos, los románticos franceses y, claro está, a catalanes antiguos y modernos. Por lo que podemos entender que su formación fue amplia y profunda. Tenía veinticinco años cuando fue ordenado sacerdote, siendo destinado durante dos años a la pequeña parroquia de Vinyoles d’Orís, del municipio de Les Masies de Voltegrá, también en la Comarca de Osona.

En la larga historia de la Literatura en catalán destaca con fuerza la poesía. Ausiàs March, autor de Cants de Mort, considerado el creador del catalán literario, nació a finales del siglo XIV en Gandía. El médico Jaume Roig, autor de Espill, Llibre de les dones, valenciano descendiente de catalanes, nació a principios del siglo XV. Ramon Llull, filósofo y teólogo, hijo de una familia de nobles catalanes, nació en Palma de Mallorca el año 1323. Gran viajero y hombre muy culto, su escritura está compuesta por 243 obras en varios idiomas. Durante los siglos XV y XVI se produce el Renaixement, movimiento intelectual y estético nacido en Italia, que tiene como principal exponente al poeta burlesco Pere Serafí, nacido a principios del siglo XVI en Italia, cuya extensa obra no se imprimió hasta el año 1703. En el Barroco, que se da a lo largo del siglo XVII, destacan dos nombres: El poeta Francesc Vicent García, nacido en Tortosa en 1579, que estudió en la Universitat de Lleida, fundada en 1300 como Estudio General de Lleida; y fue ordenado sacerdote en Vic el año 1605. Y Francesc Fontanella, barcelonés nacido en 1622. Poeta y dramaturgo, su influencia alcanza a autores de la Renaixença.
Jacint Verdaguer, nacido en 1845, fue el escritor catalán más notorio del siglo XIX, y el que mejor representa la Renaixença literaria catalana.
El movimiento de La Renaixença, ideológico y cultural, sirvió a un objetivo claro: vigorizar la conciencia distintiva del pueblo catalán, redefiniéndola y reivindicándola. Dio un impulso considerable a la producción literaria en oposición al periodo anterior. Uno de los pilares fue la lengua, al pretender que más allá de servir como habla de la calle y de la administración, fuera vehículo de la ciencia, la filosofía y la literatura. Hubo dos corrientes, en cierto modo contrapuestas: la conservadora y la dinámica. Bonaventura Carles Aribau publicó la oda “La Pàtria”, ahora considerada punto inicial de la Renaixença. El poema fue escrito en Madrid, movido por la añoranza de su tierra, cuando Aribau trabajaba en Madrid para el banquero Gaspar de Remisa. Se ha destacado el papel, catalizador cuando menos, del Romanticismo.
Los Juegos Florales parten del primer cuarto del siglo XIV, teniendo su mayor desarrollo en el siglo XV. En 1859 toman nuevo impulso en Barcelona, continuando hasta 1936. Son importantes los juegos para dar a conocer poetas, narradores y dramaturgos. Entre ellos Àngel Guimerá y Jacint Verdaguer.
La relación entre Jacint Verdaguer y su admirado Frederic Mistral, arranca de los Juegos de Barcelona en 1868, donde Verdaguer participa con la obra, antecedente de L’Atlàntida, titulada L’Espanya naixent, que ni fue premiada ni mencionada. En la recepción posterior, celebrada en l’Ataneu, Jacint Verdaguer es presentado a Frederic Mistral por Victor Balaguer.
Se considera a Jacint Verdaguer el padre de la modernidad literaria catalana. Eclesiástico enfrentado a intervalos con la jerarquía, personalidad atormentada a intervalos, su obra refleja esos mismos altibajos dentro de una coherencia admirable. En opinión de Josep Pla, fue el más valioso prosista del siglo XIX, y un renovador de la poesía catalana, a la que añadió la ética y la estética de romanticismo y simbolismo. La expresividad de su escritura y el eco social de su conflicto, le proporcionaron el afecto de la gente. Tuvo, desde su juventud, una imagen pública de gran valoración popular, apoyada en su catalanismo y su religiosidad. El aprecio popular ha llegado hasta nuestros días: son escasos los pueblos que carecen de una calle dedicada a Jacint Verdaguer, mossèn Cinto.
Dado que los lectores se encontraban con dificultades a la hora de hallar las obras de los autores en lengua catalana, Ediciones Destino, ya mediado el siglo XX, encargó al crítico más sutil y afinado del panorama literario en catalán, Jaume Bofill i Ferro, una antología poética que abarcara desde Aribau hasta la actualidad de aquel momento. Más allá de ese servicio inmediato al lector, podía conseguirse otro para la propia literatura: contar con una panorámica histórica completa, reflejando todas las tendencias, todas las escuelas, a partir de la Renaixança incluida, donde se viera, con toda la objetividad posible, la evolución de la poesía en catalán a través de los poetas que han contado y cuentan con el aval de los críticos y los lectores. Debido a graves problemas de salud, Bofill no pudo acabar esa obra gigantesca. Antoni Comas, catedrático de Lengua y Literatura catalanas en la Universidad, recibió de la Editorial el encargo de concluirla. Se concluyó: son tres tomos titulados “Un Segle de Poesia Catalana”, que realmente abarcan ciento cuarenta años. Comienza con Bonaventura Carles Aribau y termina en Carles Salvador; en total cuarenta y ocho magníficos poetas. La vida y obra de Jacint Verdaguer ocupa, en esta antología histórica, 178 páginas.

 

Las espigas tronchadas
Poema de Pedro Sevylla de Juana
_____A Cataluña, con admiración y cariño

El nudo central de la inclemencia
se resuelve en verdes prados,
en pajizos colores el verano se reseca
se marchita el otoño en ocres arrebatos
en hojarasca, en hollejos, en corteza.

Ante las inestables gotas de rocío me conmuevo,
ante la diminuta niebla suspendida
celosía natural del Firmamento.

Granizo, escarcha, lluvia o nieve
persigo el agua cristalina
regeneradora y renaciente.

Quiero descender en su caída
efluvio ser de su vapor evaporado
ser espuma del agua desprendida.

Cae gota a gota la llovizna
paso a paso, rama a rama
desfallece rima a rima
grano a grano se desgrana.

Moldeó el río sus meandros,
lecho abierto,
guijarros;
cabalgó la madrugada sobre formas más precisas
fuimos muchos para las escasas liebres
y levantó hermano contra hermano la codicia.

“Que inicien el ataque los arqueros
ataquen después los de a caballo
terminen los infantes la refriega”:
con voz profunda y con aplomo
exclamó vigoroso el estratega.

“Los muertos recogidos detrás de la línea de partida
no alcanzarán el ansiado paraíso”:
sentenció iracundo el druida.

No hubo victoria que admitiera tierna a los pacíficos
heridos por las armas de uno y otro bando
ni lecho de plumas
que acogiera a los inválidos.

Fueron los pícaros quienes reivindicaron el triunfo
logrado por los rudos valientes,
y para premiar a los héroes innúmeros
no hubo galardones suficientes.

Banderas, tambores y trompetas,
páginas abiertas de los libros;
cada cual a lo suyo, guerra o cordura,
campo de batalla o caminos.

Tinta indeleble de las plumas,
sentimientos, intenciones, designios:
todo lo aniquila la crueldad de las disputas.

Arrasa la guerra poblados y cosechas
aparta los horizontes de llegada
abandona barbechos abiertos a la reja
arranca corazones robustos de lava
separa a los potros de la yegua
mata la vida en la vida engastada
tergiversa la liturgia y la miel de las colmenas
en el suelo desparrama.

Cada puñado de tierra oculta una gota de sangre:
venas confiadas en el llano
arterias sorprendidas en los valles
y en lo más alto del collado,
la desmedida ambición culpable.

 

As espigas tronchadas
Poema e tradução de Pedro Sevylla de Juana
___A Catalunha com admiração e carinho

O nó central da inclemência
se resolve em verdes prados,
em pálidos cores o verão se resseca
murcha-se o outono em ocres arrebatos
em folhas amarelas,
em crostas, em bagaços.

Ante as instáveis gotas de orvalho me amoleço,
ante a diminuta névoa suspendida
gelosia natural do Firmamento.
Granizo, escarcha, chuva ou neve
persigo a água cristalina
regeneradora e renascente.

Quero descer na catarata
eflúvio ser de seu vapor evaporado
ser espuma da água fustigada.

Cai gota a gota o chuvisco
passo a passo, rama a rama
desfalece ritmo a ritmo
grão a grão se desgrana.

Moldou o rio seus meandros,
leito aberto,
seixos rolados;
cavalgou a madrugada sobre formas mais precisas
fomos muitos para as escassas lebres
e levantou irmão contra irmão a cobiça.

“Que iniciem o ataque os arqueiros
acometam depois os de a cavalo
terminem corpo a corpo os infantes a refrega”:
com agressivo brado
arengou o estrategista na traseira .

“Os mortos recolhidos atrás da linha de partida
não atingirão o ansiado paraíso”:
sentenciou iracundo o druida.

Não houve vitória que admitisse terna os pacíficos
feridos pelas armas dum e doutro bando
nem leito de plumas
que acolhesse os inválidos.

Foram pícaros os que reivindicaram o triunfo
conseguido pelos mais ferozes;
e para premiar aos heróis inúmeros
faltaram prezados galardões.

Bandeiras, tambores e trombetas,
páginas abertas dos livros;
cada um no seu sítio: luta ou cautela
campo de batalha ou caminhos.

Tinta indelével das plumas,
sentimentos, intenções, desígnios:
tudo o aniquila a crueldade das disputas.

Arrasa a guerra povoados e colheitas
afasta os horizontes de chegada
abandona barbechos abertos à relha
arranca corações robustos de lava
separa aos potros da égua
mata a vida na vida engastada
tergiversa a liturgia e o mel das abelhas
pelo solo esparrama.

Cada punhado de terra oculta uma gota de sangue:
veias confiadas no raso
artérias surpreendidas nos vales
e no mais elevado do alto,
a desmedida ambição culpável.

Un poema en catalán de Jacint Verdaguer,
traducido por Pedro Sevylla de Juana al Castellano y al Português

Flors del Calvari es un poemario escrito por el Verdaguer humillado y desilusionado, dueño, sim embargo, de un interior fuerte y una gran capacidad creativa. En el año 1895 Jacinto Verdaguer trabajaba con intensidad en la producción de su obra: En octubre daba a conocer el poema Sant Francesc y los artículos “Un sacerdot calumniat” (En defensa pròpia). En el mes de diciembre —con fecha de 1896— aparecía Flors del Calvari. Esos tres trabajos reflejan la crisis personal originada en la primavera de 1893. Se produce, entonces, la salida hacia el santuario de la Gleva, lugar de su reclusión, castigado por la jerarquía eclesiástica. Crisis que se agravó, en el verano de 1895, por la huida del santuario para volver a Barcelona, y por la “suspensión a divinis” sobre él recaída. Tal realidad llega a público conocimiento debido al “Comunicat” publicado en El Noticiero Universal, del que un fragmento dice:
[…] demano justícia i protesto davant de la llei, davant de la gent honrada de Barcelona que em coneix, davant de cel i terra i del mateix Déu qui ens ha de judicar a tots, de la iniquitat de què és víctima, no sé amb quin fi, aquest pobre sacerdot.
Se añade a esta divulgación la salida en el diario “La Publicidad”, de una serie de cartas bajo el título: Un sacerdot calumniat.
El drama vivido tuvo eco en la escritura de Verdaguer, pues fue evolucionando hacia una literatura del yo. Así, Flors del Calvari, «Llibre de consols», recoge la hondura de la experiencia vivida.

 

Sum vermis
Poema de Jacint Verdaguer

___Non vivificatur nisi prius moriatur 1ª Cor, 15,36

___E carcere ad aethere.
___Dant vincula pennas.

Veieu-me aquí, Senyor, á vostres plantes,
despullat de tot bé, malalt i pobre,
de mon no-res perdut dintre l’abisme.
Cuc de la terra vil, per una estona
he vingut en la cendra a arrossegar-me.
Fou mon bressol un gra de polsinera,
i un altre gra serà lo meu sepulcre.
Voldría ser quelcom per oferir-vos,
però Vós me voleu petit é inútil,
de glòria despullat i de prestigi.

Feu de mi lo que us plàcia, fulla seca
de les que el vent se’mporta, o gota d’aigua
de les que el sol sobre l’herbei eixuga,
o, si voleu, baboia del escarni.
Jo só un no-res, mes mon no-res és vostre;
vostre és, Senyor, i us ama i vos estima.
Feu de mi lo que us plàcia; no en só digne,
d’anar a vostres peus; com arbre estèril,
de soca a arrel traieu-me de la terra;
morfoneu-me, atuï-me, anihilau-me.

Veniu a mi, congoixes del martiri,
veiu, oh Creus, mon or i ma fortuna,
ornau mon front, engalonau mos braços.
Veniu, llorers i palmes del Calvari,
si em sou aspres avui, abans de gaire
a vostre ombriu me será dolç l’asseure’m.
Espina del dolor, vine a punyir-me,
cuita á abrigar-me amb ton mantell, oh injúria;
calúmnia, al meu voltant tos llots apila;
misèria, vine’m a portar lo ròssec.
Vull ser volva de pols de la rodera
a on tots los qui passen me trepitgen;
vull ser llençat com una escombraria
del palau al carrer, de la més alta
cima a l’afrau, i de l’afrau al córrec.

Escombreu mes petjades en l’altura;
ja no hi faré més nosa, la pobresa
será lo meu tresor, será l’oprobi
lo meu orgull, les penes ma delícia.
Desde avui colliré los vilipendis
y llengoteigs com perles y topazis
per la corona que en lo cel espero.
Muira aquest cos insuportable, muira;
cansat estic de tan feixuga càrrega;
devore’l lo fossar, torne a la cendra
d’on ha sortit, sum vermis et non homo.
Jo no só pas la industriosa eruga
que entre el fullam de la morera es fila
de finíssima seda lo sudari.
Jo me’l filo del cànem de mes penes;
mes, dintre aqueixa fosca sepultura,
tornat com Vós, Jesús, de mort a vida,
jo hi trobaré unes ales de crisàlide
per volar-me’n amb Vós a vostra gloria.

Flors del Calvari. Llibre de consols. Jacint Verdaguer (Ed. Columna, a cura de Narcís Garolera, Barcelona, 1995)

 

Sum vermis
Poema de Jacint Verdaguer
Traducido del catalán por Pedro Sevylla de Juana

___Non vivificatur nisi prius moriatur 1ª Cor., 15,36
___E carcere ad aethere.
___Dant vincula pennas.

Vedme aquí, Señor, a vuestras plantas,
desnudo de todo bien, enfermo y pobre,
de mi nada perdida dentro del abismo.
Gusano de la tierra vil, por un rato
he venido en la ceniza a arrastrarme.
Fue mi cuna un grano de polvo,
y otro grano será mí sepulcro.
Quisiera ser algo que ofreceros,
pero Vos me queréis pequeño e inútil,
de gloria desvestido y de prestigio.

Haced de mí lo que os plazca, hoja seca
de las que el viento lleva, o gota de agua
de las que el sol sobre la hierba enjuga,
o, si queréis, causa de escarnio.
Yo soy una nada, mas mi nada es vuestra:
vuestra es, Señor, y os ama y os estima.
Haced de mí lo que os plazca; no soy digno
de ponerme a vuestros pies: como árbol estéril,
de tronco a raíz sacadme de la tierra;
deformadme, abatidme, aniquiladme.

Venid a mí, congojas del martirio,
venid, oh cruces, mi oro y mi fortuna,
adornad mi frente, engalanad mis brazos.
Venid, laureles y palmas del Calvario,
si me sois ásperos hoy, dentro de poco
a vuestra sombra me será dulce sentarme.
Espina del dolor, ven a punzarme,
apresúrate a abrigarme con tu manto, oh injuria;
calumnia, cercando al mío tus lodos apila,
miseria, venme a traer el suma y sigue.

Quiero ser mota de polvo en la rodera
para que todos los que pasen me pisen;
quiero ser arrojado como basura
del palacio a la calle, de la más alta
cima al valle, y del valle al arroyo.
Borrad mis huellas en la altura;
ya no estorbaré más, la pobreza
será mi tesoro, será el oprobio
mi orgullo; las penas mi delicia.

Desde hoy cosecharé vilipendios
y humillaciones como perlas y topacios
para la corona que en el cielo espero.
Muera este cuerpo insoportable, muera;
cansado estoy de tan pesada carga;
devórelo el cementerio, vuelva a la ceniza
de donde salió, sum vermis et non homo.
Yo no soy la industriosa oruga
que entre el follaje de la morera hila
de finísima seda el sudario.
Yo lo hilo del cáñamo de mis penas;
mas, dentro de esa sombría sepultura,
vuelto como Vos, Jesús, de muerte a vida,
yo encontraré unas alas de crisálida
para volar con Vos a vuestra gloria.

 

Sum vermis
Poema de Jacint Verdaguer
Traduzido por Pedro Sevylla de Juana

___Non vivificatur nisi prius moriatur 1ª Cor., 15,36
___E carcere ad aethere.
___Dant vincula pennas.

Veja-me aqui, Senhor, a vossas plantas,
nu de todo bem, doente e pobre,
de meu nada perdido dentro do abismo.
Gusano da terra vil, por um momento
eu vim na cinza a arrastar-me.
Foi meu berço um grão de pó,
e outro grão será o meu sepulcro.
Quisesse ser algo que oferecer-vos,
mas Vos me quereis pequeno e inútil,
de glória despido e de prestígio.

Faça de mim o que vos praza, folha seca
das que o vento leva, ou gota de água
das que o sol sobre a erva enxuga,
ou, se quereis, causa de escárnio.
Eu sou um nada, mas meu nada é vosso:
vosso é, Senhor, e vos ama e vos estima.
Faça de mim o que vos praza; não sou digno
de me pôr a vossos pés: como árvore estéril,
de tronco a raiz saque-me da terra;
deforme-me, abata-me, aniquile-me.

Venham a mim, pesares do martírio,
venham, oh cruzes, meu ouro e minha fortuna,
ornem minha frente, engalanem meus braços.
Venham, louros e palmas do Calvário,
se sois-me ásperos hoje, daqui a pouco
a vossa sombra me será doce sentar-me.
Espinha da dor, venha a punçar-me,
apressa-te a me abrigar com teu manto, oh injúria;
calúnia, cercando o meu teus lodos empilha,
miséria, vem-me a trazer o soma e segue.

Quero ser mota de pó na rodeira
para que todos os que passem me pisem;
quero ser arrojado como lixo
do palácio à rua, da mais alta
cume ao vale, e do vale ao córrego.
Apague minhas pegadas na altura;
já não estorvarei mais, a pobreza
será meu tesouro, será o opróbio
meu orgulho; as penas minha delícia.

Desde hoje colherei vilipêndios
e humilhações como pérolas e topázios
para a coroa que no céu espero.
Morra este corpo insuportável, morra;
cansado estou de tão pesada carga;
devore-o o cemitério, volte à cinza
de onde saiu, sum vermis et non homo.
Eu não sou a industriosa larva
que entre a folhagem da amoreira fia
de finíssima seda o sudário.
Eu o teço do cânhamo de minhas penas;
mas, dentro dessa sombria sepultura,
voltado como Vos, Jesús, de morte a vida,
eu encontrarei umas asas de crisálida
para voar com Vos a vossa glória.

Trabajo completo en
http://pedrosevylla.com/jacint-verdaguer/